Por Ricardo R. González

Es 31 de mayo. El globo terráqueo pide un receso, de al menos 24 horas, para tratar de oxigenar la vida. Una jornada sin humo como feliz iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), mas, a mi modo de ver, pasa un año, llega otro, y solo queda en el marco de las buenas intenciones.

Lamentablemente las noticias no resultan halagüeñas si se tiene en cuenta que la cifra de fumadores va en ascenso, e incluso las estadísticas recogen ya a adictos al vicio casi desde inicios de la adolescencia cuando apenas se rebasa los 12 años.

Baste decir que de los más de 78 mil 500 villaclareños simpatizantes de cigarrillos en 2012 ya se sobrepasa ampliamente los 83 mil 762 en los diferentes grupos de edades, por lo que dado el incremento, incluso a nivel mundial, ya el hábito de fumar dejó de ser visto por la OMS como factor de riesgo para considerarlo una enfermedad.

Así va el mundo. En ese que han fallecido una cifra superior a los 4 millones de personas durante varios años debido al tabaquismo. En ese que ya anuncia, según estudios pronósticos, que pueden llegar a superar los 10 millones cuando el 2030 recorra el Planeta.

Para muchos constituye un largo plazo y otros darán la espalda; sin embargo, qué podemos decir si ya se augura que el consumo de cigarrillos matará a más de seis millones de terrícolas, un estimado mayor al provocado por el SIDA.

Datos que motivan, también, a meditaciones concierne al panorama villaclareño, un territorio que sobrepasa el 35 % de fumadores entre los residentes en la provincia.

Sin embargo ¿cuántos escapamos de las secuelas del humo en un marco donde los fumadores pasivos siguen siendo un problema de consideración?

Aunque se insista mil veces, aunque los medios de comunicación profundicen sus mensajes, los depredadores activos no respetan el espacio ajeno. Se necesitan regulaciones más severas, pues las pocas normativas y reglamentos existentes, incluidas las propias instituciones hospitalarias, y centros gastronómicos…no pasan más allá del simple cartel de Prohibido fumar, o de la señal que marca con una cruz al único cigarrillo que se apaga con su señal de efecto.

Que quede claro. Nadie tiene el derecho a recibir exposiciones de humo ni en lugares públicos, y , por favor, en la casa tampoco.

Tengo la impresión que no vale ser letrado o no, universitario o no, porque la percepción de riesgo resulta, prácticamente, nula. Cada quien piensa que es dueño del universo y como tal hace y deshace.

En Cuba fallece una persona cada tres minutos por causa directa relacionada con el consumo de tabaco. Ya sabemos que sus efectos inciden sobre las tres primeras causas de muerte: enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, y los tumores malignos, sobre todo el de pulmón y el de mamas, entre otras localizaciones.

Mas de nada vale. Me parece que familia, escuela, y la propia responsabilidad individual, tendrán que atarse como eslabones inquebrantables de una cadena que la veo bastante desajustada.

Existen dificultades con los métodos de enseñanza. Maestros que fuman delante de sus alumnos. Médicos que prenden candela frente a sus pacientes. Viviendas en las que parece que hay fuego por tanto humo al unísono, y la iniciación a escondidas desde temprana edad a fin de tener un rol protagónico a nivel social, o por las concepciones machistas sobre el hábito que ya arrastran a las adolescentes.

Hace un tiempo escuché una reflexión personal de la doctora villaclareña Irén González que me sigue dando vueltas en la cabeza. El tabaquismo —dijo— no respeta poblaciones, ni edad, ni sexo, ni género, y nos sigue matando, pero Villa Clara incrementa la venta de cigarrillos.

Para reforzar la idea remarcó: «Se logra vender cigarros que influyen, sobremanera, en el cumplimiento de los planes de las unidades gastronómicas, pero no logramos vender salud».

Más claro ni el agua, y en esto de las fechas no soy partidario de ese calendario atiborrado ya de días dedicados a… porque las acciones y los buenos propósitos llevan el sello de lo cotidiano. Es 31 de Mayo, Día Mundial sin Humo, mas me sigue resultado escuálido, débil, y hasta en no pocos casos inadvertido, o como algo ya que marea, a pesar de que fumar no resulte un placer. Fumar, por sobre todas las cosas, mata.

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