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Comentario

Mi Comentario: El rompecabezas de los alimentos

Mi Comentario: El rompecabezas de los alimentos

Por Ricardo R. González

Ilustración: Martirena

Ya se habla en Cuba de la próxima implementación del Código de Buenas Prácticas para el Expendio y Venta de Alimentos en la Vía Pública, normativa que, a mi modo de ver, tardó bastante en abandonar su embrión.

Y no se trata de un capricho de la ínsula de poner mantel nuevo ni de ser más severos con quienes han pasado los años sin preocuparle mucho la salud de sus semejantes. Es, ante todo, un agobio elemental que enfrenta un mundo reclamante de la estricta sanidad y el respeto a los miles de terrícolas con derecho a sentirse humanizados.

De eso se trata, de lograr un producto que tenga óptimas condiciones para su consumidor desde el inicio de la elaboración hasta el momento de degustarlo, pero en el que intervienen varios eslabones de la llamada cadena alimentaria conformada, además,  por quien manipula, transporta, almacena, y suministra la materia prima.

Cada eslabón cumple su papel, y cada uno de ellos puede abrir las puertas a la transmisión de cualquier enfermedad o a las impredecibles intoxicaciones alimentarias con solo violar o incumplir alguno de los preceptos.

Todo ello en teoría es muy preciso, suena bien al oído; sin embargo, en la práctica deja mucho que desear y las atrocidades llueven tanto como los actuales aguaceros en el ya bien entrado agosto.

Lo mismo en establecimientos estatales que en dependencias del cuentapropia porque cuantas veces observamos alimentos sin taparse, a una temperatura ambiente detestable, y ni siquiera pensamos en el peligro de una rápida descomposición, o en las reiteradas visitas que sobre ellos realizan las moscas u otros insectos.

¿Y el agua empleada en los jugos, batidos, y refrescos Tienen la garantía necesaria? ¿dispone del hipoclorito que exige estos tiempos?. La respuesta me daría infinidad de puntos suspensivos de manera continuada.

Como dicen los versos del poeta: «Todo pasa y todo queda», y muchas veces me he preguntado cuál es el destino de aquellos bocaditos o pan con lechón que no se venden en el día. Jamás aplicaría una referencia generalizada, pero estoy seguro que pasan a una nevera o quien sabe a esperar el destino de la próxima jornada.

No hay que tener miradas indiscretas para percatarnos de (in)creíbles violaciones en este largo camino de nunca acabar. No siempre se vende cumplimentando todas las de la ley, con el uso de guantes o instrumentos apropiados a la hora de ofertar los productos,  y muchas veces son esas manos al pelete las que entregan la ración, sin saber qué han tocado ni que han hecho.

Otra de las irregularidades frecuentes es la de simultanear la venta con el cobro, y ello está totalmente prohibido, en tanto se minimiza o resulta nulo el uso de uniforme, y en ocasiones hasta el puesto de venta aparece en un sitio alejado de agua corriente y de condicionantes elementales porque ¿a quién se le ocurre situar un carrito en las proximidades de un río, de un baño público, o de depósitos comunitarios de residuales?

Sin embargo, lo hay y hasta he presenciado  animales cercanos a las fuentes alimenticias, o la envoltura en un papel o con la hoja de una revista de antaño que nadie duda cuantas visitas de vectores han pasado por sus páginas ¿Y es tanta la insensibilidad que nadie se preocupa por ello? ¿O acaso aplican el equivocado proverbio que lo que no mata engorda?

En esto no hay tales juegos, y la mala suerte a cualquiera nos toca. Sepa que en países donde la higiene deviene ley existen notorios contratiempos. En la nación más potente del mundo son ingresados, cada año, 350 mil personas por intoxicaciones alimentarias de las que fallecen unas 5 mil. Francia, por su parte, adiciona aproximadamente 750 mil habitantes con dichos padecimientos; de ellos, 70 mil acuden a hospitales de urgencias, 13 mil resultan ingresados y mueren unos 400.

Cuba no es el edén ni Villa Clara tampoco, y manifiestan cada año no pocos brotes de intoxicaciones alimentarias atenidos a negligencias en la elaboración o a la mala conservación , entre otros factores.

No demos la espalda a las deplorables condiciones higiénicas de algunos centros gastronómicos que llevan a imponer multas a las administraciones y al cierre temporal hasta tanto solucionen sus alarmas sanitarias.

Siempre digo que el principal perjudicado es Liborio en un país donde la comida constituye uno de los dolores de cabeza medulares para quienes asumen la cocina diaria en el hogar.

Si al margen de esto el único centro enclavado en la comunidad cierra por deficiencias e infracciones higiénicas, y suprime el expendio de sus ofertas estoy seguro que la irritación popular colme el vaso y lo derrame.

