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Por Ricardo R. González

Muchas de ellas hacen que elevemos la vista. Hasta parecen tocar el cielo. Y en este 11 de Diciembre declarado Día Internacional de las cordilleras dedique aunque sea unos minutos para reflexionar sobre la importancia de esos ecosistemas a escala mundial.

Diría que forman parte del desarrollo sostenible, y como regalo para la humanidad más de la mitad de la población mundial necesita el agua procedente de las montañas.

Conozca también que la décima parte de los habitantes del Planeta recibe el sustento directamente de ellas, aunque su mayor valor radica en ser las fuentes de los grandes ríos y a la vez de otros menores, sin descartar su utilidad en la generación de energía hidroeléctrica.

Si las miramos desde otro ángulo es imposible apartarnos de su arraigo como centros de diversidad biológica, mientras algunos sitios desarrollan el llamado turismo de montaña.

Mucho más puede agregarse sobre las bondades del necesario ecosistema; sin embargo, la vida ha demostrado que reciben las influencias de cambio climático, de la deforestación, la desertificación, y de otros acciones que atentan contra la estabilidad del medio ambiente y su desarrollo.

Investigaciones científicas corroboran el continuo deterioro de los sistemas montañosos con la disminución de la diversidad biológica. Súmele a ello la necesidad de enfoques ecológicos que detengan la degradación del suelo, junto a otras problemáticas de las que no escapa Cuba.

Se constatan insuficientes acciones de conservación de los ecosistemas montañosos, así como la falta de conocimientos de las políticas ambientales, en tanto son apreciables los efectos contaminantes debido al vertimiento de residuales en algunas comunidades.

Las montañas abarcan el 16 % del territorio nacional y unos 567023 habitantes desarrollan su existencia entre ellas donde se localiza el 70 % de nuestras especies endémicas.

A pesar de la existencia del Plan Turquino la dinámica poblacional ha manifestado un comportamiento inestable, con énfasis en aquellos asentamientos cuya población no rebasa los 200 habitantes. Un éxodo marcado se produjo en la década de los 80 fundamentalmente de jóvenes que marchaban a otros lugares en busca de mayores expectativas de vida.

Según cálculos las afectaciones al medio natural marca al 50 % de los bosques, y para asombro se ubican en la región central aquellos de mayores afectaciones en la situación eclógica motivado por la tala y quema indiscriminada.

A ello hay que agregar las incorrectas prácticas de siembra de algunos cultivos que acentúan la pérdida de la capa vegetal y convierten gran parte de su superficie en suelos erosionados y pobres con bajos rendimientos agrícolas.

Y qué decir de la caza furtiva presente también en las montañas como agresión sistemática que hiere el entorno.

A fin de mejorar el panorama y tratar de enmendar algunos descalabros sería oportuno acelerar la introducción de técnicas de cultivo que posibiliten el mejoramiento de los suelos y sus rendimientos por áreas.

Se hace vital el estudio integral de los asentamientos poblacionales, la sustentabilidad energética, a partir del desarrollo de sus potencialidades hidráulicas, eólicas, y solar con la inclusión de los bosques energéticos en el territorio, sin dejar de evaluar la los requerimientos técnicos que eviten la degradación del entorno en los asentamientos a fin de proteger por todas las vías posibles a esas montañas nuestras.

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