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Rostros de la Meteorología villaclareña (2) José Lamadrid: «No hay meteorólogo que se levante y deje de mirar al cielo»

Rostros de la Meteorología villaclareña (2) José Lamadrid: «No hay meteorólogo que se levante y deje de mirar al cielo»

Texto y fotos Ricardo R. González

Existen personas que se convierten en esos personajes típicos y queridos de su ciudad, que andan por las calles y muchas miradas los siguen, aunque no se conozcan personalmente. Quién duda que sea el caso de José Orestes Lamadrid Borrell, el hombre que sentó cátedra en la Meteorología villaclareña y ¿por qué no? del país, aunque sus inicios estuvieron alejados de esta ciencia al incursionar, primero, como ingeniero eléctrico y luego en las bondades de la Agronomía.

Un día de este año se acogió a la jubilación, pero le resulta imposible quedar en casa. Demasiado temperamento para arroparse en la pasividad, y con su típica gorra de diferentes modalidades y la interacción siempre grata con aquellos que lo detienen sube los 29 escalones que separan la entrada del Centro Meteorológico Provincial (CMP) hasta llegar a la planta central del edificio.

Entonces emprendemos un diálogo que recuerda a Báez, su poblado placeteño natal y a su entrañable profesora de Geografía que, quizás, le motivara para emprender el estudio de los fenómenos atmosféricos y de los mecanismos que intervienen en el tiempo.    

«Cuántos recuerdos me trae Andrea —dice— no sé si aún vive. Era de Agabama y creó un círculo de interés de Meteorología. Hacíamos nuestros instrumentos rudimentarios y verdaderamente fue de las primeras que nos «dio el pie» a fin de adentrarnos en la ciencia.

— ¿Pudiéramos decir que aquel círculo de interés consolidó las miras en un camino largo?

— Fue el incentivo y queríamos profundizar, con el tiempo ingresamos en el Instituto de Meteorología (Insmet), pero allí, en mi pueblo nació el hobby por esta ciencia.

— Ya desde entonces miraba las nubes, el cielo… ¿Constituyen fuentes de aprendizaje?

— Sin dudas. Recuerdo el ciclón Flora, aun bastante muchacho, y tenía interés en ver cómo evolucionaba aquello, siempre indagando, en medio de inquietudes, hasta que llegamos a ser meteorólogos.

— ¿Observar el cielo le ofrece herramientas indispensables?

— Por supuesto. No hay meteorólogo que se levante por la mañana y deje de mirar al cielo. La composición de las nubes, el tipo de nubosidad, el viento son factores determinantes e importantes en la Meteorología con la observación visual, es casi el ABC. La tecnología resulta muy buena, mas todo parte de esa visualización. Las nubes ofrecen detalles muy precisos para conformar el pronóstico del tiempo.

— ¿Es cierto que estudió, primero, Ingeniería Eléctrica?

— Me gustaba la electrónica y también nos ayudó en la Meteorología porque esta tiene parte de esa rama. Estuve en la Universidad el primer año, pero suspendí algunas asignaturas y al final abandonamos la carrera.

— ¿Y llega el traspaso al Instituto de Meteorología en La Habana?

— Se habilitó un curso en Casablanca y vimos la oportunidad y los cielos abiertos. Nos formamos en los cursos iniciales que ofreció el Insmet. Antes había antecedido otro en 1965, y el mío fue en 1972 para formar personal meteorológico clase II, entre los cuatro tipos que existían, ya con nivel de preuniversitario.

Era el último curso impartido por el Insmet y los restantes pasaron a la Universidad de La Habana y creo existió una subsede en Camagüey.   

— Cuando se inserta a Villa Clara?

— Al terminar ese periodo. Comienzo aquí al trasladarse los alumnos a sus respectivas provincias, y en mi caso totalice 47 años en el servicio meteorológico admirando siempre a los referentes que teníamos y que influyeron en mi formación..

— ¿Cómo lograba emitir un parte en tiempos en que la tecnología no estaba desarrollada?

