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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Cancionero: Raphael (Hablemos del amor)

Cancionero: Raphael (Hablemos del amor)

A CARGO DE RICARDO R. GONZÁLEZ
HABLEMOS DEL AMOR
INTÉRPRETE: RAPHAEL
CD: RAPHAEL PARA TODOS VOL. 2
Hablemos del amor una vez más
que es toda la verdad de nuestra vida
paremos un momento las horas y los días
y hablemos del amor, una vez más 
Hablemos de mi amor y de tu amor,
de la primera vez que nos miramos
acércame tus manos y unidos en la sombra
hablemos del amor, una vez más 
¿Qué nos importa? ¿qué nos importa?
aquella gente que mira la tierra
y no ve más que tierra
¿qué nos importa? ¿qué nos importa?
toda esa gente que viene y que va por el mundo
sin ver, la realidad 
Hablemos de mi amor y de tu amor,
de la primera vez que nos miramos
acércame tus manos y unidos en la sombra
hablemos del amor una vez más 
¿Qué nos importa?¿qué nos importa?
aquella gente que mira la tierra
y no ve mas que tierra
¿qué nos importa?¿qué nos importa?
toda esa gente que viene y que va por el mundo
sin ver… 
¿Qué nos importa?
no hagamos caso de nadie
y hablemos de amor, de nuestro amor.

Aneurismas «afortunados»

Aneurismas «afortunados»

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

La historia inició en 2005 cuando el profesor Rubén Moro Rodríguez movió sus neuronas en busca de posibles soluciones. Lo apoyaron otros colaboradores ante esos aneurismas que de solo mencionarse causan una verdadera conmoción humana.

El jefe del servicio de cirugía vascular en el Cardiocentro Ernesto Che Guevara, de Villa Clara, conoce muy bien que los derivados de la aorta son tributarios de tratamiento quirúrgico, mas no siempre es factible aplicar el procedimiento, y se hace necesario la búsqueda de alternativas para un enfermo que aguarda.

Una investigación caracterizada por su rigor científico convierte a la provincia en pionera en el país a la hora de mostrar una novedosa alternativa de tratamiento médico a base de determinado medicamento antiinflamatorio no esteroide (AINEs).

«Estudiamos a 63 portadores de aneurismas de la aorta que por diversas causas no fueron intervenidos. De ellos, 48 formaron el llamado grupo de estudio. Recibieron el fármaco con la dosificación establecida, acompañado de controles ultrasonográficos semestrales, y otros exámenes, para medir el comportamiento de esa dilatación localizada que produce una debilidad en la pared de la arteria. Conocer si crecía, disminuía, e incluso, si lograba su detención», señala el doctor Moro.

QUINQUENIO DORADO

Cinco años duró el estudio. La paciencia constituyó una carta de triunfo. Un seguimiento a lo que provoca la décimoquinta causa de mortalidad en la población en general, y la décima en los hombres mayores de 55 años motivadas por la ruptura del aneurisma debido al incremento de su diámetro.

«Si ello ocurre la muerte avizora. Un hecho que causa, solo en los Estados Unidos, unos 15 mil decesos al año. Paso a paso, obtuvimos los resultados que arrojaron saldos interesantes: el 72,9 % de quienes tomaron el medicamento detuvo el crecimiento del aneurisma, y los restantes tuvieron una respuesta adecuada, lo que demuestra la efectividad del fármaco y corrobora la hipótesis inicial».

Desde otro punto de vista, la endoprótesis resulta eficaz para estos casos de aneurismas con altos riesgos. Sin embargo, este proceder solo se realiza en determinadas instituciones de la capital cubana.

«Aun nuestro Cardiocentro no practica dicho método, y vale señalar que cada prótesis convencional está valorada entre 900 y mil 500 dólares, pero el costo de la endoplástia, con el resto de los accesorios, fluctúa entre los 10 mil y 12 mil dólares.»

La investigación realizada en Villa Clara concluyó en 2010, y trasciende por su impacto social al poder instituir el uso de los AINEs como terapéutica para algunos casos, a la vez que ofrece mejor calidad de vida a bajo costo sin apartar las pupilas de estos aneurismas afortunados.

ALGO DE INTERÉS

— Los aneurismas de la aorta son dilataciones anormales de la pared arterial que pueden obedecer a diferentes etiologías, y en los cuales influyen grandemente los factores de riegos de la enfermedad arteriosclerótica, sin descartar antecedentes hereditarios, infecciosos, inflamatorios y biomecánicos.

— Un 75 por ciento de los casos son totalmente asintomáticos al ser diagnosticados. Ya cuando el aneurisma es importante provoca una compresión interna que puede causar disneas, fatiga y dolor irradiado hacia el abdomen.

— La incidencia de aneurismas aórticos es del 3,9 % de la población, y según estudios internacionales prevalece en hombres con una proporción de cuatro a uno, en tanto afecta entre el dos y el cinco por ciento de los varones mayores de 60 años.

— La rotura de un aneurisma causa una masiva hemorragia interna. Se presenta en siete de cada 100 habitantes, y de no tratarse aumentan su diámetro, aunque el ritmo de crecimiento resulta impredecible en cada individuo. Se calcula un aumento medio de, aproximadamente, 0,4 centímetros por año.

Leinier Domínguez abre con triunfo en la Copa Mundial de ajedrez

Leinier Domínguez abre con triunfo en la Copa Mundial de ajedrez

El Gran Maestro cubano batió con piezas blancas a su homólogo iraní Elshan Moradiabadi. Mientras, Lázaro Bruzón y Yuniesky Quesada negociaron tablas y el resto de los criollos salió con una derrota.

El Gran Maestro (GM) cubano Leinier Domínguez (2719) hizo honor a los pronósticos que lo señalaban como favorito y venció este domingo con piezas blancas al GM iraní Elshan Moradiabadi (2532), durante la primera jornada de la Copa del Mundo de ajedrez, con sede en la ciudad rusa de Kanthy Mansiysk.

En este tipo de torneos no suele haber casualidades, pues los jugadores de mayor Elo debutan contra rivales de menor rango. Por ejemplo, Leinier ocupa el puesto 16 en el escalafón inicial, mientras su oponente aparece en el sitio 113.

Sin embargo, en la primera ronda sonaron varias sorpresas. A saber, el estadounidense Samuel Shankland (2539) superó con piezas negras al experimentado húngaro Peter Leko (2717) y otro jugador norteño, Alexandr Ivanov (2538), batió al chino Hao Wang (2718).

Asimismo, el otro chino de la élite, Yue Wang (2709), también fue superado por el GM brasileño Alexandr Fier (2566). Los jugadores del gigante sudamericano salieron enchufados, pues el GM Darcy Lima (2493) negoció unas valiosas tablas con piezas blancas frente al GM ruso Peter Svidler (2739).

