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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Con 2...

«Con 2 que se quieran» Adria Santana (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Adria Santana (Parte II)

Amaury. Sí, es un mundo en singular.

Adria. En singular, y yo creo que tenemos que pluralizarlo en el mejor sentido de la palabra plural, no en el falso de decir nosotros y eres tú sola la que lo haces, sino en el real sentido de la palabra plural, que es mirar para los lados y creo que eso es muy importante, para no perderte cosas que están sucediendo y que a veces no te das cuenta porque estás, como si estuvieras delante de un espejo mirándote a ti.

Amaury. Y tú que tienes tantas ideas de lo que fue, tantos recuerdos, y de lo que debía ser, ¿por qué no eres maestra? ¿No tienes vocación de pedagoga?

Adria. Mira, yo lo único que he sido como maestra fue en la alfabetización, porque era, lo voy a decir así mismo: ¡un llamado de la Patria! ¡La verdad! Porque también me fui escondida, porque mi papá dijo que mi hermana sí, pero yo no.

A mí me gusta, a ver, ¿cómo te puedo explicar? En un montaje, hablar con la gente joven, con los actores jóvenes y con los viejos. Y discutir. ¡Contra, yo creo que por aquí, yo creo que por allá! ¿Tú sabes?, ese tipo de cosas que es un enriquecimiento de la obra y de todos. A mí me han hablado para ir a dar clases a la ENA, pero te lleva mucho tiempo, lo digo egoístamente. Yo quiero ser actriz de todas, todas y creo que no me queda mucho tiempo, y por lo tanto, el tiempo que me queda… yo quiero ser actriz, no quiero ser ni directora ni nada.

Entonces ¿qué sucede?, que te dicen: ¡vamos!, ¡a ser maestra! ¡No tienes que llenar planillas!, y después te pasas la vida llenado planillas, yendo a reuniones y perdiendo mucho tiempo. No me interesa perder tiempo. Ya fui a todas las reuniones que iba a ir en mi vida, ya yo fui a todas, ¿ok?, por eso no soy maestra. (risas)

Amaury. Bueno. Vamos un poco a…, estamos yendo de allá para acá, somos dos veletas.

Adria. Esto no tiene nombre.

Amaury. Teatro Estudio, Raquel Revuelta, Vicente Revuelta, Berta Martínez, Armando Suárez del Villar. ¿Qué representa Teatro Estudio y toda esa gente para ti?

Adria. Disciplina y rigor, primero que todo. Recuerdo que cuando yo estaba en Teatro Estudio si te llamaban por teléfono, tú no podías bajar a coger el teléfono, ni vestida de un personaje…, no te permitían.  Y si alguien se estaba muriendo, se moría sin tú enterarte, porque hasta que no se terminaba el ensayo, tú no sabías nada, porque Raquel no lo permitía y en aquel momento uno decía: ¡qué exagerada Raquel! Pienso que… ahora la gente con un celular en el ensayo, si tú estás ensayando, la gente con el celular, ¡un momentito! Si te lo dicen.

Entonces yo creo que eso fue una disciplina y un rigor necesarios. Creo que tanto Armando Suárez del Villar, mi primer Premio Nacional de Teatro. Mi primer Premio Nacional quiero decir, no que yo tenga el Premio Nacional de Teatro, déjame aclarar eso, no, mi primer premio de actuación, a nivel nacional fue Santa Camila, que la hice con Adolfo Llauradó.

Amaury. El otro te lo debían dar ya.

Adria. No, hay mucha gente que se lo merece diez mil veces más que yo.

Amaury. Pero se lo dan al grupo, porque por ejemplo la posibilidad que tiene un actor joven, con talento, si van por escalafón de edad, no tiene sentido. Sería bueno decir: bueno, a ver, de aquí acá, toda esta gente, es un criterio mío, yo no estoy para dar criterios aquí, la verdad.

Adria. Sí, además, es delicado. Bien, entonces, pues hice con Adolfo Llauradó, que no lo voy a olvidar nunca, porque, imagínate, lo que yo pienso que es un actor estrella. Recuerdo que tenía un ensayo general de Santa Camila, yo era la tercera actriz, Verónica Lynn, Isabel Moreno y yo. A mí me estaban dando el chance, vamos a empezar por ahí, porque yo empezaba a ser actriz. Así que a mí me estaban dando la oportunidad y el actor que iba a hacer el Ñico conmigo, era un actor joven que también le estaban dando la oportunidad, decidió la noche anterior beber y no fue al ensayo, bueno, llegó muy tarde y Adolfo Llauradó, que ya había hecho todo el cine cubano de este país, y todo el teatro de este país.

Amaury. Un actorazo.

Adria. Fue al ensayo a verme, a esta idiota, que empezaba allí y que nadie sabía que yo iba a hacer con aquello. Y me dijo: “Adria, si tú quieres, como no ha venido, para que tú no pierdas tu único ensayo general, yo lo hago contigo”. Te podrás imaginar.

Amaury. ¡Qué bárbaro! ¡Qué lindo, Adolfo!

Adria. Te podrás imaginar lo que me sucedió, no lo puedo decir aquí (risas). Entonces dije: “Dios mío, ¿tú sabes?” y ensayé con él y le dije a Armando que si llegaba el otro actor, no interrumpiera el ensayo porque no iba a ensayar con él.

Entonces, Armando para mí… Ahora cuando le dieron su Premio Nacional fue tan maravilloso porque digo, ¡coño!, ¡tan merecido! Fue un hombre que salvó el Teatro Cubano del siglo XIX. Que nos hizo recordar que Milanés había sido dramaturgo, Gertrudis Gómez de Avellaneda, etc.

Con Berta Martínez hice Bernarda Alba y Bodas de Sangre, que son cosas inolvidables. Con Héctor Quintero hice Contigo pan y cebolla, hice Algo muy serio, que fue una obra que nosotros, a las 11 de la noche venía la luz y como el público no se había ido, teníamos que empezar a esa hora.

Amaury. Raquel y Vicente.

Adria. Raquel mi profesora y Vicente, en cierta medida fue mi profesor también y que son personas que son para mí como… Yo siempre digo, qué pena, que Raquel, que hizo todo por el teatro, que dejó tantos privilegios por el teatro, porque el teatro es sacrificio, y que sin embargo no haya sido recordada todo lo que tiene que ser recordada Raquel. Yo creo que hizo tanto por los artistas, tanto por los actores.

Amaury. Y por los músicos, por nosotros también.

Adria. También. Bueno, ella trajo a Marta Valdés al teatro de asesora musical, grupos musicales que iban a tocar en vivo allá. Creo que ella fue una mujer que luchó mucho por los artistas y que, sin embargo, no creo que tenga el lugar que se merece.

Amaury. ¿Tú conoces a Abelardo Estorino cuando La discreta enamorada o ya tú lo conocías antes?

Adria. No, cuando La discreta enamorada, pero eso no fue una buena relación.

Amaury. ¿No? No me digas eso.

Adria. Él amaba entrañablemente a Anatilde de Paula, una actriz brasileña, él pensaba que ella era un genio y los demás no existían.

Amaury. ¿Verdad?

Adria. ¡Ah, sí! ¡Yo sufrí!, porque ¡figúrate!, ya te conté que soy desafinada, y había un director, creo que de la orquesta de la televisión, que se llamaba (Alfredo) Pérez Pérez que decía que yo sí cantaba y (Abelardo) Estorino decía: “Él dirá que tú cantas, porque tú le gustarás, porque tú no cantas”. En fin, que me llevaron a la una mi mula, pero bueno, me sirvió. Yo, a veces, me ponía nerviosa ir a Teatro Estudio. Bueno, yo había conocido a Estorino, pero a distancia, porque él y Raquel habían dirigido -tú sabes qué, bueno, Estorino estuvo prohibido, sus textos, no se podían publicar, etc y Raquel lo llamó al teatro-. Estorino nunca había dirigido. Lo llama para que sea co-director, para que él esté dentro del teatro, aún cuando no se pudieran poner sus textos. Entonces Estorino entra a trabajar con Raquel y a dirigir una obra. Ahí yo empecé a trabajar con Estorino, pero después hicimos Los pequeños burgueses, de Gorki, pero no se estableció una relación. Realmente nuestra relación se establece cuado hacemos Ni un sí ni un no. Yo empecé en Ni un sí ni un no, haciendo la otra y como dice Miriam Ramos, pisoteando la modestia, fue un éxito total mi personaje (risas). La crítica me llevó divino y todo el mundo me llevó divino.

Entonces ahí a la gente le empezó a gustar mi trabajo, y a enterarse de que yo era actriz, realmente. Después ya empecé a trabajar en casi todo lo de Estorino y cuando se hizo esa unión más fuerte fue cuando yo estaba visitando a Osamu, a mi hijo, en Las Tunas, cuando él estaba haciendo el Servicio Social, porque yo tenía que ir para allá a supervisar, para ver cómo andaba la cosa, tenía algunas quejas “mujeriles” y entonces me fui para allá. Y Pablo me llama y me dice: “Óyeme, Estorino te está localizando porque ha escrito un texto que quiere que tú lo hagas”.

Amaury. ¿Y era qué, Las penas saben nadar?

Adria. Las penas saben nadar. Yo dije, bueno, no sé lo que se irá a hacer con esto, pero, yo, por supuesto, no dije nada. Le dije que era maravilloso, excelente y que a mí me encantaba, pero yo pensaba: Bueno, no sé qué se irá a hacer con esto, porque por primera vez había escrito un monólogo y yo era la primera vez que iba a hacer un monólogo. Un monólogo no es fácil, porque el monólogo tú no tienes a qué asirte, tú no puedes relacionarte con el otro, tú no…, nada y él quería este monólogo hacerlo sin nada en el escenario, absolutamente nada. Fue muy interesante, porque todo el mundo, a pesar de que es la historia de una actriz con sus frustraciones. Es una historia que le toca a todo el mundo, porque todo el mundo, por supuesto, tiene sus frustraciones.

Estorino dice que en vez de Las penas saben nadar, le iba a poner Las penas saben viajar, porque viajamos, te digo la verdad, parte del mundo con ese monólogo, desde Alemania, Suecia y lugares donde yo jamás me imaginé…

Amaury. ¿Te dieron con ese monólogo el Premio ASE, en New York. ¿Ase con S, no?

Adria. Con S, que es, Asociación de Cronistas de Espectáculos. Nosotros estábamos haciendo aquí, Vagos rumores, que para mí es la obra maestra de Abelardo Estorino, que es una obra sobre (José Jacinto) Milanés.

Vinieron unas personas de Nueva York y entre ellos venía un actor, con el que yo había trabajado mucho tiempo en Teatro Estudio se llama Ricardo Barber, y me estaba localizando porque me quería ver. Yo no sabía que había venido con unos productores de teatro de Nueva York. Sencillamente me enteré que Ricardo estaba aquí, y que me estaba localizando y enseguida di con él y le dije: Hoy es la última función de Vagos Rumores y yo quiero que tú vengas, y que veas esta obra. Vino con estos productores de repertorio y ahí ellos se sentaron y hablaron con nosotros y nos dijeron que ellos querían llevar la obra a Estados Unidos. Como eso sucede con cierta frecuencia, la gente viene y te dice cosas y todo es mentira.

Amaury. ¿Y te piden currículum y todo?

Adria. Currículum y todo. Tú gastas papel, con el poco que tienes, y das y das y nada, pero bueno, esto fue cierto y nos fuimos. La diseñadora de luces, que fue Saskia Cruz, los tres actores, éramos: Alfredo Alonso, René Lozada y yo, y Abelardo Estorino. Nos fuimos para Nueva York en el 96 y entonces, en el año 97, nos invitan a Nueva York, otra vez, para recibir el premio ASE. Todos, porque todos recibimos el premio ASE y ellos pensaron que Vagos Rumores era una obra de excelencia.

Amaury. ¿En esa época tú estuviste cuatro años en Nueva York?

Adria. Estuve 96, 97, 98, 99 y 2000. Casi cinco años estuve ahí y trabajé lo que fue, es decir, lo que nosotros llevábamos, más, trabajé con Jorge Alí Triana, un director colombiano y trabajé con René Bosch, un actor cubano que lleva años en Estados Unidos, desde el año 46 él vive en Nueva York. Trabajé con directores de La Compañía de Repertorio, además de las obras que llevamos con Estorino. Nos ganamos una beca que se llama TCG, que es Theater Comunication Group, que es Teatro de Comunicación. Tuvimos la portada de la revista, Estorino y yo, de la revista American Theater, que es la revista de teatro más importante de los Estados Unidos. Nos dieron esta beca por, digamos, ellos hacen como una compilación de trabajos, no es por un trabajo específico, sino, por todo lo que hicimos en Estados Unidos.

Creo que para nosotros Estados Unidos fue importante, porque yo tengo tres premios más internacionales: uno en Europa y dos más en Estados Unidos, pero yo creo que el premio ASE es como el Grammy Latino, para que la gente en Cuba lo entienda.

Amaury. Adria, pero tú, aparte de estas obras que has hecho con Estorino, incluso Medea, que también es otro monólogo de Estorino ¿Han pensado ahora, al cabo de veinte  y tantos años que estrenaron Las penas saben nadar, la van a volver a poner, han pensado volverla a hacer?

Adria. Bueno, yo quería decir algo antes de hablar de Las penas saben nadar de nuevo, que es que los premios que yo he recibido en Cuba, han sido también para mí muy importantes. No solamente los internacionales, porque hay veces que a uno se le va la musa, y dice: Un premio internacional, y total, no sirven para nada. Pero bueno, los premios nacionales para mí han sido muy importantes y he recibido muchos, la verdad. Bueno, Las penas, yo creo que soy una actriz antes de Las penas y después de Las penas, la verdad.

Amaury. ¡Un monologazo!

Adria. Para mí Estorino es una de las personas que más he querido en esta vida y una de las personas más importantes en mi vida. Estorino me ha enseñado a tratar de ser mejor persona y a tratar de ser mejor actriz. Él es un inconforme y yo creo que uno en la vida tiene que ser un inconforme. Por eso creo que un verdadero revolucionario es un inconforme. Estorino es como esas personas guías en tu vida, pero además no es un guía de usted, de distancia, de diferencia, es un guía de llorar, de contarle mis problemas, de los que quizás no le cuento a otra persona. Es mi amigo, mi íntimo amigo y yo soy su íntima amiga. Nosotros nos amamos en todos los sentidos, no sexual, porque él tiene 85 años, si no yo hubiera dejado a Pablo por él y él hubiera dejado otras cosas por mí.

Amaury. Pero él ha dicho también que es tu esposo. Pablo, espérate, ella es mía también.

Adria. Él llama a la casa y dice: ¡Pablo, por favor, que quiero hablar con mi mujer!, se ponen así. Pablo le dice horrores también, pero nosotros nos queremos, nos apoyamos, nos necesitamos. Es de esas personas que tú encuentras en la vida, que estableces una comunicación casi perfecta, porque hay veces que nos fajamos mucho, nos peleamos, pero nos peleamos para mejorarnos. Es una de las personas más importantes en mi vida.

Amaury. ¿Y Osamu? Me hablaste al principio de Osamu. ¿Tú tuviste un solo hijo porque quisiste?

Adria. No, porque no había condiciones. Yo parí en el año 69, vivía en Lawton, éramos 14 personas en una casa y era difícil. Tú lo sabes porque tú estuviste tantas veces allí.

Amaury. Yo estuve muchas veces allá.

Adria. Y yo parí y Pablo tenía 17 años. Pablo y yo nos casamos, Pablo tenía 15 y yo 19.  Entonces decidimos que no se podía parir más, pero yo te voy a decir la verdad, Osamu vale por un millón.

Amaury. Es adorable Osamu.

Adria. Yo no quisiera un hijo mejor que ese, no es posible, la verdad, mi hijo, en los peores momentos de mi vida y en los mejores momentos ha estado ahí y a como dé lugar. A veces sin poder, él ha estado ahí.

Entonces yo creo que soy una persona privilegiada porque tengo un marido maravilloso, como decía alguien, que no voy a hacer esa historia porque está fuerte, es un bombón. Yo tengo un marido maravilloso, tengo un hijo maravilloso. Mi familia, mi madre, mis hermanos, todos han sido personas que me han apoyado mucho. Tengo dos nietos que los adoro. Hago lo que quiero hacer, lo que me gusta hacer. ¿Qué más?

Vivo en el país que me tocó por la libreta, pero no me importa que me haya tocado por la libreta, lo quiero. Entonces yo digo: ¡coño! ¡Qué más se le puede pedir a la vida! A lo mejor yo digo, bueno, a lo mejor me hubiera gustado hacer más cine, pero mira, ahora yo hice Casa Vieja con Léster (Hamlet) y me alegró tanto haber hecho una película con esta obra, porque es una obra de Estorino. Es una obra que conozco, es una obra que te estaba diciendo, yo hice el ISA hace dos años, o tres años que me gradué, y claro, todo el mundo me dice: Adria, usted haga un trabajo sobre la obra de Estorino, porque a mí, si alguien quiere pedirle algo a Estorino, una entrevista a Estorino, me llama: ¿Adria, usted cree que le pudiera decir a Estorino…?

Amaury. ¡Hasta yo!

Adria. Que si yo puedo hacer la entrevista a Estornino, que si yo puedo hacer la entrevista, porque él a veces. ¿Tú sabes?

Yo digo que no puedo pedirle más a la vida, yo soy un ser privilegiado, porque Pablo dice a veces, y es verdad, que cuando tú le preguntas a un cubano. Bueno, pero ¿cuál es tú trabajo diario? Dice: músico, yo soy músico. Sí, sí, pero ¿qué tu haces en el día? Yo soy músico. Porque tú no puedes hacer eso a veces en países capitalistas. Donde tú le preguntas a una persona. Ah, ¿tú eres músico? Sí, pero yo en el día soy editor o cuido abrigos en un restaurante, o soy albañil o pongo lozas o manejo un taxi, porque no necesariamente las personas pueden vivir de lo que quieren vivir y de lo que les gusta vivir y de lo que necesitan vivir. No es todo el mundo. Hay personas en el capitalismo que viven maravillosamente, no vamos ahora a decir que todos están mal. No es cierto.

Amaury. Claro.

Adria. Yo creo que nosotros aquí tenemos ese privilegio, mal que bien, con el salario mísero que tenemos, pero nosotros vivimos de lo que queremos hacer, de lo que necesitamos hacer y de lo que nos gusta hacer. Nosotros, yo y todos los que estamos aquí. Entonces yo soy un ser privilegiado.

Amaury. Bueno, ya estamos en el final del programa. Siempre, normalmente busco una manera de que el invitado me hable de Cuba. Tú has estado hablando de Cuba desde el principio hasta el final de la entrevista. Entonces yo creo que la manera más sencilla de despedirte es decirte: Gracias Adria, que es una manera de decir: Gracias, Cuba.

Adria. Gracias.

Amaury. Te adoro, mamá. Te adoro, te quiero mucho.

Adria. Además, otro privilegio es haber estado aquí.

«Con 2 que se quieran» Alicia Alonso (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Alicia Alonso (Parte I)

“Cuando yo bailaba pensaba que estaba dando vida”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí en 5ª Avenida y calle 32, en los maravillosos Estudios Abdala, en Miramar. Hoy nos acompaña, fíjense ustedes que yo he dejado mi asiento. Es la única vez que lo voy a hacer en toda esta serie, porque yo quería que ocupara mi asiento y así también mañana, el martes que viene, cuando haga el próximo programa, ustedes sepan quién estuvo sentada ahí.

