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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Artistas

Beatriz Márquez (Cuba)

Beatriz Márquez (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

La bien llamada «Musicalísima» arriba, este 17 de febrero, a su sexta década de vida. Y su pasión por la música es tanta que desde los nueve años estudiaba ese mundo de los acordes y el solfeo.

Quizás motivada por su padre, el compositor René Márquez, o por el ambiente hogareño que respiraba, y del cual no podía alejarse para retomar después sus vuelos en el conservatorio Amadeo Roldán y en la Escuela Nacional de Arte (ENA).

Su debut profesional ocurrió en 1968 como uno de los rostros de la canción vinculada al programa televisivo dominical Buenas Tardes. Por entonces se presentaba con el popular grupo Los Barba, y hacía dúos ocasionales con el cantante Miguel Chávez.

Ya en el 70 ocupa el rol de solista e inicia una carrera ininterrumpida de éxitos entre los que figuran «Espontáneamente», un clásico de su papá René, «Separada de ti, ahora (Eddy Gaytán), «Diálogo con un ave, (Mike Pourcel), «Perdóname este adiós, (Rembert Egües), «Regresa, no más lejos de ti» (José Valladares y Ricardo Quijano), «Raíces profundas» (Rolando Vergara), «Este amor que no muere (Juan Formell), «Mejor concluir» (Juan Almeida), y  «Amar, vivir», del propio Egües, entre muchos otros.

Con una voz privilegiada Beatriz ha conquistado numerosas distinciones internacionales como el Primer Premio de Interpretación y Premio a la Mejor Canción polaca en el Festival de Sopot, Polonia, de 1975, Primer Premio de Interpretación en el Festival Canción de Buga (Colombia), en 1980, y el Gran Premio del Concurso Adolfo Guzmán de 2000 en Cuba, por solo citar algunos.

Se ha presentados en países europeos, latinoamericanos, de América del Norte y africanos, a la vez que ha vocalizado los temas de las telenovelas cubanas «Sería tan fácil» y «Un bolero para Eduardo».

Si algo le caracteriza es su faceta como compositora que nutre, además, el repertorio de otras intérpretes, a la vez que ha hecho números ocasionales junto a Sergio Farías y Vicente Rojas.

Entre las composiciones que pertenecen a su autoría resaltan «Despídeme de todo mi existir», versionadas, también, por Sory y Annia Linares, «Se perdió nuestro amor», «Mi amor por ti murió», «Cuando el amor llegue a ti», y «Busco nuevamente mi sentir».

Según los especialistas, Beatriz Márquez posee un amplio registro vocal, recursos expresivos, excelente afinación, y sentido del ritmo y fraseo, sin apartarlos en ciertos momentos de la improvisación jazzística.

Desde 1970 aparecieron sus primeros discos de larga duración bajo el sello Areíto, de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), para figurar entre las intérpretes que más producciones consecutivas logró en la década de los 80 y parte de los 90, y, posteriormente, también aparece su registro con el consorcio fonográfico BIS MUSIC.

Valga, entonces, esta reseña para desearle larga vida a la Musicalísima, y que nos siga deleitando en el privilegiado camino del arte.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

«El Jilguero de Cienfuegos» (Cuba)

«El Jilguero de Cienfuegos» (Cuba)

Por Ricardo R. González

La Televisión Cubana, en su emisión vespertina del Noticiero Nacional, informó el deceso de Inocente Iznaga González, quien fue bautizado en el mundo del arte como «El Jilguero de Cienfuegos», en la madrugada de este viernes 10 de febrero.

Lo perdimos y es triste admitirlo. Ya no tendremos su sonrisa amplia y aquella carcajada feliz que se adueñaba del espacio televisivo Palmas y Cañas para dejar al aire su «Caminito de Zaza» «El ángel tú bella», o la típica caldosa de Kike y Marina.
Cierto, ya no está, y de nuevo la cultura cubana tiende su luto por otra pérdida irreparable que se suma a las tantas recientes.

El Jilguero había nacido en Cienfuegos, el 28 de octubre de 1930. Sus inicios se remontan a la tierra natal donde cantaba puntos guajiros y géneros montunos.

Más tarde se trasladó a La Habana, y ya en la década de los años 50´contaba con una marcada popularidad.