— La Meteorología se apoya en el análisis de los datos primarios obtenidos de las estaciones. Presión, temperatura, humedad, dirección del viento, tipos de nubes. Todas estas variables meteorológicas son fundamentales.

Antes el proceso se realizaba totalmente manual, la elaboración de los mapas y un conjunto de datos fundamentales para poder elaborar un pronóstico bastante preciso, pero el volumen de información a fin de lograr un pronóstico casi perfecto no era posible. Ya con la tecnología actual y el desarrollo de los modelos de pronósticos se ha logrado el perfeccionamiento en el servicio del tiempo y son capaces de predecir en períodos más largos, aunque todavía es perfectible porque la Meteorología no es una ciencia exacta y puede cambiar en un corto tiempo.

— ¿Aquella era en que no existía tanta tecnología lo «curtieron» en la preparación como especialista?

— Carecíamos de información. Si no llega a ser por las tecnologías muchos pronósticos a largo plazo serían casi imposibles. La cantidad de datos que el ser humano puede procesar a mano no es igual Antiguamente no podías realizar un pronóstico tan amplio.

— A su modo de ver y luego de casi cinco décadas de ejercicio ¿qué habilidades debe reunir un meteorólogo?

— Valorar mucho la información que recibe, analizarla detalladamente para que los errores resulten mínimos y descartar los datos que no aporten objetividad. La habilidad del especialista está en analizar los datos para evitar deslices y que se correspondan con la realidad antes de emitir el pronóstico, aunque sea automatizado.   

— ¿Pudiéramos decir que la experiencia del huracán Lili aceleró la necesidad de automatizar la Meteorología?

— Desde mi punto de vista influyó, sirvió de experiencia. Fue el 18 de octubre de 1996 y los vaticinios nacionales indicaban la salida del organismo al mar por un punto entre Matanzas y Cárdenas, sin embargo, las miradas villaclareñas y de los colegas de la Perla del Sur precisaba que se dirigía de Cienfuegos hacia Santa Clara, lo teníamos arriba y hubo un fallo en las comunicaciones que le impidió al Insmet conocer lo que verdaderamente ocurría ante un radar que se caía y los teléfonos presentaban dificultades. No son justificaciones ni tampoco un error, solo que faltaban los datos de lo que verdaderamente ocurría, aun así, en medio de tantos avatares, se pudo precisar la entrada a la provincia.

— En el orden personal ¿qué le resulta más complejo pronosticar un frente frío o un ciclón?

— Todos son complejos en cualquier sistema meteorológico. En el caso de los frentes fríos habrá que precisar en qué tiempo llega, cuál será la evolución y estar preparados, mientras que los ciclones exigen auxiliarse de todos los mecanismos existentes: los radares, los mapas, las formaciones isobáricas y mantenerse atentos a su trayectoria.

— Existen especialistas muy buenos, pero se les hace difícil comunicar…

Los meteorólogos deben ser buenos comunicadores, no hacemos nada en conocer la información y aportarle demasiado nivel científico que la población no comprenda. Es una rama compleja con demasiados términos que muchos de ellos no son entendibles por el público.

En caso de utilizarse hay que ser educativos y dar a conocer de qué se trata. Cualquier detalle meteorológico necesita una explicación clara para el receptor y dar a conocer sus efectos con un lenguaje medio.

— ¿Depende también de las habilidades del orador para atraer al público? 

— Tiene su influencia. La comunicación lleva implícita el lenguaje directo y no atiborrar de términos tan científicos sin decir que, en casos necesarios, no se incluyan, pero siempre aclarando de qué se trata. Habrá que ubicarse en un público que no es especialista en la materia.

— En su faceta de comunicador ¿cómo llega a la televisión y a los espacios radiales?

La radio fue primero y el impacto televisivo me resultó bastante complejo porque es un medio diferente que adiciona la información visual complementándola con otros recursos, en tanto la radio es más inmediata. Fui fundador de Tele Cubanacán y me mantuve durante 35 años.   

