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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Artistas

Omara Portuondo (Cuba)

Omara Portuondo (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

No imaginó La Habana de los años 40 que aquella adolescente, inmersa en la mecanografía, y asistente a las tertulias que se hacían en casa de una amiga resultara, a la postre, uno de los hitos de la cultura cubana.

Así, en aquella vivienda, conoció a figuras como José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Frank Emilio, y otros baluartes de las corrientes musicales de la época a fin de compartir audiciones de la música ejecutada por Glenn Miller, Ela Fitzgerald, Nat King Cole… y de las raíces del entonces filin o música vinculada con el sentimiento.

Pero la inquieta Omara Portuondo visitaba, además, la casa de Ángel Díaz, o iba acompañada de su madre a la del Niño Rivera. La música le había traspasado la epidermis, e irrumpe con el dúo Las Tailomitas, junto a su hermana Haydée, hasta llegar al cuarteto Loguibambia, bajo la batuta del maestro Frank Emilio.

Con esta agrupación debutó en la emisora Mil Diez para comenzar su carrera ascendente que la involucra, después, en la nómina del cuerpo de baile del famoso cabaret Tropicana y en la compañía de Alberto Alonso.

Estuvo Omara en los cuartetos de Orlando de la Rosa y de Facundo Rivero, y en 1950 se incorporó a la Orquesta Anacaona con giras internacionales reiteradas. Sin embargo, dos años más tarde fue seleccionada como integrante del cuarteto D Aida que la consolida en el panorama musical.

Junto a Elena Burke, Moraima Secada y su hermana Haydée recorren gran parte del Orbe, y sientan cátedra dentro del movimiento de compositores contemporáneos, y con los contratos en radio, televisión y centros nocturno de Cuba y del universo.

1967 marcó el camino como solista. Entonces, viajó a Polonia para representar al sello disquero Areito, de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), en el Festival de Sopot, a realizarse cada año en esa ciudad balneario.

Uno de sus primeros hits resultó «La era está pariendo un corazón», de la autoría de Silvio Rodríguez, en la que Portuondo se creció y le impregnó ese sello peculiar que la hace antológica dentro del repertorio nacional de todos los tiempos.  

El éxito le acompaña siempre. Que decir de «Vuela pena» (Amaury Pérez), «Deséame suerte» y «Siempre es 26» (Martín Rojas), «Lo que me queda por vivir» y la penetrante «Amigas»(Alberto Vera), acompañada de Elena y Moraima, o la magistral interpretación de «Gracias a la vida», de la chilena Violeta Parra.

Con innumerables discos grabados en todos los formatos, desde las antañas placas negras de 33 r.p.m. o 45 r.p.m. hasta los CDs, Omara logra el Grammy de 1997 (Mejor álbum de música tropical) por su participación en el proyecto de Buena Vista Social Club, del que se convierte en su diva indiscutible.

Estuvo nominada a idéntico reconocimiento con el disco Buena Vista Social Club… presenta a Omara Portuondo, y hace un año obtuvo el gramófono por su trabajo titulado «Gracias».

Destaca, también, el álbum con la brasileña María Bethania como otro de los discos para recordar.

Entre sus múltiples lauros resaltan el primer Premio en el Festival Orfeo de Oro, de Bulgaria (1971), Mejor interpretación en el Lira de Bratislava (Checoslovaquia), Festival L Humanité (Francia), por citar algunos.

La cinematografía la recoge en Cecilia, y en un documental realizado a su vida y obra.

Omara es luz, tenacidad, esplendor y cubanía tanto en la balada, el bolero, los sones, guarachas, danzones, habaneras e incluso hasta en la música infantil donde tiene algunos registros.

Omara es Omara, y este 29 de octubre en que arriba a su octava década podemos contar con ella y retomar una de las frases inmortales: «Gracias a la vida que me ha dado tanto».

Esa misma vida que nos ha dado a Omara.

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.

Enrique Jorrín (Cuba)

Enrique Jorrín (Cuba)

Compilación de Ricardo R. González (*)

Nunca imaginó el prestigioso músico cubano Enrique Jorrín que ese ritmo contagioso, similar al sonido del chancleteo criollo, le diera la vuelta al mundo para hacerlo inmortal.

¿Quién no sabe del cha, cha, chá creado por un pinareño de absoluto talento? Y es que al maestro le corría la música por su sangre al ser su padre un connotado clarinetista, cuya raíz llevaría a su hijo a cursar estudios en el Conservatorio Municipal de La Habana, donde compuso los primeros danzones.

