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Cuando la magia recorre el alma

Cuando la magia recorre el alma

Texto y fotos Ricardo R. González

Llegar a la casita infantil Amiguitos de la Ciencia, perteneciente a la Universidad Médica villaclareña, es encontrar el refugio agradecido de quienes saben querer. Criaturas espontáneas, de esas que, poco a poco, demuestran su ternura, abren su corazón, y con la mayor imaginación brindan una tacita de café, o toman de la mano a fin de que  el visitante aprecie el salón donde desarrollan parte de su vida.

En un ángulo permanece Alexa Kamila Diéguez García vestida con el atuendo de una doctora que simula la realización de un ultrasonido a su compañerito José Miguel Sarduy Martínez, mientras al final del pasillo Elías y Joan Luis comparten la jornada y observan a través del fantástico televisor imágenes variadas de deportes, en tanto uno de ellos aprovecha las bondades telefónicas para conversar con su mamá.

Así un día y otro en este hogar de la fantasía surgido, en marzo de 1994, cuando los tiempos difíciles de aquellos años colapsaron las capacidades en los círculos infantiles, un verdadero rompecabezas —aún no concluido— para las madres trabajadoras que no encontraban el sitio exacto que aliviara la crianza de sus hijos, por lo que surgió el proyecto de crear este tipo de alternativa en determinados colectivos laborales.

LAS VIVENCIAS DE LETICIA

Leticia Díaz Paret funge como administradora de la casita. Es una de las dos fundadoras en activo, junto a Mileidy Escamilla Gutiérrez, pero a la vez la progenitora de tantos pequeños que han pasado por allí. Echa a volar sus recuerdos y confiesa que sobrepasan los mil cuando comenzó con solo tres.

Quizás el rasgo distintivo sea el de la paciencia ante la diversidad de caracteres presente en los pequeños. Algunos algo intranquilos a quienes hay que disciplinarlos y ofrecerles mucho cariño para que puedan superar determinados hábitos que les acompañan.

«Para trabajar aquí se requieren cualidades forjadas en la honestidad, brindar mucho amor y tener confianza al enfrentar la labor, y sí, ir «moldeando» aquellos casos al principio rebeldes porque es nuestro trabajo», reafirma Leticia.

Mientras no pierde de vista a sus criaturas habla de compañías en la misión. Siete mujeres entre auxiliares pedagógicas y las encargadas de mantener la limpieza, quien procesa el menú cotidiano, y ella en la directiva general.

«La capacidad total admite 32 niños, aunque en la actualidad solo tenemos 20 en los diferentes años de vida que son hijos de trabajadores del centro y de las instituciones de Salud aledañas. El horario es de 7:30 de la mañana a 4:30 de la tarde, y durante el día se desarrollan actividades programadas, similares a las de los círculos infantiles, a partir de acciones independientes que propicien habilidades y destrezas u otras apoyadas en juego de roles para fomentar las tareas compartidas de una familia contemporánea e incentivar valores desde edades tempranas».

Como suscribe el poeta Leticia y sus compañeras están conscientes que el camino se hace al andar ante la existencia de este segundo hogar que para abrirlo demandó la aprobación conjunta del Ministerio de Salud Pública y el de Educación sometido a comprobaciones sistemáticas.

Un mundo creativo se integra a las realizadoras de estos sueños. De las manos de sus trabajadoras salen juguetes que crean muñecos, diferentes recipientes, bandejas, tazas, barquillas de helados, en fin… una gran parte elaborados con papel maché.

Ahí está la obra de Mileidy quien trabajó como auxiliar de limpieza en la Universidad Médica desde 1986 y al abrir la casita la escogieron y se convirtió en fundadora.

«Nuestro colectivo fue seleccionado el más destacado de Villa Clara y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) nos apadrina con la entrega de materiales didácticos, mobiliario apropiado y nos ha dotado de refrigerador, lavadora, ollas de presión, fogón, en tanto la Universidad Médica garantiza los recursos alimentarios y de aseo y Educación aporta el asesoramiento metodológico».

El local fue reparado en su totalidad por una brigada de cuentapropistas, y se suma al aval la participación en certámenes nacionales en torno a las experiencias de la modalidad.

UNA HISTORIA CONTADA POR NORIS

Si de experiencias se trata existen relatos que contar. Que lo diga Noris Moreno Camacho, la secretaria del Sindicato de la Universidad, que ahora tiene en la casita a su nietecita de casi dos años.

«Lleva aquí apenas unos meses. Fue una niña nacida durante la etapa COVID que no se socializaba mucho con pequeños de su tiempo. Llegó llorosa, retraída y en menos de un mes las «seños» cambiaron aquel panorama al lograr que ya juegue y se relacione con el colectivo y el resto de los niños. Ya hoy es distinta, no es intranquila, pasa el tiempo compenetrada, inmersa en los juegos propios de su tiempo, realiza pequeños dibujos con los colores y se nota el cambio extremo».

