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soyquiensoy (Ricardo R. González)

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«Con 2 que se quieran» Gerardo Alfonso (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Gerardo Alfonso (Parte II)

Amaury. ¿Verdad?

Gerardo. En la década del 80 yo no pude grabar. Los primeros que grabaron fueron: Santiago Feliú, Alberto Tosca, Donato Poveda, Xiomara Laugart y Anabel López, ellos fueron las cabezas del movimiento. Y la década entera del 80, ni Carlitos, ni Frank ni yo pudimos grabar nada. Yo creo que grabé mi primer disco en 1994 con el sello EGREM.

Amaury. ¿Y cuándo es que es un éxito del Grupo Mezcla “Aquí cualquiera tiene”?

Gerardo. ¡Ah, eso sí!, mis canciones eran un éxito en la década del 80, Mezcla en el 84 ya estaba pegado con “Aquí cualquiera tiene”. El Grupo Moncada en el 87 con “Yo te quería, María”, que llegó hasta el Festival San Remo y yo junto con mi equipo de cantautores Santiago, Carlitos y Frank, hacíamos los hits locales estos que a veces tenían algunas repercusiones nacionales, ¿no?.

Amaury. Bueno, Gerardito y ¿por qué tú no grabaste en aquella época?

Gerardo. Había varios factores. Una parte que tenía que ver con la institución, es decir, en aquel momento los estudios eran, la EGREM de Campanario y Areito (Santiago de Cuba). Estaba el estudio este (Estudios de Sonido del ICAIC, en Prado y Trocadero), pero era para el ICAIC, eran muy pocos estudios y sin embargo, había alrededor de 1 500 entidades musicales en el país. Entre solistas, agrupaciones, etc., que estaban haciendo como una cola. Y por méritos, había algunos que debían grabar primero. Pero por otro lado.

Amaury. ¿Qué méritos?

Gerardo. Digamos, históricos, una persona como Esther Borja, que además, pasaron muchos más años hasta que pudo grabar su primer disco. O Rosita Fornés, estas figuras que son de valores históricos ya por su trayectoria, etc., etc.

Amaury. Claro, claro.

Gerardo. Por su trayectoria, etc. Estaban en la fila, pero también estaba en la fila la música popular, que se defendía, se defiende con este criterio de la idiosincrasia nuestra  cubana, no sé… Estaba entonces todo ese fenómeno, imagínate, un estudio para 1 500 entidades es muy fuerte. Pero además de eso, también estaba por un lado un prejuicio, un prejuicio con discurso, el discurso de la canción que uno tiene, que es un poco irreverente, quizás un poco contestataria.

Por otro lado la imagen que yo estaba empezando a tener, era una imagen novedosa para la época, los dreadlocks. En aquel momento no eran fáciles de asimilar, en un país que está a unas 60 millas de Jamaica, que es donde se cultiva el dreadlock y toda esta cosa era en los 80 algo completamente inaceptable, intolerable. Tenía muchos conflictos con las autoridades

Amaury. …Pero la gente ¿qué pensaba?, a ver, ¿qué pensaban cuando veían los dreadlocks?

Gerardo. La gente venía…, la gente tenía muchas cosas, ¿no?

Amaury. A mí me parecen lindísimos. Si yo tuviera el pelo así, yo me lo hacía.

Gerardo. Ya, hoy.

Amaury. Ya hoy no, también en aquella época lo pensaba.

Gerardo. ¿Sí?, era muy raro, no, no, porque mira, mira. Hay un concepto estético que está relacionado con el tipo de cabello que se define si el cabello es bueno o malo, y eso está marcado en la relación del negro y el blanco, es decir, el cabello de los negros…

Amaury. …Es malo.

Gerardo. Es malo y el de los blancos es bueno.

Amaury. El cabello malo es el que se cae.

Gerardo. Escucha, cómo lo marcan, ¿cómo marcan la diferencia? con el peine, con el objeto peine. Si el peine no entra, si es  dificultoso para hacer peinados, entonces el pelo es malo. Fíjate, qué cosa más absurda, yo siempre pongo el ejemplo: Si un asiento es incómodo, la espalda es mala.

Amaury. Claro, claro,

Gerardo. Si los zapatos me aprietan el pie es malo. No, es decir, si los zapatos me aprietan, no me sirven, el asiento no sirve, por qué entonces el pelo, por qué uno sí y otros no. Entonces ahí hay un acto de dominación. Y el dreadlock es un acto de rebeldía frente a esa dominación. No sé si me entiendes.

Amaury. Hombre, claro que te entiendo, cómo no te voy a entender.

Gerardo. Frente a esa tiranía de discriminación hacia unos mejores que otros. Y el acto este es una cosa inconsciente, rebelde. Es inconsciente porque la gente no sabe que yo me estoy rebelando. La gente nada más que siente que está sucediendo algo. Toda esa rareza, que es una novedad en los años 80, toda esa rareza, creaba un impacto en la sociedad. Una sociedad que practicaba criterios de que el hombre de nuevo tipo es un hombre reglamentariamente pelado, con un pelado adecuado, con una camisa adecuada, un bigotico.

Amaury. Ya veníamos de Silvio y de Pablo y de Amaury y de todas esas…

Gerardo. …Y esas herencias de Silvio, Pablo y Amaury eran contestatarias y eran cuestionadas. Yo seguí un trayecto, además, mucho más transgresivo, porque me empaté con las raíces caribeñas.

Amaury. Ahora, Gerardo, vamos a ir a un tema que te puedo jurar, y tú me conoces bien, que me mortifica tratar, pero hay que tratar.

Gerardo. Sí.

Amaury. A ver, a ver, cómo puedo redondear la idea. ¿Tú has sentido, incluso, en un país que hace un esfuerzo gigantesco por eliminar esas barreras… tú has sentido que contigo, fíjate, no contigo ahora, quizás ahora no es tanto porque tú eres una persona muy reconocida y muy respetada, pero en algún  momento tú sentiste que las oportunidades para ti eran menores por el hecho de ser negro?

Gerardo. No, no es una cuestión de oportunidad, no es una cuestión de oportunidad. Las oportunidades están ahí iguales en la Constitución para todo el mundo.

Amaury. No hablo de la Constitución, hablo de la gente. Una cosa son las leyes y otra es lo que la gente siente. Es como la madre que dice: Yo no soy racista, pero si tu hija se casa con un negro tú dices; no, no, mejor no.

Gerardo. De ese ejemplo es del que se trata, esa es la sutileza. Porque no es una cuestión de oportunidades, es una cuestión…, es un muro invisible y sutil que está ahora mismo y a veces tiene manifestaciones directas, a veces se dice. A ver, el tema es complicado. ¿Por qué? Porque a veces las personas racistas no lo saben que son racistas. Dan por entendido que la vida es así. Yo vi una novela un día que tenía tres personajes negros y le hago el comentario a una muchacha, le digo, coño, pero esta novela tiene este problema; los personajes más marginales son tres personajes negros y el resto del elenco es un elenco de clase media, y todos blancos, médicos, no sé qué y eso es un problema, hay un problema de racismo ahí. Y la chiquita me dice, la amiga, ¿no?, me dice: Coño, Gerardo, qué más tú quieres si hay tres.

Amaury. Sí, claro, claro, claro.

Gerardo. ¿Entiendes? Ya ese concepto, es un concepto eminentemente racista. Si hacen la película El color púrpura, por ejemplo, coño, todo el mundo es negro. Y ¿cuántas películas yo he visto que todo el mundo es blanco? Humphrey Bogart, toda la historia del cine todo el mundo es blanco y por ahí vienen todas esas cosas. Es una desventaja, más que falta de oportunidad, es una desventaja.

Amaury. Pero, ¿no será?, a ver, te voy a seguir provocando.

Gerardo. Sí, sí, dime.

Amaury. Porque, porque yo creo en ti. Por eso te invité, porque yo no te invité por negro, te invité por talentoso.

Gerardo. Está bien. Bueno, pero sería bueno también…

Amaury. …No, no, no. No, porque yo no voy a caer en esa trampa. Yo no voy a caer en la trampa de las cuotas. O sea, voy a llevar al programa a tantas mujeres, a tantos hombres.

Gerardo. A tantos negros.

Amaury. Y a tantos negros y a tantos blancos.

Gerardo. Porque los negros no tienen sexo.

Amaury. Exactamente, tú sabes que dicen los negros como una cosa general. Y a tantos campesinos, que también a veces son echados a menos, también son muchas veces relegados los campesinos. Yo he tenido guajiros en este programa…

Gerardo. …Los géneros, las minorías…

Amaury. …Las minorías de preferencias sexuales. Las minorías, que bueno, en este país no son tan minorías, vinculadas con los Abakkuá, los Ñáñigos, las religiones…

Gerardo. La religiones, exactamente.

Amaury. Es muy complicado. Pero ahora, yo pensaba en el desarrollo, o sea, los blancos fueron dominantes en esta parte del mundo durante un tiempo. Los negros vinieron a ser liberados como esclavos después. Es decir, cuando arrancó la carrera los blancos llevaban una ventaja.

Gerardo. Una ventaja.

Amaury. Una ventaja, o sea, es decir, que incluso cuando triunfa la Revolución y la dirección de la Revolución dice: todos somos iguales y se pone en la Constitución, es cierto que no arrancó pareja la carrera. ¿Tú crees que ese recorrido, que esa carrera, tú sientes que eso nunca se va a empatar?

Gerardo. No, no, de ninguna manera.

Amaury. Hay que hacerlo.

Gerardo. No, no, eso se va animando, se va animando. Lo que pasa es que se regenera, el racismo se regenera. Hay patrones de belleza que son, que están impuestos, que vienen de la cultura dominante blanca, eso todavía permanece. Mientras eso permanezca, hay una desventaja notable desde el punto de vista visual, y una imagen vale más que mil palabras. Así que si tú puedes estar dando un discurso sobre eso. Pero si después el patrón que tú impones de belleza es el patrón occidental, blanco, dominante, hay un rezago en relación a la raza nuestra.

Por otro lado si la raza nuestra no tiene con qué adecuarse a la época, peluquería, hablo de peluquería. Hablo de una orientación de la moda, etc., etc., etc., va a haber una desventaja en ese terreno, de la imagen.

Y ahí viene la cadena de causas y consecuencias que hace la diferencia. Nosotros debemos trabajar -yo pienso-, desde… porque para mí este tema del racismo es un tema cultural eminentemente.

Amaury. Hombre, claro que sí.

Gerardo. Y obviamente tiene por debajo una base económica. Yo pienso que hay que tratarlo en la escuela desde los primeros días del nacimiento de los niños, ponerlos a la vista. Y si tú desde niño no pones en la balanza a los niños a entender, que la belleza negra es un patrón bonito también. Que hay princesas y príncipes y duendes y todos negros. En la cultura misma Yoruba, en el libro de Samuel Feijoó de Mitos y Leyendas, ahí te encuentras una maravilla, un arsenal de esas cosas, para educar a los niños a que tengan un equilibrio, un rango, ¿no?, de opciones multicolor. Si eso no se hace desde el principio, los niños van creciendo ya  con un preconcepto.

Amaury. Sí, pero también ocurre una cosa, por lo menos a mí me llama mucho la atención. Dicen: ¡Qué linda negra, parece una blanca!

Gerardo. Ese es un concepto racista.

Amaury. Un concepto muy racista.

Gerardo. Evidentemente.

Amaury. Muy racista. Pero también por otro lado está el negro, que huyéndole a esa segregación, entonces, quiere ser rubio, quiere tener el pelo como los blancos, se opera la nariz.

Gerardo. Pero el problema es más complicado. Porque en primera, el racismo es una relación de blancos y negros, no es de negros nada más. Es decir, unos desprecian y otros odian. Los que se han sentido despreciados odian a los que los desprecian. Es una relación, por tanto resolver el tema corresponde a negros y blancos por igual. Cuando se analiza este tema de los negros que quieren parecerse a los blancos, tienes que considerar, por una parte, que no todo el mundo es corajudo, no todo el mundo es valiente. Hay personas que son cobardes o débiles y necesitan sobrevivir, vivir, esa es una. Y la otra está en que, por ejemplo, el europeo, una mujer europea sueca. Viene a un país caribeño, se gasta miles de dólares en el viaje, en el hospedaje, se tira en la arena un mes a ponerse tostada.

Llega a su país va a una peluquería y se gasta 60 euros en hacerse los dreadlocks, porque quiere parecer una negra y todo el mundo la celebra. ¡Qué bonita!, ¡Qué bien!

Entonces Maickel Jackson se quiere poner la piel blanca, la nariz fina, el pelo lacio y todo el mundo reniega del tipo. Coño, pero tú te quieres parecer… el límite de que el negro no pueda hacer lo que quiera consigo mismo, es un hecho racista, para mí, también. Pero es por consecuencia de un origen, que eso ya es historia, eso lo sabemos perfectamente. Pero eso sobrevive, eso sobrevive  y tiene sutilezas en este momento, en el 2010, en cualquier club de un humorista cualquiera, que se le ocurre decir un disparate de esos todavía, crea un estado de opinión.

Amaury. Que es la frase: tenía que se negro.

Gerardo. Esa es terrible y por ahí hay un montón…

Amaury. …Esa es una de las más grandes.

Gerardo. Esto es algo que yo creo, y te agradezco mucho que me hayas hecho la pregunta, porque es un tema importante que hay que sacar afuera al debate popular. La gente tiene que debatir, estén de acuerdo o no con lo que nosotros digamos. Pero hablar de esto y llegar a un consenso, porque de ahí, de esa discusión, siempre sale una solución.

Amaury. Y que será buena para, en principio, para nuestro país.

Gerardo. Claro.

Amaury. Para poder decir un día que nuestro país es un país libre de ese asunto.

Gerardo. Y quiero decirte ahora que hablas del país, también quiero salvar una cosa. La Revolución, para nada, eso tiene que quedar claro, la Revolución no tiene por qué sentir responsabilidad, o culpa ante el problema racial, porque es un problema que tiene dos siglos, tres siglos, que viene arrastrándose. Lo que sí, el proceso nuestro, donde estamos todos, debe ser responsable frente al tema, y este diálogo es un hecho de responsabilidad frente a un problema tan terrible como es el racismo.

Amaury. Bueno, para cualquier cosa vinculada con eso, cuenta conmigo.

Gerardo. Estamos.

Amaury. Tú eres un hombre popular, has logrado una popularidad grande, o sea, todo el mundo a ti te conoce, Sábanas blancas es una canción emblemática de este país. Yo no concibo la canción popular sin una canción como Sábanas blancas. Pero ¿cuánto tú estarías dispuesto a apostar, fíjate, por seguir siendo popular?

Gerardo. Popular. Cuando yo alcancé esa popularidad con “Sábanas blancas”, no me lo propuse. Es delicioso que la gente te quiera masivamente, que la gente te quiere. Eso es un…, y al público se lo…, me quito el sombrero, le hago una reverencia por el amor, el cariño con que me tratan, ¿no? Pero cuando yo llegué a ese nivel de popularidad, no fue una cosa propuesta por mí, fue una canción que tuvo ese alcance, y es algo que yo no puedo poseer. Por tanto, no trabajo para eso. Sí, obviamente me gusta que me quieran.

Amaury. Te gusta que te quieran…

Gerardo. …Pero yo trabajo, por un lado, para que la gente disfrute de lo que estoy haciendo. Una vez que yo te canto una canción, a la primera persona que yo le enseñe una canción, ya ese es un espectador, quiere decir que la canción no la hago nada más que para mí, la hago para mí y para ese a quien le enseño…

Amaury. No, y además, tú tienes una, tú tienes una obra discográfica amplia. ¿Cuántos discos tú tienes, como 10 u 11?

Gerardo. No, sí, pero no te vayas a creer, no, no, no.

Amaury. Porque no grabaste durante diez años, pero de pronto dijiste, ahora si es lo que va.

Gerardo. No, pero quiero decirte que sufro.

Amaury. ¿Verdad?

Gerardo. Porque lo que he hecho en esos discos que he grabado, es salvar una década, tratar de salvar una década donde no pude grabar. Entonces inserto canciones de los años 80 con los 90, con el 2000. Todo eso empezó…

Amaury. Pero ya tienes que estar parejo, ¿no?

Gerardo. Ya tengo algo, no, no, no, que va, que va. Yo tengo 10 discos listos para ser grabados, que no los voy a grabar con nadie porque no hay quien grabe conmigo 10 discos.

Amaury. Si algún día yo tengo una disquera, cosa que es totalmente improbable. Las oportunidades que yo tengo de tener una disquera propia son ninguna.

Gerardo. Pero bueno, estos tiempos son más sencillos, se puede con una laptop grabar un disco.

Amaury. Se puede grabar con una laptop y se puede subir a Internet cuando tengamos una Internet más rápida. Oye, háblame de Claudia y háblame de tus hijos.

Gerardo. Bueno, Claudia es mi esposa.

Amaury. Sí, hombre, claro.

Gerardo. Es la mamá de mis dos niños: Tobías y Diego, Tobías tiene 10 años y Diego tiene 5. Claudia es mi esposa, mi amiga, mi novia, mi hermana, mi mamá; es todo eso. Es una mujer bien fuerte de personalidad, de perseverancia, es luchadora. Es una, es… Es un verdadero regalo.

Amaury. ¿Tú crees que ella pasa trabajo contigo? Porque tú eres una persona…

Gerardo. Yo soy una persona difícil.

Amaury. Tú eres una persona difícil, compleja.

Gerardo. Pero ella es inteligente.

Amaury. …Discutidor, tú eres muy discutidor.

Gerardo. Sí. (risas)

Amaury. No, conmigo aquí, nosotros somos amigos y esto no es  un programa para estar discutiendo tampoco, este es un programa para homenajearte.

Gerardo. Sí, sí, yo soy, yo soy peleoncito.

Amaury. Yo soy peleoncito (risas).

Gerardo. Sí, pero Claudia es muy inteligente. Yo, la verdad que siento mucho amor por ella, la quiero mucho y siento mucho respeto y mucha admiración por mi esposa y, es la mamá de mis niños, de mis dos geniecitos. De lo más grande, de lo mejor que yo he hecho en mi vida, son mis hijos ¿tú entiendes? Y bueno, te hablo de ellos brevemente para no ser…

Amaury.  Sí, claro, tú puedes hablar de ellos todo lo que tú quieras. No hay nada más lindo que un padre hablando de sus hijos.

Gerardo. Sí, sí, yo sé, pero los medios son los medios. Tobías tiene 10 años, está estudiando chelo (violonchelo), está estudiando piano. El chiquitico tiene 5 años, va a empezar, bueno, está ahora ahí, este año en el pre-escolar. Y parece ser, parece ser que la pintura es su vocación. Pero bueno, tú sabes que todos los niños pintan y les gusta, todavía no sabemos cuál es el camino.

Amaury. Ahora, hay una pregunta con la que, con la que vamos a terminar el programa.

Gerardo. Sí.

Amaury. Hay una canción tuya que al igual que “Sábanas blancas”, se ha convertido en una canción muy importante para el país “Son los sueños todavía”, una canción dedicada al Ché. Y yo me imagino, tú me lo dirás ahora, ¿qué significa la figura del Ché para ti?, me parece que es una figura icónica para una buena parte del mundo. Por lo menos para las personas que piensan que el riesgo vale la pena; y que arriesgar la vida hasta el final vale la pena para conseguir un sueño y, la canción se llama “Son los sueños todavía”. ¿Qué significa para ti la figura del Che?

