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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Con 2...

«Con 2 que se quieran» Nelson Domínguez (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Nelson Domínguez (Parte II)

Amaury. Sí, y era demás un regalador de obra importante.

Nelson. Sí.

Amaury. Yo no sé qué obras vendió Servando, yo lo conocí y sí sé que regalaba, pero yo recuerdo que una vez me dijo un amigo que fuéramos, yo era muy flaquito, ¿te acuerdas cómo era yo? Todo se fue desbordando después, entre la duda y la certeza, me creció la cintura. (risas)

Nelson. Entre la duda y la cerveza. (risas)

Amaury. La duda y la cerveza, la duda y la cerveza (risas). Me acuerdo que me dijo que fuera para dibujarme y yo, acomplejado, no fui. Ahora tuviera un retrato mío pintado por Servando que seguramente valdría más que yo mismo. (risas)

Nelson. Él era un artista muy interesante, porque él tenía muchos planteamientos que te hacían pensar. Él hablaba de la gran pintura y nosotros decíamos ¿la gran pintura? Bueno, debe haber una gran pintura, bueno, la de él era grande.

Amaury. La de él era grande.

Nelson. Y de hecho la pintura cubana tiene, está llena de… bueno, los maestros que están hoy día en el Museo…, Cuba en realidad siempre la pintura cubana tuvo buena salud, históricamente. Y ahora con toda esta…, con las escuelas de arte, que ahora te encuentras a un joven, de 20, 21 años, graduado, tú ves que tienen un porvenir extraordinario, creo que eso garantizará sobremanera un futuro bastante floreciente.

Ya se puede decir que en Cuba siempre ha habido una escuela de pintura como en movimiento, ¿no? Y la pintura cubana en general, siempre, según he notado, siempre ha corrido de un lado a otro, pero siempre ha habido un contexto social, planteamientos… los más jóvenes lo siguen planteando a su modo.

Amaury. A su manera, con su época.

Nelson. A su manera, y es muy bueno que haya, porque los jóvenes son los que alimentan a los viejos.

Amaury. Hablando de enseñanza directa, a ver ¿cuántos hijos tienes?

Nelson. Mira, a ver, yo…

Amaury. Yo conozco a tres, quiero saber cuántos son.

Nelson. Bueno, son cinco, hay un cuento de eso, pero no te lo voy a hacer. (risas) En otro programa te lo voy a hacer.

Amaury. En otro programa después de las doce de la noche. Con 2 que se quieran en la madrugada.

Nelson. Con Flora Fong, que es una excelente pintora, una excelente compañera y una excelente amiga mía.

Amaury. Una excelente persona también.

Nelson. Una excelente persona y una mano zurda peligrosa, no porque pega, sino porque pinta con la zurda. Y bueno, con ella tuve dos hijos que son pintores, Liang y Li. Y bueno, después con Camila, que no era pintora, sino doctora,  tuve dos hijos. Y posteriormente, de otra relación, para no decir de otro matrimonio.

Amaury. Sí, porque no todos son matrimonios.

Nelson. Al final todo son relaciones, ¿no?

Amaury. Claro.

Nelson. Y tuve una niña que tiene un año y ocho meses, va a cumplir nueve meses.

Amaury. Esa es la japonesa.

Nelson. Una niña japonesa, sí. Y bueno, así las cosas. (risas)

Amaury. Y así las cosas. (risas) Porque además unos vienen de de raíces chinas, el caso de Flora.

Nelson. Sí, sí.

Amaury. Y otro de Japón, así que tu mundo se está desenvolviendo por aquella zona del mundo.

Nelson. Y los dos.

Amaury. ¿Y los de Camila?

Nelson. Los dos son árabes.

Amaury. Son árabes

Nelson. Sí de origen árabe.

Amaury. Ah, entonces tú tienes en tus manos la paz mundial. (risas). Ahora, cuando tú hablabas de que ya no estabas ejerciendo el magisterio directo. ¿Y con tus hijos pintores? Tus hijos pintores, el que yo conozco, tengo hasta una obra que me mandó de regalo un día, el mayor, amigo de mi hijo, amigo de mis hijos . Tú sabes que todo el mundo aquí, al final, somos amigos, y los hijos de uno son amigos también y todo se vuelve una secuencia. Y los nietos serán amigos también. ¿Cómo ejerces tu magisterio sobre ellos?

Nelson.  Bueno, yo en la realidad no he estado arriba de ellos, nunca me he metido en lo que ellos hacen. Ellos saben lo que uno hace. Saben lo que hace su mamá.

Amaury. Claro.

Nelson. Lo que hago yo. Entre ellos saben lo que los hermanos hacen. Pero he alimentado el concepto de la técnica, solamente. La cosa morfológica va en las personas, va en sus cromosomas, en sus caracteres va la cosa morfológica, su predilección por temas, por cosas muy especiales, eso va en ellos. Y eso  no se le puede inculcar porque, ¿qué sucede? Quizás, quizás la generación mía, que fue una generación madurada con carburo, como los platanitos; quizás tengamos un poco más de responsabilidad cuando hacemos cualquier cosa, ¿no? Quizás los jóvenes son un poco más desinhibidos, un poco más, no voy a decir irresponsables, porque esa no es la palabra.

Amaury. No.

Nelson. Pero ven las cosas de otro modo que nosotros, pero bueno, he visto resultados, particularmente estamos hablando de mis hijos y de muchos jóvenes. Hay muchos jóvenes extraordinarios. De hecho, cada vez que tú vas a un evento internacional te encuentras un cubano ahí compitiendo. Te encuentras artistas jóvenes que van hacia arriba ahí, muchos jóvenes que realmente tienen un porvenir muy prometedor.

Amaury. ¿Cuántos períodos tú reconoces en tu pintura? Porque has pasado de los personajes de circo, las crucifixiones. Es decir…

Nelson. Hay una cosa que te voy a decir. A mí, esa pregunta no se me puede hacer mucho. ¿Sabes por qué?

Amaury. A ver.

Nelson. Porque a mí los temas no son cosas que me interesan mucho. No me interesan mucho los temas, aunque quizás…

Amaury. Ni para una exposición. Quiero decir: voy a montar una exposición sobre este tema.

Nelson. No, tampoco. Ahora mismo yo tengo en noviembre una exposición, bueno, por el premio…

Amaury. …Por el premio Nacional de Artes Plásticas…

Nelson. …Sí, es una exposición en la que va obra gráfica, va pintura, va una colección de muebles, muebles esculturas con carácter utilitario. Va un grupo de cosas que estoy haciendo con un colega del Grupo Paullé, que se llama Rafael Blanco, igual que el caricaturista cubano.

Amaury. Sí, si.

Nelson. Estoy preparando una muestra de muebles antiguos intervenidos, trabajados como esculturas. Entonces voy a exponer algunos dibujos de esas piezas y a continuación todo lo que es muebles, todo lo que es madera, todo lo que tiene que ver con el mueble, todo eso va junto.

Amaury. ¿Y qué fue de los abanicos?

Nelson. Bueno, los abanicos.

Amaury. Es que los abanicos fueron una locura.

Nelson. Los abanicos fue un momento, no sé, que es una cosa muy de la pintura de la colonia y además, el abanico a mí me llamó la atención por toda la simbología que tiene como hecho, ¿no?, es decir, el abanico sirve para decir y para no decir, para engañar, y para decir la verdad.

Amaury. Claro, claro.

Nelson. Y ese fue un tema bonito, una cosa bastante decorativa. Recuerdo que subastamos uno, cuando aquello Camila era mi esposa. Ella organizó en el Teatro García Lorca una subasta, para hacer una donación a la Escuela de Ballet.

Amaury. Sí, sí.

Nelson. Y se vendió en 10 000 dólares, y ese dinero lo donamos a la Escuela de Ballet, y bueno, sirvió para  muchas cosas.

Amaury. Con 10 000 dólares se resuelven muchísimas cosas, se compran zapatillas…

Nelson. …Equipamiento…

Amaury. …Leotardos, se hacen muchas cosas.

Nelson. Exacto. Y además, ese abanico, como era para la Escuela de Ballet, yo hice una obra que se llamó Alicia, ave nacional.

Amaury. ¡Ah, qué lindo!

Nelson. Y entonces, bueno, Alicia es una persona, que… bueno, estamos hablando de pintores y de artistas en general, pero Alicia es una gente que… una vez, cuando yo iba a pintar…

Amaury. Alicia es pintora también, o fue pintora…

Nelson. Una vez. Te voy a hacer una anécdota. Una vez, cuando yo iba a pintar un retrato de ella, yo fui a la oficina y hablé con el esposo.

Amaury. Con Pedro Simón.

Nelson. Con Pedro Simón, y le dije: quiero, hablar con ella, entonces, hablo con ella, y después, cuando me fui, le preguntó a Iglesias: ¿cómo es Nelson? Y él le dice: él es bajito, gordito, fuertecito, qué sé yo. Entonces ella le dice, ella no sabía nada del retrato. Le dice: porque yo sentí que me estaba mirando con vehemencia. Y exactamente, yo  estaba… porque yo no quería ni fotografía, ni hacer…

Amaury. Tú que querías llevarte su esencia.

Nelson. Yo quería llevarme la imagen, los movimientos que ella hacía, bueno, dice Pedro Simón, que es uno de los retratos que tienen más cosas de gestos de Alicia.

Amaury. ¿Tú cantas?

Nelson. No, no, yo no canto.

Amaury. ¿Pero sí bailas?

Nelson. Tampoco bailo.

Amaury. Sí, tú bailas.

Nelson. Me encanta ver bailar.

Amaury. No, ¿Cómo me vas a decir a mí que tú no bailas? Pero sí yo he estado en fiestas  en tu casa y tú has empezado a bailar. (risas)

Nelson. No, no, mira, existen en Cuba grandes artistas cubanos, pintores que algunos ya están preparando algunos discos con Pavarotti, como es el caso de Fabelo.

Amaury. Ah, sí, lo dijo, lo dijo hace unos meses aquí en el programa.

Nelson. Es que hasta Fabelo se parece a Pavarotti un poco, ya últimamente se parece a Pavarotti.

Amaury. Un Pavarottico, en realidad. (risas)

Nelson. Hay muchos artistas que cantan. Mira, Zaida canta lindísimo.

Amaury. Zaida canta muy bien.

Nelson. Y el propio Fabelo canta, también.

Amaury. Canta, ese canta bien. Le vamos a hacer un disco.

Bueno, yo traje una cosa, yo quería hacer una especie de experimento. Mira lo que tengo aquí (Amaury saca 5 palitos de tendedera de madera, de unos 20 cms de altura de diferentes colores) traje este tipo de artefacto. Voy a ponerlos así para que salgan en cámara. Porque esto es una cosa simbólica para mí, mira lo que yo te traje.

Nelson. Y eso, ¿por qué tú tienes eso?

Amaury. Ah, ahora…

Nelson. Ahora yo soy el que te voy a entrevistar a ti.

Amaury. No, no te puedo creer.

Nelson. Y casualmente yo también traje (Nelson saca tres obras suyas de madera en forma de palitos de tendedera, dos miden 25 cms. de altura y uno tercero de 50 cms de altura) estas piezas, que son en pequeña escala, pero las tengo hasta de tres metros de alto.

Amaury. Por eso, aquí está, justamente, yo quería que habláramos entonces de esto, aquí se ve la diferencia, fíjate.

Nelson. Esta está quemada a esta le pegué fuego.

Amaury. No, es maravillosa. Yo tengo, inclusive, hasta esto (Amaury le muestra un pasador de corbata que es un palito de tendedera de plata) un pasador que me regaló Liuba (Mª Hevia) un día de mi cumpleaños, y porque es el programa tuyo me lo voy a poner como algo simbólico

Nelson. Yo te voy a explicar una cosa.

Amaury. Ahora, aquí, espérate, antes que me expliques, yo quiero demostrarle a los televidentes lo siguiente: esto es un producto industrial, esto es industria (Amaury muestra a los televidentes los primeros palitos de colores que él colocó en la mesa); esto es una persona que agrandó un palito de tendedera y lo fabricó industrialmente, pero lo tuyo es Arte. O sea, esto vale dos pesos y tu obra yo no tengo dinero con qué pagarlo, es lo que quiero decir.

¿Por qué no explicamos esa diferencia que puede haber entre este artefacto, que es una cosa industrial, que se hace sin ningún tipo de inspiración? Y eso que tiene todo un significado y que además, lleva por supuesto, tu firma. Bueno, la pregunta sería la utilidad de la industria que pretende convertirse en arte y no lo logra, y el arte en su contexto más profundo, o sea, el arte que no pretende nunca convertirse en industria..

Nelson. Mira, hay muchas cosas buenas en el diseño contemporáneo y como industria hay piezas muy buenas. Lo malo de la industria es que abarate en calidad el diseño. Yo pienso que una pieza bien diseñada resiste el ser un producto industrial. Resiste ese juicio. Y lo que uno a veces asocia con lo industrial es cantidades todas iguales. Pero las casas que se dedican a hacer muebles de diseño…

Amaury. IKEA por ejemplo.

Nelson. IKEA, por ejemplo, que primero trabajan el diseño, y creo que eso es muy importante. Lo que destruye lo industrial son los malos diseños, las cosas hechas con pocas ganas. Yo creo que la industria, inclusive nacional…, nosotros podemos hacer cosas extraordinarias. Podemos llevar a cabo, digamos, industrialmente obras de artistas que han hecho cosas muy importantes, diseños muy buenos y pienso que eso no está reñido. A mí me gustan muchísimo esos palitos, porque están muy bien hechos y están…

Amaury. Son muy coloridos.

Nelson. Son industriales, exactamente. Son industriales, a diferencia de estos, que bueno, te voy a contar un poco. Ahora tú me hiciste la historia de…

Amaury. Sí, pero mira, tú me haces la historia de cómo fue eso y yo voy a esconder esto (Amaury guarda los palitos coloridos fabricados industrialmente), porque a mí sí me da tremenda pena con esa obra al lado.

Nelson. No, ellos se complementan.

Amaury. ¿Tú crees que se complementan? Bueno a lo mejor el rojito, el plateado este lo voy a esconder.

Nelson. Y esto para mí es una obra que nació un día, yo estaba en mi casa acostado y me cae en la mano un palillo de estos, bonito y lo desarmo y empiezo a mirarlo y digo: caramba, esto es una forma, tiene un diseño. Y al principio me pareció una figura de una mujer y un hombre. Y entonces, la primera pieza que yo hice con estos palitos tiene dos metros de alto y es, ya está profundizado, tallado hacia adentro, un trabajo. Si quieres puedes pasar por la Galería para que lo veas.

Amaury. Lo voy a ir a ver.

Nelson. Y es una mujer y un hombre. Después hice una colección que tenía más o menos el mismo tema. Y después, inclusive, tengo uno que yo nunca se lo he enseñado a Alicia, pero quizás esa pieza va a terminar en el Ballet Nacional, porque…

Amaury. …O en el Museo de la Danza.

Nelson. … exactamente, porque es una pieza que hice en homenaje a Alicia. Y yo creo que lo hice sin darme cuenta y nunca lo he comentado. Ahora lo estoy comentando, quizás ella se entere ahora que hay una pieza que quizás se la donemos al Museo de la Danza un día.

Y esto nació así, de una manera muy “azaresca”, volvamos otra vez a la palabra. “Azaresca”, el arte está lleno de azares que parecen venidas de la casualidad. La casualidad no existe porque a cuánta gente se les ha  roto un palito de estos en la mano y lo han botado. Yo me quedé pensando en eso, y la primera cosa que hice fue un dibujo y ya después hice una pieza y ahí empezó la fiebre y la fiebre la tengo hasta hoy con este elemento, porque es un elemento muy rico como cosa modular es muy interesante. Y estoy trabajando con un grupo de arquitectos, muy buenos, que también yo pienso que en trabajo del artista contemporáneo tiene que ser un trabajo de equipo, porque yo no voy a ponerme con una sierra a cortar esto, aunque lo pudiera hacer. Pero yo te voy a hacer el diseño y vigilar que el diseño tenga la calidad que yo quiera que tenga. ¿Me entiendes?

Amaury. Claro.

Nelson. Un poco supervisar el trabajo.

Amaury. Ojalá que se le ocurra un día a un arquitecto hacer un edificio, el edificio Nelson Domínguez con esa estructura.

Nelson. Sería un vacilón.

Amaury. Bueno, yo ahora mandé a hacer, mandé a reproducir uno a 8 metros de altura para la Feria de Santo Domingo, pero la voy a traer aquí, a La Habana y es un inflable, pero tiene el dibujo. El dibujo que tiene la pieza lo tiene por fuera y se infla con un compresor y llega a la altura de 8 metros.

Amaury. Bueno, hablando de alturas.  A esta altura de la conversación, y ya entrando en el borde final, en el límite, como hablábamos al principio de la entrevista hablamos de tus hijos, hablamos de la escuela, hablamos de Antonia. Mira cuántas cosas hablamos.

Nelson. Cuántas mujeres, Antonia, una mujer bella también.

Amaury. Por eso te digo.

Nelson. Antonia, yo me enamoré de Antonia, yo me enamoré de ella, eso no se lo puedo decir a mucha gente, pero ya de hecho lo dije ahora.

Amaury. Ya lo acabas de decir en televisión, sí, sí.

Nelson. Pero era un amor platónico.

Amaury. No, claro, claro. Pero el amor platónico, muchas veces funciona mejor.

Nelson. Sí, es más económico.

Amaury. Mucho más económico. No, y además, yo tengo un amigo que hizo un libro, El vuelo del gato, muy bueno, que habla de eso, de amores platónicos y qué hace uno con ese amor después de las cinco de la tarde ¿te acuerdas del libro? (risas)

Nelson. Sí, sí. (risas)

Amaury. Bueno, la idea, para finalizar. A mí se me quedó una imagen, al principio de la entrevista, donde tú hablaste del arcoiris. Del mundo de colores que se te creó cuando el sol se filtró en la neblina, y hablaste del arcoiris. Tenemos que hablar del arcoiris entonces, tuyo, o sea, el comienzo de tu arcoiris sería en Baire, la Sierra Maestra. ¿Dónde está el final de tu arcoiris?

Nelson. Bueno, el arcoiris mío empieza en Baracoa y termina en Pinar del Río, ese es mi arcoiris.

Amaury. Bueno, muchas gracias, Nelson. Qué mejor manera de despedir que hablando de ese arcoiris que es nuestro país, nuestra Cuba querida. Te quiero, mi hermano.

Nelson. Bueno, igualmente.

Amaury. Te quiero, mi socio.

Nelson. Te quiero y por eso me quedé corto. (risas)

«Con 2 que se quieran» Sara González (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Sara González (Parte I)

“El pedazo de Patria que me toca lo voy a asumir, con todos y por todos”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en “Con 2 que se quieran”, aquí, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy nos acompaña, me río en cuanto empiezo a presentarla porque la quiero mucho. Es mi amiga, una de las amigas más importantes a lo largo de toda mi vida. La principal cantautora de Cuba, la gran cantautora de Cuba. En un momento determinado fue la única, ese es un término que le pega bien; la única: Sara González.

