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Artistas

Rodrigo Prats (Cuba)

Rodrigo Prats (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

La región villareña de Sagua la Grande lo vio nacer un 7 de febrero de 1909, sin pensar que Rodrigo Ricardo Prats Llorens le dejara una huella perdurable al teatro lírico cubano; sin embargo, tampoco imaginó que «Una rosa de Francia» .le daría la vuelta al mundo, y se convertiría en una de las obras musicales de mayor celebridad en el pasado siglo XX.

Y fue su padre, Jaime Prats Estrada, quien lo inició en el descubrimiento del pentagrama a partir de su vasta experiencia como director de la orquesta Cuban Jazz Band, pionera de este formato en Cuba, en la cual Rodrigo debutó como ejecutante del violín, con sólo trece años de edad.

A punto de concluir la década de los años 20, se traslada a La Habana e ingresa en la Orquesta Sinfónica de La Habana, fundada por Gonzalo Roig, con quien comparte, a partir de 1931, la dirección musical de la Compañía de Manuel Suárez y Agustín Rodríguez.

Lo necesario para desarrollar una temporada de teatro vernáculo en el escenario del «Martí», extendida por más de cinco años, y que propició el esplendor de nuestro arte lírico. Por aquella época se estrenaron las obras «Soledad», «María Belén Chacón», y la memorable «Amalia Batista», su máxima creación.

Baste decir que este tema fue compuesto especialmente para Rita Montaner, a partir de un libreto de Agustín Rodríguez, en el que se recrea la leyenda de una mulata famosa por su belleza en aquella Habana de finales del siglo XIX y principios del XX.

Su estreno se realizó el 21 de agosto de 1936, pero en lugar de Rita, la protagonista fue la soprano Maruja González, ya que a sólo tres días de la función y con todo el teatro vendido, “La Única” abandonó el conjunto debido a diferencias irreconciliables entre ella y el libretista de la obra y, a la vez, dueño de la compañía.

Cuatro años más tarde, el 9 de agosto de 1940, Rita accedió a interpretar, por única vez, a la mulata Amalia sobre las tablas del Teatro Nacional, en lo que el compositor calificaría como una ocasión irrepetible.

En 1980 el propio Rodrigo Prats dirigió la grabación realizada por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), y poco tiempo después de culminar este proceso, le sorprende la muerte el 15 de septiembre del propio año.

El aval de Rodrigo Prats se enriqueció al ejercer como director de la Orquesta Sinfónica del Aire; la Orquesta de Cámara del Círculo de Bellas Artes; subdirector de la Orquesta Filarmónica de La Habana; así como director musical de la emisora RHC Cadena Azul, y del Canal 4 de la Televisión.

Correspondió al legendario Barbarito Diez inmortalizar «Una rosa de Francia» en tiempo de danzón, pero también el cuarteto Las D’Aida grabó «Yo sí tumbo caña», en tanto el grupo Los Amigos dejó plasmada su versión de «Soledad» para un disco de instrumentales cubanos editado, hace unos años, por el sello EGREM.

Nuestra vedette Rosita Fornés tuvo el privilegio de incorporar a su repertorio la pieza «María la O», cuya paternidad también corresponde a ese legado musical llamado Rodrigo Prats.  

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

Justo Vega (Cuba)

Justo Vega (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

Cuando se hable de la décima o de la improvisación en Cuba o en cualquier cátedra de Latinoamérica, el nombre de Justo Vega tendrá sitio preferencial porque supo ganarlo esculpiendo las raíces del buen arte.

Y así se mantuvo de por vida. Como diría alguien con buen tino, «es y será uno de los más entrañables símbolos de la cultura lírica de raíz rural, un príncipe de la espinela, un tonadista ejemplar».

Matanzas, su provincia natal, lo vio crecer desde que el 9 de agosto de 1909 llegó al mundo, allá en el recóndito paraje de Cabezas, permeado ya por el horizonte de las canturías, aunque antes de alcanzar su sello profesional como improvisador de décimas en la radio fue peón de albañilería, bodeguero, obrero agrícola y cocinero.  