Gerardo. Bueno, para mí es un símbolo de hombre, un modelo de ser humano de lo más alto de la dignidad, de la dignidad humana, quiero decir. Porque él vivió y murió en una unidad absoluta de pensamiento y de acción, una coherencia. Con un sentido humano muy tangible, muy al alcance de todos, ¿no? y esas cosas calan hondo en todos los que lo conocemos, y los que… y además, eso fue lo que me inculcó a mí, perro lo que representa él, siendo así para el mundo, para los movimientos progresistas del planeta, es un ejemplo, un símbolo de lucha necesario, imprescindible en una época como esta, ¿no? Todo eso me inspira, todo eso me alienta, todo eso me entusiasma, a seguirlo, a defenderlo, a cuidarlo, y a enarbolarlo una y otra vez. Y por encima de todo cuestionamiento, es un hombre, no es un Dios, es un hombre como tú y como yo. Con sus defectos, con su carácter, con sus cosas, pero tuvo esa función y tiene esta función de emancipación, de mejoramiento del ser humano.

Amaury. Bueno, Gerardito, gracias. Gracias por haber venido. Y sobre todo, gracias por haberme permitido tocar algunos temas  que son de vital importancia para el futuro de nuestro país.

A veces uno hace estas entrevistas y uno, siempre aprende, siempre aprende, pero a veces uno no siempre uno tiene la oportunidad de tocar temas, de curar llagas o intentar curar las  llagas. Gracias mi hermano, por darme esa oportunidad.

Gerardo. Gracias a ti por tenerme en este espacio.

Amaury. Te quiero mucho mi socio.

Gerardo. Gracias.

«Con 2 que se quieran» Carilda Oliver (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Carilda Oliver (Parte I)

“He sido muy feliz siendo poeta”

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí en 5ta. Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Una noche verdaderamente especial. Durante todos estos programas que han transcurrido hasta este momento, ustedes la pidieron, ustedes la solicitaron mediante sus correos, mediante sus cartas. Es la persona que más han solicitado. Yo lo he ido apuntando y así es y aquí está. Los ojos más bellos de la literatura cubana: una mujer extraordinariamente hermosa, una escritora de excelencia. Para cualquiera es emotivo presentarla, tenerla delante. Una mujer que irradia dulzura y ternura, la eminente poetisa cubana, matancera Carilda Oliver Labra.

Señora, un beso, otro beso. Muchas gracias, yo estoy abrumado por su presencia, usted ha venido de Matanzas a estar aquí con nosotros y yo no puedo menos que rendirme a sus pies y agradecérselo. Y empezaremos nuestra conversación, más que una entrevista. Usted es Premio Nacional de Literatura. La pregunta sería. ¿Llegó a tiempo el Premio Nacional de Literatura?

Carilda. Claro que te voy contestar y te voy a tratar de tú. Aunque no hemos tenido mucha oportunidad de vernos personalmente, pero te he visto en escena, en televisión, y en sueños…

Amaury. Ay, Dios mío…

Carilda. Primero, tengo que agradecerte la invitación.

Amaury. Gracias, muchas gracias.

Carilda. Después, todas esas cosas lindísimas que has dicho y en el transcurso del programa creo que se podrá ir haciendo presente esa admiración que es mutua.

Amaury. Ah, muchas gracias.

Carilda. Y que hoy para que no parezca esto una asociación de bombos recíprocos no te puedo hablar de tu música ni de tus interpretaciones. Yo creo que tú eres un poeta, lo de músico, ¡figúrate!, pero bueno, vamos a pasar a responder tu pregunta. Que si llegó, si tomó mucho tiempo… eso, en cierto modo, pues no es descorazonador, diríamos, no, no me angustió. Fui candidata 9 veces, o sea, 9 años seguidos, al Premio Nacional de Literatura que es, como todo el mundo sabe, el premio más importante en la carrera de un escritor. Fueron escogiendo los mejores escritores de Cuba, no puedo decir otra cosa, pero bueno, mi turno no llegaba y yo pensaba: bueno, es que yo no soy tan buena, yo no soy tan buena.

Además, yo había tenido mis problemas, había estado fuera de las editoriales mucho tiempo, y decía: esto puede ser que influencie, era un tribunal, parece que compasivo, digo yo, también, a lo mejor no era tan justo, pero dirían: esta pobre mujer lleva 9 años esperando seguramente. No, yo ya no esperaba.

Amaury. ¿No esperaba nada?

Carilda. Cuando me lo dieron, que me llamaron por teléfono para decírmelo. Dije: Esto es una broma, esto es una broma. ¡Pero era verdad!

Amaury. ¡Pero era verdad!, ¿y lo disfrutó?

Carilda. ¡Ay, cómo no! Lo disfruté muchísimo, lo estoy disfrutando todavía. Sí, sí, porque eso, claro, es un compromiso, es un compromiso histórico y algo que nos obliga a tratar de ser mejores y ya va siendo imposible porque la vida…, con sus añitos… es posible que nos esté haciendo daño. Desde luego, nosotros no nos damos cuenta. Esto es una coquetería, esto es una coquetería.

Amaury. Téngala conmigo porque la está teniendo con los televidentes nada más. La veo que mira para la cámara y para la cámara, tiene que hablarme a mí, porque me estoy poniendo celoso.

Carilda. Yo coqueteo con los televidentes… (risas)

Amaury. (risas) Yo estoy celoso, me estoy poniendo celoso de la cámara.

Carilda. No esté celoso, porque más celoso estará mi marido. (risas)

Amaury. Ah, sí, seguramente. (risas)

Carilda. Y ten cuidado no se cele de ti porque es karateca. (risas)

Amaury. ¡No. no, no! Además él sabe que usted es un amor antiguo mío, pero somos amigos, usted lo sabe, Raydel y yo somos amigos, así que no se va a poner celoso conmigo.

Ahora, ¿Usted escogió el camino de la poesía, Carilda, o la poesía la escogió a usted?

Carilda. Bueno, yo creo que sería presumir mucho por parte mía si digo que yo fui escogida por la poesía. Es presumir mucho. Lo que pasa que de ella no me he podido escapar. He sido muy feliz siendo poeta. No hubiera querido ser nada más.

Amo mucho la música, la plástica. He intentado y hasta me he graduado de pintura, pero realmente… el ballet, bueno, el teatro, todas las artes, pero, sinceramente, nací poeta.

Y quiero decirlo, porque cuando yo tenía tres o cuatro años, que mi mamá me cantaba canciones, ella me contó mucho tiempo después, que yo le modificaba las canciones.

Amaury. ¿Ah, sí?

Carilda. La letra.

Amaury. La letra, claro.

Carilda. Entonces ella dijo: esta niña va a ser poeta y parece que resultó. Claro, la poesía es muy difícil y me parece a mí, que aparte del don que se pueda traer, hay que estudiar y tiene mucho que ver con la técnica y con la inspiración.

Amaury. Ahí vamos, porque hay gente que dice que no hace falta… que la inspiración no existe.

Carilda. ¡Pero imagínate!, si no existiera la inspiración, si fuera una cosa de aprender lo que es un endecasílabo, lo que es una cesura, lo que es un hemistiquio, lo que es un soneto, lo que es un verso libre, pues sería, vaya, un objetivo de cualquier persona.

Amaury.  Cualquier persona se aprende la técnica y ya es poeta.

Carilda. Claro y yo creo que…, claro, se pueden hacer versos, pero una cosa es un verso y otra cosa es la poesía, ¿eh?. El verso es la línea, el fondo, la forma, diría, la forma. Pero tú puedes aprender…, bueno, vamos a hacer octosílabos. Me voy a leer a Martí, que era magnífico poeta y que además en los octosílabos, sí, era un príncipe y ya, voy cogiendo esa música, que la rima y el ritmo, pero si se te fue la chispa, que es el fuego, es más que el fuego, la luz del verso, no puedes hacer poesía. Bueno, no es una lección, es una idea muy humilde.

Amaury. Bueno, es humilde pero está viniendo de Carilda Oliver. No me lo está diciendo cualquiera.

Carilda. Además, no creo que sea una idea mía, yo creo que todos los que escribimos sabemos. Hay veces que uno hace cosas que rompen. Que las miras después y en todo…, uno puede escribir un poema breve de cinco o seis o siete versos y tener un solo verso, y si merece la pena lo dejamos porque es imposible que, por ejemplo, en un soneto, los catorce versos sean buenos.

Ahora, me preguntaba Gabriela Mistral. ¡Ay, bueno, es una anécdota…! Perdóname que te la haga.

Amaury. No, ¡pero qué bueno que me la hace! Por favor.

Carilda. Bueno, el día que tuve la dicha de conocerla, porque fue tan generosa Dulce María Loynaz, nuestra enorme, inmensa, inolvidable Dulce María, que me invitó a su casa, la primera vez que fui, porque estaba allí Gabriela. Y entonces Gabriela, después que leyó unos sonetos míos, me dice: con una modestia, que es digna de mencionar. No por lo que entraña el elogio que me hizo, sino por la forma en que ella asumió el conocimiento de una muchacha, como ella llamaba “del campo”, una niña del campo, porque yo era matancera y Dulce María era capitalina y además una mujer que había viajado y yo no había salido de Tirry 81 (calle y número de la casa de Carilda en Matanzas).

Amaury. De Calzada de Tirry 81.

Carilda. Fue después que he viajado y he tenido otras oportunidades, pero bueno, Tirry 81, para mí, es el planeta.

Entonces, ¿qué pasa?, que ella me dice: ¿Y cómo cierra tan bien los sonetos? porque en el último verso a mí siempre se me va la fuerza, palabra textuales de Gabriela, y luego paso mucho trabajo y a fin de cuentas lo dejo así, ¿pero cómo tú lo cierras tan bien? y entonces yo le dije: A mí, casi siempre, los sonetos me suceden en los momentos menos oportunos. Estoy sentada en el cine viendo una película, y me viene un solo verso y me levanto y voy para mi casa a escribir, porque después se me olvida. Es así, eso va en aumento, porque la inspiración es como que se consolida en determinado momento, ya es como una efervescencia, como una llama que crece, que crece y que luego no se vuelve humo, sino se vuelve luz. Y ese verso de la luz, a veces, aparece en el segundo terceto, en el último, o aparece en el primer cuarteto, en cualquier parte, pero uno tiene que darse cuenta y dice: este es el final y lo pone al final y después empieza la rima de abajo para arriba.

Amaury. Nunca había oído que nadie empezara un soneto de abajo para arriba.

Carilda. Sí, pero eso es una técnica, que yo no sé si yo la descubrí, yo creo que no, pero es un recurso, es un apoyo, y ahí está el soneto a mi madre. Búscalo.

Amaury. ¡A claro, claro! Aquí, este soneto, por ejemplo. (Amaury le acerca el soneto Madre mía que estás en una carta, escrito por Carilda)

Carilda. No lo vamos a leer todo completo.

Amaury. ¡Léalo completo!.

Carilda. Ah, ¿completo?

Amaury.  Completo.

Carilda. Y entonces ustedes verán que el último verso, que no lo voy a decir ahora, es realmente el cierre, pero es que ese fue el primero que yo escribí y no lo puse arriba porque echaba a perder el soneto.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Carilda. ¿Comprende? él se llama:Madre mía que estás en una carta”.

Madre mía que estás en una carta

Y en un regaño antiguo que no encuentro.

Quédate para siempre aquí en el centro

de la rosa total que no se aparta.

Madre mía que estás tan lejos

Harta de la nieve y la bruma,

Espera que entro a ponerte a vivir con el sol dentro

Madre mía que estás en una carta.

Puedes darle al misterio alguna cita,

Convenir con las sombras hechiceras.

Puede ser una piedra que se quita

O secarte ahora mismo las ojeras,

pero acuérdate madre de tu hijita,

¡No te atrevas a todo, no te mueras!

Amaury. ¡Madre santa, es que eso es un poema! ¿Cuán duro fue, ya que me leyó esto, el exilio de sus padres, para usted, que decidió quedarse?

Carilda. Bueno, imagínate si fue duro el exilio, que yo los acompañé al aeropuerto y en el momento que el avión despegó, yo me quedé sin habla y sin oír. Y recuperé el habla a las pocas horas y todavía me falta por recuperar, que ya es imposible, de eso hace muchos años, el oído derecho. Yo oigo solo de este oído, del izquierdo, que lo recuperé después, de la impresión. Eso fue muy duro, pero la decisión la tomé sin dame cuenta.

Desde que empezaron con el asunto de los pasaportes y tengo que significar que ninguno de los dos era desafecto a la Revolución. Pero se iban en pos de hijos y en pos de nietos.

Amaury. Claro.

Carilda. Mi papá era abogado y quería sacarme el pasaporte como para embullarme, pero sin decírmelo, siempre me respetaron mucho mi opinión, ni siquiera hicieron presión. Y, era muy triste, porque imagínese, ellos se iban…, aparte del amor, de la compañía, yo estaba en aquel momento sola, no tenía a nadie. Pero yo soy una palma que nací aquí y aquí tengo la raíz y no me podía, de ningún modo cortar las raíces, me quedé, eso fue todo.

Amaury. Bueno, ya no sé ni cómo hacer las preguntas. La gente tiene una imagen, la imagen que se quiere crear de Carilda.  Pero evidentemente hay una Carilda imaginada y hay una Carilda real. Hay una oculta, la que habita en Tirry 81, la que tiene una familia, la que tiene hace veinte años un compañero, un matrimonio, su esposo. Y hay una que es la que la gente quiere fantasear, que es la que acusan de… los términos son feos, pero la Carilda que dicen que es libertina (Carilda ríe), que cuando uno se pone a buscar los sinónimos de libertina… Y yo, yo puedo dar fe en televisión de que usted es una dama, de que usted es una señora.

Carilda. Gracias, gracias. Bueno, eso es hasta simpático, no me ha traumatizado, aunque desde luego, en cierto modo ha tergiversado la personalidad literaria de uno.

A mí no me afecta desde el punto de vista personal. A mí…, Carilda, es así, es asao… generalmente los artistas arrastramos una serie de comentarios, que son muy convenientes porque así hablan de nosotros, buscan las poesías, y se venden los libros y entonces uno puede hacer una carrera, pudiéramos decir, vamos a llamarle así a esto de ser poeta, que no es ninguna carrera. Ser poeta es una cosa muy difícil, cuando uno, bueno, quiere serlo de verdad.

Entonces ¿qué pasa?, que yo, figúrate, muy jovencita escribí el tal “Me desordeno…” y la gente siguió desordenándose por su cuenta (risas), pero me han echado la culpa a mí de todo. La cantidad de hombres que me han dicho a mí y de mujeres: Ay, le agradezco su Me desordeno, porque con esa poesía yo he enamorado y he hecho, y qué sé yo. Y a mí me da risa, porque esa poesía es hasta inocente, es inocente incluso esa parte que dice: Cuando quiero besarte arrodillada, esa parte, la gente le da unas explicaciones… que bueno, no lo voy a decir aquí porque estamos en la televisión (risas), pero los televidentes ya saben de lo que estoy hablando. Entonces…, me van a tachar todo esto… (risas)

Amaury. (risas) No le vamos a tachar nada.

Carilda. ¿Qué dirá el ICRT? (risas)

Amaury. No, no, nada, el ICRT es muy comprensivo con este programa. (risas)

Carilda. Ay, perdónenme, pero yo, bueno, soy un poco irreverente, pero buena muchacha. (risas) Lo de muchacha es peor que lo de irreverente (risas).

Amaury. (risas) ¡Señora, señora, señora!

Carilda. Bueno, chico, pero me estoy divirtiendo un poco. (risas)

Amaury. Claro que sí, diviértase.

Carilda. En estos programas hay que reírse también.

Amaury. Claro, no se puede ser tan grave…

Carilda. A veces tenemos que llorar por cosas…, que tampoco debiéramos llorar…

Amaury. No, pero si yo lo que la quiero es ver divertida. ¿Cómo llorando? No, yo no quiero verla llorando.

Carilda. Estoy divertida, pero es culpa tuya, porque yo no sé qué vueltas me has dado, que mira dónde me has puesto (risas), porque yo no iba a venir a ningún programa. Bueno, entonces me atreví a celebrar las piernas de los  hombres, de un hombre.

Amaury. De uno, claro, no de los hombres.

Carilda. En uno están todos los demás. Entonces la boca, los ojos, vaya, decirles piropos a los hombres. Porque siempre eran a las mujeres y bueno, pues yo rompí con eso, porque yo no veo nada en eso de extraordinario, ni de cosas subversivas, irreverentes, que estoy faltando el respeto, porque piensan que estoy hablando de una cosa carnal. Y el amor es espiritual y carnal y tiene que integrarse de las dos cosas, porque si no realmente no responde a la verdadera esencia del amor. Y bueno, todas esas cosas empezaron a traerme, aparte de algunas cosas de la vida de uno, que se han ido deformando y se han exagerado cosas y pasiones. Han inventado cosas con Hemingway, que no pasó nada en lo absoluto, ese era un hombre muy caballeroso, que me dio un elogio, un piropo delante de periodistas y eso empezó a dar vueltas, es un ejemplo que pongo. Y bueno, a cada rato pues a la gente le ha parecido muy natural que yo tenga romances de acuerdo con los versos que he escrito y esos versos están escritos para mis esposos, para las personas que yo he amado y que me han amado. Mi vida ¡figúrate!, en la Ciudad de Matanzas, que es una ciudad como todo el mundo sabe, como todas las provincias de Cuba. Yo allí salía sola con mi novio, cosa que la gente no hacía, mi familia me lo permitía. Estoy hablando de los años 50. Mi primer matrimonio data del 52. Íbamos a sentarnos en el parque…, allí lo más que hacíamos era cogernos las manos. El primer noviazgo mío eran dos días a la semana por la noche, dos horas, y mi mamá sentada cerca, que uno no se podía dar ni un beso porque, ¡imagínate!, ella, cuando ya el novio se iba, se paraba a la mitad del zaguán y ya. Esas cosas de la época…, que ahora los jóvenes disfrutan de otra libertad que ¡bienvenida sea!, porque creo que todo aquello era… Mi mamá era de una educación española. Mis abuelos eran españoles, por parte de madre, pero siempre mi madre, a pesar de haberse educado en aquel sitio, me respetaba, me veía como…, ella decía que no se podía interferir en la vida de los hijos hasta el extremo de querer dirigirlos en todo, que había que dejarles que respiraran el aire de la libertad, que ella no lo había tenido de niña, que siempre estaba con la religión a cuestas. Y, fíjate que todo eso no juega con que después yo escribiera determinados versos, pero a lo mejor era aquel hálito que había en mi casa de respeto lo que me hizo soltarme como un pájaro y volar.

Amaury. Y no como un papalote donde hay una cuerda. Porque el papalote parece que está libre, pero hay una cuerda que lo ata.

Carilda. Exacto, perfecta la imagen, perfecta la imagen. No sé si te contesté.

Amaury. Sí, claro que me contestó. No, me contestó, y de más, qué maravilla.

Carilda. Me he casado tres veces. Estuve muchos años sin compañía. Luego llegó un muchacho joven a mi vida, demasiado joven. Toda la ciudad se escandalizó y yo diría que toda Cuba, cuando él empezó a visitarme. Él estuvo como dos años detrás de mí y yo me acuerdo que el primer día que lo vi, lo vi a través de la mirilla de la puerta. Esto no viene al caso, pero bueno. (risas)

Amaury. ¡No, cómo no!, sí viene al caso, claro, porque yo voy a leer ahora una cosa que él me mandó.

Carilda. ¿Ah, sí?

Amaury. Así que sí viene al caso, aquí todo viene al caso y, viniendo de usted, más al caso.

Carilda. Bueno, pues entonces yo lo veía por la mirilla de la puerta. Él tenía el pelo largo  -¡imagínese! que andaba por los veinte años y yo andaba por… vamos a no hablar de eso.

Amaury. No lo diga, no lo diga.

Carilda. Yo decía: Este es otro de esos muchachos que vienen a leer versos y a enamorarla a una, porque yo tenía una casa y vivía sola en la casa ¿comprende?, y sabe cómo son las cosas, como había tanta diferencia de edad, yo siempre pensaba… y eso es cosa de malicia también del pueblo.

Amaury. Claro.

