Blogia
soyquiensoy (Ricardo R. González)

Con 2...

«Con 2 que se quieran» (Isabel Santos. Parte I)

«Con 2 que se quieran» (Isabel Santos. Parte I)

Amaury Pérez. Muy buenas noches, estamos en “Con 2 que se quieran”. Como siempre me gusta decir, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, territorio de Lezama, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy tenemos como invitada a una persona que goza de todo mi cariño y y de toda mi admiración, la gran actriz cubana, Isabel Santos. Buenas noches, Isabel, gracias por venir.

Isabel Santos. Gracias.

Amaury Pérez. Tenía miedo con esta entrevista porque siempre he pensado que las actrices mienten. ¿Me vas a hacer el favor de ser sincera conmigo?

Isabel Santos. Creo que en una entrevista la gente siempre tiene miedo, desde un político, un actor, un obrero. No eres tú, no estás cómodo, no estás en sala de tu casa.

Amaury Pérez: Aunque lo hemos intentado…

Isabel Santos: …aunque se ha intentado, y además está muy lindo. Mira, uno siempre está haciendo un personaje, estás haciendo la vida de muchas personas y a veces coges prestado de otras a la hora de hacer un personaje, pero ya en una entrevista la gente piensa que te conoce… no, yo creo que eso es lo único que te queda y conocerte, conocerte de verdad creo que es la familia, los hijos, los amigos, los más allegados. Hay algo que uno siempre se tiene que guardar, ¿no?

Amaury Pérez. Bueno, yo no voy a cometer el pecado de confundir a Isabel con sus personajes. Entonces ¿Qué es para ti la sinceridad?

Isabel Santos. Todo.

Amaury Pérez. ¿Aún con los riesgos que eso trae?

Isabel Santos. Claro, porque tú no puedes ir como el mentiroso por la vida, ni con los amigos, ni con la familia, ni con los hijos, ni con el trabajo. El trabajo del actor lleva un desgarramiento muy fuerte, es muy visceral, hoy te toca hacer una comedia, mañana un drama. La gente piensa que uno se despega de eso, hay cosas que uno puede tener de la vida, toques, pero casi siempre yo voy a otras vidas, a vivencias de otras gentes. Soy muy observadora, estoy en un velorio, por ejemplo, y no puedo distanciarme de lo que está pasando, es como que estás guardando en un disco duro y en algún momento eso sale, lo vas a necesitar, pero la sinceridad en este trabajo es todo. El público además, no te perdona. Yo me considero más una actriz de cine que de los otros medios y esa pantalla es muy grande y a esa cámara no se le puede mentir, sale hasta el sudor, la piel se enrojece, y el público cubano, el público en el mundo en general, cuando va al cine quiere la verdad. Entonces hay que tener una sinceridad absoluta.

Amaury Pérez. Entonces hablemos de verdades. ¿Dónde tú naciste?

Isabel Santos. Nací en la ciudad de Camagüey.

Amaury Pérez. ¿En la misma ciudad?

Isabel Santos. En la misma ciudad de Camagüey, muy camagüeyana.

Amaury Pérez. ¿Y ahí te criaste?

Isabel Santos. No. Mis padres hace poco me contaban que conmigo, a los 40 días de nacida, fueron a fundar unas cosas que se llamaban las Granjas del Pueblo. Ellos cerraron la casa en Camagüey y se fueron, esa casa la perdieron, y yo todavía le digo a mi mamá: ¿Pero tú estabas loca? ¿Cómo ibas a dejar esa casa en el centro de la ciudad para irte para un batey? Y fueron de batey en batey. Me cuentan que siendo yo una bebita montaron ladrillo sobre ladrillo y me tenían en una hamaquita y todo el que pasaba le daba a la soga de la hamaquita, entonces vino una vaca, se recostó a la pared y por poco me mata. Ese cuento me lo hizo el otro día mi madre.

Hasta que llegaron cerca del central que actualmente es el central “Noel Fernández”, antiguamente “Senado” y a dos kilómetros de ese pueblo, había un bateicito como de diez casas y ahí viví toda mi vida.

Amaury Pérez. ¿Quiénes vivían contigo?

Isabel Santos. Mi padre, mi madre y mi hermano.

Amaury Pérez. ¿No los abuelos?

Isabel Santos. Mis abuelos son, por parte de padre, de Jarahueca, en Santa Clara, y por parte de madre son de La Gloria.

Amaury Pérez. ¿Por qué mucha gente te dice la Guajira de Jarahueca?

Isabel Santos. Chico, mira, no sé, debe ser porque mi papá nació ahí.

Amaury Pérez. Pero tú te criaste con tu mamá y con tu hermano.

Isabel Santos. Y con mi papá también.

Amaury Pérez. ¿Qué tiempo estuvo tu papá en tu familia, en tu vida?

Isabel Santos. Hubo momentos de mi vida, en mi infancia, en que no estuvo, y ya después sí. Cuando tenía como 15 años la familia se volvió a reunir y hasta ahora, que lo tengo vivo además.

Amaury Pérez. Háblame de tu mamá.

Isabel Santos. Mi mamá es lo más grande, es un ser adorable, que luchó muchísimo con nosotros, conmigo y con mi hermano. Era una mujer que nos tenía que mantener ella sola.

Le debo muchísimo porque es una mujer que me enseñó muchísimo de la vida, una mujer con mucha intuición para todo. Ella te dice: te va a suceder algo y te sucede. Entonces yo escucho mucho a mi madre.

Amaury Pérez. ¿Tú piensas que los padres siempre tienen la razón?

Isabel Santos. No, no siempre.

Amaury Pérez. ¿Cuando se entera tu familia que a Isabel le interesa la actuación?

Isabel Santos. Creo que fui una niña con muchos sueños. Quizás por esa cosa que había que acostarse temprano porque no había luz…

Amaury Pérez. ¿Por qué no había luz?

Isabel Santos. Bueno, porque imagínate, en un batey lo que había era una planta eléctrica de petróleo y un viejito que la prendía, pero era más el tiempo que estaba rota, que el que estaba arreglada. Había un Círculo Social con un televisor cuando daban “Los Mambises” ¿te acuerdas?, que daban dos aventuras. Cuando estaba bien aquel televisor, el pueblo se acercaba a mirar las aventuras, pero al viejo le gustaba dormir temprano, así que arrancaba la planta y después de las dos aventuras, había que acostarse. El cine lo vi a través del cine móvil, del carrito del ICAIC.

Amaury Pérez. ¿Con qué frecuencia pasaba?

Isabel Santos. Ellos te podían repetir la película un mes entero, pero si pasaba todas las semanas, todo el mundo sacaba el taburete, el banquito, lo que fuera.

Amaury Pérez. ¿Cuál es la película que más recuerdas haber visto en esa época?

Isabel Santos. “Manuela”, la pasaron muchísimo y ¿te acuerdas de aquella película de la Massiel, que ella cantaba al lado del mar, “Tira la piedra, deja la flor”…?

Amaury Pérez. ¡Sí, cómo no! Tira la piedra y esconde la mano, ¿no era eso lo que decía?

Isabel Santos. Bueno, más o menos. Pero, esa la vi una cantidad de veces. Pasaban mucho cosas de Chaplin, documentales…

Amaury Pérez. ¿Cuando veías a Adela Legrá en esa imagen de “Manuela”, clásica -después está la de “Lucía” claro, pero quiero decir, la Adela Legrá de Manuela- desgarrada, tan joven, mirando a cámara en aquellos primeros planos?

Isabel Santos. ¿Tú sabes dónde me di cuenta de eso? Estaba en Uruguay y me estaban haciendo una entrevista en la radio. Esa cosa que yo te decía que uno va guardando en el disco duro, tú las vives y después como que las arreglas, ¿no

El hombre me pregunta eso mismo: ¿Cuál es la primera película que tú recuerdas, tú que eres actriz de cine? Y empecé a llorar porque me acordé de toda mi infancia, de un almacén donde guardaban sacos de abono que era donde se proyectaban las películas y me entró un gorrión… Me vi tan pobrecita y dije: ¡coño, qué infancia! Cómo descubrí el cine y después llegué a él de otra manera, o sea…

Amaury Pérez. ¡Por lo grande!

Ahora, de todas maneras yo pensaba, si no había luz, no había hielo; entonces ¿cuándo conociste el hielo? O sea, ¿cuándo tomaste tu primer vaso de agua fría?

Yo pensaba en Aureliano Buendía el día que lo llevaron a conocer el hielo.

Isabel Santos: Coño Amaury…no sé.

Amaury Pérez: ¿Eras una buena estudiante tú?

Isabel Santos. Muy buena. En ese bateicito había una escuelita con una maestra para todos los grados. Lo mismo había un chiquito grandísimo que otro pequeño…es que no se me olvida esa escuelita. Era una escuelita de guano, con el Martí afuera, se izaba la bandera. Éramos muy poquitos niños y se daban todos los grados, había como una contaminación, el de preescolar sabía lo que daba el de sexto grado, el de sexto sabía lo que se daba en tercero. La ortografía andaba como que por el aire. Había muchas lagunas.

Después pasé a la escuela donde quedaba el central, que ya eso para mí era el pueblo. Había un cine, una iglesia, y la escuela. Yo caminaba dos kilómetros todos los días para poder ir a mi escuela. Eso sí, yo quería salir de allí y creo que por eso estudiaba muchísimo.