No faltó tampoco su aventurada función de publicista de una marca de cigarros; sin embargo, muchos recuerdan aquellas fascinantes veladas de repentismo en los Jardines de la Tropical, o sus incursiones radiales con La hora de Partagás, a través de la COCO, donde su arte ganó merecida fama hacia la medianía del siglo pasado. Tanta que comenzó a ser identificado como el Caballero de la Décima Cubana.

Junto a Adolfo Alfonso hizo memorables sus controversias en el espacio televisivo Palmas y Cañas. Lo suficiente como para que reinara entre ellos una profunda hermandad, a pesar de los fuertes encontronazos ante las cámaras.

Era solo eso, pues Adolfo buscaba a Justo y Justo buscaba a Adolfo, quien en una oportunidad expresó: «Cuando hablo de Justo Vega / En toda su maestría / Hablo de la poesía / Que tanto al pueblo le llega. / El que con el verso juega / Y con las musas comparte / El que en amor se reparte / Es por su altísima hechura / Un sol para la cultura / Y una joya para el arte.»

Cuánta razón para este hombre que tanto en la radio, en campamentos agrícolas, unidades militares o peñas citadinas mantuvo a su patria en el principal altar de su vida.

Recio como una palma, con su voz alta y áspera y el verbo vertical, pareciera todavía que en cualquier momento irrumpirá en el estudio de Palmas y Cañas, para ofrecerle un oportuno consejo a quienes inician el camino como jóvenes improvisadores.

Cuentan que aun se extraña su carácter jocoso en las tertulias familiares o en las reuniones entre amigos.

Este cantor del pueblo falleció el 13 de enero de 1993, y aunque la idiosincrasia musical de la campiña no podrá jamás llenar su espacio queda su obra que perdura para que el verso y su postura comprometida se alcen entre los nuevos pilares y se expandan por los montes como el trino del sinsonte.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

Manuel Corona (Cuba)

Manuel Corona (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

Bastaría haber llevado únicamente al pentagrama «En el lenguaje misterioso de tus ojos, hay un tema que destaca sensibilidad» para incluirlo entre los más grandes de la trova cubana de todos los tiempos.

Y así fue, Manuel Corona Raimundo, el autor de «Longina», inscribió con mayúsculas su nombre, y nos regaló la bella «Santa Cecilia», «La Alfonsa», «Aurora», y otras manifestaciones de la canción popular como es el caso de las guarachas «El servicio obligatorio» y «Cómo está Lola».

Nacido el 17 de junio de 1880 en el poblado de Caibarién, antigua provincia de Las Villas, se estableció en La Habana, una vez terminada la Guerra de Independencia, para ejercer como tabaquero.

Y es el supervisor de la factoria quien le enseña los primeros acordes de la guitarra. Ya entrado el 1900 se dedicó por entero a la música dentro de un mundo que le propició una vida bohemia, pero es en 1908 que alcanza la popularidad con su canción «Mercedes».

A partir de entonces sucederían una tras otra… «Doble inconsciencia», «Las flores del Edén», «Una mirada, Adriana», entre muchas otras, hasta convertirse en el compositor que más contestaciones o respuestas realizara a sus creadores de época mediante las partituras.

Así constan « Animada», como respuesta a «Timidez», de Patricio Ballagas, «Gela Amada» ante «Gela Hermosa», de Rosendo Ruiz, «La Habanera» para el caso de «La Bayamesa», de Sindo Garay, por citar algunas.

Corona no declinó las tertulias y peñas familiares como escenario para mostrar su arte que ya lo reafirmaba como excelente músico y compositor.

Falleció el 9 de enero de 1950 en la capital cubana en medio del olvido y la pobreza.

En la actual provincia de Villa Clara, como demarcación que acoge su tierra natal, se realiza cada año, y durante los primeros días de enero, el encuentro de trovadores del país para rendirle tributo a sus musas inspiradoras de un patrimonio inmortal.

