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soyquiensoy (Ricardo R. González)

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«Con 2 que se quieran» Reynaldo Taladrid (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Reynaldo Taladrid (Parte II)

Amaury. La CNN de ahora es fatal.

Taladrid. Y entonces, ¿qué pasa?, que se me fue dando un proceso muy natural. Yo llegaba como asesor de la idea, del contenido, pero me empezaba a gustar más cómo se editaba y yo le decía ¡espérate!, ¿cómo se hace esto?, y me fui metiendo. Yo tengo una sed insaciable de saber, eso sí lo tengo, tratar de saberlo todo, cómo era lo del editor y la cámara, cómo se grababa y se concebían las ideas. Lo que yo traía, que había aprendido empíricamente más esto que lo estaba haciendo en la práctica, empecé a experimentar con ello y me convertí en uno más del equipo y al final ya me decían: ¡Ven, edítalo tú con el editor! No de que yo tocara las teclas, no, que edítalo tú, cortas aquí, vamos a intercalar un planito aquí, una disolvencia aquí. Ya empecé yo a hacer, y me encantó aquello.

Amaury. Y se te fue quedando el Derecho…

Taladrid. …El Derecho quedó a la espera. Eso me ha buscado problemas con dirigentes de la esfera jurídica del país. Que me dicen: no digas más que tú estudiaste Derecho y que no lo ejerciste, porque eso no es un buen ejemplo.

Amaury. De todas maneras te queda la oportunidad de volver, de ser abogado algún día.

Taladrid. ¡Cómo no! Mira, pudiera ser abogado tuyo si tienes algún problema.

Amaury. Espero no tenerlo.

Taladrid. ¿Tú crees que yo te defendería bien?

Amaury. Yo creo que tú me defenderías mucho, no sé si bien.

Taladrid. No sé si bien. Ya estás cuestionando mi capacidad, mi aptitud. (risas)

Amaury. Vamos a caer en el programa que te ha dado una absoluta popularidad en el país. Pasaje a los desconocido. ¿Qué impacto social tú sientes que tiene Pasaje a lo desconocido para el público?

Taladrid. Yo nunca me imaginé que iba a pasar eso que pasó… cuando Pasaje a lo desconocido empezó en 1997… en esa época había dos canales de televisión. Y realmente…

Amaury. ¿Qué tiempo lleva en el aire?

Taladrid. Quince años, este es el año número quince, a mí no me gusta eso de los aniversarios y eso.

Amaury. Te lo pregunto por curiosidad, porque no lo recordaba.

Taladrid. Son 15 años, estar 15 años en pantalla no es fácil. En ningún lugar del mundo.

Amaury. ¿No te cansa?, yo llevo un año y ya estoy cansado.

Taladrid. No, porque ahí está lo de no marearse, que te he mencionado tres veces. Yo estoy insatisfecho permanentemente e inventando siempre y el equipo que trabaja conmigo es excelente y se ponen a crear siempre, ¿por qué no hacemos esto distinto?

Te voy a poner un ejemplo: En ese momento que empezó Pasaje a lo desconocido, había dos canales. Cuando yo empecé a poner ese tipo de documentales, en Cuba no había cultura de ese tipo de documental. Hoy no solo hay cinco canales que ponen cantidad de documentales de ese tipo, sino que se venden ahora en las esquinas, en la calle, tú puedes comprar ahí un disco de Discovery. Y eso me obliga a volver a cambiar.  Yo quiero que el peso del programa esté en los temas que tengan más que ver con la vida cubana, con las cosas cotidianas de la gente y darle menos peso al documental y más peso al intercambio y a la discusión.

Y ahora existe un programa que muy gentilmente Radio Rebelde me ofreció y ya está saliendo al aire desde enero, que se llama Pasaje a lo desconocido en Radio Rebelde. Que puede o no ser el mismo tema que se toque el domingo. Sábados a las siete de la noche, hay que aprovechar el programa para decirlo.

Amaury. Sí, es que aquí está el director de…

Taladrid. …No ¡el sábado!

Amaury. No, para que la gente sepa que Reinaldo, porque acabas de virarte a la cámara, para que sepan, que aparte de todo, Reinaldo invitó -y es una alegría para nosotros que haya venido- al director de Pasaje a lo desconocido…

Taladrid. …Quisieron venir porque este programa ya es una leyenda. Entonces la gente quiere venir. Oye, fui al programa de Amaury…

Amaury. …Y que esté con nosotros aquí. (risas)

Taladrid. ¡Eso es leyenda ya!, ¡fíjate!

Amaury. Iremos todos nosotros a ver cómo lo hacen ustedes.

Taladrid. No, no, no tiene comparación, tú tranquilo, quédate aquí en Abdala, que tú, no te preocupes. (risas)

Entonces ahí tienes un ejemplo de un cambio que hemos hecho, porque la realidad nos ha llevado a eso. Pero yo lo que te quería decir, que yo nunca pensé que fuera a pasar eso con Pasaje a lo desconocido ni mucho menos durar 15 años.

Y sabes, después de pensarlo mucho, la causa, yo creo, es que a pesar de todo lo que digan, y todo lo que ha pasado y a pesar de los pesares y de todas las fallas cualitativas que pueda tener nuestro sistema educacional, eso es un resultado más del alto nivel educacional de este país en comparación con otros países del mundo, que ese tipo de programa, que existe en casi todos los países, casi nunca es de los más populares. Y sin embargo, aquí logró colarse con altos niveles de popularidad.

Amaury. Ya.  ¿Cómo te preparas para esos programas?

Taladrid. Bueno, ahí también hemos ido cambiando. Hubo una época que yo hacía eso (señala las tarjetas de Amaury) la tarjetica, y los temas. No, no me lo enseñes, no me vayas a enseñar que están vacías.

Amaury. No, no están vacías.

Taladrid. ¡Ah!, sí.

Amaury. Yo las uso además como abanicos, también es una oportunidad de abanicarme. (risas)

Taladrid. Eso es una seña, eso es una seña. No, no voy a decir más nada, no, porque te revelo secretos aquí. (risas). Al principio empecé así con las tarjetas, hoy viene Amaury, ¿de qué le voy a hablar?, bueno, le voy a hablar de esto y esto, primero esto, y con la limitación del tiempo me hacía quedar muy rígido. Y después he ido probando el tema de…, pero tienes que dominar el tema. Yo tengo que saber quién es Amaury, que ha hecho Amaury, a la hora de prepararme para entrevistar a Amaury. Primero, no entrevistar. Es un diálogo. Yo no quiero hacer más entrevistas. Yo quiero intercambiar, discutir, conversar. No la clásica entrevista, aunque el formato esencial es de entrevista. Y también introduje algo que no lo inventé yo, es tan viejo como la mayéutica de Sócrates, que aquí generó cierto rechazo, porque “Taladrid le falta el respeto al invitado”, que sí Taladrid…

Amaury. …Lo interrumpe…

Taladrid. …Lo interrumpe. ¡Óigame! la contra pregunta es una cosa tan vieja…

Amaury. …A mí me acusan de eso, de abusar de la contra pregunta.

Taladrid. Te voy a explicar por qué. El problema es que existe un mal hábito, de que tú entrevistas a alguien y lo que diga esa persona es sagrado, palabra de Dios. Pero es que tú puedes tener, o dudas de lo que dijo tu entrevistado, o quieres que esclarezca algo, o no estás de acuerdo.

Amaury. O quieres redireccionar el argumento.

Taladrid. Entonces, por ejemplo, yo te pregunto: ¿las corbatas finitas son mejores que las anchas? y entonces tú me dices, la corbata finita ayuda la circulación, etc. Y entonces yo te digo: pero, por qué usted dice eso si yo acabo de leer un artículo de un cardiólogo que dice que es al revés. Un ejemplo absurdo, nadie vaya a pensar que la corbata de Amaury ayuda a la circulación.

Amaury. Bueno, quién sabe.

Taladrid. Pero bueno. Eso es lo que hacía Sócrates. Sócrates en sus clases con sus alumnos decía una cosa y los alumnos tenían que retar y eso te obliga a convencer, no a asentar un dogma, sino a convencer. Y yo creo que con eso, a la larga, se gana y también el intercambio y hablar como hablan los cubanos. Mira, lo voy a decir aquí. Yo tengo una larga correspondencia, ¿sabes con quién?, que empezó de manera casual -la tuve con Cintio (Vitier)-, y con Fina García Marrúz.

Un día a la salida -y eso para mi fue un honor impensado, inmerecido- un día no me acuerdo qué era en el Palacio de las Convenciones, ellos me llamaron. Yo me quedé muy así. Me dijeron: ¡ay, muchas gracias por devolver la cubanía a ese tipo de temas en la televisión! Y yo me quedé frío. Y a cada rato, ahora, Fina me manda unas noticas y me manda cartas con comentarios, elogiosos o no, con opiniones de ella. Y que el solo hecho de que una persona, y también Cintio, de esa altura, de esa dimensión, me hayan dicho eso, me dio una satisfacción tremenda, porque yo también me propuse hablar como hablan los cubanos. Los cubanos no hablan de ningún tema de esa manera, que a veces se quiere, disciplinada de: Amaury, ¿la corbata ayuda? Y entonces Amaury dice: la corbata ayuda por esto y por esto. Próximo tema, prácticamente, próximo tema. Los cubanos nos interrumpimos, los cubanos nos sobreponemos. Los cubanos polemizamos, hablando de cualquier tema. Entonces por qué…

Amaury. …Nos involucramos sentimentalmente en una conversación…

Taladrid. …Es la pregunta que yo hago casi siempre ¿qué haría usted? Por ejemplo, un tema tan difícil como la eutanasia, claro, tú tienes que saber a quién le puedes hacer esa pregunta, el doctor Calixto Machado es una autoridad mundial en el tema de la eutanasia, pero a la vez es una persona muy jovial. Y yo le pregunto: ¿Y si usted estuviera en ese caso, qué haría con un familiar suyo? Y hay gente que no le gusta que yo le pregunte eso, pero yo creo que es poner en la perspectiva humana a grandes científicos. Yo creo que eso no afecta el contenido, ni la calidad. Yo creo que es una forma de acercarse a la gente, o como me gusta decir, de elevarnos a la gente.

Amaury. Taladrid, ¿tú eres casado?

Taladrid. (risas) Ya pasé por eso. Bueno, mira, ¡imagínate!, a veces uno es bateador de líneas cortas, a veces da nada más que batazos largos, no sé. Entonces mira, no he tenido, no he navegado con suerte en ese tema.

Una ex mía terminó, fíjate, cosa rara, una ex terminó de profesora de canto en Nicaragua. Otra anda por la televisión china, y otra pasó por tú programa.

Amaury. ¿Pero tú eres un exportador de esposas? (risas)

Taladrid. Sí, no, pero otra pasó por tu programa. Y entonces ¿qué pasa?, que…

Amaury. ¿Y otra pasó por mi programa?

Taladrid. Relájate y coopera. Y ¿qué pasa?, que, no sé, uno ama tanto a las mujeres que yo no quiero…, quizás uno no quiere darle la oportunidad de después desencantarlas. Y entonces, quizás ese sea mi destino, a lo mejor no, a lo mejor después termino, ¿cómo es?, encadenado en la cárcel de tu piel, como dice la canción.

Amaury. Sí, ¡pero tienes que apurarte!

Taladrid. Sí, es verdad, es verdad. Pero mira, eso es como una anécdota que yo oí una vez de Bobby Salamanca, que Bobby Salamanca decía, acostumbraba a decir que la gente como él, y yo me incluyo ahí, que no somos agraciados, teníamos que hacerle swing a 10 lanzamientos para embasarnos tres veces. La gente agraciada, a lo mejor le hace swing a tres lanzamientos y se embasan dos veces y entonces eso me lleva a esforzarme más.

Amaury. Y hay gente que se embasa las tres veces, en los tres lanzamientos.

Taladrid. Sí, cómo no, cómo no. De tres, tres. Pero esos son los agraciados, yo no soy agraciado.

Amaury. Defendamos tus ojos, entonces nos quedamos por ahí. Tú siempre tienes que ir con los ojos por delante. Le dices: mírame a mis ojos. (risas)

Taladrid. Sí.

Amaury. Y ahí empieza todo. Ya casi terminando la entrevista, es cierto, no hemos hablado de béisbol. ¿De qué equipo tú eres?

Taladrid. Ah, no, ¿pero que tú crees?

Amaury. No, no.

Taladrid. Que me vas a coger de, me vas a coger manso así, entre primera y segunda, te vas a virar y me vas a sorprender así, fácil aquí en un programa nacional.

Amaury. Esa es la idea. (risas)

Taladrid. ¿No me digas?

Amaury. Porque tú eres un polemista, tú tienes tu peña.

Taladrid. Como le dijo Michael Corleone al marido de la hermana antes de liquidarlo: no insultes mi modesta inteligencia.

Amaury. Pero ¿tú no lo vas a decir entonces? No vas a aprovechar para decirlo.

Taladrid. Mira, lo que sí voy a defender es un principio, porque tuve el honor y una de las grandes experiencias de mi vida, de ser el conductor de los Juegos Panamericanos en el 2003. Organicé una experiencia que se llamó la Cabina post temporada, en la final del año pasado de la pelota en la COCO (emisora radial).

He hecho esa experiencia con la COCO, con Radio Ciudad del Mar, con la W en Santa Clara, de béisbol. Primero, yo hago lo mismo que hago siempre, preguntar, polemizar e intercambiar, yo no tengo ni que narrar, ni ser el especialista. Busco a los especialistas, aquí en La Habana uso a Lázaro Vargas, uso no es la palabra correcta, me acompaña, y yo aprendo de él, a Lázaro Vargas, una persona inteligentísima. En Cienfuegos lo hago con Antonio Muñoz, que es muy simpático y muy ocurrente, y tiene cosas geniales. En Santa Clara, lo he hecho con varias personas también y ahora, tengo retado a un duelo al conductor de la W en Santa Clara, Normando Hernández, para hacer un debate de pelota, ¿adivina en donde? en El Mejunje de Santa Clara, histórico, espero que sea, para bien de todos, no porque esté yo.

Ahora, lo que sí defiendo es el derecho a incursionar en varios temas. ¿Sabes por qué?, porque hay gente que te dice: Eso no es serio, hablar de pelota es una payasada. Tú eres una gente seria. No hagas eso, porque eso te rebaja.

Amaury. ¿Hay gente que piensa que la pelota no es un asunto serio?

Taladrid. Sí, no, no, lo que te dicen: chico, tú eres un  analista serio, tú hablas de temas políticos, ¿cómo tú vas a hablar de pelota?

Amaury. Qué horror, es que la pelota es un asunto muy serio para este país.

Taladrid. Yo te voy a ser franco: No es más, en mi opinión, que tratar de ejecutar, de llevar a la práctica el concepto que defiendo con convicción, que es el concepto de Fidel de la Cultura General Integral, de manera que tú no seas especialista de todo, pero que sepas un poquito de Historia, de Economía, de Arte; todo eso es Cultura. De Deporte ¿por qué no?, eso lo único que hace es enriquecer tu alma, tu espíritu, tu cerebro. Está probado que el cerebro tiene plasticidad, que es capaz de volver a aprender a hablar cuando tienes un accidente, que cambia de hemisferio. La capacidad de aprender matemáticas a los 60 años se ha demostrado, de estudiar a los 60, 70 años. Todo eso, lo único que hace es enriquecerte.

Saber de pelota y saber de Política y un poquito de Economía y un poquito de Ciencias, lo único que te hace es una persona más íntegra, como dice el concepto de Fidel, que yo defiendo. Porque sí, mucha gente aplaude el concepto de Fidel, pero después si tú hablas de deporte, te caen arriba: por qué tú haces eso, eso no es serio. No, yo creo que eso es muy serio y muy complejo y el deporte tiene un millón de aristas también, sociales, económicas, políticas, como lo tiene todo. Y los comentaristas deportivos merecen el mayor respeto y no hay que subestimar para nada eso. E incluso, he librado otra batalla más reivindicando el derecho de los deportistas a ser analistas en estas transmisiones, cosa que yo defiendo a capa y espada también, y lo he hecho, lo he demostrado.

Así que para mí eso ha sido una escuela, un orgullo, compartir y conocer a todos esos deportistas cubanos. Gente como Lázaro Vargas, que recientemente contó cómo rechazó 8 millones de dólares después de las Olimpiadas de Barcelona y está aquí, con veinte problemas, como tenemos todos.

Desde esas experiencias hasta aprender qué son los cinco tipos de lanzamientos en la pelota, hasta aprender las señas para robar una base, quién se vira. De todo. Y además lo único que se hace es disfrutar más el mayor espectáculo cultural de este país, que es la pelota.

Amaury. Bueno, terminando ya, yo te agradezco muchísimo que hayas venido, pero espero, no sé que tú pensarás, que el título de este programa se haya ajustado a la conversación que hemos tenido. Pero yo quiero terminar con una pregunta, porque  siempre me queda una duda.  Tú has estado defendiendo a la Televisión Cubana, que es defender a Cuba. Tú has estado defendiendo al Deporte Cubano, que es defender a Cuba. Tú has estado defendiendo a la Educación Cubana, que es defender a Cuba. Tú has estado defendiendo a tus padres en la Historia, que es una manera de defender a Cuba.

¿Defender a Cuba para ti es un deber o una obligación?

Taladrid. Lo que yo soy, o sea, lo que yo he aprendido se lo debo en esencia al cambio que tuvo este país en el año 59, que permitió esos números que te mencioné ahorita y ese nivel. Yo soy hijo de eso, con sus virtudes y sus defectos, con sus limitaciones y grandezas, con sus imperfecciones, pero yo soy hijo de eso.

Sería una ingratitud mayor, pecado bíblico también, la ingratitud, no ser consecuente, agradecido y defender lo que te permitió ser lo que tú eres para bien o para mal, yo no soy nada excepcional, pero lo que soy se lo debo a ese proceso, a esos 50 años, a esa Revolución.

Y yo, con convicción, o como diría la canción de Silvio, si quieren considerarme arrastrable, con orgullo me pongo una medallita aquí, y con orgullo soy arrastrable. El problema es que no me voy a dejar arrastrar. Porque también en un momento dado en la vida hay que saber defender las cosas en las que tú crees por cualquier medio. Primero me matan, pero con orgullo, si esa es la categoría, me incluyo en esa gran canción de Silvio, y soy arrastrable. Pero por convicción, no porque signifique prebenda, ni nada. Por convicción, lo que no quiere decir que a uno le guste que la vida sea cada vez mejor. Que el socialismo se hizo para que el ser humano viva mejor integralmente, no solo materialmente, pero también materialmente, y que el ser humano sea mejor. Así que por convicción hago esas cosas.

Amaury. Está bien. Muchas gracias, Taladrid.

Taladrid. No, gracias a ti.

Amaury. Gracias

Taladrid. Y sí, Con 2 que se quieran ¿por qué no?

«Con 2 que se quieran» Marilyn Bobes (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Marilyn Bobes (Parte I)

“Aspiro al escritor andrógino”

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran, aquí, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy nos acompaña la eminente escritora, periodista, poeta y amiga entrañable, de muchos, muchos, muchos años. Si este programa se llama Con 2 que se quieran, tiene también mucho que ver con ella, mi querida, Marilyn Bobes. Bienvenida, Marilyn, mi vida.