Carilda. Que no nos perdonaron cuando empezamos el romance y cuando nos casamos. Siempre creyeron que él venía por la casa y porque ya yo tenía cierto nombre, y que él era un muchacho joven que empezaba. Pero yo me enamoré de aquel muchacho por muchas cosas. La primera porque la soledad es una cosa terrible, llevaba años viuda…, con mis gatos.

«Con 2 que se quieran» Carilda Oliver (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Carilda Oliver (Parte II)

Amaury. Con sus gatos, ¡qué maravilla!

Carilda. Mis gatos que han sido mis nenés, mis niñitos, mis compañeros. Bueno, y ahí me conoció él, que yo no tenía ni un centavo y él tenía una casa magnífica donde vivir, había huido del campo porque quería estudiar y esa es la historia de ese joven.

Amaury. Claro, él me manda hoy, porque no pudo venir al programa por asuntos personales vinculados con su mamá. Él me manda una carta que no voy a leer completamente porque es una carta privada, pero hay una parte que sí quiero compartir con Carilda, que no la conoce.

Carilda. No.

Amaury. Y con ustedes. Él me dice, bueno, empieza con “Mi muy admirado Amaury”, muy cariñoso. “Lamento profundamente no asistir a este encuentro con nuestra Carilda. Pero me ha resultado imposible” (y ahí me explica por qué). Pero después dice: “Gracias Amaury por llevarte contigo, en esta feliz ocasión, a una mujer que ya no se puede amar desde un solo cuerpo, que se ha hecho menos mía para volverse propiedad de un pueblo que ha encontrado en su voz la suya propia, prohijada por un deseo interminable de amor y de vida.” Y después me señala: “Hay muchas personas que tal vez contemplen nuestra pareja como un sacrilegio porque nos hemos atrevido a unir nuestras dos juventudes en un matrimonio que ya casi cumple dos decenios.”

Y es lo que usted ahora ha estado aclarando y eso es lo que me manda a decir.

Carilda. ¡Qué casualidad!

Amaury. Ahora, él toca aquí un punto, fíjese que yo no lo tenía ni anotado… pero él toca un punto donde dice, hablando de usted y, ahora entonces vamos a hablar de este tema que él toca aquí.

“Carilda ha tenido fe en la justicia, en el amor de su gente y en el triunfo de la verdad. Por ello en mi opinión creo que durante aquellos casi veinte años de silencio en su amada Patria, no supo en la soledad ser infeliz.”

¿Por qué usted cree que hubo tanto tiempo sin que a usted la consideraran lo que siempre ha sido? Una cubana fiel, digna y amante de su Patria.

Carilda. Bueno, hay cosas que realmente ni el tiempo ha podido aclarar. Porque la verdad, sí, yo siempre creí que todo pasaría y así fue, todo pasó. Yo había escrito, inclusive, un Canto a Fidel cuando estaba en la Sierra (Maestra) porque yo había conocido a Fidel en la Universidad. Ya yo terminando en la Universidad, Derecho, él empezaba y, naturalmente, al ver que estaba en la Sierra -y esa historia no la voy a hacer porque es larga y ya se ha publicado- Me emocionó mucho aquel compañero de la adolescencia, que alentaba una Revolución que era una esperanza.

Amaury. Un símbolo.

Carilda. Y así, bueno, entonces ¿qué sucede? La Revolución realmente triunfó, pero inmediatamente, casi, a mí me dejaron cesante de mi trabajo. ¿Por qué? porque yo trabajaba en la Alcaldía de Matanzas. Porque las revoluciones son convulsas y cuando comienzan, como en este caso, hay un problema: Que hay mucha gente que se sube al carro de la Revolución sin haber estado en esa Revolución. Y a mí me parece que los intermediarios fueron, no en este caso, pero en muchos casos, fueron responsables de las injusticias y de las cosas que pasaron. Yo tuve la suerte de que no me quedé completamente cesante y esto es muy bueno decirlo, porque siempre hay alguien que esclarece, que salva, que es un abogado, que hoy es muy notable y es uno de los defensores de los Cinco Héroes, que es el doctor Rodolfo Dávalos.

Amaury. Una eminencia, el doctor Dávalos es una eminencia.

Carilda. Una eminencia, jurista y él me dijo: no, no importa, tú eres abogada y tú no has cometido delitos… Además, tú tienes ese Canto a Fidel. Él es poeta, pero de esos silenciosos, que no publican.

Amaury. Sí, que no quiere publicar.

Carilda. Tremendo escritor ¿eh?. Y entonces, bueno, entré en aquel bufete colectivo y fui muy feliz en ese bufete, porque allí se pudo hacer mucha justicia y muchas cosas y no se habló de nada. Pero el veto empezó a pesar de estar yo en el bufete.

Amaury. ¿Y no se le publicaba entonces, nada?

Carilda. Esto es bueno que se sepa, ¡qué me van a publicar! Pasaron muchas cosas.

Amaury. ¿Y cuándo termina el veto?

Carilda. Eso termina un día, un buen día, un magnífico día, estoy nombrando personas porque estoy hablando verdades.

Amaury. Claro, claro.

Carilda. No me gusta hacer anonimatos, y fulano, y que esto. Bueno y además, estoy muy agradecida al doctor Armando Hart.

Amaury. Un hombre de la cultura y un hombre justiciero.

Carilda. Se apareció en Matanzas un día, a averiguar qué pasaba conmigo, porque él no entendía nada.

Amaury. Pero usted nunca abandonó ninguna Revolución ¿qué Revolución abandonó usted?

Carilda. ¿Pero qué abandono?, ¡pero si no me exilé con toda mi familia y seguí en mi Tirry 81 pasando calamidades! Yo he comido sopas de yerbas y todas esas cosas. Yo tuve que arrancar las puertas grandes de Tirry 81, que están detrás de las ventanas, para un pobre guajiro que vino, bueno, no era pobre porque tenía más dinero que yo, y me compró las puertas y con eso comí como seis meses. ¡Ay, pero no soy ninguna víctima!

Amaury. ¡Claro que no!.

Carilda. No, no, no.

Amaury. ¡Y con esos ojos!.

Carilda. Muy dichosa. Muy dichosa, porque escribí más poesía que nunca. Escribe y escribe y escribe y feliz, feliz.

Amaury. Bueno, aquí están sobre la mesa sus libros… Carilda trajo sus libros. Yo me he quedado frío.

Carilda. Tengo 43 libros. Claro, entre ediciones, reediciones y cosas en el extranjero. En España tengo cinco libros.

Amaury. Ahora, yo quiero de todas maneras, porque cuando hablamos por teléfono el otro día…

Carilda. Sí.

Amaury. …Hablamos mucho, hablamos más por teléfono que lo que vamos a hablar en la entrevista. Y pasó una cosa bien curiosa, porque yo le dije que a mí me encantaba este soneto, de Sonetos a mi padre, el cuarto soneto.

Carilda. Ah, sí.

Amaury. Y usted de pronto me dijo: qué casualidad, era el que le gustaba a ¡Eliseo Diego!

Carilda. Sí, así mismo es.

Amaury. Léame, por favor, ese soneto.

Carilda. ¿El último?

Amaury. Ese soneto, el último, yo se lo escogí.

Carilda. Este es el Cuarto Soneto de la colección, pero cuatro son demasiado.

Tu sillón de dentista ¿dónde está?

Tu violín de estudiante, ¿cómo suena?

Enterrabas centavos en la arena

Y otros nombres ponías a mamá.

Guardo todas tus cartas y retratos

En mis sueños tu próstata se cura,

Por el fondo del patio y la ternura

Se encaminan tus últimos zapatos.

Quiero verte salir en un postigo,

¡Ven fantasma, ven ángel oportuno!

Ya no sé lo que hago, lo que digo,

Porque quiero beber el desayuno,

Con mi padre, mi sabio, mi mendigo

En Calzada de Tirry 81.

Amaury. ¡Es que es algo…, es precioso ese soneto! y se ve que a usted le afecta, todavía le afecta. No sé ni para qué lo traje. Fíjese qué rápido vamos a hablar de otro tema. A ver si usted me quiere decir este secreto. En este libro (Amaury le muestra un libro) hay una carta, están sus prosas, aparte que hay una foto aquí tremenda, la foto de la portada, con el pelo corto.

Carilda. Está agotado ese libro.

Amaury. Ese libro está agotado, ah, bueno. Pero ya uno va teniendo cosas que están agotadas, uno se va quedando con ellas. Pero hay un momento, donde hay varias cartas. Usted no quiere, ya me lo dijo por teléfono, hablar de a quién le había hecho las cartas y yo, por supuesto, respeto eso, pero no puedo privar al televidente de esa Carilda irónica que aparece aquí en un momento de esta carta.

Carilda. ¡Ah!, va a leer esa, ¡vale!.

Amaury. En un momento de esta carta yo por poquito me…, yo me arrastré cuando la leí la primera vez -carta número 4 se llama-,

Te escribo por recomendación de este papel amarillo que vi sobre la mesa y para que me perdones el incumplimiento de la amenaza: El director tropieza con todos los sueños, así que dispuso sin mi permiso, que trabajara hoy de noche.

Como te encantan las sorpresas, estarás muy contento de ver a otra mujer y no a la que pronosticó el telegrama. Pues bien, deseo con todos los humores negros de mi venganza, que solo caiga en tus brazos una soprano calva de 190 libras.

No vamos a hablar de a quién se la hizo, pero vamos a hablar de esa Carilda maldita, esa Carilda, que vaya, es que no… “Lo que deseo es que caiga en tus brazos una soprano calva de 190 libras“. (risas)

Carilda. (risas) Ay, son cosas de la juventud.

Amaury. Ahora, ¿cómo fue aquello del tren que viene de Santiago, pasa por Matanzas y una persona que la amaba le ponía mensajes en el tren? ¿Qué cosa es eso, Carilda?

Carilda. Ay, pero mira lo que estás sacando hoy. Óyeme, pero ¿cuántos cuentos te han hecho? Qué cosas…

Amaury. Pero es que eso es tan bello.

Carilda. Bueno, es  verdad, es una cosa de…, y estoy hablando del año 50, porque fue el año, lo recuerdo perfectamente, en que salió Al sur de mi garganta.

Al sur… nace en el 49, pero se lleva el Premio Nacional de Poesía del 50. Y entonces él es un poeta, por cierto, un poeta muy singular, porque es que tenía muchos oficios y era matemático, era graduado de La Sorbona, de Yale, yo no sé de cuántos lugares. Era un hombre muy talentoso que apareció en Cuba. Y como él quería enamorarse, porque él quería enamorarse de algún modo de alguna cubana, y sobre todo que fuera un amor imposible, digo yo, porque hizo todo lo posible. Yo tenía mi novio, yo era novia de Hugo Ania  que era un noviazgo reciente y que después nos casamos. Y entonces, pues… No voy a contar lo que pasó en el medio, porque hubo problemas muy serios.

Amaury. No, no.

Carilda. Esa es la mitología con que el pueblo cubano me ha adornado a mí, porque ese mito es un adorno.

Amaury. Claro.

Carilda. La gente quiere que yo sea como me han inventado.

Amaury. Exactamente.

Carilda. Y realmente yo soy una señora muy respetable, ¡Ay!, ¿qué dije? (se tapa la boca)

Amaury. No, sí lo es. Sí, Carilda, sí lo es.

Carilda. No, pero es que todo el mundo se va a disgustar.

Amaury. No, nadie se va a disgustar.

Carilda. ¿Tú crees que no?

Amaury. No, nadie se va a disgustar. La gente va a seguir con la mitología que quiera crearse sobre usted. Pero es bueno que de una vez se diga, que lo importante de usted, aparte de su belleza, aparte de su talento, de su simpatía, es su gran obra poética, que es lo que la va a trascender. Y la mitología que la gente se crea sobre los artistas, esa se va a quedar en el camino y lo que va a quedar al final, son estos poemas, son estos libros, eso es lo que va…

Carilda. …Ay, Amaury. ¡Qué generoso eres!

Amaury. No, generoso no, soy justo con usted.

Carilda. Te quiero.

Amaury. Carilda ¿Y entonces lo del tren? ¿El tren salía de dónde?

Carilda. Él tren venía de Santiago y llegaba a La Habana, aquí, pero claro, pasaba por Matanzas. Y entonces, este escritor, uruguayo, me escribía, después que se fue de Matanzas, me escribía desde allá. Pero él quería que llegaran las cosas tan pronto que iba al último vagón del tren. Ya me lo había advertido por teléfono: por la mañana me decía: Carilda, ahora voy a escribirte un mensaje en la pared del vagón último del tren, bueno, yo iba por la noche cuando llegaba el tren a Matanzas a ver aquello, a leer aquello. ¡Qué lindas cosas escribía!

Amaury. Por eso ahí empiezan las historias.

Carilda. Y ahí empiezan las historias de Carilda ¿comprende?

Amaury. Claro

Carilda. Que después de todo son historias muy lindas y no hay por qué renunciar a ellas.

Amaury. Pero mire, yo le voy a decir algo. El pueblo cubano, el lector cubano y más que el lector cubano, incluso, el que no la ha leído -que se está perdiendo una de las maravillas del mundo- la quiere a usted, usted es amada. Usted es amada por todo el mundo.

Carilda. No, porque amo, porque amo al pueblo.

Amaury. Claro, porque eso va y viene, eso es un efecto de ida y vuelta.

Ahora, yo quiero, Carilda, porque ya el programa lo estamos terminando. Mire, usted me trajo hoy de regalo la última edición de Al sur de mi garganta, es esta.

Carilda. 60 años cumplió el año pasado.

Amaury. Con una dedicatoria que es para mi corazón, yo no voy a leer lo que dice, que es muy emocionante y ya yo tengo hace rato los ojos aguados. Pero es que yo traje para que Carilda me firmara…

Carilda. …¡Ay, chico!…

Amaury. …La edición Príncipe…

Carilda. …Eso me emocionó…

Amaury. …De Al sur de mi garganta...

Carilda. Porque nadie la tiene, porque se hicieron 300 ejemplares. Imagínense, en el año 49.

Amaury. Claro, del 49 y esto se lo regala a mi tío Raúl y por supuesto a mi tía María Luisa también, Pascualito, un amigo, el 11 de marzo de 1950. Y aquí está con las ilustraciones. ¿Cuántos libros se hicieron de esta edición?

Carilda. 300 nada más. Esto lo pagó mi padre. Entonces no había editoriales.

Amaury. ¡Fíjese que es propiedad del autor!.

Carilda. Y tuve la suerte de que con ese librito gané el premio.

Amaury. Entonces usted me va a hacer el favor de poner su nombre aquí. Y después, porque estamos en televisión, me pone una cosita más, porque eso es un tesoro de la biblioteca nuestra, de mi esposa y mía. Un programa bien emotivo y bien difícil. Esto no se puede creer.

Carilda. Es que tú no habías nacido cuando el libro se publicó.

Amaury. ¡Claro que no había nacido!.

Carilda. Ah, imagínate.

Amaury. Pero ya había nacido usted, había nacido su poesía y a lo mejor, quién sabe si yo nací de algún poema de estos. Entonces, ahora va a terminar el programa usted. Yo antes le voy a agradecer su gentileza, su viaje, el suyo y el de sus compañeros que la han traído. Ha sido un programa muy especial. Es además el programa con el que estamos comenzando este año 2011, es el primer programa de enero de 2011.

Todavía hay una grata temperatura afuera, hemos acabado de pasar las Navidades…, yo quiero que usted me lea este poema que es uno de los poemas que más me gusta suyo, y que de esa manera despida el programa y le agradezco señora, su poesía, su talante, su genio, su gentileza, su belleza. Su amor a Cuba, su amor a la Patria.

Carilda. Gracias, la agradecida soy yo. Gracias.

Adiós locura de mis treinta años,

Besado en julio bajo luna llena,

Al tiempo de la herida y la azucena

Adiós mi venda de taparme daños.

Adiós mi excusa, mi desorden bello,

mi alarma tierna, mi ignorante fruta

Estrella transitoria que se enluta,

Esperanza de todo por mi cuello.

Adiós muchacho de la cita corta,

Adiós pequeña ayuda de mi aorta,

Tristísimo juguete violentado

Adiós verde placer, falso delito

Adiós sin una queja, sin un grito

Adiós mi sueño nunca abandonado.

Amaury. Gracias, Carilda, muchas gracias por existir. Nos veremos pronto.

Carilda. Gracias.

«Con 2 que se quieran» Zenaida Castro Romeu (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Zenaida Castro Romeu (Parte I)

“Mi vida cambió cuando aprendí el lenguaje de las manos”

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran. Ahora, aquí en 5ª y 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala. Hoy nos acompaña una de las mujeres más bellas que tiene la música cubana. Que ha tenido y que tiene. Hoy, además, vino con pantalones, por tanto no puede presumir de sus piernas, pero ustedes la conocen bien. Yo la respeto, la admiro, la quiero, es una preciosa persona y una gran amiga, Zenaida Romeu.

Zenaida. Bueno, qué linda presentación, Amaury, pero no estoy de acuerdo contigo.

Amaury. A ver, ¿por qué?

Zenaida. Porque yo creo que la persona más linda era mi mamá, fue mi mamá. Zenaida Romeu, madre.

Amaury. Es cierto, es cierto que era muy linda.

Zenaida. Pero yo soy Zenaida Castro Romeu

Amaury. Ya sé, pero como a veces te anuncian como Zenaida Castro Romeu y la Camerata Romeu. Ahora hablamos de eso, pero vamos a empezar entonces hablando de tu mamá.

Zenaida. Anja.

Amaury. Hablemos de ella. Pero empecemos por esa anécdota, que yo, hurgando en todos los rincones para hacer la entrevista, me encontré cuando tu mamá daba clases de piano, le daba clases hasta a Chucho. Y tú te paraste así y le dijiste, ¿cómo fue?

Zenaida. No, pero cuando eso yo tenía cinco años y Chucho también era chiquitico.

Amaury. Está bien, a esa edad se empieza, a ver, ¿cómo fue?

Zenaida. Es que mami siempre estuvo, además de ser pianista acompañante, repertorista, que tocaba de todo, de todos los géneros porque tocó también con la Filarmónica dirigiendo Roig (Gonzalo), conciertos de Mendelssohn. Ella también se había dedicado a la pedagogía toda su vida. Y, claro, tenía un Conservatorio que se llamaba Conservatorio Romeu, en Concordia 410, que fue el lugar donde yo nací. Y parece que yo veía a muchos niños que iban allí y, no lo recuerdo, pero la anécdota que ella cuenta es que me puse las manitos en jarras y le dije: ¡conque dándole clases de piano a todo el mundo y a su hija no! Parece que yo tenía bastantes leyes a esa edad.

Amaury. Tú siempre has sido una mujer de carácter enérgico.

Zenaida. Parece (risas) y ella pensaba que era mejor esperar a los siete años. Pero bueno, ya ante aquel reclamo mío, pues, empezó a darme clases.

Amaury. Háblame de tus padres. Quiero decir, sé amplia en eso, háblame de Zenaida Romeu…

Zenaida. Ellos tienen una historia muy bonita. Ya mi mamá era una mujer reconocida. Mi mamá había tenido dos hijos, ya grandes, de dos matrimonios anteriores y mi papá era un hombre que había colgado los hábitos a los 33 años. Cuando se conocen, mi papá tenía 37 años, o 38 yo creo, no sé exactamente porque no habló mucho de su vida anterior, pero sí sé que colgó los hábitos por convicción, no porque dejara de tener fe católica a los 33 años, él era Jesuita, o fue. Y además mi papá era un hombre cultísimo. Mi papá sabía muchísimo de Fisiología, de Historia…

Amaury. …Es que era sacerdote, claro…

Zenaida. …De Geografía, de Música, de Física, de Química, de Derecho Romano, cualquier cosa. Tú le decías ¿qué quiere decir esta palabra? y te la declinaba… era un hombre sencillamente culto y eso fue… bueno esa cita, la primera cita fue para mi mamá algo que…

Amaury. …Se deslumbró.

