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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Comentario

Mi Comentario: Pesadillas entre Iphones

Mi Comentario: Pesadillas entre Iphones

Por Ricardo R. González

Ilustración: Martirena

Todavía la maestra Dinorah Domínguez no se ha recuperado del impacto. Luego de una agónica cola para adquirir un cartón de huevos estuvo a punto de hacer una tortilla gigante a la salida del mercado después que una mozalbeta le propiciara un choque semifrontal al caminar ensimismada con su Iphone.

La joven casi ni pidió disculpas, mientras a Dinorah no le quedó más remedio que apoyar la preciada carga en el marco de una ventana, y descansar hasta que pasara el susto.

En otro caso una amiga, cuyo nombre no voy a revelar, tuvo que bajarse del ómnibus dos paradas después de la acostumbrada debido a las fascinaciones de un juego. Y qué decir de la señora que escenificó, el jueves pasado, un forzoso pas de quatre al rodar su anatomía por las escaleras de Coppelia en un descuido imperdonable atribuible a su pasión telefónica.

Hace solo unos días llegué a la recepción de una oficina. Me parecía que resucitaba la era de La Comedia Silente, sin Armando Calderón. De las cuatro personas sentadas; tres pasaban el dedo de manera incansable por aquellas pantallitas bajo un total mutismo.

Pero si llega a algún que otro centro de servicios o de atención al público mientras los empleados intercambian determinadas aplicaciones… cuente hasta el infinito porque lo más importante en ese momento no es usted, si no cumplir el deseado objetivo.

Las mejores escenas se aprecian en el Parque Vidal. Gentes sin saldos o carentes de líneas que «protagonizan» una aparente conversación, las poses del exhibicionismo más simple, o el ya veterano con aires de galán que cae en la ridícula imagen de opulencia, y hasta comiendo una barra de maní se aferra al dispositivo.

Señores despierten…Poseer un celular no significa tener una preponderancia social ante un implemento que ya resulta común en estos tiempos. A veces engrosamos las cuerdas del hazmerreír, y de los humanos banales entre tantas vivencias que cada quien pudiera aportar. Creo que nutrirían los guiones de Pánfilo en Vivir del Cuento en un mundo en que a los cubanos nos falta mucha mesura y sentido común al afrontar las aristas cotidianas.

Nadie se opone al beneplácito de las tecnologías ni al disfrute de ellas; sin embargo, ya pudiera hablarse de una nueva adicción propiciada por estos aparaticos de la modernidad.

Como el alcohol, la droga, o el cigarro hacen sus estragos. Personas descuidadas al cruzar las calles, choferes que conducen sin ápice de precaución, peatones que viajan por la extratosfera, entretenimientos superfluos que cuestan caros, y sobre todo, que estamos perdiendo el don de la comunicación racional mediante esa oralidad insustituible.

No hay contradicción, me refiero a quienes aun estando muy próximos prefieren pasarse un mensajito en vez de emprender el provechoso diálogo.

Nadie puede desafiar los aportes tecnológicos ni quedarnos estáticos en aquellos tiempos en que determinadas cartas demoraban hasta meses para llegar a su destino si no corrían el fatalismo de perderse en el camino, pero apliquemos el movimiento de las buenas balanzas, y equilibremos las cargas del comportamiento humano.

Incluso voy más allá del poder de los teléfonos. Las tables y otras posibilidades de computación están matándonos las neuronas desde edades tempranas. Apenas se ejercita el arte de multiplicar o del resto de las operaciones aritméticas. Las faltas ortográficas disminuyen gracias a los correctores automáticos, ya ponemos kiero en vez de quiero, el razonamiento penetra en senderos opacos y facilistas, en tanto los libros junto a otras literaturas parecen objetos descontinuados.

Y entre enciclopedias digitales —no todas fidedignas— unido al famoso corta y pega aparecen los plagios en investigaciones y trabajos que otros aplauden, elogian, y evalúan como «excepcionales y profundos».

En realidad constituye uno de los tantos engaños que resta autenticidad y distingo propio.

El tiempo de tables, Iphones, Apples y tantas modalidades transita con pasos vertiginosos. Quizás dentro de poco el mercado esté invadido por nuevas marcas dentro de la epidemia avanzada del consumismo, pero al margen de modelos y tipos escapemos de una saga viciosa, y de los grilletes tendidos por la irracionalidad humana frente a un mundo tecnológico que parece aplastarnos.   