Amaury Pérez. Perdóname que insista en el apagón, pero es que si hay apagón hay oscuridad y normalmente para los niños si hay oscuridad, hay miedos.

Isabel Santos. Muchísimos miedos.

Amaury Pérez. ¿Cómo eran tus fantasmas de niña? ¿Cuáles eran, a qué le tenías miedo?

Isabel Santos. Creo que a todo. Había muchos haitianos y gallegos en ese batey y siempre tenían cuentos sobre un cementerio del que salían muertos. Había un potrero por donde yo pasaba, sin cercas ni nada, con las vacas sueltas. Yo les tenía terror a las vacas. Era un camino de piedras por el que yo tenía que pasar y para mí siempre me iba a salir un ahorcado o un fantasma, o una mujer con el pelo muy largo, que dejaba marcas de petróleo en el piso. A eso yo le tenía un terror que me moría. Siempre pasaba con el corazón en la boca, hasta que llegaba allá a la carretera. Entonces mi mamá se paraba con una linterna o con un mechón de luz brillante. Se paraba y yo miraba para atrás y decía: ¡Ay, que mi mamá no se vaya! ¡Ay, Dios mío, que no se vaya el mechón aquel que está ahí atrás! Porque si ella se iba era como que no me estaba vigilando. Hasta que me perdía y ya.

Amaury Pérez. ¿Y cómo llegaste a La Habana?

Isabel Santos. Soñando. Yo quería ser actriz. Primero pensé que podía ser bailarina, ¡imagínate tú!, con este cuerpo ser bailarina.

Amaury Pérez. Tú eres muy bonita ¿por qué dices eso?

Isabel Santos. Bueno, no sé, porque siempre he sido de mucha pierna. Además era sobre todo por esa cosa que todas las niñas quieren hacer el split. Ni soñaba con ser bailarina, y ya trataba de hacer el split, que nunca llegué a hacerlo. Después quería cantar pero con esta voz, tampoco.

Amaury Pérez. ¿Pero no tenías la voz ronca antes?

Isabel Santos. Sí, siempre he tenido una voz grave.

Amaury Pérez. ¿Por qué llegaste a La Habana? ¿Quién te dijo, quién te entusiasmó? Porque en tu familia, una familia tan pequeña, tan cerrada, tan cuidadosa que era la mamá de ustedes, quién te dijo: Isabel para La Habana que hay que estudiar allá?

Isabel Santos. Mira, se hacían captaciones ya en la Secundaria para la Escuela Nacional de Arte. Había años que lo hacían, otros años no, según las carreras, si hacían falta, sobre todo para música. Camagüey siempre ha tenido una Escuela de Artes Plásticas y una Escuela de Música, pero de actuación no, y yo lo que quería era actuar. Ese año me puse de tan buena suerte que hicieron las captaciones. Todo el mundo quería ser actor e iban desaprobando hasta que…

Amaury Pérez. ¿Qué te pusieron a hacer? ¿Cuál era la prueba? ¿Te acuerdas?

Isabel Santos. A leer, siempre he leído muy bien. A interpretar, a cantar, ritmo, bailar y una improvisación.

Amaury Pérez. ¿Y lo primero que hiciste en televisión fue “Algo más que soñar”?

Isabel Santos. No, “Pasos hacia la montaña”.

Amaury Pérez. ¿Quién te llamó, mediante qué contacto, de qué manera? Porque a la televisión tampoco se llega de manera muy fácil.

Isabel Santos. Fue Juanito Vilar.

Amaury Pérez. Un santo.

Isabel Santos. Un santo. Es un hombre al que le debemos muchísimo. En aquel momento en la televisión, actores mayores hacían los personajes de jóvenes, y a Juanito se le ocurrió una novela y todo el mundo dijo: ¡tú estás loco, no puedes meter a estudiantes de la Escuela Nacional de Arte a actuar con profesionales! Juanito insistió y fuimos los primeros jóvenes que entramos a la televisión a trabajar siendo estudiantes, a trabajar con profesionales que llevaban en el medio mucho tiempo.

Amaury Pérez. ¿Quiénes eran los otros jóvenes?

Isabel Santos. Mucha gente que ya no está en el país.

Amaury Pérez. No importa, pero existen.

Isabel Santos. Bueno, de esa generación está Beatriz Valdés, Luisito (Luis Albrto García) vino después, Patricio (Wood)… Pero los primeros que entramos ahí fuimos Jorge Martínez y yo.

Amaury Pérez. La primera vez que me enteré que existía Isabel Santos, fue viendo esa extraordinaria producción de “La botija”.

Isabel Santos. Cuando “La botija” ya estaba graduada y tenía a mi hijo, como de cinco años.

Amaury Pérez. Parecías una niña.

Isabel Santos. Una niña.

Amaury Pérez. ¿Cuándo llegas entonces a “Se permuta”, que es tu primera película?

Isabel Santos. Fue a través de un casting que hizo Juan Carlos Tabío con Mario Balmaseda. Estaba Lily Rentería haciendo casting conmigo, quedamos las dos al final. Hice una improvisación con Mario en una de las escenas de la película, ellos fueron a verla y como a los dos días - porque había que esperar los rushes, porque se estaba filmando para cine en 35 milímetros- vino el productor y me dijo que era yo.

Amaury Pérez. ¿Pero quién le dijo a Juan Carlos Tabío que había una muchacha que se llamaba Isabel Santos y que debía hacerse un casting con ella?

Isabel Santos. Él me había visto en la televisión.

Amaury Pérez. Vamos a pensar en el primer día rodaje, no sé cuál fue tu primera escena, porque la gente sabe que el cine no se hace cronológicamente. Suponte en un día que tuviste una escena con Rosita Fornés, con Mario Balmaseda, con Ramoncito Veloz, ¿Qué pasa? ¿Cómo se siente uno cuando de repente ve a Rosa Fornés delante, trabajando con uno, en su película debut?

Isabel Santos. Rosita es un mito tremendo, o sea, estar delante de Rosa Fornés, una señora a la cual respeto muchísimo. Creo que Rosa ahí estaba en su mejor momento, en un momento de madurez también como actriz. Yo la miraba y decía: ¡Ay, Dios mío, estoy trabajando con Rosita Fornés! Puedo ser muy miedosa para otras cosas en la vida, pero a la hora de trabajar no. Soy muy respetuosa, pero cuando me tiro al ruedo ya sé que el toro está ahí y que me puede matar, pero, ¡a torear!

Amaury Pérez. No sentiste impresión alguna…

Isabel Santos. Sí, siempre hay y además, soy una mujer que tengo 48 años, en ese momento tenía veinte…

Amaury Pérez. Si yo debuto delante de Rosa Fornés, me puedo desmayar. Ya no tengo tiempo claro.

Isabel Santos. Además, Rosa es muy pizpireta, pero no era que estaba en plan estrella, aparte, ni que comiera una lechuga especial. Rosita comía la misma comida en la misma cajita de cartón que de momento se abría por los lados.

Amaury Pérez. Pero ahí tuviste que engordar un poco porque recuerdo que hay una escena donde abres una puerta y estás con un short. Mario Balmaseda se equivoca y pregunta, buscando la dirección que le dieron para la permuta y te encuentra a ti. ¿Tuviste que engordar un poco o estabas así de… rebosante?

Isabel Santos. No, yo tenía mis piernitas, pero no estaba tan rebosante. Además creo que ahí había un ángulo ancho, había algo allí, que eso también daba un cierto volumen.

Amaury Pérez. Muy ancho, el ángulo era muy ancho… (risas)

Isabel Santos. También creo que me daban más cosas de carbohidratos para esa escena, como que esperaron que engordara un poquito para hacerla.

Amaury Pérez. Después vino “Lejanía”. ¿Qué significó para ti como personaje? Era un personaje bien diferente al de “Se permuta” porque tú eras una emigrada que regresabas, ¿no?

Isabel Santos. Una muchacha que venía de Nueva York. Es una película super interesante porque en ese momento no había viajado, entonces hay cosas que uno tiene que tener como vivencia, pero a esa película la quiero muchísimo. Trabajé con amigos y pude trabajar con Beatriz (Valdés) y con Verónica (Lynn). Beatriz y yo no hemos vuelto a coincidir en el cine. Éramos muy jóvenes.

Me enseñaron mucho en “Se permuta”. Cómo trabajar para la cámara que es el otro actor. Eso uno lo va aprendiendo. Creo que “Se permuta” y “Lejanía” son las películas que me enseñan cómo hacer cine, que me prenden el bombillo de que en el cine es donde mejor me siento.

Amaury Pérez. Recuerdo muy claramente cuando fui a ver “Clandestinos” con mi compañera, recuerdo cuánto lloramos y la escena final.

¿Cómo se prepara una actriz para una escena así? No sé si hicieron más de una toma. Parece que no. ¿Cómo se prepara uno para esa escena final y cito: ¡está viva! cuando Luis Alberto lo dice desde la azotea.

Isabel Santos. Eso pasó en una semana. Se iba haciendo por pedacitos y el último día es lo mismo que sucede en la película. Es la muerte del personaje de Luis Alberto y hay que tener mucho valor para eso.

Amaury Pérez. ¿Por qué me cuenta la gente del ICAIC, que son mis compañeros de cuando era joven, que Fernando Pérez, director de “Clandestinos”, quería que tú dijeras unas palabras al final, cuando solamente uno se queda con la imagen tuya desgarrada?