Zenaida. Se deslumbró y bueno, se casaron y nací yo. Yo fui la hija de la vejez de mi mamá, ya ella tenía un hijo que tenía 19 años, y el otro tenía 16, Armandito Zequeira.

Amaury. Sí, claro, claro, Armandito Zequeira, después hay que hablar de esa dinastía.

Zenaida. Gabriel y Armandito Zequeira. Así que yo nací ya cuando ella ni siquiera lo pensaba, a los 42 años me tuvo a mí. Así que yo soy Castro Romeu, que la gente siempre me pregunta.

Amaury. Claro. Yo lo sé. Pero en algún momento, al principio de tu carrera pública, la gente decía Zenaida Romeu, no decían Zenaida Castro Romeu.

Zenaida. Al principio me decían Zenaida Romeu, y yo decía: ¡Castro Romeu!, mi padre, yo siempre decía, mi padre.

Amaury. Claro, claro.

Zenaida. Mi padre es importante en mi familia.

Amaury. Yo pensé que tú lo hacías como un homenaje a la dinastía musical Romeu.

Zenaida. Eso fue después, eso fue después, muchos años después, cuando se funda la Camerata, fue cuando llego a la entrevista a casa de Heriberto de Haro.

Amaury. El diseñador.

Zenaida. Sí, el padre, el gran diseñador cubano, empieza a jugar con el logotipo que ya había hecho otro diseñador y que no le cabía Zenaida Castro Romeu, Camerata Romeu, hay una incongruencia aquí. Vamos a quitar el Castro. Y yo le decía, ¡no!, mi papá, ¡qué va! Yo no quería y le decía, bueno, pon C punto. Y él, ¿pero qué es eso Zenaida Caridad, Zenaida Carmen?

Amaury. Claro, claro.

Zenaida. ¿Esa C qué significa?, no tiene información musical. Y entonces después de mucho, decía: bueno, mi papacito, donde quiera que esté en el cielo, pues me va a perdonar y va a comprender.

Amaury. Seguro que lo perdonó.

Zenaida. Por eso ya se quedó Zenaida Romeu. Y ahora al cabo de tanto tiempo, la gente me volvió a poner Zenaida Castro Romeu. Así que…

Amaury. Lo que pasa es que en el ambiente se te dice Zenaidita. Ahora, hablemos de la dinastía. Porque la dinastía de tu familia lleva cien años formando parte de la música cubana. Yo no  creo que exista otra dinastía musical como la Romeu, es una cosa…

Zenaida. Bueno, déjame decirte, que Victoria Elí, que hizo la Voz Romeu de la Enciclopedia de música y músicos de Ibero América, me dijo que la voz más grande de ese diccionario que tiene 12 tomos, parece una enciclopedia británica…

Amaury. Sí, sí, la conozco.

Zenaida. …es la voz Romeu, así que eso es muy bonito, porque ahí hay directores de orquesta…

Amaury. …¿Dónde empieza?

Zenaida. Empieza con Antonio María Romeu con mi tío abuelo, que como sabes, tenía una orquesta de danzones que fue muy famosa. Y él fue un hombre novedoso, porque él introdujo los solos de piano por primera vez en la música cubana y además, algunos de ellos son un modelo, como es el caso de Tres lindas cubanas, ese modelo de improvisación, el final es increíble. Así que él marcó una manera de tocar, un estilo, incluso lo que hizo Barry White muchísimos años después de poner la 5ta de Beethoven con onda disco, ¿no?

Amaury. Sí.

Zenaida. Él lo hizo con los danzones, tocaba tonadas que eran famosas, nombres de áreas de óperas, los ponía en los danzones. De alguna manera era como una globalización. Era bastante rompedor y cronista.

Eran cinco hermanos, pero dos fueron músicos; él y mi abuelo. Mi abuelo Armando era director de orquesta, era pedagogo, tocaba todos los instrumentos de la banda. Tocaba el piano, se dedicó realmente a la banda.

Amaury. Sí, sí.

Zenaida. Mira como sonaba la banda esa, incluso hasta ocho contrabajos. Fue el director de la Orquesta de Tropicana. Fue un hombre genial.

Amaury. Todos los músicos que estuvieron en esa orquesta recuerdan a Armando como el padre del jazz en este país. Es una referencia absolutamente obligada.

Zenaida. Yo creo que sí y además, fíjate que en la Orquesta de Tropicana, cuando venían las megas estrellas esas…

Amaury. Sí, Nat King Cole, Edith Piaf…

Zenaida. Tenían que tener aquí una orquesta aquí igual que la que tenían allá porque si hubiera sido una orquesta como la orquesta de los Yo-Yos, efectivamente que esos super espectáculos no…

Amaury. …Sí, no hubieran venido.

Zenaida. No iban…

Amaury. Carmen Miranda, toda esa gente que venía.

Zenaida. Exactamente.

Amaury. Pero bueno, ahí viene Mario, ¿no?

Zenaida. Ahí viene Mario. Bueno, Mario era un niño prodigio, tú sabes que a los 11 años hizo una gira por todos los Estados Unidos como un niño prodigio y él era como el genio de la familia. Un hombre de una sensibilidad exquisita, y un pianísmo envidiable. Todos los pianistas de Cuba, conocen exactamente la talla de él como pianista, pero se dedicó…, más bien tuvo miedo escénico, realmente.

Amaury. Toda la vida tuvo miedo escénico.

Zenaida. Y se dedicó lo mismo a acompañar a Esther Borja que a hacer…

Amaury. …La música de La Bella del Alambra.

Zenaida. Ah, esa.

Amaury. La película, la música de La bella del Alambra, que es preciosa.

Zenaida. Sí, completa y además, es un hombre tremendo, tremendo. Él hizo una labor también con la orquesta del ICRT grande.

Amaury. Tú me dijiste que lo habías visto…

Zenaida. …Hace poquito. Sí, fue a un concierto de la Camerata, pero llegó con tiempo suficiente como para que tocara y las muchachas de la Camerata escucharan su sonido inigualable. Sabes que pianistas hay muchos y buenos, pero el sonido particular, el timbre de una persona cuando se sienta en el piano, tú puedes cerrar los ojos y decir: ese es Mario Romeu, es una cosa que viene con él. Cuando él pone la mano sobre un piano, suena diferente, suena a Mario.

Amaury. Esa es la parte que no tiene que ver con el estudio.

Zenaida. La técnica se puede aprender, pero ese extra que es la magia que tiene cada individuo, lo que trae, lo que aporta cada individuo cuando nace, eso viene con él.

Amaury. ¿Por qué se te ocurrió, yo no lo sabía, por supuesto, estudiar arquitectura?

Zenaida. ¡Ah!, es que a mí me gusta el diseño, a  mí me gustan muchísimas cosas. No, yo quería estudiar Psicología. Bueno, realmente yo hice mi Bachillerato en el Pre del Vedado y lo hice con todas las de la ley, era un Bachillerato de Ciencias y Letras. Y todavía agradezco el nivel de esa formación.

Amaury. Y ¿tú eras buena estudiante?

Zenaida. Era buena estudiante.

Amaury. Aplicada.

Zenaida. Finalista, siempre finalista.

Amaury. Las personas inteligentes siempre son finalistas.

Zenaida. Pero realmente aplicada.

Amaury. Me van a matar por eso.

Zenaida. Tengo muy buenas referencias de ese momento. Pero tú sabes que el nivel de raciocinio que te da de todas maneras tener un cuerpo de conocimientos como el que te da un buen Bachillerato siempre te hace falta para cualquier destino final que sea tu vida.

Amaury. Me alegro mucho de encontrarme a alguien a quien le sirva el Bachillerato para algo.

Zenaida. Sí, sí, cómo que no.

Amaury. Queríamos tener el pelo largo.

Zenaida. Anjá, y la saya corta que nos la subíamos y no nos dejaban poner la saya corta y nos poníamos un cinto ancho y después la bajábamos en el Pre y la volvíamos a subir.  Aquello era un desastre.

Amaury. A ver, ¿en el 67 te gradúas de nivel qué?

Zenaida. En el 67 me gradué de profesora de Teoría y Solfeo en el Conservatorio Internacional, que hoy en día es el Saumell.

Amaury. ¿Y cuándo entras en la ENA?

Zenaida. Mucho tiempo después, uf, ya te digo.

Amaury. Tiempo después ¿cuánto?

Zenaida. Había dado clases de piano con mi mamá, tenía ese título, pero no había entrado en el sistema nacional de educación. Cuando yo termino el Pre es que yo digo: eh, ¿qué tú haces en la escuela de Psicología? A ti no te gusta la arquitectura, a ti te gusta otra cosa. Mira, hazme el favor, coge el trillo.

Amaury. Coge el trillo familiar.

Zenaida. Sí, entonces me presenté a oposición en el Amadeo Roldán. Y me hicieron unas pruebas de primer grado, de segundo, de tercero, séptimo, octavo y entonces me pusieron en nivel medio. Y estudiaba piano, pero Aida Teseiro que es un personaje de la música, profesora de solfeo, me dijo que ella quería que yo fuera alumna ayudante, quería que yo diera clases, como yo tenía ya un título de profesora de solfeo y teoría, quería que yo diera clases de apreciación musical, de solfeo y de teoría. Y me hizo hacer las dos carreras, la teórica y el piano en el Amadeo Roldán.

Amaury. ¿Pero qué edad tú tenías cuando todo eso pasó?

Zenaida. Bueno, tenía ya 21.

Amaury. Una niña.

Zenaida. Sí.

Amaury. Sí, una niña, con 20 años, con 21, eres una niña.

Zenaida. En ese tiempito que estuve en el Amadeo Roldán ya me enamoré y me casé. Me casé con un músico.

Amaury. Sí, claro.

Zenaida. Que es percusionista y ya estando casada, estudiando música, es que paso a la ENA.

Amaury. A principios de los 70, más o menos.

Zenaida. Paso a la ENA para poder dar clases por la tarde en Caturla como alumna-ayudante. Y ese paso fue definitorio, porque realmente encontré un tremendo amor. Y el amor fue que en el currículum había que ir al coro y ese coro estaba atendido por una gran, grandísima, excelente profesora húngara, que a la sazón daba clases en Cuba que es Agnes Kralovsky. Esa señora es la formadora de base de Méndez, de María Felicia, de Alina Orraca, de toda la gente que realmente…

Amaury. …De las grandes directoras de Coro.

Zenaida. Ella, realmente era profesora de la ENA cuando no existía el ISA. Yo sentí la música de verdad, de verdad, cantando en el coro, fue algo mágico para mí, algo que me cambió mi vida.

Y además en ese momento estaba Frank Fernández con Alina, estaban ya casados, y compartiendo una mesa, mi esposo, Luis Antonio Barrera, Alina, Frank y yo, Frank me dijo: ¿Por qué no te cambias a dirección de coros? Entonces, cuando llegamos, eso fue en diciembre, en enero hablé con la profesora, y ella me dijo: Sí, encantada, y cuando se terminaron los exámenes, de febrero a junio, hice el año completo. Y realmente ahí fue donde cambió mi vida, porque aprendí el lenguaje de las manos. Cómo eso que yo tenía dentro podía trasmitirlo y encontrar un nuevo camino de comunicación de la música, que es visual y es silencioso.

Amaury. Sí, a ver, antes de continuar, ya preguntas mías. Tú tienes unas manos muy bonitas y unas manos muy expresivas.

Zenaida. ¡No!, son manos de trabajo.

Amaury. Para mí sí, es que ese es el problema.

Zenaida. Es como la canción de Pablo, “tus manos no son hermosas”

Amaury. No, no, pero no es el caso. Además las manos de Zoe, a la que le hicieron la canción, también me encantan. Es un asunto de cada cual. Y tú tienes unas manos muy expresivas. Vamos entonces a quedarnos ahí, en ese punto medio. Para ti son feas, para mí son bonitas, digamos que son unas manos efectivas. ¿Por qué hay que usar una batuta para dirigir un coro?

Zenaida. Más bien cuando se usa con orquesta y coro se usa la batuta.

Amaury. Orquesta y coro, exactamente.

Zenaida. Pero realmente eso es una derivación del batón, que todavía se usa en el ballet para llevar el tiempo. Así se usaba en el barroco. Los griegos usaban zapatos de hierro sobre el podio para llevar el tiempo.

Amaury. A mí me parece tan bonito.

Zenaida. Y después eso se fue derivando, buscando soluciones a cómo llevar el tiempo.

Amaury. Bueno, pero tú también eres directora de orquesta ¿para qué la batuta? Leo, por ejemplo, Leo Brower,  no usa batuta.

Zenaida. No, no hay que usar, a veces sí. Cuando hay precisiones, hace falta, además hay una economía de medios tremendo, es la prolongación del brazo, hay un mayor trazo, hablando físicamente, ¿no? Si tú haces solamente un gesto con una falange, se amplía en la batuta. O sea, para tener un gesto de este tamaño, (hace gesto con la mano) tienes que mover el brazo así, pero para tenerlo en la punta de la batuta, solo haces así (explica el movimiento). Hay una economía de medios también.

Amaury. Pero una orquesta, por ejemplo, a mí me decía mi esposa, que no es músico, como tú sabes, pero que tiene una sensibilidad para la música, ella me decía: A mí me gustan los directores que no dirigen con batuta porque me están enseñando la partitura, entra fulano, entra mengano, es como una magia, como una cosa danzaría y, tú tienes esa posibilidad…

Zenaida. Es que en realidad, incluso, muchos directores tienen eso como una opción para los aires lentos, donde hay que cantar más la música que moverla, tocarla, ¿no?, estirarla o moldearla (hace gestos de dirección de orquesta) entonces se usa mucho más.

Amaury. Ya, ya.

Zenaida. Pero, por ejemplo, en el coro es imprescindible, porque muchas veces, por ejemplo, si tú dices una palabra en alemán y la haces con los dedos, incluso un señalamiento para esa consonante, sería un desastre si no tuvieras una señal precisa y se usan los dedos muchas veces.

Amaury. ¿Por qué las directoras de coro le cantan al coro, aunque estén de espaldas al público?

Zenaida. Les cantan justamente porque la respiración viene, por ejemplo, si tú dices: Cum Sanctis Cum tienes la posición, estás controlando también la posición de la respiración, estás pidiendo que respiren con la vocal, con la posición del canto, porque tú no puedes respirar y después colocar. No hay tiempo, ya el sonido suena mal, puede quedar bajo, entonces tú preparas las voces, la psicología, porque hay muchas partes móviles en la garganta. Y de alguna manera necesitas ganar tiempo con la posición, entonces les recuerdas la vocal. Hay un montón de información en la preparación de los directores, tanto de coros como de orquestas.

Amaury. Estoy aprendiendo cantidad. Ahora mismo tú me estás dando clases a mí.

Zenaida. Porque mira, en esa misma preparación está el tiempo, la dinámica, el color, el carácter, el timbre, la velocidad y es un solo gesto y que debe ser una verdad para cien, doscientas personas.

Amaury. Ya, ¿por qué se malogró el Coro Cohesión?

Zenaida. Ah, pregunta.

Amaury. ¿Por qué se malogró?

Zenaida. La rueda de la historia se puede decir. Cuando yo termino mi carrera de Dirección Coral, no había terminado Dirección de Orquesta, o sea, llevaba las dos carreras juntas en el ISA, que como tú sabes, fui la primera en llevar dos carreras, tremendo lío legalmente para poder hacerlo.

Amaury. Sí, porque hubo que violentar las leyes de la escuela y todo eso.

Zenaida. Sí, porque era la primera vez que se daba en el ministerio de Enseñanza Superior. Pero bueno, el caso es que ya ha pasado el tiempo, termino mi carrera, y yo digo: bueno, tengo dos títulos, pero yo no quiero que me inviten una vez o dos veces al año para dirigir, esto hay que entrenarlo todos los días, como los bailarines, que tienen que ir todos los días al tabloncillo y hacer s, y el órgano que no se usa se atrofia. Así que lo que tenía a mano era un coro, vamos a formar un coro y formé un coro con los estudiantes del ISA que eran geniales, eran estudiantes realmente avezados. Estaba Moisés Duménico, estaba Élsida González Portal, estaba Gema Corredera, estaba Cary Diez, estaban…

«Con 2 que se quieran» Zenaida Castro Romeu (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Zenaida Castro Romeu (Parte II)

Amaury. Todas son voces bellas.

Zenaida. Y empiezo a hacer un coro que era… pero no me gustaba hacer un coro con lo mismo de siempre, ay, yo tenía un dolor, yo quería el coro, pero a nadie le gustaba el coro porque siempre había un coro de gente, no sé, que eran muy estáticos y no tenían nada que ver con nosotros.

Amaury. Inexpresivos muchas veces.

Zenaida. Ya había ido por primera vez a Alemania y había visto que los alemanes caminaban de una manera y, que de repente, alguien así, con un pie así, en una esquina, yo lo identificaba; ese es un cubano. Porque yo me conocí más, me identifiqué más culturalmente, cuando empecé a viajar y vi la diferencia de cómo nosotros nos expresamos, ese lenguaje corporal y de identidad. Y entonces, cogí a esa gente joven y empezamos a hacer lo mismo Madrigales de Monteverdi (Claudio), que música cubana. Y claro, empezamos a hacer movimientos escénicos, expresión corporal, e incluso la polifonía. Porque yo me acuerdo que Il est bel et bon de Passerau (Pierre) es una polifonía en la que yo cambiaba la disposición del coro, que era inaudito en aquel momento Il est bel et, Il est bel et, Il est bel et y tú podías mirar así como la polifonía se regaba, podías ver la música para el que no conocía.

Recuerdo algo mágico en el Mella. Yo tengo muchas cosas mágicas. Estábamos cantando en el Mella, Negro bembón, negro bembón, negro bembón y me agaché, me fui agachando y el coro completo se bajó y terminamos ¡ahhhhh! eso no se ensayó, esas eran cosas mágicas que salían en escena.

Y de repente era una cualidad nueva que se le estaba aportando al coro y yo no lo dirigía en frente, yo los dirigía desde el coro, así que estábamos imponiendo un nuevo estilo, incluyendo cosas de nuestra cubanía. Pero había que pasar por un mecanismo que era la evaluación artística, que no llegó en cinco años. Renecito (Director del Grupo Sampling) una vez me dijo que había hecho Sampling inspirado en este trabajo mío.

Amaury. En el trabajo del Coro Cohesión.

Zenaida. De Cohesión. Y eso es una gran satisfacción, ese fue mi primer amor que lo perdí, porque después de cinco años no tuvimos nunca un salario.

Amaury. O sea, fueron aficionados durante cinco años.

Zenaida. Aficionados entre comillas.

Amaury. Ya sé, ya sé.

Zenaida. Pero bueno.

Amaury. Yo me conozco ese asunto de ser aficionado muchos años.

Zenaida. Después hice otras cosas.

Amaury. Ahora, la Camerata Romeu, ya hablamos de ella al principio, sorprendió al público; una orquesta de cámara de mujeres, dirigida por una mujer. Bueno, eso deslumbró desde un principio. Pero hay gente, yo me acuerdo que cuando surgió la Camerata, hubo rumores, conversaciones de pasillo, algunos músicos decían: Zenaidita quiere hacer una orquestica.

Zenaida. Una orquestica de musiquita cubana.

Amaury. ¿Cuánto trabajo costó armar la Camerata?, sin que esto se convierta en un lamento, pero hay que hacer la historia de la Camerata, porque todo el mundo ve la Camerata ahora, que triunfa, que viaja, que va a todos lados, que tiene un éxito, que tiene un reconocimiento.

Zenaida. Mira, la Camerata desde el principio tuvo realmente muchos detractores. Una vez me citaron a una reunión, que era como una inquisición, pero salí airosa porque yo no quería meterme en el terreno de nadie, quería empezar de cero y eran estudiantes. Oh, haberlo dicho. Y ahí se acabó la reunión. Duró dos minutos.

