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Por Ricardo R. González

Una vez más volvieron a la carga, y en palabras concretas remarcaron que las respuestas a inquietudes de los villaclareños demandan procesos ágiles apoyados en fundamentos convincentes.

Esta vez lo dijo Esteban Lazo Hernández, miembro del Buró Político y presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, al analizar la gestión de Gobierno en la provincia. Como en todas, se hace necesario incentivar el arte de escuchar, y de estar pendientes de esos detalles que interfieren la buena marcha de los programas, y al final inciden en que la estocada recaiga sobre el pecho de Liborio.      

A mi modo de ver dicha arista hay que alejarla de paños tibios o superficialidades, que tomen las sendas de lo terrenal, sin que los directivos pierdan la sensibilidad ni les resulten agobiantes las inconformidades del pueblo.

Sumo a ello que cada dificultad presente en una persona se abre como un cráter para la vida individual y de una familia que trata de encontrar una solución dentro de su contexto.

Se insiste en que la Asamblea de Rendición de Cuenta no puede enmarcarse en la simple recepción de planteamientos ya que constituye un buen escenario para valorar las deficiencias presentes en la comunidad porque deviene una forma de Gobierno en la base.

Y al revisar la lista de quejas de un año a otro, de un período a otro, los implicados se reiteran como en la más aferrada escala musical en que los contrincantes tratan de no perder los primeros escaños.

Solo que la «melodía» está muy lejana de las notas de un pentagrama, y se convierten en candentes heridas con cicatrices cada vez más profundas.

Me detengo en las principales insatisfacciones en el transcurso del año. Giran en torno al abasto de agua, el transporte, el enfrentamiento al delito y las ilegalidades, los altos precios de los productos alimenticios y, sobre todo, la situación higiénica.

Comunales acumula 1738 planteamientos, la Empresa Eléctrica (1703) y Acueducto añade 1149 para un total de 4590.

El nivel de solución es de 60,7 %, y quedan pendientes unas 2605 inquietudes.

Si detenemos la mirada en los principales obstáculos registrados en las oficinas de Atención a la Población durante el pasado año estos recaen en el déficit y marcadas irregularidades con el agua, los salideros y tupiciones, viales que muestran el rostro del mal estado, así como en la reparación de edificios multifamiliares, la presencia de microvertederos, y las zonas de bajo voltaje.

En medio de todo está el pueblo, el que no siempre encuentra un diálogo oportuno cuando se dirige a los despachos habilitados según los días establecidos por cada organismo.

Muchas veces el funcionario de mayor rango esconde la cara. En su lugar envía a alguien que pasa el sofocón y tiene que enfrentar desde la más airada protesta hasta las infelices palabras de quienes se turban y no saben explicar su propia situación.

Incluso existen aquellos pobladores que llevan año tras año en espera de obtener un aliento esperanzador, y… el cabello encanece sin escucharlo.

A lo mejor ese «bateador designado» —que justifica al jefe por encontrarse en una reunión o en una tarea impostergable— no constituye el más idóneo, y quisiera que el tiempo cabalgara velozmente para concluir la titánica tarea impuesta.

No están excluidos los delegados de las circunscripciones quienes se baten por reclamar mejores argumentos ante las superficialidades dictaminadas por funcionarios de instituciones.

En este sentido recuerdo que entre las tendencias marcadas por la Asamblea Provincial del Poder Popular se expone: «Mejorar la atención a los planteamientos por despacho de los delegados por parte de las administraciones municipales».

Y otra de primer orden: «Necesidad de atender los planteamientos de la población con mayor prontitud y búsqueda de soluciones por parte de las administraciones municipales».

Ni más ni menos. Es cierto de realidades económicas e impactos del bloqueo, pero que no aparezcan siempre como las intríngulis de todo.

Una problemática pudiera no encontrar remiendos, mas ¿por qué no hablar claro y evitar el disfraz de los hechos?, ¿será adecuado crear falsas expectativas, o expresar lo certero aunque sea en blanco y negro?

Lo falso e irreal lacera y hace perder credibilidad. Por eso es que los dirigentes jamás pueden separarse de los latidos de su pueblo ni mucho menos esquivar reclamos.

Dicho de otra manera. Piensen que esa coyuntura que afecta a X o a Y la sufren los decisores en carne propia y les amarga la vida. ¿Qué pensarían entonces?, ¿se casarían con la inercia para ver si aparece un milagro caído del cielo?

La realidad cubana es compleja. Que lo digan los titanes que hacen el día a día en nuestra provincia y continúan la historia, pero ellos merecen el alto distingo del respeto, pero sin globos inflados.

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