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Amaury.  Es que esa fue una costumbre. Yo recuerdo que en los primeros años de la Revolución, en que cada fecha patriótica la gente sacaba su bandera cubana y la  ponía.

María Dolores. Cómo no, cómo no.

Amaury. Pero ahora es imposible conseguir la bandera.

María Dolores. No, el problema es que ahora no hay banderas, yo no sé por qué. Porque yo recuerdo que en aquellos años se compraba tranquilamente en las tiendas en la moneda normal.

Amaury. En la moneda normal, no, ahora no, es complicado eso. Pero usted era deportista, doctora. Yo me quedé frío con eso. ¿Cuénteme, qué deporte  practicaba?

María Dolores. Mira, en general en esa época en Holguín, te hablo de finales de los años cuarenta, los principios de los cincuenta, se practicaba bastante deporte. No solamente en mi colegio, sino en los colegios de Holguín y en el Instituto de Segunda Enseñanza, y generalmente, lo que más se jugaba, ya en mi época de Bachillerato, era básquet, o sea, baloncesto, como se dice ahora, y voleibol. Yo lo que jugaba era voleibol.

Amaury. ¿Y le sigue gustando, doctora, el voleibol? Es que ese es el deporte mío.

María Dolores. Me gusta. En general a mí me gustan todos los deportes.

Amaury. ¿Verdad?

María Dolores. Pero indudablemente el voleibol es un deporte al que yo sigo particularmente. Me pongo brava cuando juegan mal y se desconcentran y todas esas cosas.

Amaury. ¿Cuándo se funda Escriba y Lea? ¿Y por qué se funda Escriba y Lea?

María Dolores. Bueno, Escriba y Lea se funda, o sea, sale al aire, por primera vez, en los primeros días de diciembre del 69, o sea, que ya cumplimos 40 años en diciembre del año antes pasado.

Amaury. ¡Cuarenta!

María Dolores.. Ahora, ¿por qué?, eso sí que yo no lo sé. Recuerdo que uno de los principales impulsores de Escriba y Lea, fue el doctor Humberto Galis Menéndez. Que tal vez tú lo recuerdes.

Amaury.  Yo lo recuerdo bien.

María Dolores. Que fue uno de los primeros panelistas.

Amaury. De los primeros.

María Dolores. Du Bouchet.

Amaury. Du Bouchet, usted y Galis Menéndez.

María Dolores. Sí, sí, además era una persona increíble. Yo siempre lo pongo como un ejemplo de persona de que no hay que ser un humanista, quiero decir, universitario, para que le guste a una persona y se cultive también en el campo de las humanidades. Galis Menéndez era veterinario, pero le gustaban las letras, le gustaba la historia, le gustaba el arte. Y mira, después, durante muchísimos años, cuando no se contestaba una pregunta en Escriba y Lea; Sosa, generalmente era el que decía: Si Galis Menéndez hubiera estado aquí, esa pregunta se hubiera contestado, porque era una persona que sabía las cosas más increíbles del mundo, las podía saber Galis Menéndez. Realmente su ausencia se sintió en el programa. Pero a lo que íbamos. Yo tengo entendido que él había trabajado, en aquel programa de la radio que se llamó La bolsa del saber y él habló con personas que conocía en la televisión con la idea de hacer este programa nuestro, ¿no? y ahí fue cuando me llamaron a mí para que lo hiciera, y yo, por poco me caigo muerta, de cómo yo iba a salir en la televisión, por nada del mundo. Yo dije que no, dije que no.(risas)

Porque yo jamás en mi vida pensé que iba a estar frente a una cámara de televisión.

Amaury. No estaba en su proyecto de vida tampoco.

María Dolores. No, no, en absoluto. Pero bueno, tanto insistieron que me convencieron y decidí ir a probar. Yo dije, bueno, si me sale bien, sigo, porque, óyeme, es muy difícil estar en las cámaras delante de todo el mundo.

Amaury. Es muy difícil.

María Dolores. A que te pregunten cosas, que tú no sabes lo que te van a preguntar.

Amaury. Claro, yo lo sé.

María Dolores. Y a lo mejor tú las contestas y a lo mejor no las contestas.

Amaury. Bueno, esto es como un Escriba y Lea, porque yo no me puse de acuerdo con usted para las preguntas.

María Dolores. Esto es peor que Escriba y Lea. (risas)

Amaury. (risas) No, no, no me diga eso.