Es un honor, es un privilegio. Me da una emoción…, tengo todo el cuerpo erizado porque tengo delante de mí a una de las personas que más he admirado en toda mi vida. Multitud, millones de cubanos, millones de seres humanos en el mundo la admiran, la quieren, la respetan, la veneran. Está con nosotros nuestra primerísima bailarina. Dicen absoluta, es más que absoluta, es extraordinaria, es lo más grande, es Cuba, es Alicia Alonso. Señora, muy buenas noches, ¡qué privilegio tan grande que haya accedido nuevamente a estar con su amigo Amaury!

Alicia. Gracias, pero qué injusto eres con tanta presentación, qué palabras puedo decir yo.

Amaury. Déjese homenajear, déjese querer por mí que es lo que voy a hacer durante todo este tiempo que estaremos juntos. Hoy, 21 de diciembre, es una fiesta de cumpleaños, un cumpleaños más y a usted siempre le gustan los cumpleaños, siempre ha disfrutado los cumpleaños, la he llamado…

Alicia. Siempre, siempre celebro los cumpleaños.

Amaury. Es una manera de celebrar la vida, ¿no?

Alicia. Es una manera de recordar lo que hemos vivido y lo mucho que tenemos que vivir.

Amaury. Bueno, usted me dijo hace 14 años, en 1996, cuando me concedió el honor de confiar en mí -en aquellos momentos en que nadie confiaba, ahora un poquito más- usted me dijo: Yo voy a vivir 200 años.

Alicia. Y lo estoy cumpliendo.

Amaury. Y lo está cumpliendo.

Alicia. Sí. (risas)

Amaury. Lo está cumpliendo. Yo estoy pensando, porque ya usted me entusiasmó con esa idea también a mí…

Alicia. …Yo espero, yo no quiero estar sola con esa edad.

Amaury. No, no, yo voy a hacer lo posible, le juro, me voy a cargar de energía de la suya a ver si puedo llegar un poquito más y hacer una próxima entrevista, al menos, dentro de 14 años. ¿Qué ha pasado en su vida en estos últimos 14 años en que nos hemos visto, pero que no hemos estado en televisión juntos?

Alicia. ¿Qué ha pasado?, ¡¿Qué no ha pasado?!

Amaury. ¡Qué no ha pasado! (risas)

Alicia. Hemos hecho de todo. Hemos dado la vuelta al mundo, hemos bailado muchísimo, hemos hecho festivales internacionales de ballet, hemos hecho muchas coreografías. Yo no sé cuántas cosas. La verdad que se me ha olvidado todo lo que hemos hecho. Lo que pasa es que, para mí, lo más importante de mi vida es bailar o hacer bailar.

Cuando yo bailaba, yo daba felicidad, alegría, y sobre todo, pensaba que estaba dando vida, porque como yo la sentía, yo la entregaba y sobre todo, algo muy importante para mí, que creo que a través de las artes en general, de todas las artes, y en especial a través de la danza, el ballet se da una belleza, un sentido de creatividad, un sueño.

Porque piensa la gente: ¡oye, qué difícil es hacer esto! Y otros se olvidan de todos los dolores de cabeza que tienen y van hacia adelante en la vida. Eso es muy lindo, muy lindo.

Amaury. Señora, ahora, este año, a usted le hicieron un homenaje en el American Ballet Theatre.

Alicia. Sí.

Amaury. Un homenaje que fue…, bueno, aquí vimos algunas imágenes  en los noticieros. Para usted ¿qué significó ese homenaje y qué significó el American Ballet Theatre en su vida?

Alicia. Fue muy emocionante el homenaje. Hacía unos cuantos años que ya no iba a los Estados Unidos y el American Ballet, no, el Ballet Theatre, como le llamamos nosotros al principio, el Ballet Theatre y después le pusieron American Ballet Theatre, fue la compañía donde yo empecé como cuerpo de baile y me hice primera bailarina. Ahí hice mi carrera, ya que en Cuba no había compañía de ballet profesional. Eso me dio fuerzas para poder ayudar aquí en Cuba a hacer la Compañía. Compañía de Ballet, lo que hoy tenemos como Ballet Nacional de Cuba.

Al volver allá y a ese teatro donde bailé allí por última vez y al sentir este homenaje, no podría decir con palabras. Soy bailarina, soy artista de la danza, pero no de la palabra. Ojalá que pudiera expresarla mejor. Dicen que el corazón se siente feliz, mi corazón se siente feliz y se supo reír.

Amaury. ¡Ay, Alicia, qué alegría! Todos aquí nos alegramos mucho cuando nos enteramos de que le iban a dar el homenaje. Pero claro, esa pregunta me lleva a recordar cuando usted funda la Academia Alicia Alonso.

Alicia. Años atrás, con Fernando Alonso, que era mi primer esposo. Hicimos la Academia de Ballet Alicia Alonso, para hacer como debían, hasta cierto punto, estudiar los bailarines para profesionales. Entonces como habíamos sufrido en nuestra carne el no poder ser profesionales en Cuba y tuvimos que ir fuera de Cuba para hacerlo, empezamos aquí en la escuela bien duro. A hacer una escuela fuerte para ser profesionales.

Fernando se quedó aquí, yo venía aquí cada vez que tenía vacaciones del Ballet Theatre o cada vez que me podía escapar. Traía el dinero que ganaba y con eso sosteníamos la Escuela y así fuimos creciendo y así fuimos llevando discípulos, porque no admitíamos discípulos por dinero, sino por talento. Había veces que había más discípulos que no pagaban nada, nada, nada, que discípulos que pagaban algo en la Escuela. Pero éramos felices, porque se desarrollaron mucha gente de talento.

Ahí fue la unión de las famosas, después, más adelante, cuatro bailarinas, que se le llamaban “Las cuatro joyas”. Dos estaban estudiando en Pro Arte y dos estaban estudiando en escuelas públicas. Las escogimos y vinieron a estudiar con nosotros y ahí se unieron y ahí hacíamos pequeñas funciones en el propio Estudio y recolectábamos dinero para esto. Y en el propio Estudio…, ahí se hizo tanta historia. Dimos funciones en secreto para la Revolución y se recogía ese dinero y se llevaba. Eso fue una parte de la vida nuestra.

Otra parte fue cuando tuve un contrato para ir a California a montar Giselle y Coppelia, y entonces yo me quería llevar a las cuatro bailarinas y me las llevé. Pero entonces, era muy caro el viaje y yo no podía pagarle a todo el mundo. Entonces hicimos una rifa. Se rifaron un par de zapatillas de punta mío y una pintura que yo había hecho, porque yo pintaba entonces, como aficionada, y se rifó, y con eso, pues ayudamos y las madres y los padres de ellos pusieron cierto dinero, y con el que pusimos nosotros y con eso, las pudimos llevar para allá conmigo

Amaury. ¿Y fueron las cuatro? Loipa, Aurora…

Alicia. Las cuatro.

Amaury. Mirta y Josefina

Alicia. Sí, entonces había dos más, Ramona de Sáa y Margarita.

Amaury. Claro, la hermana, la gemela.

Alicia. La gemela.

Amaury. Ahora, usted ha bailado con los mejores bailarines del mundo. ¿Con cuál de esos partenaires se sintió más cómoda? ¿Con quién se sintió así, que recuerda y dice: yo me sentía en brazos de Fulano, más cómoda, más segura?

Alicia. Yo entiendo lo que me quiere decir, pero le voy a decir: si uno está atento, cada uno tenía algo que dar a su compañera y uno tenía también que enseñarle a su compañero. Estábamos siempre intercambiando. Desde luego, cuando alguno era muy joven, como Esquivel, yo le estaba enseñando todo, ¿no?, pero él aprendía porque era muy artista. Esquivel era muy artista… Él, enseguida, era como un secante, enseguida se daba cuenta de todo lo que uno le decía y lo enriquecía él mismo en su proyección, en sus gestos. Cuando yo le decía la reverencia, cuando la tomes, acuérdate que si yo hago así, tú tienes que darme una mano, o sea, le decía el detalle. ¡Oiga!, y él enseguida, no tenía que decirle más nada. Él inmediatamente, por instinto, ya hacía así y ya lo veía usted. Él era un gran artista, fue muy bueno. Él era un jovencito que lo cogimos de la beneficencia y como él tuve un grupito de ellos.

Bueno, yo he tenido muchos, muchos compañeros… Ígor Youskévitch fue compañero mío durante 10 años en el Ballet Theatre. Yo bailé en el Ballet Theatre con él… Cuando bailamos El Cisne Negro” y todo…, únicamente después que hacíamos una función, nos sentábamos y nos poníamos a discutir: esto, lo otro, aquello no salió bien, aquello. Siempre, siempre teníamos discusiones y siempre decía: tu culpa, la culpa… A mí no se me olvidará jamás que un día estábamos haciendo El Cisne Negro y esto es una cosa que pasó muy graciosa: él hizo así en el final yo brincaba, salía corriendo, brincaba y él me agarraba, en un pescado así, yo brincaba así y ¡brum!, en el aire, y él me cogía y seguía caminando conmigo.

Y él me decía: tú da un brinco bien alto, un brinco bien alto, porque yo te cojo, porque él era muy fuerte, porque yo te cojo y yo, bueno, está bien, está bien. Pero bueno, siempre seguíamos y seguíamos y decía: más alto que yo te cojo, más alto. Y ese día, él estaba mirando a una muchachita en la primera fila, que empezaba a coquetear con él y le hacía señitas, y yo no, yo estaba bailando, vi aquello y digo: ay, ¿estará distraído? Seguí bailando, tan, tan, y él siguió y hago así y, ahora lo voy a hacer bien alto, bien alto y diga usted que me cogió por el tutú (risas de Amaury) me cogió por el trajecito en el aire y yo con los pies en el piso y con las manos en el aire mirándolo así, con unas ganas de matarlo. El director de escena nos cerró la cortina y enseguida dijo: ¡no se fajen, no se fajen! Pero no, esa fue la única vez en mi vida que me pasó. Eso fue único con él. Ya después estuvo muy atento siempre, es más, no me quitaba los ojos y sabía dónde yo iba a hacer el piruet y hacía así: ¡ram!, y me agarraba. Hacía las vueltas, las vueltas y me agarraba en el momento.

Amaury. ¿Y usted no se garantizó que la muchachita aquella no fuera nunca más…?

Alicia. No, no, no, porque eso nos pasaba mucho. El propio público se ponía a tratar de llamarnos la atención, jovencitos, tanto hombres como mujeres, en los Estados Unidos hacían eso muy a menudo. Pero yo le hablo… también tuve a André Eglevsky, un hombre muy fuerte, muy musculoso, muy buen compañero también. Johnny Kriza, que era muy ligerito él, muy del estilo norteamericano, así, de playboy, era más ligero, pero yo no bailé mucho con él, bailé un poquito. Está Erik Bruhn, el danés, que era un príncipe, muy elegante. No, yo he tenido compañeros que cada uno me ha dado algo, y yo he podido, pienso, entregarles algo también de mis conocimientos. Hemos intercambiado nuestras experiencias artísticas y ha sido siempre muy útil y muy bueno…, después tuve a Azari Plisetski

Amaury. Azari Plisetski

Alicia. Azari Plisetski que estuvo aquí. Azari Plisetski venía muy jovencito como un bailarín solista, pero aquí se hizo mucho… entendió mucho la escuela cubana, la forma nuestra de bailar, del ballet de Cuba y él lo asimiló muy bien, muy bien, muy bien y fue otra cosa, ya era otro estilo, otra cosa, que yo me acomodaba a él más que él a nosotros. Estuvo Rodolfo Rodríguez, argentino, y estuvo…, no quiero que se me quede ninguno porque todos fueron muy buenos, cada uno tenía sus cosas. Pero el último con quien yo bailé aquí fue… Vladimir Vasíliev.

Amaury. Cuándo hizo Giselle, ¿no?

Alicia.  Hice un Giselle. Eso fue una cosa que… ellos tienen una versión de Giselle y nosotros tenemos otra y él me dijo: son diferentes. Yo le dije: yo lo sé. Dice: pero yo voy a hacer tu versión, e hizo todo, todo, todo, entonces yo tuve que hacer mi pantomima un poco fuerte para nivelarnos, ¿no?. La escena de la locura la tuve que hacer más fuerte, un poquito más fuerte, para poder balancear, pero creo que salió muy bonita la función.

Amaury. Sí, fue una función extraordinaria. Yo creo que a todos los que nos gusta el ballet, estábamos en el teatro. Yo tenía la impresión de que ese teatro estaba más grande que nunca. Alicia, ¿ha cambiado la manera de bailar en nuestros bailarines desde la época en que usted estaba en el American Ballet Theatre cuando fundó la Academia Alicia Alonso, a los bailarines nuevos de hoy? ¿Ha cambiado, aunque sean los mismos pasos, los mismos ejercicios?

Alicia. ¿A qué bailarines?

Amaury. No, los bailarines jóvenes, quiero decir, ha cambiado el estilo, la manera de bailar.

Alicia. ¿Del Ballet de Cuba?

Amaury. Sí, de aquí, de Cuba.

Alicia. Bueno, el Ballet de Cuba ha ido moldeando su estilo. Porque una cosa es aprender los pasos; los pasos, la técnica de los pasos son iguales en todas partes del mundo. Para hacer un paso cuando uno pone los brazos y la fuerza con que uno dirige los brazos y como lo hace…, pero el estilo para llegar a los pasos… Por ejemplo, hay quien pone los brazos así, hay quien pone los brazos asao, o los ponen así, los ponen asao (hace los gestos); no, nosotros los ponemos así (hace los gestos) es otra cosa y el estilo con que se baila el ballet, y hoy en día, usted ve un ballet de una compañía bailando un buen Giselle, y usted lo ve y dice: qué buen Giselle, me gustó. Y usted ve el Ballet Nacional de Cuba y dice: qué buen Giselle, me gustó mucho y  bailan diferente.

Y no cambiamos la historia, nadie cambia la historia, pero es la forma. ¿Cómo podríamos explicarlo? Es como el idioma: hablamos, nos reímos, lloramos, decimos poemas y todo en español. Pero también se hace en inglés, o se dice en otro idioma.

Amaury. Claro, qué lógico, que lógica reflexión.

Alicia. Es el sentido del ser humano, lo que siente lo expresa de forma diferente. Cuando yo les enseñaba a “Las Joyas” a bailar los ballets, porque yo siempre he tenido muy buena memoria y he sido la que he hecho todos los ballets, los he puesto en escena, porque me acuerdo de todo, todo, siempre, los he tenido aquí y lo sigo teniendo aquí (se señala la frente).

Yo me preocupaba que cuando les enseñaba a bailar un ballet, les enseñaba como era el estilo, la mano, la pose, todo eso. Pero yo las observaba. Yo les decía: miren, es un clásico, lo pueden hacer así, pero si quieren, lo pueden hacer así. Les decía: ¿cómo tú te lo sientes? o si quieres puedes poner las dos manos así, entonces ellas escogían inconscientemente en cuáles poses se sentían más cómodas, pero estaban en el estilo.

Amaury. Claro, le daba las opciones.

Alicia. Cada una escogía su propio estilo dentro de lo que yo les decía, pero en el estilo del ballet. Por eso ninguna bailó igual, cada una mantuvo su personalidad, porque dentro del estilo se podían poner de varias formas. Hoy en día yo todavía cuando voy y me pongo en algún ensayo y las veo, me doy cuenta de que son fuertes o son más débiles. La última vez que le tomé un ensayo a Viengsay le dije: ¡espérate!, para Giselle, no, no, y le agregué unos movimientitos, sencillos, nada más de Gisselle, del primer acto e inmediatamente que ella lo hizo, ella misma, automáticamente sintió otra cosa, que después todo el resto cogió su forma, su forma, muy bonita, por cierto, de su último Giselle que bailó, muy bonito.

Amaury. Pero las cuatro Joyas, que con las cuatro usted sabe que yo tuve…

Alicia. Un carácter completamente diferente.

Amaury. Diferentes, pero todas me dijeron en algún momento de sus vidas, que aunque usted les dio todas las libertades del mundo para dentro del estilo moverse, siempre el referente fue usted. Loipa me decía el otro día: sí, Alicia me daba opciones, pero yo siempre decía: voy a hacerlo como más le guste a Alicia.

Alicia. Sí, pero yo les llevaba trucos. Yo les hacía cosas a ellas, yo hacía otras posiciones, a mí me gusta así. El carácter de Loipa no era el mismo carácter que digamos, que el de Josefina. Eran dos bailarinas diferentes o de Mirta Plá que era más aniñada, más así, Josefina era más clásica. Aurora era más fuerte y Loipa era más dramática.

Amaury. Claro, por eso se lo pregunto

Alicia. ¿Usted comprende?

Amaury. Claro, claro.

Alicia. Yo las conocí a las cuatro y en dos segundos le he descrito a las cuatro.

Amaury. Sí, sí, es que lo ha descrito de una manera tremenda (risas). Eso es saber. Ahora, yo le quería preguntar esto: Después que una bailarina tiene, fíjese: la técnica, tiene el estilo, tiene el personaje, de repente ¿qué es lo que la convierte en algo especial?, ese glamour, por ejemplo, que lo tenía usted ¿Cómo usted lograba eso?

Alicia. Eso no se compra ni se vende, con eso se nace. Uno nace con esas cualidades…, personalidad… porque mucha gente nace con todo eso pero no saben cómo desarrollarlo. Hay que educarlos, hay que enseñarles los modales para que sea correcto y le saque más partido. Usted sabe, usted es artista, usted sabe lo que es eso. Usted sabe que cuando se abre la cortina, usted va a salir a escena, usted tiene que sentir, antes de salir a escena, uno se para ahí, piensa y sale y tiene que llevar con uno esa fuerza de agarrar al público…, y uno sale…, no importa el personaje que uno tenga, dentro del personaje que uno tiene. Uno tiene que sentir el personaje y entregarlo al público inmediatamente.

Si va a salir en Giselle es la alegría de Giselle. Si va a salir en Carmen es la sensualidad de Carmen, parada ahí, la cosa de Carmen, ahí, vencer a ese público. Pero lo tiene que sentir, enseguida que se abre la cortina y el público ya está ahí y choca con él y lo recibe y lo sigue.

Y a eso se llama “la personalidad”, saberlo…, la magia esa de agarrar al público. No es despacio, salir, irlos conquistando lentamente, no, por lo menos no en el ballet. En el ballet uno sale y ya tiene que dominar al público y atraerlo aquí y ya, atención en la escena.

Amaury. Bueno, eso pasa también en las demás manifestaciones.

Alicia. Bueno, yo no quería decir que sí porque no me voy a meter con eso, pero yo estoy segura que sí.

Amaury. Sí, si no funciona en la primera canción -en el caso de los que cantamos- no va a funcionar en la segunda.

Alicia. Si no funciona en la primera, le entra a uno una depresión. Y una cosa por dentro que…

Amaury. Hace 14 años, yo voy a ir recordando cosas que usted me dijo y usted me dice si todavía conserva aquellas cosas de que me hablaba. Usted me hablaba de que pintó, pero aquella vez se me quedó por preguntarle ¿cuántos cuadros de aquellos conserva usted todavía?

Alicia. Como nueve creo, como nueve.

Amaury. Y no se pueden ver, digo, yo puedo ir a verlos a su casa…

Alicia. ¡Ay, no, no!

Amaury. ¿Los tiene escondidos?

Alicia. Sí.

Amaury. (risas) Eran muy buenos, Alicia. Usted llevó uno aquella vez al estudio y era un cuadro precioso. Espero que Pedro (Simón) un día se los pida para ponerlos en el Museo de la Danza, en una exposición.

Alicia. Sí, él los está pidiendo todo el tiempo. Se lo tengo prohibido

Amaury. (risas) A ver, usted me habló de que le gustaba, es que yo he vivido fascinado con esas cosas y nuestro pueblo que recuerda aquella entrevista, pero ahora hay una generación o dos generaciones de personas que no la vieron. Usted me habló de las comidas, lo que le gustaba comer y me habló de los platanitos maduros fritos…

Alicia. ¡Ah, sí!