En la vida, y sobre todo en la cubana, hay que pensar en los semejantes. Por ello aplaudo todo lo que incentive el mejoramiento humano. Ojalá que el Código de Buenas Prácticas para el Expendio y Venta de Alimentos en la Vía Pública en fase de implementación, que incluye la correspondiente capacitación, no tome las sendas de lo efímero como otros tantos decretos, resoluciones y normativas de las que ya ni sus propios redactores se acuerdan.

Ojalá, e insisto, no resulte como las tantas telenovelas en que imaginamos ya el final apenas avanzan sus primeros capítulos. Cuidar la salud del prójimo constituye la divisa principal, y en esta danza estamos implicados todos, desde los que tienen que exigir hasta los clientes que acostumbrados ya a ser maltratados por tantas violaciones consideramos «normales» todas las indolencias que sacuden ese complicado y tradicional rompecabezas de los alimentos.  

Mi Comentario: Talas que asfixian

Mi Comentario: Talas que asfixian

Por Ricardo R. González

El árbol del caucho (Ficus elastica), ubicado en las proximidades del restaurante santaclareño El Marino, no soportó la carga de los años. Traía gran parte de su sustento podrido, y fue necesario adoptar determinadas medidas a fin de evitar consecuencias mayores.

Queda el sitio semivacío con un segmento de su grueso tronco para recordarlo o contarle a las futuras generaciones el había una vez… de una historia infeliz.

Ahora en que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (Río + 20) exigió un cero para la deforestación, a pesar de muchos oídos sordos, ocurren holocaustos que claman por un uso más racional de las neuronas.

Y no se necesitan misiles ni aviones sofisticados para exterminar a la Naturaleza. La acción indiscriminada del hombre constituye el principal agresor cuando se desnuda al entorno de sus bosques o de sus componentes al coartar el equilibrio ecológico y la biodiversidad.

La era moderna es suficiente para que una simple sierra u otra herramienta protagonice una tala en fracciones de segundos; sin embargo, a quienes dan órdenes encaminadas a exterminar árboles y a sus ejecutores les recuerdo que una de las funciones más importantes de estos resulta la capacidad de evapotranspiración de volúmenes considerables de agua mediante sus hojas, y cuando estas caen, aunque nos parezca que ensucian el entorno, provocan su enriquecimiento por la acción de las bacterias que permanecen en el suelo.

Y aunque el árbol de caucho expiró no escapa Santa Clara —ni otros municipios—  de esas talas indiscriminadas que en más de una ocasión se han realizado atenido a las contingencias ciclónicas, peligros eléctricos o de derrumbes, entre un largo etcétera.

Ahí están la Carretera de Sagua, la que avanza a Camajuaní, las márgenes de los ríos, y muchos otros sitios que han visto cómo sus componentes son ultimados, de forma parcial o total, por h o por b. Advierto que la deforestación ocasiona la pérdida local o regional de especies, de recursos genéticos, el aumento de plagas, y de otros tantos sucesos que nos convierten en seres irracionales a pesar de vivir en un siglo de grandes, y a la vez contradictorios, adelantos científicos.

Un solo árbol, por aislado que esté, forma parte del patrimonio forestal cubano, y para cortarlo imperan los correspondientes permisos del Servicio Estatal Forestal, representativo de la legislación en dicha materia, y vale el precepto de que para sacrificar uno solo deben sembrarse al menos cinco.

Una tercera parte del total de la tierra en el mundo está cubierta por bosques. Ello representa cerca de cuatro mil millones de hectáreas, y en tiempos en que sentimos un calor agobiante fuera de época, o inviernos que entregaron apenas uno o dos jornadas de agradables temperaturas, es justo decir que el propio fenómeno de la deforestación  provoca cambios en las condiciones climáticas, estimula la desertificación, e incluso afecta la cantidad de lluvia.

Cada año desaparecen cerca de 130 mil Km2 de bosques por acciones humanas, pero fijemos los ojos en nuestra realidad al constatar, en estudios especializados, que Cuba experimentó un fuerte decrecimiento de su superficie boscosa en los últimos 200 años al perder casi 8 millones de hectáreas con una alta diversidad de especies preciosas.  

Han sido hechos reiterados, y nadie es tan imberbe para dar la espalda a peligros acuciantes, pero pensemos que los árboles son pulmones que nos llenan de vida, y no tenemos derecho para acabar con los ecosistemas.

El país cuenta con leyes y decretos que regulan o impiden estos homicidios. Resulta conveniente que las autoridades los repasen, y no se tomen decisiones por libre empresa.

Estoy seguro que el propio Sistema Estatal Forestal, la delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología, y Medio Ambiente en el territorio (CITMA), u otras partes involucradas están dispuestos a orientar o sugerir la conducta a seguir sobre la base de lo posible e imposible, de lo lógico e ilógico, de los límites y sin límites.