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Mi Comentario: La Salud tiene manchas

Mi Comentario: La Salud tiene manchas

Por Ricardo R. González

Ilustración: Alfredo Martirena

Nadie pone en tela de juicio que el sector de la Salud en Villa Clara muestra sus luces, pero sería iluso pensar que constituye un paraíso inmaculado e intocable porque no en pocas ocasiones la población recibe el servicio con la calidad y la atención requeridas.

Aquellos movimientos de Unidades Modelo, Colectivo Moral y Del Pueblo y para el Pueblo me parecen una melodía del pasado, aunque como en todo existen buenas excepciones, pero esos procesos insistían en lograr la satisfacción plena de la población que muchas veces no encuentra respuestas eficientes.

Una de las tantas reiteraciones es el de la no permanencia de algunos médicos y enfermeras de la familia en sus consultorios. Llevo años escribiendo de lo mismo, y las acciones, aunque traten de perfeccionarlo, carecen de acotejos definitivos. Persisten lugares donde la burocracia envuelve, y para lograr la firma de una dieta, la confección de modelos, o un trámite específico se requiere llegar a la luna a fin de alcanzarlo, mientras el llamado terreno, a veces no realizado, «justifica» la ausencia de los expertos en el sitio.

Detalles contradictorios si se tiene en cuenta que el propio Ministro del ramo, doctor Roberto Morales Ojeda, ha reiterado que hasta el 80 % de las problemáticas de Salud deben resolverse en la atención primaria, con énfasis en el radio de la comunidad.

De los 2 791 planteamientos recogidos en el último proceso de Rendición de Cuenta el 37,4 % fue dirigido al funcionamiento y estado de los consultorios del galeno de la familia. Muchos de ellos sin óptimas condiciones, en habitáculos improvisados o carentes de privacidad, y aunque algunos inconvenientes han sido resueltos; aún prevalecen respuestas sin soluciones o insatisfactorias para la población.

En ello también conspira la no convivencia del equipo de Salud entre sus vecinos, y baste decir que la provincia dispone de 53 viviendas de las llamadas casas-consultorios ocupadas por personal ajeno a las funciones asistenciales.

En otro giro merecen un aparte las consultas de proyección comunitaria que no siempre cumplen lo dispuesto.

Pensemos en aquellos residentes en sitios intrincados que deben trasladarse a la cabecera de su municipio a recibir la interconsulta, y qué haría usted si al margen de dificultades de transportación, la hora en que deben levantarse, las incomodidades del viaje, le digan que la cita está suspendida porque no concurrió el especialista.

Soy de quienes piensan que las instituciones hospitalarias requieren de tratamiento priorizado para evitar que el paso del tiempo, la falta de mantenimiento, las indolencias humanas, y las variadas indisciplinas sociales, les provoquen un colapso que impidan su funcionabilidad.

Hay un poco de todo. Desde filtraciones de una planta a otra, servicios sanitarios inservibles, vectores convertidos en huéspedes permanentes de las mesitas habilitadas en las salas, mobiliario en pésimas condiciones, colchones que piden a gritos su reemplazo, comidas que llegan frías, medicamentos en falta, en fin… Unas provocadas por cuestiones de infraestructura, otras por descuidos, indisciplinas humanas, o por disímiles causas, pero latientes.

Es cierto que los grandes proyectos requieren de dinero que muchas veces ni existe, mas los cálculos y las mentes ágiles, bajo la oportuna planificación, deben funcionar como ese Bing Ben que marca el tiempo exacto en el lejano Londres.

Y si bien las carencias materiales golpean hay otras que brotan del alma y lastran mucho más. No siempre las personas reciben un trato correcto ni una respuesta orientadora. Existen trabajadores del sector en sus diferentes categorías ocupacionales con actitudes impropias. Y asistir a un centro de Salud tiene marcadas razones porque está en juego el bienestar de cada quien.

Tampoco el servicio de ambulancias exhibe buen rostro por las causas que sean, en tanto la situación de los hogares de ancianos, e instalaciones dedicadas a la tercera edad, así como de los insumos para la atención a enfermos encamados merecen una mirada detenida y aparte.

Según dictamen de la comisión de Salud, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente presentado a la reciente Sesión Ordinaria de la Asamblea Provincial del Poder Popular entre las principales deficiencias del ramo, aparece la situación higiénico-epidemiológica con la presencia del Aedes aegypti, pero en esto la respuesta tiene que ser multifactorial y con peso decisivo en las conductas individuales a fin de cerrar puertas al mosquito.