Pero su verdadero inicio en la música profesional fue con la Orquesta del Instituto Nacional de Música, bajo la dirección de Enrique González Mantici, hasta que en 1944 pasa a formar parte de la Orquesta Hermanos Peñalver, a la que siguieron luego otras agrupaciones como La Ideal, Hermanos Contreras y Arcaño y sus maravillas; ocupando, a partir de 1946, la responsabilidad de dirigir la Orquesta América, con la cual comienza a realizar varios experimentos.

En esta etapa surgieron danzones imperecederos como «Lo que sea varón», «Doña Olga», «Central Constancia» y «Osiris», en los que incluyó la participación de coros hechos al unísono por los propios músicos, así como de montunos conocidos, ante lo cual el público respondió positivamente haciendo variaciones a los tradicionales pasos del danzón.

Y como incansable renovador, Enrique Jorrín realizó otras modificaciones en los patrones rítmicos que se hicieron evidentes con el estreno, en 1951, de «La engañadora», tema que fue inscrito inicialmente como mambo-rumba al no estar reconocido aun el cha cha chá, pero que muy pronto alcanzaría una gran popularidad, siendo editado en 1953, bajo el sello Panart, en un disco de 78 rpm en el que aparecería por la otra cara «Silver Star», éxitos a los que siguieron muy pronto «El túnel», «Nada para ti» «El alardoso», y «Cógele bien el compás».

Al nuevo ritmo se sumaron Rosendo Ruiz Quevedo, con su «Rico vacilón» y «Los marcianos», sin descartar al maestro Richard Egües, con el también reconocido «El bodeguero», y otras orquestas que montaron las piezas en sus respectivos programas para imponer el género más allá de nuestras fronteras.

El 8 de mayo de 1954, Jorrín funda la orquesta que lleva su nombre, y a partir de ese mismo año comienza a frecuentar México, país que dio una especial acogida al cha cha chá, convirtiéndose en una importante plaza de presentaciones. Allí permaneció casi de forma permanente hasta 1959, lo que le permitió consolidar a un público que aún sigue aclamando a esta agrupación.

En 1992 la EGREM editó el disco Todo cha cha chá, una verdadera clase magistral de orquestación e interpretación, donde junto a las habituales voces de Alberto Bermúdez, Tito Rodríguez y Jesús Jorrín, podemos disfrutar del estilo de un cantante que llegó a convertirse en parte fundamental del sello de su orquesta: el inigualable Tito Gómez. Siguiéndole al año siguiente el álbum Mano a mano, que incluye grabaciones de las orquestas América y Aragón, interpretando aquellos primeros hits que bajo su firma impulsaron el género.

Ya en el 2004, salió el mercado Por siempre Jorrín, que recoge grabaciones de su orquesta que aun se mantiene en activo.

Como en otros casos, parece que diciembre trajo la complicidad, pues el prestigioso músico, nacido en el poblado pinareño de Candelaria el 23 de diciembre de 1926, nos dijo adiós un 12 de diciembre de 1987, mas queda el patrimonio de su obra como fuente inspiradora de compositores, amén de generaciones, que se han encargado de fusionar el sabroso chá con otros ritmos, de lo que no ha escapado ni siquiera el rock, lo cual advierte que los íconos de la música, y sobre todo de la cubana, estarán por siempre. 

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.

 

 

Coralia Fernández (Cuba)

Coralia Fernández  (Cuba)

Compilación de Ricardo R. González (*)

Agosto tejió esa extraña complicidad de traerla al mundo en su día 23 del año 1927, pero también nos privó de su presencia en la primera jornada, de este octavo mes, de 1988.

Así, Coralia Fernández dejaba sus huellas dentro de la música campesina, atrapada por aquella vocación latiente desde pequeña que hacía del canto y la poesía la ciencia de su vida.

Por ello, no era extraño su participación en fiestas escolares y actividades auspiciadas por el Liceo de Regla, al tiempo que le reclamaba a su tía las nociones elementales para cantar el punto guajiro.

A los 14 años interpretó algunas canciones en un espacio infantil dominical de la radio cubana, y poco después fue contratada para el programa Rincón Criollo, destinado a la campiña.

¿Quién no recuerda a Coralia junto a su esposo Ramón Veloz? Creadores de una familia con amplia tradición en el arte, y conductores principales del televisivo Palmas y Cañas durante los años 70 y 80.