A pesar de los pesares se han cometido errores que revierten en daños irreversibles. Sus responsables aniquilaron a los testigos de infancias, de amoríos legales y hasta clandestinos, de sombras agradecidas ante el impetuoso calor, de anécdotas y vivencias que llenan a cada sitio del necesario oxígeno para vivir

Hace unos días trascendió que Villa Clara acumula el mayor índice de supervivencia en el país en cuanto a la reforestación. Ojalá que el logro no quede en simples cintillos publicitarios, y que la materia gris de la corteza cerebral se active a fin de que los ejecutores de las infortunadas talas no se conviertan en depredadores censurables que habitan en pleno siglo XXI.

Mi Comentario Energía ¿sostenible?

Mi Comentario  Energía ¿sostenible?

Por Ricardo R. González

Dentro de poco el Planeta volverá a acordarse de las deudas eternas con el macromundo del Medio Ambiente, y la Organización de Naciones Unidas (ONU) dedicará la jornada del 5 de Junio al empeño de hacer de la Energía Sostenible un sentido común para todos.

Al repasar resultados Villa Clara muestra tenues saldos que apenas permite algunas acciones dirigidas al uso de sus potencialidades.

Todavía el empleo de la biomasa, obtenida a base de bagazo y paja de caña para suministrar la energía necesaria a la industria azucarera durante el proceso productivo, sin menospreciar el aporte al Sistema Energético Nacional, no resulta óptimo, como tampoco se alcanza el uso deseado del biogás en toda su magnitud.

Ni las empresas porcinas ni aquellas pertenecientes a los complejos azucareros están a las anchas en la utilidad que reportan dichas fuentes, como distantes nos situamos, también, en la llamada energía eólica capaz de transformar la energía mecánica en eléctrica aprovechando la fuerza del viento.

Si bien los paneles solares se redistribuyen en el territorio no es menos cierto que tampoco encuentran la explotación totalitaria de sus potencialidades, ni siquiera en la infraestructura hotelera de la cayería del noreste.

En medio de un panorama con más debilidades que fortalezas llama la atención las iniciativas del Ministerio de Ciencia, Tecnología, y Medio Ambiente (CITMA) del territorio, que sin esperar a normativas del nivel central, emprende, a mi entender, uno de los tantos caminos de respuesta a los Lineamientos de la Política Económica y Social con una manera de actuar diferente.

Si se habla de energía sostenible ¿por qué no pensar en residuales, suelos y muchos más renglones que resulten verdaderamente sostenibles? ¿por qué no ver a los residuales como algo que pudiera aportar, y no como esa muralla detestable que deja el sabor de lo negativo?

Biomasa y biogás son expresiones del uso sostenible de residuales, mas ¿por qué desestimar la posibilidad de que la vinasa de las destilerías pueda convertirse en una opción dirigida al fertiriego?

El CITMA ya piensa en sus encuentros con las entidades hacedoras de proyectos constructivos porque es aquí donde se definen los pilares de la entidad, y entre ellos el tratamiento de los residuales.

En este último aspecto prevalece, hasta ahora, la visión de lograrlo todo a través de las lagunas de oxidación; sin embargo, ¿quiénes han pensado en otras maneras de revitalizar los residuales y obtener nuevos productos o subproductos que eleve la eficiencia económica, y permita crear un nuevo valor con menor costo?

Ahí están las claves para lograr un reordenamiento distinto de los desechos líquidos y sólidos, y cambiar esa manera de actuar que conlleva a botar lo que puede ser utilizado.

Por supuesto que las pretensiones del CITMA son realizables pero deviene asunto de todos, y, principalmente, de quienes asumen responsabilidades en las empresas que están llamados a un cambio de mentalidad en busca de esas neuronas intranquilas con destierro al inmovilismo.

Cambiar algo no se logra de la noche a la mañana, máxime cuando antecede una era de indisciplinas, derroches, y «despelotes» que en muchos casos enquistaron la materia gris cerebral para convertirnos en autómatas del día a día.

Por ello se requiere de un trabajo integrado con muchos cómplices. Llámense planificadores, físicos, proyectistas, expertos en el Servicio Estatal Forestal, en Suelos, Recursos Hidráulicos, y con el apoyo de las direcciones de Economía y Planificación, sin declinar la savia comunitaria, porque de no incluirse estos rubros en los planes de seguro pasarán sin ver la luz.     

Cuba es un país que acuña el síndrome del reunionismo. Para casi todo se convoca a tediosas reuniones que en muchos casos poco o nada aportan. En un mundo donde el barril de petróleo danza entre los 100 y 120 dólares, sin saber cómo se va a inclinar ese cachumbambé al siguiente día, habrá que agilizar acciones.

De nada valdrán seminarios, talleres, conferencias, vídeos… sobre energía renovable si después se engavetan porque pesan más las exigencias ante el cumplimiento del plan técnico económico, el ahorro, la defensa, u otras detalles priorizados que le restan importancia a los que, supuestamente, aparecen como insignificantes.

