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Mi Comentario: El policlínico de Manacas llora

Mi Comentario: El policlínico de Manacas llora

Observe la humedad concentrada en el techo y sus implicaciones en las paredes del inmueble.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Existe un proverbio que reza «todo lo que brilla no es oro», y lo corroboré en el policlínico de Manacas que, desde su exterior, muestra siempre su estado pulcro, pintadito y, aparentemente, sin problemas.

Oiga, tremenda sorpresa al traspasar la puerta de una de sus torres y detenerme en el espacio habilitado para el Laboratorio Clínico, o mejor dicho: el Departamento de Hematología y Hemoquímica donde reinan pésimas condiciones laborales ante el efecto de mini cataratas que corren por sus paredes y techos.

Exagero si digo que son las congeladas del Niágara, mas las del sitio ya impusieron la retirada de una parte de las luminarias a fin de que el agua no causara un corto circuito.

Por otro lado el servicio sanitario de esa porción carece de luz motivado por idénticas razones. De cerrar su puerta aparecerá la más tenebrosa de las noches, aunque el reloj marque las 12:00 del día.

Imagino a un paciente que tenga indicado un análisis de urgencia o a un individuo que, en estos tiempos de males estomacales, tenga que emprender una carrera al estilo de Juantorena.

¿En qué disyuntiva se encuentra? Al menos necesitará de otra persona que prenda un fósforo para lograr que el contenido se deposite en el frasco o en la taza y no corra por el piso.

De las paredes del recinto ni hablar… Parece una «competencia» de altos vuelos para ver cual queda en primer lugar. La humedad saturada en algunas ya traspasa a las vecinas y avizora fatales consecuencias.

Y lo más preocupante es que los trabajadores laboran en sitios de alta peligrosidad para su salud en función de no detener las faenas.

Si usted llega al local donde se realizan las extracciones de sangre el instinto que le da es el de abandonarlo de inmediato. Tres personas allí provocan un hacinamiento total que impide el mínimo confort de un acto no tan agradable como es el de sacar sangre.

A ello se suma la pérdida de equipos tecnológicos sofisticados cuyos datos desaparecieron del display porque no están concebidos para tantos cambios de locales sin la necesaria climatización, Ello indujo a su muerte neurológica y, a la postre, el fin de la vida útil antes de tiempo.

Que fácil —y triste— resulta escribirlo, pero… ¿quién piensa en el costo de esos implementos? ¿cuántas agonías sufre Cuba por adquirir cada unidad? 

Imagine en días de lluvia. Entonces el panorama resulta más crítico porque el agua llega hasta la propia entrada del policlínico y se esparce por el salón principal.

Según el colectivo la situación no es nueva en una entidad inaugurada hace siete años como parte de los programas de la Batalla de Ideas.

Bastaron 12 meses posteriores para el inicio de esta odisea que ha llegado a oídos de todos, desde decisores políticos, gubernamentales, del propio sector,… y aun aguardan las respuestas.

Al parecer no son líquidos albañales. De acuerdo a las hipótesis debe existir alguna tubería quebrada que resulta la causante de los males desde una planta superior donde radica el servicio de Estomatología.

Y la historia se repite. Uno de los graves problemas en este archipiélago recae en el hecho de construir, inaugurar obras aunque le falten detalles elementales, y después NADIE recuerda que existe algo tan necesario como el mantenimiento.

De existir otro gallo cantaría, y muchos de los problemas se solucionarían sin llegar a las grandes inversiones o a lo que constituye lo más común: situar el molesto cartelito de cerrado por reparaciones. 

Este policlínico atiende en su Laboratorio un promedio de 70 a 80 personas diarias que algunas portan de diez a doce indicaciones de complementarios. Manacas no está a doblar de la esquina, y queda algo distante de su cabecera territorial. Si a ello le incorporamos los residentes de comunidades aledañas y muchas ubicadas en sitios intrincados lo menos que se puede hacer es mejorarle las condiciones de vida a las personas ante tantos problemas cotidianos.

Conozco de limitantes y que debe contarse con lo que tenemos, pero a mi modo de ver el asunto requiere acciones ágiles y mentes despiertas cuyas decisiones no perjudiquen a Liborio. Aunque no se ha manejado hasta el momento resultaría inconcebible cerrar esa porción y trasladar el servicio a Santo Domingo cuando, hoy en día, el transporte trastorna hasta a la más equilibrada y flemáticas de las personalidades.