Amaury. ¿Qué es lo que le gusta comer?

Alicia. Yo soy muy criolla.

Amaury. Sí.

Alicia. Plátano maduro frito, arroz, frijoles negros dormidos así, bien espesitos, ¡ay, qué rico!

«Con 2 que se quieran» Alicia Alonso (Parte II)

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Amaury. (risas) Y además ahora puede, ¿usted está haciendo ejercicios? Porque la veo delgada, en realidad la veo delgada.

Alicia. He engordado, en estos últimos días he engordado, he comido mucho.

Amaury. ¿Verdad?, pero ¿usted hace ejercicios?

Alicia. Me he pasado de dieta.

Amaury. Ah, bueno.

Alicia. Yo no tengo dieta, pero me cuido un poco. Me debía cuidar un poquito más todavía. Yo estaba más delgada.

Amaury. Yo la veo espléndida, señora. Realmente, ya usted sabe que yo soy un fan irrenunciable, un devoto perpetuo, pero yo la veo preciosa y quiero decirlo en cámara, después, como hablaremos de Pedro más adelante, no quiero que se ponga celoso (risas de Alicia), pero usted sabe que es mi amor imposible. Lo ha sido siempre. Ahora, usted me habló en aquella época, hace 14 años, que tenía un gallo blanco, que cantaba por las mañanas y que le alegraba la vida cuando cantaba.

Alicia. Me han encantado los animales toda la vida y en estos momentos ya hay una cría, en aquella época era una cría grande de pollos blancos ponedores, que eran maravillosos. Se me han acabado, pero ahora los tengo criollos, de todos colores, tengo un gallo colorado que es una maravilla, y me encanta cuando canta. A mí me gusta oírlo cantar por la mañana. Yo oigo un gallo cantar y entonces me sonrío automáticamente, porque me parece que le está cantando a la vida. El gallo canta porque ya se despertó, porque es la vida, porque está el día, porque empieza a vivir. ¡Qué cosa tan linda, qué belleza!  A mí oírlos cantar a los gallos no me molesta, me gusta muchísimo, así que en mi casa siempre hay que tener gallos.

Amaury. (risas) Pero usted ahora, me va a permitir, hay un  tema del que nosotros no hablamos hace 14 años.

Alicia. ¿Cuál?

Amaury. Y es que usted está a punto de cumplir 35 años de matrimonio con un hombre querido y admirado, escritor, crítico de danza, director del Museo de la Danza, director de la revista Cuba en el ballet y quisiera entonces que usted me hablara de Pedro Simón.

Alicia. ¿Qué yo le hable a usted de Pedro?

Amaury. Sí, que me hable usted de su amor por él, de su relación, en la medida de lo posible, sin ser indiscreto.

Alicia. No, yo le puedo decir que si yo no lo amase, o si no lo quisiese, ya no estaría con él.

Amaury. Yo me imagino, usted es una persona de convicciones muy fuertes.

Alicia. Sí. Yo creo que uno no le puede hacer perder el tiempo a nadie.

Amaury. Ni permitir que nadie le haga perder el tiempo a uno.

Alicia. Y a una persona, menos. Por lo menos…, yo sé que vivimos en esta tierrita por lo menos una vida, pero hay que vivirla linda, con trabajo, haciendo cosas, creando. Teniendo futuro, futuro en todo sentido. Pero, yo creo en el espacio.

Amaury. Eso me dijo.

Alicia. Sí, yo creo en el espacio, que hay vida en el espacio, en otros lugares. No sé cómo es la forma de vida, pero la hay. Porque me parece increíble, vanidoso, terrible, pensar que nada más que en este mundo, en esta tierrita pequeñita es donde único hay vida. ¿Por qué? ¿Qué tenemos? ¿Por qué vamos a ser nosotros los únicos? ¿Por qué?, miren para arriba y verán ¿cuántos planetas, cuántos universos hay?

Amaury. Bueno, ya hay gente que ha tenido contacto con extraterrestres.

Alicia. Eso he oído.

Amaury. Usted no. ¿Usted no?

Alicia. Yo no. Es una lástima, porque estoy loca porque hagan contacto conmigo (risas de Amaury). Yo sí quiero que lo hagan, yo no les tengo miedo ni nada. Ni les voy a tirar un tiro ni nada.

Amaury. Usted los enseña a bailar ballet.

Alicia. Ah, yo los enseño a bailar ballet. No, si yo espero que tengan algo para que me hagan así, plum, y me den la edad que yo quisiera tener para volver a bailar.

Amaury. Pero usted ha sustituido eso, porque está haciendo coreografías.

Alicia. Estoy haciendo coreografías.

Amaury. Y ahora me han dicho que está a punto de estrenar unas cuántas.

Alicia. Sí.

Amaury. Porque ya no es que Alicia va a estrenar una coreografía. Alicia va a estrenar varias coreografías. Es una vida constantemente en movimiento.

Alicia. Sí.

Amaury. Alguien me dijo: En una operación suya de los ojos, la primera, que usted estaba recuperándose y alguien me contaba, que usted marcaba todos los pasos con las manos mientras se recuperaba. ¿Cómo era eso, cómo es que usted recordaba los pasos con las manos?

Alicia. Porque yo bailo y yo puedo bailar, y bailar y hacer esto, los gestos (hace los pasos con los dedos de las manos) y el entrechat y todo lo que me da la gana, hasta cierto punto, pero eso lo hago entre bailarines que me van entendiendo. Cuando yo hago coreografías yo les explico, y entonces les digo. Además, usted sabe que todos los pasos tienen nombres.

Amaury. Sí, sí. Que son bellos los nombres, además.

Alicia. Por lo regular yo digo: este es el escenario, yo soy la parte de atrás, ustedes son la parte de alante, estos son los costados. Todo el mundo en una mesa y ellos se me ponen alrededor. Y entonces, con el salero y el no sé qué, entra por aquí, el otro, entra un tenedor, una… y los bailarines son tremendas cucharas, tenedores, cuchillos, todo lo que pueda encontrar.

Amaury. (risas) ¡Ay, Alicia!

Alicia. Pero así hacemos y así les explicamos y ellos van escribiendo. Por lo regular están Ana María, Javier Sánchez, está Svieta y todos ellos,  copia y copia y me cogen la música y la cuentan y me le dan vuelta ¿entiende? Y después van y montan. También muchas veces cuando yo digo que hagan este movimiento así, con los brazos: a ver, repítelo. Me toman película. Tam, tam, tam, y entonces, al hacer yo el movimiento (hace el movimiento), ellos me van tomando película.

Amaury. Yo creo que hasta yo bailaría si usted me monta una coreografía de ese tipo, de esa manera (ambos ríen).

Alicia. Yo no podría cantar aunque usted me enseñe. Ojala yo pudiese cantar.

Amaury. Y ojala yo hubiera podido bailar. Hubiéramos bailado juntos seguramente. Yo nunca la hubiera dejado caer. Nunca hubiera estado mirando para la muchacha del público.

Alicia. Pues, no.

Amaury. Se lo juro. Ahora, Alicia.

Alicia. Usted sabe, él ya murió.

Amaury. Sí.

Alicia. Pero él nunca más miró a ninguna muchacha mientras bailaba.

Amaury. (risas) No se atrevió, no se atrevió. ¿Es verdad, Alicia, que (René) Portocarrero, una vez le quiso regalar unas flores y como no encontró las flores, las pintó?

Alicia. Exacto, eso fue precioso, precioso…, unas flores. Llega y me dice: no encontré flores, por lo tanto te las pinté. Yo le dije: ¡Ay, qué felicidad que no encontró flores! Así esto es eterno.

Amaury. Pero también las flores en el corazón de uno…

Alicia. Precioso, no, pero precioso. Él era.., tenía cosas muy lindas, muy exquisitas.

Amaury. Alicia, ¿qué ha sentido usted? Yo pensaba: sobre usted han escrito, bueno, (Juan) Marinello, Cintio (Vitier), Fina (García Marruz), Eliseo (Diego), Dulce María Loynaz…, Es que todos los escritores y los más jóvenes, yo recuerdo todos los poemas que le han escrito: Nancy Morejón, Miguel Barnet, Pablo Armando (Fernández), es que todos…, ¿qué siente uno cuando tantas personas, a quien yo sé que usted también quiere y respeta, la homenajean de esa manera?… Alejo Carpentier.

Alicia. Bueno, es como… uno siente… ¿pero qué tengo que hacer ahora? Porque tengo que hacer algo mejor yo. Yo tengo que superarme, yo tengo que hacer algo mejor, yo tengo que hacer algo bien, yo tengo… Entonces uno no ve lo que ha hecho, sino, uno se pone a mirar qué es lo que tiene que hacer, los pasos que tiene que seguir de ahora en adelante, no lo que ya hizo, ante cosas tan bellas que dicen aquellas personalidades tan importantes y tan lindas.

Amaury. Y que además muchos de ellos, bueno, yo creo, por lo menos de los que le nombré, llegaron a ser sus amigos.

Alicia. Amigos.

Amaury. No solamente eran sus admiradores.

Alicia. Bueno la palabra amigo es muy grande.

Amaury. Es muy grande, es verdad. También la palabra amor es muy grande.

Alicia. Pero es más ligero.

Amaury. ¿Sí?

Alicia. Amigo…, no, eso es muy profundo.

Amaury. ¿Usted cree que la incondicionalidad es absolutamente indispensable en un amigo? Ser incondicional.

Alicia. Un amigo es más grande que todo.

Amaury. ¿Usted cree que ahora se es un poco irresponsable a la hora de decir amigo?

Alicia. No, y besos, todo el mundo se está besando hoy en día.

Amaury. Ah, sí, todo el mundo se besa, pero eso es bonito ¿no?

Hablemos de Laura, de su hija y de sus nietos y sus bisnietos.

Alicia. Bisnietas, dos.

Amaury. Bisnietas. Me ha dicho alguien -y usted me dirá si es verdad o no-, alguien me comentó que los fines de semana son para ellos. Que usted se los dedica a ellos ¿es cierto?

Alicia. No.

Amaury. Cuando está de viaje no, por supuesto.

Alicia. No, no, pero yo las veo, cuando puedo, cuando están aquí, porque una está en los Estados Unidos. La otra ya está aquí con Laurita. Ahora está en Camagüey, con la otra abuela, que es Camila. Y la otra, Carmen. Las quiero mucho y son mis nietas. Ellas me dicen “bis”.

Amaury. ¿Qué le parece el trabajo que ha hecho su hija Laura al frente de su compañía?

Alicia. Ella trabaja muchísimo y se empeña mucho en ese trabajo y trata de hacerlo por su lado. Ella no quiere ser la hija de mamá o de papá, o que digan… Ella quiere hacer algo por ella. Ella quiere ser independiente. Que sea independiente. Desde luego que tiene a mamá al lado ¿sabe? En cualquier momento ella sabe que tiene a mamá.

Amaury. Claro, la hija de mamá. Usted siempre será su mamá y ella siempre será su hija.

Alicia. Sí, cómo no.

Amaury. ¿Qué sueños le faltan por cumplir, Alicia?

Alicia. Yo estoy empezando a bailar ¿qué le parece?

Amaury. No, yo estoy… mire, usted es… usted es un hechizo. Usted es una fuerza de la naturaleza. Nadie se puede comparar con usted, el que se compare con usted está loco, o sea, puede seguirla como ejemplo, pero esa fuerza, ese deseo de vivir, esas ganas de seguir adelante, ese estar siempre presente, mire, usted me perdona, y que me perdonen los televidentes, si quieren pensar que estoy adulando. Sí, estoy adulando a Alicia Alonso y me siento muy honrado también de eso. Por eso le preguntaba: ¿Qué sueño le falta por cumplir a Alicia?

Alicia. ¡Ay, tantos! Yo quisiera hacer más ballets. Tengo la idea de otros ballets, otras historias grandes, muy grandes. Quisiera visitar otros países, me faltan algunos. Tengo muchos deseos de ir al África, no he estado en África. He estado en el mundo entero y no he estado en África. Y quiero seguir viendo cómo avanza todo. Quiero seguir viviendo, quiero ser parte de la vida, quiero ser parte de la vida, de esta tierra, ahora.

Amaury. El otro día yo pensaba, yo estaba en Cienfuegos. Yo hago siempre una pregunta, casi siempre, vinculada con Cuba, con el amor a Cuba; y me preguntaron, en una entrevista en Cienfuegos, como yo la hago en el programa, me dijeron: Amaury ¿y para ti qué es Cuba?, la misma pregunta que yo hago y entre las cosas que dije, fue: Cuba es Alicia Alonso. Yo pudiera decir: amo a Cuba y es como amar a Alicia Alonso. Amo a Alicia Alonso y es como amar a Cuba.

Alicia. ¡Ay, por favor! Eso es bellísimo, pero eso es demasiado, es demasiado ¿Usted se da cuenta lo grande que es Cuba?

Amaury. Y también me doy cuenta lo grande que es usted.

Alicia. Se acabó la entrevista, se acabó, ya.

Amaury. (risas) Está bien. Se acabó la entrevista. La voy a terminar con una canción. ¿Se acuerda que le hice una canción?

Alicia. Sí.

Amaury. Bueno, yo quiero entonces terminar la entrevista regalándole esa canción. Aquí tengo mi guitarra, la he traído, se la voy a cantar, ¿se acuerda que se llama Quisiera ser el viento?

Alicia. Quisiera ser el viento.

Amaury. Pedro ya se la sabe, me han dicho. A ver si se la canta.

Alicia. ¿Pedro?, ¿Pedro Simón?

Amaury. Sí, Pedro se la sabe.

Alicia. A él le encanta.

(Amaury le canta Quisiera ser el viento)

QUISIERA SER EL VIENTO

Quisiera ser el viento

que su espacio reclama

quisiera ser el viento

cuando se le derrama

quisiera ser el viento

cuando se encima y canta.

Quisiera ser el viento

que a su paso declama

quisiera ser el viento

que le fascina y habla

quisiera ser el viento,

podría ser la llama …

… Podría ser la luna

podría ser el agua

podría ser la lluvia

que la mece y la abraza

podría ser la espuma

podría ser la danza

pero quiero ser viento

para arrullarla.

Quisiera ser el viento

que la compulsa y alza

quisiera ser el viento

para desamarrarla

quisiera ser el viento,

podría ser la jaula …

Podría ser la luna

podría ser el agua

podría ser la lluvia

que la mece y la abraza

podría ser la espuma

podría ser la danza

pero quiero ser viento

para arrullarla

pero quiero ser viento

y enamorarla.

Amaury. Felicidades Alicia, muchas felicidades. Le beso las manos. Llego hasta usted. Muchas gracias, señora mía.

Alicia. ¡Ay, qué lindo ha estado eso! ¡Qué lindo!

«Con 2 que se quieran» Aurora Basnuevo (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Aurora Basnuevo (Parte I)

“¡Qué vida más sana, qué aire más puro!”

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran, ahora en 5ª Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña, digo nos acompaña porque me acompaña a mí, los acompaña a ustedes, que son los destinatarios de este programa, una persona que siempre quise entrevistar. La he respetado, la he admirado y la he querido mucho. Es la alegría en persona, y no la alegría porque sea especialmente simpática, sino porque lleva la alegría como estandarte. Una de las más grandes actrices de nuestro teatro, de nuestro cine, de nuestra radio, de nuestra televisión.

Mi queridísima y amada Aurora Basnuevo. ¡Mi amor! (intercambian besos de saludo). Le dicen la mulatísima, pero ella es más que la mulatísima, ella es una actriz que no se puede creer. Aurora, gracias, porque sé que estás muy ocupada, sé que has estado filmando, sé que has tenido en estos tiempos a tu hijo malito, hablaremos más delante de eso, si tú me lo permites.

Aurora. Sí, claro

Amaury. Yo quiero que tú me digas, ¿por qué todo el mundo piensa que tú naciste en Calimete, si fue en Colón?

Aurora. Bueno, eso fue una ocurrencia de (Alberto) Luberta, porque Colón en sí no decía nada simpático. Entonces en la provincia de Matanzas, porque soy matancera, él me ubicó en Calimete, que Calimete es más cómico…

Amaury. …Es más cómico, claro…

Aurora. …decir Calimete que decir Colón, pero yo nací en Colón, provincia de Matanzas y mi personaje, Estelvina, “la mulatísima”, es de Calimete.

Amaury. ¡Calimete! (risas).

Estelvina. Yo llegué a La Habana con los ojos cerrados, eso sí, aquí fue dónde me los abrieron: ¡Ay! ¡Qué vida más sana, qué aire más puro! (haciendo el personaje de Estelvina)

Amaury. No vamos a preguntar quién te abrió los ojos. A Estelvina se lo puedo preguntar algún día, pero a Aurora, no, no es discreto, no es elegante. Ahora, leyendo el libro de Josefa Bracero, Rostros que se escuchan, hay una entrevista tuya, en el segundo tomo, muy buena, con cantidad de información de tu vida profesional, y me encontré con un detalle que desconocía, tú fuiste maestra de primaria.

Aurora. Sí.

Amaury. Cuéntame cómo fue eso, primero, ¿cómo la niña de Colón llega a La Habana?, ¿fuiste maestra de primaria en La Habana?

Aurora. En La Habana. Sí, porque mi papá tenía una opinión de que teníamos que tener algún título, eran otros tiempos y ser maestra era lo más sencillo que uno podía llegar a una clase más o menos media, porque mi papá era propietario, tenía unas casitas ahí en Colón, tenía algunas reses y decía: mis hijos tienen que ir a La Habana a estudiar. Lo que es el capricho o no sé. Yo sé que llegué a La Habana a los 12 años, estaba estudiando en la escuela primaria superior de Colón, Luz y Caballero, y cuando llego trasladada para la escuela superior, que estaba en aquel momento en San Lázaro y Águila, llego a 8vo grado. Aprobé todo, yo era una niña inteligente, yo era una niña estudiosa.

Amaury. Tú eres una mujer muy inteligente.

Aurora. Pero me gustaba mucho estudiar y, bueno, llegué a mitad de curso, salí de Colón, llegué, aprobé el 8vo. grado. Hice un cursillo de tres meses para ingresar en la Escuela Normal, que cuando aquello habían tres mil aspirantes para 150 plazas. Ingresé en la Escuela Normal, yo cogí una plaza con 13 años y a los 17 ya era maestra normalista. Yo era muy dedicada, me gustaba ser maestra, lo disfrutaba, y defendía a mis niños. Entonces, después de la Revolución fui maestra de primaria, maestra nocturna, maestra de inglés. Porque se fueron… casi todas las maestras empezaron a partir, no había maestros. Éramos las últimas normalistas al principio de la Revolución;  yo me gradué en el 57.

Amaury. ¿Pero ya por esa época tú estabas haciendo cosas artísticas?

Aurora. Sí, también hacía cosas artísticas, era la maestra-artista. Pero yo estaba en mi aula y después iba a mis cosas artísticas.

Amaury. A ver, cuando entrevisté a Rosita Fornés para este programa…

Aurora. Sí.

Amaury. …le pregunté por tres personas; pero una de las personas por las que le pregunté, fue José Antonio Alonso, y claro, yo nunca le dije que José Antonio Alonso era mi padrino de bautizo. Y ella habló de José Antonio con cierta picardía, pero noté en sus ojitos cierto desdén, porque José Antonio parecía que tenía cierto carácter. Sin embargo, tú debutaste en su programa.

Aurora. Yo debuté en su programa.

Amaury. A ver. ¿Cómo fue eso?