— ¿Puede hablarse de aprietos en la vida profesional de José Lamadrid?

 — Son tantos, y siempre tratamos de sobreponernos y brindar explicaciones claras para evitar confusiones. Situaciones muy parecidas a las que ocurren en cualquier entorno laboral.   

— Pronósticos son pronósticos y la meteorología no es una ciencia exacta, mas ¿qué pasa con esa «picota publica» que emplaza cuando difieren de lo expresado por el experto?

— Es muy difícil y ocurre por las características que tiene la rama. Nunca puede esperarse que un pronóstico salga al ciento por ciento ante tanta variabilidad, y también influye la interpretación pública que a veces no coincide con lo que se dijo o no se comprendió debidamente. Máxime en un país en el que casi todo el mundo sabe de medicina empírica, de pelota, y también de meteorología.

— En este viaje por los años detengámonos en 1978 al fundar la red de monitoreo de las estaciones agrometeorológicas. ¿Un peldaño importante?

— En ese año existió un convenio entre el Ministerio de la Agricultura y la Academia de Ciencias de Cuba para crear una red de puestos agrometeorológicos en las provincias y se tomó a Villa Clara como experiencia piloto en el país.

Yo llegué, además, al cuarto año de Agronomía que lo cursé de manera dirigida, y nos dieron la tarea de configurar los 14 puestos instalados en empresas agrícolas: Funcionó hasta los primeros años de la década de los 80 cuya funciones principales eran obtener las variables de lluvias y temperatura para comenzar los trabajos en función de los cultivos. Lamentablemente, por otros motivos, declinó el proyecto y no se pudo mantener, salvo los que continuaron por intereses propios de las empresas agrícolas.  

— ¿Qué papel le adjudica a los radioaficionados?

— Una experiencia mantenida durante un quinquenio a propuesta de la  Federación de Radioaficionados en Villa Clara, algo de suma importancia ante situaciones meteorológicas especiales, a tenor de que las estaciones no están instauradas en cada municipio y sus aportes eran valiosos al pronóstico.

Existían eventos que ocurrían en sitios sin estaciones, y si contábamos con un radioaficionado que emitía su parte. Resultó la primera provincia que estableció este vínculo y se mantuvo hasta 2001. A partir de esta experiencia se aplicó en otras partes del país.

— La Meteorología necesita el apoyo de la familia internacional en alianzas ¿Cómo las valora en el contexto actual?

— Se han mantenido siempre porque el servicio funciona a nivel internacional. Es una red en la que no intervienen detalles políticos ni de otra índole. Se intercambian datos entre las regiones y los centros mundiales en pura reciprocidad como elementos básicos del trabajo en múltiples ramas. Es algo vital.

— ¿Se siente José Lamadrid una persona popular?

— (Ríe). Tenemos mucha interrelación con el público. A veces salgo a la calle y ya jubilado me siguen preguntando lo que se espera en el tiempo, si va a llover o va a sentirse calor o frío hasta otros detalles que indagan por las causas de la jubilación, a veces me cuesta trabajo llegar a mi destino, pero me deja una satisfacción e incluso en caso de enfermedad se preocupan por mi estado. Es verdaderamente halagador y muy reconfortante.

— ¿Qué ocurrió en una escuela primaria al impartir una conferencia?

— Uno de los recuerdos más gratos que guardo porque me impresionó que los niños de sexto grado prestaran tanta atención, y había que ver las preguntas que hacían con tantos fundamentos sobre nuestra ciencia. Salí muy contento por ese interés en aprender. Es que ofrecí múltiples encuentros en disimiles organismos y siempre me resultaban de agrado.

— Un día se acogió a la jubilación ¿cuántos años de servicio y aún el CMP le es asiduo en su cotidianidad?

— En este 2023 ya con 47 años de ejercicio. Aparecieron problemas de salud, pero no me he retirado. Sigo viniendo al CMP porque los meteorólogos no podemos olvidar nuestra segunda casa.

¿Ttodavía prosigue ese indicio de levantarse y mirar al cielo?

