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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Con 2...

«Con 2 que se quieran» Josefa Bracero (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Josefa Bracero (Parte I)

“Para ser animador hay que tener bomba”

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran. Ahora en 5ta. Avenida y Calle 32,  en Miramar, en los maravillosos estudios Abdala.

Hoy nos acompaña, está con nosotros en el estudio y con ustedes en sus casas, una maravillosa persona, un maravilloso ser humano. Una gran locutora de radio y televisión, una escritora y una historiadora de la radio y la televisión.

Yo la quiero muchísimo y ya verán, poco a poco, por qué la quiero tanto. Mi fraterna, esa palabra siempre me fascina, fraternidad, parece una cosa como de logia, Josefa Bracero.

Josefa. ¿Cómo estás Amaury?

Amaury. Mi cielo, un besito, mi vida. Bueno, pues estamos en Con 2 que se quieran y yo, algunas cosas sé de ti, pero no tantas como quisiera, entonces me voy a enterar también aquí.

¿Tú eres de Camagüey, pero de Camagüey de dónde?

Josefa. Camagüey, de la ciudad de Camagüey. Exactamente yo nací en un pedazo de tierra que tenía mi abuelo por parte de padre, en lo que es el traspatio de la ciudad de Camagüey, en una casa de tablas de palmas, con techo de guano, muy a la cosa campesina, los pisos de tierra. Y nací en brazos de mi abuela materna y también estaba mi abuela paterna.

Mi mamá con 16 años me tuvo a mí allí, en esa finquita, era jovencita. En la misma ciudad de Camagüey, allí, pegadita a la ciudad.

Amaury. ¿Y cómo era el entorno? ¿Tenían vecinos? ¿Eran una familia grande?

Josefa. La familia de nosotros era muy numerosa. Déjame decirte que mis raíces, vaya, las raíces más antiguas: Mi abuelo por parte de madre, mambí. Mis dos bisabuelos por parte de padre españoles. Uno fue fusilado.

Amaury. ¿Por qué lo fusilaron?

Josefa. Bueno, lo fusilan por llevar armas hacia las tropas insurrectas, o sea, esas son mis raíces. Y por parte de madre, mi abuelo era mambí, mambí con 14 años, Amaury.

Amaury. Yo me encontré a un amigo mío que me dijo: pregúntale a Josefa ¿por qué no come frijoles negros? (risas)

Josefa. Bueno, yo sí como frijoles negros y me encantan. Yo sé por qué viene la pregunta. Mira, el problema es que mi padre, a pesar de que trabajaba en el campo con su papá, pero aquello no daba para tanto, él buscaba trabajo. Él trabajó en la construcción de la carretera central en la época de Machado, y entonces a la hora de cobrar, ellos nunca vieron dinero. Ellos daban unos valecitos y en una bodeguita que había por allí, por el barrio, allí le daban el equivalente en harina y frijoles negros. Y mi papá no pudo ver jamás el frijol negro. Ya con muchos años, mi papá murió hace dos años, con 93 años, ya a veces los comía. Pero bueno, realmente en mi casa no lo compraban.

Amaury. Para él era un recuerdo, una remembranza terrible.

Josefa. Era un castigo, un castigo, una cosa terrible. A mí no, a mí me encanta el frijol negro.

Amaury. Yo no concibo prácticamente la vida al margen de los frijoles negros.

Josefa. Ni yo tampoco, es por esa anécdota.

Amaury. ¿Cómo era Josefa, cómo era tu vida de niña, de niña y de joven?

Josefa. Bueno, yo tuve una niñez muy feliz. Rodeada de campo cubano, de un río. Pude ir a la escuela primaria y, bueno, después pude seguir estudiando. Hice lo que es hoy Secundaria Básica, cuando aquello era Escuela Primaria Superior. Pero uno salía con una preparación, prácticamente lo que se da en Bachillerato, muy preparado, muy preparado. Ya con 14 años yo empecé a trabajar en un Bufete Notarial.

Amaury. ¿Cuántos hermanos eran?

Josefa. Seis hermanos, dos varones y cuatro hembras. Y yo empecé a trabajar con 14 años para ayudar a mi papá con los demás muchachos. Era un puesto de trabajo que se le decía cartulario, que son las personas que redactan a mano las escrituras.

Amaury. Tienes unas manos muy lindas. Y yo puedo descubrir…

Josefa. Muchas gracias.

Amaury. Por las manos de una persona, yo puedo descubrir si tiene una letra bonita.

Josefa. Bueno, ya ahora no tanto, pero en aquel momento yo tenía una letra Palmer preciosa y, bueno tuve un trabajo decoroso.

Amaury. ¿A ti te hubiera gustado ser abogada?

Josefa. Me hubiera gustado ser abogada. Y, a veces, yo aceptaba trabajos de matrimonios, por ejemplo, de personas pobres, que el notario como era rico a él no le gustaba hacer. Realmente lo hacía con mucho placer, porque además estaba aprendiendo y estaba adquiriendo dominio de lo que era esa actividad.

Amaury. Pero triunfa la Revolución y tú estás en el bufete ¿no?

Josefa. Triunfa la Revolución y estoy en el bufete, y las pocas cosas que pude hacer por la Revolución las hice porque las personas del bufete pertenecían a una cédula del Movimiento 26 de Julio.

Y hay una anécdota: Cuando triunfa la Revolución, yo recuerdo que el día 4 de enero, yo perdí un zapato corriendo detrás del tanque de Fidel en plena Carretera Central, porque pasó el tanque y él había hecho noche cerca de mi casa y cuando pasa el tanque, bueno, yo salí corriendo y cuando me percaté, porque me dolían los pies veo que yo no tenía un zapato. Bueno, después estuve en el acto que se hizo en la Plaza de la Libertad, en el que él habló.

Amaury. Ahora ¿Cuándo tú vienes para La Habana?

Josefa. Yo llego a La Habana en el año 85. Yo fui fundadora del INRA, después fui fundadora de la ANAP. Por la ANAP, o por los créditos de la ANAP paso para el Banco Nacional, donde fui jefa del Departamento de Financiamiento Agropecuario, que no solamente daba el crédito al sector privado, sino que le daba también el dinero a las granjas estatales. Y estando allí digo, voy a terminar Comercio y matriculé en la escuela de Comercio.

Amaury. Ahora a ver, ahora nosotros no tenemos una escuela de Comercio en Cuba, que yo sepa. ¿Qué se aprende en una escuela de Comercio?

Josefa. Bueno, se aprende contabilidad.

Amaury. Porque en algún momento la tendremos.

Josefa. Bueno, no te puedo decir en este momento exacto, pero yo pienso que sí. Sí existen en cada provincia escuelas de Comercio. Que la gente se gradúa Técnico Medio en Comercio  y después hace el grado universitario, que también la carrera de contabilidad está abierta en las universidades cubanas, que existen universidades en todas las ciudades del país.Yo, lógicamente no llegué a graduarme tampoco de Comercio, porque faltándome poco tiempo para graduarme, decidí hacer algo que yo había soñado siempre.

Me gustaba mucho leer, me gustaba hablar y demás, y me presenté a una plaza de locución en Radio Cadena Agramonte.

Amaury. Ahí, ahora es cuando empieza el por qué te invité al programa. Primero hacía falta hacer toda esa parte histórica.

Josefa. El recuento.

Amaury. El recuento histórico. A ver, ¿cómo es lo de la locución? ¿Por qué te llamó la atención la locución?

Josefa. Siempre me había gustado la locución, siempre.

Amaury. ¿Pero oías mucho radio o veías mucha televisión?

Josefa. No, no, la radio fue mi compañera. Era mi enlace con el mundo exterior desde que yo vivía en el campo, porque a través del radio, yo pude escuchar obras de la literatura universal. Libros que todavía no habían llegado a mis manos, pero que por ahí conocí a Federico García Lorca, y conocí a Ibseny conocí a grandes de la literatura mundial.

Amaury. Más que la radio es un vínculo con el sueño, porque con la radio tú lo imaginas todo. La radio te da un elemento para que tú eches tu imaginación a volar. La radio es maravillosa.

Josefa. Y además, a través e la radio yo empecé a ver Los rostros imaginados.

Amaury. Porque claro, tú te imaginabas todo ¿tú no tenías televisión en esa época?

Josefa. No, no, no.

Amaury. Claro, que pasaba mucho. Yo recuerdo, digo. Te hago una anécdota rápido, porque esto es una conversación entre tú y yo. Mi madrina de bautizo, Felicia Melivia, era una gran actriz de radio,  no era una mujer bonita, pero tenía una voz hermosa. Y por supuesto, cuando llegó la televisión, Felicia, mi madrina, nunca pudo hacer televisión, porque la gente de pronto decía: Pero aquella voz tan cristalina, tan maravillosa, ¿era esta mujer?

Josefa. Como el caso de Marina Rodríguez, que no pudo hacer televisión.

Amaury. Exacto. ¿Qué sentiste el primer día que prendieron un bombillito, siempre hay un bombillito rojo que se prende? Nunca me he explicado por qué es rojo, por qué no verde.

Josefa. Mira, yo apruebo esa convocatoria que hay buscando locutores, que era para dos plazas, se presentaron unos cuarenta y tantos. Tuve la suerte de ser una de las dos personas que seleccionaron.

Amaury. ¿Y quién te seleccionó?

Josefa. Un jurado de locutores de la provincia, que la provincia de Camagüey se distinguió siempre por ser cuna de grandes locutores, incluso para la nación. Tanto Camagüey como Ciego de Ávila.Ciego de Ávila dio 106 locutores al país.

Amaury. ¡Qué maravilloso!

Josefa. Desde Manolo Ortega, Héctor Rodríguez, en fin, Fernando Alcorta, Eddy Martin, toda esa gente son de Ciego de Ávila.

Amaury. ¡Qué cosa!

Josefa. Magníficos compañeros que han sido, han sentado cátedras del oficio en este país.

Amaury. Y magníficos profesionales todos.

Josefa. Pero yo tengo que empezar en un turno por la noche en Radio Camagüey, que era de música instrumental y estando en Radio Camagüey, llega la primera evaluación. Recuerdo que fueron Manolo…

Amaury. …Manolo Ortega…

Josefa. Antonio Pera y Ángel Hernández, nada menos que esas tres personalidades.

Amaury. Bueno, la voz de Ángel Hernández todavía la recuerdo, todavía resuena en mi cabeza la voz de Ángel Hernández.

Josefa. No, no, no, fabuloso, fabuloso. Tres personalidades de la locución para todos los tiempos en nuestro país. Pero bueno, eso me valió también para reclamar mi plaza por la que yo había entrado, que era en Cadena Agramonte.Y entonces ahí empiezo en Cadena Agramonte a hacer de todo. Porque la radio de provincia desarrolla a la gente increíblemente. Y me he enterado, después de cuarenta y tantos años que ya yo llevo en el medio, que me han dicho compañeros de aquí, de la Ciudad de La Habana, y demás, dicen: ¿tú sabes que tú fuiste la primera mujer en Cuba que narró novelas seriadas?. Yo no lo sabía.

Amaury. ¿Novelas seriadas?

Josefa. Yo no lo sabía.

Amaury. ¿Novelas dramáticas?

Josefa. Dramáticas.

Amaury. ¿Cómo se puede narrar una? Es decir ¿Cómo haría la conductora?

Josefa. No, no, no. Narrar es una de las cuestiones más difíciles que hay en la locución. La más difícil de todas es ser animador.

Amaury. Ahí vamos.

Josefa. Que no es ser presentador. Animador es otra cosa.

Amaury. Vamos a hablar de esas diferencias, porque en este programa yo he aprovechado, quizás para aclararle al público algunas cosas y para aclarármelas a mí mismo, porque también, la verdad, muchas veces yo no las tengo claras.

Estaban los locutores que tenían que tener una voz específica, una dicción. Estaban los animadores, y estaban los que después llegaron a ser los presentadores, los conductores. Dime bien cómo son esas diferencias. Dímelas tú, que eres una profesional de eso, porque yo no.

Josefa. Mira, voy a retomar a Cepero Brito.

Amaury. Y ponme ejemplos.

Josefa. Vamos a tomar a Cepero Brito que es uno de los irrepetibles junto con Pinelli y tu mamá. Hay otros también muy buenos; está Eva (Rodríguez).

Amaury. Está Eva, había muchos buenos.

Josefa. Se han dado muchos buenos locutores, pero te voy a hablar de Cepero Brito. Cepero Brito me decía: Mira, con una buena voz, con una dicción impecable, tú puedes llegar a ser un buen locutor, y puedes tal vez dar noticias, hacer otras cosas. Animador es otra cuestión. Animador es el escalón más alto de la locución y de la actuación. Y Consuelo decía, además, otra cosa: pero es que para ser animador hay que tener bomba.

Amaury. Claro.

Josefa. Ella siempre hablaba de la bomba. Yo pienso que hay que tener bomba también para todo, pero realmente para la animación más. Para la animación hay que tener un nivel de cultura muy grande. Saber para poder salir de cualquier situación elegantemente. Saber improvisar mejor que si estuviera escrito y hacerlo muy bien. Por lo tanto, para improvisar, hay que saber de qué se improvisa.

Amaury. Claro.

Josefa. El que no tenga esa cultura, mejor es que no improvise.

Amaury. Y la chispa, ¿no?, yo me imagino también.

Josefa. Y chispa.

Amaury. Chispa para poder salir de situaciones difíciles.

Josefa. Chispa y algo también que no se aprende en la universidad, que es cierto ángel, lo que se dice, ángel, para poder comunicarse.

Amaury. Ángel, claro.

Josefa. Ángel, para poder comunicar.

Amaury. Los americanos le dicen it, eso, es como una cosa que…

Josefa. …Realmente es una cosa muy difícil. La animación es algo muy difícil, es un escalón muy elevado de la locución. Porque no es fácil. Y entonces la diferencia entre radio y televisión. La gente dice: el radio es el más difícil porque todo, hay que dar todas las intenciones con la voz. La televisión te ayuda mucho la imagen. Una imagen más o menos te ayuda. Pero cuidado, porque la televisión tiene un lenguaje también.Y hay que dominar mucho el movimiento de la cámara. Dominar ahora eso que hay que es muy moderno, que es el teleprompter, para no parecer que tú estás…

Amaury. Claro, es que yo creo que lo expliqué el otro día en un programa, pero vuelvo a explicarlo. Son como unas pequeñas pantallas de computación que están pegadas a la cámara. La persona está mirando de frente a cámara, tú piensas que es una gran memoria lo que tiene  el locutory está leyéndote en tu cara.

Josefa. Sí, pero cuando están con la mirada fija, no luce bien. Hay que jugar con la expresión.

Amaury. Hay que saber cómo hacerlo, claro.

Josefa. Hay que saber jugar con el teleprompter.

Amaury.  Hay que saberlo usar.

Josefa. Hay que saberlo usar, todo hay que saberlo usar.

Amaury. ¡Todo, todo hay que saberlo usar!. Es una buena frase (risas)

Josefa. Todo hay que saberlo usar, porque si no el efecto es un efecto que no es bueno. (risas)

Amaury. Ahora, a qué tú le atribuyes y yo me voy a atrever porque tú eres una locutora de prestigio y eres una mujer además,  después lo veremos en el camino, que has estudiado mucho los medios y que has publicado libros, aquí los tengo y hablaremos de ellos más tarde. A que tú le atribuyes que después de esa camada, llamaríamos, donde la única sobreviviente en estos momentos es Eva Rodríguez yo no veo profesionales tan completas como ellos  ¿A qué tú crees que se le puede atribuir?

Josefa. Mira, hay una cuestión. La mayoría de ellos fueron autodidactas, no surgieron de una escuela. Ahora hay escuelas que preparan, escuelas que tenemos que perfeccionar, pienso. Pero que realmente la gente tiene que tener, hay que nacer también con algunas cosas de esas, al menos, me refiero para la animación.

Amaury. Pero yo te voy a hacer otra pregunta. Voy a seguir en esto, es un mundo que me gusta, tú sabes que tengo curiosidad. En aquellos años, las personas que dirigían la televisión, hablo de los años 50. Buscaban a la gente por su talento.Las publicitarias, que eran las que hacían comerciales, buscaban a la gente por su belleza. Una cara bonita valía para promocionar un jabón, o una pasta de dientes.

Josefa. Aunque no pudiera abrir la boca.

Amaury. Sí. Aunque bueno, de ahí salieron, como tú sabes, la misma Freya (García), Margarita Balboa, la misma Gina Cabrera, o Consuelito, en fin, todas ellas salían de vender normalmente jabones.

La misma Dinorah, que hacía Camay. Pero no era un requisito ser escencialmente bonito. ¿Últimamente -es pregunta-, tú no crees que la televisión nuestra, imitando desaforadamente a la televisión de otras partes del mundo, no están escogiendo belleza por sobre talento? Porque Pinelli era un excelente conductor, pero no era necesariamente un hombre apuesto.

Josefa. No. El caso de Pinelli es un caso simpático. Tú sabes que Pinelli era estelar ya en radio; periodista, reportero, animador, hacía comerciales, etc., etc. Y cuando se funda la televisión, los Mestre le dicen -él estaba en CMQ ya-, tu imagen no ayuda para la televisión.

Amaury. ¿Los Mestre le dicen eso?

Josefa. Sí. Perfecto, pero viene la fundación del Canal 6, cuando se hace el edificio y demás. Que hay una gala, hay una actividad.

Amaury. Lo que es ahora el ICRT, para la gente que es más joven.

Josefa. A la persona que iba a animar el espectáculo, se le pierde el libreto, el libreto no aparece y entonces tienen que acudir a Pinelli, para que Pinelli empiece a rellenar, porque ya el público estaba inquieto.

Imagínate, que en esa inauguración era mucho lo que había, incluso de cadenas norteamericanas.

«Con 2 que se quieran» Josefa Bracero (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Josefa Bracero (Parte II)

Amaury. Claro, la inauguración, porque la NBC estaba detrás de la antigua CMQ.

Josefa. Detrás del apoyo de la CMQ. Y entonces Pinelli empieza y tuvieron que seguir animando con Pinelli porque el libreto no apareció. Yo le decía a Germán, un poco en broma: Germán ¿y quién perdió el libreto? ¿Quién extravió aquello?

Amaury. (risas) ¿Sol Pinelli, sería?

Josefa. Y él decía: a lo mejor fue Sol. Pero bueno, Germán decía: Yo me gané la pantalla en el acto inaugural de CMQ Televisión.

¿Por qué? Porque desbordaba talento, ingenio, realmente era una persona inimitable.

Amaury. Josefa, pero no me contestaste la pregunta. ¿Tú crees que estamos sacrificando talento buscando belleza? Es mi pregunta.

