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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Con 2...

«Con 2 que se quieran» (Albertico Pujols. Parte I)

«Con 2 que se quieran»  (Albertico Pujols. Parte I)

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy, esta noche, está con nosotros una persona que yo conocí siendo muy jovencito, que es el hijo de dos grandes cantantes, es uno de los actores más importantes que ha tenido la Televisión y el Cine Cubano y es para mí, también y cada día un privilegio, un gran conversador, una gran persona, un gran amigo, Alberto Pujols.

Muy buenas noches, Albertico.

Albertico. ¡Qué bien!

Amaury. Bueno, todo el mundo sabe que tú eres un actor importante, carismático de la Televisión y del Cine. Muchos saben también que tú eres músico, porque haces canciones, canciones que han sido además galardonadas. Pero la sorpresa es que también eres pintor. A ver, ¿tú haces toda esta diversidad de géneros en los que te mueves…, lo haces por una especie de vocación o porque te aburres, o en los tiempos libres?

Alberto. A ver Amaury, ante todo, agradecerte muchísimo esta invitación que me has hecho.

Amaury. Yo te quiero cantidad y tú lo sabes.

Alberto. En fin, nos conocemos de toda la vida, me encanta esto de poder sentarme aquí contigo, de verdad muchas gracias.

Esto surge yo no sé cómo. A veces hay grandes vacíos que uno no sabe cómo proyectarlos estéticamente, artísticamente. Hace mucho tiempo que vengo coqueteando con este problema de la pintura. No había encontrado exactamente el por qué. Lo hacía por un problema de hobby, lo hacía quizás por probar una textura en un momento determinado, por imitar también a mi padre, que finalmente devino en pintor. Yo vivía en un edificio, donde tú sabes, vivía Luis Martínez Pedro y, bueno, siempre, de niño cuando iba allí, pues yo miraba por una ventana donde Martínez estaba pintando aquello Signos del mar, Aguas territoriales, me llamaba mucho la atención.

Amaury. Aquellas acuarelas tan oscuras.

Alberto. Exactamente, esas cosas oscuras que tenían sólo tres rayas azules y de pronto era un mundo increíble. Yo decía, bueno, le voy a enseñar a él y entonces subía. Tenía hojas, en esa época tenía hojas, ahora es más difícil pero pintaba con colores, con acuarela y cada cinco minutos tocaba en casa de Martínez y decía: ¡Martínez, mire!, le traía así un cartapacio de dibujos. Me imagino que me debe haber odiado terriblemente. Hasta que me dijo: ¡sí, sí, Albertico, tú pintas, tú pintas! No tenía defensa.

Amaury. Tú sabes que eres buenísimo.

Alberto. Finalmente así fueron los pininos. Después, cuando vi que mi padre se volcó de toda la cuestión esta de la música, y devino en el pintor que es, pues me fascinaba lo que él hacía, me gusta mucho lo que él hace…, los colores, cómo lograba…, cómo estudió, cómo tuvo que hacerlo, la gente que lo ayudó, y bueno la casa siempre ha estado de alguna manera llena de pintores, de óleos, de propuestas y me sentía un poco como en deuda con esto. Empecé exactamente hace dos años, un año y tantos a tratar de plasmar algunas ideas, algunas cosas y aquello como que me empezó a atrapar sin yo darme cuenta hasta que pasé al lienzo.

Creo que necesitaba, artísticamente, hacer algo que pudiera hacer yo solo, que dependiera de mí mismo y me lancé a esto. Me lancé a esto y me ha ido bien con esto y me siento muy bien. No tiene que ver incluso con si he podido o no mover las obras, que las he podido mover, desde luego. Es el simple hecho de que toda vez que termino un trabajo de estos, me siento que artísticamente he puesto algo ahí.

Amaury. ¿Pero te sientes mejor que cuando terminas de hacer una buena canción o cuando terminas de hacer un buen personaje?

Alberto. Mira, me pasa igual. Es una suerte de iluminación, de realización y creo que para eso estoy aquí en este plano en el que habitamos. Me siento bien así.

Amaury. Ahora, el riesgo, Albertico, de los que ejercen varias profesiones dentro del arte es que normalmente uno es recordado por una. ¿Por cuál te gustaría ser recordado?

Alberto. Exactamente no lo sé, pero me gustaría que me vieran más que todo como artista y es lo que trato de hacer. Quisiera que me recordaran como un artista ¿te das cuenta?

Amaury. Hablemos de tus padres, de Nina y Alberto, de Voces Latinas, aquel extraordinario cuarteto y hablemos del ambiente que había en tu casa, cuando eras niño, con dos padres cantantes. Porque tú eras niño cuando ya yo iba a tu casa.

Alberto. Sí, claro, fui niño. Todavía soy un poco niño.

Amaury. Tengo que reconocer que cuando yo iba a tú casa, todavía eras un niño. ¿Cómo era el ambiente, cómo era tú familia? ¿Cómo era la vida ahí en la casa?

Alberto. Siempre recuerdo mi niñez asociada a un grupo de voces haciendo armonías. Repasando una y otra vez una secuencia armónica para voces. Muy difícil, que no me gustaba, al oído, no me gustaba. Era la época de los cuartetos, y entonces aquellas armonías raras que decían: Yo te quise y tú lo sabes (cantando) cuando tú oías eso cinco veces a coro, tú decías: “yo te quise” me tiene un poco molesto. Ahora, lo escucho y digo: es verdad que había un trabajo vocal muy tremendo, escrita, a veces, la armonía de voces por Juanito Márquez, por Roberto Marín, por gentes que escribían muy bien las armonías vocales. Eso es lo que yo entendía, después eso, como que se traspolaba, que se movía y aparecía en aquella caja que era la televisión, y yo veía que el: Yo te quise y tú lo sabes, estaba allí y aquello tenía luces y aquello era un espectáculo.

Amaury. Y a la gente le gustaba.

Alberto. Y a la gente le gustaba y yo decía: bueno, pues parece que por aquí efectivamente hay algo. Creo que lo que saqué en experiencia es que había que trabajar, y eso como que nos nutrió, a mí y a mi hermana. Creo que la música la tenemos ahí, es como la savia, la sangre, no sé, es algo que está en nosotros, que independientemente de que no sea un director de orquesta, un pianista, un músico, un cantante, es una cosa que está aquí conmigo, es una parte de mí.

Amaury. Pero fíjate que yo me acuerdo, y lo recuerdo bien, que tu mamá (debe tenerla todavía) tenía una voz muy especial, con una calidez, con una profundidad tremenda, Nina; pero no era una persona que anduviera en la casa haciéndose la artista. Ella era la mamá de Albertico y de tu hermana.

Alberto. Un día se lo dije. En fin, mi madre es, como decirte, el emblema. Es el lugar adonde llegar desde el punto de vista artístico, no sólo por si cantaba bien o no, sino por el empeño de aquella mujer en las ideas artísticas. Cantaba muy lindo, efectivamente, pero nunca pude ver en mi madre a la persona que después salía en la televisión cantando, eran dos personas.

Amaury. A eso iba, es muy raro. En la televisión era una cosa, una gran cantante, hacía todos los movimientos de los cuartetos, todo eso y después, cuando tú ibas a su casa a visitarla, a veces yo le decía: Nina ¿Por qué tú no me cantas algo? y ella me decía: ¡Ay, no, por favor, yo no estoy para eso!

Alberto. No, nada de eso, Nina era hacer café y sentarnos a hablar.

Amaury. ¿Cómo fue tú niñez, la tuya y la de tu hermana, feliz quiero decir?

Alberto. Creo que fue una niñez, muy, muy feliz. Yo estoy intentando escribir un libro ¿sabes?, estoy tratando de explicar un poco…, no quisiera que la familia Pujols quedara en el olvido. Entonces estoy tratando de alguna manera de conformar algunas ideas para ver si puedo explicar qué cosa era esta familia.

Amaury. La familia tuya es una familia numerosa o fue por lo menos una familia numerosa, y esto lo voy a decir con mucho amor, tú lo sabes, fue muy disparatera, muy simpática. Yo quiero que tú me hables… vamos a empezar desde Cuba…

Alberto. …Mi abuela Cuba.

Amaury. Tu abuela Cuba era algo… (risas)

Alberto. Mi abuela Cuba se llamaba Cuba Ana Victoria, fue bautizada por Fermín Valdés Domínguez. Esa abuela es la hermana del primer aviador de Cuba, que se llama Agustín Parná, ¿no es verdad? Entonces creo que todas estas cosas pues conformaron en la familia una idea de grandilocuencia, de sobre dimensionar en muchas ocasiones las cosas y puede ser que -tranquilamente- un incidente pudiera tomar una gran connotación.

Pujols, yo siempre digo que es el signo que falta en el zodíaco porque es como una especie de comportamiento. Vivían todos en un edificio, te imaginas esto, se puede hacer una serie de televisión. Tú los conociste bien.

Amaury. ¡Claro, claro!

Alberto. Tengo un primo que se sentaba a tomar la sopa, ya era un hombre, pero con la cuchara aquí y si el impulso no lo llevaba hasta el plato, él no cogía la cucharada, o sea, él estaba así sentado y de pronto llegaba. Ya la iba a coger, pero no llegaba. (risas)

Amaury. Era un hombre sillón. (risas)

Alberto. Exactamente. Pero imposible que se detuviera a tomarla. Esas características están en los Pujols. No es que seamos anormales ni mucho menos.

Amaury. ¡Claro que no, son muy sui géneris!

Alberto. Somos sui géneris.

Amaury. Personajes muy singulares.

Alberto. Muy críticos con ellos mismos, se burlan de ellos mismos. Siempre es una familia a la que le pasan cosas inconcebibles a todos, cada uno tiene sus anécdotas, desde luego, tú lo sabes.

Amaury. ¿Cuándo es que decides empezar a actuar?

Alberto. Te voy a explicar. Cuando yo tenía como 8 años, más o menos, mi prima escribía para la televisión y necesitaban niños que hicieran de niños vietnamitas y yo tenía que ir allí a hacer de vietnamita. Le dije: ¡bueno, vamos! Estaba como en segundo o tercer grado, no sé, y nos llevaron a hacer de vietnamitas.

Me llamaron a partir de ahí y empecé a hacer muchas cosas en la televisión: Peter Pan, El Sastrecillo Valiente, muchas cosas, pero a partir de un momento, Amaury, empecé a sentir pena, cuando comenzó la adolescencia, me daba pena, de adolescente, pararme allí, que me vieran vestido de sastrecito, con una pluma y esas cosas, me sentía mal con eso y me retiré. Y un buen día, Miriam Ramos, fíjate tú…

Amaury. ¿Miriam Ramos, la cantante?

Alberto. Miriam Ramos, la cantante, muy amiga de mi madre y mi padre de esa época, bueno todavía lo es, se aparece con la noticia de que en la Escuela Nacional de Arte había unas matrículas para estudiar actuación. En mi vida había ido al teatro, fíjate tú. Conocía el cabaret, conocía a los cantantes, conocía a todo el mundo de la música, pero yo nunca había podido estar en el teatro porque no me permitía mi papá ir al teatro. Tú conociste a mi padre, eso de estar diciendo malas palabras y esas cosas, eso no podía ser y en el teatro se decían malas palabras ¿tú sabes?, habían puestas que tenían estas ideas y él no me permitía nada de eso.

Mi padre sencillamente me mandó a la ENA, yo llegué a la ENA, me enteré que en la Escuela Nacional de Arte no se daba matemática y cuando yo vi esa situación dije: esta es la iluminación, yo soy actor, decididamente, tengo que ser actor a toda costa.

Amaury. Un tipo que odia las matemáticas tiene que terminar siendo actor.

Alberto. Exactamente. Yo odiaba, odio todavía las matemáticas. No puedo con la matemática. Entonces estudié actuación. Me hicieron una prueba y tenía mucha cara de tabla, y bueno, me permitieron estudiar, me gradué. Increíblemente, me gradué, condicional, porque hacía un programa que se llamaba Para Bailar y en la escuela eso estaba prohibido

Amaury ¡Ahí vamos, a Para bailar! ¿Entonces tú estabas haciendo para bailar siendo estudiante de la ENA?

Alberto. ¡Sí, claro! Dos años estuvimos haciendo Para Bailar siendo estudiantes de 3er y 4to año de la Escuela Nacional de Arte. Eso estaba mal visto por la Escuela, desde luego.

Amaury. ¿Y no te daba entrenamiento? ¿No se consideraba en la Escuela que te daba entrenamiento la televisión?

Alberto. La Escuela era muy conservadora en lo que refiere al trabajo. Siempre estaba abogando por la cuestión del teatro. Entendía que un programa de televisión, quizás podría desvirtuar un poco todo lo que con tanto cuidado se estaba gestando, en la cuestión teatral.

Pero nosotros entendemos; yo entiendo hoy, que ciertamente era muy importante hacer Para Bailar en ese momento. Nos dio una gran seguridad, nos dio una gran tranquilidad a la hora de enfrentarnos al público, nos regaló el deseo de querer enfrentarnos al público, que eso la Escuela creo que no lo tenía.

Amaury. ¿Y te gustaba conducir?, ¿Te gustaba y te sigue gustando?

Alberto. No sé, Amaury, no creo.

Amaury. Pero lo has hecho.

Alberto. Sí, lo he hecho, pero qué te cuento… estaba en Para Bailar porque teníamos unas pequeñas sesiones donde hacíamos actuación y donde nos disfrazábamos y nos divertíamos mucho. Date cuenta, yo tenía 17 años, ¿te imaginas, no? La película que estaba de moda era una película que se llamaba “También los ángeles comen judías” y nos gustaba ir a ver la película y si queríamos llevar esa película al programa, pues era tan sencillo como que ya estamos haciendo la película aquí, y ya, esta es la película y a filmar.

Amaury. Además, una gran popularidad.

Alberto. Una gran popularidad. Creo que fue un hito ese programa en un momento determinado. No tuvimos conciencia, al menos yo, nunca he tenido mucha conciencia de lo que ciertamente fue el programa Para Bailar para la población. Pero sí recuerdo a Néstor Jiménez y a mí caminando por la calle 23 un domingo a las 2 de la tarde y estaba vacía la calle 23. A las 2 de la tarde se detenía todo, la gente veía Para Bailar y después es que salía para la calle. Eso nos ocurrió a nosotros, yo lo vi.

Amaury. ¿Por qué tú te fuiste para el Escambray (Grupo de Teatro Escambray)?

Alberto. Porque toda mi vida quise ser del Escambray. Toda mí vida yo quise estar en el grupo Escambray. Es una tremenda admiración que tenía yo por el grupo Escambray y no sólo por el grupo Escambray, por Sergio Corrieri, Pedro Rentería, la forma de hacer de ellos, yo idolatraba eso. Había muchos factores que me llevaron a eso, que ahora te los voy a decir, desde luego, cómo es que yo di con el grupo Escambray, porque tampoco es que yo tuviera anterior conocimiento de esto, recuerda que no me dejaban ir al teatro. Yo visitaba la casa de Lilian Llerena. Y Lilian Llerena pues siempre nos estaba…

Amaury. …Pero tú la visitabas porque era la mamá de…

Alberto. …De Lili Rentería, que además estaba conmigo en la Escuela y mi primer amor, mi primera novia, y por Lilian empiezo yo a descubrir qué cosa era el teatro, qué es lo que había pasado en el movimiento teatral, cómo había surgido el Escambray, por qué la gente que estaba en Teatro Estudio se había ido a hacer el teatro este allá a la zona central del país, en fin y, si mal no recuerdo, por esa misma época se estrenó aquella película fabulosa que se llama El hombre de Maisinicú.

Amaury. De Manolito Pérez.

Alberto. Esa película creo que para todos los de mi generación, los muchachos, marcó una pauta, tanto, que yo dije: Mi plan es que en cuanto yo termine la Escuela Nacional de Arte, yo voy a irme al grupo Escambray. Además, venía el grupo de visita, venía a La Habana, presentaba obras simpatiquísimas, como la Vitrina, de Albio Paz, había cosas maravillosas. Yo quedaba anonadado viendo aquellos actores desdoblados haciendo aquellos campesinos. Entendía que ese era el mundo que a mí me había cautivado totalmente y decidí tanto, que supliqué irme para el grupo del Escambray, y me fui a ser actor allí, me estrené como actor en Nicaragua, en el 79, y fue una experiencia tremenda. Después el Grupo Escambray comenzó a cambiar, ya Sergio no estaba allí, Pedro, tampoco, y un poco los fetiches estos que yo había establecido ya no quedaban y decidí que.

Amaury. ¿Y volviste a la televisión?

Alberto. Había hecho la película Guardafronteras, Octavio Cortázar me había llamado para hacer la película, mi primera película.

Octavio me había dicho que yo estaba equivocado, o sea, lo que yo entendía como actor, lo que yo quería hacer, estaba mal y Octavio fue la persona que fue como si pusiera un cinturón de castidad o una camisa de fuerza en mi persona, Octavio Cortázar. Me dijo. ¡No, no, mira, esto no es un plano! Un plano en el cine, estás de este tamaño, y si tú haces todo ese astracán y todo ese movimiento y todas esas cosas que tú quieres hacer, vas a volver loco al público, vas a ser un centro de atención innecesaria. Me empezó a explicar qué cosa era aquello.

Amaury. …Es cierto, es cierto…

Alberto. …Tenía toda la razón, desde luego. Yo no lo sabía, porque yo venía de Para Bailar, de hacer gracias en la televisión, de hacer sketch, cosas de esas, y Octavio fue quien… Y a partir de ahí vino un silencio en mí muy grande, Amaury, porque yo estaba confundido, no sabía si podía ser actor, si no podía ser actor, si estaba bien o mal, en fin. Un buen día Jesús Cabrera, el director de televisión, pues me vio y me dijo ¿tú eres Albertico? Sí, yo soy Albertico. Bueno, yo quiero trabajar contigo y me llevó de vuelta a Nicaragua a filmar una serie sobre Águedo Morales Reina, donde ya yo interpretaba otro personaje. A partir de ahí hasta el día de hoy nunca más paré de hacer televisión.

