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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Con 2...

«Con 2 que se quieran» Martha del Río (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Martha del Río (Parte I)

“¿Cómo no abrazar una obra que es para los humildes?”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí, en 5ta. Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña una de las más grandes actrices que ha tenido nuestra televisión, nuestro teatro, nuestro cine, nuestro radio, de las más conmovedoras, de las actuaciones que yo recuerdo que más me han conmovido, en algunos casos, en el caso del mundo dramático. Y de las que más me han divertido.

Yo la llamé por teléfono para invitarla al programa -la admiro muchísimo, de toda mi vida- y me pasó algo bien interesante, y lo voy a decir antes de que la presente. Y es que ella me dijo: “Tú llevas a personas muy importantes a tu programa. ¿Por qué me has llamado a mí, que tengo una vida tan común?” Y eso para mí, ante mis ojos, ante mi corazón, la hizo todavía ser más grande, la maravillosa Martica del Río. Mi niña.

Marta. Gracias, mi vida.

Amaury. Muchas gracias por venir, por aceptarme la invitación. Porque la verdad, no te sentí muy entusiasmada.

Marta. No, por eso mismo, porque yo pensé que yo no tenía nada interesante para traer a tu programa.

Amaury. Todo el mundo, Martica, tiene algo interesante. Y tú tienes una vida interesantísima. Y vamos a empezar a tejer el hilo del programa desde el principio. Si yo te digo este nombre: Santiago García Ortega, ¿a dónde va tu memoria?

Marta. Bueno, va mi memoria a cuando yo era muy jovencita, y tenía inquietudes artísticas y pude canalizarlas a través de un curso que Santiago convocó de actuación. Y yo estaba trabajando ya, porque yo empecé a trabajar desde muy joven para ayudar a mi mamá. Y entonces vi la convocatoria y fui a hablar con él.

Amaury. ¿Era un actor importante él, no?

Marta. Un actor de carácter, magnífico. Entonces, yo le dije que, bueno, que si él veía que yo tenía posibilidades, porque yo no podía perder ni tiempo, ni dinero. O sea yo le hablé claro. Porque en aquella época se presentaba en la Asociación Cubana de Artistas, de Radio, Televisión, Cine, todo eso se llamaba, la CARTV.

Amaury. ¡Ah!, daban un premio también, ¿no?

Marta. No, no era  un premio. Era un carné autorizando a trabajar.

Amaury. ¿Y no daban un premio? Yo creo que en mi casa…

Marta. Sí, sí, yo fui Actriz Novel de radio, yo tengo ese premio de la CARTV. Pero ellos daban, ellos daban un carné autorizando a trabajar en los medios, en cualquier medio. Si te aprobaban, ellos hacían una prueba.

Amaury. Ah, sí, había evaluación, incluso en esa época.

Marta. Sí, sí, en la misma Asociación, un grupo de actores profesionales hacían una prueba. Y si te aprobaban, entonces te daban el carné provisional y tenías que hacer 42 actuaciones en un año en cualquiera de los medios. Y entonces él me preparó, y me dijo que sí, que yo tenía posibilidades. Me presenté en la Asociación de Artistas. Me aprobaron, yo tengo el carné guardado.

Amaury. ¿Verdad?

Marta. Sí, lo tengo.

Amaury. ¡Qué lindo eso, qué bonito!

Marta. Entonces, el mismo Santiago había terminado de hacer una obra en la sala Hubert de Blanck. Y ahí estaba montando, Cuqui Ponce de León, una comedia, Un cuarto de vino de arroz. Y tenía un personajito de una pepillita y él le habló para que me hiciera una prueba. Y me hizo la prueba, Cuqui.

Amaury. Sí, lo que ahora se llama casting.

Marta. Sí, el casting, me hizo la prueba, me dio el personaje, y ya.

Amaury. Y ahí empezó.

Marta. De ahí arranqué, hasta ahora.

Amaury. Ahora, de ahí no vamos a seguir para acá, vamos a irnos hacia atrás. Porque si fuiste a ver a Santiago, al profesor Santiago, es porque ese bichito había picado antes.

Marta. Ah, sí, desde que estaba en la escuela.

Amaury. Entonces, vamos a ir a dónde tú naciste. Vamos a irnos a hablar de tu mamá, seguramente te va a ser muy grato.

Marta. Seguro.

Amaury. Claro. Irnos a ese momento de aquella niña que estaba en la escuela, que daba clases, que había profesoras que le daban clases. Hablemos de eso.

Marta. Si, bueno, estaba en la Escuela Pública número 6. Esa escuela era muy buena, tenía un claustro de profesores magníficos. Desde la directora, todos los profesores. Y estaba Flora Toyo, la mamá de Flora Lauten.

Amaury. La mamá de Flora Lauten.

Marta. Sí, y estaba la profesora Adelaida Clemente, que era profesora de preescolar. Pero Adelaida tenía inquietudes literarias y escribía. Y entonces ella adaptaba obritas para las fechas patrióticas, después Adelaida devino en una magnífica escritora. Pero bueno, con eso empecé yo. Y ya yo trabajaba en todas las obritas de la escuela.

Amaury. Pero bueno, a ver, ellos descubrieron que tú tenías…

Marta. …Sí, sí, Adelaida…

Amaury. …O tú te acercabas y tú decías: yo quiero, yo quiero…

Marta. No, no, no. Sí, ellos vieron que yo tenía posibilidades, porque la primera obra que me dieron dio resultado, y la otra, y la otra.

Amaury. ¿Y tu mamá, entonces, qué pensaba de todo eso?

Marta. A mi mamá le encantaba y, además, me estimulaba mucho. Mi madre era una persona extraordinaria. Ella me tuvo a mí a los 42 años, yo soy hija de viejos. Pero mamá no era vieja, su mente no era vieja, era muy hacia delante. Mi madre me estimuló mucho, mucho. En aquella época, tú sabes todos los tabúes que habían y equis, y equis y equis.

Amaury. Por eso te lo pregunto.

Marta. Y nosotros éramos muy pobres, éramos muy pobres, y ella me decía: no, no, usted viva según su conciencia, así me dijo ella tiempo antes de morir.

Amaury. Tú tienes una familia, después vamos a hablar de la familia, pero ¿tú crees que lo que después tú has sido como esposa, cómo madre y como abuela, tiene que ver con esa enseñanza que recibiste de tu mamá?

Marta. ¡Cómo no! Mi madre fue una madre extraordinaria. Pero bueno, yo he tenido la suerte de tener un compañero toda la vida, 50 años…

Amaury. Sí, Macho es el final de la entrevista no me lo vayas a adelantar…

Marta. No, pero, bueno, ella estuvo solita, nos crió sola. Éramos cuatro, ella nos crió con mucho esfuerzo. Y ella se hizo maestra habilitada, lo que podríamos llamar hoy por hoy, maestra emergente.

Amaury. ¿Ah, sí?

Marta. ¡Sí señor!

Amaury. Habilitada.

Marta. Habilitada se llamaba, todos esos cuentos ella me los hacía. ¿Tú sabes dónde vinieron a darle a ella el aula para ejercer el magisterio ese? En Pan de Azúcar, donde tenía que recorrer a caballo una cuantas leguas. Y hay anécdotas divinas de ella.

Amaury. ¿Y cuándo vienen para La Habana? ¿Porque tú naciste en La Habana?

Marta. Sí, en Ciudad de La Habana, en maternidad de Línea nací yo.

Amaury. ¿Y dónde vivían?

Marta. He vivido en toda La Habana, Amaury, pobrecita mi madre.

Amaury. Pero nunca en Camagüey, como me dijeron el otro día.

Marta. No, no, de Camagüey es mi esposo, es camagüeyano y ahí vivían mis suegros, los padres de él y mi cuñada, su hermana. Y todas mis vacaciones yo me iba  para Camagüey.

Amaury. …No, lo que pasa es que yo tengo que explicarle a los televidentes, porque es que yo estoy buscando a Martica del Río, hace ya unos cuantos meses y a cada ratico, alguien me decía: No, no la vas a encontrar porque ella está viviendo en Camagüey.

Marta. Niño, si yo estoy saliendo en la televisión a cada rato, ¿cómo voy a estar viviendo en Camagüey?

Amaury. Yo decía, bueno será que está trabajando en Tele Camagüey.

Marta. Esa se quedó atrás, esa se quedó en Camagüey. Lo que el tiempo que yo estuve yendo un poco a Camagüey, porque mi suegra estaba enferma.

Amaury. Y además, tú eres hija adoptiva de Camaguey.

Marta. Si, no, bueno, figúrate, tantos años casada con un camagüeyano, ya me creen…

Amaury. …Y con ese sentido tan propio y tan orgullosamente bello que tienen los camagüeyanos, de ser, ¿no?.

Marta. Si señor. No, y mis hijos…

Amaury. …Los de Camagüey son del Camagüey.

Marta. Mi hijo Dunieski me dijo un día: ¿mami, por qué tú no me pariste en Camagüey? A él le encantaba. Las vacaciones, todas las vacaciones, mis hijos y nosotros nos íbamos para Camagüey.

Amaury. Bueno, a ver, cuéntame de los 14 años que tú estuviste trabajando en un bufete.

Marta. Ah, sí, un bufete en Obispo.

Amaury. ¿Y te interesaba ese trabajo?

Marta. No, mijo, yo lo que hacía era cogerles las llamadas, yo era una niñita, además, yo era tan flaquita y tan esmirriadita, que parecía que tenía menos edad. Yo tenía 14 años y parecía que tenía 12. Entonces, ese era un abogado que conocía a mi madre y le tenía mucho afecto y él, por ayudarnos, me puso allí para que yo me desenvolviera, ¿no? para que cogiera desenvolvimiento, porque yo era de la escuela a la casa, y de la casa a la escuela. Porque además, yo fui así desde niña, estudio y la casa.

Amaury. ¿Y no tuviste en esa época novios, o no quieres que Macho se entere?

Marta. No, no, sí, cómo no, pero si él tuvo como 29 mil, cómo no voy a tener yo. Yo tuve noviecitos. Un amigo de mi hermano, del otro hermano mío, de Eduardo, era mi noviecito, pero los novios de aquella época, Amaury, eran noviecitos de cogiditas las manos.

Amaury. Pero a veces qué importante cuando te tocaban la mano. Uno sentía que se estremecía el cuerpo entero.

Marta. Ay, niño, pero además, en mi casa y eso, pero eso no duró mucho, no duró mucho. A mí me gustaba otro, pero que nunca me dijo nada, otro amigo de mi hermano.

Amaury. Bueno, se lo perdió, si anda por ahí dando vueltas. Si anda, quién sabe.

Marta. No sé ni por dónde andará. Más nunca en la vida lo vi.

Amaury. Sí, pero han pasado cosas tremendas con el programa. Con el pintor, por ejemplo, el Choco, habló de una maestra, la maestra apareció.

Marta. ¿Sí?

Amaury. Gracias al programa, así que bueno.

Marta. Mira eso.

Amaury. No estamos mandándole ningún guiño a aquel amor antiguo…

Marta. …No, no…

Amaury. …Pero, para que se lamente.

Marta. Además, a estas alturas debe estar ya hecho un viejo feo.

Amaury. Bueno, pero tú no, así que bueno.

Marta. Sí, también, también, ya estamos viejos, ya no estamos para esos romances.

Amaury. Yo siempre digo que no, que aquí en este programa la gente no es vieja. Tú me hablaste, Martica, de tu debut con Cuqui Ponce de León.

Marta. Sí.

Amaury. Fue aquel debut en el teatro…

Marta. …En la sala Hubert de Blanck

Amaury. Y hay personas que vienen a este mundo y hacen mucho bien. Y uno de esos casos es Cuqui Ponce de León.

Marta. Sí señor.

Amaury. A quien yo tuve el placer de conocer muchísimo, y recuerdo sus ojos, el color de sus ojos, que eran una belleza. Sin embargo, son personas que se olvidan. ¿No sé por qué? Incluso, los mismos compañeros, cuando hablan del trabajo.

Marta. No, no, pero qué va, yo la tengo muy presente.

Amaury. Yo quisiera que tú hablaras de ella.

Marta. Muy presente, porque Cuqui fue como una mamá para mí. Yo era de la edad de sus hijas, por lo menos, de la más chiquita. Y ella como una hija me trató siempre y yo tengo, inclusive, el programa de esa obra, que yo lo conservo, dice: la primera de una serie. Otra más, porque después hice con ella Escápate Isabel, ahí mismo, otro personajito, en la misma sala Hubert de Blanck. Después hice en la sala Talía, Marea de otoño, y después en televisión.

Amaury. Ya cuando apareció la televisión siguieron trabajando.

Marta. En televisión también trabajé mucho con ella. Después no hice más teatro porque me absorbió mucho la televisión.

Amaury. La televisión agarra a las personas y las exprime.

Marta. Ahí sí que no había tiempo para más, porque además era todo el tiempo. Era ensayo y después trasmisiones en vivo y todo eso, no se podía.

Amaury. No se podía hacer teatro.

Marta. No se podía.

Amaury. Pero Cuqui era de las personas, Cuqui Ponce de León, era de las personas que podía dirigir teatro, con mucho éxito…

Marta. …Y televisión también…

Amaury.  …Y dirigir televisión también, que no todo el mundo lo puede hacer.

Marta. No.

Amaury. Ahora, yo he visto una cantidad de nombres, que para mí también resultan entrañables en mi recuerdo, que son los galanes con los que tú trabajaste.

Marta. Ah, yo fui la galana de todos los galanes, para que tú sepas. Aquel programa de los galanes, todos ellos fueron pareja mía en alguna obra.

Amaury. Aquí yo apunté, porque no quería que se me perdieran todos, o que se me perdieran algunos, aunque se me van a perder: Carlos Alberto Badías, a quien recuerdo, tan bien parecido y tan guapo. Pedro Álvarez, Jorge Marx, Carlos Barba, Rolandito Barral…

Marta. …Rolandito…

Amaury. …Familia de mi esposa…

Marta. …Cómo no, yo tengo una foto con él…

Amaury. …Jorge Félix, a Jorge Félix lo recuerdo mucho. Y por supuesto, Evelio Taillaq, Enrique Almirante, Frank Negro…

Marta. Sí, pero esos fueron después. Enrique Almirante fue también otro galán mío.

Amaury. No, no, no, pura belleza masculina.

Marta. ¡Sí señor!

Amaury. ¿No te tenían envidia el resto de tus compañeras?, porque todo el mundo no tiene ese récord de galanes.

Marta. No, no, no, seguro que no. Y además, que eran compañeros entrañables…

Amaury. …Todos eran gentes buenas…

Marta. …Entrañables, compañeros respetuosos, cariñosos, como unos hermanos, de verdad…, siempre fue para mí, todos tuvieron mucho afecto, mucho respeto, mucho cariño.

Amaury. A mi me gusta rescatar estos nombres, porque son nuestros nombres, son nuestra historia.

Marta. Seguro. Y desgraciadamente como era en vivo la televisión, no se tiene record grabado. Y las fotos se han perdido, las actrices somos las que tenemos algunas fotos, porque siempre había un fotógrafo en el estudio y, por suerte, algunas tenemos fotos, algunos recuerdos. Yo tengo fotos con todos ellos.

Amaury. Sí, que algunos de ellos eran hombres muy…

Marta. …Bernardo Menéndez…

Amaury. …Bernardo Menéndez, padre.

Marta.  Sí, el padre, yo no puedo hablar de Bernardito…

Amaury. …No, no, porque puedes hacer de la mamá de Bernardito…

Marta. …Bueno, de la mamá estoy haciendo ya…

Amaury. …No puedes ser la novia, ni la esposa. Martica, vamos a llegar a un programa, que hoy aquí en el estudio, yo te lo contaba cuando llegaste. Alguien me preguntó: Amaury, ¿a quién entrevistas hoy?, le digo, a Martica del Río. Y entonces me dice: ¡Finita!

Marta. Sí señor.

Amaury. Y muchachos jóvenes, o sea, que tienen que haber recibido ese recuerdo de sus padres.

Marta. De su familia, porque ellos no pueden haber visto ese programa. Ese programa estuvo en el aire 14 años.

Amaury. Casos y cosas de casa. Hablemos de esa época de Casos y cosas de casa. Eran, recuerdo, tres programas humorísticos de muy altos quilates…

Marta. Sí, señor.

Amaury. …Que estaban en la misma semana.

Marta. En la misma semana, cada día había uno. Estaba Detrás de la fachada, los miércoles.

Amaury. “La Fachada, los miércoles. Y los martes era Cachucha y Ramón, ¿no?

Marta. También estaba Cachucha y Ramón, San Nicolás del Peladero, y Casos y cosas de casa, todos los jueves a las ocho y media de la noche.

Amaury. Hablemos de Casos y cosas de casa. Hablemos de cómo se gestó esa idea, de cómo llegó ese programa a la televisión.

Marta. Al triunfo de la Revolución ese programa estaba en el aire. Guillermo de Cuba y yo hacíamos una pareja esporádica en el programa, ya desde antes, desde que surgió.

Amaury. ¿Y sería qué año, 57, 58, por ahí, no?

Marta. Bueno, Jorge era, ¿era Jorge el que lo hacía, Jorge y Normita? No, no me acuerdo exactamente. Bueno, el caso es que Guillermo y yo hacíamos de una pareja, un matrimonio de amigos de la casa, que salíamos esporádicamente en el programa. Pero cuando ellos se fueron, la acción pasó a la casa de Finita y Guardiola, que era como se llamaba el personaje de Guillermo. Después, cuando se fue Guardiola, porque a mí se me iban los maridos así…, menos mal que fue en la televisión nada más. (risas)

Amaury. Menos mal que fue en la televisión. (risas)

Marta. Entonces cuando se fue Guillermo, entró Rivero.

Amaury. José Antonio Rivero.

Marta. José Antonio, que fue el que lo terminó conmigo. Y ya entonces al personaje, en vez de decirle Guardiola, se le decía Ignacio. Y entonces bueno, siguió el programa, 14 años estuvimos en el aire.

Amaury. ¿Y por qué? Bueno, yo recuerdo que te pregunté hace rato y te lo voy a preguntar al aire -yo te hice una entrevista afuera y otra adentro porque estaba desesperado por saber, hacía mucho tiempo que no te veía.

Marta. Tú no eres chismoso, ¿eh?

Amaury. No, no, ese es mi trabajo de ahora, mi segundo trabajo aunque se ha convertido en el primero, increíblemente. Pero bueno, uno no sabe dónde se la tienen preparada.

Marta. Para bien, para bien.

Amaury. Para bien, yo creo. Ahí estaba Ana Lasalle, que hacía de Tecla.

Marta. Tecla, que era la mamá mía.

Amaury. Coqui García…

Amaury. …Coqui García, que hacía de Domingo, un personaje que… Ese programa nunca se pensó que los niños lo vieran, que vaya, les llamara la atención, y fue increíble la telelaudiencia de niños que logró ese programa.

Amaury. ¿Por qué ese programa desapareció? ¿Por qué desaparecen los programas de la televisión? Porque también pasó con Si no fuera por mamá, del que hablaremos un poquito más adelante.

Marta. Sí.

Amaury. Pero esos programas que tienen mucha aceptación  y de repente desaparecen. ¿Por qué desapareció Casos y cosas…?

Marta. Mira, ese programa, bueno, como Núñez Rodríguez…

Amaury. …Nuestro magnífico y maravilloso, inolvidable escritor…

Marta. …Sí, señor. Lo escribieron cuando estaban los otros actores, lo escribían varias gentes. Pero después que se fueron también los escritores, y eso Núñez Rodríguez (Enrique) lo agarró y él creó esos personajes que eran Finita, Ignacio, Domingo, Tecla, que eran los fijos, porque nosotros nos reuníamos y aportábamos cosas de la vida, que como seres humanos que somos y que vivimos en este planeta, y que tenemos circunstancias en la bodega y en esto y lo planteábamos a Núñez y Núñez agarraba todo lo que se le presentaba y lo volcaba, porque esa era una familia cubana.

Amaury. Claro.