La Salud tiene manchas. Es triste que nuestras vidrieras se empañen, y no muestren el brillo requerido. Hay condiciones objetivas que impiden pasos agigantados, pero otras dependen de realidades humanas que se desarrollan a medias o no existen.

Es cierto que también hace falta el estímulo y la atención a quienes juegan un rol protagónico, más en materia de sanidad la vida pide alicientes, y no desdichas e infortunios. 

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Mi Comentario: Con el zika no llueve sobre mojado

Mi Comentario: Con el zika no llueve sobre mojado

Por Ricardo R. González

El mapamundi parece colorearse a cada segundo con una pandemia que no respeta fronteras ni continentes. Un zancudo agresivo y sin clemencia causante de un virus emergente que, por primera vez, mostró su detestable rostro en Uganda allá por 1947.

Cinco años después se identificó en humanos en el propio país y en Tanzania para diseminar su triste historia hasta en los más incalculables sitios del universo.    

Cuando todo parecía agua pasada apareció en América en 2014 al registrar la isla chilena de Pascua algunas notificaciones. Ya entre febrero y mayo del año pasado Brasil aportó a una lista que hasta la primera semana de 2016 agregaba la enfermedad en 14 países y territorios del continente americano; sin embargo, las estadísticas muestran en la actualidad como un estallido de pólvora al declarar la Organización Mundial de la Salud (OMS) casos autóctonos de Zika en más de una treintena de países, de los que ya no escapa Cuba que reporta, hasta el momento, a dos pacientes provenientes de otras latitudes.

Lo suficiente para no descuidar la vigilancia, si se tiene en cuenta que seis provincias cubanas acumulan los mayores niveles de infestación de mosquito Aedes Aegypti como «protagonista del delicado problema de salud.

En el caso de Villa Clara la situación higiénico epidemiológica persiste como el principal problema de la sanidad local, y con más complejo panorama dos de sus municipios: Santa Clara y Sagua la Grande que no escapan de personas diagnosticadas con dengue.

Ahora bien, ¿qué diferencia el dengue del zika si son causados por idéntico agente?

Según los expertos el dengue irrumpe con fiebre alta de aparición repentina entre cuatro y siete días posteriores a la infección.

A esta su suman dolores de cabeza y musculares, dificultades respiratorias, náuseas, vómitos, tos, congestión nasal y una erupción rojiza en casi todo el cuerpo posterior a los dos a cinco días de estado febril.

Aunque el cuadro clínico del zika se asemeja al de un dengue leve, una de sus evidencias es atribuida a la coloración roja en los ojos motivada por la conjuntivitis que provoca.

No excluye la fiebre, la falta de apetito, las diarreas y los trastornos digestivos, entre otras manifestaciones.

Tanto el dengue como el zika y el chikungunya abren las puertas para un desenlace fatal de no tratarse de inmediato. Insisten los especialistas que en zonas donde coexistan el dengue y el zika habrá que corroborarse o descartarse, primeramente, al dengue a tenor de sus altas tasas de mortalidad, pero no olvidemos que cualquier afección de índole viral pudiera impactar funciones de primer orden como la miocárdica o encefálica.

A mi modo de ver por mucho que se hable del tema no todos los terrestres acuden de inmediato al galeno ante los primeros síntomas. Se acude casi siempre al «vamos a esperar», y ese compás de tiempo resulta catastrófico.

Tampoco creo que la eliminación y modificaciones de los sitios propensos al hábitat del mosquito adquieran prioridad absoluta.

Todavía persisten hogares, centros laborales, y solares yermos, entre tantos, que presentan cubos, macetas, neumáticos u otras fuentes demostradas como ideales para que proliferen los criaderos.

A pesar de la amplia batida que al menos se desarrolla en Cuba son considerables las cifras de viviendas cerradas a la hora de la fumigación. Ello resulta la cobija principal para un insecto insistente en la búsqueda de un refugio a fin de garantizar su subsistencia.

El momento exige la revisión y tratamiento de los tanques elevados, mas continúan los depósitos bajos destinados al almacenamiento de agua como reservorios mayoritarios para la cría del vector.

Las coyunturas exigen disciplina y cooperación entre todos ante este alerta que reclama atención: De acuerdo con reportes internacionales el zika transcurre de manera asintomática entre el 70 y el 80 % de los casos. Es decir, por cada individuo portador de sus clásicas manifestaciones existen cuatro que no las manifiestan, sin que disminuya la posibilidad de trasmitir la enfermedad si el zancudo pica a estos silentes.

