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Alboroto en el zoo

Alboroto en el zoo

Los flamencos del Parque Zoológico Camilo Cienfuegos, de Santa Clara, solo han cumplido las primeras fases del ciclo reproductivo. Una vez edificado el nido hay que ver si logran la puesta y el saque de los polluelos.

Por Ricardo R. González
Foto: Carlos Rodríguez Torres

Una de las cuidadoras de las áreas del parque Camilo Cienfuegos realizaba sus labores habituales cuando divisó algo que la dejó perpleja. Movió los ojos para constatar si era fantasía o realidad, y la verdad le mostró a una pareja de flamencos rosados (Phoenicopterus ruber ruber) en pleno disfrute de su sexualidad como hecho no recordado ante la vista de los trabajadores de la institución santaclareña.

Han pasado dos meses del suceso, y sobre un segmento del estanque aparecen cuatro pequeños volcanes que simulan la tipicidad de los nidos de estas aves.

Aún no existen huevos, ni nuevos polluelos, aunque resulta una novedad que flamencos en cautiverio lleguen a dicha fase en lo que se considera los primeros pasos del ciclo reproductivo.

Según la doctora Tamara Dulzaides Castañeda, veterinaria de la instalación, los ejemplares existentes en otras épocas realizaron algún intento de nidificar, «pero el sustrato anterior de la zona donde permanecen era de zeolita, y debido a la propia granulación jamás pudieron configurar su nido.»

En el actual año higienizaron el lugar e incorporaron una especie de tierra similar al barro que conserva la humedad necesaria para el hábitat de las especies.

Algunos de los animales llevan aquí unos ocho años. Otros son más jóvenes, y llegaron procedentes de la zona quemadense de Carahatas, donde existe un verdadero paraíso de flamencos.

«Por déficit de recursos específicos no pudieron diferenciarse entre si, por lo que resulta difícil determinar si los nidos pertenecen a las parejas de antaño, a las de reciente incorporación, o son mixtas.»

¿DESENLACE FELIZ?

Que las aves rojizas del Parque Zoológico El Bosque —como también se conoce el lugar— incrementen la especie constituye una verdadera incógnita. Por sus propias características viven en colonias que admiten hasta miles de integrantes en un solo colectivo.

No todas las parejas logran una reproducción anual, y de acuerdo con los estudios pueden iniciar su ciclo de proliferación a partir de los seis años de vida. Tampoco existe una estación particular para procrear, a pesar de que algunos la asocian a las lluvias y los efectos beneficiosos sobre las fuentes alimenticias.

Si algo curioso los distingue se circunscribe a las exhibiciones de cortejo. Marchan, mueven la cabeza, provocan graznidos a manera de comunicación, que solo ellos entienden.

«Ello se aprecia también en nuestro zoológico, sobre todo en horas de la tarde cuando el plumaje rosado se eleva de manera considerable, y ese sonido peculiar retumba en el área», admite Tamara.

Una vez realizado el nido ponen, generalmente, un solo huevo grande y blanco. Hay quienes corroboran que en determinados casos aparecen dos. El soporte es edificado sobre el suelo, de lodo, pequeñas piedras, y plumas, y pueden medir hasta 30 cm de altura. Con un arte especial lo moldean, y le dan esa forma de volcanes para lograr una estabilidad a fin de mantener el huevo alejado del agua y evitar su desliz hacia zonas más bajas.

La pareja tarda en construirlo hasta seis semanas. Ambos padres hacen sus turnos para incubar el huevo de 26 a 31 días, Las posturas aparecen entre las más grandes de las aves que habitan en nuestro archipiélago con un diámetro variable entre ocho y nueve cm, mientras el menor oscila de cinco a seis cm. El peso promedio de cada una fluctúa de 140 a 150 gramos.

Sin embargo, el enemigo principal de la especie resulta el hombre, sin descartar que en nuestro zoológico de Santa Clara existen otras condiciones que no favorecen su entorno. Comparten el espacio con los patos mallard (Anas platyrhinchos), la yaguasa (Dendrocygna bicolor), el pato huyuyo (Aix sponsa), y el ganso egipcio (Alopochen aegyptiacus), muy defensor de su territorio en etapas de apareamiento.