Marta. Era un hogar cubano.

«Con 2 que se quieran» Martha del Río (Parte II)

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Amaury. Sí, si, eso es lo que era.

Marta. Y entonces las incidencias de una familia cubana llevada al humorismo. Y Núñez dejó de escribirlo por situaciones, que sabemos, de burocratismo, de cosas absurdas que surgieron y entonces empezaron a escribirlo otras personas con toda la buena intención del mundo, pero no.

Amaury. No tenía la chispa aquella.

Marta. Fíjate que el público, que a nosotros, que éramos a quienes veían en la calle, nos decían: ¿Qué le pasa al programa? Ay, ¿qué le pasa? Y el colectivo de actores, o sea, los cuatro protagonistas planteamos a la dirección de la programación quitarlo del aire antes que el público dejara de verlo.

Amaury. Ah, bueno, en este caso, entonces ¿fueron ustedes mismos?

Marta. Nosotros lo pedimos.

Amaury. Eso se llama pundonor, orgullo.

Marta. Claro chico, si era una cosa que teníamos ahí, mantenida tantos años, con un raiting, con un cariño. Y ya la gente empezaba a no gustarle el programa. ¿Tú sabes lo que es eso? Perder el programa, a quién estaba dirigido el programa; al público.

Amaury. Sí, era una época en que no se podía improvisar tampoco.

Marta. Estás loco. Fíjate que yo leía y decía: esto no lo dice Finita, esto no lo hace Finita. Pues yo sabía quién era Finita, yo la cree.

Amaury. ¿Qué tiempo duró?

Marta. 14 años.

Amaury. Hablemos de los dramáticos. Yo puedo decir, con una sinceridad total, que yo me he emocionado pocas veces en televisión, como con tus actuaciones. Hay algo en ti contenido, no es esa tristeza -en el momento dramático, ¿no?-, en que se desparrama uno en gestos y en cosas. No, es la cosa de la contención. Yo siempre que eso llega más, el tener ganas de llorar que llorar, el aguantarse.

Y hablemos de los programas dramáticos, Una luz en el camino, Iris Dávila escribió varios.

Marta. No, la primera novela que yo hice en televisión, era de Iris.

Amaury. ¿Cuál era?

Marta. Rosa María.

Amaury. Rosa María.

Marta. Es la primera novela que hice en el espacio de Una luz en el camino, así se llamaba el espacio.

Amaury. Ah, era el espacio y tenía distintas novelas.

Marta. Sí, y entonces después Aleida Amaya fue quien siguió escribiendo, porque Iris no escribió más y Aleida Amaya fue la que hizo distintas novelas; se terminaba una y empezaba otra. Y yo trabajaba en todas.

Amaury. ¿Y qué pasó con Ofelita Núñez? Te sustituyó un día.

Marta.  Porque mi mamá murió.

Amaury. Ah, ya.

Marta. Mi mamá murió un día de transmisión de Una luz en el camino. Y la gente de Sabatés, que era quien patrocinaba el programa, quería que yo fuera a hacer la novela. Y el elenco en el que estaban, Candita Quintana, Ramón Veloz, Coralia dijeron. ¡Cómo Martica va a venir si su mamá se murió! Era en vivo.

Amaury. Y era diario, ¿no?

Marta. Era martes y domingo la transmisión y fue un domingo, precisamente, que mamá murió y yo estaba en el hospital, yo estaba con el libreto en la mano al lado de mamá. Entonces Ofe, hablaron con Ofe y me sustituyó. Lo dijeron.

Amaury. Ah, lo dijeron.

Marta. La locutora lo dijo antes de empezar, que me sustituía.

Amaury. Qué maravilla, cuánto respeto, qué maravilla, para el público, quiero decir.

Marta. Sí, dijo que Ofelia me iba a sustituir porque había fallecido mi mamá. Y entonces la sentaron en la silla, con la colita de espaldas, más o menos.

Amaury. Sí, no, pero así y todo le explicaron al público.

Marta. Sí, le explicaron al público, fíjate que todo el mundo se enteró de lo mío, por el mismo programa y después que terminaron la transmisión todos los compañeros fueron al velorio.

Amaury. Y además, eso es respeto al público.

Marta. Seguro, seguro.

Amaury. El público tiene que saber por qué un actor salió, por qué el otro entró.

Marta. Exacto, seguro, todo eso.

Amaury. Por qué un programa se suspende.

Marta. sí se hizo.

Amaury. ¿Y la radio?

Marta. Ah, la radio, Radio Progreso. Los años de Radio Progreso fueron maravillosos. Yo había hecho mucha televisión, ya papeles protagónicos en clásicos y todo en teatros que se hacían, con Vázquez Gallo.

Amaury. Vázquez Gallo, con él trabajaste muchísimo.

Marta. Hay que recordarlo con tanto cariño.

Amaury. ¡Como hay que recordarlo!

Marta. Con tanto cariño, con tanto respeto, un director maravilloso.

Amaury. Por suerte nos duró muchísimos años.

Marta. Sí. Que yo le agradezco tanto, tanto, tanto, porque yo trabajé mucho con él, y me dio muchas oportunidades.

Amaury. El teatro y La novela.

Marta. Las novelas, teatros, los cuentos, todo, todo, yo trabajé mucho con él, adaptación de novelas de la Literatura Universal, Teatro adaptado a la televisión. Clásicos en versos, Lópe de Vega, Moliere, todo eso.

Amaury. ¿Y no te fue complicado? Hay actores, por ejemplo, Enrique Molina dijo que él no podía con el radio, que la radio lo superaba.

Marta. ¡Ay, pero el radio es maravilloso! Porque, espérate, no es fácil, porque el problema es que no es fácil, por eso él no puede.

Amaury. Por eso él lo dijo.

Marta. No, es que no es fácil.

Amaury. Y él es un actor maravilloso…

Marta. Te estoy haciendo este preámbulo, porque después de haber hecho tantas cosas en televisión, yo había hecho esporádicamente en radio cosas, pero cuando a mí me llaman de Radio Progreso, porque Martica Velazco, la compañera actriz.

Amaury. Cómo no, claro que sí.

Marta. A la cual yo quiero tanto, también.

Amaury. Es que estas hablando de gente muy buena.

Marta. Sí, maravillosa compañera, que fue a la Unión Soviética a hacer un trabajo allá en Radio Moscú, y entonces en el espacio de la Novela de las dos, que ella era la protagonista y me llaman para yo trabajar. Mira, Amaury, cuando yo cogí el libreto de la novela, las manos me temblaban como una hoja de qué sé yo, como un ventarrón, así: Taca, taca, ta. Y ya yo había hecho, ya te digo, mucha televisión, pero el radio es dificilísimo… hasta que a la semana ya cogí, ya, porque el medio no es fácil. Tú tienes que interpretar, tienes que situarte en tiempo y espacio, el estado anímico, todo, a través de la voz.

Amaury. Y además, los actores no se están mirando, los actores están leyendo un libreto.

Marta. Leyendo y yo en todo lo que había trabajado era en mi memoria. ¿Tú entiendes? Y además, con movimientos escénicos.

Amaury. Con movimientos. Apoyándote en todo eso.

Marta. En todo eso. Después hice infinidad de novelas, donde hice novelas de Joaquín Cuartas, tremendo escritor.

Amaury. ¿Y en la televisión? Pasión y perjuicio, recuerdo.

Marta. Ah, Pasión y perjuicio.

Amaury. Si me pudieras querer, de las más recientes.

Marta. Sí, no, la más reciente, pero Pasión y perjuicio.

Amaury. ¿Las huérfanas de la Obrapía?

Marta. Las huérfanas…, El rojo y el negro.

Amaury. El Rojo y el negro.

Marta. Hice La madre; hice Fortunata y Jacinta; hice El alma encantada, con otra maravilla… yo tuve la suerte de estar…

Amaury. …Con Margarita Balboa, con Margot…

Marta. Otra hermana querida, yo, de verdad tuve la suerte… con Gina también, cuando yo entré trabajé mucho…

Amaury. …Gina Cabrera…

Marta. En el programa de Gina, con ella, y de verdad fueron maestras que me ayudaron mucho y que quise mucho y que de verdad me. Me siento orgullosa de haber trabajado con ellas.

Amaury. Ay, qué bueno. A ver, entonces nos vamos ahora a tu familia. Ha estado apareciendo desde el principio de la entrevista. Y yo he estado tratando de atajar eso para llegar al final y cerrar con la cosa más familiar, más íntima tuya, ¿no?, para que todos los programas no sean empezar hablando de la familia, y terminamos hablando de otra cosa.

Marta. Sí.

Amaury. Hablamos de Rodolfo León, yo sé que así con ese nombre estoy perdido, Macho León, ¿cómo se conocieron ustedes?

Marta. Bueno, en la casa de huéspedes donde yo vivía. Cuando mi mamá murió, yo me quedé, como te dije, mamá me dijo tú vives… Tú no te vayas a vivir con nadie, tú vives según tu conciencia, tú tienes tú vida hecha ya. Ya yo trabajaba en televisión. Y ahí se hospedó la hermana de él con el esposo.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Marta. Pero claro, a mí me conocían, sobre todo Rosalba, la hermana, me conocía de la televisión. Supo, sabían, porque lo habían dicho, como te conté, en la televisión que mi mamá había muerto. Eso fue en el 60 y mi mamá murió en el 59 y me invitaban a  salir para qué sé yo. Y un día, Rosalba, vamos a ver la película, creo que era El último cuplé.

Amaury. Sarita Montiel.

Marta. Sarita Montiel. Y entonces ella: Ay, mi hermano, porque ella empujó como loco; mi hermano y mi hermano, ella tenía adoración conmigo.

Amaury. Porque tú no lo habías visto todavía.

Marta. No, yo no lo conocía. Ella me hablaba de su hermano, ella tenía locura con su hermano. Y entonces; ay, mi hermano va a venir. Yo iba a ver mi película, qué cará.

Y el hermano se aparece con una muchacha. Oye esto, con una muchacha se aparece el hermano en el cine, cuando ya íbamos a entrar. Y entonces yo me senté con Rosalba ahí, y él con la muchacha, y yo comiendo rositas de maíz y viendo la película.

Amaury. Pero tú lo viste, tú sentiste que había un algo.

Marta. No, no, no, en ese momento no, porque además, él estaba con una mujer. Entonces él con su novia ahí, qué sé yo, sentados en el asiento de atrás y nosotras adelante. Se acabó la película y nos fuimos para la casa de huéspedes y él se fue, porque él vivía en Palacio, él estaba allí en la guardia. Y entonces.

Amaury. Sí, porque él es militar.

Marta. Sí, sí, ya él está jubilado pero lo fue.

Amaury. Sí, yo sé.

Marta. Médico, además.

Amaury. Médico, médico militar. Ortopédico.

Marta. Entonces, nada, pasó. Pero vino otro día. Él viene, ya él fue, no fui yo, fue él.

Amaury. Claro, claro, ya él vio a la muchacha del cine.

Marta. Él dice que no, pero bueno. Y entonces, la responsable de la casa de huéspedes, Claudia, que era una vieja encantadora, le dice: mira, el cuarto de Martica, ella a todo el mundo le enseñaba el cuarto mío, qué sé yo y Martica. Ella tenía un lío conmigo. Entonces él le dice a la hermana que me invitara a mí, que iban a pasear.

Amaury. ¿Y la otra, la desapareció?

Marta. Yo no sé. Rosalba viene y dice: Martica, vamos. Yo estaba acostada. Vamos Martica, que mi hermano nos invitó. Ay, Rosalba. Vamos, chica, para que salgas y te distraigas.

Bueno, al fin hizo que me vistiera y saliera con ella. Entonces fuimos a Barlovento. Es lo que es ahora…

Amaury. La Marina Hemingway.

Marta. Marina Hemingway. Era Barlovento. Y me paseó en lancha, en bote.

Amaury. Pero era un romántico, un gondolero.

Marta. Ay, sí, en bote, porque él era un galán. Él no es actor, pero quiero decirte que le falta poco, le ha faltado poco en la vida para ser actor. Y entonces así empezó la cosa.

Amaury. Así empezó el romance.

Martha. Después la hermana ya estuvo un tiempo más y después se fueron para Camagüey y él siguió visitándome ahí, hasta el día de hoy. 50 años.

Amaury. 50 años. Ahora. ¿Cómo se puede mantener un matrimonio 50 años? ¿En base a qué?

Marta. En base al respeto, al respeto mutuo y al amor, por supuesto.

Amaury. Y al amor, sí, sí.

Marta. Por supuesto, eso está descontado.

Amaury. Eso está descontado, si no hay amor, no se puede estar ni un año, ni un mes, ni un día.

Marta. Pero ha habido mucho respeto, tanto yo hacia él y a todo su ideal de vida, a su motivo de vida. Y él a mi carrera, a todo, y entonces eso nos ha mantenido, nuestros hijos.

Amaury. No has tenido que ser especialmente tolerante, no ha sido necesario.

Marta. Bueno, en todo. Decir eso es ilusorio, por supuesto.

Amaury. Pero hay matrimonios idílicos, el tuyo tiene que ser uno, ¡50 años, Martica!.

Marta. Sí, pero bueno, ha sido así y he estado sola mucho tiempo, él en misiones, en todo, pero eso ha sido así. Yo lo admiro mucho, lo admiro mucho y entonces eso ha sido.

Hay que sobrellevar muchas cosas, ahora, la convivencia no es fácil. Pero hay cosas muy por encima de otras que sobreviven a una pareja. Y eso es lo que uno tiene que mantener.

Amaury. Qué bonito, me ha encantado oírte hablar de eso, yo siempre sueño con esos matrimonios largos. En mi familia nadie tuvo matrimonios largos, y ha sido como una asignatura pendiente. A ver, ya llevo 28 años, a ver si puedo llegar.

Marta. Bueno, ya tienes bastante. Ya con la edad que tú tienes.

Amaury. Sí, quiero decir, con la edad que yo tengo, a los 50 no llego, pero, bueno, estoy luchando, que es lo que quisiera.

Marta. ¡Cómo no vas a llegar!

Amaury. Ahora, háblame de tus hijos.

Marta. Ay.

Amaury. Porque yo sé que tú eres una madraza.

Marta. Esos son mi gran tesoro.

Amaury. Eso siempre se ha dicho en la vida, la madraza Martica.

Marta. Eso, bueno, lo aprendí de mi madre.

Amaury. Ahí está.

Marta. Por encima de esas tres criaturitas no hay nada.

Amaury. ¿Cómo se llaman?, a ver, porque tienen unos nombres bien curiosos.

Marta. Yoanka, Dunieski y Yaumara.

Amaury. A Dunieski es el que yo conozco. Ah, claro, a ese sí yo lo conozco. Ese iba por la casa, era amigo de mi hermano.

Marta. Sí, era amigo de tu hermano, sí, muy amigo de tu hermano.

Amaury. A Dunieski sí, ese sí lo conozco yo. A ese lo recuerdo como bien vivo.

Marta. Uf, demasiado, eso es candela.

Amaury. Tú dijiste Martica, ahora hace un ratico, dijiste una cosa que a mí me llamó la atención, quizás porque nadie lo había dicho en el programa. Tú dijiste que te unía con Macho, tu esposo, te unía el amor. Pero dijiste una palabra que hacía rato que yo no escuchaba decirla con tanta sinceridad. Estamos unidos en el amor y en los ideales. Y ahí yo quiero que tú me hables del valor que tiene la lealtad de uno hacia sus propios ideales.

Marta. Cómo no, eso es importantísimo, eso es importantísimo. Porque puede uno equivocarse, pueden las cosas no salir como uno quiera, pero hay un ideal y hay una firmeza de pensamiento y hay principios y hay ética. Y esos son valores que únicamente una gente con ideales de verdad, genuinos puede tener y eso es lo que yo admiro en mi esposo.

Amaury. Lo que pasó de alguna forma de él hacia ti.

Marta. Hacia mí, que sí porque él es combatiente, pero yo no, yo me incorporé a la Revolución cuando triunfó.

Amaury. Tú no tenías nada que ver con eso antes.

Marta. No, pero yo me incorporé de lleno, porque, además, muy humilde como yo soy y era. ¿Cómo no me voy a abrazar a una obra que es para los humildes, entiendes? Yo la sentía de verdad y ahí estoy. Pero aprendí mucho de él y él me ayudó mucho en eso. En ver las cosas, en sentir las cosas. En luchar por las cosas.

Amaury. Eso es muy importante. Porque hay personas que quieren que las cosas caigan mientras están sentados ahí.

Marta. No, no.

Amaury. Por suerte yo conozco pocas personas que son así, pero conozco a algunas personas que no quieren luchar por las cosas que merecen.

Marta. No, no.

Amaury. Que quieren que las cosas se las regalen.

Marta. Qué va, no es fácil.

Amaury. Ya sabemos que en esta vida no es así. Martica. A mí me gustaría que estas entrevistas nunca se acabaran. Y entonces yo podía, no solo tomar café…

Marta. …Por cierto, que yo no he tomado ni un buchito de café.

Amaury. …Y no está malo, no está malo.

Marta. Yo soy cafetera.

Amaury. Ah, bueno, pues.

Marta. Como buena cubana.

Amaury. Podemos hacer una cosa que nunca se me ha ocurrido.

Marta. ¿Brindar con café?

Amaury. Brindar con café.

Marta. Bárbaro.

Amaury. Te quiero.

Marta. Y yo, mucho.

Amaury. Te adoro, me ha dado una alegría tremenda que vinieras y me ha dado una gran alegría que trajeras contigo a todos esos duendes maravillosos que te acompañaron, y que de alguna manera se han quedado jugueteando aquí entre nosotros. Y junto con ellos, en su silencio, y yo sonoramente, te aplaudo.

Marta. Gracias.

Amaury. Y te doy un beso.

Marta. Gracias, mi niño.

Amaury. Gracias, mi vida.

«Con 2 que se quieran» Raúl Roa Kourí (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Raúl Roa Kourí (Parte I)

“Tener un padre ilustre es difícil”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí, en 5ta. Avenida y la calle 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña otro gran amigo: diplomático, escritor, políglota, cantante, pintor. Todo eso es él y mucho más. Mi amigo querido, Raulito Roa Kourí.

Raúl. Mucho gusto verte de nuevo.

Amaury. Oye, ¿puedo tratarte de tú o de usted?

Raúl. Por supuesto, de tú me parece muy bien.

Amaury. Como nos tratamos habitualmente. La primera pregunta es  capciosa, para mí, para el público, para todos. Ha ocurrido algo muy curioso en este programa desde que empezamos. Me he dado cuenta, incluso con las opiniones de Cubadebate -sabes que tenemos un foro donde ponemos los programas- Cuando al programa vienen personas de origen muy humilde, de extracto muy humilde, que llegan gracias a su talento y a su esfuerzo al éxito, la gente, habitualmente, el televidente, ya no les ve defectos.

¿No sería bueno, -y esa sería la pregunta- soñar con que un día nadie tenga que arañar el fango para llegar alto y la sociedad lo vea como algo normal.

Raúl. Bueno, yo creo que ese ha sido siempre el sueño de los revolucionarios cubanos desde la época de José Martí, y por supuesto, en la nuestra, de Fidel. Realmente nosotros hemos querido hacer un país de gente que no tenga que arañar el fango, de gente que pueda valerse por sí misma y valer según lo que vale.

Mira, mi familia, que es una familia de profesionales, tanto los Roa como los Kourí, por alguna razón estrafalaria, mi bisabuelo cuando llegó a Cuba del Líbano, le pusieron Courie y todo el mundo pensaba que éramos familia de Pierre Jouliot y todo eso, pero para nada. Esto es que en árabe es el Jouri, que significa el Cura. Son manonitas y gente muy humilde, mi bisabuelo y su mujer. Mi abuelo, Juan B. Kourí se hizo médico, porque él estaba destinado a ser comerciante como la mayor parte de los libaneses de aquella época y trajo a sus hermanos a estudiar a La Habana también, a Pedro Kourí, el investigador de medicina tropical.