Este dúo, junto a Celina González, Radeunda Lina, Inocente Iznaga (El Jilguero de Cienfuegos), Martica Morejón, Justo Vega y Adolfo Alfonso, y María del Carmen Prieto, constituyeron íconos dentro de la música campesina del archipiélago, y resultan imprescindibles a la horade recuentos antológicos.

Coralia Fernández incursionó como actriz en novelas y cuentos, aunque su verdadera consagración quedó inscripta dentro de la acuarela de ritmos que distingue a nuestros campos.   

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.

 

Antonio Machín (Cuba)

Antonio Machín (Cuba)

Compilación de Ricardo R. González (*)

Sagua la Grande es tierra de ilustres. Nadie puede dudarlo, pero en el ámbito cultural tiene la dicha de tener a un Antonio Machín entre esas joyas legendarias que hacen grande el arte.

Nacido en la Villa del Undoso el 17 de enero de 1903, —aunque otras fuentes difieren— llegó a ser tan admirado en nuestro país como fuera de las fronteras por sus excelentes condiciones artísticas.

Vivió una era de esplendor del son,  género por el cual sintió una atracción especial, situándose muy pronto entre la élite de sus intérpretes en la capital habanera.

Con sólo veintiséis años logró conquistar la ciudad de Nueva York, donde realizó alrededor de doscientas grabaciones junto al Cuarteto Machín, las cuales le permitieron ganar fama dentro del público amante de la música latina.

Y así, el 13 de mayo de 1930 logró el hito que se considera el primer boom de la música cubana, al grabar para la RCA Víctor, junto a la orquesta de Don Aspiazu el tema El Manisero, compuesto por Moisés Simons dos años atrás, y que ya Rita Montaner se había encargado de estrenar.

En 1936, a pesar de contar con un amplio reconocimiento en todo el territorio americano, decide embarcar a Europa actuando primeramente en plazas de Londres y París, para luego establecerse en Sevilla, España, país en el que logró definitivamente su consagración como cantante, y donde terminó por dedicarse casi por completo al bolero hasta su muerte ocurrida el  4 de agosto de 1977.

Entre los temas vocalizados por Machín aparecen Dos gardenias, Angelitos negros, Noche triste, Madrecita y Toda una vida, que alcanzaron el rating de la popularidad, además de otros de su propia autoría entre los que figuran A Baracoa me voy, Peregrina flor, Mi ángel protector y la dedicada a su tierra natal en cuyo estribillo defiende, sobremanera, lo de Sagua la Grande// hermosa tierra cubana.

A pesar de que Antonio Machín no es conocido por las actuales generaciones, y muchos le atribuyen su nacionalidad a tierras ibéricas, resulta tan nuestro como esas palmas que irradian plena cubanía.  

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.

 

Juan Formell (Cuba)

Juan Formell (Cuba)

Compilación de Ricardo R. González (*)

No se podrá escribir la antología de la música cubana sin incluir el nombre de Juan Formell Cortina, que este 2 de agosto arriba a su cumpleaños 68.

¿Quién no conoce al maestro en Cuba y en muchas plazas foráneas? Y aquel muchacho interesado en el amplio mundo de la música encontró en su padre las primeras influencias que le hicieron aproximarse a las partituras.

Cuentan que aprendió la guitarra de forma autodidacta, un instrumento considerado por él como una de sus pasiones principales, mientras la otra se concentra en el contrabajo al que llegó de la mano de Orestes Urfé.

Oriundo del barrio de Cayo Hueso, Formell se ha convertido en ese creador, por más de cuatro décadas, capaz de mantenerse en constante renovación. Por ello conserva la frescura de un sello con el que ha conquistado el gusto de diversas generaciones.

Inició su carrera profesional en 1959 como integrante de la Banda de la Policía Nacional Revolucionaria, luego pasó a formar parte de agrupaciones dirigidas por los pianistas Guillermo Rubalcaba y Pedro Jústiz (Peruchín), verdaderas instituciones con quienes aprendió muchos de los secretos de la música popular cubana.

Más tarde vendría una etapa dentro del cabaret, experiencia extraordinaria para cualquier ejecutante en formación, a lo que seguiría su entrada en 1967 en la orquesta de Elio Revé, donde encontró la posibilidad de poner en práctica sus inquietudes de joven compositor y orquestador, haciendo que la misma comenzara a  experimentar una renovación en su sonoridad, que se hizo muy evidente dentro del panorama bailable de aquel entonces al popularizarse temas como «Qué bolá qué bolón» y «El martes».