Sarita querida, muchas gracias por venir, mi niña.

Sara. ¡Ay, qué lindo!

Amaury. Gracias por venir. Bueno, ¿qué queda de la niña Sara que estudiaba viola?

Sara. ¿Tú te acuerdas de aquello? Ay, Amaury, lo que queda es un lindo recuerdo. Un recuerdo que tiene que ver hasta con mi mamá, porque resulta ser que para Rosa era la gran ilusión de su vida. Ella nunca quiso que yo fuera artista y realmente me lo demostraba, me lo decía y me lo hacía saber constantemente, pero cuando ella me vio con la viola en la mano, ya eso fue otra cosa. Ya ella me veía en la Sinfónica, toda vestida de negro con aquella cosa, y entonces le pareció una idea maravillosa, a mi mamá le gustaban las cosas finas. Entonces ahí empezó la gran lucha de que Sara estudiara la viola y a Sara que no le gustaba la viola. Al final me gusta mucho como instrumento, por supuesto, es un instrumento de la cuerda, quiero decirte que es uno de los instrumentos más lindos de lo que es la familia de las cuerdas, realmente tiene un sonido maravilloso.

Amaury.  Sí, es muy dulce, la gente puede no saberlo…

Sara. Tiene como un terciopelo, es como si le hiciera un segundo al violín, una cosa así, pero yo no iba a ser nunca una violista… Yo lo que quería era tocar la guitarra y hacer canciones y esas cosas y era lo que me interesaba más que nada.

Amaury. Pero bueno, me hablaste de Rosa, y por supuesto eso me lleva a Marianao, que fue donde yo te conocí.

Sara. Ahí me tuvo Rosa cuatro años con la viola al hombro.

Amaury. ¿Pero estudiando en el Conservatorio de ahí?

Sara. No, de ahí no, en el Amadeo Roldán. Sí, porque primero yo estaba en Centro Habana.

Amaury. ¿O sea, tú naciste entonces en Centro Habana y después te fuiste a Marianao?

Sara. Sí, yo soy de Cayo Hueso.

Amaury. Pero en Marianao fue donde nos conocimos, ya tú estabas allí con tu papá.

Sara. Sí, mi papá, Berto.

Amaury. Tu papá Berto que era una maravilla, que hacía aquellos tabacos, y de vez en cuando me regalaba alguno, era un torcedor.

Sara. Eran pipas ¿te acuerdas?

Amaury. ¡Claro! Tuve una muchísimos años. ¿Cómo tú recuerdas a aquella Sara que yo he visto en fotos?, porque yo no te conocí cuando niña, desgraciadamente, hubiéramos sido amigos mucho antes. Aquella niña rubia, de pelo casi blanco, con los ojos bellos que te acompañarán hasta el final. ¿Cómo eran Berto, Rosa?

Sara. Berto era un personaje. Mi papá era un hombre maravilloso, un hombre que era tabaquero de toda su vida, pero que te salía a cada rato con cada frase y te decía: “Porque como Carlo Magno dijo…”

¡Qué cosa! ¡Carlos Magno!

Y la historia es que ellos tienen lectores. Entonces mi papá conocía de la vida de grandes e ilustres figuras de la Cultura Universal a través de lo que les leían en la tabaquería. Mi papá se leía todos los cuentos, que si (Emilio) Salgari, que si Zola, que si Dostoievski porque se los leían y me salía con cada cosa de esa. Era muy simpático. Papá era muy gracioso porque mi papá era este tipo de hombre que no habla. A él no le gusta que lo molesten ni molestar a nadie y era muy simpático, cuando abría por fin la boca.

Amaury. ¿Tú tienes hermanos, Sara, o hermanas?

Sara. Tengo una hermana que vive en Placetas, que es de donde son ellos, mi mamá y mi papá nacieron allí en Placetas, toda mi familia por parte de padre y madre. Se conocieron de niños, fueron compañeros, hasta la adolescencia iban a los bailes juntos y todo, entonces mami fue para Santa Clara y después vino para La Habana y mi papá se quedó allá, se casó, su esposa falleció, pero tuvieron a esa hermana mía y ella vive en Placetas. Nosotras nos parecemos mucho a mi papá, ella es la versión trigueña y yo la versión rubia.

Amaury. Ahora, tú hablaste del Conservatorio. Hablemos entonces de la niña que estudiaba viola en el Conservatorio. ¿Cuáles eran tus amigos y tus amigas en el Conservatorio Amadeo Roldan?

Sara. ¡Ah, bueno! Aquí hay una cantidad de músicos, por suerte, la generación…

Amaury. …Del Amadeo

Sara. En el Amadeo Roldán sí, el que está por Rastro y Belascoaín. Hay una generación de músicos que participó conmigo en aquella época de estudios, que hoy por hoy son grandes músicos de este país, entre ellos Lucía Huergo, Jorge Aragón, María Elena Mendiola, Laura Inclán.

Amaury. José María, ¿no?

Sara. José María (Vitier), Sergio (Vitier). Cuando yo entré Sergio ya estaba en la escuela, un poquito mayor que yo era Sergio, María Felicia (Pérez)… A ver quién más… Bueno, muchas. Alfredito Muñoz, Marta Campos, un poquito más…

Amaury. …Más joven.

Sara. Entonces había un ambiente muy rico, donde claro, en aquel momento había cierta pugna entre lo clásico y lo popular. ¡Tú sabes! Había muchos profesores todavía con sus mentalidades limitadas en ese aspecto, pero nosotros no, a nosotros no nos importaba eso. Nosotros nos íbamos para la casa de Aragón, poníamos las cintas de Blood, Sweat and Tears, oíamos lo último de los Beatles, estábamos todo el tiempo llenándonos de música.

Amaury. ¿Y por qué todos ellos te recuerdan a ti tanto? Tú eras un poco…

Sara. Yo era muy buena, yo era una niña muy tranquila, yo era muy buena.

Amaury. No, no lo creo, nunca fuiste…

Sara. ¿Por qué chico?

Amaury. …porque tú nunca has sido una mujer tranquila, ¿cómo tú me vas a decir…?

Sara. Oye ¿Pero qué es lo que tú me sabes a mí?

Amaury. Tranquila, ¡no!, yo te sé cantidad, lo que te quiero decir es ¿por qué todos ellos te recuerdan y dicen ahí estaba Sara?

Sara. Porque nos llevábamos muy bien, Amaury, porque realmente cuando te cuento todo esto, también estoy mirando un fondo de un ambiente maravilloso, muy armónico, muy lleno de cosas bonitas que nos pasaron en aquella época. Eran momentos también muy convulsos de la Revolución, cambiando cosas… Había muchas, había la revolución de las revoluciones esas que son capaces de crear cosas maravillosas.

Amaury. ¿Pero tú ahí armaste varios grupos?

Sara. ¡Ay, niño!, yo armé un grupo ahí que se llamaba Radix 7 y ¿a que tú no sabes quien tocaba el saxofón? Ana Nora Calasa.

Amaury. Parece el nombre de un antiparasitario.

Sara. Radix 7 dicen que es una nebulosa de no sé qué diablo. Cuando aquello Ana Nora era muy lectora de ciencia ficción y de esas cosas y entonces ella dice que ese era el nombre del grupo. Bueno, eso mismo, como éramos siete…, Ele Valdés tocaba el acordeón.

Amaury.  ¿Ele Valdés, de Síntesis?

Sara. Sí, Lucía el piano, yo tocaba guitarra y Margarita, que es profesora de Caturla, tocaba la batería y como no había mujeres en aquel momento que tocara el bajo, teníamos una compañera que se llama Anisia Bustelo, que tocaba fagot. El fagot es un instrumento largo así, que parece una cosa extraña, que después te voy a decir lo que parece y realmente mucho. Entonces lo usábamos para hacer las notas graves de las armonías porque no teníamos quién las hiciera.

Bien, para hacerte un cuento muy simpático, nosotros fuimos al Amadeo Roldán, había un festival de combos. El público era, ¡vaya!, de lo peor. Cuando aquello había una cosa que se llamaba Los Chicos de la Rosa, otros del Palo, bueno, unas cosas rarísimas de la época.

Nosotras nos habíamos mandado a hacer unos trajes así a rayas -yo cuando aquello no estaba gorda-, pero la que tocaba el fagot, aparte de ser así, era así (señales de largo y ancho). Bueno, cuando se pone aquel traje, y cuando aquello se usaba la minifalda, ¡figúrate tú!, aquel traje por aquí y así (señales de corto y estrecho). Era una cosa horrible. Y dígole yo: ¡fíjate, así no se puede salir hoy en público! Yo me acuerdo que había un grupo que cantaba Downtown, que tenía 7 panderentistas. Eso nada más se ve en este país.

Y los de Downtown decían (notas de una canción) y el público decía: ¡Váyanse ya, papelaseros! Yo dije: ¡caballero, ese público está de madre, cuando salga esta rayada así, esto va a ser la candela y más con aquella cosa! Mira, salimos. Nosotros éramos instrumental lo que hacíamos y, tocamos “In My Life” de los Beatles. Dice un cacho de… de allá arriba: ¡Gorda, suelta la bazuca! (risas)

Amaury. (risas) A la que tenía el fagot…

Sara. Mira, cuando yo oigo aquello de la bazuca… El fagot es verdad que parece una bazuca y empieza aquel teatro Amadeo Roldán en pleno: ¡gorda, suelta la bazuca! ¡Gorda! Yo miraba a la gorda, y la gorda quería morirse.

En ese momento me viro para Margarita y le digo: ¡rompe, con un tumbao! Y un coro ¡Gorda, suelta la bazuca! y así estuvimos como cuarenta minutos, el público cantando y el degenerado aquel dando brincos allá arriba. Y la gorda se quitaba el fagot y bailaba con todo aquello y salimos bien, en aquel momento de nuestra experiencia.

Amaury. Sara ¿cuándo tú te encuentras con Leopoldina Núñez?

Sara. Ah, Leo es una mujer maravillosa, una de las mejores profesoras que ha habido de guitarra en este país, la verdad. Cuando yo fui a estudiar la viola, no entré de primera y pata a la carrera de la guitarra, porque ella ese año presentó a sus alumnos. Era muy conocida la labor de Leopoldina como profesora, ella formó a mucha, mucha gente que dieron clases con ella, que tocan ese instrumento o que le deben muchas cosas a ese instrumento.

Entonces, bueno, Leo yo la vengo a conocer y a darme el gusto de dar clases con ella, cuando me voy a la Escuela de Instructores de Arte, que salgo del Amadeo Roldán y me pongo a pensar que yo lo que quería hacer realmente y lo que honestamente siempre sentí, una gran vocación -te lo digo honestamente- una vocación de enseñar, de enseñar y sobre todo la música.

Entonces me fui preparando, estuve un año y pico en esa Escuela de Instructores de Arte, y estaba Leopoldina (Nuñez), estaba Guyún y tuve una preparación buena, buena para ser profesora de música y ahí aparece Leo.

Amaury. ¿Cuándo aparece la trova?

Sara. Ahí, ahí yo empiezo.

Amaury. La Nueva Trova.

Sara. Ya antes de eso, estando en el Amadeo se da el Concierto del 67 de la canción política y yo voy y canto allí y me vieron varias gentes cantando, pero yo no canté con guitarra ni nada. Yo canté “La Era” (La era está pariendo un corazón, de Silvio Rodríguez), o algo por el estilo y ahí es donde yo hago mis primeras cosas y entonces voy a una fiesta. Tú me decías el otro día: La canción del ahorcado, porque yo me lo aprendí con Ana Nora y toda este gente, y entonces la canté ese día. Silvio Rodríguez se quedó así, como diciendo: ¿y esta de dónde sacó…?

Amaury. “La canción del ahorcado” y “La tierra”, ¿no?

Sara. (tarareando) “La tierra era rojiza, púrpura cielo”… Y Silvio que estaba ahí, yo me acuerdo que fue una fiestecita de amigos y eso, una descarga, se queda así y me dice: ¿Oye, de dónde tú sacaste esa canción?

Amaury. ¿No se conocían de antes, se conocieron en esa fiesta?

Sara. Ese día y entonces después nos vimos en alguna que otra actividad y yo seguí en la Escuela de Instructores de Arte y un día me encontré con Silvio y con Pablo en la parada de 23 y 14 y fue cuando Pablo me dijo: “Mira, ¿tú nunca has hecho nada, musicalizar cosas?”

Y yo: ¡No mucho, no, la verdad!

¿Y te atreverías con unos versos de Martí? Yo tengo un programa que hacer sobre Martí, ¡atrévete a ver que tal te queda ese trabajo! Entonces me dijo: ¡ven a buscarlo!, ese fue Pablo y Silvio me dice que pronto él iba a grabar un tema para una aventura y que si yo quería cantarlo. Me acuerdo que iban con Armando Guerra… también conocí a Armando Guerra. Nada, yo por poco me desmayo, cuando esa gente salió por ahí pa´llá, y yo dije ¿ehhh?, ¿qué dije?,  ¿en qué me metí?, ¡Ay Dios! Y ahí fue donde me metí en ese lío.

Amaury. Te fuiste a cantar Un hombre se levanta, pero además, en aquella época la gente no sabía si era Silvio por el tono.

Sara. Eso fue un error. Fue aquí en este estudio, donde estamos haciendo esta maravilla de programa. Llegamos y no nos damos cuenta que se había hecho el arreglo a la canción por el tono que más o menos Silvio había dado. Cuando termina de grabarse, después que ya tú tienes grabada aquella música… ¡oye, no le cambiamos  el tono! ¡Ay, Dios! ¿Y ahora qué hacemos? Bueno, pues vamos a ver, al que mejor le quede y entonces a mí me quedó mejor, aunque me quedó en un tono gravísimo, muy grave para mí, yo primera vez en mi vida que cantaba en ese tono y entonces por eso la gente decía… Fíjate que yo salí en un programa de televisión Buenas Tardes, ¿te acuerdas? entonces primero canté una cosa mía, después una de las cosas de Martí y después canto aquello. Y la gente decía: ¡no, ella no fue, ella es la otra; la que cantó la segunda esa sí es ella! Y hubo gente que se apostó cajas de cerveza que llegaron a mi casa ¿dónde está mi caja de cerveza?

Amaury. Pero fue tu primer éxito de todas maneras, radial y televisivo y todo.

Sara. Sí, si, fue una cosa impresionante, Amaury, yo salí del programa y cuando salí para la calle me rodearon una pila de niños para… ¡fíjate que yo me quería ir para Placetas! Tú le tienes miedo a la gente igual que yo.

Amaury. ¿Y ya habías escrito alguna canción tuya antes de ese momento?

Sara. No recuerdo, Amaurito, puede ser que sí, puede ser que sí, pero algo muy ligero, no era una canción. Fíjate que yo no lo recuerdo.

Amaury. ¿Y por qué llegas al grupo de Experimentación Sonora, por qué, quién te propone?

Sara. Por ahí, ya por ahí empiezan esta gente: ¡Vete para allá, que estamos dando clases con Elósegui (Juan), con Federico Smith! ¡Que estamos haciendo audiciones con Leo (Brouwer), vas a ver! Ya yo había empezado a dar las clases como profesora y tenía que estar corriendo de un lado a otro para no perderme las clases del grupo. Y cuando uno se dedica también a ser profesora, o lo haces bien o no lo haces. Había que preparar clases, estudiar para mostrar métodos, sobre todo de enseñanza, porque no es lo que tú sepas, sino cómo tú lo trasmites. Entonces, bueno, eso fue difícil desde ese punto de vista, y ligar las dos cosas ya me tenía muy atormentada. El trabajo del Grupo (Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC) no era que tuviera que estar cantando todos los días ni haciendo actividades, nosotros no salíamos del segundo piso del ICAIC, bueno, tú estabas allí, tú lo viste. Era recibir clases, y era escuchar música para analizarla y ensayar y tocar.

Amaury. Y grabar para los documentales.

Sara. Y veníamos para acá (Estudios de Sonido del ICAIC) y era estar horas grabando cosas, improvisando, probando tal ritmo con tal cosa, en fin… Creo que fue un momento muy bonito y se trabajaba mucho para el cine, no porque ese fuera el trabajo del Grupo…

Amaury. …Pero hicieron muchísimo.

Sara. Muchísimo porque nos tenían a toda esa gente todo el día metidas juntas en el mismo sitio.

Amaury. ¿Las primeras canciones tuyas surgieron…

Sara. A partir de ese trabajo, “Qué dice usted”; “El programa del Moncada”; otra cosa más que yo hice para un documental sobre el 13 Congreso. Muchas cosas, yo compuse mucho.

Amaury. Ahora Sara. ¿Cuando tú entraste al Grupo ya estaba Ana Besa, la oboísta?

Sara. Sí, ya estaba.

Amaury. ¿Y hubo alguna resistencia por ser mujer, no tienes que decir nombres porque no hace falta?

Sara. Mira Amaury, las cosas se dicen o no se dicen, o se callan para siempre o se dicen y la gente tiene que tener la valentía de decir las cosas, porque lo que no se puede es matar la historia y la historia está, y más tarde o más temprano se va a saber.

Por ejemplo, yo tenía en contra, no en contra, vamos a decir la verdad, tenía una persona con reservas. ¿Esto dará resultado? Porque realmente yo no venía de nada, yo venía de estudiar música. Yo no vengo con una historia como la tenía el mismo Pedro Luis (Ferrer) o el mismo Mike (Porcel)

Aspiraba medio mundo a estar en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, eso era lo más grande. Todos querían estar ahí. Y entonces yo de repente, la sanaca esta que no había cantado nada ni nadie la conocía, de repente llega y ya está con un tema para no sé qué y hace un programa de televisión con Pablo Milanés. Tuve suerte. En esto hay que tener también un poco de suerte en la vida, no solamente con el talento caminas, hay que tener suerte. Hay que ser oportuno, que no es lo mismo que oportunista.

Amaury. Y también seguir el destino, cada cual tiene un destino.

Sara. Saber en qué momento tienes que hacer las cosas y cuando no las debes hacer.

Amaury. Y ahí entonces ¿quién se opuso, quién decía no, yo creo…?

Sara. Alfredo Guevara. Con todo mi respeto. Que él jamás en la vida demostró ni tú me caes mal, tú eres pesada. El decía: “Yo no conozco a este personaje, ella no trae ninguna historia, vamos a esperar. Lo que dijo fue, ¡vamos a esperar!, no dijo un no rotundo, si él dice un no rotundo, jamás me hubieras visto en la historia de la papeleta esta. Si él dice un no rotundo hubiera sido así. Pero no dijo no rotundo, él dijo: Vamos a esperar, vamos a probar, vamos a esperar. Hasta que se hace aquel concierto en la Cinemateca, que era por los encuentros de Música Latinoamericana que se daba en la Casa de las Américas y ahí yo canto para el público. Al otro día yo estaba ya contratada, pero tuve que demostrar que tenía algo para dar, o algo que enseñar, o algo que compartir.

Amaury. De todas maneras es una bonita experiencia que tú viviste y un privilegio.

Sara. Y había gente que creía más en mí que otros.