Amaury. Sí, claro.

Raúl. Y los Roa son de Cifuentes. En Cifuentes nació Ramón Roa, mi bisabuelo. Él nació en cuna rica, pero nació rico y murió pobre porque se alzó en la guerra del 68 y su familia perdió todo, todas las posesiones. Porque la ley española cuando había, y sobre todo el primogénito, se alzaba para luchar contra la dominación española, te encautaban todas las cosas. Eso no fue nunca óbice para que el padre de Ramón Roa, Fernando Roa, le tuviera una gran estimación y fuese, incluso, al exilio a verlo y decirle: tú tuviste razón, tú naciste en Cuba.

Bueno, mi padre ya nació en otra época, en 1907, su padre era un empleado público, que no se puede decir ni mucho menos que fuera, en todo caso, como le decían antes, en los surveys, clase media baja. Y claro, mi padre desde muy joven y esto vale también para Ada Kourí, echaron su vida con los pobres de la tierra.

Mi madre, como cardióloga -era médico del Hospital Calixto García- tenía una consulta particular y yo recuerdo que su profesor, Pedro Iglesias Betancourt, que era un gran clínico, muy famoso en la época, le decía: Adita, tú tienes un grave error. Tú no sabes cobrar tus consultas. Y es que mi madre, y en eso salió a mi abuelo Juan, ella jamás creyó que la medicina era un medio para enriquecerse, sino un medio, precisamente, para sanar, para curar. Es decir, que eran gente….

Amaury. … de ética…

Raúl. …Sí, sí.

Amaury. ¡Era un precursor de la medicina socialista!.

Raúl. El viejo Kourí, sí, no solo… Además que él es precursor en muchos sentidos, también en el orden de la medicina, porque él, por ejemplo, fue el primero que en Cuba habló de comer fibras. Y nos hacía comer a todos nosotros naranjas con hollejos, plátano con cáscara, platanito manzano con cáscara.

Amaury. ¿Con cáscara?

Raúl. Sí, sí, con cáscara, yo un día…

Amaury. Aparte, era torturador (risas).

Raúl. No, era terrible. Un día me retó a comerme con él la cáscara de una piña. Y yo le dije: abuelo, si tú te comes la cáscara de una piña, yo me la como también. Y cada uno se comió una tajada de cáscara de piña. Qué te digo, bueno, dice él que eso era muy bueno, porque eso evitaba el cáncer del colón y evitaba además, la apendicitis. Era un viejo…, muchos lo llamaron el loco Kourí por esas cosas, pero no era absolutamente ninguna locura, en todo caso era  la locura del Erasmo (De Rotterdam), no tenía nada que ver con las locuras estériles.

El viejo Roa, mi padre, cómo tú sabes muy bien, desde muy joven se ligó al Movimiento Revolucionario anti machadista. Conoció a Mella antes de entrar en la Universidad; fue por casualidad, siendo estudiante de bachillerato, a un mítin que daba Mella en la Universidad, en el famoso Patio de Los Laureles y allí escuchó a Mella por primera vez en su vida, y sintió, como él mismo narró en uno de sus artículos después: Sintió que el corazón le latía al lado izquierdo del pecho, y a partir de ahí, no solo siguió las ideas de Mella, sino que además, se hizo amigo de Rubén Martínez Villena desde una edad muy temprana, al punto de que fue profesor de la Universidad creada por Mella, la Universidad Obrera, siendo muy joven. Tú recordarás que el viejo Roa tenía un perfil judaico.

Amaury. Sí, sí.

Raúl. Yo siempre pensaba, claro, también puede ser que sea un califa trasnochado, ¿no?, pero, por otro lado, él tenía ese perfil judaico, y yo siempre he pensado, y he soñado, con que tal vez mi abuela, que era María Luisa García Espinosa, de origen asturiano, el Espinosa fuera Spinoza como Baruch. Yo dije ¡Mira tú, somos descendientes del filósofo sefardita

Amaury. Claro, claro (risas)

Raúl. No lo creo. (risas)

Amaury. ¿Y cómo se conocen, cómo se conocen tus padres?

Raúl. Mis padres se conocen… mi padre estaba preso en el Castillo del Príncipe, ya en época de Machado, y mi madre era amiga de Olivita Roa, hija del tío de mi padre, Jorge Roa, profesor de la Universidad de La Habana, de estadística, y claro, mamá era un poco más joven que Olivita. Olivita tendría 16 años y mi mamá tendría 13 años cuando la acompañó a ver a su primo Raulito que estaba preso en el Príncipe. Y ahí fue el flechazo para el mismo Roa.

Amaury.  Cuando aquello el Castillo del Príncipe era cárcel.

Raúl. Cuando era la cárcel, claro, y a partir de ahí, cuando salió de la cárcel empezó a visitar la casa de Juan B., pero mi padre tenía una doble intención, evidentemente, porque iba a hablar con el viejo Kourí, pero de paso iba a hablar con la hija, que ya entonces tendría como 14 ó 15 y fue así la cosa. Y se casaron cuando mamá tendría 18 años, y yo nací cuando tenía 19. Y el partero de mi madre fue Julito Ortiz, que fue un gran…

Amaury. …La memoria tuya es algo así como insólita…

Raúl. …Hasta ahora, como decía mi padre, tengo memoria de papel de mosca, él lo decía así, pero yo lo pienso igual, porque para todas estas cosas tengo una tremenda memoria.

Amaury. Ahora, cualquiera que esté mirando la televisión en este momento, se da cuenta de tu locuacidad, que es una de las cosas que te viste, que te distingue. ¿De dónde sale esa facilidad que tú tienes para hacer cuentos? Para además, hacerlos rápido, lo que pasa que esta es una entrevista que tiene un tiempo, pero tú puedes hilvanar unos cuentos con otros.

Raúl. Bueno, mira, eso se lo debo a mi padre. Mi padre no solo fue un gran hacedor de cuentos, sino que además los hacía a la velocidad supersónica. El viejo hablaba, tenía un estilo balístico, como tú sabes, ¿no?

Amaury. (risas) Sí, sí.

Raúl. Hablaba muy rápido y además hablaba de una manera increíble, porque él hablaba con palabras cultas, sin ser nunca un culterano, sin ser nunca, ni mucho menos…

Amaury. …Si, pero él era muy culto…

Raúl. Era muy culto, pero muy criollo. Tenía la sabrosura de la cosa criolla en sus conversaciones. Cuando hacía intervenciones improntus, cuando eran improvisadas. Cuando improvisaba en Naciones Unidas, para responderle una réplica a los americanos o a cualquiera, tú leías eso después y te parecía que lo había escrito y no lo había escrito, lo había improvisado.

Ahora, eso viene, primero, de los años de profesor en las aulas universitarias en que se acostumbró, por supuesto, a hablar y hablar con coherencia, hablar con una hilación, etc., etc. y además también de los Roa. Papá dice que él recibió legado de puño y letra de su abuelo, su manera de escribir.

Amaury. ¿Y tú, la recibiste de tu padre?

Raúl. Debo haberla recibido de mi padre.

Amaury. ¿Pero, por qué no fuiste actor? porque hay un momento determinado que tú pudiste dedicarte a ser actor. Porque trabajaste en la radio.

Raúl. Sí.

Amaury. Bueno, ¿qué pasó ahí, por qué?

Raúl. Yo tenía un profesor de Gramática, que era una persona a quién quise mucho, ya fallecido, que era Antonio Vázquez Gallo, a quien tú conoces.

Amaury. Claro, claro, conocido de mi familia.

Raúl. De la familia, por supuesto, amigo de tu mamá, de tu padre, etc. Y Vázquez Gallo escribió una obra que se llamaba Camorra, que puso en el teatro, entonces Auditórium, hoy Auditórium Amadeo Roldán con el Patronato del Teatro, y yo era su alumno. Bueno, a Vázquez Gallo entonces se le ocurrió que yo podía trabajar, hacer el papel de un rapaz gallego y yo tenía un bocadillo, una cosa así, y además, cantaba una canción gallega que el propio Vázquez Gallo cantaba en la Coruña cuando él era niño y me la enseñó. Y bueno, esa noche estaba allí Félix B. Caignet, y como tú recordarás, seguramente lo sabes, además, por la lectura.

Amaury. Si, no, no, y además, yo conocí a Félix B. Caignet.

Raúl. Bueno, tú lo conociste, pero me refiero, te acordarás de Ángeles de la Calle.

Amaury. Sí, claro, claro.

Raúl. Un programa que tenía en CMQ. Entonces, pues, Félix B. Caignet habló con Vázquez Gallo: ¡Oye, yo quiero a ese muchachito para el programa este de Ángeles de la Calle! Y Vázquez Gallo se puso en contacto conmigo y con mi familia, realmente con mi madre, que lo autorizó para que yo trabajara en Ángeles de la Calle, como Mayito, que lo caracterizaban como el niño rico con harapos en el alma. A mí me parecía muy cursi aquello, yo iba del colegio que estaba en 5ta y G, cogía el tranvía y me iba a CMQ en el tranvía y un día llegué tarde a un ensayo. Sergio Doré que era el director-productor del programa, me ataja y me dijo que yo no podía entrar porque había llegado tarde al ensayo y ya, que me tenía que ir de allí. Entonces yo le dije: Bueno, le voy a decir lo siguiente: me voy porque además, ese papel que ustedes me han dado es una porquería, a mí no me interesa para nada, yo no tengo harapos en el alma, ni nada de esas estupideces que ustedes han puesto en este papel. Él, después me enteré, tenía una amiguita que quería ponerla en el papel de Mayito. Tú sabes que las muchachas relativamente jóvenes, pueden hacer papeles de niños, porque la voz en esas edades… bueno, así fue. Así fue mi estreno en CMQ. Pero de ahí me recogió Justo Rodríguez Santos.

Amaury. Ese es otro, ese es otro.

Raúl. Que es un personaje extraordinario.

Amaury. Ese es otro que es una maravilla.

Raúl. Y después, por último, hice varios papeles en el Teatro Experimental del Aire. Hice el papel de Julián del Casal, joven. Hice el papel de Rubén Martínez Villena, joven e hice el papel del niño que muere con Pablo de la Torriente en Majadahonda, Guadarrama, en España.

Amaury. Evidentemente te gustaba.

Raúl. Me gustaba muchísimo.

Amaury. ¿Y qué referente había en tu familia, sería tu abuela Josefina?

Raúl. A mi abuela Josefina el gustaba mucho el teatro, pero en realidad no tenía ningún antecedente. Eso fue Vázquez Gallo que descubrió que yo tenía posibilidades de desarrollarme como actor.

Amaury. Pero cuando tú has… A ver, cuando nos hemos encontrado por ahí, hablaremos más adelante de eso, en Roma, o en París y tú te pones a hacer un cuento, tú tienes, además, si haces un cuento de un argentino, tú eres argentino. Si haces un cuento mexicano, tú eres mexicano. Esa cosa mimética.

Raúl. Eso se lo debo a mi abuela Josefina que era de lo más simpático, porque mi abuela iba a México, y cuando abuela regresaba, regresaba hablando como mexicana. Y entonces mamá y mi tía le decían: Pero mamá, parece mentira, qué tienes que estar hablando como mexicana si tú no eres mexicana. Y así. Tú te enterabas que mi abuela había hablado con la esposa del embajador francés, porque entonces empezaba a hablar como francesa (hablando con acento francés) ahí en la casa. Cosas increíbles, pero era una cosa que no podía. (risas)

Amaury. ¿Pero no lo podía evitar o lo hacía a propósito?

Raúl. No lo podía evitar. Es que ella hablaba con un extranjero y se le pegaba el acento, el acento del país que fuera. Era mimética.

Amaury. Claro, por eso

Raúl. Y entonces yo soy mimético, pero voluntariamente.

Amaury. Voluntariamente, no involuntariamente como la abuela. Hay una amiga común y además, colaboradora en nuestro programa, la periodista Arleen Rodríguez Derivet.

Raúl. Sí

Amaury. Que me dice un día, me lo dijo hace mucho tiempo: Raulito Roa es el más cosmopolita de los cubanos.  ¿Por qué tú crees que ella me dijo eso?

Raúl. No, me parece que porque no conoce a otros cubanos.

Amaury. (risas) Ella sí conoce cubanos cosmopolitas.

Raúl. No, claro, ella conoce mucha gente.

Amaury. Ella conoce mucha gente

Raúl. Pero bueno, no sé, yo, es decir, también me ha tocado vivir en muchos lugares, tanto antes de la Revolución, como después de la Revolución, como diplomático, por supuesto, he viajado medio mundo.

Amaury. Claro, fíjate la lista que yo he ido apuntando. Dime tú si está mal mi lista para que la gente sepa donde has vivido: 14 años en los Estados Unidos, ya como diplomático.

Raúl. No, no,  antes.

Amaury. Antes también, o sea, esos 14 años son en total.

Raúl. En total.

Amaury. Bueno, 3 años en Praga, 5 en Francia.

Raúl. Sí.

Amaury. Si fallo, me lo dices rápido. Casi 3 en México.

Raúl. Tres.

Amaury. 5 en Italia.

Raúl. Sí.

Amaury. Bueno, sacando la cuenta eso es más o menos el 43, 44, 45 por ciento de tu vida.

Raúl. Sí, más o menos, ahí te falta un año en Brasil y 8 meses en Chile, donde fue mi trabajo diplomático.

Amaury. Yo sabía que la cuenta me iba a salir mal.

Raúl. Si, no, pero no importa, es casi, casi.

Amaury. Ahora ¿cuando tú has vuelto, nunca te has sentido extraño en Cuba?

Raúl. Para nada.

Amaury. Y eso es bien complicado, porque si uno se mete casi la mitad de su vida, por funciones laborales, por supuesto, no han sido viajes de placer, todos han sido en funciones diplomáticas. ¿Cuando tú volvías tú te sentías parte de esto, normalmente, como si nunca te hubieras ido?

Raúl. Bueno, mira, cuando llegaba, siempre tenía una primera impresión, una primera impresión que de pronto había llegado a un país diferente al que había dejado cuando me fui, lo cual, era verdad.

Amaury. Y era bueno, ¿no?

Raúl. Sí era bueno, o regular, pero depende, porque hubo un momento, cuando regresé después que ya ha comenzado el período especial, pues me di cuenta que había llegado a un país que no era tan bueno como cuando me había ido en los 80.

Amaury. Claro.

Raúl.  Que había cambiado y no había cambiado para bien en ese sentido porque había problemas, había penuria, en fin.

Amaury. ¡Carencias y penurias!.

Raúl. Igual, igual, cuando regresé de Italia también, ahí estamos en otro período en que también hay dificultades. Pero bueno, eso es una cosa que te impacta de pronto, pero ya después te vas integrando a la vida, a la vida diaria y a las cosas. Y además empiezas a ver cómo puedes trabajar para salir, liberarnos de esto, de estos problemas ¿no?, ¿cómo? que es lo que piensa todo el mundo aquí en nuestro país hoy. Cómo hacer para salir de esta situación económica.

Amaury. ¿Y cuántos idiomas tú hablas?

Raúl. Realmente bien, bien…

Amaury. Bien.

Raúl. Realmente, bien, yo hablo ahora cinco idiomas, porque yo hablaba checo pero ya se me ha olvidado. Y hablaba bastante ruso, pero el ruso como hace mucho tiempo que no lo utilizo, salvo ahora en Roma, que el embajador ruso me hablaba siempre en ruso.

Amaury. Cinco. Espérate, antes de que lleguemos al Vaticano. Porque el Vaticano es otra cosa.

Raúl. Uno incluye el español.

Amaury. No, no, por supuesto, porque es nuestro idioma.

Raúl. Porque es mi idioma. El inglés, francés, italiano y portugués.

Amaury. ¿Y en cuántos de esos cantas?, ¿en todos?

Raúl. En todos esos idiomas, hasta en ruso y en checo.

Amaury. Es que canta, Raulito Roa canta, y además cantas bien.

Raúl. Más o menos.

Amaury. ¡No. Cantas bien, cantas bien!.

Raúl. Mira, yo cantaba con Sergio Vitier, porque tú sabes que otra de las cosas que a mí…, otro sueño, fue tocar guitarra. Y entonces con Sergito Vitier, una vez que estaba, mi primera esposa estaba fuera de Cuba, que ella es hija de italianos y fue a ver a los padres. Sergito se apareció por mi casa, porque yo tenía un tonelito de Bacardí hecho por los toneleros de la antigua Bacardí de Santiago de Cuba, y ese tonelito tenía un ron que me habían regalado.

Amaury. Ya no Bacardí.

Raúl. Bueno era un ron de esa misma fábrica, se llamaba Caney.

Amaury. Caney, ah claro, claro.

Raúl. Se llamaba Caney, pero bueno, por alguna indiscreción mía, sabía que yo tenía el roncito y fue a verme para tomarse un roncito. Y entonces yo le dije: Oye, chico, tú sabes que yo quiero aprender a tocar guitarra, y me dice: te voy a invitar para que vayas a dar clases de guitarra. Entonces, lo primero fue buscar una guitarra. Hubo un amigo de Sergio que nos dio una guitarra, que Sergio escogió y que era bastante buena para un principiante. Y bueno, entonces ahí en casa de Sergio, la famosa casa aquella que Fina García Marruz describe en uno de sus poemas, así, una cosa tremenda.

Amaury. ¿La casa de la Víbora, no?

Raúl. No, no, la casa de aquí, cuando estaba con Sareska.

Amaury. ¡Ah, claro, cuando estaba ya casado con ella!.

Raúl. Sí, ahí fue y ahí estaba entonces, conocí a Pablo (Milanés), porque Pablito estaba allí con Yolanda. Yolanda estaba con su primera barriga.

Amaury. Claro, porque Pablo vivió un tiempo allí en casa de Sareska.

Raúl. Vivió en casa de Sareska y de Sergio, hasta el punto que allí conocí a Silvio (Rodríguez) y conocí a Tin Tin, o sea, a Vicente (Feliú) y después más tarde conocí a Sara (González), y en fin, a otra gente de la Nueva Trova, y yo me acuerdo que hacía así: chu cu chun; chu cu chun y Silvio me puso el maestro chu cu chun. Pero yo le dije: Mira, chico, con el chu cu chun este yo canto rancheras, canto cualquier cosa y me defiendo. Así, pero bueno, a mí siempre me ha gustado cantar.

Amaury. ¿Y con qué edad empezaste a ser diplomático?

Raúl. A los 23. Fui con Carlos Lechuga, a Carlos lo acababa de nombrar el Comandante en Jefe…

Amaury. Otro de los grandes…

Raúl. Gran diplomático nuestro, maestro de maestros. Y Carlos Lechuga me propuso. Él me conocía, yo había trabajado con él en algunas cosas y habíamos estado en la época de El Mundo, etc., y le propuso al Comandante que fuera yo con él a trabajar en la embajada de Cuba en Chile y me nombraron, contra el criterio de mi padre, que acababa de ser nombrado Ministro de Estado en ese momento, porque decía: Bueno, ¿pero qué van a pensar, que yo soy el que ha nombrado a Raulito aquí? Y entonces hubo una nota en el periódico, que salió en Revolución, en la cual se explicaba que yo era nombrado en Chile y que eso era independiente del hecho de que yo fuera hijo del Ministro porque en esta Revolución no había nepotismo.

Amaury. ¿Se publicó?

Raúl. Se publicó esa nota en Revolución.

Amaury. ¿Y tú conservas eso, o no?

Raúl. Yo creo que está en casa, sí, me parece que sí. Porque eso lo recortó mamá.

Amaury. Raulito, ¿tú pintas todavía?, porque tú pintabas.