Amaury. Pero normalmente haciendo personajes positivos.

Alberto. Sí, claro, exactamente. La suerte, en muy pocas ocasiones, he podido transitar por personajes de otra índole y además, los he defendido a toda costa y me han quedado bien porque los he hecho con muchas ganas.

Amaury. Además, tú eres muy buen actor, o sea…

Alberto. No, no tiene mucho que ver con que sea buen actor.

Amaury. Pero sí lo eres.

Alberto. Yo creo que tiene que ver con los deseos de hacer otros personajes. De buscar en esos vericuetos, de buscar esos espacios que a veces la gente que hace siempre personajes negativos pues pasan por alto porque ya lo hacen siempre. No, yo quería ahondar en eso, tratar de investigar bien la psicología de esa gente. Son momentos de gracia que he tenido cuando he podido hacer esos personajes.

Amaury. ¿Pero cómo uno puede…, después que uno está tan identificado con un personaje como de El Tavo? Porque además El Tavo lo ponen, la gente se pega con la serie, después hay un tiempo que no, pero después la vuelven a poner cuando tú piensas que se ha olvidado y la gente se vuelve a pegar con El Tavo. ¿Cómo uno puede dejar atrás un personaje como ese?

Alberto. Yo lo dejé atrás, yo lo dejé atrás.

Amaury. Sí, sí, pero el público no.

Alberto. El público no, pero yo lo dejé atrás. Te cuento que es muy difícil. De cualquier manera El Tavo es un personaje que no sólo es un personaje positivo. Es un personaje que transita por una cantidad de situaciones y de cosas. El Tavo, por ejemplo, cuando trata a su esposa, la trata mal, no es un personaje positivo en su comportamiento con su esposa, en su machismo, en su forma abrupta de terminar las cosas, a veces por las circunstancias. Creo que es un personaje muy agradecido para el actor que lo haya interpretado. No estoy tratando de quitarme méritos, ni es falsa modestia, Amaury.

Amaury. No, no, si es un personaje que todo el mundo quiere.

Alberto. Sencillamente creo que es un personaje agradecido, creo que es un personaje que pasa por una cantidad de cosas que el público lo logra hacer suyo, lo identifica. Te puedo asegurar que El Tavo ya no es mi personaje, es el personaje de la gente, yo no tengo nada que ver con eso ¿A ver cómo te puedo explicar? No hay nada que yo pueda hacer contra El Tavo, ni cuestionarlo ni nada, es un personaje que no me pertenece a mí.

«Con 2 que se quieran» (Albertico Pujols. Parte II)

«Con 2 que se quieran»  (Albertico Pujols. Parte II)

Amaury. ¿Cómo te fue trabajar en el cine con Reinaldo Miravalles y Consuelito Vidal en Los pájaros tirándole a la escopeta? ¿Cómo fue eso? Sobre todo porque no tengo la menor idea de cómo fue. Yo fui a ver la película el día que se estrenó.

Alberto. No sé decirte cómo fue, no sé explicarme qué pasó.

Amaury. ¿Y con Beatriz, por supuesto?

Alberto. Pero de ti me enamoré. (risas) A ver, eso lo decidió Reinaldo Miravalles, mi entrada a Los pájaros tirándole a la escopeta, esto me lo dijo Reinaldo después. Estábamos pasando la suerte de casting esa y Reinaldo, pues, votó por mí. Eso para mí fue…

Amaury. Que Reinaldo diga Fulano…

Alberto. Pues se estableció una gran relación a partir de eso. Me  pasaban cosas increíbles con Consuelo. ¡Consuelito, figúrate, es que yo conozco también a Consuelito, como tú conociste a mi mamá!

Amaury. ¡Claro, claro! (risas)

Alberto. Pero es un poco la mía también. Resulta que yo empecé a sentir celos de Consuelo, ¿te das cuenta? Empecé a sentir celos no del personaje, de Consuelo, porque Consuelo estaba defendiendo evidentemente su personaje pero yo no podía separar la imagen de Consuelo del personaje de la película y yo no entendía. Yo era peor que Emilito, el personaje de Los pájaros tirándole a la escopeta. Emilito no me llegaba a mí a los calcañales en cuestiones de celos.

No hubo forma posible que Rolando Díaz, Reinaldo Miravalles y Consuelo Vidal me hicieran entender a mí de que yo tenía que entender que mi mamá tuviera una relación con mi suegro, o sea, eso yo nunca lo he logrado entender, ¡fíjate tú! Así pude hacer la película.

Pero sí te puedo decir una cosa: cuando a mí me dijeron que iba a tener a mi lado a Consuelo Vidal, a Reinaldo Miravalles, a Silvia Planas. ¡Imagínate tú, Silvia Planas! Yo dije: ¡oh! No te voy a decir la palabra esa que siempre utilizan los actores que me molesta mucho el “reto”, no, no era ningún reto, era una felicidad, ¿te das cuentas?, la realidad es que era una gran felicidad. Yo siento un gran agradecimiento hacia esas personas. A Consuelo donde esté, que está aquí mirándome ¿sabes?

Amaury. Yo te digo que está.

Alberto. Yo sé que está, claro que está, Consuelo era mi cómplice en la película, todo el tiempo fue mi cómplice, Consuelito, mira, me erizo de mencionarla, porque ciertamente es quien nos introdujo a Beatriz y a mí en toda esta historia. La figura de Miravalles, ¡figúrate tú! para nosotros  era una súper personalidad.

Además, vamos a hablar en plata, Reinaldo es un hombre muy alto, cuando tú te paras frente a Miravalles, es una cosa que tú dices…, te impresiona.

Amaury.  Es alto y su talento lo hace más alto.

Alberto. Enfrentarse a Miravalles eso está un poco complejo, ¿no es verdad? El caso es que lo hicimos. Lo hicimos, lo hicimos, como dice Dora La Exploradora (risas). Es que tengo eso metido en la cabeza por la niña.

Resulta que logramos aquello. No nos imaginamos nunca, creo que Rolando Díaz es el que tenía muy claro en su cabeza el resultado de para dónde iba y lo que quería. Tuvimos hasta discusiones…

Amaury. Pero el éxito fue…

Alberto. …Un éxito apabullante.

Amaury. Además la música de Juan Formell.

Alberto. Todo, todo estaba ahí para que aquello fuera… Amaury, te voy a decir sin temor a equivocarme que creo que he sido de alguna manera protagonista, y eso ha sido muy bueno para mí, en muchas ocasiones de grandes hechos artísticos. Quizás en ese momento no lo valoraba, pero ahora que me estoy poniendo viejo, pues un poco que empiezo a entender.

Amaury. Viejo tú, ¡Por favor!. También estuviste en Santa Camila de La Habana Vieja, con Eslinda Núñez, en la Plaza de la Catedral.

Alberto. Bueno, me ha tocado. Lo que pasa es que casi nunca se conoce mucho lo que hace un actor. Te cuento que a veces es como que me están redescubriendo algunos directores por ahí. Que no conocen mucho si uno ha hecho esto o ha hecho lo otro. Me tocó hacer Santa Camila de La Habana Vieja, con Eslinda Núñez. Todo lo contrario a lo que yo me imaginé, porque a mí me hablaban de Eslinda y siempre tenía la imagen de esa excelente actriz, desde luego, esa excelente persona, mujer, artista en general, pero no me imaginaba a Eslinda hecha una fiera arriba del escenario ¿tú sabes? Decía, ¿cómo Eslinda se va a volver esta bola de candela que es Santa Camila? ¿Cómo va a pasar? y tú sabes que me quedé sorprendido. Llegamos a un punto tal, en que yo miraba a Eslinda y ya Eslinda sabía que yo iba a cambiar esa noche mi actitud o iba a hacer otra cosa y ya Eslinda estaba preparada. Era una…

Amaury. …Conexión total.

Alberto. Una conexión total la que existía entre Eslinda y yo. Tuvo una gran paciencia porque en el momento en que yo hice Ñico, yo apenas comenzaba mi carrera como actor y Eslinda ya era una actriz, aunque muy joven, consagrada. Había hecho papeles importantísimos.

Amaury. Eslinda fue consagrada desde que nació.

Alberto. Entonces enfrentarme a esa suerte, eso era un reto, ¿ves?, eso sí creo que fue un reto para mí.

Amaury. ¿Por qué no has hecho más teatro?

Alberto. No sé porqué no lo he hecho, ciertamente es un descuido mío, es un descuido. Independientemente de que la situación exacta es que pagan muy poco en el teatro y yo tengo cuatro hijos, y no puedo estar ganando ese dinero, no me alcanza, no puedo ni pensarlo. Lo que me gusta es el teatro.

Amaury. ¡Ah, es el teatro!

Alberto. El teatro es el medio para mí, donde yo me siento realizado totalmente es en el teatro… sientes… tú lo sientes, porque tú eres actor también y tú eres un cantante, que cuando te pones ahí, tú sabes lo que se produce entre el público y tú, cuando tú vas a decir una frase…

Amaury. ¿Pero no te da miedo tener que aprenderte los mismos parlamentos todos los días?

Alberto. Bueno, es que he pasado experiencias tremendas. De hecho tuve una experiencia maravillosa con Isabel Santos haciendo una obra de teatro donde en el segundo texto, pues a mí se me olvidó la obra de teatro, se me olvidó totalmente (risas) no, porque los olvidos míos no son parciales, son totales, es una isquemia total.

Amaury. ¡Blackout!

Alberto. Exactamente, tanto que acudí a un recurso que de pronto miré a Isabel y dije: bueno ¿y por qué estás aquí? o sea, no entendía qué hacía Isabel ahí y yo aquí y me daba cuenta que había un público y que algo debía estar pasando porque había luces y cosas. Y lo que hice fue decirle: ¡oye! ¿sabes qué? voy al baño, así que te lo digo para que sepas. Y a Isabel la dejé sola en medio del escenario y pensé: bueno no sé qué va a hacer.

El teatro conmigo es traicionero, es como que me pone en esas situaciones para decirme: esto es para que me respetes y para que sepas que puede haber mucha televisión y puede haber mucho cine, pero mira, quien manda soy yo. Después me ha pasado con varias gentes. Sin embargo, es el medio donde yo puedo sentirme de verdad explotando mis capacidades, lo que tenga o lo que no tenga.

Amaury. ¿Con quién te has sentido mejor trabajando, de tus compañeros de generación?

Alberto.  Yo admiro muchísimo a muchos actores de mi generación. He visto cómo se han convertido en grandes actores o en directores o han cambiado o han pasado…, porque somos cómplices todos, porque todos nos conocemos, es el mismo grupo. Temo mucho decirte con quién me siento mejor.

Amaury. No, no es necesario.

Alberto. No es necesario, sería… Pero sí efectivamente hay actores muy importantes que han hecho cosas que yo admiraré toda mi vida y de las actrices, bueno, qué te voy a decir. Las actrices… son más bondadosas esas opiniones en lo que se refiere a las actrices. Es lo que te puedo decir.

Amaury. Colombia ¿Cómo te fue en Colombia? Estuviste un tiempo en Colombia.

Alberto. Estuve 6 años en Colombia.

Amaury. Seis años no es un tiempito.

Alberto. No, es bastante tiempo. Colombia es mi segunda Patria y entiéndase por Patria lo que refiere a mi sentimiento genuino, a mi cariño, a lo que soy capaz de dar por una…

Amaury. Por una Nación, por un lugar.

Alberto. Además, allí nació mi segunda hija. Tú sabes que tengo una hija colombiana, Isabela Lucía. Colombia ante todo es una escuela de vida, donde yo fui a probar que podría hacer otras cosas. En Colombia me fue al principio muy difícil, muy difícil. Yo iba sin dinero a ese lugar, yo iba con 20 dólares a Colombia, ¿te imaginas?, hasta que tuve la suerte de que un director muy importante que había allí, que había estado en Cuba en muchas ocasiones, se llama Pepe Sánchez, sabía quién era yo, qué había hecho, qué yo hacía, conocía parte de mi trabajo y me llamó y me introdujo en la televisión. A él le gustaba lo que yo hacía, me dijo: ¡Mira, olvídate de todo lo que has hecho, si has hecho o no televisión, aquí tienes que empezar otra vez de cero, te toca empezar de cero! Eso fue en el año 94.

Tuve la suerte…, yo tenía un premio de actuación en Colombia por Los Pájaros tirándole a la escopeta, por eso una ocasión muy feliz esa película, tengo el premio gracias a tú mamá, gracias a Reinaldo Miravalles, gracias a toda esa gente.

Amaury. ¡Gracias a tu talento también, chico, qué te pasa!.

Alberto. Bueno, desde luego, también, un poco. Pero me pasó una cosa muy Pujols. Por ejemplo, yo llegué a Colombia y recuerdo que la primera entrevista que tuve en la televisión, la tuve en RCN Televisión, finalmente cuando concedieron escucharme. Fui allí a firmar un contrato.

Amaury. Sí, uno de los dos canales más importantes.

Alberto. Sí, son Caracol y RCN Televisión. Recuerdo que había unas fotografías de actores muy importantes allí… Era muy simpático, porque tú sabes… el embajador nuestro me prestó su auto para ir a la entrevista en ese momento porque yo no tenía ni dónde caerme muerto y supuestamente debía de ir muy bien vestido a esa entrevista. Llegamos con el carro del embajador, todo vestido de azul, un trajecito azul que me habían hecho aquí, muy bonito, y cuando llegué allí, se bajan los cristales y todo, ¿tú sabes?, cómo en las películas y el hombre que estaba en la puerta estaba mejor vestido que yo, el portero, y dice: ¡espérese momentito, señor, un momento, por favor, mire, corra su auto para atrás, que viene alguien que se acerca acá! y venía una súper camioneta flamante, que aquello era tremendo y venía Guy Ecker ¿te das cuenta?

Amaury. Ah, claro, el actor.

Alberto. El protagonista de Café, que estaba en ese momento…

Amaury. ¡Sí, sí!

Alberto. Me sentí que yo dije: bueno, ¿pero qué yo le hecho al mundo?, ¿por qué me trata así este hombre? Date cuenta que allí está muy marcada esa diferencia. Cuando llega el protagonista, es el protagonista.

Sin embargo, vi unas fotografías, por eso te hago el cuento de Gay Ecker, y de Margarita Rosa (de Francisco), de millones de actrices muy importantes que había allí, en Colombia y yo me dije en ese momento: Bueno, Pujols, a lo mejor tú no eres rubio de ojos azules, tú no mides siete pies, ni vas a ser el protagonista montado arriba del caballo, porque primero no lo monto bien, pero, tú no te puedes ir de este lugar, hasta que tu nombre no sea al primer nombre que esté ahí. Esa era mi responsabilidad.

Amaury. ¿En la galería de fotografías?

Alberto. No, no, en el cabezote de la telenovela. Yo tenía que ser el primer nombre del elenco. Si no estaba como el primer actor del elenco, mi carrera estaba mal allí y logré ser el primer actor del elenco. Cuando vi que yo era el primer actor del elenco, que decía Alberto Pujols como primer crédito, entonces me dije: ya puedo regresarme, pero tenía que estar allí, tenía que lograrlo y tenía que demostrar… No es tan fácil de porque llegué y ya me toca. Aprendí que había que luchar, que había que pasar mucho trabajo para lograr las cosas. Las cosas a veces nos vienen dadas y ¡chévere, qué bueno!, pero a veces toca trabajar, sufrirlas, para que la gente vea que efectivamente tú has logrado las cosas con mucho esfuerzo; si no, no habrían puesto mi nombre allí, en ese lugar.

Amaury. ¿Y tú estarías dispuesto a volver a empezar, cada vez?

Alberto. Ya no estoy muy de acuerdo en volver a empezar, ¿ves? porque ya me estoy cansando un poco…

Amaury. …Pero estás en la pintura ahora…

Alberto. …En estas cosas, sí, en estas cosas del arte sí.

Amaury. Yo hablaba de comienzos y de principios y tú te has casado unas cuantas veces.

Alberto. Cinco veces. Por todas las vías: Por bobo, por entretenido, por todas las vías. (risas)

Amaury. Pero tú compañera de hoy…

Alberto. …Ada. El Hada…

Amaury. Ada no parece una cosa transitoria ni un paso peatonal.

Alberto. No, no, en ningún caso es transitorio, te lo puedo asegurar.

Amaury. ¿Cuántos hijos tienes con ella? Háblame de tus hijos y de ella.

Alberto. Ada es el resultado de un encuentro feliz, de una puerta que apareció para ella y para mí, a partir de un momento en que coincidimos aquí en La Habana. Yo regresaba de Colombia y ella regresaba de España. Éramos dos personas empezando a entrar en cierta madurez cuando nos conocimos y teníamos intereses muy parecidos desde el punto de vista familiar,  lo que entendíamos como  proyecto de familia y se estableció allí una química interesante hasta que una buena noche llamó equivocadamente a mi casa, creo que llamó al lugar… Fue una llamada determinante, ¿no?, a partir de ese momento se hizo la luz… Ella llamó a mi casa equivocada, salí yo al teléfono…, finalmente pasamos esa etapa de pena que teníamos de bueno qué… en fin, de concretemos esto, ¿queremos vernos o no queremos vernos?, ¿queremos hablar o no queremos hablar?

Y esa noche pues se hizo la luz y a partir de ahí, de esto hace ya 11 años, después vino Sofía, nuestro ángel Sofía, que es mi hija pequeña, que es como el ángel de toda la familia.

Amaury. Estuve preguntándole a Ada que por qué no la había traído.

Alberto. ¿A Sofía?, bueno porque la idea es que tú hicieras el programa… y esa niña maravillosa me la dio Ada ¿no es verdad?, que yo siempre digo: El Hada, cuando hablo de ella. Creo que gracias a Ada he logrado muchas cosas, porque ha tenido la fuerza, es como el motor que necesitamos nosotros los artistas, a veces, como para concretar  y pisar la tierra.