Aurora. Cuando yo estaba estudiando en la Escuela Normal, allí había un teatro, que existe todavía. Ahí debuté yo, en ese teatro. Entonces las amiguitas mías me decían: ¡Ay, Aurora, preséntate en el programa de José Antonio Alonso! Pero para mi mamá eso era terrible, porque ser artista era ser lo último.

Amaury. ¿Verdad?

Aurora. No, no, terrible. Entonces yo, escondida de mi mamá, como era a las seis de la tarde… Ya era la Corte Suprema, no, era el programa de José Antonio Alonso de televisión. Porque Rosita fue al de radio.

Amaury. Al primero.

Aurora. Bueno, yo llego al programa de José Antonio Alonso acompañada de un guitarrista. El guitarrista era negro y él estaba pintando en mi casa y cantaba una canción que yo me la aprendí. La canción se llamaba o se llama Óigame y yo le dije a él: ¡ay, usted quisiera ir al programa de José Antonio Alonso conmigo, para que me acompañe en esa canción! y él dijo: ¡sí, sí, cómo no! Entonces escondida de mi mamá preparamos toda esa cosa, escondida y me gané el primer premio.

Amaury. ¡Pero claro, saliste por televisión!

Aurora. Salí por televisión y mi mamá: ¡Y esto qué cosa es! Voy el fin de semana y me hacen Estrella Naciente porque me volví a ganar el primer premio, pero al negro lo eliminaron. Y me dejaron sola, digo: Ay ¿y mi acompañante? Y me dice José Antonio: olvídate de eso, quedaste tú sola. (risas)

Amaury. Ay, Dios mío.

Aurora. El pobre, no lo vi más.

Amaury. ¿Verdad, más nunca lo viste?

Aurora. No, tampoco era un guitarrista estudiado ni nada, era una cosa que fue allí a eso, a acompañarme. ¡Allí estaba Isolina Carrillo de repertorista de las Estrellas Nacientes! Ella fue mi repertorista y mi maestra, la que me enseñó, me escogió el repertorio, me enseñó el estilo, me enseñó todo. Yo empecé cantando boleros.

Amaury. Sí, bueno, tú todavía cantas, ya en televisión no te dan mucha oportunidad, pero…

Aurora. No, porque me han encasillado. Yo me enteré que tenía chancletas, (risas) cuando llegué a la televisión porque en el teatro no, yo no tenía raza en el escenario. Era muy delgadita y Cuqui Ponce de León, a la única mulata que tenía contratada en el grupo, era a Aurora Basnuevo, todas las demás eran blanquitas. Y le protagonicé muchísimas obras, o sea, que yo no supe lo que era racismo en el teatro.

Cuando llegué a la televisión me pusieron las chancletas, pero bueno, me pusieron las chancletas, pero las chancletas me vinieron bien.

Amaury. Eran unas buenas chancletas.

Aurora. Eran unas buenas chancletas. Un día yo me puse muy brava, muy brava, y dije, bueno, pero por qué nada más que estoy haciendo papeles de “bola de humo”. Me decían la bola de humo de Calimete. Después me decían eso por la calle y yo en el teatro no hacía eso. Yo quiero hacer cosas dramáticas, porque yo soy actriz, y me fui a ver a Antonio Resillez, que cuando aquello era responsable de programación de la empresa. Y él me dice: Aurora, mira la lista de talentos, mira como hay actrices dramáticas aquí, tú serías una más. Mira ahora en esta parte donde nosotros te tenemos ubicada, que según tú te pusimos unas chancletas. Mira a ver.

Aurora. ¡Ay, Resillez, tú sabes que me convenciste, no voy a hablar más de eso!

Amaury. Sí, pero tú hacías obras tan importantes en teatro como Las Yaguas, por ejemplo.

Aurora. Sí, cantaba, actuaba y bailaba.

Amaury. Cantabas, ahí hacías muchas cosas.

Aurora. Con música de Piloto y Vera.

Amaury. Es que esos dos juntos, eso sí era un binomio tremendo.

Aurora. La primera comedia musical, el estreno de Las Yaguas fue un estreno precioso.

Amaury. ¿Y sobre qué año es que te haces profesional? Ya dejas el magisterio, dejas todo, ¿sobre qué año, más o menos?

Aurora. Eso sería 60 y pico por ahí, 64. No, antes, porque ya en el 63 hacía mis cositas. Lo mío fue sangreado. Un día falla Idalia Anrreu en la obra Habitación 406 de Héctor Quintero, que fue su primera obra. Miguel Montesco la dirigía y entonces me dijo: ¡Aurora, tú vas a hacer ese personaje! Digo: ¡pero si yo no soy actriz! Me dice: Sí, tú la vas a hacer, con la dirección de nosotros lo vas a hacer y lo hice ahí en la Sala Tespis y ya fue mi consagración, porque de ahí vinieron Los cuchillos de 23, Las Yaguas, de Piloto y Vera. Que el que me escogió para eso fue Piloto. Piloto dijo: o la hace ella o me llevo la música.

Amaury. ¡Qué bárbaro!, es que así eran esa gente, era una época.

Aurora. Sí, era una época… Yo quiero que la haga ella. Entonces, imagínate. Después hice La Pérgola de las Flores, que era una comedia musical chilena, donde hice una guajirita. A mí me dieron muchas oportunidades en el Grupo Rita Montaner.

Amaury. ¿En cuántos grupos estuviste? Porque también estuviste un año en el Anckerman.

Aurora. De ahí salí para el Grupo Jorge Anckerman, en el antiguo Teatro Martí. Allí hice muchas obras, protagonicé muchas obras, donde hacía la damita joven del Teatro Cubano. Mi pareja era Carlos Moctezuma casi siempre, un excelente actor.

Amaury. ¡Qué bárbaro!, tan recordado y tan recordado por el pueblo de Cuba.

Aurora. También ahí trabajaron conmigo Luis Lloró, Julito Martínez, en fin.

Amaury. Sí, todos ellos eran galanes.

Aurora. Galanes, pero yo era la damita.

Amaury. Tú también.

Aurora. Yo era muy bonita. (risas)

Amaury. Tú eres, yo lo dije desde el principio, tú eres muy bonita y es que la belleza no es una cosa que se pierde.

Aurora. No, ya no, ya no.

Amaury. La belleza se transforma.

Aurora. No hay que exagerar.

Amaury. Pero por qué pensar que no. Por qué yo voy a decir ahora que Rosita no es bonita. La belleza, a ver, no vamos a hablar de la belleza interior, porque la gente dice… no, la gente es bella por fuera también. Tú eras bella y vas a ser bella hasta el último día de tu vida, que se demore mucho, porque tú estás joven todavía.

Aurora. ¡Ay, ojala y tu boca sea santa!

Amaury. ¿Cuándo llegas a Fiesta Guajira?

Aurora. Primero fue Alegrías de Sobremesa. Después fue Fiesta Guajira, que es un programa que yo amo. Lo amo con todo mi corazón, porque ahí tengo la oportunidad de cantar día a día con un conjunto campesino, pero hago lo que quiero, lo mismo te canto un bolero que hago una guajira, que no sé, lo que quiera, porque es como una variedad dentro de lo que es la estampa campesina. Hago como cinco personajes. La estampa la escribe Julio Cid.

Amaury. Que es un gran escritor de radio también. No, es que tú trabajas siempre con los mejores, Julio Cid y Alberto Luberta, esa combinación es…

Aurora. No, no, un buen escritor, un buen guionista, detrás de eso se puede hacer algo, pero sin un buen guionista no hay una obra bien hecha.

Amaury. Ahora, yo quiero antes de llegar a Alegrías de Sobremesa, que es un gran tema, porque yo tengo unas encuestas antes de hacer estas entrevistas entre las personas que trabajan en mi casa, con Nereida que trabaja con nosotros hace tantos años, con Narciso y les dije: Es Aurora Basnuevo ¿qué le quieren preguntar?, y me dicen: ¡No se te vaya a ocurrir no preguntarle por la cosa simpática! y Narciso que es el jardinero del edificio me dice: Amaury, ella es una gran actriz dramática. No puedes olvidarte que hay veces que las personas tienen una vida real y una ficticia.

Aurora. No, porque Estelvina es un personaje que yo formé.

Amaury. Exactamente. La gente piensa que Aurora Basnuevo es Estelvina.

Aurora. Ese es el éxito.

Amaury. Claro, ese es el éxito del personaje.

Aurora. Del personaje.

Amaury. Pero muchas veces puede ser el drama de Aurora.

Aurora. De Aurora.

Amaury. ¿Cómo fue eso de que murió, haciendo Yo soy aquella, Alicia Rico, en el escenario?

Aurora. Ah, eso fue una cosa muy triste, porque ella siempre decía que ella quería morir en el escenario.

Amaury. ¿Siempre lo decía?

Aurora. Siempre lo decía. Entonces un día llegó muy mal, hacía días que se sentía mal. Y le dije: ¿Ali, y por qué vino a trabajar? Dice: ¡porque tengo que trabajar, el artista se muere en el escenario! Y se sentía mal, pero cuando salía al escenario… Esa noche fue una noche brillante de Alicia Rico. Esa noche ella hizo como tres reprises, tú sabes que en el Teatro Cubano, cuando una obra tiene éxito y te aplauden: da capo. Estaba el maestro Rodrigo Prats dirigiendo la orquesta abajo

Amaury. ¡Qué época, qué maravilla!

Aurora. La obra se llamaba Yo soy aquella, entonces ella cantaba una cosa que me acuerdo que decía: (cantando) “Yo soy aquella, que Colón trajo en la Pinta / Yo soy aquella que Pinzón puso en su lista / La guarachera (porque ella era un banquete), la sandunguera / la que en Matanzas fue la reina del danzón / Y estoy aquí, aquí, para quererte (y se quitaba un ortopédico, pam y lo tiraba) / Y estoy aquí” (y se quitaba la blusita) y tenía un éxito… Y esa noche fue brillante, ese número lo tuvo que repetir tres veces.  Y murió en el escenario. Cuando tiran la cortina… -yo me ponía un pañuelo y maquillada y todo cogía la ruta 65 y me iba para mi casa, yo vivía en Ermita entre Tulipán y La Rosa-. Pero en la misma parada de la guagua, me dicen: se murió Alicia y salí para el Martí otra vez, pero ya. Murió en los brazos de Rodrigo Prats.

Amaury. ¡Mira tú, qué cosa!

Aurora. Fue una de las brillantes actuaciones de Alicia Rico ese día.

Amaury. ¿Cómo llegas a Alegrías de Sobremesa? Cuéntame eso. ¿Cómo se crea Alegrías de Sobremesa?

Aurora. Yo soy una de las fundadoras de Alegrías…, porque en ese año que se fundó, pues nada, estaban los actores principales, las estrellas del humor de aquella época: José Antonio Rivero, estaba Carmelina Banderas, que hacía Rita, Idalberto Delgado, Wilfredo Fernández, bueno, en fin. Y había una muchacha que trabajaba en mi casa, ayudándonos con Mayito (hijo de Aurora y Mario Limonta) que hablaba de una forma muy peculiar, ella hablaba así. (imitando) Hablaba así (hace la manera de hablar de la muchacha) con una dulzura y una sandunga que ella tenía arriba (risas), es de Manacas, y cuando aquello, las trenzas y las cosas que se me echaban un poquito a perder del teatro yo se las daba a ella y ella se las ponía hasta para ir a la bodega, con un contoneo tremendo. Y me dice Mario (Limonta): “Aurora, mira, este es un personaje”. Y yo empecé ¿me entiendes? a elaborar el personaje de Estelvina. Mario habla con (Alberto) Luberta y le dice: “Aurora tiene un personaje que es un banquete”. Luberta le dice. ¡Ah, sí!, dile que venga por aquí para que me explique. Hablé con Luberta y bueno, la idea que yo le di, más el genio que es Alberto Luberta, que es un genio de los libretos…

Amaury. Le ando cayendo atrás para este programa y no lo encuentro por ninguna parte. A ver si tú me puedes ayudar. Ponme una piedra, como se dice.

Aurora. Yo sé, yo tengo para eso.

Amaury. Y entonces Luberta me pone a hacer Estelvina, la Bola de humo de Calimete.

Aurora. Claro. ¿Y llevas cuántos años haciendo eso?

Aurora. Bueno 45 años, vamos a cumplir 46.

Amaury. O sea que incluso has visto los cambios en algunos de los personajes, cuando una persona, desgraciadamente fallece, y el personaje cambia para otro.

Aurora. Y cómo va el personaje adquiriendo otra dimensión según las nuevas generaciones, porque hay varias generaciones que oyen a Estelvina. Ya Estelvina no es la que empezó, sino que se va actualizando con las cosas que están pasando…

Amaury. Con las cosas que están pasando ahora.

Aurora. Las cosas humorísticas de los muchachos jóvenes

Amaury. ¿Te permite Luberta morcillar, o sea, decir cosas fuera del libreto?

Aurora. Bueno…

Amaury. Porque él es una persona de mucho rigor.

Aurora. Sí, sí, pero bueno, algunas veces, que viene bien y uno le pone un poquito de sal y un poquito de pimienta (risas), pero de verdad que con Luberta no hace falta.

Amaury. No hay necesidad.

Aurora. No hace falta porque es una gente que… yo salgo confiada, cojo el libreto en la mano y sé que hay risas, sé que hay de todo porque hay talento.

Amaury. Claro, hay talento. ¿Y cuándo conoces a Mario Limonta? ¿Cómo se conocen ustedes?

Aurora. En el programa de José Antonio Alonso.

Amaury. ¡Ah! ¿desde tan jovencitos?

Aurora. Sí, él vino diciendo poemas, él era estudiante de Derecho de la Universidad. Cuando lo conocí el mulato estaba que era un mangón. Pero yo estaba divina. Ya yo era maestra, tenía mi anillito de graduada de la Escuela Normal de La Habana y él llega un día y me dice: ¿Usted es normalista? Le digo: Sí. Le veo la cara, y digo. ¿eh, y este guajiro lleno de talco, qué le pasa conmigo?

Amaury. (risas) El guajiro lleno de talco.

Aurora. A este conejito, porque se ponía mucho talco, yo tengo coriza, a mí el talco me da coriza.

Amaury. (risas) Ese mulato lleno de talco.

Aurora. ¡Ay, qué va, yo no estaba para eso! Y entonces él insistió, insistió, insistió y nada, nos hicimos novios. Yo tendría 18 años.

Amaury. Mentira, Aurora.

Aurora.  18 años y él me lleva 2, o sea que tenía 21.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Aurora. Novios. Y entonces a veces en el programa él decía versos, Isolina Carrillo me montaba números, porque José Antonio no quería que yo imitara a nadie. No como ahora, que tú oyes un cantante y se parece a miles. “No, que no cante nada que cante alguien. Isolina, móntale números de autores desconocidos, escribe números para ella, pero no quiero que cante nada, búscale su estilo, búscale su estilo”. Le decía José Antonio a Isolina.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Aurora. Y eso fue lo que hizo Isolina conmigo, que no me pareciera a nadie, que me pareciera a mí y eso se lo agradeceré, tanto a ella como a José Antonio Alonso, se los agradeceré toda la vida. Él me decía, mala, buena, o regular, pero Aurora. No me imites a nadie.

Amaury. Esos son los grandes, esos son los inolvidables. Bueno, pero háblame de San Nicolás del Peladero.

Aurora. ¡Ah, San Nicolás!

Amaury. Porque ese es un programa que la gente extraña, que nadie se explica por qué desapareció, porque fíjate que Alegrías de Sobremesa siguió, y todavía la gente se acuerda…

Aurora. De San Nicolás

Amaury. Era un programa maravilloso. ¿Cómo es que tú entras a San Nicolás del Peladero?

Aurora. Te voy a explicar.

Amaury. ¿Porque tú no entraste desde el principio?

Aurora. No. Mario hacía pareja con Hilda Saavedra.

Amaury. Exactamente, con Hilda Saavedra.

Aurora. Y, ¿tú sabes con quién yo debuto en San Nicolás del Peladero?, con Enrique Arredondo, de negrito y yo de mulata. Éramos unos cirqueros que llegábamos allí a buscarnos la vida. Pero aquello empezó a gustar, porque hacía muchos años que no se veía al negrito pintado y la mulata.

Amaury. Como pareja.

Aurora. Como pareja. Y entonces, bueno, nada el maestro Cheo Belén Puig al piano, tocando y yo cantando, Arredondo y yo. Bueno, eso gustó mucho. A tal punto que Mario hacía su pareja con Hilda Saavedra, pero cuando él ve que estoy apretando la soga con Arredondo, y él en Los Mambises y yo por allá por el teatro, ya yo no era la señora de Mario Limonta, ya yo empezaba a ser Aurora Basnuevo. Entonces se pone un poquito celosito y le dice a Carballido (José Manuel Carballido Rey): “¡Ven acá, Carballido!, ¿por qué tú no haces una escena donde el sargento le levante la mulata al negrito? ¿Tú no crees que eso sería bueno? Porque a mí me gustaría trabajar con mi mujer, chico”. Entonces Carballido le dice: está buena la idea esa, está buena la idea. Sí, sí, vamos a hacer una escena.

Amaury. Carballido era un santo.

Aurora. Era un santo. Vamos a hacer una escena donde suceda eso. Bueno, aquello pasó, pam pam, se formó, se hizo todo aquel libreto que quedó muy bueno, y yo empecé a hacer de la mujer del sargento Arencibia, y Arredondo se quita lo de negrito por primera vez, y empieza a hacer Cheo Malanga.

Amaury. Claro, porque estaban los que hacían los negritos antes.

Aurora. Antes estaban Ramón Espígul, Carlos Pous y entonces, bueno, Arredondo debuta y lo descubren por aquello del negrito, porque ya él estaba olvidado. Él estaba prácticamente olvidado. Nadie se acordaba de él y empieza a hacer en San Nicolás del Peladero el negrito y la mulata conmigo. Me acuerdo que yo le preguntaba a Candita.

Amaury. Candita Quintana.

Aurora. Claro, a Candita Quintana, allá en el Martí, porque yo me sentaba en el camerino para escuchar historias, yo le decía: Candita, ¿y Arredondo? ¿Cómo era Arredondo, Enrique Arredondo, el negrito? Bueno, a él le decían el rey de los campos de Cuba porque él tenía que salir por ahí mi’jita a buscársela, porque esto estaba duro en La Habana.

«Con 2 que se quieran» Aurora Basnuevo (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Aurora Basnuevo (Parte II)

Amaury. Sí, porque estaba Carlos Pous, estaban Garrido y Piñeiro.

Aurora. Imagínate. Toda esa gente en la radio y la televisión. ¿Dónde comía Arredondo?

Amaury. Claro. Y tenía un circo.

Aurora. Tenía una carpa.

Amaury. Una carpa.

Aurora. Tenía una carpa, pero eso fue después. Antes de la carpa te estoy hablando que pasó las de Caín, ahí lo cuenta él en el libro, que tuvo que vender una vez hasta la dentadura postiza (risas). Él mismo lo cuenta. Cuenta eso y bueno, a mí me interesaban todas esas historias. Después él empieza a gustar mucho, porque a la gente le gusta este género, a la gente le gusta el vernáculo.

Amaury. Sí gusta, es que es un género maravilloso, muy criollo.

Aurora. A los niños les encanta. Mira hasta donde llegó cuando empezó su Cheo Malanga.

Amaury. Claro, Cheo Malanga.

Aurora. Porque salió en la televisión, que es una cosa que agarra tanto público y él, bueno, la gente se olvidó ya de todo eso, porque ya todos los demás se habían muerto.

Amaury. ¿Cómo se llevaban ustedes en San Nicolás del Peladero?

Aurora. Nosotros nos llevábamos de lo mejor.

Amaury. A ver; María de los Ángeles Santana, Enrique Santiesteban.

Aurora. Pinelli.

Amaury. Pinelli, Agustín Campos.