Marilyn. Gracias por invitarme, Amaury.

Amaury. Es un gusto para mí tener a tan excelsa figura en mi programa. No voy a mentir. Marilyn y yo nos conocemos hace muchos, muchos años, desde la época en que se templó el acero, desde aquella época.

Ahora, tú has sido, Marilyn, concursante de muchos premios y además has sido jurado. ¿Por qué tú crees que los escritores dicen, quizás con maledicencia, que si uno conoce el jurado y se entera de quién está compitiendo, ya uno puede ensartar el premio? ¿Eso es cierto o es mala idea?

Marilyn. Eso es cierto y no es cierto al mismo tiempo. Es verdad que hay jurados que tienen esas características. A mí no me consta, pero he oído muchos cuentos…, o sea…

Amaury. …A mí me consta menos…

Marilyn. …Pero eso no sucede así siempre. Es verdad que cuando un jurado conoce a alguien…, no sólo por un problema de mala intención… es que también, a veces, cuando tú conoces a alguien comprendes mejor su obra. Quizás por eso tú haces estos programas, para que la gente comprenda mejor la obra de los que venimos aquí.

Amaury. …Es el objetivo…

Marilyn. …Y es verdad que hay jurados que, a veces, se inclinan por un amigo, y eso ha ocurrido desgraciadamente en las letras cubanas y todo el mundo se da cuenta porque después empiezan a aparecer los libros publicados de aquellos que concursaron y habían libros que tenían más valor que el que fue premiado.

Pero yo no creo que eso sea una generalidad de los concursos que se están haciendo actualmente en Cuba, ni creo que haya tantos jurados con esa falta de ética, porque en resumen, eso es una falta de ética.

Amaury. Pero puede ser también algo heredado de estos grandes Premios Literarios como Planeta y todos esos, que muchas veces las editoriales le dicen a sus escritores: Ve y compite que vas a ganar.

Marilyn. Claro, la diferencia es que ahí hay dinero por el medio y aquí no, hasta dónde yo sepa, a los mejor va y hay algún dinero y uno no se entera (risas). Pero en esos jurados de Planeta, de las grandes editoriales, hay agentes literarios, hay todo un mecanismo de marketing, que está ahí para vender ese libro y como quieren que se venda, pues necesitan un premio para darle, ante los incautos, un aura de buena obra literaria, que no siempre lo es, como tú y yo sabemos, que hemos leído premios Planeta y Alfaguara que realmente… ¿qué decir de ellos?…

Amaury. Yo tengo un amigo escritor, español, joven, que me dice: yo, cuando salen los premios Planeta y los Alfaguara, voy directamente a comprar las menciones, es decir, en las menciones está el premio.

Marilyn. Es probable.

Amaury. Ahora, tú has sido muchas veces jurado.

Marilyn. Sí.

Amaury. De grandes concursos, de Casa de las Américas, uno de ellos, aunque de Casa de las Américas vamos a hablar después, es un premio muy prestigioso que yo respeto, que yo considero, me parece el gran premio, pero habrá tiempo para hablar de Casa de las Américas. ¿Cuándo tú eres jurado de esos premios?, suponte que tú eres jurado de poesía, la poesía quizás es un poco más fácil de leer para ti. Eres jurado de novela o de cuento. ¿Uno se lee todos los libros?

Marilyn. Yo sí me los leo. No te voy a decir que siempre me leo los libros hasta el final. Hay libros que con cuatro cuentos que tú te leas, te das cuenta de que el pobre autor es alguien que tiene muy buenas intenciones, pero que no va a ser escritor porque cuatro cuentos a veces bastan para saber si la cosa estaba en un nivel tan bajo, que ya no merece la pena leerse los demás. Pero es que uno se da cuenta, como se da cuenta cuando oye a alguien cantar, que está desafinado, lo sabe desde la primera frase melódica. (risas)

Amaury. A veces no hace falta llegar a la mitad de la canción. Sería “con dos compases basta”. (risas) Ahora, ¿tú crees, Marilyn, que existe una literatura hecha por mujeres para mujeres y una literatura hecha por hombres y para hombres?

Marilyn. ¡Dígame usted! Bueno, lo primero que yo pienso que tenemos que establecer es que cuando se habla de literatura hay una sola literatura y esa es la buena, sea escrita por hombres, por mujeres, por animales, por quien sea; es buena. (risas)

Yo creo firmemente en que hay una visión del mundo femenina y una visión del mundo masculina, y que esa visión, como es lógico, se tiene que trasmitir a la escritura de alguna manera y se trasmite.

Y yo creo que hay escritores hombres que escriben literatura femenina y hay escritoras mujeres que  escriben literatura masculina. Pero que hay una visión del mundo femenina y una visión del mundo masculino, yo estoy casi convencida. Incluso fíjate, ponte a analizar, si eso es así, no sólo para las artes y las letras… Yo una vez me puse a pensar ¿por qué el ajedrez, que es un deporte meramente intelectual, tiene división entre el ajedrez femenino y el ajedrez masculino? No puede ser un problema de discriminación.

Amaury. Bueno, me imagino que no.

Marilyn. Me imagino que no y yo vi un documental que se pasó en Pasaje a lo desconocido que estaba muy interesante  sobre esta cuestión de los géneros y allí se decía que el hombre, por un problema de evolución, que se dedicó siempre a la guerra, a la caza, a distintas labores, había desarrollado unas habilidades estratégicas que son diferentes a las habilidades estratégicas de las mujeres.

Amaury. ¿Pero eso acabaría entonces definitivamente con el feminismo a ultranza, el hecho de reconocer que tenemos capacidades diferentes?

Marilyn. Que no quiere decir superiores o inferiores.

Amaury. Exactamente.

Marilyn. Son diferentes.

Amaury. Tienen capacidades diferentes.

Marilyn. El feminismo que plantea una superioridad de la mujer, o el machismo que plantea una superioridad del hombre, para mí son tendencias totalmente estúpidas y que no tienen ninguna razón de ser. Yo creo en un feminismo de la diferencia y una masculinidad de la diferencia, que en el fondo no es más que una complementariedad de ambos géneros.

Amaury. ¿Y qué desventajas tienen las mujeres escritoras entonces, porque siempre se han quejado de que tienen desventajas, a lo largo de la historia, quiero decir?

Marilyn. Sus desventajas han sido que como el pensamiento y la institución que ha auspiciado la literatura siempre ha sido masculina, pues los temas de los hombres interesan más a los hombres y los problemas de las mujeres a veces son subestimados, porque piensan que son menos importantes. Eso son ya construcciones socio-históricas que se le han impuesto al hombre, que pobrecitos los hombres porque se han empobrecido y pobrecitas las mujeres también que nada más que pensamos en temas amorosos, en telenovelas, en cosas que…

Amaury. …¿Pero ti no te ha pasado, tú no has sentido esa discriminación?

Marilyn. Bueno, yo la he sentido.

Amaury. …Cuando eras una muchacha…

Marlyn. Muy joven la sentí. Ya ahora no la siento. Al contrario, tú sabes que hay un boom también, o lo hubo, hasta hace muy poco de escritura femenina, porque entre otras cosas, las editoriales  descubrieron que las mujeres leían más que los hombres, y entonces se exigió una literatura escrita por mujeres, que estaba dirigido a que ese público compraba más, por lo tanto los libros de mujeres florecieron. Hay miles de antologías femeninas y no hay masculinas. Y al contrario, en los últimos años yo creo que ser mujer es casi una ventaja sobre ser hombre a la hora de publicar y colocarse en el mercado, sobre todo en esos mercados comerciales.

Amaury. A mí me encanta la literatura hecha por mujeres, tú lo sabes y lo he dicho muchísimas veces.

Marilyn. Bueno, pero fíjate, yo creo que hay un escritor que es al que yo aspiro y ojalá pudiera serlo algún día, creo que todavía no lo he conseguido, que yo llamo el escritor andrógino, que te escribe lo mismo una novela con una visión femenina, que una masculina, y entre ellos yo te tengo a ti, porque yo creo que el Infinito rumor del agua es una visión completamente femenina del mundo. Tú eres capaz ahí de apresar el universo de dos mujeres de una manera que cualquiera, si firmas con un seudónimo de mujer, se cree perfectamente que eso lo escribió una mujer.

Amaury. ¿Cómo me gustaría haberme llamado si fuera escritora? No tengo idea. (risas)

Vamos a la Marilyn antes de ganar el Premio David, como tu gran momento, a la Marilyn, incluso, antes de yo conocerte. La Marilyn niña. Nos conocimos en la secundaria y tú eras y sigues siendo una persona muy disciplinada. Sacabas muy buenas notas, eras muy buena estudiante. ¿Siempre fuiste así?, ¿también de niña?

Marilyn. De niña era mucho más obediente. Incluso, me vine a rebelar un poquito en la adolescencia, que fui un poquito más transgresora y ya entré en conflicto con la autoridad de mis padres para muchas cosas, pero yo siempre fui una niña muy obediente.  No tuve nada de niña traviesa, ni que hiciera cosas que los padres la tenían que regañar.

Mis hermanas siempre me dicen: Nosotras nos acordamos de ti como la niña que no quería ensuciarse la batica y que muchas niñas decían: Vamos a subirnos a la mata. No, no, yo no porque yo me ensucio mi batica… y era sobre todo una cosa que me acompañó durante muchos años, y que ya creo haber superado, era super susceptible. Muy sensible. A mí un maestro me regañaba y los lagrimones me empezaban a correr y mi mamá me regañaba y yo lloraba, era demasiado, demasiado sensible.

Amaury. ¿Pero eras una niña feliz, te sentías feliz?

Marilyn. Muy feliz. Yo tuve una infancia muy feliz, con un hogar muy armónico. Lo único que me hacía infeliz era mi suspicacia. Yo era muy observadora y me daba cuenta de las cosas que los adultos me querían ocultar. Por ejemplo, cuando murió mi abuelo a mí nadie se atrevía a decírmelo, porque yo lo quería mucho y sin embargo, yo me di cuenta de que mi abuelo había muerto por detalles que captaba aquí y allá. El luto de mi abuela…

Amaury. …¿Porque no vivían con ustedes?

Marilyn. No, ellos no vivían en la casa, pero todos los fines de semana a nosotros nos dejaban en la casa de mis abuelos para que mi papá y mi mamá pudieran tener sus momentos de soledad.

Amaury. …E intimidad. ¿Tú tienes dos hermanas, dos hermanas gemelas?

Marilyn. Tengo dos hermanas gemelas. Jimaguas como decimos los cubanos, pero eso nada más que se dice en Cuba. Jimagua es un término cubano que no sé ni de donde salió.

Amaury. Una vive en Cuba y la otra vive en México.

Marilyn. En México.

Amaury. ¿Y tú papá vive?

Marilyn. Mi papá vive y vive también fuera de Cuba.

Amaury. Yo tengo una rara obsesión con la relación de los hijos con los padres y tu mamá es un sol. Tu mamá es la alegría y la juventud. A veces cuando voy a tu casa, tengo la impresión de que ya no es tu mamá sino que es tu hija. Háblame de tu mamá.

Marilyn. Bueno, mi mamá es un personaje maravilloso para mí, si yo te dijera que es la persona más querida para mí en el mundo, que me perdonen mis hermanas, mi papá, que también los quiero mucho, pero yo creo que mi mamá es una persona muy, muy especial para mí. Y fíjate, yo quisiera ser como ella. Mi mamá es todo lo contrario de mí. Es directa, es poco diplomática, es simpática…

Amaury. ¡Tú eres muy simpática, Marilyn!

Marilyn. Es una persona que siempre me ha apoyado, me ha criticado también muy duramente. Pero es muy fuerte de carácter, muy valiente, siempre la he admirado mucho. Ahora ya está viejita y todas esas cualidades, bueno, se ha ido amansando porque también era temible. A ella le caía mal algún amigo mío y la cara que le ponía era horrible. Yo pasaba unas vergüenzas…, y novios que botó y maridos que les hizo la vida imposible.

Amaury. (risas) Que salieron huyendo.

Marilyn. Salieron huyendo porque ella era muy fuerte y cuando no le gusta alguien lo demuestra y de una manera que a mí me da vergüenza. Pero sí, la relación con mi mamá para mí ha sido muy importante y en estos momentos, es cierto que yo siento un poco una responsabilidad que nunca había tenido porque ella siempre es quien me ha protegido a mí y ahora soy yo la que la debo proteger a ella.

Ha habido un cambio de relación que ha sido difícil para mí, no lo creas. Y ya sé que no me puede apoyar como me apoyaba antes y eso me provoca cierta inseguridad en ocasiones, pero bueno, me hace crecer también, algún día tenía que crecer. Yo he sido como una eterna niña por esa relación que he tenido con mi mamá.

Amaury. Y hablando de una niña susceptible, tú dices que ahora eres menos susceptible, pero ¿la aprobación de las cosas que tú haces por parte de tu familia te es indispensable?

Marilyn. No. Si me fuera indispensable yo creo que no hubiera escrito por lo menos la mitad de las cosas. Se ponen muy bravos, a veces, porque piensan que si hablo de una mamá, es mi mamá y que si yo hablo de una intimidad, lo que ellos piensan que es una intimidad, porque a veces no lo es, no tiene nada que ver conmigo, pero como yo escribo en primera persona, todo el mundo piensa que lo que dice esa primera persona que es el narrador, es lo que digo yo.

Amaury. A ver, Marilyn. Yo te conozco. Hay muchos elementos autobiográficos en tus novelas. Mujer perjura, tu última novela, que se la recomiendo a los lectores -a los que nos estén mirando-, ahí hay muchos elementos autobiográficos, porque tú te ganas un premio en Perú, por ejemplo, un premio importante para ti, de los tantos premios que has ganado, y hay una escritora en las primeras diez páginas que se gana un premio en Perú, o sea, hay elementos marcadamente…, que la gente puede…, cualquiera puede hacer una asociación, ¿no?.

Marilyn. Ahora, yo te preguntaría, Amaury, ¿eso es importante en realidad? lo que queda… Tú me conoces, y puedes ver eso..

Amaury. Sí, y lo disfruto mucho.

Marilyn. Claro, yo sé que lo disfrutas mucho. Lo que queda en una obra es en realidad la obra, no importa si ese escritor se basó en elementos autobiográficos o no. A mí me complace que la gente piense que mis novelas son autobiográficas, o como tú has dicho, que es más exacto que tienen elementos autobiográficos, porque eso quiere decir que he logrado un grado tal de verosimilitud, o de credibilidad, que la gente piensa que eso que está ahí, es natural que me haya pasado a mí, que es muy relacionado con la vida.

Amaury. Es que hay cosas ahí que no te pueden haber pasado.

Marilyn. Hay cosas que no me pueden haber pasado, por ejemplo ese principio de la novela, que tú aludías, yo me gané un premio en Perú. Es verdad también que alguna persona me ayudó mucho con ese cuento que yo…, pero es mentira que me hayan quitado el premio.

Amaury. Claro, si te lo ganaste.

Marilyn. …Porque esa persona le puso un final. Entonces me gusta jugar con el lector y ponerle cosas para que caiga como en pequeñas trampitas y me gusta ese juego con el lector y esa novela, precisamente la hice porque se repetía mucho; es autobiográfico, es autobiográfico, entonces yo decía: ¡Pero caballeros, qué importa, no me pregunten tanto si es autobiográfico, léanse el libro y disfrútenlo! Pero bueno, yo en sentido general pienso que no yo, que todas las obras de arte en alguna medida son autobiográficas.

Amaury. Te lo había comentado, porque hace un tiempo leí un comentario de un crítico y un extraordinario novelista, por cierto, que decía: que el escritor que intente escribir novelas sólo con elementos autobiográficos, está destinado al fracaso, o algo así. Era una sentencia muy fuerte.

Marilyn. Yo creo que está destinado al fracaso el que no sabe escribir; el que no sabe hacer la historia verosímil, el que no sabe estremecer al lector de alguna manera.

Amaury. ¿Cuándo empezaste a escribir poemas?

Marilyn. ¡Imagínate tú! Como a los 12 años.

Amaury. Ya estás en Secundaria con 12 años.

Marilyn. Ya estaba en Secundaria. Fue en secundaria cuando empecé a escribir poemas.

Amaury. ¿Y te gustaban los poemas esos, los guardas, los conservas? Estaban en libretas, seguro de matemáticas, o algo así.

Marilyn. Los rompí todos.

Amaury. ¿Todos?

Marilyn. Pero mi mamá tiene copias, lo descubrí hace poco, pero yo los rompí todos. En “El maestro y Margarita” hay un personaje que dice: que los manuscritos no arden. Menos mal que no los quemé, los rompí en pedazos. Pero eran poemas que  realmente… a lo mejor fue un exceso de vanidad lo que me hizo romperlos, porque son testimonios de algo.

Amaury. Son testimonios de tu paso por el tiempo.

Marilyn. Pero por suerte mi mamá se quedó con una libretica.

Amaury. ¿Y los has revisitado, le has dado una vuelta?

Marilyn. ¡Sí, cómo no!

Amaury. ¿Y te da vergüenza o sientes ternura por aquella muchachita que escribió aquellos poemas?

Marilyn. Siento ternura. Antes me daban vergüenza, pero ya cuando llegué a una medianía de edad suficiente como para mirar el pasado, digamos, con más tolerancia, siento algo lindo.

Amaury. ¿Quién te estimula para que vayas a la Brigada Hermanos Saíz, esa Asociación de jóvenes creadores tan importante y que ha promocionado a lo largo del tiempo a tanto talento en todas las áreas? ¿Quién te dice?: ¡Marilyn, ve allí y tú verás, lleva tus poemas.

Marilyn. Bueno, pues otra vez está el personaje de mi mamá. Ella cogió esa libreta, la que conserva… No, no, no fue esa libreta, me engaño. Ya yo escribía poemas un poquito más elaborados y mi mamá cogió otra libreta donde estaban esos poemas y se los llevó a una amiga de ella que era vecina de un escritor ya fallecido, que se recuerda poco, que es Roberto Branly.

Amaury. ¡Ah, Roberto Branly, cómo no!

Marilyn. Roberto Branly le dijo a mi mamá que él pensaba que ahí había un material de una persona que podía llegar a escribir bien y entonces le dijo: sería bueno que ella viniera a los talleres de un grupito que se reúne aquí en la UNEAC. Se reunían, en aquel momento era Brigada y era de poquísimas personas, había allí como 20 ó 30 personas. Y que los lea allí, para ver si ella puede entrar en la brigada y también ponerse en contacto…

Amaury. …Eso estaba en la UNEAC en la parte de atrás, porque Roberto tenía…

Marilyn. …En lo que es hoy la cocina.

Amaury. …Exactamente, donde lo visité varias veces, allí a Roberto Branly, escribía poemas maravillosos. ¿Y tu mamá los llevó allí, los entregó, se los dio a Roberto o Roberto se los entregó a la brigada…?

Marilyn. No, no, a mí me organizaron un día para que yo leyera, como para presentarme en sociedad.

«Con 2 que se quieran» Marilyn Bobes (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Marilyn Bobes (Parte II)

Amaury. ¿Quiénes estaban allí en el público que tú recuerdes? ¿Algunos que son amigos tuyos todavía?