Figuras como Teresita Fernández, Liuba María Hevia, Gerardo Alfonso y otros de extraordinaria valía, han viajado hasta Santa Clara y a la propia villa de Caibarién para participar en estos eventos a fin de irrigar esas raíces de nuestro acervo que dignifican a los inmortales.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

Moraima Secada (Cuba)

Moraima Secada (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

Diciembre de 1984 trajo la noticia. Apenas horas para la despedida de un año, y María Micaela Secada Ramos dejaba de existir en la capital cubana.

¿Se apagaría el recuerdo de La Mora? Por supuesto que no. Cómo olvidar a una de las más populares intérpretes de la canción cubana quien, con solo tres años, acudiera a un programa infantil en su Santa Clara natal para años después acudir a La Corte Suprema del Arte, ya establecida con su familia en La Habana.

Nunca ocultó que por la década de los 40 ejerció como planchadora, sin dejar de asistir a las tertulias organizadas en casa del compositor Jorge Mazón donde se perneaba de las novedades del feeling y de las corrientes contemporáneas del pentagrama.

Su presencia se hizo sentir en la orquesta femenina Anacaona para recorrer importantes escenarios del mundo, pero en 1952 integró el cuarteto Las D Aida y consolida su imagen a nivel internacional.

Con la llegada de 1960 se produce su debut como solista, y no escapa de la nómina del cuarteto del maestro José Manuel Solís (Meme) hasta que decide retomar los caminos de solista.

Temas como «Alivio», de Julio Cobo, «Cuidado»(Nacho González), «Vuélvete a mi» (Tania Castellanos), «Rompiendo» (Chany Chelacy), que fuera su compañero en la vida y una de las víctimas del acto terrorista del avión en Barbados, recibieron su antológica voz.

Pero el climax lo alcanzó al interpretar «Perdóname conciencia», de Piloto y Vera, que a través de los años no ha encontrado una versión igualable.

Momento estelar en la trayectoria artística de Moraima Secada devino su presentación en el espacio Nostalgias, de la televisión mexicana, junto a Elena Burke y Omara Portuondo, para rememorar el trabajo con Las D Aida  que, en 1957, dejó huellas perdurables en México.

Aquí se estrenó la composición de Alberto Vera, «Amigas », creada para ellas. Un tributo a la relación afectiva y profesional que unió a las tres cantantes.

Moraima nació el 10 de septiembre de 1930, en Santa Clara, capital de la hoy provincia de Villa Clara, pero deja para el recuerdo y a la cultura cubana su estilo peculiar y algunas veces controvertido en su interacción especial que logró hacerla grande entre su público.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

Teresita Fernández (Cuba)

Teresita Fernández  (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

¿Qué generación de cubanos no la conoce? ¿Quién ignora las travesuras de El gatico Vinagrito? ¿Qué padre no ha visto crecer a su hijo con la obra de esta gran maestra que canta?

Y su Santa Clara, la ciudad que la mimó entre sus ríos, cazando guajacones, o entre el aire fresco de El Capiro, se siente orgullosa y vibra al tener a alguien devenida ícono de la cultura nacional, y la bendice junto a sus habitantes, este 20 de diciembre, cuando le aporta otro año a su vida.

Teresita Fernández García arriba hoy a su octava década. Se graduó de Pedagogía, y ejerció el magisterio en la Escuela Normal de esta urbe; sin embargo, la inclinación por el pentagrama le marcaba el camino hasta que prestigiosas figuras como Esther Borja, las hermanas Martí, Luis Carbonell y Marta Valdés le indicaron las sendas del complejo mundo del arte.

Una vez en la capital cubana trabajó junto a Bola de Nieve en aquellas temporadas inolvidables del restaurante Monseigneur. Y en otros centros nocturnos encontró la dicha de alternar con Josehpine Baker y Sindo Garay.

Una anécdota para muchos desconocida fue el encuentro con el presidente chileno Salvador Allende, quien luego de escucharla en cierta oportunidad admiró su arte y le confesó: «Usted cantando se me parece a las mujeres de mi pueblo.»

Aunque el reconocimiento mayoritario de Teresita recae en sus canciones y rondas infantiles, la cantautora posee innumerables composiciones dirigidas a los adultos. Baste mencionar «Con inmensa ansiedad», «Mi flor de otoño», «En estas tardes», y «Cuando el sol», esta última convertida en un hit popularizado por Luisa María Güell, y retomada en la década de los 80 por Maggie Carlés.