Todavía recuerda el temor que tuvo para llegar hasta Elena Burke y proponerle algunas de sus canciones. De pronto, el éxito colmaría a temas como «Y ya lo  sé», «De mis recuerdos», «Lo material» y «Yo soy tu luz», recogidas en uno de aquellos acetatos grabados por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) allá por 1967.

Dos años más tarde, tomó la decisión de crear su propia agrupación, y es así que el 4 de diciembre de 1969 debutan Los Van Van, una charanga en esencia, pero con características muy particulares como fueron el uso de dos flautas y el empleo de los teclados, y en la que nació una fórmula rítmica distintiva, elaborada en conjunto con el percusionista José Luis Quintana (Changuito) y el pianista César (Pupy) Pedroso, a la que pondrían por nombre songo.

Los Van Van se convertirían, a partir de entonces, en una maquinaria perfecta, impulsada, también, por otros nombres importantes como el percusionista Raúl Cárdenas (El Yulo), el flautista José Luis Cortés, y los cantantes Miguel Ángel Rasalps (El Lele) y Pedrito Calvo, logrando como ninguna otra orquesta, la hazaña de mantenerse ininterrumpidamente en la preferencia del bailador, con un repertorio en el cual ha sido definitoria la labor de Formell, tradicionalmente calificado como todo un cronista musical debido a su afán por nutrirse de elementos de la cotidianidad.

Otros intérpretes han personalizado la obra del «vanvanero» mayor: Omara Portuondo, Rosita Fornés, Mirtha Medina, María Elena Pena, Fausto Durán, Beatriz Márquez, la Orquesta Anacaona, y Rochy Ameneiros figuran en la amplia lista de los valores nacionales, pero muchos han versionado sus temas fuera de las fronteras cubanas, y pongamos solo el ejemplo del señor Gilberto Santa Rosa.

Junto al llamado Tren musical de Cuba ha acompañado a Silvio Rodríguez en temas como Imaginada y Llegué por San Antonio de los Baños, Pablo Milanés (Proposiciones), Carlos Varela (El humo del tren), y a su hija Vanessa Formell en Este tumbao es pa los dos, incluido en el último CD de la agrupación titulado Arrasando.

O la contribución en la banda sonora del filme Los pájaros tirándole a la escopeta, protagonizado por Consuelo Vidal y Reynaldo Miravalles.

Y habrá que resaltar aquel cierre del fenomenal concierto Paz sin Fronteras, realizado en la capital cubana el 20 de septiembre de 2009, que en unión de Juanes, Olga Tañón y Miguel Bosé, entre otros artistas internacionales, demostraron lo inmenso de cantar en esta Isla.

Con la satisfacción de un premio Grammy, alcanzado en el 2000, por su disco Llegó Van Van, y el Premio Nacional de la Música, otorgado en el 2003, en reconocimiento a su desempeño dentro de la historia de la música cubana, Formell arriba a su  cumpleaños rodeado del cariño de su pueblo que le agradece por tantos años de buena música.

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.

 

Barbarito Diez (Cuba)

Barbarito Diez (Cuba)

Solo Mirtha Medina logró que Barbarito bailara frente a las cámaras de TV, en aquel memorable dúo que hicieron del emblemático Lágrimas negras.

Compilación de Ricardo R. González (*)

El danzón no tuvo otra voz como la de él. Sin duda, un ícono de la música cubana que lleva a inscribir a Don Barbarito Diez (1909-1995) como imprescindible en la hora de los grandes.

Voz solista de la orquesta de Antonio María Romeu, a partir de 1935, paseó el danzón, los sones y boleros por los reguistros de su tesitura durante más de cinco décadas. Con dicha agrupación, se hizo acompañar en sus presentaciones y sesiones de grabación, incluso después de la muerte de Romeu, hasta los años ochenta.

Paralelamente a su labor en la orquesta de Romeu, fundó el Cuarteto Selecto, con el que realizaba presentaciones en los cabarets de la bohemia habanera de los años cuarenta, y fue, precisamente su maestra, de la escuelita primaria en Manatí, quien descubrió que aquel muchacho estaba dotado de una bella voz y una singular entonación.

De manera que cuando cumplió 20 años de edad, ya Barbarito estaba listo para conquistar el mundo del arte con sus cualidades vocales. Se despidió, entonces, de su familia y confiado en su inspiración, partió a la conquista de la capital de Cuba.