Con su música recorrió toda la geografía cubana, sin excluir sus presentaciones en el extranjero. Una de las más recordadas fue en el Festival Sopot 69, de Polonia, en que formó parte de la delegación cubana integrada, además, por Los Montunos y el dúo integrado por Mirtha Medina y Raúl Gómez.

En aquella oportunidad los artistas dejaron tremendo sabor sobre el escenario, lo que fue reconocido por la prensa, pues al final, El Jilguero y Los Montunos se unieron a la presentación de la entonces pareja del momento Mirtha y Raúl para romper la mesura europea.

Inocente Iznana integró el elenco de lujo del espacio televisivo Palmas y Cañas. Junto a Coralia y Ramón, Justo Vega y Adolfo Alfonso, Celina González, Martica Morejón, su compañera en la vida, y Radeunda Lima, entre otros, demostraron que la música guajira es parte inseparable del patrimonio nacional.

Ya no tendremos al Jilguero. Cierto, mas está su obra que se empina con ese trino limpio y suyo para seguir anunciando las alboradas desde lo eterno de su existencia.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

María Teresa Vera (Cuba)

María Teresa Vera (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

Sería imperdonable que aunque sea 24 horas después no dedicara una semblanza a quien fue (y es) una de las grandes de la trova cubana de todos los tiempos: María Teresa Vera.

Y es que el 6 de febrero de 1895 nació en el pobladito de Guanajay para dejar su nombre como la iniciadora del trovar femenino en Cuba.

No ocultó su inclinación por la música desde temprana edad, y dichas aptitudes comenzaron a volar al trasladarse con su familia para La Habana donde inició sus estudios de guitarra con el tabaquero José Díaz, más conocido por El Negro, junto a Manuel Corona. Patricio Ballagas y Graciano Gómez.

Mayo de 1911 le trae su debut profesional en un teatro habanero, y para el momento seleccionó la criollísima Mercedes, del propio Corona. Después vendría su despliegue artístico al cantar con diversas voces hasta fundar el Septeto Occidente para integrar más tarde el cuarteto de Justa García.

Con Lorenzo Hierrezuelo formó un dúo, a partir de 1937, mantenido durante 27 años en un tiempo en que ya los principales consorcios discográficos de la época fijaban la atención en su arte.

Varios discos fueron registrados en dichos catálogos, en tanto no faltaban giras al exterior que reconocían el distingo de la cubana. Las emisoras Radio Salas y Radio Cadena Suaritos acogieron a María Teresa, en tanto los espacios televisivos y salas teatrales tampoco la ignoraban de sus carteleras.

Sin embargo, hay que recordar su etapa con Rafael Zequeira, con quien viajó en varias ocasiones a Nueva York, cuyas giras culminaron con la realización de varios discos.

Tras el deceso de Zequeira en 1924 actuó en rol de solista o acompañada esporádicamente por algún trovador hasta unirse, dos años más tarde, a Miguelito García. 

La trovadora compuso su primera obra en 1914 «Esta vez tocó perder», lo suficiente para que llegara más de una veintena de canciones de manera seguida

Fue de las creadoras que mantuvo los cánones establecidos por los más antiguos compositores de la trova, aunque le despertó la curiosidad el bolero, el bolero son, la guaracha, y la habanera.

Con esta última modalidad logró su trascendental éxito «Veinte años» que le ha dado la vuelta al mundo.

«Que te importa que te ame

si tú no me quieras ya

el amor que ya ha pasado

no se debe recordar…

Con Guillermina Aramburú y Enma Nuñez formó binomios autorales durante varios años, y entre su prolífera obra aparecen los boleros «Amar y ser amada», «Virgen del Cobre» Te acodarás de mí», y «Porque me siento triste», entre muchos otros.

En el caso del bolero son incluyó «Dime que amas», «Solo pienso en ti» y «Habanera», y en los bambucos figuran «Cara a cara», y la ya referida «Esta vez tocó perder».

María Teresa vera falleció en la capital cubana el 17 de diciembre de 1965, pero se había retirado de la vida artística, ya enferma, desde 1962, mas sigue trovando con el legado dejado al patrimonio de la música insular continuado por sus buenos discípulos y cultores.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

Pachy Naranjo y la Original de Manzanillo (Cuba)

Pachy Naranjo y la Original de Manzanillo (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

No me resultó indiferente la noticia de que Wilfredo Pachy Naranjo Verdecia, el director de la Orquesta Original de Manzanillo, resultara el Premio Nacional de música 2011.