Isabel Santos. Sí, había un texto que tenía que decir, pero por algo no me salía.

Amaury Pérez. No lo sentías orgánico.

Isabel Santos. No lo sentía. No era creíble para mí, y además, estaba muy cansada también. Era el amanecer, habíamos estado toda la noche filmando y como que ya, ya no podía más.

Amaury Pérez. Pero Fernando es un hombre muy riguroso. ¿Cómo te permitió que no hicieras lo que él te estaba diciendo?

Isabel Santos. Creo que yo también fui muy obstinada en ese sentido, porque él me dijo que se iba a repetir y armar todo de nuevo, los camiones, el agua, los bomberos. Y yo fui, me corté el pelo y me aparecí. Cuando me vio me dijo: ¡no, esto con peluca se va a hacer, pero lo tienes que hacer! Y dije: ¡bueno, ahora sí apreté! Se usaba el punk y entonces me hice un punk con un “pitipitipá” que se usaba ¿te acuerdas?, todas nos lo hacíamos y nos veíamos muy lindas…

Amaury Pérez. Sí, sí.

Isabel Santos. Finalmente la dejaron así. También había un gran editor y además, Fernando es un hombre de mucho talento.

Amaury Pérez. ¿Quién editó Clandestinos?

Isabel Santos. Tutti.

Amaury Pérez. De los jóvenes uno de los grandes editores. Ahora te digo tres directores y tú me los resumes en una oración, en una frase: Juan Carlos Tabío.

«Con 2 que se quieran» (Isabel Santos. Parte II)

«Con 2 que se quieran» (Isabel Santos. Parte II)

Isabel Santos. Yo siempre a Juan Carlos lo veo como un niño. Juan Carlos es un hombre mayor-niño.

Amaury Pérez. Nunca he pensado que es mayor.

Isabel Santos. Ya todos tenemos años. Si yo tengo años ¿cómo no va a tenerlos Juan Carlos? Pero siempre he visto a Juan Carlos como un niño que se ríe de todo. Él me ve y se ríe y fue una relación muy linda, fue mi primer director de cine.

Amaury Pérez. Fernando Pérez.

Isabel Santos. Creo que es con quien más he llorado. Tiene la película que más premios me ha dado también, aunque mi primer premio internacional fue con “Se permuta”, con Juan Carlos.

Amaury Pérez. Pero con Fernando trabajaste dos veces, trabajaste en “Clandestinos” y en “La vida es silbar”.

Isabel Santos. Fernando es como un cura, susurra (baja la voz).

Amaury Pérez. Es que Fernando es una persona decente y eso está escaseando. Humberto Solás.

Isabel Santos. Mi amigo, mi gran amigo que no está.

Amaury Pérez. Siempre pensaste que podías contar con él para más películas, ¿no dio tiempo?

Isabel Santos. Sí, teníamos una relación muy linda. Nos llamábamos todos los días, salíamos, nos hacíamos mucho café, muchas confesiones. Iba a su casa, me leía los guiones y había como que muchos sueños para hacer cosas.

Amaury Pérez. Ya esas cosas no las vas a hacer, pero siempre vas a poder contar con él.

Ahora quiero que me hables de tus amores adolescentes. Tienes que haber tenido amores adolescentes, aunque tú eres una mujer tímida. La gente piensa que las actrices son como veleidosas, yo sé que tú no lo eres, pero tienes que haber tenido un noviecito en la escuela…

Isabel Santos. Sí, tenía un noviecito, que además, somos amigos ahora, pero su papá era como un tipo, muy enamorado y mi mamá decía: “hijo de gato caza ratón”. Entonces dijo, no, no. Además éramos noviecitos de esos que tú no sabes si eres novia o tú lo sabes, pero él no lo sabe. ¡Vaya, cosas así!

Amaury Pérez. Pero el primer beso no fue así.

Isabel Santos. ¡Sí, cómo no!

Amaury Pérez. El primer beso de amor.

Isabel Santos. Bueno, ya en un momento, nos escondimos ahí y nos dimos un besito. Un besito de piquito. En aquel momento, quizás lo que sentía, ese hormigueo, esa cosa que tú sientes, ese beso quizás tan tierno, tan…sí, yo lo veo como mi primer beso.

Amaury Pérez. Ahora, mientras hablabas de besos, estuve pensando en la cantidad de besos que te das en las películas con algunos que son tus amigos, o por lo menos han sido compañeros tuyos durante mucho tiempo. Pienso en la cantidad de besos que te has dado con Luis Alberto García, por ejemplo y quería caer en “La vida es silbar”, porque considero que uno de los desnudos más brutales que se ha hecho en el cine, es el que tú haces con Luisito en “La vida es silbar”. Desde el plano donde estás acostada en la cama y él llega a la punta de tus senos, y después él está de espalda, tú te levantas de la cama, un desnudo frontal. ¿Cómo se hacen esas cosas? ¿Cuánta gente está en la escena?

Isabel Santos. No se queda mucha gente. Creo que tienes que competir, es como que te ves, estás sentado en una silla y te estás viendo. Así es como lo veo yo. No soy yo quien se desnuda. Siempre he tenido que poner esa barrera. No es Isabel quien se desnuda, es este personaje y entonces empiezas a competir contigo misma.

Es como saltar, como Sotomayor: más alto y más alto y más alto, y te tienes que despojar, y es como arrancarte el alma. Es como dar patadas en el piso y lanzarte y decir… ¡Qué sé yo cuántas cosas hago para poder hacer un desnudo!

Amaury Pérez. Pero las mujeres tienen familia. Tú tendrías una pareja en ese momento, ya estaba tu hijo nacido, ya sé, era chiquito, pero, un día tu hijo crecerá y va a ver a su mamá desnuda. ¿Esas cosas no te preocupaban en ese momento de ninguna forma?

Isabel Santos. No, con mi hijo nunca me preocupó porque con la primera persona que vi “La vida es silbar”, en el laboratorio, fue con él. En el cine, cuando tengo una premier y hago algún desnudo, o cuando voy a ver la primera copia, que me invitan– que nunca me gusta ver mis películas más de una vez, las veo, las guardo y no las veo más — me voy rodando así, como que un poco más y parezco una serpiente, y él me vio que me iba arrastrando y me dijo: ¡mamá, mamá, no te preocupes que te ves muy linda!

Estaba educado para eso también. Quizás con las parejas, con la familia también. A mi mamá al principio eso le chocaba muchísimo, pero mi familia es muy respetuosa con mi trabajo.

Amaury Pérez. Pero tú mamá no es de esos casos que sale la hija actriz desnuda y…(Amaury se cubre la cara)

Isabel Santos. Es que mi mamá no ve mis películas, ni ve lo que yo hago.

Amaury Pérez. ¿Cómo es que no ve tus películas? ¿Y si la ponen por televisión? ¿Tampoco?

Isabel Santos. Tampoco. Mi papá y mi hermano sí, pero mi madre no. A veces está una telenovela y mi papá le dice: ¡Mira, salió Isabel! Ella abre la puerta y dice: ¡Ay, mira, qué bonita, o qué gorda, o qué esto, o qué lo otro! Cierra la puerta y se vuelve a acostar a dormir. No es una persona que siga mi trabajo. Para ella es normal que yo actúe.

Amaury Pérez. ¿Qué pasó cuando quisiste entrar al ISA (Instituto Superior de Arte)?

Isabel Santos. Me desaprobaron por la ortografía.

Amaury Pérez. Pero, a ver, ¿cuántas faltas de ortografía hay que tener para que lo desaprueben a uno si va a hacer un examen de actuación? Es como si, desaprobaran a Zaida del Río porque tiene mala ortografía, no es el caso, pero…

Isabel Santos. En el examen me agarraron unas cuantas faltas y ya, me suspendieron y tenía cinco en todo lo demás. Pero si yo llego a pasar el ISA, quizás no hubiera podido hacer todo lo que hice en el cine. Tenía que estudiar otras asignaturas que se daban en la Escuela Nacional de Arte, que cuando aquello era una escuela magnífica con grandes profesores, así que me alegro.

Amaury Pérez. ¿Pero todavía tienes tiempo para entrar al ISA?

Isabel Santos. No, ya no.

Amaury Pérez. ¿Y de corregir las faltas de ortografía?

Isabel Santos. Soy muy cuidadosa ahora, trato siempre de revisar.

Amaury Pérez. Isabel, uno tiene compañeros de trabajo y en el tiempo que estás filmando una película, están juntos desde que preparan el trabajo de mesa hasta que filman. Quiero pensar en Beatriz Valdés, en Luisito, en Broselianda Hernández. ¿Cuándo esos compañeros de trabajo se convierten en amigos? O ¿se pueden convertir en amigos esos compañeros de trabajo?

Isabel Santos. Sí. Uno siempre tiene amigos del medio. Mis amigos son las actrices y los actores que no compiten. Competir de la manera fea, porque todo ser humano es competidor.

Amaury Pérez. No rivalizan.

Isabel Santos. Nos llamamos mucho y nos escribimos, nos damos cariño. De la amistad tú no puedes decir: ¡Hoy empezó la amistad!