Ojo con esto. Las fuentes energéticas influyen en todas las esferas de la vida, y la falta de acceso a sus vías no contaminantes obstaculizan el desarrollo económico y social en un universo donde un 21 % de la población mundial no tiene derecho a las alternativas de la modernidad, mientras el 40 % depende de la biomasa tradicional o del carbón a fin de satisfacer sus cotidianidades.

Llega otro Día Mundial del Medio Ambiente cargado de innumerables heridas. Otra vez promesas que a lo mejor quedan en el estrecho marco de las 24 horas del 5 de Junio, mientras tanto me sigo haciendo la pregunta: ¿Aplicamos en la actualidad una energía verdaderamente sostenible?

Me parece que la siento distante.

Mi Comentario (Sistema de Atención a la Familia… Al SAF, ¡SAF!)

Mi Comentario (Sistema de Atención a la Familia… Al SAF, ¡SAF!)

Siete productos exhibía la tablilla del Complejo El Mamey, de Miller, en un día tomado al azar: arroz blanco, potaje de frijoles, pollo guisado, plátanos maduros, huevo hervido, ensalada de tomate y leche hervido. Dos platos fuertes, para almuerzo y comida, a menos de 2.00 pesos.             

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

Algunas cosas apreciadas durante el recorrido de funcionarios del Partido y el Gobierno, a fines de febrero, para pulsar el curso de la vida en las comunidades villaclareñas me dejaron el sabor de una amarga pesadilla.

Hace años Cuba instituyó el Sistema de Atención a la Familia (SAF) entre sus líneas priorizadas. Una posibilidad extremadamente humana que garantiza la alimentación diaria (almuerzo y comida) de aquellas personas o núcleos familiares con muy bajos ingresos y de los que suman años, y tienen como única compañía la soledad de sus vidas.

Una estrategia que exige calidad en el servicio, en la cocción de los alimentos, la garantía de un nivel proteico sin que conlleve irlo a buscar a Marte o a Venus, y una correspondiente guarnición que propicie el balance nutritivo.

Y es inaudito que el SAF salga a relucir en no pocos lugares como detalle marcado por deficiencias con tufillo a pasividad o acomodamiento.

En estas visitas afloró la situación de la unidad El Escondite, de Vega Alta, Camajuaní, que llevaba más de un mes sin viandas ni vegetales.

Otro tanto en el correspondiente al consejo popular Coco Solo—Pueblo Nuevo, en Sagua la Grande, marcado por idéntico panorama, y sin disponibilidades de garantizar una dieta balanceada.

Y de ese territorio aparece el caso de Viana que sobrepasaba los dos meses sin dichas opciones —viandas y vegetales— en un sitio llamado al amparo de 30 comensales.

Por otros lares el existente en el consejo popular José M. Riquelme, de Quemado de Güines, también reportaba irregularidades.

No son todos los que están ni están todos los que son, y presiento que hasta el SAF haya quedado en algunos puntos de la visita en tercer, cuarto, o quinto planos ante otros acuciantes problemas que sofocan la vida contemporánea.

El caos no sacude al SAF, pero lo contrastante del caso es que salió a relucir el habilitado en Encrucijada Norte como ejemplo de lo que debe hacerse.

Y añadiría lo que ocurre en el complejo gastronómico El Mamey, ubicado en la demarcación placeteña de Miller, que mostraba siete renglones en su tablilla cuando decidimos visitarlo al azar un día de la pasada semana.

Advierto que este pueblito campestre no dispone de organopónicos, y sin embargo, contra viento y marea, y sin varas mágicas, trata de dispensarle vegetales a las 19 personas inscriptas.

Allí la Empresa Municipal de Gastronomía suministra el menú, mientras Acopio facilita viandas y vegetales para un sistema que labora de lunes a lunes, haya tormenta o huracanes, porque el estómago de los necesitados no cree en recesos ni en contratiempos.

Entonces, ¿Existen o no los llevados y traídos recursos? ¿Acaso Miller y Encrucijada son locaciones de otro Planeta? ¿Será necesario «clonar» a Rolando López Loro, al frente del complejo El Mamey, para lograr que se cumpla lo establecido en el resto de los SAF que no salen de inercia?

Me parece que la falta de iniciativas por parte de suministradores y responsables, la apatía por la autogestión, y el acomodamiento al vicio de esperar que, quizás, baje por la canalita, como especie de milagro, rondan por la mente de algunos, acompañado de pocas acciones.

Nadie pide manjares extraterrestres, pero sí algo digno dirigido al prójimo.

Inconcebible que en un país donde las carretillas de vendedores y revendedores exhiben variedad de viandas y vegetales a un precio celestial, la vía estatal no garantice posibilidades para pintar de verde el plato de esos seres humanos y reforzarlo con las viandas disponibles.

¿De dónde salen entonces esos productos que van a las carretillas particulares?, ¿De Marte, de Venus, o de qué galaxia?, ¿Vienen de Panamá, de Costa Rica, de allá o de acullá? Todos salen de los campos cubanos, por lo que impera que esas neuronas dormidas en varios municipios y que están comprometidas con el SAF despierten y hagan por la vida.