Amaury. Pero bueno, eso es normal.

Sara. Te digo, es normal, es que yo no venía con ninguna historia. La duda podía ser el ente que me persiguiera más rápidamente.

Amaury. Además, y el Grupo del ICAIC era una idea de Alfredo que había tratado de rescatar a aquel grupo de muchachos con Leo y gente que venía de la Casa de las Américas y eso. Pero bueno, hablando de la Casa de las Américas, tu primer disco y, eso es una cosa que siempre me ha llamado la atención. Tu primer disco no es cantando tus canciones, o canciones de cualquiera de ellos, tú haces un disco musicalizando a Martí, ese es tu primer disco.

Sara.  Esa es una oportunidad también muy bonita. Creo que la idea surge porque ya hay una obra que Pablo Milanés ha musicalizado de Martí, con suficiente peso e importancia y de ahí es que surge la idea. La gente pensante de la Casa de las Américas, que qué bonito sería tener una colección de estos poemas y empezar a hacer una serie. Y fíjate, que el primero que hace Pablo es una cajita, yo me acuerdo que era una cajita con los discos en 45.

Amaury. Sí, los discos pequeños.

Sara. Disquitos pequeñitos sin acompañamiento, nada más que de la guitarra, fueron así. Estando eso en proceso de salida y todas esas cosas, Pablo habla de que yo también, que fue lo primero que hice, que ya yo tenía un material. Si porque yo en el momento ese que yo tenía un material, yo tenía tres versos sencillos, que es cuando yo te conozco a ti.

Amaury. Me cantabas las canciones por teléfono.

Sara. Porque yo de repente tan fresca, tan caretúa que me llaman de la Casa de las América y me dicen: ¡Estás grabando el mes que viene un disco de la poesía de Martí! Digo: ¡Ah, me va a quedar bello, usted va a ver!

Me fui para mi casa y dije: ¡Caballero, mira que yo estoy loca! ¡Si yo nada más tengo tres cosas! Bueno, ahí puse a mi prima Martha Eugenia a buscar, a seleccionar, y me decía: ¿Qué te parece esto? ¿Qué? ¿tú le ves música? Bueno, por suerte que Martí tiene una música.

Amaury. Que ya tiene su música.

Sara. La cosa es encontrársela. Y a ti te tenía totalmente enloquecido.

Amaury. Me encantaba.

Sara. Tú vivías pegado al teléfono esperando que yo te llamara: ¡Oye este pedazo! ¿Qué tú crees? Sigue, por ahí, sigue por ahí.

«Con 2 que se quieran» Sara González (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Sara González (Parte II)

Amaury, Rolando (Tato) Pérez, Rafael Solís y Sara. Foto: Petí

Amaury. Recuerdo “Crin hirsuta”.

Sara. “Crin hirsuta”, me dijiste, falta el final. Que fue una belleza de verdad, no por nada, pero quedó…

Amaury. Ese es un disco muy bonito. Pero ahora estamos en la Casa de las Américas y tú tuviste el privilegio, como lo tuve yo…

Sara. …Después entonces te lo plantearon a ti.

Amaury. Sí, eso ya fue después, pero yo quería hablar de una persona, de la que en este programa no se ha hablado todavía, y creo que quien mejor puede hablar de ella eres tú, y es de Haydee Santamaría, (Yeyé). Porque ella fue para todos nosotros, bueno, para la Cultura cubana en general, pero especialmente para nosotros, prácticamente una madre, una especie de madrina.

Sara. Una madrina, la madre es otra cosa. Ella era como una guía, pero además con complot y con misterios y con cosas. A mí me gustaba mucho las cosas con ella, porque ella era muy elucubradora y te llamaba y hacía campañitas, pero de la buenas, para buscar cosas, soluciones, planes, de ideas de conciertos ¿qué ustedes creen? Nos llamaba y hacía esas cosas muy bonitas. Pero después venía y te decía: “Eso mismo dijo Amaury”, o después venía y decía: “Eso mismo me dijo Pablo”.

Amaury. Todos nos acercábamos a ella, pero ella tenía contigo un cariño muy especial y creo que nunca hay tiempo suficiente para honrarla, para honrar su memoria y lamentar su ausencia física. Ahora, ¿cuándo llega la Sara de “La Victoria”? Esa canción que es un himno, un himno de este país, que se cantó y se sigue cantando y se cantará para siempre. La Victoria ¿Cómo es que aparece?

Sara. Amaury, mira, realmente muchas veces y digo antes de hablar de “La Victoria”, el caso específico de “La Victoria”, me han hablado de ¿por qué yo no compongo más? ¿por qué yo no hago más canciones? ¿Por qué si las que he hecho, las cuatro, las cinco que he hecho, han quedado más o menos bien?

¿Por qué? Porque hay personas que necesitan motivos, unos motivos raros para a veces componer. Yo no soy como tú, que te sientas en tu casa y de repente, eso de las musas. ¿Por qué yo compuse tanto en la época del ICAIC, más canciones de las que he compuesto después? Porque estaba la imagen, y a mí la imagen me provocaba. Hice una canción para un documental que nunca se llegó a poner, pero que a mí me gusta y está hecha para el cine y me gustó mucho y se llama Qué maravilla. Decía: “Qué maravilla nacer en esta tierra / y ser el hijo de aquel que fue a la guerra / qué maravilla nacer”.

Amaury. Que tú has grabado.

Sara. Pero no llegó a ser parte del documental y sentarme con Rogelio, Rogelio París a oírle las anécdotas, Rogelio es un gran cuentero y sabe perfectamente lograr la música que él necesita. Eso me ha pasado con componer. ¿Qué pasó con “La Victoria”? Que fue eso mismo, a mí la palabrita es una cosa que me da repelú. Eso que cada vez que te dicen: por encargo, me parece cosa de mandados, de ir a buscar mandados. Pero es así como se llama el estilo ese de la creación: canción por encargo. Y fue por encargo, “La Victoria” fue una canción por encargo.

Amaury. ¿Quién te la encargó?

Sara. Nosotros hicimos una reunión unos meses antes del 4 de abril famoso ese donde se estrenaron todas esas canciones. Me recuerdo que fue en Varadero, en la playa de Varadero y quién dirigió ese espectáculo fue el maestro Frank Fernández.

Entonces Frank reunió allí a los que estábamos para ese encuentro de la Trova y nos dijo: “yo quisiera que en la parte de Girón hubiera tres canciones: “El preámbulo”, que fue cuando se declara el carácter socialista de la Revolución, “La Batalla y “La Victoria”. Quisiera que “Preludio”, la haga Silvio (Rodríguez), “La Batalla”, que la hace Eduardo Ramos y la canta Tatica (Jesús del Valle), y entonces me dice: tú que eres una mujer muy arriba, tú eres una mujer de un carácter explosivo y feliz. Tú tienes que hacer La Victoria. El que le cante a “La Victoria” tiene que ser con ese carácter y con esa alegría y con esa fuerza. Y la cabeza mía empezó con aquello y cogí un libro y empecé a leer y, de verdad te juro que ya estaba tan llena de aquello, porque yo no viví aquello, yo era una niña. Que me senté y me salió, Amaury, en diez minutos la canción y esa canción se estrena ese día en el espectáculo ese.

Amaury. El 4 de abril, creo que fue de 1974. Pero después o antes tú grabas Su nombre es pueblo, de Eduardo Ramos.

Sara. No. Fue después. Su Nombre es Pueblo es una canción, que si mal no recuerdo la anécdota, es una canción que Eduardo Ramos  compone para el Che, para un espectáculo del Che. Y quien canta la canción en ese momento es Omara Portuondo, y un día le dije a Eduardo: a mí me gusta mucho la canción esa que cantó Omara, ¿por qué no me la das para cantarla? Yo cantaba en aquel momento 36 Peldaños, La Batalla, temas de Eduardo Ramos y a mí esa canción me gustaba mucho y es cuando empezamos a cantarla. Termina grabada en un disco del grupo con un arreglo.

Amaury. ¿Pero en los últimos años has cantado esa canción a capella? ¿Cuándo fue la primera vez que la cantaste a capella?

Sara. En un acto en la Plaza de la Revolución. Me pidieron que cantara esa canción y no estaba ni montada ni nada, con el grupo con el que yo trabajaba. La verdad que yo jamás, que te lo digan mis mismos músicos, que en aquel momento trabajaban conmigo. Yo nunca puse esa canción en programa, sino, nada, la situación se daba, se creaba esa situación que tienen las cosas para que se den y para que tengan la fuerza del momento…

Amaury. Bueno, más nadie se ha atrevido a cantarla de todas maneras.

Sara. Bueno, no. A capella no (risas)

Amaury. Sara, antes de irnos de esa época tan extraordinaria, quiero que tú me hagas una valoración de la importancia de Leo Brouwer en el Movimiento de la Nueva Trova, porque no se habla demasiado de eso.

Sara. Es que Leo es un hombre tan importante en tantas cosas. Realmente Leo es un hombre maravilloso. Yo creo que todo artista, Amaury, es un maestro. Pero él es un maestro extraordinario.

Amaury. Sí, natural, además.

Sara. Hablar con él es una clase, yo no sé porqué siempre Leo cuando tú terminas de hablar con él cualquier cosa, aprendiste algo. Que no tiene que ser específicamente de música. Puede ser de fotografía. Tú hablas con él y de repente te dice: porque yo tengo una cámara, porque mira, tú sabes cómo se hace, que es normal. ¿Cómo tú sabes de eso? Cualquier cosa, es un hombre con una facilidad que tiene de comunicación, y de trasmitir.

Amaury. Ahora, saltamos de ahí y toda esa etapa tan hermosa de la que hemos hablado en extensus, como se dice y vamos al Conjunto Nacional de Espectáculos, con Virulo.

Sara. Amaury, mira, yo nunca he sido una cómica.

Amaury. ¡Sí, tú sí eres muy cómica!

Sara. Yo soy como soy, pero no me he propuesto hacer un papel de cómica en la vida. Lo que pasa que tú te mueres de la risa cada vez que yo abro la boca, ese es el problema.

Amaury. Sí, tú eres muy simpática y todos los que te conocemos nos morimos de la risa.

Sara. Pero porque a mí me gusta ver más reír a la gente que llorar, y entonces si yo soy capaz de sacarte una sonrisa, por eso soy capaz de cualquier cosa.

Entonces no sé, la idea era tan bonita, aquello de ópera-son, me parecía el descubrimiento del Siglo XX y Virulo era muy amigo mío. En aquel momento andábamos muy juntos para actividades y yo estaba oyendo lo que él estaba haciendo y me estaba interesando tremendamente sobre todo eso, ese nuevo género de hacer la ópera-son, no otra cosa. Entonces claro, naturalmente todo esto conlleva un aprendizaje que puedo decirte que es lo que más valoré en todo el tiempo que estuve ahí, que fue dar clases con el maestro José Antonio Rodríguez, dar clases con Carlos Ruiz de la Tejera, de lo que era la interpretación.

Lo que pasa que yo me divertía mucho, Amaury, tú me contabas lo de los samurais y yo te decía; mira, Amaury, el problema es que como yo soy la graciosita que siempre está fijándose en las cosas cómicas para estarse riendo, en aquella época en Cuba venían una cantidad de películas de esas de samurais y de cosas esas que eran muy buenas como El Bravo, pero unas muy malas que venían también y que eran muy graciosas.

Entonces a mí, sobre todo, lo que más risa me daba, era que hubiera unas grandes frases dichas en ese idioma, donde nada más que dijera, bueno, no sé, (frase larga parafraseando el idioma japonés) y abajo decía: ¿Qué hora es? Y yo decía, ¿Cómo es posible?. Y entonces después decían: (frase corta parafraseando el idioma japonés) y quería decir: ¿Vendrá el emperador por el camino de…? Entonces eso era.

Había unas muy malas, las peores películas del mundo, que había una bruja, que era la que a mí más me gustaba hacer, lo que pasa que después yo no la pude incorporar al Estudio que era una bruja espantosa, era tan mala que lo mismo se te convertía en mosca, que en sopa, que en cuchara. (Risas)

Amaury. Que estaba en “El pirata Samurai”. (Risas)

Sara. ¿Te acuerdas?, que tenía una nariz así con un verrugón, y entonces con una uña así de este tamaño, y se te acercaba tanto y a todo el que yo tocaba le daba un ataque. ¿Te acuerdas?, yo venía imitándola con el dedo y tú te mandabas a correr. (Risas)

Amaury. Ahora, Virulo dijo en este mismo programa -tú debes haberlo visto-, que en su opinión y Virulo es una persona, tú sabes, muy simpática, muy ingeniosa, pero además, es muy certero en sus criterios. Y él dijo aquí que tú podías haber llevado las dos carreras al unísono.

Sara. No te vayas a creer que no lo pensé, lo que pasa que cambió y eso es algo que siempre él y yo no hemos discutido, pero sí en un momento determinado lo que estábamos haciendo cambia. Ya se convierte más en chiste que en cantar y ahí es donde yo decido que no tengo nada que hacer ahí. Porque si no me convierto en una actriz cómica y ya. Pero realmente a mí lo que más me interesaba de la ópera, era hacer el humor, pero cantar, llevar la canción, el son, el género de la música cubana a ese tipo de creación. Y yo llamo a Virulo y le digo: “Mi hermano, tú y yo vamos a seguir siendo como somos, hoy por hoy, hermanos, pero yo no voy a seguir haciendo esto”.

Amaury. ¿Pero no sientes ninguna nostalgia?

Sara. Amaury, tú sabes que yo sigo en mi casa, y cuando nos encontramos tú y yo y eso, yo sigo haciendo todos los monos del mundo, eso sí, entre nosotros.

Amaury. ¿Pero no quisieras hacerlo en televisión, incluso ahora?

Sara. Puede ser que a lo mejor algún día haga algo, no digo que no. Creo que sí, que se puede hacer un día, para algo y lo haré con mucho gusto.

Amaury. ¿Cómo fueron tus primeras giras, cómo te recibieron? Porque estuvieron por Italia, viajabas a lugares donde nadie va, o sea, tú has estado en Australia.

Sara. A mí me recibió el presidente de Australia, un canguro, buena gente. (risas)

Amaury. ¡Oye, mira, que tenemos amistad con ese país!

Sara. Muchísima. (Risas). ¡Oye, tú si te acuerdas que yo fui la primera vez a Italia! En el 74 fue mi primer viaje que te tuve que traer una Coca Cola, no, una Cola Cola no, una Fanta, porque tú querías una Fanta. Después te traje unos pitusas, no me digas que no.

Amaury. Yo tenía un desamparo textil total.

Sara. Total, dabas lástima.

Amaury. Pero tú en esos años viajabas constantemente porque te invitaban a todos los festivales importantes.

Sara. Había también había un furor muy grande en aquella época con la Nueva Trova y cualquier cosa que venía de los trovadores era muy fuerte. Recuerdo que tú y yo a México íbamos en aquel momento, cuando tú ya después te quedas en México, e instalas toda una imagen, un trabajo. Pero me acuerdo de haber ido 8 y 9 veces a México al año y España también fue… Todavía a España voy a cada rato. El año pasado fui y este año se supone que vaya otra vez. Yo creo que ahora estoy muy contenta con un espacio que estoy haciendo…

Amaury. Ah, bueno, hablemos de eso.

Sara. Estoy haciendo ahora un espacio que se llama “El jardín de la Gorda”, casi toda la semana es ensayando, viendo esto, viendo lo otro.

Amaury. ¿Y hay un día fijo? ¿Hay un domingo?

Sara. El domingo último de cada mes.

Sara. Tú estuviste. Cuéntale aquí a la gente cómo fue aquello.

Amaury. Sí, extraordinario, es un público muy entregado.

Sara. Muy participativo además.

Amaury. Y las personas que se reúnen alrededor de Sara González, las personas que es capaz de convocar Sara González. Decir Sara González, quiere decir, que te invite Sara a un jardín, a una pachanga, a un velorio, Sara González a uno lo acompaña adonde sea. Pero y de ahí ¿cuándo es que surge la idea de grabar las canciones escritas por mujeres? Has hecho dos discos.

Sara. ¡Ay, qué bonito! Estoy muy enamorada de eso porque siempre que termino, ya he terminado dos discos como tú dices y aparecen más canciones. Y de gente que ya no son tan conocidas, porque  es que realmente en el primer disco, Cantos de mujer, es una serie. Donde está desde María Teresa Vera, Ernestina Lecuona, Tania Castellanos, Isolina Carrillo y Yusa, y…

Amaury. Tienes gente joven también y Liuba…

Sara. Liuba, en fin, todas esas compositoras. Cuando yo terminé de hacer ese primer disco, que llegué a 15 canciones, quedaron como cinco o seis, porque ya no cabían. Vamos a llegar hasta ahí a ver qué pasa.

En realidad el disco tuvo aceptación desde el punto de vista que sin querer, sin pretender, porque una antología son palabras mayores. Sin pretender eso, bueno, pues, creo que llegamos a hacer un poquito de esa idea y es lo que estamos haciendo en estos discos.

Amaury. Ahora, tú también, bueno, eres productora, aparte de cantante, intérprete de estos discos, has sido productora de esos discos. Pero también le has producido discos a otros artistas. Yo recuerdo el primero, ¿fue el primero o el segundo?, de Teresita Fernández, un homenaje.

Sara. El primero, el de “Mi gatico Vinagrito”.

Amaury. ¿Es un trabajo que gusta?

Sara. Sí, me gusta.

Amaury. ¿Es un trabajo que te gusta, dirigir?

Sara. Me gusta, me gusta meterme en ese mundo. Creo que me gusta, no tanto como a ti.

Amaury. Bueno, que no se habla de mí aquí.

Sara. Te encantan los estudios de grabación, muchas cosas las he aprendido de ti, de vértelas hacer.

Amaury. Ahora, Sara, nos estamos acercando al final, la televisión tiene tiempo desgraciadamente. ¿Tú crees que canciones como La Victoria, como Su nombre es pueblo, trascenderán en la historia? ¿Tienes una idea, o sea, continuarán y pasarán de generación en generación?

Sara. Es que eso no viene por canción misma, por sí sola, esas cosas surgieron por algo, por cosas que pasaron, por hechos que son inolvidables, que están en la memoria. Está en la memoria de cada uno de nosotros, que se va a trasmitir, además, nos toca también. Nos toca el papel de maestro y guía en muchas cosas de ese sentido, en el sentido de nuestra historia. Están nuestras películas, están nuestras canciones, que son ya historia; no estaré yo, pero ellas están, están en los discos.

Amaury. Sí, y en la memoria colectiva de todo un pueblo.

Sara. De un pueblo que eso sí es más importante y este pueblo, efectivamente, lo más grande que ha tenido siempre, es su gran memoria histórica. Porque si Cuba es Cuba, hoy por hoy, es precisamente por eso, el respeto que tiene en el mundo un paisito como nosotros, debido a su memoria histórica a sus cien años de lucha. Esas cosas que, esa rebeldía que nunca quiso ser y dejarse dominar por nadie y menos por un país como los Estados Unidos, que tiene dominado a medio mundo y, a nosotros no.