Los restantes jugadores de 2700 puntos Elo que aceptaron tablas fueron los rusos Nikita Vitiugov (2733) y Vladimir Malakhov (2706), los franceses Maxime Vachier-Lagrave (2722) y Etienne Bacrot (2710), los ucranianos Alexander Moiseenko (2715) y Zahar Efimenko (2706), y el israelí Emil Sutovski (2700).

El resto de los favoritos ganó sus primeras partidas, incluidos el ruso Sergey Karjakin (2788), los ucranianos Vassily Ivanchuk (2768) y Ruslan Ponomariov (2764), o los azerbaijanos Shakhriyar Mamedyarov (2765), Vugar Gashimov (2760) y Teimour Radjabov (2744). Este último superó al GM cubano Frank de la Paz (2477).

Cuba aceptó otras dos derrotas esperadas, pues el GM Fidel Corrales (2585) no pudo con la dama de hierro húngara Judit Polgar (2699) y el GM Isam Ortiz (2556) cedió ante el GM ruso Ian Nepomniachtchi (2711). En cambio, los GM Lázaro Bruzón (2673) y Yuniesky Quesada (2635) dividieron el punto entre sí.

Pero se sabía que Yuniesky, actual campeón nacional, no sería un rival fácil para Bruzón, quien llevó las piezas blancas en la primera partida. Veremos cuál de los dos se lleva el gato al agua.

Como es habitual en este tipo de evento, cada duelo consiste en dos partidas clásicas y habrá definición en tie break, a ritmo rápido, en caso de igualdad. Este lunes serán los segundos cotejos convencionales, pero se invertirá el color de las piezas.

(Con información de Luis López Viera. Periódico Juventud Rebelde)

Mi comentario: «El Carmen» se oxigena, pero…

Mi comentario: «El Carmen» se oxigena, pero…

Por Ricardo R. González

Todo aniversario de una ciudad deja los buenos aires de las celebraciones. Y al reciente cumpleaños 322 de Santa Clara no escapó de los perímetros de el parque El Carmen , como punto que indica el nacimiento afortunado de la urbe.

De veras lo requería. Su parroquia pintada, el retoque a la larga hilera de bancos, la mano reparadora sobre las farolas, y por suerte, la reaparición —bienvenida— de la bomba de agua que un día de años luz desapareció para privarnos de su exquisito manantial.

Es triste que el tiempo opaque la belleza de los detalles por falta de mantenimiento. Quizás por déficit de recursos o de financiamiento, o por el enquistamiento de quienes deben tomar cartas en el asunto a la hora de decisiones.

Y el terruño no escapa de esos momentos, en una era o en otra, mas mirar bajo el prima exclusivo de estar realidades y sentarlas en el banquillo de los acusados de manera unilateral resulme improcedente.

Hay algo que nos debe correr por las venas como genuinos celadores de un patrimonio compartido, y es el amor por lo nuestro. Ese sentimiento que no siempre nos cala en la piel y penetra hasta lo infinito.

Para tener hay que cuidar. Esa responsabilidad se logra con deber ciudadano. No resulta igual recibir en ese Parque al grupo de abuelos y sus saludables ejercicios que convertirlo en un terreno de pelota entre aquellos distantes ya de la infancia que a veces ni reparan en las consecuencias de un pelotazo mal dado.

Varias veces la bola se ha escapado hasta las viviendas cercanas, o algún transeúnte ha sido el blanco de un temible impacto.

Es imperdonable que determinados segmentos de la instalación amanezcan un domingo u otro día al azar como si fuera reservorio de un baño público con excremento y papeles manchados que ruedan con el aire hasta «posarse» en el césped.

O encontrar un pequeño microvertedero en las áreas verdes por obra y gracia de un malintencionado.

No resulta descartable que también aparezcan tirados sobre el cemento algún que otro protector de una aventura amorosa, o la escena de menores —y no tan menores— que asaltan y maltratan la bomba de agua a manera de divertimento.

Advierto al respecto. Ese pozo deviene tradición del Parque, y más que ello se convierte ahora en reliquia comunal ante los avatares de los ciclos de abasto de agua en que gran parte de los santaclareños sabe qué día entró por última vez, pero que constituye una agonía descubrir cuándo será la próxima vez en que el líquido corra por las llaves de los hogares.

Hay más. Aquellos que en tiempos pasados vieron en las luminarias una especie de tiro al blanco deberán medir sus impulsos. Hay pelotas u otros objetos que han quebrado los cristales para dejar la mella perenne.

La identidad o pertenencia de una ciudad compete a todos. Y el lugar de nacimiento, el barrio donde cada quien creció, el beso escondidizo al primer amor, o la caída en el aprendizaje de la bicicleta se llevan en el alma entre esos recuerdos memorables aunque se esté lejos.

La añoranza por la glorieta, por un parque, por el papalote que se «desconclifló», por los pasos sobre calles permeadas de adoquines son vivencias llamadas a hacernos grandes.

«El Carmen» se oxigena. Cierto, pero evitarle agresiones compete a quienes hacen la vida en la urbe, entre aquellos que la dibujamos a nuestro antojo con el pincel de hacerla siempre hermosa, en los maestros (de aulas o de casa) encargados de educar a todos los que no entienden que la era paleolítica quedó muy atrás en el tiempo, y que los instintos hay que moldearlos en la era de la automatización y el ciberespacio.

Pensemos, entonces, en Lo feo, ese tema compuesto por Teresita Fernández, una Hija Ilustre de la urbe, y hagamos que Santa Clara respire, al menos, con las brisas saludables del Capiro, aunque se nos filtre en su paisaje las heridas marcadas de los ríos Bélico y Cubanicay.

Recibirá Carlos Acosta Premio Nacional de Danza

Recibirá Carlos Acosta Premio Nacional de Danza

El bailarín cubano Carlos Acosta recibirá aquí el próximo lunes el Premio Nacional de Danza 2011, para convertirse, a los 38 años, en el artista más joven en merecerlo.

La gala en su honor, en la sala García Lorca del Gran Teatro habanero, será dirigida por el coreógrafo Alberto Méndez y en ella participarán miembros de la Compañía de Danza Contemporánea y de la agrupación que dirige Santiago Alfonso, y figuras artísticas de renombre.

Formado en las filas del Ballet Nacional de Cuba y exponente de los presupuestos estéticos de la escuela fundada por Alicia, Fernando y Alberto Alonso -de cuyo legado es heredero-, tiene en su haber una rica trayectoria acumulada tanto en su país como en el extranjero.