Marilyn. Había dos amigos míos -¡por suerte!- dos amigos míos que venían conmigo desde la primaria y la secundaria, que eran Norberto Codina y Alex Fleites.

Amaury. Hoy son grandes escritores también.

Marilyn. Había, sí, varias gentes.

Amaury. ¿Y qué música tú escuchabas por aquella época? ¿La época en que estabas estudiando?

Marilyn. Eso fue fundamental. Para mí el encuentro contigo me abrió los caminos hacia Silvio, hacia Pablo, hacia una música que para mí era poesía, o sea, esa era la poesía que yo estaba leyendo también en aquel momento en las Revistas Casa. Yo me aficioné a la Revista Casa de una manera tremenda después que descubrí a César Vallejo, era una revista que traía autores maravillosos: Juan Gelman, Roque Dalton, estaba Ernesto Cardenal, Cisneros, poetas extraordinarios.

Amaury. En tu primer libro que fue premio David, hay un poema que se ha quedado como esos poemas emblemáticos y que yo me voy a permitir leerles. Se llama Arte poética y dice:

ARTE POÉTICA

La aguja con que hilvano estas palabras la encontré

en un pajar.

Es su destino laborar el lienzo

con la terca paciencia de que quien sabe

que el desastre de un hilo

puede arruinar la magia del bordado.

Es una aguja racional:

zurce hábilmente las desgarraduras,

refuerza los botones desprendidos

a la camisa del amor más esperado.

Armoniza la urdidumbre de una tela

casi enhebrada al hilo de los años.

No es una aguja de cambiar la vida,

pero su trazo puede hacer un mapa.

Limpia y usada la encontré en un pajar.

¿Con qué edad tú escribiste esta maravilla de poema? Porque es una maravilla.

Marilyn. No sé si el poema formalmente… ya yo le quitaría algunas cositas en ese afán perfeccionista, pero sí realmente es un poema que ha definido lo que yo pienso de la poesía y que lo sigue definiendo. Lo escribí a los 21 años y yo me acuerdo que cuando escribí La aguja en el pajar, se me ocurrió primero el título que el libro, y de pronto, me surgió así el poema que se convirtió en “Arte Poética”, con la inspiración que era como un pie forzado para un repentista.

Amaury. ¿Y cuando te dan ese premio, aparte de la alegría que debe haberte provocado, tú sentiste que dentro de esa alegría ya estaba la certeza…, te estaban como dando el cetro, diciéndote, como a los Caballeros de la Mesa Redonda? Usted es Caballero, Sr., la espada, un lauro, tú ya eres poeta.

Marilyn. Sí.

Amaury. Sí, tú lo sentiste. Ya me dieron un premio ya eso quiere decir que yo soy poeta.

Marilyn. Lo sentí, con una ingenuidad tremenda, lo sentí.

Amaury. Tú siempre fuiste poeta, Marilyn. Pero a los 24 años tú estás haciendo periodismo. ¿Por qué llegas al periodismo?

Marilyn. Bueno, yo llego al periodismo porque me gustaba escribir y yo creía que la única profesión que me iba a permitir estar escribiendo siempre era el periodismo, porque el periodismo es para escribir y entonces yo no quise estudiar ninguna carrera técnica porque sentía que no iba a ser feliz, ni iba a ser buena en nada de eso y me dijeron que había una manera de estudiar periodismo, que era cogiendo el curso para trabajadores, y para eso, trabajando en un órgano de prensa, tú ibas por la noche y estudiabas la carrera. Entonces lo primero que hice fue buscar un órgano de prensa donde trabajar. Tuve la suerte de que un amigo era jefe de personal de Prensa Latina y efectivamente me dio una plaza de correctora de estilo.

Amaury. ¿Qué tiempo estuviste haciendo eso?

Marilyn. Estuve haciéndolo tres años.

Amaury. Pero lo has seguido haciendo de alguna manera.

Marilyn. Yo sigo haciendo periodismo, por supuesto. No sólo hago periodismo de crítica, hago entrevistas y hago comentarios y hago cualquier cosa que tenga que hacer.

Amaury. ¿Aunque no te hayas graduado, tú te sientes periodista?

Marilyn. Yo me siento periodista. Yo no me siento historiadora que fue lo que finalmente estudié.

Amaury. ¿Qué siente Marilyn Bobes, -porque si a mí me pasa una cosa como esa, tiro voladores-, cuando se gana el Primer Premio Casa de las Américas? la primera vez que lo ganas, porque hay que decir que Marilyn Bobes ha ganado dos veces el premio Casa de las Américas. Yo puedo decir con absoluta responsabilidad y si tú quieres súmate, que el premio Casa de las Américas es uno de los premios más prestigiosos literarios que tiene el mundo. De los más honestos, de los más decentes. Yo no me imagino el Premio Casa de las Américas trampeando. En realidad no me lo imagino.

Marilyn. Eso es imposible.

Amaury. Imposible, pero tú lo has ganado dos veces. Bueno, cuéntame eso, cómo es el asunto.

Marilyn. ¿Tú sabes qué?, me siento y me sentí las dos veces que me lo dieron muy contenta, eso es innegable, pero apenada.

Amaury. ¿Apenada?

Marilyn. Sí. Me entró como una gran timidez que de pronto yo me hubiera ganado aquel premio tan grande y yo decía: ¿Es que realmente yo me lo merecía? No sé, me entró un estado de confusión muy grande. Me sentí muy contenta, ya te digo, pero yo volví a leer y decía: ¿pero qué valores?… ¡Claro!, cuando uno manda un premio siempre piensa que tiene alguna posibilidad de ganárselo, pero como que después que me lo dieron, me entró una gran pena, y pena de que me entrevistaran y yo…, no sé, ese sentimiento no te lo sé explicar.

Amaury. Esa fue la primera vez. ¿Y la segunda?

Marilyn. La segunda, no. Tienes toda la razón, estoy hablando de la primera vez. La segunda me sentí muy bien, porque yo había mandado a otro premio donde yo tenía la confianza de que lo iba a ganar, yo tenía mucha confianza en esa novela cuando la acabé de escribir y sin embargo, para mi sorpresa, no lo gané, y eso me dio una depresión tan grande. Entonces una amiga mía, escritora también, me dijo: ¡Oye, todavía está abierto el Casa. ¡Mándalo al Casa!, lo mandé y lo gané y aquello me dio una alegría…, cuando me llamaron para decirme que lo había ganado…, creo que ha sido una de las mayores alegrías de mi vida.

Amaury. Tú has hecho muchas antologías. Hay dos que a mí me parecen muy buenas, la primera con Mirta Yáñez, nuestra gran escritora, tan querida, “Estatuas de Sal”, que es una compilación de cuentos escritos por mujeres y ahora, “Cuentos infieles” escritos por varones. Cuando presentaste el libro en la Feria del Libro, salió un escritor joven e hizo una insinuación, vamos a llamarle así, que la antología tú la habías hecho con tus amigos escritores. Eso ocurrió. La pregunta es: ¿Qué fue lo que tú le respondiste en la presentación? porque a mí me parece maravilloso lo que tú respondiste

Marilyn. Bueno, yo respondí que no tenía la culpa de que mis socios, como se decía, fueran los mejores escritores de Cuba y que entonces, ¡imagínate!, mis antologías me salían bien porque siempre eran de mis socios. Mis socios eran gentes muy talentosas, porque yo con gente sin talento me cuesta mucho trabajo relacionarme.

Amaury. Bueno, esa es una gran respuesta que yo quería, como todo el mundo no estaba ahí, que tú lo contaras. Sin embargo, tú eres una persona muy generosa con tus criterios, con tus críticas, que ¡cuidado! no se puede confundir el hecho de que una persona sea generosa en una crítica, con que la persona sea blandengue, o que deje pasar las cosas por alto. Yo he leído críticas donde tú has sido, repito el término, generosa y al final has dicho: pero, me parece que…

Marilyn. Gracias, Amaury. Yo creo que la gente me quiere, sí, yo lo siento.

Amaury. Te adoran.

Marilyn. Pero esto de la literatura no tiene tanto que ver con la generosidad, como con mi amor hacia la literatura. Entonces a veces he oído gente hablando: no, que si Fulanito no sirve y se prejuician con libros, con cosas, incluso, hasta sin haberlos leído, yo no comprendo ese sentimiento, porque de pronto te dicen: ¡Oye, (Roberto) Bolaños, qué gran escritor! Un escritor chileno que publica Anagrama y entonces con eso tienen una gran alegría y sin embargo, con el que está al lado suyo, no lo experimentan. No, yo experimento la misma alegría cuando veo un escritor bueno que me apasiona, que lo publican en España o lo publica aquí Arte y Literatura y es un escritor extranjero y desconocido. Siento esa misma alegría cuando leo un libro bueno. Entonces quiero compartirlo con los demás, o sea, no es generosidad porque generosidad… a lo mejor también sería pensar que…, bueno, yo le abro un espacito.

Amaury. Pero generosidad es una palabra preciosa.

Marilyn. Es una palabra muy linda y ya te digo, es verdad que soy generosa. Soy generosa en cuanto a que no escatimo ningún elogio.

Amaury. Y regalas tu tiempo.

Marilyn. Eso sí, regalo mi tiempo a mucha gente y trato de que sean conocidos y me he llevado muy buenas sorpresas y me he enriquecido mucho leyendo a muchos autores cubanos que no son tan conocidos y sin embargo son muy, muy buenos.

Amaury. Y por lo mismo, ¿qué piensas de la literatura cubana que se escribe hoy en Cuba? ¿Qué opinión te merece? En línea general.

Marilyn. En líneas generales pienso que es como en todas las literaturas. Tiene autores buenos y tiene autores no muy buenos. Pienso, a veces, que hacemos demasiado masivas las publicaciones, o sea, para que todo el mundo se sienta contento, publicamos, a veces, obras que no son las mejores y sin embargo, otras gentes pasan mucho trabajo, que son buenos, pasan mucho trabajo para publicar. No sé por qué ocurre eso. Si es que a los editores les falta agresividad para buscar libros buenos, o que se conforman con lo que va llegando a las editoriales, pero yo pienso que en sentido general es una buena literatura, es una literatura potente. No conozco mucho otra literatura, porque para eso, imagínate, uno tendría que tener acceso a mucha literatura. Y tú sabes que hay los problemas aquí de Derecho de Autor que no se puede publicar todo. Por otra parte los libros en el extranjero son caros, tienes que buscar a alguien que te los preste yo no podría hablar de cómo está la literatura argentina o cómo está la mexicana, pero la que leo en Cuba me satisface bastante.

Amaury. ¿Pero tú crees que hay temas que los escritores de hoy escogen porque saben que puede significar un gancho en el lector?

Si un escritor hoy escribiera una novela con un lenguaje tan depurado, tan arriesgada como “Al cielo sometido” de Reynaldo (González) por ejemplo, que tuvo tanto éxito en el momento en que se publicó, sin embargo, tú te das cuenta que hoy, a lo mejor, siendo una gran novela, no tendría tanto, porque no toca determinada zona de la sociedad, que se convierte en una especie de cliché. ¿Tú crees que hay un cliché en la literatura que se escribe en Cuba hoy? Que intenta atrapar al lector a partir de esos clichés.

Marilyn. Sí, creo que sí. Pero no pienso que sea tanto para el lector, es para los mercados que es más grave todavía.

Amaury. Más grave todavía.

Marilyn. Porque si un defecto tiene, tenemos -yo no, pero me voy a incluir, los escritores es que pensamos poco en el lector, pensamos más en la resonancia crítica, en el mercado internacional. Y el lector ¿qué?, un poco relegado cuando es el…, para mí, el principal destinatario de lo que uno escribe, un lector.

Y sí, hay temas recurrentes, temas que se ve que están hechos para tocar los puntos que todo el mundo mediático explota de Cuba, a veces con muy malas intenciones. Eso lo hay y yo creo que no hay por qué negarlo. Lo hay, pero creo que se está saliendo también un poco. Ya la literatura de los 2000, está siendo un poco diferente, está buscando otros temas. Veo mucha gente saliendo ya de esa cosa tan…

Amaury. …A veces pedestre.

Marilyn. …Tan pedestre, tan testimonial, en el peor sentido, porque no testimonia la parte luminosa tampoco, nada más que la zona oscura.

Amaury. Yo tengo un amigo que dice, hablando de cine, pero yo lo podría traspolar a la literatura, que dice: Todas las películas se están haciendo del Túnel para El Morro, nunca se hacen del Túnel para Siboney.

Marilyn. Así mismo es.

Amaury. Ahora, una última pregunta para ti, Marilyn adorada, querida. Hay una literatura que la puede leer cualquier persona en el mundo, imaginemos un japonés que se enfrenta a un libro que no conoce ¿Puede identificar por lo que lee que está hecha por un cubano, un cubano que vive donde quiera? ¿Hay una manera cubana de escribir?

Marilyn. Sí, porque es que tiene que ser, porque hay una manera cubana de vivir.

Amaury. ¿Aunque escriba una novela de caballería?, fíjate tú lo que te estoy diciendo, ¿aunque escriba una novela de caballería?, ahí está el asunto.

Marilyn. Bueno, quizás si escribiera una novela de caballería…

Amaury. Yo pensaba, ¿Hay una manera de organizar el párrafo, la oración, el capítulo que identificara: este debe ser cubano, o por lo menos es latino? Uno no puede escribir como un inglés de todas maneras, aunque escribieras una novela de caballería.

Marilyn. Amaury, eso no me atrevo a respondértelo, porque es que no tengo elementos sólidos como para decirte esto. Yo te puedo decir que me imagino que sí porque el habla cubana es tan singular.

Amaury. ¿Que será, ¡arre caballo!, aunque sea arre. (risas)

Marilyn. Exactamente, que de alguna manera… pero por ejemplo, estaba pensando en esa novela de Reynaldo (González) que tú me decías, “Al cielo sometido”, ¿eso podríamos decir que lo escribió un cubano?

Amaury. Yo sí, pero yo conozco a Reynaldo.

Marilyn. Yo creo que en esa cosa de ese mundo transgresor y picaresco y eso, sí, pero en el lenguaje, ¿tú crees que tú podrías decir en la manera de organizar los párrafos de lo que me preguntaste…?

Amaury. Bueno, la pregunta era para ti, el periodista aquí soy yo y ahora me estás entrevistándo tú a mí.

Marilyn. Estamos conversando, ya a mí se me había olvidado de que tú me estabas haciendo una entrevista.(risas)

Amaury. Tú no eres una entrevista, eres un cariño. Gracias, Marilyn.

Marilyn. Gracias a ti.

Amaury. Gracias por venir, gracias por todas tus enseñanzas, por tus consejos, por la cantidad de cosas buenas y nobles que haces por los demás y que yo puedo dar constancia de que no tienen otro interés que no sea compartir, dividir amor. Gracias mi vida, te quiero mucho a ti y a tu familia.

Marilyn. Gracias a ti por invitarme. A ver si no te acusan de que estás haciendo un programa para los socios.

Amaury. Ah, bueno, pueden decir que este programa se podría llamar también Amaury y sus amiguitos, para no decir Amigos y sus amiguitos, que ya era un buen programa antes.

Marilyn. Pero es que tú también eres amigo de gente con talento, excluyéndome a mí.

Amaury. ¡Ah!, no digas eso, nos vemos, nos vemos mi vida, nos vemos siempre.

Marilyn. Gracias, Amaury.

Amaury. Todo mi amor para ti.

«Con 2 que se quieran» Ángel García (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Ángel García (Parte I)

Ángel García: “Antolín es un pedazo de este país”

Amaury. Muy buenas noches, estamos en “Con 2 que se quieran”, como siempre me gusta decir, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy nos acompaña un amigo entrañable, uno de los humoristas más populares y extraordinarios que yo he conocido, Ángel García, bienvenido.

Ángel. Y gracias.

Amaury. Bueno, la primera pregunta es muy sencilla ¿Dónde nació Ángel García y dónde nació Antolín?

Ángel. Yo creo que nacieron en Manacas. Ángel García es de Manacas, Antolín es de Manacas. Antolín es lo que era Ángel antes. Este que está aquí, que me parezco mucho por el tono de la voz, etc., es Antolín y mi papá es Antolín.

Antolín sale de Manacas, de esa zona del centro del país, ahí hay muchos Antolines, muchos, para llenar 10 camiones; en Cuba hay muchos Antolines con toda esta onda que tiene… Cuando estoy mucho tiempo sin ir a Manacas, un poco que me pierdo.

A cada rato voy a Manacas y es como ir a la universidad. Yo no fui a la universidad, la universidad mía está en Manacas para la onda del personaje.

Amaury. Ese es el caso de Antolín, pero en el caso de Angelito, cómo fue su nacimiento, tu mamá, tu papá, ¿cuántos hermanos son ustedes?

Ángel. Somos tres hermanos y una hermana, es decir, que somos cuatro (risas), disculpa porque quise ser culto.

Amaury. No, sé tú.

Ángel. Sí, claro. De ahí, de Manacas, criado ahí. No fui muy inteligente en la escuela, primero llegué hasta noveno grado nada más, pero noveno grado con 19 años. No, no, no, estamos hablando de verdad aunque a la gente le dé risa lo que digo.

Después terminé el 12 grado, con la onda esta, después que pasé el Servicio, porque vaya en 9no tuvieron que llevarme para el servicio por la edad que tenía, ya era recluta en 9no.

Y ya después terminé la Facultad y ahí empezó Ángel García lo de la Pía, así, a disfrazarme de mujer en el Manaquense y así.

Amaury. Pero tú tenías un grupo al principio.

Ángel. Sí, Los Píos.

Amaury. Los Píos.

Ángel. Empecé con Los Píos en Santa Clara, que la audición me la hizo Chaflán. Yo he tenido suerte que los que han chocado conmigo para darme un voto de confianza, no sé: Enrique Núñez, Chaflán, Alberto Luberta… He chocado con los duros en el género mío, para bien de mi trabajo.

Y en Santa Clara, en el año 86, 87, no recuerdo bien, Chaflán me hizo una audición. Yo era soldador de día y tractorista y por la noche trabajaba en el cabaret de Santa Clara, en el Cubanacán, de martes a domingo. 138 pesos al mes, era tractorista, pero tenía dos chamacos, no podía dejar aquello.

Ya después vino el divorcio, porque tú caes en esto y no es que te pierdas, sino que imagínate tú, empezaba a ver otras cosas y…

Amaury. Porque te casaste ¿con qué edad?

Ángel. No, yo me casé como de veinte años por ahí, pero ya empecé en esto con veinte y pico largo, empecé ya purito, ya después me enamoré, porque yo me enamoro, yo me he casado cuatro veces.

Yo soy un tipo que soy machista por un lado, pero no soy tan machista. Yo mientras esté enamorado estoy bien, ya cuando no, ya me pierdo.

Amaury. Y Angelito, ven acá, y de niño, ¿tú eras tan simpático?

Ángel. Sí, siempre. Eso viene de mi papá. Mi papá se pone al lado mío y a mí me quitan, porque es una gente muy, muy ocurrente para este tipo de humor de poco público, es muy ocurrente.

Yo cuando hago un programa, yo llamo a mi papá siempre. ¿Cómo quedó? Quedó mata’o, y es verdad que quedó mata’o

Amaury. ¿Y tu mamá?

