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Instantes en el salón. Observe ya a la paciente en la mesa de operaciones en un acto complejo de apenas una hora de duración.

Por primera vez en Villa Clara un equipo multidisciplinario retira un quiste cerebral mediante abordaje endoscópico en la llamada edad pediátrica.— La paciente ya recibió su egreso luego del acto encabezado por especialistas locales y de la provincia de Cienfuegos

Por Ricardo R. González

Foto: Cortesía del doctor Luis Horta Clavero

Parecía que Yolaidi González Hernández no entraría jamás a un salón de operaciones. Todo marchaba normal hasta que en el pasado octubre se percató que su visión presentaba algo imprevisto. Las imágenes aparecían borrosas, y cierto dolor de cabeza le rondaba de vez en cuando, sobre todo al fijar demasiado la vista para estudiar las asignaturas de técnica textil en la escuela Victoria de Girón, de Remedios.

El oftalmólogo previó una atrofia óptica, pero era necesario otras investigaciones, y se impuso la visita al hospital pediátrico José Luis Miranda, de Santa Clara. También viajaron lejos y llegaron hasta la Liga contra la Ceguera en la capital cubana, y con todos los dictámenes en manos los expertos arribaron a conclusiones.

Ahora Yolaine Hernández Pérez, la mamá, recuerda que la historia comenzó cuando su hija apenas tenía ocho meses de nacida. «Notamos un crecimiento desproporcionado de la frente y la llevamos al médico. En el Hospital Pediátrico el doctor José Manuel González Santos nos atendió, y de acuerdo a su experiencia indicaba una hidrocefalia, pero había que investigar.»

Dos días después de aquella consulta iniciaron los exámenes. En efecto. Diagnóstico confirmado con la presencia, además, de un quiste en el tercer ventrículo cerebral.

«El profesor Antonio de la Hoz González —recientemente fallecido— se interesó mucho por el caso. Fue él quien realizó la primera operación exitosa cuando la niña tenía solo 17 meses de nacida. Se le colocó una válvula y resolvió hasta el presente en que aparecieron esas incongruencias visuales.»

QUIRÓFANO A LA VISTA       

Casi 17 años después, Yolaidi vuelve de nuevo a los avatares de un salón. En aquella primera intervención se había retirado la hidrocefalia. Sin embargo, un quiste de 3 cm, considerado por los especialistas como grande a tenor de su permanencia en una zona que no admite cuerpos extraños, comprimía los mecanismos de la visión.

«Concretamos el acto quirúrgico junto a neurocirujanos de Cienfuegos. Ellos poseen el instrumental necesario para este tipo de abordaje que, por primera vez, se realiza en Villa Clara bajo estas modalidades tecnológicas en la edad pediátrica», precisa el doctor Luis Horta Clavero.

El quiste, causante de todos los desajustes, se encontraba en el tercer ventrículo, una de las cavidades internas del cerebro. Estas producen el líquido cefaloraquídeo (LCR) que funge de corteza protectora a los elementos del sistema nervioso concentrados en el propio órgano y en la médula espinal.

Cuando el volumen de LCR aumenta dentro de la cabeza y el cerebro se incrementa el tamaño de los ventrículos, y origina la hidrocefalia. Esto provoca mayor presión dentro de la cabeza con el correspondiente sufrimiento para la corteza cerebral, y si la obstrucción a nivel del tercer ventrículo no se soluciona, el enfermo finalmente muere.

«La paciente portaba un catéter introducido en la primera operación. Con el paso del tiempo se había corrido de su lugar, y ya se dejó en su justa posición a partir de este nuevo acto con múltiples ventajas respecto a los métodos convencionales al resultar mínimamente invasivo, con una herida muy pequeña que no demanda rasurar el cráneo, y un tiempo operatorio de solo 60 minutos», precisa el doctor Horta Clavero.

En circunstancias tradicionales el proceso requiere de seis horas sin apartarlo del riesgo considerable. A la vez induce a un mayor sangramiento, al incremento de la estadía hospitalaria, y una prolongada recuperación.