Amaury. Claro porque ellos pensaron que tú ibas a llevarte músicos de agrupaciones ya establecidas.

Zenaida. Sí, yo no iba a invadir el terreno de nadie. No era que yo iba a quitar de aquí y de allá. Yo iba a hacer mi proyecto, quería hacer algo que fuera totalmente inédito y para eso siempre hay que empezar con gente que sean maleables, ¿no? Y por eso había escogido…

Amaury. Sí, no con gente que ya tuviera vicios profesionales.

Zenaida. O hábitos…

Amaury. Vicios profesionales o hábitos.

Zenaida. Que son respetables, pero son sus hábitos y yo quería formar otros. Entonces yo quería que la gente entendiera que la música no era música de viejos y era pleno Período Especial, y yo decía: hay que dar algo nuevo. Entonces acorté las sayas, se hizo un diseño tremendo para evitar algo que pudiera alejar, incluso en el diseño del vestuario, al público de lo que se estaba haciendo, o sea, al consumidor de la música que se estaba haciendo.

Y se empezó con una música que era como una bandera, porque empezamos con música de Guido López Gavilán, con música de Fariñas, de Varela, de Leo Brower, de José María Vitier y eso, incluso, una canción también de Pablo en el primer concierto, un cinco de septiembre en el Teatro Nacional.

Amaury. A ver, la impresión que yo tengo cuando veo la Camerata, y la veo mucho, o por televisión, o en la Basílica, o en un concierto, un espectáculo… tengo la impresión de que cada vez que la veo son muchachas nuevas.

Zenaida. Es que la vida es muy dinámica, la verdad. Es realmente…

Amaury. Tú tienes un conservatorio Romeu en la Camerata también.

Zenaida. Claro. Es un lugar de formación, realmente.

Amaury. A veces yo miro y digo: Ah, aquella estaba la última vez, pero ya no está, esta es nueva.

Zenaida. No, me ha pasado a mí en escena. Digo, ¡ay!, pero ¿dónde está? Ya, también pasan cosas terribles y que además que pasan cosas terribles, uno se da cuenta que no hay nadie imprescindible.

Amaury. Claro.

Zenaida. De repente miras y no está y dices: ¡Ay, Dios mío! Un momento de crisis, de crisis moral, ética, estética.

Amaury. Claro, porque hay veces que los músicos usan las agrupaciones como si fuera un departamento de emigración, ahora me voy con la Camerata y en la primera que tenga…

Zenaida. Sí, pero yo creo que hay que ser ético en la vida, yo creo que hay que terminar la gira, hay que terminar las responsabilidades, y después tú puedes hacer con tu vida lo que tú quieras.

Amaury. Sí, claro.

Zenaida. Pero hay un compromiso profesional, un compromiso de grupo, un compromiso artístico. Incluso con la agrupación con la que estás, y con las personas que te invitan también.

Amaury. Crees que puede existir y vamos a quedarnos en el mundo de la música, una especie de crisis de ética también.

Zenaida. Absolutamente, absolutamente, una crisis de ética muy grande, y realmente yo que trabajo con jóvenes, siempre trato en los ensayos, de darles conocimientos de todo tipo; de ballet, de pintura, de ética. No son solamente clases de música. Yo trato, intento, ¿no?,  ser como una bandera de muchas cosas que yo he recibido de mi familia y que considero que son elementales, primordiales para la formación de cualquier profesional. Y además, yo creo que es un poco la bandera de mi país, porque yo creo y pienso en mi país a imagen y semejanza de lo que yo recibí en mi familia. Porque sí creo que la familia es un elemento, el referente principal.

Amaury. Ahora yo me voy a ir, y tú sabes que yo te quiero, yo te amo, pero, quiero irme a algunas cosas.

Zenaida. ¿Puedo tomar café?

Amaury. Sí, claro, mi vida, el café es para ti, además, el café es verdadero.

Zenaida. ¿Es de las lomas del Escambray?

Amaury. Sí, ese. No sé de qué loma será, a lo mejor no es del Escambray, pero por lo menos, bueno, dice expreso, es de la loma de Abdala yo creo, o del ICAIC, café ICAIC.

Zenaida. Son de la loma.

Amaury. Café ICAIC, café ICAIC.

Zenaida. Y cantan en el llano.

Amaury. Tú eres una mujer muy participativa en debates públicos. O sea, debates públicos vinculados con la cultura. ¿Tú lo haces porque sientes la necesidad de mejorar las cosas o porque te gusta entrar en contradicción con lo establecido?

Zenaida. No, el problema es que mi mamá me enseñó una cosa que se llama deber cívico. Mi mamá era una persona que yo considero que era una persona decente.

Amaury. ¡Una palabra que ya no se usa!

Zenaida. Ella era capaz, por ejemplo, si íbamos en el carro y había una botella y que mi papá daba la vuelta, ella se bajaba del carro, quitaba la botella y seguía. Porque ella la había esquivado, el carro la había esquivado, pero decía: el de atrás.

Amaury. Claro.

Zenaida. Ese sentido cívico de decir las cosas, de luchar, realmente es parte de mi esencia, de mi formación y de mi esencia. Yo tengo un signo de Sagitario y nací el día de Santa Bárbara, yo me llamo Zenaida Bárbara. Yo soy peleona y digo las cosas en el momento que las siento. A mucha gente no le gusta que les digan las verdades y eso es lo que pasa. Y es que los Sagitarios no somos de doble cara, no me callo las cosas y las digo por detrás, te lo digo a ti en tu cara y en el momento que considere que es el momento preciso, porque es el momento que considero que es donde están todas las fuerzas para hacer eso, que yo considero que es vital en defensa de algo que yo considero que es mío.

Amaury. Claro, claro.

Zenaida. Si yo tengo sentido de pertenencia.

Amaury. Sí, el mejoramiento de nuestra nación.

Zenaida. Y este es el momento porque aquí está todo el mundo. ¡Ojo!, ¡ayúdenme!, que esto hay que hacerlo, porque a quien le toca no lo hace. Entonces yo incluso, me meto en terreno de la música que no me atañe directamente, pero sí muy profundamente.

Y te voy a decir algo, algo místico, absolutamente místico. Una vez estaba en el Carnegie Hall que me invitó un amigo, el primer cello de la orquesta y llegué allí y dije, bueno, el Amadeo Roldán tiene más glamour. O sea, el Auditórium, antes que lo quemaran. No me impresionó tanto el lobby, me pareció un poco lúgubre, un poco así, un poco…, es más pequeño que lo que yo tenía en mi idea. Pero estaba en Nueva York.

Amaury. Claro, claro, sí, bueno.

Zenaida. Llego, subo y me encuentro que los asientos son de madera, de palo, como los cines de palo de aquí, eran de madera, me pongo a acordarme de los asientos mullidos color rojo vino del Amadeo Roldán.

Amaury. Rojo vino, eran rojo vino.

Zenaida. Me acuerdo de las sillas del palco que eran de terciopelo rojo. Me acuerdo de aquellas cortinas fabulosas, del cielo raso, de la boca bellísima del teatro. Y aquí me encuentro una cosa blanca, que no tenía pintura, que no tenía la araña, que no tenía nada. o tenía nada que me dijera: estás en el Carnegie Hall. Empieza la música, salen los músicos, era música sinfónica coral. Empiezan a salir todo el mundo, pam, sale el director y empieza la música. Guao. ¡Qué bueno!

Quién te dice a ti, que  en medio de la felicidad de estar allí, mis ojos empiezan a llorar. Te juro por los restos de mi madre que es cierto lo que te estoy diciendo. Mis ojos empiezan a llorar y yo no sabía por qué. Y es que me di cuenta que la voz que yo oía del teatro era la voz del Amadeo Roldán, del Auditórium. Era como si hubiera oído la voz de una persona que había muerto, una abuelita tuya de la que de repente oyes la voz que te dice: Amaury. O tu mamá ¿entiendes?, y tú de repente caes, lloras, porque oyes una voz, un sonido acústico, eso lo sabemos los músicos.

Amaury. Claro.

Zenaida. Y los ingenieros y los…

Amaury. Y era una voz antigua porque ya estaba quemado el teatro.

Zenaida. Ya estaba quemado el teatro.

Amaury. Claro, ya no existía aquel Amadeo.

Zenaida. Pero yo había ido con mucha asiduidad al teatro. Todas las semanas de la vida a ver la Filarmónica, todas, sin faltar una. Y cuando había dos conciertos, iba a los dos, conocía exactamente cómo sonaba el teatro. Claro, eso la gente no lo sabe. Cuando yo reclamo por el Amadeo Roldán, pueden pensar cualquier otra cosa. Es que yo estaba cívicamente reclamando por un valor de mi país. Eso es un problema íntimo que ahora, como estamos en intimidades estoy comentando que es algo…, nunca me había pasado en la vida. Primera vez y única que me ha pasado ese misterio de tener la percepción de un sonido acústico, de un determinado lugar. Por eso los grandes músicos venían a La Habana. Porque tenían lo mismo que en el Carnegie Hall, pero con el glamour que daba La Habana.

Amaury. A ver, yo no quise hablar específicamente de ese incidente, que me imagino fue de los más duros. Yo hablaba de tu participación en todo. O sea, a ti te interesa la vida nacional más allá de la vida musical. Quiero decir, tú eres una persona que participa y que le interesa…

Zenaida. Te digo que es el deber cívico. Hay mucha gente que tiene miedo de ejercer el deber cívico. Y yo creo que si todo el mundo ejerciera un deber cívico…

Amaury. Es que es una obligación, salta de deber a convertirse en una obligación.

Zenaida. …Una obligación, pues sería mucho mejor si no fueran personas aisladas, sino todo el mundo reclamara por lo que considera que es lo correcto, lo que se debe hacer.

Amaury. Ahora, bueno, vamos a irnos a una cosa un poquito más personal. Tú eres -todo el mundo lo sabe, pero ahora lo han comprobado- tú eres culta, yo diría que cultísima. Tú eres una mujer de carácter. Tú eres una mujer muy inteligente, aguda y muy bella. Eso, con respecto a los amores, con respecto a los hombres, puede significar un freno, ¿la gente te tiene miedo? ¿Los hombres te han agarrado miedo? ¿Tú has sentido que te han tenido miedo a lo largo de tu vida?

Zenaida. Yo no sé. Yo no sé, puede ser, no sé, no sé, no podría decirte.

Amaury. Bueno, yo sé que eso inspira mucho respeto. Pero ahora tú estás casada con un príncipe, con un doctor, que además te ayuda, te representa, creo, a la Camerata y además un hombre también muy apuesto. Ustedes hacen una pareja hermosa. Si tuviéramos revistas de farándula aquí, hubieran sido portada unas cuantas veces.

Zenaida. Bueno, realmente es un hombre guapo.

Amaury. El Dr. Camilo, y además un tipo de carácter, una persona que inspira respeto. Ustedes dos juntos son como una especie de muralla china, invencibles. Háblame de Camilo, háblame de tus hijos. Háblame de tu nieto.

Zenaida. Bueno, a Camilo lo conocí de jardinero ¿eh?. Él tenía ya su propia crisis existencial y ayudaba a su padre, en pleno Período Especial, alternativamente ayudaba a su padre en eso de plantas ornamentales y esas cosas. Entonces él llegó a mi casa como jardinero cargando una planta y nos pusimos a conversar y, en esas dos horas hablamos de cualquier cosa y realmente a mí me impresionó muchísimo.

Amaury. Te fuiste a comprar una planta al otro día.

Zenaida. No, no, al otro día, sí compré plantas y a los cinco días empezamos una relación. Ya te digo que yo estaba totalmente impresionada por un hombre, además, de mucha voluntad, que lo que quiere… Es un hombre cierto, ¿no? Y en todo el tiempo que hemos estado juntos, que ya, desde el Lily (Ciclón Lily, 1996).

Amaury. Sí, ya hace…

Zenaida Empezó ya desde el Lily, ¿el Lily cuando fue? En el 96.

Amaury. Una relación que empieza con un ciclón.

Zenaida. Un ciclón, desde el Lily, más o menos en esa fecha. Yo te puedo decir que es un hombre poco errático. Realmente es un hombre que tiene visión.

Amaury. Háblame de tus hijos y de tu nieto.

Zenaida. Bueno, yo tengo dos hijos maravillosos, que son latinos, nombres latinos, César y Claudio. César tiene 28 años y me acaba de hacer abuela. Y el Claudio tiene 23. Los dos viven en España, son mis amores. Ayer se fue mi hijo menor, que estuvo de vacaciones.

Amaury. Yo te llamé antes para hacer la entrevista antes, semanas anteriores y me decías: no, no, mi hijo está aquí.

Zenaida. No, ellos son, la verdad, mis mejores músicas.

Amaury. Sí, claro, claro.

Zenaida. Esas son mis mejores producciones, estoy muy orgullosa de ellos, son hombres buenos, que eso es muy importante.

Amaury. ¿Tú no los juzgas?

Zenaida. Claro que los juzgo, siempre los estoy juzgando, aunque llega un momento en que tú eres espectadora de la vida de tus hijos, ¿no?

Amaury. Claro.

Zenaida. Pero ya a estas alturas de la vida, ellos escogen su vida.

Amaury. Voy a ir a una pregunta -ya es  mi última pregunta-, que es el momento en que te pelas al rape. Es el momento en que decides que se acabaron los pelos largos. Y según tengo entendido está vinculado con Michel Legrand, con la Orquesta Sinfónica, cuando estuviste de ensayadora, todas esas cosas a mí me han dicho. Pero como yo no sé si son ciertas, porque yo te vi dirigiendo la orquesta y a Michel Legrand en el piano, pero yo no sé lo que pasó antes, esa historia habrá que hacerla lo más breve posible para que quepa completa sin editar en televisión.

Zenaida. Bueno, eso fue en el año 89, que Manuel Duchesne Cuzán me llama al ICAIC y me dice: Mira, el viceministro que atiende el cine, quiere que hagamos un gran concierto para cerrar el Festival de este año, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Y se le ha ocurrido, él estuvo en París y se puso un concierto oratorio, que Mitterrand le mandó a hacer a Michel Legrand, con el texto de La Declaración de los Derechos del Hombre y queremos ponerlo aquí. Y yo quiero que tú organices todo porque yo no voy a estar.

Digo bueno, ¿y? Dice: Mira, no se sabe nada, porque la partitura no ha llegado. Sólo sé que viene Michel Legrand con un pianista. Oh, ya sé que viene a tocar, ¿pero quién es el otro? Porque esto que está aquí solamente pueden tocarlo dos personas, Chucho Valdés, en aquel momento o Ernán López Nussa, y yo tengo que dar la partitura ¿dónde está la partitura? No tenía nada. Y me dice: No, no, el que va a tocar es Michel Legrand con Erik Berchot y había pasado una semana más. Entonces digo: Ay, Tony, entonces la que va a dirigir esto soy yo.

Amaury. Claro.

Zenaida. Muchacho, entonces empiezo a arreglar todo eso y bueno, se hace un coro de cien voces, empiezo a ensayar con la Sinfónica y está todo listo cuando llega Michel Legrand, eso fue tremenda experiencia. Y yo dije: Pero este señor es famoso, y con lo que yo he trabajado: Escoge a la gente que iba a tocar y a cantar, busqué y hablé  los mejores jazzistas de Cuba, y ahí nadie me va a mirar, ¿cómo es eso?, ¡nooooo!

Había un hombre que se llama Gonzalo, que me peló y me peló con tijerita bajito, como si fuera a máquina, pero con tijera, un pelado técnico cantidad. Entones me compré unas pullas y me puse unas medias de nylon negras y fue totalmente rompedor.

Cuando yo salí a escena con aquel aspecto unisex, el pelado así, mi vida cambió, porque de la noche a la mañana, en aquel momento había dos canales de televisión, el 2 y el 6 y todo el mundo estaba mirando el Festival, así que me hice famosa en 24 horas.

Amaury. ¿Y alguien te pasó la mano por la cabeza ese día?

Zenaida. Ese mismo día. Ese día me pasó también Fidel la mano y yo dije: Ay, desde que me pelé todo el mundo me pasa la mano por la cabeza. Todo el mundo me quería pasar la mano por la cabeza.

Amaury. Bueno, lo que pasa que todo el mundo no es Fidel. (risas)

Zenaida. ¡No, no, fue tremendo eso!

Amaury. Bueno, Zenaidita, tú sabes que los programas terminan. Tú eres conductora de televisión y lo sabes bien. Eres conductora de televisión antes que yo soñara ser conductor de televisión, y lo haces muy bien.

Yo te agradezco que hayas venido, que hayas querido estar con nosotros un rato. Pero me dijiste una cosa y me dio curiosidad, que antes de despedirte dijiste: todo el mundo me pasaba la mano por la cabeza, yo creo que yo no, voy a hacerlo ahora mismo.

Zenaida. A ver, ¡Ay, que lindo!

Amaury. Y te voy a dar un beso.

Zenaida. Gracias, Amaury, gracias por estos programas tan lindos

Amaury. Mi niñita querida, te quiero mucho, mi amor. Te quiero mucho y nos veremos pronto.

«Con 2 que se quieran» Manuel Calviño (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Manuel Calviño (Parte I)

 “Antes de ser psicólogo soy ser humano”

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran. Ahora aquí, en 5ta Avenida y calle 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña, otro querido amigo mío, el doctor en  Ciencias Psicológicas y músico, un gran músico que después va a explicar por qué no siguió siendo el gran músico que siempre fue. Mi hermanito, Manolo Calviño.

Muy buenas noches, oye qué alegría, cómo se va a poner la gente feliz de tenerte en el programa. Lo han pedido, me dicen, ¿por qué no llevas a científicos, a deportistas? Me lo dicen mucho. Y claro, yo siempre digo que el perfil del programa está vinculado a ese mundo artístico-intelectual, ¿no?, pero es que tú reúnes esas dos condiciones, así que los que querían científicos, te tienen a ti aquí y los que querían músicos, también.

Yo quería empezar a hablar por tus padres, por tu niñez, cuando te conocí, ya eras un joven. ¿Cómo transcurrió eso?

Calviño. Pues la verdad que funcionó muy bien. Yo tuve una niñez absolutamente feliz -en mis recuerdos y en los hechos objetivos que puedo estructurar para tratar de separar el recuerdo de lo que realmente pasó, cosa que es casi imposible-, pero fue una niñez muy linda, muy feliz. Yo nací en Cayo Hueso, sigo viviendo en Cayo Hueso, aunque vivo ahora en el Vedado, pero mi estilo de vida quedó marcado por Cayo Hueso, el concepto del barrio, de la gente, de llegar a las 3 de la mañana, de las puertas abiertas, y todo el mundo ahí. En Cayo Hueso trasncurrió mi infancia, una infancia llena de juegos, de desentendidos con los padres, como es de suponer. Mi padre siempre fue un hombre con un pensamiento muy avanzado. Mi madre a la usanza de la época, muy dedicada a ensalzar a mi padre y a sus hijos.

Amaury. ¿A qué se dedicaban?

Calviño. Mi madre era ama de casa. Se dedicaba a los hijos, tenía la profesión más difícil de todas las profesiones, y mi padre era médico, era cardiólogo y en gran medida mi padre es una de las causas fundamentales de por qué yo estudio psicología.

Yo fui, Amaury, un pésimo estudiante de preuniversitario. Digamos, evaluando por los estándares conocidos: no asistencia a clases, no estudio, no interés. Era la época en que la música ocupaba el primer plano de mis intereses. Repetí el último año del pre, eran, qué sé yo, 18 asignaturas. Me presenté a una cosa que hoy se llama los mundiales, en aquella época ni me acuerdo cómo se llamaba.

Amaury. ¡Extraordinarios!

