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Desde El Espinal se hace la vida

Desde El Espinal se hace la vida

Un vivero existente en tierras dominicanas villaclareñas donde un pequeño grupo de mujeres, unidas a los hombres, transforman el paisaje para sentir la utilidad de sus esfuerzos.

Por Ricardo R. González

Fotos: Carlos Rodríguez Torres

La Naturaleza regala un paisaje verdaderamente mágico. Pinos, eucaliptos, majaguas y algarrobos se entrelazan en un verdor inigualable para darse la mano y disfrutar su plena armonía.

Es la pura vida, la apreciada en el vivero El Espinal, situado a unos 9 Km de la cabecera del Santo Domingo villaclareño, en un punto de la carretera que conduce a Corralillo; sin embargo, a la hermosura del entorno se une la que propician cinco mujeres que, junto a dos hombres, integran la familia del sitio.

Unos ojos azules irradian satisfacción en Iris Guzmán Gutiérrez, quien funge como responsable, Allí llegó hace más de un año con la propuesta de alguien. Ahora se siente complacida porque, a su decir, «salí de la monotonía de la casa».

Entonces relata su capítulo anterior cuando no estaba incorporada al trabajo. Cuidaba a sus nietas y al comenzar las pequeñas su escuela no soportó mantenerse entre las cuatro paredes y decidió probar utilidad.

Llena de ilusiones inició su prueba de fuego; demostrar todo lo que podía hacer y aprender sobre aquellas cuestiones que le faltaban. Sabía que en ocasiones debía ponerse botas para minimizar los efectos de un fango provocado por la lluvia y que ensuciaba la ropa. Aun así no esconde su placer en este paraíso de bosque.

El accionar en el sitio ocurre de lunes a sábados durante ocho horas dedicadas a las áreas de cámaras que exigen la cultura del detalle y su correspondiente limpieza, en tanto dos hombres asumen las tareas más fuertes para complementar las exigencias del vivero.

«Yo les llamo la brigada de Las Marianas, y somos una verdadera familia. Vivimos en Bermejal, nos trasladamos juntas, nos vamos juntas y transitamos esos 2 km de un punto a otro en lo que pase porque somos conocidas en el sitio», añade Iris.

En el quehacer cotidiano no temen enfrentar nuevas variedades, descubrir sus secretos e incorporar todas las que sean posibles como anhelo compartido.

«Este año llegó el soplillo que no lo teníamos y también lo desconocíamos, de igual forma el dagame, árbol codiciado por las abejas, pero damos la bienvenida a cualquier semilla para la producción de posturas que es nuestra finalidad como parte de la Empresa Agroforestal de Villa Clara».

— Si de cifras se trata?

— El pasado año sobrecumplimos el plan de las 230 mil posturas, y vendimos un por ciento que ingresó más de 200 mil pesos a la entidad. En lo que va del actual ya tenemos el pino sembrado y comenzamos ahora con la yarua.

El mundo de El Espinal no es solo rodeado de árboles, hay cultivo de flores que carecen otros territorios y allí están disponibles, y puede que la fauna se cautive con los encantos del lugar para acogerlo como una especie de «domicilio».

Por ello no es extraño que un bello sinsonte se pose en la cerca sin temer al peligro de los curiosos que invaden el territorio, quizás para «escuchar» y ser testigo del recuento de esta campesina.

— El de hoy es un día soleado, mas ¿qué ocurre cuando visita el aguacero?

— Se nos complican las labores, no solo por el fanguero, también por los resultados productivos. Hay que refugiarse en el caney y esperar que escampe para seguir, de lo contrario tenemos que marchar a la casa en medio del fango y la humedad,

— Un trabajo en cierta medida complejo no deja de tener inconvenientes ¿cuáles serían?

— El que más nos afecta es, en ocasiones, la falta de cachaza para el relleno de las cámaras como especie de abono.

— ¿Una vez en el hogar?

— Asumir la diversidad de tareas caseras y las horas no alcanzan. Una jornada compleja que si bien descansamos el domingo se nos va en nada, y ya el lunes El Espinal espera de nuevo.