Si bien reza el proverbio: «tiempo al tiempo» diría que lo merecía desde hace muchos años por todo lo que le ha aportado a la cultura cubana, por ser un músico de talento, y por mantener la sonoridad de una orquesta sin hacer concesiones en su sello identificativo.

Y es que decir Pachy es hablar de la original y viceversa. Fiel exponente de la tradición de nuestras charangas bajo la égida de cultivar la cubanía defendiendo nuestro valores sin ápice de chabacanerías.

Fundada el 21 de diciembre de 1963 encontró sus orígenes en un grupo de adolescentes y trabajadores reunidos en casa de Wilfredo Naranjo (padre) y de Jesús Armesto todos los fines de semanas.

La pasión por la música, por el buen son, hacía que algunas noches también se agruparan. Por entonces se llamaban Los Traviesos, y eran dirigidos por Juvencio Guerrero.

Una vez consolidados Wilfredo Naranjo, junto con su hijo Y José Pérez Varona, viajan a Santiago de Cuba para enriquecer la nómina de músicos. Así comienza la etapa directiva de Pachy, quien asume la labor hasta la actualidad.

En el verano de 1963, luego de algunas actuaciones, deciden denominarse orquesta Típica, hasta que después de algunos años se deciden por la actual denominación.

Los temas iniciales del repertorio llevan la rúbrica de Juvencio Guerrero, y suman a los méritos el de constituir la primera agrupación de la localidad oriental de Manzanillo que la representó en el extranjero, al tiempo que figura como insignia de la provincia de Granma.

Otro de sus avales agrega la inclusión de la organeta y la guitarra eléctrica entre los primeros colectivos en incorporarlas, complementado con el timbal, el güiro, los violines, la tumbadora, flauta, guitarra bajo, piano y teclados.

Todos con una fusión excelente para conquistar al público de Alemania, Bélgica, Canadá, Colombia, Costa de Marfil, España, Francia, Holanda, Malí, México, Nicaragua, Panamá, Rusia, Togo, y Venezuela, por citar algunos de los escenarios visitados.

Una veintena de discos y de CDs se suman a la trayectoria que les ha propiciado cuatro premios EGREM, con Disco de Plata, máximo estandarte discográfico de Cuba, e innumerables éxitos arraigados en la radiodifusión insular.

Aunque la base ritmática se apoya básicamente en el son, la orquesta no tiene una visión unilateral, pues el danzón, la rumba, el cha cha cha, la guaracha,  la sonoridad de la salsa, y el sazón auténtico del Caribe conforman ese gran ajiaco que aporta a la música.

Si de distinciones se trata pudiera mencionarse la obtención del Disco de plata EGREM en 1985 y 1988, la placa por más ventas de discos en el año Disquera Colombiana Fono Caribe (1992), Medalla Alejo Carpentier otorgada por el Consejo de Estado (1988), ganadores del Caracol del Caribe Internacional en Cartagena de Indias, Colombia (1990), y en ese propio año la Distinción por la Cultura Nacional.

De sus trece fundadores se mantienen en la actualidad Wilfredo Naranjo (pianista y arreglista), Enrique Arango (en el güiro), Pedro Rivero (cantante), y Tomás Estacio, en el violín.

Muchos han dejado sus huellas durante estos años de feliz existencia de nuestra Original, pero no se puede obviar el paso de Cándido Fabré, quien llenó un capítulo trascendente y recordado.

Mucho más pudiera decirse. De momento las felicitaciones merecidas para Pachy, en especial, y para sus músicos que hacen de esta agrupación un orgullo de Manzanillo pero también de todos los rincones de este archipiélago a la hora de bailar y de aquilatar los genuinos valores del buen arte.   

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

Dámaso Pérez Prado (Cuba)

Dámaso Pérez Prado (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

Muchos piensan que era mexicano, pero no. Dámaso Pérez Prado nació en Matanzas el 11 de diciembre de 1916, y desde su tierra natal comenzó a escribir su nombre en el arte.