Calviño. Efectivamente, extraordinarios y aprobé todas las asignaturas menos Física. Entonces eso fue una cosa interesante: Estoy sentado en el parque Mariana Grajales y se me acerca la entonces directora del preuniversitario y me dice: “¿Calviño, usted va a repetir todas las asignaturas o solamente Física?” Mira como han cambiado los tiempos, si eso se le dice hoy a un muchacho, probablemente preguntará ¿Cuánto cuesta? En aquella época, yo pregunté: “¿Qué es lo que me va a mandar a hacer?”

Amaury. ¡Claro, claro! (risas)

Calviño. Es la diferencia, muchos años. Entonces me dijo: No, usted puede dar solamente Física, pero tiene que ir a trabajar de profesor a una secundaria y me mandaron a la secundaria en la que yo había sido estudiante. Cuando el director me ve llegar, dijo: “¿Y usted que hace aquí?” Dije: Prepárese que va a recibir a su nuevo…

Amaury. ¿Qué secundaria era?

Calviño. La Rubén Martínez Villena. El otro día, hace unos programas atrás, estuviste hablando con Loipa.

Amaury. ¡Ah, sí!

Calviño. Y decía que su mamá era profesora de Español, fue mi profesora de Español, excelente profesora de Español. Bueno, y cuando llego a la Secundaria, digo: bueno “¿y qué asignatura voy a impartir?” Me dice el director, la única que tenemos disponible es…, Física.

Amaury. (risas)… Física.

Calviño. Por suspender Física fui profesor de Física y esto es un hecho interesante, hoy muchas personas dicen: los profesores jóvenes, los emergentes. ¡Yo fui un emergente!, pero con un sentido de responsabilidad, estudié Física como nunca en mi vida y allí descubrí mi vocación por el magisterio. Yo no puedo dejar de ser maestro y lo descubrí allí. Por un accidente, dirían algunas personas. Los psicólogos diríamos: alguna causalidad en la historia de tu vida.

Y con la Psicología me pasó igual, terminé ese año el preuniversitario, la misma directora me dijo: “¿Y usted qué va a estudiar?” Y con una cosa así, absolutamente prepotente y altanera, que yo no era así.

Amaury. Tú no eres así, no.

Calviño. Era mi relación con la directora, era como decirle; usted no me va a poner un pie encima y le digo: ¿Cuál es la especialidad más difícil de entrar? Me dijo: entre ellas, Psicología. Le dije: “Apúnteme en Psicología” y ahí fui, hice las pruebas y matriculé Psicología.

Amaury. Pero ahí voy a una pregunta ¿En la Psicología que se practica hoy se sigue respetando ese secreto profesional, igual que se respeta en la iglesia el secreto de confesión?

Calviño. El sector profesional es absolutamente inviolable. La estructuración ética de la profesión descansa en el secreto profesional.

Amaury. Yo conozco a algunos artistas que tienen dificultades psicológicas y algunos hasta psiquiátricas y dicen: yo prefiero contener todo esto que ir a contarle -inclusive una persona que sale por televisión, que sale en el cine-, no voy a contarle a un médico mis problemas, porque a lo mejor se ha relajado la disciplina, y cuando venga a ver los problemas que yo tengo se entera todo el mundo.

Calviño. Bueno, ese es un tema también que no tiene tanto que ver, a mi juicio, que no tiene solo que ver con el modelo profesional, sino también con un modelo cultural. Seguimos siendo culturalmente un país donde una persona, en medio de Galiano y San Rafael, puede hablar de sus padecimientos de hemorroides con una tranquilidad impresionante (risas), sin embargo, decir que está sometido a un tratamiento psiquiátrico, o que se ve con un psicólogo, eso… no. Yo creo que es un problema cultural.

Sin embargo, yo he tenido pacientes, vamos, he tenido amigos, que por amistad he preferido que no sean mis pacientes, los he derivado a otros profesionales y yo mismo he llegado a pensar: tengo que buscar la forma para no exponerlo. Y esa persona en quién estoy pensando me ha dicho: Dime dónde hay que estar, a qué hora, dónde es la cola. Tranquilo.

Amaury. ¡Ah, qué bárbaro!

Calviño. Es decir, yo creo que es un problema cultural y un problema también, ¿por qué no?, sin que nadie se ofenda, creo que es un problema de madurez personal.

Amaury. Bueno, ¿ustedes son tres hermanos? Alfredo, Lola y tú.

Calviño. Sí. Yo soy el del medio, Alfredo es más pequeño.

Amaury. Alfredo, ¿a qué se dedica?

Calviño. Alfredo se dedica al cine. Vive en México, parece ser que una persona bastante exitosa en materia de comercialización de cine. Se dedicaba a eso aquí. Aprendió su trabajo aquí en el ICAIC, verdad que con los grandes vendedores del ICAIC, que son antológicos.

Amaury. Sí. ¿Y Lola?, que trabaja en el cine también.

Calviño. Lola también trabaja en el cine, así que probablemente de ahí mi parecido a Brad Pitt, con unas libras de más. (risas)

Amaury. (risas) Bueno, los ojos tuyos son más bonitos que los de Brad Pitt

Calviño. ¡Ah, ya tú ves!

Amaury. No sé si las luces permiten ver la claridad de tus ojos. Ahora ¿Cuándo se forma el grupo Moncada?, quiero que vayamos ahí  antes de irme atrás.

Calviño. Moncada nace en el 72. Alberto Faya y un estudiante de física, Mario Ayoub y yo, cantábamos…, como empezamos todos, cantando las canciones de Silvio, de Pablo, hacíamos las veces de trovadores. Y entonces, en algún momento aparece la Televisión Universitaria, y aparece un programa, entre los muchos que aparecieron de la TV Universitaria, que se llamaba Siempre en Domingo, que lo dirigía Jorge Gómez.

Amaury. ¡Ah, claro!

Calviño. Y Jorge Gómez empieza un poco a aglutinar gente para intentar sustentar aquel programa y había una cercanía ya entre nosotros. Nos juntamos ahí a tocar con unos instrumentos que estaban allí que eran de la escuela. Cuando hicimos el primer intento, yo dije: este grupo ya tiene nombre, debe llamarse Los Pimientos Morrones (risas) para evitar cualquier otro exceso.

Moncada nunca nació, a mi juicio, con una pretensión de ser músicos, sino con una pretensión de hacer un trabajo cultural, de comunicación cultural. Sus gestores eran gentes con intereses de este tipo, quizás no éramos, seguramente, muy buenos músicos, pero sí, esto nos unió y en el 72 fundamos el Grupo Moncada.

Amaury. Pero cuando tú llegas al Moncada, yo recuerdo el Moncada de aquellos años, desde afuera tú decías: los que tienen una formación musical más sólida…, estaba Julián (Fernández).

Calviño. Julián, efectivamente.

Amaury. Tocaba guitarra, empezó a tocar tres por esa época.

Calviño. Exactamente.

Amaury. Y tú, porque tú venías… Mi primer recuerdo primero tuyo era tu pelo largo, ¡imagínate! todos nosotros rapados, porque la escuela donde yo estudiaba era medio militar o algo así. Y cantando: Tan solo tres días… (entonando)

Calviño. ¡Tan solo tres días! ¡Black is Black!

Amaury. Black is Black ¿Cómo fue ese paso por Los Dadas? Porque a lo mejor estaba por ahí lo del Pre, que no sacabas bien las notas…

Calviño. Exacto, sin dudas, sin dudas. En el año 65 ó 66, ingresé en Los Dadas. Recuerdo que una de mis primeras experiencias -que nunca se llegó a realizar- en un viaje que hacíamos a Matanzas, montó en la guagua un muchachito flaco, orejoncito, con su guitarra y le decía a la gente de Los Dadas: ¿por qué no hacemos un disco? Los Dadas venían del Ejército, de la 2350, de Managua. Yo no, yo estaba en mi Pre y este muchacho recién salía del Servicio Militar Obligatorio. Y ahí quedó la idea de hacer un disco, en el que a mí me tocaría hacer una segunda voz de una canción que decía algo así como: “Quédate, quédate, para poder vivir sin llanto” (canta esa línea y Amaury la termina con él)

Amaury. ¡Era Silvio, el muchacho jovencito que se subió a la guagua!.

Calviño. Era Silvio, y realmente es que Los Dadas fueron un grupo muy, muy bueno.

Amaury. Muy bueno.

Calviño. Y sí, yo tenía, al llegar al Moncada, una experiencia de trabajo en grupo muy importante.

Amaury. Y en escena.

Calviño. Y en escena, en el 69.

Amaury. Porque Alberto (Faya) tenía la impronta

Calviño. Exactamente y una voz tremenda.

Amaury. Y tú con el oficio total.

Calviño. En el 69 recuerdo que coincidimos en un escenario que se llama el Copa Room del Hotel Riviera, que fue el año que repetí en el preuniversitario, ¿ya vas atando cabos?, hacíamos dos shows, un show y una cortina musical con Los Dadas. Y las tres personas que en aquel momento tocábamos y cantábamos con la guitarra, éramos: Pedro Luis Ferrer, Mike Porcel y yo.

Amaury. ¡Madre mía! ¡Era una bola de talento!

Calviño. No, la verdad, es que todas esas cosas te marcan. Pero todo eso forma parte de esa tradición musical que yo no abandono, ¿eh?

Amaury. Bueno, voy para una pregunta que, a quién mejor que a ti se la voy a hacer. Vale la pena, un programa que lleva al aire veinte años, yo no he visto todos los programas, pero sí he visto muchos. Se ha formado una especie, como se dice en la calle, “una atmósfera” con el asunto del celo y del intrusismo profesional, o sea, la gente que viniendo de la calle, va a la televisión y supuestamente le robamos el trabajo a algunos locutores, ¿qué tú piensas de eso?

Calviño. Mira, el tema del intrusismo profesional es todo un temazo y justamente se ubica, básicamente, en lo que hoy algunos especialistas llaman las disciplinas blandas. Es difícil el intrusismo profesional en neurocirugía.

Amaury. Claro.

Calviño. Es poco probable, mejor no lo probemos. (risas)

Amaury. Sí, que una enfermera diga: déjame meterme a operar aquí.

Calviño. Entonces. A ver ¿qué cosa es esencialmente un profesional? Un profesional es una persona con un conjunto de conocimientos, habilidades y sobre todo ¿de qué?: de-di-ca-ción. Entonces, no veo mucho esta cosa del intrusismo profesional. El rol de un locutor está bien definido. Tenemos excelentes locutores que lo hacen muy bien.

Amaury. Buenísimos, buenísimos.

Calviño. Una cosa es un locutor, otra cosa es un conductor, otra cosa es un comunicador.

Amaury. Un animador.

Calviño. Un animador. Tu madre, la última vez que estuve en la casa de Nuevo Vedado, me dijo: “Aquí yo he conocido a muchos ‘comunicólogos’, pero comunicadores hay pocos, y tú eres uno de ellos”.

Amaury. Pero es que tú eres, para mí, y lo digo con absoluta responsabilidad -el otro día Sara (González) me pegó casi en la cabeza, porque me dijo: estás siendo muy absoluto en el programa- bueno, yo estoy hablando por mí, y yo creo que el mejor comunicador que tiene nuestro país, que sale por televisión es Manolo Calviño.

Calviño. Esa es la ventaja de tener buenos amigos.

Amaury. No, no estoy siendo… digo, tú me conoces, sabes que de adulador no tengo nada.

Calviño. Nada.

Amaury. Sino que yo sé,  lo que tú haces: pararte delante de una cámara, con una iluminación normalmente pobre, con una escenografía escasa, prácticamente nada.

Calviño. Nada.

Amaury. Todas las semanas, donde no hay un error, cualquiera pensaría que tienes un teleprompter (un aparato que ponen debajo de la cámara para leer lo que dice el locutor a cámara), ¡No!, en Vale la pena todo eso sale de tu cabeza. ¿Cómo preparas esos guiones?

Calviño. Yo no creo en la improvisación ¿en qué sentido?: la improvisación…, creo en ella solamente como el lugar y la circunstancia específica, el momento en el que tú dejas salir algo que has estado formando y preparando durante años. Cuando Chucho (Valdés) se sienta y dice: “voy a improvisar”. Son 50 años de piano.

Amaury. Claro, claro, sí, sí.

Calviño. Son 50 años de piano y una experiencia… entonces, yo sí creo en el saber, en la dedicación, en el estudio. Mucho estudio, mucho trabajo, eso es ser un profesional. Y eso sobre un contexto ético fundamental que se llama, a mi juicio: responsabilidad. Yo no puedo pararme en un aula, no puedo sentarme en un estudio de televisión, si no es pensando que voy a intentar hacer todo lo mejor que yo puedo hacer por respeto a esas personas que están allí sentadas. Sean mis estudiantes, sean los televidentes.

Amaury. Bueno, es que yo siempre he dicho que uno no viene a este mundo con determinados dones.

Calviño. Exacto.

Amaury. Sino que uno los ejercita… y esto ha sido motivo de discusión en la casa y ha sido motivo de discusión en este mismo programa.

Calviño. Claro.

Amaury. Ahora, Vale la pena ¿por qué surge ese programa?

Calviño. Tiene dos historias…

Amaury. ¿A quién se le ocurre?

Calviño. Tiene dos historias. Una historia, si quieres, más administrativa y una historia más contextual, cultural y una historia obviamente personal. Hilda Rabilero, que en aquella época hacía el programa Contacto estaba buscando crear secciones que le reanimaran el programa. Hacía una sección de salsa, de la que salió Mi Salsa y hacía una sección de psicología.

Amaury. ¿Era televisión en vivo?

Calviño. Televisión en vivo. Y en un determinado momento, me acuerdo, un ex alumno mío que trabajaba con Vicente González Castro me llama y me dice: “estamos buscando programas de pequeño formato”. Yo estaba…, no desencantado de la psicología, pero quería buscar otra cosa. Yo soy una persona, en mi vida profesional, que pienso mucho en la devolución, en lo que yo puedo ayudar a las personas. Es una vocación primitiva casi en mí, y entonces ahí llegó la posibilidad. Yo quería levantar y salir un poco de ahí y decirle a la gente: la mejor variante es mirarnos primero nosotros. La vida nos es dada una sola vez y esta vez que te la dan, y esta vez que la tienes, hay que vivirla con mucha felicidad, con mucho bienestar. Hay que vivirla con mucha entrega. Esa cosa, a lo mejor un poco cursi, no importa, de que cuando te vayas saliendo puedas decir: ¡viví, viví!

Entonces me gustaba, me gusta la idea, de que esto no sea solo un proyecto mío, de mis hijos, de mi familia. Que podía ser un proyecto mucho más allá y ayudar a las personas a este andar más presidido por la felicidad, por el bienestar. Que no quiere decir que no hayan obstáculos, que no hayan problemas, que no haya frustración, que no haya depresión, ¡No!, el problema no es que no hayan esas cosas, sino cómo salir de ellas, y salir vencedores, salir del lado de la felicidad.

Amaury. Ya. Manolo ¿y cómo se graba Vale la pena?

Calviño. Entrará en los Records Guinness como el programa más barato de la Televisión Cubana, que debe ser la televisión más barata del mundo. Así que puedo aspirar (risas). Mira, yo normalmente voy recogiendo temas, leyendo cartas, conversando con la gente y voy haciéndome una esquela de temas generales. Pero yo llego al estudio, me pongo la camisa, me siento y grabo. Tres minutos, paro; siete minutos, paro; tres minutos y vamos para el otro programa.

Amaury. ¿Cuántos grabas?

Calviño. Normalmente grabo dos programas y no tengo necesidad de grabar más porque como grabo con mucha anticipación, grabo dos programas. Quiere decir que en términos estrictamente de utilización de estudio, con 30 minutos de estudio, yo hago Vale la pena y no me hace falta más.

Amaury. Sí, es el más barato. Creo que hay uno en Albania que es un poquito más corto y más barato. (risas).

Calviño. Pero Vale la pena se graba de arriba abajo.

Amaury. ¿Y cuando hablas de las cartas en los programas es verdad que estás leyendo las cartas reales o hay cartas ficticias?

Calviño. Por lo general son cartas reales, ¿en qué sentido? Recibo 10, 12 cartas, 20 cartas sobre una temática más o menos común y ahí construyo una que representa todo lo que está. Otras veces, efectivamente es una carta tal y como la recibí.

«Con 2 que se quieran» Manuel Calviño (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Manuel Calviño (Parte II)

Amaury. A veces, cuando estábamos en el período especial, por ejemplo, yo creo que tú fuiste de las grandes ayudas para este país. Hay que reconocerlo, por lo menos, para mí lo fuiste, a veces hablabas de temas que en esa semana estaban ocurriendo y tú habías grabado ese programa a lo mejor hacía un mes.

Calviño. Exactamente, o más.

Amaury. ¿Eso es destino, casualidad?

Calviño. Creo que las contingencias de la vida humana son de alguna manera reiterativas. Entran con disfraces diferentes, con caras diferentes, pero las situaciones humanas son muy comunes. Entonces, claro, hablas de cosas que pueden estar siendo pensadas para hoy y un mes después, dos meses después, tú dices: la debe haber grabado hoy por la mañana.

Amaury. Yo pensaba muchas veces que lo hacías en la misma semana en que salía.

Calviño. Bueno, para bien y para mal, ¿eh?. Porque me ha pasado también, de cosas que he grabado con dos meses de anticipación y han salido un día en que el contexto les da una lectura específica y entonces es al revés.

Amaury. Ah, también.

Calviño. Pasa ese tipo de cosas. Pero Vale la pena, siempre digo es un programa que empieza cuando se acaba. Es decir, mi gran aspiración es que cuando yo cierre, la gente diga: no estoy de acuerdo con eso o sí estoy de acuerdo, eso es lo que le pasa a Fulano y se produzca eso, que en definitiva es su leit motiv, es realmente lo que queremos. Muchas veces se piensa que el psicólogo es el tipo que sabe muchas cosas y que sabe dónde aplicarlas, ¿no?, una representación muy vieja del psicólogo. Me es imposible pensar que yo puedo saber de tu vida más que tú mismo, pero la distancia que tengo de tu vida, es la que cuando se junta con la distancia que tienes tú, la que tú ves más de cerca, y la que yo veo más de lejos, nos permite encontrar otra visión distinta y en esa otra visión, probablemente esté tú camino.

Amaury. Es la otra punta del triángulo, ¿no?

Calviño. Exactamente.

Amaury. Yo te oigo hablar y estoy absolutamente hipnotizado. Este es mago, además, pero siempre fuiste así, antes de ser psicólogo, tú siempre has hablado con tanta vehemencia…, que yo recuerdo, desde jovencitos, en algún momento…, nosotros fuimos jóvenes también alguna vez…

Calviño. Sí, claro (risas)

Amaury. Y delgados.

Calviño. (risas) Y delgados.

Amaury. Cualquiera pensaría que a ti no te hace falta nunca tener ayuda médica, porque la gente que te ve en televisión puede decir: este hombre tiene las respuestas para todo. Si un día se siente mal, él solo puede resolverlo. Él solo se recicla, él solo se reedifica.

Calviño. Antes de ser psicólogo soy ser humano y si a algo no renunciaría definitivamente nunca, es a dejar de ser ser humano. Algunas veces me dicen: “sus hijos deben ser perfectos”. Yo respondo: “no, no, yo soy padre antes que psicólogo, y no voy a renunciar nunca a ser padre.”

Amaury. Y deben ser malas cabezas los muchachos, como todos.

Calviño. ¡Cómo todos!, ¡cómo todos! Cuántas veces nosotros estamos metidos en conflictos con los más jóvenes y de pronto tú dices: ¡Espérate un minutito, flash back, vete atrás! ¡Ponte en tus 17 y es como si fuera la historia repitiéndose! Empiezas a ver las cosas ahora como un deja vu, eso ya pasó en mi vida.

Amaury. El joven que uno fue, ¿no?.