Ángel. También, pero el viejo mío para el humor es muy, muy… no te lo dice con las palabras, quizás que si estuvo bien actuado, que si sobre actuado, pero te dice…, al grano.

Bueno, para seguir la historia, empecé ahí en Santa Clara, llega un momento en que no podía seguir con aquello, y entonces Enrique Valladares, un mulato que era antes director de Tropicana, me hizo una audición para pertenecer al Centro Provincial de la Música en Santa Clara. Y ahí empecé en los centros nocturnos.

Amaury: ¿Pero con Los Píos?

Ángel. Con Los Píos, hasta el año, bueno, como en el 91 decidimos venir a La Habana.

Amaury. Ese fue el tránsito para La Habana.

Ángel. Y ya, empezamos en La Habana. Yo empecé en el Capri con Nelson Peña, después ahí me quedé en el Capri. Después vino aquello de Ajiaco.

Amaury. ¿Tú no tenías casa aquí, o sí tenias casa?

Ángel. No, alquilado, yo estuve 10 años alquilado. Sí, si, yo me la vi dura, la gente cree que esto es jamón. Yo estando en Sabadazo ganaba 138 pesos al mes porque no era evaluado. Estaba en la onda esta de la entrada al sector y, ahora repito, estuve 10 años alquilado.

En el Capri hago Ajiaco y entonces (Pedraza) Ginori que dirigía “En la viva”, donde estaba Consuelo también y que se trasmitía los jueves…

Amaury. Creo que eran los jueves, sí.

Ángel. Los jueves, se trasmitía “En la viva” y entonces empecé e hice una gira nacional después.

Amaury. Eso era televisión en vivo, ¿no?

Ángel. En vivo, en vivo. A mí Pedraza Ginori no me dejaba decir ni la R en los coros. Porque yo me pongo ahora a hacer el que canto, yo no canto ni nada de eso, porque es el personaje que se pone a hacer esas cosas… pero Ginori mantenía  el micrófono mío cerrado, ni coro ni nada. Decía: si tú abres la boca, te vas. Ginori ha sido el director que más me ha exigido a mí. Ginori decía: si tú dices una S por una R, la puerta es aquella.

Amaury. Pero tú se lo agradeces.

Ángel. ¡Claro! cómo que no. Ginori te daba el guión y dos minutos antes de tú salir al aire que era en vivo, te quitaba el guión y tenías que decirle todo el guión de memoria.

Amaury. ¿Y se ensayaba? ¿Cómo se ensaya el humor por ejemplo?

Ángel. A mí no me gusta ensayar mucho. Cuando hay un buen guión sí, pero es que hay muy pocos guionistas en Cuba de humor; hay mucho facilismo en el guión del humor.

Yo soy una gente que a mí me escriben, pero yo ya me imagino lo que viene, si no tiene bomba yo no, yo le digo, mira, no me lo aprendí, para no decirle que no sirve. Ya no, ya a esta altura uno está viejito ya, te digo, no, eso no, eso no va conmigo.

Pero el humor sí, lleva ensayo y de ahí viene la espontaneidad y ahí tú puedes improvisar.

Amaury. Lo que llaman “morcillas”, ¿no?

Ángel. Anjá. Mira, ese es el fuerte mío, la morcilla, sí, sí, sí. Yo en eso de batirme a hablar de vasos de agua, vamos a hablar de vasos de agua. Es como el que improvisa en las décimas y estas cosas. En esta onda del humor, yo soy bueno en eso.

Amaury. ¿Por qué tú dices que tú no cantas, que el que canta es Antolín?

Ángel. Porque yo así, como estoy hablando ahora, como Ángel, yo no me atrevería a cantar. Yo soy desafinado, quizás tenga la medida, pero el personaje Antolín -esto viene ya de los grandes comediantes que había en este país que utilizaban el personaje- Antolín es una gente que él dice que es gerente y es gerente. Él dice que es cantante y es cantante. Porque el personaje me da la cobertura  para poder meterme en ese mundo. En serio nunca lo haría.

Y sin embargo, he tenido buenas propuestas. Hace como 8 ó 9 años, Chucho Valdés una vez se me acercó y me dijo que él quería hacer un disco conmigo. Yo pensé que era bonche de Chucho Valdés: maestro, yo no canto. Me dijo: si yo voy a buscar uno que cante, busco a Plácido Domingo, yo quiero explotar a Antolín. Entonces él me hablaba de Leopoldo Fernández, que hacía cosas con la Aragón, etc., etc. Y yo he ido a todas las disqueras aquí, a todas les dejé un disco mío, miren, esta es una idea de Chucho.

Inclusive una vez estuve en la EGREM y ahí no me creían que Chucho quería grabar un disco conmigo. Llamaron a Chucho y Chucho les dijo: sí, yo estoy dispuesto a hacerlo, pero todo se ha quedado así, es una cosa que yo la tengo. Ojala un día lo pueda hacer.

Amaury. Bueno, pero de la mano de Chucho cantan hasta los que no cantan.

Ángel. Chucho me dijo, me voy a poner en función de Antolín, con Pancho Amat en el tres; Luberta iba a escribir el guión, una cosa que me parece que iba a funcionar, porque el hecho ese nada más de Chucho-Antolín, la gente dirá ¿y esto qué cosa es?

Amaury. ¿Y por qué La Pía se te ha quedado un poquito relegada?

Ángel. Porque llevo ya casi cinco años en Palmas y Cañas y la Pía no es para Palmas y Cañas. Ahora en el verano en el programa este que…

Amaury. ¿Y por qué no una guajira? La Pía puede ser una guajira también.

Ángel. Sí, yo tengo un personaje de guajira que se llama Lela.

Amaury. Ah, esa yo no la conozco.

Ángel. No, en teatro sí, es un palo, está dura, sí, sí, sí. Pero no me he puesto para eso. Pudiera funcionar la Pía en Palmas y Cañas o la guajira en Palmas y Cañas. Como que es tan poco tiempo y la gente es fan a Antolín, dejo la Pía para otros espacios, para teatro o si algún día hago otra cosa en televisión, que se preste la onda, porque la Pía es muy salsosa…

Amaury. Es preocupante la Pía muchas veces. Por lo menos cuando la Pía se ha metido conmigo…

Ángel. La Pía es la que cree que es fina con la brutalidad de Antolín, porque es lo mismo, la brutalidad de toda esa gente, soy yo mismo. Y yo exploto eso en la escena.

Amaury. Pero tú no eres bruto.

Ángel. Yo no, pero los personajes sí.

Amaury. Tú eres bien listo y Antolín también.

Ángel. Es bueno que tú digas eso. (Risas)

Amaury. Muy listo, peligrosamente listo, a tí hay que cogerte miedo. Oye, tú eres muy, muy popular. Y no sólo popular, mi mamá, Consuelito, decía que cualquiera puede llegar a la popularidad, pero no cualquiera puede llegar a ser querido, tú eres una persona que eres muy popular y que eres muy querido.

Ángel. Tú me quieres mucho.

Amaury. ¿Cómo tú manejas esa popularidad? ¿Cómo la puedes manejar a la hora de hacer un trámite burocrático, cuando estás en una cola? ¿Cómo se maneja eso?

Ángel. Es difícil y soy la persona más tímida que hay. Los que me han visto a mí en las colas de las Cadecas y en las colas de cualquier lugar, yo soy incapaz de entrar así, no, no puedo, me muero, yo me muero, yo soy la persona más penosa que hay, eso de entra, muchacho, tú eres Antolín, no, no… Mira, si a mí me hacen pis, yo me desmayo. Es muy difícil.

Amaury.  Pero es que todo el mundo se mete contigo, todo el mundo está esperando siempre una respuesta ingeniosa.

Ángel. Sí, pero yo no soy de los de estar en la calle, ji, ji, ji. Eso es para el escenario. A veces meto tres o cuatro chistes de carretilla, pero no me nace hacerlo. Cuando voy a resolver este tipo de cosas, pido permiso,  ¿usted cree que me pueda atender? A veces te molestas con los mediocres, con los “mikis” -porque estamos llenos de “mikis”- y tú a veces vas a ver a un ministro y te atiende con tremendo cariño, con tremendo respeto, no sé… y vas a ver a cualquiera y parece que vas a ver a un presidente, ahí sí ya cojo el monte; ahí sí me acuerdo que soy Antolín y no sé, pero eso me pone mal.

Amaury. Pero cuanto tú te sientes mal, me imagino que algún día te sientes mal, vas a un hospital o vas a un hospital con algunos de tus hijos. Por cierto, ¿cuántos hijos tienes?

Ángel. Tengo tres. Uno grandón que ya tiene 26; uno que tiene 24, que es al que le gusta la música, que he tenido líos con mi familia porque a él le gusta cantar. Yo vuelvo al tema que estaba de las colas y eso, no vayas a pensar que yo soy tan brutico.

Amaury. No, no, chico, yo no pienso que tú eres bruto. (Risas)

Ángel. Y en medio del programa te digo que, gracias por invitarme a este espacio tuyo. Y al chama mío, al segundo, le gusta mucho la música, le gusta hacer reguetón. Y yo le dije un día: mira, el reguetón cualquiera lo hace, no cualquiera lo hace bien. Eso que tú estás haciendo lo puede hacer cualquiera. Porque mi familia, que tuhijo, porque el hijo de fulano es cantante y no canta nada y está ahí. No, pero yo no soy así.

Si tú tienes calidad, cuando tú creas que ya tú estás preparado, yo te voy a conseguir quién te haga una audición, pero porque tú seas el hijo de Antolín yo no te puedo invitar a un programa porque… prepárate, lucha, porque eso viene solo. Tú eres jovencito, las cosas buenas vienen solas, no porque yo te lleve a un programa va y lo que hago es desgraciarte. Y dicen; ¿Y Antolín de dónde sacó a este? Es mejor que esté bien preparado, que luche, digo, me parece a mí que…

Amaury. Tú eres entonces un padre muy riguroso con tus hijos.

Ángel. Sí, sí, sí.

Amaury. ¿No eres complaciente?

Ángel. No, no, yo soy muy bueno con los hijos míos, parece que,… bueno. Pero no soy tan…

Amaury. ¿Y eres cariñoso?

Ángel. Soy normal, hola, hola, pero les doy mis besos. Me llaman y para lo que sea, pero no puedo decir ahora aquí que soy un tipo cariñoso, que hago un poema, que regalo una flor. No, no, yo no soy así.

Amaury. Yo estaba siendo específico con los muchachos.

Ángel. No, yo soy estelar con ellos, lo que no soy ese hombre cariñoso, quizás ese padre que todos los días llama: Papito un besito, mi, mi, mi. No soy así. Yo soy machista, yo no puedo decir ahora aquí porque este es un programa.

Yo soy machista. Yo si me divorcié contigo, me divorcié contigo ya, lo mío son los muchachos.

Amaury. Pero no eres como aquel amigo nuestro…

Ángel. No, eso de salir a comer los cuatro juntos y eso. No, yo, conmigo no va eso. De que mira, la esposa, que te invita el marido de la madre de tus hijos. No, yo no estoy preparado para eso. (Risas) Va y me hago el enfermo. No, yo hoy no puedo. Ahí viene la tocadera de zapatos por abajo, no, no. (Risas)

Amaury. Cuándo tú te sientes mal, por ejemplo, vas a un hospital; me duele aquí o me duele allá. Y la enfermera o el doctor que está de guardia, ¿lo que quieren es atender a Antolín?

Ángel. Sí, es muy difícil. No sé, no sé, no sé pasar esa frontera de je, je. Me siento mal y me siento mal, porque soy yo, no puedo ser de otra forma. Y así me han aceptado, soy natural así. Es muy difícil, porque la gente no sabe nada y esperan de ti…

Amaury. No, llegaste enfermo y no tienes ganas de hacer un chiste y la gente está esperando que tú, enfermo incluso, sintiéndote mal, hagas un chiste.

Bueno, hablemos de los libretos. Hay una persona que es muy importante en tu vida, hablemos un poquito de Alberto Luberta.

Ángel. Bueno, Alberto Luberta para Antolín es todo. Alberto Luberta fue el que bautizó a Antolín como Antolín. Eso fue hace muchos años, en el portal de Radio Progreso. Yo cuando aquello estaba pegado con la Pía hasta el techo. Y yo le dije: Luberta, quiero hacer un guajiro. Me dijo, no se puede parecer a Miravalles. Si se parece a Miravalles no pierdas el tiempo; ni me hagas los guajiros pinareños que hace todo el mundo. “Oye, no me digas”… eso ya no, eso es Miravalles y muchos guajiros se hacen aquí así.

Y yo le dije: no, es así y le hablé un pedacito como Antolín. Me dijo, bueno, ven mañana a verme. Al otro día ya me tenía un monólogo con el Nombre de Antolín el Pichón y por qué se llamaba Antolín el Pichón. Y Luberta, yo hablo mucho de él, y yo siempre digo: hablar con Luberta 10 minutos es agarrar un background de horas de trabajo.

Porque tú le dices; maestro que tú crees de esto, ya tú le llevas la idea y él te dice: esto debe ser así, así. Es un clásico del humor vernáculo. Es una gente a quien yo le agradezco mucho. A él y a Chaflán. Chaflán era una gente… Chaflán no se reía con nada, cuando Chaflán me hizo la audición a mí que yo terminé de trabajar, dije: no le gusté al hombre. Y le dije, maestro, qué, qué le pareció. Y me dijo: no, muy bien, muy bien. No, yo no vine aquí para reírme. Así, ta, ta. Pero eso es muy bueno, eso es lo bueno.

Amaury. Pero después, ¿alguien te evaluó? Aquella cosa que se usaba de evaluar.

Ángel. Sí, cómo que no.

Amaury. ¿Quién era el jurado de esa evaluación?

Ángel. El primero mío fue Chaflán que me recomendó Pedro de la Hoz.

Amaury. Ah, mira.

Ángel. Sí, Pedro de la Hoz me echó tierra a mí, una vez me hizo polvo, sí, yo me berreé con él, pero después con el tiempo, sí, si yo aquel día si lo agarraba lo pelaba. Pero después con el tiempo…

Amaury. Pero Pedro es buena gente.

Ángel. Sí, sí, somos amigos. Pero en aquel momento yo no entendía eso. Imagínate desde un tractor, llegar a La Habana a una crítica dura, me metí una semana sin salir, si yo lo agarraba… (risas) pero tenía razón en todo lo que decía, porque no fue una crítica…, para mí era hiriente, pero la verdad era que yo lo estaba haciendo todo mal.

Es mi amigo, pero me puse mal, me puse mal. Sí, yo pasé por todas esas evaluaciones, audiciones, artículo 25, toda la onda esa que pasó todo el mundo.

Amaury. Oye, tú dices que te has divorciado ¿cuántas veces, tres o cuatro?

Ángel. No, yo me he casado cuatro veces.

Amaury. Oye, tú dices que te has divorciado ¿cuántas veces, tres o cuatro? ¿Estás casado ahora mismo?

Ángel. No, yo me he casado 4 veces. Ahora estoy casado, me va muy bien y estoy enamorado. Porque yo sí me enamoro, ¡oh!, yo me pierdo. Me da hasta por hacer poemas, puedo llevarte diez o doce para que hagas algún numerito.

Amaury. Un disco, con diez o doce hago un disco. (risas) Oye Angelito, ¿cómo fue la anécdota del primer divorcio?

Ángel. Oh, fue dura. Imagínate que yo era tractorista en Manacas, y ya tenía dos chamacos y en aquella época yo tenía que decirle a mi papá: me voy a divorciar. ¿Y por qué te vas a divorciar? Y cuando aquello estaba de moda una canción de Rocío Jurado, aquella que decía: Se nos rompió el amor… (risas)

Amaury. …De tanto usarlo. (risas)

Ángel. (risas) Yo le digo al viejo mío, yo me preparé una semana para darle la noticia de por qué me iba a divorciar. No, porque ya no me gusta, me enamoré, esto que lo otro, lo de uno, pero había que decírselo al puro, que venía todos los días con una cantina llena de leche para los muchachos. Bueno, mi mamá se fue para casa de mi hermano, “ay, yo me voy de aquí”, con ataque, porque en el campo es ataque y pal piso. Eso es perreta y tiradera para arriba de la cama. (risas)

Oye, cuando yo le dije a mi papá: papi, ¿tú no has oído la canción esa de Rocío Jurado?, Se nos rompió el amor… a mí me pasó eso, porque ya yo estoy… mira muchacho, lo que me dijo ese guajiro, vaya pal c… Se me rompió el amor. (risas)

Se me rompió el amor, era lo que estaba de moda, yo era loco a toda esa gente. Lupita de Alessio, yo tenía todos los casetes de Lupita de Alessio. (risas)

Amaury. ¿Y tu papá era cariñoso contigo?

Ángel. Sí, sí, sí, pero en la misma onda. Yo soy cariñoso, pero lo que no soy es pegajoso. La gente le dice a la mujer: oye, qué pesado es tu esposo, pero es que yo soy así, no me nace ser de otra forma.

Amaury. No, pero el día que tú me contaste que tu papá te daba unos cocotazos cuando se ponía bravo.

Ángel. Sí, sí, sí, no, muchacho, pero cuando bajaba la mano, Pío, piérdete.

Amaury. Oye, tú sabes que hay una cantidad de cosas, de clasificaciones, debo de concentrarme en esto: del humor verde, el humor negro, el humor blanco, etc. ¿tú compartes todo eso o…?

Ángel. Sí están todos esos tipos de humor. El humor que hago yo es el vernáculo, el transparente. Yo trato de no meterme con nadie. Hay gente que utiliza el público y le queda bien, a mí no me lo aceptan.

A mí en Cuba no me aceptan que yo me meta con la gente. A mí en Cuba no me aceptan la mala palabra; a mí en Cuba no me aceptan muchas cosas por la imagen tan fuerte de Antolín. Aparte, a mí no me hace falta ir a ningún recurso de esos para hacer reir, yo hago reir con mi onda.

Amaury. ¿Qué diferencia hay cuando vas al interior a hacer humor, cuando lo haces en la capital y cuando lo haces en el extranjero?

Ángel. Yo hago el mismo. ¿Qué pasa?, en el extranjero quién va a ver a Antolín en el extranjero, lo mismo en Canadá, que en México, no sé, que en España, son los cubanos que conocen a Antolín. Son los 300, 400 cubanos esos que están ahí, que te van a ver.

Ya cuando es música, que es otra onda, es otro lenguaje, la gente del sonido, la música, van otras gentes, pero a mí me van a ver los cubanos, son los mismos cubanos que están aquí. Y sí, te quieren ver por nostalgia, porque quieren ver cosas de Cuba, ya uno lleva tiempo en esto. Yo hago lo mismo en el Heredia, en el teatro, que en la televisión. Como que es transparente lo puede ver cualquiera, no es ofensivo ni nada. Quizás en el cabaret suba un poquito la parada.

Amaury. Y la diferencia entre La Habana y el interior.

Ángel. No, pa’ mí es la misma, es lo mismo. ¿Qué habanero no tiene un pariente en el campo, como dice Adalberto?

Amaury. Sí, claro.