Josefa. Yo no me atrevería a decir exactamente eso así. Yo lo que me atrevería a decir es que tal vez ha habido poco desarrollo en los talentos, que los hay. Hay casos, no quiero mencionar nombres.Pero nosotros tenemos buenos locutores

Amaury. Pero tiene que haber más.

Josefa. No han tenido la oportunidad esa de probarse en tanto animadores y realmente no abundan, no los tenemos.

Amaury. ¿Por qué? Yo he estado escuchando, y si lo que he estado escuchando es infamia, tú me lo aclaras. Desde Enrique Santiesteban, que animaba Jueves de Partagás, desde Rosita Fornés, que no es una animadora y sin embargo animaba sus programas. O el caso de Zenaidita Romeu, por ejemplo, que hace un programa. O Calviño, que tiene un programa. No es el caso mío que yo paso por la televisión una vez cada veinte años y hago una cosita.

¿Por qué tú crees que se crea un celo entre las personas que tienen una plantilla o cobran un dinero por hacer un trabajo y llaman a gente de la calle? ¿Qué tú opinas de eso?

Josefa. No, mira, ahora cuando se hizo la última evaluación de locutores, ya existían programas que se animaban o se conducían. Está el caso de Miriam Ramos en Progreso, que lo hace excelentemente.

Amaury. Maravilloso, y en CMBF que hace un programa divino.

Josefa. En CMBF también. Y entonces se habilitó algo que se le decía, hablantes, o sea, que pasaran por la prueba, para ver su timbre de voz, su dicción, sus fraseos, su entonación, o sea, todos los elementos.

Amaury. ¿Esas son gente de radio, no?

Josefa. Y en televisión

Amaury. ¿En televisión también?

Josefa. Porque la evaluación fue una sola para todos. Los que no pasaron esa prueba, no podían seguir haciendo sus programas. Eso se hizo.

Amaury. ¿Hace cuántos años fue eso?

Josefa. Eso fue recién, no fue muy largo, en el 2005, 2006.

Amaury. ¿Y cómo yo caí entonces en esto? Porque yo no pasé la prueba, yo no pasé la prueba esa.

Josefa. Ah, bueno, yo no sé, porque tú no estarías en ese momento haciendo esto. Pero sí la pasó Miriam Ramos fue y se sometió: No, no, yo quiero hacer la prueba. Miriam, vamos a hacerte la prueba para escucharte.

Amaury. Estoy seguro que Miriam sacó 115 puntos, porque tiene una dicción maravillosa.

Josefa. No, no, sacó 150. entonces, ¿que es lo que sucede?, que ahora mismo en el evento que yo mencionaba de locución, yo presenté allí una ponencia y sacaba como ejemplos del buen decir, a pesar de que no eran locutores emplantillados, el de Zenaidita Romeu, que conduce ese programa de una forma espectacular.

Amaury. Ella es fantástica. Cualquiera, yo creo que cualquier programa lo haría bien.

Josefa. Porque nadie puede hacerlo como ella por la cultura que ella tiene. Por el conocimiento que tiene Zenaidita, tiene ángel.

Amaury. Tiene dicción.

Josefa. Lógicamente no es el caso de Calviño. Lógicamente no es el caso tuyo y poníamos muchos ejemplos, que los tenemos,de compañeros que sin ser locutores emplantillados, conducían en forma excelente el trabajo que tenían, tanto en la radio como en la televisión.

Amaury. Ahora, vamos a un tema, vamos a un tema que tú querías tocar por arriba, pero no se puede tocar por arriba. Porque es que Josefa Bracero fue durante muchos años vicepresidenta del ICRT, a cargo de la radio.

En un momento determinado donde se distinguía la radio por su calidad, donde teníamos -fíjate que me viro a cámara, no estoy hablando contigo, estoy hablando con los televidentes-. En que teníamos una radio maravillosa, una combinación de programas culturales, novelas, musicales de todo tipo. Esa época que usted recuerda, esa radio, esa vicepresidencia del ICRT, la dirigía Josefa Bracero. ¿Cuántos años estuviste haciendo eso y qué sabor te dejó ese trabajo?

Josefa. 19 años y cuatro meses. Me dejó un sabor muy dulce, realmente muy dulce. Cuando yo llegué aquí, después de 16 años en Camagüey, yo pensé que yo venía graduada. Cuando llegué aquí, al día siguiente yo supe que en Camagüey había hecho la primaria y la secundaria.

Amaury. Claro.

Josefa. Y también tal vez el Pre, porque Camagüey es una provincia que se había destacado por un buen radio desde siempre.

Amaury. Desde siempre, y una gran cultura.

Josefa. Y una gran cultura,. Yo tuve la gran suerte, yo me siento privilegiada en el aspecto que encontré a un Vázquez Gallo, a un Roberto Garriga, a tu papá, a Carballido, a Núñez Rodríguez, a Oscar Luis López, a Isabel Aida Rodríguez a Marta Jiménez Oropeza, en fin, en fin.

Amaury. Eso que es talento puro.

Josefa. Y a un señor, un queridísimo compañero, que es Reinaldo Infante, que era el Director Nacional de Programación, con un equipo de excelentes asesores, que no quiero mencionar a ninguno para que no se me ponga bravo el resto.

Amaury. Para que no se te quede ninguno.

Josefa. Porque eran unos cuantos, muy buenos, magníficos, que me rodearon y que todo se colegiaba. Tuve la ayuda de los Gobiernos y de los Partidos de las provincias y municipios de la radio nacionales.

Amaury. Sí, claro, claro.

Josefa. Gracias a eso pudimos hacer 29 emisoras de radio, incluyendo todos los municipios de montaña de la zona oriental. Santiago de Cuba se cubrió de emisoras en todos los municipios. Llegamos hasta Caimanera con emisoras de radio, hasta Niquero con emisoras de radio.

Y desde el punto de vista de la programación, ya se venía haciendo un trabajo anterior. Porque uno nunca puede pensar que uno llegó, y a partir de que yo llegué, el mundo cambió. No, no, yo vengo a continuar algo que durante años otros hicieron, hicieron un esfuerzo hasta cierto momento. Y después yo tengo que continuarlo de la mejor manera.

Amaury. Algunas veces bien y otras mal.

Josefa. Claro.

Amaury. Todo el mundo hizo su esfuerzo, pero a algunos le sale mal.

Josefa. Se enrumbó un trabajo que ya se venía acometiendo y me dejó todo un sabor muy dulce. Lógicamente uno nunca está conforme, porque el tiempo no me alcanzó para  hacer otras cosas.

El tiempo no fue suficiente, me faltó tiempo para otros pronósticos que teníamos, otras cosas que habíamos, que necesitábamos hacer.

Amaury. Josefa, ¿Por qué tú piensas, a que tú le atribuyes… es que voy en el mismo tema y después lo empatamos, pero por qué y es importante, en estos programas dejar esas cosas claras, cuando tú le preguntas a cualquier persona de radio, de cualquier edad, todo el mundo te dice: Josefa fue la mejor persona que ha pasado por aquí? Y eso es muy hermoso, o sea, llegar un momento de no seguir haciendo un trabajo y que todo el mundo recuerde a ese dirigente con cariño y con respeto.

¿A qué tú crees que sedebe ese cariño que la gente te tiene?

Josefa. Mira, cuando yo te dije a ti que me había dejado un sabor muy dulce, es que mi paso por la radio me dio la oportunidad de acercarme, de conocer personalmente a aquellos rostros que yo había imaginado en el radio de pilas, o de batería que estaba en la esquina de la casa de mi abuelo y que después yo empecé a descubrir a través de la magia de la televisión. Y esos compañeros llegaron a ser en su gran mayoría, mis amigos, mis amigos. Yo llegar a la casa de Germán, era como llegar a mi casa.

Amaury. Claro, claro.

Josefa. Cultivar esas amistades; Rosita Fornés, tu mamá, Margarita, Luis Carbonell, y tantos y tantos y tantos y tantos. Lograr conocer a estas personas que eran de carne y hueso

Amaury. Y respetarlas y considerarlas. No tratarlos como trapos.

Josefa. Respetarlas y considerarlas, María de los Ángeles Santana, Raquel Revuelta.

Amaury. Darte cuenta que podías aprender de todas esas personas y que no tenías que tratarlos como trastos viejos.

Josefa. No, no yo mi trato con estas personas. Si yo me gradué universitariamente conversando, no sé, hice un doctorado, un doctorado. Hablar con Germán era hacer un doctorado, lo que te aportaba en sabiduría.

Amaury. En todo, en sabiduría, en cariño, en amor, en cultura. Hablar con papá Germán…

Josefa.  Y hay una cosa muy simpática, Amaury, muchas personas cuando yo estaba dirigiendo la radio, no se acercaban tanto a mí. Y sin embargo después que ya yo llevo seis años de jubilada, aunque no estoy retirada.

Amaury. No, no, que vas a estar retirada, vamos a hablar de ello ahora.

Josefa. Y lógicamente, yo todos los días hablo con tres o cuatro compañeros que me llaman.

Amaury. Y aquí está, lo primero que a mí me llamó la atención cuando Josefa me regaló este libro, ¿esta es la segunda edición?

Josefa. Esa es la segunda edición.

Amaury. Edición actualizada, es esta.

Josefa. Si, esa es la segunda edición de ese libro.

Amaury. Que es muy lindo, porque dice: Para Amaury, poeta, trovador, amigo, buena persona -me llamó la atención-, con admiración y cariño, Josefa.

Yo siempre digo que estos libros, desde que uno los ve, ya el título de estos libros, es impresionante.

Josefa. El título tiene su anécdota también.

Amaury. ¡Házmela!, Rostros que se escuchan, se llama este libro.

Josefa. Iris Dávila, yo le dije: Mira, Iris, tengo el libro terminado, porque Iris está en ese libro

Amaury. ¿Si?, claro, claro, en este, esta es la segunda.

Josefa. Sí, estábamos en casa de Iris y dígole: mira Iris, yo no sé qué título ponerle al libro, ya el libro está terminado. Y me dice: Husmea en las motivaciones que tú tuviste.

Amaury. Claro, Iris Dávila, una legendaria, legendaria escritora para radio, legendaria.

Josefa. Leí las motivaciones de mi libro y entonces en las motivaciones y en una frase que me dice Alberto Luberta que dice: La radio es un taller para crear imágenes. De allí sale el rostro que se escucha.

Amaury. Rostros que se escuchan. Siempre está agotado, se hacen rediciones, se hacen rediciones, pero yo se los recomiendo. Es la historia de la radio cubana en las voces de sus protagonistas.

Josefa. ¿Tú sabes que eso tiene otra anécdota? El que me inspira a mí a hacer esos libros es Germán Pinelli. Porque le digo a Germán. Mira, Germán, yo he tenido una idea de hacer entrevistas con distintos artistas y demás. Me dijo: Fabuloso, cuando tú termines ese libro vas a tener la historia de la radio y la televisión contada por sus protagonistas. Y me ha pasado una cosa muy simpática, este año se publica el tercer tomo de Rostros.

Amaury. ¡El tercer tomo ya!

Josefa. Pero yo hice En silencio se habla, que no quiso ser un libro histórico sobre la radio, pero bueno, se ha escogido por la Facultad de Periodismo y demás, porque no hay nada escrito del 60 para acá.

Amaury. Claro, claro.

Josefa.  El libro de Oscar Ruiz se quedó en el 60, digo quedó porque del 59 para acá  no había nada escrito. Y ese es un libro quesin pretender ser histórico, recoge la radio desde los primeros balbuceos por allá por el 20, después de la creación de la primera emisora, etc., hasta el año 2006. O sea, desde que la primera emisora pasó a manos del pueblo, todo ese gran proceso. Fidel, la intervención de la CMQ, las proyecciones nuevas en la programación, hasta el año 2006, se recoge en ese libro.

Amaury. ¿Cuándo vas a hacer uno para la televisión, sobre la televisión, has pensado en eso o no?

Josefa. Sí, estoy por la página 85.

Amaury. Ah, bueno, pero con lo rápido que tú escribes, en cualquier momento está listo.

Josefa. No, no, no, porque la investigación es una investigación ardua. Es un libro que también no pretende hacer la historia de la televisión. Son palabras mayores.

Amaury. No, no, eso es difícil.

Josefa. Es un libro de la televisión que yo vi, que yo aprecié, que yo quise. La televisión que ayudó a cultivarme más, porque yo mirando mis libreros…, yo tengo dos libreros que me cogen toda la pared así, de la sala.

Amaury. ¡Cómo extraño esos libreros grandes!

Josefa. No, no, yo veía y decía; la mayoría de esos libros penetraron en ese librero, que primero era chiquito y después se fue agrandando, motivado por la radio primero y después por la televisión.

Que cuando pusieron Therese Raquin, yo salí buscando el libro. Cuando pusieron Doña Bárbara, yo salí buscando el libro. Cuando pusieron El Rojo y el Negro, yo salí buscando el libro. O sea, vaya, para no cansarte y decirte todos los libros fueron motivados por la radio y la televisión. Sentí añoranza de aquella situación. Entonces, o sea, que realmente ahí está también el nivel de cómo la radio, cómo estos medios reales de la televisión, pueden ayudar a alimentar la espiritualidad. Pueden ayudar a elevar la cultura general de la población.

Amaury. Yo, de todas maneras, estos son los libros, debe ser por mi relación familiar con casi todas las personas que salen aquí. Son los libros que yo utilizo para llorar.

Josefa. ¿Cómo para llorar?

Amaury. Sí, yo cuando tengo muchas ganas de llorar, y no tengo una película buena para llorar o no estoy leyendo un libro que me hace llorar. Entonces yo me siento con un trago, prendo un tabaco y abro el libro en cualquier página.

Voy a abrirlo ahora mismo, abro, deja ver ¿a quién abrí? ¿En dónde abrí? ¿Te gustaría ser Chang Li Po? Y ahí empiezo yo a leer.

Josefa. Oscar Luis López.

Amaury. Oscar Luis López. Y entonces mi cabeza empieza a extrañar, se pone melancólica, nostálgica, aprendo y lloro un rato. Que también es importante.

Josefa. Oye, pero yo no escribí para hacerte llorar.

Amaury. Bueno a mí no, pero yo también lo disfruto, llorar es un placer, diría Reynaldo González.

Josefa.Reynaldo González.

Amaury. Josefa, nos vamos, el programa se acaba. Tú te retiraste por cuestiones de salud, te hicieron unas operaciones.

Josefa. Sí, sí, en dos oportunidades mi corazón ha estado en manos de ese gran científico cubano, que es el doctor Álvaro Lagomacino, del Cardiocentro Che Guevara de Santa Clara.

Amaury. ¿Y cómo estás ahora, a ver, cómo estás ahora?

Josefa. No, ahora como tú me ves, ¿como tú me ves?

Amaury. No, no, yo te veo divina. Te veo divina, yo te veo fantástica.

Josefa. Entonces mira, cuando hablo de Santa Clara, tengo que hablar también del Doctor Dueñas, que es el director fundador del Cardiocentro y que ese es un Cardiocentro…

Amaury. …De mucho prestigio.

Josefa. Ejemplo de este país el Cardiocentro. Y el doctor Álvaro Lagomacino, bueno, con un promedio inalcanzable ya de corazón abierto y de vidas salvadas en este país.

Amaury. Y entonces ahora vamos a tener a Josefa haciendo libros de estos hasta para mis nietos.

Josefa. Yo, bueno, ahora me está atendiendo el doctor Quiroga hace siete años, aquí en el Cardiovascular de Ciudad de La Habana, que es mi cardiólogo y es el que me está ayudando para que yo termine todos esos libros. Y pueda ver el otro Mundial de Fútbol y el otro Mundial que viene.Yo espero llegar, yo espero llegar.

Amaury. ¿Cómo no vas a llegar? Además con esos ojos tan bellos. Vamos a terminar la entrevista hablando de tu familia, de tu esposo, de cómo fue eso. Porque tú le debes a tu marido un agradecimiento muy grande y me gustaría terminar con eso, quiero que me hables de él.

Josefa. Sí, mira, en primer lugar, antes de llegar al compañero, quiero decirte que yo tengo la gran suerte de haber tenido unos padres maravillosos. Mi mamá vive todavía, mi papá falleció hace dos años. Padres maravillosos, increíbles. Unos hermanos también maravillosos. Ellos me ayudaron, inclusive, a criar a mis hijos, porque ¿cómo yo podía desarrollar tantas actividades teniendo que atender a dos niños que nacieron llevándose un año entre ellos?, y yo no dejé de hacer nada con esos niños. Y me ayudaron mucho con mis hijos. Y me ayudaron en mi carrera y me alentaban y, vaya, me alentaban muchísimo para que yo emprendiera nuevas tareas.

Mi esposo es una gente, cómo no, yo no había conocido una persona tan noble, tan capaz, con una vastísima cultura, que me ayudó extraordinariamente en todo. Era mi impulsor, mi motor impulsor para asumir cada vez más tareas, cosas más difíciles. Tú puedes, tú puedes hacerlo, por aquí, por allá, yo te ayudo y demás.

Quiero decirte que aún después de jubilada, fue mi severo crítico. A él yo le leía, digamos, un fragmento de un libro o un capítulo. Y me decía, no me gusta por esto, esto, pero severo crítico. A mí a veces no me gustaba la crítica, porque a nadie le gusta, pero después me daba cuenta que tenía razón y yo trataba de enmendar, más o menos, y decía ¿cómo te parece ahora? Hasta que me dijo: bueno, está un poco mejor. Eso me ayudó muchísimo, porque yo sabía que detrás de esa crítica había una profunda admiración por mi persona y un profundo amor y cariño.

Mi esposo falleció hace un año, y lógicamente dejó en mí un vacío, de esos vacíos que es imposible de llenar, porque aún yo me siento en la computadora a escribir y miro hacia atrás y me doy cuenta de que no está. Pero bueno, la vida continúa.

Amaury. No está. Físicamente no está.

Josefa. Y lógicamente se hubiera puesto muy contento de verme en este programa.

Amaury. ¿Y tú crees que no te está viendo? Seguro que te está viendo? Bueno, te agradezco…

Josefa. …Bueno, si tú lo dices…

Amaury. …Te están viendo…

Josefa. …Si tú lo dices. Por eso, entonces, vamos a sonreír.

Amaury. Hay que sonreír.

Josefa. Vamos a dar gracias a la vida, que me ha dado tanto.

Amaury. Exactamente.

Josefa. Gracias a la vida, gracias… Haber nacido en este tiempo, haber alcanzado las cosas maravillosas que se han logrado en mi país.

Amaury. Yo voy a aprovechar para agradecerte que hayas podido venir. Yo sé que tú tienes muchas cosas que hacer, que tampoco andas desesperada por salir por televisión, también lo sé. Por tanto te lo agradezco doble.