Más claro, ni el agua. Si no hay mosquito cesa el peligro. Por ello la responsabilidad individual resulta vital en esta historia porque con el zika, el dengue o el chikungunya no se trata de aburrir con «cantaletas» preventivas. El peligro late, y cada vez va en ascenso, por lo que tampoco es llover sobre mojado.    

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Mi Comentario: El actual rostro del zika

Mi Comentario: El actual rostro del zika

Por Ricardo R. González

Un buen autofocal garantiza la salud individual y de la comunidad.

Autoridades sanitarias cubanas, en la persona del doctor Roberto Morales Ojeda, ministro de Salud Pública, declararon, este miércoles, que Cuba no conoce hasta el momento de la presencia del zika, del chikungunya, y de otras enfermedades asociadas a los mosquitos Aedes Aegypti y a los del género Albopictus.

No obstante se reconoce la existencia del dengue, y que 55 municipios del país experimentan altas infestaciones por la presencia del vector.

En lo que respecta a Villa Clara dos de sus trece demarcaciones figuran en esta lista: la capital provincial y Sagua la Grande.

Si bien se arremete por todas las vías contra el peligroso insecto todavía las irresponsabilidades poblaciones contribuyen a la nefasta proliferación.

Viviendas cerradas que no se fumigan, microvertederos que aumentan sus volúmenes en cualquier punto, márgenes de ríos atiborradas de desperdicios, recipientes acumuladores de agua sin la debida protección, bebederos de animales que apenas reciben el cambio periódico del líquido, son algunas de las negligencias existentes que no acaban de encontrar la preciada erradicación.

Tampoco se efectúa con periodicidad el necesario autofocal tanto en hogares como en centros de trabajo con el fin de detectar y destruir posibles fuentes que abran las puertas al principal trasmisor del dengue.

Sin embargo, las pesadillas van más allá de lo puramente ciudadano, pues notorias irregularidades en la recogida de basura, deficiente abasto de agua en determinadas zonas, incumplimientos en las normas y comportamiento de la Campaña Antivectorial, y una higiene insuficiente en no pocos lugares contribuyen a «alimentar» la permanencia del insecto.

El zika está declarado por la Organización Mundial de la Salud como una emergencia sanitaria de alcance internacional, y constituye la principal sospechosa del incremento de malformaciones congénitas como la microcefalia en niños nacidos en Brasil, país de la región que hasta la fecha reporta el mayor número de enfermos.

Fue detectado por primera vez en las Américas en 2014 cuando la Isla de Pascua, en Chile notificó las primeras estadísticas hasta que entre febrero y mayo de 2015 aparecieron incidentes en Brasil para diseminarse de manera vertiginosa.

Vale recordar que el período de incubación (tiempo transcurrido entre la exposición y la aparición de los síntomas) aún no está bien delimitado, aunque se estima sea de pocos días, pero de lo que sí hay argumentos es que la sintomatología reporta efectos similares a otras infecciones derivadas de los arbovirus, entre ellas el dengue, y consisten en fiebre, erupciones maculopapulares, conjuntivitis, mialgias, artralgias, malestar y cefaleas.

Suelen durar entre dos y siete días, mas en el caso del zika se adicionan complicaciones específicas. De acuerdo con los criterios especializados el elemento distintivo responde a la aparición inmediata de una intensa picazón (exantema maculopapular pruriginoso) que enrojece la piel, y cuya erupción se extiende desde la cabeza hacia el tronco y las extremidades, sin descartar malestares y decaimiento.

Lo triste en esta historia es que no existen tratamientos ni vacunas preventivas, y solo la actuación mancomunada del hombre y el cumplimiento de las medidas sanitarias devienen pasos efectivos, y más en provincias que tradicionalmente experimentan los mayores niveles de infestación, y que los mantienen: La Habana con sus 15 municipios, Villa Clara, Camagüey, Holguín, Matanzas y Santiago de Cuba, sin que las demás descuiden la vigilancia.

Una máxima impera ante estas coyunturas en las que más de 26 naciones, solamente de América Latina, manifiestan su expansión creciente, y ya aparece en sitios tan distantes como Rusia y China: Unidos podemos tributarle el destierro al zancudo.

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Mi Comentario: Ni barquitos ni Vinagritos

Mi Comentario: Ni barquitos ni Vinagritos

Por Ricardo R. González

La maestra Digna Guerra dio el puntillazo final. Desde el recién finalizado espacio televisivo Sonando en Cuba (domingos, 8:30 p.m. Cubavisión) manifestó su pavor cada vez que se les pedía interpretar un tema a niños y niñas aspirantes a entrar en el Coro Nacional, y ninguno se inclinaba por el tradicional Barquito de papel o el clásico Gatico Vinagrito, de la por siempre Teresita Fernández.