Ángel. Es así y son épocas de la onda esa de la manhatan, esas cosas que la vivieron todos los cubanos.

Amaury. Pero yo pensaba en la trascendencia de tu arte a nivel internacional pensando en Cantinflas. O sea, Cantinflas es el prototipo del mexicano disparatero.

Ángel. No, pero cuando van a verme, un ejemplo, cuando los mexicanos van a verme, disfrutan mi trabajo, yo te digo que mayormente son cubanos… cuando hay un cubano que te recomienda, como casi siempre la promoción es pobre, cuando uno va, que uno es de pocos recursos, la promoción es por celulares, mensajito y cosas de esas.

Ya con una promoción seria sí. Ah, en Venezuela me han visto miles de venezolanos y funciona, y es cuando más cubano soy, fíjate, cuando hago más cosas de aquí, cuando más estoy en el surco, es cuando más funciona. Todo este lío de las guarachas y todo eso, cambio algunos códigos, algunas palabritas.

Amaury. ¿Las combinas cuando estás en los espectáculos por ahí, combinas las canciones? Yo recuerdo un chiste que tú hacías que vinculabas una canción mía con una de Pablo…

Ángel. Sí, sí, ese era un poema que hacía la Pía.

«Con 2 que se quieran» Ángel García (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Ángel García (Parte II)

Amaury. Sí, de la Pía era algo con Rabo de nube; Hacerte venir, y Como un rayo en mi interior, ¿no?

Ángel. Sí, pero ya yo tengo muchas guarachas de esas y ya sé lo que funciona. Un ejemplo, la guaracha entre marido y mujer, todo el mundo sabe que entre marido y mujer nadie se debe meter, todas esas cosas funcionan, por lo menos en la lengua hispana funciona fácil.

Amaury. Ahora, alguien ¿tú crees que las personas que te conozcan, tus amigos, te pueden tomar en serio? ¿O siempre están esperando el chiste?

Ángel. Sí, el que me conoce bien sabe que yo soy serio, el que no…,  mucha gente no, el que no me ha conocido, dirá, este es un barco, este tipo debe ser un loco, por la imagen que tengo, es una imagen muy fuerte de…, Gracias a la vida que tengo esa imagen y que la gente me quiere como tú dices. A mí me quieren, es muy difícil que me vean en una cosa seria. Compadre, no cojas lucha, tú eres un tipo que haces reír a este país, tranquilízate, eso se resuelve.

Amaury. Además tú das una imagen de mucha fortaleza, de mucho rigor. ¿Qué pone triste a Ángel García? ¿Qué te hace llorar?

Ángel. Las acciones, cuando tú quieres a una gente, que tienes un amigo que tú lo quieres, a veces acciones de la misma familia, que tú tienes un amigo que tú lo llevas de verdad y tú sabes, este tipo no puede ser tu amigo. Por qué es tan “miki”, por qué me hace esto y no sé perdonar, yo quisiera tener la cultura esa, que tú me haces un desaire por gusto, una mala acción…, que a mí sí no se me olvida mañana. Yo no estoy preparado para eso, ya. Yo nunca te voy a hacer eso a ti. Me lo hiciste a mí, ya.

Amaury. Y se acabó.

Ángel. Sí, si, sí, se acabó, se acabó.

Amaury. ¿Tú no eres religioso?

Ángel. No, no. Creo un poquito en Dios, creo en Dios. A veces, Ay, Dios, ayúdame, pero yo no soy…

Amaury. …pero tú no eres de vasitos de agua.

Ángel. No, no.

Amaury. De espiritismo.

Ángel. No, ni tampoco de lo otro. Yo respeto un poco eso. Una vez me dieron un fuetazo en un ojo en un despojo, que por poco lo pierdo y más nunca fui.

Amaury. ¿Has pensado alguna vez hacer un papel que haga llorar?

Ángel. Chico, yo creo que el primero que se va a reír soy yo. Yo no. Quisiera que un día que me dieran el chance… A Roly Peña que siempre está haciendo Tras la huella, Día y noche. Le digo: oye, Roly, dame un chance para hacer un guajiro delincuente. Quisiera, le he dicho, no es por un problema económico, prueba y si no funciona… Quisiera hacer una cosa algún día que me…, va y lo puedo hacer, pero como que nunca, no sé.

Amaury. Pero fíjate, uno de esos personajes de las telenovelas que están diseñados para hacer llorar al televidente.

Ángel. Agáchate que ahí viene la galleta, yo no sé, va y lo puedo hacer, porque condiciones para eso tengo, pero el lío es que convenza, va y lo hago y yo dando gritos y la gente riéndose en la casa. Yo con perreta y la gente muerta de risa.

Amaury. Tú no sientes, a ver, ¿cuántos personajes tiene Angelito muy bien diseñados?

Ángel. Mira, tengo que funcionan bien: la Pía, la Guajira y Antolín. Yo hago un gay, que supuestamente es un hermano gemelo de Antolín, pero me es muy difícil, porque la Pía es muy fuerte y ambos se me van por la cuerda de lo femenino.

Quizás el día que haga ese personaje, no debo hacer la Pía, o no debo hacer la Guajira. Porque no es la misma cuerda, pero están en la onda de lo femenino.

Amaury. ¿Y tienes pensado crear más personajes?

Ángel. Yo no sé.

Amaury. No sientes que te encasillas en esos personajes.

Ángel. No, no me voy a encasillar en nada. Mira, Bernabé nunca se encasilló.

Amaury. Nunca en la vida.

Ángel. Ni Chaplin, ni Cantinflas, esas son palabritas modernas, que si se encasilla. Igual que los actores de novelas que: no, me tienen encasillado. No la hagas. Sí, sí, igual que tú digas: a mí me tienen encasillado en la Trova. No la hagas ¿es verdad, figura?

No, porque tú haces lo que tú entiendas. Sí, sí, nadie encasilla a nadie. Yo hago Antolín porque Antolín funciona. Va y un día, ojalá que para mí, yo, a mí nunca me ha dirigido un director. Yo quisiera que un espectáculo mío lo dirigiera un director de teatro.

Un  buen director que me diga a mí; mira, esto está mal hecho, está sobreactuado, sin perder la onda mía, como dice Ginori, tú no puedes perder el surco. Porque si te vas a los códigos del teatro exacto, va y deja de ser Antolín, ¿no?

Pero a mí los personajes. Mira, Antolín es mi papá; tú ves a mi papá aquí, y es Antolín, eso vino solo. Y la guajira Lela, esa que hago yo que habla, “oye, oye,” es una hermana de mi mamá.

Amaury. ¿Cómo habla? (risas)

Ángel. Así, como hablan los guajiros en el campo: “Oye, bello, bello, bellísimo”. Esa gente que habla, “tienes el pelo bello, bello, bellísimo”. Hablan así. Y la Pía, la Pía es la otra onda, que fue lo primero que hice yo. Los personajes vienen solos. A mí me vienen solos.

Amaury. Has hecho pequeño personajes en el cine…

Ángel. Sí, tan pequeños que ni se ve en los créditos.

Amaury. ¿Te gustaría hacer cine?

Ángel. Sí, yo sí, claro que sí. Yo no sé qué espera el ICAIC para explotar esto. No, no es muela.

Amaury. Aquí están los productores del ICAIC.

Ángel. Sí, ya yo se lo dije al vicepresidente del ICAIC que me saludó, no me saludes, ponme una cámara alante. No, no, pero esas cosas son así, esas cosas vienen cuando tienen que llegar.

Amaury. Angelito, tuviste hace poco un programa de televisión muy exitoso, ¿cómo se llamaba?

Ángel. “No quiero llanto”. Funcionó, a la gente le gustó mucho, era un programa muy sabroso.

Amaury. ¿Cuántos programas hicieron?

Ángel. Hicimos nueve.

Amaury. ¿Nueve nada más?

Ángel. Y debemos hacer para el verano ahora más, creo que la televisión tiene interés en hacer diez o doce más, por etapas.

Amaury. ¿Y por qué no dejarlo como un programa fijo durante un año, año y medio, dos?

Ángel. No, no, porque me quemo, ya la gente si te agarra todas las semanas, dice: Ah, lo veo la semana que viene. No, no, que sufran para ver al figurín. Y, mira, hace muchos años tú dijiste que a ti te gustaba estar en el pelotón.

Te preguntaron si te preocupaba mucho la popularidad y tú dijiste que no. Es bueno estar en el pelotón, ahí, que la gente te siga. Ya me conoce toda Cuba, no es para estar todos los días en la televisión, con cosas así que me aporten, que tenga deseos de hacer.  No hacer por hacer televisión.

Amaury. ¿Pero quieres hacerlo así, por temporadas como…

Ángel. Sí, “prison brik” ¿se pronuncia así? (risas)

Amaury. Sí, bueno, más o menos, así lo pronuncias tú. (risas)

Ángel. Yo tengo mi perreta con en el labio. (risas)

Amaury. Oye, ese sombrero.

Ángel. No, ni me hables de eso. Ahí dónde tú lo ves, me tuvo como 15 días con anemia al lado de un restaurante. Yo lo miraba y le decía: mañana te agarro.

Amaury. ¿Pero tiene algo especial?

Ángel. No, no, esos sombreros son caros.

Amaury. Bueno, no se deforma, por lo menos.

Ángel. No, yo lo que es sombreros y botas… Yo tengo botas de todos los animales, todos. Chipojos, curieles, lagartijas. En el cuarto tú sientes, cuac, por lo que se arma en el closet, el otro día me iba a poner las de chipojo y fueron pa´l techo, cri, cri. (risas)

Amaury. Hace un ratico me hiciste un pedacitico de la guajira Lela.

Ángel. La guajira Lela es la hermana de mi mamá y yo… ahora Iván me esta escribiendo un monólogo bueno para Lela y un horóscopo para la Pía que van a ser un palo. Tú sabes que a la gente le gusta mucho la onda del horóscopo.

Y Lela es la clásica guajira que yo hago como cuando  habla una guajira por teléfono. La verdad que las mujeres en la ciudad se echan el pelo para atrás con swing, las guajiras soplan así. (risas) Y ella por ejemplo en una llamada por teléfono, que suena el celular, que no sé qué y ella se pone más o menos así:

LELA: Oyeee, operadora, a ver, a ver, uhmm, Habana 8302014  Oye, ¿cómo anda? Antolín, tu hermana, un beso. Niño, Yunisleydi, bájate. Nada, Antolín, los niños tuyos jugando con los puercos aquí arriba de la cama. Y hablando de puercos ¿cómo tú andas? Ay, vas a tener que venir a Manacas, hay una puerca que parió un puerco que no tiene cuello que todo el pueblo dice que es tuyo. Y por ahí para allá sigue, sí, porque los guajiros son locos a la onda de los animales. (risas)

Amaury. Sí, a criarlos y a amarlos. ¿Y la Pía? (risas)

Ángel. Él me está buscando la lengua a mí (risas) Yo tuve una yegua que yo la sentaba en la peluquería, la más linda del municipio (risas) una vez Eduardo Antonio me regaló un par de pupilentes y se los puse.

Amaury. No puede ser, no puede ser. (Risas)

Ángel. ¡Ay, trágame tierra! Oye, no, la Pía, bueno, para que la gente vea que hay condiciones histriónicas. Ahora voy a hacer la Pía. Imagínense a la Pía, rubia, no sé, tipo María Antonieta, una onda así, más o menos que habla así.

LA PÍA: Bueno, mi amor, para mí es un placer estar acá en tu “progam” y, acabo de regresar de un Festival muy importante, el Festival de Río. No de Río de Janeiro, sino del Río Sagua, que es un Festival que se hace para recuperar materia prima. (risas)

Deja explicarte, Amaury, porque bueno, yo sé que tú escuchas mis canciones para dormir. Ahora tengo una del murciélago Cu cú, que es la última canción que acabo de hacer. Y este Festival de materia prima consiste en que llevan a dos cantantes famosas, a mí, con una amiga mía siempre. Y nos llevan al río, y nos ponen del lado del río para recuperar materia prima. Y entonces los guajiros de la zona se sumergen y todo lo que encuentran te lo tiran. La mama que más leñazos aguante, es la que gana el Festival.

Yo fui con una amiga mía cantante que salió muy mal porque le tiraron un guardafangos de Zil 130, que por poco la matan. A mí me dieron con un motor de arranque YUN, pero bueno…,

Ángel. Y, por ahí para allá la Pía es así, la Pía es un vacilón.

Amaury. ¿Y Antolín, Antolín es la joya de la corona?

Ángel. Sí, Antolín es el tipo. A mí Ginori me dijo, cuando yo hacía la Pía, En la viva, y cuando Ginori vio a Antolín en el Carlos Marx, me dijo: a partir de ahora, todo lo que tú hagas son comodines de Antolín. Yo utilizo a la Pía y a Lela como comodines a Antolín. Antolín es el tipo que lleva el espectáculo, y ellas entran y salen, pero es bonito, es bonito.

Amaury. Has un poquito Antolín, pero con el cagua y el tabaco…

Ángel. …Con el cagua. A ver donde caigo… (risas)

ANTOLÍN: Aquí hay un actor, tú estás eriza’o. Llama a Robert de Niro y dile que no venga, Brat Pitt está con perreta. Oye, déjame decirte, Amaury, que tú tienes delante el talento interno bruto más importante de este país (risas), único caso en Cuba que en primaria conoció seis ministros de Educación. Yo estaba en sexto grado y el niño mío en preescolar.

Aquí donde me ven, yo he pasado un trabajo duro, duro. Yo tenía una colchoneta en La Habana que le chiflaba y me caía atrás. Sabía que había que darle hospedaje.

Tenía seis de hemoglobina, no hablaba de día para actuar de noche. Época dura que vivió el maestro, un desamparo textil que sólo Dios lo sabe.

Era cuando se cambiaba en Cuba oro por ropa, seis meses me pasé velando los dientes de mi abuelo. Yo miraba al viejo y decía: tú te vas pero el rodamiento es mío (risas).

Yo y mi hermano nos dimos una mano de piñazos por un colmillo, que de eso hace 30 años y todavía nos miramos de lado. Y tú sabes que tú dabas oro por ropa, y cuando aquello me dieron un Franco Puggy, que eran los jeans aquellos que vendían, y a la vieja mía le dieron un Toscani, que era el que tenía el floripondio, un día se le cayó un pétalo y quería matar a la gente. Y a aquellos jeans la gente le echaba vinagre con sal para que no perdiera el color. Yo tenía tanto vinagre son sal en mi cuerpo que tenía la espalda adob’á. Yo estaba, que veía un gato y me mandaba a correr. Y ya sigue por ahí pa´allá. (risas)

Amaury. Oye, yo quiero preguntarte una cosa que es pesada de hablar, pero, la rivalidad, cuando estás en un espectáculo con varios humoristas ¿hay rivalidad entre ustedes?

Ángel. Sí hay revalidad, pero a veces es una rivalidad sana porque, nos damos chucho, si no, hay un dicho muy popular entre los humoristas, hace muchos años aquí en La Habana, cuando un humorista no gustaba, la gente decía: llévatelo, Virulo, llévatelo, Virulo.

Entonces cuando tú estás mal, porque hay días que tú estás mal, cualquiera, Iván Camejo, Omar Franco, Doime, no sé empiezan a gritar: Llévatelo Virulo.

Hay una rivalidad pero es… hay rivalidad como en todas las cosas, como el que quiere hacer el equipo Cuba, como el que quiere estar en la pantalla, pero no, en el caso mío yo me alegro mucho que a la gente le vaya bien.

Amaury. Pero no llegas a tener enemigos.

Ángel. No, no, no.

Amaury. O sea, cuando has hablado de decepciones con amigos y eso, no te estás refiriendo a los compañeros que trabajan contigo.

Ángel. No, no, hasta ahora no.

Amaury. ¿Quiénes son los humoristas cubanos que más admiras? De antes y de ahora, esa es la parte más complicada.

Ángel. Mira, me gusta mucho Leopoldo Fernández, Mimí Cal era muy simpática, por lo que he oído, no la he visto, pero por lo que he oído de la radio. En México se pasan todos esos programas todos los días por la radio.

Amaury. Era muy simpática Mimí Cal.

Ángel. Ya más para acá, sí, en televisión, Bernabé, un clásico del vernáculo en Cuba, Miravalles, yo creo que era el mejor actor, como actor era de los grandes. Santiesteban, Montezuma, quizás se me quede alguien de los…

Amaury. Bueno, de los clásicos.

Ángel. De los de verdad. Bueno. Ya Bernabé te lo dije y ya para acá.

Amaury. Los que tú más has disfrutado. Cuando estás en tu casa, mirando le televisión.

Ángel. Mira, es que yo con uno de los que más me río es con Gustavito. Yo soy fan a Gustavito, a mí las cosas de Gustavito me tiran para el piso. A mí no me importa si él no se ríe conmigo; yo sí lo disfruto. Gustavito es muy simpático.

Vaya, hay muy buenos humoristas en Cuba. Yo una vez hice un equipo de pelota de humoristas y no caigo más en eso, candela lo que me busqué.

Doimeadiós es muy bueno. Hay otros que no son tan populares pero son muy buenos, como Omar Franco.

Amaury. Omar Franco es buenísimo, buenísimo.

Ángel. Iván escribe muy bien y hace muy buena contrafigura, que no son personas que la gente los tiene identificados como -yo te estoy hablando de mi gusto, no del gusto del televidente-, no sé, Ulises gusta mucho también.

Riquimbili es muy simpático, no sé, el habanero, Pantera. El habanero, el chiquito ese es la candela, un tipo muy simpático de estos de los más jóvenes así, Silva, me parece que va muy bien y otros que se me pueden quedar, que me disculpen.

Amaury. Pero fíjate, que me has dicho puro hombre, ¿no hay mujeres humoristas?

Ángel. La que queda así, que es dura, esta mujer…, cómo se llama, la esposa de Mario Limonta…

Amaury. Aurora Basnuevo.

Ángel. Sí, más ninguna me gusta.

Amaury. Pero ¿por qué tú crees que hay tan pocas humoristas mujeres?

Ángel. Yo no sé, no sé.

Amaury. Porque antes las había. No sé, digo, había.

Ángel. Sí, ella me gusta. Esta chiquita que está empezando a colarse, la que estaba en ¿Jura decir la verdad?… La Mora.

Amaury. Y algunas que pretenden hacer cosas serias y uno termina riéndose por lo mal que lo hacen. ¿Eso no te llama la atención?

Ángel. Ah, hay cada personajes de novelas, que cambian en las novelas los vestuarios porque es lo mismo. ¡Muchacho!

Amaury. ¿Cuánto tú piensas, Angelito, que pierde el humorista que emigra? Que se va a vivir fuera de Cuba, por las razones que sean.

Ángel. Mira, voy a hablar de mí. Lo pierde todo porque ¿qué vas a hacer? Supón que Antolín se vaya de Cuba, Antolín, o lo que sea, ¿qué voy a hacer? Yo sé que yo caigo en Miami, hablando en plata y voy a ganar dinero y me han ofrecido dinero y yo sé que voy a ganar dinero.

Voy a ganar dinero, un mes, dos meses, tres meses y quizás un año. Pero voy a dejar de ser yo y yo no voy a dejar de ser yo. Antolín es de Cuba, Antolín es… lo mismo Ángel que Antolín, yo.