Y después por rescatar a todos estos viejos que están en estos libros, que forman parte de mi vida, y de la vida de millones de cubanos. Gracias.

Josefa. Si tú supieras lo orgullosa que yo me siento de haber ocupado aunque sea un pedacito en esos corazones.

Amaury. Bueno, pues esos también te van a estar mirando en la televisión. Te quiero mucho.

Josefa. Y yo a ti. Muchas gracias.

Amaury. Muchas gracias.

«Con 2 que se quieran» Juan Formell (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Juan Formell (Parte II)

Amaury. Mirando a las muchachas porque él es bien bonito.

Formell. Claro. Es conmigo. Entonces bueno, hasta que fue madurando en eso, como es lógico, y en la actualidad lo está haciendo muy bien. Y además, ya vivía en la orquesta, él sabe todo lo que hay que hacer, sabe todos los trucos y sabe todo ya.

Amaury. Ahora, una pregunta que yo siempre te he querido hacer. Yo recuerdo que en un momento la gente decía: La Nueva Trova era como una especie de Cosa Nostra, de pandilla. Entonces la pregunta vendría: y después los de la Nueva Trova decían: Los de la música Popular Bailable, también tienen como una… ¿No hay rivalidades ahí fuertes?

Formell. No, mira, hubo un tiempo en que la Nueva Trova planteaba que la música que hacíamos nosotros, los textos, eran muy, muy simples, o sea, no había una poesía.

Amaury. Enamorada, claro, o política.

Formell. Entonces yo, yo siempre dije: espérense, caballeros, yo, en mi criterio, tú escribes textos que inclusive, a veces son críticos, a veces son crónicas, a veces, no sé, pero tienen, tienen un por qué, lo que pasa es que es con un lenguaje más simple, más sencillo, para que el bailador ese pueda bailar aquello y disfrutarlo.

Amaury. Y también esté escuchando.

Formell. Está escuchándote a la vez. Son dos cosas, no vamos a pensar que es fácil. Es complicadito, es complicado porque lo que sí tú no puedes es hacer una letra boba, boba no, pero tampoco tan complicada. Ahí hay una cosa intermedia que después lo fueron entendiendo. Pablo lo entendió, lo entendió Silvio, los grandes, tú mismo…, los grandes de ese movimiento fueron entendiendo de que esto tenía, además, estamos hablando del texto, en la parte musical rompimos. Yo fui uno de los que rompí, pero rompió Iraquere, rompió El Tosco, hay muchos que fueron rompiendo con los esquemas de la música aquella que también era tónica y dominante, el montuno y ya y se acabó, no, no… Fuimos haciendo más complejo aquello sin hacer concesiones, no, de nada, pero ya te digo, sí había una disparidad, pero fueron cosas paralelas. Ellos iban por aquí y nosotros íbamos por allá, y así, no pasó nunca nada. Después bueno, pasó lo que hice yo con Silvio en un Festival de Varadero…

Amaury. ¡Ah, buenísimo aquello!

Formell. …que prácticamente lo puse a bailar en Canción  urgente para Nicaragua, Imaginada, y ahí ya la gente vio que había, que se podía unir todo aquello, que no había ningún problema.

Amaury. Ahora, el otro día, aquí, Adalberto, que estuvo en el programa, ¿no sé si lo viste el de Adalberto o estabas de viaje? y Adalberto estuvo hablando del fenómeno de los lugares para bailar. Es decir, después de aquel boom maravilloso de los 90, cuando todas las orquestas tenían un espacio, todo el mundo trabajaba en todos lados, hubo un momento determinado que se acabaron los lugares para bailar. Hicimos el programa, hicimos la entrevista con Adalberto. Adalberto dio su punto de vista que fue bien enérgico y bien fuerte. Adalberto tú sabes muy bien que es un hombre de carácter, de criterio. Y a los meses reabrieron la Tropical. Pero ¿tú crees que con eso se alivió la cosa?

Formell. No, no lo creo porque, más que la Tropical, hay varios problemas. Está la radio. La radio es muy importante y yo no quiero llegar a criticar a nadie en específico, pero…

Amaury. Mejor no.

Formell. Pues sí, pero la radio sí juega un papel importante. Tú sabes lo que es un programa en un horario estelar, un programa cuando no es en el horario estelar…

Hay un momento justo en que tú le haces así al público: bum por la cara, que es antes que termine el programa, o no sé. Hay cosas que están pasando en la radio que no son buenas, que se han excedido en difundir determinado tipo de música y no es bueno, no es bueno. Esta música es una sola históricamente y es verdad que a nivel internacional, lo que nosotros le llamamos Timba, que le llaman Salsa por ahí, bajó, en una medida bajó.

Pero aun con todo y eso, los lugares donde se hacen bailes populares, existen. Hay un público que ya va directamente a los lugares que se paga con CUC. Entonces ese es un público habitual, que va con el extranjero, que no sé qué cosa…Ese es un público habitual, que en realidad es el que le da de comer a toda una serie de cosas, con posibilidades. Vamos a hablar la verdad. Vamos a hablar la verdad…

Amaury. Claro que sí, claro que sí.

Formell. Entonces no es lo mismo la Tropical, que la gente que va con moneda nacional, al que a que va al Capri.

Amaury. Lógicamente.

Formell. O al Salón Rojo, o a un lugar de estos pagando con divisa, o sea, no es igual. Entonces eso también tiene su cosa mala, si se quiere, porque, el que por ejemplo, va, tiene posibilidades de ir al Salón Rojo, no va a la Tropical. Ahora, sin embargo, hay un fenómeno que sí te demuestra que en realidad no hay crisis con esta música, como muchos dicen: No, porque si la salsa cayó en crisis. No hay.

Nosotros acabamos de venir de Las Tunas, y en Las Tunas metimos 40 000 personas. Metimos 200 000 en Santiago de Cuba, cuando la gira nacional, o sea, público hay, depende de cómo tú se lo ofertes, como tú se lo des en la mano.

¿Por qué? Porque Santiago de Cuba no es igual que La Habana. Santiago de Cuba, no sé, para que vayan los Van Van o para que vaya Adalberto, cuesta trabajo, por muchas razones.

Amaury. Además, está lejos.

Formell. Y además está lejos y hay que gastar. Es al contrario, se gasta en divisa, porque el ómnibus en que tú vas para allá se alquila con CUC. Es un enredo, para que tú me entiendas.

Ahora, lo de la Tropical, yo pienso que es un intento de que pudiéramos tener un lugar en la Ciudad de La Habana, que no tiene la capacidad necesaria, por supuesto…

Amaury. Es que es chiquito, la Tropical es chiquito.

Formell. Es muy chiquito. Pero sí caracterizarlo, como lo había en la época del Palacio de la Salsa, que se reventaba el Riviera, eso que hubo en el Riviera, eso fue una época preciosa. Por ahí pasaban las mejores orquestas, la Tropical se puede convertir en eso y esto, ya sería un logro, me parece a mí. Si hubiera dos, si hubiera tres, fuera mejor.

Amaury. Yo creo que debía haber más de dos y de tres, de cuatro y diez.

Formell. ¡Pueden!, lo aguanta, por supuesto.

Amaury. Lo aguanta porque hay muchas orquestas. ¿Y tú sabes por qué yo te preguntaba esto? Y tú me lo explicarás todavía más. Yo voy mucho a Santo Domingo a cantar, y tú paras en cualquier semáforo, fíjate, de Santo Domingo, y tú oyes, el chiqui, chiqui, chiqui, el merengue.

Formell. Claro.

Amaury. Donde quiera. Tú vas por el Malecón de Santo Domingo, y todo el mundo está bailando con merengue, o sea, ¿por qué no está pasando eso? ¿Por qué tú pasas por al lado de los carros y tú estás oyendo, o reguetón, o hip hop, o rap, y tú no estás oyendo nuestra música maravillosa, nuestra música bailable en los carros de las gentes? Y sin embargo, eso pasó en los 90.

Formell. Te lo dije al principio, el problema es de la difusión. Y ahí el balance está, tirado para el piso, se pone más reguetón y se pone más de otro tipo de música.

No quiere decir que yo esté en contra del reguetón, no, al contrario. Mira, la gente cuando me ha preguntado eso, yo digo: el reguetón tiene que tener sus valores, porque cuando una música se hace tan popular, es porque tiene valores. No necesariamente tiene que ser que vamos en contra del reguetón ni en contra de… No, no, un balance normal. Yo siempre puse de ejemplo a la vitrola. En la época de la vitrola…Oye, para conseguir un medio le zumbaba el mango. Un medio, era un pan con bistec… Y que un tipo cogiera un medio para, no uno, diez medios para poner a Benny Moré: Pero qué bonito y sabroso (tarareando), era porque… O si no poner one, two, tree.. (tarareando canción de rock and roll) el tipo al que le daba por oír rock, ponía lo que él quería oír. Ahora te lo imponen ¿por qué? No sé, eso me parece que es uno de los problemas graves que tenemos.

Amaury. Ahora, yo quería hablar contigo de un tema que siempre me ha llamado la atención. Porque mucha gente dice, Juan Formell ha sido un cronista social. No, yo no estoy de acuerdo, yo por lo menos. Yo creo que tú has puesto el dedo en la llaga de problemas serios nuestros, raciales, sociales…

Formell.  A veces viene como si se vieran incluidas las dos cosas. Si tú, por ejemplo, un número como La Titimanía, diríamos. La titimanía, es muy gracioso, el tipo del carajo, es como una crónica: Un tipo que iba para el trabajo y entonces vio a una niña espectacular, un titi, entonces ya se desvió. Pero eso es una crítica.

Amaury. Lo sé, lo sé.

Formell. Eso es una crítica al tipo que tenía un Lada y no iba a trabajar, porque era administrador de no sé qué cosa, porque tenía esa posibilidad…Era una crónica y era una crítica y además, con humor.

Amaury. Con humor y muchas veces con un doble sentido.

Formell. Como lo usó Matamoros, como lo usó Piñeiro, como lo usó Ñico Saquito, y como lo usó el Guayabero.

Amaury. Y como salías muchas veces, porque hay cosas que yo recuerdo, cuando una vez que se inventó aquí no sé qué cosa de Pedrito y tú sacaste El negro está cocinando. Rápidamente, rápidamente tú siempre estás como muy atento, es como si la idea…

Formell. Yo estoy en la calle.

Amaury. Claro.

Formell. A mí me gusta estar en la calle.

Amaury. Como si estuvieras siempre una gran ventana abierta, para mirar.

Formell. Oye, mira, tú no te puedes imaginar. Bueno, a veces lo puedes hacer y otras veces no lo puedes hacer, porque a lo mejor la frase es demasiado dura pero yo, yo siempre pongo el ejemplo: Yo estaba fregando el carro el otro día, y de momento un fregador le dice al otro: ¡Oye, acuérdate que somos fósforos de la misma caja! Esa gente se van a morir juntos. Si tú eres fósforo de la misma caja…, pero fíjate el valor que tiene esa frase.

Amaury. No, terrible.

Formell. Somos fósforos de la misma caja. Cosas como esas, yo he venido oyéndolas hace 40 años para acá, y cada vez que tengo la oportunidad o cada vez que tenía la oportunidad, o la tengo todavía, hago una cosita que habla. De una frase, yo hago la historia, ya viene el oficio ya, tú haces la historia, el montuno, el no sé qué, pero la frase es la que te sugiere.

Amaury. ¿Qué haces primero?

Formell. Bueno mira. El montuno, hasta que tú no tengas el montuno, no tienes nada en la mano, no tienes nada. La historia puede ser preciosa, puede ser simpatiquísima y todo. Bueno, ¿y ahora qué? Cuando llegamos al montuno ¿qué digo? El montuno es lo que repite la gente, y cuidado, porque nosotros acostumbramos al público a hacerle uno, dos y hasta tres montunos. Eso es lo que provoca al bailador. Esa es la diferencia, inclusive, entre la salsa esa de Nueva York y de Puerto Rico, a la que nosotros le decimos Salsa Light, porque se convierte en una cosita romántica y cuando llega al montuno se va, ahí ya se fue del aire.

Amaury. Ya se fue. Y los discos ahí se los llevan.

Formell. Se los llevan, ya y se fue y no pasó más nada. Pero nosotros no, el montuno aquí determina que es una barbaridad.

Amaury. Oye, Juanito, yo quiero que tú me hables de tus esposas. Yo sé que es complicado hablar de las esposas de alguien. Pero tú has sido un hombre con una capacidad amatoria, realmente impresionante. Y ahora tú estás con una muchacha, te acabas de casar.

Formell. Sí.

Amaury. Con una muchacha preciosa, por cierto. Háblame de las mamás de tus hijos, de las que puedas hablar. Porque yo sé que tú eres amigo de ellas.

Formell. Mira, la mamá de Samuel, Elisa y Juan Carlos, que son los tres mayores, Nati, Nati es un personaje riquísimo, Nati baila tap dance…Es una gente con un swing todavía, es una mujer, digo todavía porque ya somos ya muy mayores, no, y…

Amaury. No sigas diciendo eso, tú lo has tratado de insinuar varias veces y yo te estoy mirando muy cerquita.

Formell. Entonces Naty mantiene ese swing, ese espíritu riquísimo, para ponerse a hablar. Bueno, Mirta, todo el mundo…

Amaury. Mirta Medina.

Formell. Mirta Medina fue una relación muy bonita, de verdad muy bonita.

Amaury. Ahí fue cuando intimamos tú y yo bastante.

Formell. Sí, sí, cómo no, ahí fue donde nos conocimos más. Y bueno, con Mirta, qué te puedo decir de Mirta, es loca desde el punto de vista de inestable en cosas, su forma, inclusive yo tenía, por cosas que yo no había hecho nunca, ponerme a dirigir a una cantante solista: Ten cuidado con esto, no hagas esto. Tengo bueno, en fin. Pero la relación fue bonita.

La que siguió, Diana, que es la mamá de Paloma, bueno, pues loca, cada cual tiene sus…

Amaury. Divina.

Formell. Cada cual tiene sus virtudes y sus defectos, pero es una mujer muy agradable para mucha gente, muy chévere y bueno, ahí, fue una relación que duró bastante tiempo.

Amaury. Sí, sí, cantidad.

Formell. Y entonces, bueno, esta muchacha, que ya en las postrimerías… Ya, sí, porque ya es la postrimería, vamos a hablar la verdad, ya en la postrimería, aparece. Yaimara, se llama ella.

Amaury. ¿Pero cómo en la postrimería, Formell? La gente pensará que tú tienes 80 años.

Formell. No chico, no, no, no, pero mira, los años se sienten y el peso se siente. Pero qué pasa con Yaimara, que Yaimara es una muchacha a la que increíblemente, bueno, le encanta Elena Burque, le encanta Amaury Pérez…

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Formell. …le encanta los Van Van de los años 70, y por ahí me robó, me empezó a robar. Porque toca la casualidad que esa es la música que uno oye.

Amaury. Es la que yo oigo también.

Formell. Bueno, tanto que recientemente nos casamos y me dijo: La música la pongo yo. Bueno, yo no sabía ni lo que iba a poner. Y cuando entramos al salón ya lo que se estaba oyendo era Frank Sinatra. Digo: Esta loca, esta mujer está loca. Así, cosas así.

Amaury. Está loca no, tiene buen gusto.

Formell. Sí, un gusto muy especial y entonces, tenemos una relación bonita, porque me respeta mucho, la trayectoria mía, es como, me ha idealizado, me ve como una cosa así.

Amaury. Como lo que eres Juanito, como lo que eres, como lo que eres, cómo lo que eres.

Formell. Lo que sí te puedo decir es que estoy pasando unos años muy bonitos, una época muy bonita de mi vida me siento bien físicamente, que es lo más importante.

Amaury. Yo te veo nuevo. Quisiera yo estar como tú estás ahora mismo, para que tú lo sepas. (risas)

Formell. Entonces bueno, eso me tiene, vivo bien en el sentido de los afectos. Los hijos míos la quieren a ella todos, no sé, en fin, creo que estoy haciendo una vida bastante agradable. En los finales, que  los finales son peligrosos.

Amaury. No, no, no, siempre viene otro montuno, siempre viene otro montuno.

Formell. Siempre viene.

Amaury. Siempre se puede sacar otro.  Ahora, yo quería irme a un tema, ya cerca del final, un tema que para mí es muy importante y es que, si yo tuviera que recordar algo, y voy a ser absolutamente honesto, del gran evento de Paz sin Fronteras, si yo tuviera que recordar algo, sería la participación de Van Van en ese evento. Porque ahí se multiplicó la heroicidad de Van Van. Y yo, que tuve alguna responsabilidad en eso, como tú recuerdas, yo miraba y yo vi a gente que incluso, se estaba yendo y cuando sonaron los Van Van todo el mundo volvió.

Formell. Volvió.

Amaury. Nuevamente, y fue una actuación importante. ¿Qué significó para ti y para la orquesta cantar para un millón de personas en la Plaza de las Revolución?

Formell. Mira, Amaury, yo…en primer lugar, la gente, bueno, en eso se ha especulado mucho, de que hubo una selección previa, de que la selección la hicimos nosotros. Yo sé que Juanes, bueno, yo conocía a Juanes en un festival en las Islas Canarias y él mismo me confesó, me dijo: Oye, para mí, la primera vez que yo vi a los Van Van sentí como que habían cosas que hacer y  la posibilidad de que se podía unir toda esta música y fusionarla. Ustedes son como un ejemplo, bueno, en fin, me habló maravillas.

Y a partir de ahí, bueno, pues Juanes, no nos carteábamos ni mucho menos, ni teníamos ninguna relación, pero sé que él dijo: Los Van Van y punto y los Van Van. Pero bueno, tú tienes toda la razón, empezó aquel espectáculo kilométrico.

Amaury. Kilométrico.

Formell. Que no se terminaba y la gente en condiciones, un sol terrible…

Amaury. El calor.

Formell. Pero cuando yo salí que vi aquella masa de gente tan grande, yo caí muerto, dije no puedo con esto, esto nunca me había…  a nosotros nunca nos había pasado.

Yo tengo mucha experiencia o quiero decir, la orquesta tiene mucha experiencia de haber estado en cosas difíciles. Yo estuve en un festival de la Playboy, con Bill Cosby como animador, cosas así que, cosas duras…de trabajar en escenarios donde la tarima te la viran al revés a los 45 minutos y un reloj así de este tamaño, y entonces tiene que medir bien lo que vas a hacer. No, no, cosas, en fin, hemos trabajado en lugares importantísimos. Pero que va, no tenía nada que ver con nada de lo que me había pasado nunca en la vida.