Mantiene los vínculos con la isla cuya identidad conserva viva. A principios de año recorrió el país en gira devenida diálogo metafórico, desde la danza, con un público que reciprocó con creces su entrega.

Bailarín invitado de prestigiosas agrupaciones internacionales, entre ellas el American Ballet Theatre, el Royal Ballet de Londres y el Kirov, de San Petersburgo, se distingue por su poderío técnico demostrado en papeles como el Basilio, de Don Quijote; y el Solor, de La Bayadera.

Nacido en La Habana en 1973, Acosta ha bailado en las más importantes plazas teatrales del mundo con un repertorio que abarca desde la gran tradición romántico-clásica hasta el lenguaje más contemporáneo.

En 2007 obtuvo el Premio Laurence Olivier por «Tocororo», un espectáculo de su autoría elegido como el mejor presentado en escenarios londinenses un año antes.

Ha integrado el elenco del English National Ballet, del Reino Unido; el Houston Ballet, de Estados Unidos; el Ballet de Santiago de Chile; y el Teresa Carreño, de Venezuela, en estos dos últimos como artista invitado.

Entre los lauros conquistados figuran la Medalla de Oro del Gran Prix de Lausana, Suiza; el de los Jóvenes Artistas de la Fundación Princesa Grace, de Estados Unidos; el Frederic Chopin, de la Corporación Artística Polaca; el Osimodanza, de Italia; y el Gran Premio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

(Con información de Prensa Latina)

Felicita Raúl al General Vo Nguyen Giap por su cumpleaños 100

Felicita Raúl al General Vo Nguyen Giap por su cumpleaños 100

Querido amigo:

Mucho me honra enviarle en nombre del Partido Comunista, del Gobierno y del pueblo cubanos, así como en el mío propio, las más cordiales felicitaciones con motivo de su centenario, deseándole mucha salud y bienestar.

Sirvan estas líneas para reiterarle nuestro respeto por sus innumerables aportes a la lucha de liberación de Vietnam y a la estrategia militar revolucionaria, con la cual también hemos enriquecido la doctrina militar cubana. A ello sumo el orgullo que sentimos por las profundas relaciones de amistad que unen a nuestras naciones.

Con el afecto de siempre.

Raúl Castro Ruz

La Habana, 25 de agosto de 2011

Vo Nguyen Giap

(An Xa, Vietnam, 1912) Político y militar vietnamita. Se licenció en Derecho y ejerció como profesor de Historia. En 1941 ingresó en un grupo independentista de Vietnam del Norte, al que ayudó a organizar las milicias armadas. Este movimiento se unió al de Ho Chi Minh y en agosto de 1945 declararon la independencia de Vietnam. Nombrado jefe del ejército, en mayo de 1954 derrotó a las tropas francesas en la batalla de Dien Bien Phu, lo cual motivó el fin de la guerra de Indochina y, por extensión, del régimen colonial francés en la región. Especialista en la guerra de guerrillas, tras la división del país lideró las fuerzas armadas de Vietnam del Norte, a las cuales llevó a la victoria tras la invasión de Estados Unidos a Vietnam entre 1966 y 1973. Tras la reunificación del país, en 1976, y hasta 1980, desempeñó la cartera de Defensa. Conservó su condición de miembro del Buró Político del Partido Comunista de Vietnam hasta el año 1982. En 1995 se entrevistó con los generales estadounidenses a los que había vencido en la guerra de Vietnam.

«Con 2 que se quieran» María Dolores Ortiz (Parte I)

«Con 2 que se quieran» María Dolores Ortiz (Parte I)

“Sueño dormida y sigo soñando despierta”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí en 5ta. Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala. Hoy nos acompaña y es otro de esos privilegios que trae este programa. Me acompaña, y nuevamente -porque ya estuvimos juntos hace unos años en una entrevista- una gran mujer, una gran comunicóloga, como se llama ahora también. Una gran comunicadora, una gran profesora, una licenciada, una doctora. Una de las mujeres más dulces que ha salido jamás en la televisión cubana. Mi admirada y muy querida, la doctora María Dolores Ortiz.

María Dolores. Muchas gracias, Amaury, estoy muy contenta de estar aquí contigo.

Amaury. Es un gusto que haya aceptado -porque la doctora me ha dicho -usted me dirá por qué- que es tímida para la televisión.

María Dolores. Sí, sobre todo para determinados tipos de preguntas.

Amaury. Intentaremos no tocar esas preguntas que la conviertan en una persona tímida. En estos días, que la he estado estudiando y la he estado investigando, encontré una entrevista que alguien le hizo en algún momento, donde usted decía que cuando niña le gustaba encaramarse en los techos, en los tejados de su casa, y claro, eso me llamó la atención y la pregunta entonces sería: ¿Para estar cerca de las estrellas, para estar cerca de las nubes o para estar cerca del sol?

María Dolores. No sabría decirlo, Amaury. Mira, la primera vez que hice una travesura de ese tipo yo tenía escasamente dos años, según cuentan, brinqué una baranda y andaba caminando por un techo inclinado, de tejas, además, así que te puedes imaginar el corre, corre que se formó de amigos, vecinos, familia y todo eso. Yo no sabría decirte por qué hice eso.

Amaury. ¿Por qué subía?

María Dolores. ¿Por qué subía? Tal vez es un instinto que yo creo que además no es mío solamente, yo creo que es de cualquier persona, de cualquier ser humano porque creo que ninguna persona debe conformarse con estar donde está, sino que tiene que superarse, estudiar y tratar de escalar un peldaño más alto en la escala social, yo creo que eso es muy importante. Pero según contaba mi mamá, todas esas travesuras -después eran de otro tipo, las travesuras, por supuesto- pero esa travesura de tipo de trepar lugares y eso, se me quitó, sencillamente, cuando aprendí a leer, cuando yo descubrí lo que era un libro.

Amaury. Que también es una forma de ascender.

María Dolores. Indudablemente.

Amaury. Claro. ¿Y usted?, ya sabemos que nació en Holguín y, además, yo sé que usted es una holguinera que anda pregonándolo, o sea, usted se siente muy orgullosa.

María Dolores. Exactamente.

Amaury. ¿En qué parte de Holguín usted nació?

María Dolores. En el mismo centro de Holguín. Más o menos en el barrio del parque San José o Parque Céspedes.

Amaury. Ah, bueno.

María Dolores. No sé si tú…

Amaury. Sí, cómo no, yo conozco.

María Dolores. En el parque que tiene una iglesia dentro del parque.

Amaury. Sí, sí, sí.

María Dolores. Ese es mi barrio de mi infancia y de mi primera juventud.

Amaury. ¿Y la casa cómo era? Descríbame la casa.