Amaury Pérez. Te lo preguntaba porque en una entrevista que le hicimos para este mismo programa a Carlos Jr, el gran bailarín del Royal Ballet, él me decía que Maya Plisétskaya, la gran bailarina rusa le dijo: “si quieres buscar amigos, búscatelo fuera del ballet”. ¿Eso no ocurre en el mundo de la actuación?

Isabel Santos. Tengo más amigos que no son actores. Son quizás músicos, pintores, o gente que tiene otras especialidades.

Amaury Pérez. ¿Pero no suscribes el punto de vista de Maya Plisétskaya?

Isabel Santos. No.

Amaury Pérez. Ahora que estamos hablando de compañeros que se pueden volver amigos, tu actual compañero está aquí con nosotros, es el realizador de este programa. ¿Cómo manejan la relación matrimonial y la relación profesional? Él es un gran director de fotografía. ¿Cómo manejan eso profesionalmente y cómo manejan la casa? Porque sé que eres una gran cocinera, que te gusta raspar la casa, ser la que pinta la casa…

Isabel Santos. Respetándonos muchísimo, desde el principio. Tu trabajo es tu trabajo y el mío es mío. Él es capaz de que a mí me den un guión y si yo no he abierto el guión, él no lo lee.

Me dice: ¿de qué trata la película? y aunque el guión esté ahí, si no le digo que lo lea, no lo hace.

Amaury Pérez. Él no es de los que se pondría bravo si le das un beso a…

Isabel Santos. No, no.

Amaury Pérez. ¿Absolutamente no o tú crees que no?

Isabel Santos. Mira, pienso que no porque no hay crisis en nuestra relación por eso. Me siento muy cómoda con mi pareja.

Amaury Pérez. ¿Lo quieres mucho?

Isabel Santos. Es pasar de los 40 y encontrate con alguien y decir: ¿dónde estabas tú? Si yo pudiera el tiempo…

Amaury Pérez. ¿Si pudieras echar el tiempo atrás te hubiera gustado conocerlo de primero y llegar con él ahora?

Isabel Santos. Sí.

Amaury Pérez. Estuviste mucho tiempo en México, nos vimos allá varias veces y hay muchas anécdotas que no son filmables, pero en las largas noches en que a veces compartimos, hasta la madrugada en el apartamento donde tú vivías allí, siempre quise preguntarte. ¿Por qué, siendo México un lugar que ofrece tantas oportunidades a los actores cubanos –hay muchos que trabajan allí –, ¿por qué no insististe en hacer algo esos años? ¿Tenías nostalgia de Cuba?

Isabel Santos. Por eso vivo aquí en Cuba, por eso no me he ido. Necesito cosas que quizás para la gente son insignificantes.

Además no me interesa el tipo de telenovelas que se hacen. Económicamente, quizás sí, pero de la manera en que ellos lo hacen, no. Yo no puedo trabajar con un “garbanzo” en el oído.

Amaury Pérez. ¿Qué cosa es un garbanzo?… ¡ah!, ¿una apuntador donde te van diciendo el texto al oído?

Isabel Santos. Te van diciendo el texto. Hay maneras — y son respetables–, hay actores que lo hacen y lo hacen muy bien. No lo busqué. En un principio se habló para hacer cine pero después no y fue pasando el tiempo.

Amaury Pérez. Pero pasaron varios años. ¿Cuántos fueron?

Isabel Santos. Casi cuatro años.

Amaury Pérez. De todas maneras tú salías de aquí siendo una mujer exitosa, una actriz exitosa. ¿No te daba miedo, entre tus tantos miedos, empezar como una desconocida?

Isabel Santos. Yo sabía que me estaba perdiendo cosas. Cuando llegué me lo sentí. Es como que, “bueno, no está, no la llamo”. Me he pasado mucho tiempo sin hacer cosas interesantes, los dos primeros años después de llegar.

Amaury Pérez. ¿Crees que el éxito puede llegar a paralizar a una persona? Decir, tengo todo el éxito del mundo y ahora, ¿cómo sigo a buscar el próximo éxito?

Isabel Santos. Te tienes que olvidar de ese éxito. Sí te paraliza, te puede paralizar, pero tienes que ser consciente de que si te quedas prendido de eso, te quedas ahí. Es volver a saltar y empezar de cero, como cuando tú haces una canción, que es un exitazo, pero un día te sientas y te olvidaste de esa canción.

Amaury Pérez. Hay canciones que a tí te gustan mucho. Hay canciones con las que tú te preparas y te relajas antes de los rodajes. ¿Dime unas cuántas, las que te acuerdes?

Isabel Santos. Creo que la música y las canciones tienen que ver con los personajes, tienen que ver con el momento. Hay cosas que tú no puedes oír porque lloras, “Vuela pena”, que es tuya, es una de mis canciones preferidas y sí, Habáname, de Carlitos (Varela), cosas de Liuba (María Hevia), algo que canta Omara (Portuondo). Tengo mis días para oír a Elena Burke. Depende de como amanezca y los personajes también. Siento que hay una música interior, o sea, para mí “Barrio Cuba” era “El Cigala”, aquí nadie lo conocía y un día alguien me regala el disco, –que era quemado además–, lo empecé a poner y dije: ¡esto es!

Y también cosas de Descemer (Bueno), en aquel momento el disco de los boleros.

Amaury Pérez. Es que tiene boleros preciosos.

Isabel Santos. Boleros preciosos. Era la música de mi personaje.

Amaury Pérez. ¿Y qué ocurre a tu edad? Ya no puedes hacer la hija, la damita joven en una película o en una telenovela televisiva, — que no has hecho muchas–, pero las has hecho. Pero tampoco puedes hacer la abuela, a no ser que te caractericen y te maquillen, ¿qué les ocurre a las actrices cuando llegan a esa edad, a esos cuarenta y tantos, cerca de los 50 años? ¿Hay muchos papeles?

Isabel Santos. No se escribe casi para la edad de una actriz como la mía, o sea, es más el tiempo que estás sentada en tu casa. Entonces, por eso me pongo a pintar, a raspar paredes y hacer otras cosas. No, no hay casi personajes.

Amaury Pérez. Sé que has tenido grandes protagónicos, en un momento determinado prácticamente todas las grandes películas del cine cubano las hacías tú. Y ahora, por ejemplo, en “La casa vieja”, de Lester Hamlet, inspirada en la obra de Abelardo Estorino, haces un pequeño papel.

No quiero que tú me digas que una gran actriz hace pequeños y grandes papeles. Te pregunto, ¿qué significa para una actriz importante, que no te llamen para papeles protagónicos y lo hagan para papeles pequeños? Como ser humano digo.

Isabel Santos. Sí, sí me llaman a veces para papeles pequeños y si sé que le puedo sacar y convertir ese papel pequeño, en que cuando la gente entre al cine, salga hablando de mi escena, de mi personaje, entonces lo acepto, si no, no.

Y sí, es duro no protagonizar una película, pero con el tiempo, me doy cuenta que los años me están cayendo por eso, porque hay como cierta paz.

Sabes que no vas a hacer la damita. Pero hay algo en los ojos: ¡has vivido¡ Ni ocultar la edad, no creo en eso de: ¡Ay, no digas que tienes 48 años! Lo digo y lo repito y no me acompleja.

Uno tiene que saber vivir esas etapas y si tuvo 15, decir: ¡Mira, los tuve tan bien puestos! Ir quemando etapas. Sé que va a llegar a esta edad un personaje, pero tienes que esperar, si no, te retiras. Siempre te duele. Perder la juventud duele, perder cosas duele, los años… Uno tiene espejo, uno se mira, eso te da, no duele, te da como un no sé qué.

Amaury Pérez. Debían prohibir los espejos a partir de los 45, ¿parece ser una buena idea? Decretarlo.

Isabel Santos. Sí. Pero más que los años es cómo te han pasado cosas. Entonces puedes asumir un personaje así. Entras a esa película de otra manera, eres más comprensiva. Miras al director diferente y a ese personaje le das un vuelo que quizás con veinte no le dabas, porque tenías el protagónico.

Amaury Pérez. Viendo, “Se permuta”, para prepararme para esto, tampoco lo saco del aire, tenías la voz un poquito más cristalina, pero ahora tienes una voz, ronca, una voz profunda. ¿Por qué? ¿Fumas?

Isabel Santos. Fumo muchísimo y quiero dejarlo. Así que al que conozca una pastilla, una inyección, algo, por favor, que me llame.

Amaury Pérez. ¿Por qué no has hecho teatro?

Isabel Santos. Respeto muchísimo a las personas que hacen teatro, pero me aburro, al tercer ensayo, me aburro muchísimo.

Amaury Pérez. Pero las actrices de teatro dicen que pueden intercambiar cosas, incluso con el mismo texto, sentir cosas diferentes cada noche, que es la única manera de poder hacer, como hacen en Broadway por ejemplo, que pueden hacer cien, doscientas, quinientas, mil presentaciones de lo mismo. ¿Te sientes incapaz de repetir lo mismo cada noche?

Isabel Santos. Sí, cada noche.

Amaury Pérez. Has hecho documentales, el del Che es fantástico, es mi opinión. Has pensado en que el día que no te ofrezcan más papeles. –ojala que no ocurra, pero si ocurriera que no te ofrecieran más papeles, ¿la dirección de cine sería una posibilidad para ti? ¿Te gustaría?