Yo entendí que el papel de Van Van era como trascendental. Te lo juro de verdad que lo entendí. Van Van ya a estas alturas aquí, tiene que hacer un papel trascendental. Yo tengo que compulsar a ese millón de personas de una forma o de otra. Está la bomba. La bomba es que lo que te sale de adentro, yo no sé ni que me salió y, dije cosas, dije: Bueno, ya se hizo. Porque tanto tú como yo tuvimos entrevistas pesadísimas a veces, haciéndonos preguntas que no tenían nada que ver.

Amaury. Que no tenían nada que ver con música.

Formell. Por eso, todas esas estupideces y entonces. Bueno, se hizo, lo hicimos. Lo hicimos y salió.

Amaury. Fue la gran frase, fue la gran frase.

Formell. Y cuando me viré, vi a Olga Tañón llorando, vi a Miguel Bosé llorando y digo: Caballero, espérate, ¿qué está pasando aquí? Logramos un poco que, como que fue el detonador y ya yo digo: esto tiene que explotar ya. Y no sé, eso lo guardo yo en mi memoria para toda la vida.

Amaury. Para mí fue como el abrazo de la Patria, ¿no?

Formell. Sí, si.

Amaury. De repente en los Van Van estaba toda Cuba, ¿no?

Formell. Estaba toda Cuba. Y la gente esa, ahí se hace, se materializa aquello, esa frase que la gente dice: Te la estaba dando de Van Van. ¿Qué es lo que tú te crees, que tú eres un Van Van?

Porque ser un Van Van, es como no sé, ser el mejor cubano. No sé cómo yo pueda traducirte eso, es una cosa bien compleja, pero yo sentí que el público nos quería decir eso: Oye, somos Van Van y a morirnos aquí, no sé, nos tocó, nos tocó estar ahí.

Amaury. Bueno yo, yo te quiero despedir, primero agradecerte, porque te estoy buscando desde los primeros programas te estoy buscando, no coincidíamos, no coincidíamos…

Formell. Sí, sí.

Amaury. Y quiero terminar, no solo dándote las gracias, sino diciéndote: yo también soy un Van Van.

Formell. ¡Ah!

Amaury. Te quiero mucho, Juan.

«Con 2 que se quieran» Sergio Vitier (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Sergio Vitier (Parte I)

“La guitarra no se toca con las manos”

Amaury. Muy buenas noches, estamos aquí, en Con 2 que se quieran en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonidos del ICAIC.

Esta noche nos acompaña uno de mis más grandes amigos, de los músicos que más admiro, guitarrista, compositor. Ha hecho música para cine, para teatro, para ballet, y yo me siento parte de alguna manera, de su familia. Mi querido hermano, Sergio Vitier.

Sergio. ¿Cómo estás, viejo?

Amaury. ¿Qué tal Sergito, cómo tú estás?

Sergio. Bien.

Amaury. Bueno voy a empezar agradeciendo que hayas tenido la gentileza de venir, porque tú vives lejos de la ciudad. Ya hablaremos después de a dónde has ido a parar. Hablemos de tu fascinación y tu casi, diríase, obsesión equina. Te gustan los caballos, pero empecemos hablando de la finca El Empalme, de los caballos, de Medardo, y de Cristina, tus abuelos.

Sergio. Bueno, te voy a decir una cosa: dicen los poetas árabes que el hombre era un patán, era un desastre el ser humano, hasta que conoció el caballo y se convirtió en caballero. Quiere decir: la historia de la cultura universal no se puede explicar sin el caballo.

Empalme era el centro de un grupo de fincas que heredó mi familia, que eran tierra de familia de mi bisabuelo, el general José María Bolaños, y ahí nosotros tenemos una casa antigua, de madera, con una manzana de terreno que estaba frente al empalme, que era el cruce de los trenes, porque había una estación de trenes rural, enfrente. Una casa muy linda, con matas, y qué se yo, y ahí tuve mi primer caballo a los seis años. Es decir, yo monto caballo desde que tengo seis años.

Amaury. Pero tú vivías en la Víbora, tú naciste en la Víbora…

Sergio. Sí, sí, pero íbamos todos los fines de semanas de vacaciones ahí.

Amaury. ¿Y qué tú recuerdas de Medardo y de Cristina, de esos abuelos?

Sergio. Abuelo vivía en casa. Era muy afectuoso y suavemente pedagógico, porque era maestro hasta en la vida doméstica, pero de una forma muy, muy simpática, porque además era un hombre de procedencia campesina, fue pesador de caña y se hizo así universitario en esa época. Y abuelo siempre me daba, me decía algunas cosas. A él le gustaba decirme, por ejemplo: No riñas -porque yo era muy fajarín, ¿no?- No riñas. Hay veces que uno piensa acertar y yerra, decía. Decía: Mira(pausa) -es que me conmueve-, tú estudias todos los días un poco y un día amaneces sabio. ¡Qué lindo!

Amaury. ¡Qué lindo!, ¡Qué lindo! Estudia todos los días y un día amaneces sabio.

Sergio. Un sabio, un estudioso, pero nunca perdió el humor, aparte era un hombre físicamente fuerte. En fin, yo recuerdo mucho a abuelo, ¡cómo no! Y abuela era la mujer fuerte de la Biblia, que estudió… Mi abuela -y mi bisabuela, que era una mujer tremenda también-y estudió Farmacia, se hizo maestra primero. Estudió Farmacia, estudió tres años Medicina. Fue la primera mujer o una de las primeras mujeres que estudió Medicina en Cuba. Murió el 25 de julio del 81. Abuelo murió a principios de la Revolución, en el 61, si mal no recuerdo.

Amaury. ¿Y qué instrumento tú tocabas antes de la guitarra?

Sergio. Mi primer instrumento, con pocos añitos, con 5 ó 6 años, fue la filarmónica. Una filarmónica no cromática, normal.

Amaury. Sí, sí.

Sergio. La filarmónica que tienen los niños para jugar. Pero tenía una un poquitico mejor después. Y ya yo sacaba, me acuerdo danzonete, el danzonete lo tocaba, algunos temas de la televisión: Chogüí, El Pájaro Chogüí (risas). El Chogüí, chogüí (tarareando). Eso lo tocaba yo en la filarmónica.

Había en la esquina un socio de casa, que era un hombre hecho y derecho, con hijas, se llamaba Ramiro Calvo, que era rumbero. No se dedicaba a eso, pero tenía una rumba todos los sábados en su casa, una rumba muy curiosa. Y te voy a decir por qué. Era una rumba donde no se bebía, se iba y se tocaba ahí. Y resulta que a mí me llamaban los tambores, mucho. Entonces me busqué una tumbadorcita de esas, de candela, y empecé a tocar tumbadora. Nunca fui un tumbador destacado ni virtuoso, pero la marcha mía era un reloj.

Amaury. ¿Qué edad tú tenías cuando eso?

Sergio. 13 años. Entonces estaba Amadito Valdés, el excelente músico y me embulló con el tema de la música. Hicimos un conjunto ya en el bachillerato. No soy tan viejo, lo que pasa es que yo empecé muy joven los estudios medios. Yo tengo 62 años, cumplidos en enero, todavía me falta para el otro (risas) hasta el día que los cumpla, tengo 62…Yo no me la quito, pero tampoco me la añado. (risas)… Y resulta que Amadito me embulló y entonces hicimos un grupo. Primero en el Pre y después ya Los chicos del jazz, que éramos un piquete con Rembert Egües en el piano. Después Paquito de Rivera tocó con nosotros también, un piquete, Los chicos del jazz, pero ya yo empezaba con la guitarra.

Empezaba con la guitarra y mi padre, que estaba un poco cansado de la vida un poco irregular que yo tenía por la música aquella juvenil, adolescente, que se acompañaba de otros elementos, como eran visitas a los lupanares, etc. (risas), para que me entiendan mejor los televidentes, prostíbulos, que todavía existían y que por suerte desaparecieron -aunque yo tengo un grato recuerdo de eso, en lo personal y aunque entiendo que tenían que desaparecer, me divertí mucho.

Amaury. Sí, sí, claro, normalmente ese tipo de actividad que se hace en los prostíbulos deja un recuerdo agradable.

Sergio. Y resulta que mi padre estaba ya molesto y me dijo un día: ¡Óyeme, o vendes la tumbadora en una semana o te la quemo! Es la primera vez que papá ha tenido una cosa drástica conmigo, porque es que aquello era… y aparte, me estaba afectando los estudios, y ya yo estaba estudiando la guitarra, con un profesor del barrio. Estudié con él como tres años, y a los 15 años di un concierto en el Liceo, lo que es ahora la Casa de la Cultura de Plaza. Un concierto horrible, por supuesto, pero yo tocaba ya mucho, tocaba todos los estudios de Carcasa, ya tocaba a Tárraga y ahí me vio Elías Barreiro, un excelente guitarrista cubano que radica en Estados Unidos. Él fue al concierto y me dijo: Tú deberías estudiar con un guitarrista y con un profesor que te enseñe la técnica correcta, que estás tocando - yo no tenía la menor idea de eso. Ahí conocí a Isaac Nicola en el Amadeo Roldán. Me llevó papá, y me introdujo papá -cosa que tampoco hizo nunca con nadie, ni tampoco papá tenía el nombre que tuvo después, pero ya era conocido y mi mamá era medio parienta de la mujer del Nicola, de Bebita Reyes, violinista-. Y empecé con Nicola.

Nicola, Isaac, el padre de Noel, me abrió un panorama tremendo, porque yo me di cuenta de que estaba trabajando con un maestro de formación europea de verdad, uno de los maestros más grandes, por lo menos, posiblemente el más importante de Hispanoamérica en su generación.

Amaury. ¿Y fuiste disciplinado en esos estudios?

Sergio. Extraordinariamente y lo soy todavía. Yo estudio la guitarra todos los días un rato, no mucho, y hay veces que no todos los días, pero por lo menos 2 ó 3 veces a la semana.

Amaury. ¿Qué tiempo se estudia la guitarra?

Sergio. Yo estuve 12 años de mi vida estudiando 4 horas diarias, ó 3 horas y pico, 4 horas, hay veces que un poquitico más, pero por ahí.

Amaury. Eso es mucho.

Sergio. Es mucho. A mí me gustaba mucho la pelota y había veces que estaba jugando a la pelota, pero yo tenía un horario. Y yo decía: espérate. En el 6to inning, paraba del juego, me iba -pelota del parque, no estoy hablando de pelota en serio- y ya todos los amigos míos sabían que yo me iba porque tenía mi horario de estudio.

Amaury. Pero, a ver, montabas caballo, jugabas pelota y estudiabas guitarra.

Sergio. No, ya no montaba a caballo. El caballo se acabó del 59 para el 60.

Amaury. Pero bueno, las manos, las manos de un guitarrista tienen que estar protegidas.

Sergio. Yo he hecho de todo con mis manos, de todo, yo he estado…

Amaury. ¿No te ha dado miedo?

Sergio. He cortado marabú, he picado caña, en fin… en la finca. Hay veces que chapeo, en fin. No me he cuidado mucho las manos, aunque he tenido accidentes en las manos. El daño en las manos me lo hizo la guitarra. En el 70 y pico largo, se me paralizó la mano derecha por un overtraining con la guitarra.

Amaury. Sí, por sobre-entrenarte, por tocarlo.

Sergio. Sí, seguía tocando, pero ya tocaba prácticamente con dos dedos, estos dos dedos de aquí, el medio y el anular, sufrí mucho con ello, porque yo, hasta para enamorar a una mujer, necesitaba la guitarra. Pero bueno, me abrió la puerta de componer y después con los años, después de mucho tratamiento y de tocar mucho, fui resolviendo parcialmente el problema en gran parte y actualmente puedo mover todos los dedos.

Amaury. Sí, tú tocas muy bien la guitarra.

Sergio. Sí, sí, pero no la toco como la tocaba en esa época, ¡qué va! Está el disco Renacimiento en la Rumba, que esa grabación es vieja. ¡Yo era un diablo tocando! Pero bueno, la guitarra no se toca con las manos, porque la gente me decía: nosotros te identificamos cuando tú tocas, tu estilo, tu forma de tocar, propia.

Amaury. Sí, es identificable.

Sergio. Siempre me lo ha dicho mucha gente, y gente importante, como tú mismo ahora me lo dices y Silvio (Rodríguez) también me lo dijo, en fin, Rey Guerra y otras gentes, el propio Leo (Brouwer). Y resulta que yo me di cuenta que ese estilo propio, un poco me lo dio la limitación física. Es decir, yo digo que la vida siempre abre una ventanita, ¿no?

Amaury. ¿Y cuándo tú vas al Escambray y conoces a Samuel Feijoo?

Sergio. Yo conozco a Samuel desde que nací, igual que a Lezama. Samuel era parte de mi familia y se quedaba en casa.

Amaury. ¿Y cómo tú te manejabas, Sergio..? A ver, sobre todo para los televidentes, los que conocen tu obra y quizás no te conocen tanto como persona. Tú eres un hombre de una gran cultura, tú eres un intelectual, un nivel de pensamiento y una concreción en el pensamiento y una estabilidad de criterios, que realmente es admirable. Pero, tú también has sido muy irreverente, lo fuiste y lo sigues siendo y lo vas a seguir siendo. ¿Cómo era tu relación entonces con Lezama, con Samuel, incluso con esa parte del grupo Orígenes, la más refinada…?

Sergio. Bueno, mira, empezando por Samuel, que fue el que más peso tuvo en mi vida. Samuel era la irreverencia hecha persona (risas), y eso tuvo una influencia en mí enorme. Samuel era tremendo hasta que murió. Ya cuando murió, pobrecito, tenía la mente mal, pero hasta pocos años antes…

Lezama era como un tío. Nunca yo tuve ningún tipo de confrontación con Lezama. Lezama tampoco era reverente en lo absoluto, en lo absoluto. Con otro estilo, diferente al de Samuel. Yo conocí mucho a Lezama, no solamente en mi infancia, en toda mi vida, porque aparte, cuando veníamos a grabar aquí, a este estudio, yo pasaba por casa de Lezama muchas veces Incluso en su álbum hay dos poemas míos, que él me pidió, sin yo dedicarme a escribir poesías. Yo escribo, yo soy poeta, pero no ejerzo.

Eliseo era mi padrino, mi tío, era Tío Eliseo… nos llevaba a la playa… era Tío Eliseo. Siempre fue una persona muy cariñosa, le gustaba mucho el boxeo, a mí también, yo boxeé mucho. Todavía practico un día a la semana algunas veces.

Amaury. ¿Y en los 60 cómo era el Sergio que tocaba en El gato tuerto y acompañaba a Miriam Acevedo?

Sergio. No, no, mira, perdona mira, antes de Miriam, yo empecé con Felipe mucho antes.

Amaury. Con Felipe (Dulzaides), que es tu tío. Es que hay veces que tú dices tío Felipe.

Sergio. Sí, claro, porque era hermano de mamá. En mi familia nunca hubo esa cosa de medios hermanos ni nada de eso. Ni con mis tres hijos tampoco -que tienen tres madres diferentes-, les digo, son sus hermanos. Y resulta que Felipe era como decía, Leo Brouwer, que fue quien mejor lo calificó, decía: era un gran entrenador de músicos. Yo trabajé con él ocho meses, con 16, 17 años ahí en el Riviera.

Amaury. Con esa edad ocho meses son ochos años.

Sergio. Después de eso vino el gran lío del Servicio, que después que salí del Servicio seguí. Vino la etapa de las cantantes. Que primero fue una gran cantante que falleció hace poco ahí en Santa Clara, vivía en Estados Unidos y después se fue y después volvió a Cuba prácticamente a morir.

Amaury. Gloria de la Torre.

Sergio. Gloria de la Torre, una cantante increíble.

Amaury. Una gran cantante.

Sergio. De las grandes cantantes que ha dado Cuba. Y después con la actriz y cantante excelente, Miriam Acevedo, trabajé en El Gato Tuerto hasta que volví de nuevo con Felipe.

Amaury. Pero las noches de La Habana. Yo quiero que tú me hables de las noches esas de La Habana.

Sergio. Las noches de La Habana tienen dos cosas. Mira, te voy a decir dos cosas: la primera es que cuando uno es tan joven todo lo recuerda lindo, porque lo que es linda es la juventud. A mí no me gusta vivir el mundo de La Habana de la nostalgia, porque ahora está de moda La Habana de la nostalgia. Y no porque esté de moda, es que realmente tenía sus cosas que ahora no las hay y tenía otras cosas que ahora las hay en que en esa época no las había.

Yo era un privilegiado porque ganaba mucho dinero. Tocaba en el mejor grupo de Cuba, que era el que tenía Felipe. Luego en El Gato Tuerto, que era un lugar también elitario, ahí iba también, no sé, Julio Cortázar, todos los premios Casa de las Américas, los actores, los artistas. En fin, terminaba de tocar, yo llegaba a la casa muy temprano todos los días, a las siete de la mañana. Eso. ¡Sí, temprano!

Amaury. (risas) Temprano, llegabas temprano, era muy temprano.

Sergio. Casi siempre no, ¡imagínate!, qué tipo de vida llevaba yo. Aparte de eso estudiaba, en el Amadeo Roldán. Estaba terminando los estudios de guitarra, yo no sé en qué tiempo, pero la juventud te da tiempo.

Amaury. ¿Y la Orquesta de Música Moderna?

Sergio. A la Moderna entré con 19 años, estando con Felipe en Varadero, fueron allá (Manuel) Duchesne - a verlo a él, no a mí- y Armando Romeu, fallecidos los dos, dos grandes maestros y entonces a ellos les gustó como yo tocaba y necesitaban un guitarrista en la orquesta. Ya estaba el gran guitarrista extraordinario, al cual todos le debemos tanto, Carlos Emilio Morales, en la orquesta, que había empezado tres meses antes que yo, pero hacían falta dos guitarristas y entonces me buscaron a mí y aparte, la Orquesta de Música Moderna en aquel momento era un paradigma, era una de las mejores jazz band del mundo sencillamente. El pianista era Chucho Valdés, estaba Arturo Sandoval de cuarto trompeta, no de primero, estaba…

Amaury. Estaba Varona y estaba Plá…

Sergio. No, y primero estuvo Luis Escalante, bueno, en fin, estaba (Leonardo) Timor, tremendo, que después quedó elite, uno de los mejores elite que ha habido en Cuba -estuvo en la Isla hace poco. Estuve trabajando con la Orquesta y de ahí, siguiendo a la Orquesta, en el 67 me vinculé con ustedes, con la Canción Protesta, en la Casa de las Américas. Pablo estaba viviendo en la que era mi casa en aquella época. Estuvo ahí un tiempo largo con “Yolanda”, esa canción la hizo ahí en esa Casa y así. No quiero hacer la saga de mi vida muy larga.