Raúl. Yo pintaba. Yo empecé a pintar de muy joven y después seguí pintando cuando estaba en Praga, y después cuando estaba en Brasil también, hice bastantes cosas al óleo. Al principio pintaba, hacía wash, primero, y fue una cosa muy interesante, porque un día hablando con René Portocarrero, a quien yo conocía desde que tenía 10 u 11 años, me dijo que él había aprendido a dar las cosas de la marina de acuerdo con lo que había visto que yo hacía. Yo me quedé asombradísimo ¿pero cómo es posible? No, no, porque tú tenías una manera y una frescura que me gustó muchísimo. Bueno, le hice a él en Praga una iglesias barroca, que se la regalé y la tenía en su comedor. Y René (Portocarrero) me contaba, lo cual me enorgullece enormemente, que la gente que llegaba allí le decía: Ay, René ¿y esta? Mira qué bonita ¿de cuándo es este? Dice: No esta es de Raulito. Era la iglesia aquella. Bueno, yo después de eso, yo creo que después de Brasil, yo he pintado muy poco. He pintado un poco con mi hija Mariela, con los colores de mi hija Mariela, que es la más pequeña, como tú conoces, la sobrina de Silvio. Y entonces le dejé algunas cositas así en la casa. Pero después de eso más nunca he…

«Con 2 que se quieran» Raúl Roa Kouri (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Raúl Roa Kouri (Parte II)

Amaury. ¿Y cuántos cuadros de esos tú conservas o los has regalado?

Raúl. Conservo muy pocos, conservo muy pocos. Como cuatro o cinco cuadros, óleos y el resto no. Tengo algunas cosas que son algunas acuarelas que sí tengo, por ahí andan por la casa.

Amaury. Ahora hablaste de Mariela y ¿cuántas hijas tienes?

Raúl. Tengo tres hijas: María Carla, Patricia y Mariela. Tres hijas de tres mamás diferentes.

Amaury. De tres matrimonios diferentes

Raúl. Sí.

Amaury. Pero, yo sé que tú te llevas bien con todo el mundo, ¿cómo te llevas con todas tus ex esposas?

Raúl. Yo me llevo muy bien con todas. Y además, por suerte, todas son tan inteligentes, que han mantenido unas relaciones estupendas con mis otras hijas también. Es decir que mis hijas no se tratan como si fueran medio hermanas, sino son hermanas.

Amaury. Es que ese término de medio hermano…

Raúl. …Medio hermano es horrible, pero tú sabes que eso puede ocurrir.

Amaury. Ahora, háblame de Lili, porque Lili es tan simpática, tan ocurrente, tu actual esposa.

Raúl. Ella es pintora.

Amaury. ¿Ella es pintora?.

Raúl. Ella sí es pintora y le gusta muchísimo. Está haciendo muchísimas cosas ahora en la casa.

Amaury. Pero ¿cómo se conocen?

Raúl. Bueno. Figúrate tú.

Amaury. Ya sé, por la familia. Estaban todos en la familia. Los Lechuga por allá, los Roa por aquí, ya, ¿pero tú la conocías de siempre, no?

Raúl. Bueno, de siempre, porque desde que era una niñita, era la hija de Lillian Lechuga que es amiga mía.

Amaury. Claro, claro, yo la conozco.

Raúl. De toda la vida. Yo la vi crecer y jamás me imaginé, por supuesto, que tendría yo nada que ver algún día con Lilian. Pero…

Amaury. Pero bueno, las cosas…

Raúl. Ocurre, la vida está llena de cosas.

Amaury. ¿Qué música tú escuchas, Raulito?

Raúl. Yo escucho diferentes músicas. ¿Cuál es la preferida? Para mí la barroca. De los músicos preferidos, bueno: pero me gusta por supuesto, me gusta Bach, me gusta Mozart, me gusta…, pero además me gusta, por supuesto, el loco pelirrojo fabuloso veneciano Antonio Vivaldi, esa es la música que yo prefiero para escribir, para estudiar, esa música. Ahora, me gusta la música nuestra, la música popular. No solo la trovadoresca, sino la música de la guaracha, el mambo, el danzón, todas esas cosas me gustan, yo soy musical.

Amaury. ¿Y la ópera te gusta?.

Raúl. Arias de la ópera. A mí siempre me ha parecido la ópera un género muy decadente. Y además había cosas que me molestaban.

Amaury. ¿Verdad?

Raúl. Sí, sí, decadente. Había cosas que me molestaban mucho, porque en la ópera tú tienes que de pronto una transición, no sé, es como tú dices ahora: Me da el café, por favor (entonando como cantante de ópera). Una cosa tan ridícula, es decir, que no tiene sentido. Claro, las arias, sí, las grandes arias me gustan mucho, las de Verdi y las otras, pero había otras cosas que no. Yo tuve que ir a la ópera también, por un problema de entrenamiento cultural. Vamos, es decir, no me vayan a decir que nunca fui, que estando en Nueva York nunca fui al Metropolitan Ópera House. Claro que fui y además vi varias cosas allí, y vi las Walkirias, ¿me entiendes? De Wagner, que nunca me ha gustado Wagner, porque me parece bombástico, me parece una cosa terrible, por eso le gustaba a Hitler, que era un tipo así. Sí, sí, a mí no me gusta nada de esas cosas, de, ni Walkiria ni nada, pero bueno, fui. Fui también a cosas de Verdi que tiene más afinidad con nosotros, ¿no? o nosotros con él.

Amaury. Claro. Sí, sí. Y también Verdi que te quiero verdi.

Raúl. (risas) “Verdi que te quiero verdi”, parafraseando a Federico (García Lorca) (risas).

Amaury. A mí me encanta Verdi… ¿ Y cuántos libros tú has escrito, Raulito?

Raúl. Bueno, he escrito en realidad tres, pero ahora, pero son cuatro, porque tengo uno nuevo que se llama Memoria de mundos varios, que no está publicado todavía, que se lo tengo que llevar a la Editorial.

Amaury. ¿Pero ya está terminado?

Raúl. Ya está terminado, ya está terminado. Ya lo vio, incluso, mi editora, que en este caso es Vivian Lechuga.

Amaury. Sí, bueno, claro.

Raúl. Que es mi tía.

Amaury. Claro, claro.

Raúl. Sí.

Amaury. (risas) Debíamos sacar al final del programa una especie de mapa genealógico, para ir llevando toda la familia junta. Poniéndolo todo, porque la memoria, en esta programa, por lo menos, tú memoria solo ha sido comparable con la de Vicente (Feliú).

Raúl. Ah, Vicente dice cosas maravillosas también.

Amaury. Vicente Feliú. Porque también tiene una memoria, como la tuya, con los nombres y todo. A Vicente se me olvidó preguntarle quién había sido el comadrón, ¿no?, el neonatólogo que lo trajo. Estoy seguro que sabe el nombre, el apellido y la fecha de nacimiento del médico que lo trajo al mundo,

De todas las embajadas en las que has trabajado, ¿cuál es la que tú recuerdas, de todo ese trabajo diplomático con más nostalgia?

Raúl. Naciones Unidas. Naciones Unidas, porque en Naciones Unidas es un puesto de enfrentamiento, un puesto de lucha, para los embajadores cubanos, me refiero, ¿no?. Para otra gente tal vez no sea nada de eso, pero para los embajadores cubanos el puesto de enfrentamiento con el imperio en millones de temas, porque estamos encontrados en casi todos los temas. Y a mí eso me estimulaba intelectualmente mucho, me pareció  que era una cosa extraordinaria haber podido representar a Cuba ahí, en Naciones Unidas.

Amaury. ¿Y la última embajada en que estuviste, el Vaticano?

Raúl. La Santa Sede. La Santa Sede es un desafío, porque la Santa Sede es absolutamente sui géneris. Es un Estado pequeño, como tú sabes, que son 44 hectáreas lo que tiene como territorio, pero además, es la ciudad del Vaticano y es el Estado Vaticano, pero es más que el Estado Vaticano, es la Santa Sede. La Santa Sede es la cabeza de la iglesia católica, y eso son miles de millones de personas en el mundo que comparten la religión católica, ¿no?, que siguen la religión  católica. Y, además, allí el protocolo y toda la diplomacia vaticana es una diplomacia muy clásica, cosa que ya no es así en el resto del mundo, pero allí es así. Como tú recordarás, para ir a las misas, una misa que oficia el Santo Padre, hay que ir con frac; dependiendo ¿no?, si es una misa por difuntos, pues, sin ninguna condecoración, pero si es una misa por otras cosas más alegres, pues entonces sí, vas con todas tus condecoraciones. Y me pasó que yo tengo varias condecoraciones que me han dado algunos países donde había estado acreditado, pero yo las había dejado todas en Cuba, porque nunca había usado nada de eso. Y cuando llegué allí, el Jefe de Protocolo me dijo: Oiga, ¿pero usted va a presentarle credenciales al Papa y no lleva sus condecoraciones? porque yo sé que usted las tiene, he visto su currículum vitae. Yo le digo: Las tengo, pero. Dice: Bueno, póngaselas. Digo: No, están en Cuba. Dice ¿Cómo en Cuba? Sí. Bueno, las tuve que llevar porque me dijeron. No, no, usted la próxima vez que vaya a Cuba las trae, porque usted tiene que venir aquí con sus condecoraciones. Y eso forma parte de la etiqueta, del protocolo.

Amaury. ¿Cuántas veces viste al Papa?

Raúl. Bueno, mira, en primer lugar, vi, presenté credenciales a Juan Pablo II.

Amaury. A Juan Pablo II, claro.

Raúl. Lo vi esa vez, porque ya estaba muy enfermo y tuvo la delicadeza, la delicadeza, no ya conmigo, sino con Cuba. Y pienso que en eso no solo era Cuba, sino era también Fidel Castro, porque él tenía una profunda empatía con Fidel, como dicen ahora, una química.

Amaury. Una química.

Raúl. Especial.

Amaury. Aquí se vio cuando vino.

Raúl. Él lo admiraba, sin duda alguna, yo estoy convencido de eso. Y además, me recibió, aunque ya después de mí, no recibió, creo yo, más que a otro embajador y a nadie más. Ya los demás los recibió el Secretario de Estado porque ya él no podía. Y fueron dos cosas así, porque me permito decirlas, porque fue muy emocionante. Lo primero que me preguntó fue: ¿Cómo está Fidel? Entonces Fidel no había tenido todavía la operación grave que tuvo después.

Amaury. Claro.

Raúl. Pero había tenido la caída aquella.

Amaury. La caída…

Raúl. …de la rodilla. Entonces yo le dije que él estaba ya muy bien, recuperado, caminando, perfecto y todas esas cosas. Y después, cuando yo termino, me dice: ¿Y Raúl? Y me quedé tan sorprendido, porque él conocía a Raúl también, por supuesto, estuvo con él en Santiago de Cuba.

Amaury. Sí.

Raúl. Y entonces se acordó. Esa fue la segunda pregunta que me hizo. Bueno, también le hablé un poco de la situación de Cuba en aquellos momentos, que era difícil, etc. Y me dijo: ¿Usted está solo? Digo, no, estoy con mi esposa. Dijo: Ah, que pase. Y entonces ahí nos hicimos la foto de familia con el Papa, que es preciosa.

Amaury. ¿Dónde te recibe su Santidad?

Raúl. Él me recibió en su despacho, que no era usual, pero ya en ese momento de su enfermedad, sí recibía…

Amaury. ¿Y por qué no era usual?

Raúl. No, porque él recibía normalmente en una sala de…, una sala prestigiosa del Vaticano, ceremonial. Mientras que su despacho era donde él trabajaba. Ahí tenía su biblioteca y tenía su mesa.

Y, al Papa, bueno, al Cardenal, sí, sí, a Benedicto, cuando era Cardenal Ratzinger lo había visitado, como visita de cortesía, para conocerlo, por supuesto.

Amaury. ¿Pero era cuando él trabajaba en lo de la Doctrina de la Fe?

Raúl. En la Doctrina de la Fe, sí. Después, lo vi cuando saludó al cuerpo diplomático, ya después de haber sido electo Papa, que fue una delegación cubana, como tú recordarás.

Amaury. Sí, sí. ¿cómo no?

Raúl. Allá, bueno, entonces nos saludamos y eso es año tras año. Después, siempre hay una fotografía de familia, con el Papa y el Secretario de Estado, el Secretario para las Relaciones Exteriores, el Sustituto y todos los embajadores detrás de él, de acuerdo con un estricto escalafón. Es decir, por precedencia, estricta precedencia. Y ya estaba en la fila detrás del Secretario del Papa y del Secretario de Estado, y ahí me tocó venir, así que nunca llegué a la primera fila.

Amaury. Nunca llegaste a la primera fila.

Raúl. No.

Amaury. A ver, ¿tú estás acogido a esa cosa que se llama el retiro?

Raúl. No, no, no, yo estoy trabajando como asesor del Ministro de Comercio Exterior, Inversión Extranjera y Colaboración, con Rodrigo Malmierca.

Amaury. Claro.

Raúl. Compañero a quien conozco hace muchos años, desde que era un jovencito estudiante.

Amaury. Claro, que conocíamos a su padre.

Raúl. Bueno, a su padre, por supuesto, porque Isidoro (Malmierca) fue mi jefe durante ocho años, que yo fui viceministro de Relaciones Exteriores. Y con Rodrigo, nos conocimos en diversos viajes y cosas que hicimos juntos, cosas de los No Alineados, el Grupo de los 77 cuando yo era precisamente viceministro de Relaciones Exteriores. Y ahora cuando regresé, pues, Bruno, muy amablemente quería darme una dirección, me habló, más o menos. Y yo le dije: Mire, yo realmente ya pienso que me gustaría más que nada ser asesor. Pero bueno, en el MINREX no hay asesores. Hubo, pero ya no hay ningún cargo de asesor. Por lo tanto me dijo: Bueno, yo no tengo ningún cargo de asesor. Tú podrías ser profesor del ISRI. Yo dije: No, no, pero yo no tengo vocación. Conferencias sí puedo dar, porque como tú ves, vaya es difícil mandarme a callar.

Amaury. No, pero a mí me encanta. Yo creo que el éxito de estas entrevistas, normalmente está, si algún éxito tuvieran, -no voy a ser vanidoso- en lo que dice el invitado, porque al final de cuentas a mí la gente me ve todas las semanas.

Raúl. No, pero tiene sentido porque las respuestas que tú elicitas, son las que tú elicitas, porque tú las haces.

Amaury. Sí, pero hay veces que tampoco son tan buenas.

Raúl. ¡No, las preguntas son muy buenas!.

Amaury. ¿Cuál fue el sumun de tu padre como diplomático y cuál sería el tuyo?

Raúl. Bueno, yo pienso que haber sido ministro de Relaciones Exteriores, para mi padre fue una cosa muy importante en el sentido que le permitió librar batallas por Cuba que no hubiera podido librar de no haber sido el Ministro de Relaciones Exteriores y yo creo que eso para él fue formidable. Como lo fue también el haber sido electo al Primer Comité Central del Partido. Le comunicaron -estaba en Naciones Unidas- que había sido electo al Comité Central, al Primer Comité Central de nuestro Partido y eso para él fue un impacto extraordinario y mandó un mensaje muy emotivo al Comandante en Jefe en aquella oportunidad, que salió publicado y que yo lo conservo, por supuesto.

Amaury.  Pero tú has sido también un gran diplomático. Sí, tú lo sabes y lo sabe nuestro pueblo, por lo menos las personas que están muy atentas al devenir político de la nación.

¿Cuándo a tu papá le pusieron, no sé quién se lo puso, tú me lo dirás, Canciller de la Dignidad?

Raúl. Eso fue cuando la Sexta y Séptima reuniones de la OEA, que fueron, que tuvieron lugar en San José, Costa Rica, en el año 1960. Allí fue aquella famosa reunión en la cual mi padre se retiró abruptamente y le dijo: Bueno, después de haber denunciado la camancola, como dicen, que habían armado los americanos contra Cuba allí, para condenarla, etc., etc., preparar el terreno para la invasión de Playa Girón y toda esa cosa.

Amaury. Claro, claro.

Raúl. Él se levantó airadamente y se fue y dijo: Me voy y conmigo se van los pueblos de América. Y entonces fue una cosa tremenda y la delegación cubana salió cantando el Himno Nacional. Y allá afuera estaba el pueblo costarricense, que estaba oyendo toda aquella cosa y que además empezó a gritar: Viva Cuba y Viva Fidel y todo aquello. Y entonces hubo un periodista que le dijo a mi padre: Usted es el Canciller de la Dignidad Latinoamericana. Y eso se quedó así, salió publicado en algún lado. Y aquí, en Cuba,  pues en fin, la gente le puso el Canciller de la Dignidad. Es un título nobilísimo porque es popular.

Amaury. Claro, pero si tú tuvieras la oportunidad de autodenominarte.

Raúl. ¿Yo?

Amaury. Sí.

Raúl. Ah, no, yo realmente no sé qué decirte.

Amaury. Pero la gente, a lo mejor todo el mundo no sabe que tú también has sido un gran diplomático, por eso te digo. Un diplomático que ha defendido a Cuba en escenarios diversos. Entonces también, a veces, la modestia de las personas, tú eres un hombre muy modesto, te impide decir: Bueno, yo sería también un gran canciller. Bueno, entonces ¿el hijo del Canciller de la Dignidad sería?.

Raúl. Yo soy algo más que el hijo del Canciller de la Dignidad. Porque yo soy el hijo del Canciller de la Dignidad, lo cual para mí es timbre de orgullo, por supuesto,

Amaury. Claro,

Raúl. Pero yo soy yo, y yo fui siempre yo, desde siempre. ¿Por qué? porque tener un padre ilustre es difícil.

Amaury. ¿Cuánto pesa?

Raúl. ¿Cuánto pesa? Pesa muchísimo.

Amaury. Dímelo a mí (risas).

Raúl. Mira, cuando yo era muy joven, cuando yo era un niño, muchachito en la escuela ya, siempre, el hijo de Roa, qué se yo.

Después cuando llegué a la Universidad, yo estudiaba Ciencias Sociales y Derecho Público, y mi padre era el Decano y además era mi profesor de Historia de las Doctrinas Sociales, etc. Entonces yo era allí el hijo de Roa, y ahí hubo hasta incidentes y cosas, porque yo tenía buenas notas porque me gustaba la carrera, la estudiaba. ¡Imagínate tú!, si esto es en la Universidad, después ya cuando soy diplomático, y estoy en mi trabajo, soy el hijo del Ministro de Relaciones Exteriores. Cuando yo regresé de Brasil en el 64, hablé con el Comandante en Jefe, por cierto. Primero había hablado con el Che, que era mi amigo de México y le dije: Yo quiero ir a trabajar contigo. Y entonces me dijo: sí, tú vienes a trabajar conmigo. Me acuerdo que pasaron unos días y me lo encontré en casa de unos amigos, que él fue a recoger a Aleida, que estaba con la hija, porque era el cumpleaños de unos muchachitos. Y entonces me lo encuentro ahí y le digo: Oye, ¿Mi trabajo, qué? Sí, vas a trabajar con Miguelito Figueras en Plan Perspectivo. Y yo le dije: mira, yo no sé nada de Planificación. No, pero si tú no sabes nada de nada y has sido hasta embajador. Entonces, yo le contesté, y él me dijo. ¡Ah!, ¿pero te vas a poner bravo con el Che? Y se echó a reír. Sí, me dijo así. Claro, yo tenía una confianza con él que podía decirle ese tipo de cosas, ¿no?, por supuesto. Yo lo conocí en México y éramos muy amigos y “peripateábamos” por México en aquella época con Javier Pasos y con Manolito Hevia, ya ambos difuntos.

Amaury. De todas maneras la maravilla de eso, es que tú eres el hijo de Raúl Roa, eres el hijo de la doctora Ada Kourí, tan amiga de mi madre, tu sabes que se querían…

Raúl. …¡Cómo no!

Amaury. …¡Cómo se querían! Y has llegado a ser uno de nuestros grandes diplomáticos, de nuestros grandes hombres y todavía tú eres joven, así que yo espero que en algún momento dejes de ser asesor de nuestro querido Rodrigo, y vuelvas a ocupar un puesto importante  en la diplomacia cubana, que tanto te necesita.

¿De qué cosa te arrepientes de no haber hecho en la vida? Porque tú has hecho en la vida lo que has querido, de todo.

Raúl.  Bueno, de las cosas que he hecho, no me arrepiento…

Amaury. …No ¿que te hubiera gustado hacer en realidad?

