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Por Ricardo R. González

Fotos: Eddi de la Pera

A Eddi de la Pera, ese amigo y camarógrafo holguinero que entrega en cada una de sus imágenes los sentimientos, las alegrías, las tristezas y cualquier expresión conformante del caudal humano le dije que no estaba tranquilo hasta escribir mi parecer sobre la crónica realizada por Abdiel Bermúdez complementada con sus planos.

Es la historia vivida por Cuba, la de un hombre llamado Omar Quintero Montes de Oca, que ha perdido su nombre para entrar en la cotidianidad como «El pagador de promesas», a partir de esa travesía emprendida desde La Habana hasta Santiago de Cuba para llegar al santuario de El Cobre y cumplir con su fe por la salud de su hijo.

Dos meses de intensa caminata, de poco descanso en el camino, de desafiar contratiempos en medio de una hipertensión arterial y las incomodidades provocadas por los caprichos de su hernia discal con los 56 años que pesan sobre sus hombros

Y el NTV sabatino propició esas vivencias. Calar en el corazón de la gente, admirar lo que resulta la grandeza humana, ver a ese pueblo seguir los pasos del caminante, apoyarlo en toda la magnitud del vocablo, llorar con él en ocasiones, regalarle girasoles, aquilatar lo justo, aunque pudieran existir criterios discordantes, pero en todo momento respetables dentro del gran abanico de la diversidad humana.

Gracias a sus realizadores por esa armonía exquisita de integrar texto e imágenes, esas últimas que, en este caso, hablan más de 3000 palabras logradas con sacrificios, con las molestias de cargar una pesada cámara, con los sinsabores de un asfalto caliente o de comprobar cuando la carrocería de un vehículo quema las rodillas pero habrá que vencerlo en busca del producto deseado.

Una muestra de que el buen periodismo se logra al sentirlo, al transmitir emociones y, sobre todo, ante una interacción entre los realizadores que borre barreras de reportero y fotógrafo, de que solo con una mirada se sabe lo que se pretende, y en las que muchas veces el binomio se convierte en un solo profesional que anhela sus objetivos.

Dos largas llamadas telefónicas de Eddi de la Pera desde la tierra holguinera me hicieron conocer muchas de las interioridades que quedaron reservadas en la agenda o detrás del lente, lo que me llevó a apreciar más la sencillez de un hombre que desterró protagonismos, sobredimensiones, mucho menos cultos a la personalidad, y que hasta cuantiosos regalos monetarios se los donó a niños, a personas necesitadas durante el recorrido, o a instituciones específicas que arropan la grandeza de la vida para seguir siendo, simplemente, y como bien aclaró: Omar.

A los realizadores de la crónica el gusto por la manera de hacer gracias a la maestría para convertirla en un regalo a la dignidad humana.

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