Cuando tú emigras pierdes tus raíces, pierdes todo aunque no quieras, por lo menos lo que hago yo. Yo te digo la pregunta que tú me haces. Antolín es muy cubano. Sí tú sacas a Antolín de la caña, del surco, de la yegua, del caballo, lo matas.

Y no Antolín, yo mismo, yo no pudiera vivir en otro país, no, no, yo no puedo con eso. Yo creo que ese es el fuerte mío -eso me lo decía a mí una vez Formell. Formell hablando conmigo: Oye, compadre, mira que a ti la gente te quiere- y es porque es un personaje muy cubano, es de aquí, Antolín es un pedazo de este país. Yo lo veo así. A mí me da risa cuando me dicen: oye ¿y por qué tú no te vas para aquí? este está loco. Y a mí me da risa y a  mí me han tirado a llevarme, sí, sí.

Amaury. Sí, yo sé.

Ángel. No me he puesto blandito, pero, (risas) no, no es bonche, yo siempre me llevo prensa cubana para no perderme (risas). Me vienen para arriba y agarro la prensa, rácata, rácata (risas). Pero no, no me han ido así con agresividad. Ahora, si a mí me dicen: mira, Antolín, tienes un contrato, vas a ir a España 20 días, 30 días y vas a grabar, o vas a llevar esto que tú haces aquí a España. A España o a cualquier país del mundo, ¿no? Yo lo haría con tremendo cariño porque lo que voy a llevar  es lo que yo hago aquí, pero tienes que venir aquí a alimentarte.

Quizás tú si estuvieras en otro país, tú no pudieras hacer las canciones que tú haces.

Amaury. Es posible, claro, es seguro, además.

Ángel. Y Formell no pudiera hacer lo que hace, ni Adalberto, porque pierden su cubanía, me parece a mí, va y estoy equivocado, pero bueno.

Amaury. Bueno, yo creo que no estás equivocado. De todas maneras quisiera resumirlo, ya que estás hablando de cubanía, estás hablando de perder el pulso a la cubanía y estás hablando de los humoristas que emigran. ¿Qué es para ti?…

Ángel. …Va y a alguno le va bien.

Amaury. No, le puede ir bien económicamente.

Ángel. Eso sí.

Amaury. Pero ese es un asunto totalmente divorciado del talento. Ahora, resumiendo esta entrevista que te agradezco, porque los televidentes, igual que yo, queríamos conocer a Ángel, ya que conocemos a Antolín y conocemos a la Pía. Resumiendo ¿qué es para ti ser cubano  y qué significa Cuba para ti?

Ángel. Ah, para mí. Yo sí soy orgulloso de ser cubano, de ser guajiro, de ser, de haber nacido en este país. Yo a este país le… yo sí le estoy agradecido a mi país, no es que… y a mí Cuba no me puede faltar, no es muela, no es muela de… A mí Cuba sí no me puede faltar ni… Vaya, es que no tengo ni respuesta para una pregunta tan fuerte. Yo soy, yo no soy Cuba, pero soy parte de Cuba, no sé si…

Amaury. Bueno, yo creo que tú sí eres Cuba y que todos nosotros lo somos. Muchas gracias.

Ángel. No, gracias a ti.

Amaury. Te quiero mucho y felicidades.

«Con 2 que se quieran» Vicente Feliú (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Vicente Feliú (Parte I)

“La nuestra es una canción de riesgo”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos, como cada semana, en Con 2 que de quieran, en el corazón de La Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama, su espíritu da vueltas por aquí y en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy, con la agradable sorpresa, también para mí, y espero que para ustedes, de contar como invitado, con uno de esos trovadores que ya es leyenda, con una obra sólida, un extraordinario amigo, un extraordinario compañero, y una persona que vale la pena conocer, Vicente Feliú.

Bienvenido, Vicentón, un gusto tremendo tenerte aquí. Dice la gente, y yo puedo suscribir ese punto de vista, que Silvio Rodríguez es tu mejor amigo. ¿Cuánto un mejor amigo puede convertirse también en el mentor de una persona? ¿Cuándo se conocieron?

Vicente. Nos conocimos, ¡figúrate tú!, febrero del 62. Los dos estudiábamos en la misma secundaria básica, cerca de aquí, en las antiguas Escuelas Pías, entonces ya, José Antonio Echeverría, en San Rafael y Manrique. Yo estudiaba en la escuela diurna y Silvio, como trabajaba, era dibujante de la revista Mella, tenía 15 años, pero ya trabajaba hacía rato, estudiaba en la escuela nocturna.

Y los dos embullados, muy imbuidos por los barbudos de la Sierra, por el proceso revolucionario de enero del 59, que nos agarró a todos, a ti también, entre 8 y 15 años, pues estábamos afiliados a la Asociación de Jóvenes Rebeldes. Él, como hacía dibujitos, pintaba el perrito Pucho en las pizarras, que siempre levantaba la patica y meaba al imperialismo. Y yo como era fuerte, fuertecito, tengo los mismos antebrazos de entonces, me decían Popeye, me pusieron responsable de Trabajos Voluntarios y Deportes. Y entonces nos conocimos justamente en las reuniones de la Asociación de Jóvenes Rebeldes y, ahí empezamos una amistad hasta hoy.

Amaury. Pero él es mayor que tú.

Vicente. Once meses y unos días. Él nació el 29 de noviembre del 46. Yo el 11 de noviembre del 47. Hay unos días ahí en que cumplimos la misma edad.

Amaury. Siempre me daba la esperanza pensar que Pablo era el más viejo…

Vicente. …Sigue siendo el más viejo.

Amaury. …Después venía Silvio y ya nosotros todos íbamos quedando como más jóvenes, más o menos todos somos de la misma  tropa.

Vicente. … De la misma tropa, pero tú y Sara son de la segunda camada…

Amaury. Sara es mayor que yo. Yo soy como decía un amigo: ¡Amaury, tú eres el más joven de los viejos trovadores y el más viejo de los jóvenes! Vicente, tu obra toda, obra que puedo presumir que la conozco bien, tu obra toda es un tratado de ética. No hay una sola canción en tu itinerario que no sea un canto a la ética. Cuando pensé hacerte la entrevista decía: es preferible poner las canciones de Vicente, las canciones de Vicente, desnudan a Vicente. ¿Estos son tiempos donde tú crees que los valores éticos que has defendido en tus canciones, en todos los sentidos, la ética en el sentido más amplio, crees que sobreviven?

Vicente. Mira, el mundo es una espiral, ¿no? y la historia es una espiral que nunca acaba, como dice Frank Delgado. Creo que este es un momento terrible, terrible en todos los sentidos, para el mundo y para nosotros, no solamente por la crisis económica y la crisis del capitalismo. Creo que hay una crisis de ética violenta, muy violenta. En nuestro caso empezó esa crisis a hacerse muy latente cuando empezó el Período Especial. Empezaron a trastocarse muchos valores, lo que hasta un momento determinado era correcto, ya no, había que dejarlo pasar porque lo incorrecto era lo que necesitábamos, ¿no?

Y creo una cosa, Amaury, y es lo que he tratado de sembrar siempre, no sólo en mis canciones, sino en cuanta persona me ha querido escuchar y, no son pocos, en Cuba y afuera, sobre todo trovadores más jóvenes. Esto se podrá ir a pique, todo, el mundo, la Revolución, todo, pero no hay que olvidar que estamos defendiendo cosas muy sanas, muy esenciales, que es la ética, o sea, no podemos olvidar a Martí nunca. No podemos olvidar nunca al Che, no podemos olvidar nunca a Cristo, no podemos, sencillamente.

Entonces la Revolución yo creo que ha salido, que sigue saliendo invicta porque una cosa es la Revolución, que es el sueño y otra cosa es el Estado, el Gobierno, que es el entorno administrativo que se ha encontrado para realizar ese sueño, que puede ser mejor o peor, y puede estar mucho más sujeto a cambios que el sueño. Entonces creo que sí; yo sigo pensando en la ética, soy, digamos, de la vieja guardia. Lo increíble es que me he encontrado en América Latina una hemorragia de jóvenes trovadores que están buscando esa ética, que está renaciendo en América Latina otra vez, a pesar de que evidentemente va a venir un cambio feo hacia la derecha, pero siempre les digo, no olviden, nos podremos morir, pero esa idea, esas ideas por la que ha muerto tanta gente en Cuba, los veinte mil de Batista, y por ahí para atrás hasta Hatuey, esas ideas van a seguir siempre y van a volver a salir, igual que los malos vuelven a salir, y vuelven a tratar de joder, pero la bondad vuelve, la bondad vuelve, la bondad vuelve. Es una guerra eterna.

Amaury. Hablaste de los jóvenes trovadores y tú has sido como el padrino de muchísimos jóvenes trovadores, como bien tú decías, no sólo de trovadores cubanos, sino también trovadores latinoamericanos, hispanoamericanos, también en España. ¿Encuentras tú valores en esa generación, o sea, tú no lo haces paternalistamente? ¿Tú lo haces porque crees que hay…?

Vicente. No, no, para nada. Yo creo que sí hay muchos valores, o sea, yo estuve perdido de… no te voy a decir de los escenarios, porque nunca estuve en los escenarios, o sea, estuve perdido de moverme realmente de una manera coherente hacia América Latina hasta toda la década del 80 y 90. En los noventa y tantos volví, a ver qué pasaba, cómo estaban las cosas y tuve la suerte de que había algunas personas en Perú, en Chile y en Bolivia, que podía moverme por esos lados, y descubrí que había mucha gente joven, y estaban todos buscando los orígenes, los orígenes que sabes quiénes son, o sea, los trovadores fundamentales: de Atahualpa, de Violeta, de Víctor, de qué sé yo. Bueno, y como yo andaba y lo he dicho siempre, por suerte, gracias a la vida, no soy famoso pero sí soy conocido, tenía la posibilidad de sentarme con ellos en la casa, en una esquina, en una peña, en un bar a cantarnos, sin que me estuvieran pidiendo autógrafos, etc. Entonces fui conociéndolos y trasladando ese conocimiento de cada uno al próximo que conocía.

Tuve una experiencia tremenda, que es que yo les mandé a los argentinos hace un par de años, un libro de Antonio Guerrero, un libro precioso, sus Poemas confidenciales. Sabemos quién es Antonio, uno de nuestros cinco hermanos presos en Estados Unidos, por luchar contra el terrorismo, para no hablar mucho. Entonces ellos decidieron trabajar la música de esos poemas, ¡mira tú!, ¡qué  cosa tan bonita!, lo que es capaz de hacer la solidaridad, la ética.

Amaury. Pero ese sentido de la ética en ti, es una cosa como congénita, molecular, tiene que haber venido de algún lado. Vamos a hablar del Vicente niño, del Vicente hijo. Háblame de tus padres y de tus hermanos.

Vicente. Mira, Amaury, mi apellido viene de Canet de Mar, en Cataluña, un lugarcito precioso, chiquitico. Allí Feliú, es como decir aquí Rodríguez, o sea, hay más Feliú, que… hay tres San Feliú, hay dos iglesias, hay una calle, es una maravilla, Feliú es Pérez, para explicar.

Entonces uno de esos Feliú vino en el siglo XIX, calculo, segunda mitad del siglo XIX, se estableció en Matanzas, se casó con una aragonesa y tuvieron un vínculo interesante con los mambises, o sea, con los independentistas. Este Feliú se llamaba Vicente Feliú Llinás, y su esposa se llamaba Aurora Silvestre.

Amaury. ¡Qué cosa!

Vicente. Aurora era amiga de Bonifacio Byrne. Entonces por ahí viene lo que tú quieras. Después, en los años 30, este mismo hombre, mi abuelo Santiago Feliú, estuvo vinculado a la Joven Cuba, de todas maneras vivía en Matanzas y uno de mis tíos, un tío político mío, era miembro del Comité Central de Joven Cuba y estuvo en el combate del Morrillo.

Pero la noche antes, en casa de mi abuelo, estaban dos personas escondidas que irían al Morrillo al día siguiente: Paulino Pérez Blanco y Carlos Aponte, el venezolano, y esa noche mi abuelo le regalño su revólver con el que murió combatiendo Aponte en el Morrillo.

Amaury. ¡Madre!

Vicente. ¿Seguimos, no?

Amaury. Sí, sí, sí.

Vicente. Este tío se llama Carlos Alfara, está combatiendo contra la dictadura de Batista. Primero a partir de varias organizaciones, y ya sí al final con el 26 de Julio, y el primero de enero del 59 lo coge escondido en casa de mi mamá en Párraga. Yo vivía con mis abuelos. O sea, no te hablo de mi padre y mi madre porque de pronto tengo una repartidera, de patrones femeninos y masculinos. Yo fui el primer hijo, el primer sobrino, el primer nieto.

Amaury. Y el de los ojos azules, además.

Vicente. Y el de los ojos azules además. Imagínate tú que yo fui fundador de los CDR, en el 60 y mi primera guardia la hice con una ametralladora Thompson de disco, con muescas en la culata que era de mi tío Carlos Alfara que me dijo: ¡mira, agarra! Yo tenía 11 años, aquello pesaba más que yo y yo con aquella mierda hice la primera guardia de mi vida.

Amaury. ¿Y quién cantaba en tu familia?

Vicente. Todo el mundo. Mi abuela era profesora de piano, por cierto tocó “La Polonesa”, de Chopin, el 7 de mayo del 35, a Carlos Aponte, porque él se la pidió. La interpretó a cuatro manos con un chelista de Matanzas. Mi padre cantaba, toda la familia de mi padre entona muy bien, incluso dos tías cantaban, pero que era una cosa impresionante. Una tía mía yo le cantaba una canción que acababa de hacer y la cantaba conmigo, yo decía: ¿cómo lo logra?, después supe que las segundas voces de la trova tenían una afición muy particular que te iban mirando los labios y te iban adivinando al microsegundo la nota, una cosa impresionante. Así era una de mis tías.

Y mi padre, hacía canciones muy bonitas, realmente preciosas y le hizo muchas canciones a mi mamá. Y yo, lo primero que toqué en mi vida fue una canción de mi padre, muy bonita. Lo segundo era un engendro espantoso, felizmente olvidado, ya mía y el piano que estaba en mi casa yo lo usaba para esconderme detrás de la retahíla de tías y tíos que te comentaba, para poder jugar, fastidiaba mucho, imagínate tú, tan chiquitico yo y tantas viejas y viejos.

Amaury. ¿A qué te gustaba jugar? ¿Cuáles son los juegos infantiles que preferías?

Vicente. Qué sé yo, lamentablemente a algo que comentábamos en estos días, a los soldados y a los buenos y los malos. A los soldados, que los buenos eran los americanos y los chinos que eran, coreanos, ta, ta, ta (imitando sonido de ametralladora), y si no a los indios y los cowboy, los muñequitos.

Yo tuve una pistola de municiones, que era una réplica de una 45 y una escopeta de peerless, con la que matábamos los ratones de mi casa.  Una casa vieja que hay en la calle Neptuno, que tú conociste.

Amaury. Sí, y ahí estaba Esther.

Vicente. Exactamente.

Amaury. A ver, hablemos de Esther porque cuando se habla de las madrinas y los padrinos de la Nueva Trova, a veces injustamente se olvida de Esther y yo la recuerdo como un ángel protector, no sólo tuyo, sino de Silvio, mío, de Noel. Háblame de ella.

Vicente. Mira, Esther trabajaba con Raúl Roa desde los años 50, antes de la Revolución. Eran amigos del viejo Roa, desde siempre, igual que Alfara y en el 59 empezó a trabajar en el MINREX, inmediatamente. Entonces le robaba, cuando empezamos la cosa de la organización de la Nueva Trova y tal, le robaba a Roa los papeles, las hojas, las presillas, la máquina de escribir, todo, o sea, la Nueva Trova salía del MINREX, que era de dónde ella se lo robaba y Roa se hacía el de la vista gorda, porque ella trabajaba en el despacho.

Amaury. ¿Y cómo era lo de tus hermanos? Porque la gente dice: ¡Sí, Santiago es hermano de Vicente, pero no son hermanos del mismo lugar!

Vicente. El problema es que, acuérdate que aquel Vicente se llamaba Vicente Feliú Llinás. Su hermano se llamaba Santiago Feliú Llinás. Vicente el que llegó aquí, tuvo dos hijos varones y hembras. Vicente Feliú Silvestre y Santiago Feliú Silvestre, mi abuelo, que a su vez tuvo dos varones Santiago Feliú López y Vicente o sea, todos son Santiagos y Vicentes del siglo XIX para acá. Mi papá se divorció de mi mamá en el 60 ó 61, ya había nacido yo y había nacido Santiago Feliú Miranda, mi otro hermano, a quien le dijeron Roni desde el principio que debió llamarse Ronaldo Santiago, pero como era mi abuela la que inscribía, mi abuelo era abogado, pues le puso Santiago Ronaldo, en vez de Ronaldo Santiago, bien, se divorcian. Se vuelve a casar mi papá y tiene a Santiaguito. Mi abuelo se estaba muriendo, y mi abuela quiso ponerle otra vez Santiago y se llama Santiago Feliú Sierra. Santiago Vicente Feliú  Sierra, para colmo. No, entonces es muy difícil.

Amaury. Si yo tuviera tu memoria, estuviera adivinando el futuro, la verdad. Si usted quiere algún día que le hagan el árbol genealógico suyo, se lo cuenta a Vicente y él lo recuerda todo.

Vicente. Me ha costado.

Amaury. Vicente, no, pero vaya, el tratado familiar que tú me has hecho, yo me he quedado…

Vicente. …Sigue la cosa.

Amaury. Vicente, yo creo recordar que tú eres una persona muy enamorada.

Vicente. De todo, de casi todo.

Amaury. Vamos a hablar de las mujeres.

Vicente. Hay una canción que estoy tratando de hacer, ya tengo un verso, pero no sé cómo seguir que dice: “Salvo las de mis amigos y mi familia, me gustan casi todas las mujeres”…

Amaury. Mejor entonces dejémoslo ahí. Ahora vamos a dar un pequeño salto, vamos a llegar al año 72, el año de fundación de la Nueva Trova. ¿Tú crees que aquel movimiento espontáneo, que surge espontáneamente, sobre todo los fundadores, hablo de ti, de Eduardo Ramos, de Martín Rojas, de Silvio, de Pablo, de Noel… aquel movimiento que surge espontáneamente, puede haber sido beneficiado o lastimado a la hora en que se convirtió en una Institución?

Vicente. La Nueva Trova fue un movimiento estético y creo que lo sigue siendo, ahora, la organización es lo que se le ha dado en llamar el Movimiento de la Nueva Trova. Esa organización yo creo que lo que más lastró fue que a alguno de nosotros nos robó mucho tiempo para hacer canciones y para seguir una vida, digamos lógica, dentro de la evolución del cantante, del trovador, o del compositor como tal.

Ahora, la organización yo creo que sí funcionó y que funcionó  muy bien. Sobre todo por dos razones: una, para demostrarle a las burocracias políticas, culturales, estatales en general, que tenían que enfrentarse no ya a Silvio, porque era pelúo; o a Pablo porque había estado en la UMAP, no, no, no, tenían que enfrentarse a una institución que estaba auspiciada por la Unión de Jóvenes Comunistas pero realmente solicitada su organización por la alta dirección de la Revolución. ¿Quién? No sé. Puede que hayan sido muy altos dirigentes de la Revolución. De Haydee Santamaría hacia arriba.