María Colores. Era una casa, déjame decirte, que cada vez que voy a Holguín, voy hasta la esquina de mi casa. Yo le sigo diciendo mi casa.

Amaury. Claro, siempre es su casa, siempre será.

María Dolores. Me paro allí en la esquina, miro para todas partes, pero nunca he vuelto a entrar a la casa. Después que mis padres vinieron para La Habana, en los años sesenta y pico, nunca más he vuelto a entrar a la casa. Porque prefiero recordarla como era entonces.

Amaury. ¿Cuántas personas vivían en su casa, con usted, doctora?

María Dolores. Éramos mi mamá, mi papá, mi hermana y yo.

Amaury. Ya, ¿Y los abuelos?

María Dolores. Vivían aparte.

Amaury. ¿En el mismo Holguín?

María Dolores. Bueno, mis abuelos paternos habían fallecido ya cuando yo era niña, o sea, cuando mis padres se casaron incluso. Mi familia por parte de padre, Amaury, es puertorriqueña, o sea, mi abuelo vino para Cuba cuando enviudó de mi abuela, que murió de parto. Y vino, -según la leyenda familiar- él había estado preso en dos ocasiones porque había escrito artículos en la prensa puertorriqueña, criticando la administración colonial de Puerto Rico.

Mi familia materna, yo sí tuve la suerte de conocer a mis abuelos. Mi abuelo murió cuando ya yo era estudiante universitaria y mi abuela murió ya en los años 70, con mis hijas ya grandes que la recuerdan perfectamente.

Amaury. Ah, bueno, entonces llegó a ser bisabuela.

María Dolores. ¿Mi abuela?, sí, cómo no, bisabuela. Mi mamá también fue bisabuela.

Amaury. ¿Cuánto puede importar, doctora…? Usted hablaba de que empezó a leer, de que cuando empezó a leer empezó a ascender en otro sentido, pero el hábito de la lectura es un hábito que se tiene que crear desde niño. ¿Quién impulsó ese hábito de lectura?

María Dolores. Bueno, yo diría que la familia completa. No solamente mis padres, que eran unos grandes lectores, sino en general la familia. Incluso yo conservo un libro, una novela de esas góticas, que era de mi abuela y lo conservo con un cariño tremendo, porque ella siempre estaba leyendo.

Mira, te voy a contar una cosa: Cuando yo aprendí a leer, ya yo tendría 7 u 8 años, más o menos, estaría en tercero o cuarto grado, ya era una niña que sabía leer bien, porque no es lo mismo un niño de primer grado, que un niño ya de cuarto grado.

Amaury. Tercero o cuarto.

María Dolores. En la esquina de la casa de nosotros, vivía una familia: era la familia Elósegui de Holguín y el padre de los Elósegui, o sea, el tronco familiar, era un inspector escolar y una persona muy simpática, y él se encariñó mucho conmigo. Vivíamos prácticamente al lado, solamente con una casa por el medio. Yo me pasaba la vida dando viajes de mi casa para la casa de él, porque yo era la niña linda, malcriada de esa casa. Malcriada hasta tal punto de que ese maestro, Elósegui, que tenía la colección completa del Tesoro de la Juventud, que fue una colección importantísima en la formación de generaciones…

Amaury. Y de la mía también.

María Dolores. Me dejaba hacer con esa colección lo que yo quisiera. Como los libros pesaban mucho, yo era chiquita y los tiraba en el suelo y yo me tiraba boca abajo en el suelo, horas enteras a leer esos libros, porque la colección es grande. Por eso yo te decía, al principio de esta conversación, que yo hice muchas travesuras de ese tipo de trepar cosas y eso, hasta que aprendí a leer, porque cuando aprendí a leer, ya yo trataba de aprovechar todos los momentos libres que tuviera para leer.

Amaury. Y tenía, porque ocurre, por lo menos, a mí me ocurría, me imagino que a usted también, empezó a vivir vidas paralelas, la vida de los libros y la vida real.

María Dolores. ¡Sí, sí, cómo no!

Amaury. Porque esa es la parte hermosísima de leer.

María Dolores. ¡Cómo no, sí!

Amaury. Uno empieza a tener otras vidas.

María Dolores. Yo recuerdo que lo leí una vez, no sé si fue algo de…, referido a Julio Verne, o algo que dijo Julio Verne, no estoy segura ahora. Tú sabes que él fue, este escritor, Julio Verne, todo el mundo lo conoce, fue una persona que prácticamente no viajó. Él vivía en un pueblo de Francia y no fue a ninguna parte. Entonces tú dices: bueno, ¿cómo escribió tanta cosa? ¿Qué información tenía?

Amaury. Ah, claro.

María Dolores. Lo mismo hablaba de los mares, que de las selvas tropicales.

Amaury. Que del centro de la tierra.

María Dolores. Que el centro de la tierra, exactamente, y no cosas descabelladas, sino cosas que de acuerdo con el desarrollo científico.

Amaury. De la luna.

María Dolores. Que de acuerdo con el desarrollo científico de la época eran correctas ¿no?

Amaury. Sí, sí.

María Dolores. Y él decía que todo eso lo había hecho con la imaginación. A mí eso me pareció de una importancia tremenda. Porque muchas veces uno no puede viajar, pero uno con la imaginación puede saber todo lo que uno quiera saber. Y no solamente con la imaginación, sino con la lectura, que lo puede llevar a uno lo mismo al País de las Sombras Largas, o ver el Támesis, por ejemplo, o la Acrópolis de Atenas y hablo de lugares, la mayoría de los cuales yo no he visto. Se me han quedado por ver y ya…

Amaury. Sí, pero hay muchos de esos lugares, por ejemplo, que yo te tenido la oportunidad, no voy a decir que no la he tenido. He tenido la oportunidad de ir alguna vez en la vida, por mi trabajo, porque ya sabemos cómo viaja uno y he llegado a algunos lugares y de tanto leerlos, cuando llego es como si hubiera estado.

María Dolores. Ah, sí, mira, a mí me pasó cuando estuve en París. Me acordaba mucho de mi profesora de Historia del Arte, esa inolvidable maestra que fue Rosario Novoa.

Amaury. La gran maestra.

María Dolores. Que cuando me dio clases a mí en los años 50, ella siempre nos decía: Cuando ustedes vayan al Louvre y empiecen a subir la escalinata, lo primero que se van a encontrar es la Victoria de Samotracia.

Amaury. Sí, la Victoria de Samotracia.

María Dolores. Yo sabía que me la iba a encontrar ahí, por supuesto, pero cuando la encontré… Mira, Amaury, yo me tuve que sentar en uno de los escalones de ahí, del Louvre, porque la emoción fue tan grande que me temblaron las piernas. Me puse a llorar, en plena escalera del Louvre.