Intérpretes como Elena Burke, Ramón Veloz, Omara Portuondo, y las hermanas Martí incluyeron en sus repertorios canciones rubricadas por una santaclareña, Hija Ilustre de la ciudad, a la que ama por convicción y de corazón.

Y sería imperdonable minimizar su trabajo en la musicalización de 28 rondas, entre ellas «Dame la mano y danzaremos», cuya letra pertenece a Gabriela Mistral. O los versos del Ismaelillo, de José Martí.

Autora, además, de una obra poética recogida en tres cuadernos, uno de los cuales vio la luz gracias a la editorial Sed de belleza, de Santa Clara, con los que Teresita demuestra que el arte es grande siempre que ilumine a los pueblos, respete su idiosincrasia, nos bañe de amor, y encuentre en los detalles la belleza intrínseca de cada uno.

Razón tuvo Cintio Vitier al manifestar: «Si Usted no ha oído cantar a Teresita Fernández no sabe lo que es el mar, la pena, el aroma, el ave».

¡Cuánto de cierto, maestro! Por ello, y por mucho más, Cuba tiene la dicha de suscribir a la inmortal Violeta Parra, y gritar a los cuatro vientos: ¡Gracias a la vida por darnos a Teresita!

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

Liuba María Hevia (Cuba)

Liuba María Hevia  (Cuba)

Por Ricardo R. González

Quiso la vida que Liuba María Hevia Jorge llegara al mundo un 14 de diciembre de no importa qué año. Lo cierto es que, esa propia vida, nos concedió uno de los regalos más hermosos, a través de los años, con un arte y una voz que trae esa escalada bienvenida para arrullar el alma.

Convertida en una de las voces imprescindibles de la cancionística cubana, Liuba despuntó como esa niña traviesa que veía en la guitarra su inseparable compañía y confidentes de tantos «secretos cantados».

Su paso por el Conjunto Artístico de las FAR, o las vivencias como pedagoga de infantes la consolidaron como artista y ser humano para revolotear ese manantial que irriga la canción, la guajira, el tango, la habanera, el son o la parranda como saltarinas inquietas que buscan la perfección, el lirismo, y, sobre todo, el arte de quilates.

Mención especial merece su trabajo con la música infantil como digna continuadora de nuestra Teresita Fernández. No por gusto su disco «Travesía mágica» le valió el Premio de la Feria Internacional CUBADISCO 2002 en la categoría que reconoce la obra dirigida a la siempre esperanza del mundo, en la que desempeñó un rol de primer orden la poetisa Ada Elba Pérez (1961-1992), quien también es autora de muchos de los temas vocalizados por Liuba.

Por la década de los 90, la cantautora le impregnó un matiz peculiar a la música campesina. A su manera, y con su sello, revitalizó el trino del sinsonte, las palmeras, el riachuelo, las tonadas o la simple nobleza guajira a través de ese ajiaco interesante que mezcla el laúd, el tres o el violín, sin apartarse de las verdaderas raíces.

Y otro de sus aspectos notorios radica en el rescate de la habanera, un género renovado por ella para pasearlo por ultramar, llevarlo hasta España, y devolverlo con aires del Morro, con signos de la Jiribilla, y la policromía antillana.

Su discografía es dueña de excelentes resultados artísticos que muestra sus distintivos.. Pudiéramos decir que cada disco presenta su propia «personalidad» que lo difiere del anterior, aunque de conjunto sean como esos hijos salidos de entrañas creadoras y obsesivas por el buen arte.

«Coloreando la esperanza», su primer CD, «Alguien me espera», «Del verso a la mar», «Ilumíname», «Ángel y Habanera», y su más reciente producción «Puertas» son ejemplos, entre otros, del por qué Liuba María Hevia nos toca las disímiles aristas de la vida y nos hace sus confidentes envueltos en absoluta complicidad.

Este 14 de diciembre anda de cumpleaños. Gracias, entonces, Liuba por ese duende intranquilo que nos traspasa la epidermis, sube a la montaña, baja a la ciudad, cruza los mares, para alimentar los múltiples y complejos manantiales de la vida gracias a tu «señor arcoíris» de encantos.