Aurora. Juan Carlos Romero, que hacía el gallego, Simplicio, que era Carlos Más, Agustín Campos…

Amaury. Agustín Campos. Claro, que hacía Montelongo Cañón…

Aurora. Montelongo Cañón, Eloísa Álvarez Guedes…

Amaury. Carlos Moctezuma.

Aurora. Carlos Moctezuma con su Ñico Rutina.

Amaury. ¿Y por qué se acabó? -según tu punto de vista. ¿Por qué se acabó San Nicolás del Peladero?

Aurora. Chico, yo no lo entiendo, pero bueno, son cosas que pasan.

Amaury. Son cosas que pasan.

Aurora. Y uno dice: ¿pero por qué pasan?, porque pasan

Amaury. Hay un bolero que dice: “Son cosas que pasan” (cantando). A ver, una de las preguntas que yo he estado haciendo últimamente: ¿Por qué ahora no hay mujeres humoristas? Fíjate que siempre las hubo y muy buenas. Candita (Quintana), (Alicia) Rico, la misma Rita Montaner, Eloisa Álvarez Guedes.

Aurora. Minín Bujones.

Amaury. Minín Bujones, es que teníamos un elenco, incluso de las más jóvenes.

Aurora. Manela Bustamante.

Amaury. Manela Bustamante, que era muy simpática con su Cachucha (Cachucha y Ramón, programa de TV). ¿Por qué tú crees que no surgen como en la época de ustedes las grandes mujeres humoristas? Piensa a ver, ¿por qué tú crees que pueda ser?

Aurora. Mira, últimamente los hombres actores, humoristas, la han cogido por hacer de mujer, fíjate en los programas que hay, todos hacen de mujer. Han gastado todo el maquillaje del ICRT; las pelucas, ya tú no te puedes poner una peluca porque todas las tienen ellos, y eso fue la primera vez que, tú sabes que tú me viste, que yo hice de hombre, que eso estaba prohibido y me dieron a mí, después de una cosa que yo hice en el Teatro América, que hice tres tipos de hombres diferentes.

Amaury. Sí, si, yo me acuerdo.

Aurora. Que lo hice en Mañana es domingo (Antiguo Programa de TV)

Amaury. Exactamente.

Aurora. Que tú padre dirigía y tú animaste ese día. Y yo hice el papel de hombre y me dijiste: ¿Cómo pudiste hacer eso?, porque no me conocías.

Aurora. Entonces después de eso, que fui la primera que lo hice después de la Revolución, porque hay que aclararlo: la primera que lo hice fui yo. Ah, entonces campo abierto para que todos los demás se vistan de mujer y se pongan las pelucas y se pinten como una puerta, y entonces dejen a las pobres infelices humoristas sin trabajo. Está bien uno, pero es que casi todos ya se visten de hombre y de mujer. Hacen dos papeles pero ¿por qué?

Amaury. Sí, es como una especie de transformismo, ¿no?

Aurora. Pero ¿qué cosa es eso? Bueno sí, un día se puede, pero es que el problema es que se ha llenado la televisión ahora de trasvestismo. Hacen de todo. ¿Entonces dónde están las mujeres? Esa es la explicación que le doy yo.

Amaury. Pero tú estás convencida de que existen.

Aurora. Existen, y muy buenas.

Amaury. Yo quiero recordar contigo algo. Yo me fijo en todo y cuando vino de visita a Cuba, la primera vez, Reinaldo Miravalles, nuestro querido Miravalles.

Aurora. Ah, sí, nuestro querido Miravalles.

Amaury. Que vino de a ver su familia, ¿te acuerdas que en la casa de la familia hicimos una gran reunión con todos sus afectos?

Aurora. Sí, sí.

Amaury. Y yo, bueno, aparte de que vi a todos los actores con un grado de comunión entre todos que a mí me emocionó, de verdad. Yo me di cuenta ¿te acuerdas que nos sentamos tú y yo en una esquinita?

Aurora. Sí.

Amaury. Y empezamos a conversar y a hacernos cuentos, bueno, las cosas de nosotros. Yo vi que tú tienes una relación muy bonita con tus compañeros, que incluso venían y te contaban y te hacían confesiones y te pedían opiniones. Después otra vez nos vimos en la ANEC también y estaba Diana Rosa confesándote algo.

Aurora. Son mis hermanos.

Amaury. Eso es lo que yo quiero saber.

Aurora. Yo quiero hablarte de eso, ahora que hablas de Diana Rosa. La familia a veces no es la que tiene la misma sangre, Diana Rosa es mi hermana. En problemas duros que yo he tenido, ha estado Diana Rosa ahí. Yo tengo tres hijos, uno por sangre y dos más, una es Livia Batista, la del ICAIC y otro Arielito, Ariel Ordaz, lo único que no lo parí, su familia me quiere muchísimo. Esa es mi familia.

Amaury. Esa es tu familia.

Aurora. Y además, el pueblo, este pueblo tan lindo que tienes cualquier problema en la calle y: Aurora ¿qué te pasa? ¿En qué te puedo ayudar?, esa es mi familia.

Amaury. Sí, pero yo vi que pasaban por tu lado y te hacían un cariñito y te abrazaban.

Aurora. Sí, todos. Los jóvenes también me respetan.

Amaury. Por eso te digo. Ahí había muchos jóvenes, estaba Albertico Pujol, estaba Luis Alberto García.

Aurora. Toda esa gente son hijos míos también.

Amaury.  Ahora, hay un tema que yo creo que es importante tratar, porque tú puedes ayudar muchísimo a personas en casos semejantes. Tu hijo Mayito, tú tienes un hijo con capacidades diferentes.

Aurora. Sí.

Amaury. Y tú has sido una madre muy dedicada, tan.. eso no se puede creer y como es un tema del que habitualmente no hablas en televisión y sin embargo, esa es tu vida, porque es tu hijo amado.

Aurora. Esa es mi vida, mi vida.

Amaury. Tu hijo amado. Cuéntame de tu relación con Mayito, cuéntame la gente que te ayuda con Mayito.

Aurora. Mayito es una gente muy linda.

Amaury. Por eso te digo.

Aurora. Eso fue un accidente del parto. Mayito pesó nueve libras y media, tuvo un sufrimiento fetal y ese es el motivo por el que Mayito me salió con ese problema, después del desarrollo, que fue cuando el doctor Vega Vega me dijo: Aurora, hay que esperar el desarrollo de los 12 años y lo tengo en la Quinta Canaria desde hace muchos años, es como su segunda casa. A veces está en mi casa, a veces está allí, en el Hospital “27 de Noviembre”, y yo estoy muy agradecida de todos los compañeros que laboran allí. Ahora tuve un problema muy fuerte con él, yo estando en Londres.

Amaury. Bueno, ahora, cuando yo te empecé a llamar para el programa, estaba con el asunto de la fecha de la grabación, y tú me decías, es que él tiene un problema y yo no puedo tener la cabeza en un programa de televisión y en mi hijo.

Aurora. Bueno, pues nada, yo estaba en Londres y no me dijeron nada, yo estaba filmando una escena de una película allá y cuando llego me dicen que Mayito tuvo un granito, que… Sí, ¿pero donde está? no, está en el Hospital Fajardo. ¿Pero cómo en el Fajardo?, ¿pero, qué fue?, y yo no estando allá…

Amaury. Se ocupaban tus…

Aurora. Se ocuparon, mira; Diana Rosa allí, se turnaban.

Amaury. Es que Diana Rosa es tan buena.

Aurora. Esa mujer es lindísima, lo único que tiene un carro que parece una carreta, pobrecita ella no puede ya con él, es una vieja con colorete lo que tiene, ese Aleko, por favor, Diana, cambia eso. Es mi hermanita, la quiero mucho.

Amaury. Y te ha ayudado mucho con Mayito.

Aurora. Con Mayito, Mayito le dice mi tía.

Amaury. ¿Qué consejo le pudieras dar, qué mensaje a las madres que están en situación semejante y que muchas veces piensan que el mundo se acabó? Que es el final de todo y no lo es.

Aurora. Para mí, cuando me lo dijeron por primera vez, que iba a pasar eso, creía que el mundo… Se me iba a acabar. Pero entonces empecé a pensar, Amaury, y empecé a decir: la vida sigue y si yo me acabo ¿qué es de la vida de este niño? Mi hijo me quiere alegre, yo tengo que ayudarlo, yo tengo que tener salud. Yo, hay veces, cuando me enfermo, yo cojo miedo. Digo: ay, yo le hago mucha falta a mi hijo ¿entiendes? y le hago falta alegre, le hago falta con entusiasmo. Le tengo que dar vida. Y me quiere muchísimo, con el alma, me adora, está orgulloso de mí. Y yo, vaya, para ser madre, el cariño más grande que yo tengo, es el cariño de mi hijo.

…Yo les digo a las madres que eso no es una desgracia, eso no es que haya perdido un hijo. Eso es un hijo, ya yo soy madre, ese es mi hijo. Y nada, normal, para mí es normal, como todos los demás.

Amaury. Bueno, ya, no te me pongas triste porque tú no te puedes poner triste.

Aurora. No, yo no me pongo triste, pero te estoy haciendo una historia.

Amaury. Pero te emocionas.

Aurora. Me emociona porque son cosas que tocan muy adentro, pero no me pongo triste. Eso es así, es la vida. Que nos sorprende. Y nos cambia de un día para otro.

Amaury. Y tampoco es un castigo.

Aurora. No es un castigo ni nada, no. Él es un banquete, mi hijo es un banquete, él se ríe muchísimo y nada, me vacila y quiere que yo sea alegre, y que me ría. Él no me quiere triste “¿Y a ti qué te pasa mamá?”

Amaury. ¿Verdad?

Aurora. Sí, chico ¿mamá, a ti te pasa algo? Digo, no hijo no, a mí no me pasa nada. Ah no, porque te veo un poco seria. O sea, que no puedo. No debo.

Amaury. No debes. Ven acá, vamos a irnos al cine, porque tú has hecho mucho cine.

Aurora. Ah, sí, últimamente, después de veterana, porque cuando era jovencita…

Amaury. No te llamaban para nada.

Aurora. No.

Amaury. Pero sin embargo, llegó tarde, pero llegó.

Aurora. Llegó tarde, pero llegó

Amaury. A ver, háblame de las películas que has hecho ultimamente.

Aurora. Yo hice una película Salsa, que se filmó en París, con Joyce (Sherman) Buñuel. Parece que alguien le habló de mí allá y vino directamente a buscarme.

Amaury. A buscarte a ti.

Aurora. Era una cubana que hace 25 años que vive allá. Tenía que ser una Estelvina, una cubana, una cubana gozadora, pero de allá, y que tiene que hablar francés a lo cubano. Entonces ese fue el personaje que interpreté allá. Una casa cubana en París que…

Amaury. ¿Y te fue difícil hacer eso, el lenguaje?

Aurora. No, porque la posibilidad de ser cantante, y por fonética… Pues yo tengo una facilidad para eso increíble. No, si ya en el ICAIC me tienen como que yo hablo lo mismo inglés que italiano. Hice una con Ruy Guerra, en portugués, Estorbo que es un monólogo enorme, dramático y entonces después… Él no sabía que yo era humorista aquí y entonces alguien le dijo: no, ella es humorista. Hice una escena en San Lázaro con un monólogo grandísimo, en portugués (habla en portugués) y allí en el medio de la calle.

Amaury. ¡Qué cosa!

Aurora. Y entonces, díceme Pichi: ¡Oye, Aurora, yo no te conocí! Fue al Festival de Cannes y me vio allí y la gente decía que quién era yo, que de dónde era, si era de Brasil. Entonces me dice Ruy Guerra: ¿es verdad que dicen que usted es humorista? Digo sí. Bueno, yo soy actriz pero yo estoy viviendo del humor hace muchos años aquí en mi país. Pues para mí usted es una actriz dramática, nunca pensé que pudiera ser una actriz humorística ¿qué tal?

Amaury. Y estabas en la película de Benito Zambrano, ¿no?

Aurora. En Habana Blues, también hice de la administradora del cine.

Amaury. ¿Y ahora andabas por Londres?, ahora en el verano.

Aurora. En la película El día de las flores que tuve una escena que tuve que ir a filmarla allá y también una escena que no tiene nada que ver ni con Estelvina ni con Aurora ni con nada, otro personaje.

Amaury. Ahora, ¿qué fue lo que pasó con Barrio Cuba y el personaje de Adela que haces ahí?

Aurora. Bueno, Humberto Solás, que nunca pensé que se hubiera fijado en mí para hacer un personaje así; me dice que quería que yo trabajara en su película y me da el guión y entonces yo,-que se llamaba primero Gente de pueblo- entonces leo el guión y me dice: ¿Dónde tú te ves? Bueno, yo me veo aquí en un personaje, Humberto, pero yo no sé si tú serías capaz de darme ese personaje porque es muy dramático, pero ahí es donde yo me veo. Y me dice: ¿Quién es, Adela?. Digo: Sí, y él: Pues ese es el que te voy a dar.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Aurora. Entonces empecé a envecejer de mis canas, porque yo tengo canas, lo que pasa que tú me ves así porque me las pinto.

Amaury. ¿Y dónde tú crees que están las mías? (risas)

Aurora. Bueno, me las dejé todas, y empecé ahí con mi personaje ahí, ahí, a luchar e hice Adela, que era un cuento más de Barrio Cuba. ¿Qué pasó? Que se extendía mucho la película, incluyendo el cuento mío, como era monotemático, era para mí…

Amaury. Era la historia, ¿no?, de la madre… el niño en Angola…

Aurora. Tuvo que cortarlo, entonces hizo un cortometraje y lo separó  de Barrio Cuba. Y en la televisión, después de eso, tuve la suerte también de que Rudy Mora, que es un muchacho que tiene mucho talento.

Amaury. Mucho talento, mucho.

Aurora. Que lo admiro cantidad, porque conocí a su padre, trabajé con su padre, me dio un personaje en Diana, que no tenía nada que ver con ninguno de los personajes que he hecho. Una mujer noble, muy buena.

Amaury. Rudy es muy osado. O sea que estás volviendo de alguna manera a tus orígenes.

Aurora. Sí. Ahora quiero hacer esas cosas.

Amaury. Ahora quieres hacer eso, pero no puedes abandonar lo otro.

Aurora. Nooo.

Amaury. No puedes abandonar lo que la gente…, la gente te ama por eso.

Aurora. Si, sí.

Amaury. Pero ahora, fíjate, yo voy a mi última pregunta. Y mi última pregunta no es nada complicada y para ti que nada es complicado…

En la misma medida en que se está hablando de que el humor tiene que ser cada vez más refinado y cada vez más culto y cada vez más elevado… Mi miedo es que ese personaje que nos identifica, ese personaje del cubano, de la cubana. Ese personaje que alguna gente considera…, el mismo que hace Antolín, el que haces tú, la gente lo empieza a considerar menor y en la misma medida en que la gente empieza a considerar menor esos personajes, también se empieza a olvidar de cuán mayor es Cuba, que es la madre de esos personajes.

Aurora. Sí, cuando son los personajes cubanos…, pero no quieras ver lo que hacen ciertos y determinados humoristas en los centros nocturnos de esta ciudad, donde de verdad, yo no sé cómo permiten que hagan esas cosas, que no tiene nada que ver con el humor. Cuentos muy feos, chabacanerías. Hay que ver lo que es lo cubano y lo que es chabacano. Hay que tener mucho cuidado con lo que se le presenta al público en esos centros nocturnos, que a veces son cosas muy feas.

Amaury. Claro. Entonces vamos a hacer una especie de voto.

Aurora. Porque sea cubano.

Amaury. Porque sea cubano.

Aurora. Porque sea lindo, porque la gente lo goce.

Amaury. Porque sea lindo, claro, claro.

Aurora. Porque la gente se ría sin necesidad de caer en cosas que no deben ser, que no deben ser.

Los italianos vienen aquí, los franceses y yo les digo: c´est moi, tu ne me reconnais pas? Ahhhh mettre les lunettes (soy yo, tú no me reconoces, ponte los espejuelos (en francés) ¿entiendes? Es Cuba.

Amaury. Eso es Cuba, claro.

Aurora. Cuba.

Amaury. Con nuestra gesticulación, con nuestras cosas.

Aurora. No, no, a mí Cuba, Cuba. Yo amo mi país.

Amaury. Y es de donde salen tus personajes.

Aurora. Todo.

Amaury. Y después hay gente que dice: Pero, Amaury, por qué siempre tienes que terminar con la pregunta de Cuba. Digo: es que tengo que terminar con la pregunta de Cuba porque yo soy cubano.

Aurora. Y yo, ciento por ciento.

Amaury. Y queremos esto.

Aurora. Pero tú no sabes que a mí me dieron siete días de permiso en la película Salsa de descanso en París, y empecé a llorar para que me trajeran para acá esos siete días.

Amaury. ¿Tú querías venir los siete días para acá?

Aurora. Y vine.

Amaury. ¿Y te volvieron a pagar después el pasaje para el otro lado?

Aurora. Sí, porque estaba llorando y no querían que llorara.

Amaury. Bueno, pues tú no llores, no llores, que hoy te me pusiste un poquito triste en un momento determinado, y a mí no me gusta verte triste. Te quiero.

Aurora. Ni allá tampoco.

Amaury. Te quiero, pero yo no te puedo mandar para La Habana porque estamos en ella. Yo te quiero, yo te admiro, yo te respeto. Tú has sido parte de mi vida afectiva y hoy has sido parte también de mis recuerdos. Te adoro, mamá, te adoro.

Aurora. Yo a ti también.

Amaury. Un beso. Gracias por venir.

Aurora. Nos unen muchas cosas.

Amaury. Yo lo sé.

«Con 2 que se quieran» Eva Rodríguez (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Eva Rodríguez (Parte I)

“Saludos, amigos…”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran. Ahora aquí, en 5ta. Ave y Calle 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos compaña a todos, y para mí este es un programa muy especial, por razones obvias, ya lo verán, una de las más grandes conductoras; animadora, locutora de televisión, que ha tenido nuestro país, la historia de la radiocomunicación en nuestro país, de la televisión cubana. Acaba de cumplir 80 años. Y cuando la vi llegar al estudio, tan bonita, tan elegante, tan enjoyada, tan juvenil, me llamó mucho la atención, porque hacía un tiempo que no nos veíamos y ella ha sido parte de mi vida desde que yo nací, ha sido parte de mi familia también. Será una entrevista un poco difícil emotivamente, está con nosotros Eva Rodríguez.

Eva. Saludos, amigos.

Amaury. ¡Mi vida!

Eva. Para mí es un placer.

Amaury. En mi caso tienes que decir: ¡Saludos, mi hijo!

Eva. ¡Yo tengo tantas anécdotas tuyas!.

Amaury. Eva, a ver. Ya dije que habías nacido en 1930.

Eva. Sí, el 13 de mayo de 1930, en San Antonio de los Baños, la calle Ancha.

Amaury. Hablemos entonces de tu casa, de tu niñez, San Antonio.

Eva. Anja. Mira, yo nací en San Antonio de los Baños. Mi madre era una mujer enferma porque tenía problemas de tiroides, de bocio, fue operada tres veces y a los dos años mi padre me llevó para casa de los abuelos paternos y dos tías, también hermanas de mi padre. Era una casita muy humilde, mi familia trabajaba en el tabaco. Mi padre era escogedor de tabaco, bueno, bueno, bueno y mi madre y toda la familia por parte de madre y por parte de padre, eran despalilladores de tabaco.

¡Imagínate!, cuando el taller paraba, a los dueños no les interesaba que se murieran de hambre los trabajadores y en la vida yo no recuerdo haber comido un bistec, ¿tú no sabes? yo comía mucha harina con un huevito que ponía una gallina que no tenía gallo. Y la abuela decía: el huevito es para la niña.