Raúl. ¿Qué me hubiera? No, a mí yo creo que todas las cosas que he hecho, me gustaba hacerlas.

Amaury. Tiene que faltarte algo, algo tiene que faltarte. Porque no puede ser. Mira, hablas todos los idiomas, has estado en todas las embajadas, hay algo que tú dices: Bueno, yo quisiera haber estado en tal sitio.

Raúl. No estuve en la Sierra, eso es algo que me hubiera gustado.

Amaury. Pero tú sabes que cada día se hace, aunque pueda parecer una metáfora, más necesario subir a la Sierra a defender la Sierra aquella que nos ganamos.

Raúl. Claro.

Amaury. Porque hay veces que la gente la quiere echar a perder.

Raúl. Echar a perder, tienes razón, eso es verdad. Pero yo seguiré trabajando como asesor de Rodrigo, que me parece que es una cosa en la cual puedo ayudar.

Amaury. Está bien, yo espero. Y si no, si la cosa se pone mala, y espero que no pase, pues nos vemos en la Sierra.

Raúl. Bueno.

Amaury. Te quiero mucho, Raulito, un abrazo. Muchas gracias, mi hermano, gracias por haber venido.

Raúl. Gracias a ti.

«Con 2 que se quieran». Natalia Herrera (Parte I)

«Con 2 que se quieran». Natalia Herrera (Parte I)

“Shangó con conocimiento y Yemayá en pullas”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran. Ahora aquí, en 5ta Avenida y Calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña…es la primera vez que viene un familiar mío al programa. Mi madrina de bautizo, una persona a quien yo quiero mucho, me cuestan más trabajo estas entrevistas, porque a la persona que tengo frente a mí la quiero tanto.

Una vedette, una gran artista. Baila, canta, actúa, es un personaje dramático muchas veces también y es el Premio Nacional de Humorismo del año pasado.

Mi querida, mi adorada, Natalia Herrera. Mi vida, me voy a levantar hasta ti y te voy a dar un besito, uno de piquito. Madrina querida, Natalia, te quiero muchísimo. Ya lo dije, que eras Premio Nacional de Humorismo. ¿Qué significó cuando te dieron ese premio? Cuando te llamaron y te dijeron: eres el Premio Nacional de Humorismo.

Natalia. Me eché a llorar de la emoción.

Amaury. ¿Verdad?

Natalia. Y fui caminando para atrás y me senté en el butacón de la sala llorando, porque, óyeme, uno se emociona.

Amaury. ¿En qué pensaste en ese momento?

Natalia. ¡Pensé tantas cosas, Amaury! Me acordé de tantas cosas buenas y malas, que por eso me eché a llorar.

Amaury. ¡Qué bárbaro! Tiene que ser una emoción, porque ya tú no lo estabas esperando,¿o sí?

Natalia. No, nunca lo esperé. Yo nunca he esperado ningún premio.

Amaury. Pero has tenido muchos.

Natalia. He tenido muchos premios, afuera y aquí. No me puedo quejar en ese sentido.

Amaury. A ver, yo quiero que los televidentes sepan, porque lo que yo tengo delante de mí es a una mujer preciosa, una mulata preciosa.

Natalia. ¡Mentiras, no!

Amaury. No, no, no, mentiras no, contigo no. Si somos familia, somos astilla del mismo palo.

Natalia. Tuve buen cuerpo.

Amaury. No, pero tú eres una mujer bonita, con unos ojos que no se puede creer, ¿qué edad tienes?

Natalia. Nada más que 87, Amaury.

Amaury. (risas)Eso no se puede creer. Con esa vitalidad.

Natalia. 1923. Saca cuentas hasta acá.

Amaury. No, pero además, cuando llegó, que aquí hay, en la escenografía, bueno, hay cables y cosas así, y todo el mundo cuidando a Natalia y ella hizo, tram, tram, tram, brincó por arriba de todo…

Natalia. …Soy una anciana atrevida.

Amaury. No, no digas. Yo siempre digo que cuando uno se pone bajo las luces de este espacio, no hay ancianidad ni hay vejez.

Natalia. ¿Tú crees que tengo 15? ¡Muchachos, ataquen!

Amaury. (risas) Está bien, está bien. A ver, yo sé bastante de tu vida, pero voy a tratar de meterme en los lugares que no sé mucho.Yo quiero que me hables de dónde naciste, en qué lugar naciste y cómo era tu entorno familiar.

Natalia. Bueno, mi entorno familiar eran mis hermanitos, mi mamá.

Amaury. ¿Cuántos hermanos?

Natalia. Seis. Murieron dos hermanas.Éramos más. Mi mamá y mi papá y mi abuela que me crió junto con mi mamá y mi tía Natalia, que me llamo Natalia por esa tía.

Amaury.¿Y por qué tu papá se molestó tanto contigo cuando empezaste a querer ser artista?

Natalia. Bueno, allá voy a llegar, tú verás.

Amaury. ¡Ah!, ya, dale.

Natalia. Yo nací en la calle Fábrica frente al parque, que era una casa antigua. Ahora es un edificio con varios apartamentos. De ahí pasé a Cayo Hueso.

Amaury. Barrio insigne.

Natalia. Barrio distinguido. Bailo una rumba muy buena gracias a los rumberos del Parque Trillo. Me le escapaba a mi mamá con 7 años e iba para allá. Y ya nacida allí, nacida no, criada allí la policía me quería y todo el mundo. Los guardias me querían y me decían: ¿Qué tú haces aquí? Vine a bailar rumba. Vamos para tu casa.Me cogían de la mano y me llevaban para mi casa, y eso me molestaba.

Tengo una cosa en particular, nunca me gustó la escuela, Amaury. Mi mamá me obligaba a ir y le decía: A mí no me van a preguntar cuándo Colón descubrió América. Yo tengo que cantar y bailar, que es lo que me gusta. Y ella me decía: usted tiene que ir.

Amaury. Pero sí ibas a la escuela, porque, por supuesto, fuiste a la escuela, tú escribes y lees, muy bien, además.

Natalia. Sí, sí, pero fui a la escuela hasta el sexto grado. Ahí dije: Yo voy a ser artista. La primera vez que trabajé fue a los 8 años en teatro.

Amaury.¿Y ahí fue dónde tu papá no quería…?

Natalia. No, no, más adelante.

Amaury. ¡Ah! Cuando él vio que eso era en serio.

Natalia. En el 37 fui a la Corte Suprema, 14 años tenía. Mi mamá estaba un día cosiendo en la sala de casa, a mano, y llega mi papá y dice: Oye, Chata, me han dicho que hay una niña en la Corte Suprema que se llama igual que nuestra hija, Natalia Herrera. Mi mamá estaba cosiendo, lo miró y le dijo: no se llama igual, es tu hija. Y ahí mismo ardió Troya, ahí mismo. Quería matarme. Si la hija mía sale una cualquiera será gracias a ti, Trinidad Díaz Borrel. Le dijo nombre y apellido y todo. Y ella le dijo: De una escuela de monjas sale una rumbera, por qué mi hija va a ser distinta. A lo mejor tú la crees una cualquiera y sale una gran señora y llega a ser reina o princesa. Así que cálmate, René. Fui a la Corte Suprema.

Cuando se me presentó el primer viaje, René Herrera Dorticós volvió a atravesarse en mi vida.

Amaury. Tú papá, ¡caray!

Natalia. Si. Dijo: si se va en barco, -él era jefe de lista de la aduana-, la tiro al mar y en lo que la buscan, el barco se va, porque no van a esperar a que la saquen y en avión no se puede ir porque… Así era mi papá.

Entonces, a mi casa iba un muchacho que se llamaba Luis Alonso de León y un día estoy hablando con él por la noche, después del cine y estábamos todos jaraneando y yo le digo: Luisito, si yo te hago una proposición, ¿tú la aceptas? Dice: ¿Qué proposición tú me vas a hacer? Digo: que te cases conmigo. Pero no para que seas marido mío, sino para yo poder viajar.

Amaury. ¿Pero qué edad tu tenías cuando eso?

Natalia.  No llegaba a los 20 años.

Amaury. Por eso te digo, una muchachita, una niña.

Natalia. Pero se me ocurrió de pronto y me dijo: bueno, vamos a casarnos. ¿Tú sabes en donde yo celebré la boda con una comida a las doce de la noche? En el Pennsylvania, que era el mejor cabaret de Cuba en esa época. Y la gente decía. ¿Dónde está la novia? Y les decían: Está durmiendo en el carro. Yo estaba durmiendo en el carro y todo el mundo divirtiéndose.

Amaury. Claro, porque hay una cosa, tú no bebes. Tú nunca has consumido alcohol.

Natalia. Nunca, nunca me ha gustado.

Amaury. Nunca te gustó y sin embargo, has trabajado toda tu vida, muchísimo, en centros nocturnos, en cabarets.

Natalia. Pero yo no tomé nunca. A mí no me gusta.

Amaury. ¿Nunca en la vida, Natalia, nunca te gustó?

Natalia. Lo único que me pone de mal humor es que me brinden bebida. Porque, digo: No me agrada. Ay, pero un buchito que debes tomar…

Amaury. Porque la gente piensa que todos los artistas son borrachos y que beben y que gozan. Bueno, aquí tenemos una  maravillosa…

Natalia. …Ni fumo, ni bebo, ni nunca he cogido una droga.

Amaury. …Ni tomas café, porque hoy te brindamos un café maravilloso, te lo pusimos y tú…

Natalia. No, lo tomo por las mañanas cuando me levanto, pero no lo puedo tomar en el día, porque por la noche no duermo.

Amaury. Sí, pero ese café es buenísimo, no te vayas a pensar que ese café…

Natalia. ¿Tú tienes ganas de que yo me desvele?

Amaury. No, bueno.

Natalia. Yo te complazco, dentro de un rato lo tomo.

Amaury. Ah, bueno, pero ahí está y está caliente y está bueno. Mira, este es el momento ¿tú ves que tú me complaces en todo? Madrina querida.

Natalia. Está muy bueno el café y está muy bueno el número que me sacó. Me las vas a pagar en la madrugada cuando no duerma.

Amaury. ¿Te acuerdas?,  ¡claro! ¿Te acuerdas de la canción? si yo te hice una canción, después la canté con Isaac. “Venga madrina, tráigame la calma /Que Yemayá me arrulle y me proteja.” (cantando) ¿Te acuerdas que yo te hice esa canción?

Natalia. Sí, claro, qué linda canción.

Amaury. Bueno, a ver, vamos a hablar de una cosa que a mí me llama siempre la atención. Tú eres de las personas que trabajaba en el Teatro Martí. ¿En qué año empezaste a trabajar en el Teatro Martí?

Natalia. ¡Ay Amaury! tú no me lo vas a creer. Yo me acuerdo de todos los países que he visitado, todos los lugares donde he trabajado y no me acuerdo del año. De verdad.

Amaury. Más o menos. Si en el 37 estabas en la Corte Suprema…

Natalia. 40, 40 y pico…

Amaury. 40 y tantos. ¿Quiénes eran tus compañeros, con quiénes compartías escenario en el Martí?

Natalia. Alicia Rico.

Amaury. ¡Ah, qué maravilla!

Natalia. Candita Quintana, Chino Wong, el viejo Bringuier.Les agradezco mucho a todos.

Amaury. ¿Fue una época que recuerdas con mucho cariño?

Natalia. Con cariño y quiero mucho a mis compañeros muertos y a mis compañeros vivos.

Amaury. Y en la época esa del Teatro Martí, hiciste la versión de La Dama de las Camelias, ¿en qué época fue eso?

Natalia. Con Carlos Pous.

Amaury. ¡Con Carlos Pous!

Natalia. Eso fue más para acá

Amaury. Sí, pero bueno, ¿sería en los 50´s, por ahí?

Natalia. En los 50.

Amaury. ¿Qué tal, cómo era esa obra?, ¿Era una versión sobre La Dama de las Camelias?

Natalia. Sí, y yo salía vestida de antiguo con escarpines y tacones. Comiquísima la versión.

Amaury. ¿A dónde fuiste por primera vez de gira?

Natalia. Bueno, me fui a un lugar muy desagradable, la segunda vez, porque salí con la compañía del hermano de Piñero.

Amaury. De Garrido y Piñero.

Natalia. Y fuimos, primero, a Puerto Rico, que es un país precioso, precioso.

Amaury. Ese te encantó. Es como nosotros.

Natalia. Siempre se ve el mar. No, Puerto Rico es la verdadera isla. Tú vas por la carretera, y lo mismo ves el mar a la derecha que a la izquierda. Las playas, los cocoteros, lindo.

Amaury. La isla del encanto, le llaman ahora.

Natalia. Y de ahí salimos para Venezuela, carretera de La Guaira, para llegar a Venezuela, exponiendo la vida.Cuando llegamos ¡Ay, Ave María, yo no miro para ningún lugar!

Amaury. ¿Y eso lo hiciste en barco o en avión?

Natalia. Lo hice en avión, pero al llegar allá había que ir para Caracas, para el centro, por la carretera de La Guaira.

Amaury. Y peligrosa que era en esa época, porque no estaba la autopista que hay hoy.

Natalia. Muy peligrosa.Pero no conozco la autopista de hoy, desgraciadamente.

Amaury. Bueno, pero la conocerás, porque a Venezuela estamos yendo todos.

Natalia. Ojalá tu boca sea santa. El último viaje que di, lo di con Virulo a Angola, al sur de Angola, con 66 años.

Amaury. A llevar tu alegría seguramente.

Natalia. Llegué aquí, y el ICRT sacó una brigada que Mirta Rojas era la jefa, y me hablaron y dije: vuelvo para el sur de Angola, y me fui dos meses. Y después fui a Etiopía. Esos son los últimos viajes que he dado.

Amaury. Ahora, yo sé que hay temas de los que a ti no te gusta mucho hablar y un tema de esos es la religión. Yo sé que es una cosa de la que no te gusta hablar, pero, y no me voy a referir a ti. Tú eres una persona creyente, eso lo sabe aquí todo el mundo, eso no es un secreto que estamos revelando, pero yo puedo dar fe de que nunca has lucrado con eso. Eso nunca ha sido para ti un negocio, jamás. Yo lo sé.

Natalia. Yo, jaraneando  digo: tú llegas a casa y te digo: te voy a echar las cartas, pero es en jarana es que lo hago.Y dicen que sale todo lo que yo digo.

Amaury. Bueno, porque tú serás bruja. (risas)

Natalia. Bueno, a lo mejor lo soy de nacimiento y no me he dado cuenta.

Amaury. A mí siempre me sale bien cuando me lo haces a mí. Siempre sale bien.

Natalia. Yo tengo un compañero que me dice: Chica, cuando yo voy a trabajar, yo te tengo tanta fe, que digo, Natalia Herrera, sal conmigo. Digo: coño, viejo ¿y por qué tú no me llevas en los viajes, en el avión? porque ya, más directo.

Amaury. ¿Sí?, porque va gente que te dice ¿Qué, cómo me va a ir?

Natalia.  Es mejor, llévame directo. ¿Aquí no vino una brasileña con la madrina bruja? Ah, bueno, ¡que carguen conmigo!

Amaury. (risas)¿Te acuerdas de ella?, Maria Bethania , cómo no. Sí, que venía con la madrina, y que no quería que nadie la viera mientras iba del camerino al escenario.

Natalia. No, no, del camerino al escenario, todo el mundo tranquilo. Más tranquilo que estate quieto.

Amaury. ¿Tú te acuerdas, Natalia? Si la madrina decía que no podía cantar, no cantaba y viraba.

Natalia. Sí, señor

Amaury. Yo me acuerdo del viejo mío halándose los pelos y diciendo ¡Ay, Dios mío!

Natalia. Yo tengo una compañera que quiero mucho y se ocupa mucho de mí, no voy a decir el nombre.

Amaury. Está bien.

Natalia.  Que tiene su padrino y ella se levanta por la mañana y va a saludar al padrino y el padrino le dice: ¿Qué tú haces aquí? Las estrellas salen por la noche. Vete para tu casa y la bota de la casa.

Amaury. A ver, tú eres una persona muy simpática, como ya el público se fue dando cuenta. Además de que te ha visto. Ahora, el asunto es el siguiente: Tú nunca has sido vulgar, siempre has sido muy popular. Popular con tu manera de conducirte en la vida particular y en la vida artística, más, por supuesto. ¿Qué tú crees de ese humor que se está haciendo últimamente, donde la gente apela todo el tiempo a la vulgaridad y al chiste de mal gusto?

Natalia. Lo veo muy mal. Porque yo nací en una época que en el arte no se usaba nada de eso. Ni reírse de los compañeros, ni decir palabras feas. Uno hace reír sin ser vulgar. Veo muy mal los grupos nuevos que salen. ¡Ay, que no se pongan bravos conmigo!

Amaury. No, no, y además, no son todos, son algunos.

Natalia. Pero los hombres se visten de mujer y no ponen mujeres a trabajar ¿Por qué? Es más difícil vestirse de mujer el hombre, que poner a una mujer a trabajar con ellos.

Amaury. Pero no hay muchas tampoco, humoristas, ahora, en un momento sí las hubo, pero ahora no hay tantas.

Natalia. No, no, sí hay.

Amaury. Sí hay, ¿pero no las buscan?

Natalia. Sí hay, pero ellos no se entretienen en buscarlas. Más fácil es decir: Fulano, tal cosa, Mengano, más cual. Y ahora hay artistas que hacen los chistes atenidos a los compañeros. ¡Ay, Amaury, si a mí me hicieran eso, Amaury! ¿Tú sabes por qué yo tengo la mente ligera?, porque yo fui mulata de Garrido y Piñero. Y la primera vez que fui, me quedé toda la noche en el backing, esperando el pie mío.Cuando terminó, Garrido que era más seco de carácter, pasó por al lado mío y me miró así de arriba abajo y dice: ¿Y usted por qué no salió? Digo: Yo estaba esperando a que me dieran el pie. Se va a quedar toda la vida sentada en el backing. Los ojos se me aguaron. El gallego venía atrás, me abrazó y me dijo: No le hagas caso a este, este es un amargado. Léete el libreto, ten idea de lo que es el libreto y sal y di lo que tú quieras, menos palabras feas, que nosotros te contestamos.Cuando nosotros te contestemos, di lo que tú quieras, que te vamos…

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Natalia. Oye, je, je, por eso ahora cualquier atrevido se manda conmigo y yo me trepo enseguida.

Amaury. A ver, yo quiero que tú me hables de un programa de radio que tú hiciste durante bastantes años, Rincón Criollo, y fuiste muy feliz allí.

Natalia. Yo era de la Corte Suprema del Arte. Me llama un día Miguel Gabriel para invitarme a su finca. Yo me llevaba muy bien con todos los artistas, pero quería mucho a Estelita Rodríguez, porque le tenía lástima.Estelita Rodríguez era una estrella naciente, que el papá estaba enfermo y sufría mucho. Entonces ella me dijo: ¿Te invitaron?, no vayas. Le dije: ¿Por qué? Otro día te lo digo. No aceptes la invitación. Le dije: En mi casa no me dejan salir sola, así que no me esperen en su finca, di la espalda y me fui. Y me sacaron de la Corte Suprema al mes por eso. Y entró Emilio Medrano, director de ese programa que mencionaste.

«Con 2 que se quieran». Natalia Herrera (Parte II)

«Con 2 que se quieran». Natalia Herrera (Parte II)

Amaury. De Rincón Criollo.

Natalia. Y me miró y me dijo: Ven acá, cascabelito. Él me decía Cascabel porque siempre me vía risueña. ¿Por qué tú estás llorando? Dígole: Porque me botaron de aquí de la Corte Suprema y yo quiero ser artista.

¿Tú has hecho alguna vez comedia? Digo: Sí, en teatro. No, yo digo leyendo. Digo: No, no, nunca, pero si usted me lo da y me enseña, yo lo hago. Quédate aquí sentada que voy a hacer el programa Rincón Criollo.Cuando termine el programa, voy a enseñarte a leer. Efectivamente, a la semana ya yo leía correctamente porque era lo que me gustaba, el teatro era mi delirio.