Y otro tema ¿Acaso todos los SAF villaclareños cumplimentan los requisitos de gramaje y peso establecidos? ¿Se elaboran los alimentos con la calidad requerida o se hace con esos deseos que impone salir del paso? ¿Suministran la cantidad de aceite y la sazón necesaria a fin de que la comida resulte apetecible y digerible?, ¿Reciben una supervisión periódica de las entidades competentes para conocer y evaluar cómo marcha el cumplimiento de la tarea, cuáles son las dificultades y las posibles soluciones?

No propongo reuniones exclusivas a fin de analizar el tema porque considero que muchas de las que se multiplican a diario resultan aburridas e innecesarias, ni creo que sea sugerente viajar a Miller o a Encrucijada en busca de copias, ni traer a Rolando López a Santa Clara a fin de que explique en un salón cómo hace para cumplir lo pactado en su unidad de Miller.

Es actuar ya. Pensar que se tiene en las manos la alimentación de personas mayoritariamente ancianas, llenarnos el corazón de esa sangre que traiga sensibilidad ante el hecho, y crecernos como humanos, dignos y plenos, que un día también llegaremos a la ancianidad sin saber en qué condiciones.

Habrá miles de obstáculos motivados por coyunturas económicas o de otra índole, pero lo que no puede bloquearse son las acciones en favor del bien. Esas que nos hacen grande como cubanos, y de las que estoy convencido que, de aplicarse nuevos métodos, el SAF abandonaría esa anemia que le come, y en muchos casos da al traste con su hemoglobina.

Mi Comentario: Día Mundial del Agua. El universo aguarda

Mi Comentario: Día Mundial del Agua. El universo aguarda

Por Ricardo R. González

Otro 22 de marzo circunda por el Planeta, y desde 1993 la Organización de Naciones Unidas (ONU) decretó esta jornada como Día Mundial del Agua que este año sugiere la aguda mirada internacional hacia la relación agua y seguridad alimentaria.

Un verdadero reto en un globo terráqueo que suma 7 mil millones de personas reclamantes de alimentos, mientras los vaticinios auguran que para 2050 contaremos con otros 2 mil millones sumados a quienes necesitan del pan nuestro de cada día.

Son los cinco continentes que giran y giran, pero la realidad advierte que solo el 3 % de la masa de agua existente en el Orbe es dulce, y apenas el 30 % resulta accesible a la especie humana.

Mientras esos cinco continentes siguen en su giro no es menos cierto que disminuyen las disponibilidades del recurso agua tanto en cantidad como en deterioro de su calidad, y un presunto holocausto advierte que este detrimento pudiera convertirse en una verdadera encrucijada en materia medioambiental, lo que induciría a otra fuente de conflictos para absolutizar el control del recurso natural.

Y no es juego. Ya 71 naciones experimentan sus alarmas ante el déficit de agua dulce, pero según estimados el problema se complica al sumar mil 100 millones de terrícolas sin acceso al agua potable, en tanto 2 mil 600 millones carecen del saneamiento adecuado.

Ese Planeta que hoy habitamos amanece con miles de desvelos. Tenga en cuenta que el pasado año la FAO confirmó que el 25 % de las tierras del globo terráqueo sufrían los tentáculos de la degradación como uno de los problemas principales que porta el Medio Ambiente a nivel mundial.

Confirman las fuentes que la erosión del suelo ya ha provocado una caída del 40% de la productividad agrícola, y si tomamos en cuenta que uno de los desafíos a enfrentar es la creación y conservación de sistemas alimentarios eficientes habrá que ingeniárselas ante un crecimiento demográfico, marcado por las desventuras del cambio climático, y los serios problemas de inseguridad alimentaria que sacuden a cada uno de los hemisferios.

Un solo dato al respecto: En este minuto que vivimos la desertificación afecta al 25% de los suelos sobre los que viven más de mil millones de habitantes.

Si a ello agregamos que cada habitante bebe de dos a cuatro litros diarios de agua, que producir un solo kilogramo de carne absorbe 15 mil litros, o que otro de trigo acapara unos mil 500 ¿podremos seguir con derroches insostenibles?

Las cuentas están claras y, por supuesto, no dan. Habrá que recurrir cada vez más a esas producciones más limpias que reduzcan la cantidad de agua empleada, a la obtención de fuentes alimenticias de mayor calidad logradas con menos líquido, a consolidar esquemas de alimentación saludable, y a reducir la temible marea del desperdicio alimentario en el que nunca llega a consumirse el 30 % de las fuentes de alimentos obtenidas en el mundo con la consiguiente pérdida del agua utilizada para elaborarlos.   

Este 22 de marzo la ONU llama a diversificar mensajes educativos, publicitarios y a cuanta iniciativa provoque un cambio de mentalidad. Conferencias, seminarios, charlas, juegos, concursos infantiles, imágenes fotográficas… que motiven y eliminen barreras a fin de cuidar un recurso indispensable.