Amaury. Sara, la última pregunta quiero que la medites bien, es una pregunta comprometida. Un amigo común dijo un día: Sara es la Patria. ¿Cómo se puede vivir con esa responsabilidad y con esa sentencia del amigo?

Sara. Amaury, yo no sé. Si se pone a pensar uno en eso, creo que es una responsabilidad fuertísima eso de que te identifiquen con la Patria, ¿no?, pero si me tocó ese pedazo, lo voy a asumir, con todo y por todos.

Amaury. Todo el mundo lo sabe. Los televidentes lo saben y tú lo tienes más que probado, yo doy mi vida por ti. Te quiero mucho y te agradezco que hayas venido.

Sara. ¡Ave María! (risas)

«Con 2 que se quieran» Jorge Perugorría (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Jorge Perugorría (Parte I)

"La vida mía cambió en una noche en un cine, en una proyección”

Amaury Pérez. Muy buenas noches, estamos, como siempre me gusta decir, en el corazón de Centro Habana, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC, en Prado y Trocadero, tierra de Lezama. Hoy “Con 2 que se quieran” se viste de gala, aunque esa es una frase bien cursi, pero es absolutamente sincera. Está con nosotros nuestro actor de cine más internacional, un hombre sincero, sencillo, y con una sonrisa siempre bordándole los labios, Jorge Perugorría. Bienvenido Jorge, un gusto tenerte aquí.

Amaury  Pérez. ¿Por qué Pichi, si te llamas Jorge?

Jorge Perugorría. Sí, mira, eso empezó allá en el Wajay donde yo nací que según me cuenta mi familia, una vecina que se llama María Luisa, que seguramente estará viendo el programa y se alegrará de que la mencione, como yo nací pasado de tiempo era feísimo y había un programa de radio y había un personaje que se llamaba Pichilingo Puchucha.

Amaury Pérez. ¡Ah, sí, cómo no, claro!

Jorge Perugorría. De Radio Progreso, y entonces ella cuando me vio dijo: ¡pero este es Pichilingo! Era una cosa horrible, pasado de tiempo, engurruñado, y Pichilingo, Pichilingo y al final se quedó en Pichi, pero empezó por eso.

Amaury Pérez. Pero tu familia después te siguió diciendo Pichi y también tus amigos en la escuela.

Jorge Perugorría. Todo el mundo, no me lo pude quitar nunca. Yo llegaba a la escuela, aparte, yo tengo un apellido vasco bien raro que es Perugorría y un nombre muy común que es Jorge y entonces tú sabes cómo son las gentes de los barrios y eso, es Pichi y Pichi y ya te quedas con eso y no te lo puedes…

Llegaba a una escuela y decía: yo soy Jorge Perugorría y a los tres días yo no sé cómo la gente se enteraba y ya todo el mundo Pichi.

Amaury Pérez. Háblame del Wajay, porque es un barrio, es un mundo que yo conozco, yo soy de Fontanar y por tanto estoy cerca del Wajay. ¿Cuáles son tus recuerdos del Wajay?

Jorge Perugorría. Son unos recuerdos que… prácticamente la infancia mía fue ahí. Era un barrio de la periferia muy ligado al campo, los recuerdos míos de la infancia son maravillosos porque era por los campos de café, encaramado en las matas de mango, bueno, imagínate, viví casi hasta… la secundaria la hice ahí. Ahí están las primeras novias, el primer amor, los primeros sueños y todas esas cosas.

Amaury Pérez. Y están tus padres.

Jorge Perugorría. Y está mi madre, yo me crié con mi madre. Soy hijo de padres divorciados y me crié con mi madre. Mi madre también es parte de los recuerdos de aquella época, esa época en que…, no sé, que fue tan bonita, porque ya te digo, mi madre era una trabajadora, una obrera, pero el país estaba en otra situación, por eso yo creo que también son recuerdos bonitos, porque había un sueño colectivo que era muy inspirador y todos estábamos contagiados con eso.

Amaury Pérez. Ahora, yo estaba pensando mientras te escuchaba hablar del Wajay y como tú mismo decías, es un barrio periférico… En la distancia ¿Cómo puedes aquilatar y medir la distancia que hay entre aquel origen humilde, en aquel barrio del Wajay y la vida, no tan humilde que llevas hoy, gracias a tu trabajo, en Santa Fe. ¿Qué es Santa Fe para ti?

Jorge Perugorría. Sí, bueno, Santa Fe es un lugar maravilloso, de verdad que es un lujo vivir ahí en Santa Fe. Para mí es el resultado de muchos años de trabajo y de alguna manera, producto de los resultados que he tenido en mi profesión. Pero mi familia viene de Oriente por parte de madre y son de Cayo Mambí. Todos vivían en cayos, dentro de la Bahía de Cayo Mambí, vivían en la costa, es decir, la relación con el mar para mí siempre ha sido muy importante. Vinieron para La Habana, se establecieron allí en el Wajay. Después del Wajay yo fui a otro barrio también que fue Santiago de las Vegas. Después apareció Elsita, que será otro capítulo, ese es un capítulo aparte. Viví en Lawton, después viví en Centro Habana. Bueno, en el Cerro y terminé en Santa Fe, me fui acercando al mar poco a poco.

Amaury Pérez. Tu familia viniendo del mar, y fuiste buscando el mar. Ahora, hay una cosa aquí, me dicen algunas personas que tú, yo no sabía esto, a los 22 años hiciste televisión por primera vez. ¿Es cierto que fue a los 22 años?

Jorge Perugorría. Sí, yo empecé de extra en la televisión, o sea, yo comencé, desde… imagínate, como te estoy hablando del origen de mi familia, en mi familia nadie me llevó a un teatro, a esos lugares fui yo por voluntad propia, por los amigos, por interés personal.

Entonces yo estaba en el pre y un día pasamos por la televisión y estaban buscando extras para una aventura de Erick Kaupp, yo estaba en 12 grado. Y recuerdo que era una aventura de esas que necesitaba gente para montar a caballo porque era de época, yo sabía montar a caballo. Y yo dije: ¡No, espérate, vamos ahí a montar a caballo de gratis, además nos dan una cajita y nos dan 10 pesos! y ahí empecé. Entonces estando ahí, veía a los actores trabajar y me empecé a interesar por la profesión.

Amaury Pérez. Porque antes no te habías interesado.

Jorge Perugorría. No, antes no me había interesado, ahí empecé a interesarme y dije: a mí me gustaría hacer eso. Sabía que era un camino muy largo, ¿no?, ese de empezar en la televisión de extra… y luchar una evaluación y enseguida descubrí que la mejor manera era estudiar o formarte en el teatro como actor si no tenías la posibilidad de estudiar. Y ese fue el otro camino que finalmente hice.

Me fui al teatro, después que descubrí este mundo en la televisión, nada, pasaron cosas tremendas. Una vez, en esa aventura, montando a caballo, me cayó un caballo arriba que por poco me revienta, me llevaron para el Hospital Naval, yo pensé que estaba reventado, el caballo me cayó encima. Yo andaba con una bandera y vinieron unos tipos y el caballo se paró en dos patas, una locura. De aquello siempre recuerdo a Molina, el actor, que Molina es un ser humano del carajo, aparte de ser un gran actor, me fue a buscar allá a Santiago de las Vegas, se ocupó de ir a ver al extra aquel que se había desbaratado con un caballo y me llevó él al médico con un carro del ICAIC, me atendieron allí, un amigo de él, un doctor. Y bueno, ese fue mi periplo por la televisión…, ahí descubrí la profesión que quería hacer.

Amaury Pérez. Sí, porque yo sé que tú después hiciste mucho teatro, pero la televisión la has dejado a un lado ¿por qué?

Jorge Perugorría. Porque tuve la suerte, primero, de vincularme al teatro profesionalmente, de empezar a trabajar mucho en teatro, para poder evaluarme como actor tuve que hacer mucho teatro, después tuve la suerte de trabajar con grandes directores.

De toda esa relación con el teatro me apasionó mucho, le dediqué mucho tiempo… y la televisión tuve experiencias interesantes, porque hice Shiralad, que es una serie…

Amaury Pérez. Sí, la recuerdo.

Jorge Perugorría. Que era una serie que se hizo, a pesar de que estábamos en período especial, ya en Shiralad estábamos nosotros con aquel sueño de hacer algo fantástico, pero lo fantástico era el esfuerzo que estábamos haciendo para hacer Shiralad, porque había gente que se desmayaba y todo con la escafandra aquhttp://www.one.cu/ella, los calores aquellos, con las espadas y, bueno, aquello fue tremendo. Pero fue un intento de hacer una buena televisión.

La televisión ha ido perdiendo calidad, o sea, hay recuerdos memorables de series que ha hecho la televisión que a mí me hubiera gustado estar ahí: “En Silencio ha tenido que ser”, “Julito el pescador”, y por ahí para allá muchísimas cosas más.

Pero después la televisión se fue desinflando un poco en medio de carencias, dificultades. Y realmente yo creo que la televisión lo primero que tiene que rescatar es el talento, que hay mucha gente con talento y con ganas de trabajar y posiblemente la televisión se está perdiendo ese talento, o sea, no es solamente un problema económico, es un problema también de vincular, de convocar el talento que hay, de la gente joven que quiere hacer cosas, aunque sea para la televisión, que es un medio siempre visto como un medio menor desde el punto de vista artístico, pero que en realidad no lo es.

Amaury Pérez. No, no lo es.

Jorge Perugorría. No lo es, y la realidad lo está demostrando ahora. En la televisión, ahora, en cualquier parte del mundo, están trabajando los grandes actores de cine, bueno, tenemos un ejemplo que conocemos que es Brasil, donde se hace una televisión de primer nivel donde los actores de cine trabajan en la televisión.

Yo me divorcié de la televisión también por la razón siguiente: empecé una carrera cinematográfica que ni yo me imaginaba y yo siempre he dicho, mientras pueda hacer películas, habrá tiempo para hacer televisión, habrá tiempo para hacer teatro y he priorizado el cine y no he parado.

Amaury Pérez. Yo quería hacerte una pregunta porque es una curiosidad que siempre he tenido. Cuando estabas haciendo la trilogía de Tenesse Williams, creo que en El Zoológico de cristal…, yo tenía un grupo grande de amigas que les decía: ¿para dónde van? Y me respondían: vamos al Teatro Nacional, (era en la Sala Covarrubias, donde ponían las obras), que está saliendo el Pichi desnudo. ¿Cuán difícil puede ser, fíjate que no te digo en el cine, sino en el teatro, hacer un desnudo total?

Jorge Perugorría. Es difícil, es difícil, lo que pasaba es que para nosotros era también formar parte de lo transgresor que era la propia puesta en escena, la obra, o sea, realmente nos llenaba… el valor lo sacábamos de ahí, era una manera de transgredir al espectador, de chocar ahí a la gente, ¿no?, y, salíamos desnudos, y al final nos desnudamos todos, incluso, salíamos todos los jovencitos de Té y simpatía con unos calzoncillos de encaje y unas botas de militares rusos, esas cosas de Carlos Díaz, esas imágenes, y recuerdo que el último día, digo: cuando se levante el telón, vamos a bajarnos los calzoncillos todos. Se levantó el telón, que era la última función y estábamos dando un poco de cuero, divirtiéndonos un poco también, ¿no? y cuando se levantó el telón estábamos todos de espalda encueros a la pelota. Bueno, Carlos dijo: tú no vas a trabajar, nos botó a todos, a la mayoría del grupo nos botó. Después nos recogió.

Amaury Pérez. Yo me imagino, sí, hombre claro, cómo no los va a recoger, además Carlos es una maravillosa persona.

Tú hiciste Fresa y Chocolate en el 93, pero me dijo Manolo Iglesias, nuestro editor, que habías hecho algo en cine antes con Tomás Piard.

Jorge Perugorría. Sí, hice con Tomás Piard, “Boceto”, que estaban ahí Popi, Roche, Héctor Eduardo, éramos un grupo grandísimo de actores. Era un medio metraje hecho para los estudios que tenía la televisión que hacía cine, quedaba frente al ICRT.

Amaury Pérez. Que quedaban ahí donde estaba la funeraria antes.

Jorge Perugorría. Bueno ahí que había un departamento que hacían cosas en cine y eso. Entonces ese mediometraje que yo siempre digo mi primera película del ICAIC fue Fresa y Chocolate, pero anteriormente había hecho este cortometraje.

Amaury Pérez. Eso no lo vi.

Jorge Perugorría. Muy interesante sobre todo porque Tomás Piar nos enseñó una cosa que después yo he vuelto a retomar con el tiempo, que es el trabajo del actor…, creer en el actor, darle la idea del personaje y ponerlo a improvisar delante de una cámara… o sea, crearle todo un medio y sacarle todo lo que el actor tiene dentro en relación al personaje y a ese mundo que el director le está creando, fue un trabajo interesante.

Amaury Pérez. ¿Tú lo conservas? ¿Sería posible ponerlo un día por televisión?

Jorge Perugorría. Sí, si lo conservo, pero por televisión no, ahí salimos todos encueros igual.

Amaury Pérez. ¡Ah!, sale todo el mundo… A lo mejor en un horario… Después de las 12 de la noche.

Jorge Perugorría. …Después de las 12 de la noche.

Amaury Pérez. Bueno, hay un tema obligado que es tu gran despegue internacional y nacional: Fresa y Chocolate, una película tan importante para tantos cubanos. Se ha hablado mucho de Fresa y Chocolate, ¿qué tú podrías agregar que no sepamos de Fresa y Chocolate? …Sabemos que tu papel iba a ser el papel que hizo Vladimir y viceversa. ¿Qué es para ti Fresa y Chocolate hoy, incluso  cuando la ves?

Jorge Perogurría. Si algo podemos decir, hablar y conversar ahora en este momento para el público cubano, para el espectador cubano, es la impresión que yo tengo de lo que significó Fresa y Chocolate. Fresa y Chocolate, sobre todo fuera de Cuba es una película que aportó tanto a este país, pero no solamente que eso lo conocemos más, lo que aportó dentro de Cuba en el sentido de la tolerancia, del respeto a la diferencia, sino lo que representó fuera de Cuba, que eso yo también lo he vivido, o sea, cómo Fresa y Chocolate llegó en un momento determinado a oxigenar, a dar otra imagen de la Revolución, incluso, fuera de Cuba en todas partes, todo lo que se hablaba de Cuba… La prensa siempre es muy manipuladora, todo el mundo mediático es muy manipulador, y siempre las visiones de la isla son en blanco y negro y Fresa y Chocolate dio al mundo una visión llena de matices de lo que es la sociedad cubana, la complejidad de la sociedad cubana, la diversidad de la sociedad cubana. Y eso para mucha gente afuera, que nos veía ya por leer las noticias que salían de Cuba en todas partes del mundo, como personas prácticamente esquematizadas, robotizadas, se dieron cuenta de que no, que Cuba era un país lleno de…, como cualquier otro país, lleno de complejidades, de matices. Entonces yo creo que en ese sentido, en el momento, además, que sale la película, que sale a principios de los 90, que es una época también difícil para nuestro país, en ese sentido la contribución de Fresa y Chocolate a la nación cubana, ha sido realmente…, para mí me llena de orgullo.

Amaury Pérez. ¿Tú te diste cuenta en el momento que estabas rodando o te diste cuenta cuando Titón y Juan Carlos Tabío armaron la película al final?

Jorge Perugorría. No.

Amaury Pérez. ¿Tú estabas consciente de lo que estaba ocurriendo en el momento que estabas filmando?

Jorge Perugorría. No, no, para nada. Esto que te hablo es ya parte del resultado del trabajo.

Amaury Pérez. No ¿pero cuándo tú estabas filmando te estabas dando cuenta que estabas haciéndole un aporte…?

Jorge Perugorría. No, no, para nada, lo que pasa es que para mí era una cosa bien tremenda, estaba trabajando con Tomás Gutiérrez Alea, el gran maestro del cine cubano. Estaba también co-dirigido por Juan Carlos Tabío, que era otro de mis directores favoritos -que es-, ¡imagínate!, yo estaba en una burbuja y con un personaje maravillosamente escrito por Senel. O sea, yo no podía, yo estaba metido ahí, perdido ahí, viviendo en Lawton en aquella época. Lo que recuerdo en aquel momento del rodaje es que yo estaba criando un puerco en la casa y todos los días llegaba del rodaje, le preparaba la comida con el vecino de al lado y me ponía las manos llenas de churre. Llegaba a la filmación y la maquilladora me decía:¿oye, pero que es lo que tú estás haciendo, mira como tienes las uñas? y, como yo estaba haciendo el gay me tenía que limpiar todos los días las uñas, echarme brillito…, yo estaba en eso, yo no pensaba lo que iba a pasar con la película, yo estaba resolviendo mi vida.

Amaury Pérez. Engordando al puerco.

Jorge Perugorría. Engordando al puerco para el fin de año. Bueno con la conciencia de que estaba en un proyecto que era soñado para cualquier actor cubano, no sólo por las personas que me rodeaban, por la historia que estábamos haciendo, sino también porque ya yo sí tenía conciencia de que estábamos haciendo una película necesaria.

Amaury Pérez. Ahora, yo siempre he querido preguntarte esto: Tú vivías en Lawton en ese momento y estabas criando un puerco, de pronto la película se estrena y sale de repente una persona desconocida para el gran público cubano, haciendo un gay muy creíble. ¿Qué decía la gente en la calle?

Jorge Perugorría. ¡No, no, tremendo, tremendo, de todo, pasó de todo! Sí, cómo tú dices, fíjate que ese estreno en el Carlos Marx…, yo me acuerdo que Elsita y yo entramos al Carlos Marx y no nos dejaban entrar y cuando salimos no me dejaban salir, pero el público… La vida mía cambió en una noche en un cine, en una proyección. No, aquello fue tremendo. Y con este tema me pasaron cosas simpáticas. A ver, por ejemplo, una vez vino un gay, que yo siempre hago este cuento que es muy simpático y me dijo: ¡oye me has hecho llorar tanto en el cine que tuve que cambiarme el rímel tres veces! Cosas así.

Después estaba en Lawton y andaba yo, ¡imagínate! yo era de los que hacía la cola en el bar Sonia para coger dos cubos de cerveza para jugar dominó los domingos, que esa era la vida nuestra ahí, dominó con la gente del barrio, dos cubos de cervezas, esas que te daban un dolor de cabeza que el domingo tú decías, no bebo más esa cerveza, el martes decías, no bebo más esa cerveza y el miércoles y el jueves con el calor, ya el viernes tú estabas en la cola otra vez para coger los dos cubos de cerveza de nuevo. Y entonces los socios del barrio, ¡imagínate!, los negrones llegaban al cine y los comentarios eran: ¡el tipo ese tiene que ser maricón! y se querían fajar y todo y yo les dije: ¡caballeros, tranquilos, mantengan la calma, no hay que fajarse, dejen que la gente piense lo que piense eso no es problema! los tipos allá, ¡oye, que un tipo al lado dijo, Fulano, ¡oye, ese es amigo, es mi hermano! y se querían fajar y dar galletas y todo. ¡Oye, no, tranquilo! Esas cosas simpáticas de Cuba.