Era un pitén divino de trabajadores y se ganó premios durante 20 y pico de años.

Amaury. ¿Y tú estuviste todo ese tiempo ahí?

Natalia. Todo ese tiempo ahí.

Amaury. ¿Y por qué se acabó el Rincón Criollo?

Natalia. Nos dieron aceite de aeroplano y todo a tomar, sí.

Amaury. ¿Aceite de aeroplano?

Natalia. Sí, sí, porque criticaban al gobierno.

Amaury. ¡Ah!

Natalia. Ese era el programa.

Amaury. A ver, hablamos de las giras, pero yo sé.

Natalia. Ah, perdón un momento, que se me olvidaba.

Amaury. Claro, claro.

Natalia. Cuando me quitaron de estrella naciente, Miguel Gabriel era el jefe máximo de CMQ de Monte y Prado, y dijo que yo no podía entrar más nunca. Cuando fui a entrar para hacer el programa Rincón Criollo, no me dejaban entrar. Me quedé parada en la puerta, llegó Medrano y le dije: No me dejan entrar porque Miguel Gabriel dijo. Vamos hasta Regalías el Cuño, que fue quien me contrató. Y fuimos al doblar que quedaba Regalías. Bebo Tensa no dejan entrar a Natalia Herrera. ¡Ay, pa’ qué dijeron eso! Bebo Tensa llamó por teléfono.

Amaury. Y se murió Miguel Gabriel.

Natalia. Y le dijo a Miguel Gabriel: Si usted no tiene ganas de perder su CMQ de Monte y Prado, deje entrar a Natalia Herrera. ¡Oye! fue un cheque.

Amaury. ¿Y qué tenía él, porque no fuiste a la finca?

Natalia. Porque no fui a la finca.

Amaury. En la finca lo que había realmente…

Natalia. Y después me enteré cómo era la finca.

Amaury. A ver, cuéntame, más o menos, cómo era la finca.

Natalia. No, no podemos, porque es un chisme largo de contar.

Amaury. Está bien, está bien. Pero en la finca había su…

Natalia. Pero para que tú sepas, más o menos,se entraba señorita Natalia y se salía señora Natalia.

Amaury. Está bien. ¡Qué linda finca!

Natalia. Muy elegante.

Amaury. (risas) Muy elegante, muy fina.

A ver hablamos de las giras ahorita, pero tú eres de las pocas mujeres cubanas, de las pocas actrices cubanas, de las pocas bailarinas cubanas, de las pocas vedettes cubanas, que hicieron temporada en Las Vegas, Nevada.

Natalia. En el Hotel Flamingo.

Amaury. ¡En el Flamingo! Ese es uno de los hoteles emblemáticos.

Natalia. En el Flamingo. No, pero cuando llegué a Las Vegas, fue algo maravilloso. Yo fui con una compañía y la muchacha que iba, yo le caía mal, una cubana y dijo que yo era mulata y me mandaron para el barrio de los niches. Y cuando llegué al barrio de los negros, hubo reunión en la calle y todo, porque no me querían porque yo era blanca.

Amaury. Claro, ellos no conocían lo que era una mulata. ¿Pero qué pasaba? todo el mundo sabe que la mulata es la mitad.

Natalia. No, pero no, las mulatas allí no tienen el color claro así, como nosotras las cubanas, son más prietecitas, y tuvieron que aceptarme en la parte de los blancos.

Amaury. ¡Qué cosa, qué barbaridad!

Natalia. Entonces, ella me puso a cantar en el programa, porque  tenía que ir Celia Cruz,pero Celia era comunista y no la aceptaron. No la dejaron entrar allá.

Amaury. ¡Mira tú!

Natalia. Y entonces me llevaron a mí. La muchacha que yo te digo, no me acuerdo el apellido, se llama Olga, muy bonita mulata. Y ella sí estaba en la parte de los blancos y era mulata negra, para estar junto con los negros, en el otro lado. Y entonces me puso a cantar…

Amaury. Sí, en aquella época, porque ahora debían entrar todos juntos.

Natalia. ¡Me puso a cantar con la orquesta sin luz!

Amaury. ¿Cómo con la orquesta sin luz? ¿No te veías?

Natalia. No, no, no puso luz ni nada. Pero llegó un empresario por la noche y dijo: ¿Quién es la cantante? Le dijeron: Mírela ahí, parada delante de la orquesta.

Amaury. ¡Qué cosa!

Natalia. Y me contrató. Yo firmé mi contrato para quedarme en el Flamingo cantando. Y cuando todos se fueron a ir para Cuba, me dijeron: tu pasaporte, que te vas para Cuba. Digo: no, yo lo doy más tarde. Y al otro día por la mañana me dijeron: Oye, el pasaporte. Y estaba adelante el que me había contratado y dice: No, se van todos ustedes, ella se queda con luz y para la pista.

Amaury. ¿Y el Flamingo era en aquella época, en Las Vegas, era de los más importantes?

Natalia. De los primeros.

Amaury. Que lo creó un mafioso, el famoso Bugsy Seagel fue el que creó el Flamingo.

Natalia. Iban todos los artistas de Hollywood allá y todo.

Amaury. Sí, claro. Además, en ese momento era el único hotel que había en Las Vegas, y también estuviste en Nueva York. Y lo de Nueva York me va a llevar a cuando llegaste a La Habana otra vez, con aquellas maletas llenas de pieles ¿Qué hiciste con aquellas pieles?

Natalia. Bueno, mira yo salí de Cuba con un contrato por un año, y me demoré cuatro años para venir. Yo le había dicho a mi mamá, cuando chiquita: yo voy a tener abrigos de pieles de todas las pieles y los voy a tirar por el piso y tú vas a pisotearlos todos y te acostarás en todos. Mi mamá era más bajita que yo y pesaba 280 libras, era gordita.

Amaury. Sí, gordita, gordita.

Natalia. Y llegué y vio los baúles y dijo: ¿Y estos baúles? Dije: Pásenlos a la sala. Seguía viviendo en Concordia 620, que ahí vive todavía una cuñada mía con los hijos. Abrí los baúles, tiré todos los abrigos y los pisoteó, se acostó, rodaba de un lado para otro arriba de los abrigos, contenta, alegre.

Amaury. Se hizo realidad aquel sueño: Yo voy a traer un día abrigos y los voy a tirar en el piso para que tú camines por arriba de ellos.

Natalia. Se puso contenta y decía: ¡Ay, me parece mentira! Después regalé todos los abrigos.

Amaury. A ver, tú eres una de las fundadoras de la televisión. ¿Entraste en la televisión el primer día haciendo qué?

Natalia. ¿En la televisión?, cantando. Yo era cantante en los programas de Regalías, Partagás, en todos cantaba.

Amaury. Sí, en aquellos programas que eran miércoles y jueves, ¿no? Regalías creo que era el miércoles.

Natalia. Y pagaban muy bien, mi amigo.

Amaury. ¿Sí?

Natalia. Pagaban bien, bien.

Amaury. Pero no te daban un salario, pagaban por programa.

Natalia. Pagaban por programa.No era contratada ninguna cantante.

Amaury. ¿Quién dirigía?, era Condal (Joaquín M. Condal), creo, el que dirigía Regalías.

Natalia. Condal, dirigía Regalías.

Amaury. Y Amaury Pérez García, dirigía Jueves de Partagás.

Natalia. Tú padre, que yo lo quería, ¡qué buena gente!

Amaury. Sí, yo lo sé. Yo sé que tú lo querías muchísimo y él también a ti.

Natalia. Me llevaba muy bien con él.

Amaury. A ver, yo te voy a decir dos nombres y tú me dices qué significan esos dos nombres. Son dos personas que han tenido que ver con tu carrera. Julio Gallo, primero y Virulo, después.

Natalia. Bueno, Julio Gallo, fue el que le dijo a mi mamá que yo era una mulata del teatro.

Amaury. Teatro bufo, vernáculo.

Natalia. Y le dijo: ella es el vernáculo, una mulata y efectivamente, lo era. Trabajé después en eso.

Y Virulo, tú sabes que Virulo es muy recto. Cuando trabajé con él me dijo: Natalia, dígame todas las morcillas que usted va a decir. Le dije: ¡Ay, Virulo! Imposible, porque eso es que uno se emociona en el momento y lo larga. Y me dice no, no, no me largue nada. Dígame. Y se me ocurrió decir: Shangó con conocimiento y Yemayá en pullas. Y se lo dije y me dijo: Dígalo, está simpático.

Amaury. Y esas dos frases ya están en el lenguaje popular.

Natalia. Pero el problema es que muchos no recuerdan que la que lo dijo por primera vez, fui yo.

Amaury. Ah, bueno, pues mira estos programas sirven para eso también. Shangó con conocimiento, mira que yo lo he oído veces.

Natalia. Sí señor.

Amaury. No, pero yo no sabía que era tuyo.

Natalia. No, pero tú programa me gusta mucho, porque yo me he enterado de muchas cosas con tu programa.

Amaury. ¿Sí? Algunas son ciertas y algunas no.

Natalia. Y cosas buenas. Y quién ha mentido, y quién no ha mentido. Sí, sí.

Amaury. (risas) No, pero en televisión todo se convierte en verdad.

Natalia. Sí.

Amaury. A ver, voy otra vez al teatro bufo. En el teatro bufo, mucha gente que estaba; los escritores, los actores que estaban en contra de las cosas que pasaban en la seudorepública, utilizaban el teatro bufo para hacer sus críticas. Pero era un tipo de crítica que intentaba cambiar el orden establecido. ¿Cómo lo hacían? ¿Cómo se ponían de acuerdo para criticar al gobierno que estaba de turno?

Natalia. No, chico, porque se ponían de acuerdo porque se enteraban de cosas malas que hacía el gobierno, en el momento sacábamos eso. Pero hay una cosa muy buena con el teatro bufo. Se salían del libreto. Hacían todas las morcillas que querían y después volvían a entrar en donde se salieron, que ahora no se hace eso.

Amaury. No, ahora muchas veces la gente arranca, improvisa, se van, y se van y al libreto no se vuelve más.

Natalia. Y se quedaron idos.

Amaury. (risas) Y se quedaron idos. Yo estaba mirando tus manos cuando llegaste y estaba recordando, preciosas, además.

Natalia. Gracias, mi amor.

Amaury. Las uñas preciosas, cuidaditas

Natalia. Yo misma me las arreglo.

Amaury. Ahí está ¿por qué no tienes una manicure que te arregle las manos como hacen todas las artistas?

Natalia. No, porque tengo entendido que en lo personal… mira, yo antes me pelaba así, yo misma, pero ahora estoy vieja y el brazo levantado mucho rato molesta. Y yo vivo acorde a mis años, sé que soy una mujer mayor y que no debo hacer ciertas cosas. Y entonces, sí, sí, yo misma me amoldo el pelo, me arreglo las uñas de los pies, me arreglo las uñas de las manos. Las cejas ya no me las saco porque con la vejez, ya ellas solas se quedaron finas, se sacaron, (risas) no te rías.

Amaury. Ahora hay mucha gente que se las tatúan, yo veo muchachas  jóvenes.

Natalia. No, pero empiezan negras y terminan azul oscura (risas). No, no, no, esa locura no va conmigo.

Amaury. Y que tú piensas de los hombres que ahora también se están sacando las cejas.

Natalia. Amaury.

Amaury. ¿No te gusta?

Natalia. No me gusta. Me gusta el hombre, hombre. No de dar trompadas.

Amaury. No, no. No te gustan los boxeadores.

Natalia. De dar caricias, caricias. ¡ay… Amaury, hablando de todo un poco, tú eres tremendo mango!

Amaury. Yo también estoy viejo, de alguna manera.

Natalia. No, no, no, no estás viejo.

Amaury. Lo que pasa que, para tus ojos, nunca. A ver, ven acá. Tú tuviste, tú me dijiste que te casaste aquella vez. ¿Pero no te casaste más nunca?, aquella vez de mentira.

Natalia. No me casé más nunca.

Amaury. Pero tú tuviste amores.

Natalia. ¿Tú no has notado una cosa?

Amaury. A ver.

Natalia. Yo defiendo mucho mi pueblo, y siempre donde quiera que me paro digo que no me voy por mi pueblo. Y es verdad. De mí no se habla mal nunca.

Amaury. Nadie, yo no conozco a nadie.

Natalia. No he dado motivo para ello, ningún motivo. Porque me casé, me divorcié y no miré a más ningún hombre. Y me enamoraban porque me divorcié con buen cuerpo. Y les decía…

Amaury. Todavía tú tienes buen cuerpo. Aquí te han estado, cuando le pasaron el micrófono ese por todo el cuerpo. No puedo decir las cosas que tú dijiste… las piernas de Natalia son impresionantes todavía.

Natalia. Y las rodillas.

Amaury. Las rodillas son perfectas, vaya, eso es increíble con la edad que tú tienes. Si tú ves las rodillas mías, menos mal que no las enseño.

Natalia. Yo soy un animal, yo soy un animal de tierra extraña, hijo, yo siempre lo digo. La Mistinguette estaba en Nueva York; casa propia, máquina, vestido, todo regalado, por las piernas que tenía. Yo estoy aquí en Cuba y enseño las piernas y no me han regalado ni un pirulí.

Amaury. Tus piernas valen un poquito más que un pirulí. Háblame de Chiqui, háblame de tu hijo.

Natalia. ¡Ay, Chiqui!

Amaury. Háblame de él, porque yo sé que ustedes tienen una relación hermosa, fantástica, maravillosa.

Natalia. Sí, yo le dije que yo voy a vivir hasta los 120 años.

Amaury. ¿Ah, estás en el club ese?

Natalia. Dice: Mamá ¿Por qué? Digo: chico, porque yo nunca te he fastidiado y con 120 años me tienes que bañar, asearme varias veces en el día, limpiarme los dientes. Ya tendré planchas, me las tendrás que quitar, lavarlas bien. Tengo que fastidiarte, Chiqui, porque yo no te he fastidiado. Y empieza a reírse.

Amaury. Y sigues todavía con él en la bicicleta. ¿Te acuerdas cuando tú andabas en la bicicleta en la parte de atrás?

Natalia. Sí señor.

Amaury. En la parrilla.

Amaury. Y él, llevándote para…

Natalia. Me gustaba más la bicicleta ¿tú no sabes?

Amaury. ¿Sí?

Natalia. Porque iba mirando todos los chismes. Y en la máquina no, pasa muy rápido, no te das cuenta de las cosas.

Amaury. ¡Qué cosa tan grande!

Natalia. ¡Ah!, pero te tengo una noticia, que la voy a decir aquí.

Amaury. A ver.

Natalia. Tengo una nieta.

Amaury. Mentira que ya tienes una nieta.

Natalia. De mes y medio.

Amaury. ¡Ah!, entonces es una bebita.

Natalia. Se llama Natalia.

Amaury. Bueno, cómo se iba a llamar.

Natalia. Chiqui quiso ponerle Natalia.

Amaury. Claro, sería como la Natalia tercera, ¿no?, porque está tu abuela.

Natalia. Mi tía.

Amaury. Tu tía, tu tía.Por la que te pusieron el nombre.

Natalia. Pero mira, yo lo digo siempre donde quiera que me paro: las Natalias todas tienen suerte y viajan. Fíjate que no hay muchas Natalias.

Amaury. No.

Natalia. Hollywood tenía Natalia, las que daban en las películas.Hay bailarinas clásicas de afuera, de Rusia, que se llaman Natalia.

Amaury. Cómo no, claro que sí.

Natalia. Todas. Ponte a observar que todas las Natalias son de nombre y viajan. Y él dice que su hija se tenía que llamar Natalia para tener la suerte de la madre de él.

Amaury. No, y además, Natalia debe venir, yo me imagino, yo no sé, debe venir de natal, de natalidad.

Natalia. Bueno, yo te voy a decir la verdad. Mi mamá decía que si era varón se llamaba Natalio. Yo siempre bendigo que nací hembra, porque Natalio está puñetero, el nombre.

Amaury. Bueno, sí, en realidad la combinación sería rara.

Natalia. Y cuando fui a  Las Vegas, en el hotel, había un chinito que se llamaba Natalio.Se paró alante de mí y me dijo: Natalia, Natalio (imitando el chino). Lo miré y le dije: puñetero el nombre, me alegro de tener un Natalio aquí, siempre me atendía porque me llamaba Natalia.

Amaury. ¿Todavía te gustaría tener?… Tú vives con tu hijo, tú no vives sola, para que la gente no vaya a pensar que andas sola ahí en la casa. ¿Cuándo fue que decidiste que no necesitabas compañía? Compañía masculina, quiero decir, un hombre en tu casa, que te representara.

Natalia. Cuando mi marido me pegó los tarros y me divorcié. Sí.

A mí me pegaron los tarros y me divorcié. Fíjate que lloraba y mi abogado me dijo: No te divorcies, si todos los hombres traicionan. Le dije: las mujeres no tienen la dignidad que tengo yo. Si salió a buscar una a la calle, es que ya no le intereso. Me puse en 180 libras para que ningún hombre me mirara y, en un mes, bajé 50. Cogí mi peso, 130 libras, en un mes, y me dejó, Amaury, te lo juro por Trinidad Díaz, que no miré a más ningún hombre.Porque me dolió tanto lo que me hizo, que me dejó sin deseos de tener marido.

Amaury. Bueno, estamos nosotros, tus ahijados.

Natalia. Sí señor, que me quieren.

Amaury. Tú hijo que te quiere, que te queremos y que te cuidamos y que te amamos.

Natalia. Hay dos actores que yo quiero mucho porque se ocupan mucho de mí, Jorge Losada.

Amaury. Jorge Losada, querido.

Natalia. Y Doimeadiós.

Amaury. Ese es otro príncipe.

Natalia. Se ocupan de mí, que me llaman por teléfono, me atienden. De las mujeres: Olga Lidia, se ocupa de mí, Pilar Dioro, que me quiere Pilar.

Amaury. Pero quién no te quiere a ti, muchacha, hazme el favor.

Natalia. Sí, yo quiero mucho a mis compañeros.

Amaury. Tú lo habías dicho. Ahora, hay una cosa, ya llegando como al… una cosa, antes de terminar el programa. ¿Por qué cada vez que yo te quiero llamar por teléfono, una vez a la semana, tú cambiaste el teléfono?, ¿por qué?, ¿es una especie de vicio?

Natalia. En estos momentos estoy calumniada. Yo no lo cambié. La guía la mandaron a hacer a otro lugar y todos los teléfonos privados los pusieron en la guía. Estuve desde mayo a julio sin teléfono, y fui y dije: Yo pago mi teléfono, ¿por qué yo no tengo teléfono? Dicen: Natalia, tenía que venir para decirle el número nuevo. Pasó esto con la guía. Su número nuevo es este otro.

Amaury. Sí, eso está bien.

Natalia. Me lo cambiaron.

Amaury. Ese cuento me encanta, pero tú te cambias el teléfono constantemente.

Natalia. No, yo lo cambiaba antes, porque a mí no me gusta que me hagan jaranas por teléfono. Porque yo a nadie lo molesto por teléfono. Para jaranear no. Tú estás sentado en mi casa hablando conmigo, y el teléfono se demora para sonar, porque se lo doy a personas conscientes, no para jaranear.

Amaury. A ver, antes de terminar yo quiero preguntarte; ¿Por qué en todos esos viajes maravillosos que hiciste: Nueva York, Las Vegas, Puerto Rico, Venezuela, por qué no te quedaste a hacer una carrera luminosa que tú podías haber tenido allí? ¿Por qué volviste? ¿Por qué volviste siempre?

