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La vida en un archivo

La vida en un archivo

Conozca a Maritza Díaz Morejón, la única villaclareña galardonada, hasta el momento, con el Premio Nacional a la Conservación del Patrimonio Documental de la Nación Cubana por parte del Citma.

Por Ricardo R. González

Fotos del autor y cortesía de Alexis Manuel García Artiles

¿Quién dice que a los 53 años es imposible graduarse en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas? Pregúntele a Maritza Bernarda Díaz Morejón que obtuvo su título superior de licenciada en Estudios Socioculturales luego de que cada sábado debía asistir a los cursos por encuentros en la prestigiosa institución.

A veces cansada, en ocasiones con múltiples tareas por hacer, pero emprendía la distancia que separa a la ciudad del recinto universitario y, en 2013, cumplió otra de sus tantas aspiraciones al graduarse porque es de esas mujeres que contemplan la vida desde la ventana del optimismo.

Todavía recuerda cuando en 1987 llegó al Archivo Histórico Provincial (AHP) como auxiliar de servicios. Ha llovido mucho desde entonces, pero aquel mundo llamó su atención y, poco a poco, encontró en la superación cotidiana el camino que la llevó a descubrir su universo.

«Pasé cursos en la Biblioteca Provincial Martí hasta que en 1992 llegó el técnico medio en bibliotecología y mi entrada en el departamento de procesos de documentos antiguos del propio AHP como detalle fascinante en el trabajo con las actas capitulares».  

Para hablar de Maritza hay que añadir su cualidad investigativa con personalidades de la localidad como en el caso del escritor y periodista Florentino Martínez.

«Ya de Manuel García—Garófalo se había hablado bastante, al igual que del coronel del Ejército Libertador Francisco López Leyva, entre otros; sin embargo, la obra y todo el valor de Florentino quedaba un poco en penumbras, a pesar de una relevancia cultural extraordinaria y cuatro veces alcalde de facto con una vida respetable en Santa Clara.

Por ello me adentré en sus aportes, en sus escritos, en publicaciones como La Publicidad y El Villareño, y ello suscitó varios trabajos investigativos, incluso una tesis universitaria realizada por un alumno con su faceta periodística».

— Sin dudas existe una marcada tendencia personal que llama a la investigación ¿cómo llegó a su vida?

— La adquirí a través de los años, las actas capitulares me despertaron esa vocación al encontrar la maravilla de la historia debido a que desde la fundación de Santa Clara, en 1689, se plasmaba el acontecer político y socioeconómico de la villa y ello me permitió revivir, imaginariamente, aquella etapa con sus costumbres y tradiciones. Me llevaba de la mano por la villa, y mi compañera de labores, Adela González, me compulsó a que presentáramos trabajos conjuntos.

— Ante tanto tesón ¿qué cualidades deben caracterizar a un buen investigador?

— Debe poseer una cultura general dada la necesidad de ubicarse en diferentes periodos y conocer de cultura, de historia, sin dejar de relacionarse con el caudal existente en el AHP que tiene un valor extraordinario.

— ¿Considera que todo el arsenal disponible en ese centro está sumamente utilizado por la población?

— A mi modo de ver resulta inconcebible que tanto caudal de conocimientos allí existente aparezca subutilizado. Quien realice una investigación y no pase por el archivo puede asegurar que constituye un trabajo incompleto.

— Luego de tantos años en el AHP ¿cuál resultó la faceta más difícil?

— Sin dudas la de trabajar en el departamento de Procesos Técnicos ante documentos que datan de 1700 y presentan un estado de bastante deterioro. Había que tocarlos con sumo cuidado, pero me abrió amplios saberes que no tenía y los fui adquiriendo durante la práctica. En ellos descubrí detalles extraordinarios.

Maritza Díaz detesta la pasividad, no la concibe y por ello participó en talleres, concursos e investigaciones. Recuerda los tantos cursos impartidos por la historiadora de la ciudad, Heidy Águila Zamora, con énfasis en las aristas locales.

— ¿Ello reforzó la inclinación hacia la licenciatura en Estudios Socioculturales? 

— Era el afán de abrazar más conocimientos. La práctica ya la tenía, me faltaba la teoría, y la completé con las nociones de cine, de teatro, del panorama de la cultura nacional que redondearon lo ya aprendido en el Archivo. 