Compay Segundo (Cuba)

Compay Segundo (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

Santiago de Cuba tuvo el privilegio de verlo nacer. Cuentan que fue un 18 de noviembre de 1907, allá en la playa Siboney, pero jamás imaginó Francisco Repilado, nuestro Compay Segundo, que su nombre, y su obra, se consagrarían alrededor del mundo al vestir de lujo a la música cubana.

Baste decir «Chan Chan» para decir…Eso es Cuba, un tema surgido de este hombre quien compartió desde muy joven los oficios de  barbero y tabaquero, mientras aprendía, de manera autodidacta, a tocar la guitarra y el tres, a la par que estudiaba clarinete con el maestro Enrique Bueno.

Su debut ocurrió con el sexteto Los Seis Ases, e integra más tarde la Banda Municipal de Santiago aportándole su destreza como clarinetista. Con dicha agrupación viaja, por primera vez, a La Habana en 1929, y actúa el 10 de octubre en la ceremonia de inauguración del Capitolio Nacional.

Desde temprano Compay demostró la «madera» de músico. Daba rienda suelta a su filiación trovadoresca compartiendo su permanencia en la banda con su participación en diferentes estudiantinas, entre las que figuraron la de Yayo Corrales, la de Ventura El Sordo y La Arrolladora, hasta que en 1930 integra el Cuarteto Cubanacán, con el cual toma parte en las transmisiones que realizan las primeras estaciones radiofónicas establecidas en Santiago.

Cuatro años después, regresa a la capital donde decide quedarse. Era, entonces, miembro del Quinteto Cuban Stars, bajo la guía de otro grande del pentagrama cubano: Ñico Saquito. Y esta oportunidad le posibilita ejercer como clarinetista en la Banda Municipal de La Habana, bajo la dirección del maestro Gonzalo Roig.

Luego vendría su entrada como guitarrista en el Cuarteto Hatuey, de Justa García, donde comparte además con Marcelino Guerra y Lorenzo Hierrezuelo, agrupación con la que viaja a México en 1938 para hacer presentaciones en teatros y cabarets, y tomar parte en las películas Tierra brava y México lindo.

Al iniciarse la década del cuarenta su nombre aparece en la nómina del Conjunto Matamoros por espacio de doce años. He aquí cuando comparte roles en el dúo Los Compadres, a partir de 1942, y prosigue junto a Lorenzo Hierrezuelo  hasta septiembre de 1955, para dar vida a infinidad de presentaciones y grabaciones discográficas ampliamente promovidas por toda América Latina.

Al separarse de Los Compadres crea la agrupación Compay Segundo y sus Muchachos, el soporte musical durante el resto de su vida. Primero con formato de trío, y luego como cuarteto. Nombres de la talla de Carlos Embale y Pío Leiva le aportaron a la agrupación como integrantes activos, aunque realizó también temporadas con otras agrupaciones, entre ellas el Cuarteto del Hotel Daiquirí y el Cuarteto Patria.

Luego de un período silente, 1989 le trae un resurgimiento necesario pero inesperado. El musicólogo Danilo Orozco organiza una presentación de Compay y el Cuarteto Patria en el Smithsonian Institute de Washington, suceso que va a desencadenar toda una serie de oportunidades de promoción internacional, entre las que se cuentan su participación en 1994 en el “Encuentro entre el son cubano y el flamenco” organizado por la Diputación de Sevilla; su colaboración con Santiago Auserón y sus conciertos junto al cantaor flamenco Chano Lobato.

La popularidad se acentúa de forma vertiginosa en Europa, hasta que en 1997 forma parte del proyecto Buena Vista Social Club, que le propició un premio Grammy con la venta de millones de copias. Era ya la nueva consagración. Su pegajoso Chan Chan se convirtió en todo un himno que Compay defendía en los principales escenarios del mundo.