Y mucho ojo ante las nuevas condicionantes de la economía nacional en que todo detalle a ejecutar tiene que estar contemplado en el llevado y traído presupuesto dentro de un saco inmenso de problemas con poco dinero y escasos recursos, por lo que la verdadera prioridad asumirá un rol determinante a la hora de las decisiones.

El sedentarismo mata, pero más grave resulta la inercia mental que inmoviliza a las neuronas. Esa aniquila, envejece, y nos hace actuar como robots indiferentes ante el curso de la vida.

Ya veo que el policlínico de Manacas no es ese color de rosa que exhibe en su fachada. Lástima porque tiene un colectivo consagrado y donde, en sentido general, prima la limpieza, mientras tanto su gente del día a día, esa que ve cómo el agua corre por las paredes y hace estragos se pregunta: ¿dejará de llorar alguna vez? 

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Mi Comentario: El viejo Juan ¿se va a morir solo?

Mi Comentario: El viejo Juan ¿se va a morir solo?

Por Ricardo R. González

Ya no aparece tanto por las pantallas televisivas como en tiempos atrás. Me refiero a aquel spot de apenas un minuto dirigido a la ancianidad. El viejo Juan se va a morir solo… y la historia de los 40.00 pesos que solo dejaba su hijo sobre la mesita mes tras mes.

No había tiempo para más. Apenas dos palabras entrecruzadas, y se daba la espalda…
Sin dudas para quienes tienen sentimientos rasga el alma, a la vez que abre un caudal de reflexiones.

Ocurre en numerosas familias que ven a los ancianos como una carga, o más bien un estorbo del cual hay que salir pronto.

Esos olvidan cuanto de gratitud les debemos al guiarnos por el buen camino. Tampoco recuerdan sus desvelos e incertidumbres ante una fiebre o un desequilibrio de salud que nos privaba de aquel mundo de travesuras infantiles.

Resultan historias pasadas sus desesperos por aquellos cólicos de los primeros tiempos, los paseos ante las vidrieras repletas de juguetes por el Día de Reyes, y los contoneos por perretas caprichosas que solo ellos supieron aplacar.

Ya no recodamos las visitas a la escuela para constatar el aprovechamiento académico, o de cuando, a escondidas, les sustraíamos algunos billetes para sentirnos reyes del universo con el primer noviazgo, y en cambio ellos guardaban silencio.
Cada uno a su manera, pero ninguno de quiso para nosotros que navegáramos en la soledad.

Ahora ya no valen. Están viejos, y quedó atrás la etapa vigorosa. Faltan las fuerzas, y son otros quienes tienen el mando dentro de la generación que ellos formaron.
Entonces, estorban, se invierte dinero en medicamentos para los «viejos», hay que soportar caprichos y majaderías, y no pocos ven en el Hogar de Ancianos o la Casa de Abuelos la mágica solución para salir de ellos.

Que lo digan las personas sensibles de este mundo si no ocurre en muchas de nuestras comunidades. Que lo diga el personal de los centros vinculados a la tercera edad que ha visto, en reiteradas ocasiones, cómo se llega al ocaso de la vida sin sentirse el afecto filial. Que cuenten esas historias de familias e hijos que ignoran a los suyos, y sin embargo; un vecino, un amigo o alguien lejano asume ese momento y entrega lo que ha faltado.

Se agradece, pero no es igual. El afecto de un padre o una madre hacia un hijo, de un abuelo o una abuela a sus nietos resulta un tesoro único. Brota de un manantial especial que inunda la existencia con beneplácito.

Y todavía se es más inhumano cuando, aun estando en instituciones de ancianos, recurrimos a mentiras, a supuestos viajes, o a la intensa carga laboral para evadir una visita.

Por suerte la línea cubana no es la de incrementar hogares de ancianos a fin de convertirlos, de forma masiva, en el destino final de la tercera edad. Su lugar está en el seno de cada familia, entre esos que ayudaron a formar y lo dieron todo.

Unos con mayor preparación, otros con menos, pero, salvo excepciones, hicieron mucho y se desvelaron bastante para entregarles los mejores caminos a sus hijos.
No olvido a esos abuelos convertidos en padres, los que con absoluta dignidad nos abrieron sus corazones para convertirse en los mejores amigos, confidentes y guías, en los que constituyeron un libro abierto en las buenas y en las malas, los que nos enseñaron a descubrir el mundo, y a defendernos ante las miserias humanas.
Eso perdurará entre los agradecidos porque devienen lecciones inolvidables, siempre que exista un mínimo de dignidad.