Es más, muchosdesconocen estas canciones que han acompañado a tantos cubanos en su peregrinar por la infancia; sin embargo, esos pequeños recitan al dedillo cualquier letra incluso ajena a su generación, o se inclinan por aquellas que poco o nada aportan a la formación del individuo pleno.

Más claro ni el agua, y se hace evidente el desgarramiento de esos valores que nutren la espiritualidad cuando la esencia de todo no está en prohibir o suspender determinados productos artísticos. Estas «fórmulas» las sufrimos en el siglo pasado, y lo que provocan es la búsqueda incesante de lo prohibido, como bien subrayara Frank Fernández.

Coincido plenamente con el criterio del eminente músico, pero lo que nunca podemos obviar es que nos forjamos de un árbol común llamado identidad reclamante de su defensa.

Por supuesto que cada época trae sus códigos, y habrá marcadas diferencias entre quienes la integran. Lo que resulta inaudito es que se desconozcan esos íconos indispensables dentro del gran acervo cubano en sus diferentes aristas.

En el caso de la música hay figuras que no permiten que muera la tradición de este archipiélago. Ahí está Liuba María Hevia que ha logrado el rescate de la música de Teresita y de lasrondas y cantos infantiles de todos los tiempos tejidos con la pasión de los arreglos contemporáneos para conformar sus discos.

Ahí estánLidisLamorú, Rita del Prado, Kiki Corona, la ScolaCantorum Coralina, La Colmenita, las peñas infantiles que despuntan en cada provincia, la cienfueguera Rosa Campos, y hasta una OmaraPortuondoque, a través de su premiado CD Reír y cantar, insufla aires frescos a Juan me tiene sin cuidao, al Soldadito de Plomo, o al propio Barquito de Papel.

Cuántos más han dedicado gran parte de su vida profesional a esos locos bajitos de los que un día habló Serrat: Consuelo Vidal, Lourdes Torres, Celia Torriente, Enriqueta Almanza, Ana Nora Calaza, y tantos otros, que, al margen de generaciones, vuelven a revivir a ese niño o niña que —aunque algunos digan que no— sí lo llevamos dentro, y a veces sale para revivir instantes de ese álbum personal integrado por recuerdos.

Aplaudo los proyectos de las disqueras cubanas que se suman a las corrientes porque no mueran las tradiciones, y de los espacios radiales que mantienen viva la música dedicada a los niños. Reconozco la labor de nuestro parque infantil El Bosque, que recibe cada domingo a sus criaturas con la grabación de Liuba cantando su Señor Arcoiris, y a quienes desde los nobles proyectos comunitarios abogan porque cada uno de estos necesarios detalles no formen parte del olvido.

Da pena que no pocos jóvenes desconozcan que un día existió un Benny More para hacerse grande e inmortal, que hay voces como las de Bola de Nieve, Celia Cruz, Barbarito Diez, Tito Gómez, Gina León, Fernando Álvarez, Celeste Medonza, Kino Morán, Celina González… imposibles de arrancar del trono de la cultura nacional.

Que existieron orquestas y conjuntos de lujo, dúos como los de Clara y Mario, y Mirtha y Raúl, que junto al Cuarteto de Meme Solís, Los Modernistas, Los Zafiros, Elena Burke, Moraima Secada,  Pacho Alonso, Esther Borja, Rosita Fornés… tienenespaciosganados imposibles de minimizar.

Esas lagunas recaen en la deficiente formación cultural, y en el mal hábito de ver más de lo ajeno que de lo propio, sin lograr el justo equilibrio. No todo lo foráneo brilla, y en este sentido queda mucho por hacer entre difusores, educadores, líderes comunitarios, organizaciones de masas, familias, y entre cualquier cubano que sienta por sus raíces y las defienda donde quiera que esté.

Diría que no vamos ni por la mitad del camino. Ojalá que esos niños de los que habló Digna, que no conocen ni de barquitos ni de Vinagritos, y sí mucho sobre Shakira, Ricky Martín, Pitbull, o del peor reguetónen bocina, lleguen algún día a idolatrar las partituras que con mucho amor crearonlas musas cubanas para ellos.

Por favor, no las dejemos morir.