Amaury. Lo puedo comprender.

María Dolores. Y por supuesto, el primer pensamiento fue para la Dra. Novoa. Me parecía estar viéndola en la clase y eso te da una idea también y lo voy a decir incidentalmente, de la importancia de un maestro y de una buena clase, que siembra cosas que nunca se olvidan.

Amaury. Yo también tuve buenos maestros, pero el tema de los maestros, lo vamos a tocar. Vamos a seguir con los libros que me parece muy interesante el tema. Tengo un amigo que lee mucho, es un gran lector, pero él me dijo un día: me voy a leer todos los libros que me alcance la vida, pero hay libros que no me voy a leer nunca, porque son lecturas obligatorias y no me da la gana de leerlos. Y ahí mismo arrancó y dijo: La Biblia, no me la voy a leer, no me voy a leer el Quijote y por ahí arrancó con una cantidad tremenda de libros. ¿Usted cree que hay libros que son fundamentales que las personas debieran leerlos de todas maneras?

María Dolores. Sí creo que sí, creo que hay que leérselos. Por ejemplo, uno de los que tú mencionaste, la Biblia. La Biblia hay que leérsela, independientemente de la creencia religiosa o no que pueda tener una persona. Por un problema cultural hay que leerse la Biblia.

Amaury. Además que es entretenida, porque dicen…

María Dolores. Porque mira, yo te voy a poner nada más un ejemplo. Si cualquier persona de una cultura mediana, por supuesto, le interesa el arte, y cuando ve, por ejemplo, los grandes cuadros de los grandes maestros del Renacimiento, ¿cómo entiende el descendimiento de la cruz, el juicio final que está en La Capilla Sixtina?

Amaury. Claro.

María Dolores. ¿Cómo tú entiendes eso si tú no tienes el conocimiento previo porque te lo has leído en la Biblia? Yo creo que para poder tener una interpretación adecuada, incluso del arte, y de muchas cosas de la literatura, hay que haberse leído la Biblia, con determinado detenimiento incluso.

Amaury. Sí, eso no se puede leer de pasada, no se puede leer de corrido.

María Dolores. No, no, tal vez hay libros que son un poco más… Vamos a decir, novelescos, ¿no? Lo digo con el mayor respeto y con el mayor cariño, pero hay otros que requieren una lectura más cuidadosa.

Amaury. Doctora, ¿A qué usted le atribuye -estoy empezando con las preguntas más complejas, primero, y después nos vamos a soñar- la pobreza de lenguaje que tiene el cubano, hoy?

María Dolores. Es una cuestión complicada. Yo creo que tal vez hace falta leer más. Tal vez haría falta que muchos de los libros que leen nuestros jóvenes, no traten de reproducir tanto el lenguaje cotidiano, sino que eleven un poco el nivel en que se comunican los personajes. Tal vez la propia escuela y las propias universidades, no estamos propiciando un mayor desarrollo en este sentido. Yo creo que hay que dedicarle, sobre todo en las edades tempranas, quiero decir, primaria, secundaria básica, incluyendo el Pre universitario, que son etapas formadoras, esencialmente del ser humano, de la personalidad y de todo eso, habría que darle más énfasis a la asignatura Español en estos niveles.

Yo recuerdo cuando yo era niña, y estoy ahora como los viejos que dicen: En mis tiempos no era igual.

Amaury. (risas) No, no.

María Dolores. No, esa no es mi intención, es poner un ejemplo.

Amaury. Claro.

María Dolores. Lo que era la clase de Lenguaje, era diaria. La caligrafía se daba aparte. La ortografía se daba sola. Entonces, naturalmente, cuando tú venías a ver, del horario o del plan del currículum de la primaria, había un montón de asignaturas relacionadas con el lenguaje. No quiero decir que se tenga que hacer igual ahora porque los tiempos cambian, las técnicas cambian, todo cambia, ¿no?

Amaury. Sí, pero hay cosas de antes que siguen siendo buenas todavía.

María Dolores. Lo que yo quiero decir es que en esos niveles, precedentes a la universidad o a los niveles superiores de estudio, hay que dedicarle más tiempo a esas asignaturas que tienen que ver con la lengua materna del muchacho.

Amaury. Pero, hay una cosa que a mí me llama la atención y eso quizás me toca muy de cerca. En algunas especialidades vinculadas con el arte, y por eso es la pregunta -puede ser el caso del ballet, puede ser el caso de la música- los muchachos empiezan desde muy temprano en las escuelas y terminan su instrumento, en el caso de los violinistas, los pianistas, los bailarines igual, terminan su carrera, se gradúan, pero su escolaridad no va al paso de la carrera, porque te encuentras las lagunas culturales, la pobreza del lenguaje, que no pueden sacar una cuenta. ¿Qué usted piensa de eso, en el caso de las artes, de las Escuelas de Arte?

María Dolores. Amaury, yo tengo poca vivencia real de las Escuelas de Arte porque nunca he tenido que trabajar con ellas, pero no tengo esa impresión tan absoluta que tú tienes con relación a los bailarines, los músicos.

Amaury. Bueno, me detuve en eso un minuto, porque a mí me preocupa y me imagino que…

María Dolores. …Claro, yo creo que en general nos tiene que preocupar a todos el problema de esa pobreza de vocabulario a la que tú te referías.

Amaury. Total.

María Dolores. A veces me pongo a mirar la televisión, todas esas entrevistas que se les hacen a personas que están recibiendo los beneficios de las distintas misiones de la salud, culturales, deportivas, etc., que Cuba está enviando a otros países latinoamericanos como pueden ser Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia y cuando entrevistas a esas personas, tú ves que hablan con mucha mayor fluidez, que con la que hablan nuestros estudiantes. A todo eso, en este momento, se le está dando una importancia muy grande, la que realmente tiene y entonces es de esperar que en los próximos años pues haya un cambio en esta cuestión.

Amaury. Ahora, usted me dijo, en la otra entrevista, hace muchos años, hace 14, y fue una acción valiente de su parte, que este era un pueblo instruido, pero no culto. ¿Mantiene esa afirmación todavía?

María Dolores. Bueno, yo creo que en cierto modo todavía lo seguimos siendo. Pero, yo creo que en lo que nos falta mucho, Amaury, yo diría que es en la cultura del comportamiento y cuando digo esto, lo digo en el sentido del saludo, de dar las gracias, de pedir las cosas por favor. Observo, por ejemplo, yo a veces voy caminando por una calle, hay un grupo de personas hablando en la acera, y yo tengo que atravesar por el medio de ese grupo y digo: con permiso. Nadie contesta, es como si tú no dijeras nada, como si fuera un soplo de aire que pasara por el medio de las personas. O sea, son cuestiones elementales de la educación, del comportamiento, de la urbanidad (risas), como diría aquel famoso Manual de urbanidades, de Carreño, famosísimo a finales del XIX principios del XX, que no estaría de más que muchas personas lo leyeran. Porque yo creo que la cuestión de la comunicación, yo creo que eso tiene mucho que ver con esto que estamos hablando.

