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Hace 5 mil años el yoga fue considerado en la India como “una vía hacia la iluminación”. A la altura de estos tiempos se ha convertido en una forma de hacer ejercicio y meditación a la vez.

La palabra yoga significa en sánscrito unión, por tanto, se entiende que su mensaje anima a la comunión del cuerpo y del alma.

Muchas personas creen que esa práctica milenaria enseña solo a respirar y meditar, dudando de que sea científicamente recomendada.

Hasta cierto punto es válido el cuestionamiento porque enfrenta dos formas distintas de ver el mundo.

La tradición hindú emplea metáforas y maneras de describir el cuerpo desde dentro hacia fuera, con su referencia a fuerzas vitales y centros de energía. Contrariamente, el occidente estudia el cuerpo desde fuera hacia dentro y aceptando solo lo que corrobora la ciencia.

Con el yoga se enseña a controlar parámetros fisiológicos como la presión arterial, el ritmo cardiaco, la función respiratoria, el metabolismo, la resistencia de la piel, las ondas cerebrales y la temperatura corporal.

Vivimos sometidos a intensas presiones: horarios y exigencias en el trabajo, al llegar a la casa, con la familia, y en todas las acciones de la vida. Esas demandas generan el estrés base de muchas enfermedades.

El yoga relaja y de esa manera, cura. Quienes lo practican aprenden que la respiración profunda, los estiramientos, los movimientos que liberan la tensión muscular y la sensación relajada de sentirse presente en su cuerpo, inicia un proceso que elimina las prisas, la agresividad y pone en funcionamiento la relajación.

Así se reduce el ritmo cardiaco, disminuyen la respiración y la presión sanguínea. Y el organismo aprovecha la oportunidad para poner en marcha el proceso de la curación.

Sus seguidores saben que es un método saludable natural. Cuando se dominan los principios básicos es posible hacerlo en casa sin necesidad de gastar dinero, y en múltiples casos, ha evitado llegar a intervenciones quirúrgicas o eliminar una farmacología adictiva.

Por último, los invito a pensar: el escepticismo de la medicina occidental respecto al yoga es igual a la oposición de los estudiosos del siglo XIX al considerar la ciencia médica como una disciplina primitiva. Tal vez, cuando pasen algunos siglos, se repita la historia ante los conocimientos actuales de la ciencia.

(Con información de Heydi González Cabrera. Radio Rebelde)

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