Isabel Santos. No, es una pretensión muy… Respeto mucho a los directores de cine. Sí me gustaría trabajar con los actores, me encanta el trabajo con los actores, pero no sé. Uno nunca puede decir no, porque mientras más viejo te pones, pues más atrevido quizás eres, pero no lo veo como un camino, hasta ahora no.

Amaury Pérez. Voy a irme a la última pregunta. Posiblemente la única pregunta compleja. ¿Tú le has tenido miedo a vivir fuera de Cuba?

Isabel Santos. No. Me quedan pocos amigos, casi todos mis amigos pues no viven en Cuba. Creo que no es por un problema de miedo. Afuera siempre me siento como que agregada, como que vivo con la suegra. Me siento tranquila aquí, no vivo agregada, pero por miedo no.

Amaury Pérez. Puedo suponer entonces que tampoco le tienes miedo a vivir dentro de Cuba.

Isabel Santos. Soy dura a la hora de decir las cosas, lo mal hecho me indigna muchísimo. Quisiera que existieran más espacios, que no se fueran tantos amigos del medio por problemas económicos, y tenerlos, y contar con ellos, pero no me da miedo. El miedo sería encerrarme y yo me niego y a irme también me niego. Vivimos en un país difícil.

Amaury Pérez. Y es el nuestro.

Isabel Santos. A veces te halan otros, otras cosas, fuera, quizás el trabajo, la familia, los amigos. Pero es mi decisión y los amigos me la respetan.

Amaury Pérez. Bueno, gracias por haberlo decidido, si no, no hubiéramos tenido esta entrevista. Un beso para ti, te quiero mucho.

Isabel Santos. Gracias.

«Con 2 que se quieran» (Rosita Fornés. Primera Parte)

«Con 2 que se quieran» (Rosita Fornés. Primera Parte)

Un espacio de lujo ofrece la Televisión Cubana desde que salió al aire «Con 2 que se quieran», conducido por Amaury Pérez Vidal. Aquí les dejo la primera de sus entregas dedicada a nuestra vedette Rosita Fornés.

 

Amaury Pérez. Muy buenas noches. Estamos en “Con 2 que se quieran”, aquí, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama Lima. En los legendarios estudios de Sonido del ICAIC. Hoy está con nosotros una persona que ha sido como una madre para mí, una de las más grandes actrices; presentadora, locutora, cantante, lo que se llama en realidad, una vedette. La más grande que hemos tenido por no decir la única, mi querida, adorada Rosita Fornés.

Rosita Fornés. ¡Ay, qué lindo eres! Por poco me haces llorar.

Amaury Pérez. Yo te quiero tanto. Yo debía tratar a Rosa, por respeto, de usted, pero es que conozco a Rosa desde que nací.

Rosita Fornés. Así mismo.

Amaury Pérez. Entonces me voy a permitir tratarte de tú, Rosita.

Rosita Fornés. Claro que sí.

Amaury Pérez. Va a sonar muy raro, yo sé que va a sonar raro.

Rosita Fornés. De usted nada, de tú.

Amaury Pérez. Hay pocos que saben, Rosa, que tú naciste en Nueva York. Tú eres norteamericana de nacimiento.

Rosita Fornés. Pues sí, soy norteamericana. Fue por una etapa corta que mis padres estuvieron de visita, mamá se fue ya embarazada y nací allá. Estuve allí hasta que tenía tres años más o menos.

Amaury Pérez. Hace un rato me hablaste incluso del hospital.

Rosita Fornés. Bueno, sí, porque además mamá me lo decía, no es porque yo me acordara, imagínate tú, cómo voy a saber. Presumo de tener bastante buena memoria, pero a ese extremo no.

Al cabo de los años, cuando fui a Nueva York a trabajar ya de artista, quise ver donde estaba el hospital donde había nacido que me decía mamá, y era un hospital que se llamaba el Woman´s Hospital. Porque mis padres no vivían en Manhattan Island, sino en, este ¿cómo se llama?

Amaury Pérez. En New Jersey.

Rosita Fornés. En New Jersey y entonces, bueno, pues yo nací allí, en ese tiempo estuvo mi padre tratando de ver si encontraba algún trabajo bueno, que parece que no lo encontró porque regresamos teniendo yo dos o tres años.

Amaury Pérez. ¿Tus padres eran españoles?

Rosita Fornés. Mi padre era catalán y mi madre madrileña. Mi madre se divorcia de él, y luego él fallece allá, según tengo entendido. Mi madre se vuelve a casar con Fornés cuando yo tenía ya 4 ó 5 años. Y me crié al lado de él, y por eso tengo el apellido de Fornés, pero el mío es catalán: Palet.

Amaury Pérez. Bonavía.

Rosita Fornés. Bonavía es el de mi madre, sí.

Amaury Pérez. ¿Se van de Nueva York para España?

Rosita Fornés. No, vienen primero para acá, para Cuba, porque ya mi abuela vivía aquí con mis tíos y mi otra tía.

Amaury Pérez. Pero. ¿Te inscriben entonces aquí como cubana también?

Rosita Fornés. Al cabo de los años me hice ciudadana cubana porque vivía aquí. Tengo pasaporte cubano y también americano.

Amaury Pérez. ¿Cuándo se van a España? Porque estuvieron un tiempo en España.

Rosita Fornés. Yo voy a España teniendo 10 años y regreso con 13.

Amaury Pérez. ¿Y cómo era aquella niña? Aquella niña tan jovencita, Rosita, adolescente. ¿Cómo eran sus juegos? ¿Cómo era su vida?

Rosita Fornés. Yo no tenía amiguitas ni eso, yo jugaba sola en la casa. Cuando era chiquita me hacían regalos, mi tío, el esposo de una tía mía, de una hermana de mi madre. Me traían regalos bonitos como casitas de juegos, de esas de juguete, con unos muñequitos. Pasaba mucho tiempo en la casa.

Fui a distintos colegios, más pequeña fui a escuelas privadas que existían en esa época. En España también seguí estudiando en una escuelita que había cerca de mi casa, porque veían la facilidad de estar cerca. En mi casa mi padre y mi madre no tenían carro para moverse. Fue una familia que tuvo que luchar mucho para salir adelante.

Amaury Pérez. ¿Y para pagar los estudios?

Rosita Fornés. ¡Imagínate tú!, tuvieron que pagarme los estudios hasta que empecé a trabajar. En mi casa lo que querían era que yo fuera una buena secretaria, que estudiara mecanografía o taquigrafía. Y que también supiera hablar un poco de inglés.

Como me trajeron de Estados Unidos muy chiquita, el inglés para mí no existía. Lo que hablaba era en español. Y el español lo hablaba con distintos dejes, porque mi  abuela hablaba con la “c” y  la “z”; y entonces mi madre hablaba de otra forma, era una mezcla.

Oía hablar “en cubano” a los compañeros del colegio aquí y entonces adquirí un deje que llamaba la atención. Y sigue llamando la atención a estas alturas, me hace mucha gracia, me dicen: “Rosita ¿y usted es cubana?” Yo hablo como hablo.

Amaury Pérez. Yo hablo como hablo… Rosita y tú tienes que haber nacido como una niña bella, tienes que haber sido una adolescente bella, de infarto, como se dice ahora.

Rosita Fornés. Bueno…

Amaury Pérez. ¿Cuándo es que tú te diste cuenta que eras muy bonita y los muchachos de la escuela empezaron a fijarse en ti?

Rosita Fornés. Te voy a decir la verdad, yo nunca creí que era bonita.

Amaury Pérez. ¿Cómo?

Rosita Fornés. Es que en mi casa no me infundieron eso. Y yo veía revistas de gentes, de muchachas lindas y, yo decía: ¡mira que muchacha tan linda!, pero yo me miraba al espejo y no me gustaba. Yo decía: ¡Ay, mira, yo no tengo la nariz bonita! Porque además, ya tú sabes que yo quise aprender natación, y por aprender clavado me partí la nariz y me la puse de medio lado y me la tuve que arreglar, me la tuvieron que arreglar.

Me veía y decía: tengo los ojos claritos, los ojos claritos llaman la atención, pero me gustaría tenerlos más grandes. La boca la tengo demasiado grande, quisiera tenerla más chiquita, porque antes se usaba la boca más chiquita. Vaya, yo me veía catorce mil defectos y entonces no me sentía bonita. Pero sí era presumida.

Amaury Pérez. ¿Y los muchachos? ¿Cuándo te empezaron a enamorar, a qué edad?

Rosita Fornés. Bueno, yo veía que les llamaba la atención a los muchachos y decía: ¿y esto qué cosa es? Me halagaba el que dijeran: “¡Ah, que esto que lo otro, qué bonita!”

Amaury Pérez. ¡Y además el cuerpo de Rosita!

Rosita Fornés. Y entonces sí, el cuerpecito sí lo empecé a tener bien formadito desde bastante jovencita. Porque yo di un estirón a los trece años y ya me puse de la estatura que después he tenido a través de mi vida. Pues veía que tenía un cuerpecito y entonces me gustaba que se me viera la cinturita, porque yo he tenido la cinturita muy chiquita.

Amaury Pérez. Siempre.

Rosita Fornés. La tuve, ya no.

Amaury Pérez. Ya te lo comiste todo.