Natalia. Primero porque estaba mi mamá viva, y segunda, por mi pueblo, porque Amaury, hay que ver como quiere el pueblo a los artistas.Tú sales a la calle, tú tienes que verlo contigo; te quieren dar besitos, te dicen: ¿Cuándo va a trabajar?, ¡Ay, muy bueno su programa! Son tan halagadores con los artistas, que yo…, Amaury, a mí me da pena el que se va de Cuba para siempre, porque afuera tienen tragedia. Fíjate que este es el único país que no está en guerra. Te pones a mirar el periódico y te deprimes. Porque todo es, tal cosa, más cual, menos tal. En tal país, esto, lo otro. Y ahora la Madre Naturaleza está de hacha y machete, con las cosas que está haciendo. Y Cuba no tiene ningún problema. Y yo quiero a mi pueblo como mi pueblo me quiere a mí, Amaury.

Amaury. Nos vimos un día, me acuerdo que nos encontramos una vez en el Rincón, en San Lázaro, y la cantidad de cosas que te decía la gente, cosas hermosas, como te abrazaban, como te besaban.

Natalia. Sí. Cuando voy al Rincón todo el mundo me abraza, me besa, todo el mundo. Y ahora en la actualidad que dicen: No permita que nadie la bese, vienen y me besan, yo no le puedo decir: no me besen ¿qué cosa es eso?

Amaury. Cómo tú le vas a decir que no te besen.

Natalia. Yo dejo que me besen y que me abracen y todo.

Amaury. Bueno, nos vimos en esta Navidad pasada en el Rincón y nos vamos a ver en la Navidad que viene en el Rincón. Te quiero mucho, mamá, te quiero, mucho, mucho, mucho, mucho.

Natalia. ¿Ya terminamos?

Amaury. Ya se acabó, los programas se acaban. Tú quieres seguir en la guaracha esta.

Natalia. Yo quería seguir en el chisme. ¡Ay, qué lástima!

Amaury. Te quiero mucho, mamá. Mi niñita querida, mi madrina amada. Gracias, muchas gracias por haber venido.

Natalia. Gracias a ti, que te acordaste de mí.

Amaury. Como no voy a acordarme de ti, a ti te tenemos presente todos los días.

«Con 2 que se quieran» Antón Arrufat (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Antón Arrufat (Parte I)

Asumir a este país es otra forma de nacer

Amaury. Estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí, en 5ta. Avenida y Calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy es una noche privilegiada para mí, y espero que para ustedes, nos acompaña, está aquí, en un minuto frente a mí, ya está, el eminente escritor, ensayista, teatrista, cuentista, poeta. Una de esas personas maravillosas…, el día que lo vi en persona por primera vez fue en Guadalajara, México, yo entraba a un hotel, había una jornada de la cultura, él estaba sentado y me dijo mi esposa: Ahí está. Yo me viré, fui, me arrodillé y me presenté besándole la mano. Hoy puedo darle la mano, ya es una persona con la que tengo una gran relación. Como dije, el gran Antón Arrufat Antón, muy buenas noches, bienvenido.

Arrufat. Muy buenas noches, buenas noches, Amaury.

Amaury. Muchas gracias…

Arrufat. Y gracias por recordarme aquel bonito gesto como de un caballero antiguo.

Amaury. Me tiré en el piso, le besé su mano, y además, la mano con la que escribe.

Arrufat. Sí.

Amaury. O con la que escribía, porque ahora andamos con las máquinas. A ver, yo quiero empezar, Antón, porque encontré unos fragmentos, como estamos en televisión, encontré unos fragmentos en su discurso de aceptación del Premio Nacional de Literatura, que he comentado varias veces sobre ese discurso porque es uno de los más estremecedores, pero encontré tres citas ahí que quiero comentar. Una dice, la primera: “Cuando me asomaba al balcón de mi casa, me saludaban los vecinos desde los balcones satisfechos de tener por vecino a un escritor que salía por televisión”.

Segunda vez que se habla de televisión en el mismo discurso: “En nuestro país la TV otorga también su carné de identidad”.

Y la tercera, la más arriesgada: “Para las mayorías populares, quien no aparece en la pequeña pantalla, no existe”

¿Usted cree en eso o es otra de sus ironías?

Arrufat. Yo creo en algo a partir de ese momento, fíjate. Cuando yo vivía ahí, he vivido mucho tiempo en el lugar donde vivo, en la calle Trocadero, cerca de donde vivía Lezama, a media cuadra, alguien en Madrid me dijo, Álvaro Pombo: ¡Mira que tú eres snob! mudartea la calle de Lezama, (risas) pero yo me mudé allí cuando ya Lezama había muerto, con el cual tuve una gran amistad, como toda la gente sabe. Pero yo entraba y salía, sin darme cuenta de que me había ido, lentamente, convirtiendo en una especie de personaje. Y un día, después del Premio Nacional, me asomé al balcón y la gente empezó a decirme: ¡Ay, tenemos un Premio Nacional en la cuadra! Yo vivo en una cuadra de gente muy desenfadada, ¿eh?, esto me puede costar que me abofeteen cuando llegue allí.

Amaury. No, porque sale por televisión. (risas)

Arrufat. Sí, claro. Entonces, la televisión aporta una especie de figura que destruye el vacío entre el artista y su público lector o su público admirador. Y eso es lo que sucede, que es lo que yo llamo carné de identidad ¿no?, o sea, alguna gente después del Premio Nacional, pues, me ve por la calle, siempre…, me acostumbré a salir con un bolígrafo. A la gente le apasiona tener autógrafos hasta de un autor que seguramente no han leído. Pero indudablemente la televisión en este país, y creo que en el mundo entero ya, es una fuerza inconmensurable de comunicación.

Amaury. Sí, lo que pasa es que el juicio es muy duro y a mí me pareció, conociéndolo, un poquito sarcástico, porque dice: “Para las mayorías populares, el que no aparece en la pequeña pantalla no existe”. Y eso es un poco absoluto.

Arrufat. Los años me han ido aliviando, eso es del año 2000, o sea, mis grandes maestros, Lezama y Virgilio Piñera, no salieron nunca en televisión. Sentían por la televisión algo como: “No te metas ahí, muchacho, no te metas ahí”. Y entonces a mí me pasa eso también.

Amaury. Sí, con recelo.

Arrufat. Sí, con recelo, es la palabra exacta. Voy a tener que acabar aceptando este medio. (risas)

Amaury. A ver, en un libro que es una verdadera joya, usted insiste en un personaje; la tía. La tía que se relaciona con los espejos. Entonces mi pregunta sería: ¿Si se mira usted mucho al espejo? Sería la primera pregunta. Si fuera afirmativa ¿qué ve? Y si fuera una negativa ¿a qué le teme?

Arrufat. Bueno, uno en el espejo puede ver aquel que quiso ser, en un sentido, tal vez, moral. Yo me afeito al espejo, como casi todo el mundo. .Cuando era muy joven me levantaba y me miraba al espejo y decía, golpeándome la cara: ¡estás bien, estás bien! y salía, pero ahora me he dejado de mirar. El problema de mi tía era la no existencia.

Amaury. La no existencia, ¡no existía si no se veía en el espejo!

Arrufat. Si no se miraba a cada rato en el espejo…, ella, de pronto, en medio de la conversación, era una persona maravillosa en ese sentido, porque era completamente demente se levantaba desesperada, y decía: no existo, ¿no hay un espejo?, no existo. O sea, no me veo. Y el espejo…, tú sabes que en ese libro que tú citas Las pequeñas cosas, hay también un escrito largo sobre el espejo. Creo que el espejo es una especie de viviente en la casa. Por ejemplo, tú oscureces toda la casa y pasas por el baño o pasas por donde hay un espejo, y el espejo te lanza un reflejo. Y uno lo mira extrañamente como: estoy aquí, soy tu segunda parte, mírate un rato, cualquier cosa, que el espejo puede dar, aparte de que el espejo es un instrumento erótico.

Amaury. Sí, y de la vanidad.

Arrufat. Y de la vanidad.

Amaury. También, meditando en eso del espejo, pensé en la sombra y en Peter Pan buscando su sombra.

Arrufat. Sí.

Amaury. Ahí está, ¿Antón anda buscando su sombra?

Arrufat. Nadie puede saltar más allá de su sombra, decía Confucio.

Amaury. Claro.

Arrufat. Y la sombra va detrás de uno. ¿Tú te imaginas lo que sería la sombra en la noche medieval mientras nieva y la gente está encerrada en la casa, está nevando afuera, hay un frío extraordinario? Una de las cosas más impresionantes es que las sábanas en la Edad Media no se calentaban nunca, (risas) siempre estaban frías, y la gente utilizaba botellas con agua caliente, cualquier cosa, metían al perro en la cama, cualquier cosa por tal de no sufrir esas madrugadas infinitas con un frío en su esplendor…

Amaury. …Pero hay dos tipos de frío, el que provoca el clima y el que provoca la soledad. Entonces, la pregunta sería, y voy a provocarlo. Cuándo está solo y tiene frío ¿No va a poner botellas calientes? No sé si tiene un perro.

Arrufat. Mi perro murió, pero es mejor deslizar un cuerpo humano que lo caliente a uno. Lo que sucede es que, mira, yo a esta edad, tengo 76 años, no le tengo miedo a la soledad. Además, fíjate en algo, la soledad es casi inalcanzable, porque uno está acompañado por los libros, por la música, por los recuerdos, por la memoria, por los dolores de su cuerpo.

Amaury. Por el sonido de la calle.

Arrufat. Por el sonido de la calle y entonces la soledad es un estado de aspiración del hombre. Estoy diciendo cosas en que seguramente la gente no cree, pero es como ese estado al cual el hombre puede llegar, una aspiración, como la libertad, por ejemplo. No hay una libertad absoluta, no hay tampoco una soledad absoluta.

Amaury. Pero hablamos del día, ¿y en la  noche?

Arrufat. Bueno, en la noche todo es más espantoso. Yo era, de joven, un tipo nocturno, que salía a caminar por las noches. Ahora ya no hago eso, porque además, la ciudad es tan nocturna, tan doblemente nocturna, tan carente de luz, que es maravilloso, porque uno se puede ir partiendo las piernas a medida que va caminando y llega a su casa ya, completamente paralítico (risas).Pero, bueno, he escrito una novela que se llama La noche del aguafiestas.

Amaury. ¡Una gran novela, no una novela!.

Arrufat. Eso dicen algunas personas y otros la atacan violentamente.

Amaury. Bueno, yo no sé quiénes…

Arrufat. Lo que se merecen siempre las grandes novelas. Ser elogiadas y ser atacadas.

Amaury. Bueno, yo soy…

Arrufat. …Eso quiere decir que no es indiferente, que la gente no es indiferente con el libro. ¿Tú estás a favor?

Amaury. Sí, yo estoy a favor.

Arrufat.Te voy a mandar un ejemplar con una dedicatoria.

Amaury. Yo tengo el ejemplar que compré.

Arrufat. Sí, pero te mandaré el último publicado en España con una dedicatoria muy tierna.

Amaury. Ahora, yo, y ya el televidente vio, el que lo leyó, el que no lo ha visto conversar así en público. Ya vio al demonio que habita en Antón, al Enfant Terrible, ¿no?, dirían así las personas que manejan así el francés y todo eso. Y cuando hemos estado juntos, muchas veces hemos estado en lugares donde hay muchas personas, y algunos de los que están ahí, yo sé que son capaces de caer martilladas bajo el filo de la lengua de Antón. Yo corro y me pongo al lado de Antón. ¿Por qué ejercita esa necesidad, todo el tiempo, de entrar en esa batalla con su propio ingenio?

Arrufat. Mira, tengo demasiado y tiene que salir de algún modo (risas) porque no me voy a morir con el ingenio en la cama. Pero yo creo que es un ejercicio. Es un poco aprendido de memoria ¿eh? Es un ejercicio, ¿tú comprendes?, que uno hace y que no puede dejar de hacer porque es lo que el otro espera. Entonces como el otro espera que yo diga algún horror, todo el mundo se acerca para ver qué horror dije y después lo van divulgando por la ciudad y los aumentan.

Entonces cuando quieren hablar de alguien me lo atribuyen también, o sea, es un horror que se multiplica y entonces yo los divierto. Además yo soy admirador de Oscar Wilde, que hacía mucho estas cosas.

Amaury. Hacía eso todo el tiempo.

Arrufat. Y entonces, hay una anécdota sobre Oscar Wilde, que había conversado de un modo brillantísimo con varios amigos en una mesa, no quiere decir que yo tenga esa brillantez, que yo lo alcance. Pero lo cierto es que un amigo después contó, que cuando se levantó y lo vio cómo se alejaba en la calle, iba triste, alicaído, como perdido. O sea, el hombre que había sido brillantísimo delante de los demás, en la soledad, era un verdadero espantajo. No sé si esto me ocurre.

Amaury. No es su caso, yo puedo decir que no es su caso. Además, yo me acerco, no solo a disfrutar del filo de su verbo, sino a protegerme.

Arrufat. (risas) ¿Tú piensas que mientras estás al lado no voy a hablar mal?

Amaury. Por lo menos en mi caso nunca ha ocurrido.

Arrufat. No te garantizo eso. (risas) Porque una de las cosas que más me gusta es decirle a le gente lo que el otro dijo y delante.

Hay tres personas y yo me acabo de enterar que de la tercera acaban de decir tal cosa, y yo inmediatamente se lo digo allí delante. Mira, esta persona ha dicho de ti esto, y es maravilloso, porque se forma, se forma como una especie de vitalidad, que necesitamos mucho cuando ya somos muy conocidos. Necesitamos siempre como una vitalidad. O sea, que las solemnidades se caigan, que ya yo no sea miembro de la Academia de la Lengua, que no sea Premio Nacional, que no tenga todas las medallas, todo eso se viene al suelo y me convierto en un muchacho de veinte y pico de años.

Amaury. Es lo que parece, un muchacho.

Arrufat. ¿Usted cree?

Amaury. Sí, bueno yo sí. Ahora, ¿cómo es un día de Antón? porque los escritores tienen manías.

Arrufat. Estoy lleno de manías para trabajar y he hecho una lista de todas esas manías.

Amaury. Por ejemplo, ¿a ver algunas?.

Arrufat. Bueno, el bañarme, el tomar té, el caminar, a veces caminaba mucho. Por ejemplo, cuando escribo una obra de teatro, me gusta caminar. Entonces me hago todos los personajes y los vecinos van creyendo que he enloquecido porque hablo como mujer, como niño, como anciano, como gago, como cualquier cosa y entonces hay una especie… como de… como aquí se vive de una manera tan colectiva, y tan promiscua, que todo el mundo participa un poco de la vida de uno. Pero claro, ya se sabe que ahí vive la figura. No te he contado ese chiste.

Amaury. ¡A ver, cuéntemelo!

Arrufat. Que yo entré en una librería y la librera estaba sentada, me miró y me dijo: ¡Hola, figura! Desde ese momento yo utilizo ese término de figura, claro, burlándome un poco de mí mismo, cosa que hago con gran pasión.

Amaury. Ahora, una cosa que me llama la atención, todas las ramas de la literatura usted la trata, las trabaja y tiene éxito en todas. ¿Pero a la misma vez usted está escribiendo una novela, o un cuento, o un poema, un ensayo, una obra de teatro, a la misma vez todo?

Arrufat. No, a la misma vez no. Pero yo siempre quise vivir en una especie de casa en que cada habitación tuviera una máquina de escribir o una computadora.

Amaury. Es lindísimo porque es como un cuadro de Magritte.

Arrufat. Sí, y en una escribía la novela, en otra escribía un cuento, en otra escribía poemas, me iba trasladando por el resto de la casa.

Amaury. Pero es una cosa a la que no debe renunciar. Es una buena idea.

Arrufat. No, yo no he renunciado a nada, me lo han ido quitando todo, pero no he renunciado. (risas)

Amaury. Santiago de Cuba, Antón Arrufat santiaguero. Sin embargo, no tiene acento de santiaguero.

Arrufat. He hecho un esfuerzo gigantesco por quitármelo.

Amaury. ¿Por qué? Ahora le salió.

Arrufat. Sí.

Amaury. “Por quitármelo”. (Amaury habla como un santiaguero)

Arrufat. ¿Sabes una cosa?, que apenas un santiaguero me llama por teléfono, conversamos un rato y yo me paso como tres días hablando como los santiagueros.Eso es una cosa tan pegada, tan consustancial a mi sangre y a mi espíritu, a lo que sea, vaya, a lo que es consustancial, que nunca hemos sabido qué cosa es.

Amaury. Y se usa mucho esa palabra, porque es lindísima.

Arrufat. ¿Consustancial?

Amaury. Sí, es preciosa.

Arrufat. Entonces, ¿Hablábamos de Santiago?

Amaury. De Santiago de Cuba. Quiero hablar sobre todo, por los apellidos.

Arrufat. Mis apellidos son Arrufat Marat: mi padre era de origen catalán, Arrufat. Es una familia muy antigua del reino de Aragón. Y mi madre, era Marat, decían siempre en esa casa, hasta hace muy poco en que me encontré con un hispanista palestino, y yo le dije que yo era árabe, y escribió mi nombre como lo escriben los árabes, el apellido de mi madre y me dijo: mire, no se dice Marat, se dice Murat. Me pareció una cosa maravillosa, porque durante años, mi familia dijo su apellido mal, no sé cómo.

Amaury. ¿Y usted también?

Arrufat. Sí, yo también.

Amaury. Y quería preguntar por el niño Antón, el niño Antón en Santiago de Cuba.

Arrufat. Ah, el niño Antón era insoportable. Mi madre, que me quería mucho, como todas las madres cuando no son unas canallas, nunca me pegó. Y yo creo que hubiera sido bien que me hubieran dado mi buen bofetón de vez en cuando, pero no.

Amaury. No ocurrió.

Arrufat. No ocurrió, no ocurrió. Y eso contribuyó a majaderías que he heredado hasta hoy, que no me podían prohibir nada. Me daban unos ataques que me salía una espuma por la boca, impresionante.

Amaury. Pero por qué era aquello, por explosión…

Arrufat. Era díscolo, pero además jugaba pelota, hacía disparates, me iba al mar, remaba. Toda una serie de cosas que hacen los niños. A mí me encantaba un lugar en Santiago de Cuba, que se llama Cayo Smith, que es como una islita.

Amaury. Preciosa.

Arrufat. En el centro de la bahía. A mí me encantaba nadar allí, ir a Ciudad Mar. Al Morro nunca iba, porque no estaba restaurado, y los santiagueros no tenían ninguna costumbre de ir al Morro, y entonces después ingresé en la escuela de los curas.

Amaury. Bueno, ¿qué quedó de la escuela de los curas?

Arrufat. La gente dice que quedan algunos gestos de mano y sobre todo, una disciplina. Eso me lo enseñó la iglesia. Las dos órdenes en las cuales fui educado, por los Jesuitas y posteriormente, cuando ya vivíamos en La Habana, que vinimos en el año 47, los Escolapios. Pero me sirvieron. Después me separé por completo de la Iglesia. Esto lo he explicado en unas largas entrevistas que fueron publicadas en las revistas de la Iglesia, porque yo era monaguillo, servía en la iglesia, me vestían de Papa en las fiestas religiosas.

Amaury. En las representaciones religiosas.

Arrufat. En las representaciones. Parece que descubrieron que yo era un tipo teatral, los curas tienen una buena mirada, que les permite llegar hasta hoy.

Amaury. Y que van a trascender a mañana también, y eso lo digo yo.

Arrufat. Y eso lo dijo usted y lo decía Lezama. Lezama cuando me veía muy incrédulo, decía: “No se preocupe, no me moleste, porque la Iglesia durará hasta el fin de los siglos”.

Amaury. Exactamente

Arrufat. Decía así como si los siglos fueran a entrar por la ventana.

Amaury. ¡Y en el caso de Lezama, podían entrar por la ventana los siglos!

Ahora, Antón. ¿Cuándo es que aquella suerte de epilepsia infantil se convierte…?

Arrufat. …Imaginaria, ¿eh?

Amaury. Claro, claro que imaginaria, pero se convierte en una epilepsia intelectual, ya no imaginaria, sino real, porque solamente se puede tener una obra como la suya, si uno vive en un estado de catalepsia, prácticamente.

