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Por Ricardo R. González

Pienso en Diago, Dilan y Darel, los trillizos que empinan sus sueños en su Caibarién y en las tantas criaturas sometidas a los descalabros de un Medio Ambiente con notorias cicatrices, pero también en las generaciones avanzadas que hacen por la vida en medio de bosques ya inexistentes ante la tala del hacha o la maquinaria indiscriminadas, como testigos de las aves en cautiverio que desconocen el buen sentido de la libertad, de esos ríos que perdieron sus aguas cristalinas y desde hace años navegan entre lo oscuro de basuras o desperdicios, y por esas especies que solo quedarán en el recuerdo de una foto o recogidas en un libro porque ya se ausentaron de este mundo.

Ahora que Cuba adopta su nueva Ley de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente la mirada va más allá al incorporar la dimensión ambiental como parte de los planes de desarrollo de la propia vida junto a una mayor integración del entorno y los recursos naturales.

Será necesario acabar de entender lo dañino de esos gases que asfixian a la atmósfera sobre la base de que las neuronas no solo lo interioricen, sino que promuevan un desarrollo resiliente y bajo de las emisiones perjudiciales a partir de la adaptación y mitigación necesarias ante el poderoso y ya evidente cambio climático.

Nada más justo que establecer aquellos principios y obligaciones que deriven las acciones de las personas naturales y jurídicas en materia ambiental, por lo que se hace asunto de primer orden fortalecer el marco legal encaminado a la conservación, protección y uso racional de nuestras disponibilidades naturales, sin perder la visión ecosistémica a fin de mejorar la calidad ambiental.

Me parece que en estos tiempos regidos por tantos proyectos, estrategias y el énfasis en la educación ambiental habrá que darle un vuelco a dichos conceptos y darles su verdadera aplicación. No se trata de esos perfectos diseños que quedan solo en la teoría, en el papel que soporta los informes, o en los tantos PowerPoint elaborados al efecto. Es hora de encontrar impactos, resultados que hagan de la tarea algo tangible.

No basta con la referencia a la impartición de tantas conferencias en diversos escenarios si al concluir se diluyen los contenidos entre el auditorio y el orador memoriza ya su «libreto» de tantas veces que lo ha expuesto. Es absurdo elaborar una estrategia para salir del paso, para viajar de un lado a otro, o para cumplir con determinada encomienda y al cabo de los X años se habla de lo mismo con lo mismo.

Tendrán los actores que prepararse bien y hacer de la charla una motivación permanente, que escape de la simple aglomeración de teorías y se llene de iniciativas que despierten el camino hacia prácticas consecuentes.

Ni más ni menos: Que abandonen el trillado sendero de cumplir un plan, a veces irreal, para quedar bien con los superiores.

Algo que registra en el Artículo 141. 1 de la Ley de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente insiste: «La educación ambiental es un proceso continuo y permanente, constituye una dimensión de la educación integral de todos los ciudadanos y comunidades, orientada a la adquisición de conocimientos, desarrollo de hábitos, habilidades, capacidades y actitudes en la formación de valores, que propicien la adopción de nuevos estilos de vida y prácticas de consumo, compatibles con el desarrollo sostenible».

Queda clara la necesidad de desarrollar el pensamiento crítico en alianzas con la conciencia, la ética y la cultura ambientales, más será necesaria una responsabilidad ciudadana dirigida a las problemáticas del enforno sin obviar su solución, a partir de la integración entre la educación, la capacitación, la divulgación y la información ambiental vistas en armonía.

Por supuesto que se imponen retos como el de potenciar el papel de la ciencia, la tecnología y la innovación para contribuir a la respuesta de las principales encrucijadas ambientales unida a una gestión más racional de los recursos naturales.

La Ley recoge el perfeccionamiento del Sistema de Defensa Civil en la reducción de desastres ante peligros de origen natural, tecnológico y sanitario, pero muy complementado a todo ello aparece lo referido en el nuevo Código Penal que contempla, en su título VI, aquellos delitos contra el Medio Ambiente, con sanciones, multas y privación de libertad ante los hechos.

Contaminación de cuencas hidrográficas y daños a ecosistemas que las componen.

Vertimiento de desechos o residuales en zonas costeras, aguas territoriales o zona económica exclusiva de la República de Cuba que dañen significativamente los ecosistemas.

Emisión a la atmósfera, incumpliendo las normas legales o técnicas establecidas, de sustancias contaminantes que ocasionen daños significativos a la salud humana y al ecosistema.

– Intensificación, incumpliendo normas legales o técnicas, de procesos de erosión, salinización y otras formas de degradación del suelo. Vertimiento de desechos o residuos sólidos o líquidos que sean tóxicos o peligrosos, o uso de sustancias químicas y hormonales que contaminen los suelos.

– Realización, incumpliendo las regulaciones legales o técnicas establecidas, de trabajos de exploración arqueológica o geológica, o ejecución de explotación minera, mediante excavaciones, remoción de tierras u otros medios, que ocasionen un daño significativo a los ecosistemas.

Tala, destrucción, caza, captura, recolección, tráfico, comercialización o transporte, sin la autorización correspondiente, de especies, partes y derivados de la fauna y flora silvestre autóctonas de especial significación, provocando un daño significativo al ecosistema.

A los responsables se les pueden imponer obligaciones como asumir los costos por la eliminación o mitigación del daño producido; contratar y sufragar los estudios técnicos necesarios hasta demostrar la efectiva eliminación o mitigación de los efectos adversos del daño provocado; destruir, neutralizar o tratar las sustancias y materiales almacenados, capaces de ocasionar daños al ambiente, y ejecutar servicios de naturaleza ambiental en beneficio de la comunidad.

Si bien el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) es el organismo responsable de proponer las políticas requeridas y dirigir, evaluar y controlar su cumplimiento, para contribuir a la sostenibilidad del desarrollo económico y social del país, no es ver el asunto bajo la óptica de la unilateralidad ni como parcela aislada.

El resto de los organismos, los representantes de un digno magisterio, aquellos promotores y facilitadores sociales, la ciudadanía y la propia comunidad resultan determinantes para consolidar objetivos en un entorno que es de todos.

Enseñemos a cada generación actual y a las que estar por venir la dicha de amar a la naturaleza, de evitar que un tirapiedras hiera a un ave, que una simple flor sea arrancada de su jardín de manera desmedida, y a censurar esas imágenes circulantes de ballenas y delfines cercenados por arpones en mares lejanos.

Abracemos una responsabilidad compartida para propiciarle a Diago, Dilan y Darel y a cada ciudadano el pleno derecho de disfrutar de un Medio Ambiente sano y equilibrado.

PIE DE FOTOS:

1.- Tala indiscriminada de árboles ¿Por qué?

2.- Cotorras en cautiverio ¿Por qué?

3.- Ríos desbordados de basura ¿Por qué?

4.- Atentar contra la flora ¿Por qué? 

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