Ahí llegué de dos años, y la vida transcurrió…, quizás la tía mía, Herminia Rodríguez…, ella, yo creo que en el fondo tenía algo artístico, que me llevó de la mano al arte. A los tres años ya yo me sabía poesías corticas y en una ocasión me llevó a un velorio y yo le decía: ¿Tía, recito? Porque en cuanto veía público, ya era hora de la actuación mía. Y la gente le decía: ¿qué es lo que quiere la niña?, ¿quiere hacer pipi?, ¿quiere comer algo? Y la tía: no, no,  no.  Bueno, se tuvo que ir porque yo, desesperada por recitar.

Pero ya a los seis años, ya ella me llevaba a todos los espectáculos del Partido, que eran en el Centro Obrero del pueblo, que existe todavía.

Amaury. ¿De San Antonio de los Baños?

Eva. No, de Santiago.

Amaury. De Santiago de las Vegas.

Eva. Adonde me llevaron por enfermedad de mi madre. Recitaba poesías vanguardistas, que yo no sabía lo que era Vanguardia ni nada, pero yo las presentaba como “Poesía Vanguardista”. Estaba la guerra (de la República en) España y todo eso. Y poesías larguísimas. Y allí pues me fui educando en ese tipo de cosas.

Amaury. Y tú me habías contado un día, por teléfono yo creo, que tú conocías a Gabriel, el letrista de La Rosa de Francia.

Eva. Te voy a contar. Mira, la casa mía era quizás la más pobre de la cuadra, de madera, los pisos eran de cemento muy pulido porque lo limpiaban diariamente, pero enfrente vivía un señor que le decían Musiú, que debe ser por monsieur (señor).

Amaury. Claro.

Eva. Musiú, era Gabriel Gabriel. Él hizo la letra de la canción, era violinista, hizo la letra de la canción “Una Rosa de Francia” porque tenía amores con una mujer casada del pueblo, que tuvo un amor, una tarde, y él le dedicó esa canción; pero claro, no la podía dar a la publicidad, e iba siempre allí Prats.

Amaury. Rodrigo Prats.

Eva. Rodrigo Prats, que era jovencito y visitaba Santiago de las Vegas…, estaba Esther Borja también allá viviendo, había una corriente intelectual y musical… Y siempre, “Una rosa de Francia”, cuya música es de Rodrigo Prats. La letra es de Gabriel Gravier. Pero tienen una historia también, que él y Panchito Simons, crearon en Cuba el Día de las Madres.

Amaury. Mira eso.

Eva. El Día de las Madres, que se celebró el 9 de mayo de 1920 por primera vez. Y ellos mismos sembraron en un terreno, claveles rojos y claveles blancos, para cuando llegara el día de las madres, el que la tuviera viva, su flor roja, y para el que no la tuviera viva, su flor blanca. Así fue la historia, y se lo adjudicaron a un periodista, Muñoz, que fue el que puso la noticia en el periódico.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Eva. Y la idea fue de ellos dos.

Amaury. Ahora, ya tú eras una jovencita cuando llegaste a La Habana…

Eva. Ah, pero te tengo que contar algo más.

Amaury. Ah, me puedes contar lo que tú quieras, esto es tuyo, este es tu programa.

Eva. Mira, mi familia era ya corta…, mis abuelitos habían muerto, mi familia eran dos tías, la tía Herminia, que era la que me llevó a todas estas cosas y un tío que tomaba, era borracho, que me hizo la vida un yogurt. Porque yo sufrí esa niñez tremendamente cuando aquel hombre llegaba tambaleándose y peleando. Aquello fue terrible.

Amaury. ¿Tenía un trago malo, lo que le llaman trago malo?

Eva. ¡No, él estaba borracho, borracho y ya!

Amaury. Sí, pero la gente le dice un trago malo porque el que bebe llega y pelea.

Eva. Ah, bueno, sí.

Amaury. Pero hay un trago alegre.

Eva. Siempre decía que le habían cogido dinero de dónde él lo tenía guardado y era que lo cogía para emborracharse. Entonces yo me ponía muerta cada vez que llegaba por las noches. Al fin, al fin muere el tío y mis tías…

Amaury. ¿Tú sentiste calma con esa muerte?.

Eva. Sí, sí, yo sentí calma porque a un borracho no hay quién lo aguante en la casa. Entonces vinimos para La Habana a vivir. Vine para La Habana con mis dos tías despalilladoras. Y una un poco enferma, la mayor. Vinimos a una casa que le llamaban de vecindad.

Amaury. Pero esas casas de vecindad, Eva, ¿es lo que después fueron los solares?

Eva. Bueno, era un poquito más refinado. Por ejemplo, eran figuras, gente decente que vivían en una habitación y tenían que ir a un baño, había dos baños atrás, grandes, enormes, para todo el mundo…

Amaury. Un baño para todos. ¿Tú tenías por esa época como 12 años?

Eva. 12 años. Vine a estudiar el Bachillerato. ¿Y sabes quién vivía al lado de mi casa?

Amaury. No. No me puedo imaginar.

Eva. Una señora llamada María Calvo, que al final fue conocida como Macorina.

Amaury. ¡Mira tú!

Eva. La Macorina.

Amaury. ¿La Macorina?

Eva. Sí, porque el historiador de María Calvo, cuando veníamos de Trinidad un día, me dice, hablando de cómo se llamaba La Macorina, me dice que se llamaba María Calvo. Y yo le digo ¿era coja, un poquito coja?, y él me dice que sí, porque uno de los amantes le tiró por el pie un tiro.

Y que era muy religiosa y que iba a misa todos los domingos. Entonces me había dicho a mí que ella nunca se había casado. Claro, ella lo que tuvo muchos amantes y cada amante le regaló un carro y ella se paseaba por La Habana en los carros.

Amaury. Pero qué ¿tenía una piquera? (risas)

Eva. Ah, ella salía y se metía con los hombres y las mujeres, ¡imagínate!, iban con sus esposos y ella les decía piropos a los hombres.

Amaury. ¿Y era bonita?

Eva. No. Usaba unos perfumes… Usaba un perfume, que yo le pregunté, porque a mí me llamaba la atención a los 12 años aquella fragancia.. me decía: es “Jazmín de Lubin”, era francés. Y muchas joyas en las manos brillantes, esmeraldas.

Amaury. Eva, pero a ver, para precisar porque después el público se queja cuando no se precisan algunas cosas. ¿Esta Macorina es la de la canción “Ponme la mano aquí, Macorina”?

Eva. ¡Claro, sí, sí!

Amaury. Vamos a dejarlo ahí, vamos a dejarlo ahí. A ver, háblame de tu participación, porque creo que fue muy importante y es muy importante en tu formación política, yo sé que la has tenido, la Juventud Socialista del Barrio de Marte.

Eva. Sí, sí. Mira, yo vivía en Rayo entre Reina y Estrella, a mediación de cuadra. Cuando yo empecé a estudiar Bachillerato, todas eran niñas finas, porque fue en el Vedado. Yo me iba con 10 centavos para coger el tranvía para allá y para acá, y me iba a pie desde ahí hasta el Instituto del Vedado, para coger los 10 centavos para la merienda, porque los demás merendaban y yo, ¡figúrate! y yo iba y venía a pie, entonces me enrolé ahí con la Juventud Socialista del Barrio Marte, que era cerca de ahí en Estrella y Maloja, por ahí. Y aquello fue para mí una cosa increíble… Las tareas que cumplíamos… El dirigente próximo a mí, era Roberto Azcuy Juara, que admiré muchísimo porque era una gente tremenda. Él tenía 23 años.

Amaury. ¿Y tú tenías 15 ó 16 años?

Eva. Sí, yo, quizás menos… y estuve trabajando con él muchísimo tiempo, hasta que me casé, después. Y era Flavio Bravo el que dirigía la Juventud Comunista en aquel momento, el que ponía las tareas. Y un día se me aparece Azcuy allá al Instituto y me dice: Polaca

Amaury. ¡Polaca! ¿Por qué te decían Polaca?

Eva. Sí, me decía Polaca porque era muy blanca y muy rubia y en lugar de decirme Eva, me decía Polaca.

Amaury. Está bien, está bien.

Eva. Y entonces me dice: Polaca, hoy va a desembarcar un barco que trae una exposición, pero fascista y me dijo: eso no puede desembarcar. Toda la juventud tiene que reunirse allí a tirar piedras, palos, lo que sea. Reúne a un grupo de gente de aquí, y vas para allá, para la Avenida del Puerto. Pero yo pasé revista y yo no podía decirle a ninguna de esa gente de ahí que fueran a hacer eso. Fui yo solita. Yo llevaba una carterita así, que vendieron en el Ten Cent, que tenía dos tapitas, no tenía cierre ni nada, la llené de piedras y de cosas y voy para allá con unos tenis, unos tenis viejitos blancos, lisos, porque aquello fue apoteósico.

Amaury. ¿Lisos como estos?

Eva. No, esos tuyos son lindos.

Amaury. Estos lo que no son viejos.(risas)

Eva. No, no. Los míos eran viejitos, y lisos y de mala muerte. Y voy para allá y empiezo a tirar todo lo que tenía en la cartera. Cuando la policía ataca al grupo con chorros de agua, el patinaje mío por la Avenida del Puerto fue tremendo, hasta que oí la voz de él que dijo: ¡huye, Polaca!

Al decir eso, Fangio, Juantorena, eran nada comparados conmigos. Arranqué y pude montarme en un tranvía y yo sentía que la carterita me pesaba una barbaridad, pero yo no abría aquello hasta que llegué al cuartico de mi casa. Cuando lo abrí tenía una pistola adentro.

Amaury. Que te le había puesto, quién, ¿Azcuy?

Eva. Azcuy. Cuando él llegó, llegó con la cara ensangrentada y con todos los cristales enterrados en la cara, porque él era bizco y usaba espejuelos. Con una pinza de cejas se los fui sacando, porque si iba a algún lugar a que lo curaran, lo prendían.

Amaury. Claro.

Eva. Porque era así la cosa.

Amaury.  Claro, sí, sí.

Eva. Entonces él me dijo: me salvaste la vida, Polaca. Porque si le cogen la pistola, imagínate tú lo que hubiera pasado.

Amaury. Ven acá, Eva, ¿y este Azcuy es el que tú alguna vez me has contado que fue tu primer amor, o algo así?

Eva. Chico, ¿tú sabes que yo llegué a pensar que sí me enamoré de él?

Amaury. ¿Sí?

Eva. Era negro, bizco, gago, pero yo sentía algo muy especial por él. Una admiración, una cosa, los gestos que hacía con un llavero que tenía. Todo me fascinaba. Pienso que sí.

Amaury. Y tú le hiciste un poema ¿No te acuerdas del poema?

Eva. Sí, cómo no, cómo no me voy a acordar.

Amaury. Dímelo.

Eva. Dice:

Tú no me das tu amor, tú me lo prestas

y yo lo uso feliz, voy a la fiesta

y regreso con la ilusión perdida.

Tú no me das tu amor, tú me lo prestas

y te lo acepto así, siempre contenta,

porque sé que sin él no tendría vida.

Este amor sin derecho de un instante,

he soñado mil veces arrancarlo,

aunque sé que jamás he de lograrlo.

Y aunque seas dolor, y seas tormento

y aunque sea muy larga la partida

yo esperaré por ti, toda una vida.

Amaury. ¡Ah, qué bonito Eva!

Eva. Luego también en el autógrafo, él también sentía esa misma pasión, me puso: ”Un amor como este será posible después que triunfe el comunismo en Cuba”.

Amaury. ¡Qué bárbaro! Es muy lindo porque además, ahora ya no hay problemas con eso.

Eva. Sí, mira, hay mucha gente, hay mucha gente que piensan que el negro y el blanco valen lo mismo y eso, pero no hasta ese punto.

Amaury. No hasta el punto de que se casen.

Eva. Y en aquel momento mi familia era comunista y todo, pero en aquel momento eso era un tabú, eso era imposible.

Amaury. Sí, pero estamos hablando de hace muchos años ¿cuántos?, eso fue.

Eva. ¡Imagínate tú Amaury!.

Amaury. Hay que sacar cuentas, ya se sabe que tú tienes 80.

Eva. Tenía yo 15 años, una cosa así.

Amaury. No, no, por el amor de Dios, en aquella época lo podían haber matado, arrastrado por las calles…

Eva. …Seguro.

Amaury. …por una cosa como esa. Ahora, ¿quién fue entonces el padre de tu hijo mayor?

Eva. Bueno, mira. Estudiando Bachillerato, él se enamoró de mí apasionadamente.

Amaury. Era un compañero tuyo de…

Eva. …Compañero de estudios. Estudiábamos en casa, porque a mí el Español me encantaba y en las Matemáticas era malísima. Y entonces él era un matemático; yo le daba español a él y él me daba matemática a mí y física y química, y esas cosas.

Y ahí nos enamoramos, y nos casamos y tengo una anécdota. Que sí te la voy a contar.

Amaury. A ver, cuéntame.

Eva. Yo soy una mujer muy sincera, siempre lo he sido.

Amaury. Tú eres una mujer maravillosa, eso es lo que tú eres.

Eva. Esto que te voy a contar no lo sabe ni él.

Amaury. A ver.

Eva. Cuando nos casamos, mis dos tías eran solteronas, y a mí no me prepararon para el matrimonio. Yo fui al matrimonio como debía ser en aquella época, virgen, y salí en estado enseguida. Entonces las dos familias, la de él y la mía, determinaron que yo no debía tener ese niño y me llevaron a un doctor canoso que vivía en la calle San Lázaro. Cuando yo me acosté en aquella camilla, vienen con una inyección y ahí me dio un ataque de llanto. Y el médico me dice: ¿por qué tú lloras, muchachita? Digo, porque yo quiero tener a mi hijo. Dice, mira, coge los 100 pesos que me pagaron y vete a comprar la canastilla.

Amaury. ¡Ahh, qué lindo, Eva!

Eva. Salí de allí corriendo y le di un abrazo a mi marido, a mi tía y a todo el mundo.

Amaury. Porque tu marido también quería el bebé…

Eva. …Y hoy en día es mi locura, porque es un muchacho tan inteligente, tan bueno. Es coronel del MININT. Yo lo adoro.

Amaury. Al lado tuyo, de qué manera no pudiera salir un muchacho bueno. Ahora, vamos a ver, ¿cuánto llegas a la televisión?

Eva. Mira. Yo estaba en mi casa y un día viene una vendedora de Avon y me dice: “estoy muy triste porque me presenté para locutora en un examen que hay. Fíjate, llega la televisión a Cuba y yo quería y, qué sé yo”. La señora tenía bastante edad y ella me dijo: me suspendieron. Y yo dije: ¡locutora!. Me quedé fascinada con aquello.

Amaury. Con la palabra.

Eva. Con la palabra.

Amaury. ¡Qué bonito suena!.

Eva. Cogí y llamé por teléfono -¡yo fui tremenda-, al Ministro de Comunicaciones, porque estaba cerrada la matrícula. Y cuando yo llamo, dice Eva Rodríguez ¿de dónde? Digo: de San Antonio de los Baños. ¿Qué le iba a decir?

Amaury. Claro, claro.

Eva. Me salió el hombre al teléfono y me dijo: mire, vaya mañana a ver a Baquero de parte de mía, que yo lo llamo ahora para que la incluya en los exámenes. Y fui y examiné.

Amaury. ¿Pero que te salió el ministro?

Eva. El Ministro, vaya, esas son cosas que se dicen y no se creen.

Amaury. No se creen, no.

Eva. Bueno, entonces fui, examiné y había un señor de Crusellas allí.

Amaury. Crusellas, ¿qué cosa era?

Eva. Una publicitaria. Y entonces me dice: el lunes vaya a ver a Fulano de Tal, para hacerle una prueba, porque posiblemente la contrate Crusellas. Y así fui y me dijo: tenemos que hacerle una prueba. Con el producto usted se aprende el texto y va a visitar 10 casas, el del publicitario venía atrás. Si usted vende 8 productos, la contratamos. Si no, no es buena vendedora.

Y yo, tun tun, tocaba y le metía el comercial completo, me compraron 9 y una negra gorda, que estaba en un solar, me dice: “ay, mi’ja cómo me gustaría”. Porque era Ajax para limpiar las cazuelas. Y entonces dice: “cómo me gustaría tenerlo, pero mi´jita, yo no tengo ni un centavo”. Y el tipo me dijo: le das el producto. Entraste por la puerta grande.

Amaury. Sí, pero en esa época, a ver. Tú también habías hecho radio ¿ tú estuviste en la Mil Diez?

Eva. No, yo lo que visitaba la Mil Diez de jovencita.

Amaury. ¿Qué cosa era la Mil Diez?

Eva. ¿Qué cosa era la Mil Diez? Que recogí mucho dinero para hacerla.

Amaury. Ah, ya está.

Eva. Y como recogí mucho dinero iba todas las noches a disfrutar de Miguelito Valdés, y de toda esa gente.

Amaury. Pero la Mil Diez era una emisora…

Eva. …Del pueblo, la emisora del pueblo, del Partido Comunista, que la vi destruir después, acabaron con ella. Recogí dinero también para el edificio que tiene la CTC ahora, que antes se llamaba Confederación de Trabajadores de Cuba. Y por los bonos que yo vendí para las dos cosas, me hicieron madrina de Juan Marinello por el Barrio de Marte. Porque le vendí un bono de cien pesos, que en aquel momento era mucho, a Márquez Sterling, que era un anticomunista rabioso.

Amaury. ¡Qué bárbaro!, es que la vida tuya…

Eva. …Tú sabes que yo conocí a todos los comunistas de la época, que visitaban mi casa, mi casa pobrecita. Y la casa de Narciso Rodríguez, mi tío. Cuando iban a dar una charla los comunistas, paraban en mi casa y comían de lo poco que teníamos. Allí fueron Blas Roca y Lázaro Peña que eran líderes de los trabajadores. Pero fue Juan Marinello y este otro moreno, que me encantaba oírlo hablar, García Agüero. Esos eran intelectuales.

Amaury. ¡Qué cosas!, pero tú me habías hecho un cuento, una vez, que te vinculaba con Amaury Pérez García.

Eva. Mi primer trabajo en la televisión fue con tu padre. Yo llegué… Me habían dado una mención de Embrioné 54.

Amaury. ¿Qué cosa era eso?

Eva. Una crema de belleza. Cuando eso yo era linda y menudita.

Amaury. No, Eva, no. ¿Cómo que cuándo eso tu eras linda? Tú sigues siendo linda.

Eva. No, chico, ya no. Oye, cuando yo llego, yo iba temblando, trabajar con Amaury Pérez, imagínate. Amaury coge la mención y me dice: no, no, no esta gente no han pagado tanto, y tacha la mitad de la mención, yo que me había pasado tres días estudiándome aquello, y dije: bueno, ¿y ahora qué hago? Pero traté de relajarme. Me siento en una… como si fuera una coqueta, que no tenía espejo y con el producto delante. Y había unos bailarines bailando y fastidiando y los pasos, frente por frente a mí. Y el nerviosismo que yo tenía de no decir lo que Amaury me había tachado…, se me olvidó la mención y empecé a improvisar. Y que esto, y que qué sé yo, y el masaje y la cosa, y el anunciante…, yo estaba a prueba y me contrataron. Pero me metí minuto y medio hablando. Amaury salió de la cabina y me dijo: ¡Pero Muchachita!, ¿qué tú hiciste? Si te quité la mitad de la mención y has metido mención y media. (risas)

Amaury. Pero bueno, no pasó nada tampoco por eso.