Calviño. El joven que uno fue. Entonces, yo no tengo respuestas para todos los problemas, ni a los míos y sin duda alguna que los tengo.

Amaury. Hombre, claro.

Calviño. Ahora, sí tengo una convicción. Tengo una convicción que la digo en palabras de Martí, tengo la convicción de que “andar es el único modo de llegar”. Entonces, vamos a andar y tengo una segunda convicción, que andando con alguien, se llega mejor y más rápido.

Amaury. Bueno, me faltaría aplaudir o algo así (risas). Ahora, tú me dijiste, cuando Tato nos estaba poniendo los micrófonos y me he quedado pensando en ello…

Calviño. Sí.

Amaury. “Yo tengo un problema con la gente de cultura, para la gente de cultura, cultura son los artistas, los bailarines…”

Calviño. Es que es cierto.

Amaury. Desarrolla eso.

Calviño.  La producción cultural es producción, es intercambio, es diálogo entre subjetividades y el concepto de Cultura es mucho más amplio que lo que pueda significar la funcionalidad de un aparato eficiente, productivo, muy bueno; mi respeto, que pueda ser llamado un Ministerio de Cultura o un Ministerio de Educación. Los vendedores de las tiendas son tan educadores como yo. Los artistas, cuando se paran en un escenario, son tan educadores como yo cuando me paro en un aula.

De hecho, te diré que mi gran reto como educador es el dilema que vivo hoy, entre lo que intento hacer en el aula, y lo que luego ese muchacho, que es mi estudiante, se encuentra cuando sale del aula. Son influencias educativas, des-educativas. Imaginemos que los artistas, los cantantes, los músicos, qué sé yo, pensaran en el impacto educativo que tiene su comportamiento, que tienen sus palabras. Del mismo modo las Ciencias Sociales son ciencias de la producción cultural. Pero no es la visión dominante. Mi opinión.

Amaury. Sí, es como se ha dicho muchas veces, me parece que fue Fidel quien lo dijo: nuestros mejores diplomáticos son nuestros artistas.

Calviño. Forma parte de las falsas concepciones, de los estancos, que son estancos de poder, ¿ya?. Al final no puedes hacer esto porque esto es lo que hago yo, y si lo haces tú, yo estoy perdiendo un espacio. A ver, yo hasta puedo tranzar con la comprensión necesariamente administrativa, burocrática de ciertas cosas. Una cosa es que yo diga: por necesidades operacionales divido esto en fragmentos, y otra cosa es que yo me crea que eso está dividido (risas), son dos cosas distintas. Yo puedo hacer lo que quiera, pero no nos engañemos, no nos engañemos.

Amaury. Hablemos del destino, me interesa muchísimo hablar del destino.

Calviño. Mira, Sartre tenía una frase para mí, muy sintomática, muy interesante. Decía Sartre: “Somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”. Y a mí me pasa eso muchas veces en mis prácticas clínicas. Llegan personas de 50, 60 años a lamentarse: mi mamá no me quiere, mi hermano no me trata bien. Hay un estereotipo del psicólogo, es: ¿Qué le pasó cuando niño?, ¿no lo quisieron lo suficiente?, ¿no le dieron cariño? ¡¿Hasta cuándo?! Hay un momento en que tu vida dice: soy yo. Y tú construyes tu destino, pero eso que tú construyes tiene un sustento, tiene una historia, tiene un basamento que muchas veces te está moviendo, te está instigando, te está estimulando y tú ni consciente eres de eso.

Eso es lo que yo llamo el destino, esa pluri causalidad de la vida que te lleva por un camino en el que inevitablemente vas a ir. Que no te conduce a un lugar inevitable, pero te lleva de un modo, de alguna manera inevitable. Por eso sí creo en ese destino, pero en ese destino que tú también construyes, que tú tomas consciencia de él. En todo caso yo soy una persona pro activa y profesionalmente defiendo la pro actividad y para  mí la pro actividad es pensar que las instigaciones fundamentales del ser humano no vienen del pasado, vienen del futuro.

Amaury. ¡Madre santa!

Calviño. Es mirando hacia adelante como el ser humano crece, no siendo condescendiente, o no siendo adecuado, o no siendo justo con su pasado. Lo que mueve al ser humano es su futuro y por eso yo siempre digo: Los grandes dilemas humanos tienen que ser dilemas hacia el futuro, no hacia el pasado. El pasado hay que conocerlo, hay que saberlo, -como decía Santayana- para no tropezar de nuevo con él, para no repetirlo.

Amaury. Sí, pero también resulta que cuando en mi pasado yo decía: en mi futuro yo voy a ser tal cosa, pero ahora mi futuro es mi presente.

Calviño. Es tu presente. ¿Y te vas a conformar con tu presente?

Amaury. No, claro, tengo que pensar de nuevo en el futuro.

Calviño. Tienes que pensar de nuevo en el futuro.

Amaury. Bueno, esta entrevista me encantaría que durara para siempre, yo saldría entonces siendo una persona mucho más equilibrada.

Calviño. No estoy seguro, ¿eh?.

Amaury. Nunca uno tiene la oportunidad de entrevistar a un sobreviviente de un accidente aéreo. Se ha hablado muy poco, se ha hablado, tampoco es un secreto. Cuéntame hasta dónde quieras contar ¿qué pasó? ¿Cómo fue aquello y cómo lo recuerdas hoy?

Calviño. Esto fue, Amaury, en septiembre del 82, habíamos ido un grupo de psicólogos que nos graduamos en la universidad…, en Moscú, no solo en la universidad estatal, en otras y regresábamos, tentando el destino. Teníamos que regresar en una fecha, pero ya estábamos saturados de Moscú y sus cosas y decidimos irnos un poco antes. Regresar un poco antes a la casa.

El vuelo venía prácticamente vacío, veníamos ochenta y tantos pasajeros, probablemente la mitad de un IL-62, era un IL-62M, un Iliushin. En ese sentido veníamos cómodos y esa cosa a veces que yo digo que también es defensivo en el momento del aterrizaje, que uno se pone a hacer un chiste un poco para destensar y quizás, algún chiste que se hizo y de pronto, efectivamente sentimos algo que no era usual, ¿no? el avión salió de la pista dando vueltas, se iba de un lado, las luces apagadas, un choque que prácticamente derrumba la parte donde nosotros…

Amaury. ¿Era de día o de noche?

Calviño. De noche, era de noche.

Amaury. ¿Se partió?

Calviño. Se partió, explotaron aquellos motores… En fin, ¿qué te voy a decir?  Fue muy fuerte, fue una impresión muy fuerte, muy fuerte, pero esta cosa de sentir que tus compañeros, que tus amigos, que tus colegas… en esa situación donde cualquiera pudiera estar pensando en su vida y nada más, pensábamos en la vida de todos.

Y eso es una cosa muy reconfortante, porque tú dices: a pesar de los pesares, incluso en tiempos como estos, en que muchos son invitados a la desidia, al egoísmo, tú sabes que esa cosa básica, humana, es recuperable, es salvable y al final se impone. Entonces eso fue una sensación muy fuerte para mí. La otra cosa es los vericuetos de la consciencia -soy psicólogo, no puedo dejar de serlo-.

Amaury. Claro, claro, lo has sido todo el programa.

Calviño. No dejo de serlo nunca. Yo recuerdo que ya estábamos en un lugar más o menos a salvo, habíamos llegado allí corriendo a campo traviesa. Se sentía todavía el estruendo, el cielo aquel dantesco que no voy a olvidar nunca, si soy condenado al infierno ya tengo una idea de cómo es, por lo menos en apariencia. De pronto allí llega un hombre deshilachado, no de ropa, de piel, apenas se le veían las órbitas blancas de los ojos. Llega aquel hombre y decía, en ruso, lo digo en español yo. Decía: soy ciudadano de la Unión Soviética, soy ciudadano de la Unión Soviética, se desploma y allí en el piso, me le acerco y le digo: no te preocupes, va a venir inmediatamente ayuda y esa persona abre los ojos y dice: “Si hay amigos todo está bien y con la misma cerró los ojos y se murió”. Entonces es muy fuerte.

Amaury. ¡Qué cosa!

Calviño. Es muy fuerte, muy fuerte. En fin, yo honestamente, hasta el día de hoy, cuando me tengo que montar en un avión y obviamente, no puedes dejar de hacerlo. Quizás el ruido que antes era ¡qué bueno, estamos volando!, ahora tu dices: ¿estará pasando algo? y queda esa impronta, ¿no?. Pero al final de todo, esta cosa de sentir que lo humano prevalece por encima de todo, incluso, por encima de las situaciones más terribles.

Amaury. Bueno, háblame de tu mujer, de Margarita, y háblame de tus hijos.

Calviño. Pues esta es una parte fundamental en mi vida. Yo creo fervientemente en la familia, creo fervientemente en la necesidad de tener esa compañera con quien tú puedes compartir tu vida, esa es Margarita, mi esposa. Mis hijos, no sé, yo creo…

Amaury. ¿Qué edad tiene el mayor y qué edad tiene el menor?

Calviño. La mayor tiene 35, cumple ahora, recién en estos días cumple 35. El más pequeño, en estos días también cumple 14.

Amaury. Bueno, están ahí, ahí (risas)

Calviño.(risas) Sí, están muy cerquita, casi pudiera ser la madre. Y para mí, Amaury, mis hijos son mi vida misma. Entre las cosas que yo más gratificación siento de mi vida, sin duda alguna, están mis hijos. Sin duda alguna está mi familia, mi esposa, mis hermanos…, el saber, el tener personas cercanas, personas que te pueden tender una mano y a quien tú les tiendes la mano. Eso para mí es vital. La familia, tus hijos, tus padres, no importa dónde estén. En algún lugar de un cementerio, en algún país lejano.

Amaury. En una foto.

Calviño. En una foto. Ese es un sentimiento de base, indestructible, sobre el que se construye la vida humana, a eso no podremos renunciar nunca.

Amaury. Bueno, fuimos afortunados entonces los dos.

Calviño. Yo creo que sí.

Amaury. Tuvimos grandes padres.

Calviño. Yo creo que sí.

Amaury. Y grandes madres.

Calviño. Yo lo creo también

Amaury. Bueno, no voy a renunciar a la posibilidad de consultarme con un psicólogo en televisión. Entonces yo le voy a pedir a Solís, nuestro director, que atenue las luces del set. Que conste que esto no está preparado. Yo traje mis preguntas personales para preguntárselas a mi doctor. Vamos a apagar las luces, Solís, por allá atrás, a ver si tenemos un poquito de oscuridad. Fíjate que estamos logrando cierta atmósfera.

Mi primera pregunta: Yo tengo una especie de obsesión con el tiempo, con la falta de tiempo. Eso me lleva a ser impuntual, porque siempre quiero estar antes de tiempo. Me lleva a vivir en una angustia perenne. ¿Por qué yo siento siempre que no tengo tiempo para nada? Estoy siempre corriendo con una especie de angustia constante con que el tiempo se me acaba.

Calviño. Yo te haría una pregunta a ti. ¿A dónde vas tan apurado?

Amaury. ¡Ves, un Doctor hace falta!

Calviño. Eso es lo que probablemente llamaríamos nosotros: una tendencia neurótica.

Amaury. Yo sé, yo conozco mis limitaciones… (risas)

Calviño. El no darnos cuenta que persiguiendo lo imposible, dejamos de hacer lo posible y yo te diría: concéntrate en lo que estás haciendo, disfruta ese momento de hacer, y lo demás, sucederá.

Amaury. Ok. Voy a otra. Imaginemos, yo estoy en un teatro, un teatro que tiene 5 mil localidades. Supón que canté una canción que fue emotiva y de esas 5 mil personas que están allí, se pusieron de pie y me ovacionaron 4, 999. Hay uno que se quedó sentado, que no le interesó, ni aplaudió. ¿Por qué a mí el que me interesa, me deprime y me preocupa es ese?

Calviño. Ya te mostré un modo de ser psicólogo, ahora te voy a mostrar otro modo, otro paradigma de ser psicólogo. Probablemente te falta la aprobación de alguien en tu vida, de alguien que es y fue muy importante para ti, pero no vio tu punto de llegada y tu le estás reclamando de algún modo: mira adonde llegué, mira adonde llegué. ¿Quién sabe?, puede ser mamá, puede ser papá.

Amaury. (risas) Sí.

Calviño. Es ese que nunca, que nunca va a estar ya, aunque siempre está.

Amaury. ¡Qué bárbaro!, bueno. La tercera y última. La gente va a decir: Amaury se cogió el programa para él. Yo tengo la sensación y es una sensación, de que en la misma medida en que yo más me he esforzado y me esfuerzo, en algunos casos, en ser un buen hijo, en ser un buen padre, en ser un buen amigo, en ser un buen esposo. Tengo la sensación, y es sensación, ya te digo, no es certeza, la sensación de que mientras más me esfuerzo, menos lo logro y siempre me queda la sensación de que me quedo por debajo, que nunca lo puedo lograr.

Calviño. Ahora, junta las tres preguntas y me has hecho una sola.

Amaury. ¡Entonces no estoy tan loco!

Calviño. No, no estás tan loco. Has dicho: ¿Qué pasa conmigo, verdad?

Amaury. Sí.

Calviño. Y entonces yo te diría: esa es una enfermedad tan linda, es una enfermedad tan reconfortante, que se llama, nunca estar conforme sin estar tampoco inconforme. Tú eres una persona que no quiere que le den vida, que quiere ganarla, que quiere hacerla y para eso siempre el tiempo es poco, para eso siempre necesitamos el apoyo de quien no nos apoya y para eso siempre tenemos que tener una insatisfacción residual, para que nos vuelva a instigar y no abandonar el camino.

Amaury. Bueno, yo pensé… Bueno, ya terminé con esto porque ya me empezó a dar taquicardia. Es increíble cómo tú has resuelto muchísimas tragedias mías en apenas unos minutos de televisión.

Yo siempre hago una pregunta al final y leí una entrevista que te hizo una joven estudiante de periodismo, muy buena entrevista, qué lástima que no recuerdo su nombre, y ella te hablaba de los sentidos, no sé bien cómo estaba armada la pregunta, pero te hablaba de los sentidos y tú hablaste de un sexto sentido, el sentido de la ética. No voy a hacer la pregunta igual que ella porque tendría que citarla entonces y no la logro recordar.

Calviño. Claro, esta joven, efectivamente me preguntó: ¿puedo suponer que no le han faltado situaciones, estando fuera de Cuba, en que lo han invitado a trabajar fuera de Cuba?

Amaury. A trabajar o a no regresar.

Calviño. O a no regresar, sí. Cuando digo trabajar, efectivamente a no regresar y yo le dije: tiempo perdido conmigo, yo soy una persona que no sé vivir sin Cuba.

Ni tan siquiera, ni tan siquiera sé vivir, como dicen algunos con Cuba en el corazón o con Cuba en el maletín. Yo necesito Cuba en mis pies, Cuba en mis manos, Cuba rozándome, Cuba molestándome.

Amaury. También.

Calviño. Cuba favoreciéndome. Necesito…, eso forma parte de mi existencia. Justamente necesito vivirlo con los cinco sentidos, necesito oler Cuba, ver Cuba, oír Cuba, sentir Cuba y lo necesito también en un sexto sentido. Yo creo que los seres humanos tenemos un sexto sentido que se llama ética, que es una construcción absolutamente nuestra y soy una persona esencialmente, no solo cubano, sino comprometido con Cuba. Yo no vivo en Cuba por casualidad, yo vivo en Cuba por causalidad, porque he decidido vivir en Cuba. No soy cubano por accidente, soy cubano por decisión y mi gran sueño siempre está asociado al bienestar de los cubanos y las cubanas, a la felicidad de los cubanos y de las cubanas y para nada demerito a quién pueda favorecer esto desde la distancia, pero yo soy de los convencidos que necesito hacerlo aquí y lo voy a hacer siempre aquí. Estoy convencido. No puedo vivir sin eso, no sé vivir sin eso, no quiero, Amaury, vivir sin eso.

Amaury. Bueno, somos dos. Manolo, te despido, yo quisiera hacer una serie contigo, una serie de programas de televisión contigo. Te agradezco, primero me voy a agradecer yo, haberte llamado.

Calviño. Yo te agradezco esto mucho también.

Amaury. Sí, claro. Me siento, es de esas veces que digo: qué bueno que se me ocurrió llamar a Manolo y te puedo jurar una cosa: yo era una persona hasta que llegué a este programa hoy y cuando tú te vayas por esa puerta, yo seré una persona diferente y seguramente mejor y te lo debo, mi socio.

Calviño. Muchas gracias.

Amaury. Te quiero mucho, muchas gracias.

«Con 2 que se quieran» Reynaldo Taladrid. (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Reynaldo Taladrid. (Parte I)

“Prefiero que nuestra TV se resista a las tentaciones”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí, en 5ta Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala. Hoy nos acompaña una de las personas que ustedes más han solicitado. Celebridad de la televisión, conductor, guionista, periodista esencialmente, y polemista de béisbol, mi querido amigo, Reinaldo Taladrid. Muy buenas noches.

Taladrid. Un placer estar aquí contigo, Amaury, lo que no sé es si esa lista de títulos es exacta o no, pero bueno.

Amaury. Bueno, la iremos viendo en el camino. Entrevistarte a ti siempre es como navegar por el filo de una navaja. Espero que lleguemos al final sin cortarnos o, al menos, sin cortarme yo.

Taladrid. Se ve, se ve que haces Poesía.

Amaury. (risas) De todas estas cosas que te he dicho, ¿con cuál tú te sientes más cómodo?

Taladrid. Esencialmente como periodista. Casi todo lo que tú has dicho, lo he hecho como periodista, y me gusta ser periodista, soy periodista. Hago periodismo televisivo, radial, y escrito también. Sí, esencialmente periodista.

Amaury. Cuando yo te conocí, o cuando intimamos -porque yo te conozco desde que tú eres casi un niño y ya hablaremos del ICAIC y de tus padres-, tú eras el director de Cubavisión Internacional. Lo fuiste cuando se inauguró, ¿no?

Taladrid. Eso es parecido a deportistas que han empezado por el básquet y se han dado cuenta que lo de ellos es jugar pelota, o viceversa. Sí, es cierto. Es una historia. El presidente del ICRT entonces, Enrique Román, me llama… Era un momento muy difícil, ¿te acuerdas?, con 16 y 18 horas de apagones, reducción de la dieta en este país en un 30%.

Amaury. El Período Especial puro.

Taladrid. El Período Especial. Te podías parar en la calle Línea y no había un solo auto en la calle, un momento muy difícil. Y en la televisión, que es una industria que “come” muchísimo: luces, cabezales, casetes, micrófonos, también estaba afectada, muy afectada. Un estudio necesita aire acondicionado, piezas, de todo, de todo y hacía falta desesperadamente buscar un mecanismo de financiamiento. Y entonces el antiguo Canal del Sol, que tenía el turismo…

Amaury. Me acuerdo…

Taladrid. …pasó al ICRT y el ICRT decidió, con lo que era Cubavisión Internacional, que era TV por satélite, unificar aquello y hacer un canal. El canal tenía una doble misión; la primera; la imagen de Cuba, esa por encima de todo, aún en esa difícil situación económica. Y la segunda, era también convertirlo en una fuente de ingresos para ayudar a que la televisión sobreviviera, como se logró, no por Cubavisión Internacional, no, porque eso no resuelve nada en última instancia económicamente. Fue el apoyo del Estado el que mantuvo a la Televisión viva en esa época. Pero bueno, fue esa doble tarea. Estuve casi dos años ahí, pero me di cuenta que yo no era, no era basquetbolista, que lo mío era el beisbol, no era el básquet.

Amaury. Ahora que hablaste de la Televisión: ¿por qué, si hacer una televisión grabada es tan cara -tú grabas los programas, después los tienes que editar, buscar cubículos de edición, casetes y nosotros trabajamos con formato bastante antiguo-, por qué tú crees que la Televisión Cubana normalmente es grabada, y no es televisión en vivo?