Todo rompe la privacidad de los flamencos, a lo que se suma el asedio del público y las constantes visitas a un lugar donde hay que conservar reglas elementales de educación ambiental.

«Son múltiples los incidentes que apreciamos en general. A veces se arrojan objetos que pueden crear traumatismos a los animales, e incluso el peligro de perder especies únicas», refuerza la doctora Dulzaides Castañeda quien insiste en la necesidad de comprender la existencia de animales en cautiverio adaptados a un hábitat que no es el suyo.

Otra indisciplina es la de propiciar alimentos inapropiados al régimen alimentario del animal. «Ello puede enfermarlo y restar las variedades, por lo que impera mantener una conducta civilizada, y disfrutar la estancia en la instalación que, a la vez, constituye otro método de enseñanza.»
Los días venideros traerán la respuesta si los flamencos de Santa Clara aumentan su familia o quedan, simplemente, en una fase inicial, mas lo indudable es que ofrecen un paso de avance dentro de un nuevo alboroto en el zoo.

MEMORÁNDUM

— Los flamencos que viven en colonias presentan sus características: Mientras un grupo se alimenta, el otro permanece atento ante cualquier peligro. En caso de algo inusual un fuerte graznido generalizado, en pocos segundos, indica la necesidad de levantar de inmediato el vuelo, siempre en sentido contrario a la dirección del viento.

— Una vez en el nido la hembra se echa, y deja sus largas patas por fuera. Generalmente deposita un huevo grande y blanco —aunque algunos afirman que hasta dos— incubados con la ayuda del macho durante 23 días, aunque pudiera extenderse de 28 a 32, hasta que el pico del recién nacido perfora el cascarón.

— Solo seis especies de estas aves aparecen en el mundo: Flamenco americano (Phoenicopterus ruber ruber), también conocido como caribeño, cubano, rosado, o de las Indias Occidentales, Flamenco mayor o europeo (Phoenicopterus ruber roseus), Flamenco chileno (Phoenicopterus chilensis), Flamenco menor o africano (Phoeniconaias minor), Flamenco andino (Phoenicoparrus andinus), y Flamenco de James (Phoenicoparrus jamesi), propio de los Andes sudamericanos.

— Sus colores varían desde el rojo hasta el escarlata, y lo más significativo aparece en su pico más grande que la cabeza. Permanecen largas horas apoyados en una sola pata, y el cuarto dedo resulta muy pequeño y vuelto hacia atrás.

— En escasas ocasiones protagonizan rencillas, y en caso de manifestarse de inmediato llega la calma.

CONTRASTES

Dos incidentes distintos. Uno proviene de la localidad española de Albacete. Reporta la pérdida de unos 80 flamencos debido a una fuerte granizada de hasta 6 cm.

Gran parte falleció, y los que resultaron heridos se tratan en el Centro de Recuperación de Aves del distrito para reintroducirlos en la Laguna de Pétrola o en la de Ruidera, sitios considerados como humedales de mayor interés faunístico de la zona, con la presencia de aves acuáticas durante todo el año.


Por otro lado, en la comuna de Arauco (Chile) se han encontrado, ejemplares heridos en los últimos días, que se han trasladado al Hospital Clínico Veterinario a fin de recibir sus curas.

Entre las causas figuran los posibles ataques de perros u otros animales o la acción depredadora de los humanos.

Estos flamencos están protegidos por la Ley de Caza, y aparecen entre las variedades consideradas raras en la zona sur al presentar densidades poblacionales reducidas.

Y aunque resultan móviles diferentes lo cierto es que en cada caso existe la voluntad de preservar la especie.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

2 comentarios

Ricardo González -

Aún no existen huevos, ni nuevos polluelos, aunque resulta una novedad que flamencos en cautiverio lleguen a dicha fase en lo que se considera los primeros pasos del ciclo reproductivo.

Ricardo González -

Sobre un segmento del estanque aparecen cuatro pequeños volcanes que simulan la tipicidad de los nidos de estas aves.