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Mi Comentario: Impunidades

Mi Comentario: Impunidades

Por Ricardo R. González

Ilustración: Martirena

Lo apreciado en la última tarde dominical en el Parque Vidal de la capital provincial merece comentarios. Múltiples personas, y hasta familias enteras, atraídas por las bondades de la WIFI pisoteaban sin compasión las áreas verdes del emblemático sitio como si fueran los viejos adoquines que soportan el paso por la ciudad.

Nadie pensó en normas de ornato ni en los daños que pudiera causar al entono de una urbebastante deteriorada por el tiempo y que debe preservar las pocas vistas agradables que sobreviven.

No me opongo a la WIFI, incluso soy partidario de extenderla por todo el archipiélago en la medida de las posibilidades. Tampoco la culpo como causante de estos hechos, pero resulta alarmante la falta de sentido común prevaleciente en los humanos hasta en los mínimos detalles de la vida diaria.

Según cuentan hay quienes han podido apreciar otro tipo de espectáculo con algún que otro colchoncito tirado sobre el césped para pasar las horas nocturnas y recibir el nuevo día bajo los encantos que propicia un paseo por el ciberespacio a través de la conexión.

¿Y qué más nos faltaría por ver? Vivimos en tiempos donde lo alarmante —por rutina— deja de serlo. Microvertederos que proliferan hasta en el propio corazón santaclareño, acompañados de la diseminación de heces equinas y de mascotas «adornando» cualquier arteria, y el peligro de adicionarla a los zapatos si no andamos atentos y con la mirada puesta en el pavimento.

Por otro lado las arbitrarias decisiones adoptadas, como la llamada ventanilla única en ETECSA, que lejos de aliviar los escollos del día a día complican más la existencia ciudadana. Por cierto, ese propio domingo en la tarde el Telepuntotenía cerrado su salón principal y solo permanecía abierto el gabinete para el expendio de los componentes en divisa donde se realizaban la totalidad de las operaciones, excepto la opción de Internet cuyas computadoras, al parecer, pidieron de conjunto la tarde libre.

Es triste que todo esto suceda. Cualquiera pica una calle para beneficiarse de las acometidas del acueducto, y no pasa nada. Allí queda el hueco mal tapado que se pronuncia cada vez más hasta convertirse en un bache permanente.

Se rompen tuberías de agua para utilidad individual y nadie vio nada o se hace de la vista gorda. Hay aceras que han perdido su estructura de antaño casi en su totalidad porque los moradores han levantado quicios a diestra y siniestra, mientras la vecindad olvida la existencia de normas de convivencia como algo tan pasado de moda que ni se recuerdan.

Cada quien construye y reconstruye bajo el concierto de las despiadadas mandarrias, sin pensar en las afectaciones que pudiera ocasionar a los vecinos de los bajos o de los laterales como exige la vida en comunión. Solo en casos excepcionales se demuestra esa solidaridad llamada a existir, y que vela por no afectar a los demás.

Cuántos detalles pudieran engrosar este «recorrido», sin contar esas piñas y corazones —de los que hablé una vez— y que se suman a la cotidianidad del lenguaje cubano, tan normal como que el infante diga mamá y papá.

Lo cierto es que mientras no actuemos con el ánimo de modificar nuestros patrones, de crecernos en la vida, y de convertirnos en ciudadanos plenos estaremos entre un baño de lodo que no aporta nada y nos degrada.

Será necesario abandonar ciertos paternalismos y blandenguerías a fin de adoptar los métodos establecidos cuando la persuasión y el convencimiento formen parte de algo sin efecto.

Ojalá que la imagen de los próximos domingos y la del resto de los días traigan mejores suspiros. Al menos la de este 23 de agosto fue salvada por los respetables acordes de Los Fakires que, desde los portales de la Casa de la Cultura Juan Marinello, constituían un excelente antídoto para olvidarnos de ese ramillete de impunidades que nos remonta a los tiempos de cowboy y del oeste.

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Mi Comentario: Villa Clara, te queremos limpia

Mi Comentario:  Villa Clara, te queremos limpia

Por Ricardo R. González

Hace tiempo atrás, tanto que no recuerdo cuánto, sentía el orgullo de caminar por una de las capitales provinciales más limpias de Cuba, y no dejo de reconocer que el orgullo me provocaba las mejores complacencias si el criterio provenía devisitantes en tránsito.Lamentablemente aquella imagen la perdí, se desvaneció, y hoy muestra un contraste muy diferente.

Me agradó que la gestión de Servicios Comunales ocupara uno de los puntos de la décima sexta sesión ordinaria correspondiente al XI período de mandato de la Asamblea del Poder Popular en Villa Clara, en la que expertos de la Comisión de Salud, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente expusieron sus fundamentos.