En el 68 me gradué de guitarra y di el primer concierto de graduación en al Ateneo y después en la Casa de las Américas di unos conciertos de guitarra solo, di varios. Estuve varios años dando conciertos solo. Entre el Grupo Sonoro (Experimentación Sonora del ICAIC), que fue ya en el 69.

Amaury. Pero por eso, ¿cómo es que se formó el grupo? ¿Tú estuviste allí en la fundación?

Sergio. Sí, sí, desde el principio.

Amaury. ¿Cuando estaba Leonardo Acosta, por ejemplo?

Sergio. Mira, el Grupo nace oficialmente, quiero decir en plantilla, por papeles, en noviembre de 1969. Yo estaba en la Moderna. Leo me llama, busco a Leonardo, hablo con Caturla, el flauta, y hablo con Eduardo Ramos, también.

Después ya entró Pablo Menéndez, que ese fue Leonardo quién lo buscó y Sara, que creo que fue Silvio quien habló para que Sara (González) entrara, con lo que yo no estaba de acuerdo en aquel momento, un error mío. Quiero mucho a Sara como todos y la respeto mucho, pero en aquel momento yo quería buscarme un trompeta. Sí, porque yo estaba pensando en los músicos y no tanto en los cantantes. Yo decía: coño, tenemos tres estrellas ya de la Trova, para qué necesitamos un cuarto. Por allá dieron vueltas mucha gente, excelentes, como Pedro Luis Ferrer, varias gente y después entraste tú, en la cosa esta del sonido y por ahí ya… pero te estoy hablando de la etapa, del embrión, del embrión inicial.

Amaury. ¿Y tú fuiste el primero que te fuiste?

Sergio. No, qué va. No, cuando yo me fui del grupo del ICAIC, ya prácticamente el grupo casi, casi, como esa idea original, no existía. Ni estaba Leo tampoco.

Amaury. No, ya no estaba Leo.

Sergio. Porque el alma del Grupo fue Leo. El magisterio de Leo y, quiero hacer un aparte con eso, aparte de la amistad que nos une de tantos años. Pero, cuando yo hablo de mis maestros, en primer lugar pongo a Leo. Y mira que yo tuve maestros importantes, pero Leo es… Sin haberse dedicado como sistema en su vida a la pedagogía, pero para ser compositor, una persona con inquietudes de componer, es increíble. Increíble la síntesis, la generosidad de Leo, como lo entusiasma a uno con cualquier cosa y los conocimientos profundos, no solamente de la música, sino de las leyes que rigen la vida, que tienen que ver con la música y con todo. Con la música, con la producción, con la política, con la economía, con el arte, con todo lo que existe.

«Con 2 que se quieran» Sergio Vitier (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Sergio Vitier (Parte II)

Amaury. Sí, Leo es un hombre sabio.

Sergio. Leo tiene un sentido cosmogónico de la vida y eso te lo trasmite. Y no solamente un músico, extraordinario como es, el más importante sin dudas de su generación. Aparte de todo lo que sabemos, de la clase de gran intérprete y transformador de la literatura para guitarra en la historia del siglo XX.

Amaury. Y Leo también te introduce en la composición para cine.

Sergio. Claro.

Amaury. Sí, Leo y Smith…

Sergio. Y el trabajo de la orquesta, que yo lo conocía algo, pero, imagínate, la orquesta, que es mi instrumento. Mi instrumento es la orquesta, yo toco la guitarra, pero mi instrumento es la orquesta. Yo pienso en orquesta. Y escribo para orquesta. Muchas obras, las obras más importantes que he hecho en mi vida, no son ni para cine, ni para el teatro, son para orquesta y no tienen ni guitarra, además.

Porque la magia de la orquesta es una cosa que no se aprende, tú tienes que entender la orquesta intuitivamente. Usted no aprende nada que no sepa antes. Y usted aprende cosas que le organizan el conocimiento, pero que usted ya sabía. ¿Tú me entiendes?

Amaury. Sí, o  intento.

Sergio. Hay grandes músicos en la historia de la música, que no la han sabido orquestar. Chopin, por ejemplo. Chopin escribió dos o tres conciertos para orquesta, o dos para piano y orquesta, pero no es lo mejor de Chopin. Lo mejor de Chopin es su obra para piano. Pero bueno, Leo tiene eso y quería un poco rendirle homenaje. Aparte de su encanto personal como ser humano, como persona. Por eso Leo tenía tanta suerte con las mujeres (risas).

Amaury. Toda tu relación con Octavio Cortázar, por ejemplo, en el cine, con Manolito Herrera has trabajado también, con Sara Gómez,  ¿cómo tú..? Bueno, trabajaste en Roble de Olor, creo que fue lo último que hiciste para cine.

Sergio. No, no, he hecho otras cosas después.

Amaury. ¿Otras cosas parecidas?

Sergio. Sí, pero bueno. Mira, Manolito Herrera, yo hice para él el primer largometraje de Girón. Que es importante para mí y por la película en sí, una película importante. Después hicimos Capablanca y qué sé yo. Pero en Girón yo hice un danzón ahí que, por primera vez, dicen, se usó un ritmo de música bailable de salón en una cosa épica. Hoy en día se usa ese tipo de cosa normalmente, pero a principios de los 70 nadie había hecho eso. Que yo sepa.

Con Octavio, persona que era mi amigo, y que desgraciadamente no pude estar, no estaba en Cuba cuando, o estaba enfermo, no me acuerdo, cuando él falleció. Siempre he tenido un lío con eso. Bueno, el caso es que con Octavio hicimos documentales, largometrajes, hicimos varias películas importantes. Hicimos, por supuesto, El Brigadista; también utilizo en este caso la música guajira. Hicimos Guardafronteras, hicimos varias cosas, El derecho de asilo. Trabajé mucho con Santiago Álvarez, que fue muy importante, muy importante, muy importante. Aparte, mi amigo, un recuerdo. Santiago es un cineasta que la gente habla mucho y, hablan bien, pero hay veces que se  olvidan los aportes estéticos que ha hecho Santiago al lenguaje cinematográfico. Posiblemente Santiago, que no se la daba de artista, haya sido el artista que más ha aportado estéticamente en la historia del cine cubano, posiblemente es el de mayor creatividad. Muy importante Santiago.

Y bueno, Sara (Gómez) ¡imagínate!, Sara era una intelectual, una cineasta y una hermana, no una amiga, una gran amiga. Yo siempre estuve muy ligado al movimiento este de los intelectuales negros y todo eso y del mundo de las culturas tradicionales, desde el 68 cuando empecé a trabajar con Rogelio Martínez Furé, con Jesús Pérez, que de eso no se ha hablado.

Amaury. Ya se iba a hablar.

Sergio. Con Sara hicimos De cierta manera, que es la primera vez que se toca en Cuba en cine, el tema del marginalismo. Porque había un concepto triunfalista, de las grandes escuelas de la Revolución, de las grandes cosas que había razón para ponerlo, porque teníamos razón para estar orgullosos de eso, pero se ignoraba esa parte tan importante de nuestra sociedad. Y la primera persona que tocó ese tema contra viento y marea en aquel momento, y que por supuesto, Alfredo (Guevara) la apoyó contra todo el mundo, contra mucha gente, no contra todo el mundo, fue Sara.

Amaury. ¿Fue la película De cierta manera?

Sergio. De cierta manera. Que estaban Mario Balmaseda, Yolanda Cuéllar, Mario Limonta, en fin, había un nivel actoral muy grande, una película muy importante y muy bien hecha.

Amaury. Y hay una relación, porque ahí venía, primero, por supuesto, hablar de tu relación con Jesús. Jesús Pérez, maestro. Pero lígame eso -tú eres muy hábil para hacerlo- con esa relación tan intensa que tú tienes, porque tú te puedes mover perfectamente en el mundo más intelectual, más académico, y en el mundo marginal, y cuando hablo de marginal, no estoy utilizando un término peyorativo… o sea, estoy hablando, incluso, tú también, la idea es ¿cómo tú te relacionas?

Sergio. Pero desde muchacho. Mira, a Jesús me lo presentó el gran escritor y folklorista y poeta y de todo, Rogelio Martínez Furé, y cantante. Tengo un disco con Furé precioso, que hicimos hace poco, ganamos el Premio Cubadisco. No me gusta hablar de premio, pero bueno, es verdad.

Amaury. Sí, sí.

Sergio. Para que sepan, porque la gente conoce a Furé como un escritor, pero no como cantante y es un cantante increíble. Y entonces yo empecé con Rogelio, en el 68, por ahí, o el 67, a hacer alguna actividad en la UNEAC y empezamos con la cosa lucumí o yoruba, como se le dice. Y resulta que ahí conocí a Jesús Pérez, Obba Ilú, que era su nombre de santería, que significa Rey del tambor. Así le dijo a él  en Nigeria el Rey de los religiosos del Yoruba.

Él decía jugando siempre: yo soy el único hijo de Changó legítimo que hay en Cuba, los demás son tarritos (risas), porque era  jaquetón como todos los hijos de Changó, era Abbakuá también, y todo eso. Yo me meto en ese mundo en esa época, sin haber sido religioso nunca, sino sencillamente porque me interesaba mucho y, aparte porque Jesús tocaba tres, tocaba trompeta, armonizaba voces, conocía la Trova antigua, el son, era un músico increíble…

Amaury. Y era una gran persona.

Sergio: Era una persona increíble y yo trabajé con él, viajamos a París, viajamos mucho. Viajamos a varios países  y murió en el 85. Es decir, que yo trabajé con él como alrededor de 20 años. Yo despedí el duelo… pedido por el padrino de Ifá, pedido por el Mokongo del Juego y pedido por la familia. Un hombre con mayúscula y amigo mío.

Amaury. ¿Hay una ética de la amistad?

Sergio. Sí claro, la amistad es lo más grande que hay. La amistad es muy importante, yo creo que es tan importante, por lo menos, como la familia. Y eso que mi familia es siciliana, mi familia es… mi familia no es bobera, pero la amistad es tan importante como la familia.

Amaury. Háblame de estos tres amigos tuyos: Guillermo Díaz, Iván Cañas y Efigenio Ameijeiras.

Sergio. Bueno, Iván es un gran amigo mío y lo quiero enormemente. Somos amigos desde que tenemos 15 años, estudiamos juntos, trabajamos juntos mucho tiempo. Somos como hermanos. Iván es el amigo por excelencia, porque es el socio que tú vas a buscar en un momento de verdad serio.

Efigenio Ameijeiras es uno de los hombres más integrales, más paradigmáticos que yo he conocido y te lo voy a decir muy rápido. Porque es un héroe, es un poeta, e hizo el Hospital más grande de América Latina. Yo tengo el honor de que él  es un gran amigo mío, es uno de mis hermanos, de mis poquísimos hermanos. Me ha acompañado en momentos muy difíciles, incluyendo hospitales y momentos de todo tipo durante muchos años.

A Guillermo Díaz lo conocí a través de Sara. Guillermo era un hombre maravilloso, Efori Gúman, Abbakuá, fue campeón de Cuba de boxeo. Y después estuvo preso porque tuvo una desgracia personal, no estuvo preso por delincuente. Estuvo preso porque tuvo que matar a un hombre, porque lo quería matar a él y por defender a su señora. No estuvo preso porque robó ni nada de eso.

Amaury. Ahí viene la canción aquella de Véndele. Véndele, al segundo que no te da nada (tarareando)

Sergio. Muy buena gente, trovador. Yo le daba clases de guitarra y él me daba clases de boxeo. Yo le daba clases de guitarra contra clases de boxeo. Un día se le fue un derechazo que por poco me mata. Bueno, eso es otra historia (risas) y, eso que yo asimilo.

Murió el pobre Guillermo recientemente, producto de un Parkinson, le pasó como a Mohamed Alí. Y era un gran amigo, un hombre muy… aparte de ser narrador oral tremendo.

Amaury. Una sonrisa tremenda

Sergio. Sí.

Amaury. ¿Antonio Gades?

Sergio. Bueno, Gades, imagínate. Gades. Mira, que yo estaba viendo el otro día, que mi mujer me lo enseñó, digo, yo lo había visto antes, por supuesto, una colección de fotos que yo tengo con Antonio. Hace poco hablé con la viuda, que me llamó a casa, que yo no la conozco, la vi después en el entierro y tuve el honor de, creo que ser, aparte de Frank Fernández que estaba haciendo la música del acto y todo eso, pero creo el único músico que fue, porque yo trabajé con él, tuve ese honor, en el 78, hice el Ballet Ad Libitum con Alicia Alonso y él y coreografía de Alberto Méndez, que también estuvo en el entierro, que era muy amigo de Antonio.

Antonio era un hombre extraordinario, aparte de un artista genial, y tuvimos una amistad esporádica pero muy intensa y nos veíamos y era tremendo. Incluso en el documental que me hizo Lourdes de los Dos Santos, por el 2000, por ahí, aparece Antonio que se me apareció en un ensayo. Cuando yo me mudé a Caimito, un día me llamó por teléfono a la casa. Dice: Es Antonio (con acento español), digo coño, ¿cómo este gallego encontró el teléfono de aquí del campo este donde vivo yo? Era un gran amigo y… aquel ballet fue muy importante, porque aquel ballet rompió un esquema clasista que había del mundo ese del ballet.

Amaury. En el mundo del ballet.

Sergio. Del flamenco no, porque el flamenco siempre ha sido arrabalero, pero del ballet, en este caso, porque, déjame…me embullaste (toma un vaso de agua)…

Amaury. Claro.

Sergio. Y esto no es ron, desgraciadamente, es agua.

Amaury. No, bueno, este es un programa de bajo perfil.

Sergio. Yo casi no tomo, ahora me inyecto (pausa), insulina, soy diabético, no me entiendan mal (risas) ¡Óyeme!, entonces fue muy interesante, porque Antonio bailó con los tambores y Alicia con la guitarra. Fue al revés y yo toqué la guitarra. Y hay un dato muy curioso, que mi hermano José María  me acompañó con la guitarra en algunas cosas ahí, sin ser guitarrista. Él no se dedica a tocar, pero se acompaña muy bien.

Amaury. Se acompaña muy bien.

Sergio. Entonces Jose,  en ese ballet, él tocó la otra guitarra. Es un dato curioso.

Amaury. Y del que no habla José María nunca.

Sergio. No, y fue muy bonito, un éxito extraordinario y después se hizo en Estados Unidos. Fue el regreso de Alicia a los Estados Unidos después de años sin bailar en los Estados Unidos, desde el 58, de veinte años, casi sin bailar en los Estados Unidos. Y la vuelta de Antonio Gades a bailar, que hacía tres años que estaba haciendo trabajos por el Partido Comunista español y no estaba bailando.

Amaury. Sergito, yo sé que tú eres muy, que te conozco mucho, que tú eres muy celoso de tu vida íntima, pero conmigo vas a hacer la excepción de hablarme de tus hijos, de tus tres hijos, y de esa princesa, de ese premio que la vida te regaló, porque la vida ha sido generosa y te puso a Lilian. Yo creo que Lilian es tu amor y es también tu enfermera y es tu confidente y la persona que logra apagar tus humos y levantar tus alegrías. Háblame de ella, y, háblame de tus tres hijos.

Sergio. Bueno, bueno, vamos a empezar por los tres hijos. Yo tengo una hija de una relación breve, relativamente, que la tuve a los 20 años.

Amaury. Laurita.

Sergio. Laura, mi hija, que yo la adoro, que hace muchas cosas, entre ellas cine y está ayudando… escribe también muy bien, Laura, tiene mucho talento. Escribe bien y ella trabaja con el Centro de Estudios Martianos, se ha quedado al frente de todo, la obra de papá y todo eso.

Está Sergio Efigenio, que es mi hijo mayor que tiene veinte y pico de años, que se fue con 19 años a los Estados Unidos y está allá con mi único nieto. Ha venido aquí  con la esposa. Y está el más pequeño, que es con Lilian, que tiene 16 años, que se llama Cristiano.

Amaury. Mi niño querido.

Sergio. Que es mi hijo más pequeño. No el de la vejez, porque yo soy un pepillo todavía.

Amaury. No, pero no es el de la vejez tampoco. No tiene 4 años.

Sergio. Y es ajedrecista, muy bueno. Está en un torneo de ajedrez en este momento. Un muchacho muy inteligente, muy alegre y muy abnegado en su carrera. Y mi mujer, llevo con ella ya 25 años.

Amaury. ¡Qué maravilla!

Sergio. Ha sido mi novia, mi amante y mi esposa. Mi mujer es teatróloga, una excelente teatróloga, con una obra crítica importante. Y en los últimos años ha dejado a un lado parcialmente su carrera para ayudarme a mí a trabajar, en este caso como ayudante mía, y no solamente ayudante, sino asesora, porque ella constantemente me está generando ideas y está incluso ayudándome a desbrozar la confusión mental que me suele acompañar desde que nací.

Es el amor de toda mi vida, no por un problema de tiempo, mantenemos una relación de una gran ilusión diaria. En fin, ella es el baluarte de mi alegría y de mis angustias también, como siempre pasa. Yo creo que mantenemos una frescura como cuando nos conocimos, que ella tenía veinte y pico de años. Aparte de eso, ella es una mujer que a mí siempre me ha gustado mucho y se mantiene muy, muy bien, físicamente.

Amaury. Ella es muy bonita.

Sergio. Eso es importante, muy bonita, porque tampoco vas a andar con un adefesio como para respetar los años, los hijos, ni nada de eso y aquí está mirándome y riéndose. A lo mejor llora un poco.

Amaury. La relación de ustedes es una relación como de dos adolescentes.

Sergio.  Claro, mantenemos eso bastante, en lo que se puede también, porque los años no se pueden obviar, pero hay veces que uno lo obvia, hay veces que uno los obvia.

Amaury. Igual que Silvio, que parafraseando decía: óbviame sin piedad yo te lo pido.

Sergio. Claro que sí.

Amaury. Bueno, yo no tengo tiempo en el programa porque el tiempo se acaba en la televisión, para hablar de tu labor como director de Danza Contemporánea, tu labor como director del Teatro Mella, no hay tiempo para hablar de eso.

Sergio. No.

Amaury. Pero yo quería formularte la última pregunta. Tú te has movido con una gran, natural, naturalmente, te has movido entre la música de vanguardia y la música popular. Pero en cualquiera de esos dos mundos donde tú te has movido y en los circundantes, hay un tema. Siempre la música de Sergio es música cubana. Siempre hay un elemento, que por muy contemporáneo que sea lo que tú  puedas hacer, yo estoy sintiendo a Cuba. Si yo te pidiera  una definición de Cuba vinculada a la música, ¿Cómo tú me la haría?