CONVIVIR ENTRE MUJERES

Un día Gerardo Llorente Oliva emprendió una larga travesía desde su natal Cacocún. Por la ventanilla observaba que el oriente cubano quedaba atrás, y desde hace unos 11 años se convirtió en villaclareño.

«Vivo en Yabú, pero estoy albergado en esta zona del vivero donde llevo unos dos años y me siento bien en este colectivo».

Confiesa que no le es difícil trabajar con mujeres. «Son disciplinadas y escuchan criterios para el logro de resultados.

— ¿Te arrepientes de haber venido?

— En nada, como tampoco la posibilidad de formar parte de El Espinal.

BOSQUE MODELO MANACAS. ÚNICO DE SU TIPO EN CUBA

A escasos metros del vivero está la carretera y hacia el otro extremo de la vía la Empresa Agroforestal de Villa Clara ha desarrollado acciones. Otra mujer, su directora, Yadira González Barroso alude al Bosque Modelo Sabana de Manacas, el único de su tipo existente en Cuba, declarado con esa condición por la Red Internacional de Bosques Modelo (RIBM) en 2008.

Un universo dedicado a la protección del medio ambiente a partir de la interacción de sus habitantes con la Naturaleza en busca del desarrollo sostenible.

Así Yadira subraya la casita del Polo que dispone de un salón y otros elementos necesarios, en tanto en una edificación posterior existen un salón de capacitación y las oficinas en la planta superior, en tanto los bajos funge como albergue. 

Muy próximo a esta senda está la vivienda de Rudis Lobaina Benítez, una de las construidas por la Forestal. Allí reside junto a su esposa, y también recibió parte del mobiliario indispensable para habitarla.

Iris y el resto de sus compañeras acaban de celebrar el recordatorio internacional por cada 8 de Marzo, y junto a Gerardo, Rudis y muchos más forman parte de esta historia porque desde El Espinal también se hace la vida.

MEMORÁNDUM

— El vivero dispone en la actualidad de 19 cámaras de pino, cuatro de yarua, una de soplillo y 59 banderas de dagame, pero la máxima de su pequeño colectivo es que resultan bienvenidas todas las especies que lleguen.

— De un plan a lograr de 530 mil posturas, de enero a mayo, ya lo real indica 364 mil.

CONTRASTES

Según estudios en América Latina existen, aproximadamente, 58 millones de mujeres campesinas; sin embargo, sus derechos están vulnerados por las desigualdades de género, la pobreza sistémica en la ruralidad e incluso la crisis climática que amenaza el sustento de vida. 

De las residentes en el campo solo el 30 %, representativo de una de cada tres, dispone del derecho de propiedad que difiere de la realidad de los hombres, y a ello se suma que apenas un 5 % recibe asistencia técnica para producir en un medio rural.

Desde el vivero El Espinal la concepción de la vida toma otros rumbos porque mujeres y hombres aportan sus esfuerzos bajo otras concepciones por el bien de la tierra.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

PIE DE FOTOS

1.- Cámaras muy bien atendidas en medio de un paisaje ideal caracterizan al vivero El Espinal.

2.- Iris Guzmán Gutiérrez, la responsable del vivero.

3.- Gerardo Llorente Oliva es uno de los dos hombres que labora con seis mujeres, y no se arrepiente de ello.

4.- La Empresa Agroforestal de Villa Clara ha construido viviendas para la comunidad del área en medio de un Bosque Modelo, el único que existe en Cuba. Rudis Lobaina Benítez disfruta de ese hogar junto a su esposa.

5.- Mientras otros sitios carecen de flores El Espinal las cultiva.

6.- No es extraño que bellos ejemplares de la fauna lleguen hasta el lugar para tomarlo de domicilio o en paso transitorio.

7.- Posturas muy bien cuidadas.

8.- Otro de los hombres que labora en el vivero.

9.- Jornadas extendidas de lunes a sábados durante ocho horas.

10.- Mujeres satisfechas de su labor.

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