María Dolores. Entonces en el programa, cuando uno no contestaba una pregunta era una cosa muy desagradable, bueno, lo sigue siendo porque uno siempre quiere contestar, ¿no?, incluso, a veces, yo llegaba a la Universidad al otro día, y si no había contestado ninguna, los mismos alumnos me decían: profesora, ayer no puso una. Entonces tú sabes que el alumno es…

Amaury. Y además, era en vivo antes, ahora lo graban, ¿no?

María Dolores. Sí, ahora lo grabamos. Los primeros años fue en vivo.

Amaury. En vivo, claro. Ahora, siempre tuvo esa posición, usted en el centro, -yo de cara al televisor- Galis Menéndez estaba a la izquierda y Du Bouchet a la derecha y estaba Cepero Brito.

María Dolores. Anjá.

Amaury. Pero ¿Cómo termina Cepero ahí?

María Dolores. No, cómo empieza.

Amaury. ¿O como empieza?, ¿porque él estaba primero que ustedes? Ah, ya.

María Dolores. Sí, cómo no. La Universidad organizó una serie de cursos para locutores de radio y televisión, que eran personas de determinado nivel cultural y profesional que no tenían tiempo ni posibilidades de cursar una carrera universitaria, pero que sí podían tomar cursos en la universidad. Y muchos locutores, muy conocidos incluso, en aquellos tiempos, y siempre recordados como Cepero Brito, como Enrique Goizueta, Franco Carbón y como esos otros muchos. No quiero decir muchos nombres para que no se me vayan a olvidar. Algunos han fallecido ya, otros están todavía entre nosotros, afortunadamente. Y Cepero, que siempre me había bromas en el aula, diciéndome que yo debía trabajar en la televisión, fue el que habló para que me llamaran y cuando me llamaron, fue cuando dije redondamente que no. Y después yo hacía bromas con él, y le decía: Cepero, usted es mi descubridor, como se dice de las estrellas de Hollywood, ¿no?. (risas)

Amaury. ¡Su descubridor!. (risas)

María Dolores. Yo le decía: usted es mi descubridor.

Amaury. ¿Y cuán duro ha sido para usted, durante todos estos años, ver que cambió el moderador y que cambia cada uno de los compañeros y vuelven a cambiar y vuelven a cambiar?

María Dolores. Yo, a veces, me llamo a mí misma la sobreviviente. Creo que he tenido la suerte de estar todos estos años en Escriba y Lea, no sé hasta cuando.

Amaury. Usted es joven, le queda tiempo, mientras no pierda el bolígrafo.

María Dolores. Esto no es un problema de juventud física.

Amaury. Claro, claro.

María Dolores. Es un problema también de juventud espiritual.

Amaury.  Espiritual y mental.

María Dolores. Mental, indudablemente.

Amaury. Ahora, ¿cómo se ejercita la memoria?

María Dolores. Esa es una pregunta complicada porque a mí me la han hecho muchas veces. No creo que haya una receta para cada persona. Para todo el mundo. Yo creo que en mi caso particular, tal vez haya una cuestión genética también, no sé, no quiero meterme en ese campo del que yo no sé absolutamente nada.

Amaury. ¡Y se podrá imaginar que yo menos!.

María Dolores. Pero en mi familia todo el mundo ha sido de muy buena memoria.

Amaury. ¿Cuándo dejó de ser maestra en un aula?

María Dolores. Bueno, hace algunos años tuve un problema de un nódulo en las cuerdas vocales, me tuvieron que operar y el médico me recomendó… cuando me preguntó cuántos años yo llevaba en la docencia y se lo dije, me dijo: ¡Ya está bueno! ¡Ya está bueno! Usted, deje de dar clases porque ya tiene la garganta resentida. Esto un problema de la profesión y muchísimos maestros tienen que dejar, incluso, la profesión, el aula, por ronquera, por esos trastornos.

Amaury. Y también está la tiza, el borrador.

María Dolores. Claro, el polvo, todo eso. Entonces me recomendó el médico que dejara de dar clases y lo he hecho. Lo que no quiere decir que yo me haya desvinculado de la docencia, porque uno siempre tiene tareas que cumplir en la Universidad o en el propio Ministerio de Educación Superior. Como tú sabes.

Amaury. Claro. Pero usted, además, fumaba, yo recuerdo que fumaba.

María Dolores. Sí, yo fumaba. Fue una de las razones por la que tuve ese problema en la garganta, o sea, que dejé el cigarro, por supuesto, nunca más lo he…

Amaury. ¿Hace cuántos años ya?