Aplaudo a quienes han sabido cumplir su rol filial, y a los otros, a los que deponen sus compromisos sociales, a quienes dieron caramelos hasta que el anciano pasara la casa u otra propiedad a nombre del joven para después mostrar sus garras, que abran su corazón y dignifiquen el alma porque, a la postre, también llegaran a «viejos», y nadie sabe las sorpresitas que les depare la vida.

Que Juan no muera solo es una responsabilidad nuestra. Aprendamos, entonces, a llenarnos de valores para que la colectividad nos mire de frente como apreciables terrícolas de este universo.

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Mi Comentario: ¡Ay, sombrillas!

Mi Comentario: ¡Ay, sombrillas!

Por Ricardo R. González

Caminar a diario por las calles ofrece, además de demasiado calor, la posibilidad de convertirnos en testigos de hechos que, por su indolencia, nos parecen retroceder a eras remotas. El uso de paraguas o sombrillas se ha convertido en una necesidad ante los estragos de un clima que borra estaciones tradicionales, y juega con el invierno, el verano o las lluvias a sus caprichos y antojos.

Ahora bien. Hay usos y usos. Lo vivido hace tres días en una de las aceras de Luis Estévez, entre Julio Jover y Martí, muy próximo al círculo infantil Travieso Pillín me «inspiró» a llamar la atención sobre acciones que tienden a repetirse.

Una señora portaba uno de esos «paraguones», desmedidos incluso para su estatura, y por poco le hace perder un ojo a una transeúnte que venía en sentido contrario.

Pero lo más triste del caso es que la imprudente siguió tan rauda como en las buenas etapas del llamado «tren francés» por su carrilera. Ni siquiera ofreció una disculpa, ni manifestó una preocupación ante el incidente, e incluso le aprecié hasta un tono molesto cuando, en verdad, era la presunta afectada quien debía poner las cartas sobre la mesa.

Pasaje similar relata un amigo cercano a los medios de comunicación al constatar el mal gesto de otra ciudadana que se molestó, sobremanera, al recibir la sacudida de su sombrilla ante la posibilidad de incrustarse en el globo ocular de nuestro asiduo colaborador.

Son dos hechos entre tantos… y es increíble que en un siglo de tanta modernidad haya que escribir trabajos para tratar de condicionar el mejoramiento humano.

A mi modo de ver existe una tendencia mayoritaria —no generalizada, por suerte— de pensar que somos los dueños del universo. Hacemos y deshacemos, sin importarnos que conformamos una milésima parte de una comunidad necesitada de respeto.      

A ello se suma la lamentable realidad de que Santa Clara carece de grandes aceras, por lo que utilizar sombrillas y paraguas demanda un sentido común al parecer perdido.

No hay que asistir a un aula universitaria para aprender que debemos mover, inclinar, subir o bajar el implemento según la altura de la otra persona y las condiciones reales del lugar por donde caminamos.

Significo que en estos casos no se trata de adolescentes casi siempre tildados y que a la postre caen dentro de ese malogrado concepto de que «la juventud está perdida».

Todo lo contrario, las causantes son personas hechas y derechas que hacen mucho tiempo dejaron atrás la mocedad. Que saben de lo bueno y lo malo, así como de comportamientos debidos e indebidos.

En tiempos llamados a fortalecer valores la vida no puede sucumbir en un vaso de agua ni tampoco considerar que somos merecedores de todo.

Es hora de que los códigos y leyes en torno a la convivencia comiencen a funcionar y surtan efecto, sin que se vea en lo coercitivo la lanza ideal o el escalón primario para poner las cosas en su sitio, mas si tanta divulgación, enseñanzas, orientaciones y sugerencias toman por el camino de la indiferencia habrá que recurrir a otras modalidades que disciplinen el desorden cotidiano.

Me parece también que, en medio de una existencia complicada, debe hacerse un alto para autoanalizar nuestras conductas. Es cierto que nos agobian miles de problemas, y que cada quien los tiene en mayor o menor medida, pero no podemos olvidar que somos humanos con tino, sentido y responsabilidades ciudadanas.

Una consulta con la doctora María Elena Guillén Bravo, jefa del servicio de Oftalmología del hospital universitario Arnaldo Milián Castro, asevera lo peligroso de la situación.