Así lo recuerdan como pianista de una orquesta con formato de charanga, al tiempo que estudió con el prestigioso director de orquesta Rafael Somavilla.

En 1942 marchó a La Habana para integrar la nómina de la agrupación Pensylvania que, por entonces, constituía el núcleo central acompañante en uno de los cabarets de la época.

Luego tocó el piano en la orquesta Casino de la Playa, sin descartar su paso por la Cubaney, y la radicada en la antigua CMQ. 

Sin embargo, fue en 1944 cuando realiza los primeros experimentos en ese afán de incorporar elementos de la música norteamericana a ritmos y melodías de la isla.

Tres años más tarde viajó a México y formó parte de numerosas agrupaciones hasta que constituyó la propia, a inicios de la década de los años 50, para tocar un año más tarde el primero de sus mambos.

Ituló «Rico melao», y a partir de dicha pieza sucedieron otras que lo situaron en lugares privilegiados del raiting.

Sin dudas, Dámaso Pérez Prado se convertía en uno de los grandes con temas como «Mambo número 5, «Caballo negro», y «Mambo en sax», por citar algunos.

El jazz incluyó en el artista de manera notable y fortaleció su presencia en bandas norteñas, a la vez que conquistaba el universo discográfico con significativos contratos y técnicas especiales de grabación.

Como elementos peculiares figura la percusión, que brinda una cubanía absoluta, permeada de saxofones y trompetas junto a la voz ronca que caracteriza al bien llamado «Rey del mambo».

Un punto cimero de la creación lo logró con su «Suite de la Américas», algo sorprendente y de quilares

Pérez Prado falleció en la Ciudad de México el 14 de septiembre de 1989, mas su obra se erige desde el pedestal inmenso de los grandes por siempre.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

Esther Borja (Cuba)

Esther Borja (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

Sería imperdonable hablar de la cultura cubana si excluimos a María Caridad Borja Lima (Santiago de las Vegas, 5 de diciembre de 1913), o lo que es decir nuestra Esther Borja.

Acabó de cumplir 98 años, y nadie puede dudar que figuró entre las mezzo sopranos de cualidades indiscutibles demostradas a través de sus largas décadas de desempeño artístico.

Uno de los logros más sobresalientes lo conquistó por la década de los 50 al grabar un disco a cuatro voces a partir de su propia voz.

La historia no recoge antecedentes de este tipo, y fue merecedor del Premio de Honor en la edición de Cubadisco, correspondiente al año 2000, tras ser reeditado por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales de Cuba (EGREM).

Este fonograma está considerado un hito dentro de la discografía nacional, y según cuentan en 1953 el empresario español Fernando Montilla —al frente de un importante sello discográfico de la época— invitó al acuarelista de la poesía antillana, Luis Carbonell, a pensar en la producción de un acetato de canciones cubanas que pudiera resultar interesante, lo cual animó al maestro a ponerse en función de hacer realidad su viejo sueño de grabar un álbum a varias voces por un solo cantante.

Así, involucró a su inseparable amiga Esther en esta aventura, a la que se sumaría más adelante el técnico Medardo Montero, quien utilizaría como laboratorios los estudios de la emisora Radio Progreso.

El proceso de ensayo para el montaje de las voces se extendió a lo largo de siete meses, constituyendo un verdadero ejercicio de meticulosidad, y una prueba de profesionalidad, al punto de no iniciar las grabaciones hasta haber estado convencidos de que había un dominio total del repertorio

Entre los lauros recibidos por Esther aparecen, también, el Premio Nacional de Música, conferido en 2002, como tributo a quien iniciara sus estudios musicales en el Centro Gallego de La Habana, sin apartarse del aprendizaje del magisterio en la Escuela Normal para Maestros.

Su voz se escuchó, por primera vez, en su pueblo natal con dos obras de alguien a quien estuvo muy ligada: el gran Ernesto Lecuona. En aquella oportunidad interpretó «Canto a Siboney» y «Noche azul»

Años más tarde conoce a Ernestina Lecuona, y ofreció su primer recital, y en 1934 realiza una gira por todo el archipiélago tomando como base las canciones cubanas y mexicanas.

Su debut oficial ocurrió en febrero de 1935 en el Lyceum Lawn Tennis Club radicado en la populosa barriada de El Vedado. En esa oportunidad deleitó con un repertorio basado en obras de la propia Ernestina Lecuona y versos de José Martí.