Amaury. Claro.

María Dolores. Esas cosas que nos faltan, Amaury, hablar bajito, cuidar nuestro vocabulario porque el problema no es solamente la pobreza de vocabulario. A mí me duele mucho ver, a veces, a las jovencitas, muchas veces vestidas con uniforme de secundaria, de preuniversitario, caminando por la calle, hablando a grito pelado, utilizando palabras que no hay por qué utilizar, de esas llamadas malas palabras. Que no son palabras vacías de significación.

Amaury. No, tienen tremenda significación.

María Dolores. Todas tienen tremenda significación y yo me imagino que el que la usa sabe lo que quiere decir, el que usa esa palabra sabe lo que quiere decir.

Amaury. A veces no, a veces no. Ahora, vamos otra vez para su infancia. Hay una cosa preciosa que es una costumbre, que estamos perdiendo también apresuradamente. Su abuela usaba aquella tradición mambisa de poner en la ventana una bandera cubana.

María Dolores. Ah, no, esa era mi tatarabuela.

Amaury. ¡La tatarabuela era!

María Dolores. Mi tatarabuela.

Amaury. De poner una bandera cubana.

María Dolores. A ver, ¿era mi tatarabuela? Era mi bisabuela.

Mi bisabuela. Una de mis bisabuelas maternas. Esa bisabuela fue un caso, es un caso muy novelesco. Ella fue una mujer, yo diría de las relativamente pocas mujeres letradas, o sea, mujeres que sabían leer y escribir en la época de preparación de la Guerra de Independencia. Y ella, según contaba mi mamá, tenía la costumbre de poner una bandera grandísima, que la había hecho ella con sus propias manos, como era, como la hacían las mambisas para la guerra. La ponía en una reja de esas grandísimas, que había en casa de mi abuela en Holguín y formaba a todos los nietos, que eran ya como 13 ó 12 en aquella época, después hubo más, y los hacía cantar el Himno Nacional, los días de las grandes fechas patrióticas: 10 de Octubre, 20 de Mayo, 24 de Febrero.

«Con 2 que se quieran» María Dolores Ortiz (Parte II)

«Con 2 que se quieran» María Dolores Ortiz (Parte II)

Amaury.  Es que esa fue una costumbre. Yo recuerdo que en los primeros años de la Revolución, en que cada fecha patriótica la gente sacaba su bandera cubana y la  ponía.

María Dolores. Cómo no, cómo no.

Amaury. Pero ahora es imposible conseguir la bandera.

María Dolores. No, el problema es que ahora no hay banderas, yo no sé por qué. Porque yo recuerdo que en aquellos años se compraba tranquilamente en las tiendas en la moneda normal.

Amaury. En la moneda normal, no, ahora no, es complicado eso. Pero usted era deportista, doctora. Yo me quedé frío con eso. ¿Cuénteme, qué deporte  practicaba?

María Dolores. Mira, en general en esa época en Holguín, te hablo de finales de los años cuarenta, los principios de los cincuenta, se practicaba bastante deporte. No solamente en mi colegio, sino en los colegios de Holguín y en el Instituto de Segunda Enseñanza, y generalmente, lo que más se jugaba, ya en mi época de Bachillerato, era básquet, o sea, baloncesto, como se dice ahora, y voleibol. Yo lo que jugaba era voleibol.

Amaury. ¿Y le sigue gustando, doctora, el voleibol? Es que ese es el deporte mío.

María Dolores. Me gusta. En general a mí me gustan todos los deportes.

Amaury. ¿Verdad?

María Dolores. Pero indudablemente el voleibol es un deporte al que yo sigo particularmente. Me pongo brava cuando juegan mal y se desconcentran y todas esas cosas.

Amaury. ¿Cuándo se funda Escriba y Lea? ¿Y por qué se funda Escriba y Lea?

María Dolores. Bueno, Escriba y Lea se funda, o sea, sale al aire, por primera vez, en los primeros días de diciembre del 69, o sea, que ya cumplimos 40 años en diciembre del año antes pasado.

Amaury. ¡Cuarenta!

María Dolores.. Ahora, ¿por qué?, eso sí que yo no lo sé. Recuerdo que uno de los principales impulsores de Escriba y Lea, fue el doctor Humberto Galis Menéndez. Que tal vez tú lo recuerdes.

Amaury.  Yo lo recuerdo bien.

María Dolores. Que fue uno de los primeros panelistas.

Amaury. De los primeros.

María Dolores. Du Bouchet.

Amaury. Du Bouchet, usted y Galis Menéndez.

María Dolores. Sí, sí, además era una persona increíble. Yo siempre lo pongo como un ejemplo de persona de que no hay que ser un humanista, quiero decir, universitario, para que le guste a una persona y se cultive también en el campo de las humanidades. Galis Menéndez era veterinario, pero le gustaban las letras, le gustaba la historia, le gustaba el arte. Y mira, después, durante muchísimos años, cuando no se contestaba una pregunta en Escriba y Lea; Sosa, generalmente era el que decía: Si Galis Menéndez hubiera estado aquí, esa pregunta se hubiera contestado, porque era una persona que sabía las cosas más increíbles del mundo, las podía saber Galis Menéndez. Realmente su ausencia se sintió en el programa. Pero a lo que íbamos. Yo tengo entendido que él había trabajado, en aquel programa de la radio que se llamó La bolsa del saber y él habló con personas que conocía en la televisión con la idea de hacer este programa nuestro, ¿no? y ahí fue cuando me llamaron a mí para que lo hiciera, y yo, por poco me caigo muerta, de cómo yo iba a salir en la televisión, por nada del mundo. Yo dije que no, dije que no.(risas)

Porque yo jamás en mi vida pensé que iba a estar frente a una cámara de televisión.

Amaury. No estaba en su proyecto de vida tampoco.

María Dolores. No, no, en absoluto. Pero bueno, tanto insistieron que me convencieron y decidí ir a probar. Yo dije, bueno, si me sale bien, sigo, porque, óyeme, es muy difícil estar en las cámaras delante de todo el mundo.

Amaury. Es muy difícil.

María Dolores. A que te pregunten cosas, que tú no sabes lo que te van a preguntar.

Amaury. Claro, yo lo sé.

María Dolores. Y a lo mejor tú las contestas y a lo mejor no las contestas.

Amaury. Bueno, esto es como un Escriba y Lea, porque yo no me puse de acuerdo con usted para las preguntas.