— Un día llegó la noticia de que era Premio Nacional a la Conservación del Patrimonio Documental de la Nación Cubana, el único existente en Villa Clara hasta este momento…

— Fue un reconocimiento del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (Citma). Me pidieron un currículo y lo entregué sin imaginar para lo que era. Un día Carlos Coll Ruiz, el director del AHP, me dijo que había asistido a un evento en Sancti Spíritus y le habían dado un reconocimiento para mí sin ofrecer muchos detalles de lo que se trataba.

Un tiempo después en el Balance del Citma en el Gobierno Provincial, la viceministra del organismo, Dra. Adianez Taboada Zamora, me lo entregó. Fue una sorpresa porque me gusta pasar por una total sencillez.

— La vida hogareña ¿un freno o todo el apoyo hacia Maritza?

— No me puedo quejar. Mi vida en el hogar no se separa del ambiente cultural. Me casé a los 16 años, tengo dos hijas, tres nietas y dos bisnietos. Mi esposo Gustavo Gutiérrez cantó en el Coro de Santa Clara durante muchos años, después fundó un cuarteto, es compositor y premiado en varios festivales Gustavo Rodríguez in Memoriam, por lo que nunca se opuso a mi superación, al contrario me apoyaba en algunas tareas para que nuestra hija fuera a la escuela.

— ¿Es cierto que a Beethoven, Mozart y Strauss los investiga y disfruta en casa?

— Así es. Nauta hogar ha sido otra posibilidad de aprendizaje, y sugiero a quienes lo tengan que no se encasillen en determinadas cosas, que abran el espectro y tampoco se aparten de la historia de Cuba y la de la localidad.

— Hace unos años se abrió el departamento de Gestión Documental y Archivo de la Delegación Territorial del Citma en Villa Clara ¿una nueva experiencia?

— Fue mi último trabajo antes de jubilarme. Era necesario supervisar los archivos existentes en las distintas instituciones y organismos de alcance nacional, provincial y municipal a partir de un diagnóstico realizado para conocer cómo se comportaba la gestión documental en el territorio. Ello implicaba el traslado a municipios y entidades laborales.

— Por qué la jubilación?

— Hace algo más de un mes que me acogí a ella. Le agradezco mucho al jefe de departamento Alexis Manuel Díaz Artiles toda su atención. En realidad no quería hacerlo, pero los años no perdonan, aparecen los achaques, y sin que nadie se entere…el almanaque no da luego de más de 30 años de servicio de los 64 de vida. Eso sí, cuando me necesiten pueden contar conmigo porque todavía me levanto y me apuro ante el reflejo de que tengo que marchar para el trabajo.

— Cuando pasa revista a tantos años de entrega ¿Qué enseñanzas le deja en lo particular y para la sabiduría colectiva?

— Yo me acuesto por la noche y comienzo a repasar el tiempo. Me parece que estoy en el lugar. Aprendí mucho de mis compañeras de trabajo, aunque perdimos a Carmen Lamadrid con la COVID que fue un ser humano extraordinario y eso nos duele.

No siempre la vida laboral es color de rosa, tuve disgustos y algunas que otra incomprensión, pero el camino cotidiano era más grande que el resto de las pequeñeces surgidas.

— ¿Puede hablarse en su caso de la «utilidad de la virtud»?

— Pienso que sí. Aun jubilada me siento útil porque transmito conocimientos. Le sugiero a las nuevas generaciones y a los adultos que nunca dejen de abrirle las puertas ya que lo aprendido jamás se olvida. Quieres mayor satisfacción que una de mis nietas, cursante del sexto grado, me pregunta y pueda responderle. Eso me provoca un placer enorme, por lo que me siento también educadora de estos tiempos.

PIE DE FOTOS

1.- «La superación constante es la clave para seguir avanzando», confiesa Maritza Díaz Morejón quien dedicara los últimos 12 años de su vida laboral a la gestión documental, específicamente a la atención y control de la actividad estatal.

2.- La Dra. Adianez Taboada Zamora, viceministra del Citma, le entregó el Premio Nacional a la Conservación del Patrimonio Documental de la Nación Cubana, el único existente en Villa Clara hasta este momento.

3.- Otros reconocimientos que le han sido conferidos por su máxima dedicación.

4.- Rodeada de sus compañeros de trabajo en el Archivo Histórico Provincial.

También puede ver este material en:

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