Amaury. Cualquiera que esté viendo esta entrevista, Albertico, se da cuenta de que tú eres una persona muy positiva.

Alberto. Trato, trato.

Amaury. Muy positiva, muy alegre, muy emprendedora…

Alberto. …No creas que a veces soy tan alegre, Amaury, a veces…

Amaury. A mí me ha tocado entonces verte en los momentos…

Alberto. Creo que has tenido la suerte.

Amaury. Además, como decíamos al principio de la entrevista, conozco muy bien a tu familia y sé que todo el mundo ahí ha tratado de sobreponerse a todo, pero ¿Cómo se repone Albertico Pujols? ¿Cómo sale y se convierte en esta especie de trueno, de rayo que ha llegado aquí?, con ese entusiasmo, con esa alegría, ese muchacho emprendedor que eres tú.

Alberto. Pienso que yo soy muy espiritual. Soy una persona que trata de centrarse en la esencia de las cosas, independientemente de que a veces te pueda parecer un poco como loco, un poco…

Amaury. No me parece loco, me pareces fresco y espontáneo.

Alberto. Yo observo mucho y trato de captar la esencia de la gente. No solo físicamente. A veces, no creo mucho en la cuestión física, creo mejor en los planos energéticos. Yo quiero tanto a veces a la gente, yo siento tanto a la gente, que lo que trato de llevarme no es que te toco físicamente, Amaury, es que quiero llevarme tu alma, yo quiero llevarme tu esencia, de eso me nutro, de eso nos nutrimos todos y eso es lo que convierte esa energía en luz… tu mamá… ¿te das cuenta?… Consuelo es uno de los duendes que tenemos en nosotros, en nuestra cultura, en nuestro país. A los duendes que nos encomendamos en un momento determinado para que nos protejan, que nos cuiden, que nos digan: sigue. Se trata de que cuando empiezas a ver ese vacío, que no es que no exista, está ahí, a veces, te sientes al borde del abismo, que sientes que no hay de dónde agarrarte y siempre, siempre, siempre, tenemos la obligación como artistas, como seres humanos, de tratar de buscar y escarbar. Porque siempre, siempre aparece una moneda en el saco viejo donde lo tenemos guardado y eso es lo que tenemos que tratar de ver. Si no quieres encontrarla, no la vas a encontrar, pero si tú quieres encontrar, busca que encuentras. ¿Te das cuenta? De eso se trata.

Amaury. Ellos están con nosotros, tú estás conmigo. Gracias, gracias por seguir siendo eso, un corcel de fuego.

Alberto. Trato de serlo, trato de serlo.

Amaury. Bueno, mi niñito, un abrazo.

«Con 2 que se quieran» Alfredo Guevara. (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Alfredo Guevara. (Parte I)

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con dos que se quieran, aquí en 5ta. y 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios ABDALA. Hoy me acompaña, nos acompaña uno de los más grandes intelectuales cubanos del siglo pasado y de este. Cineasta, escritor, ideólogo, soñador. Para mí es un privilegio, no sólo tenerlo en el programa, sino que me haya acompañado durante muchos años su magisterio y su amistad; mi amigo, Alfredo Guevara. Alfredo, ¿cómo está usted? Todo mi amor.

Para no explicar mucho, en nuestra intimidad, nos tratamos de tú, pero por respeto a los televidentes, por respeto al espacio, me voy a permitir tratarlo de usted. Alfredo, la primera entrevista que le hice, fue hace 16 años para un programa que yo tenía que se llamaba Muy Personal, ¿cuánto ha evolucionado su pensamiento en 16 años? ¿Qué cosas le importaban entonces, qué cosas le importan ahora?

Alfredo. Me haces pensar en mí mismo más que en hecho y época, porque imagínate, has hecho una presentación de un personaje de dos siglos, yo no tengo dos siglos, pero tengo muchos años.

Cuando muy joven sí tenía otra visión, pero en 16 años nada ha cambiado de esta obsesión que te diré: los jóvenes. Se me salió desde entonces, y desde un poco antes, desde que regresé de París, la vocación que había tenido inicialmente y la que pareció iba a marcar mi vida: la de profesor. Me preparé para ello, fue lo que estudié, me complacía el camino que había elegido, pero después del período de París, de la UNESCO, realmente vine con otra visión del papel del profesor. Es decir, identifiqué profesor y político, porque no hay modo -en mi opinión-, de ser un verdadero revolucionario sin pensar que el destino está en manos, o debía estar en manos, o estará en manos, o tendrá que estar en manos, por fuerza, de las generaciones jóvenes.

Y tuvo una desgracia tremenda la Revolución y Fidel: que en el momento en que ya cientos de miles de jóvenes ascendían al rango más alto de la instrucción, no de la cultura, al rango más alto de la instrucción, y podía empezarse a pensar en esa transición hacia los jóvenes, llegó el derrumbe del llamado campo socialista y con ello una crisis de un carácter inesperado y terrible, que obligó a que todo el pensamiento de nuestra dirección, y fue muy sabio, se volcara en encontrar otros caminos de sobrevivencia, que nos permitieran resistir. Y esa es, tal vez, una hazaña tan grande como la guerrillera y la toma del poder. Es decir, haber salvado un bastión del socialismo  en medio del caos total.

Amaury. Aquí nos acompaña un grupo grande de muchachos jóvenes. Muchachos jóvenes que seguramente cuando usted dirigía el ICAIC, no estaban todavía ejerciendo las funciones de camarógrafos, iluminadores, etc… pero en este estudio y con este personal del ICAIC, se respira desde el primer día, un gran profesionalismo, un gran rigor, un gran respeto por el trabajo, por los invitados, por el programa, hay un silencio que usted notará, y yo pensaba que quizás las enseñanzas suyas, en los dos períodos en que dirigió el Instituto de cine, ellos han recibido esa herencia de alguna manera. ¿Usted cree que ellos son herederos del rigor, el profesionalismo, y la inteligencia con la que usted manejó el cine en los años en que pudo hacerlo, en que tuvo que hacerlo?

Guevara. ¡Dios mío, qué herencia me entregas! Quisiera que fuera así. Lo cierto es que contra mis convicciones y mis líneas y concepciones, el ICAIC empezó como una gran improvisación, pero con el propósito irrenunciable de saltar esa etapa en cuanto se pudiera y entrar en la del rigor más absoluto.

Le llamo rigor a buscar un nivel de formación, no sólo técnica, sino en el campo de la cultura, en el campo de la espiritualidad. Pero también eso supone estudiar, y estudiar sistemáticamente, y organizadamente, ¿no?, y yo creo que eso se logró en el ICAIC.

Amaury. Alfredo, leyéndome sus libros y sus entrevistas, porque lo he hecho siempre, ha tenido la gentileza de enviarme sus libros y sus entrevistas a lo largo de todos estos años. Yo descubro un pequeño detalle, pareciera que…

Guevara. …¿Hay algo que descubres todavía? (risas)

Amaury. (risas) Nosotros nos conocemos mucho. Pero hay cosas que yo descubro, y es como si su vida comenzara en la Universidad, porque todo lo que aparece, lo que uno puede conseguir suyo, es a partir de la Universidad, de su encuentro con Fidel, de su ya decidida vocación política, pero para llegar allí hubo un niño, un joven de bachillerato, de primaria. Yo sé que no le gusta hablar de su vida personal, ya lo sé, pero conmigo va a hacer una excepción, por lo menos por arribita me va a contar.

Guevara. Me voy a limitar en esa excepción a lo que, si algún día la termino, estará en la autobiografía.

Muy de niño, niño de veras, me tocó ver desde el balcón de mi casa en el Malecón de La Habana, la efervescencia de la caída de Machado, que al doblar casi, un poquito más allá del Prado, estaba el Palacio (Presidencial). Y bueno, ni entendía nada, ¿no?, pero las imágenes están, muchas imágenes. Me tocó ver el bloqueo de nuestra ciudad por la Armada Americana, por la Flota Americana. En el horizonte se veían los cruceros que aparecían y desparecían, tal vez por el movimiento del mar o de ellos mismos, o por la niebla, no sé, una imagen terrible de cerco, porque mi familia era una familia revolucionaria, que sentía muy de cerca eso. Yo era un niño, niño, niño.

También tuve la vivencia terrible de ver el bombardeo del Hotel Nacional por unos barcuchos que yo en mi imaginación consideraba acorazados, pero eran unas barcazas horribles que tenía la Marina Cubana. Me acuerdo que cuando Manolito Castiñeiras, al Triunfo de La Revolución, era el Almirante y era, además mi amigo, amigo, nos reíamos de la palabra Almirante entre nosotros pensando en aquellas barcazas, ¿no? que eran las mismas. Es decir, que tengo recuerdos muy marcados en la niñez, que en el caso de la Flota Americana, la presencia de los marines… Yo creo que empecé a ser antimperialista sin saberlo, nada más ver tanta brutalidad. Y en el Bachillerato, pasó algo rarísimo, hubo otro compañero, que no quiero mencionar porque le amé y no le amo, porque echó a perder su vida y su historia, nos hicimos anarquistas. Y tuvimos, antes de entrar en la Universidad, antes de entrar, yo, que fui el primero en entrar, una experiencia especial, porque formábamos parte de una organización revolucionaria anarquista del Puerto en la cual todos eran estibadores negros y nosotros éramos los dos jovenzuelos blanquitos… no sé, yo digo ¡qué diferencias tan radicales! de extracción social, de las situaciones raciales que habían en la época, de las ideas tan explosivas. Y lo recuerdo…, y recuerdo aquellos personajes, qué sé yo, con una deleitación especial, como diciendo: qué momento más lindo de la vida.

Amaury. El momento en que uno es joven.

Guevara. Ahora, la huella es la que hace de mí, con mi voluntad y sin ella, un revolucionario socialista libertario.

Amaury. Cuando llega a la Universidad, entonces ¿ya usted entra siendo un socialista?

Guevara. Sí, es cierto, ya se había estado produciendo la evolución, pero a esas edades uno no es nada. A esas edades uno es alguien que busca. Yo sigo siendo alguien que busca, pero en aquella época había un modo más…, más, no sé, más diluido entre unas cosas y otras, ¿no?. En realidad uno no sabía bien lo que era, aunque sí sabíamos que queríamos la independencia, la soberanía, la libertad de Cuba y eso es lo que nos unió tan fácilmente a algunos de los estudiantes que llegábamos de distintos orígenes y áreas geográficas del país. Nos reunimos y nos convertimos en un grupo porque lo traíamos ya en la cabeza.

Amaury. Claro, ahora, Alfredo, en los últimos tiempos, usted ha estado ofreciendo conferencias en el ISA (Instituto Superior de Arte), en el ISRI (Instituto Superior de Relaciones Internacionales), con la FEU (Federación de Estudiantes Universitarios) y algunas sentencias que usted ha utilizado en esas conferencias, a mí me llaman la atención y quisiera que las explicara en televisión, una es: “Yo no vivo entusiasmado por mi pueblo sino por las potencialidades de mi pueblo”.

Guevara. Así es, creo que esas potencialidades son cada vez mayores, y las dificultades para echarlas a andar, para desplegarlas también son cada vez mayores. Pero también soy un profesional de la esperanza, y confío, a pesar de mis años, en que veré esas rupturas de caminos que permitirán que esta maravillosa generación construida por la Revolución, una generación de un millón de universitarios.

¡Un millón de universitarios! ¡Un país de 12 millones de habitantes, con un millón de universitarios! Ni los países más desarrollados, y que no podamos utilizarlos como es debido. Yo daría cualquier cosa porque, por ley, se impusiera que todo ignorante tuviera al lado un Think tank (tanques pensantes) de talentos. Es decir, ya que no podemos barrerlos de la vida, o de la historia, están ahí, y algunos con más poder de la cuenta…

Amaury. …Ya sabemos, ya sabemos…

Guevara. Están ahí. Bueno, pongámosle aunque sea un think tank. Aprovechemos el talento, que los asesoren, que los ayuden a acertar.

Amaury. Claro.

Guevara. Ya nuestros dirigentes han puesto el dedo en la llaga. Todo el mundo es burócrata, no en el sentido peor…

Amaury. …Sí, sí…

Guevara. …Todo el mundo es funcionario de algún modo.

Amaury. Y no todo el mundo funciona.

Guevara. No, nadie funciona. Porque aún los que quieran funcionar y sepan funcionar, tienen tal carga de funcionarios a su alrededor dando vueltas, mosqueando… Raúl Roa decía una frase genial, porque también en el MINREX (Ministerio de Relaciones exteriores) de la época los había, y decía: “Son giro-vagantes”

Amaury. Son giro-vagantes.

Guevara. Entonces estamos rodeados de giro-vagantes, que no saben qué hacer con las tareas que tienen y que no sé, las destruyen o las guardan en gavetas, o qué sé yo. Porque es que, cuando tú doblas una esquina, encontrarás a un funcionario ¿que pasa? a cumplir su función, teóricamente, y casi siempre a no cumplirla.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Bueno, usted también ha dicho en esas conferencias, y lo he ido he entresacando: “Hay una gran confusión entre cotidianidad y contemporaneidad”.

Guevara. ¡Ah!, qué problema, qué problema para el arte…

Amaury. …¡Sobre todo para el arte!.

Guevara. ¡Qué problema para el arte! ¡Y qué problema para los jóvenes! y sobre todo, para estas posibilidades inmensas que han abierto las nuevas tecnologías que son caminos de libertad, y caminos de ignorancia y de sometimiento al mismo tiempo.

Como todo. Casi todo en la vida tiene una carga de ambigüedad especial y sólo con la voluntad, y la inteligencia y el saber, se pueden romper caminos y aprovechar de cualquier cosa que se invente, lo mejor.

Pero hay que aprender a distinguir, es una voluntad y tiene que ser también una acción práctica de estudio, de profundización, de no cansarse nunca de recorrer caminos. De no temerle nunca a las interrogantes, sino ir hacia ellas.

Porque la verdad es inalcanzable, la verdad absoluta. Lo absoluto no existe. Es decir, siempre que se llega a un punto, no es nada más que punto de llegada y punto de partida. Nuestro objetivo debe ser partir de lo más alto que se ha logrado, y el gran modelo para los escritores tiene que ser Martí, tiene que ser Carpentier, tiene que ser Lezama. No puede ser Perico Pérez, muy distinguido y que tiene muchas crónicas en los periódicos, no, no, no. Ni aunque tengan los Premios Nacionales de Literatura, que creo que entonces se daban de algún modo…

Amaury. …Se daban, había varios.

Guevara. Ahora es muy prolijo.

Amaury. Bueno…

Guevara. Pero debo decirte una cosa.

Amaury. Sí, cómo no.

Guevara. Decírtela a ti para decirla.

Amaury. ¡Para decirla, claro!

Guevara. Todo lo que sea un premio, debía ser un premio al talento. Y si no hay un súper talento en 10 años, pues no hay premio. Si teníamos que cubrir ciertas lagunas históricas, correcto, aplausos, pero es hora de legislar y de organizar esto de modo tal de que no sea… ¿La palabra choteo le vendría bien?

Amaury. Sí, le vendría bien, bueno…

Guevara. …Está muy cerca, ¿no?, todavía, pero está muy cerca.

Amaury. Todavía no. Pero me acaba de decir lo del punto al que se llega. Y me da la impresión, y es primera vez que se lo escucho decir, que para Alfredo, entonces, no existe el punto final, existe siempre el punto y seguido.

Guevara. Claro que existe el punto y seguido. Hay un punto final, ¿sabes?, que es la vida.

Amaury. Yo no estoy tan convencido.

Guevara. Bueno, tú no estás tan convencido, pero el curso de la vida es un despilfarro o un atesoramiento. Ese atesoramiento, cuando vale la pena, es el del saber. Y yo creo que así se construye el alma. ¿Para qué?… Ahí está la última pregunta.

Amaury. Seguro.

Guevara. ¿Te das cuenta? ¡Ahí está la última pregunta! ¡Pero el almita no te la dan hecha!.

Amaury. No, hay que cultivarla.

Guevara. Hay que cultivarla, hay que refinarla, hay que ponerla al servicio del otro y al servicio de uno mismo, pero también del otro. El otro puede ser cercano, o lejano, y abstracto incluso, pero del otro. ¡Ah!, después, ¿qué va a pasar? Tú eres creyente, me lo cuentas después del programa.

Amaury. ¿Por qué, Alfredo y, esto sí se lo he oído decir varias veces?… Yo creo que nosotros teníamos… (hubiéramos tenido en cualquier circunstancia), un grupo de cineastas virtuosos, que hubieran llegado a donde hubieran llegado. Pero yo soy de los que opina, con mucha fuerza, que sin Alfredo Guevara al frente del cine, nosotros no tendríamos el cine que tenemos hoy. Podíamos haber tenido otro, pero no el que tenemos hoy.

Y a mí me irrita, amorosamente, tiernamente, que usted diga que usted es un cineasta de vacaciones. ¿Por qué usted dice que es un cineasta de vacaciones?

Guevara. Bueno, tengo derecho a un divertimento, ¿no? (risas). No, yo quisiera de todas maneras precisarte una cosa. Yo creo que yo hice una contribución, entre otros. Yo hice una contribución, que ojala que haya sido valiosa.

A crear; primera época.

Amaury. Sí, sí.

Guevara. A crear el clima espiritual en que era posible. Es decir, el que recuerde como vivencia, por ahí anda Iván Nápoles.

Amaury. Iván, anda por aquí, sí.

Guevara. Sabrá que nosotros éramos un taller de pensamiento. Estábamos siempre reunidos, discutiendo, profundizando, diciéndonos horrores. Estudiando y nos habíamos convertido en una especie de Logia, que no nos propusimos eso. Pero cuando se cerraba una reunión y todo el mundo salía, no había quién se enterara de lo que nosotros habíamos discutido..