Rosita Fornés. Y bueno, pues sí, presumía un poco de mi cuerpecito. Y además yo tenía un andar, que me lo dio la naturaleza, no que yo lo estudié, y entonces me decían que qué bonito yo caminaba. Y yo decía: ¿Ay, sí?, y salía caminando para que me piropearan los muchachos, porque me gustaba que me dijeran: “adiós, qué sé yo qué…” Porque en la época en que yo era jovencita, se usaba un poco el piropear. Hoy en día ya no, los hombres ven pasar una mujer linda y lo único que a lo mejor le dicen es una descortesía. Pero antes sí, decían: “¡Oye, que esto, que lo otro!” Había piropos finos, bonitos. Y bueno, pues esa fue mi adolescencia.

Amaury Pérez. ¿Y cuándo te enamoraste por primera vez? El primer novio, si te acuerdas…

Rosita Fornés. No sé, porque se enamoraron de mí antes, no yo. Me salió un enamorado en Madrid, todavía tenía yo 13 años, eran 13 años, sí. Y no era feo el muchacho, me agradó que me dijera piropos, pero cuando quiso ser mi novio dije que no.

Entonces regresamos a Cuba y conocí a un muchacho muy bonito, muy guapo, pero es cuando ya yo empiezo a cantar, porque empecé a los 15 años, me presenté en la Corte Suprema del Arte y ya me premiaron esa noche. Nos hacían un contrato a las estrellas nacientes, que las llamaban y llenaban los programas que tenía la CMQ en aquel entonces. Cinco pesos a la semana, ese era el sueldecito que teníamos. Pero me dice: mira, yo quisiera que tú fueras mi novia, pero tienes que dejar de cantar.

Amaury Pérez. ¡Mira tú!

Rosita Fornés. Y entonces le dije: bueno, entre tú y ser artista, elijo ser artista.

Amaury Pérez. ¡Qué cosa, no!

Rosita Fornés. Y ya después sí he tenido muchos enamorados, pero venían con otras miras. Y yo fui una muchacha de la época, en aquella época, las muchachas solteras, jovencitas, cuidaban mucho la virginidad. Y yo fui una muchacha que me mantuve así hasta los veinte y pico de años.

Amaury Pérez. ¡Qué bárbaro! Tú eres una virgen de todas maneras todavía. Rosa ¿tú tienes hermanos?

Rosita Fornés. ¡Sí, cómo no! Tengo dos hermanos divinos, los quiero y los adoro mucho.

Amaury Pérez. ¿De padre y madre?

Rosita Fornés. Son medios hermanos, de Fornés.

Amaury Pérez. Son los hijos del padrastro.

Rosita Fornés. Yo le llevo 12 años al mayor y al chiquito le llevo 15. Es mi adoración. El mayor de los dos nació en Madrid, cuando estábamos allá. Me acuerdo que yo ayudaba a mamá para atender al niño. Yo hasta lo bañaba de chiquito. Cuando llegaba del colegio ayudaba a mamá con el niño, con mi hermanito y figúrate, creció al lado mío y para mí, es, lo adoro. Es doctor en arquitectura, es un muchacho bien preparado, un hombre muy bien preparado. Yo le digo muchacho aunque ya no somos muchachos, ni yo ni él.

Y el que vive en España, pues estudió en España, y ahí ha hecho su vida. Él ha venido aquí también alguna vez de visita. Y en fin, que tengo dos hermanos.

Amaury Pérez. Rosa, háblame de tu mamá. Porque ella siempre estuvo presente.

Rosita Fornés. Tú la conociste.

Amaury Pérez. ¡Claro que la conocí! Cómo no voy a conocer a tu mamá, claro.

Rosita Fornés. Ella venía mucho conmigo a los trabajos que yo hacía.

Amaury Pérez. A los programas.

Rosita Fornés.  A todo.

Amaury Pérez. Háblame de ella, porque yo creo que ella fue tu fuente de inspiración más cercana.

Rosita Fornés. Pues sí, mi madre fue una mujer extraordinaria. A ella le gustaba todo lo que yo hacía. Le gustaba acompañarme, casi siempre yo iba acompañada por mamá o por mi tía Rosa. Y mi madre pues para mí significó mucho, mucho en la vida, mucho. La adoré y me duró bastante, gracias a Dios. Me duró, porque, fíjate, ella murió y al día siguiente cumplía 99 años.

Amaury Pérez. Y lúcida. Yo recuerdo.

Rosita Fornés. Y además, bastante lúcida, sí señor, hasta el final.

Amaury Pérez. Rosa, yo te voy a decir unos cuántos nombres, no tienen un orden. Tú me vas diciendo qué significan en tu vida estas personas.

Rosita Fornés. A ver…

Amaury Pérez. José Antonio Alonso.

Rosita Fornés. Fue el que me presentó por primera vez en la radio.

Amaury Pérez. Antonio Palacios.

Rosita Fornés. Ah ese fue mi padre artístico. Antonio Palacios lo recuerdo así, como algo muy grande. Porque él es el que me lleva de la mano al teatro y al mismo tiempo debuto con Miguel de Grandi, fueron mis dos maestros de ese género. Tuve la oportunidad de hacer una temporada donde monté un repertorio enorme de zarzuelas y operetas. Porque en aquella época estábamos haciendo una obra por semana, y al mismo tiempo ensayando la que iba la semana siguiente. Era un trabajo tremendo, pero yo adoraba el género. Vivía y moría pensando en las zarzuelas y las operetas.

Amaury Pérez. Ahora voy a Enriqueta Sierra.

Rosita Fornés. Una gran maestra que tuve. Enriqueta Sierra fue una primerísima actriz cubana y cuando se retira se dedica a enseñar y fue mi maestra en la actuación. Así que la recuerdo con mucho cariño y mucho amor.

Amaury Pérez. ¿Y Roberto Garriga?

Rosita Fornés. Un director con el que hice cosas muy lindas en la Televisión. Además, hacíamos televisión en vivo, nada era grabado. Si querían grabar la obra, lo hacían cuando la actuábamos. A mí me gustaba ser dirigida por buenos directores y en la Televisión tuve la suerte de trabajar mucho con él.

Amaury Pérez. Con Roberto y con Condal en lo musical.

Rosita Fornés. Condal crea un programa, que con ese debuta él como director, que es cuando nos unimos Armando y yo, Armando Bianchi. Crea el programa que se llamaba: “Mi esposo favorito” que tuvo un éxito muy grande. Y figúrate, trabajamos juntos durante muchos años.

Amaury Pérez. ¿Por qué tú crees, Rosa, que en el ambiente, por lo menos yo de niño escuchaba eso allí, en los pasillos, todo el mundo decía que tú eras el amor imposible de Condal?

Rosita Fornés. ¡Ay, no! ¿Por qué? Además, no mi vida, yo tenía mi marido

«Con 2 que se quieran» (Rosita Fornés. Segunda Parte)

«Con 2 que se quieran» (Rosita Fornés. Segunda Parte)

Amaury Pérez. La gente se enamora muchas veces involuntariamente.

Rosita Fornés. No, lo que pasaba era que él me admiraba,

Amaury Pérez. Bueno, admirar de esa manera también es una forma de amar.

Rosita Fornés. Bueno, sí, pero no de amar, el amor debe llevar a vivir un romance. Eso es una cosa. Y el amar a una persona porque trabajas con él y te sientes bien, es otra cosa.

Amaury Pérez. Lo voy a creer también, voy a creer esa explicación. Ahora, quiero que tú me hables como nunca has hablado, de Armando Bianchi.

Rosita Fornés. ¡Ay, mi Armando!

Amaury Pérez. Porque es que yo recuerdo mi niñez y veo a Rosita y Bianchi subiendo la escalera de la antigua CMQ.

Rosita Fornés. Sí señor.

Amaury Pérez. Uno se quedaba como paralizado, porque era como la pareja ideal. Uno veía a una mujer preciosa y al lado de ella un hombre bello.

Rosita Fornés. Porque Armando era muy bonito, de verdad. Fue un hombre muy bello. Él empezó a trabajar conmigo en eso de “Mi Esposo favorito” y nos eligieron a los dos. Fuimos Miss y Mister Televisión, figúrate. Si te digo en el año que fue, mira que ha pasado tiempo, mi madre.

Amaury Pérez. Olvídate del año exacto pero tiene que haber sido en los cincuenta y tantos.

Rosita Fornés. 53.

Amaury Pérez. El año en que yo nací.

Rosita Fornés. Sí, señor, porque además yo quería mucho a tu mamá, que fue una de las figuras más importantes de la televisión.

Amaury Pérez. Ella te quería mucho, siempre te respetó mucho.

Rosita Fornés. ¡Ay, mi vida, cómo no!

Amaury Pérez. ¿Y Armando, cuéntame de él, cómo se enamoran?

Rosita Fornés. Ya estaba divorciada de mi primer esposo, con el que tuve a mi hija en México, porque yo viví un montón de años en México también.

Amaury Pérez. Sí a Chiquitina. Hiciste cine en México. Lo que pasa es que a eso quería dedicarle un capítulo.

Rosita Fornés. Vengo a Cuba y debuto en la televisión y me hacen debutar con él. Desde que lo vi yo dije: ¿De dónde ha salido esta preciosidad? Me quedé así. Además, él era muy simpático y muy dicharachero, a todo lo sacaba un chiste, su carácter era muy agradable. Y bueno, me empezó a llamar la atención y además, pues parece que yo le gusté desde el principio.

Amaury Pérez. ¡Bueno, a quién no!