Arrufat. Mira, muy pronto. Yo empecé a escribir como a los 10 años. En la misma aula, mientras el cura explicaba, yo escribía tranquilamente. Y siempre me sorprendía el cura en eso, y me decía: ¡oiga, pero atiéndame! Y yo decía: sí, yo estoy atendiendo, yo estoy atendiendo, y yo estaba escribiendo un poema. Pero esos poemas se perdieron, felizmente, a lo mejor ¿comprende? alguien los ha recogido y los va a publicar después que yo cierre los ojos.

«Con 2 que se quieran» Antón Arrufat (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Antón Arrufat (Parte II)

Amaury. Mejor sería que los publicaran con los ojos abiertos.

Arrufat. No, porque pueden ser mejores que los de ahora (risas), y eso me daría una vergüenza espantosa.

Amaury. ¿Y cuándo es que conoce a Virgilio Piñera? Hay muchas voces maldicientes que dicen, que usted era su discípulo, que era el muchacho preferido de Virgilio y que todo lo que sabe lo aprendió de él. Siempre hay gente que dice cosas así.

Arrufat. Sí, hay gente que dice cosas así. Yo también las digo, o sea, no hacen más que corresponderme. Pero no es cierto. Virgilio era un tipo muy rivalizante, una personalidad muy difícil y yo lo toreaba muy bien, ¿eh?. Entonces tuvimos una amistad, como son las amistades, las verdaderas amistades entre los artistas. Vernos diariamente, bañarme en su casa, él ir a comer a la mía, y por la noche hacer un café con leche con dos galletas viejas. Es decir, eso era realmente una amistad de verdadera relación, ¿no?, de verdadera relación. A veces teníamos unos disgustos infinitos y estábamos tres o cuatro meses sin vernos. Era una cosa muy graciosa, porque a veces nos encontrábamos en la calle y estábamos peleadísimos, y él pasaba por el lado y me hacía así. (se coloca la mano en la cara a modo de parabán)

Amaury. ¡Con la mano o con el paraguas!

Arrufat. Con la mano, como quien dice: paso, pero no te veo. Yo aprendí de él una cosa que es importante para un escritor, cuando está tratando a un escritor más hecho que él. Que es la ética de la literatura. La literatura tiene su ética, el escritor tiene su manera y su manera de vivir en la sociedad, su conducta y tiene que mantenerla hasta el final. No aceptó nada que lo separara de su escritura. Vivía con una peseta, yo también vivía con una peseta en el bolsillo, en aquella época también se podía vivir con una peseta ¿comprende? Pero esa ética de un escritor; yo digo lo que debo decir, yo escribo lo que debo escribir. Yo no hago elogios de compromisos porque tú eres mi amigo, y me apena y tengo que elogiar tu libro de todas maneras. Esas cosas a él le parecían verdaderas traiciones y eso es lo que yo aprendí de él.

En el orden de la escritura, mi literatura, ni mi teatro, ni mis novelas, ni mis poesías se parecen en nada a lo que él escribió,

Amaury. No se parecen.

Arrufat. No se parecen, ¿verdad? Es a favor de él, ¿no?

Amaury. A favor de los dos. Es más cómoda para mí esa posición.

Arrufat. ¿Verdad?, es casi suiza.

Amaury. Es el mundo de los relojes. (risas)

Arrufat. Entonces, pues nada. Eso es lo que yo creo que yo heredé de él. También lo heredé un poco de Lezama, aunque  Lezama era un individuo más tranquilo que Virgilio Piñera, que fueron, como escritores, mis dos grandes amigos.

Después lo sería Dulce María Loynaz, pero Dulce María Loynaz era una gran dama, tenía unos vestidos que le llegaban a los tobillos, entonces era muy diferente. Yo aprendí con ella el arte de conversar. No aprendí, sino perfeccioné con ella el arte de conversar; porque ella conversaba como los antiguos cubanos, que es una manera muy curiosa de conversar: que es escuchar, no precipitarte, no apabullar al otro, no querer tener todos los problemas resueltos. O si tú tienes todos los problemas resueltos, fingir que no están resueltos, para oír lo que el otro va a decir sobre esos problemas. Eso lo aprendí de estos grandes escritores. Indudablemente son los grandes escritores cubanos del siglo XX.

Amaury. Sí, pero es curioso, porque tanto Lezama, como Virgilio, como Dulce María, son personas que vivieron, además, una vida hacia adentro y cualquiera que esté viendo la entrevista, pensará que usted es una persona que vive hacia afuera, de balcón a la calle, en la realidad, por las cosas que está hablando. ¿Cómo podía establecer entonces un vínculo con personas tan herméticas…?

Arrufat. …Bueno, Lezama…

Amaury. …Dulce María sí era hermética…

Arrufat….Y Lezama también, pero Dulce María… yo de pronto iba por la calle Obispo, me sentaba en el Parque Central, y la veía sentada en un banco allí, vestida de negro, con una sombrilla abierta. Y yo iba y la saludaba y le decía: ¿Usted es usted? Y decía: Yo, sí. Ella tenía eso, y Lezama era un caminador, hasta que pudo. Ya cuando yo empecé la gran intimidad con él, que era en los años 70, ya él no caminaba, había engordado mucho.

Pero Virgilio era un callejero, un trashumante. Íbamos juntos a todas partes. Cuando vino ese mal tiempo, que no es el mal tiempo ni de la Batalla de Mal Tiempo, ni del tiempo climático.

Amaury. ¡Del mal tiempo gris!

Arrufat. Del mal tiempo gris, sí, o negro. Entonces ese mal tiempo, ¡ay!, ¡cómo nos divertimos!, sufrimos, pero nos divertimos mucho (risas) Entonces, íbamos a asustar a la gente, ¿comprendes?, asistíamos a las galerías, a las exposiciones, a las funciones de teatro y la gente salía corriendo, literalmente, Amaury. Corrían cuando nos veían. Decían: ¡Ahí vienen! No te pegues ahí, porque nos están mirando, no te pegues.

Amaury. ¿Mentira que la gente era tan miserable?

Arrufat. La gente era así. Y perdimos muchos amigos así, muchos falsos amigos. Claro, a nosotros…, yo no tenía ningún miedo de ir a esos lugares, ni él tampoco. Bueno, ¡qué va a tener miedo Virgilio Piñera!. Él fingía tener miedo, escribía sobre el miedo. Su literatura está recorrida por un miedo que es el miedo ante la muerte, el miedo ante la indefinición, el miedo ¿tú comprendes? espiritual, todos los posibles miedos, el miedo que dan las grandes ciudades, porque él en el fondo era un provinciano. Un provinciano en el buen sentido. Había vivido muchos años en Camagüey, 22 años y cuando vino a La Habana sintió ese terror que siente el hombre de provincia en una ciudad mucho mayor, en una ciudad en que hay que aprender a subir las escaleras, ¿eh?, porque eso es importante.

Además, como siempre he tenido lo mismo dentro de mí, el sedentario que el callejero, entonces, pues con mi parte de sedentario hacía mi obra y con mi parte de callejero era amigo de ellos, sobre todo amigo de Virgilio. Cuando ya fue mi gran amistad con Dulce María, también fue en esos tiempos de mal tiempo, en que llovía mucho, por eso le pusieron Mal Tiempo a esos tiempos. En fin, pero de todos modos, eran, como personas, extraordinarias, ¡extraordinarias!

Amaury. ¿Y qué fue lo que le llamó la atención a Antón de esos personajes: Compartir el mal tiempo, compartir el aguacero, el trueno, el rayo, las épocas del mal tiempo?

Arrufat. Bueno, lo que pasa es que nosotros habíamos sido hasta ese momento, figuras públicas. Lo continuamos siendo, pero en lo que Eliseo Diego llamó El oscuro esplendor, o sea, estábamos en una oscuridad, pero que era más luminosa que la misma claridad.

No hablábamos casi nunca de lo que nos ocurría. Era como de mal gusto, ¿no?, era como subrayar lo que ya sabíamos. Y hablábamos como hablan los escritores, que todos somos muy habladores. Entonces, era, mira, voy a decir una palabra que ya no se usa tanto, era un compañerismo. Era ese tipo de relación entre, digamos, tus iguales. Ellos me llamaban, me buscaban. Yo tenía con ellos una relación, que cualquiera en este momento puede pensar: cómo está mintiendo ese hombre, nunca fue íntimo de esas personas. Esas cosas, pero en fin, eso no importa, todo el mundo sabe que fue verdad.

Amaury. También, usted era el joven y era el guapo. Pero, hace un ratico usted decía:no hablábamos de lo que ocurría porque era de mal gusto, pero como estamos en televisión y estamos en el año 2011, será importante nombrar las cosas.

Arrufat. Hay un libro así, ¿no?

Amaury. Exactamente, bello libro, por cierto, de Eliseo Diego. Y  entonces sería interesante ¿qué era lo que ocurría?

Arrufat. Bueno, lo que ocurría era la separación, la separación. En un momento dado, ustedes de aquí no pasan. La sociedad que estamos fundando no es para ustedes y llegó un punto en que ya no podíamos participar de ella. Eso fue lo que ocurría, en fin, ya eso es una cosa tan vieja, ¿eh?, que…

Amaury. …Pero la gente siente curiosidad muchas veces por las cosas viejas…

Arrufat. …Bueno, mira, cuando se pusieron Los siete contra Tebas en el (Teatro) Mella, pasé por una experiencia interesantísima. Porque aparte de las 1 500 personas que iban todas las noches, y se puso 16 noches. Los muchachos de la Universidad, los estudiantes, me esperaban en el vestíbulo para que yo les contara lo que ocurría, para nombrar las cosas.

Amaury. Claro.

Arrufat. Y entonces, yo les contaba, más o menos, lo que había ocurrido. Porque sobre eso, sobre esa época, casi todo se ignora. Es una época muy importante, porque ahí surgieron, desde Lunes de Revolución, surgieron una serie de escritores, de artistas, de músicos, de pintores y todo, que son de una importancia extraordinaria en la Cultura de este país. Y salieron de ese momento oscuro, casi medieval y salieron de nuevo a la luz y ya.

Amaury. Ahora, hay personas, de esa generación, que han querido sanar y han sanado. Y hay personas que no quieren sanar porque les gusta vivir en esa especie de insalubridad memorial, ¿no?, la memoria insalubre también brinda una posibilidad de especular, de contar y de brillar a partir de las propias desgracias. Eso existe en todas las épocas, pero sobre todo en esa.

¿Usted es de los que sanó, de los que está por sanar o de los que no quieren sanar?

Arrufat. Yo soy superior a los resentimientos, soy superior a ese momento. No dejé de escribir jamás, pese a todo, pese a todo. Siempre me dije: Si van a tirar contra ti, que tiren con los cañones, porque tú vas a responder con tus cañones, que es, mira, escribir en esta página. Y así fue. Y nada, es decir, eso forma parte de una conversación, como el que habla de una enfermedad de su tía. Entonces, esa enfermedad que mi tía tuvo…

Amaury. ¡Aquella gripe mala!

Arrufat. Sí, aquella gripe mala. Ella tosía mucho de noche, y entonces, eso me hizo famoso. Cínicamente debía agradecerlo.

Amaury. Antón, su obra lo hubiera hecho famoso en cualquier circunstancia. Esa es la única ironía que no le voy a dejar pasar.

Arrufat. Lo estoy aceptando.

Amaury. Ahora, Manuel Sanguily decía en el siglo XIX, que la Cultura Cubana, era del disimulo y la hipocresía. En el siglo XXI ¿usted suscribiría un punto de vista tan audaz como ese?

Arrufat. Esa es una frase que yo he citado.

Amaury. Yo sé, yo también la conozco, pero no la conozco porque la citó, sino porque la leí de Manuel Sanguily y me quedé helado.

Arrufat. ¡Sí, él era un hombre muy inteligente!

Amaury. ¡Muy inteligente!

Arrufat. Y, además, tenía una lengua, capaz de decir cualquier cosa.

Amaury. Ahí nos parecemos.

Arrufat. Pero yo, cuando encontré esa frase de Manuel Sanguily, dije: Esto es lo que nos ocurre.

Amaury. Claro.

Arrufat. Pero tú sabes ¿por qué? En primera, porque somos un país muy pequeño, donde la verdad no circula, estoy hablando de los círculos literarios.

Amaury. Sí, sí, yo sé.

Arrufat. Hay que hacer esta aclaración.

Amaury. Buena aclaración.

Arrufat. La verdad no circula del todo, y eso es lo que le falta un poco a la crítica cubana; a la crítica literaria, a la crítica de artes plásticas, hasta a la crítica de radio y televisión, y es que disimulan. ¿Por qué? Porque, bueno, porque ese guión lo hizo un amigo mío, y esa novela la escribió un amigo mío que me viene a saludar todos los días y cuando él venga aquí a mi casa, qué yo le digo si escribo en contra de su novela, ¿qué hago con eso? y algún día alguien tendrá que limpiar la crítica del futuro, lo que sea, tendrán que limpiar esa costra y ver, debajo de esa costra, cuál es el auténtico brillo, cuál es el auténtico metal que va a durar. Porque si se basan en las opiniones de este momento, la confusión, como diría Hamlet, ha hecho su obra maestra.

Amaury. Ya yo sé cuál sería a la crítica y a la opinión que aspiramos. Pero el asunto es, ¿cuál sería preferible?, porque también estamos utilizando mucho, no el disimulo, sino el silencio; y muchas veces lo que hacemos es, no nos querernos comprometer, ni a favor ni en contra.

Arrufat. El silencio es una forma del disimulo y la hipocresía es una tradición que viene del simular. El cubano simula muchas cosas. Como todos los seres humanos, el cubano está lleno de complejidades. Parece ser franco, directo, jovial, hospitalario. Eso en principio, pero después empezamos a descubrirle y a descubrirnos nuestras zonas oscuras, nuestras zonas calladas, el no decir.

Amaury. Sí, pero Antón, eso es para buscar la palabra bella aquella, que encontramos al principio, eso es consustancial a la naturaleza humana.

Arrufat. Consustancial, pero aquí es grave. Porque, si tú piensas, por ejemplo, en los tabúes sexuales que tiene el pueblo de Cuba, o que tuvo hasta cierto punto.

Amaury. ¡Que tiene!

Arrufat. O que tiene, bueno, lo extraño que es que te hablen realmente de lo que les ocurre…

Amaury. …A ver, eso ocurre en el cubano, ya usted dijo. Yo creo que ocurre en casi todas partes.

Arrufat. Lo acepto, acepto que ocurre en casi todas partes.

Amaury. De todas maneras, aquí nosotros hemos tenido como invitados -lo sigo provocando-, hemos tenido como invitados a personas que profesan diversas religiones, que en un momento determinado aquí ni se hablaba de eso.

Pero por ejemplo, aquí hemos tenido personas que tienen preferencias sexuales diversas y nadie, nadie, teniendo toda la libertad del mundo para hablarlo, nadie lo asume. Nadie dice: No, yo vivo con un compañero, en el caso de un hombre. En caso de una mujer: Yo tengo una amiga con la que vivo, una novia. La gente no dice esas cosas tampoco en televisión. O sea, quizás por eso, porque también, dentro de uno dice: ¿qué van a decir mis vecinos?, ¿qué van a decir mis amigos?, ¿qué van a decir, en el caso suyo, mis lectores? Eso también ocurre en los personajes no públicos, pero en los públicos ocurre con mucha más gravedad. ¿Estaría de acuerdo usted con eso o no?

Arrufat. Yo creo que sí, por eso son personajes públicos, porque si no, no lo serían.

Amaury. Está bien. Bueno, de todas maneras quería que eso estuviera aclarado, así que bueno, seguimos. ¿Es miope? ¿Usted es miope?

Arrufat. Profundamente, desde niño.

Amaury. Yo me iba, Antón, a lo de los miopes, porque yo soy miope y los miopes son personas que esconden, que tienen trastiendas. O sea, se hacen los que no ven y ven. Porque si yo me quito, si yo hago esto, (Amaury se quita los espejuelos) su figura es totalmente borrosa, pero yo presiento que Antón está ahí y cuando me los pongo, es una certeza ¿No le ocurre algo parecido?

Arrufat. Bueno, a mí me ha gustado muchas veces ver a personas borrosas (risas). Entonces, cuando me quito los espejuelos, (Antón se los quita) entonces digo: Ahora descanso, los voy sumiendo en la nada.

Amaury. Sí, pero por ejemplo.

Arrufat. O sea, nosotros tenemos la posibilidad de lo que es corpóreo, hacerlo incorpóreo.

Amaury. Claro.

Arrufat. Que es una de las cosas que trata de hacer la poesía. Es decir, lo que vemos no es todo, hay un mundo invisible ¿comprende? que si tú te quitas los espejuelos empiezas a presentir que hay un mundo invisible, que la gente ya no es lo que es.

Amaury. Es convertir la fusa en la difusa. (risas)

Arrufat. Un poco aguada, una mirada acuosa, que la gente dirá  ¿qué estará pensando?

Amaury. Yo quiero irme acercando al final. Usted es un hombre muy admirado ¿pero querido, se siente querido?

Arrufat. Mira, entre la admiración y el querer hay una distancia infinita. La admiración es un poco fría, porque tú puedes querer a una persona sin admirarla.

Amaury. Está raro eso, yo no puedo.

Arrufat. ¿No?

Amaury. No.

Arrufat. Bueno, tú puedes querer a una persona que carece, por ejemplo, de aptitudes artísticas, y que tú a la vez, día tras día haciendo labores, que para ti son perder el tiempo. Tal vez, si lo pienso más, tenga los dos sentimientos mezclados: el querer y la admiración juntas, confundiéndose el uno con el otro. Eso es posible.

Pero yo puedo admirar a un escritor y no quererlo, en fin, creo  que eso es.

Amaury. ¿Cree que es querido? Es lo que quiero decir.

Arrufar.  ¿Si soy querido o no? Nunca le he preguntado a nadie.

Nunca le he preguntado a nadie ¿tú me quieres? Eso combate mi orgullo. (risas) No puedo preguntar eso, esa cosa ingenua y maravillosa que le pregunta una persona a otra ¿tú me quieres?

¡Qué difícil es para mí preguntarle a alguien! ¿Tú me quieres? Por tanto, como el verso maravilloso de Julián del Casal: Siempre ignoraré quién me ama.

Amaury. Yo estoy siempre desesperado por preguntar ¿tú me quieres?, a mí me encanta. Y me quiere, no me quiere, incluso, como decíamos con la florecita, ¿no?

Arrufat. Ahora, yo no alcancé esas florecitas ¿dónde estaban?

Amaury. Estaban en su corazón, lo que no miro para allí. Yo quiero terminar preguntándole si suscribe una frase de Valle Inclán, que a mí siempre me llamó la atención:

Arrufat. (risas) Esa es una trampa.

Amaury. Que dice: “Si prescinden de mí, yo prescindiré de ustedes”.

Arrufat. Era una frase de su momento, creo que está en mi discurso. “Si prescinden de mí, yo prescindiré de ustedes”. Yo puedo olvidar perfectamente a aquellos ¿tú comprendes? que han prescindido, que prescinden de mí. Yo no los necesito. Yo puedo hacer mi obra sin ellos, pero al mismo tiempo, ellos no pueden estar sin mí, porque el modo de perseguir a una persona, el modo de enjuiciarla, es el modo de, secretamente, de influirte por ella. Uno acaba adquiriendo las formas del que persigue y las pasiones del que persigue. Yo podía haber nacido en otro país y no haber nacido en este, pero lo importante es que no solo es nacer en este país, es asumir este país, que es otra forma de nacer. Hay como dos o tres nacimientos. Una vez leí una frase, una línea de Garcilaso de la Vega, que la voy a transformar, cosa que hago, él dijo una vez: “Me duele España”. Yo puedo decir: Me duele Cuba.

Amaury. No, no, no. Los dolores de Cuba son otros dolores que nosotros tenemos el deber de ir aliviando. Muchas gracias, Antón.

Antón. Exactamente.

Amaury. Te quiero mucho, te admiro, y te adoro.

Antón. Gracias, gracias por correr ese riesgo. (risas)