… Era una cosa misteriosa que uno…, no la planeamos. A mí me encantan las Logias.

Amaury. …Claro ¿y quién sería el Gran Arquitecto de esa Logia?, usted. (risas)

Guevara. (risas) Mira, soy Pitagórico, pero no hasta ahí.

Amaury. Alfredo, ¿qué diferencia puede haber entre un cineasta intelectual y un cineasta a secas?

Guevara. Bueno, esa es la misma entre un buen bodeguero y un buen fabricante de alimentos. (risas)

Amaury. ¡Qué símil, qué símil! (risas)

Guevara. Lo voy a decir de un modo más fácil: A mí me horrorizaba en mi época de director del ICAIC; primera y segunda época, porque me ha horrorizado siempre, cuando le preguntaba a un cineasta: “oye, ¿qué estás haciendo ahora?”, y que te respondiera: “Bueno, estoy buscando una idea”.

Cuando alguien me decía que estaba buscando una idea, un argumento, un proyecto, yo me quedaba desconcertado y en silencio. Porque le podía decir algo que resultara hiriente. Porque era ya la definición del no artista. Yo creo que un artista vive en ebullición…, un pensador, un creador de cualquier cosa…, un compositor musical, si es de verdad, vive en ebullición no le alcanza la vida para lo que tiene que hacer. Yo me acuerdo de Silvio…

¡Ese Silvio!, que cuando era un chiquillo se encerraba ahí, en lo que nosotros llamábamos La Pecera ¿tú te acuerdas de eso?

Amaury. ¡Claro, cómo no, claro!

Guevara. A grabar sus canciones en una horrible grabadora de la RDA que yo tenía, que era una maravilla tenerla, pero tenía el tamaño de esa mesa.

Amaury. Sí, era inmensa. Yo era el que la operaba, por eso lo recuerdo. (risas)

Guevara. Y él se encerraba ahí a cantar sus canciones para no olvidarlas. ¡Ese es el artista! Vamos a olvidarnos de Silvio, y voy a dar un salto, no porque Silvio no merezca la comparación.

Yo por ejemplo, me acuerdo de…, conviviendo con Carpentier en París, y ¡Dios mío!, Alejo no paraba.

Amaury. No paró nunca.

Guevara. ¡No paraba!. A mí me tocó estar con…, bueno, el día de su muerte. Es decir, estar en París esperando su muerte, porque sabíamos que iba a morir, y para estar junto a Lilia. Y Lilia no sabía que hacerse con tantos papeles.

Y empezó a llegar gente y Lilia tenía que cuidar aquello, estaba desgarrada y al mismo tiempo salvando.

«Con 2 que se quieran». Alfredo Guevara. (Parte II)

«Con 2 que se quieran». Alfredo Guevara. (Parte II)

Amaury. Claro que sí.

Guevara. Porque él estaba escribiendo y además, tenía una particularidad, que también respeto en los artistas de verdad, que no quería que saliera a la luz algo no terminado. Y como no terminaba nunca, es decir, sólo cuando estaba en la imprenta ya era irretocable, porque él retocaba, él rehacía y repensaba. Algunas novelas las escribió más de una vez.

Amaury. Bueno, Picasso decía que si él tuviera la oportunidad de haber vuelto a trabajar en el Guernica, lo hubiera arreglado otra vez, y otra vez, pero ya no se podía.

Guevara. No y de lo que se conserva de Picasso, hay de determinadas obras, bocetos y bocetos y bocetos  previos. Yo creo que el artista… ¿Cómo voy a estar buscando una idea?, si no tienes una idea para hacerla en arte, pues dedícate a otra cosa. Pero no, que no se vayan a convertir en funcionarios. (risas)

Amaury. Ahora, usted también ha dicho: La objetividad y la prudencia son mentiras parciales. ¿Por qué?

Guevara. No sé por qué lo dije, pero bueno, ahora lo volveré a decir. (risas)

Amaury. Sí.

Guevara. Bueno, en primer lugar yo no creo en la objetividad, yo creo en las militancias. Yo creo que ante cualquier realidad hay que tener criterio (una realidad que valga la pena). Y hay que tener, si vale la pena, pasión. Yo le llamo a la pasión en el lenguaje nuestro de Partido, y Juventud, le voy a llamar militancia, pero es pasión. Incluso dudo mucho que pueda alguien ser un militante si no tiene pasión, ya usando el otro lenguaje.

Yo soy militante porque tengo el carné, porque no sé qué diablos, porque hice esto, porque lo otro, ¡basura!. Si no hay pasión en tu ser…

Por eso, y permíteme dar un salto hacia atrás. Por eso para mí, ayudando a entrar en el ICAIC en la producción cinematográfica, para mí quienes más me fascinaban, eran los locos. Es decir, si llegaba un chico o una chica, enervados con su pasión por hacer cine y enloquecidos con el disparate y todo, porque antes de la formación se es así, yo decía, ahí hay un artista y es por eso que por lo que he dicho más de una vez en las conferencias, que no son conferencias, son diálogos.

Amaury. Son diálogos con los jóvenes.

Guevara. Si yo tuviera ahora 20 años, ¡qué ganas tengo de tenerlos!.

Amaury. ¡Yo también!

Guevara. Si tuviera 20 años andaría con todos esos loquitos que andan por ahí, en esta ocasión como reclutador. Estoy seguro que ahí hay revolucionarios.

Amaury. ¿Pero en la calle G?

Guevara. Sí, por ahí, por la calle G y por donde no es la calle G, pero en los diálogos esos me he referido a la calle G. Ahí hay un 50% de revolucionarios potenciales. Porque nada más que el rasgo de no estar conforme, aunque sea una inconformidad informe, es ya un rasgo de revolucionario.

Amaury. Sí, pero a mí lo que me fascinaba cuando yo leía eso, es su manera de trasladarse en el tiempo. Porque yo, si tuviera 20 años, no sé lo que estaría haciendo.

Guevara. ¡Lo que hiciste!. ¡Mira qué!

Amaury. Lo que estaba haciendo era leyendo, por ejemplo. Yo lo que estaba haciendo era leyendo, viendo cine, oyendo las canciones…

Guevara. …¡Fastidiándonos a nosotros!

Amaury. …Sí, verdad que sí, también.

Guevara. Tu padre viniéndome a ver, a ver qué hacíamos contigo.

Amaury. Es que a los televidentes debo decirles, que yo llegué a estar en el cine, mi primer trabajo, fue gracias a Alfredo.

Pero me parecía fantástico de que usted pudiera hacer ese viaje, ¿no?: “Si yo fuera joven, estaría caminando por la calle G, o por donde fuera y reclutando para la Cultura, para la Revolución a tantos jóvenes.

Guevara. Pero lo que sí me gustaría subrayar, es la importancia que tiene para cualquier estudiante a quien se le hable de marxismo de ir a las fuentes. De leer a Marx, Marx no es aburrido. Todos estos cuentos: no, ¿quién se va empujar El Capital?, ¡Esos tomos!, pero hay modos de leer El Capital.

Y es el colmo que los estudiantes de Economía de Harvard y los estudiantes de economía de Oxford estudien profundamente El Capital, y aquí nos da a veces crispación ir directamente al Capital.

Yo creo que un verdadero intelectual, cubano o de cualquier parte, si renuncia a estudiar a Marx, está incompleto.

Yo creo que para entender la realidad, la realidad de la sociedad contemporánea, de donde vivimos, de donde viviremos todavía, viviremos, no yo, vivirán mis nietos, vivirán tus nietos, los nietos de este, del otro y del de más allá, hay que entender…

Amaury. …Usted también vivirá.

Alfredo. …que Cuba tiene, la Revolución Cubana tiene la posibilidad, por eso, de ir más y más lejos. No soy un dirigente, no me toca a mí decir cómo.

Amaury. Pero lo fue muchos años.

Guevara. Pero todos sabemos en el fondo cómo, pero este programa no está hecho para eso.

Amaury. Está hecho para todo.

Guevara. Pero yo digo que Cuba tiene sus particularidades, que la Revolución Cubana tiene logros especiales, aparte de los otros logros.

Amaury. Sí, sí.

Guevara. Pero logró realmente ser el poder y sin el poder no hay Revolución, ¿eh?. Ahora, ¿cómo hacemos la Revolución? ¿Hasta dónde la llevamos? ¿Cómo la revolucionamos?, si quieres, otro programa.

Ahora, una cosa más: Lenin. Lenin y Martí descubrieron dónde estaba el salto del capital hacia otro estadío. Uno lo intuyó, lo sintió y lo denunció. Y el otro lo estudió estructuralmente. También hay que estudiar a Lenin en Lenin.

Amaury. Y a Martí y a Fidel. Ya nos quedaríamos como Marxistas y Leninistas y Martianos y Fidelistas.

Alfredo, voy a hablar nada más que de los amigos, los enemigos no me interesan, y en estas entrevistas no se habla de enemigos.

Guevara. No, y  además lo mejor es ignorarlos. Eso es una maravilla de tu programa.

Amaury. Pero ¿se puede ser amigo de Alfredo Guevara sin comulgar con sus ideas políticas y estéticas? Es la pregunta.

Guevara. Se puede, se puede por una razón muy sencilla; porque se supone que si alguien quiere acercarse a mí, debe ser que inspiro alguna curiosidad inicial. Y yo siempre tengo curiosidad por lo que no conozco.

Amaury. Alfredo, yo pienso que usted es una de las personas más inteligentes que yo conozco, yo pienso eso.

Guevara. ¡Dígame usted!

Amaury. Sí.

Guevara. ¡Pues mira, que conociste a Cintio, conoces a Fina! Óyeme nada más que por eso ya está todo lo demás opacado.

Amaury. Yo he tenido suerte, la verdad, me he acercado a muchas personas inteligentes, usted es una de ellas. Ahora, en algún momento le escuché decir que “en todo ser inteligente habitaba un demonio”, entonces la pregunta es capciosa, o sea. ¿Cuánto de demonio hay en un ser tan inteligente como usted?

Guevara. No, yo digo que hay siempre algo diablesco en la inteligencia, más que de los seres en la inteligencia. Yo podía, esquivar tu pregunta fácilmente, me iba hacia Platón y hacia Sócrates…

Amaury. No, no, hombre, yo lo sé.

Guevara. Es que el ángel no existe sin el demonio, tiene que haber algo ahí… Es como el jugador de ajedrez que tiene que esconder…, el jugador de ajedrez tiene que esconder jugadas; tiene que saber que tiene cuatro jugadas más y allá el que es inferior a él en el juego.

Amaury. Hace 16 años usted me dijo algo que nunca se me olvidó sobre el retiro espiritual. Usted me decía: “hay que dedicarse una hora de un día, un día de la semana, una semana entre los meses, un mes de cada año a meditar. ¿Lo sigue haciendo?

Guevara. Bueno, lo sigo y lo seguiré haciendo toda la vida. Pero, óyeme, un poquito más que una hora, porque sin ello no se puede dar un paso hacia adelante. Es decir, se pueden dar, ¿eh? y entonces le llamamos pasos y suelen ser traspiés  ¡cuántos traspiés hemos visto y vemos!

Amaury. Ahora, usted estaba hablando, en una de esas conferencias, de las nuevas tecnologías, de Internet, del cine digital… y decía que mientras más libertad, muchas veces hay más banalidad. ¿A qué se refería con eso?

Yo me quedé enloquecido, porque uno aspira a que, en el caso mío, a tener toda la libertad del mundo para alcanzar el libre acceso a los libros, a las nuevas tecnologías y todo eso. ¿A qué se refería usted cuando le aconsejaba eso a los jóvenes?

Guevara. Bueno, es el gran riesgo, la vida es toda riesgo. Es un riesgo muy grande por una razón: Porque la gran industria que voy a llamar, porque es la convención, cultural, pero en realidad es del entretenimiento de las transnacionales del imperio, del imperio que es el imperio del capital, no el imperio sólo de los Estados Unidos, es el imperio del capital, están dedicadas exactamente a llenar ese vacío que tiene todavía una parte de la juventud y también algunos adultos, ¿no?.

Amaury. Sí, lamentablemente, muchos.

Guevara. Pero este cerco mediático, por ejemplo, que hemos sufrido en los últimos meses, y que hemos roto genialmente, pero que volverá.

Amaury. Volverá. Siempre volvió.

Guevara. Volverá, porque es el resultado de toda una técnica de la destrucción del enemigo de ellos, que es la izquierda.

Amaury. Claro.

Guevara. Y nosotros somos, qué sé yo, un símbolo de la izquierda. Un símbolo que yo quiero que seamos mejor símbolo, entre paréntesis.

Amaury. Y podemos serlo y usted lo sabe.

Guevara. Podemos serlo y debemos serlo.

Amaury. Y eso entonces me va a llevar a esta pregunta, ¿Cuál debía ser el papel del periodista hoy, aquí?

Guevara. Y yo te voy a contestar en una sola frase: Ser periodista.

Amaury. Perfecto, ni una más.

Guevara. Eso es lo que falta.

Amaury. Hay tres temas que me quedan, yo no voy a insistir en que usted hable de asuntos personales y familiares, porque sé que nunca le ha gustado. Pero es que yo le tengo mucho cariño y mucha amistad a su hijo, a Tony, y usted tiene un nieto y una nieta. Quisiera que brevemente y en la medida en que su discreción se lo permita, su privacidad se lo permita, hábleme de su hijo, hábleme de sus nietos.

Guevara. Bueno, Tony y Janet, mis hijos.

Amaury. Sus hijos.

Guevara. Mis hijos porque Janet es mi nuera. Mis hijos me han dado el regalo más grande que podía tener que son mis nietos. Y en los nietos, no voy a hablar sobre los otros ni una palabra más.

Pero en los nietos, en los nietos he descubierto que soy abuelo de todos los niños y de todos los adolescentes de Cuba. Y que lo que me queda de vida lo quiero echar, entregar, a la lucha por el futuro espiritual de nuestra juventud. Es lo que haré hasta el último día de mi vida.

Amaury. Alfredo, vamos terminando con una pregunta. ¿Cuál sería el milagro que le faltaría a Félix Varela para ser Santo?

Guevara. Bueno, no le falta, ¡es Cuba!

Amaury. Es Cuba.

Guevara. Es Cuba. Él pensó Cuba antes de que existiera y dijo las cosas más sabias sobre cómo tenía que ser Cuba, es decir, era religioso, el ser humano es ser humano ante todo. Y por eso él fue capaz de decir con toda claridad, que no existiría Cuba, si todos los cubanos no eran iguales en derechos, no es textual, ¿eh?, entonces su milagro es haber pensado Cuba y no sólo Cuba, y me vuelvo a la potencialidad, cómo tenía que ser Cuba.

Amaury. Normalmente estas entrevistas  terminan en un tono muy trascendental y yo quiero terminar con una pregunta que se ha hecho nuestro país, por lo menos en los últimos 50, 51 años. Me voy a acercar un poquito así. ¿Por qué usa siempre el saco sobre los hombros?

Guevara. ¡Cualquiera sabe! (risas)

Amaury. Te quiero mucho, Alfredo. Te quiero mucho, una de las cosas grandes que me ha dado la vida es su amistad.

Alfredo. Gracias, gracias.

Amaury. Muchas gracias.

«Con 2 que se quieran» (Miguel Barnet. Parte I)

«Con 2 que se quieran» (Miguel Barnet. Parte I)

Entrevista de Amaury Pérez al poeta, ensayista y Presidente de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba) Miguel Barnet.

Amaury Pérez. Buenas noches. Estamos en “Con dos que se quieran”, como siempre me gusta decir, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama, en los legendarios estudios de sonido del ICAIC. Hoy nos acompaña, es un orgullo y un privilegio para mí recibir al gran poeta, escritor, ensayista, periodista, editor, etnólogo, Miguel Barnet. Muy buenas noches.

Miguel Barnet. Y víctima tuya ahora.

Amaury Pérez. No, para nada, se le quiere mucho. Hay un escritor cubano, Miguel, que me dijo un día que los escritores cubanos no se leían entre sí, que se odiaban, ¿suscribe usted ese punto de vista?

Miguel Barnet. Bueno yo no lo suscribo, porque ¡imagínate tú! si no hubiera leído a Cirilo Villaverde, a Ramón Mesa, que admiro tanto, Anselmo Suárez y Romero, a Julián del Casal, a Zenea, a Alejo Carpentier, a Lino Novás Calvo, a Nicolás Guillén, a José Lezama Lima, a Virgilio Piñera, entonces ¿qué sería yo ahora? Sería una burbuja. Estaría enajenado con escritores de otras latitudes a quienes admiro también, pero yo pienso que los que dejaron una huella y un legado importante y un camino, una brecha que pudieron abrir y que pudimos seguir nosotros, fueron esos. Y desde luego, Lidia Cabrera, Fernando Ortiz, que es mi brújula. Alejo Carpentier, que me despertó al mundo del Caribe, a la imaginación. Lezama, que dictó claves poéticas en mi vida que permanecen vivas, porque me enseñó, o nos enseñó que la poesía, de todos los géneros, era el género más abarcador, el mayor.
Leo a mis contemporáneos también y tengo una gran valoración de la literatura que se hace hoy en Cuba, no soy feminista ni machista, pero sí admiro mucho la literatura que hacen las mujeres hoy y también de algunos de mis compatriotas masculinos. Creo que uno se nutre de los contemporáneos y de los que nos han antecedido. Y creo que odiar, bueno, he tenido razones para odiar a mucha gente, pero se me olvida, se me escapa, es como un perfume malo que no tiene fijador.

Amaury Pérez. ¿Los perdona, los disculpa?

Miguel Barnet. No soy de vocación cristiana, pero no conozco el rencor y no es que los disculpe, pero es algo evanescente, se va, es un sentimiento que se escapa de mí muy rápidamente. A los que me han hecho mucho daño no los perdono, los tengo engavetados. A veces cuando me acuerdo de ellos abro la gaveta y ya podrás imaginarte los conjuros y la vuelvo a cerrar. No han tenido buena salud.