Rosita Fornés. Y él coqueteaba mucho en esa forma. Me recibía y hacía chistes y de todo, porque sabía que me llamaba la atención. Crean un programa para los dos, como te digo.

Amaury Pérez. Todo se estaban confabulando.

Rosita Fornés. Todo se estaban confabulando y ahí surge un romance y fue mi marido durante 28 años.

Amaury Pérez. Hasta su muerte tonta.

Rosita Fornés. Lo quise muchísimo, fue el gran amor que tuve de verdad. Y además, porque lo quería, lo admiraba. Lo admiraba por ser buen artista.

Amaury Pérez. ¡Gran actor!

Rosita Fornés. Formó parte de mi vida en una etapa muy importante.

Amaury Pérez. Bueno, Rosa. Hay una etapa en tu vida importantísima en México como actriz de cine. Cuando ponen ciclos de cine en México, en muchísimas películas mexicanas apareces tú.

Rosita Fornés. Y mira lo que yo más hice no fue cine precisamente, sino teatro. Mucho, mucho teatro, porque fue una etapa en que allí, en la capital, funcionaban varios teatros con distintas compañías.

Y en el género que yo debuto allí, es como vedette. Es por lo que me dejaron ya el nombre de vedette para siempre, Yo pregunté: ¿qué es lo que hace una vedette? Y dijeron, pues un poco de lo que tú ya has hecho. En aquel entonces las vedettes salían con unos payasitos muy lindos y lo único que enseñaban eran las piernas. Porque ahora salen enseñándolo todo. Era la primera vedette de una compañía que habían formado, con artistas argentinos, mexicanos, porque fue cuando se va Vitola también conmigo.

Amaury Pérez. ¡Ah, claro “Vitola, la que se defiende sola”!

Rosita Fornés. Que se quedó allí. “Vitola, la que se defiende sola”. Pobrecita, que ya no, ya falleció. Y entonces, claro al mismo tiempo ya yo había hecho cine aquí. Había hecho dos películas.

Había hecho también una antes de ir a trabajar a México como vedette. Fui a hacer una película que la hice y regresé, que se llamó “El deseo”. Yo era muy exigente conmigo misma y la vine a ver al cabo de los años de haberla hecho, porque yo me veía en los roches, que les llaman, y no me gustaba, ¡mira que yo era boba, no estoy tan mal! Pero es que yo he sido muy exigente conmigo misma. Y al cine, no le di la importancia que tenía que haberle dado. Porque a veces me ofrecían papeles, pero tenía una obra de teatro y decía: ¡no, estoy muy ocupada, no puedo! De esas decisiones que toma uno en su vida que después uno dice: ¡bueno, podía haber hecho un alto en lo que estaba haciendo y haber hecho más películas! Pero no, no le di importancia. Así que mi carrera cinematográfica para mí, no es nada muy importante.

Amaury Pérez. ¿Y en esas decisiones que tuviste que tomar en esa época en México, por qué no le aceptaste el compromiso a Cantinflas?

Rosita Fornés. ¡Ah, bueno, espérate!

Amaury Pérez. Porque él estuvo detrás de ti…

Rosita Fornés. ¡Ay, Dios mío!

Amaury Pérez. Cantinflorneó. ¿Por qué no le hiciste caso?

Rosita Fornés. ¡Muchacho, acuérdate que mi vida es muy larga!

Amaury Pérez. Yo sé. Todas estas cosas yo las sé, cuéntaselas al público.

Rosita Fornés. No, yo creo que ya yo he hablado de eso.

Amaury Pérez. Entonces cuéntaselo otra vez. Entonces cuéntamelo a mí.

Rosita Fornés. Cantinflas es el que hace que yo vaya a México por primera vez, que fue cuando hice la película. Él es el que hace eso, porque él vino a Cuba y me ponen a mí a trabajar en el espectáculo que le montan a él. Entonces empiezo yo a hacer unos sketchs, unas cosas que hacía y cantaba también unos números dentro del espectáculo. Y él se fija en mí, y bueno, habla con mi familia, con mi padre y esa cosa, porque yo, figúrate…

Y entonces bueno, habló, convenció a papá y me acompañaron, por supuesto, a México, yo no fui sola. Hago la película, él quería que yo continuara allí, pero eso suponía que me tenía que quedar en México y como papá no se podía quedar ni mi madre tampoco; porque además, había que atender a mis hermanitos que estaban pequeños, y el caso es que volví para Cuba.

Amaury Pérez. ¿Tú ya estabas casada con Medel?

Rosita Fornés. Estando allá empiezo a trabajar con Medel también, y es cuando surge un romance, él me enamora y me caso con Medel.

Amaury Pérez. Te gustó Medel y no Cantinflas. Y Medel era la competencia de Cantinflas.

Rosita Fornés. No, porque además Cantinflas estaba casado.

Amaury Pérez. Ah, bueno, no, la propuesta entonces era aún más indecorosa.

Rosita Fornés. Sí, sí, además Cantinflas estaba casado y no podía ofrecerme ¿me entiendes?

Amaury Pérez. ¿Qué va a ofrecer? Ya estaba ofreciendo.

Rosita Fornés. Claro. Él fue desde luego un gran amigo, una gente que aprecié mucho.

Amaury Pérez. Hasta ahí.

Rosita Fornés. Hasta ahí, nada más y él me demostró también mucho afecto, cariño, admiración, de todo.

Amaury Pérez. Ahora, hay un momento en tu vida del que yo vivo absolutamente orgulloso y fascinado. Porque triunfa la Revolución, Rosita tiene su programa. Era un momento donde la gente empieza a descuidar de alguna manera, en aras de otras cosas, sus vestuarios y todo y, Rosita se mantiene fiel y firme a su manera de cantar, a su repertorio, a su vestuario, a su tipo de programa, a su maquillaje y su pelo impecable. En aquellos momentos creo que se creó cierto nivel de incomprensión con respecto a eso.

Pero Rosita Fornés parecía ajena, todos aquellos comentarios parecían no importarle nada. A Rosa le importaba, yo soy Rosa Fornés, me cambio de ropa en todos los programas, más de una vez y además, me peino, me maquillo y soy la misma y voy a seguir siendo la misma siempre.

Rosita Fornés. Pero no te creas, me costó mucho trabajo. Tuve que luchar un poco porque me llegó a decir una persona, que no quiero decir su nombre, porque desgraciadamente ya no está, pero me llegó a decir: “es que la imagen tuya no es la imagen que quiere la Revolución de una artista. Ya tu imagen pasó, eso es de otro sistema. Tú representas esa imagen y ahora queremos otra.” Dije: Bueno, es que yo visité y después hice giras por todos los países europeos.

Amaury Pérez. Por todas partes fuiste tú.

Rosita Fornés. Socialistas ¿me entiendes?, y eso que yo hacía existía en esos países. Yo representaba un trabajo que a la gente le gustaba. Vi gente, artistas que se podían comparar conmigo de otros países, y yo decía: mira, ¿pero por qué en Cuba no va a poder seguir existiendo este tipo de trabajo que yo hago? Fue una temporada nada más.

¡Ay, qué rico! Esto es agua.

Amaury Pérez. Si fuera vodka no te lo recomendaría.

Rosita Fornés. ¡No, por supuesto! Si tú supieras que a mí no me gusta nada la bebida.

Amaury Pérez. Yo sé, pero sí te gusta la comida. Ahora vamos a hablar de la comida. Tómate el agua y hablemos de comida.

Rosita Fornés. He comido de todo, yo nunca he estado a dieta para mantenerme. Porque tuve una, ¿no sé?… No he sido propensa a engordar. Nunca me puse a dieta, he comido de todo, lo que como cantidades normales, poquita cantidad. Me gustan los potajes, me gusta la sopa, un buen pescado, un pedazo pequeño porque mi estómago no me pide una cantidad grande, pero disfruto todas las comidas.

Amaury Pérez. ¿Y te gustan los dulces, Rosa?

Rosita Fornés. Sí me gustan. Mira, yo no era muy dulcera de joven, a mí me gustaban más las cosas saladas. Me gustaba más el jamón, el salchichón, el chorizo. Las frutas siempre me han gustado mucho pero a medida que me he ido poniendo mayor, para no decir vieja…

Amaury Pérez. Eso no lo digas nunca.

Rosita Fornés. Han empezado a gustarme los dulces. Me encanta un arroz con leche bien hecho, me gusta un flan, me gusta un pastel sabroso. Saboreo los dulces con gusto.

Amaury Pérez. ¡Qué bueno!, Rosa, ¿cuándo te redescubre el cine cubano del 59 para acá?

Rosita Fornés. Eso es cuando yo regreso, que me llaman para hacer una película que yo adoro. Debuto en el teatro haciendo una obra que se llamó “La permuta” y tuvo un éxito muy grande en teatro. Entonces la quieren llevar al cine, y claro, pues quisieron que la hiciera yo. Esa es una de las películas que yo recuerdo que más me ha satisfecho de todo lo que yo hice, y en Cuba, porque, bueno, dentro del cine cubano hice otras cosas…

He trabajado en otras películas, Papeles secundarios, que fue una película muy buena, buenísima película. Pero yo no me gusto.

Amaury Pérez. Te ves en las películas y no te gustas.

