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 “Antes de ser psicólogo soy ser humano”

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran. Ahora aquí, en 5ta Avenida y calle 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña, otro querido amigo mío, el doctor en  Ciencias Psicológicas y músico, un gran músico que después va a explicar por qué no siguió siendo el gran músico que siempre fue. Mi hermanito, Manolo Calviño.

Muy buenas noches, oye qué alegría, cómo se va a poner la gente feliz de tenerte en el programa. Lo han pedido, me dicen, ¿por qué no llevas a científicos, a deportistas? Me lo dicen mucho. Y claro, yo siempre digo que el perfil del programa está vinculado a ese mundo artístico-intelectual, ¿no?, pero es que tú reúnes esas dos condiciones, así que los que querían científicos, te tienen a ti aquí y los que querían músicos, también.

Yo quería empezar a hablar por tus padres, por tu niñez, cuando te conocí, ya eras un joven. ¿Cómo transcurrió eso?

Calviño. Pues la verdad que funcionó muy bien. Yo tuve una niñez absolutamente feliz -en mis recuerdos y en los hechos objetivos que puedo estructurar para tratar de separar el recuerdo de lo que realmente pasó, cosa que es casi imposible-, pero fue una niñez muy linda, muy feliz. Yo nací en Cayo Hueso, sigo viviendo en Cayo Hueso, aunque vivo ahora en el Vedado, pero mi estilo de vida quedó marcado por Cayo Hueso, el concepto del barrio, de la gente, de llegar a las 3 de la mañana, de las puertas abiertas, y todo el mundo ahí. En Cayo Hueso trasncurrió mi infancia, una infancia llena de juegos, de desentendidos con los padres, como es de suponer. Mi padre siempre fue un hombre con un pensamiento muy avanzado. Mi madre a la usanza de la época, muy dedicada a ensalzar a mi padre y a sus hijos.

Amaury. ¿A qué se dedicaban?

Calviño. Mi madre era ama de casa. Se dedicaba a los hijos, tenía la profesión más difícil de todas las profesiones, y mi padre era médico, era cardiólogo y en gran medida mi padre es una de las causas fundamentales de por qué yo estudio psicología.

Yo fui, Amaury, un pésimo estudiante de preuniversitario. Digamos, evaluando por los estándares conocidos: no asistencia a clases, no estudio, no interés. Era la época en que la música ocupaba el primer plano de mis intereses. Repetí el último año del pre, eran, qué sé yo, 18 asignaturas. Me presenté a una cosa que hoy se llama los mundiales, en aquella época ni me acuerdo cómo se llamaba.

Amaury. ¡Extraordinarios!

Calviño. Efectivamente, extraordinarios y aprobé todas las asignaturas menos Física. Entonces eso fue una cosa interesante: Estoy sentado en el parque Mariana Grajales y se me acerca la entonces directora del preuniversitario y me dice: “¿Calviño, usted va a repetir todas las asignaturas o solamente Física?” Mira como han cambiado los tiempos, si eso se le dice hoy a un muchacho, probablemente preguntará ¿Cuánto cuesta? En aquella época, yo pregunté: “¿Qué es lo que me va a mandar a hacer?”

Amaury. ¡Claro, claro! (risas)

Calviño. Es la diferencia, muchos años. Entonces me dijo: No, usted puede dar solamente Física, pero tiene que ir a trabajar de profesor a una secundaria y me mandaron a la secundaria en la que yo había sido estudiante. Cuando el director me ve llegar, dijo: “¿Y usted que hace aquí?” Dije: Prepárese que va a recibir a su nuevo…

Amaury. ¿Qué secundaria era?

Calviño. La Rubén Martínez Villena. El otro día, hace unos programas atrás, estuviste hablando con Loipa.

Amaury. ¡Ah, sí!

Calviño. Y decía que su mamá era profesora de Español, fue mi profesora de Español, excelente profesora de Español. Bueno, y cuando llego a la Secundaria, digo: bueno “¿y qué asignatura voy a impartir?” Me dice el director, la única que tenemos disponible es…, Física.

Amaury. (risas)… Física.

Calviño. Por suspender Física fui profesor de Física y esto es un hecho interesante, hoy muchas personas dicen: los profesores jóvenes, los emergentes. ¡Yo fui un emergente!, pero con un sentido de responsabilidad, estudié Física como nunca en mi vida y allí descubrí mi vocación por el magisterio. Yo no puedo dejar de ser maestro y lo descubrí allí. Por un accidente, dirían algunas personas. Los psicólogos diríamos: alguna causalidad en la historia de tu vida.