Amaury Pérez. Bueno, después de Fresa y Chocolate aparecieron en tu vida decenas de películas, decenas de filmes y yo decía, bueno, ¿cómo Pichi maneja el asunto del acento? porque tú has trabajado con directores mexicanos, brasileños, españoles, Bigas Luna, Manuel Gutiérrez Aragón, Ruy Guerra. Yo decía, ¿cómo se las arregla para colocar el acento? que a veces dicen el acento neutro que no parezca de aquí. Pero a veces como en Goya estás hablando con zetas, o sea, ¿cuánto trabajo te cuesta eso?

Jorge Perugorría. Eso es dificilísimo, para mí es terrible, es lo más difícil, lo más engorroso, porque como actor yo disfruto y esas son experiencias, son viajes que he tenido la suerte de dar en el cine. Y además, lo tremendo es que he estado trabajando, por ejemplo, es una cosa muy particular de mi carrera, ¿no? y todo es por Fresa y Chocolate, porque en todas esas cinematografías donde después yo llegué, primero llego la película… En Brasil me llamaban y yo decía: yo no hablo portugués, y me decían: no importa, terminé hablando portuñol, hice como tres películas en Brasil. Una escena en japonés, no, una locura. En Argentina también. El cine latinoamericano por ahí he estado en un viaje larguísimo, prácticamente en Colombia, en Latinoamérica casi toda en donde se hace cine.

Amaury Pérez. Sí, Littín, en Chile.

Jorge Perugorría. En Chile, bueno, en muchos países latinoamericanos, porque eso fue una cosa que yo prioricé porque eso lo aprendí aquí en Cuba con el Festival de Cine, amar y sentirme parte del cine latinoamericano. O sea, para mí el cine latinoamericano, es como…, es algo que es parte… con lo que nosotros estamos comprometidos.

Amaury Pérez. Sí, es la casa.

Jorge Perugorría. Exacto. Pero eso lo aprendí aquí porque yo era de los que falsificaba credenciales para ver cuatro películas, cinco películas en los Festivales y nos colábamos en los cines, era mi juventud, ese era mi momento…, nosotros esperábamos el Festival de Cine Latinoamericano, porque el cine es una ventana para ver, para conocer, el cine es maravilloso.

Y entonces después yo terminé yendo a todos esos países  a trabajar y fueron experiencias, pero el tema más engorroso es el del idioma, lo de los acentos. Yo he sufrido… cuando Bigas Luna vino y me dijo, quiero que vengas y hagas de Goya, yo dije: Bigas… ¡Pero Bigas, me van a arrastrar los actores españoles por la Cibeles, esa es una cosa muy difícil, es como que tú traigas a un español a hacer de Lam, no sé!

Amaury Pérez. ¡Sí, claro, claro!

Jorge Perugorría. …Pero no puedo decirte que no, voy a hacerlo aunque haga el ridículo de mi vida. Voy para allá contigo y voy a hacer de Goya.

Amaury Pérez. Pero no hiciste el ridículo.

Jorge Perugorría. No, no, me metí de lleno en la vida de Goya y estuve dónde nació Goya…, me pegué un viaje… y además, fue una película tan interesante para mí, que con esa película, que es una historia muy loca, yo retomé la pintura que era algo que había dejado olvidado y que no hablamos, que comenzó en el Wajay.

Amaury Pérez. No, ahora vamos a hablar de la pintura.

Jorge Perugorría. En el Wajay había una Casa de Cultura y ahí yo empecé en pintura, y estuve como un año, que la dejé porque era tremendo barco y todo el mundo se ponía a dibujar y el profesor ponía una botella, un coco, no sé, naturaleza muerta y aquello a mí me aburría, a los dos días ya estaba aburrido ya…, naturaleza muerta, naturaleza muerta, y yo lo que estaba esperando era que me dieran un poco de colores y eso, porque he seguido igual, soy expresionista igual como en aquella en época, lo que en aquella época abandoné la pintura porque no entendía el arte, ahora lo entiendo un poco, o sea, lo veo desde otro lugar y es una expresión y soy yo y esa es mi obra.

«Con 2 que se quieran» Jorge Perugorría (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Jorge Perugorría (Parte II)

Amaury Pérez. Sí, pero cuando me hablas de la pintura yo siento que… tú tienes un brillo muy especial en los ojos, pero te brillan todavía más. ¿Por qué dices siempre que la pintura es tu violín de Ingres, tu profesión alternativa o tu segunda opción? ¿Por qué la segunda? ¿Por qué no es la primera?

Jorge Perugorría. Sí, realmente también pudiera ser… no, porque yo como actor realmente tengo un reconocimiento, gracias a mi trabajo, y como pintor soy un pintor joven que estoy empezando, ¿entiendes?, tengo la misma pasión a la hora de pintar y me encanta, aparte que es…, porque el cine es un arte colectivo, el cine es algo transgresor, o sea, cuando hacemos una película, por suerte, todo este equipo que aquí nos acompaña hoy es del cine, y me han acompañado en películas y son parte de mi familia profesional, saben y nos pasa a todos, que cuando hacemos una película son dos meses de tu vida que no es otra cosa que la película, por el tiempo de trabajo, porque es duro el cine, son doce horas… cuando te metes a hacer una película va la familia a un lado, la vida tuya individual a un lado, todo a un lado porque uno le entrega todo a una película y, además a todas, hasta las que salen malas.

Amaury Pérez. Pero la pintura tampoco es un hobby.

Jorge Perugorría. Sí, pero tiene algo que es más personal, que yo eso lo hago en mi casa, en mi soledad, entonces para mí tiene ese otro valor añadido que es que el cine es un arte colectivo y esto yo estoy ahí en mi mundo, en mi burbuja, estoy conmigo mismo y con Elsita que siempre aparece en todas partes, hasta cuando estoy conmigo mismo.

Amaury Pérez. Elsita está al aparecer ya como un tema principal dentro de la entrevista, pero yo vi tu exposición, la primera, y lo primero que me dio risa, me acuerdo que fue Carlos Varela quien me dijo: Oye, el Pichi va a hacer una exposición que se llama “Si me pides el pescáo te lo doy”. Entonces yo dije: qué título tan curioso y después hiciste otra que se llamaba “Vacíos” y has hecho más, yo me imagino, que no he tenido conocimiento. ¿Has hecho otras exposiciones?

Jorge Perugorría. Sí, sí, hice otra también que se llamaba “Chivo que rompe tambó”, que era un poco. Lo de “Si me pides el pescáo”…, esa intención mía de buscar lo popular y de acercarme a lo popular y a lo cubano, ¿no?, y de buscar una identidad también dentro de la propia obra que voy haciendo, no sólo con el título, con la propia pintura también. Ha sido un viaje bien bonito el de la pintura que ha ido creciendo cada vez más, cada vez le dedico más tiempo. A veces pienso que el cine también es una etapa de la vida de uno, que posiblemente vaya teniendo menos películas y pueda dedicarle más tiempo a la pintura, pero para mí no será un sufrimiento, porque he encontrado otra fuente de placer.

Amaury Pérez. Pero el cine necesita también a los que hacen de padres y después a los que hacen de abuelos…

Jorge Perugorría. …los abuelos, sí algún abuelo haré o algún padre por ahí.

Amaury Pérez. Todavía te falta mucho tiempo. Y ya que estamos hablando de pintura, yo quiero hablar entonces de Elsita. Elsita ha estado apareciendo de vez en cuando. Yo sé -dice mi esposa que no debo decir yo sé-, pero yo te veo con ella y yo presiento esas cosas, es evidentemente el gran amor de tu vida.

Jorge Perugorría. Sí, sí, sí.

Amaury Pérez. Tu gran compañera y quisiera que me hablaras de ella y me hablaras de los muchachos, que ya están grandes y están estudiando música, ¿no?

Jorge Perugorría. Sí, estudiando música, sí. Mira, yo cuando terminé el Pre, que te dije que me fui, que quería ser actor y estaba en lo de extra y eso, pero me iba a coger el Servicio Militar y me metí a estudiar otra cosa, crucé la calle…, había una escuela de Edificaciones y empecé a estudiar edificaciones para ganar tiempo para ver si podía entrar en el ISA y estudiar actuación.

Amaury Pérez. Pero no era Ingeniería Civil.

Jorge Perugorría. No, era Edificaciones.

Amaury Pérez. Porque mucha gente dice estabas estudiando para ingeniero civil.

Jorge Perugorría. No, no, edificaciones, dibujo arquitectónico, la José Martí. Y ahí me metí, tú terminabas el Pre y después habían los grupos del pre y los grupos de noveno grado. Y yo un día estoy en el comedor, me estoy comiendo unos chícharos que eran habituales en la escuela todos los días… unos chícharos, pero que eran alucinógenos los chícharos aquellos. Yo me metí ese día un plato de chícharos, iba a salir del comedor, puse la bandeja y cuando abrí la puerta vi a una mujer que venía con un pantalón de corduroy rojo, por una hilera de pinos que había un camino y el viento le estaba dando en aquella pelambre que traía y ahí cambió mi vida.

Amaury Pérez. Hasta ahora.

Jorge Perugorría. Era Elsita. Dieciseis años tenía Elsita, los uniformes eran de color mostaza, ha sido mi compañera durante toda la vida. Posiblemente gran parte de las cosas que he hecho han sido posible también por esa tenacidad de ella de creer en mí y de darme fortaleza. Porque la vida no es…, en la realidad, uno no es un ejemplo tampoco de un sueño idílico ni mucho menos, la vida es dramática, en realidad, pero el éxito no lo aparta a uno del dolor, de la contradicción, de la duda y Elsita siempre ha estado ahí al lado mío. Y siempre me ha dado fuerzas y siempre me ha acompañado.

Amaury Pérez. ¿Y los muchachos?

Jorge Perugorría. Y los muchachos. Porque tú tienes una familia y al otro día tú dices: hay que ponerse las botas y salir para la tierra a arar la tierra, porque hay que sembrar boniato para que estos muchachos coman y crezcan, ¿no?.

Amaury Pérez.  Pichi es un hombre fiel, ¿qué tú piensas que es la fidelidad y cuánto uno le debe a la fidelidad? Y hablo de la fidelidad en el plano general, desde el amor a la tierra hasta el amor a Elsita.

Jorge Perugorría. Sí, yo creo que la fidelidad es la sinceridad de los sentimientos que tú tengas hacia cualquier cosa, hacia la Patria, hacia tu compañera. Cuando lo que tú sientes por tu compañera…, la pasión, ¿sabes?, eso de estar juntos en las malas, en las buenas, eso de yo que he andado por ahí por todas partes y regresar, porque sé que este es mi lugar, esta tierra es mi lugar, que Elsita es, al lado de ella es mi lugar, que mi familia es mi lugar, yo creo que eso ya es el sentido que yo entiendo de fidelidad, no la fidelidad que se entiende como, para mí como concepto ya burgués, católico, no sé qué, de las apariencias y de la doble moral, ni nada de eso, para mí todo eso es bobería, para mí todo eso es banal y superficial. Para mí la fidelidad se tiene que basar en sentimientos verdaderos, o sea, uno tiene que andar con una compañera, uno tiene que amar un país cuando ese país le provoca a uno amor, cuando esa compañera le provoca a uno amor.

Amaury Pérez. ¡Wao! Yo te quería hacer esta pregunta, te la quería hacer hace años y ahora aprovecho. En el instituto donde hoy estamos grabando, el ICAIC, sus siglas son, Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica, y a veces yo he pensado si se podía llamar Instituto Cubano de Arte Cinematográfico. ¿Cuánto hay de industria en el cine cubano y cuánto hay de arte?

Jorge Perugorría. Realmente el cine no se puede despegar del concepto de industria, realmente hay un concepto de industria que es importante a la hora de hacer cine, por lo costoso que es el cine porque es parte de la mecánica del cine, ¿no?

Lo que pasa que en este caso el ICAIC es una industria cinematográfica que ha apostado y sigue apostando por un cine de arte, por un cine de un compromiso social y Cuba ha sido protagonista en eso, de hecho lo sigue haciendo, no sólo a través del Festival, de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, sino por el apoyo que le ha dado a todos los cineastas y a todos esos nombres que crearon este movimiento.

Pero yo creo también que es un cine que depende del apoyo del Estado, porque es un cine que no recupera la inversión que se hace. En ese sentido es una industria prácticamente que depende de una política cultural, o sea, es un cine que vive por la política cultural del Gobierno y tiene que seguir viviendo, tiene que seguir existiendo. Y en la medida que este país gane, que es lo que aspiramos todos, y lo que queremos y estamos esperando todos, gane en recursos, crezca la industria y volvamos a tener más dinero, pues vamos a tener más dinero también para invertir en ese cine, que no se recupera, en ese sentido no tiene…

Amaury Pérez. …No, con lo que cuesta.

Jorge Perugorría. …En ese sentido no tiene un concepto de industria, pero que es nuestra memoria en imagen y sonido. Y es una apuesta necesaria para la cultura.

Amaury Pérez. Y los medios alternativos estos que están ahora, poder grabar en digital ¿Cómo ves el futuro de esos medios alternativos que ya no es grabar con la Arriflex o grabar con la Panavisión?

Jorge Perugorría. Eso es fantástico, mira y de hecho ahora cito a alguien que no había citado en esta entrevista contigo, que es Humberto Solás, con él hicimos el primer largometraje de ficción en digital, que fue Miel para Oshún, con un equipo reducido.

Humberto fue el que marcó ese movimiento dentro de Cuba y les enseñó a los jóvenes que se podía hacer, y no sólo a los jóvenes, le enseñó  también al ICAIC, que se podía hacer un cine de bajo presupuesto, en digital, con calidad. Y eso sirve de ejemplo para la gente joven. Porque si tú ves a Humberto que se baja y vuelve de nuevo a hacer cine a pie, ¿no? pues eso para los muchachos dicen: ¡pues si lo hace el maestro lo haré yo también! Porque también el arte es trabajo, o sea, por mucho que tú estudies en una escuela, que tengas veinte proyectos, ideas y que seas intelectual y vayas todos los días a la cinemateca, la concreta es hacer la película. Para ser director tienes que dirigir, no hay otra, entonces tienes que coger con los recursos…, con un teléfono grabas la película y así vas a conocer a tres tipos que cogían la película que hiciste con un teléfono digital y van a decir: ¡qué talento tiene este muchacho, para la próxima te voy a ayudar! Eso es importante para los jóvenes. No es solamente soñar, hay que materializar esos sueños.

Amaury Pérez.  Yo, recuerdo que tú has dirigido cosas, un clip para Silvio Rodríguez y con José María Vitier has dirigido algunas cosas. ¿Esas experiencias te llevaron a dirigir tu primer largo, “Afinidades” o ya tú tenías pensado por dónde ibas a ir?

Jorge Perugorría. No, realmente ¿sabes?, todo es consecuencia de la propia vida. Una vez yo andaba por allá por Galicia y me encontré un loco una madrugada que me dijo: “La vida nos vive”, y a mí me parecía aquello como una cosa fantástica y, así es, a veces la vida nos vive.

Son cosas que ni yo pensé, ni que me preparé para eso pero que la propia vida me ha ido llevando, de pronto, a ponerme detrás de la cámara. La primera cosa que intentamos hacer fue Habana Abierta, el documental que hicimos, porque por esto de uno sentir cosas que son necesarias, importantes, más que por el ego de que ahora yo quiero convertirme en director. No, hay que ponerse detrás de la cámara ¿quién se va a poner? ¿Nadie?, me pongo yo, pero hay que dejar un testimonio de esos…, me parecía como generación importante… del regreso de todos esos jóvenes que llevaban como seis años por Madrid, por España, trabajando…, que allí seguían tocando en barcitos de 10, 20, 30, 50 personas y que aquí estaban llenando los teatros enormes y que llenaron La Tropical. Entonces llamé a Arturo Soto, que es un hermano mío y con el cual he hecho películas y compartimos no sólo las películas, sino la vida… Nos dieron hasta un Coral y todo, que nos sorprendió muchísimo, nos alegró mucho…, pero sobre todo dejamos un testimonio del regreso de… además era importante ¿sabes cuántos artistas jóvenes, cubanos…, contribuir a que los muchachos jóvenes que andan por ahí regresen?, decirles: esta es tu casa, este es tu público natural.

Amaury Pérez. ¡Oye, Pichi, tú hablas de muchachos jóvenes como si tú no lo fueras!

Jorge Perugorría. Ya yo no soy tan joven, Amaury, ya yo no soy tan joven, yo estoy “embarajando” un poco, pero no.

Amaury Pérez. Tu casa siempre está llena de gente. ¿Cómo se arregla un ser humano para acomodar el tiempo? Una. Y dos, ¿cómo tú sientes, como tú manejas el hecho de que todo el mundo te quiere, que nadie habla mal de ti? No hay una sóla persona que yo conozca que te diga una crítica, un comentario malo sobre ti como ser humano.

Jorge Perugorría. Bueno, no sé, eso lo dices tú.

Amaury Pérez. Yo lo digo, doy fe.

Jorge Perugorría. Bueno, imagínate, realmente nosotros siempre hemos sido así, o sea, esto no es después de Fresa y Chocolate. Ya viviendo en Lawton, el puerquito aquel que yo crié durante la película, nos lo comimos con toda la gente del barrio.

Y los dos cubos de cerveza que buscaba en el Bar Sonia, iba toda la gente del barrio a mi casa a jugar dominó. Siempre hemos sido así. Y para mí la amistad es algo importante.

Y en el caso mío, por ejemplo, yo he aprendido mucho de mis amigos, yo creo que yo he crecido mucho con la contribución que han hecho mis amigos a mí como persona, mis amigos músicos, mis amigos pintores. El Cuty, Noel, los otros, no sé, el Kcho, todo el mundo y terminamos descargando y pintando cuadros y fueron los primeros que me dijeron: enseña lo que estás haciendo.

En mi relación con el cine, detrás de las cámaras, mis amigos músicos han sido fundamentales porque con José María Vitier, que he tenido el lujo, para mí es un lujo haber trabajado en dos discos de José María, haberle hecho dos DVD.

Y después, finalmente, viene mi gran amigo Vladimir Cruz y me dice: vamos a dirigir una película juntos. Que el Vlado, que ha tenido una carrera paralela a la mía, y que ha andado por ahí haciendo teatros, cine, de todo, trabajando mucho y que en los últimos tiempos estábamos también muy pegados, hicimos como cuatro películas juntos seguidas, él también estaba dando pasos.  Y de pronto me dice: tengo un guión ¿por qué no unimos fuerza y hacemos la película juntos?

Y lo hicimos, dimos ese primer paso juntos y es una experiencia muy particular, porque nacimos como actores en el cine juntos y vamos a nacer como directores de ficción juntos también.

Amaury Pérez. ¿Trabajan ustedes también en la película?

Jorge Perugorría. Sí, en la película estamos como actores y directores.

Amaury Pérez. ¡Ay, caray!

Jorge Perugorría. Y entonces es una cosa muy particular. Y que ojalá, Vlado lo tiene más claro, el Vlado yo creo que se va a enfocar más. Yo soy más de…, también de vivir cosas. Quizás mañana me ponga a pintar, o a actuar y quizás vuelva a dirigir otra película, también es otro sueño.