Comenzó a cantar en un trío, con los célebres Graciano Gómez e Isaac Oviedo, y ello le nutrió de lo más valioso de nuestras tradiciones e incorporó genuinas raíces musicales: la trova tradicional y su gama de habaneras, boleros, guarachas, sones, y criollas.

Por lo general actuaban en la peña del famoso Café Vista Alegre entonces ubicado en Belascoaín entre San Lázaro y Malecón, punto de reunión de muchas glorias de la música cubana, de bohemios y trovadores, donde ya Barbarito mostraba la elegancia que lo caracterizó durante más de cinco decenios de vida artística.  Poco después alternó esta labor del trío con sus presentaciones en la Orquesta de Antonio María Romeu, , agrupación muy de moda y de extraordinaria aceptación popular.

Diversos escenarios de Cuba y de numerosos países de América Latina, Estados Unidos y Europa, aplaudieron su voz interpretando obras de Ernesto Lecuona, Pedro Flores, Moisés Simmons, Eliceo Grenet, Rafael Hernández, Simon Díaz y otros sobresalientes creadores, con ese especial timbre de virtuoso.

Llamaba mucho la atención que a diferencia de otros cantantes, Barbarito se distinguía por mantener siempre su virtuosismo y encanto singular, su porte erguido, sereno en una postura erecta, prácticamente inmóvil frente al micrófono.

Solo la cantante y actriz Mirtha Medina (radicada en los Estados Unidos desde septiembre de 1993) logró que Barbarito bailara con alguien frente a las cámaras de TV, en aquel memorable dúo que hicieron del emblemático Lágrimas negras.

La diabetes mellitus coartó la vida de La voz de oro del danzón, un 6 de mayo de 1995, cuando tenía 85 años. Quedan sus discos, y esa obra perdurable que bebe en el acervo de las más ricas tradiciones cubanas.

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.

 

                                   

 

 

Elena Burke (Cuba)

Elena Burke (Cuba)

Compilación de Ricardo R. González (*)

Hace ya ocho junios que Su Majestad se nos fue sin pedirnos permiso. El feeling y gran parte del mundo lloró a una de las voces emblemáticas de la canción dotada de sentimiento.

Elena Burke (La Habana 1928-2002) nos dijo adiós luego de pasear su tesitura por los diversos rincones del Orbe luego de aquellos inicios en un espacio radial de La Corte Suprema del arte, en 1942.

Integrante de las conocidas Mulatas de Fuego, pareja de baile de Rolando Espinosa, componente del trío Las Cancioneras, del cuarteto de Orlando de la Rosa, del famoso cuarteto Las D Aidas, hasta emprender su carrera como solista, en 1958, Elena estuvo en los principales espacios y teatros de Cuba y de gran parte del mundo.

Fue la primera intérprete que aceptó las canciones de Juan Formell, prestigioso músico cubano e ícono de la orquesta Los Van Van. El propio autor relata su sorpresa cuando Su Majestad le grabo: Y ya lo sé, Lo material, Hay mil formas y el clásico De mis recuerdos, convertido en un hit a finales de los 60 y principios de los 70.

Pero, además, rompió los esquemas e incorporó temas de los entonces desconocidos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés que encontraron en su voz el matiz necesario para que Hay un grupo que dice o Mis 22 años tuvieran en Elena un sello irrepetible.

Los principales compositores nacionales y foráneos encontraron en la vocalista la madera principal para entregarle más de una canción. Lo mismo en la balada, que en el son, la guajira o la guaracha.

Por ello, entre las opiniones autorizadas está la del escritor Gabriel García Márquez quien expresara en una oportunidad: «Elena Burke descubre con su voz lo que hay en su interior. Por eso, por donde pasa deja huella porque sus interpretaciones consiguen imponer en el escucha el texto, la melodía y el ritmo de las canciones.»

Figuras como Barbarito Diez, Bola de Nieve, Benny Moré, Pedro Vargas, Libertad Lamarque y Edith Piaf, entre muchos, compartieron escena con la Burke que dejó grabado numerosos discos de larga duración y singles.

Romana Elena Burke González, su verdadero nombre, nos dijo adiós, pero queda su obra para escucharla siempre con la bien llamada Señora Sentimiento porque sigue junto a nosotros como uno de los temas imprescindibles en su voz: Aquí, de pie.

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.

Joseíto Fernández (Cuba)

Joseíto Fernández (Cuba)

Joseíto Fernández, quién fuera conocido como El Rey de la Melodía, habanero de pura cepa y natural de la barriada de Los Sitios, nació el 5 de septiembre de 1908 allí en el mismo corazón de la ciudad.