Un accidente ocular puede traer consecuencias impredecibles, desde un rasguño en la cornea hasta un vaciamiento total producto de la negligencia humana. Y una prótesis ocular solo soluciona el detalle estético, pues lo vital ya no existe. 

Piense en esta reflexión médica … Es muy triste salir del hogar viendo la luz y las bellezas o imperfecciones que nos rodean, y regresar en plena oscuridad por dichas actitudes irresponsables.

Imagine si se trata de un pequeño que venga en los brazos de su padre o de algún tutor. ¿Por qué exponerlos a peligros de los cuales no resultan responsables? 

Silvio Rodríguez, en su deseo, pidió un rabo de nube. Yo solicitaría un torbellino de buenas costumbres que nos hiciera comprender nuestro paso por un mundo en el que somos mucho más que dos.

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Mi Comentario: Lo que no debe suceder en un centro de Salud

Mi Comentario: Lo que no debe suceder en un centro de Salud

Por Ricardo R. González

Ocurrió hace unos días en el consultorio 16-1, perteneciente al policlínico Santa Clara.

Una de sus doctoras titulares, Gretel Pegudo Castillo cumplía otras responsabilidades laborales, y su homóloga Laura Rodríguez Fuentes asumió la atención poblacional de la jornada.

Mientras atendía a un paciente, una persona se detuvo en la puerta. De esas que se «siembran» para ver si la mandan a entrar porque siempre aluden a «una preguntica muy rápida».

Al ver que no había un ápice de movimiento la doctora Fuentes, en una forma en extremo respetuosa, le sugirió que esperara en el salón, y lo que debía convertirse en regla casi vislumbra como excepción.

Está claro que hay galenos sin tachas convertidos en modelos a la hora de cumplir sus códigos. A ellos, el reconocimiento por el talento y la valía de su entrega, pero no es menos cierto que otros, desde el hospital más renombrado hasta la modesta unidad, convierten el local de consulta en una especie de salón de reuniones o en recinto de reservaciones de una Terminal.

A veces no se sabe si es que va a tocar Yumurí y sus hermanos o Adalberto y su Son. Lo cierto es que todos los pacientes quieren estar «pegadito a la tarima» en medio de aquel carnaval.

Entra la peluquera, el mecánico, la que tiene el último grito en la boutique, quien porta el termito de café, el bocadito y la TuKola, la amiguita que está en remojo para recibir una flecha de Cupido, el recomendado de fulana, aquel que resuelve tal o más cual cosa, en fin… Ocho, diez o más personas en un espacio semireducido, donde todo el mundo pasa y nadie sale. Así, X se entera de lo de Y, y H conoce las interioridades de K.

No exagero, y los profesionales olvidan que existe algo en la vida llamado respeto, imposible de descuidar.

Si a ello sumamos la necesaria docencia para que los futuros médicos aprendan ¿cómo se sentiría una persona si debe exhibir una parte de su anatomía ante la vista de todos? ¿por qué los demás pacientes tienen que enterarse de detalles que no les incumben?

En otros casos están esos rostros familiares y asiduos convertidos casi en plantilla de algunos consultorios. Esos que se cuelan y hasta hacen las funciones de médicos empíricos, dictaminan a su manera, tienen acceso a la cajita de los análisis, y por tal de «ayudar» ofrecen una valoración previa a la del verdadero especialista. Saben de hemoglobina, colesterol o triglicéridos, y hasta «recetan» lo que lleva el individuo.

¿Y qué decir del momento de las inyecciones? Allí permanecen como estacas, y si el doliente exige un poco de pudor y pide la retirada observe simplemente las caras…Aquello se convierte en verdadera irritación para quienes están donde no deben estar.

Acudir a un médico dista bastante de saborear el más excelente manjar. Se asiste por algo, en busca de una palabra que aliente ante una dolencia, en espera de una mano en el hombro que se traduzca como «pronto va a mejorar».

Muchas veces resulta una cita determinante encaminada a conocer los resultados de un diagnóstico que pueden propiciar tranquilidad ante varios días previos de incertidumbre, o cambiar el curso de la vida de esa persona que recibe un veredicto inesperado.

Médico, para mí, al margen del género, es desdoblarse en profesional y amigo, alguien que llene de optimismo e infunda las ansias de que habrá que luchar porque la vida no acaba, y en ese combate estarán los dos (él y el paciente) en batalla campal.

Médico resulta ese ser humano capaz de entender el dolor ajeno, de respetar costumbres, idiosincrasias y hasta caprichos o majaderías propias de la edad.