Taladrid. Yo pienso que tiene que ver con lo que está mencionando Raúl recientemente de cambiar mentalidades. Que también es un problema de mentalidades. Es verdad, ese hecho es inobjetable. La diferencia del costo es abismal entre la televisión grabada y la televisión en vivo. Sobre todo para una televisión pobre como la nuestra. Pasaje a lo desconocido empezó en vivo, después pasó a ese mecanismo, pero yo creo que es un problema de mentalidades. Conozco al actual Presidente del ICRT hace muchos años y tú también, tú lo conoces antes que yo…

Amaury. Sí, lo conocemos bien y lo queremos, no solamente lo conocemos.

Taladrid. Yo lo conozco un poco después que tú. Yo no correteaba por el ICRT como tú, entre las cámaras con tu papá y eso, pero sé que a él le gusta la televisión en vivo. Sé que es una gente que defiende ese criterio. Pero no creas, dirigir una industria no es fácil. Hay mentalidades también. Pero ojalá se hiciera más televisión en vivo.

Amaury. De todas maneras hagamos votos, por lo menos aquí, de que la Televisión vuelva a ser en vivo, ese entrenamiento, esa adrenalina, que genera la televisión en vivo, no debíamos renunciar a ella.

Taladrid. Es igual que en el Deporte, ya que tú hablaste de adrenalina. Sí, sí, hay que estar listo, el pre arranque. Hay gente que usa la cosa de estar hablando como si estuviera en el aire y de pronto ya estamos en el aire. Creo que Pinelli hacia eso.

Amaury. ¡Pinelli, sí!.

Taladrid. Creo que Pinelli lo hacía, pero se hace en otros lugares también. Y sí, es un entrenamiento, es una prueba de fuego. Claro, yo participo, no es mi programa, pero soy parte de un programa que también es en vivo, y un programa largo, de hora y media en vivo, y que a veces ha sido hasta de cuatro horas en momentos difíciles.

Amaury. Estás hablando de la Mesa Redonda, ¿no?

Taladrid. Sí.

Amaury. Bueno, tú eres definitivamente uno de los panelistas más atractivos para el público de la Mesa Redonda, cuando hablo de atractivo, hablo de atractivo por tus argumentos, por la información que tú das, no porque tú seas más bonito que Arleen, porque no es cierto. (risas)

Taladrid. No, no, Arleen es mucho más bonita que yo.

Amaury. Es lo que te quiero decir.

Taladrid. Y sobre todo ahora que ha bajado mucho, está mucho más atrayente.

Amaury. Se ve mucho más bonita.

Taladrid. Se parece a cuando llegó de Guantánamo.

Amaury. Es mucho más atractiva, de hecho, también. Y la pregunta, yo creo que es una pregunta de la que me estoy haciendo eco. ¿Por qué la Mesa Redonda -y tú sabes que yo tengo una gran relación con las personas que dirigen y manejan la Mesa Redonda- no le dedica un día, al menos un día, como hace Granma los viernes, por ejemplo, a tratar temas nacionales, a responder reclamos de la población, a plantear problemas cotidianos del pueblo de Cuba?

Taladrid. Esa es una excelente pregunta. Si tú no me hubieras hecho esa pregunta, este no fuera el programa de Amaury. Primero, ¿cómo surge la Mesa Redonda? La Mesa Redonda surge en una coyuntura excepcional, en un momento especial y así surgió.

Ahora viene una segunda etapa que es un reto, que es convertirse en un programa habitual,en un programa de televisión. Esto tiene distintas lecturas. Se recogen muchos planteamientos de por qué la Mesa Redonda no toca esto, o lo otro. ¿Qué pasa? Que cuando hay alguien que dice un planteamiento sobre la Mesa Redonda, hay que diferenciar:  una cosa es que tú me digas que no estás de acuerdo con el enfoque que di de las elecciones en Estados Unidos -eso es un desacuerdo, una insatisfacción con lo que se hizo-, y otra cosa es yo quiero que se toque tal tema. En cierto modo eso es un reconocimiento, porque la gente quiere que se toquen esos temas ahí y no en otro lado.

Amaury. ¡Sí, la gente cree que ese es el lugar!

Taladrid. Ahora, en Cuba hay, ¿cuántas son?, decenas -no me acuerdo ahora el número exacto porque ha aumentado mucho-, por lo menos más de 60 emisoras de radio. Hay tres periódicos nacionales con distintas frecuencias, dos diarios, uno semanal. Hay revistas, hay programas de radio. Hay otros programas de televisión. Realmente poner ese peso solamente en la Mesa Redonda, me parece que es un poco desproporcionado.

Amaury. Sí, pero…

Taladrid. Por ejemplo. Yo te puedo decir que Ariel Terrero hace excelentes comentarios económicos.

Amaury. Seguro.

Taladrid. Que Pepe Alejandro en Juventud Rebelde y en Canal Habana, hace tremendos comentarios de problemas económicos, de problemas reales. Son periodistas, es prensa cubana, es medio masivo. Te puedo decir que en Radio Rebelde hay un programa que se llama Hablando claro, al medio día, que es excelente para debatir, discutir, cosas polémicas de la realidad. Pero a pesar de eso, sigue el peso del reclamo de la gente en la Mesa Redonda. Si tú me preguntas a mí, yo encantado de la vida hablaría  de economía, de la realidad cubana. Lo hago en el deporte, lo hago en otras cosas y no tengo ninguna objeción. De todas maneras no sería justo decir que la Mesa Redonda nunca ha tocado temas nacionales. Por ejemplo, cuando colapsó el sistema eléctrico del país, fue en la Mesa Redonda donde durante tres días se abordó a fondo ese problema y era un problema nacional de primera urgencia.

En la Mesa Redonda han comparecido determinados dirigentes de primer nivel, o sea, informando de cosas en determinado tipo de intercambio. No obstante, yo estoy listo cuando quieran, como quieran y como se desee para abordar cualquier tema nacional. No porque sea experto, no porque sepa más que nadie, sino por la voluntad.

Amaury. No, y porque eres cubano y lo padeces.

Taladrid. Claro, nosotros, si queremos parecernos a lo que somos, si queremos construir algo diferente -en un país que se está construyendo, diseñando-, pienso que hay que hacer una televisión diferente, que no caiga ni en el facilismo ni en el populismo. Esas son tentaciones posibles. Cuando Jesús fue al Desierto y antes de predicar, fue a probarse frente a todas las tentaciones. Hay que probarse para no caer en tentaciones. Porque es muy fácil caer y es este un medio muy poderoso. Prefiero que nuestra Televisión se resista a las tentaciones y su periodismo sea investigativo, profundo, que vea todos los temas. Cualquier problema es un rompecabezas y tiene varias piezas. Ningún problema tiene una sola causa, todos son multi causales. Lo deseable es que sea profundo. Eso sí lo prefiero.

Amaury. Sí, de todas maneras como ya tú tocaste un tema bíblico, también hay que evitar, yo pienso, que nos pase, como en otro pasaje bíblico, cuando Cristo resucitado, sale de Emaús y los discípulos no lo reconocen, o sea, que un día nosotros podamos realmente reconocernos en la Televisión que merecemos y que debemos tener.

Taladrid. Yo estoy totalmente… Amaury, tú eres veterano de los Congresos de la UNEAC, y tus discursos son famosos en los Congresos de la UNEAC…

Amaury. (risas) Mis breves intervenciones.

Taladrid. Todas esas ideas son inobjetables. Esa idea dicha así, de modo sencillo, es inobjetable. Nadie la puede discutir. ¿Qué pasa? Hay que ver cuando se dice esa idea qué se quiere -yo sé lo que tú quieres que se toque, yo te conozco-, pero ahí puede ser que haya alguien que lo que quiera es una Inquisición en la Televisión. Y bueno…

Amaury. Está bien, está bien, yo te hice la pregunta y tú la respondiste.

Taladrid. Está claro.

Amaury. Hablando como periodista, ¿qué opinas de lo que han dado en llamar el Intercambio cultural, referido a la cantidad de músicos, académicos e intelectuales que el Gobierno de Obama ha permitido -con ciertas facilidades de visas- entren a los Estados Unidos y se presenten allí?

Taladrid. Me parece excelente, porque también están afectados por ese bloqueo -y es bloqueo, la palabra no es otra- los ciudadanos de los Estados Unidos. Entonces ese intercambio cultural me parece excelente. Y mientras más norteamericanos sanos vengan a conocernos, mejor. Que vengan va a ser mucho mejor y permitirá que el intercambio cultural entre Estados Unidos y Cuba sean entre dos países. Estados Unidos es Montana, Dakota, California, Boston. Es un país muy grande, muy diverso.

Amaury. Claro.

Taladrid. Entonces ¿por qué?, porque la imagen…

Amaury. …Yo me refería a los Estados Unidos, al intercambio con Estados Unidos, no con una ciudad de los Estados Unidos.

Taladrid. Claro, eso mismo. ¡Se ve que tú eres brillante! Esto es para que me lleves suave en la entrevista a partir de ahora. ¿Qué pasa con el intercambio? Ojalá este se produzca en todos los sectores. La imagen que han dado de Cuba es tan mala, mala, mala, que la peor experiencia que puedan tener aquí será siempre mejor que la imagen que ellos traían de Cuba. Te lo aseguro.

Amaury. Sí. Tú me has dicho cuánto se beneficia con ese intercambio el pueblo norteamericano. La idea es, ¿cuánto se beneficia el artista, el intelectual cubano con ese intercambio?

Taladrid. Te voy a poner un ejemplo que a mí me gustó mucho lo que ví. Acabo de ver recientemente la interpretación de una escuela coral americana, que creo que es católica -o quizás protestante Bien, religiosa. Se trataba de un intercambio con los niños de su edad, de secundaria de uno de los conservatorios nuestros. Allí estaban los muchachos dirigiendo los coros, ambas grupos, los dos de tú a tú, en igualdad de condiciones. ¿Quién gana ahí? Todos ganan ahí, ganan ellos y ganamos nosotros. A mí me parece excelente eso. O cuando se inauguró una exposición aquí de un gran fotógrafo norteamericano, que había sido censurado en Estados Unidos por fotografías eróticas. La exposición se inauguró aquí en La Habana. Y vino, increíblemente, a esa inauguración, hasta un ex asesor de Clinton. A mí me parece que gana todo el mundo.

Amaury. Bueno, yo estuve leyendo en un currículum tuyo que tú habías sido premiado, de alguna manera, o señalado, específicamente, como el periodista más popular en algún año, el conductor más popular en otro, ¿quién otorga eso?, ¿cómo se llega a eso?

Taladrid. Déjame aclarar. Eso es una encuesta…

Amaury. ¡Porque la Revista Opina ya no existe!

Taladrid. No, eso era en la época tuya.

Amaury. Sí, en la mía.

Taladrid. La gente de Opina y eso, en el Carlos Marx, yo me acuerdo de aquello.

Amaury.  Yo siempre quedé en el último lugar de aquellas encuestas.

Taladrid. ¿Tú siempre quedabas en el último lugar?

Amaury. Sí, el último, el último lugar.

Taladrid. (risas) Bueno, déjame explicarte. Eso es una iniciativa de un programa de la televisión que se llama Entre tú y yo, tú lo conoces. Ahí está Irela (Bravo), que es uno de los grandes misterios de la televisión cubana -la edad de Irela, está entre los grandes secretos.

Amaury. Las mujeres no cumplen edad Taladrid, lo dicen los caballeros.

Taladrid. No, pero el caso de Irela es una cosa fantástica.

Amaury. Tiene la edad mía, así que no te preocupes, no tiene más.

Taladrid. Ah, una pista. Pero bueno, entonces ellos han desarrollado la iniciativa de hacer una encuesta popular. Pero tiene el respaldo también y le ha dado orden a esa encuesta el Centro de Investigaciones del ICRT. Entonces, mezclando esas dos, ellos seleccionan un premio de popularidad, que no tiene que ver con calidad.

Amaury. Ya sé, ya sé.

Taladrid. Y es la idea eso. Lo malo es que tú te marees y te creas que tú eres mejor que alguien y ahí perdiste legal.

Amaury. Ahora, tú, como casi nadie, yo diría que como nadie, eres adorado por el público y criticado. Entonces yo creo que eso es fantástico, porque quiere decir que no eres indiferente e, inclusive, en programas de la Televisión no cubana se te ha señalado particularmente, con una dosis de farandulería mayor que con juicios objetivos y críticos, ¿por qué tú crees que la respuesta y la agresión contra ti siempre es en un plano tan bajo, tan miserable, y tan asqueroso, y nunca sobre temas objetivos?

Taladrid. Bueno, ya adelantaste parte de la respuesta. Voy a ser breve, porque yo creo que el tema no amerita más. Porque yo no soy tan importante ni mucho menos. Es cierto.

Amaury. Para nuestro pueblo sí, Taladrid.

Taladrid. Es cierto lo que tú dices. Eso, primero, te demuestra que nunca han podido atacar el mensaje y usan la vieja táctica de atacar al mensajero. Eso lo único que te reafirma es lo que dijo Fidel: son huérfanos de ideas.  No pueden atacar lo que uno dice, atacan a la persona. Y lo segundo, al atacarla con mentiras y calumnias, más allá de cometer un pecado bíblico -siguiendo ya con la tradición, es uno de los siete pecados capitales-, más allá de mentir y calumniar, de quién habla más es de ellos.

Amaury. Ahora, ¿es verdad que tú familia era dueña de Tropicana?

Taladrid. Absolutamente cierto.

Amaury. ¡Ah! ¿Es cierto?

Taladrid. Sí. Y además, creo que este hecho es un ejemplo más de la riqueza de lo que es la Historia Cubana, de la Revolución Cubana, de este proceso.

Amaury. ¡Cuéntame, cuéntame de eso!

Taladrid. Esto tiene muchas, muchas historias, esto daría para un programa. Solo te puedo decir que sí, que mi familia está ahí. Tengo las fotos de la mesa de los dueños de Tropicana. Algunas porque mi tía abuela, ya fallecida, se llevó muchas. Murió, lamentablemente, murió con odio hacia nosotros, nos culpaba de perder todo eso -nos culpaba a mi padre, a su sobrino, y a todos los de su familia que, por supuesto, se quedaron.

Solo te digo que lo curioso es que teniendo esa situación, mi padre estaba involucrado en la Revolución. Mi padre ya era novio de mi madre -ambos están vivos y casados todavía los dos, desde esa época- cayó preso en el BRAC, el Buró de Represión de Actividades Comunistas, el primero que se hizo fuera de Estados Unidos en el mundo. Me siento muy orgulloso de que mi padre, a pesar de estar en ese medio que eran los dueños (de Tropicana), en vez de dedicarse a ganar dinero, se dedicó a caer preso dos veces y a leer, al igual que mi madre. Ella, por ejemplo, le llevaba La Carta Semanal -cuando Fidel sale de prisión, y vivía en el Vedado, antes de ir a México- le llevaba La Carta Semanal. Eso y otros otras cosas más hizo y yo, me siento muy orgulloso, que viniendo de ese medio, hayan podido trascender ese mundo. ¿A partir de qué?: de la cultura, entendiendo la cultura no como Arte, sino como toda la información de un ser humano.

Amaury. Bueno, dejando claro que Cultura no es solamente Arte. Tú hablaste de tus padres, a quienes yo conocí, bueno, cuando entré al ICAIC, porque Raúl era vicepresidente del ICAIC y Arita era jefa de despacho de Alfredo (Guevara), o sea, que cerca del Arte estuvieron. Pero aparte de que ya me hablaste de ellos, y puedes volver a hablar, no hay nada más bello que un hijo hablando de sus padres, tú eres hijo único, además, me encantaría que me hablaras del niño Reinaldo en el ICAIC.

Taladrid. Bueno, eso todavía es menos importante, pero bueno… No, pero quiero aprovechar para hablar.

Amaury. ¿Cómo tú sabes, Taladrid, qué es lo más importante para el televidente?

Taladrid. …Bueno, ahí te tengo que dar la razón.

Amaury. Explícame eso, ¿cómo tú lo sabes?

Taladrid. No, ahí te tengo que dar la razón. No, no, es igual que la idea de tocar los temas nacionales. Yo te doy la razón, la frase es inobjetable, vaya. (risas) No, pero sí quiero aprovechar, porque yo creo, y te lo puede decir cualquiera que trabajaba en esa época, que mucha gente considera que los años 60 y principios de los 70, fue la época de oro del ICAIC. No solo por lo que se llegó a producir como obras trascendentes, que trascienden el tiempo, etc. No solo por eso, sino por muchas razones.

No era exactamente jefa de despacho. A mi madre Alfredo le dio un título que creo que no lo ha vuelto a dar, que era Coordinadora General del ICAIC. Creo que no lo ha repetido.

Amaury. Ah, ¿sí?, nosotros le llamábamos Jefa de Despacho.

Taladrid. Era una oficina que estaba delante de la de Alfredo. Yo crecí ahí. Acuérdate que en esa época no había ni betamax, ni DVD´s, ni nada más, y era ver películas y yo crecí viendo seis o siete películas semanales, eso estimula en un niño, no cabe duda, las sinapsis cerebrales, la imaginación, leer, etc., y eso sí me ayudó mucho, me ayudó mucho. Y también me acuerdo -¿cómo se me va a olvidar?- que mi padre era Vicepresidente a cargo de la Industria. Era una estructura muy inteligente. Y Julio García Espinosa era vicepresidente a cargo del Arte. Mi padre atendía la parte de la Industria. Saúl Yelín era la figura internacional y llevaba a todos lados el cine cubano… Santiago (Álvarez) estaba en su apogeo, creando el Noticiero, en la época de oro aquella del Noticiero. Y recuerdo haber ido a las grabaciones. Fueron momentos inolvidables para mí.

Sí te digo, que libré una batallita pequeña, pero que me siento orgulloso de ella, porque a mis padres los borraron de la historia del ICAIC y la libré, y lo volvería a hacer igual y ya los reconocieron. No es culpa de nadie, no hay que culpar a nadie, no es responsabilidad de nadie, pero la historia es la historia. Y si usted menciona en el 50 Aniversario a gentes equis, que están bien mencionados, que no los hayan mencionado a ellos, realmente es un acto de injusticia histórica.

Amaury. Bueno, no hay nada, vuelvo a decirlo, no hay nada que tenga más gallardía, más hidalguía en un ser humano que salir a librar batallas por sus padres. Así que te tocaba, te toca, y esperemos que sigas haciéndolo hasta el final.

Tú estudiaste Derecho, ¿ejerciste?

Taladrid. No. Eso es una excelente pregunta. Ya estás haciendo preguntas otra vez de esas, ya volviste a subir la velocidad de la recta. (risas de Amaury) No, no ejercí Derecho nunca. No te estés riendo.

Yo salí de la Universidad, pasé mis dos años de Servicio Social, y ya mi tesis… es que yo, en la Facultad de Derecho, por ejemplo, mi tesis de graduación la hice sobre los grupos de poder en los Estados Unidos. Hablaba el inglés, me enseñaron a hablar inglés desde niño, me gradué con una tesis los Grupos de Poder, es una asignatura que se llama Teoría del Estado y el Derecho y ahí fue donde conocí el periodismo. Porque trabajando en eso, me tocó las relaciones con la prensa norteamericana, sobre todo la televisión, y ahí pasé una escuela espontánea. Yo aprendí televisión trabajando con las grandes cadenas de televisión norteamericanas. Y eso lo complementé de manera perfecta, yo te diría, la verdadera escuela, cuando se crea en Cuba, a finales de los 80, se crea no, perdón, Cuba comienza, Cubavisión Internacional comienza a participar en un programa que tenía la antigua CNN, la de Ted Turner, que no es la de ahora. Me refiero incluso, en contenido.