 

Se sabe que a los 12 años ya el adolescente Joseíto cantaba en serenatas con sus amigos del barrio. Luego sin poseer estudios musicales académicos formó tríos y sextetos de aficionados hasta que comenzó a cantar en varias orquestas típicas, mientras se ganaba la vida como zapatero.

 

Creó su conocidísima composición Guantanamera en el año 1928; pero no es hasta casi una década después, cuando Alejandro Riveiro la emplea como tema de despedida de su orquesta, que comienza a hacerse conocida esta melodía convertida hoy en la creación cubana más difundida universalmente.

 

Así, Joseíto, a medida que la orquesta interpretaba los acordes de la pegajosa melodía, iba improvisando décimas sobre las cualidades de las mujeres del lugar, lo que comenzó a hacer, adecuando la letra improvisada al pueblo de Cuba donde se estuviera realizando la fiesta bailable. Confesó el propio autor, que la guajira quedó dedicada a la mujer de la ciudad de Guantánamo, a la guantanamera, por razones sentimentales. Mucho se ha escuchado en el mundo desde entonces la Guantanamera.

Joseíto Fernández fue contratado de manera exclusiva  por una emisora de la radio cubana en el año 1943 para que su canción fuera parte diaria de un programa que divulgaba y escenificaba la crónica roja del día, utilizando el estribillo de dicha canción.

 

Joseíto interpretaba décimas, al compás de la melodía, que complementaban el drama o hacían reflexiones sobre los trágicos sucesos. Este programa se mantuvo en el aire durante 14 años y gozaba de elevadísima audiencia.

Pero cuando dejó de ser trasmitido, la Guantanamera perdió algo de su popularidad, aunque siempre siguió siendo recordada por el pueblo que la citaba como referencia ante sucesos de cierta notoriedad.

 

En los años de esplendor del danzonete, cantó acompañado por la orquesta de Raimundo Pía y Rivero, y después con su propia agrupación de danzones.

Se hizo célebre de manera internacional la Guantanamera el ocho de junio de 1963, cuando en el Carnegie Hall de Nueva York, el trovador norteamericano Pete Seeger dio a conocer una versión en la que incluía varios de los Versos Sencillos de José Martí.

 

Pero fue varios años antes, que en la Peña del músico asturiano Benjamín Orbón, padre del compositor Julián Orbón, se introdujera por primera vez los Versos Sencillos, del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, en la melodía de la popular obra.

 

Orbón, vino para Cuba siendo un adolescente; y esa versión era cantada por él acompañado por su piano durante las peñas que solía realizar en su residencia.

Héctor Angulo, uno de los miembros de la peña y alumno suyo, ganó una beca en los Estados Unidos allá por 1959. Entonces laboró en un campamento de verano y allí cantaba la "Guajira Guantanamera” para los veraneantes siendo esta la forma en que llegó a ser conocida por Pete Seeger.

 

La otra grabación se produjo en 1965 por un trío norteamericano que le añadió elementos del rock. Estas grabaciones comerciales de La Guantanamera, hicieron que se convirtiera en un verdadero éxito internacional.

 

La pieza, considerada por la crítica como un símbolo de cubanía, ha sido grabada por innumerables músicos tanto cubanos como de infinidad de países. Numerosos espectáculos cubanos llevados a diferentes escenarios por el mundo han tenido como centro o cierre esta composición. Así muchos espectadores de diferentes partes del planeta han bailado al compás de esta melodía. En relación con la titularidad de esta han existido acciones legales, y se han mencionado otras piezas de nombre semejante, pero que no son la misma obra.  

 

Joseíto Fernández fue el autor de más de 200 creaciones musicales que gozaron de gran popularidad, como la interpretada por Benny Moré titulada Elige tú, que canto yo. Compuso también varios boleros y guarachas, entre ellas Son candela, Amor de madre, Tu tierra y tu libertad, Así son, boncó.  

Joseíto Fernández fue, además, alguien que hizo de la sencillez un modo de actuación cotidiana. Sobresalió también por el trato respetuoso hacia todos aquellos que se relacionaban con él, por su amor a los niños y a la gente de su barrio.

 

Nos abandonó este juglar cubano en su Habana, el 11 de octubre de 1979. La lista de los que la han grabado en el mundo es interminable, pero la Guajira Guantanamera es y será tan cubana como las palmas, porque se ha convertido ya en un segundo himno de Cuba.