Y con la Psicología me pasó igual, terminé ese año el preuniversitario, la misma directora me dijo: “¿Y usted qué va a estudiar?” Y con una cosa así, absolutamente prepotente y altanera, que yo no era así.

Amaury. Tú no eres así, no.

Calviño. Era mi relación con la directora, era como decirle; usted no me va a poner un pie encima y le digo: ¿Cuál es la especialidad más difícil de entrar? Me dijo: entre ellas, Psicología. Le dije: “Apúnteme en Psicología” y ahí fui, hice las pruebas y matriculé Psicología.

Amaury. Pero ahí voy a una pregunta ¿En la Psicología que se practica hoy se sigue respetando ese secreto profesional, igual que se respeta en la iglesia el secreto de confesión?

Calviño. El sector profesional es absolutamente inviolable. La estructuración ética de la profesión descansa en el secreto profesional.

Amaury. Yo conozco a algunos artistas que tienen dificultades psicológicas y algunos hasta psiquiátricas y dicen: yo prefiero contener todo esto que ir a contarle -inclusive una persona que sale por televisión, que sale en el cine-, no voy a contarle a un médico mis problemas, porque a lo mejor se ha relajado la disciplina, y cuando venga a ver los problemas que yo tengo se entera todo el mundo.

Calviño. Bueno, ese es un tema también que no tiene tanto que ver, a mi juicio, que no tiene solo que ver con el modelo profesional, sino también con un modelo cultural. Seguimos siendo culturalmente un país donde una persona, en medio de Galiano y San Rafael, puede hablar de sus padecimientos de hemorroides con una tranquilidad impresionante (risas), sin embargo, decir que está sometido a un tratamiento psiquiátrico, o que se ve con un psicólogo, eso… no. Yo creo que es un problema cultural.

Sin embargo, yo he tenido pacientes, vamos, he tenido amigos, que por amistad he preferido que no sean mis pacientes, los he derivado a otros profesionales y yo mismo he llegado a pensar: tengo que buscar la forma para no exponerlo. Y esa persona en quién estoy pensando me ha dicho: Dime dónde hay que estar, a qué hora, dónde es la cola. Tranquilo.

Amaury. ¡Ah, qué bárbaro!

Calviño. Es decir, yo creo que es un problema cultural y un problema también, ¿por qué no?, sin que nadie se ofenda, creo que es un problema de madurez personal.

Amaury. Bueno, ¿ustedes son tres hermanos? Alfredo, Lola y tú.

Calviño. Sí. Yo soy el del medio, Alfredo es más pequeño.

Amaury. Alfredo, ¿a qué se dedica?

Calviño. Alfredo se dedica al cine. Vive en México, parece ser que una persona bastante exitosa en materia de comercialización de cine. Se dedicaba a eso aquí. Aprendió su trabajo aquí en el ICAIC, verdad que con los grandes vendedores del ICAIC, que son antológicos.

Amaury. Sí. ¿Y Lola?, que trabaja en el cine también.

Calviño. Lola también trabaja en el cine, así que probablemente de ahí mi parecido a Brad Pitt, con unas libras de más. (risas)

Amaury. (risas) Bueno, los ojos tuyos son más bonitos que los de Brad Pitt

Calviño. ¡Ah, ya tú ves!

Amaury. No sé si las luces permiten ver la claridad de tus ojos. Ahora ¿Cuándo se forma el grupo Moncada?, quiero que vayamos ahí  antes de irme atrás.

Calviño. Moncada nace en el 72. Alberto Faya y un estudiante de física, Mario Ayoub y yo, cantábamos…, como empezamos todos, cantando las canciones de Silvio, de Pablo, hacíamos las veces de trovadores. Y entonces, en algún momento aparece la Televisión Universitaria, y aparece un programa, entre los muchos que aparecieron de la TV Universitaria, que se llamaba Siempre en Domingo, que lo dirigía Jorge Gómez.

Amaury. ¡Ah, claro!

Calviño. Y Jorge Gómez empieza un poco a aglutinar gente para intentar sustentar aquel programa y había una cercanía ya entre nosotros. Nos juntamos ahí a tocar con unos instrumentos que estaban allí que eran de la escuela. Cuando hicimos el primer intento, yo dije: este grupo ya tiene nombre, debe llamarse Los Pimientos Morrones (risas) para evitar cualquier otro exceso.