A mi modo de ver resulta en extremo preocupante que las reiteradas indisciplinas poblacionales y de las administraciones estatales en torno al vertimiento de residuales en sitios inadecuados abundeny se diseminen como peligrosa pólvora, no solo en la periferia de las ciudades, si no, en calles céntricas que ofrecen deplorables imágenes a pleno día.

Ello genera la proliferación de microvertederos que atentan contra las normas de higiene comunal y ambiental, por lo que dichas realidades no están a tono con los requerimientos para el control adecuado de la situación higiénico—epidemiológica.

En esto hay parte y parte en un mundo donde las indisciplinas sociales están al por mayor, en que el estiércol y el excremento de animales domina algunas avenidas, y en perímetros que pasan las horas —e incluso días— y las bolsas de desperdicios aguardan por su recogida.

Es cierto también que muchas personas sacan los residuales en plena tarde. Casos que desde las 4:00 sitúan los desperdicios en exteriores sin una envoltura adecuada, lo que provoca la suciedad en las aceras para entorpecer más las incongruencias del ornato.

He vistos botellas de ron, pomos de aceite vacíos, escombros de una construcción casera, cáscaras de mango, residuos de arroz y frijoles… sin una mínima protección. Como si formaran parte de los atributos del vecindario, y no pasa nada. Al día siguiente se repite el cuadro. Ni hay responsabilidad individual ni actuaciones contundentes ante tales sucesos. 

Incluso dan lugar al incremento de esos buzos callejeros que, en busca de laticas de cerveza, de refrescos o de otro contenido, contribuyen a expandir aún más lo malamente empacado. 

No sé cuántas veces he leído en el propio Vanguardialas llamadas «estrategias» y «programas» para mejorar la recogida de basura al menos en Santa Clara. Y a la postre ¿qué pasa con estas? «por qué funcionan unos días y después se incorporan al saco del olvido?

Es cierto que faltan recursos. Más del 70 % de la recepción de desechos sólidos en la provincia se realiza mediante tracción animal hacia los 105 vertederos habilitados. Conozco, además, que los medios de protección y el instrumental de trabajo dejan mucho que desear, y que ciudadanos inconscientes empañan el trabajo de seres humanos que conocen el sabor de las madrugadas o desafían la intensidad del sol barriendo el pavimento y sin el menor escrúpulo tiran sus colillas, papeles, y hasta las excretas de las mascotas.

No es secreto que existe bajo por ciento de reciclaje de los residuales sólidos en los sitios establecidos, y que el ordenamiento en las zonas destinadas a trabajadores por cuenta propia no siempre se cumple,sin excluir la insuficiente inspección urbanística.

Hay mucho más, pero lo inaudito es que la basura ya forma parte de nuestro contexto como el pan nuestro de cada día, que en los portales de instituciones estatales de céntrica ubicación aparezcan tortas de excrementos humanos mezcladas con manantiales de orine. A tal punto que tantoacumulación de ácido ha fulminado la parte inferior de la potente verja que protege uno de los laterales de la Biblioteca Provincial Martí.

Y como este miles de ejemplos que llaman a preguntarnos si vivimos en pueblos similares a los representados en las antañas películas del oeste, o en cambio pertenecen a un siglo xxi supuestamente civilizado.

Como parte de Liborio exigimos y reclamamos. Tenemos derechos; sin embargo, recordemos esos deberes que tambiéntocan a las puertas y que, intencionalmente o no, echamos en la bolsa del olvido.

En esta contienda no excluyo a los organismos estatales porque la higiene y sus problemáticas carecen de cartelitos que delimiten lo privado de lo colectivo, y máxime cuando se pone en juego la sanidad que ha tenido etapas de bailar en una cuerda floja.

Siempre he dicho que prefiero ver acciones y realidades a decir o consignar en un informe lo que sabemos sucede. Al César lo que es del César, y cada uno a cumplir sus responsabilidades.

De lo contrario seguiremos viviendo en ciudades, poblados y bateyes asfixiados por esas telarañas que nos devoran debido a la indolencia de quienes lo habitan.

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Mi Comentario: El Piano Bar de Santa Clara llora

Mi Comentario: El Piano Bar de Santa Clara llora

Por Ricardo R. González

Surgió en una etapa en que Santa Clara reanimaba su vida nocturna, y le insuflaba cultura a las principales arterias de la ciudad. Más o menos en la época en que «paría» el bulevar, y también se esperaba la imaginaria cigüeña para el nacimiento del Piano Bar, ese céntrico sitio que, tradicionalmente, regala los acordes de la talentosa Freyda Anido y sus acompañantes a fin de alimentar el alma.