Médico es también la persona indicada para preservar la intimidad y aliviar al prójimo, el que, al margen de la amistad existente, eduque a los imprudentes y los convierta en terrícolas prudentes. 

Múltiples generaciones han visto al galeno como el mejor de los confidentes, y ello se gana sin grandes artificios, simplemente recordando a diario aquel juramento realizado el día en decidieron entregarse a los semejantes amén de sacrificios.

Por todo ello, el médico y su personal paramédico ejercen el magisterio dentro de su recinto, sin descuidar el pudor de cada persona, la confidencialidad reclamada. Ganarse esa confianza absoluta que, incluso, permita conocer mucho más del enfermo para arribar a las posibles conclusiones.

Una consulta no constituye la asamblea de servicios ni el set donde se graba el espacio «Vivir del cuento», y la responsabilidad recae sobre quienes tienen en sus manos el timón de la nave. Son los guías para llamar al orden e insistir en el respeto, para preservar el diagnóstico como secreto confidencial, y en el caso del público, si bien es cierto que la vida moderna nos presiona por la falta de tiempo, habrá que mantener la disciplina y esperar a que nos llamen cuando corresponda entrar.

Aplaudo el gesto de Laura, también Gretel lo ha tenido que hacer en múltiples oportunidades en el consultorio 16-1. Así se inculcan valores, esos de los que mucho se hablan pero necesitan oxigenarse con buenas prácticas abrazadas, en estos casos, a los fundamentos indispensables de la ética. Que no se olviden.

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Mi Comentario: Multas, contravenciones y deslices

Mi Comentario: Multas, contravenciones y deslices

Por Ricardo R. González

Ilustración: Alfredo Martirena

Esta vez no resulta el guayo de Catalina el inspirador de la historia. Es la tenencia ilegal de cerdos en áreas residenciales la provocante de una multa que por más que la dueña juró y perjuró no pudo evadir las consecuencias de su desacato ante las disposiciones vigentes.

De enero hasta agosto Santa Clara registra más de 43 mil 340 recargos impuestos por los organismos facultados. Ello asciende a 3 millones, 591 mil 255 pesos que pudieran tener otra utilidad si las continuas violaciones protagonizadas por los humanos tomaran mejor cauce.

Los organismos con mayores cifras de imposiciones son la Dirección Integral de Supervisión del Poder Popular (999), seguido de Higiene y Epidemiologia (352), MININT—PNR (345), Vectores (241), Transporte (151), e Industria Básica, con 105.

Sin embargo, la Oficina de Control y Cobro de Multas (OCCM) en la capital provincial supera las 5 mil 850 notificaciones pendientes de recaudación por disímiles causas, cuyo monto ya rebasa los 989 mil 160 pesos.

Vayamos por parte. Cualquier sociedad tiene vigente sus normas y disciplinas a fin de subsistir, por lo que cualquier ápice de violación  exige medidas para respetar lo establecido.

El sistema de pago de esas transgresiones tiene vigentes diferentes métodos tanto para las personas naturales como jurídicas. Por ello  existe un plazo de 30 días dirigidos a pagar el importe de la indisciplina. A partir del día 31 y hasta el 60, la cantidad se duplica, y ya pasados los dos meses se entra en la llamada multa apremio para la que existen dos soluciones.

Si el encartado es trabajador puede recurrirse al embargo, de hasta la quinta parte del salario, con vistas a eliminar su deuda, mientras que en el caso de un desvinculado laboral la vía no es otra que la remisión a los tribunales competentes.

En este segmento de apremio existen más de 2 mil 973 multas que aguardan por su pago relacionadas con diversas violaciones en la Industria Básica, el transporte, los vectores, la vivienda, el MININT, la PNR, y aquellas detectadas por la Dirección Integral de Supervisión, pero el fisco reclama los más de 619 mil 300 pesos aun pendientes.

Por otra parte están las contravenciones (infracciones cometidas por violación de decretos leyes). Sin embargo, las multas impuestas por desobediencias ante el 272 (relacionado con el Urbanismo y la Higiene), y el 202 vinculado a las agresiones ambientales, así como las determinadas por actos judiciales no duplican la cifra establecida en la notificación.

Según los especialistas el importe de las notificaciones que atentan contra el urbanismo y la sanidad son considerables en cuanto a la cifra a desembolsar, pues en otros casos resultan tan irrisorias que ni se sienten en la economía de los infractores y quedan entre esas asignaturas pendientes reclamantes de su revisión porque merecen un mayor peso por parte de la ley.