Moncada nunca nació, a mi juicio, con una pretensión de ser músicos, sino con una pretensión de hacer un trabajo cultural, de comunicación cultural. Sus gestores eran gentes con intereses de este tipo, quizás no éramos, seguramente, muy buenos músicos, pero sí, esto nos unió y en el 72 fundamos el Grupo Moncada.

Amaury. Pero cuando tú llegas al Moncada, yo recuerdo el Moncada de aquellos años, desde afuera tú decías: los que tienen una formación musical más sólida…, estaba Julián (Fernández).

Calviño. Julián, efectivamente.

Amaury. Tocaba guitarra, empezó a tocar tres por esa época.

Calviño. Exactamente.

Amaury. Y tú, porque tú venías… Mi primer recuerdo primero tuyo era tu pelo largo, ¡imagínate! todos nosotros rapados, porque la escuela donde yo estudiaba era medio militar o algo así. Y cantando: Tan solo tres días… (entonando)

Calviño. ¡Tan solo tres días! ¡Black is Black!

Amaury. Black is Black ¿Cómo fue ese paso por Los Dadas? Porque a lo mejor estaba por ahí lo del Pre, que no sacabas bien las notas…

Calviño. Exacto, sin dudas, sin dudas. En el año 65 ó 66, ingresé en Los Dadas. Recuerdo que una de mis primeras experiencias -que nunca se llegó a realizar- en un viaje que hacíamos a Matanzas, montó en la guagua un muchachito flaco, orejoncito, con su guitarra y le decía a la gente de Los Dadas: ¿por qué no hacemos un disco? Los Dadas venían del Ejército, de la 2350, de Managua. Yo no, yo estaba en mi Pre y este muchacho recién salía del Servicio Militar Obligatorio. Y ahí quedó la idea de hacer un disco, en el que a mí me tocaría hacer una segunda voz de una canción que decía algo así como: “Quédate, quédate, para poder vivir sin llanto” (canta esa línea y Amaury la termina con él)

Amaury. ¡Era Silvio, el muchacho jovencito que se subió a la guagua!.

Calviño. Era Silvio, y realmente es que Los Dadas fueron un grupo muy, muy bueno.

Amaury. Muy bueno.

Calviño. Y sí, yo tenía, al llegar al Moncada, una experiencia de trabajo en grupo muy importante.

Amaury. Y en escena.

Calviño. Y en escena, en el 69.

Amaury. Porque Alberto (Faya) tenía la impronta

Calviño. Exactamente y una voz tremenda.

Amaury. Y tú con el oficio total.

Calviño. En el 69 recuerdo que coincidimos en un escenario que se llama el Copa Room del Hotel Riviera, que fue el año que repetí en el preuniversitario, ¿ya vas atando cabos?, hacíamos dos shows, un show y una cortina musical con Los Dadas. Y las tres personas que en aquel momento tocábamos y cantábamos con la guitarra, éramos: Pedro Luis Ferrer, Mike Porcel y yo.

Amaury. ¡Madre mía! ¡Era una bola de talento!

Calviño. No, la verdad, es que todas esas cosas te marcan. Pero todo eso forma parte de esa tradición musical que yo no abandono, ¿eh?

Amaury. Bueno, voy para una pregunta que, a quién mejor que a ti se la voy a hacer. Vale la pena, un programa que lleva al aire veinte años, yo no he visto todos los programas, pero sí he visto muchos. Se ha formado una especie, como se dice en la calle, “una atmósfera” con el asunto del celo y del intrusismo profesional, o sea, la gente que viniendo de la calle, va a la televisión y supuestamente le robamos el trabajo a algunos locutores, ¿qué tú piensas de eso?

Calviño. Mira, el tema del intrusismo profesional es todo un temazo y justamente se ubica, básicamente, en lo que hoy algunos especialistas llaman las disciplinas blandas. Es difícil el intrusismo profesional en neurocirugía.

Amaury. Claro.

Calviño. Es poco probable, mejor no lo probemos. (risas)

Amaury. Sí, que una enfermera diga: déjame meterme a operar aquí.

Calviño. Entonces. A ver ¿qué cosa es esencialmente un profesional? Un profesional es una persona con un conjunto de conocimientos, habilidades y sobre todo ¿de qué?: de-di-ca-ción. Entonces, no veo mucho esta cosa del intrusismo profesional. El rol de un locutor está bien definido. Tenemos excelentes locutores que lo hacen muy bien.

Amaury. Buenísimos, buenísimos.

Calviño. Una cosa es un locutor, otra cosa es un conductor, otra cosa es un comunicador.

Amaury. Un animador.