Durante mucho tiempo conservó su identidad. Un complejo cultural gastronómico de excelencia reconocido por varias generaciones de coterráneos e incluso por visitantes de otros lares que admiraban el proyecto generador de una placentera estancia.

Pero… el tiempo, el implacable, el que pasó,y el que arrasa a veces con las buenas intenciones, fue desmoronando el proyecto, y lo que constituía uno de los cuatro o cinco homólogos existentes en el país solo le queda el nombre, y algún que otro recuerdo.

Los sábados Freyda sigue deleitando con su piano bajo el derroche de la maestría que envuelve a esa mujer; sin embargo, gran parte del público —en su mayoría jóvenes— aguarda en los exteriores, y quisiera que pasaran las horas para echar a andar una clásica Discoteca, que irrumpe a las 11:00 de la noche,de martes a domingo, a 20:00 pesos la entrada en moneda nacional.

Imagino las cosas. Alguien llegó un día y determinó que aquella estructura de la renombrada instalación estaba obsoleta, por lo que debía cambiar su objeto social y «ajustarse» a la nueva era.

Soy el primero que está consciente de que los tiempos cambian. La generación de Los Beatles difiere a la de Charanga Habanera, y cada una tiene —y defiende— sus códigos, mas lo que nadie me puede contradecir es que la cultura, esa nuestra, necesita y demanda su diversificación.

Para escuchar reguetón—buenos, malos o (re)malos—hay sitios, pero el pueblo también desea nutrirse del bolero, del feeling, conocer a los grandes de la inmensa trova cubana, y por sobre todo, darle espacio al enorme talento disponible en Villa Clara que, más allá de sus habituales peñas, pudieran revivir el Piano Bar sin apartarlo de las posibilidades del momento.

Recuerdo que nunca fue una institución inflexible ni exclusiva. Allí tuvieron su espacio el dúo Blanco y Negro, y otras agrupaciones de pequeño formato que le dieron vida a cada noche santaclareña.

Allí, en esa esquina de Luis Estévez y Bulevar se reunían personas a celebrar aniversarios o momentos imborrables de sus vidas, y desde allí también existían homenajes para quienes, con sus buenas acciones, se convertían en personalidades de esta urbe por todo lo que han entregado en sus respectivas vidas.

Es cierto que ahora imperan presupuestos, gastos y economías racionadas y ajustadas. Hay que ver lo rentable y lo irrentable, pero la cultura necesita masificarse, hacerla grande, y socializarla.

En esto vale el dinero, pero mucho más el empeño y, sobre todo, los buenos propósitos.

Ahora el restaurante del Piano Bar está en reparaciones, pero en las noches tiembla la tierra con esa discoteca que ha causado innumerables quejas de los vecinos, por diversas vías, debido a los altisonantes decibeles. No obstante, el panorama sigue igual.

No me explico cómo un pequeño local acoja ese tipo de funciones, por lo que urge rediseñar los perfiles de nuestros centros y adecuarlos a sus características.

En mis pesquisas supe que existe un proyecto —incluso aprobado por la Empresa de Alojamiento y Gastronomía de Santa Clara— con el propósito de rescatar el Piano Bar. Algo atinado, y con opciones tanto para el día como para las noches ¿Y qué falta entonces para aplicarlo? ¿esperar a que el comején se coma el piano o que el bum bumexcitante de la música desplome el local?

No me opongo a las discotecas, pero el sentido común tiene que trabajar mejor, y alejarlo de esas neuronas comprometidas con la inercia o alimentadas solo por el cálculo de los ingresos. Entonces ¿quién se ocupa de ese plan vital encaminado a recrear el alma?

Ojalá dentro de muy poco nuestro talento local y los pequeños formatos musicales encuentren allí otro espacio en la ciudad. Tantosexcelentes artistas que tenemos y no sabemos aprovecharlos. O que figuras reconocidos a nivel nacional lleguen por ese sitio emblemático, y dejen huellas de lo que han sabido ganar gracias a su respetable trayectoria.

Mientras tanto, sigo aplaudiendo a Freyda, a su grandeza dentro del arte, y a esa persistencia de mantenerse, contra vientos y mareas, tocando su magistral piano. Reconozco a los trabajadores del centro, y a quienes, a pesar de los pesares, tratan de salvaguardar la institución aunque el Piano Bar exhiba sus angustias y también llore.  

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