Villa Clara, como toda Cuba, no escapa de dichas acciones. Valen, y resultan necesarias, pero nada conseguiremos si se trata de un empeño efímero que «reine» solamente por 24 horas.

Ese trono necesita mucho más, y solo las buenas acciones harán que la vida transcurra en una plataforma sostenible ante sus retos continuos.

Otro 22 de Marzo que dentro de horas volverá a despedirse hasta mañana.

Otro momento en el que prometemos cambiar y apostar por un Planeta mejor. Aun así, el universo aguarda.      

Mi Comentario: La Contracorriente de Rochy, de Julio César y de tod@s

Mi Comentario: La Contracorriente de Rochy, de Julio César y de tod@s

La cantante Rochy y el Doctor en Ciencias Julio César González durante su estancia en Santa Clara.

Texto y foto: Ricardo R. González

Una comida a la italiana en casa de Rochy Ameneiro pactó la complicidad que dio luz a un proyecto singular entre una cantante y un académico. Para algunos, un nexo extraño y hasta incoherente, para otros la bienvenida interrelación que daría paso a una idea en que el concepto de cultura adquiere su más amplia dimensión.

Poco a poco comenzaron a fluir las dichas entre la artista y el doctor en Ciencias Históricas Julio César González Pagés, asesor de dicha experiencia, en tiempos en que este archipiélago se apresta a celebrar el centenario del feminismo visto como un movimiento que hurga y reivindica los derechos de la mujer en el afán de hacerlas plenas dentro de un mundo convulso, de cánones,  trabas, y estereotipos infelices arrastrados de generación en generación.

Esa es una de las esencias de «Contracorriente», feliz iniciativa que trata de situar al feminismo con su justa valía. ¿es acaso deshonra? ¿snob? ¿ modismo?, ¿publicidad banal de los medios de comunicación? ¿corriente ligth?

Nada de eso. Hay que ser muy pero que muy feminista para eliminar esas imágenes sexistas aparecidas en los videos clips de la contemporaneidad, o en las imágenes o pósters que, de manera errada, venden a las cubanas ante los ojos del mundo asociadas a las voluptuosas caderas existentes en esta parte del trópico.

Es enseñar que en Cuba, en la del siglo XXI, hay miles de mujeres que no se venden por «verdes» —léase dólares, euros o el resto de las monedas— ni tampoco es la tierra en que todas anhelan un «extranger» para mejorar sus horizontes.

Así «Contracorriente» inició sus primeros pasos en La Habana hasta que un día decidieron abandonar los contornos capitalinos con tal de salpicar las locaciones cubanas que se extienden más allá del renombrado túnel habanero.

El Instituto Cubano de la Música y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) abrazaron el proyecto que comenzó a caminar por la isla, a tocar puertas para luchar contra todo indicio de violencia de género, y a tratar de hacer la vida más plena en tiempos en que falta identidad del feminismo en Cuba, y generalmente se ve, desde el prisma internacional, como un movimiento de mujeres que no tienen nada que aportar.

A dicha visión se suma la particularidad cubana en un país que ha mantenido casi intacta sus raíces machistas a través de las eras.

Por ello «Contracorriente» resulta un empeño abarcador que no queda en la epidermis de un diálogo sustentado en el pretexto de las canciones. Sí, hay bellas canciones interpretadas por Rochy, mas propicia fructíferos encuentros con mujeres y hombres que, desde cada provincia, hicieron o hacen la historia sin tener en muchos casos el verdadero reconocimiento.

Es nutrirse de cátedras vivientes. Conversar —y recordar— a nuestras insignes, algunas hasta olvidadas e insistir en su grandeza, en ese legado que les permitió ocupar un lugar en su tiempo, pero es también llamar la atención ante monumentos importantes de féminas que están olvidados o semiolvidados, o proponer la tarja, la estatua, el distintivo en la casa natal para aquellas grandes que ni siquiera lo poseen.

Es la cita con mujeres imprescindibles, fundadoras de la FMC, con protagonistas del surco, del magisterio, de un ingenio azucarero, o de la importante labradora que desde cada madrugada deja limpia las calles de nuestras comunidades para recibir el nuevo día. Un tributo integral a las que no pueden pensar jamás que sus aportes fueron agua pasada porque sería negar la continuidad de este ajiaco criollo enriquecedor e inigualable.

Y si bien hay espacio y remembranzas para el pasado se sitúa al presente como un revitalizador momento que encuentra sus riquezas entre la gente que lo configura, y en quienes le impregnan un distingo único y real ante los ojos del mundo.

Si bien «Contracorriente» enseña que el color violeta identifica al feminismo también aboga por el rescate de las tradiciones, y anuncia tres tomos a publicarse con historias de cubanas contemporáneas de todas las provincias desde su tiempo y para su tiempo, con esas que han sabido enriquecer el acervo de un país.