Amaury Pérez. Con tantos amigos músicos no te ha dado nunca por la música.

Jorge Perugorría. No, no, en la música estoy embarcao, Amaury, de verdad.

Amaury Pérez. ¡Oye, tú eres un hombre de éxito, Pichi,  eso es indiscutible, ya habíamos hablado de eso!

Jorge Perugorría. Pero tenemos que decirle a la gente que en el éxito también existe el drama.

Amaury Pérez. Sí, sí, ya tú lo habías dicho.

Jorge Perugorría. Sí, pero hay que repetírselo.

Amaury Pérez. Adonde yo voy es que le gusta a mucha gente exitosa decir que son rehenes del éxito, es una frase que se usa con cierta frecuencia… Yo no te veo a ti rehén del éxito.

Jorge Perugorría. No, para nada.

Amaury Pérez. Te veo como una persona que el éxito te da independencia, ¿te sientes beneficiario de ese éxito?

Jorge Perugorría. Por supuesto, o sea, yo además, he tenido la suerte de vivir cosas tremendas, de andar con mi trabajo. Me he disfrazado de pingüino como tres veces para ir a Cannes y subir la alfombra roja.

Me disfracé de pingüino junto con Titón y Juan Carlos Tabío para ir a los Oscar. Claro que son cosas simpáticas, son cosas inolvidables. He conocido grandes…

Amaury Pérez. …Grandes directores, actores.

Jorge Perugorría. Artistas, directores.

Amaury Pérez. Uno a veces se entera de que está por Cuba Natalie Portman ¿dónde está? uno pregunta. En casa de Pichi, siempre ocurre eso.

Ya estamos llegando casi al final de la entrevista. Yo te llamé para que vinieras al programa, y hablamos con Elsita y rapidísimo dijeron que sí. Ahora, la pregunta es: ¿Tú crees que yo te invité porque sabes que te admiro, porque tienes un gran éxito, porque tienes una gran carrera o porque intento ser amigo tuyo?

Jorge Perugorría. De siempre, tú me has mostrado una simpatía que quizás yo no la he correspondido a la altura de la simpatía que tú me has mostrado, porque no hemos tenido oportunidad, pero la tendremos, estoy seguro, porque estamos en el mismo barco, en el mismo viaje. Yo te doy las gracias…

Amaury Pérez. …No es la última pregunta, me queda una…

Jorge Perugorría. …Ah, bueno, espérate, pero te doy las gracias de todas maneras y te quiero decir una cosa, fíjate, no sólo le dije a Elsita, si llama a Amaury, yo quiero, porque es una oportunidad de estar en ese fenómeno que es la televisión, y del que hablábamos y que se puede hacer con calidad y tú eres de las personas que la pueden hacer con calidad.

Amaury Pérez. Bueno, gracias. No hablemos de mí, estamos hablando de ti. Yo te quería hacer la última pregunta, la última pregunta es, tú estás mucho tiempo fuera de Cuba trabajando en rodajes, promocionando las películas, editándolas, en fin. Cuando te vas de viaje tanto tiempo ¿Te llevas a Cuba contigo o nos la dejas a nosotros aquí para que te la cuidemos mientras tú regresas?

Jorge Perugorría. No, yo me la llevo conmigo. Yo me voy para España y termina medio equipo comiendo frijoles negros, bailando con los Van Van, jugando dominó, yo soy contagioso. Soy un virus cubano, pero contagioso… donde quiera yo pongo a la gente a jugar dominó ya sea italiano, portugués, a bailar con los Van Van, a la gozadera esa, yo soy contagioso.

Amaury Pérez. Bueno, gracias Pichi, gracias por haber venido y que tu sonrisa eterna jamás se marchite. Te quiero mucho.

Jorge Perugorría. No, gracias a ti. Gracias.

«Con 2 que se quieran» Broselianda Hernández (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Broselianda Hernández (Parte I)

“Soy una mujer que lo quiere todo”.

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy, esta noche, nos acompaña la gran actriz de teatro, de cine, de televisión y una mujer bellísima, mi amiga Broselianda Hernández. ¿Qué tal mi cielo, cómo tú estás? Gracias por venir.

Broselianda. Muy bien, gracias.

Amaury. Mi primera pregunta es: ¿Por qué tú has dicho en alguna entrevista que si fueras hombre quisieras ser como Carlos Díaz?

Broselianda. Bueno, yo creo que es al revés. Carlos Díaz un día me dijo: “Si yo fuera mujer quisiera ser Broselianda”

Amaury. A lo que tú respondiste…

Broselianda. …A lo que yo respondí: Si yo fuera hombre quisiera ser Carlos Díaz. Bueno, porque Carlos Díaz para mí es un ser entrañable, es un ser que vive a lo grande, que tiene miedos, angustias y que nos conectamos mucho en esta cosa del sentido del humor y de las ideas, de cómo pensamos. Yo digo que hemos envejecido juntos, porque nos une una amistad de mucho tiempo y de trabajo, pero más que el trabajo ha sido esa cosa entrañable que une a dos seres humanos, que es la empatía… Tenemos que ver, somos personas que tenemos mucho que ver.

Amaury. Uno puede trabajar con muchos amigos, pero Carlos Díaz es uno de los principales directores de teatro que tiene Cuba; esa amistad, ¿la llevan también a la hora de trabajar o tú ocupas tu sitio y Carlos Díaz ocupa el suyo?

Broselianda. Creo que la llevamos porque cuando te hablo de la empatía es eso, Amaury, es que sin decirnos nada, yo he podido llegar a un ensayo y decirle: “Espérate un momentico, Carlos, tengo que llorar allá afuera”, y él salir, quedarse serio, darme un cigarro -tipo película-, así, en silencio, él coge otro cigarro, termino de llorar y no hay nada más que hablar.

Amaury. Es que contigo todo es muy fácil porque tú eres una mujer muy inteligente, pero eso me lleva a mi siguiente pregunta porque tu abuela Adalgisa decía que la carrera de actriz no era una carrera para personas inteligentes. ¿Cómo te dijo eso tu abuela querida, a una mujer como tú, que eres brillante, además?

Broselianda. Bueno, mi bisabuela era la que se llamaba Adalgisa, y mi abuela se llama Ana María.

Amaury. ¿Quién fue la que te lo dijo, tu bisabuela o tu abuela?

Broselianda. Mi abuela. Mi abuela era médico, una médico genial.

Amaury. ¿Mamá de tu papá o de tu mamá?

Broselianda. De mi mamá. Fue la que me crió y no quiso ni que mi mamá fuera actriz ni yo tampoco. Decía eso, que la actuación no era una carrera para personas inteligentes. Eso me ha martillado toda la vida, esa sentencia, porque viniendo de ella, una mujer tan inteligente, intelectual también… y con el tiempo he tenido que demostrarme a mí misma que no, al contrario, no existe nada que se pueda hacer sin inteligencia. La inteligencia yo creo que lo es todo en un actor. Chaplin hablaba de las tres “i”: Intelecto, Imaginación e Intuición, pero la inteligencia tú te das cuenta cuando un actor es inteligente o no.

Amaury. ¿Siempre te das cuenta?

Broselianda. Siempre me doy cuenta.

Amaury. Cuando la persona agarra un personaje, tú dices: esa persona llegó a este personaje porque lo procesó intelectualmente.

Broselianda. Claro que sí, y notas los aportes que puede hacer un actor inteligente a un guión… cuando un actor puede generar continuamente a partir de un guión, elaborar toda una creación.

Amaury. Tú me decías que tu abuela era una intelectual y en tu familia también hay médicos. ¿A qué rama de la intelectualidad pertenecían tu abuela y tu familia?

Broselianda. Bueno, exacto, eran médicos, mi abuelo y mi abuela. A mi abuelo casi no lo conocí, murió a muy temprana edad, pero era un gran médico y también, bueno, mis antecedentes, esa bisabuela era maestra nocturna, tenía un vozarrón increíble, era una persona chiquititica, de ojos muy azules, y medio loca -medio loca porque lo adivino en las fotos-, y con toda su cultura y su gran inteligencia, se había casado con el bodeguero del pueblo.

Amaury. Que era seguramente un hombre inteligente, los bodegueros son siempre inteligentes.

Broselianda. Pero tenía muchas faltas de ortografía y así y todo ella lo amaba. Mi abuela no, mi abuela se casó con un médico, estudió la carrera de Medicina por él, pero se separaron muy jóvenes y casi no lo conocí.

Amaury. Hablaste antes de la familia y de tu mamá, Rosa Ileana Budet, una actriz y teatróloga. Ella hace años que no vive en Cuba, vive en Santa Mónica, pero un día estábamos tú y yo hablando de ella y me hiciste una anécdota preciosa, vinculada a una correspondencia, no la recuerdo tanto, era con un novio… ¿Cómo fue esa historia?

Broselianda. Eso es increíble, tengo que reconocer que mi mamá es una persona muy fuerte. Somos una estirpe fuerte, mi abuela, mi bisabuela y mi mamá. Mi mamá me tiene a mí con 17 años, o sea, la diferencia de edad es poca entre una madre y una hija, ¿no?, y estando en España en una gira teatral, recibo una carta de mi madre donde decía: “Me voy a encontrar con Felipe”. Felipe y mi mamá se habían conocido casi de muchachos, 16-17 años. Estudiaron en el Edison juntos y fue el primer amor de mi madre. A él se lo llevan de Cuba con 17 años, su familia, y mi mamá hace su vida, pero siempre con ese amor sublimado, incluso en la distancia. Ella escribe varios libros, y en cada libro aparece Felipe de alguna manera, pero mi mamá siempre supo que se iba a encontrar con él. ¿De qué manera?, no lo sé. Con el invento del e-mail, ese gran invento, mi mamá averigua las coordenadas de Felipe, ¡imagínate!, nunca más había sabido de él, pero siempre estaba presente Felipe. ¿Dónde estará? ¿Qué habrá sido de su vida? Ese hombre, ese hombre… en cada carta, en su memoria. Entonces eso de la ley de atracción y la cosa de “el secreto”, se cumple perfectamente, porque Felipe recibe una carta, ya ni siquiera un e-mail, el 29 de agosto, el día de su cumpleaños.

Amaury. En Santa Mónica, California.

Broselianda. Sí, en Santa Mónica recibe una carta y después es que viene este intercambio de e-mails, donde él le pregunta “¿te acuerdas de tal cosa? ¿Y todavía existe la natilla de…? no sé y un poco ese reencuentro viene a ser algo muy lindo, porque es el reencuentro también de él con su país, o sea, con Cuba. Incluso ellos, ya después logran una visa de fiancé (prometido), se casan y con ese intercambio de e-mails hacen un libro en conjunto que se llama así: Visa de fiancé.

Amaury. ¿Y tienen una vida…?

Broselianda. Una vida maravillosa. Mi mamá actualmente me dice: Brose, yo siempre supe que me iba a encontrar con él, no sé por qué, tenía que ser, eso estaba en mi destino. De verdad, es una mujer muy fuerte.

Amaury. ¿Y tú no tienes un Felipe por ahí?

Broselianda. Yo quisiera tener un Felipe. Sí, no sé. No, es una historia de amor lindísima, de verdad, te podría decir que casi hollywoodense en el sentido de que, ¡contra!, encontrarte después de tanto tiempo, con cincuenta y pico de años los dos, él un poquito más que ella, reencontrarse y que todo fluya, y que se enamoren y que de verdad sean felices y todo eso, pasa muy pocas veces en la vida.

Amaury. ¿Tu papá trabajó en el Grupo de los 12? ¿Qué cosa es el Grupo de los 12 y háblame de tu papá?

Broselianda. Tengo entendido que el Grupo de los 12 fue fundado por Vicente Revuelta, se aunaron varios teatristas importantes en ese momento. Estaban Flora Lauten, José Antonio Rodríguez, creo, si no me equivoco. Fue un grupo emblemático. Vicente como figura del teatro cubano y creo que universal, fue uno de los que más estudió todas las técnicas de (Jerzy) Grotowski, sobre todo Grotowski en Cuba, fue un grupo emblemático y mi padre fue fundador de ese grupo.

Amaury. ¿Pero él no te cría, no está a tu lado en tu infancia porque aparece Rine Leal?

Broselianda. Sí, ya estaban separados mi madre y él, pero a través de mi papá yo sí vi mucho el teatro desde dentro, iba mucho a las funciones. Y aparece Rine como figura fuerte paterna, porque bueno, me tocó, o sea, fue pareja de mi madre y estoy muy orgullosa de él. Rine para mí fue un padre, un padre lindo, el que te enseña a comer, cómo se come en un restaurante, modales, matemáticas, cuentos. Un hombre de una cultura súper vasta, maravilloso.

Amaury. ¿Pero tu niñez está entonces muy vinculada desde esa época, claro, por cuestiones familiares, pero también por necesidades espirituales tuyas y cuando niña, con el teatro y con la actuación y con los misterios…?

Broselianda. Claro, siempre. Mi mamá estudiando Periodismo y entonces me quedaba con mi abuela, si no me iba con ellos. Mi mamá empezó a estudiar justamente después de haberme tenido.

Amaury. ¿Pero tú crees que fue una niñez normal?

Broselianda.  No, para nada, demasiado intelectual.

Amaury. ¿O sea, los desajustes, los delirantes y amorosos desajustes que tiene tu personalidad están vinculadas con esa niñez atípica?

Broselianda. Muy atípica. Separarte de tu madre de alguna manera; no separarte emocionalmente, pero sí físicamente, siempre representa en el orden afectivo, una situación un poco fuerte. Claro que en aquella época era un proceso de la Revolución, los estudios, la mujer incorporada todo el tiempo y entonces los hijos estábamos un poco…

Amaury. ¿En tu grupo de amigos tú te considerabas un bicho raro?

Broselianda. No. Cuando entré al ISA (Instituto Superior de Arte) todo el mundo pensaba que yo no tenía nada que ver con una actriz, sino más bien con una teatróloga “polillosa”. Tenía ese estigma, ¿no? Y entonces me daban 4 todo el tiempo de 5, en actuación. Siempre me quise cambiar de carrera, hasta el segundo año decía: Yo voy a ser la peor actriz del mundo y todo el tiempo renegando de mi profesión o sea, ¿por qué voy a ser actriz, qué es esto? Esto no es para mí… yo nunca voy a ser actriz. Ese conflicto lo tuve años,

Amaury. Pero Brose, ¿cuándo cambió esa percepción sobre ti misma?

Broselianda. Yo creo que todavía no ha cambiado mucho.

Amaury. ¿Cómo que no ha cambiado? ¡Claro que ha cambiado! Tú eres una de las grandes actrices de Cuba y lo dice todo el mundo, además.

Broselianda. Sí, Amaury, pero a la hora de enfrentarme a los personajes, los enfrento todavía con muchos miedos. Todo el mundo dice que es muy bueno eso. Pienso que sí, que es bueno, pero no tanto y es esa cosa de la exigencia hacia uno mismo. Para mí actuar es un gran placer, pero también es una gran agonía. Siempre tengo esa doble mirada, esa mirada crítica todo el tiempo, lo mismo hacia mí que hacia un guión, que hacia…

Amaury. ¿Qué te pasó con el personaje que ibas a hacer en La casa vieja, de Léster Hamlet? ¿Te pasó algo parecido? Ibas a hacerlo y de pronto no lo hiciste.

Broselianda. No lo hice.

Amaury. Está bien, hasta ahí. Tú estudiaste, por supuesto, en el ISA y has estudiado actuación. Los métodos Stanislavski, Brecht, todos esos métodos. ¿Tú crees que son imprescindibles para un actor, que es imprescindible conocerlos, aprenderlos, estudiarlos, antes de llegar a una actuación como la que hiciste, la maravillosa, que hiciste en Barrio Cuba de Humberto (Solás)? ¿Tú crees que te sirvió todo eso para hacer esa escena?, que es de los momentos extraordinarios de la película.

Broselianda. Bueno, claro que sí, yo creo que la escuela, conocer todos estos métodos, sobre todo las bases de Stanislavski son importantísimas. Grotowski, esa cosa del distanciamiento, todo eso uno lo tiene aquí atrás (señalando el cerebelo) y sale en algún momento. Con Barrio Cuba hay una anécdota graciosa.

Amaury. ¡Ay, házmela!

Broselianda. Graciosa en el sentido de que me ofrecen esa pequeña escena y yo saqué unos volúmenes de “El arte secreto del actor”. Todos arriba de mi cama por tres días enteros y mi hija pasó un día por el cuarto y me dice: ¿Y tantos libros para qué, para una escena? Sí, yo estudio, yo soy una persona que estudio, tengo que estudiar, esta es una escena… y era metida en todo un rollo de… No me arrepiento, para nada. No creo que el resultado de esa escena haya venido de esos libros, para nada. Pero yo estaba muerta de miedo.

Amaury. ¿Pero por qué? ¿Por el personaje o por trabajar con Humberto?

Broselianda. Por todo. Era una pequeña escena que tenía… yo esto lo estoy intelectualizando ahora, hablando en voz alta, yo no intelectualicé esa parte; para mí era una gran cosa esa pequeña escena, que era buena y enfrentarme a Humberto por primera vez en mi vida, a alguien a quien admiraba tanto y no podía quedar mal. A mí no me importa si la escena se va después, yo tengo que dar todo lo que yo pueda dar aquí. Por eso te digo que lo de Grotowski y todo eso sí sirve, pero lo que más funcionó en esa escena fue la relación que establecimos Humberto y yo. Hablamos de la muerte, hablamos de la vida, hablamos de la vejez. Creo que hasta le dije: Yo quisiera decir: “¡Dame una gardenia, mamá. Dame una gardenia!” Y él me dijo: “¡Son otros tiempos!” Hablamos mucho, mucho.

Amaury. ¡Hasta yo hubiera querido decir: ¡Dame una gardenia, mamá! (risas)

Broselianda. Entonces para mí la escena fue un punto mágico, porque yo no veía la escena con lágrimas, o sea, uno siempre tiene esa tendencia a que la emoción puede no estar en la lágrima, y minutos antes de empezar la escena, él me dice: “¡Quiero que pases de la risa al llanto!” Respondí como un actor amigo mío: “¡Me esforzaré!” Entonces me dijo: “Tenemos goticas, pero nada impuesto…”

Amaury. Me esforzaré, parece un himno.

Broselianda. Y salió. Salió una primera toma que creo que olvidé algún texto. Repetí. Sí, volvió a salir. Pero él y Felito Lahera feron creando toda una atmósfera, de verdad, para que esa escena saliera.

Amaury. Y te premiaron por esa escena.