María Dolores. Esto es peor que Escriba y Lea. (risas)

Amaury. (risas) No, no, no me diga eso.

María Dolores. Entonces en el programa, cuando uno no contestaba una pregunta era una cosa muy desagradable, bueno, lo sigue siendo porque uno siempre quiere contestar, ¿no?, incluso, a veces, yo llegaba a la Universidad al otro día, y si no había contestado ninguna, los mismos alumnos me decían: profesora, ayer no puso una. Entonces tú sabes que el alumno es…

Amaury. Y además, era en vivo antes, ahora lo graban, ¿no?

María Dolores. Sí, ahora lo grabamos. Los primeros años fue en vivo.

Amaury. En vivo, claro. Ahora, siempre tuvo esa posición, usted en el centro, -yo de cara al televisor- Galis Menéndez estaba a la izquierda y Du Bouchet a la derecha y estaba Cepero Brito.

María Dolores. Anjá.

Amaury. Pero ¿Cómo termina Cepero ahí?

María Dolores. No, cómo empieza.

Amaury. ¿O como empieza?, ¿porque él estaba primero que ustedes? Ah, ya.

María Dolores. Sí, cómo no. La Universidad organizó una serie de cursos para locutores de radio y televisión, que eran personas de determinado nivel cultural y profesional que no tenían tiempo ni posibilidades de cursar una carrera universitaria, pero que sí podían tomar cursos en la universidad. Y muchos locutores, muy conocidos incluso, en aquellos tiempos, y siempre recordados como Cepero Brito, como Enrique Goizueta, Franco Carbón y como esos otros muchos. No quiero decir muchos nombres para que no se me vayan a olvidar. Algunos han fallecido ya, otros están todavía entre nosotros, afortunadamente. Y Cepero, que siempre me había bromas en el aula, diciéndome que yo debía trabajar en la televisión, fue el que habló para que me llamaran y cuando me llamaron, fue cuando dije redondamente que no. Y después yo hacía bromas con él, y le decía: Cepero, usted es mi descubridor, como se dice de las estrellas de Hollywood, ¿no?. (risas)

Amaury. ¡Su descubridor!. (risas)

María Dolores. Yo le decía: usted es mi descubridor.

Amaury. ¿Y cuán duro ha sido para usted, durante todos estos años, ver que cambió el moderador y que cambia cada uno de los compañeros y vuelven a cambiar y vuelven a cambiar?

María Dolores. Yo, a veces, me llamo a mí misma la sobreviviente. Creo que he tenido la suerte de estar todos estos años en Escriba y Lea, no sé hasta cuando.

Amaury. Usted es joven, le queda tiempo, mientras no pierda el bolígrafo.

María Dolores. Esto no es un problema de juventud física.

Amaury. Claro, claro.

María Dolores. Es un problema también de juventud espiritual.

Amaury.  Espiritual y mental.

María Dolores. Mental, indudablemente.

Amaury. Ahora, ¿cómo se ejercita la memoria?

María Dolores. Esa es una pregunta complicada porque a mí me la han hecho muchas veces. No creo que haya una receta para cada persona. Para todo el mundo. Yo creo que en mi caso particular, tal vez haya una cuestión genética también, no sé, no quiero meterme en ese campo del que yo no sé absolutamente nada.

Amaury. ¡Y se podrá imaginar que yo menos!.

María Dolores. Pero en mi familia todo el mundo ha sido de muy buena memoria.

Amaury. ¿Cuándo dejó de ser maestra en un aula?

María Dolores. Bueno, hace algunos años tuve un problema de un nódulo en las cuerdas vocales, me tuvieron que operar y el médico me recomendó… cuando me preguntó cuántos años yo llevaba en la docencia y se lo dije, me dijo: ¡Ya está bueno! ¡Ya está bueno! Usted, deje de dar clases porque ya tiene la garganta resentida. Esto un problema de la profesión y muchísimos maestros tienen que dejar, incluso, la profesión, el aula, por ronquera, por esos trastornos.

Amaury. Y también está la tiza, el borrador.

María Dolores. Claro, el polvo, todo eso. Entonces me recomendó el médico que dejara de dar clases y lo he hecho. Lo que no quiere decir que yo me haya desvinculado de la docencia, porque uno siempre tiene tareas que cumplir en la Universidad o en el propio Ministerio de Educación Superior. Como tú sabes.

Amaury. Claro. Pero usted, además, fumaba, yo recuerdo que fumaba.

María Dolores. Sí, yo fumaba. Fue una de las razones por la que tuve ese problema en la garganta, o sea, que dejé el cigarro, por supuesto, nunca más lo he…

Amaury. ¿Hace cuántos años ya?

María Dolores. Van a ser cinco años ya.

Amaury. En eso estamos luchando. Yo ya estoy metido a budista a ver si baja Buda y me quita el tabaco (risas).

María Dolores. No, yo creo que eso es, Amaury, proponérselo. Mira, cuando yo tuve que dejar de fumar, yo, tranquilamente apagué el cigarro y dije: este es el último. Nunca más en la vida he vuelto a tomar un cigarro en mis manos. Además, no me dieron ni nerviosismo, ni…

Amaury. ¿Ni hambre, ni nada?.

María Dolores. Ni ataques, ni nada de eso. Sencillamente es como esas cosas que uno tiene que hacer obligatoriamente y no queda más remedio.

Amaury. A ver, doctora, usted lo dijo al principio de la entrevista y yo por supuesto que la voy a respetar y cómo no hacerlo. Usted me dijo que en cosas personales usted quería ser discreta, pero usted tiene una linda familia con la cual se pasa, mientras puede, todos los fines de semana.

María Dolores. Anja.

Amaury. Entonces, hasta dónde usted quiera, hábleme de sus hijas amantísimas.

María Dolores. No, yo decía eso, Amaury, porque yo creo que uno tiene que ser muy celoso su privacidad. Que no quiere decir que uno no hable de la familia o de determinadas cuestiones. Sobre todo cuestiones de las que uno se siente satisfecho y orgulloso. Yo creo que, efectivamente, tengo una linda familia. Lamentablemente en este momento no totalmente unida, porque tengo la mitad de la familia fuera de Cuba, pero con los que estamos aquí, nos seguimos reuniendo los domingos. Ese es un día prácticamente…

Amaury. …¡Sagrado!.

María Dolores. …Sacrosanto para todo el mundo, incluso, hasta, ahora, los jóvenes de la familia se han mantenido en el núcleo familiar en este sentido. Que muchas veces los jóvenes, pues bueno, tienen otros intereses. Cosa que es muy natural, además.

Amaury. Lógico, legítimo, además.