Sergio. No vinculada a la música solamente, es que Cuba es mi pasión, no puedo decirte más nada. Mi pasión es Cuba; mi gran pasión. Tengo otras, pero mi gran pasión es Cuba. La patria, como decía mi padre, es un misterio. No se puede definir la patria como decir, es tal cosa, es tal otra como tú defines una ecuación matemática. Pero ese misterio me ha invadido, ha inundado toda mi vida.

Amaury. Bueno, Sergito, muchas gracias, muchas gracias. Yo te…tú sabes, tenemos una amistad de muchos años, tú sabes que yo…primero me divierto contigo, me río contigo como con nadie. Aprendo contigo cada día también con nadie y tenemos que darle gracias públicamente a Dios porque hayamos podido llegar hasta aquí siendo amigos, siendo hermanos.

Sergio. No, un hermano.

Amaury. Un hermano, te quiero mucho, Sergio, mi hermano.

Sergio. Cuídate.

«Con 2 que se quieran» María Dolores Ortiz (Parte I)

«Con 2 que se quieran» María Dolores Ortiz (Parte I)

“Sueño dormida y sigo soñando despierta”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí en 5ta. Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala. Hoy nos acompaña y es otro de esos privilegios que trae este programa. Me acompaña, y nuevamente -porque ya estuvimos juntos hace unos años en una entrevista- una gran mujer, una gran comunicóloga, como se llama ahora también. Una gran comunicadora, una gran profesora, una licenciada, una doctora. Una de las mujeres más dulces que ha salido jamás en la televisión cubana. Mi admirada y muy querida, la doctora María Dolores Ortiz.

María Dolores. Muchas gracias, Amaury, estoy muy contenta de estar aquí contigo.

Amaury. Es un gusto que haya aceptado -porque la doctora me ha dicho -usted me dirá por qué- que es tímida para la televisión.

María Dolores. Sí, sobre todo para determinados tipos de preguntas.

Amaury. Intentaremos no tocar esas preguntas que la conviertan en una persona tímida. En estos días, que la he estado estudiando y la he estado investigando, encontré una entrevista que alguien le hizo en algún momento, donde usted decía que cuando niña le gustaba encaramarse en los techos, en los tejados de su casa, y claro, eso me llamó la atención y la pregunta entonces sería: ¿Para estar cerca de las estrellas, para estar cerca de las nubes o para estar cerca del sol?

María Dolores. No sabría decirlo, Amaury. Mira, la primera vez que hice una travesura de ese tipo yo tenía escasamente dos años, según cuentan, brinqué una baranda y andaba caminando por un techo inclinado, de tejas, además, así que te puedes imaginar el corre, corre que se formó de amigos, vecinos, familia y todo eso. Yo no sabría decirte por qué hice eso.

Amaury. ¿Por qué subía?

María Dolores. ¿Por qué subía? Tal vez es un instinto que yo creo que además no es mío solamente, yo creo que es de cualquier persona, de cualquier ser humano porque creo que ninguna persona debe conformarse con estar donde está, sino que tiene que superarse, estudiar y tratar de escalar un peldaño más alto en la escala social, yo creo que eso es muy importante. Pero según contaba mi mamá, todas esas travesuras -después eran de otro tipo, las travesuras, por supuesto- pero esa travesura de tipo de trepar lugares y eso, se me quitó, sencillamente, cuando aprendí a leer, cuando yo descubrí lo que era un libro.

Amaury. Que también es una forma de ascender.

María Dolores. Indudablemente.

Amaury. Claro. ¿Y usted?, ya sabemos que nació en Holguín y, además, yo sé que usted es una holguinera que anda pregonándolo, o sea, usted se siente muy orgullosa.

María Dolores. Exactamente.

Amaury. ¿En qué parte de Holguín usted nació?

María Dolores. En el mismo centro de Holguín. Más o menos en el barrio del parque San José o Parque Céspedes.

Amaury. Ah, bueno.

María Dolores. No sé si tú…

Amaury. Sí, cómo no, yo conozco.

María Dolores. En el parque que tiene una iglesia dentro del parque.

Amaury. Sí, sí, sí.

María Dolores. Ese es mi barrio de mi infancia y de mi primera juventud.

Amaury. ¿Y la casa cómo era? Descríbame la casa.

María Colores. Era una casa, déjame decirte, que cada vez que voy a Holguín, voy hasta la esquina de mi casa. Yo le sigo diciendo mi casa.

Amaury. Claro, siempre es su casa, siempre será.

María Dolores. Me paro allí en la esquina, miro para todas partes, pero nunca he vuelto a entrar a la casa. Después que mis padres vinieron para La Habana, en los años sesenta y pico, nunca más he vuelto a entrar a la casa. Porque prefiero recordarla como era entonces.

Amaury. ¿Cuántas personas vivían en su casa, con usted, doctora?

María Dolores. Éramos mi mamá, mi papá, mi hermana y yo.

Amaury. Ya, ¿Y los abuelos?

María Dolores. Vivían aparte.

Amaury. ¿En el mismo Holguín?

María Dolores. Bueno, mis abuelos paternos habían fallecido ya cuando yo era niña, o sea, cuando mis padres se casaron incluso. Mi familia por parte de padre, Amaury, es puertorriqueña, o sea, mi abuelo vino para Cuba cuando enviudó de mi abuela, que murió de parto. Y vino, -según la leyenda familiar- él había estado preso en dos ocasiones porque había escrito artículos en la prensa puertorriqueña, criticando la administración colonial de Puerto Rico.

Mi familia materna, yo sí tuve la suerte de conocer a mis abuelos. Mi abuelo murió cuando ya yo era estudiante universitaria y mi abuela murió ya en los años 70, con mis hijas ya grandes que la recuerdan perfectamente.

Amaury. Ah, bueno, entonces llegó a ser bisabuela.

María Dolores. ¿Mi abuela?, sí, cómo no, bisabuela. Mi mamá también fue bisabuela.

Amaury. ¿Cuánto puede importar, doctora…? Usted hablaba de que empezó a leer, de que cuando empezó a leer empezó a ascender en otro sentido, pero el hábito de la lectura es un hábito que se tiene que crear desde niño. ¿Quién impulsó ese hábito de lectura?

María Dolores. Bueno, yo diría que la familia completa. No solamente mis padres, que eran unos grandes lectores, sino en general la familia. Incluso yo conservo un libro, una novela de esas góticas, que era de mi abuela y lo conservo con un cariño tremendo, porque ella siempre estaba leyendo.

Mira, te voy a contar una cosa: Cuando yo aprendí a leer, ya yo tendría 7 u 8 años, más o menos, estaría en tercero o cuarto grado, ya era una niña que sabía leer bien, porque no es lo mismo un niño de primer grado, que un niño ya de cuarto grado.

Amaury. Tercero o cuarto.

María Dolores. En la esquina de la casa de nosotros, vivía una familia: era la familia Elósegui de Holguín y el padre de los Elósegui, o sea, el tronco familiar, era un inspector escolar y una persona muy simpática, y él se encariñó mucho conmigo. Vivíamos prácticamente al lado, solamente con una casa por el medio. Yo me pasaba la vida dando viajes de mi casa para la casa de él, porque yo era la niña linda, malcriada de esa casa. Malcriada hasta tal punto de que ese maestro, Elósegui, que tenía la colección completa del Tesoro de la Juventud, que fue una colección importantísima en la formación de generaciones…

Amaury. Y de la mía también.

María Dolores. Me dejaba hacer con esa colección lo que yo quisiera. Como los libros pesaban mucho, yo era chiquita y los tiraba en el suelo y yo me tiraba boca abajo en el suelo, horas enteras a leer esos libros, porque la colección es grande. Por eso yo te decía, al principio de esta conversación, que yo hice muchas travesuras de ese tipo de trepar cosas y eso, hasta que aprendí a leer, porque cuando aprendí a leer, ya yo trataba de aprovechar todos los momentos libres que tuviera para leer.

Amaury. Y tenía, porque ocurre, por lo menos, a mí me ocurría, me imagino que a usted también, empezó a vivir vidas paralelas, la vida de los libros y la vida real.

María Dolores. ¡Sí, sí, cómo no!

Amaury. Porque esa es la parte hermosísima de leer.

María Dolores. ¡Cómo no, sí!

Amaury. Uno empieza a tener otras vidas.

María Dolores. Yo recuerdo que lo leí una vez, no sé si fue algo de…, referido a Julio Verne, o algo que dijo Julio Verne, no estoy segura ahora. Tú sabes que él fue, este escritor, Julio Verne, todo el mundo lo conoce, fue una persona que prácticamente no viajó. Él vivía en un pueblo de Francia y no fue a ninguna parte. Entonces tú dices: bueno, ¿cómo escribió tanta cosa? ¿Qué información tenía?

Amaury. Ah, claro.

María Dolores. Lo mismo hablaba de los mares, que de las selvas tropicales.

Amaury. Que del centro de la tierra.

María Dolores. Que el centro de la tierra, exactamente, y no cosas descabelladas, sino cosas que de acuerdo con el desarrollo científico.

Amaury. De la luna.

María Dolores. Que de acuerdo con el desarrollo científico de la época eran correctas ¿no?

Amaury. Sí, sí.

María Dolores. Y él decía que todo eso lo había hecho con la imaginación. A mí eso me pareció de una importancia tremenda. Porque muchas veces uno no puede viajar, pero uno con la imaginación puede saber todo lo que uno quiera saber. Y no solamente con la imaginación, sino con la lectura, que lo puede llevar a uno lo mismo al País de las Sombras Largas, o ver el Támesis, por ejemplo, o la Acrópolis de Atenas y hablo de lugares, la mayoría de los cuales yo no he visto. Se me han quedado por ver y ya…

Amaury. Sí, pero hay muchos de esos lugares, por ejemplo, que yo te tenido la oportunidad, no voy a decir que no la he tenido. He tenido la oportunidad de ir alguna vez en la vida, por mi trabajo, porque ya sabemos cómo viaja uno y he llegado a algunos lugares y de tanto leerlos, cuando llego es como si hubiera estado.

María Dolores. Ah, sí, mira, a mí me pasó cuando estuve en París. Me acordaba mucho de mi profesora de Historia del Arte, esa inolvidable maestra que fue Rosario Novoa.

Amaury. La gran maestra.

María Dolores. Que cuando me dio clases a mí en los años 50, ella siempre nos decía: Cuando ustedes vayan al Louvre y empiecen a subir la escalinata, lo primero que se van a encontrar es la Victoria de Samotracia.

Amaury. Sí, la Victoria de Samotracia.

María Dolores. Yo sabía que me la iba a encontrar ahí, por supuesto, pero cuando la encontré… Mira, Amaury, yo me tuve que sentar en uno de los escalones de ahí, del Louvre, porque la emoción fue tan grande que me temblaron las piernas. Me puse a llorar, en plena escalera del Louvre.

Amaury. Lo puedo comprender.

María Dolores. Y por supuesto, el primer pensamiento fue para la Dra. Novoa. Me parecía estar viéndola en la clase y eso te da una idea también y lo voy a decir incidentalmente, de la importancia de un maestro y de una buena clase, que siembra cosas que nunca se olvidan.

Amaury. Yo también tuve buenos maestros, pero el tema de los maestros, lo vamos a tocar. Vamos a seguir con los libros que me parece muy interesante el tema. Tengo un amigo que lee mucho, es un gran lector, pero él me dijo un día: me voy a leer todos los libros que me alcance la vida, pero hay libros que no me voy a leer nunca, porque son lecturas obligatorias y no me da la gana de leerlos. Y ahí mismo arrancó y dijo: La Biblia, no me la voy a leer, no me voy a leer el Quijote y por ahí arrancó con una cantidad tremenda de libros. ¿Usted cree que hay libros que son fundamentales que las personas debieran leerlos de todas maneras?

María Dolores. Sí creo que sí, creo que hay que leérselos. Por ejemplo, uno de los que tú mencionaste, la Biblia. La Biblia hay que leérsela, independientemente de la creencia religiosa o no que pueda tener una persona. Por un problema cultural hay que leerse la Biblia.

Amaury. Además que es entretenida, porque dicen…

María Dolores. Porque mira, yo te voy a poner nada más un ejemplo. Si cualquier persona de una cultura mediana, por supuesto, le interesa el arte, y cuando ve, por ejemplo, los grandes cuadros de los grandes maestros del Renacimiento, ¿cómo entiende el descendimiento de la cruz, el juicio final que está en La Capilla Sixtina?

Amaury. Claro.

María Dolores. ¿Cómo tú entiendes eso si tú no tienes el conocimiento previo porque te lo has leído en la Biblia? Yo creo que para poder tener una interpretación adecuada, incluso del arte, y de muchas cosas de la literatura, hay que haberse leído la Biblia, con determinado detenimiento incluso.

Amaury. Sí, eso no se puede leer de pasada, no se puede leer de corrido.

María Dolores. No, no, tal vez hay libros que son un poco más… Vamos a decir, novelescos, ¿no? Lo digo con el mayor respeto y con el mayor cariño, pero hay otros que requieren una lectura más cuidadosa.

Amaury. Doctora, ¿A qué usted le atribuye -estoy empezando con las preguntas más complejas, primero, y después nos vamos a soñar- la pobreza de lenguaje que tiene el cubano, hoy?

María Dolores. Es una cuestión complicada. Yo creo que tal vez hace falta leer más. Tal vez haría falta que muchos de los libros que leen nuestros jóvenes, no traten de reproducir tanto el lenguaje cotidiano, sino que eleven un poco el nivel en que se comunican los personajes. Tal vez la propia escuela y las propias universidades, no estamos propiciando un mayor desarrollo en este sentido. Yo creo que hay que dedicarle, sobre todo en las edades tempranas, quiero decir, primaria, secundaria básica, incluyendo el Pre universitario, que son etapas formadoras, esencialmente del ser humano, de la personalidad y de todo eso, habría que darle más énfasis a la asignatura Español en estos niveles.

Yo recuerdo cuando yo era niña, y estoy ahora como los viejos que dicen: En mis tiempos no era igual.

Amaury. (risas) No, no.

María Dolores. No, esa no es mi intención, es poner un ejemplo.

Amaury. Claro.

María Dolores. Lo que era la clase de Lenguaje, era diaria. La caligrafía se daba aparte. La ortografía se daba sola. Entonces, naturalmente, cuando tú venías a ver, del horario o del plan del currículum de la primaria, había un montón de asignaturas relacionadas con el lenguaje. No quiero decir que se tenga que hacer igual ahora porque los tiempos cambian, las técnicas cambian, todo cambia, ¿no?

Amaury. Sí, pero hay cosas de antes que siguen siendo buenas todavía.

María Dolores. Lo que yo quiero decir es que en esos niveles, precedentes a la universidad o a los niveles superiores de estudio, hay que dedicarle más tiempo a esas asignaturas que tienen que ver con la lengua materna del muchacho.

Amaury. Pero, hay una cosa que a mí me llama la atención y eso quizás me toca muy de cerca. En algunas especialidades vinculadas con el arte, y por eso es la pregunta -puede ser el caso del ballet, puede ser el caso de la música- los muchachos empiezan desde muy temprano en las escuelas y terminan su instrumento, en el caso de los violinistas, los pianistas, los bailarines igual, terminan su carrera, se gradúan, pero su escolaridad no va al paso de la carrera, porque te encuentras las lagunas culturales, la pobreza del lenguaje, que no pueden sacar una cuenta. ¿Qué usted piensa de eso, en el caso de las artes, de las Escuelas de Arte?

María Dolores. Amaury, yo tengo poca vivencia real de las Escuelas de Arte porque nunca he tenido que trabajar con ellas, pero no tengo esa impresión tan absoluta que tú tienes con relación a los bailarines, los músicos.

Amaury. Bueno, me detuve en eso un minuto, porque a mí me preocupa y me imagino que…

María Dolores. …Claro, yo creo que en general nos tiene que preocupar a todos el problema de esa pobreza de vocabulario a la que tú te referías.

Amaury. Total.

María Dolores. A veces me pongo a mirar la televisión, todas esas entrevistas que se les hacen a personas que están recibiendo los beneficios de las distintas misiones de la salud, culturales, deportivas, etc., que Cuba está enviando a otros países latinoamericanos como pueden ser Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia y cuando entrevistas a esas personas, tú ves que hablan con mucha mayor fluidez, que con la que hablan nuestros estudiantes. A todo eso, en este momento, se le está dando una importancia muy grande, la que realmente tiene y entonces es de esperar que en los próximos años pues haya un cambio en esta cuestión.

Amaury. Ahora, usted me dijo, en la otra entrevista, hace muchos años, hace 14, y fue una acción valiente de su parte, que este era un pueblo instruido, pero no culto. ¿Mantiene esa afirmación todavía?

María Dolores. Bueno, yo creo que en cierto modo todavía lo seguimos siendo. Pero, yo creo que en lo que nos falta mucho, Amaury, yo diría que es en la cultura del comportamiento y cuando digo esto, lo digo en el sentido del saludo, de dar las gracias, de pedir las cosas por favor. Observo, por ejemplo, yo a veces voy caminando por una calle, hay un grupo de personas hablando en la acera, y yo tengo que atravesar por el medio de ese grupo y digo: con permiso. Nadie contesta, es como si tú no dijeras nada, como si fuera un soplo de aire que pasara por el medio de las personas. O sea, son cuestiones elementales de la educación, del comportamiento, de la urbanidad (risas), como diría aquel famoso Manual de urbanidades, de Carreño, famosísimo a finales del XIX principios del XX, que no estaría de más que muchas personas lo leyeran. Porque yo creo que la cuestión de la comunicación, yo creo que eso tiene mucho que ver con esto que estamos hablando.

Amaury. Claro.

María Dolores. Esas cosas que nos faltan, Amaury, hablar bajito, cuidar nuestro vocabulario porque el problema no es solamente la pobreza de vocabulario. A mí me duele mucho ver, a veces, a las jovencitas, muchas veces vestidas con uniforme de secundaria, de preuniversitario, caminando por la calle, hablando a grito pelado, utilizando palabras que no hay por qué utilizar, de esas llamadas malas palabras. Que no son palabras vacías de significación.

Amaury. No, tienen tremenda significación.

María Dolores. Todas tienen tremenda significación y yo me imagino que el que la usa sabe lo que quiere decir, el que usa esa palabra sabe lo que quiere decir.

Amaury. A veces no, a veces no. Ahora, vamos otra vez para su infancia. Hay una cosa preciosa que es una costumbre, que estamos perdiendo también apresuradamente. Su abuela usaba aquella tradición mambisa de poner en la ventana una bandera cubana.

María Dolores. Ah, no, esa era mi tatarabuela.

Amaury. ¡La tatarabuela era!

María Dolores. Mi tatarabuela.

Amaury. De poner una bandera cubana.