Rosita Fornés. En el cine cubano hubo un tiempo donde hicieron bastantes películas, pero me ignoraban a mí para el cine, no me llamaban. Y yo nunca he pedido trabajo en ninguna parte. Estoy acostumbrada a que me busquen, si no me buscan no voy a ofrecerme.

Amaury Pérez. Rosita, cada vez que pienso en “Se permuta” hay una escena que para mí será inolvidable. Es cuando tú vas a la casa de Silvia Plana a exponerle a la señora que tú tienes la permuta, que se vaya ella…

Rosita Fornés. Para Matanzas.

Amaury Pérez. Para Matanzas. Ese es un momento. ¿Qué significó para ti trabajar con Silvia?

Rosita Fornés. ¡Ay, chico, Silvia, era una gente encantadora, por Dios! Pues de verdad recuerdo esa escena, muy bonita. Porque en el teatro no la hice con ella, en el teatro la hacía con otra actriz que estuvo muy bien también. Cuando yo le decía: Matanzas. Me decía: ¡¡¡¿Matanzas?!!!, como diciendo, ¡oye! ¿Yo qué voy a hacer en Matanzas? Pero Silvia Plana fue una experiencia, ya te digo, porque ella fue una actriz que dejó cosas muy bonitas. Hizo cosas muy buenas, de mucha calidad. Al igual que su hija Raquel (Revuelta), que empezó conmigo en la Corte Suprema del Arte.

Amaury Pérez.  ¿Ah, sí?

Rosita Fornés. ¡Sí señor! Éramos muy amigas y tuvimos la misma maestra, Enriqueta Sierra, yo la admiraba y la quería mucho y, fue una compañera y una amiga muy buena, entrañable.

Amaury Pérez. Tú siempre has sido muy buena compañera y muy buena amiga, y la gente, toda la gente del gremio, por lo menos yo, nunca escuché a nadie hablar mal de Rosita.

Rosita Fornés. Mi vida, porque yo he admirado todo lo que ha surgido en nuestro país en el arte. Y yo no me sé la palabra esa: celos, o envidia, para mí no existen. Tu mamá llegó a tener una popularidad aquí, enorme y además era buenísima, porque además fue una actriz que lo sacrificó todo por estar nada más que animando. Ella demostró que era una gran actriz, o sea, era una artista completa. La admiré toda la vida.

Amaury Pérez. Y ella a ti.

Rosita Fornés. Ella conmigo fue muy cariñosa siempre. Siempre he disfrutado el éxito que han tenido mis compañeros. Me ha salido espontáneo y estoy feliz de que me haya salido así. Incluso cuando yo hacía una obra, quería que todo el mundo estuviera formidablemente bien, todo el reparto, no solamente yo. Me esforzaba porque mi personaje saliera bien. Pero qué bueno que también el que tenía un diálogo conmigo y el que tenía una escena importante, estuviera muy bien, a la máxima altura. Porque después si me elogiaban a mí, me elogiaban dentro de un cuadro de artistas que habían estado espléndidamente bien. El elogio tenía más calidad.

Amaury Pérez. A ver, Rosa, en tu mesita de noche, adónde quiera que tú viajas, incluso, hay unas imágenes de unos santos ¿cuáles son?

Rosita Fornés. En mi mesita de noche no, en mi cuarto, tengo una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, tengo también otra de Santa Bárbara, tengo del Sagrado Corazón de Jesús, de la Virgen de Fátima. Tengo del Santo Niño Jesús de Praga. Imágenes muy lindas que me han regalado a través del tiempo y las tengo en mi cuarto.

Amaury Pérez. Sí, pero tú, cuando te vas de viaje no te puedes llevar tu cuarto…

Rosita Fornés. No, no, claro que no. Pero tengo también las estampas de todos ellos y cuando viajo, viajo con las estampas de ellos.

Amaury Pérez. ¿Tú eres muy religiosa, Rosa?

Rosita Fornés. Soy creyente, soy muy creyente, muy religiosa, de verdad. Mira, yo no estoy yendo a misa los domingos a lo mejor, pero sí rezo y pido y pido para todo el que me hace bien, a todo el que quiero, que me quiere. Rezo todos los días y pido, pido por supuesto tener salud, que salud es lo único que me hace falta, porque lo demás lo hace uno. Salud es lo que pido, y pido para todo el mundo, para todos los que me quieren y para todos los que están a mí alrededor.

Amaury Pérez. ¿Y cómo sale Rosita de todas las lesiones, porque tú has tenido lesiones por tu mismo trabajo?, por bailar todo el tiempo, y por poner el pie aquí arriba…

Rosita Fornés. Sí, horrores. Bueno, yo he hecho horrores con mi esqueleto.

Amaury Pérez. Sin embargo, tú sales de todo eso como fortalecida, es una cosa como muy rara, ¿no?

Rosita Fornés. Como yo cultivé tantos géneros y no decía que no a nada que me ofrecían. Me decían: ¡Mira, vamos a hacer una obra que hay un personaje así! Yo decía que sí y después decía para mí: ¿Ay, lo podré hacer?

Llegué hasta bailar el baile acrobático. Pero no hice lo que hacen los bailarines así como los deportistas, que cuando van a hacer una presentación hacen un calentamiento del cuerpo. Yo salía sin calentamiento ninguno, salía a hacer la obra, la cantaba, la hablaba y al momento que tenía que bailar, pues mira, bailaba y levantaba la pierna hasta aquí arriba. ¿Y qué pasó? Pues que me propicié una desviacioncita en mi columna. Y esa desviacioncita, es la que me produjo el problema en la cadera. Al dañárseme la cadera tuve que acabar operándome de una y ahora me tengo que operar de la otra, pero ahí seguimos.

Amaury Pérez. ¡Tienes que seguir! En nombre de la cantidad de personas que te aman. Ahora, hay un detalle en la vida de Rosita que yo quiero tocar, porque es poco conocido, pero yo sí lo sé.

Rosita Fornés. ¿El qué?

Amaury Pérez. Es esa labor piadosa que tú has tenido toda tu vida, por ejemplo, con el leprosorio de San Lázaro.

Rosita Fornés. ¡Ay, sí!

Amaury Pérez. Esa relación. La gente no sabe que desde hace muchos años tú contribuyes con tu arte, con dinero, con tu trabajo y lo has hecho siempre discretamente. No sé si otras veces lo has dicho en televisión, pero creo que la gente no sabe.

Rosita Fornés. Estuve yendo mucho tiempo pero desgraciadamente hace ya hace como dos años que no puedo ir para allá, porque no hay transporte. Les llevaba espectáculos al teatro que tienen ellos. He ayudado en todo lo que he podido.

Y lo hacía varias veces en el año porque nunca hubo nadie que me dijera que no, todos me decían que sí. Y eso fue una cosa que me surgió así, porque me llevaron a mí una vez y vi lo que ellos disfrutaban ante un espectáculo.  Estuve mucho tiempo haciéndolo, bueno, al extremo que ellos me nombraron madrina. En estos días, he estado pensando a ver si hablo, para ver si se puede organizar una ida más allá.

Amaury Pérez. No sé, por lo menos podemos hacer un dúo. Vamos juntos, tú y yo.

Rosita Fornés. ¡Seguro, divino, divino!

Amaury Pérez. Bueno, Rosa, mi pregunta final. Tú eres norteamericana, eres de alguna manera también española, eres de alguna forma mexicana y, por supuesto, eres cubana.

Rosita Fornés. Sí.

Amaury Pérez. Cuando Rosita se acuesta por la noche y se levanta, ¿de qué país es?

Rosita Fornés. Te voy a decir una cosa. Yo he recorrido casi el mundo entero, al menos una gran parte y siempre voy como artista cubana. No voy como artista americana ni hago alarde de nada de eso. Voy como una artista cubana y así me conocen en todos los países que he visitado.

Amaury Pérez. Y es que has vivido en todas partes.

Rosita Fornés. Claro, he vivido además en todas partes. Viví en México y la declaré mi segunda patria porque México me dio mucho, muchas cosas artísticamente. Me nombró la primera vedette de México. Era la primera vez que hacían eso. Después me nombraron la primera de América, eso se lo debo a los mexicanos. Y vaya, estoy agradecida a todos esos lugares y puedo decir que sí, que he pertenecido a unos y a otros, pero soy artista cubana, aunque no haya nacido en Cuba. Porque aquí fue donde me crié y aquí fue donde me formé.

Amaury Pérez. ¿Y tu público cubano que está en todas partes del mundo?

Rosita Fornés. Los cubanos que están en todas partes. Dondequiera que voy y hay cubanos, van a verme. Dondequiera.

Amaury Pérez. No solo Rosita de Cuba, sino Cuba de Rosita… Te quiero mucho, yo te adoro, desde niño.

Rosita Fornés. Y yo también a ti, mi cielo. Te acuerdas cuanto tu madre me decía: “Tú sabes que estoy celosa de ti porque mi hijo te quiere más a ti que a mí. No hace más que hablar de Rosita.”

Amaury Pérez. Me siento muy orgulloso de ti, me siento orgulloso de haber sido de alguna manera parte de tu familia, y le doy gracias a Dios de que hayas accedido a estar conmigo hoy. Es un honor para mí y un privilegio que guardaré siempre.

Rosita Fornés. Muchas gracias, mi vida, yo me siento muy agradecida por tu invitación.

Amaury Pérez. Te quiero mucho, Rosa.

Rosita Fornés. Gracias.