María Dolores. Van a ser cinco años ya.

Amaury. En eso estamos luchando. Yo ya estoy metido a budista a ver si baja Buda y me quita el tabaco (risas).

María Dolores. No, yo creo que eso es, Amaury, proponérselo. Mira, cuando yo tuve que dejar de fumar, yo, tranquilamente apagué el cigarro y dije: este es el último. Nunca más en la vida he vuelto a tomar un cigarro en mis manos. Además, no me dieron ni nerviosismo, ni…

Amaury. ¿Ni hambre, ni nada?.

María Dolores. Ni ataques, ni nada de eso. Sencillamente es como esas cosas que uno tiene que hacer obligatoriamente y no queda más remedio.

Amaury. A ver, doctora, usted lo dijo al principio de la entrevista y yo por supuesto que la voy a respetar y cómo no hacerlo. Usted me dijo que en cosas personales usted quería ser discreta, pero usted tiene una linda familia con la cual se pasa, mientras puede, todos los fines de semana.

María Dolores. Anja.

Amaury. Entonces, hasta dónde usted quiera, hábleme de sus hijas amantísimas.

María Dolores. No, yo decía eso, Amaury, porque yo creo que uno tiene que ser muy celoso su privacidad. Que no quiere decir que uno no hable de la familia o de determinadas cuestiones. Sobre todo cuestiones de las que uno se siente satisfecho y orgulloso. Yo creo que, efectivamente, tengo una linda familia. Lamentablemente en este momento no totalmente unida, porque tengo la mitad de la familia fuera de Cuba, pero con los que estamos aquí, nos seguimos reuniendo los domingos. Ese es un día prácticamente…

Amaury. …¡Sagrado!.

María Dolores. …Sacrosanto para todo el mundo, incluso, hasta, ahora, los jóvenes de la familia se han mantenido en el núcleo familiar en este sentido. Que muchas veces los jóvenes, pues bueno, tienen otros intereses. Cosa que es muy natural, además.

Amaury. Lógico, legítimo, además.

María dolores. Y se desligan un poco. También la familia, cuando crece, muchas veces tiende a disgregarse. Y yo creo que hay que mantener ese sentido tan familiar, ese sentido de unidad de la familia, a mí me parece que eso es muy importante.

Amaury. Y además, usted lo señalaba también, cuando uno tiene una parte de la familia fuera de Cuba por distintos motivos, también hay que buscar la forma de no perder ese vínculo en Cuba.

María Dolores. No, por supuesto que no, por supuesto que no.

Amaury. Ahora, usted me decía en aquella entrevista, y después me lo decía mi mamá, que mi mamá…

María Dolores. Yo quise mucho a tu mamá, tú lo sabes.

Amaury. Yo lo sé. Ella a usted y a su marido también. Sí, mi mamá la quería mucho y mi mamá cuando la doctora se estaba maquillando, hablábamos de esto. Pero yo recuerdo que en el otro programa, usted me dejó una imagen que a mí no se me ha olvidado: Que es: usted con su esposo tomándose un traguito y la tarde cayendo, el crepúsculo, así, el sol posándose sobre el horizonte. ¿Lo sigue haciendo?

María Dolores. Bueno, en este momento no podemos mirar el mar, porque donde vivimos últimamente, no se ve el mar.

Amaury. Hace unos años lo hacían.

María Dolores. Pero el traguito de la tardecita sí se mantiene.

Amaury. ¡Qué maravilla, doctora!

María Dolores. Yo creo que ese es un momento de relajamiento de las tensiones del día. Ya eso lo prepara a uno, para no sé…, comer, ya es como el cierre de la jornada laboral o de las obligaciones que uno pueda tener.

Amaury. Pero es precioso.

María Dolores. Yo creo que ese es un momento que vale la pena mantener, y que yo recomiendo, además, que se mantenga.

Amaury. Sí, lo que pasa que hay gente…

María Dolores. …No siempre hay ron o bebida, porque la bebida está cara y no siempre hay posibilidad de comprarla, o no hay limones para echarle al ron, pero un cafecito, un tecito, siempre viene bien algo que sirva de pretexto para estar juntos.

Amaury. ¿Ustedes viven solos?

María Dolores. Solos, sí.

Amaury. ¡Qué bueno, qué maravilla! Dios bendiga esa casa pasa siempre. Ahora, yo quiero terminar la entrevista con dos preguntas. La primera es: ¿Cómo debe ser el maestro en el aula, hoy?