Amaury Pérez. ¿No han tenido buena salud?

Miguel Barnet. No, no por culpa mía, por culpa de ellos, porque el que odia no puede tener salud. Hay que cantar.

Amaury Pérez. Hablemos de escritoras. Le voy a decir cuatro nombres y me dice qué opinión le merecen: Gina Picart, Marilyn Bobes, Fina García Marrúz, Dulce María Loynaz.

Miguel Barnet. Bueno, a mí no me gusta juzgar.

Amaury Pérez. No, es sólo un criterio de gusto.

Miguel Barnet. Pienso que de todas las que has mencionado, la escritora que tiene más dominio de la palabra y que ha alcanzado una dimensión poética y metafórica y tiene un mundo más coherente es Fina García Marruz. Para mí es la gran poeta viva que tenemos en Cuba.
A Dulce la quise mucho, como sabes, y la admiro mucho. Por cierto, el otro día me estaba duchando en casa y escuchando las canciones que compusiste, que son bellísimas, de los poemas de Dulce María Loynaz, es de lo mejor que has hecho.

Amaury Pérez. Gracias.

Miguel Barnet. Sinceramente, y Gina Picart ha sido una revelación para mí. Es una escritora rara y por eso me gusta, además, osada, atrevida. Va al mundo de los celtas, de los griegos, a los clásicos y se desenvuelve muy bien en ellos. ¿La otra que me mencionaste?

Amaury Pérez. Marilyn

Miguel Barnet. Es mi amiga y la admiro mucho, creo que Marilyn tiene una prosa muy clara y de una facilidad para tejer historias, historias que parecen sencillas, que parecen intrascendentes y sin embargo, trascienden mucho, ella tiene ese don de elevar las cosas aparentemente cotidianas a una categoría poética.

Amaury Pérez. Usted acabó de cumplir 70 años el pasado 28 de enero.

Miguel Barnet. Pero por el hecho que haya cumplido 70 años no te permito que me trates de usted. Sé que estamos en la televisión, pero no me gusta eso de usted contigo. No me siento cómodo, tú me dijiste que me sintiera cómodo.

Amaury Pérez. Cuando uno mira hacia atrás, siempre hace un balance, los hace a los 40, a los 50, a los 60, y a los 70 imagino que los balances sean de más peso, más sólidos, más densos. Cuando tú miras hacia atrás ¿cuál es el Miguel que ves? Cuando andas buscando por tus recuerdos. ¿Qué Miguel anda por ahí?

Miguel Barnet. Un personaje curioso. No te voy a decir que me cae mal, es un personaje curioso que se fue edificando, construyendo su propia personalidad y fue haciéndolo a partir de la creación y siempre he tenido mucha curiosidad. Precisamente muy cerca de aquí, en el año 1958, había una asociación que se llamaba Asociación de Reporters donde vi una colección de organografía afrocubana y nunca había visto eso organizado, nunca lo había visto así de golpe.
Era una exposición que hacían Argeliers León y María Teresa Linares sobre instrumentos de los abakuá, de los lucumíes, o sea, el cuchi-eremá, el obiapa, los tambores batá.
No salí más de ese mundo, me gustó tanto, me cautivó tanto. Porque era el mundo que tenía muy cerca de mi casa y que veía a distancia y ahí lo veía de cerca. Los tambores que oía por la noche, los veía ahí con sus falderas, con sus cascabeles, el batá. Me llamó mucho la atención todo eso y a partir de ahí se me abrió el camino de damasco; de la investigación.

Amaury Pérez. ¿Tú eres habanero?

Miguel Barnet. Soy habanero del Vedado.

Amaury Pérez. ¿Eras de una familia clase media, clase media alta, humilde?

Miguel Barnet. Era una familia humilde espiritualmente, que por supuesto, el tema de la africanía no era afín a ellos. No es que tuvieran ningún prejuicio, pero cuando me metí de cabeza en eso, enseguida aquel chico curioso se convirtió en un bicho raro en la familia.

Amaury Pérez. Por eso tú dices en un poema que a mí me estremece, como toda tu poesía, tengo que decirlo en público.

Miguel Barnet. Muchas gracias.

Amaury Pérez. “Pero la familia sabe que yo no participo del todo. / Que me da igual una cosa que la otra. / El prestigio y las trastadas silenciosas. / Y un día me llaman hijo casi con terror”. ¿A qué se refería Miguel en ese poema?

Miguel Barnet. Al susto de mi madre que me veía en esas cosas, en esas lecturas; mi padre igual, pero nunca me dijeron: ¡no hagas eso, no vayas por ahí! Pero no olvides que la poesía, que es un género de ficción, y tú eres novelista también y he leído tus novelas, son formas noveladas de interpretar la vida.

Amaury Pérez. Ahora estoy intentando ver en tus ojos claros a ese Miguel que cumple 70 años gozoso, con salud, con responsabilidades altas y con la confianza de sus discípulos y de las personas que están bajo su dirección y de sus compañeros. Tiene que haber también un Miguel que sufrió incomprensiones. ¿Qué haces con esas incomprensiones, también las engavetas, como a los enemigos?

Miguel Barnet. No pueden engavetarse porque no hay gaveta que tenga un espacio para ellas. Son cosas que no se olvidan, heridas que no se restañan, pero no se puede lucrar con eso. Hay cosas que están más allá, sentimientos mayores y pienso, no sé si es un orgullo o el amor propio que uno tiene, que es mejor no hablar de esas cosas, para qué, si la vida como dije es evanescente, es tan corta, son cuatro días y vamos a estar regodeándonos en eso. Tengo que decirlo con objetividad. ¿Tú estás hablando del llamado quinquenio gris?

Amaury Pérez. Yo estoy hablando de todas las incomprensiones que una persona talentosa como tú puede haber pasado.

Miguel Barnet. Creo que afortunadamente mis amigos, la sociedad en que vivo, este pueblo de Cuba que es tan extraordinario, tan curioso, tan optimista, tan estoico, tan valiente.

Amaury Pérez. ¡Tan generoso!

Miguel Barnet. ¡Tan generoso! Y no me ha permitido caer en un hueco, caer en un vacío. En esos años caminaba mucho, iba a casa de amigos que no tenían nada que ver con la cultura. Me aislé un poco de ese mundo, porque había como que un morbo, un círculo vicioso.

Amaury Pérez. No sentirse víctima.

Miguel Barnet. No me puedo sentir víctima nunca. Tengo mucho orgullo para eso. Ni víctima ni victimario.

Amaury Pérez. Oficio de Ángel es una novela de ficción, pero yo que te conozco y los que te conocen encontramos una cantidad tremenda de elementos autobiográficos más que en otras novelas. Si un día te diera por escribir tus memorias ¿serías capaz de contarlo todo?

Miguel Barnet. No quisiera tener que contarlo todo porque iba a ser demasiado explosivo. Es mejor que el escándalo esté subyacente. Porque cuando se hace demasiado evidente a veces es grotesco.

Amaury Pérez. Es mucho más delicado así.

Miguel Barnet. Contarlo todo es un acto de extrema vanidad. Creo que hay que contar las cosas que uno quiere. En definitiva la memoria es arbitraria, no te permite nunca contarlo todo porque la memoria no es una secuencia, no es cronológica, no es lineal y es una parte de eso que yo admiro tanto que es la imaginación, que es así, como los sueños. Oficio de Ángel son viñetas, es muy autobiográfica.

Amaury Pérez. Muy autobiográfico, pero sigue siendo ficción.

Miguel Barnet. Sigue siendo ficción, todo es ficción, eso es lo bueno. Acaso no soy un poco Esteban Montejo, un poco Rachel también, soy un poco Julián Mesa de La vida real y el Gallego. Toda obra literaria, por muy antropológica o científica que pretenda ser tiene elementos de tu biografía personal. No vamos a entrar en la psicología que es muy pesada.

Amaury Pérez. No, no, no, y yo que no sé nada más que ir al psiquiatra.

Miguel Barnet. ¿Tú vas al psiquiatra?

Amaury Pérez. Sí, yo voy al psiquiatra, voy al psicólogo y voy al loquero.

Miguel Barnet. No chico, no, siéntate en el muro del Malecón y mira el mar, ese es el mejor psiquiatra que hay.

Amaury Pérez. El mar me pone nervioso, no soy el capitán Nemo.

Miguel Barnet. Lee Moby Dick y verás que se te quita el nerviosismo con el mar.

Amaury Pérez. Hay una cosa que no es ficción, que es Miguel Barnet, muy jovencito, un adolescente, en Santa Clara. ¿Qué fue a hacer Miguel a Santa Clara?

Miguel Barnet. No. ¿Qué fue a hacer mi padre, que tuvo que salir huyendo de La Habana en la época de Batista? Porque le fue mal en todo, en los negocios, en la política. Él tenía un negocio que quebró y tuvo que irse a Santa Clara con una compañía norteamericana. Yo me iba los fines de semana, a veces me pasaba quince días con ellos y allí me cogió la Batalla de Santa Clara.

Amaury Pérez. ¿Qué edad tenías cuando eso?

Miguel Barnet. Iba a cumplir 18 años.

Amaury Pérez. Un muchacho, un niño.

Miguel Barnet. Todavía recuerdo a los rebeldes caminando por el techo de mi casa en Santa Clara. Estuve un tiempo en Santa Clara, nunca viví permanentemente porque cuando mis padres me dijeron: ¡Vámonos! yo dije: ¡no! Me quedé con una tía mía aquí porque quería estudiar, pero figúrate, con tan mala suerte que empecé a estudiar y cerraron la Universidad. Entonces tuve que entrar en la Escuela de Publicidad y ahí tuve la suerte de conocer gente muy valiosa como Eloísa Lezama Lima, a Frank Pérez, que es mi amigo más antiguo, que fue el que me habló por primera vez de marxismo, de la Revolución, en época de Batista. Ahí conocí a Samuel Feijoo después.

Amaury Pérez. Hace un rato hablamos de Algeliers (León) y de María Teresa Linares. ¿Qué importancia tiene en tu vida, Algeriers, específicamente y Fernando Ortiz?

Miguel Barnet. Los dos tienen una importancia cardinal. Argeliers fue mi maestro directo, con quien comencé a trabajar. Estaba trabajando en una compañía norteamericana antes del Triunfo de la Revolución, con estos dedos gordos pasaba 82 palabras por minuto en una máquina de escribir, facturas de neumáticos, de gomas de la Firestone.
Entendí muy bien a William Faulkner cuando dijo que la peor cosa que había en el mundo era estar 8 horas en una oficina, y yo digo: ¡Caramba, yo me paso 10 y 12 a estas altura con la edad que tengo!
Pero en aquel momento que estaba muy joven, 16, 17, 18 años, tenía que trabajar porque quería tener mi propio dinero para moverme, para coger la guagua, para jugar al bingo en Tropicana, para las cosas que hacíamos los jóvenes.

Amaury Pérez. ¿Y ahí apareció Fernando?

Miguel Barnet. No, ahí apareció Argeliers León, a quien había conocido en este lugar, en Prado en el 58 que me quedé conectado con él. Conocí a Don Fernando unos meses después, justamente por Argeliers que me indujo a que fuera a ver a Don Fernando. Argeliers me llevó después, cuando triunfó la Revolución de asistente personal, de secretario de él.
Estuve un año de secretario hasta que entré en el Instituto de Etnología, con un carné que decía, las cosas extraordinarias de la Revolución: Investigador Científico. Yo tenía 20 años, pero ahí estudié como 9 años. Muchos cursos de etnología, de antropología social, me formé bastante.
Después iba a casa de Don Fernando, los miércoles y los sábados. ¡Figúrate, qué privilegio! Lo he contado tantas veces. Don Fernando es mi Dios tutelar. Fue mi brújula porque toda su obra fue una gran lección de visión global integral de la vida, de intelectual orgánico, de hombre con una visión muy cóncava, yendo a todos los lados del país sin prejuicios.
¡Qué cosa tan extraordinaria! Un hombre de la alta burguesía, que no tuviera ningún recato en ir a los negros curros, a los negros brujos, en hacer la obra inmensa que hizo en los cinco tomos de los instrumentos de la música afrocubana, incluso sus contemporáneos, la gente que lo visitaba en su casa y yo fui uno de ellos, era el más bisoño, el más joven.
Sentía que, con excepción de Argeliers y de María Teresa Linares, no tenían un diálogo con él, un hombre como Jorge Mañach, por ejemplo, no entendía a Don Fernando, porque Jorge Mañach era muy conservador. Y Yo me aproveché de eso y me gané a Don Fernando, en el sentido que dialogaba con él, me sabía sus libros de memoria. Cuando me leí Los bailes en el teatro de los negros en el folklore de Cuba, a los pocos días fui a casa de Don Fernando y me los recité y le empecé a hacer preguntas de los bereberes, de cómo se prepara una sopera de Yemayá, de los cabildos, las cofradías, en fin, las cosas que a él le motivaban.

Amaury Pérez. ¿Pero le motivaban porque era un mundo exótico, colorido, que le llamaba la atención o él llegó a involucrarse pasionalmente en ese mundo?

Miguel Barnet. Se involucró intelectualmente, académicamente, como antropólogo empírico, como historiador. Entendió muy bien que sin la comprensión de ese mundo no se entendería jamás qué cosa éramos nosotros los cubanos y su gran preocupación en la dimensión suya, que es una dimensión muy alta, que es mi gran preocupación también, en otra dimensión más modesta es: qué somos los cubanos y por qué somos como somos. Él fue el gran pionero de la musicología en Cuba sin ser musicólogo. Fue el gran pionero de la antropología social sin ser un antropólogo social de formación. La obra de Don Fernando es una obra infinita y no me canso de admirarlo mientras más lo leo. Por eso es que me decidí a crear la Fundación Fernando Ortiz en el año 94, bueno, se oficializó en el 95 y estamos desarrollando ahí un trabajo intenso.

«Con 2 que se quieran» (Miguel Barnet. Parte II)

«Con 2 que se quieran» (Miguel Barnet. Parte II)

Amaury Pérez. ¿Y Fernando murió sabiendo qué era ser cubano?

Miguel Barnet. Creo que se aproximó bastante a eso que él llamó la vocación de cubanía, más que otros intelectuales. No sé si murió con esa certeza, pero sí en la búsqueda; en la búsqueda de esa interrogante que nos conmueve a todos, porque sabiendo qué somos los cubanos como masa, como mosaicos culturales, sabemos también qué somos nosotros y por qué somos capaces de resistir tantas vicisitudes, tantas contingencias.
Somos producto de una cultura plagada de contradicciones, pero de no haber sido por el impulso que le dio Don Fernando a sus estudios, quizás hoy estaríamos todavía con muchas más interrogantes de las que tenemos.

Amaury Pérez. Hay un poema tuyo que se llama “Los sesentas”, voy a citar: “Como entonces no voy a sentir nostalgia / Si ahora nadie se desnuda bajo la lluvia…”

Miguel Barnet. “Nadie enarbola una bandera / Nadie se saca el corazón y los tira contra las piedras”/.
No sé como sigue, no me acuerdo. Pero es verdad, siento una gran nostalgia. Realmente donde quiero vivir es en el futuro, no en el pasado, aunque me alimento del pasado, como nos alimentamos todos aunque no lo queramos admitir, nos alimentamos del pasado porque no hay otra cosa.

Amaury Pérez. ¿No sientes una nostalgia especial por aquellos años fundacionales de los años sesenta?

Miguel Barnet. Fue una época extraordinaria, pero con muchas contradicciones también. Había que romper barreras de incomprensión y de silencio y tengo que decir que esa lucha, esa batalla que yo libré contra la modorra, contra algunas cosas que uno arrastraba del pasado, me ayudaron mucho a ser como soy. Siento un poco de nostalgia, sobre todo porque fueron los años en que todavía hacíamos muchas conquistas amorosas. Ahora ya no es igual.

Amaury Pérez. No seas modesto. Los que te conocemos sabemos que todavía hay.

Miguel Barnet. No, ese departamento de mi vida no lo conoce casi nadie, porque yo he sido en eso muy discreto. Tú si eres mi amigo y sabes.

Amaury Pérez. Ahora que me hablas de discreción, hay un poema, que a mí me gusta mucho, que dice: “Pero no vengas / Porque lo que yo quiero realmente es esperarte”.

Miguel Barnet. Ah, sí, claro, fue el “Barrio Chino”. Creo que no hay amor más bello que el amor platónico. Ese no es egoísta; no quiere morder.

Amaury Pérez. Pero se puede convertir en obsesión.

Miguel Barnet. Sí, pero en una obsesión maravillosa que te da fuerza, que te estimula. Porque como dice: “pero no vengas/ porque lo que yo quiero realmente es esperarte”. Esa es la idea del amor.

Amaury Pérez. Pero también a finales de los 60 se escribieron muchos poemas al Che. Recuerdo el de Mirta Aguirre, que era extraordinario, el de Fina, también, el de Nicolás…

Miguel Barnet. Che Comandante.

Amaury Pérez. Pero “No es que quiera darte pluma por pistola, pero el poeta eres tú”, fue de las cosas más atrevidas que se escribieron sobre el Che, de las más apasionadas, de las más encarnadas. Mucha gente piensa que la canción de Pablo es un poema de Miguel Barnet.

Miguel Barnet. No, él se inspiró.

Amaury Pérez. Él dice: si el poeta eres tú / como dijo el poeta.

Miguel Barnet. Tú sabes que Pablo me llamó por teléfono y me dijo: ¿tú vas mucho al cine? Le dije: ¡bueno, voy pero poco, voy más al teatro! Entonces me dice: ¡ve al cine en estos días que en el noticiero hay una sorpresa para ti! No había escuchado la canción, que es bellísima. Fue una cosa muy linda de Pablo y ese poema lo escribí en el año 65. No sé si fue el primer poema que se le hizo al Che, a lo mejor su papá le hizo un poema al Che. Sí sé que ese poema se lo hice al Che en vida y se publicó en La Gaceta de Cuba, cuando el Che todavía no estaba en Bolivia, estaba en África, después pasó a Praga.

