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Abrazo a la Anestesiología

Abrazo a la Anestesiología

Por Ricardo R. González

Fotos del autor y cortesía del Dr. Ángel Camacho Gómez

Tiene en sus manos la vida antes de que el cirujano emprenda su labor. Confiesa ser una mujer dinámica, y al considerarse fiel representante de su generación admite la responsabilidad y la disciplina como condicionantes en su actuar, máxime en el ejercicio que demanda un salón de operaciones destinado a la infancia.

Así piensa la Dra. Florinda López de la Cruz, especialista de II Grado en Anestesia y Reanimación, quien subraya la utilidad de la entrega profesional como el mayor regocijo que se puede recibir.

Entonces esta avileña-moronense recuerda su graduación de médica en 1991 hasta que concluyó la especialidad de anestesia cuatro años después, alcanzada por vía directa.

Un día conoció Sancti Spíritus, y marchó de su provincia natal debido a que la residencia se realizaba en aquellos tiempos en esa provincia central del país. Eran los años duros de los 90, mas destaca la valía de aquel equipo hasta que le tocó rotar por Villa Clara y llegar al hospital pediátrico José Luis Miranda, sin pensar, quizás, que sería su escala definitiva.

«No tenía bien definida mi residencia. Por mi mente rondaban tres especialidades: Oftalmología, Pediatría y Ginecobstetricia. Me gustaban todas. Tenía los primeros lugares en el escalafón, pero el papá de mis hijos, médico cirujano, me motivo por la anestesia».

Aquello fue tejiendo el camino; sin embargo, una vez que concluyó la residencia, Morón la acogió nuevamente para trabajar en la sala de Terapia Intensiva con excelentes pediatras, mientras la directiva del hospital decidió ubicarla en esta sección.

Al parecer las huellas villaclareñas estaban marcadas para Florinda, y no olvida que en septiembre de 1997 retornó al «José Luis Miranda» a fin de realizar su segundo diplomado nacional de Cuidados Intensivos.

«Ya conocía más al personal del servicio y, paralelamente, al papá de mis hijos le otorgaron una casa aquí para afianzar el capítulo villaclareño en 1999. Recuerdo que el Dr. Miguel de la Torre, entonces director de la institución, me designó para Terapia Intensiva por mi propio perfil, y salgo embarazada de mi primer hijo ya en estas funciones».

— La anestesia ¿Cuándo irrumpe en la profesión?

— Luego de hacerme especialista de II Grado en Terapia Intensiva, en 2004, decidí dedicarme a esta rama mientras mis hijos crecían.

— Al II grado en Terapia intensiva se añade igual categoría en la anestesiología, pero ¿cómo es posible ejecutar sus procederes en edades tan sensibles de la vida?

— Es un contraste que a veces choca. Lo que no se desea que les hagan a tus seres queridos no se les practica a los demás. Creamos un mecanismo, aun en casos muy complejos. Ya con mis hijos me resultaba complejo el «intensivismo» en una etapa de brillantes profesores en la sala, pero a veces se imponía viajar a un municipio para realizar un traslado de determinado caso.

Los anestesiólogos somos de técnicas, de intubar, de ventilar, de abordajes venosos profundos, es la rama que me gusta, y asumo la jefatura de la unidad quirúrgica desde hace unos 20 años, aun con los contratiempos personales en la crianza de mis pequeños, de mí mamá enferma y de todas las coyunturas que nos toca, aun así no dejé de trabajar.

— Para ser anestesiólogo figura la hipersensibilidad como cualidad básica?

— Uno tiene que ponerse en el lugar del familiar, yo pienso en mis hijos, y digo como quisiera que salieran ellos tiene que ocurrir con este bebé.

— ¿Algún recurso especial?

— Los muchachos entran y como es lógico los padres quedan afuera del salón. Cuando llegan a nosotros ya dejan de llorar. Nos familiarizamos, y todos los que trabajamos, desde el camillero hasta el último integrante del colectivo, conocemos sus nombres. Eso va ganando confianza y establecemos una conversación en la que aparecen sonrisas.

Siempre me han gustado los niños. Dicen los amigos de mi hijo menor que sus compañeros me quieren porque los trato como personas adultas inculcando respeto.

— ¿El caso más difícil?

— Hay múltiples, mas viene a la mente una niña de Sagua la Grande. Cuando aquello tenía un año. Llegó con un frijol alojado en las vías respiratorias y en condiciones extremas. Ya en salón hizo como cuatro o cinco paros, hubo que practicar la traqueostomía, se le extrajo el cuerpo extraño, y sobrevivió

Luego se realizó otras operaciones en La Habana. Ya tiene hijos, y a cada rato viene al Hospital y nos busca.

— Algunos pudieran pensar que es un caso relativamente sencillo.

— Las interioridades en el salón son indescriptibles, y a veces lo meramente natural asume una complejidad notoria que pone en tensión y con los reflejos atentos para actuar con rapidez, pero sume a los grandes quemados, a los accidentados, entre otras situaciones que complejizan los procederes.

Experiencias hay miles, las tiene también el neurocirujano Ángel Camacho Gómez con sus pacientes, o el Dr. Abel Armenteros García, entre tantos otros colegas, pero siempre buscamos la parte más objetiva, con cariño y afecto.

— ¿Qué pasa ante un niño cuando el desenlace se impone y ya no hay nada por hacer?

— Es difícil, por ello prefiero la Pediatría porque casi siempre se puede hacer algo. En adultos es más complejo por el propio paso de los años en el organismo.

— ¿Ud. delimita las rutinas y complejidades laborales de las hogareñas?

— Es una especie de «breaker» que se dispara, un mecanismo que delimita las situaciones entre un mundo y otro.

— Durante la conversación hay varias referencias a sus hijos ¿Siguen el camino?

— Uno de ellos está en sexto año de Medicina y hace su internado vertical en el Hospital Militar, y el más pequeño, de casi 2 m. de estatura, cursa segundo año en Ciencias Médicas y hasta ahora se inclina por la Anestesiología. Ellos se criaron, prácticamente, en este centro.

— ¿Agradecimientos?

— Prefiero no detallar nombres para no olvidar alguno, pero siéntanse reflejados los tantos profesores que me formaron y que aprendí de ellos, esos compañeros de trabajo que siempre tienen algo que mostrar, a los que ya no están, pero dejaron el inmenso manantial del conocimiento, y a todos los que me tendieron la mano para continuar mi labor.

— Si tuviera que calificar su etapa actual ¿qué puntuación le daría?

— Creo estar en la mejor época. Los años golpean pero te enseñan hasta dónde llegar, y los jóvenes deben aprender como lo hice yo con mis jefes. Trabajo es trabajo y el sentido de pertenencia hay que cultivarlo. En mi caso somos cuatro personas de la familia haciendo guardia, la responsabilidad es inviolable, y debe apoyarse un servicio deprimido como el nuestro que necesita personal en formación.

— ¿Algún reclamo?

— No soy de pedir mucho. No me gustan las fotos y tampoco la publicidad, Prefiero pasar por debajo de los radares, inadvertida, sin dejar de arropar y tratar de volar alto en mi profesión.

PIE DE FOTOS

1.- «Soy feliz con mi desempeño y cada quien puede tener su criterio, pero en mi caso no siento que la especialidad esté minimizada porque lo importante es demostrar la utilidad del oficio, aunque no nos mencionen», considera la Dra. Florinda López de la Cruz, del hospital pediátrico José Luis Miranda.  

2.- Señalada en la foto en pleno salón durante una de sus intervenciones ante un caso asumido por el Dr. Ángel Camacho Gómez.  

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