Mas, las experiencias de Norys se repiten porque hace 12 años tuvo aquí a su hijo que ya tiene 16 años y estudia en la Escuela Militar Camilo Cienfuegos.

«La casita con sus 29 años cumplidos es una leyenda que hemos visto crecer, un empeño de todas las organizaciones de la institución que insiste en mejorar sus condiciones y la hace más grata para padres que marchan despreocupados a cumplir las funciones porque sus hijos están en buenas manos» finaliza Noris.

OTORGAMIENTO DE PLAZAS

¿Cómo se procede con las plazas disponibles? La propia Noris Moreno precisa que las solicitudes llegan al Buró Sindical para el análisis de estas a partir de las prioridades establecidas por los convenios colectivos de trabajo

«El primer orden lo tiene las mamás trabajadoras de nuestro centro, de no existir pedidos para las ocho capacidades que se confieren por años de formación se valoran los padres o los abuelos cuyas madres de los pequeños estén vinculadas a la Universidad Médica.

«Si en un año de formación no existen solicitudes propias de la institución y se acerca alguna madre que labore en los hospitales o policlínicos del sector y existe la capacidad se les confiere en esos casos y todo es aprobado en el Consejo de Dirección del rector a partir de las propuestas del Buró Sindical».

— ¿Existen fechas para tramitaciones?

— Las solicitudes se hacen durante el año; sin embargo, en mayo se procede a la aprobación en el Buró Sindical para que sean evaluadas en el Consejo de Dirección. De esta forma los padres que reciben el veredicto favorable disponen del período vacacional con vistas a la realización del chequeo complementario y la búsqueda de los objetos que se solicitan dirigidos a la adaptación de los infantes. 

PORQUE TENEMOS EL CORAZÓN FELIZ

Imagino lo grato que sería para nuestra Teresita Fernández dedicar sus rondas a este tesoro de la vida. Desplazarse por sus salones, guitarra en mano, dando vida a sus personajes infantiles que existen en cada canción.

Estaría feliz al presenciar el Rincón Martiano que atesora parte de la obra del Maestro. Allí está La Edad de Oro, Los zapaticos de rosa, Bebé y el señor Don Pomposo, las fotos del Apóstol, fragmentos de sus pensamientos, la triste caída en Dos Ríos, la ternura, la sinceridad, la vida.

Por ello no es extraño ver a esas criaturas integradas a los matutinos o a un desfile con el atuendo de un médico, de una enfermera, de un maestro personificado entre los trabajadores de la Universidad, y quién sabe si en el mañana formen parte de las sociedades científicas de esta provincia, que apliquen la ciencia y tomen de la mano la innovación en tributo al nombre de su casita y al personal que intervino en parte de su formación.

La mañana transcurre apacible, sus niños y niñas despliegan las fantasías que brotan de su universo infantil apoyados en esos modales caracterizados por valores y disciplina. Por eso cuando Leticia mira hacia atrás siente la satisfacción de haber contribuido a hacerlos profesionales.

«Hoy muchos son galenos, nutren el personal de enfermería o se desarrollan en otras ramas. Vienen aquí y reviven los años de su estancia, por lo que creo que es el premio al trabajo cotidiano».

Entre senderos por la vida está la casita Amiguitos de la Ciencia establecida entre las edificaciones del Alma Máter de las especialidades médicas en Villa Clara, un sitio mágico que regala el hechizo de recorrer el alma.

PIE DE FOTOS

1.- Alexa Kamila Diéguez García vestida con el atuendo de una doctora simula la realización de un ultrasonido a su compañerito José Miguel Sarduy Martínez.

2.- Elías y Joan Luis comparten la jornada y observan a través del fantástico televisor imágenes variadas de deportes, en tanto uno de ellos aprovecha las bondades telefónicas para conversar con su mamá.

3.- Norys Moreno Camacho junto a su nietecita refiere la doble vivencia que ha tenido en Amiguitos de la Ciencia.

4.- Parte del colectivo, entre ellas la administradora de la casita Leticia Díaz Paret (segunda de derecha a izquierda) y Mileidy Escamilla Gutiérrez, otra de las fundadoras (segunda de la izquierda).

5.- Los pequeños se familiarizan con determinadas figuras.

6.- La educadora Sonia Ramos Sánchez prepara las condiciones en el salón de segundo y tercer años de vida.

7.- El Rincón Martiano, imprescindible en la casita.

8.- Dispuesto a la foto luego de su «desayuno»

9.- Esta pequeña brinda al visitante una taza de café.

10.- Manejar la calculadora entre las habilidades.

11.- Mobiliario donado por la UNICEF para la casita de la Universidad Médica. En un principio se crearon cuadro de su tipo en la provincia, mas en la actualidad solo funcionan esta y la del Combinado Textil Desembarco del Granma.

12.- Donativo realizado por la UNICEF para un centro que atiende a ocho niños por cada área de segundo a quinto año de vida.

13.- Donativo realizado por la UNICEF.

14.- Donativo realizado por la UNICEF.

15.- Donativo realizado por la UNICEF.

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