Amaury Pérez. Sí, claro, la historia que conocemos.

Miguel Barnet. Ese poema lo escribí en una cajetilla de cigarrillos que tenía Margarita Dalton, una amiga mía, la hermana de Roque Dalton.

Amaury Pérez. En ese momento Miguel va dejando atrás todas las famosas incomprensiones de las que hablamos antes en el poema “Los Setentas” que dice: “Y heme aquí contando las vicarias de mi bello patio / desenvainando mi espada / subiendo de mi caída / soplando los polvos del atrio / tarareando Una rosa de Francia”.

Miguel Barnet. Así es.

Amaury Pérez. Vamos a hablar de Una Rosa de Francia, que ya nadie concibe si no es cantada por Miguel Barnet.

Miguel Barnet. Escribí una vez en una entrevista que me hicieron, una boutade, quizás una exageración, que cambiaría toda la obra que he hecho, que he escrito, por haber compuesto una canción como “Una rosa de Francia”. A mí me parece una auténtica joya del cancionero cubano, compuesta por Rodrigo Prats cuando tenía 16 años, creo que la compuso en Sagua la Grande y la cantó bastante bien.

Amaury Pérez. Tú la cantas muy bien. ¿Alguna vez pensaste en convertirte en cantante lírico?

Miguel Barnet. Sí, claro y muy seriamente. Me lo tomé tan en serio que fracasé.

Amaury Pérez. Es que tengo un recuerdo fascinante de los dos, estaba también mi compañera, Petí, en una catedral en Portugal, en Oporto.

Miguel Barnet. Yo te canté el Ave María de Gounod.

Amaury Pérez. Pero aquello resonó en aquella capilla con mucha potencia canora. No recuerdo la capilla, recuerdo la voz de Miguel Barnet.

Miguel Barnet. ¡De verdad!, mira que me pongo a estudiar canto de nuevo.

Amaury Pérez. Hay una cita de otro poema y quisiera dedicar un tiempo, porque además no es que uno trate de buscarle una explicación a la poesía, sino que uno quiere entenderla y el público que nos esté mirando seguramente disfrutará mucho de este verso y es de un poema que se llama Miami.

Miguel Barnet. “Nada cubano es ajeno excepto Cuba”

Amaury Pérez. ¿Qué quiso decir el autor?

Miguel Barnet. Ese es un poema que hice hace unos años y que se ha publicado en antologías y claro, Miami es en alguna medida una parte de nosotros, porque allí está parte de nuestra familia y yo soy respetuoso con mucha de la gente que está en Miami, que se fue por razones filosóficas o económicas o por lo que fuera, pero sí se han detenido los relojes en Miami, es lo que quiero decir. Por eso es ese verso de que en Miami nada cubano es ajeno…

Amaury Pérez. … excepto Cuba.

Miguel Barnet. Excepto Cuba, porque la Cuba nuestra, la Cuba de los cincuenta años de Revolución, de socialismo, de contradicciones, de una vida diferente, pues a veces por la gran mayoría de quienes viven en Miami no es asimilada y eso es lo que quiere decir el verso. Porque dice: “mira que en Miami las palabras pesan / mira que la confusión pesa”, pero después dice: “mira que el corazón pesa a pesar de todo”. Porque está parte de nuestra familia ahí.

Amaury Pérez. Bueno, Miguel, tenemos que empezar por Cimarrón ya. ¿Cómo es que conoces a Esteban Montejo? Sé que esa historia te la han preguntado en entrevistas, en todos lados, pero los televidentes de mi programa estoy seguro que quieren saber eso.

Miguel Barnet. Lezama decía que Martí era el misterio que nos acompañaba, efectivamente, pero para mí, Esteban Montejo también es un misterio más modesto que me acompaña, porque aprendí mucho de la historia de Cuba con él, lo conocí cuado tenía 103 años, en el Hogar del Veteranos, yo iba a cumplir 23 años y la primera pregunta que me hice cuando empecé a oírlo contar las historias de su vida en el monte, en los barracones, de cimarrón en las sierras de Guamuaya, por allá por Trinidad, dije: “¿Cómo es posible que ningún escritor, que ningún historiador, se haya acercado a este hombre?” Me dije: ¡Tengo que hacer algo con esta vida! Y así fue que surgió Cimarrón. Y después todo lo demás.

Amaury Pérez. ¡Qué raro que no se ha llevado nunca al cine, porque se llevó al cine Gallego y Canción de Rachel!

Miguel Barnet. ¡La bella del Alhambra!

Amaury Pérez. ¿Qué ha pasado con Cimarrón? ¡Qué raro! Un libro tan atractivo y yo lo veo muy cinematográfico.

Miguel Barnet. También lo veo muy cinematográfico y ese es el temor mío, de verlo demasiado cinematográfico, porque no me gustaría ver a Esteban Montejo encarnado en nadie, honestamente.

Amaury Pérez. Esperemos que alguien se atreva.

Miguel Barnet. ¡Ojala, pero que se atreva estando vivo yo!

Amaury Pérez. Pues tienes que dejarlo en el testamento.

Miguel Barnet. Voy a echarle una maldición.

Amaury Pérez. Miguel, hablemos brevemente de tu etapa en Nueva York, tú hablas y lees inglés perfectamente.

Miguel Barnet. Lo leo perfectamente pero lo hablo más o menos, hago mi esfuerzo.

Amaury Pérez. ¿Qué tiempo estuviste tú viviendo en Nueva York?

Miguel Barnet. He ido muchas veces, pero viví un año y tres meses cuando obtuve la beca de la Fundación Guggenheim. Hice el libro La vida real, que es un libro que quiero mucho, de ese sí me gustaría que se hiciera una película, están los ambientes, están las locaciones y la historia es muy cercana porque a mí me interesa mucho el tema de la inmigración. De hecho todos mis libros, todas mis novelas tienen que ver con inmigrantes.
Ahí estuve año y medio y después entregué el libro a la Guggenheim vine para Cuba, el libro se publicó y regresé allá, estuve otros tres meses, una experiencia tremenda porque Nueva York es una ciudad muy compleja, muy rica y donde uno vive experiencias tremendas. Truman Capote decía que en Nueva York uno tenía varios rostros y varias personalidades y es verdad. Caminas tres cuadras y es un mundo diferente al que dejaste atrás.

Amaury Pérez. Es muy curioso Miguel, tú eres de lo más cubano que conozco y sin embargo, te gusta la nieve, te gustan los abedules, te gustan los abetos.

Miguel Barnet. Hubiera querido que El Morro estuviera cubierto de nieve desde octubre hasta marzo, por lo menos, porque a mí el calor no me gusta nada.

Amaury Pérez. Pertenecemos a un grupo, es una cofradía. Ahí está Alfredo, está Silvio, está Eusebio…

Miguel Barnet. Alicia Alonso, que es una mujer tan extraordinaria, a quien quiero tanto, decía que un día los japoneses iban a inventar un software en que uno no tuviera que coger aviones, que uno cerrara los ojos y ya apareciera en otro país. Eso sería ideal.

Amaury Pérez. Y nos sacábamos de arriba el calor.

Miguel Barnet. Creo que algún día nevará en La Habana.

Amaury Pérez, ¿Quién dijo en tu familia “Patria o Muerte, Amén”?

Miguel Barnet. ¡Yo!

Amaury Pérez. Sin embargo, tú no eres un hombre de filiaciones religiosas marcadas; pero eres una persona mística, evidentemente.

Miguel Barnet. Sí, bueno, si no fuera un místico no estaría sentado aquí contigo, tenemos que tener una mística. Esta maravilla que vivimos en este país, esta Revolución que hemos vivido con todos sus logros y sus reveses, con todo, se tiene que vivir como una gran mística, y el fruto de ella se ve hoy en el mundo…, yo siento un orgullo tan grande…, y esa es la mística.

Amaury Pérez. Eso que has dicho, me lleva a una de las frases más importantes que se han dicho en 50 años en la poesía cubana. Siempre digo es mi criterio: “Yo soy el que anda por ahí empujando un país”. Esa frase, por supuesto, es de Miguel Barnet. ¿Qué ocurrió durante los años en que estuvo representando a Cuba en la UNESCO? Creo que todavía andas cumpliendo funciones vinculadas con la UNESCO en París.

Miguel Barnet. Ya no estoy en el Consejo Ejecutivo, pero soy uno de los vicepresidentes del Comité de la Ruta del Esclavo, que es un tema que llevamos en Cuba que lo llevo yo con el apoyo de amigos y compañeros muy valiosos como Jesús Guanche.

Amaury Pérez. ¿Empujando un país?

Miguel Barnet. ¿Qué fue lo que hizo Fernando Ortiz siempre, qué fue lo que hizo Lezama Lima, qué fue lo que hizo Alejo, qué es lo que hacemos los escritores y artistas cubanos? Aún los que no están aquí, aún los que no están aquí estamos empujando este país hacia el futuro, hacia esa otra dimensión, no se puede cansar uno de llevar las riendas, yo me siento que estoy haciendo algo útil. Por eso digo, “Así que perdonen si no escucho/Las quejas de mis contemporáneos/ Yo no puedo hacer otra cosa/que seguir empujando un país”, y lo hago con mucho orgullo, con mucho amor y pienso que esa mística da frutos, que es lo que estás haciendo tú también.

Amaury Pérez. Muchas gracias, Miguel, ha sido un gusto vivir el tiempo tuyo también.

Miguel Barnet. Gracias.

Amaury Pérez. Te quiero mucho.

«Con 2 que se quieran» (Liuba María Hevia, Parte I)

«Con 2 que se quieran» (Liuba María Hevia, Parte I)

Amaury Pérez: Muy buenas noches, estamos en “Con 2 que se quieran”, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy me acompaña, nos acompaña, la más importante cantautora cubana de los últimos 50 años. Es una mujer dulce, bella, extraordinariamente femenina, una amiga a quien adoro, que hace canciones para los niños, desde los niños y llega a los adultos. Mi amiga querida, mi adorada princesa, Liuba María Hevia.

Bienvenida Liuba querida, gracias por aceptar venir a estar conmigo un ratico y con los televidentes.

¿Por qué privas al público de la Liuba del humor agudo, sarcástico, burlón, salvaje, esa Liuba que sólo estás dejando para los amigos y que el público no conoce?

Liuba Mª Hevia: Si tú supieras, eso es algo que me han dicho varios amigos que me quieren muchísimo. Eso aflora, a veces, en momentitos cuando hago conciertos muy personales, en el concierto de los 25 años, por ejemplo, que hago cuentos, hablo un poco de la familia. Pero es que como que no tengo fin. Cuando empiezo a jugar, me tengo pánico, cuando se me sale esa niña traviesa, no sé cómo la voy a controlar. Pero además, Amaury, yo creo, y supongo que tú lo sepas, que eres amigo de años; yo soy una mujer muy tímida… ¿Tú no lo piensas? ¿Tienes dudas?

Amaury Pérez: A veces, a veces.

Liuba Mª Hevia: Todo, al final, es para esconder esa timidez. Yo no sé si tú recuerdas que yo estaba en tu casa una vez y llegó Eusebio Leal, que ya yo conocía, y me empecé a esconder detrás de la columna, llegó un momento en que Eusebio dijo: ¿Y a Lubita qué le pasa?

Igual pasó un día en que llegó Silvio Rodríguez, o sea, ese punto de contacto con personas que yo quiero, o con una cámara que sé además lo que eso implica: que te va a ver mucha gente, me aterra.

Le tengo pánico a esa otra Liuba que no tiene fin, que es como una pelota brincando que no para.

Amaury Pérez: Cuando ella llegó al estudio hoy, me dijo: “a mí no me hagas preguntas de pensamiento porque yo soy fragancia” (risas).

Liuba Mª Hevia: Y dile que yo la quiero (risas).

Amaury Pérez: Pero tú dijiste que eras tímida, la timidez a veces es consustancial al hecho de las personas que son del campo. Mucha gente piensa que tú eres del campo.

Liuba Mª Hevia: Yo creo que de alguna manera lo soy, porque mi mamá era una guajira de Matanzas, mi papá de Santa Clara, y la conducta de ambos es de gente de campo, que heredé yo también.

Amaury Pérez: Pero tú no eres del campo.

Liuba Mª Hevia: No, pero tengo mucho de ellos, yo escuché música guajira desde niña y tengo que ver con esas cosas y tengo salidas que tenían ellos, rasgos de su personalidad que me han marcado, esa timidez también, esa cosa recogida, guajira, yo la tengo también por ellos, seguramente.

Amaury Pérez: ¿Y dónde tú naciste?

Liuba Mª Hevia: Yo nací aquí en La Habana.

Amaury Pérez: ¿En qué parte?

Liuba Mª Hevia: En Maternidad de Marianao, el 14 de diciembre de 1964, un lunes, pero soy muy apegada a las cosas del campo, y precisamente por hacer canciones vinculadas al mundo del campo: las guajiras, las tonadas, muchas personas piensan que soy del campo, lo soy de raíz, pero nací en La Habana.

Amaury Pérez: Sí, pero sacaron a la niña de maternidad de Marianao y la llevaron ¿adónde?

Liuba Mª Hevia: Al Cerro, a la casa de mis abuelos paternos, una casa inmensa, donde vivían muchos tíos con sus hijos, tenía muchos primos, vivíamos en una zona aisladita de la casa, en el garaje y fui una niña muy feliz, aunque viví cosas muy fuertes porque soy hija de padres divorciados. Fui una niña muy enfermiza, siempre estaba enferma; yo recuerdo mi infancia correteando en los hospitales, siempre estaba enferma de la garganta. Entre los hospitales, los teatros y el Malecón recuerdo mi infancia y creo que fue muy feliz.

Amaury Pérez: ¿Y ya cuando niña tú cantabas, te gustaba cantar?

Liuba Mª Hevia: Sí, me gustaba cantar desde niñita y casi todos los juegos estaban vinculados a la música, jugábamos a los cantantes, o si jugábamos a los pistoleros siempre había un pistolero que cantaba, todo tenía que ver con la música.

Amaury Pérez: ¿Y qué cantabas?

Liuba Mª Hevia: Lo que estuviera en la radio, yo me sé todas las canciones del mundo; desde una canción de los Fórmula V, hasta Marisol, Nino Bravo, lo que fuera, lo que estuviera en la radio. Las canciones infantiles; mi mamá siempre me ponía canciones infantiles, me las sabía todas.

Amaury Pérez: ¿Es lo que te lleva a lo largo de tu ya extensa carrera a cantar canciones para los niños?. ¿Fueron útiles esas canciones de niños para ti?

Liuba Mª Hevia: Sí, si lo fueron, yo nací en el 64, y recuerdo en mi infancia que había muchos programas de televisión y de radio, muy buenos donde aparecían canciones infantiles muy buenas, sobre todo de María Elena Walsh, de Gabilondo Soler, de Teresita Fernández y otros autores también, cubanos y eran cantadas no sólo por los que las componían, por Teresita, o por algún otro autor, sino por actores de la televisión. Había muchos actores que destinaban su trabajo a los niños y eso me marcó.

Amaury Pérez: Estaban también Celia Torriente, Enriqueta Almanza, muchas personas que escribían y cantaban.

Liuba Mª Hevia: …Edwin Fernández, Consuelito, tu mamá, muchas personas, muchos actores dedicaban una buena parte de su trabajo a los niños y eso era muy rico, ¿no? Eso sería bueno que se recuperara.

Amaury Pérez: ¿Con qué hermanos te criaste?, porque tienes varios.

Liuba Mª Hevia: Bueno, con todos. Yo tengo dos hermanos por parte de mamá y papá. Mi hermana mayor, Elsita, que era una niña fantástica en la escuela, era la que alegraba a mi mamá en las reuniones de padres, después venía yo que era la que atormentaba a mi pobre madre en las reuniones y después mi hermano Pepe que la atormentaba todavía más, los cuentos de Pepe son tremendos. Y por parte de papá tengo dos hermanos que quiero mucho, Danay y el Chino, que son también artistas y que quiero mucho, aunque seamos hijos de diferentes mamás, son personas que yo adoro, además adoro a su mamá también, a Elba, que es una persona muy especial para mí.

Amaury Pérez: Tú debutaste, al menos, yo te vi por primera vez en Todo el mundo canta. ¿Es cierto?

Liuba Mª Hevia: Es cierto, la de la carita redonda era yo.

Amaury Pérez: Tú cantabas una canción que hizo a todo el mundo pensar que tenías un niño, ¿qué canción era?

Liuba Mª Hevia: En realidad no fue en Todo el mundo canta donde yo canté Mi niña imaginada, fue posteriormente.

Yo canté una canción que decía: “Canción de un orador de poesía, canción a una sonrisa compartida. Canción a un pensador que se aproxima”. Que seguramente se parecía a todas las tuyas, a las de Silvio, a muchas canciones que me marcaron a mí. Eso fue realmente lo que yo canté en la competencia anual y en otro momento canté una canción de Alberto Cortéz, canté canciones de Atahualpa Yupanqui, canté canciones de Chabuca Granda, yo siempre he sido una enamorada de la música latinoamericana y de la trova en general también, pero la canción Mi niña imaginada viene un poquito después con un video, que salió, digamos que demasiado.

Amaury Pérez: ¿En qué lugar quedaste en el concurso?

Liuba Mª Hevia: No tuve ningún lugar, estuve además muy mal en la competencia, pero me sirvió de mucho.

Amaury Pérez: ¿Por qué, estabas nerviosa? Porque tú cantas muy bien y cantabas muy bien también esa época.

Liuba Mª Hevia: No, estuve espantosa el día de la competencia.

Amaury Pérez: Y esos concursos que se han perdido, ¿crees que son útiles, que promueven a la gente?

Liuba Mª Hevia: Yo creo que sí, pero también va en la persona que participa en el concurso, en que tome conciencia de lo que está pasando y no se crea cosas si le va bien un día. Porque, por ejemplo, yo fui ganadora hasta la trimestral, la semestral, y el último día no estuve bien.