Broselianda. Sí. Un premio muy lindo, porque es un premio en Providence, en Estados Unidos. Pero ya te digo, más importante que el premio fue todo lo que yo viví en ese momento, el impacto después y que una escena tan pequeña haya quedado… Estaba con una amiga mía y no me acuerdo quién fue a ver Barrio Cuba y no sé quién le dijo: Contra, ¡qué buena la escena de la loca esa amiga tuya! (risas), y era yo, ¡tú sabes! Incluso, vaya, para mí de verdad fue un momento muy lindo porque recuerdo que yo vi la película en el Payret. La copia no estaba muy buena en el Payret y yo la veía y decía: ¡he oído tantos comentarios buenos, y yo no veo que he hecho tanto! Y después la vi mejor y vaya, de verdad, yo misma dije: ¡Contra, está emocionante!, Qué lindo, ¿no?, que haya pasado esto.

Amaury. Es fantástico. Te preguntaba lo de los métodos porque las actrices que no tienen una formación teatral, hablo de las actrices que hoy pueden estar rondando los 70, 80 años, la gente de la televisión, muchas personas de cine no creen en los métodos, creen en el empirismo que dejó huellas, en la televisión, sobre todo, en la televisión y en el cine en los años 50. Personas que no creían que eran necesarios, que salían ahí a poner el pecho y por eso era la pregunta.

Broselianda. Bueno, ya te dije lo de los libracos. Ya ahora, a partir de cierta edad, o no sé, de haber trabajado un poco más, yo confío un poco más en la intuición. A mí con Fernando Pérez ahora me pasó. Con la película de la infancia y la adolescencia de Martí, Fernando me pidió que no leyera nada. Y adivino por qué lo hizo. Cuando él fue a hablar conmigo acerca del personaje y me habló de los sucesos del Teatro Villanueva, yo no tengo una real cronología histórica como para saber que: “Los valientes habaneros/ se quitaron los sombreros/ ante la matrona fuerte/ y después que nos besamos/ como dos locos me dijo/: vamos pronto, vamos hijo/, la niña está sola, vamos.//” Eso de pronto salió, porque está, ya te digo, aquí, y porque recuerdo mucho los poemas de amor musicalizados por ti.

Amaury. De Martí.

Broselianda. …De Martí y Nacha Guevara cantando “Amor de ciudad grande”, ese tipo de cosas.No soy una historiadora, pero parece que cuando de pronto le zumbo a Fernando Pérez aquel poema que es a raíz, precisamente de los sucesos de Villanueva, se habrá quedado sorprendido, y pensó: “a esta mujer no le puedo pedir que lea nada, porque de pronto me va a hacer una intelectual, y yo quiero una madre”.

Amaury. Pero lo que pasa es que Martí sería también un método porque Martí va sobre todos nosotros, los que son actores y los que no son actores.

Broselianda. Exactamente.

Amaury. Tú eras una persona que tienes una voz maravillosa, yo lo tengo que decir, me encanta tu voz porque tú puedes hacer con ella lo que te da la gana. ¿Cómo la distribuyes en los distintos medios?

Broselianda. Me ha costado trabajo. Justamente doblando la película de Martí, yo me oía y no me soportaba. Y lo hablé con una amiga, actriz, que siempre estamos hablando mucho de trabajo, que me ha ayudado mucho.

Amaury. ¿Cuál? ¿Qué amiga?

Broselianda. Isabel.

Amaury. Isabel Santos. ¿Cómo habla Isabel Santos contigo?

Broselianda. Tengo anécdotas muy graciosas con ella… Nosotras siempre nos admiramos mucho; una, porque yo siempre procedí del teatro y ella me decía: “lo que tú haces en el teatro yo no puedo hacerlo” (con voz grave) (risas). Le respondía: “Isa, yo en el cine…” Pero lo lindo de nosotras, que realmente es algo muy interesante, es que yo llego de una filmación, haciendo Una rosa de Francia, y Alfredo Mayo, el director de fotografía me decía: No me des tanto perfil. Y yo estaba con Pichi, Jorge Perugorría y yo decía: “¡Pero si la escena es completamente de perfil!” Y llamo a Isabel y le digo: “¡Isa, me pasó esto!” Y ella: “¡Eso es una cosa muy chea, un recurso muy…, pero yo te lo voy a enseñar!” Y me ha enseñado muchas cosas… (risas) Entonces ella se molesta porque yo la imito, pero es muy lindo porque ambas, siempre estamos hablando.

«Con 2 que se quieran» Broselianda Hernández (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Broselianda Hernández (Parte II)

Amaury. Pero ella también te imita a ti.

Broselianda. Me imita a mí, ¿por qué no la voy a imitar? Con la Leonor me pasó que siempre la llamaba y le decía: “¡no voy a poder, no voy a poder!” Leo esta escena y me muero de miedo. Y ella: “¿Cómo no vas a poder? Sí puedes”(imitando la voz grave de Isabel Santos) (risas) Entonces es una suerte de retroalimentación, o sea, hablamos mucho, es una persona que me ha dado mucho ánimo para seguir.

Amaury. En una época de nuestras vidas nos vimos con frecuencia y a ti te gusta cantar. ¿Qué te gusta cantar?

Broselianda. Bueno, yo canto de todo.

Amaury. Sí, pero tú cantas boleros, te gustan los boleros pasionales, te gustan esas cantantes de mucha…

Broselianda. Sí, me gusta “Heridas”, me gusta mucho Annia Linares. Yo la adoro. Me gusta todo. Hago monólogos así con unas grandes improntas que me dan y los ofrendo mucho a mis amigos, a los amigos más cercanos y les encanta.

Amaury. No te preocupes, no te de miedo, no te voy a hacer cantar. Lo haces muy bien, a veces; digo, para divertir lo actúas exageradamente pero sí lo haces bien, cantas muy bien. Roberto Blanco y el teatro. Tú debutas en teatro y Roberto Blanco dirigiéndote.

Broselianda. Bueno, me gradúo con Roberto con los Cuentos del Decamerón. Cuando me gradúo, una graduación muy linda con Roberto, había dos grupos en muy importantes en Cuba en ese momento, que eran el “Buscón” y el “Irrumpe”. A mí me mandaron para Isla de Pinos, algo de eso y yo dije: ¡Yo no, yo soy Diploma de Oro y yo me quedo en La Habana y voy para uno de esos dos grupos, que son los más importantes  y yo quería estar en alguno de los dos!

Pero en el “Irrumpe” estaba Lili Rentería en ese momento, o sea, era la gran estrella de Roberto y José Antonio estaba buscando al personaje de la Ofelia, de Hamlet, en una versión muy linda que se llamó Cómicos para Hamlet y yo me fui a hacer el casting con José Antonio Rodríguez. Un casting maravilloso.

Amaury. ¿Qué cosa es un casting?

Broseliandia. Un casting, una prueba, porque estaban buscando una muchacha que hiciera la Ofelia y ese fue el personaje que me marcó. Entré por la puerta grande con la Ofelia y fue una cosa lindísima. Después empecé a girar con José Antonio. José Antonio fue mi gran maestro, mi gran todo.

A Roberto lo comparo un poco con Humberto, ¿no?: un hombre de una gran cultura, un gran conversador, una suerte de padre también, como lo fue José Antonio en su momento y yo tuve el privilegio de hacer la puesta, y la reposición después de tantísimos años de Yerma, que fue una puesta emblemática de Roberto. Ya Roberto estaba enfermo, yo en ese momento que estaba haciendo la María, no la Yerma, también estaba un poco enferma, y recuerdo que Roberto me alzaba por la cabeza como para controlar todos esos niveles de estrés y cuando muere Roberto, yo creo que es una de las muertes que más he sufrido en mi vida. Me conmocionó muchísimo.

Amaury. ¿Qué distancia hay entre la Broseliandia que triunfa, televisivamente en “Cuando el agua regresa a la tierra”, hasta “Doble juego”? ¿Cómo te has podido mover en la televisión? La televisión es un medio diferente al teatro y diferente al cine. Todo es más chiquito, se pueden hacer, me imagino, yo no soy actor, pero se pueden hacer gestos más contenidos que en el cine se convierten en una payasada.

Broseliandia. Bueno, en “Cuando el agua regresa a la tierra”, yo siempre digo, que cuando yo quiero, digamos, actuar bien, yo me coloco en aquella muchacha, que estaba como desnuda en el sentido de… desnuda como sin equipaje. Esa muchacha que no tiene técnica, que está frente a una cámara y es tan espontánea.

Amaury. Silvestre

Broseliandia. Silvestre, nació así y fue muy lindo, o sea, es un gran premio debutar en la televisión con una serie tan buena, con una cosa tan bien hecha y con un personaje tan bien estructurado. Con esa relación tan linda con el abuelo que me marcó.

Amaury. Tú dijiste en algún momento algo que a mí me impactó y es esta frase. Esta frase es tuya textual, escrito por ti: “Soy una mujer que lo quiere todo, pasión, libros, objetos, amigos”. ¿No te parece demasiado quererlo todo?

Broselianda. Sí, me parece demasiado. Yo siempre decía que yo era como el personaje de Meryl Streep en Plenty. Veía esa película y me veía a mí. No te creas, esa frase denota una ambición, pero una ambición bonita.

Amaury. Sí, y son las cosas que tú quieres, amigos.

Broselianda. Una ambición bonita, porque creo que me lo merezco, todo lo bonito me gusta. Los amigos, creo que tengo suficientes para ser feliz.

Amaury. ¡Y buenos!

Broselianda. ¡Y buenos, de verdad que sí! Soy muy feliz con mis amigos y de verdad que lo quiero todo y yo se lo decía a mi madre desde pequeña: ¡es que yo lo quiero todo, yo lo quiero todo, y ella me decía: Las personas inteligentes somos así, ¿sabes? (risas), vemos un objeto bonito y ¡qué linda esta taza! y tal libro y esta ropa porque es bonita, y este hombre y este niño. (risas)

Amaury. Voy a ir entonces…, porque ahí hablas de pasión, pero no hablas de pareja, o sea, la pasión puede ser una cosa mutante.

Broselianda. ¡Claro!. Yo creo que vivo de pasión en pasión. No es que… quizás le tenga miedo a la rutina, pero es que soy así… Yo creo que a esta edad uno no va cambiar tanto.

Amaury. ¡A qué edad, por favor! Tú eres una muchacha.

Broselianda. Mira, hay una cosa muy graciosa. Yo he ido caminando por la calle y la gente me dice: Brose, ¿cuándo tú vas a encontrar un hombre para tu vejez?

Amaury. ¿Para tu vejez? (con sorpresa)

Broselianda. Eso del compañero para la vejez…

Amaury. En un asilo hay muchísimos, en los asilos hay personas, enfermeros que se ocupan de eso cuando uno llega a la vejez. Pero tú eres una muchacha. Miren, ahora usted ven a Broselianda maquillada, además, Aymara (maquillista del programa) es una maravilla y la maquilló, pero cuando Broselianda llegó a este estudio hoy, parecía mi hija. No puede ser mi hija, pero puede estar cerca.

Broselianda. Me parece que no es una exageración de tu parte (risas).

Amaury. No, no lo es. Digo, que puedes ser mi hija, sí, que puedes ser mi hija es una exageración de mi parte. (risas)

Broselianda. Mira, no sé, a veces yo me siento de ochenta años, para qué decirte. A veces la depresión y… momentos bipolares, yo digo que soy muy bipolar… A veces le mando mensajes a mi mamá donde le digo: “Te mando un beso bipolar”, un beso intenso, pero sobre todo bipolar. Un beso que por la mañana va a ser muy alegre y por la tarde va a ser muy triste, pero realmente yo creo que no he terminado todavía de amar todo lo que se presente, ¿sabes? Porque hay personas que sí…, yo eso lo admiro, admiro las parejas de años… Quisiera, me da una envidia sana ese compañero de la vejez, pero yo necesito ese amor que quizás dura tres segundos, cuatro segundos, pero que me vuele la tapa de los sesos y que me levante del piso, que no tiene que ser ese día tras día… No es que eso no exista, yo creo que sí, pero a lo mejor yo no lo sé hacer.

Amaury. Hablemos de Sofía, de tu hija, tú tienes una hija adolescente.

Broselianda. Bueno, con eso te lo digo todo. Tengo una hija adolescente. Tengo una hija maravillosa.

Amaury. Que tú has criado sola.

Broselianda. Que yo he criado sola.

Amaury. Padre y madre.

Broselianda. Padre y madre y, ¿qué te voy a decir? Es mi vida, es mi todo. Le he dedicado todo tipo de cosas, desde funciones, entrevistas, mi vida entera se la he dedicado.

Amaury. ¡Vamos a dedicarle también el programa este!

Broselianda. ¡Vamos a dedicárselo!

Amaury. Mira, no había pasado, nunca le habíamos dedicado el programa a alguien. Vamos a dedicarle este programa, está dedicado a Sofía, la hija de Broselianda.

Broselianda. ¡Claro!

Amaury. Tú llegas a tu casa con un personaje, ya fuiste y lo hiciste. Sobre todo cuando estás haciendo teatro, más que cine, teatro que es todos los días haciendo lo mismo o casi lo mismo, porque nunca se hace lo mismo. ¿Cómo te desprendes de esos personajes en tu casa cuando llegas? ¿Normalmente qué pasa cuando tú llegas del teatro, llegas 11-12 de la noche después de una función? ¿Cómo ese personaje se va para volver a engancharlo al día siguiente?

Broselianda. Bueno, Amaury, eso es tétrico. Déjame decirte que yo pensaba que eso era un mito y yo hice un personaje en Vacante, Ágabe, que era… lo tuve que dejar. Porque era un personaje que removía todo, todo mi ser y salía en un carro todo el tiempo el personaje… Me levantaba de madrugada y era el personaje, el personaje y llegar con toda esa carga de dos horas de función. Además tenía una carga física fuerte; esa descarga de adrenalina, pérdida de peso. Incluso se habla que los actores de teatro pierden peso, no sé si también los del cine, pero supongo que también. Y es muy difícil, llegó un momento en que mi hija en un momento me dijo: ¿Sabes lo que dijo Marlon Brando un día en una entrevista? Que los actores no debían tener hijos. Me dejó así. Y yo dije: quizás, pero no sé por qué me lo dijo, todavía estoy por preguntárselo, pero es bien difícil. Lo que pasa es que hay que lograrlo, ¿sabes?, porque sin salud mental un actor tampoco es nada.

Amaury. ¿Por qué llegaste tan tarde al cine cubano?

Broselianda. Yo creo que tiene que ver más bien con esa cosa de los tipos físicos y de ese tipo también físico peculiar, esa voz peculiar y todas esas cosas, aunque yo había hecho una primera película muy joven con Víctor Cassaus. Después me condenaron al ostracismo, en el sentido de las películas…

Amaury. …Al ostracismo cinematográfico, porque en teatro…

Broselianda. De las películas cubanas, porque coproducciones sí me tocaban muchas, muchas que las agradezco muchísimo.

Amaury. ¿Qué es lo que más te ha gustado de lo que has hecho en el cine cubano?

Broselianda. No, de verdad que te diría que todo. O sea, contundente por pequeño, hablamos de la escena de Barrio Cuba, pero la Maggie con Enrique (Pineda Barnet); el personaje de “Mata, que Dios perdona” con Ismael Perdomo y ahora la película de Fernando (Pérez) fue un personaje bellísimo, la Leonor.

Amaury. Yo te dije al principio que no te quería hacer cantar. ¿No quieres cantar un poquito, un pedacito?

Broselianda. ¿Pero cómo qué?

Amaury. Como “Duele”, o como “Heridas”. Un pedacito, dos líneas.(Risas) De una que te guste mucho. Este es un programa atípico.

Broselianda. Es que “Heridas” es como muy fuerte.

Amaury. Un pedacito.

Broselianda. (Cantando) “Me gustas mucho, mucho pero mucho. / Me gustas tanto, tanto, que no sé si decirte que estoy enamorada. / Qué hermosa es mi Habana al salir el sol / bordeando la costa hacia el Malecón / y siento en mi Habana mi vibrar, su vibrar enamorado.”

Ritmo de ola y sol languidece, Amaury, languidece junto al Malecón. ¿Que en Cuba, que en mi país, no hay Harley-Davidson?. No, no me engañe, bárbaro. (risas y exclamaciones de admiración de Amaury) Ese es un homenaje a Celeste Mendoza.

Amaury. Mi vida. Hay una última pregunta. Es que deja ver cómo hago la última pregunta porque después de esto, de este momento…

Broselianda. “Languidece” (cantando). ¡Fíjate como lo tiro abajo!

Amaury. Sí, porque eso también tienes que decirlo como Celeste.

Broselianda. ¡Lo estoy tirando!

Amaury. ¡Mira como lo estoy tirando! Tú hiciste un personaje muy importante en esta película de Fernando Pérez. Porque tú hiciste la madre de Martí, Leonor Pérez. ¿Qué responsabilidades especiales, aparte de la que lleva una actriz, es representar el papel de la madre de nuestro Apóstol, Apóstol de nuestro país, de José Martí?

Broselianda. Bueno, ya te digo, Amaury, yo… cuando Fernando está buscando a la Leonor, que me ve, fue un cubo de agua fría. Me dice. Yo te veo muy esbelta, muy joven para el personaje y es cuando yo le suelto el famoso pedazo del poema. Pasan los días y Fernando me llama y me dice que lo ayude para buscar el Martí y nunca yo le había dicho esta frase a nadie en el mundo, ni siquiera a un hombre que me gustara.

Le digo: “Fernando, yo no te puedo ayudar, yo no soy tu amiga, yo soy Leonor Pérez.” Y quiere decir, con esto que te digo que el personaje me costó, me costó mucho trabajo. Aquí se sabe muy poco de esa mujer; que sí sabemos que es la madre de Martí, pero no sabía el grado de importancia que podía tener en la película. Tratándose de la infancia y la adolescencia, pues cobra mucha importancia.

El día que yo recibí la confirmación de que era yo, fue uno de los días más emocionantes y más alegres y más encontrados de mi vida. ¿Por qué?, lo luché, ¿sabes? Con esas cosas que uno dice: bueno, no era yo, no era yo y lo luché.

Entonces en cuanto al significado, cuando te dije que Fernando me dijo: no me leas nada, yo quiero solo a una madre. Después de hecha la película, es que empiezo a investigar sobre la vida de esta mujer. Por supuesto, la película no es la vida de Leonor Pérez, pero me doy cuenta que es una de las vidas más sufridas, una de las vidas más increíbles que yo haya leído. Una mujer con una entereza, una fuerza, una dulzura. Es todo un personaje maravilloso, sabemos que es venerada en Canarias, y además que es la madre de Martí. Cobra una importancia, además; una labor de caracterización total y completa, o sea, para mí cobra un significado, porque para mí es lo que Fernando me pidió: una madre, una madre cubana y la madre de Martí.

Amaury. Bueno, Brose, gracias por venir. Gracias por tu alegría, por tu atrevimiento, por tu osadía. Gracias también por tu amistad y por tu belleza.

Broselianda. Gracias a ti

Amaury. Siempre obligado. Muchas gracias.

Broselianda. Gracias.

«Con 2 que se quieran» Enrique Molina (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Enrique Molina (Parte I)

“La vida nos vuelve a levantar”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC, en el barrio de Lezama.