Quizás se desconozca que la OCCM ofrece facilidades de pago a través de convenios a realizarse en la propia sede. Siempre que la cuantía supere los 200.00 pesos de multa podrán establecerse hasta 10 plazos para su correspondiente liquidación. 

A mi modo de ver, en una era de deterioro de valores habrá que crecerse y desterrar el amplio embudo de las indisciplinas. No se trata de establecer una competencia para enviar más casos a los tribunales ni de asfixiar billeteras en momentos en que los salarios quedan casi íntegros con una sola visita al mercado dominical.

Más, tampoco es jugar al ratón y al gato cuando hay leyes y prohibiciones que inhabilitan hacernos los dueños de este mundo.

La sociedad merece respeto, y sobre todo disciplina en la propia familia a base de dignos ejemplos a las generaciones que se forman dentro de la célula fundamental de la sociedad.

Hoy es Catalina la que, inconforme con lo ocurrido, dice y redice, pero bien sabe que desde hace años existen decretos que prohíben la cría de porcinos en los perímetros urbanos.

Y no es cuento porque se conocen casos que han acomodado al cerdito nada menos que en la bañera de edificios multifamiliares.

Como ese  hay otros…engaño en precios, falsificaciones de toda índole, violaciones de normas sanitarias, adulteraciones en el peso de los productos, en fin… mientras se siga evadiendo la responsabilidad ciudadana y viéndola en el saco ajeno proseguiremos entre la gran cuerda floja de las multas, contravenciones y deslices.  

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Mi Comentario: El vals de los informales

Mi Comentario: El vals de los informales

Por Ricardo R. González

Este es otro tipo de «vals». No tiene música suave, pero atrapa y se multiplica como el marabú holgazán bajo el signo de la informalidad.

Cuántas veces esperamos que un establecimiento comercial abra a las 9:00 de la mañana, según lo establecido, y son las 9:10, 9:20, y aun su colectivo permanece en el matutino o en alguna tarea al margen de su primera misión.

Pero hay más… luego de la demora no se sorprenda si la empleada comienza a contar pesetas y centavos o a organizar la caja. Entonces, ese cliente «respaldado» por las consignas de Protección al Consumidor ha perdido más de media hora sin que le ilumine un rayito de la llevada y traída protección.

En otro giro vale detenerse en la fecha de entrega de determinado trabajo o servicio. El comprobante especifica día y mes y cuando el usuario acude en busca de lo prometido, en el tiempo preciso, aparece una negativa que le nubla el día.

No pregunte mucho porque puede encontrar una cara amargada que malamente responda: «No es mi maletín. Quéjese con el administrador, y en otro momento porque salió para una reunión».

Ay… reuniones. Pura justificación que, en algunos casos, encubre asuntos indebidos. Personas que se quedan en casa o quién sabe en qué andan dentro de un segmento de la jornada laboral.

Para evitar malos entendidos aclaro que lo de tiendas y directivos no constituye la generalidad, mas en la viña del señor existe de todo un poco y como buenos cubanos conocemos lo que se teje en la madeja.

Si seguimos abriendo el espectro aparece aquel que hasta hace un tiempo figuró en la lista de los formales, pero ya baila con la misma música del bando contrario. Es ese personaje a quien se le solicita un servicio y promete que tal día lo soluciona. A usted le reconforta y hasta dibuja sus ilusiones; sin embargo, pasan jornadas, semanas y meses, y todavía el problema no despega del punto de partida.

Después vendrán las justificaciones. Desde las creíbles hasta las que motivan una carcajada por lo inconsistente e inmaduras.

Y está el pedigüeño (a) El o la que pide desde un poquito de aceite, dos latas de arroz, un limón, una cucharada de sal, café, ropas, trusas, prendas, batidoras, o hasta dinero, en tiempos en que la economía familiar se siente hasta el tuétano, con la promesa de reintegrarlo cuanto antes.

Aquí comienza la larga telenovela…Transcurre el tiempo, se encuentran y reencuentran con los vecinos, y…nada.

Y qué decir de esos programas de actividades que consignan una hora de inicio y comienzan mucho más tarde. ¿De quién es la culpa? ¿Por qué los organizadores hacen perder un tiempo precioso a los asistentes que bien pudieran utilizarlo en algo más útil que en la espera?