La gira continúa por Cuba, y concluirá el próximo 9 de marzo en el Gran Teatro de La Habana, fecha en que «Contracorriente» arribará a su primer aniversario.   

A mi entender el gran mérito del proyecto, amén del NO rotundo a todo indicio de violencia, radica en su empeño por procurar un ser humano más pleno, reflexivo, que ame sus costumbres, idiosincrasias, y defienda su identidad desde ese pedacito de Cuba en que le ha tocado vivir.

Un proyecto que presenta entrada libre, y se aleja de lo selecto o de las nóminas restringidas. Al contrario, aviva la mente, toca corazones, despierta inquietudes, y suma a quienes lo deseen con el aporte de esos manantiales de ideas presentes entre tod@s

Diría más, constituye una gran ventana abierta para aprender y hacer historia, para saber que tenemos el compromiso de alcanzar esa espiritualidad que nos haga más cultos y plenos, sin olvidar la conquista del futuro a fin de que ese mundo mejor sea verdaderamente posible.

Por eso, y por mucho más, bienvenida aquella comida a la italiana que, en casa de Rochy, abrió las puertas a la creatividad para que saliera volando en busca de prometedores destinos.  

Mi Comentario (Complacencias indebidas)

Mi Comentario (Complacencias indebidas)

Por Ricardo R. González

No pienso que la vida resulte ese carnaval dibujado por la canción. Tiene momentos que nos llevan a contar hasta diez, multiplicar por cincuenta, y casi convertirnos en magos para encontrar soluciones a los múltiples agobios.

Sobre todo al agotarse ese mes de vacaciones estipulado cada año, o cuando nos sobrecarga la rutina laboral. También si queremos concluir la construcción en determinada fecha, o esperamos a un familiar que viene de visita, entre otras tantas situaciones. Entonces inventamos, y una de las múltiples maneras es conseguir a toda costa un papelito, con mucha fuerza legal, que nos justifique esos días de ausencia apoyados en un certificado.

Cubanos somos e ingeniamos bastante. No insinúo con esto —y lo aclaro bien— que todo certificado médico emitido tiene aires de complacencia o presenta dudosa emisión, ni que tampoco la totalidad de los galenos respalden la práctica, Sin embargo, el que más y el que menos conoce algún caso que resolvió su problema bajo el amparo del papelito sin tener una causa médica real.

Una vez logrado hay quienes se comportan de una manera discreta, pero otros «padecen» de determinada afección de reposo y es cuando más salen a la calle, van a las tiendas, hacen largas colas, y aprovechan para cumplimentar lo que normalmente no pueden porque el tiempo cobra sus jugarretas.

Todo a la vista pública, sin un ápice de respeto y dignidad, sin pensar que mientras disfrutamos de manera indebida hay compañeros de trabajo recargados por esa ausencia, que tienen que aguantar «tu maletín» y el de cada uno de ellos a fin de cumplir y suplir la falta, mientras los planes productivos y de servicios forman parte de un país que enrumba su desarrollo económico apoyado en concepciones éticas y políticas.

Tanto que se habla de crear y rescatar valores, y en muchas ocasiones las formas de aparentar una falsa enfermedad se hace a la vista y oídos de niños y jóvenes.

¿Podrán después los padres exigir responsabilidades y buenas conductas cuando el árbol formativo en la familia está descompuesto?, ¿De qué ejemplo se habla si los maestros del hogar hacen y deshacen a su antojo?

Cierto que la vida es muy compleja. Problemas con la alimentación, el transporte, en el plano laboral, en la convivencia, en fin…en todos los aspectos de la cotidianeidad. Es verdad que después de concluir un día agotador aguarda la otra lucha de la subsistencia, de los precios, de que el niño pide, llora y no entiende por qué no se le complace, y la marcada realidad de que el dinero se va como agua.

Pero si no actuamos de una manera consciente, colectivista y solidaria estaremos al compás de una ruleta con nada de avances y múltiples retrocesos.

Un certificado falso es engañarse a uno mismo y a cada uno de quienes integran la sociedad. Es mentirle al país que trata de no ahogarse ante tantas penurias y vendavales.

Y digo más, gran parte de esos dictámenes médicos irreales están a favor de «enfermos» con significativas entradas monetarias por una u otra vía, porque ningún trabajador cubano que dependa de un salarito mensual puede someterse al tajo abismal que provoca el descuento de un certificado.

Ese documento protege al trabajador accidentado, convaleciente… para su necesaria recuperación con el correspondiente respaldo económico, pero transcribo el concepto oficial que existe en la ínsula respecto al certificado por complacencia.  

Se describe así a toda facilitación de este tipo que «faltando a la verdad, certifica una enfermedad inexistente para que el paciente pueda obtener beneficios de diversos tipos (indemnizaciones, ausencia del trabajo, etc.)»

Y aclara; «extender este tipo de certificados es contrario a la ética médica, y puede constituir delito de falsedad en documento público».