Hoy nos acompaña, es un nuevo privilegio para mí, uno de los actores más coherentes, de los actores más brillantes, de los actores más populares. Sencillamente, usando un calificativo que casi nunca uso en la vida, está aquí con nosotros el maravilloso Enrique Molina. Mi socio. Mi amigo querido de los años. ¿Qué te parecen, Enriquito, los programas de entrevistas? ¿Tú crees que tienen alguna utilidad? Ahora hay muchos, no quiero que me hables de este, sería vanidad y petulancia, sino de los programas de entrevistas.

Enrique. Mira, depende, porque yo no sé si será que respondo siempre lo mismo, no tengo otra cosa que contar. O si será que, desgraciadamente, la mayoría de los periodistas que me han hecho entrevistas, todos preguntan lo mismo. Y entonces, cuando me invitaste a venir, yo dije: voy a repetir nuevamente lo que he hablado en otras oportunidades; y uno un poco que ya, no es por mí, sino porque uno tiene el temor de atiborrar a los televidentes de las mismas cosas siempre.

Amaury. Hay muchas preguntas que te voy a hacer que seguramente ya tú has contestado en otras entrevistas, pero hay una generación de gente que cuando te las hicieron en televisión no estaban aquí, o…

Enrique. …O tenían diez años y no les interesaba para nada…

Amaury. …O no les interesaba para nada y ahora, sin embargo, sí. Además, tú sigues haciendo papeles, porque tú no eres un actor que está viviendo del pasado. Ahora, tú naciste en Bauta, vamos a irnos a las cosas esenciales. Bauta, ¿cómo era tú vida en Bauta? ¿Era una vida bonita, o era una vida triste o era una vida pobre, o era una vida alegre? Cómo tú la calificarías.

Enrique. Era una vida bien dura, bien dura. Porque bueno, yo nací en el año 43, te podrás imaginar… los primeros 15 años de mi vida los pasé en Bauta. Con una familia maravillosa, porque mi árbol genealógico se alimenta de las dos razas que tenemos en Cuba: los blancos y los negros. Mi madre y todos sus hermanos, sus padres eran blancos de ojos azules, de ojos verdes. Y la familia de mi padre, mi abuelo, que es el dueño del apellido, Juan Molina, era un poquito más clarito que el traje ese que tienes puesto.

Amaury. (risas) Un poquito nada más.

Enrique. Un poquito más clarito. Yo recuerdo en mi niñez…, mi madre se enfermó de los pulmones cuando yo tenía dos años y entonces los médicos me separaron de mi mamá para que yo no me contagiara. Y a los cuatro años, dos años después de esa separación de mi madre, ella falleció y mi abuela siguió conmigo con un poco de lástima. Yo creo que ella abocó en mí un exceso de cariño. Porque mi padre, a partir del momento en que mi madre se enfermó de los pulmones, se separaron, mi padre fue a hacer otra vida en Camagüey, se casó por allá, qué sé yo. Y mi abuelita me mantuvo ahí, con todo el esfuerzo, con todo el sacrificio que se podía, hasta que ya ella decidió irse a vivir, cuando triunfa la Revolución, en el año 60, ella decide irse a vivir a casa de una hija que tenía en Santiago de Cuba, para descansar un poco de la lucha de la vida que había llevado y me llevó a mí para allá, porque todavía yo era menor de edad y ella sentía todavía gran responsabilidad sobre mí.

Yo tuve una niñez bien dura, porque a los 10 años tuve que dejar la escuela, en cuarto grado; una escuela pública que había en la Calzada de Bauta y dedicarme a hacer un montón de cosas durante el día. Repartir mi horario desde vender aguacates a las 8 de la mañana, con una cesta enorme en la cabeza, que me hundía la cabeza, a las 10 de la mañana dejar los aguacates, los que quedaban, y recoger la bolita, la charada, un listado de la gente que jugaba a la bolita y me buscaba un medio o diez quilos con eso. Por la tarde limpiaba zapatos en el parque de Bauta. Por la noche vendía maní en lo que era el cine Suárez, que ya no existe. Y bueno, y así fue pasando…

Amaury. …Fue pasando tu niñez…

Enrique. …Mi niñez en la lucha esa. Mis primas por otro lado limpiando pisos. Después tuve un tiempo fregando máquinas en un garaje que había ahí en la Calzada de Bauta que se llamaba el Garaje de Lambín, porque así se llamaba el dueño, y en fin, así… Realmente no fui un caso excepcional, aquella era una época bien dura, bien difícil. A mí me tocó vivir esa y la recuerdo porque me ayudó a formarme como persona.

Amaury. ¿Y continuó esa época complicada en los años del principio de la Revolución en Santiago de Cuba o ahí ya la cosa tú sentiste que empezaba a suavizarse para ti?

Enrique. Bueno, allí un amigo, Denis Morales, me consiguió un trabajo en una cafetería que estaba por el Parque Dolores, que se llamaba en aquella época…

Amaury. …Dime más o menos tu edad, para ir llevando…

Enrique. …Yo tenía como 17 años ya en ese momento. Entonces empecé en aquella cafetería a poner en los estuches, en sus cajas correspondientes las botellas de Coca Cola, las de Orange, las de Materva, qué sé yo. Ese era mi trabajo y sacar todas esas cajas para el portal afuera, que el carrero venía a recoger eso. Y ahí empecé a luchar la vida. Ahí me hice ya trabajador oficial, porque ya me reconocieron como trabajador de la cafetería. Ahí tuve mi primera relación matrimonial.

Amaury. ¿Cómo? Estando en la cafetería trabajando, estando de dependiente ahí.

Enrique. De dependiente ahí. Ahí en esa etapa conocí a una mujer que se llama Marta Mestre, con ella tuve tres hijos. Ahí hice mi primera familia. A Santiago de Cuba yo le agradezco, porque mucha gente me ve por la calle y me dice: yo soy coterráneo tuyo, de Santiago de Cuba como tú. Y yo no puedo estarle aclarando a todo el mundo por la calle que yo no soy santiaguero.

Amaury. Claro, pero tampoco hay que estar aclarando eso. Uno es santiaguero porque uno es cubano también.

Enrique. Claro que sí. Yo me siento muy feliz de haber vivido 10 años en Santiago de Cuba y haber comenzado mi vida, ya como hombre, mi vida social y mi vida profesional.

Amaury. Ahí vamos a llegar, ahí vamos a llegar. ¿Tú empezaste en Santiago en el Movimiento de Aficionados, ¿no?, ¿Qué significó para ti el Movimiento de Aficionados? Porque eso es una cosa que está perdida.

Enrique. Está perdida.

Amaury. Perdida, como marchita, ¿no?

Enrique. Perdida.

Amaury. Y tanta gente valiosa que salió de ahí. Tú mismo…

Enrique. Empecé en un grupo de aficionados que había en el sindicato gastronómico de ahí, de Santiago de Cuba. Como la cafetería esa donde yo trabajaba, en el Café Nubiola, ahí, en el Parque Dolores, estaba al doblar de donde estaba la Sala Teatro Profesional de Santiago, el Conjunto Dramático de Oriente. Que era como se llamaba en aquella época. Ahí estaban Félix Pérez, (Raúl) Pomares, Obelia Blanco, todo el grupo, María Eugenia García.

Amaury. Todos esos santiagueros célebres.

Enrique. Ellos iban a la cafetería a merendar y ahí seguimos enriqueciendo la amistad. Hasta que Félix me dice: ¡Oye, dentro de dos o tres días va a salir una convocatoria para el Grupo de Teatro para nuevos ingresos de actores profesionales! Me presenté, me desaprobaron. Esa vez fui junto con Miguel Sanabria, aprobaron a Sanabria, me desaprobaron a mí. Me fui con el moco caído para la cafetería, porque imagínate, yo ganaba 69 pesos, ya tenía el primer hijo. Entonces el Grupo de Teatro pagaba 150 pesos. Yo dije: no, no, yo tengo que comerme a alguien ahí, pero yo tengo que… ¡150 pesos en aquella época!

Amaury. No, no, ¡muchacho!

Enrique. Y a los dos o tres días Félix me volvió a buscar otra vez. Me dijo: Mira, hablé con el argentino. Él sabía que yo…

Amaury. Ah, ¿porque eso quién lo dirigía?, ¿unos argentinos?

Enrique. Adolfo Gutkin y Jaime Swetinzky.

Amaury. ¿Y qué hacían esos argentinos dirigiendo un Conjunto Dramático en Oriente?

Enrique. ¡Tremendos directores!

Amaury. ¿Eran buenos?

Enrique. Tremendos formadores de actores. Y entonces bueno, Félix me dijo: Mira, hablé con el argentino, vuélvete a presentar para ver qué. Y fui y el argentino, Adolfo Gutkin, estaba sentado dentro de una oficina y se me quedó mirando así, ya me había desaprobado y me dice: Mira, ahora tú sales por esa puerta por ahí y entonces dentro de dos o tres minutos entras y lo único que quiero que tú me digas es: Yo quiero ser actor. Es lo único que yo quiero, pero me lo tienes que decir de distintas maneras hasta que yo te pare. ¡Mira, por tu madre!, yo creo que una de las veces me tiré en el piso llorando, me dio como un ataque: ¡¡¡Yo quiero ser actor!!! Otra vez me encaramé arriba del buró y yo creo que los gritos se oyeron en el Parque Céspedes: Que yo quiero ser actor.

Amaury. Yo quiero ser actor, a veces llorabas. (risas)

Enrique. Aquel argentino se reía así mismo como lo estás haciendo tú.

Amaury. Claro, yo te imagino diciendo: Yo quiero ser actor, de distintas maneras.

Enrique. Este hombre está loco o qué le pasa. Hasta que me dice: Mira, tú vas a ser actor. Ya, llegué a la cafetería y digo: ¡Pedro Carrió, yo soy actor! ¿Cómo? Yo quiero. Yo soy actor, ya, de ahí del Conjunto Dramático de Oriente, yo soy de allá. Me voy de la cafetería y no trabajo más. Y de ahí para adelante, bueno, la primera noche, imagínate tú, una reunión con los argentinos y todos los actores, hablando de Stanislavky, de Grotowski, de Brecht toda esa gente. ¡De qué hablan!, me dieron ganas de bajar la escalera corriendo. ¿Dónde me he metido yo? y de ahí, Amaury, mira, a golpe de…

Amaury. A golpe de talento, mi socio.

Enrique. A golpe de luchar y de batallar.

Amaury. De talento que como tú hay muy poquitos que tienen ese talento. ¿Y en Santiago hiciste radio?

Enrique. Sí, hice radio en la CMKC, pero soy muy malo en la radio.

Amaury. ¿Sí?

Enrique. Oh, horrible.

Amaury. Tú no puedes ser malo en nada, Enrique.

Enrique. No, no, malísimo soy, porque mira, para mí el medio más difícil que hay en la actuación es la radio. Yo admiro muchísimo a esos actores que cogen un libreto y a primera vista empiezan ya a interpretar, a actuar con eso que está escrito ahí. Yo…, eso es muy difícil, yo no estoy preparado para eso. Yo estoy preparado para aprenderme en mi tiempo, el que yo le doy, memorizar, estudiar la situación del personaje que voy a interpretar.

Amaury. Las líneas.

Enrique. Qué sé yo, ya cuando yo tengo el dominio, más o menos, de ese texto que está ahí, vamos para allá.

Amaury. ¿Tú te aprendes también el texto del otro actor que se relaciona contigo o solamente el pie que te da?

Enrique. No, no, tú tienes que estudiártelo todo, por lo menos yo me lo estudio.

Amaury. Porque hay gente que nada más se estudia el pie del que viene.

Enrique. No, no, no, eso…, esos son los actores que tú ves que están como pescado en nevera. Que el otro está hablando y él está pensando nada más que el otro diga: papa, cuando diga papa, hablo yo, están muertos ahí. No, no, no, yo no puedo hacer eso. Yo tengo que incluso estudiar la  psicología del personaje con el que estoy dialogando yo, no solamente el mío. Porque ¿cómo tú puedes establecer una relación?…

Amaury. Y una cosa, Molina, en esa relación, ¿Quién marca el tono en un diálogo?…, por ejemplo: entre tú y yo, ¿quién va a marcar el tono, el tono en el que hablamos?

Enrique. Tú empezaste en un tono haciendo la entrevista y en el tono tuyo continúo yo. Yo, puede ser que en lo que voy a hablar, puedo subir un poquito más el tono porque estoy bravo, porque no sé qué.

Amaury. No, no te pongas bravo. (risas)

Enrique. No, no, yo no me pongo bravo, pero siempre uno va al tono con el que está…

Amaury. …Al tono con el que yo te voy llevando.

Enrique. Claro.

Amaury. Y si yo voy levantando el tono o lo subo un poco más porque me parece que hay que ser un poquito más enfático en algo, tú te vas conmigo.

Enrique. En este caso, sí. Aquí, aquí. En la actuación, no, porque a lo mejor tú estás interpretando un personaje que te pegas al pecho del berrinche que tienes.

Amaury. Un histérico loco.

Enrique. Y el mío está muerto de risa, tranquilo.

Amaury. Te lo preguntaba, porque para un músico el asunto de las tonalidades es muy importante. ¿Cuánto vienes para La Habana y por qué vienes para acá? Ya tenías allá una esposa y tenías unos muchachos y todo. ¿Con todo el mundo arrancaste para acá?

Enrique. Ah, bueno. La vida se me fue complicando, esto es algo bien íntimo, pero no sé, aquí uno viene a tu programa como a confesarse.

Amaury. No digas eso, no digas eso.

Enrique. Por lo menos es lo que he sentido. A mí me gustaron muchísimo las cosas tan lindas, tan íntimas, que dijo Frank Fernández.

Amaury. Es que la gente cuenta cosas.

Enrique. Tan humanas.

Amaury. Yo me siento privilegiado por eso.

Enrique. Sí, cosas preciosas de la vida de él personal, qué sé yo. Y entonces, bueno, mira, cuando yo… mientras yo trabajaba en la cafetería, la relación mía matrimonial iba perfecta; pero cuando empecé a ser actor, que ya yo bajaba por Enramada.

Amaury. Calle maravillosa.

Enrique. Además, yo tenía 17, 18 años ¿tú me entiendes? Estaba precioso, yo tuve belleza.

Amaury. Tú eres muy lindo, chico.

Enrique. Entonces, mi hermano, ya eso, ya ahí empezó como que ha resquebrajarse la relación matrimonial, ya había cosas que no se entendían, que por qué yo tenía que pasarme tantas horas en un ensayo. Ya las mujeres me saludaban por la calle y querían retratarse con el actor que trabajaba en una obra de teatro. Esas cosas que ocurren en la vida nuestra. Hasta que llegó un momento en que ya aquello no dio más y yo tuve que decidir romper aquella relación. Vine a La Habana en el año 70. A los pocos días de estar aquí empezó mi nueva relación, con la mujer que todavía sigue siendo mi esposa.

Amaury. Que ya cumplieron 40 años de estar juntos.

Enrique. Anjá, ya cumplí los 40 años de casado, que ha significado mucho para mí, mucho, mucho, mucho. Yo vine de Santiago de Cuba con un maletín en el que traía dos pantalones y tres camisas y 28 pesos en el bolsillo, no tenía nada más que eso. Vine con una carta de Enrique Bonne, que hacía constar que yo era actor.

Amaury. ¿Enrique Bonne, el músico?

Enrique. Enrique Bonne, el músico, que era jefe de programación de Tele Rebelde en Santiago de Cuba. Yo fundé Tele Rebelde. Del teatro pasé a la televisión allá en Santiago y él me dio una carta que decía: Enrique Molina, actor de aquí, qué sé yo. Me dijo, bueno, con eso ve para La Habana a ver qué tú puedes resolver. Vine para aquí y estaba yo parado frente a la cafetería que en ese momento estaba frente a la escalinatica del ICRT, y estoy conversando ahí con Carlos Quinta, para que él me alumbrara de cómo era la cosa aquí en La Habana y me dice: mira, ese que viene bajando por ahí es el director general de la televisión, Abraham Masiques. Agarré mi maletín, crucé la calle y dígole: mire, usted me disculpa, yo traigo una carta aquí de Enrique Bonne, que dice que yo soy actor de Santiago de Cuba y vengo a ver si me pueden dar trabajo aquí. Se me quedó mirando así. Ahí está él, que no me dejará mentir nunca.

Amaury. Él no deja mentir a nadie, así que no te preocupes.

Enrique. Agarró mi maletín, viró para atrás, me dice: sigue detrás de mí, pro, pro, pro, cogió el elevador. Ahí cogió por todo el pasillo, cogió el otro elevador hasta el 9no. piso. Me llevó a ver a uno que se llamaba Carlos Díaz, que era el que repartía el talento cuando venía un director a pedir actores y actrices, y pra, pra, le dijo a Carlos Díaz: A partir de mañana me le das programas ya, en las teleclases que se están haciendo aquí a las 7 de la mañana. Y ahí empecé.

Amaury. Rapidísimo.

Enrique. Me dijo: ¿Tú no tienes dónde vivir? Dígole: bueno, tengo la familia mía en Bauta. Me dijo: mira, esta llave es de una casa de visita que está en muy mal estado en la calle Neptuno, allí hay un cuarto que tiene como cuatro o cinco camas, yo creo que hay una cama vacía, por lo menos para que no duermas en la calle. Toma. Yo me quedé así que no entendía nada… Es de esas cosas de la vida de las cuales yo siempre me he sentido muy feliz, de la suerte, de la luz, de no sé qué.

Amaury. ¿Pero no habías conocido a Elsa todavía en ese momento?

Enrique. Sí, ya la conocía. Y ahí me quedé y a los seis meses me casé con Elsa Ruiz y ya, 40 años y dos hijos maravillosos que tengo con ella.

Amaury. Tienes hijos…

Enrique. …Mis hijos de Santiago.

Amaury. Tienes hijos, pero tienes nietos, y tienes bisnietos.

Enrique. Tengo tres bisnietas.

Amaury. Es que esto no se puede creer, bueno, claro, es que empezaste muy temprano.

Enrique. Muy tempranito y mis hijos también empezaron temprano.

Amaury. No, hombre… con esa escuela del padre, que a los 17 años ya tenía dos hijos.

Enrique. La bisnieta mayor va a cumplir 11 años.

Amaury. No puede ser.

Enrique. En Santiago de Cuba, bisnieta.

Amaury. Es que contigo cualquier cosa puede ser. Bueno,  debes haber hecho algo antes, pero cuando yo me fijé por primera vez en ti, fue en Los Comandos del silencio, de Eduardo Moya. ¿Habías hecho algo antes en TV importante?

Enrique. Bueno, había hecho las Teleclases que te hablé. Moya dirigía algunas.

Amaury. Algunas de las escenas de las teleclases.

Enrique. De esas escenas y él, bueno, fue mirando a los actores y cuando fue a hacer Los Comandos del Silencio, me llamó. Esa fue mi primera gran posibilidad.

Amaury. ¿Estaban quiénes? Miguel Navarro estaba.

Enrique. Estamos hablando de hace 40 años atrás.

Amaury. Sí, sí, esa fue una serie que rompió todos los esquemas.

Enrique. Salvador Word estaba en su apogeo como actor, Miguel Navarro, Reinaldo Miravalles.