Hay mucha tela por donde cortar, pero a mi modo de ver existe algo llamado disciplina y dignidad que debe distinguir la personalidad de los individuos. Estas resultan las premisas para dejar a un lado esa informalidad que aplasta y resta en el decoro personal.

Que un establecimiento demore su apertura y no tenga sus cajas listas tiene un responsable, y recae sobre el gerente o el administrador como máximo representante de la unidad, aunque el propio colectivo crea el precedente de algo que resquebraja el prestigio del centro.

Por otra parte si alguien no puede solucionar algo en el momento del pedido lo mejor es hablar con sinceridad. Se agradece más un «no» o un «imposible por ahora» que dejar a los semejantes en la cuerda floja del hoy, mañana o pasado… sin lograr resolver el problema.

Y para aquellos que piden y piden…Por favor,  sea más medido, ahorre en lo posible y trate de administrarse porque los tiempos no están para satisfacer esos vicios.

La vida gana con el aporte de todos. Ayudar al prójimo a encontrar soluciones, sin faltar a la palabra, resulta un componente imprescindible. Si queremos respeto hay que interiorizar, primero, lo inmenso de dicho significado y aplicarlo en la práctica. Un reto continuo para alejarnos del «vals» de los informales.  

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Mi comentario: Liuba ilumina a Santa Clara

Mi comentario: Liuba ilumina a Santa Clara

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

La vida se ilumina de múltiples maneras. Basta con un manantial de melodías que irriguen el corazón, y de exquisitas poesías que arrullen el alma para alcanzar una parte de esa plenitud espiritual que nos toma de la mano y nos lleva por la vida. Ese fue el regalo que le hizo Liuba María Hevia a Santa Clara en la penúltima noche de febrero.

Esta vez, la cantautora no quiso compartir la escena solo con su inseparable guitarra y la maestría de sus músicos, pues tejió una complicidad maravillosa entre acordes y buen lirismo de poetisas cubanas de todos los tiempos.

Quien mejor que Verónica Lynn para darle vida a esta poesía como perfecta transición o puente entre canciones que hablan del amor, del desamor, de los seres idolatraos que un día partieron, de las heridas de la soledad, o de los desgarros que deja un tango como Malena.

Así llegaron los versos de Fina García Marruz, Dulce María Loynaz, Carilda Oliver Labra, Mirta Aguirre o Ada Elba Pérez para mezclarse con versiones de la obra de Marta Valdés, Teresita Fernández, Rita del Prado, o María Elena Walsh.

Y es que Verónica es la propia poesía, y Liuba la melodía, el caudal de alguien que cumple tres décadas dedicadas al arte, y que ha decidido compartir ese temor del primer día, entre tarimas y bambalinas, con quienes la siguen, y se convierten en el más exigente de sus críticos.

Avanzó el espectáculo en momentos en que Verónica también vocalizaba con la intérprete, o reiteraba una frase, a manera de leitmotiv, como código o hilo conductor de la próxima canción.

No faltaron temas de siempre, esos que se desean escuchar, una y otra vez, porque parecen acabados de salir de la imaginación de su creadora. Desde Tu amor es el canto mío, Tan lejos, Alguien me espera, o Ausencia, un justo pretexto para recordar a Sara González.

En esta cuerda de evocaciones apareció Se busca, dedicado a Elsa Jorge, el ser más querido por Liuba, y que tampoco está por esos desenlaces inexplicables, pero ciertos de la vida.

El canto a su mamá sobre la cabalgata de un día que casi está a punto de expirar y se sigue en la búsqueda de un ser parecido o similar sin encontrarse jamás el reemplazo.

Y es que las composiciones de Liuba encuentran la metáfora situada donde va, gracias a una confluencia bendita de musas y talento.

Cuando parecía el final, un público puesto de pie en el repleto teatro La Caridad reclamaba la presencia de la artista. Entonces llegó el esperado Si me falta tu sonrisa, una especie de himno intimista que todos lo incorporamos, sin el permiso de Liuba, al patrimonio particular.

La Habana en febrero, título del concierto, apoyado en el nombre de uno de los temas más hermosos compuestos por la artista, y con la sobria y justa escenografía concebida por Iris Fundora, abandonó los aires capitalinos, los encantos de La Catedral, o el salitre del añejado Morro para mezclarse entre los adoquines de una Santa Clara que guarda su magia y sorprende a quienes llegan a tributarle su buen arte.