Por eso es saludable que los facultativos piensen muy bien a la hora de expedir a fin de no caer en la gran danza de lo falso. 

En Caibarién: Malecón ¿te perdiste?

En Caibarién: Malecón ¿te perdiste?

De todo un poco. Increíble pero cierto. Y además, un equino pasta libremente en la zona.

Por Ricardo R. González

Fotos: Carlos Rodríguez Torres

El mar tiene a veces un encanto inexplicable. Susurra, evoca, nos hace cómplices y confidentes de sus estrellas o de las olas que besan y se desvanecen en el litoral. Y esa porción ultramarina de Caibarién reforzaba sus delicias después que un peculiar malecón apareció por toda la orilla para transformar la imagen del lugar.

Por un lado, algo estético, por otro, la necesaria protección a fin de impedir que el agua penetre en la ciudad como ya ocurrió con uno de esos caprichosos huracanes ensañados en malas pretensiones.

Hace unos días lo visitamos, pero ese deseo de disfrutarlo se derrumbó como castillo de naipes, al ver aquel panorama agravado en una de sus entradas.

No sé todavía si puede llamársele microvertedero, o un amasijo de objetos tan diversos que van desde envases plásticos, bolsas de nailon, zapatos viejos, cubos inservibles, calderos que despidieron su vida útil, penachos secos, latas de refrescos y cervezas, sobres de detergentes usados o de otros productos de las shopping, y una larga aparición de misceláneas.

Para completar… caballos pastando en determinada área cercana a aquel largo muro. Mas todo no queda ahí. El aire traía una fetidez incalculable, y alguien nos dijo «Vayan un poquito más allá, por aquella entradita, para que vean lo que provoca el mal olor.

En efecto, muy próximo a la zona del malecón, en una de las orillas del canalizo, las auras hacían competencia ante los restos de un equino.

La imagen de aquel momento es totalmente opuesta a la que inspiró un trabajo publicado en estas páginas, en junio de 2007. 

Por entonces, alumnos de la escuela primaria Francisco Ferrer, orientados por la entonces profesora de Biología Inés María Domínguez Castro crearon el proyecto CAIMALE (una combinación entre Caibarién y malecón) que pretendió cambiar hábitos entre los pobladores.

Tres años llevó el empeño encausado a transformar un medio ambiente herido, y que tuvo novedosos resultados.

Era, entonces, el afán de cambiar la mentalidad de quienes consideraban que «nunca el mar se iba a secar por verter basura ni que tampoco faltarían los peces», como argumentaban en aquel inicio del propósito.

Recuerdo, además, que el programa incluía la Fiesta del Mar, esa especie de maratón participativo, en cada mayo, y en la que diversos organismos destacados y la comunidad recibían sus premios por la dedicación a la limpieza de esa porción, con la premisa de que «si el mar estaba limpio ya se encontraba de fiesta.».

Ahora, en pleno siglo xxi, habrá que reorientar muchas cosas. En primer término examinar, una y otra vez, qué sucede con la recogida de basura en el área, y el horario establecido para ello.

Por otra parte mucho se habla de la educación ambiental, pero me parece que en esta zona se olvidaron los conocimientos, y que aquel proyecto pasó a ser parte de las buenas intenciones que el tiempo se encargó de borrar.

Una vez más llamo la atención. El mar no trae hasta la orilla esa diversidad de objetos y materias a la vista. Solo la especie humana es capaz de atentar de esta manera contra la Natura, y aunque los hábitos incorrectos de botar estén arraigados y, al parecer, resulte más cómodo tirar en cualquier sitio sin importar nada, no se puede permitir que dichas negligencias atenten contra el bienestar de los pobladores, a tenor de que la contaminación de las aguas, con todas las fuentes que inducen a ello, no resulta algo de juego.

Ya no son dos o tres laticas o una jabita aislada que aparecían entre los dietes de perros por aquellos tiempos. Vayan y vean cuál es el panorama de un sitio de interés turístico que irriga el propio corazón de la cayería del noereste villaclareno.

La cultura de un pueblo se refleja también en la limpieza, y muchos de esos detalles están captados en las cámaras digitales de quienes llegan un día y retratan para luego compartirlas por el mundo. Entonces ¿Es tan Blanca la Villa?

Lo dice el identificativo: Villa Blanca, por lo que rescatar su pureza les compete a quienes desde allí hacen el día a día. Son sus pobladores y directivos los llamados a nutrirse de ese sentido de pertenencia que evada parcelas de responsabilidades segmentadas para convertirla en tarea de todos.

Que destierre el ya clásico pero dañino «ese no es mi maletín» a fin de que el contenido de ese equipaje revierta, en este caso, en beneficio y salud para todos caibarienenses y visitantes.

Esperemos que algún día, con el esfuerzo de todos, y la vigilancia sobre los infractores, vuelvan a brillar aquellos Luceros en el mar de los que hablé en el reportaje de 2007 y que, por ahora, ni aparecen ni mucho menos iluminan.