María Dolores. A ver, ¿era mi tatarabuela? Era mi bisabuela.

Mi bisabuela. Una de mis bisabuelas maternas. Esa bisabuela fue un caso, es un caso muy novelesco. Ella fue una mujer, yo diría de las relativamente pocas mujeres letradas, o sea, mujeres que sabían leer y escribir en la época de preparación de la Guerra de Independencia. Y ella, según contaba mi mamá, tenía la costumbre de poner una bandera grandísima, que la había hecho ella con sus propias manos, como era, como la hacían las mambisas para la guerra. La ponía en una reja de esas grandísimas, que había en casa de mi abuela en Holguín y formaba a todos los nietos, que eran ya como 13 ó 12 en aquella época, después hubo más, y los hacía cantar el Himno Nacional, los días de las grandes fechas patrióticas: 10 de Octubre, 20 de Mayo, 24 de Febrero.

«Con 2 que se quieran» María Dolores Ortiz (Parte II)

«Con 2 que se quieran» María Dolores Ortiz (Parte II)

Amaury.  Es que esa fue una costumbre. Yo recuerdo que en los primeros años de la Revolución, en que cada fecha patriótica la gente sacaba su bandera cubana y la  ponía.

María Dolores. Cómo no, cómo no.

Amaury. Pero ahora es imposible conseguir la bandera.

María Dolores. No, el problema es que ahora no hay banderas, yo no sé por qué. Porque yo recuerdo que en aquellos años se compraba tranquilamente en las tiendas en la moneda normal.

Amaury. En la moneda normal, no, ahora no, es complicado eso. Pero usted era deportista, doctora. Yo me quedé frío con eso. ¿Cuénteme, qué deporte  practicaba?

María Dolores. Mira, en general en esa época en Holguín, te hablo de finales de los años cuarenta, los principios de los cincuenta, se practicaba bastante deporte. No solamente en mi colegio, sino en los colegios de Holguín y en el Instituto de Segunda Enseñanza, y generalmente, lo que más se jugaba, ya en mi época de Bachillerato, era básquet, o sea, baloncesto, como se dice ahora, y voleibol. Yo lo que jugaba era voleibol.

Amaury. ¿Y le sigue gustando, doctora, el voleibol? Es que ese es el deporte mío.

María Dolores. Me gusta. En general a mí me gustan todos los deportes.

Amaury. ¿Verdad?

María Dolores. Pero indudablemente el voleibol es un deporte al que yo sigo particularmente. Me pongo brava cuando juegan mal y se desconcentran y todas esas cosas.

Amaury. ¿Cuándo se funda Escriba y Lea? ¿Y por qué se funda Escriba y Lea?

María Dolores. Bueno, Escriba y Lea se funda, o sea, sale al aire, por primera vez, en los primeros días de diciembre del 69, o sea, que ya cumplimos 40 años en diciembre del año antes pasado.

Amaury. ¡Cuarenta!

María Dolores.. Ahora, ¿por qué?, eso sí que yo no lo sé. Recuerdo que uno de los principales impulsores de Escriba y Lea, fue el doctor Humberto Galis Menéndez. Que tal vez tú lo recuerdes.

Amaury.  Yo lo recuerdo bien.

María Dolores. Que fue uno de los primeros panelistas.

Amaury. De los primeros.

María Dolores. Du Bouchet.

Amaury. Du Bouchet, usted y Galis Menéndez.

María Dolores. Sí, sí, además era una persona increíble. Yo siempre lo pongo como un ejemplo de persona de que no hay que ser un humanista, quiero decir, universitario, para que le guste a una persona y se cultive también en el campo de las humanidades. Galis Menéndez era veterinario, pero le gustaban las letras, le gustaba la historia, le gustaba el arte. Y mira, después, durante muchísimos años, cuando no se contestaba una pregunta en Escriba y Lea; Sosa, generalmente era el que decía: Si Galis Menéndez hubiera estado aquí, esa pregunta se hubiera contestado, porque era una persona que sabía las cosas más increíbles del mundo, las podía saber Galis Menéndez. Realmente su ausencia se sintió en el programa. Pero a lo que íbamos. Yo tengo entendido que él había trabajado, en aquel programa de la radio que se llamó La bolsa del saber y él habló con personas que conocía en la televisión con la idea de hacer este programa nuestro, ¿no? y ahí fue cuando me llamaron a mí para que lo hiciera, y yo, por poco me caigo muerta, de cómo yo iba a salir en la televisión, por nada del mundo. Yo dije que no, dije que no.(risas)

Porque yo jamás en mi vida pensé que iba a estar frente a una cámara de televisión.

Amaury. No estaba en su proyecto de vida tampoco.

María Dolores. No, no, en absoluto. Pero bueno, tanto insistieron que me convencieron y decidí ir a probar. Yo dije, bueno, si me sale bien, sigo, porque, óyeme, es muy difícil estar en las cámaras delante de todo el mundo.

Amaury. Es muy difícil.

María Dolores. A que te pregunten cosas, que tú no sabes lo que te van a preguntar.

Amaury. Claro, yo lo sé.

María Dolores. Y a lo mejor tú las contestas y a lo mejor no las contestas.

Amaury. Bueno, esto es como un Escriba y Lea, porque yo no me puse de acuerdo con usted para las preguntas.

María Dolores. Esto es peor que Escriba y Lea. (risas)

Amaury. (risas) No, no, no me diga eso.

María Dolores. Entonces en el programa, cuando uno no contestaba una pregunta era una cosa muy desagradable, bueno, lo sigue siendo porque uno siempre quiere contestar, ¿no?, incluso, a veces, yo llegaba a la Universidad al otro día, y si no había contestado ninguna, los mismos alumnos me decían: profesora, ayer no puso una. Entonces tú sabes que el alumno es…

Amaury. Y además, era en vivo antes, ahora lo graban, ¿no?

María Dolores. Sí, ahora lo grabamos. Los primeros años fue en vivo.

Amaury. En vivo, claro. Ahora, siempre tuvo esa posición, usted en el centro, -yo de cara al televisor- Galis Menéndez estaba a la izquierda y Du Bouchet a la derecha y estaba Cepero Brito.

María Dolores. Anjá.

Amaury. Pero ¿Cómo termina Cepero ahí?

María Dolores. No, cómo empieza.

Amaury. ¿O como empieza?, ¿porque él estaba primero que ustedes? Ah, ya.

María Dolores. Sí, cómo no. La Universidad organizó una serie de cursos para locutores de radio y televisión, que eran personas de determinado nivel cultural y profesional que no tenían tiempo ni posibilidades de cursar una carrera universitaria, pero que sí podían tomar cursos en la universidad. Y muchos locutores, muy conocidos incluso, en aquellos tiempos, y siempre recordados como Cepero Brito, como Enrique Goizueta, Franco Carbón y como esos otros muchos. No quiero decir muchos nombres para que no se me vayan a olvidar. Algunos han fallecido ya, otros están todavía entre nosotros, afortunadamente. Y Cepero, que siempre me había bromas en el aula, diciéndome que yo debía trabajar en la televisión, fue el que habló para que me llamaran y cuando me llamaron, fue cuando dije redondamente que no. Y después yo hacía bromas con él, y le decía: Cepero, usted es mi descubridor, como se dice de las estrellas de Hollywood, ¿no?. (risas)

Amaury. ¡Su descubridor!. (risas)

María Dolores. Yo le decía: usted es mi descubridor.

Amaury. ¿Y cuán duro ha sido para usted, durante todos estos años, ver que cambió el moderador y que cambia cada uno de los compañeros y vuelven a cambiar y vuelven a cambiar?

María Dolores. Yo, a veces, me llamo a mí misma la sobreviviente. Creo que he tenido la suerte de estar todos estos años en Escriba y Lea, no sé hasta cuando.

Amaury. Usted es joven, le queda tiempo, mientras no pierda el bolígrafo.

María Dolores. Esto no es un problema de juventud física.

Amaury. Claro, claro.

María Dolores. Es un problema también de juventud espiritual.

Amaury.  Espiritual y mental.

María Dolores. Mental, indudablemente.

Amaury. Ahora, ¿cómo se ejercita la memoria?

María Dolores. Esa es una pregunta complicada porque a mí me la han hecho muchas veces. No creo que haya una receta para cada persona. Para todo el mundo. Yo creo que en mi caso particular, tal vez haya una cuestión genética también, no sé, no quiero meterme en ese campo del que yo no sé absolutamente nada.

Amaury. ¡Y se podrá imaginar que yo menos!.

María Dolores. Pero en mi familia todo el mundo ha sido de muy buena memoria.

Amaury. ¿Cuándo dejó de ser maestra en un aula?

María Dolores. Bueno, hace algunos años tuve un problema de un nódulo en las cuerdas vocales, me tuvieron que operar y el médico me recomendó… cuando me preguntó cuántos años yo llevaba en la docencia y se lo dije, me dijo: ¡Ya está bueno! ¡Ya está bueno! Usted, deje de dar clases porque ya tiene la garganta resentida. Esto un problema de la profesión y muchísimos maestros tienen que dejar, incluso, la profesión, el aula, por ronquera, por esos trastornos.

Amaury. Y también está la tiza, el borrador.

María Dolores. Claro, el polvo, todo eso. Entonces me recomendó el médico que dejara de dar clases y lo he hecho. Lo que no quiere decir que yo me haya desvinculado de la docencia, porque uno siempre tiene tareas que cumplir en la Universidad o en el propio Ministerio de Educación Superior. Como tú sabes.

Amaury. Claro. Pero usted, además, fumaba, yo recuerdo que fumaba.

María Dolores. Sí, yo fumaba. Fue una de las razones por la que tuve ese problema en la garganta, o sea, que dejé el cigarro, por supuesto, nunca más lo he…

Amaury. ¿Hace cuántos años ya?

María Dolores. Van a ser cinco años ya.

Amaury. En eso estamos luchando. Yo ya estoy metido a budista a ver si baja Buda y me quita el tabaco (risas).

María Dolores. No, yo creo que eso es, Amaury, proponérselo. Mira, cuando yo tuve que dejar de fumar, yo, tranquilamente apagué el cigarro y dije: este es el último. Nunca más en la vida he vuelto a tomar un cigarro en mis manos. Además, no me dieron ni nerviosismo, ni…

Amaury. ¿Ni hambre, ni nada?.

María Dolores. Ni ataques, ni nada de eso. Sencillamente es como esas cosas que uno tiene que hacer obligatoriamente y no queda más remedio.

Amaury. A ver, doctora, usted lo dijo al principio de la entrevista y yo por supuesto que la voy a respetar y cómo no hacerlo. Usted me dijo que en cosas personales usted quería ser discreta, pero usted tiene una linda familia con la cual se pasa, mientras puede, todos los fines de semana.

María Dolores. Anja.

Amaury. Entonces, hasta dónde usted quiera, hábleme de sus hijas amantísimas.

María Dolores. No, yo decía eso, Amaury, porque yo creo que uno tiene que ser muy celoso su privacidad. Que no quiere decir que uno no hable de la familia o de determinadas cuestiones. Sobre todo cuestiones de las que uno se siente satisfecho y orgulloso. Yo creo que, efectivamente, tengo una linda familia. Lamentablemente en este momento no totalmente unida, porque tengo la mitad de la familia fuera de Cuba, pero con los que estamos aquí, nos seguimos reuniendo los domingos. Ese es un día prácticamente…

Amaury. …¡Sagrado!.

María Dolores. …Sacrosanto para todo el mundo, incluso, hasta, ahora, los jóvenes de la familia se han mantenido en el núcleo familiar en este sentido. Que muchas veces los jóvenes, pues bueno, tienen otros intereses. Cosa que es muy natural, además.

Amaury. Lógico, legítimo, además.

María dolores. Y se desligan un poco. También la familia, cuando crece, muchas veces tiende a disgregarse. Y yo creo que hay que mantener ese sentido tan familiar, ese sentido de unidad de la familia, a mí me parece que eso es muy importante.

Amaury. Y además, usted lo señalaba también, cuando uno tiene una parte de la familia fuera de Cuba por distintos motivos, también hay que buscar la forma de no perder ese vínculo en Cuba.

María Dolores. No, por supuesto que no, por supuesto que no.

Amaury. Ahora, usted me decía en aquella entrevista, y después me lo decía mi mamá, que mi mamá…

María Dolores. Yo quise mucho a tu mamá, tú lo sabes.

Amaury. Yo lo sé. Ella a usted y a su marido también. Sí, mi mamá la quería mucho y mi mamá cuando la doctora se estaba maquillando, hablábamos de esto. Pero yo recuerdo que en el otro programa, usted me dejó una imagen que a mí no se me ha olvidado: Que es: usted con su esposo tomándose un traguito y la tarde cayendo, el crepúsculo, así, el sol posándose sobre el horizonte. ¿Lo sigue haciendo?

María Dolores. Bueno, en este momento no podemos mirar el mar, porque donde vivimos últimamente, no se ve el mar.

Amaury. Hace unos años lo hacían.

María Dolores. Pero el traguito de la tardecita sí se mantiene.

Amaury. ¡Qué maravilla, doctora!

María Dolores. Yo creo que ese es un momento de relajamiento de las tensiones del día. Ya eso lo prepara a uno, para no sé…, comer, ya es como el cierre de la jornada laboral o de las obligaciones que uno pueda tener.

Amaury. Pero es precioso.

María Dolores. Yo creo que ese es un momento que vale la pena mantener, y que yo recomiendo, además, que se mantenga.

Amaury. Sí, lo que pasa que hay gente…

María Dolores. …No siempre hay ron o bebida, porque la bebida está cara y no siempre hay posibilidad de comprarla, o no hay limones para echarle al ron, pero un cafecito, un tecito, siempre viene bien algo que sirva de pretexto para estar juntos.

Amaury. ¿Ustedes viven solos?

María Dolores. Solos, sí.

Amaury. ¡Qué bueno, qué maravilla! Dios bendiga esa casa pasa siempre. Ahora, yo quiero terminar la entrevista con dos preguntas. La primera es: ¿Cómo debe ser el maestro en el aula, hoy?

María Dolores. Mira. Yo creo que el maestro está formado de dos etapas, de dos partes, vamos a decirlo, que no quiere decir que están separadas, sino dos facetas, vamos a decir:

Una es su imagen, su imagen física, la imagen con la que él se presenta en el aula. Y otra es la imagen de lo que él tiene que transmitir para enseñar. Yo creo que las dos cosas tienen que ir muy unidas. Yo creo que el maestro tiene que cultivar su personalidad de tal manera que él llegue a tener esa autoridad que no está dada por el cargo, sino está dada porque él ha sido capaz de ganársela frente  a sus alumnos. Yo creo que el maestro tiene que ser una persona de determinada educación formal. Que sea capaz, en primer lugar, de vestirse correctamente, porque no se puede olvidar que con la juventud de nuestros maestros, el alumno es prácticamente de la misma edad del maestro. Y si se establecen entre ellos relaciones que no son las de maestro-alumno, eso crea un ruido en el sistema -como se dice vulgarmente-. Yo empecé a trabajar muy joven también, yo tenía 19 ó 20 años cuando empecé a trabajar. Pero el maestro tiene que ser capaz de llegar al aula, pararse en la puerta, y solamente con su presencia, controlar el aula. Cuando el maestro logra eso, que eso, por el reloj, no demora ni dos minutos. Es como si fuera, como un aguacero cuando va disminuyendo la intensidad, y llega un momento que no está lloviendo, así mismo. Los muchachos se callan, se tranquilizan. Ah, si tú llegas al aula gritando, perdiste en cuanto entraste, porque te pusiste a la misma altura del muchacho adolescente. Es muy complicado realmente.

Amaury.  Sí, bueno, era una pregunta complicada, pero no podía sustraerme a la idea de que usted estuviera aquí, y yo no se lo preguntara.

Y ahora voy a hacer la pregunta que me quitó el sueño desde el año 96, con eso voy a terminar.

María Dolores. ¡Qué cargo de conciencia!

Amaury. No, el cargo de conciencia ha sido mío, porque yo le hice una pregunta en aquel programa que se llamaba Muy personal. La pregunta yo se la preparé, se la dije y usted me dio la oportunidad, en bandeja, para que yo volviera a preguntar y mi ignorancia de entonces, un poquito mayor que la de ahora, no me permitió agarrar la insinuación.

La pregunta mía de aquel momento fue: ¿Usted sueña? Y usted me dijo: ¿Cuando duermo? Y yo debí haberle dicho: ¿Y despierta? o sea, ¿cuándo sueña usted realmente? Por tanto no le voy a preguntar si sueña dormida, porque ya eso me lo respondió.

María Dolores. Sueño dormida y sigo soñando despierta.

Amaury. Cuándo sueña despierta, ¿en qué sueña?

María Dolores. Bueno, sueño con muchas cosas distintas, Amaury. Sueño con mi país, este país al que amamos tanto, porque vivamos en paz, en medio de un mundo que también esté viviendo en paz. Yo creo que esto es muy importante, yo creo que es un sueño, no solamente mío, yo creo que es un sueño de una parte muy importante de la humanidad entera.

Yo sueño con que mi familia se mantenga unida, ya llevándolo al plano más cercano, ¿no?. Con que mis nietos estudien, que se conviertan en personas honradas y personas de bien, que sean capaces de vivir de su trabajo sin necesitar determinadas cosas que otras gentes necesitan.

Que aprendan, no sé, lo mismo a disfrutar una puesta de sol, que un buen libro que, que estar en familia. Yo creo que todas esas cosas son muy importantes y es lo que yo quisiera para mis nietos. Y no solamente para mis nietos, lo quisiera para todos mis alumnos, para todos los que han sido alumnos míos, para toda la juventud que yo pueda conocer o en la que pueda influir de una forma u otra.

Amaury. Para todos sus televidentes y para mí. Le agradezco, doctora, yo sé que usted tiene una vida verdaderamente ocupada y compleja, que haya tenido la gentileza de venir. Y quiero despedirla con un beso, si me lo permite.

María Dolores. ¡Cómo no!

Amaury. Muchas gracias, doctora.

María Dolores. Tú sabes que siempre te hemos querido mucho a ti y a toda tu familia.

Amaury. Yo lo sé, doctora, igualmente a usted, gracias.

«Con 2 que se quieran» Adria Santana (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Adria Santana (Parte I)

“Vivo en el país que me tocó por la libreta y lo quiero”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy nos acompaña, no voy a mentir, una persona que yo admiro, que quiero y que ha sido a lo largo de más de 40 años mi amiga. Una de las más grandes actrices que ha tenido y tiene Cuba en este momento, de teatro, de cine, de televisión. Una mujer bella, expansiva, alegre, Adria Santana. Mi niñita querida.

Adria. A lo Virgilio Piñera.