Bien lo sabe Liuba María Hevia que ha ganado la llave de la puerta mayor porque, como ella bien dice:: «las puertas tienen alma», y yo agregaría que muchísimas de ellas están a su favor.

Y no necesita credenciales ni pasaportes para llegar al sitio en el que canta y recuerda siempre a Teresita Fernández, la maestra mayor, al que visita el Hospital Pediátrico para devolverle la sonrisa al pequeño que sueña con su Travesía mágica, o dibuja su Señor Arco Iris, o en el que tropieza con esos caminantes que, Como un duende, desean desde ya un próximo reencuentro.

Por eso, no hacen falta luces de neón para iluminar la vida. Bastan con regalos perdurables que nos hacen grandes y dejan manantiales infinitos.  

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Mi Comentario: Y ahora…¿cómo escribo?

Mi Comentario: Y ahora…¿cómo escribo?

Por Ricardo R. González

Recibí un mensaje que me puso a pensar. Hasta creí en fallas vertiginosas de mis neuronas al perder el sentido elemental del entendimiento, y debía acudir de inmediato en busca del consejo facultativo.

Después me di cuenta que no era para tanto. Pensé en un traductor pero, al fin, interpreté su contenido.

El problema es de adaptarse a las interpretaciones ortográficas del momento. Ahora síntomas no se escribe así, pues las «nuevas corrientes» hasta lo ponen con faltas de ortografía y deciden llamarlo 5to+.

Que decir de enamorados. En la nueva versión aparece como enamora2, mientras demás va a la palestra como de+, bebé es bb, y te quiero mucho: tqm.

Ahh… y olvidaba algo… que, se inscribe en la actualidad como Ke.

No quiero seguir porque hay de todo y mucho más en la viña del señor. Lo que no me explico estos modismos casi generalizados que irrumpen en la supuesta era moderna.

No sé si por la banal concepción de estar en lo último, por el ahorro y economía necesarios, o porque resultan de esas simplezas cotidianas que nos envuelven para, al final, atrasarnos tres siglos atrás.

Incluso ya en determinado programa televisivo juvenil del canal Educativo emplean las inauditas abreviaturas en uno de los spots de transición entre una parte y otra.

Aclaro que no soy más culto ni refinado que nadie, pero hay cosas y cosas. Y si bien esto sobrepasa los bordes de la ramplonería existe el otro extremo con tendencias casi mayoritarias.     

Aquellos que quieren dar un toque supremo de oralidad y utilizan en pláticas comunes el lenguaje de los tecnicismos de la comunicación o de otros sectores.

Ahora son tiempos en que la palabra socializar ya se repite hasta la saciedad, a muchos les gusta y la ponen en sus diálogos sin saber en algunos casos el sentido de la expresión. Si algo es tan rico es nuestro idioma español. ¿Y conocerá todo el mundo que socializar es nada más y nada menos que compartir? ¿por qué enredar tanto la pita si no existe nada tan grato como hacernos entender con la mayor sencillez posible.

Recuerdo en días pasados una entrevista que le hacían en la TV a una prestigiosa figura de la cultura cubana ya entrada en años. En medio de la conversación le preguntaron acerca de las «fortalezas» de la obra que iba a presentar.

La respuesta no se hizo esperar… «no entiendo la pregunta», y es obvio. Una persona mayor a lo mejor desconoce la llamada matriz DAFO (debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades) como otro de los códigos utilizados en la teoría de la comunicación.

A mi modo de ver no se trata de copiar patrones desacertados ni demostrar que somos más educados que nadie. Cada persona sobresale por su autenticidad, por su talento, por un conjunto de cualidades conformantes de la personalidad que ofrecen su dimensión ante los demás.

Evitar reiteraciones, ser copias, o malas copias, debe constituir un punto de análisis individual. Se han fijado como en casi todos los espacios quienes preguntan —sobre todo aquellos que no son periodistas— comienzan el diálogo de manera similar: «Coméntame sobre tu nuevo disco» «coméntame sobre tal ley» «coméntame y coméntame…». ¿Será la única forma de preguntar?

Y no hablar de los nombres actuales de muchos de los grupos musicales porque sería harina de otro costal. Unos dan risa y otros ganas de llorar.  

De momento, me abrazo al creador de la célebre frase del ya fallecido — y excelente— comentarista Eduardo Dimas de «saque usted sus propias conclusiones».

Al menos doy la mía: Seamos como somos sin esquemas copiados ni importados, pero sencillos, auténticos, y plenos.