Muchos son los discos en los que aparece recogida la obra de Francisco Repilado, entre los que sobresalen títulos como Llegaron Los Compadres, Huellas del pasado, Son del monte y Grandes éxitos, a los que hay que sumar, además, una interminable lista de compilaciones donde su presencia, a finales de la década de los noventa, se hizo imprescindible.

Una discografía que constituye todo un monumento a su obra, e incluye un dúo con el entonces dúo villaclareño Evocación, integrado por Vionaika Martínez y Mayelín Pérez.

Compay Segundo cumpliría, este 18 de noviembre, 103 años. Su presencia se nos fue, definitivamente, un 14 de julio de 2003, pero deja su nombre y su obra dentro de nuestro patrimonio porque, como subrayara un estudioso, refiriéndose al músico «con más de 90 años, fue uno de los protagonistas de esa hazaña que representó el hacer volver la mirada del mundo entero hacia la música tradicional cubana.

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.

Alejandro García Caturla (Cuba)

Alejandro García Caturla (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

Remedios lo vio nacer el 7 de marzo de 1906, y desde pequeño le penetró ese aire que sacude a las venas y las inclina por la música. Y no se equivocó porque el tiempo lo convirtió en una de las glorias de la música cubana.

Desde su juventud fue seducido por los ritmos afrocubanos que influyeron en sus composiciones, y para ello valieron los primeros estudios musicales con Fernando Estrems y, posteriormente, con María Montalván y Carmen Valdés.

Sin embargo sus dotes musicales fueron compartidas por los estudios de Derecho, en la Universidad de La Habana, hasta que en 1928 marchó a París, en correspondencia a su relación con Alejo Carpentier y otros miembros del Grupo Minorista.

El periplo y estancia europeos no coartaron sus dotes creativas, y a su regreso a Cuba continuó desarrollándose como compositor, compartiendo su vocación con la de letrado en leyes.

De su quehacer musical sobresalieron la "Pastoral Lullaby",o la "Berceuse Campesina", que apareció en la película «The Lost City».

Por su parte, Alejo Carpentier escribió para él el libreto de la ópera en un acto «Manita en el suelo».

En septiembre de 1929 viajó de nuevo a Europa para representar a nuestro país, junto a Eduardo Sánchez de Fuentes, en los Festivales Sinfónicos Iberoamericanos de la Exposición Internacional de Barcelona, donde se ejecutó “Tres Danzas Cubanas” para Orquesta Sinfónica.

Y ya, en 1932, fundó la Sociedad de Conciertos de Caibarién, de cuya orquesta fue director. Seis años después ganó el primer premio con “Obertura Cubana", en el Concurso Nacional de Música, convocado por la Dirección de Cultura de la Secretaría de Educación; en tanto, obtuvo Mención Honorífica por “Suite para Orquesta".

A pesar de su corta vida, el violín conoció de su destreza, al igual que la viola al fungir como integrante de la Orquesta Sinfónica de La Habana y la Filarmónica.

Un dato curioso es su ejecución en el piano dentro de un formato jazz band del cual fue director, y tocó, además, el saxofón, el clarinete y la percusión.

Cuentan que su voz de barítono se escuchó en algunos conciertos organizados por Annkerman y Lecuona, y en su vasto acervo cultural ejerció el periodismo como cronista social,  y  realizó algunas crónicas como crítico de arte.

Su preocupación por la justicia lo llevó a realizar un ensayo sobre la delincuencia juvenil. Ejerció jurídicamente en varios municipios, manteniendo una conducta intransigente en el ejercicio de su profesión, por lo que su permanente lucha contra los convencionalismos sociales y artísticos lo llevó a la muerte el 12 de noviembre de 1940.

Algunas de sus composiciones trascendentales: No quiere juego con tu marido (Danza cubana no. 1), 1924; La viciosa (Danza cubana no. 2), 1924: La número tres (Danza cubana no. 3), 1924; Cuentos musicales. Escanas infantiles, 1925; Tres Preludios, 1925; Tres danzas cubanas, 1927; Obertura cubana, 1928; Comparsa (a Fernando Ortiz), 1930; Preludio Homenaje a Changó, 1936; Berceuse para dormir a un negrito, 1937, y Berceuse Campesina, de 1938.

(*) Todos los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base.