Eso por una parte, de pronto hubo un muro contra los burócratas, que dijeron: ¡bueno, esto está apoyado, así que no hay problema! bum, y empezaron a apoyarlo. Y, algo que en fin suele ocurrir, de pronto se abre un banderín donde entra medio mundo. Claro, ahí entró todo el mundo. Entró el creador, los trovadores propiamente, o sea, gente que componía y cantaba sus propias canciones, algunos intérpretes, que aunque no compusieran eran indiscutibles, metidos por ahí, como Tatica, como Sara, que no era compositora en ese momento…

Amaury. Y Miriam, ¿no?

Vicente. Miriam ya había hecho sus canciones. Sara empezó después. Pero también estaban los directores de grupos, muchos de los cuales eran compositores ya y miembros del grupo.  Yo creo que muchas personas piensan, que ya los trovadores no cantan como cantábamos en los 60, no hay manera, todo cambió para bien y/o para mal, para ambas cosas. Creo que además, en esos años 60 y principios de los 70, todos nosotros tendríamos la adolescencia, la primera juventud, que como quiera que sea, ahí uno, en esa época, como dice un amigo, Ciro Benemelis, a los 20 años uno es un incendiario y a los 40 es un bombero. Yo creo que no siempre, creo que a los 40 uno puede seguir siendo un incendiario, pero de otra manera, o sea, no le prende fuego a todos los cañaverales, le prende fuego al que toca, ¿no?

Yo creo que los esenciales de los fundadores de la Nueva Trova, de una u otra manera han seguido siendo subversivos, necios, insoportables, inmetibles, agresivos, audaces, en fin, revolucionarios. Y las generaciones que han venido después, cada cual a su manera, con las herramientas que han tenido, con las influencias que han tenido, con el entorno ético…

Amaury. …Y también cambiante.

Vicente. …Y también cambiante, han hecho canciones no complacientes. Ah, un día tú quieres complacer porque hay cosas maravillosas, sí hay cosas maravillosas. Nosotros no estamos en contra para nada, ninguno de nosotros ha estado en contra de la Revolución. Sí de medidas que se han implementado a nombre de la Revolución, sí hemos estado en contra y seguimos.

Amaury. Tú crees que en los tiempos que corren, la canción explícitamente política, un mensaje explícitamente político, en un mundo lleno de escapismos y de tener a la gente pensando lo menos posible, ¿tiene todavía una utilidad? ¿Es necesaria?

Vicente.  Yo creo que sí. Lo increíble Amaury, es que muchas de las canciones que hicimos todos nosotros en los años 60, ahora mismo parece que se hicieron ayer. Esta canción, es una canción de riesgo, es una canción de lucha, es una canción de amor, por supuesto.

Amaury. ¿Hay un público que la recibe?

Vicente. Ahora hay un público.

Amaury. ¿Ahora hay un público en América Latina que la recibe?

Vicente. Un público que la recibe. En Honduras ahora mismo con todo lo que ha ocurrido, ha aparecido una canción de una mexicana, que si no recuerdo mal, dice: “nos tienen miedo, porque no tenemos miedo”. O sea, cuando un pueblo no tiene miedo es terrible lo que arma, se convierte en subversivo y le da terror a los asesinos, terror porque la gente no les teme, no tienen ese temor que los sicarios quieren meterte, dicen: ¡a mí plin! ¿Cómo que a ti plin, si te voy a matar? ¡Mátame! Ah, y ahí mismo se murieron de miedo los aterrorizadores ¿entiendes? Eso es terrible.

«Con 2 que se quieran» Vicente Feliú (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Vicente Feliú (Parte II)

Amaury. Tú me hablaste de Bolivia, eso me hizo recordar una historia que debemos hacerla, una historia larga, pero debemos hacerla brevemente en televisión. Cuando tú, Augusto Blanca, Lázaro García y Sareskita Pantoja van a Bolivia. ¿Cómo fue esa historia, porque hasta yo la tengo desdibujada?

Vicente. Año 1980, como en marzo o abril, viene la invitación a Silvio, Pablo, Noel y a mí, para cantar en un Festival Universitario que se iba a celebrar en La Paz y en Cochabamba, no me acuerdo bien, en dos lugares. Digo, bueno, está bien, pero Silvio no podía ir. Silvio y Pablo estaban en no sé dónde, Noel estaba en no sé qué otro dónde, Sara también, en fin no había nadie aquí y digo, mira, yo te propongo otra gente, o sea, para dar una posibilidad de más apertura, ¿no?

Pero ya empieza a complicarse la cosa, viene en abril lo de la embajada de Perú aquí, y hay el éxodo tremendo, extraordinario…, bloquean a todas partes y en Bolivia matan a un sacerdote, a Lucho Espinal, por esos mismos días y se empieza a rumorar, se empieza a gestar un golpe de Estado, de los tantísimos que se habían hecho en Bolivia de extrema derecha. Entonces de pronto yo me doy cuenta que sí hay que ir, porque nos están bloqueando todo, todo lo que sale de Cuba y de pronto aquello se está  poniendo interesante.

Digo, espérate, y propongo irnos para Bolivia a Rodrigo y a dos trovadores del interior de la Isla, fundadores de la Nueva Trova -uno de Oriente, Augusto, y otro, Lázaro, del centro, y, porque además Augusto había estado conmigo en Chile, había estado conmigo en Etiopía, yo sabía que Augusto sabía disparar. Lázaro y yo habíamos estado en Angola juntos en la guerra. Entonces, por si aquello se pone difícil y hay que esconderse y tirar tiros, por lo menos sé con quién estoy, el problema era Sareskita, que era la novia de Rodrigo, y entonces, digo, bueno, Sareskita, cargamos con ella, si se pone malo aquello.

Y fuimos para allá y cantamos durante 11 días, hicimos 10 ó 12 actividades en La Paz, en Sucre y en Cochabamba. Y el último día, que ya habíamos terminado de cantar, teníamos dos días para regresar, se produce el conato de golpe de Estado. Nosotros no sabíamos que era el golpe de estado y fuimos a un lugar, donde debíamos ir en caso de que se diera -no debo decir dónde, porque aunque ya está muy quemada la persona, pero no vale la pena, mejor no-, y nos agarraron en el camino y dijeron: “pasaportes cubanos”, e hicieron zafra con nosotros. Tenían a un grupo de gente detenida  en un paredón y los sacaron de allí y nos dejaron a nosotros. Entonces ahí nos tiraron contra el paredón de espalda y nos fusilaron. Claro, que de mentirita. Igual a uno se le aflojan las patas, es terrible, porque no hay mucha gente que pueda decir: “¡chico, a mí me fusilaron!” y luego hacer el cuento. Uno de los pocos es Miguelito Mármol, un patriota salvadoreño que lo fusilaron dos veces y se murió de viejo aquí en Cuba.

Amaury. Yo recuerdo que algunos de ustedes llegaron golpeados.

Vicente. Todos, nos hicieron puré, o sea, estuvieron dos horas practicando kárate con nosotros. Yo llegué con dos costillas rotas; Sareskita con un riñón desprendido, Augusto casi no podía caminar y Lázaro es de goma. Augusto con la cabeza rota Augusto; yo no, porque la cabeza mía realmente es indestructible. La única vez que me partí la cabeza perdí  el conocimiento.

Amaury. Bueno, salimos de ese momento terrible, pero llegamos a Aurora. Aurora la de ahora, porque había una Aurora en Matanzas…

Vicente. Sí, mi bisabuela.

Amaury. La Aurora de ahora, porque Aurora ha sido…

Vicente. La sexta esposa de Vicente VIII.

Amaury. Sí, Aurora ha sido para ti una persona muy importante. Además Aurora es una gran persona y ha sido una esposa, yo puedo asegurarlo, ¡vaya! no vivo con ustedes, por supuesto, pero los conozco hace muchos años… ¿Cómo la conociste? ¿Cómo se conocieron? ¿Cómo ocurrió eso?

Vicente. Azar del destino. Aurora era amiga de todos los trovadores, menos de ti, que eras el más jovencito. Conocía a Silvio, conocía a Noel, conocía a Pablo y pensaba que yo era un cantante latinoamericano, porque conocía una canción mía, una de mis primeras canciones, al Che, “Una canción necesaria” y la tenía montada en el Pre con un sketch, ella trabajaba en el Círculo Social “Cristino Naranjo” con Corina Mestre, era oficial del MININT y había estudiado Historia del Arte.

Un día me encuentro a Corina, digo: ¡coño, Corina! ¿cómo tú  estás?, qué se yo. Y veo a una muchacha preciosa que me da dos pestañazos, es la versión que yo hago, ella hace otra, como es natural, ¿no?

Amaury. Estoy entrevistándote a ti, cuando la entreviste a ella, ya le preguntaré.

Vicente. Sí, entonces dio dos pestañazos y dije: ¿Qué es esto, nagüe? ¿De dónde salió esta mujer? Unos ojos preciosos, chiquitica. Era la antítesis de todas mis mujeres, tú las conoces, todas han sido grandes.

Amaury. Todas altas.

Vicente. Tipo rubias, esta era chiquitica, patiflaca, en fin, no voy a decir sus virtudes.

Amaury. Sí, porque esas son sus virtudes.

Vicente. Claro, claro, pero me fundió, digo: ¿esto qué es? Y ahí nos fundimos ya, nos empatamos…

Amaury. ¿Cuántos años hace?

Vicente. 31. No es poco.

Amaury. No, está bien, para aguantarte a ti, son muchos.

Vicente. Vamos a ver. Yo creo que una pareja no es de un sólo lado y lo más interesante, que es una cosa que sí me gustaría decir, y que quiero, o sea, nosotros no hemos sido una pareja, nosotros hemos sido como cinco, seis o siete parejas porque hemos tenido crisis tremendas, las mismas crisis que yo tuve con todas las parejas anteriores que exploté y me fui y de pronto Aurora ha tenido la extrañísima, curiosa virtud, de que yo me voy, pero de alguna manera regreso y ella me insulta, pero, ven.

Amaury. Pero te recibe.

Vicente. Porque esa es la pareja, las parejas tienen crisis y a veces esas crisis revientan una pareja. Si son lo suficientemente, no sé qué, cuál es el adjetivo, pero sobre todo si se gustan, más que si se quieren, que si se aman o no… si se gustan, porque la piel es la que define al final, si se gustan, yo creo que hay que empezar de nuevo eso. Sobre las ruinas de aquella pareja, otra nueva.

Amaury. ¿Cuántos hijos tienes, Vicente?

Vicente. Yo tengo tres hijos. Víctor…

Amaury. ¿Víctor también es músico, no?

Vicente. Víctor sí. Dicen los guitarristas de rock, que es un buen guitarrista de rock, Víctor Feliú. Cristian Soria, que no lleva mi apellido, pero eso es muy complicado y Aurorita, que canta, más que todo, pero es actriz, se graduó de actriz.

Amaury. ¿Todavía no tienes nietos, no?

Vicente. Tengo una nieta.

Amaury. ¿De Víctor, no?

Vicente. Sí, que va a ser bailarina.

Amaury. ¿Cómo se llama esa?

Vicente. Esa se llama Laura.

Amaury. Bueno, bueno… ¡No tenemos otra Aurora, o Vicenta!

Vicente. No, no. Laura.

Amaury. ¿A quién tú le hiciste “Créeme”? Porque la gente tiene una idea, pero a alguien tú le estás diciendo “créeme” y, no creo que sea específicamente al público…

Vicente. No, no chico, no sé…

Amaury. Tú no eres tan populista para hacer una canción…

Vicente. Yo estaba con una muchacha en aquellos meses de abril, con varias muchachas en realidad, de abril del 75 y supongo que en la madrugada por la tonalidad original en que la hice salió “Créeme” de arriba abajo. La primera persona que la oyó fuiste tú, ¿te acuerdas?.

Amaury. Sí, bueno, yo sé, por eso te hice la pregunta.

Vicente. En un acto en el que estaba Carlos Rafael y no sé quién más. Estábamos todos; Sara, Pablo, Noel, tú, yo. Yo te dije: ¡coño, Amaury, oye esto! Tú me dijiste: ¡tienes que cantarla ahora mismo! ¡Bueno, no me la sé! ¡Tienes que cantarla ahora mismo y ya, y pa´siempre! y yo dije ¡ño!, no me la sabía, estaba con la letra ahí…, era en La mayor, imagínate tú, ahora en Do me queda comodísima, por tanto supongo que la hice de madrugada para no despertar al barrio entero, a los vecinos. Acuérdate que yo vivía en la azotea de Neptuno.

Amaury. Es una canción que la gente te identifica y siempre hay un descreído por ahí que dice: ¿Por qué Vicente dice: “créeme que quiero ser machete en plana zafra”? Y les digo, es que ustedes no conocen a Vicente,  Vicente sería incapaz de mentir ni en una sola oración. Si él quería…, si en la canción él puso: “créeme que quiero ser machete en plena zafra…”

Vicente. …Ya había sido machete en plena zafra…Desde el 62.

Amaury. Hay una pregunta que no puedo obviar y que quizás es una pregunta que te entristezca, y me entristece a mí hacértela. Yo quiero hablar de Noel, que tú me hables de Noel.

Vicente. Mira, Noel yo lo conocí en marzo del 68, en aquel concierto de los tres trovadores, que se amplió a seis, al cabo de un rato en la Casa de las Américas. Ahí yo vi por primera vez a Martín, a Eduardo y a Noel. A Silvio lo conocía y a Pablo de lejos. Al otro día voy a casa de Argelia, a casa de Silvio, en Gervasio, y abre la puerta Noel. ¡Coño, Vicente pasa!, ya, amigos para siempre, para toda la vida. A partir de ahí, pues nada, hermanos, qué te voy a decir.

Siempre me acuerdo que Noel era muy crítico, en el mejor sentido de la palabra y en el peor también, pero en esto que te voy a decir, era el mejor. Decía: en esta canción, te me estás pareciendo a Fulano, este verso no es tuyo, dale vuelta, o sea, era un taller lo que hacía conmigo sin yo preguntárselo, pero era lo que hacíamos habitualmente. Nos cantábamos todo lo que teníamos.

Noel vivía muy cerca de donde yo vivía, el cuartico aquel de la calle San Nicolás no tenía agua, era cuando el agua viniera, que era no sé cuándo. Cuando el Niño o la Niña, qué sé yo, cuando hubiera agua, entonces él cargaba con la ropa en una mochila y con los platos sucios en la otra y a mi casa a fregar y a lavar, con Esther. Esther era casi la mamá de Noel, era más mamá de Noel que mía y teníamos un vínculo muy grande.

Amaury. ¿Qué significó su muerte para ti, para ti personalmente?

Vicente. Chico, no ha significado nada porque Noel no está muerto. Qué te voy a decir, yo no extraño a Noel, yo descargo con Noel. Estuvimos años sin hablarnos porque Noel era una cosa increíble. Siempre he dicho que Noel se avergonzaba de su ternura. Uno de los tipos más tiernos que yo he conocido en toda mi vida y después de mucho tiempo que no nos hablábamos, me acuerdo que estábamos en casa de Silvio, en un cumpleaños de Silvio, y entonces esa noche Noel canta una canción que a mí me hubiera gustado haber vivido, haber compuesto, haber sido Noel Nicola -no es que la hubiera compuesto yo- haber sido él, que es “Laura, milonga y lejanía”… Entonces cuando terminó de cantar la canción, le partí pa arriba, me le senté en las piernas, le quité la guitarra y le di un beso en la boca. Y le dije: ¡Noel, basta ya, basta ya!

Entonces ya, se acabó el cuento, todo el mundo se murió de la risa, Liudmila dijo, “al fin”; Aurora dijo, “al fin”, y ya, se acabó el cuento. Y nada es así… Cuando Bolivia, por ejemplo, cuando regresamos de Bolivia, de aquella historia que hicimos, estaba todo el mundo en el aeropuerto, fueron a recibir a los mártires de Bolivia, aquella historia que se dio tan sencilla, tan cómica. Y entonces el único que no estaba era Noel. ¿Por qué no estaba Noel? Porque estaba con mis tías, con mis viejas en Neptuno. Dijo: “No, no, yo espero aquí, no vaya a ser que a las viejas le de una terepe y entonces yo estoy aquí”. Después de toda la entrevista, la rueda de prensa en Casa de las Américas, que dimos ahí, todo lo que pasó, que llegamos como cuatro horas después a la casa, cuando subí, Noel me dijo: “¿Y qué, Bárbaro? Aquí están tus viejas, voy echando”. ¿Te das cuenta?, el detalle, el detalle, porque Noel era de detalles.

Amaury. ¿Cómo persona, cuál es tu mayor éxito, no como artista, como persona, tú mayor éxito y tú mayor fracaso?

Vicente. Mira, yo no tengo idea, no sé.

Amaury. Te arrepientes de no haber hecho algo.

Vicente. No, mira, yo no me arrepiento de nada. Lo que hice bien, bárbaro. Lo que hice mal, lo hice. Lo bueno, creo que de las cosas que uno ha hecho mal, ¿cómo es que decía Chaplin? Me encantan mis errores. No quisiera renunciar a la dulce posibilidad de equivocarme, o algo así.

Creo que lo que ha hecho mal uno, tiene que revisar para no volverlo a hacer, para no meter la pata en el mismo lado. Pero, pero nada, yo no sé, éxito, yo creo que sí, que he tenido éxito. Pero lo que sí he tratado de estar en todos los lugares donde he debido estar, y he estado en unos cuantos. También he estado en algunos donde no debía estar nunca, pero bueno, pasa, suele ocurrir.

Amaury. Entonces yo me voy a tomar la libertad de decirte cuál es tu mayor éxito y, eso es complicado: ser una buena persona. Tú eres una buena persona, un hombre decente y un hombre bueno, un buen amigo. Y yo creo que ese es un éxito del que uno puede vanagloriarse, incluso presumir de eso. Bueno, aquí al ladito mío, hay un animalito que tú hace rato que lo estás mirando, en este programa no se canta, ya sabes que no…

Vicente. Esto es una emboscada.

Amaury. …Que no se canta.

Vicente. Pero como tú me vas a hacer cantar, esto es una maravilla que me regaló…

Amaury. Eso es una belleza.

Vicente. Esto es una belleza, una petaquita bellísima que me regaló Elisa Berta, que es una artista tremenda, de Granada, cuyo esposo se llama Juan Trova.

Amaury. Vicente se sirve agua en esa cosita, no vayan a pensar que está tomando alcohol en televisión ni mucho menos…, eso es agua…

Vicente. Agua que te quema y no te quita la sed, como decía Juan Formell.

Amaury. Es agua de 90 grados…

Vicente. …95, es vodka

Amaury. Vamos a cantar y así es una manera como medio original de terminar un programa ¿por qué no? no terminamos nunca un programa así. Bueno, ¿qué cantamos?

Vicente. Vamos pa atrás, la que nos parió a todos.

Amaury. Vieja Trova.

Vicente. El que nos parió a todos, (Sindo Garay). Es la introducción…,”Perla Marina”…

Perla marina,

que en hondos mares

vive escondida

entre corales.