María dolores. Y se desligan un poco. También la familia, cuando crece, muchas veces tiende a disgregarse. Y yo creo que hay que mantener ese sentido tan familiar, ese sentido de unidad de la familia, a mí me parece que eso es muy importante.

Amaury. Y además, usted lo señalaba también, cuando uno tiene una parte de la familia fuera de Cuba por distintos motivos, también hay que buscar la forma de no perder ese vínculo en Cuba.

María Dolores. No, por supuesto que no, por supuesto que no.

Amaury. Ahora, usted me decía en aquella entrevista, y después me lo decía mi mamá, que mi mamá…

María Dolores. Yo quise mucho a tu mamá, tú lo sabes.

Amaury. Yo lo sé. Ella a usted y a su marido también. Sí, mi mamá la quería mucho y mi mamá cuando la doctora se estaba maquillando, hablábamos de esto. Pero yo recuerdo que en el otro programa, usted me dejó una imagen que a mí no se me ha olvidado: Que es: usted con su esposo tomándose un traguito y la tarde cayendo, el crepúsculo, así, el sol posándose sobre el horizonte. ¿Lo sigue haciendo?

María Dolores. Bueno, en este momento no podemos mirar el mar, porque donde vivimos últimamente, no se ve el mar.

Amaury. Hace unos años lo hacían.

María Dolores. Pero el traguito de la tardecita sí se mantiene.

Amaury. ¡Qué maravilla, doctora!

María Dolores. Yo creo que ese es un momento de relajamiento de las tensiones del día. Ya eso lo prepara a uno, para no sé…, comer, ya es como el cierre de la jornada laboral o de las obligaciones que uno pueda tener.

Amaury. Pero es precioso.

María Dolores. Yo creo que ese es un momento que vale la pena mantener, y que yo recomiendo, además, que se mantenga.

Amaury. Sí, lo que pasa que hay gente…

María Dolores. …No siempre hay ron o bebida, porque la bebida está cara y no siempre hay posibilidad de comprarla, o no hay limones para echarle al ron, pero un cafecito, un tecito, siempre viene bien algo que sirva de pretexto para estar juntos.

Amaury. ¿Ustedes viven solos?

María Dolores. Solos, sí.

Amaury. ¡Qué bueno, qué maravilla! Dios bendiga esa casa pasa siempre. Ahora, yo quiero terminar la entrevista con dos preguntas. La primera es: ¿Cómo debe ser el maestro en el aula, hoy?

María Dolores. Mira. Yo creo que el maestro está formado de dos etapas, de dos partes, vamos a decirlo, que no quiere decir que están separadas, sino dos facetas, vamos a decir:

Una es su imagen, su imagen física, la imagen con la que él se presenta en el aula. Y otra es la imagen de lo que él tiene que transmitir para enseñar. Yo creo que las dos cosas tienen que ir muy unidas. Yo creo que el maestro tiene que cultivar su personalidad de tal manera que él llegue a tener esa autoridad que no está dada por el cargo, sino está dada porque él ha sido capaz de ganársela frente  a sus alumnos. Yo creo que el maestro tiene que ser una persona de determinada educación formal. Que sea capaz, en primer lugar, de vestirse correctamente, porque no se puede olvidar que con la juventud de nuestros maestros, el alumno es prácticamente de la misma edad del maestro. Y si se establecen entre ellos relaciones que no son las de maestro-alumno, eso crea un ruido en el sistema -como se dice vulgarmente-. Yo empecé a trabajar muy joven también, yo tenía 19 ó 20 años cuando empecé a trabajar. Pero el maestro tiene que ser capaz de llegar al aula, pararse en la puerta, y solamente con su presencia, controlar el aula. Cuando el maestro logra eso, que eso, por el reloj, no demora ni dos minutos. Es como si fuera, como un aguacero cuando va disminuyendo la intensidad, y llega un momento que no está lloviendo, así mismo. Los muchachos se callan, se tranquilizan. Ah, si tú llegas al aula gritando, perdiste en cuanto entraste, porque te pusiste a la misma altura del muchacho adolescente. Es muy complicado realmente.

Amaury.  Sí, bueno, era una pregunta complicada, pero no podía sustraerme a la idea de que usted estuviera aquí, y yo no se lo preguntara.

Y ahora voy a hacer la pregunta que me quitó el sueño desde el año 96, con eso voy a terminar.

María Dolores. ¡Qué cargo de conciencia!

Amaury. No, el cargo de conciencia ha sido mío, porque yo le hice una pregunta en aquel programa que se llamaba Muy personal. La pregunta yo se la preparé, se la dije y usted me dio la oportunidad, en bandeja, para que yo volviera a preguntar y mi ignorancia de entonces, un poquito mayor que la de ahora, no me permitió agarrar la insinuación.

La pregunta mía de aquel momento fue: ¿Usted sueña? Y usted me dijo: ¿Cuando duermo? Y yo debí haberle dicho: ¿Y despierta? o sea, ¿cuándo sueña usted realmente? Por tanto no le voy a preguntar si sueña dormida, porque ya eso me lo respondió.

María Dolores. Sueño dormida y sigo soñando despierta.

Amaury. Cuándo sueña despierta, ¿en qué sueña?

María Dolores. Bueno, sueño con muchas cosas distintas, Amaury. Sueño con mi país, este país al que amamos tanto, porque vivamos en paz, en medio de un mundo que también esté viviendo en paz. Yo creo que esto es muy importante, yo creo que es un sueño, no solamente mío, yo creo que es un sueño de una parte muy importante de la humanidad entera.

Yo sueño con que mi familia se mantenga unida, ya llevándolo al plano más cercano, ¿no?. Con que mis nietos estudien, que se conviertan en personas honradas y personas de bien, que sean capaces de vivir de su trabajo sin necesitar determinadas cosas que otras gentes necesitan.

Que aprendan, no sé, lo mismo a disfrutar una puesta de sol, que un buen libro que, que estar en familia. Yo creo que todas esas cosas son muy importantes y es lo que yo quisiera para mis nietos. Y no solamente para mis nietos, lo quisiera para todos mis alumnos, para todos los que han sido alumnos míos, para toda la juventud que yo pueda conocer o en la que pueda influir de una forma u otra.

Amaury. Para todos sus televidentes y para mí. Le agradezco, doctora, yo sé que usted tiene una vida verdaderamente ocupada y compleja, que haya tenido la gentileza de venir. Y quiero despedirla con un beso, si me lo permite.

María Dolores. ¡Cómo no!

Amaury. Muchas gracias, doctora.

María Dolores. Tú sabes que siempre te hemos querido mucho a ti y a toda tu familia.

Amaury. Yo lo sé, doctora, igualmente a usted, gracias.