«A las 4:00 de la tarde del propio día de la intervención ya Yolaidi ingería alimentos. Solo seis puntos externos aparecieron en un segmento de la cabeza ante ese quiste profundo que demandó explorar desde la base de cráneo hasta la superficie.

Respecto a los costos, el neurocirujano villaclareño Ángel Serafín Camacho Gómez advierte que estos procederes endoscópicos oscilan entre 50 mil y 100 mil dólares en instituciones especiales y privadas, sin incluir complementarios, consultas, seguimiento, y estancia hospitalaria.

«Es un abordaje de lujo. Lo pueden pagar muy pocas personas. En Venezuela rebasa los 50 mil dólares, representativos de 50 millones de bolívares, pero cada catéter de desviación ventricular (con solo 2 mm de diámetro) está valorado entre 500 y mil dólares, y vale decir que solo nuestro centro pediátrico aplica unos 50 cada año», advierte el titular.

En Cuba el abordaje endoscópico de quistes en edades tempranas lo realizan determinadas provincias. Demanda un instrumental de punta de alto valor que dispone de una cámara específica para navegar por las interioridades del mundo cerebral y descubrir sus secretos y accidentes. El dispositivo constituye una unidad exclusiva y no admite sustituciones ni reemplazo por similares.

«Acudimos a los colegas cienfuegueros por su marcada experiencia en este tipo de praxis, así como por las disponibilidades del equipamiento. Ellos rebasan las 50 intervenciones con notorios saldos, y a partir de ahora se incorpora al servicio de Neurocirugía pediátrica de Villa Clara para toda la región central», suscriben los galenos Horta y Camacho.

A escasos días de operada Yolaidi González caminaba sin contratiempos por la sala, y el día de la visita reporteril acababan de quitarle los puntos de sutura.

«Me siento mejor —dijo—, y las molestias desaparecen. La visión recobra su normalidad… Doy gracias a mis médicos, a las enfermeras, a todos por lo que han hecho», insiste la joven residente en las proximidades de la empresa azucarera Heriberto Duquesne, de la llamada Octava Villa.  

Su padre Jesús González Rodríguez funge como soldador, mientras la progenitora Yolaine Hernández Pérez, es licenciada en Cultura Física, y no se cansa de alabar a los profesionales del servicio y a las auxiliares por todas las atenciones con el vocablo de la excelencia.

Hace unos días la joven abandonó la cama 11 de la sala de Neurocirugía que la acogió en esa nueva odisea con capítulo final. Su vida, según los galenos, debe trascurrir bajo plena normalidad, y no hay augurios de que el quiste trate de asomar.

Y con esta buena esperanza marchó hacia su hogar, mientras médicos, personal de enfermería y el resto del personal contemplaban aquellos pasos que se alejaban por los pasillos del Hospital.

Una vez más… el resultado feliz de un trabajo compartido, «aunque no siempre podamos lograr la sobrevida de un niño, pero aún así nos queda aquello que dimos todo lo que pudimos por salvar la esperanza», reafirman los expertos.

El caso de Yolaidi ha concluido. Nuevos tiempos esperan, a pesar de esas jugarretas ocasionadas por un quiste caprichoso.

HIDROCEFALIA, VÁLVULAS Y CATÉTERES

— Según investigaciones foráneas la hidrocefalia afecta de uno a tres menores por cada mil infantes nacidos, y se origina cuando la cantidad de LCR resulta demasiada, ante obstrucciones en su circulación, o al no eliminarse todo el líquido producido.

— Sus causas pueden ser congénitas, muy improbables en Cuba ante los mecanismos genéticos de detección prenatal. Y adquiridas debido a traumatismos, sepsis o infecciones bacterianas, y procesos tumorales.

— En la primera intervención de Yolaidi se le aplicó un catéter que se había desplazado. Este resulta un material flexible que conduce el LCR al sitio donde es absorbido, en tanto la válvula impuesta tiene como finalidad la de conducir el exceso de líquido existente en el cráneo a otras zonas del cuerpo donde es reabsorbido.

— Si la válvula funciona mal aparecen, entre otros síntomas, el dolor de cabeza persistente, vómitos sin diarreas, visión doble, irritabilidad, decaimiento, y convulsiones, por citar algunos.