Celaje tierno

de allá de Oriente

tierna violeta,

del mes de abril.

Tú eres el ángel

con quien yo sueño

extraño idilio

de los poetas.

Alma sublime

para las almas

que te comprenden

fiel como yo.

Amaury. Muchas gracias, Vicente, te quiero mucho.

«Con 2 que se quieran» Eslinda Nuñez (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Eslinda Nuñez (Parte I)

“Los artistas curan el alma”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy nos acompaña una bellísima mujer, una excelsa actriz de cine, teatro y televisión y además ella ha sido otras cosas, ya nos irá contando. Mi querida y entrañable amiga, admirada, Eslinda Núñez. ¿Qué tal, Eslinda, cómo estás?

Eslinda. De lo más bien.

Amaury. Gracias mi vida, por aceptar venir.

Eslinda. No, gracias por invitarme.

Amaury. Tú naciste en Santa Clara, ¿cómo es la Santa Clara de tu niñez?

Eslinda. Mira, Santa Clara es una ciudad que yo quiero mucho, una ciudad que mucha gente me dice: ¡ay, pero no tiene mar!, no tiene esto, pero tiene a su gente que son gentes maravillosas. Son gentes muy emprendedoras, personas que les gusta leer, trabajar, adornar, adornar la vida. Mi mamá es una mujer que es un ejemplo. Mi mamá murió, pero siempre fue un ejemplo de lo que era una villaclareña para mí.

Amaury. ¿Cómo era tu mamá? Cuéntame de ella.

Eslinda. Bueno, mira, mami era una mujer para mí extraordinaria. Una mujer que no tenía cultura, pero de una inteligencia natural fantástica. Me ayudó mucho en la vida, fue, quizás ella y mi padre, los dos, fueron muy exigentes conmigo, conmigo y con mi hermano. Pero yo hoy en día agradezco esa exigencia, aprendí a ser exigente también, por eso, con mi hijo, con mi familia, porque me parece que por un lado hay que acariciar y por el otro hay que apretar también la mano con los hijos.

Y entonces mi mamá era así, una mujer muy tierna, una mujer que todo lo sabía hacer. Era alegre. Cocinaba como una diosa.

Amaury. ¿Heredaste eso?

Eslinda. Sí, sí, me encanta la cocina. Era una mujer que aunque no tenía dinero, tú siempre veías que ella pintaba su casa todos los años, aunque fuera de cal, con aceites y tunas, no sé, pero siempre la casa estaba resplandeciente. Y además, era una mujer muy alegre, le gustaba mucho salir, ir a comer a la calle, ir al cine, al teatro.

Amaury. ¿Y tú, cómo eras de niña? Tienes que haber sido una niña muy bonita, porque eres una mujer muy bonita.

Eslinda. No, no, no.

Amaury. ¿Cómo es eso? ¿Cómo uno se pone bonito? Entonces tengo esperanzas. (risas)

Eslinda. Mira, yo era la vergüenza de mi madre, porque en aquella época todas las niñas debían ser gorditas, hermosas y yo era flaca, muy flaca, con unos ojos enormes y un pelo grandísimo. Entonces mi mamá decía que yo era ojo y pelo nada más.

Fui una niña bastante tranquila, creo yo, mi madre decía que no, pero yo creo haber sido bastante tranquila. Siempre fui más adulta de mi edad, tenía un yo bastante fuerte. Me gustaba mucho hacer lo que hacen los niños.

Amaury. ¿Y eras estudiosa, sacabas buenas notas?

Eslinda. Era normal, sacaba notas normales. Con la matemática siempre tuve problemas. Con español siempre 100.

Amaury. A los Capricornios les pasa eso con las matemáticas. La matemática no entra de ninguna forma. ¿Y tú conociste a Manolito Herrera en Santa Clara?

Eslinda. En Santa Clara. Manolo, bueno…

Amaury. Manolito Herrera su esposo, un gran director de cine. Ustedes lo conocen, es el esposo de Eslinda Núñez, el esposo de toda la vida.

Eslinda. Sí, de toda la vida. Lo conocí y me hice novia de él muy joven, muy joven, a los 14 años. Fue una experiencia muy bonita. Lo que sucede es que en un momento determinado me creó un terror, porque de buenas a primeras Manolo empieza a trabajar con Titón  en la película aquella, La Batalla de Santa Clara, como un séptimo u octavo asistente  de dirección. (risas)

Amaury. También muy jovencito Manolito en esa época.

Eslinda. Sí, claro, porque él tenía un Cine Club en el Pre, ahí fue donde nos conocimos.

Amaury. O sea, el cine los unió también de alguna manera.

Eslinda. De cierta forma.

Amaury. Ya tú no eras la muchacha, en esa época, que eras pelo y ojos nada más, porque Manolito también es un hombre guapo.

Eslinda Bueno, pues me hice novia de hasta los 16 años, en que ya él estaba trabajando en La Habana, porque le habían ofrecido, después de haber trabajado en La batalla de Santa Clara, le ofrecieron trabajar, y él, ni corto ni perezoso dijo que sí, pero no pensó en mí, entonces yo monté en cólera, aquello fue terrible y entonces le dije que si no nos casábamos en dos meses, aquello se acababa.

Amaury. O tú te suicidabas o una cosa así.

Eslinda. No, no, no.

Amaury. No llegó a tanto, ¿no?.

Eslinda. No, no, pero sí se me pareció que… era como Los paraguas de Cherburgo, cada semana que iba a Santa Clara a verme, nos despedíamos en el portal con unos llantos horribles. Entonces yo dije: ¡esto no puede seguir!

Amaury. Se casaron, vienen para La Habana, Manolito sigue en el ICAIC, eso le corresponderá contarlo a Manolito en su entrevista, cuando llegue el momento. Pero tú tienes una relación todavía muy entrañable con Santa Clara, vas todos los años a Festivales de Cine allí. ¿Y cuál es la relación que tú tienes con Sagua?

Eslinda. En Sagua viví los primeros años de mi vida, viví una etapa de primaria, por ejemplo, creo que de segundo a quinto grado, cuarto grado.

Amaury. ¿Y por qué? Si vivías en Santa Clara, ¿por qué?

Eslinda. Porque mi padre se trasladó a Sagua a trabajar y entonces nos mudamos todos con él.

Amaury. ¿Y la niña que pintaba y que después ya en la Habana llega hasta exponer en la Plaza de la Catedral? ¿Dónde quedó esa pintora?

Eslinda. Bueno, mira, es en Sagua justamente que yo comienzo a pintar, era como una especie de obsesión por la pintura. Yo a veces interactuaba con todas esas cosas que yo pintaba. Entonces iba creando como historias, y en vez de escribirlas, lo que hacía era pintarlas. Y pienso que ahí empecé a actuar.

Amaury. ¿Qué cosas pintabas?

Eslinda. Historias, como novelas.

Amaury. ¿Pero te hubiera gustado dedicarte a la pintura de manera profesional? ¿Alguna vez pensaste…?

Eslinda. …Pensaba, pensaba, sí, pensaba seriamente. Como mis padres no querían que yo fuera actriz, esa era una de las cosas que más me gustaba, pues entonces pensaba que podía ser pintora.

Amaury. Sí, hubiéramos, a lo mejor, ganado una gran pintora y hubiéramos perdido una gran actriz. ¿Quién sabe? Son decisiones que uno toma en la vida. Pero también escribes.

Eslinda. Bueno, escribía.

Amaury. ¿Ya no escribes?

Eslinda. Muy poco. Hace mucho tiempo estuve tratando de escribir una cosa para la televisión, una historia sobre la vida de varias mujeres en un momento muy importante y, nada, nunca lo he concretado, nunca lo he seguido.

Amaury. ¿Pero por falta de tiempo o por una real falta de vocación?

Eslinda. Eso no lo sé, Amaury, eso cualquier día lo descubro (risas). Cualquier día lo voy a descubrir, porque en cualquier momento me voy a poner a escribir, seguro.

Amaury. Es que hay gente que dice: yo no tengo vocación para esto o aquello… Y sí la tiene, lo que no tiene muchas veces es el tiempo o el esfuerzo para hacerlo, es lo que suele ocurrir. ¿Y cuándo es que tú llegas a la Academia de Teatro Estudio? ¿Qué cosa era la Academia?, porque yo conozco el Grupo Teatro Estudio, pero la Academia Teatro Estudio.

Eslinda. Mira, esta era una pequeña Academia que había en Neptuno y Campanario y ahí, bueno, estudiábamos un grupo de…, o sea, ahí yo fui presentada a Vicente Revuelta, me hizo una prueba, me aprobó para entrar a sus clases.

Amaury. ¿Quién te entusiasmó para que fueras a hacer la prueba?

Eslinda. Bueno, me entusiasmó Manolo, Humberto Solás, Nelson Rodríguez y otros amigos. Entonces me presenté a la prueba, Vicente me aprobó y comencé mis clases, que para mí fue descubrir un mundo extraordinario porque aquello era como una especie de iglesia, donde cuando entrábamos, sabíamos cuando entrábamos, pero no cuándo salíamos. Y era un lugar tan serio, tan hermoso, donde yo me sentía que podía ser plenamente yo de verdad porque quizás en mi vida personal era una muchacha muy tímida, sumamente tímida. Todo me daba miedo y sin embargo, cuando me subía a un escenario hacía las cosas más increíbles que nadie podía imaginar, lo que la gente no podía imaginar, yo lo hacía.

Y con una pasión y con una veracidad y con una organicidad que yo decía: pero es que esto lo he hecho yo toda mi vida, lo he estado pensando, lo he estado haciendo en mis actuaciones en la escuela y todas esas cosas, ¿no?. Lo que pasa es que no sabía que tenían un nombre, que era el método Stanislavski, yo, por supuesto, hacía todos los ejercicios, el ejercicio de la soledad, el “sí mágico”, todas las cosas de Stanislavski, pero para la gente era una cosa muy…

Algunos compañeros míos me decían que le resultaba un poco complejo, que no sabían qué hacer con las manos, las primeras clases, ¿tú sabes? y para mí, aquello era estar como en mi casa. El escenario era algo extraordinario, me soltaba y disfruté mucho toda aquella etapa.

Amaury. ¿Quiénes eran tus maestros allí?

Eslinda. Bueno, tuve la suerte de contar con Vicente Revuelta, Raquel Revuelta, Ernestina Linares.

Amaury. ¡Madre mía!

Eslinda. Después, de ahí pasé a un grupo que escogió Julio Matas, el profesor Julio Matas.

Amaury. ¿Eso fue en Casa de las Américas, no?

Eslinda. En la Casa de las Américas, pasamos a la Casa de las Américas, y nos presentamos al público en la sala Las Máscaras. Fue una cosa de júbilo, porque descubrí que aquello era lo mío, realmente.

Amaury. Después pasas al Teatro Musical de La Habana, ¿Qué cosa fue el Teatro Musical de La Habana?

Eslinda. Mira, ese fue un gran momento en el Teatro Cubano, porque Alfonso Arau, que era el director del Teatro Musical.

Amaury. Mexicano.

Eslinda. Un actor y director mexicano, quería hacer de nosotros actores integrales. Quería que bailáramos, que cantáramos, que tocáramos un instrumento. Que lo mismo bailáramos folclor que ballet y por eso tuvimos una Academia bien fuerte. Entrábamos ahí por la mañana, a las 7 y tanto de la mañana y salíamos por la noche.

Amaury. ¿Con qué músicos compartían allí?

Eslinda. Leo Brower, Tony Taño y bueno, el Conjunto Folclórico Nacional nos daba clases también. Zoila Gálvez nos daba canto.

Amaury. ¡Bueno, pero bueno! (con admiración)

Eslinda. No, no, no, lo que teníamos era lo mejor, lo mejor, fue algo increíble.

Amaury. ¿Qué compañeros conservas de esa época?

Eslinda. …Bobby Carcassés.

Amaury. Bueno, ya sabemos…

Eslinda. …Miriam Socarrás.

Amaury. …Ya sabemos a dónde han llegado todos ellos.

Eslinda. Anjá.

Amaury. Estaba en esa época, ¿Mirta, estaba, no? Mirta Medina estaba o fue después.

Eslinda. No, fue después.

Amaury. Ella entró después.

Eslinda. Teníamos una hermandad, una unión, una cosa tan linda en el grupo, fue un trabajo muy lindo. Estuve ahí durante mucho tiempo preparando los inicios del grupo. Pero tuve una dificultad. Primero me llamaron a hacer cine El otro Cristóbal de Armand Gatti y luego un día voy a ver Fuenteovejuna, una obra de teatro dirigida por Vicente Revuelta, me quedé fascinada con la puesta en escena, me quedé tan entusiasmada que dije: ¡no, no, esto es lo mío, yo no voy a hacer comedia, yo no voy a…!

Amaury. ¡Qué cosa!

Eslinda. ¡Ah, sí! Esa estupidez la cometí en ese momento, pero bueno en aquel momento me pareció lo acertado. Tú sabes que uno comete errores.

Amaury. Sí, abandonar la comedia, que está muy vinculada, por supuesto, al humor e irte a lo serio. ¿Te pareció que lo serio tenía más valor. Te pareció que si tú hacías un teatro…?

Eslinda. En ese momento.

Amaury. Más serio y dramático.

Eslinda. Me sentí, me sentí muy necesitada de hacer eso.

Amaury. Ahora, una cosa, Eslinda, yo te quiero preguntar. Últimamente yo he estado escuchando en la televisión sobre todo y en entrevistas a muchos actores jóvenes, que están retomando la idea peregrina, al menos para mí, de que el actor es empírico y que uno viene con un don y que la formación escolar, académica, no es necesaria. Evidentemente ese no es tu punto de vista, porque tú has estudiado en escuelas y con grandes profesores. ¿Qué tú le podrías decir a ellos, no como un consejo sino como tu experiencia personal con respecto a eso?

Eslinda. Chico, para mí es fundamental, bueno, que la persona tenga el talento, sin eso no hay nada aunque estudies todo lo que estudies. Ahora, es necesario, es fundamental, es algo, es realmente algo de una gran necesidad que el actor estudie.

Porque el actor, mientras más estudie más se le abre el campo de posibilidades de enfrentar personajes muy difíciles, personajes contradictorios, diversos.

Amaury. Sí, y poder hacer teatro clásico, y poder hacer teatro moderno y teatro contemporáneo.

Eslinda. Y poder trabajar un día en televisión y un día haciendo doblajes. Solamente lo puedes hacer estudiando. Además, eres un artista, un artista está inquieto por todo, curioso por todo. Precisamente te mandan a observar.

En aquella época que yo estaba dando el método (Stanislasvki), todo el tiempo iba en la guagua observando a la gente, las risas de la gente, las conversaciones, los susurros, un gesto, cualquier cosa me podía nutrir a mí como actriz. Yo sí pienso que el actor debe estudiar, debe profundizar.

Amaury. ¿Y El Otro Cristóbal? esa película de Gatti. Yo no la he visto, pero he oído hablar mucho de esa película. ¿No sé por qué se habla tanto de El otro Cristóbal? ¿Te parece todavía una película interesante, al menos para ti?

Eslinda. Mira, para mí tuvo la importancia que tiene mi primera película, que se convirtió en una especie de aventura fantástica, donde me parecía que la gente estaba como loca, porque yo no entendía el mundo del cine todavía; a pesar de que había ido a algunas filmaciones, me parecía que todo el mundo estaba loco allí, porque todo era un poco disperso, no era como en el teatro que todo es organizado, entonces aquel mundo me llamó  la atención. Me costó trabajo iniciarme en eso, pero para mí, como experiencia, fue muy buena.

Amaury. Tú eres la única actriz cubana que trabajó en las  películas que se consideran los tres grandes monumentos históricos del cine cubano post-revolucionario, después del Triunfo de la Revolución: La primera carga al machete, con Manuel Octavio Gómez, Memorias del Subdesarrollo, con Tomás Gutiérrez Alea, con Titón y por supuesto Lucía, con Humberto Solás.

Yo tengo la impresión, Eslinda, que eso tiene que ser para ti motivo de orgullo, pero también de una gran responsabilidad, la única actriz que estuvo en esas tres grandes películas. Cuando tú piensas que fuiste afortunada con eso, ¿cómo reaccionas ante ti misma?

Eslinda. Mira, son esas sorpresas que te da la vida. Mi segunda película iba a ser Lucía, porque ya Humberto me había dado el guión, después de muchas veces haberme prometido personajes que nunca me daba, pero siempre me decía: yo quiero trabajar contigo; yo quiero trabajar contigo. Y al final me da Lucía y me dice: ¡este sí lo escribí para ti, este tienes que ser tú! En ese momento me ofrecen hacer la prueba de Memorias del Subdesarrollo y yo no quería hacerla porque estaba un poco metida en el personaje de Lucía y Lucía se demoraba porque tenía una gran complejidad de vestuario, de escenografía. Y entonces Humberto me decía: Eslinda, ¿tú no te das cuenta que trabajar con Titón va a ser una gran experiencia para ti?

Amaury. ¡Qué lindo Humberto!

Eslinda. ¿Tú no te das cuenta que ahí tú vas a salir mejor y vamos a poder hacer mejor Lucía? Te lo estoy diciendo con conocimiento de causa y fue Humberto el que me embulló.

Fui a la prueba de Memorias (del subdesarrollo), y entonces encontré allí una gran cantidad de actrices, bailarinas, modelos, muy famosas. Y yo dije: aquí no me van a dar nada, porque con tantas mujeres hermosas, jamás me van a dar nada.

Y bueno, de buenas a primera me dan el personaje; yo no lo podía creer, yo no lo podía creer y entonces me dice que, bueno, que iba a hacer el personaje de una muchachita guajirita, bautista, muy tímida, que al final se enamora del lobo feroz, que es Sergio (Corrieri) y bueno, era un personaje que tenía sus dificultades porque tenía un desnudo.

Amaury. ¿Pero habías dicho que no eras tímida cuando actuabas?

Eslinda. Sí.

Amaury. Pero no es lo mismo actuar que desnudarse.

Eslinda. No, no, es que también, también yo pienso que cuando estoy desnudándome, estoy actuando.

Amaury. Claro, claro, es la única manera.

Eslinda. No soy yo, no soy yo, entonces en contra de muchas cosas, acepté el personaje y lo asumí así. Eso no implica que en el momento de la filmación tuviera los pies congelados y todo el mundo viniera a tocarme los pies. Por lo menos la asistente de dirección me estaba choteando siempre con eso, los pies y las manos, estaba muerta de miedo.

Amaury. ¿Tú sabes Eslinda?, voy a hacer una incidental ahí. Cuando Isabel Santos, nuestra gran actriz de cine, también, estuvo aquí, yo le pregunté también por los desnudos y yo le hice una pregunta y nos metimos en otro camino y no la terminamos de concretar. ¿Cuántas personas? para que el público sepa, cuando una actriz o un actor hacen un desnudo ¿Cuántas personas del equipo están allí? Porque la gente tiene la impresión de que hay 30, 40 personas y eso no es así.

Eslinda. No, no, no, además Titón era un individuo muy respetuoso, muy cuidadoso, era un amigo, además, y él, por supuesto, en el momento de filmar, sacó a todo el mundo del set. Nos quedamos…