Amaury. Así es como va, mi niñita querida. Yo no voy a mentir, acabo de decir que soy amigo tuyo, por tanto no te voy a preguntar dónde naciste, yo sé que eres de Las Tunas, de Victoria de Las Tunas, pero lo que no sé es, ¿cómo era la Victoria de las Tunas de tu niñez?

Adria. Bueno, a ver, yo nací en una casa que cuando había ciclones me daba mucho miedo, porque las paredes se movían un poco, la casa no estaba muy buena, evidentemente (risas). Provengo de una familia comunista que no da más. Todos. Mi padre y mi madre se conocieron en reuniones. Entonces como la casa de mi nacimiento, que estaba en la calle Lico Cruz, era la oficina del Partido Comunista, un día a las cuatro de la mañana, yo tendría, no sé, muy pocos años, quizás seis, siete -tenía 11 años triunfó la Revolución-, pues tuvimos que salir a las cuatro de la mañana en un carretón y quedarnos sin casa. Creo que eso es algo, que yo, no sé la edad que tendría, pero no lo olvido nunca. ¿Tú sabes?, es como quedarte sin recuerdos.

Por lo demás, fue una infancia pobre. Mi familia tuvo que decirnos que los Reyes eran los padres, porque imagínate tú, no había de qué manera seguirnos la ilusión y cuando se podía traer algo de regalo de Reyes, nos traían libretas y lápices, cosas prácticas. Por lo tanto, yo soy una persona muy práctica. Nada que sea como de lujo y cosas así.

Amaury. ¿Pero había un ambiente cultural alrededor tuyo?

Adria. No, para nada, para nada.

Amaury. ¿Ni en Victoria de las Tunas?

Adria. Mi madre desafinada que no daba más, mi padre igualito y le encantaba cantar (risas). Mi abuela desafinada y yo soy la desafinación misma. Para que me entere que alguien está desafinando tiene que ser una vaca.

Amaury. Pero como actriz siempre has conservado muy bien el tono del otro actor.

Adria. Porque yo tengo sentido del ritmo, bueno, creo que eso me queda, sentido del ritmo. Pero no soy afinada. Dicen que es que tengo un problema entre el oído y la emisión. No sé si es eso o lo que sea, pero no afino. Recuerdo que en segundo grado, en la primaria, tenía una profesora que empezó a hacer un coro y de pronto dijo: ¡Un momentico, tú, afuera! sin ningún tipo de delicadeza y me traumatizó. (risas)

Amaury. A lo mejor ese es el problema, no en el oído ni en la emisión, sino la culpable es la profesora.

Adria. Se llamaba Julia León, como la cantante española. Entonces pues yo estaba en una escuela que, por supuesto, se llamaba Cucalambé, como todo lo que hay en Las Tunas (risas) y entonces, nada, yo lo que hacía era recitar, cosa que odio ahora. ¿Tú te acuerdas que una vez hicimos eso en televisión, tú cantabas y yo recitaba?

Amaury.  ¡Claro!

Adria. Que yo no podía ni hablar de la risa mirándote la cara, no lo he hecho más. Entonces a ver qué más, ya te digo, una infancia pobre. Ya después, cuando me casé con Pablo (Menéndez), él decía que no entendía qué quería decir ropa de andar y ropa de salir, porque en Las Tunas a mí me enseñaron de niña que esta ropa es de andar. Con ésta tú no puedes hacer más nada que andar y la de salir era una ropa especial, que era un solo jueguito, una saya y una blusita que tenía y unos zapaticos que eran para salir.

Amaury. Yo tengo un amigo que fue amigo tuyo también, Tata Güines, el gran maestro, que me decía “el gran problema es que la gente está usando la ropa de salir para andar” (risas).

Adria. (risas) Está bueno.

Amaury. Esas son las cosas de Tata. Pero mi pregunta sería, ¿Hay una Adria para salir y una Adria par andar?

Adria. Mira, eso me recuerda cuando yo estaba en la Escuela de Arte, decían que el artista primero tenía que ser revolucionario y yo digo: Bueno ¿cómo yo tengo que ser primero algo si soy una sola persona? Yo soy Adria, de Las Tunas, artista, revolucionaria, cubana ¿tú sabes?, no puedo ser primero una cosa y después otra, o algo más que otra cosa. Yo soy una sola persona que como todas las personas tenemos muchos matices. Tenemos cosas malas y tenemos cosas buenas, porque la perfección no existe.

Al menos, yo no soy creyente, por lo tanto, nunca he creído en nada ciegamente. Creo que eso tiene que ver con la ropa de andar y de salir, que mi familia me educó en que las cosas tenían que ser prácticas. Que si tú no tienes qué comer, tú no te puedes comprar un perfume, tú tienes que comprarte comida. La gente siempre dice: “Bueno, el amor es importante.” Yo creo que el amor es importante, me encanta el amor. Yo amo muchísimo muchas cosas, sobre todo a mi país, yo lo amo, con sus defectos y sus virtudes, pero yo nunca podría decir que quiero más esto que aquello. ¿Tú sabes? Es muy difícil dividirte, porque, ¿por qué te tienes que dividir?

Amaury. ¿Por qué le dijiste a tus padres en un momento determinado que te ibas a convertir en huérfana y que ibas a meterte en un orfelinato?

Adria. Porque mi padre era un machista terrible, con todo lo comunista que era, él dijo que tener a un artista en su familia era tener una prostituta o una lesbiana, o las dos cosas, él no sabía bien (risas) y además, contrarrevolucionaria porque todos teníamos problemas ideológicos y que él eso en su casa no lo quería.

Amaury. ¿Los artistas?

Adria. Sí, y entonces yo me fui escondida con mi mamá para la escuela de arte a presentarme a las pruebas. Me aprobaron y yo dije: Ya yo no quiero estar en el Pre (universitario) ni nada, yo el año que viene entro en Cubanacán, en la Escuela de Arte.

Amaury. ¿Recuerdas cómo eran las pruebas?

Adria. Sí recuerdo. Te preguntaban, bueno, por supuesto, si tú eras revolucionario o no, eso era primero que todo. Lo segundo era si tú habías leído teatro, qué teatro habías leído, qué teatro te interesaba, qué películas habías visto. ¡Imagínate!, yo venía de Las Tunas, y además, pobre. Yo veía películas mexicanas, era lo que ponían, las veía todas, me sabía todas las canciones, desafinada, pero me sabía, de los corridos mexicanos, todas, La Cama de piedra, todo. Entonces yo, pues me había leído a (Antón) Chéjov y había tratado de leer un poco de Stanislavsky sin saber muy bien, la verdad, y sin entender muy bien, pero había tratado de no quedarme atrás.

Amaury. ¿Y te preguntaban de esas cosas en la prueba?

Adria. Recuerdo que había visto una película en que trabajaba Richard Harris, un actor inglés, que ya murió, que me había impresionado mucho y entonces te preguntaban qué te había gustado de ese actor, por qué te había gustado la película, ese tipo de cosas.

Amaury. Sí, no era nada complicado. Pero tu papá ¿cómo es que tú logras…?

Adria. ¡Ay, perdóname, ya tengo 61!

Amaury. (risas) Yo no tengo muchos menos.

Adria. Bueno, la cuestión es que mi papá dijo que de ninguna manera. En su casa no podía haber nada de eso. Dije: ¿Cómo que no voy a entrar a la escuela? y me fui para la escuela.

Recuerdo que una vez, una persona me prestó un pantalón con portañuela, ¡imagínate!, eso era, vaya, ¡el pecado mortal!, porque una mujer artista, con problemas ideológicos y con portañuela, ¡por favor!, ¿no?, verde con pintas, guanábana. (risas)

Bueno, entonces me entró a golpes y todo. Me dijo que yo no podía entrar en la escuela y yo le dije que yo me iba a hacer “hija del Estado” y ya eso a él le pareció que era una cosa terrible que yo tuviera padre y fuera hija del Estado y dijo que no. No vio nunca nada de lo que yo hacía, hasta casi un poco antes de morir que fue al teatro a verme.

Amaury. ¿Tú recuerdas que fuera más de una vez o una sola vez?

Adria. Creo que fue dos veces, ya a los finales de su vida decidió que él se sentía orgulloso de mí ¿sabes?, porque al final entendió que cuando uno quiere hacer algo con su vida, lo hace. No hay nada que lo pueda impedir. Tú puedes dirigir muchas cosas, pero esto aquí adentro (señalando el corazón) no lo dirige nadie.

Amaury. ¿Pero él fue a felicitarte, a darte un abrazo, a darte un beso, a decirte “te vi”?

Adria. No, a él le gustó cuando yo hice una cosa en la televisión, que ni siquiera fue buena, pero que a él…, los vecinos y todos, cuando él iba a buscar el periódico, la gente le decía: ¡Rogelio, su hija, la vi en la televisión! y eso a él le pareció que era el súmmum de la perfección.

Amaury. ¿Salir en televisión?

Adria. Bueno, como el Ministerio de Cultura. Cuando yo hacía teatro solo, yo llegaba a la puerta del Ministerio y no podía entrar. Después que empecé a hacer televisión, ya entré, sin pase ni nada.

Amaury. ¿Por qué tú crees que hay tanto prejuicio con las actrices y los actores de teatro con respecto a la televisión?

Adria. No creo que sea prejuicio, yo creo que es sencillamente desconocimiento, porque se dice -y se dice todavía-, que la gente de teatro no sabe manejar el medio de la televisión ni el cine.

Amaury. ¿Pero por qué?, ¿por los niveles de voz, por la grandilocuencia gestual?

Adria. Por los niveles de voz, exacto, por gestualidad, por toda una serie de cosas. Yo creo que no están lejos de la vedad.

Recuerdo que Raquel Revuelta, cuando se hizo La casa vieja, ella nos enseñaba en la escuela, había un bocadillo que decía: “Mira, blanco como la leche”. Y ella decía: En el teatro tú tienes que decir: “MIRA, BLANCO COMO LA LECHE”. Pero en la televisión no, en la televisión tienes que decir: “Mira, blanco como la leche” (señala cercanía con la mano), porque no necesitas llegar a la fila 35 ó 40. Claro, ¿que pasa?, que el actor que ha hecho mucho teatro, tiene que moverse en la televisión con cámaras, cables, no con relación humana y el teatro es relación humana, no solamente con el actor con el que estás trabajando sino con el público que tienes ahí y eso, la verdad, te lo digo, no es capaz de suplirlo nada en este mundo.

Amaury. ¿Tú te sientes una actriz de teatro?

Adria. Sí, yo sí, yo soy actriz de teatro. Creo que ahora me estoy defendiendo un poco mejor en la televisión, pero no lo manejo como manejo el teatro y no quiere decir que el teatro lo maneje…, ¡vamos, que yo soy la reina del teatro!, ¡NO!, pero yo conozco el escenario, ¿sabes? sé cómo moverme en un escenario, tampoco quiero ser orgánica, entre comillas, porque creo que hay actores que por ser tan orgánicos no son nada y creo que eso tampoco es así.

Creo que el actor tiene que proyectar verdad, humanidad, lo que sea, a través de su personaje, a través de otro ser humano, porque eso es lo rico que tiene el actor, que conoce y sabe y te abre un poco la manera de entender a las personas y de conocer a otros seres humanos, que es con lo que nosotros trabajamos. Nosotros trabajamos con seres humanos y eso yo creo que el teatro te da la posibilidad de hacerlo profundamente.

Amaury. ¿No sientes algún tedio de hacer un mismo texto todos los días, o tú piensas que cada función es diferente aunque tengas que hacerlo todos los días?

Adria. Claro, claro, no me da ningún tedio, todo lo contrario. Yo digo: ¡Ay, mi madre!, ahora mañana voy a poder resolver lo que no resolví hoy. En la televisión no ¿oíste? En la televisión después que ya se filmó, no tienes esa posibilidad.

Amaury. Pero igual haces con la vida, ¿no? Todos los días amanece y todos los días oscurece, depende como uno se lo proponga cada día.

Adria. Exacto.

Amaury. Ahora, voy a volver a la ENA, porque ahí tú conoces a Pablo, a Pablo Menéndez, a Paul. Tú eres un poquito mayor que él, eso no tiene ninguna importancia, porque es bien poquito

Adria. Casi cuatro años.

Amaury. Es nada.

Adria. Pero yo estoy más bonita que él (risas)

Amaury. Los dos son bonitos, vamos a dejarlo así. ¿Para qué? Para que él diga: ¡Oye, yo soy más bonito! Además Pablo es una persona que se da a respetar… Ahora, lo que me llama la atención, es que en la época aquella, una muchacha de Las Tunas, novia y después casada con un norteamericano y menor. ¿Eso no te trajo…?

Adria. Bueno, sí, menor de edad. Eso sí. Yo fui una asaltadora de cunas (risas). Bueno, mira, tú sabes, yo no me di cuenta. Yo no me daba cuenta que no estaba bien visto que yo me casara con un extranjero y norteamericano, ojo ahí, manitos atrás, caquita porque no era de ningún otro país, de Estados Unidos, que es como el ombligo del dolor. Entonces, ¿qué sucede?, que nunca fui consciente de que era un problema. Bueno, nunca quiero decir hasta que me lo hicieron consciente.

Amaury. Claro.

Adria. Empecé la relación con Pablo, bien, me encantaba. El día que lo vi haciendo trabajo voluntario sin camisa, ¿tú sabes?, caí en planchas ahí (risas). Entonces yo dije: ¡Ay, Dios mío!, ¿qué es esto? Pero yo no tenía ninguna relación con él, porque las mujeres le caían atrás y todo, y yo he sido, aunque no lo parezca, siempre un poco tímida, cada vez menos, pero cuando aquello era muy tímida.

Por ahí empezó un poco la relación, sin nada de sexo, ni nada de eso, porque en aquel momento, no se hacía, es decir, tú no conocías a una persona y ya ibas y te acostabas. No es como ahora, que me parece más honesto. Entonces pasó el tiempo y él iba y me buscaba en el albergue, me llamaba.

Amaury. ¿Pero cómo se comunicaban? ¿El llegó hablando español aquí a Cuba?

Adria. No, no. Él supo la palabra “caliente”, cuando en México, viniendo para acá cogió un plato y el tipo le dijo: ¡está caliente! Él no entendió y se quemó los dedos y ahí entendió caliente para toda su vida (risas). Él no sabía español, pero tú sabes, eso no hay que saberlo, Amaury. Tú miras, o te sonríes, etc. No te voy a enseñar, Petí sabe. Entonces, ahí no hay que saber gramática.

Bueno, empezamos, más o menos, salíamos. Cuando aquello, él se quedaba los fines de semana en casa de Estela Bravo, porque él no tenía familia aquí y, Estela realmente lo acogía los fines de semana para que él no tuviera que quedarse en el albergue. Entonces nos fuimos un día para la piscina del Sierra Maestra y ya ahí nos cogimos las manos, nos miramos, empezamos a besarnos. Después íbamos y nos sentábamos en el parque de 5ta Avenida y calle 20 y todo ese romance.

La escuela de nosotros iba a Isla de Pinos (Isla de la Juventud), a veces íbamos un mes, a veces dos meses, a veces tres meses a hacer trabajo voluntario allá. Yo hice de todo, desde abrir huecos, darle brillo a las toronjas para la exportación en unas máquinas que no te puedo explicar, porque son máquinas de cuando…

Amaury. Sí, sí, de cuando se inventó la toronja. (risas)

Adria. Exacto, de cuando se inventó la toronja. Abonar las plantas. Eran unas fábricas que eran unas poleas y tú tenías que pasar las toronjas a mano y hacerle así con un pañito. Bueno, hice de todo, café, caña quemada, que eso fue lo peor que hice en la vida. Alfabeticé, yo hice de todo, por mi país y por mí.

Entonces Íbamos a Isla de Pinos y cuando aquello los varones y las hembras era a largas distancias.

Amaury. Me tocó también eso.

Adria. Empecé a tener una relación sexual con Pablo. Esto, cuando mi madre vea la entrevista morirá y se desmayará, porque ella siempre ha pensado que yo me casé primero, cosa absurda de la época.

Amaury. Ella lo va a comprender.

Adria. A veces las personas se creen lo que se quieren creer. Bueno, entonces nada, cuando nos fuimos a casar, en la escuela había una persona que yo admiraba mucho, que era una tía de albergue, que se llamaba Gisela y viene y me dice: “¡Ay, Adria! ¿Y cuándo usted se va?” y yo le digo: “¿Me voy, para dónde?” Dice: “Bueno, para los Estados Unidos”, y le digo: “bueno, Gisela, yo no me voy para ningún Estados Unidos”. Ah, ¿por qué usted no se casa para irse? Dígole: “No”, y ahí me di cuenta, todavía me entra un poquito de frío en el estómago, porque yo soy una persona muy digna, me doy cuenta que no solamente Gisela lo pensaba, lo pensaban muchas personas.

A mí nunca me ha interesado vivir en Estados Unidos y llevo 42 años con Pablo. Trabajé cuatro años en Estados Unidos, no por Pablo, no porque estuviera casada con Pablo, sino por mi propio trabajo y digo ¿por qué existe quien puede pensar que otra persona sea capaz de amar a alguien sin pedir nada a cambio, sin querer nada a cambio, sin esperar nada a cambio? Creo que eso fue para mí un golpe fuerte, porque yo no había pensado en eso.

Amaury. Sí, porque tú te enamoraste de un muchacho.

Adria. Exacto, no tenía nada que ver con política, ni con nada. Tenía que ver con que no me había pasado por mi cabeza y porque todavía no me pasa por mi cabeza. Es decir, para mí vivir aquí significa muchas cosas. No solamente el ser revolucionario, yo creo que una persona puede amar a su país, puede amar a Cuba y no ser revolucionario.

Yo creo que nosotros hemos llevado las cosas a unos extremos que han hecho más daño que lo que han aportado y yo amo mi país por muchas cosas. Primero porque es mi país, donde yo nací y siempre he pensado que no hay nada más importante que saber de dónde tú saliste y yo salí de aquí y estoy aquí y siempre creo que voy a estar aquí, bueno, hasta que me muera, porque yo no creo en el más allá. Entonces, nada, esos fueron golpes bajos de la ENA.

Pero la ENA tuvo una cosa maravillosa. La ENA tuvo una cosa que yo no voy a olvidar nunca y que ojalá alguien la retomara, y supiera que eso habría que mantenerlo, cuando aquello, nosotros estábamos muy unidos, los plásticos con los músicos, los  actores, los bailarines y creo que eso nos enriqueció. Yo creo que uno es mejor en lo que uno hace, si uno tiene una perspectiva más amplia de lo que te rodea, porque este momento en el mundo, creo que es un momento que está un poco hecho para que tú solamente te mires a ti y te defiendas a ti y no mires para los demás.