María Dolores. Mira. Yo creo que el maestro está formado de dos etapas, de dos partes, vamos a decirlo, que no quiere decir que están separadas, sino dos facetas, vamos a decir:

Una es su imagen, su imagen física, la imagen con la que él se presenta en el aula. Y otra es la imagen de lo que él tiene que transmitir para enseñar. Yo creo que las dos cosas tienen que ir muy unidas. Yo creo que el maestro tiene que cultivar su personalidad de tal manera que él llegue a tener esa autoridad que no está dada por el cargo, sino está dada porque él ha sido capaz de ganársela frente  a sus alumnos. Yo creo que el maestro tiene que ser una persona de determinada educación formal. Que sea capaz, en primer lugar, de vestirse correctamente, porque no se puede olvidar que con la juventud de nuestros maestros, el alumno es prácticamente de la misma edad del maestro. Y si se establecen entre ellos relaciones que no son las de maestro-alumno, eso crea un ruido en el sistema -como se dice vulgarmente-. Yo empecé a trabajar muy joven también, yo tenía 19 ó 20 años cuando empecé a trabajar. Pero el maestro tiene que ser capaz de llegar al aula, pararse en la puerta, y solamente con su presencia, controlar el aula. Cuando el maestro logra eso, que eso, por el reloj, no demora ni dos minutos. Es como si fuera, como un aguacero cuando va disminuyendo la intensidad, y llega un momento que no está lloviendo, así mismo. Los muchachos se callan, se tranquilizan. Ah, si tú llegas al aula gritando, perdiste en cuanto entraste, porque te pusiste a la misma altura del muchacho adolescente. Es muy complicado realmente.

Amaury.  Sí, bueno, era una pregunta complicada, pero no podía sustraerme a la idea de que usted estuviera aquí, y yo no se lo preguntara.

Y ahora voy a hacer la pregunta que me quitó el sueño desde el año 96, con eso voy a terminar.

María Dolores. ¡Qué cargo de conciencia!

Amaury. No, el cargo de conciencia ha sido mío, porque yo le hice una pregunta en aquel programa que se llamaba Muy personal. La pregunta yo se la preparé, se la dije y usted me dio la oportunidad, en bandeja, para que yo volviera a preguntar y mi ignorancia de entonces, un poquito mayor que la de ahora, no me permitió agarrar la insinuación.

La pregunta mía de aquel momento fue: ¿Usted sueña? Y usted me dijo: ¿Cuando duermo? Y yo debí haberle dicho: ¿Y despierta? o sea, ¿cuándo sueña usted realmente? Por tanto no le voy a preguntar si sueña dormida, porque ya eso me lo respondió.

María Dolores. Sueño dormida y sigo soñando despierta.

Amaury. Cuándo sueña despierta, ¿en qué sueña?

María Dolores. Bueno, sueño con muchas cosas distintas, Amaury. Sueño con mi país, este país al que amamos tanto, porque vivamos en paz, en medio de un mundo que también esté viviendo en paz. Yo creo que esto es muy importante, yo creo que es un sueño, no solamente mío, yo creo que es un sueño de una parte muy importante de la humanidad entera.

Yo sueño con que mi familia se mantenga unida, ya llevándolo al plano más cercano, ¿no?. Con que mis nietos estudien, que se conviertan en personas honradas y personas de bien, que sean capaces de vivir de su trabajo sin necesitar determinadas cosas que otras gentes necesitan.

Que aprendan, no sé, lo mismo a disfrutar una puesta de sol, que un buen libro que, que estar en familia. Yo creo que todas esas cosas son muy importantes y es lo que yo quisiera para mis nietos. Y no solamente para mis nietos, lo quisiera para todos mis alumnos, para todos los que han sido alumnos míos, para toda la juventud que yo pueda conocer o en la que pueda influir de una forma u otra.

Amaury. Para todos sus televidentes y para mí. Le agradezco, doctora, yo sé que usted tiene una vida verdaderamente ocupada y compleja, que haya tenido la gentileza de venir. Y quiero despedirla con un beso, si me lo permite.

María Dolores. ¡Cómo no!

Amaury. Muchas gracias, doctora.

María Dolores. Tú sabes que siempre te hemos querido mucho a ti y a toda tu familia.

Amaury. Yo lo sé, doctora, igualmente a usted, gracias.