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Por Ricardo R. González

Otro 22 de marzo circunda por el Planeta, y desde 1993 la Organización de Naciones Unidas (ONU) decretó esta jornada como Día Mundial del Agua que este año sugiere la aguda mirada internacional hacia la relación agua y seguridad alimentaria.

Un verdadero reto en un globo terráqueo que suma 7 mil millones de personas reclamantes de alimentos, mientras los vaticinios auguran que para 2050 contaremos con otros 2 mil millones sumados a quienes necesitan del pan nuestro de cada día.

Son los cinco continentes que giran y giran, pero la realidad advierte que solo el 3 % de la masa de agua existente en el Orbe es dulce, y apenas el 30 % resulta accesible a la especie humana.

Mientras esos cinco continentes siguen en su giro no es menos cierto que disminuyen las disponibilidades del recurso agua tanto en cantidad como en deterioro de su calidad, y un presunto holocausto advierte que este detrimento pudiera convertirse en una verdadera encrucijada en materia medioambiental, lo que induciría a otra fuente de conflictos para absolutizar el control del recurso natural.

Y no es juego. Ya 71 naciones experimentan sus alarmas ante el déficit de agua dulce, pero según estimados el problema se complica al sumar mil 100 millones de terrícolas sin acceso al agua potable, en tanto 2 mil 600 millones carecen del saneamiento adecuado.

Ese Planeta que hoy habitamos amanece con miles de desvelos. Tenga en cuenta que el pasado año la FAO confirmó que el 25 % de las tierras del globo terráqueo sufrían los tentáculos de la degradación como uno de los problemas principales que porta el Medio Ambiente a nivel mundial.

Confirman las fuentes que la erosión del suelo ya ha provocado una caída del 40% de la productividad agrícola, y si tomamos en cuenta que uno de los desafíos a enfrentar es la creación y conservación de sistemas alimentarios eficientes habrá que ingeniárselas ante un crecimiento demográfico, marcado por las desventuras del cambio climático, y los serios problemas de inseguridad alimentaria que sacuden a cada uno de los hemisferios.

Un solo dato al respecto: En este minuto que vivimos la desertificación afecta al 25% de los suelos sobre los que viven más de mil millones de habitantes.

Si a ello agregamos que cada habitante bebe de dos a cuatro litros diarios de agua, que producir un solo kilogramo de carne absorbe 15 mil litros, o que otro de trigo acapara unos mil 500 ¿podremos seguir con derroches insostenibles?

Las cuentas están claras y, por supuesto, no dan. Habrá que recurrir cada vez más a esas producciones más limpias que reduzcan la cantidad de agua empleada, a la obtención de fuentes alimenticias de mayor calidad logradas con menos líquido, a consolidar esquemas de alimentación saludable, y a reducir la temible marea del desperdicio alimentario en el que nunca llega a consumirse el 30 % de las fuentes de alimentos obtenidas en el mundo con la consiguiente pérdida del agua utilizada para elaborarlos.   

Este 22 de marzo la ONU llama a diversificar mensajes educativos, publicitarios y a cuanta iniciativa provoque un cambio de mentalidad. Conferencias, seminarios, charlas, juegos, concursos infantiles, imágenes fotográficas… que motiven y eliminen barreras a fin de cuidar un recurso indispensable.

Villa Clara, como toda Cuba, no escapa de dichas acciones. Valen, y resultan necesarias, pero nada conseguiremos si se trata de un empeño efímero que «reine» solamente por 24 horas.

Ese trono necesita mucho más, y solo las buenas acciones harán que la vida transcurra en una plataforma sostenible ante sus retos continuos.

Otro 22 de Marzo que dentro de horas volverá a despedirse hasta mañana.

Otro momento en el que prometemos cambiar y apostar por un Planeta mejor. Aun así, el universo aguarda.