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Por Ricardo R. González

Parecen cicatrices sobre la tierra en medio de un panorama desolador atribuible a la nefasta sequía que, de acuerdo con la literatura especializada, establece más de 150 definiciones de esta anomalía considerada transitoria o prolongada en dependencia de diversos factores.

La causa inicial del fenómeno recae en el déficit de precipitaciones como parte de la llamada sequía meteorológica en un período determinado, pero también se asocia al comportamiento hidrológico cuando las reservas de agua aparecen por debajo de la media, sin descartar la sequía agrícola originada por la ausencia de lluvias o por una actividad del giro con incorrecta planificación. 

Por todo ello no existe una definición general que resulte universalmente aceptada, ya que difiere de un sitio a otro, e incluso cada consumidor del agua tiene —y defiende— su propio criterio.

Aunque la escasez de lluvias pudiera verse como un aspecto principal hay otros factores influyentes y que poseen un fuerte componente humano motivado por prácticas improcedentes. La sobreexplotación de las tierras, el riego excesivo y la deforestación incentivan la erosión y afectan la capacidad del suelo para almacenar y retener el agua.

A ello hay que agregar las acciones que fomentan el cambio climático (CC) con el sobrecalentamiento global, ya sea por comportamientos humanos o naturales, lo que provocará una ambivalencia entre el incremento de precipitaciones acompañadas de inundaciones en determinados lugares, y de períodos de sequía y calentamiento en otros como efectos globales.

Los períodos irregulares de precipitaciones a pesar de la época del año en que son factibles junto a la utilización de productos tóxicos en la agricultura figuran también entre los aspectos negativos.

Estas realidades no son ajenas para Cuba. Según el centro de clima, del Instituto de Meteorología, el pasado marzo resultó el mes más seco de los contemplados en la historia desde 1961.

Este mes finalizó con déficits en el acumulado de lluvias en un 90 % del territorio correspondiendo las mayores afectaciones a las provincias de Pinar del Río, Artemisa, Mayabeque, La Habana, Cienfuegos, Camagüey, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, aunque 135 municipios presentaron irregularidades consideradas de moderadas a extremas en más de un 25 % de sus áreas.

Para nadie es secreto que las consecuencias derivadas de la sequía pueden resultar devastadoras. Una mirada al continente europeo revela a España, Francia, Alemania y Polonia como algunos de los países que comenzaban a sufrir una sequía, el pasado año, un fenómeno recurrente en zona que no se caracteriza por ser árida, según la opinión de El Espectador.

En nuestro hemisferio los expertos consideran que un panorama igual o peor al que haya azotado al oeste de los Estados Unidos en su historia ya está en marcha, atribuible a la mega sequía como evento natural que comenzó en 2000 y que aún continúa.

Refieren, además, que el CC está teniendo un impacto mayor en el aumento de las temperaturas e incide en episodios secos más severas, mientras en Latinoamérica aparecen a la vez contrastes con muchas lluvias dentro de un mismo país y sequía en otro segmento.

En Chile, por ejemplo, resulta evidente la mega sequía que arrastra motivada por las escasas precipitaciones. La nación vive su peor crisis hídrica de las últimas cinco décadas como hecho que afecta a siete de sus 16 regiones donde colapsaron varios sistemas de riego y perecieron más de 30 000 animales.

Sin embargo, no es solo el país austral ya que otra zona muy vulnerable se registra en toda Centroamérica, una geografía que ha visto muy afectada sus cosechas por prolongadas sequías, de un lado, y por torrenciales lluvias en otros.

Ya sea en un país o en otro las consecuencias de la sequía pudieran resumirse con la disminución de producciones agrícolas y terrenos destinados al ganado, lo que influye en la pérdida de ingresos y alimentos que elevan los precios por la ley de oferta y demanda.

En otros aspectos provocan malnutrición, deshidratación y enfermedades, migraciones tanto humana como de animales, y daños considerables al hábitat con el detrimento de la biodiversidad ocasionada por la reducción y extinción de las especies.

Y como si todo fuera poco no son descartables las tormentas de polvo derivadas de la desertificación y la erosión.

Hasta aquí se precisan causas y consecuencias, pero ¿qué hacer para tratar de mitigar lo que constituye casi un problema global?

Lo primero es buscar el ahorro máximo de agua y asumirlo como parte de nuestras conductas cotidianas, sin olvidar algo primordial como el cuidado del medio ambiente al reducir la contaminación y proponernos la recuperación de los bosques mediante la reforestación.

Será necesario adecuar los cultivos con especies que requieran menor cantidad de agua contemplando el ajuste del sistema de riego.

En el caso de parques y jardines son recomendables «poblarlos» con árboles y plantas resistentes a la sequía, en tanto dentro del hogar también se reclaman soluciones prácticas en el consumo doméstico, sobre todo en los baños e inodoros, considerados altos consumidores de agua, en los que se reclama una revisión periódica de todo el sistema hidráulico a fin de evitar escapes del líquido.

De igual forma suprimir las fugas o pérdidas en los canales de distribución y conductoras que transportan el agua debido a que una gran mayoría evidencia el desgaste del tiempo.

Tampoco puede olvidarse el crecimiento urbanístico sostenible pues no tiene sentido la edificación de un conglomerado habitacional en zonas de pocos suministros, por lo que deben prevalecer los estudios previos en busca de que se valore o no la posible expansión.

En medio de todo prestar mucha atención al sistema de residuales que en el caso de Cuba no deja de ser una situación demoledora para numerosas ciudades.

A la hora de concebir proyectos o replantear determinadas áreas será válida la repoblación forestal con especies que demanden poca agua y sean armónicas con el ecosistema de la zona a fin de atraer las lluvias o impedir que, cuando se produzcan, el agua arrastre las tierras fértiles.

Y de manera resumida incrementar el uso de prácticas dirigidas a reutilizar elementos, reciclar, ahorrar energía, y reducir la cantidad de desechos, por citar algunos.

Si bien la Naturaleza tiende sus desmanes respecto a la sequía no olvidemos esas acciones negligentes e indiscriminadas de quienes habitan en el Planeta y no piensan en las consecuencias derivadas para toda la humanidad. Ellos pudieran contribuir a aliviar esas grietas marcadas visibles sobre la tierra.

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