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Por Ricardo R. González

Cada año las radiaciones solares le aportan a la Tierra esa energía que supera, en miles de veces, la cantidad de las propiciadas por el resto de las fuentes para mantener la vida en el Planeta.

Se trata de recoger las bondades del sol mediante paneles, y convertirla en calor destinado a satisfacer el agua caliente empleada en el consumo doméstico o industrial, a lograr que las imágenes televisivas aparezcan en la pantalla, o a fin de tributar calefacción a hogares, hoteles, escuelas o fábricas.

Su uso diverso no excluye la agricultura en favor de mejorar las cosechas, mientras los secaderos agrícolas consumirían menos energía si se combinaran con un sistema solar.

Según estudios foráneos, esta modalidad pudiera reducir más del 25 % del consumo de la energía convencional en viviendas recién construidas, con la consiguiente disminución de quema de combustibles fósiles y deterioro ambiental.

La trascendencia de su uso no escapa de las valoraciones de quienes asisten al Taller Comunicación y cultura energética que ocupa el diálogo de científicos, investigadores y estudiosos de las llamadas energías renovables aplicadas a las particularidades de nuestro archipiélago desde la capital de Villa Clara.

La primera sesión, además de incluir dicha temática, presentó un taller interactivo relacionado con la comunicación.

Para mañana jueves está prevista la conferencia: Seguridad alimentaria y sostenibilidad, que dará paso a la sesión final con las conclusiones del evento.    

El uso de las diferentes modalidades de la energía renovable no constituye capricho ni subdesarrollo, es algo demostrado a través del tiempo que al convertirse en realidad descarta aquel calificativo inicial de energías alternativas al reemplazar el empleo de las fuentes tradicionales.