Esta es una carrera que es de todos los días. A mí me sirvió mucho para prestarle más atención a mi trabajo, para ser más obsesiva con él y para demostrarle también a mi familia que podía ser no muy mala haciéndolo. En mi familia no había algún precedente artístico, yo soy la primera que, digamos, empieza a hacer un trabajo que se ve. Después vienen mis hermanitos, que estudiaron en la Escuela Nacional de Arte. Bueno, y mi hermana también que fue la primera en cantar, pero la primera que estuvo frente a una cámara de televisión fui yo.

Amaury Pérez: ¿Y cómo se sintió la jovencita Liuba que pierde?

Liuba Mª Hevia: Desafortunadamente daba mucha tristeza porque había estado muy bien antes, o sea, todo había salido muy bien hasta ese último día. Y ahí fue donde decidí estudiar música, bueno, hice nivel elemental, después hice nivel medio; soy muy mala en la teoría de la música, soy muy mala, tengo que estar; fa, sol, sol, mi, sol, la, fa. Soy muy mala, tengo que contar con los dedos, no soy amante de la teoría, pero me sirvió de mucho estudiar y tuve maestros fantásticos y te puedo citar a una, que fue Argelia Fragoso mi profesora de canto. Es una lástima que no viva aquí, porque si no, estuviera obligada a seguir dándome clases. Me encantaría tener un maestro de canto.

Amaury Pérez: De alguna manera Argelita vive siempre aquí, viene y da vueltas.

Liuba Mª Hevia: Si, lo que no he podido lograr es que me dé una clase.

Amaury Pérez: Bueno, ya tú estás al nivel de Argelita, claro es una opinión absolutamente mía.

Liuba Mª Hevia: ¡Qué va, Amaury!

Amaury Pérez: ¿Cuándo llegas al Conjunto Artístico de las FAR? Y ¿qué era el Conjunto Artístico de las FAR?

Liuba Mª Hevia: Yo llego al Conjunto Artístico de las FAR en los años 80 y era una empresa que tenía la misión de llevar arte donde estuvieran cubanos, militares cubanos, fuera y dentro del país. Jóvenes de la EJT, personas cumpliendo misión en Angola, Etiopía, de hecho yo tuve diez visitas, cinco a Nicaragua, cuatro a Etiopía y una a Angola, cosa que me marcó muchísimo como ser humano en todos los sentidos.

Trabajé con músicos extraordinarios, con cantantes fabulosas como Raquel Hernández, Flora Mazorra, trío Guitarras Cubanas, la orquesta Sonoridad, trabajé con los artistas, los bailarines fabulosos que había en el Conjunto Artístico de las FAR.

Conocí artistas plásticos tremendos, fue una experiencia muy buena. Y ese concepto de espectáculo que fui imaginándome luego, realmente nació con esas vivencias del Conjunto Artístico de las FAR. Le debo muchísimo a ese trabajo.

Amaury Pérez: ¿Y tus primeras canciones? ¿Cuándo surgen?

Liuba Mª Hevia: Mis primeras canciones surgen en la secundaria.

Amaury Pérez: ¿Te acuerdas de algún pedacito?

Liuba Mª Hevia: Ay, sí, pero no soy capaz de decirlo, un pedacito, pero no soy capaz.

Amaury Pérez: Bueno, un pedacito.

Liuba Mª Hevia: Ay, no me hagas eso, Amaury, pero ¿cómo que un pedacito?

Amaury Pérez: Un pedacito, eras la niña que está en la secundaria, un pedacito.

Liuba Mª Hevia: ¡Qué horror!

Amaury Pérez: ¡Una línea!

Liuba Mª Hevia: No te voy a lanzar una línea como diría un amante del béisbol, deja ver qué te puedo decir: ¿Dónde estás amor de adolescencia? / ¿Dónde estás amor de mis ciudades? ¡Ya, una línea!

Amaury Pérez: Pero eso está muy bonito.

Liuba Mª Hevia: Muy bonito pero lo otro no tanto, hay falta de coherencia, no sé, esas tienen el encanto de la ingenuidad.

Amaury Pérez: Pero ¿y las primeras canciones que tú consideraste…?

Liuba Mª Hevia: …Fueron bastante después.

Amaury Pérez: Sí, está bien, bastante después, pero, por ejemplo, ¿cuáles eran?, ¿cuándo de atreviste a pararte en un escenario y decir; voy a cantar mis canciones y las voy a cantar sin ningún tipo de vergüenza?

Liuba Mª Hevia: Un poquito después, en la escuela también.

Amaury Pérez: ¿Y cuándo empiezas a hacer canciones para los niños?

Liuba Mª Hevia: A mí me gustaba, en las descargas y en los encuentros con amigos, me gustaba recordar canciones de Maria Elena Walsh, a veces amanezco, y eso me pasa hace muchos años, escuchando los discos de María Elena Walsh.

En realidad lo que las personas conocen de mí, con el mundo de los niños, es la canción Mi niña imaginada que decías tú, que no es exactamente una canción infantil, no la considero una canción infantil.

Es una canción que expresa esa conmoción ante el mundo de la infancia, ese estremecimiento ante los niños, pero no es una canción para los niños precisamente. Creo que yo soy más bien una intérprete de canciones infantiles porque lo que canto son las canciones que escribió Ada, letra y música…

Amaury Pérez: …Ada Elba Pérez.

Liuba Mª Hevia: …Ella era más conocida como poeta, tenía varias publicaciones, era una joven que se destacaba mucho por su inteligencia, por su talento, y no la conocía mucha gente como trovadora. De hecho yo conocí a Ada en una exposición de Olimpia Ortiz, una gran artista plástica y ahí Ada estaba tocando la guitarra. Canciones como “Señor arcoiris”, “Ana la campana”, “El Cangrejo Alejo”, el “Trencito y la hormiga”, “El Vendedor de asombros”, todas esas canciones son de Ada, ¿qué ocurre? que cuando Ada fallece dejó un cassette con algunos fragmentos de canciones como “Caracolillo de coral”, que tuve la dicha de compartir contigo en un disco. “Estela granito de canela” y “Travesía mágica”, que es la Calabacita. En Estela, por ejemplo, ella dejó grabada: “Estela es un granito de canela / que no quiere, que no quiere / caer en la cazuela”. Y ¿qué hago yo? Se escapó por la ventana / con comino, con laurel / con orégano y su amigo pimentón.

Yo hago letra y música, pero a modo de continuidad, algo que no te sé explicar cómo salió, no te lo sé explicar porque continuar un trabajo que alguien tiene insinuado me parece que es algo complicado. Pero el amor tiene misterios tremendos.

Si yo no te digo dónde están los empates, tú no puedes imaginarte dónde están, en “Travesía mágica”, ella hizo toda la primera parte, yo lo que hago es continuar la segunda, como ves no tiene estribillo, es una canción que es A, B.

Amaury Pérez: Bueno, ese humanismo tuyo, eso que la gente no sabe porque no se publicita demasiado, y tú eres una mujer muy discreta, siempre lo has sido. Tú vas a los hospitales, cantas para los niños que están enfermos, enfermos terminales, que la gente muchas veces le tiene miedo ir a esos hospitales, asilos de ancianos, como vas a ver a Eloína, la viuda del Indio Naborí. Siempre preocupada de la enfermedad, del padecimiento, del dolor, de la soledad de tanta gente. ¿Tú piensas que esa vocación samaritana tuya proviene también de aquella muerte de Ada Elba tan temprana o viene de haber sido una hija de un padre que no estuvo en los primeros tiempos de formación de una niña?

Liuba Mª Hevia: Yo creo que es una especie de vocación, digamos, que se fue forjando desde la infancia. Mi abuela materna era una mujer con una candidez extraordinaria, con una voz de ángel que yo nunca olvido. Todos los días me acuerdo de mi abuela María. Y recuerdo, estando en casa de mi abuela, que siempre me decía: mira, ese arroz con leche, llévaselo a un vecino, a aquel viejito, o llévale a Josefa, o sea, ese placer, esa satisfacción cuando ayudas a los demás, a los viejitos, a la gente, yo creo que empezó desde la infancia con mi abuela.

Conocer a Ada, que es una mujer tan grande, una mujer con un espíritu tremendo, con una sensibilidad extraordinaria, a la que le importaban los demás también y los trabajos sociales, empezaron con ella, en el  Hospital Fructuoso Rodríguez, por ejemplo.

Creo que fueron muchos poquitos que me fueron llevando a lugares y me fueron marcando una manera de pensar. Muchos me hablan de eso que hago yo, pero lo que la gente no se imagina es lo que me llevo yo de esos lugares, la sensación de paz, de armonía que experimenta mi espíritu cuando yo salgo de esos lugares, porque hay una cosa que me decía mi madre que me acompañó muchas veces a todos esos lugares, me decía: es que lo más lindo de esto es que nosotros pudiéramos estar donde están ellos ahora mismo. Y así mismo es la vida. Es verdad que podíamos haber estado en la cama, o en la silla cuidando al niño que está enfermo.

Amaury Pérez: Pero cualquiera que te está viendo ahora en televisión en esta entrevista puede decir, por el tono en que has estado hablando, estás hablando en tonos menores ¿quiere decir que Liuba es una mujer triste?

Liuba Mª Hevia: No, no, no lo creo, hay matices de tristeza, pero no creo que sea una mujer triste, pero conozco la tristeza. Que sí, le vi los ojos a la muerte por primera vez, yo tenía 27 años, Ada tenía 30 y quedamos en vernos en la noche todos, el grupo, nos íbamos a reunir para festejar en casa de Teresita Fernández, precisamente y lo último que recuerdo es: nos vemos más tarde. Y por primera vez viví ese impacto. Con mi abuela fue muy fuerte, yo tenía 16 años cuando la perdí, mi abuela materna, pero también tuve el consuelo de que mi abuela era mayor, estaba enfermita.

Con Ada fue un impacto muy violento, esa impotencia, ¿cómo es posible?, una mujer con 30 años, con tantos planes, con tanto talento, con tanta bondad, con tanto para dar, ¿Cómo es posible que esto ocurra?, te sientes… puede sonar pretencioso, pero yo hasta discutí con la muerte. Pero llegué a un punto en que dije: yo tengo que asumir otra vida y la forma que tengo, ínfima, de hacerlo por Ada, es que los niños conozcan sus canciones, que la gente sepa quién era Ada y eso lo puedo hacer yo a través de mi trabajo. Y es lo que he tratado de hacer todos los días de mi vida.

Cuando estoy haciendo un acto de bondad, cuando estoy compartiendo con los niños, con los viejitos que están enfermos, estoy con Ada también y eso para mí es maravilloso.

Amaury Pérez: Hablaste de Teresita Fernández, tú has sido como una hija para Teresita. Has sido el ángel custodio de Teresita, yo puedo dar fe de eso. ¿Cuántas veces no te he llamado? ¿Cuántas veces no te he invitado a una fiesta, a una reunión? Ven Liuba, para acá, como yo me pongo de imperativo contigo, ven Liuba y tú me dices: no puedo ir porque quedé en ir a ver a Teresita, llevarle esta medicina a Teresita. ¿Qué significa Teresita Fernández para ti?

Liuba Mª Hevia: Fíjate que me emociono de que me preguntes. Yo la quiero muchísimo y me parece extraordinario que nazcan personas para dar tanto amor como Teresita. Ella, a veces, me dice que está triste, que no tiene hijos y yo le digo: bueno, no tienes hijos, pero tienes canciones, has dado canciones que son como hijos, ¿Quien ha abrazado a tantos niños en este país?, tienes muchos motivos para ser una mujer feliz, Teresita, le digo.

Amaury Pérez: ¿Cuánto perjudica el trabajo para niños, que la gente te reconozca cuando haces el trabajo para adultos, canciones para adultos? ¿Tú sientes que te perjudica, que te encasilla?

Liuba Mª Hevia: El trabajo para niños, cuando logras realmente calar en una zona especial, es contundente. Desde el punto de vista familiar, se queda en un rincón espiritual tan fuerte, que por ejemplo, te puedo decir, de María Elena Walsh y Teresita Fernández, por hacer ese trabajo tan estremecedor, muchas personas se han perdido, digamos, las canciones llamadas para adultos. A mí me cuesta mucho eso de para adultos…

Amaury Pérez: …”Ausencia” es una canción que no asimilarían los niños.

Liuba Mª Hevia: …Exactamente, “Barco quieto” que sería una canción de María Elena Walsh que está reflexionando sobre las relaciones. En fin, yo creo que sí es un riesgo. Una vez hablábamos sobre esto, incluso con Silvio, creo que es un riesgo, porque quizás la gente no tome en cuenta la otra parte del trabajo o piense que es menor, o quizás lo sea, pero yo creo que vale la pena.

Vale la pena que sea menos visible y menos tomado en cuenta lo otro cuando uno tiene la satisfacción de hacer felices a los niños.

Amaury Pérez: Liuba, hay veces que tú llegas por la mañana a mi casa a llevar un disco o a llevarte un disco.

Liuba Mª Hevia: ¡Que casi siempre devuelvo!

«Con 2 que se quieran» (Liuba María Hevia, Parte II)

«Con 2 que se quieran»  (Liuba María Hevia, Parte II)

Amaury Pérez: Liuba es de las pocas personas que devuelve libros y discos y películas. El que no te ha devuelto una película soy yo.

Liuba Mª Hevia: Viste, qué bueno que te acordaste.

Amaury Pérez: Y siempre cuando tú llegas por la mañana yo te pregunto: ¿dormiste bien? Y siempre me respondes: no, yo no dormí bien. ¿Tú duermes?

Liuba Mª Hevia: Yo duermo muy poco.

Amaury Pérez: ¿Muy poco, cuánto?

Liuba Mª Hevia: A veces logro dormir seis horas, siete horas, pero a veces no es seguido, tengo que tomarme una pastillita. Me pasa como a algunos colegas.

Amaury Pérez: Porque yo tomo pastillas para dormir, ¡somos maracas humanas!

Liuba Mª Hevia: Tengo que tomarme pastillitas también para dormir, sí, es verdad, y si estoy trabajando peor, porque la música o las ideas no me dejan descansar, es como un leit motiv, una repetición que realmente no me deja descansar, que también es delicioso, tiene sus encantos. Me pasa eso.

Amaury Pérez: Pero tú eres obsesiva, perfeccionista con el trabajo, con los afectos. Cuando quieres a alguien no paras de celebrar a esa persona y cuando alguna vez alguien te ha hecho mal, tú, no odias, pero resuelves esa ira que te provoca esa traición de una amiga, de un amigo, la resuelves burlándote.

Liuba Mª Hevia: Pero burlándome casi siempre de mí, por haber creído.

Amaury Pérez: ¿Qué siente una persona, cuando alguien a quien uno le ha entregado su vida -quizás suena cursi- su corazón, su piel, te traiciona?

Liuba Mª Hevia: Pena de esa persona, al final, pero bueno, somos hijos del dolor, del amor, de la traición. No creo que sea especialista en eso, no me ha pasado mucho, por suerte. Pero sí le he visto también un poquito los ojos, aunque me ha pestañado de lejos.

Amaury Pérez: ¡Y con grandes pestañas!

Liuba Mª Hevia: ¡Y levantando las cejas!

Amaury Pérez: Pero tú no eres una mujer de rencores…

Liuba Mª Hevia: No, no, si yo me quedo fría de cómo se me olvidan las cosas. A veces me tienen que recordar cosas así, digo: ay, qué bueno que yo ni me acordaba de eso, no me acordaba, ¡qué bueno! ¿no?, parece que tengo una especie de defensa inconsciente allí, un borrador, que no es la bandeja de reciclaje, no he tratado de borrar la bandeja y solita se borra.

Amaury Pérez: ¡A la papelera!

Liuba Mª Hevia: ¡La papelera, vacía la papelera!

Amaury Pérez: Te he visto en el estudio, he estado contigo en el estudio, hemos cantado juntos en un par de discos, y veo que eres perfeccionista hasta el delirio. ¿Tú crees que el trabajo salva, salva de la tristeza, salva de malos humores, salva de traiciones?

Liuba Mª Hevia: Estoy convencidísima. Yo he estado en momentos críticos y he podido sobrevivir gracias a mi trabajo, te lo puedo decir así, en momentos de mi vida tremendos.

Amaury Pérez: Quisiera pasar a otra cosa, estas entrevistas son verdaderamente locas. Cuando te veo respirar profundo, digo, bueno, voy a otro tema. Tu último disco se llama Puertas. ¿Por qué se llama Puertas?

Liuba Mª Hevia: Se llama Puertas por una canción.

Amaury Pérez: ¿Es el título de la canción que más te gustó o el disco abre puertas a determinadas cosas?

Liuba Mª Hevia: Por eso, porque presiento que el disco abre puertas, porque estoy viviendo una etapa diferente en mi vida, porque he cumplido más años, porque me hago las mismas preguntas y otras más. La canción, el detonante de la canción fue, digamos, una mirada indiscreta al mundo del Derecho. Conocí a tres amigas fiscales que se quieren mucho y asistí a varios debates sobre verdades, verdades que son tan relativas y que tienen tantos matices, tantas compuertas. Y me gustó mucho viéndola (la puerta) como símbolo del disco, como tema gráfico, porque las puertas simbolizan tantas cosas. Por una puerta llegamos, por una puerta nos vamos.

Cuántas puertas dejamos entreabiertas, aparentemente al descuido, cuántas puertas clausuramos, cuántas puertas abrimos siempre y cuántas puertas derribamos. Y un poco es eso, ¿no?

Amaury Pérez: Y está la canción Tristeza, hoy la estaba escuchando antes de venir para el programa: “Dime tristeza si en tu montura / cabalga siempre la soledad / si eres escarcha, si eres la bruma / si llevas presa la libertad”.