Ese propio año le dio la posibilidad de debutar en el teatro con la opereta «Lola Cruz.» Era su primera incursión en este género. La música correspondió a Ernesto Lecuona, mientras los textos pertenecieron a Gustavo Sánchez Galarraga. Es aquí en que estrena el vals «Damisela encantadora» que la consagrara como su más fiel y genuina vocalista en un tema pensado de manera exclusiva para ella.

Luego trabajó en «Las Leandras» y en «El conde de Luxemburgo», entre otras tantas zarzuelas, óperas y operetas.

La televisión no le fue ajena a partir de 1951, y se puede decir que viajó por casi todos los parajes cubanos como portadora de un exquisito arte.

En la palestra internacional recorrió escenarios de Argentina, España, Perú, los Estados Unidos, Chile y Brasil, pero también el celuloide la recogió en el filme «Adiós Buenos Aires» en el que destaca su interpretación de la conga «Para Vigo me voy»

Allá por los años 80 coincidí con ella en un vuelo La Habana-Cienfuegos-Santa Clara. Me impresionó, sobremanera, la cantidad de libros que adquirió en los estantes del aeropuerto de Rancho Boyeros. Entonces me confesó que la lectura era parte inseparable de su vida, hecho que se corrobora por la virtud de incursionar en cualquier tema de conversación lo que demuestra su virtuosismo cultural.  

En aquella oportunidad su viaje concluía en Cienfuegos porque, junto a Omara Portuondo, marchaba a la Semana de la Cultura en Trinidad. Quedamos en vernos en Santa Clara, y un tiempo más tarde se cumplió la promesa y continuamos aquella plática interrumpida por la llegada del avión a la Perla del Sur.

Si hay algo vinculado al nombre de Esther Borja es el espacio televisivo Álbum de Cuba. Un recorrido por lo mejor de la cancionistica cubana en voces de sus mejores exponentes de todos los tiempos hasta que, inexplicablemente, se retiró de las pantallas.

Consorcios disqueros como RCA Víctor, Columbia, Antillas, y Kubaney registraron su nombre en los respectivos catálogos, sin excluir a la EGREM que la tuvo en su principal sello Areíto.

Distinguida con numerosos reconocimientos Esther está próxima a su centenario. Larga vida para ella porque es y seguirá siendo por siempre un álbum de Cuba apoyado en esa irrepetible damisela encantadora.    

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

Eliseo Grenet (Cuba)

Eliseo Grenet (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

Dos coincidencias en el panorama musical del archipiélago nos trae el 4 de diciembre. Una, el nacimiento, en 1909, de Don Barbarito Diez (a quien ya le dedicamos su semblanza), y la otra, el deceso, en 1950, del notable pianista y director de orquesta Eliseo Grenet.

Bastaría solo su «Mamá Inés», para consagrarlo en el capítulo de las inmortales composiciones cubanas, pero el maestro supo cultivar diferentes géneros gracias a aquella luz talentosa que demostró desde los cinco años cuando comenzó a estudiar piano.

Cumplido los nueve estrenó su revista musical «La geografía física» en una fiesta escolar, y cuatro años más tarde ejercía como pianista en el cine La Caricatura amenizando las tandas de las películas silentes de la época.

Con solo 16 años tomó la batuta de la orquesta del Politeama habanero, mientras que su primera gira por el país la realizó en 1926 al frente de la orquesta perteneciente a la compañía de Arquímedes Pous.

Junto a un grupo de músicos y artistas realizó una gira por diversos escenarios de América, y a pocos meses de su regreso se vio obligado a abandonar el país, en 1932, al ser perseguido por el gobierno de Gerardo Machado.

A la caída del dictador retornó, y en 1936 partió para New York donde divulgó de manera notoria la música de Cuba con la introducción de la conga.

Francia, España y otras locaciones europeas figuraron, también, entre los sitios visitados, y no fue extraño que su versatilidad, a la hora de componer, lo llevara a musicalizar algunas películas como «Ensalada de estrellas», «Conga bar», y «Milonga de arrabal», por citar algunas.

No faltó su aporte a las obras teatrales. Vale recordar «Niña Rita», «La canción del mendigo», «Como las golondrinas», y versos de Nicolás Guillén en «Motivos de son».