Eva. Mira, yo trabajé tanto con Amaury y con Condal (Joaquín M. Condal), que los recordaré eternamente. Porque aunque después hice la presentación de todos los programas de Manolo (Rifat) y la animación…

Amaury. …Sí, ahora hablamos de Manolo.

Eva. Los dos me llevaban para hacer las cosas importantes. Con Amaury hice todos los 26 en el interior. Con Condal hice un programa con Rosita y también fui millones de veces a provincia… Una vez nos quedamos botados por allá por Camagüey y pasamos la noche sentados en un andén esperando que amaneciera para venir en lo que fuera para La Habana. Y de verdad trabajé mucho con los dos y a los dos los quise mucho. Y los quiero, porque para mí no han muerto.

Amaury. No, no, es que ese tipo de gente no se muere nunca.

Eva. No, nunca, nunca.

Amaury.  Ahora, Eva.

Eva. ¿Y tú no te acuerdas?

Amaury. A ver, a ver.

Eva. De una anécdota contigo. Cuando en el año 69, que eras un pepillito que no te dejaban salir, yo animaba el espectáculo por la noche con Consuelito y Pinelli.

Amaury. Claro.

Eva. Y después por la madrugada había un show para los extranjeros, que era con grandes artistas cubanos. Y tú querías, naturalmente, ir.

«Con 2 que se quieran» Eva Rodríguez (Parte II)

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Amaury. Sí, claro, ir a ver…

Eva. Y yo dije le dije a tu madre, ay, pero si yo lo llevo, yo lo cuido, está conmigo y entonces te dejaron. Y todas las noches ibas para allá conmigo.

Amaury. Es que nosotros hemos vivido de todo. Ahora vamos a hablar de otras las cosas, porque yo tengo tantas preguntas para ti. Además estoy realmente muy agradecido, debo decirlo a la mitad del programa.

Eva. ¿De qué?

Amaury. De que tú estés aquí conmigo, que hayas aceptado venir.

Eva. Ay, chico.

Amaury. Es una entrevista que me cuesta trabajo porque estoy emocionado.

Eva. No, pero espérate, mira, Pedro García me hizo el traje, mira qué lindo. Yordanka Kristova me mandó los zapatos de Bulgaria.

Amaury. Los zapatos que ha traído Eva, lo más grande de la vida y entonces yo estoy muy…

Eva. …Olimpia me hizo estas joyas para que las exhibiera en tu programa.

Amaury. No, no, pero es que has venido como una princesa, no me puedo quejar. Ahora, ¿tú fuiste junto con Nela del Rosario, la mamá de Guido López Gavilán, la gran locutora y maravillosa persona, las primeras mujeres que hicieron Noticieros en Cuba?

Eva. En Cuba y en América Latina. Porque resulta que todo el mundo utilizaba hombres y “El mundo en televisión” rompió el esquema con nosotras dos.

Amaury. ¡Qué cosa!

Eva. Y fuimos las que dimos la noticia de la caída…

Amaury. …Ahí voy, de la caída de Batista…

Eva. …De la caída de Batista.

Amaury. Fueron ustedes dos las que estaban…

Eva. …Sí, cómo no y estaba Ibraín Urbino, que era tremendo locutor y Don Pablo Medina también.

Amaury. Don Pablo Medina que era también otro de los grandes.

Eva. De los grandes.

Amaury. Eva. ¿Cuándo tú conoces a Manolo Rifat?

Eva. Mira.

Amaury. Otro, otro de esos, de esa promoción que después de aquellos grandes de la primera generación, después viene Manolo, junto con Pedraza Ginori.

Eva. No, Manolo fue antes que Ginori…

Eva. …Manolo en la época…

Amaury. Manolo era muy joven

Eva. Sí. Los primeros fueron, los tres primeros: Amaury, que Manolo decía que era la cubanía, lo que él daba en sus programas era la cosa cubana. Estaba Condal que era cantidad de mulatas preciosas y todas de un mismo tamaño y toda esa cosa.

Amaury. Sí, sí, era como el Rodney en la televisión.

Eva. Y también lo hizo en Tropicana, trabajó muchísimos años.

Amaury. En Tropicana, el mejor show que yo recuerdo.

Eva. Y Manolo era lo moderno. En el 60 Manolo hacía ya videos clips, lo que es el video clip ahora.

Amaury. Eran muy atrevidas las cosas que hacía en aquella época. Pero ¿Cómo tú lo conociste?

Eva. Yo lo conocí…

Amaury. …Pero era más joven, más joven que Amaury, y más joven que Condal, mucho más joven.

Eva. Y más joven que yo. Yo le llevaba 6 años también.

Amaury. ¿Pero dónde ustedes se conocen?

Eva. En el estudio, él mortificaba mucho. El terror mío son las cucarachas, yo no puedo ver una porque me muero.

Amaury. Aquí no hay.

Eva. ¡Si hay una aquí se acaba el programa!.

Amaury. No, no hay, aquí no hay.

Eva. Entonces un día me tiró un papel negro con paticas así y yo solté el papel, la noticia y salí corriendo. Y me dice Amadeo Arleta por la noche, porque había un cóctel, al que yo fui. ¿Qué le pasó a usted por la mañana en el Noticiero? Porque él lo veía todo. Digo: que me cayó una cucaracha arriba, porque yo no iba a embarcar al compañero de trabajo.

Amaury. Sí, claro.

Eva. Y al día siguiente vinieron con bazucas fumigando todo y aquello, porque pensó el viejo que de verdad habían cucarachas.

Yo conocí a Manolo así. En “El mundo el televisión” a veces había una parte económica, que era bastante pesada, y los camarógrafos le decían a Núñez Pascual: no se mueva, quédese ahí sin moverse. Y el pobre Núñez Pascual hablando de la economía ahí y ahí y los camarógrafos bajaban a comer chicharritas y estábamos en el tercer piso. (risas)

Amaury. ¿Cuánto duraba el Noticiero ese, Eva?

Eva. Empezaba a las siete de la mañana y terminaba a las nueve.

Amaury. ¡Dos horas de Noticiero!.

Eva. Pero había que estar allí desde temprano.

Amaury. ¡Hombre!

Eva. Entonces ahí empezó Manolo a decirme: el día que te divorcies me caso contigo.

Amaury. ¡Ah!, porque tú no estabas divorciada todavía.

Eva. No, yo estaba con mi esposo y el niño chiquito. Y el niño le cogió un odio que no lo podía ver, porque él le decía: Cuando tu mamá se divorcie de tu padre, yo me caso con ella.

Amaury. ¡Qué cosa!

Eva. Y el niño lo miraba, ¡figúrate!

Él tuvo problemas y lo torturaron y se tuvo que ir y eso es una historia muy larga de contar. Se tuvo que ir, fue para Italia. Cuando regresa al triunfo de la Revolución, él toma la embajada de Cuba en Italia, que yo tengo la foto con la bandera cubana y demás y regresa rápido para Cuba. Cuando regresa yo estaba divorciada.

Me dice: ¿Qué tú te divorciaste? Me caso contigo. Y empieza a decirle a todo el mundo que era novio mío, y yo con una pena con Nela. Yo le decía: Nela, eso no es verdad, porque yo tenía una vergüenza de tener…

Amaury. No, Nela también, igual que tú, una señora, todavía tú eras joven. Pero Nela siempre fue la exquisitez, la decencia, la educación.

Eva. Sí, sí, y yo tenía una pena, que Nela pensara que yo era novia de Manolito. Yo decía. Ay, no, y a todo el mundo se lo negaba. Convocó para una despedida de solteros, preparó todo y nos casamos.

Amaury. Pero él dijo: sí, me caso contigo. Pero a ti te gustaba, está claro, te gustó desde la primera vez que lo viste ¿o no?

Eva. Yo lo veía como un niño. Fíjate, yo lo veía como un muchacho.

Amaury. Es que él siempre fue como muy juvenil.

Eva. Manolo sí, él era así y muy simpático.

Amaury. E hiperquinético.

Eva. Sí, sí. A Omara, por ejemplo, pasaba y le daba una nalgada y, cosas así, y yo pensaba que no, pero mira, me fue poco a poco enamorando y nos casamos enamorados y 50 años duró el matrimonio.

Amaury. Cuéntame la anécdota de cuándo Manolo te puso a donar sangre en el estudio. Cuando la campaña de las donaciones de sangre.

Eva. Sí, el programa comenzaba, era Música y estrellas, que no querían hacerlo, extraerme la sangre, porque decían que a lo mejor esa sangre se echaba a perder con el polvo del estudio y demás. Entonces, yo, vestida muy elegante, acostada en una camilla y empezaban a extraerme sangre. Y cuando dice el doctor, ya. Dice el coordinador: no, faltan tres carteles, déjela ahí. Y yo decía: me van a desangrar aquí. Manolo, que se moría de ver sangre, el se estaba desmayando, y como era en blanco y negro, no se veía que era sangre de verdad ,mi madre, después del programa, en San Antonio de los Baños, me llama por teléfono y me dice: ¡ay!, hija, qué susto pasé. Me parecía que te estaban sacando la sangre de verdad.

Amaury. ¡Y te estaban sacando la sangre de verdad!.

Eva. Claro. Y era para que yo dijera después: ¡Saludos amigos! Y era para que los que vieran el programa se dieran cuenta que donar sangre no era…

Amaury. …Que donar sangre no era una cosa terrible.

Eva. Yo tengo un diploma por haber donado muchas veces sangre.

Amaury. Bueno, tú has donado alegría que es una cosa de las cosas más importantes del mundo. Cuéntame la anécdota de la perla o, del arete de perla.

Eva. ¡Ay, chico! ¿Cómo tú te enteraste de eso?, eso nunca te lo he dicho…

Amaury. No, porque ¿tú crees que la gente no habla?

Eva. Mira, Manolo era muy efusivo. Al primer baile que fuimos, un bailecito de carnaval que yo no quería ir, pero involucré a una compañera locutora para que fuera con un musicalizador también, porque yo decía: y yo ir con este bebé a…, y fuimos. Y la despedida fue que me dio una mordida en el brazo esa noche, que se me hizo un…

Amaury. …Un hematoma.

Eva. Un hematoma tremendo. Pero ya éramos novios. Yo tenía un Buick y él no tenía carro y yo lo llevaba hasta la casa todas las noches. Y llevaba a una prima de chaperona, porque la tía mía decía que no debía de salir sola con él, porque la gente…

Amaury. Pero así era.

Eva. Y la prima mía me presta unos aretes de perla de cultivo, unos areticos que eran muy simples, la perlita nada más. Y Manolo besuqueándome y bueno, hasta mañana, ¡fua!, me da un beso en la oreja y se traga la perla. (risas) Se la tragó y yo decía: ay, mi arete, mi arete.

Amaury. Pero además, cuando llegaras a la casa, ¿dónde está la otra?, te preguntaría tía.

Eva. No, la prima mía, la dueña del arete, en el asiento de atrás de la máquina, decía: ay, Manolito mi perla, mi perla de cultivo.

Amaury. Y él le dijo, ¡espera hasta mañana!.

Eva. No apareció nunca.

Amaury. ¿No apareció nunca?

Eva. No.

Amaury. También era chiquita, ¿no?

Eva. Era una perlita chiquita.

Amaury. A ver, Eva. Estoy muy entusiasmado, Eva, te repito, sí, estoy muy entusiasmado. Estoy feliz, feliz de…

Eva. Ay, chico.

Amaury. Además estoy recordando cosas, tú hablas y yo recuerdo, y recuerdo, y recuerdo. Cuando fuiste a tener… Tú tienes otro hijo…

Eva. Cómo no.

Amaury. El hijo con Manolo.

Eva. Sí.

Amaury. Ese sí lo vi yo, a ese sí lo conozco bien.

Eva. Sí.

Amaury. Pero hay una anécdota vinculada con tu reticencia a tener ese segundo hijo.

Eva Ah, esa anécdota es muy buena. Íbamos para un 26 de Julio, creo que era en Santa Clara, iba el chofer, Amaury, tu padre y yo atrás. Se vira tu padre y me dice: Ven acá, Eva, ¿cuándo tú le vas a dar un hijo a Manolo?

Y yo me quedo así y le digo: Amaury, pero si yo no paro. Viajes internacionales, representando a la Televisión Cubana en todos los países socialistas. Estuve en los Estados Unidos en la parte de La Florida, Tampa, Cayo Hueso, Miami, al triunfo de la Revolución  fuimos. Y entonces Amaury me dice: Eva, fíjate, en la vida todo pasa -él era muy simpático también-, y me dijo, hasta la ciruela pasa (risas) Y me dice: y lo único que le queda a uno, cuando es viejo, son los hijos. Yo me quedé pensando y pensando y digo: Amaury tiene razón. Entonces estaba el Festival de Varadero andando, Manolo se tenía que ir a Polonia con Farah…

Amaury. ¿Con Farah María?

Eva. Sí, que ganó ese año, e iba también Alberto Vera.

Amaury. Ah, cuando Farah ganó Sopot, ¿no?

Eva. Claro.

Amaury. Exacto, exacto.

Eva. Y tuvimos un encontronazo antes de irse, naturalmente una despedida amorosa.

Amaury. Una despedida amorosa.

Eva. Claro. A la semana digo yo: ¡ay, estoy embarazada!

Amaury. Porque lo presentiste, porque a la semana no se entera nadie de que está embarazada.

Eva. Ah, pero yo sí. Yo sabía que estaba, tenía un asquito y una cosita. Y digo: ay, estoy embarazada. Y voy al comadrón y me dice: ¿Cómo tú vas a saber que estás embarazada ni con 15 días? Ah, pues yo estoy embarazada. Y estoy embarazada y ya, cuando me hicieron las pruebas, estaba embarazada.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Eva. Entonces empiezan a sacarle sangre a Manolo para ver si teníamos la sangre acorde uno con otro, que teníamos RH Negativo los dos, pero Manolo se desmayó. Ya eso era con el barrigón y yo, ay, mi marido se me mure, mi marido se me muere, porque Manolo no podía. Él llego y dijo muy serio: ¿Qué mano pongo, doctor? Y cuando le dieron el pinchazo hizo así y se desmayó, y yo, por todo aquel pasillo corriendo.

Amaury. A ver, yo quiero que tú me hables, ya hemos hablado de Nela del Rosario, pero hay dos locutoras de las que se habla poco y tú las conociste Freya García y Dinorah del Real.

Eva. Sí, mira, Freya era una muchacha sencilla, humilde, que le pidió a Dios vivir hasta que su hijo se graduara; y así fue, graduándose el muchacho murió ella. Yo la admiraba mucho, la quería mucho.

Amaury. Era muy culta, hablaba muchísimos idiomas, ¿no?

Eva. Sí, sí, sí.

Amaury. Yo la recuerdo que hablaba muchos idiomas.

Eva. Sí, una muchacha muy culta, muy culta. Dinorah fue compañera de nosotros.

Amaury. Claro, claro.

Eva. Y trabajaba muchísimo. Pero Consuelito y yo teníamos una empatía, una cosa desde que nos conocimos…

Amaury. Sí, por eso yo…

Eva. …¿Tú te acuerdas Varadero 70 que teníamos la puerta del cuarto abierto?

Amaury. Ah, sí, el cuarto de una y el cuarto de la otra con una puerta entre los dos cuartos.

Eva. Me decía: ¿Gorda, qué te vas a poner hoy? Y yo, Flaca, ¿qué te vas a poner hoy? Y siempre teníamos esa relación familiar.

Amaury. Yo quería justamente hablar de eso. Yo intento normalmente en estas entrevistas, porque me afecta, no hablar de mi mamá, de mami. Pero contigo no, contigo es como tenerla viva y yo quisiera que tú le contaras a los televidentes, porque mucha gente pensaba que entre ustedes dos había rivalidades y yo sé que no la había.

Eva. Ninguna.

Amaury. Mi mamá te amaba y tú a ella. O sea, se respetaban.

Eva. Y yo la amaba. Porque fíjate. Teníamos dos estilos distintos.

Amaury. Totalmente diferentes.

Eva. El estilo de Consuelo era uno y el mío era otro.

Amaury. ¿No había competencia?.

Eva. Quizás, si hubiéramos sido del mismo estilo, quizás, quizás, hubiera habido… pero nosotras ¡en la vida!. Yo recuerdo una vez que se le dio un homenaje a Consuelo y me dijo: óyeme, el micrófono no se lo des a nadie, tú sola. Y yo me quedé así, yo decía: ¿ y si alguien me quita el micrófono para hablar y decir algo?…

Amaury. Si, porque había un grupo de…

Eva. Un grupo grande, y ella me dijo, tú sola.

Amaury. ¿Cómo se llevaban todos ustedes? Bueno, ya sé cómo te llevabas con mi mamá.

Eva. Germán, igual.

Amaury. Con Papá Pinelli, con Cepero…

Eva. Sí. Hay una anécdota con Pinelli cuando fuimos a Varadero 70 nos dieron una casa para los tres. Y dice Consuelo: Ven acá, ¿cómo vamos a vivir nosotras aquí, con Pinelli? Bañándonos y esto y lo otro. Entonces fuimos y dijimos que queríamos una habitación para cada uno, porque por mucho que lo quisiéramos, era un hombre.

Amaury. Sí, claro, claro.

Eva. ¿Verdad?

Amaury. Sí. Pero bueno, Papá Germán, tú sabes que era un caballero. Pinelli era un hombre… era el sumun de la caballerosidad un hombre de caballería de otro…, perteneció a muchos otros siglos.

Eva. Era una persona, una gente increíble.

Amaury. Eva ¿Cómo es eso de que tú le ponías los nombres a los programas de Manolo?

Eva. Chico, porque mira, yo me hice profesional publicitaria. En aquella época los publicitarios tenían que ser profesionales en eso y yo compré una hora en el Canal 4 para hacer un programa que se llamaba Tele Bazar. Para hacer las menciones de ese programa, tenía que ser publicitaria.

Amaury. Claro.

Eva. Y eso me dio cierta cosa así de… y todos los programas de Manolo…, a veces estaba con él, por ejemplo, Quiroga, que trabajó mucho con él…

Amaury. Orlando Quiroga, claro.

Eva. A Buenas tardes. ¿Ay y cómo le ponemos, cómo le ponemos? Y en ese momento entro yo y digo: Buenas tardes y dijeron: Ah, vamos a ponerle, Buenas Tardes, era a las doce del día.

Amaury. Claro, a las 12 del día.

Eva. Entonces ¿cuál otro?, yo estaba haciendo té en la cocina y estaban ellos planificando Saludos amigos. ¿Y cómo le ponemos, cómo le ponemos? y ¿Cómo le ponemos? Y digo yo: bueno, ¡Saludos amigos!, vamos a ponerle Saludos amigos.

Porque cuando aquello todos los locutores salían y decían: Muy buenas noches amables televidentes.

Amaury. Claro.

Eva. Muy buenos días, amables televidentes. Y yo salí diciendo Saludos amigos.

Amaury. Ahora, ¿cuando te retiraste de la Televisión y de la Radio?

Eva. Chico, un día me llamaron del departamento mío, y me dijeron, como llamaron a Consuelo también.

Amaury. Sí, sí…

Eva. …Y a Pinelli y a todos.

Amaury. Sí. Yo sé cómo los llamaron.

Eva. Hay una disposición de que se tienen que jubilar para darle paso a la juventud pujante. Así decía la carta, que yo la tengo.

Amaury. Juventud pujante, pero, ¿por qué, porque iban al baño o, por qué?

Eva. No. (risas) a la juventud pujante, no sé, esa frase…

Amaury. La frase es muy sugerente: juventud pujante.

Eva. Y entonces me jubilé pero yo seguí haciendo…, el último programa que hice, lo hice ya jubilada fue Para sentir amor.

Amaury. Para sentir amor.

Eva. Sí me afectó.

Amaury. Sí te afectó.