La canción tiene un texto exquisito, y una melodía sobrecogedora, la cantas a dúo con Ana Belén, pero me dices que no conoces a Ana Belén y parece que han grabado el dúo juntas y que son amigas de toda la vida, por la relación tan extraordinaria que se establece. ¿Ella puso su voz en España?

Liuba Mª Hevia: Ella puso su voz en España.

Amaury Pérez: Pero tú no estabas vigilando su puesta de voz.

Liuba Mª Hevia: Lo extraordinario de todo esto es, primero, que cuando yo escuché la voz de Ana dije: ¡qué maravilla, le estoy haciendo un regalo a mi madre, a quien le tengo dedicado este disco!, ese tema mi mamá lo pudo escuchar, lo escuchó sin mi voz, pero escuchó la voz de Ana y yo creo que la voz femenina que más se ha escuchado en mi casa, en mi adolescencia, en mi juventud, fue la voz de Ana Belén, creo que fue la banda sonora de la familia.

Amaury Pérez: Es que tiene una voz tan bella como la tuya.

Liuba Mª Hevia: ¡Qué va, de la mía a la de Ana Belén!

Amaury Pérez: La tuya también, Liuba.

Liuba Mª Hevia: La voz de Ana no se parece a ninguna, ¡es una cosa..!. Fue una delicia. Ana me mandó varias preguntas y se quedó inquieta con la yagruma, la imagen de “tristeza, nido de la yagruma”, hasta el punto que un músico de cabecera de Ana, un músico de toda la vida de Ana, que se llama Mariano, que es un gran amigo, cuando vino aquí a Cuba se llevó una yagruma y se la regaló a Ana.

Amaury Pérez: ¿Porque ella no conocía la yagruma?

Liuba Mª Hevia: No conocía la yagruma.

Amaury Pérez: Bueno, tendré que decir el texto completo. Ya dije el primer verso; “Tristeza, escarcha, tristeza bruma / tristeza nido de la yagruma/ letal suspiro de las alturas / salva el imperio de la locura…

“Dime tristeza si tus pupilas / son el espejo de esta ciudad / si ya no escampas, si me adivinas / si eres el precio de la verdad.

“Tristeza escarcha, tristeza bruma / tristeza nido de la yagruma / sal de mis labios / tristeza muda, tristeza nido de la yagruma / letal suspiro de las alturas / salva el imperio de la locura.

“Dime tristeza si en tu montura / cabalga el sueño / dime tristeza si en tu montura / cabalga el sueño que se nos va”.

Este es un texto como para publicarlo solo, con música, con Ana Belén, sin ella, yo creo que es una de las grandes canciones que integran tu último disco.

Liuba Mª Hevia: Yo agradezco mucho el motivo de la canción y le dedico esta canción a Fernando Pérez en mi disco, porque esa canción fue motivada en la premier de Suite Habana.

Amaury Pérez: Cuando llegaste a la casa me dijiste: ¡cómo he llorado!

Liuba Mª Hevia: Yo estuve una semana llorando, pensaba, qué capacidad tiene este hombre de con ese amor intenso, con esa coherencia que lo distingue como creador, tocar tanto fondo, estremecer tanto, a veces sin palabras.

“Sal de mis labios tristeza muda”, esa línea es tuya. Tristeza muda fue una frase que me sugeriste tú en tu casa, a lo mejor te olvidaste, pero yo no. Tristeza muda. Yo te estaba hablando del silencio que había en el cine y todo lo que estaba pasando y tú me dijiste: entonces cuando repitas, di tristeza muda ¿te acuerdas que yo lo copié?

Amaury Pérez: No, no me acuerdo.

Liuba Mª Hevia: Pues mira ¿qué te parece?

Amaury Pérez: No me acuerdo y ¡qué bueno que se me olvidó!.

Liuba Mª Hevia: Esa línea…

Amaury Pérez: …O qué bueno que me lo recuerdas, porque a lo mejor lo hubiera utilizado en una canción mía y hubiera sido un plagio (risas).

Hay una canción en el disco que es una canción muy importante y antes del programa te pregunté si querías hablar de tu mamá, de Elsa, tan querida y tú me dijiste que sí, que sí querías y yo me permití traer las líneas que tú escribiste para presentar la canción “Se busca”, que es una canción que a nosotros que conocimos a Elsa nos encanta, a mi esposa le gusta mucho.

Yo me voy a permitir leerlo, es un poco extenso, pero quiero que ustedes sepan lo que Liuba escribió porque vamos a hablar de Elsa:

“Tres notas me asaltaron apenas un mes después de ver por última vez a mi madre. Esas tres notas: sol-re-sol resonaban con tres obstinada sílabas; se-bus-ca. Misteriosamente esta sensación me remontó a aquellos años que siendo muy niña y sentada en sus rodillas saboreaba su lectura del cuento de Cenicienta.

También esta vez, como en aquella historia infantil, justo a las 12 de la noche, atenta la ciudad, la realidad se impone. Mi madre no está, la cocina es un desierto y el teléfono ya no me acerca su voz.

Fueron esas tres notas las que me acompañaron apoderándose de aquellas horas de incertidumbre. Me impedían el sueño y resonaban imágenes de mis primeros años donde me sentí gigante y segura de su mano.

Se busca, (la canción) es una denuncia a la injusticia de la muerte, es un portazo, un grito de dolor, pero también es una puerta que se resiste a los cerrojos, un canto a la vida. A la vida de una mujer inmensa que defendió la virtud y la utilidad y se entregó a los demás sencillamente.

Ella es mi mayor orgullo, se llama Elsa Jorge, una guajira auténtica, culpable del privilegio de este viaje” (fin de la cita).

Háblame de tu madre.

Liuba Mª Hevia: Tener de madre una guajira, una guajira ruda, una mujer…! Ella hablaba con dichos. Mi madre era muy guajira y hablaba con dichos. Cuando iba a hablar de alguien que trabajaba mucho decía: no se le mueren los puercos en la barriga, así era ella, una mujer de mucha intensidad, de una palabra aguda, incluso dura, con un sentido del humor profundo, irónico. Un sobrenombre de mi mamá podía acompañarte toda la vida. Por ejemplo, te voy a decir algunos míos: “Hija, tú eres guitarra y bandoneón”. Es que no soy muy dada a las labores domésticas y esa era una manera de decirme que no trabajaba mucho. Otra cosa que me decía muy buena es: “eres una fiera para el descanso”, eso es buenísimo, es terrible. Ella decía que mi cocina era una ferretería, porque a mí me encanta fregar, pero no sé cocinar, entonces lo que hay es plástico y hierro sin usar, es todo lo que hay, metal, plástico, cosas de cristal.

Era una mujer extraordinaria, una mujer que vivió para los demás, una madre fuera de serie me tocó, la verdad que fui privilegiada; tuve la dicha de compartir tantas cosas con ella gracias a mi trabajo. ¡Cómo no voy a bendecir cada día mi trabajo! Y la oportunidad de hacer lo que me gusta, ¡cuánta gente hay con talento en el mundo y no pueden hacer lo que les gusta! Yo he tenido ese privilegio. De montarme en una guagua y hacer una gira nacional con mi madre y verla con un mapita y con un diario preguntando cuando para: señor, ¿cómo se llama este pueblo? Tal lugar y ponerlo, ir feliz recordando los lugares donde ella fue a alfabetizar, regresar a esos lugares, yo le regalé muchas satisfacciones, lo que pasa es que el amor es egoísta y uno quiere siempre más. Me hubiera gustado que viviera más, me hubiera gustado, merecía vivir más. Mi mamá muere con 68 años. Estuvo estudiando, leyendo hasta sus últimos días. Hizo hasta la Universidad del Adulto Mayor, me acuerdo que una amiga le pasó en computadora la tesis. Hacía sus ejercicios por la mañana con sus amigas, atendía  escuelas. Hacía muchas cosas útiles y buenas. Me gustaba verla con su jaba buscando los mandados, discutiendo en el agro. Me gustaba esa mamá que yo tenía, me gustaba su manera de pensar, su empecinamiento amoroso con cosas en las que creía.

Esa era mi mamá, una mujer cómplice de tantas cosas, yo con mi mamá tenía una complicidad que nada más tenía que mirarla. Me tocó eso.

Amaury Pérez: Bueno, no era, en realidad es. ¿Y le gustaba cuando cantabas tangos, porque tú cantas tangos?

Liuba Mª Hevia: Le encantaba, fíjate, pero mis canciones no me las halagaba mucho, era muy aguantada en eso, o sea, a mi mamá yo le cantaba una canción nueva y me decía: ah, qué bueno mi hija, ella no me decía: está buenísima, como otras madres le hacen a sus hijos: ¡Excelente, buenísimo! No, no, no, mi mamá siempre era: ¿tú te estudiaste bien todo? Y, mi’ja, ¿tú sabes, eso estará bien?, mi’ja, ¿tú le preguntaste, por ejemplo, a José María, tú le dijiste a Amaury?, ¿Y cuéntame, qué dijo Sara? Eso era muy importante para ella. Era muy simpática. Mi mamá era muy simpática, tenía unas salidas tremendas.

Amaury Pérez: Y ella pudo disfrutar además el hecho de que llegaste a convertirte en una artista popular, célebre y todo eso, me imagino que en lo profundo aunque no te lo dijera, lo disfrutaba. Pero la pregunta entonces a la que yo me iría en este momento es: ¿cómo se lleva el peso de ser considerada por mí y por muchos, la más importante cantautora que ha dado la historia de la música cubana?

Hemos tenido grandes cantautoras; a ver, desde María Teresa Vera, hemos pasado por Marta Valdés, Sara González, la misma Teresita Fernández, pero hay mucha gente que considera que tú eres la más importante cantautora de la historia de la música cubana.

Liuba Mª Hevia: ¡Uf, que va!, sería una creída si pensara así, la verdad. Qué va, si yo miro al lado y veo las barbaridades que han hecho las grandes mujeres, mujeres y hombres de este país, qué va, para nada.

Amaury Pérez: Yo estaba hablando de mujeres. Quizás por la dedicación, tú has sido muy dedicada.

Liuba Mª Hevia: Sí, es verdad, quizás se marque porque yo soy muy obsesiva con mi trabajo como lo eres tú.

Amaury Pérez: Bueno, pero yo no soy cantautora (risas).

Liuba Mª Hevia: Bueno, creo que no (risas).

Amaury Pérez: Sería mucho más bonito (risas).

Liuba Mª Hevia: No, ¡hubiera sido terrible! (risas).

Amaury Pérez: ¡Habría sido terrible, hubiera sido la cantautora más fea de la historia de la música cubana! (risas).

Liuba Mª Hevia: Mentira, mentira, no, Amaury, en realidad yo trato de hacer lo mejor que puedo mi trabajo, como todo el mundo y vivo agradecida de todas las cosas que he vivido. Pero una Teresita Fernández, una Marta Valdés, monstruosas creadoras que hay en este país.

Y las tantas desconocidas que yo conozco en las provincias cuando voy, mira, aquí hay una en La Habana fantástica, que se llama Niuska Miniet.

Nada, yo trato de hacer lo mejor que puedo, trabajo y esa es mi vida, no sé y en eso implico a un grupo de personas con la que lo hago posible. Las personas con las que trabajo, son personas que se implican completamente, y cuando ya dejan de estar en esa frecuencia de creación desaparecen de mi entorno porque este medio en que yo me muevo es terrible, ¡estar al lado mío hay que pagarlo caro!

Yo soy obsesiva y la gente obsesiva sufre mucho y hace sufrir a los que están a su lado.

Amaury Pérez: Pero tú eres una artista que está viviendo en este momento, en los últimos años -porque tú no eres una artista del momento- viviendo de una gran popularidad. ¿Tú estás preparada para cuando esa popularidad acabe?, acaba siempre, esos grandes momentos, ese pico…

Liuba Mª Hevia: Yo me imagino… lo que me preocupa es que se acabe el amor o las ganas de trabajar, la sensación de utilidad, creo que eso sería horrible. Pero, Amaury, me has hecho una pregunta increíble porque muchas veces yo he pensado y he dicho: ay, Dios mío, ojala yo tenga la humildad, la sabiduría, el sentido común o la suerte de tener buenos amigos al lado para que me ayuden a retirarme cuando me corresponda.

Porque cuando uno se esfuerza tanto y da todo lo que puede dar, hasta dónde pueda, echarlo abajo después por obstinamiento, porque…, sí me da miedo…

Amaury Pérez: …¡Porque hay que seguir, porque el artista muere en el escenario!…

Liuba Mª Hevia: Yo creo que hay artistas que se mueren en el escenario como Chabela Vargas, hay artistas que pueden cantar siempre, que hasta muertos están cantando, pero hay artistas que no quieren salir de la palestra pública y ojalá que a mí, si me ocurre eso…

Yo sufro de casos que veo, de casos que veo y sufro mucho, mucho, porque son personas que me enamoraron y de pronto digo pero ¿cómo es posible que no tengan la fortuna de tener gente a su lado?, ese sentido de decir: déjame parar. Ojalá, ojalá, ojalá me apague. Ojalá me pierda en otro espacio siendo útil, haciendo alguna cosa si voy a vivir… Ojalá pudiera ser útil para poder tener ganas de vivir, fíjate lo que te digo. Pero ojalá no me demore más de lo que deba por respeto a la gente que quise, a la gente que quiero, a todo lo que arrastra mi persona que arrastra millones de amores, de historias.

Amaury Pérez: Bueno, no te voy a poder acompañar en esa decisión.

Liuba Mª Hevia: Quién sabe.

Amaury Pérez: Porque yo ya estoy pa’l retiro (risas).

Liuba Mª Hevia: Ay, ¿qué es eso, Amaury?

Amaury Pérez: Yo te veo siempre tan bonita vestida.

Liuba Mª Hevia: Y tú también.

Amaury Pérez: Tan bonita maquillada, tan bonita arreglada. ¿Tú crees que el desaliño es consustancial a la imagen del trovador?

Liuba Mª Hevia: Yo soy de tu equipo, Amaury, y tú sabes que te lo he dicho siempre. Mira, tú, Amaury Pérez, Nacha Guevara, Alberto Cortez, Joan Manuel Serrat, son mis modelos de artistas en el concepto del espectáculo, yo soy de las que me intereso por el último bombillo, el primero, la luz, la escenografía, todos esos embrujos que tengo se los debo a las visitas que mi madre me regaló a los teatros. A fijarme que había personas diciendo cosas que me interesaban mucho, desde la elegancia, desde el respeto al público, desde el aprovechamiento de todos los misterios que hay y que componen la magia, el arte es magia y hay que ofrecerlo de la mejor manera.

No quiero decir con esto que hay personas que tienen una imagen más sencilla y funcionan muy bien, pero es que están los extremos también de otros que tienen, no una imagen sencilla, sino descuidada y piensan que es una tendencia de modernidad, o sea swing y eso para mí… no me identifico con eso, no lo critico pero no soy partidaria.

Yo soy de las que piensa que no es el adorno por el adorno, es demostrarle a la gente que aquí hay espacio para comunicar cosas desde el respeto.

Amaury Pérez: Eres una mujer muy joven, ¿que opinas de lo que están escuchando los jóvenes?, hay ese criterio paternalista, de que los jóvenes deben escuchar esto, que deben escuchar lo otro, los jóvenes deben cantar esto, o deben cantar lo otro. ¿Qué piensas tú de los cantautores jóvenes cubanos y qué piensas tú de la música que oyen los jóvenes cubanos?

Liuba Mª Hevia: Bueno, la música cubana y los jóvenes cubanos… Es la música de este mundo que es un desastre, entonces está todo, está esa cosa desastrosa, porque el arte es una expresión del mundo en que se vive, es el espejo directo del mundo y están otras cosas también que están un poquito más allá, pero están. O sea, yo pienso que hay de todo y que uno tiene que escuchar de todo. Yo no sé dar consejos, yo no creo que tengo autoridad para ello, pero…

Amaury Pérez: No, te lo preguntaba porque eres joven, o sea, eres una persona joven hablando de otros jóvenes.

Liuba Mª Hevia: Yo no soy tan joven, tengo 45 años.

Amaury Pérez: Todo el que viene a este programa es muy joven.

Liuba Mª Hevia: Entonces yo tengo 15.

Amaury Pérez: Un poquito menos.

Liuba Mª Hevia: Por ahí.

Amaury Pérez: Bueno, mi última pregunta, quizás la más complicada.

Liuba Mª Hevia: ¡Ay, mi madre!

Amaury Pérez: Yo no te oigo a ti hablar mucho de Cuba en nuestras conversaciones, en tus conciertos. ¿Será porque dentro de esa timidez tuya que te acompaña, dentro de esa Liuba discreta, tú sientes que Cuba eres tú y que no hace falta hablar de uno mismo siempre?

Liuba Mª Hevia: Caramba, no me doy cuenta de eso. Uno habla más de Cuba fuera de Cuba, fíjate. Hay muchas maneras de hablar de Cuba, con canciones, por ejemplo, cuando canto una Habanera, la Habanera es la primera forma que tuvo la cancionística cubana, por ejemplo. No soy una autora dada a contar historias tampoco, soy más bien de símbolos. Creo que los amores se distinguen solos. Soy una mujer que estoy enamorada, que vivo enamorada de mi país, absolutamente enamorada de mi país.

No concibo, me han preguntado muchas veces, me imagino que a ti también, sobre todo cuando viajamos ¿por qué no te has quedado fuera de Cuba? Y siempre he tenido la sensación o casi la certeza de que viviendo en otro lugar no iba a ser una mujer feliz, fíjate, no iba a tener eso que se llama felicidad que uno experimenta, no lo iba a tener, yo creo que mi país está en todo lo que hago, en todo lo que soy, en lo que me propongo todos los días.

Amaury Pérez: Si no te pones brava conmigo, permíteme decirte en público que yo te adoro.

Liuba Mª Hevia: Yo también te quiero muchísimo.

Amaury Pérez: Muchas gracias. Gracias por venir, te quiero mucho.