— Se mantiene intacto. Imposible no hacerlo. Será hasta el día final porque, incluso, constituye un hábito inseparable mantenido en el resto del día. 

— ¿Cómo ve a las nuevas generaciones de meteorólogos?

 — Tiene muchos compañeros, técnicos y profesionales que despuntan por su experiencia y profesionalidad, tanto en Villa Clara como en el país. Los nuevos valores demuestran interés en una profesión en la que unos se van y otros llegan. La formación de los especialistas la aprecio con buena salud y continuará poco a poco su avance.

— ¿Qué distinciones acumula?

— Imposible responder con exactitud. Diplomas, medallas, condecoraciones, te añado el reconocimiento Por la Obra de la Vida, el conferido por el aniversario 30 de la Defensa Civil en 1992, como fundador de la estación meteorológica del INIVIT (1998), Vanguardia Nacional (2001), reconocimiento por el trabajo sostenido y la contribución al cuidado del medio ambiente (2017).

Figura, también, el diploma otorgado por la Asamblea Municipal del Poder Popular de Santa Clara en el marco de la fundación de la ciudad (2018), la Medalla al Valor ante el trabajo desplegado por el paso del huracán Kate en 1985, entre tantos otros.

— Existen dos personas a las que se le preguntaba sobre los primeros acordes de una melodía y sin pensarlo dos veces decían el título y el intérprete. Uno es José Lamadrid y el otro el ya desaparecido Franklin Reinoso. ¿Sigue con esa pasión por la música, aunque los tiempos y las formas han cambiado demasiado?

— Fanático de toda la vida a la buena música, la Década Prodigiosa, entre tantos referentes de los exponentes anglosajones, la hispana de aquella etapa, Los Beatles, Rolling Stone, Dave Clark Five, Los Brincos, Los Mitos, Massiel, Dyango, entre muchos.

— ¿En estos tiempos siente idéntica devoción por lo que ocurre en el mundo musical?

— (Un rotundo no). Soy honesto. La música actual ha perdido mucha calidad comparada con décadas anteriores. Algunos temas resultan en extremo vulgares, letras sin contenido, y hasta la denominación de las agrupaciones son complejas y en ocasiones inconcebibles, a pesar de que cada generación tiene sus códigos en correspondencia con su tiempo. Y suscribo lo que dijo el fallecido Adalberto Álvarez cuando le preguntaron si era enemigo del reguetón y respondió: «No, yo soy enemigo de la música sin calidad».

El ritmo puede ser cualquiera, la problemática se concentra en las letras, pero cada quien con su época.

— El marco familiar ¿cómo se compone?

— Está Aleida, mi esposa, que es también meteoróloga y compartimos muchos años en el CMP. Tenemos tres hijos y tres nietos que llegaron ya cuando éramos adultos, pero que resultan la pasión de la familia. Yo no sabía lo que era la faceta de abuelos, uno quiere a los hijos, sin embargo, los nietos son una especie de paraíso porque alegran la vida con sus travesuras. Sus fotos me acompañan en el móvil y van siempre conmigo.

— De qué manera supera los momentos difíciles que llegan en la vida?

— Observo la cotidianidad y busco los incentivos en múltiples detalles ante momentos de tanta tensión, incluso en los episodios complejos que depara la salud porque hay que pensar en vencerlos y seguir adelante.

— Retomo un título de la cantante española Massiel, una de sus favoritas, para la última pregunta ¿El mañana dirá?

— En efecto. Pienso que mientras hay vida en este Planeta vamos a seguir viniendo al CMP y ser parte del resto de las actividades sociales. Jubilado, pero no retirado. A lo mejor vendré en muletas, pero seguiré.  

PIE DE FOTOS

1.- «La Meteorología no es una ciencia exacta y los pronósticos son pronósticos», afirma José Lamadrid.

2.- Atento siempre a cada detalle, analizar detalladamente para que los errores resulten mínimos como premisa de los meteorólogos.

3.- Junto con parte del colectivo del CMP donde laboró durante casi cinco décadas.  

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