Eva. La jubilación me afectó. A partir de eso, empecé a padecer de depresiones. Unas depresiones que…

Amaury. ¡Bueno, pero el que te está viendo en este programa, está viendo a una persona que es la antidepresión, es un antidepresivo Eva Rodríguez en esta noche en Con 2 que se quieran!. Tú has sido, todavía eres, muy bonita.

Eva. Hay, gracias, pero, imagínate tú.

Amaury. Pero es que tú siempre fuiste bonita y yo he visto fotos tuyas, en la casa las tengo. O sea, fotos tuyas con mami en el 70, y antes, y de los sesenta y tantos. Y yo tengo esas fotografías y las conservo como un tesoro…

Eva. Es que trabajamos juntas tantos años…

Amaury. Trabajaron juntas, es un tesoro que yo conservo. A veces los recuerdos se van quedando solamente en eso, en fotos y uno empieza a querer las fotos tanto, tanto, tanto como lo mas preciado.

Pero tú mejor que yo, eso sí lo sabes mejor que yo, los programas tienen maravillosos principios y, a veces, la desazón del final cuando los programas ya hay que llegar al final. Para mí ha sido un programa…

Eva. …No, y para mí es más, porque no me puedo parar con facilidad, ¡así que el beso me lo das tú a mí sentada!.

Amaury. No, no te preocupes, no te vas a parar, ahora yo voy para allá. Pero yo te quiero decir que ha sido para mí emotivo, porque viéndote sentada frente a mí. Primero, nunca soñé que eso iba a pasar. Nunca pensé…

Eva. ¡Ay, Amaury!

Amaury. Nunca pensé que iba a pasar, porque yo qué entrevisto ni qué cosa, y entrevistar a una conductora como tú de tanto talento, de tanta trayectoria me emociona. Pero además, en algunos momentos creí ver a mi mamá, así que te lo agradezco mucho.

Eva. Ay, mi vida querida. Un beso grande para ti.

Amaury. Y no voy a despedir este programa, me voy a sentar aquí, y me voy a quedar así, aquí me voy a quedar. (Amaury posa su cabeza en los muslos de Eva)

Eva. No me hagas llorar.

Amaury. Muchas gracias.

Eva. Gracias a ti.

«Con 2 que se quieran» Gerardo Alfonso (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Gerardo Alfonso (Parte I)

“Para mí el racismo es un tema eminentemente cultural”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC. Hoy está con nosotros una persona que yo admiro mucho, un gran músico, un gran compositor, un gran cantautor, un gran trovador. Un ser humano maravilloso, entero y completo, siempre con todo lo que opina y con todo lo que hace. Con una obra inmensa, mi amigo Gerardo Alfonso. ¿Qué tal, Gerardito?

Gerardo.  Muchas gracias por haberme invitado.

Amaury. ¿Cómo no te voy a invitar, chico?, si no te invito a ti no invito a nadie.

Gerardo. Es un honor, la verdad.

Amaury. A ver, Gerardo, la primera pregunta. Tú has dicho: “Cada canción es un taller de trabajo hasta que llega la luz que ilumina todo con la palabra justa”. ¿Puedo inferir que tú crees en las musas y en la inspiración?

Gerardo. Sí, por supuesto, creo en las musas, creo en el hecho de la inspiración, que es una llegada redonda de elementos ignotos, desconocidos, ¿no?, pero cuando yo me refiero a cosas como esas, estoy hablando más del acto del taller, del trabajo.

Amaury. De trabajar constantemente.

Gerardo. Sí, el cincel ahí pegado al verso y a la melodía.

Amaury. Sí, pero como hablaste de luz, tú sabes que uno siempre tiene la tendencia a pensar que la luz es una cosa como divina, ¿no?

Gerardo. Claro, porque es como un parto, es dar a luz también terminar una canción. Y dentro de ese proceso viene el toque divino, ese toque redondo que viene del cosmos y se condensa en un tema que es para siempre y para todos.

Amaury. Eso me llevaría entonces a esta otra pregunta. Tú sabes que este programa, si lo has seguido.

Gerardo. Sí, claro.

Amaury. Sabes que tiene un foro en Cubadebate donde se publica la entrevista, la gente interactúa conmigo y dan sus opiniones. Y mucha gente me dice, como una queja, y yo lo admito, porque es el público y este programa está hecho para ellos, que por qué yo no invito al programa a personas comunes y corrientes. ¿Tú te consideras que tú no eres una persona común y corriente?

Gerardo. Por supuesto que soy una persona común y corriente. Es decir, sencillamente tengo una actividad, una actividad que es de masas, una actividad que es arte y eso tiende a colocarse en un espacio de élite, me refiero a la canción, al arte, pero el individuo, yo, soy una persona común que vengo del éter también. Mi mamá me parió un día y he hecho el recorrido como cualquier otra persona común, en los estudios, en el trabajo, en la convivencia social y, aparte, necesito esa comunidad y esa comunicación de un hombre común para poder alimentar lo que después se convierte en las canciones que uno escribe y que uno siente, ¿no?

Amaury. Ahora, hablaste de tu mamá. Tú naciste en el año 1958. ¿No tienes lío con eso de la edad?

Gerardo. No, para nada.

Amaury. ¿Dónde?

Gerardo. Yo nací en San Miguel del Padrón. San Miguel del Padrón en aquel entonces todo estaba dentro de Guabanacoa. Nací en un barrio que se llama El barrio obrero, en el reparto Martín Pérez. Y nació aquel niñito a las tres de la tarde del domingo primero de noviembre del 58, o sábado, algo así, que se llama.

Amaury. ¿Quién será?

Gerardo. Gerardo Alfonso.

Amaury. Tú te llamas Gerardo Alfonso, ¿no tienes otro nombre?

Gerardo. Alfonso es mi primer apellido, Alfonso Morejón que es el apellido de mi mamá.

Amaury. Claro, Alfonso. Hay varios, hay pintores, está Carlitos Alfonso…

Gerardo. Está Juan Carlos Alfonso.

Amaury. Juan Carlos Alfonso, por eso te digo, hay una cantidad de Alfonsos muy importantes. Ahora, otra de las cosas que ocurre en el programa, que al público le impresiona mucho y, a mí también, la verdad, es cuando las personas nacen en situaciones muy humildes y llegan después, mediante su esfuerzo tremendo y el apoyo, por supuesto, del país y el apoyo de la Revolución, llegan a colocarse en lugares altos. Pero tú naciste en una familia donde tu padre y tu madre eran profesionales.

Gerardo. Sí. Diríase que son mi mamá, y mi papá clase media. Mi papá es ingeniero y mi mamá, pediatra. Nada, viví la mayoría de mi vida separado de mi papá, porque ellos se divorciaron. Los primeros años de mi vida los tuve a los dos juntos y vivimos un tiempo en este barrio que te hablo, en San Miguel del Padrón, en el Barrio Obrero. Y luego en el Reparto Eléctrico. Ahí pasaron tres años de mi vida. Después mi madre fue a una misión, la primera misión internacionalista, que fue en Argelia, y yo regresé a vivir con mi abuela al Barrio Obrero, y allí, en ese período me imbuí de una realidad popular, religiosa, afrocubana.

Es decir la religión Yoruba y la religión Abakkuá, era muy cerca de esa zona, ¿no?. Y de alguna manera me fui enterando de dónde vienen las cosas, el origen, el origen de casi todo lo que somos como nación, lo que somos como cubanos.

Amaury. Ahí llegaré. Ahora, de pronto yo me enteré que tú -y seguramente, ahora me doy cuenta, que por tu padre-, fuiste técnico  electro energético.

Gerardo. Electro energético. Ah, sí, eso es una cosa.

Amaury. ¿Estudiaste eso, o lo ejerciste?

Gerardo. Trabajé, fui, estudié y trabajé. El asunto es que cuando estaba en la Secundaria, ¿no?, que terminé décimo, mis padres necesitaban colocarme en una profesión. Y de pronto apareció un tecnológico, en el Mariel, el “Juan Manuel Castiñeiras”, de electro-energético. Y a mí me gusta mucho la Física, tengo una vocación para eso.

Amaury. ¡Qué raro!

Gerardo. Me encanta la Física, de todo tipo, todo tipo de Física.

Amaury. Sí, pero también querías ser abogado.

Gerardo. Lo de abogado te cuento ahora. Me metí en el tecnológico, porque era una vocación afín con relación a la Física, esas cosas. En tres años salía con un título y un dinero, ¿no?, una ventaja sobre mis compañeros que iban a estar en el Pre.

Pero estando en el tecnológico descubrí que eso era un fracaso, porque no me encantaba. Una profesora que yo tuve, que se llama Isabel Guzmán, se encargó de darme el empujón y de decirme: si tú sigues aquí serás un frustrado. Me gradué, trabajé dos años de técnico medio en el Ministerio de la Industria Eléctrica, pero no.

Amaury. Pero eras muy jovencito, ¿no?

Gerardo. Sí, sí, con 18, 19 años. Y ahí empecé a dar tumbos…

Amaury. Te pregunté porque es que alguien me dijo: Pregúntale a Gerardito, porque él quería ser abogado.

Gerardo. ¡Ah, ya!, lo de abogado. En ese período Rubén Blades le estaba dando la patada a la lata. Y Rubén Blades era un abogado que hacía música popular. Y era como el, era como el…

Amaury. …Sí, era la guía para mucha gente.

Gerardo. La guía, sí. Entonces, nosotros teníamos una, por lo menos, en mi empresa, en el centro de trabajo donde yo estaba, había una filosofía que decía, que la música no era una profesión y me metí a estudiar Derecho. Estudié Derecho por el dirigido, hice un año.

Amaury. ¡Ah!, ¿porque llegaste a estudiar?, yo pensé que  te gustaba…

Gerardo. Sí, estudié Derecho. Suspendí una de estas asignaturas de…, no me acuerdo si era Teoría del Estado del Derecho, no me acuerdo.

Amaury. Bueno, bueno, imagínate, ya tú sabes.

Gerardo. Y desistí. Dije no, no voy a ser Rubén Blades, definitivamente. Y ahí empecé a dar cabezazos, empecé a trabajar en diferentes cosas, había un…

Amaury.  ¿Ya estabas en las canciones?

Gerardo. Empezaba yo a hacer canciones, yo empecé a hacer canciones en el 78 en el Tecnológico -77, 78, por ahí. En el 80, afortunadamente entré en el Movimiento de la Nueva Trova, y fue el abandono de una profesión y el renacimiento de algo desconocido. Y entonces fue que empecé a dar tumbos en diferentes trabajos, como notificador del Decreto Ley 27. Yo repartía…

Amaury. …No, no, no es que lo tuyo no tiene…

Gerardo. …El Decreto Ley 27 es una cosa muy importante, porque tiene que ver con lo que es el ornato público y, dentro de esas cosas está el tema de poner macetas en las barandas de los balcones, o colgar sábanas, o hacer diferentes cosas, ¿no? Y eso se quedó alojado en mi cerebro, dentro de las cosas que uno va capturando. Fíjate, que ya te he dado dos elementos; yo vivía en San Miguel del Padrón, de niño.

Amaury. Claro, claro, claro.

Gerardo. Y después toda mi vida la viví en el Vedado, es decir, yo hacía el recorrido este. Y ahora, trabajando en el 80 en eso, divisé aquella cosa de las sábanas.

Amaury. Que después se convirtió…

Gerardo. Que después se convirtió en la canción.

Amaury. En esa canción.

Gerardo. Fueron elementos que se fueron sumando como un rompecabezas, pero después entré en el Movimiento de la Nueva Trova, en el 80, creo que fue.

Amaury. ¿Pero quién te embulla para que tú vayas ahí? ¿Quién te dice?…

Gerardo. ¿Al movimiento?

Amaury. Sí, ¿quiénes se ponen de acuerdo? Gerardo, vamos a presentarnos. Vamos a ver cómo se entra ahí.

Gerardo. No, no, no, era, una válvula de escape, era una puerta al paraíso, aquello. Había una convocatoria nacional para todos los jóvenes que querían ser trovadores, que querían tener una propuesta y se evaluaban en un lugar. Ahí estaban los experimentados trovadores antiguos; estaba Miriam Ramos, estaba creo que Sara (González), Marta Campos y Angelito Quintero en ese momento. Y llegué yo a evaluarme, como muchos.

Amaury. Entonces estaba Sara, muy experimentada; estaba Miriam.

Gerardo. Sí, de jurado.

Amaury. En el jurado estaba ¿qué otra mujer?

Gerardo. Estaba Marta Campos.

Amaury. ¡Marta Campos!, Marta Campos parece una niña, pero no lo es.

Gerardo. Sí, está en formol.

Amaury. Parece una niña, pero no lo es. Y estaba Angelito Quintero.

Gerardo. Angelito Quintero.

Amaury. Que tiene…, debe tener tu edad, ¿no?

Gerardo. No, él es mayor que yo.

Amaury. ¿También es mayor?

Gerardo. Él es como cuatro años mayor que yo.

Amaury. Estas gentes son magos, porque todos parecen unos muchachos.

Gerardo. Y llevaban más tiempo. Ya cuando tú tienes cuatro años, tres, cuatro años en el Movimiento de la Nueva Trova, se supone que tú tengas un criterio para decidir sobre esto y esto.

Amaury. ¿Y en aquel momento no te dijeron: Sí, Gerardito?

Gerardo. Nos batearon, nos batearon; a mí, a Carlos (Varela) y a Víctor (Varela).

Amaury. ¿A Víctor?

Gerardo. Sí, y nos quedamos como candidatos, posteriormente quién sabe lo que iba a pasar. Candidato es uno que…

Amaury. Que es aspirante A. (risas)

Gerardo. Suplente.

Amaury. Primer suplente.

Gerardo. Sí, y ese va a algunas actividades militares y eso, pero no es como…

Amaury. Es como en el Ballet, sería cómo, cuerpo de baile C, después sube al B y después… (risas)

Gerardo. (risas) Fue una historia así y nueve meses más tarde, en el 80 creo que fue, en octubre del 80, nos volvimos a evaluar Carlitos y yo y Víctor Varela también y, entramos en el Movimiento de la Nueva Trova.

Amaury. ¿Y cuándo tú conoces a Santiaguito, a Frank y a Tosca?

Gerardo. A partir de ahí. Yo creo que en la primera evaluación, de las dos, donde quedé candidato, yo conocí a Santiago. A Tosca lo conocí después en un proyecto que había que se llamaba Trovar, aquí en el hotel Nacional, era donde estaba. Enriquito Núñez convocó a muchísimos artistas jóvenes a hacer un espacio de Trova. Ahí estaba toda la generación de nosotros, algunos mayores de tu generación, también, participando de alguna manera ahí. Ahí nos conocimos, ahí se fue cimentando un proyecto muy interesante. Ahí se fue consolidando la canción de autor de la nueva generación.

Amaury. A ver, ¿cuándo se conforma ese grupo que uno puede definir…?

Gerardo. Ese cuarteto. El cuarteto Frank Delgado, Santiago Feliú, Carlos Varela y yo. Pasó algo, Donato y Santiago eran un dúo, ellos trabajaban juntos y eran como las voces visibles, las imágenes visibles de todo el Movimiento, porque por el talento, porque qué sé yo qué. Nosotros estábamos empezando, Carlitos… -Frank ya era del Movimiento de la Nueva Trova desde el 79-, y nos empezamos a reunir en ese lugar. Algo fue, nos fuimos decantando, Donato fue tomando un camino diferente, quizás un poco más con banda, un poco más a lo comercial, fue tomando un camino diferente.

Santiago se quedó a la zaga ahí, y nos reunimos, nos encontramos nosotros en uno de estos lugares y empezamos a compartir canciones poco a poco. Cada vez era más necesario, teníamos más necesidad de eso.

Íbamos a casa de Santiago, que era la sede número 1. La segunda era la de Carlitos Varela; mi casa casi nunca era una sede porque a mi mamá no le gustaba ese tipo de show. Pero en casa de Santiago era toda una felicidad, porque éramos dueños de toda la casa. Había una indisciplina que nos permitía gozar, disponer de todo.

Amaury. ¿Y tus padres qué opinaban de todo esto? Tu papá y tu mamá, los dos.

Gerardo. Mi mamá…, mi papá con ese criterio era más neutral. Él se alegraba si alguna…

Amaury. …¿Se alegraba si tú le cantabas alguna canción?

Gerardo. Él sí, pero mi mamá sí tenía miedo. Mi mamá tenía miedo porque…, es decir, para un profesional que tiene una carrera académica, ¿no?, graduado universitario, un médico…

Amaury. Sí, sí.

Gerardo. …este concepto del artista bohemio, la locura, es inseguro.

Amaury. Es inseguro.

Gerardo. Entonces ella tenía miedo, no me rechazaba ni me censuraba, pero no hacía mucho porque yo fuera artista.

Amaury. ¿No sería también que tenía miedo, digo, yo me imagino, yo no conozco a tu mamá, desgraciadamente? Pero te estoy diciendo que me encantaría conocer a tu mamá…

Gerardo. …Mi mamá es un personaje tremendo, vaya…

Amaury. …Por eso te digo, espero no conocerla como paciente, quiero conocerla como amigo. Ahora, no tendría ella miedo, quizás al hecho de decir -le pasaba a la mía- no voy a ayudarlo mucho en esto, porque si es mediocre. Ese miedo que tienen los padres a que sus hijos sean mediocres en lo que hacen.

Gerardo. Vaya, no sé, no lo puedo…

Amaury. …Nunca le has preguntado.

Gerardo. No lo puedo valorar, pero yo sí tengo la seguridad de que ella no quería que me fallara la vida.

Amaury. Exactamente.

Gerardo. Por eso fue, que incluso, me colocaron en el tecnológico, para tener algo de donde asirme en el trayecto y después, siempre: busca un trabajo, busca un trabajo. Hasta que en el 1984, que yo estaba trabajando en Servicios Necrológicos.

Amaury. ¿También?

Gerardo. Sí. Yo andaba en un camión llevando cajas de muertos de la fábrica para la funeraria y la gente haciéndome así (seña de solavaya): ¡Solavaya! Y yo: ¡Que para tu casa vaya! y toda esa cosa en un camión por la mañana. Por la noche iba a cantar al Almendares, al anfiteatro.

Amaury. Claro, claro..

Gerardo. Entonces esas dos relaciones con el público era muy antagónica, pero era muy entretenida, muy divertida, porque yo decía: bueno, parece que este trabajo de las cajas no es el que me toca a mí, porque por la mañana me hacen esto y por la noche me aplauden, ¿no?

Amaury. Claro, claro.

Gerardo. Y en eso.

Amaury. Sí en un lado nacías y en el otro lado preparabas para que enterraran a otro.

Gerardo. Sí, y en esa paradoja, apareció Pablo Milanés. Le interesó mucho lo que yo estaba haciendo, y estuvo siguiéndome como un mes o dos meses a todos los lugares donde yo cantaba. Hasta que terminó invitándome a un concierto con Pete Seeger en la Cinemateca.

De ahí nació un proyecto, una amistad, nació una idea de encaminarse y en ese momento es cuando él me pregunta: ¿Y qué tú haces? No, yo trabajo en esto y esto, dice: no, no, no, tú tienes que perfilarte en tu camino de la música, el arte es la carrera tuya. Pero me lo dijo con mucha convicción.

Amaury. Como habla Pablo.

Gerardo. Y me metí a luchar, me metí a luchar y en ese trayecto entramos juntos en el Centro Nacional de Música de Concierto, Carlitos Varela y yo, con un contrato muy modesto, pero ya estábamos en el perfil. Y ya había abandonado las demás profesiones y me dediqué ahí.

Amaury. ¿Pero esa idea de Pablo…, por eso tú grabaste primero que los demás?

Gerardo. No, no, yo no grabé nunca, yo soy uno de los últimos en grabar.