Dejó para la posteridad varios danzones: «La mora», con impecable interpretación del propio Barbarito Diez, el conocido «Si me pides el pescao», o «Papá Montero», e inolvidables canciones ejemplificadas en «Las perlas de tu boca» que ha recorrido el mundo, y «Tabaco verde» pieza que hizo suya Ramón Veloz.

Sorprendentemente su obra incluye pregones, tangos congos, sones, y sucu sucu, como el popular «Felipe Blanco».

Eliseo Grenet había nacido en La Habana el 12 de junio de 1893, y como otro de los grandes trasciende por la magnitud indiscutible de su obra.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

César Portillo de la Luz (Cuba)

César Portillo de la Luz (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

En ocasiones solo basta una obra para conquistar la inmortalidad, y decir «Contigo en la distancia» es pasear los colores de Cuba por cualquier punto del Orbe desde que las musas inspiraron a César Portillo de la Luz, ese icono de nuestra música que este 31 de octubre anda de cumpleaños.

Hay quienes afirman que resulta uno de los textos con mayor cifra de versiones a nivel universal, mas lo cierto es que aquel muchachito habanero traía los menesteres de la composición desde su propia adolescencia.

Ya a los 19 años incursionó como cantante por las sendas de los aficionados acompañado de su inseparable guitarra, hasta que en 1946 inició su trayectoria profesional en las emisoras Mil Diez y Radio Lavín. En la primera, desarrolló una temporada para presentar sus propias canciones.

El Sans Souci le abrió las puertas, en 1956, al frente de un grupo de músicos entre los que figuraban Frank Domínguez, al piano, Alfredo León, en el contrabajo, Luis Ortellado, en la trompeta, y Gastón Laserie, en la batería, para trazar un segmento decoroso.

Los principales cabarets de la época también conocieron de su presencia. Digamos el Karachi, el Gato Tuerto, St. John, y el Chateau Piscina  que recibían aquellas descargas con notas diferentes al oído.

Pero la vida de Portillo de la Luz no estuvo exenta de contratiempos, y en su juventud laboró como pintor de brocha gorda. Quizás lo necesario para esculpir en cada letra esa dosis que tiene tanto de feeling, como movimiento en el que se inscribió en la nómina de iniciadores.

Fue en la segunda mitad de los años 40 cuando junto a consagrados como José Antonio Méndez, Rosendo Ruiz (hijo), Ñico Rojas, Ángel Díaz, Frank Domínguez, Aida Diestro y Elena Burke, entre otras, iniciaron este estilo dentro de la cancón trovadoresca cubana.

Una manera singular de expresar los sentimientos a través del pentagrama como elemento particular de interpretación del bolero influenciado armónicamente por el jazz.

Su música se ha integrado a la banda de algunas películas, mientras las ondas de Radio Progreso lo acogieron durante algunos años en el espacio «Cita a las cinco», matizado por sus comentarios en torno a las composiciones de su autoría, a las vez que las interpretaba e incluía las de otros autores.

A partir de 1938 estrenó obras de relevancia como «Más allá de tus ojos» y «Ave de paso», y ya el 1950 da a conocer «Contigo en la distancia» para proseguir una carrera autoral sin descanso.

Así surgieron «Noche cubana», Nuestra canción», «Tú mi delirio» —que junto a «Contigo en la distancia» cuentan con más de un centenar de versiones—, «Canto a Rita Montaner», «Canción de un festival», y «Amar es eso», por citar algunas.

Varios de sus temas han sido interpretados por grandes figuras de todos los tiempos. Mencionemos a Nat King Cole, Pedro Vargas, Lucho Gatica, Fernando Fernández, Luis Miguel, Luis Mariano, Plácido Domingo, Christina Aguilera, Caetano Veloso, María Bethania, y la Orquesta Sinfónica de Londres entre muchos otros.

A sus 89 años, César Portillo de la Luz nos parece como aquel bardo nuevo que enriquece el pentagrama antillano y universal porque ha paseado sus creaciones por locaciones de Europa y América, sin excluir el ejercicio didáctico mediante conferencias que destacan esa autenticidad inigualable de nuestra música.

¡Felicidades maestro!

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, , y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.