Calviño. Un animador. Tu madre, la última vez que estuve en la casa de Nuevo Vedado, me dijo: “Aquí yo he conocido a muchos ‘comunicólogos’, pero comunicadores hay pocos, y tú eres uno de ellos”.

Amaury. Pero es que tú eres, para mí, y lo digo con absoluta responsabilidad -el otro día Sara (González) me pegó casi en la cabeza, porque me dijo: estás siendo muy absoluto en el programa- bueno, yo estoy hablando por mí, y yo creo que el mejor comunicador que tiene nuestro país, que sale por televisión es Manolo Calviño.

Calviño. Esa es la ventaja de tener buenos amigos.

Amaury. No, no estoy siendo… digo, tú me conoces, sabes que de adulador no tengo nada.

Calviño. Nada.

Amaury. Sino que yo sé,  lo que tú haces: pararte delante de una cámara, con una iluminación normalmente pobre, con una escenografía escasa, prácticamente nada.

Calviño. Nada.

Amaury. Todas las semanas, donde no hay un error, cualquiera pensaría que tienes un teleprompter (un aparato que ponen debajo de la cámara para leer lo que dice el locutor a cámara), ¡No!, en Vale la pena todo eso sale de tu cabeza. ¿Cómo preparas esos guiones?

Calviño. Yo no creo en la improvisación ¿en qué sentido?: la improvisación…, creo en ella solamente como el lugar y la circunstancia específica, el momento en el que tú dejas salir algo que has estado formando y preparando durante años. Cuando Chucho (Valdés) se sienta y dice: “voy a improvisar”. Son 50 años de piano.

Amaury. Claro, claro, sí, sí.

Calviño. Son 50 años de piano y una experiencia… entonces, yo sí creo en el saber, en la dedicación, en el estudio. Mucho estudio, mucho trabajo, eso es ser un profesional. Y eso sobre un contexto ético fundamental que se llama, a mi juicio: responsabilidad. Yo no puedo pararme en un aula, no puedo sentarme en un estudio de televisión, si no es pensando que voy a intentar hacer todo lo mejor que yo puedo hacer por respeto a esas personas que están allí sentadas. Sean mis estudiantes, sean los televidentes.

Amaury. Bueno, es que yo siempre he dicho que uno no viene a este mundo con determinados dones.

Calviño. Exacto.

Amaury. Sino que uno los ejercita… y esto ha sido motivo de discusión en la casa y ha sido motivo de discusión en este mismo programa.

Calviño. Claro.

Amaury. Ahora, Vale la pena ¿por qué surge ese programa?

Calviño. Tiene dos historias…

Amaury. ¿A quién se le ocurre?

Calviño. Tiene dos historias. Una historia, si quieres, más administrativa y una historia más contextual, cultural y una historia obviamente personal. Hilda Rabilero, que en aquella época hacía el programa Contacto estaba buscando crear secciones que le reanimaran el programa. Hacía una sección de salsa, de la que salió Mi Salsa y hacía una sección de psicología.

Amaury. ¿Era televisión en vivo?

Calviño. Televisión en vivo. Y en un determinado momento, me acuerdo, un ex alumno mío que trabajaba con Vicente González Castro me llama y me dice: “estamos buscando programas de pequeño formato”. Yo estaba…, no desencantado de la psicología, pero quería buscar otra cosa. Yo soy una persona, en mi vida profesional, que pienso mucho en la devolución, en lo que yo puedo ayudar a las personas. Es una vocación primitiva casi en mí, y entonces ahí llegó la posibilidad. Yo quería levantar y salir un poco de ahí y decirle a la gente: la mejor variante es mirarnos primero nosotros. La vida nos es dada una sola vez y esta vez que te la dan, y esta vez que la tienes, hay que vivirla con mucha felicidad, con mucho bienestar. Hay que vivirla con mucha entrega. Esa cosa, a lo mejor un poco cursi, no importa, de que cuando te vayas saliendo puedas decir: ¡viví, viví!

Entonces me gustaba, me gusta la idea, de que esto no sea solo un proyecto mío, de mis hijos, de mi familia. Que podía ser un proyecto mucho más allá y ayudar a las personas a este andar más presidido por la felicidad, por el bienestar. Que no quiere decir que no hayan obstáculos, que no hayan problemas, que no haya frustración, que no haya depresión, ¡No!, el problema no es que no hayan esas cosas, sino cómo salir de ellas, y salir vencedores, salir del lado de la felicidad.

Amaury. Ya. Manolo ¿y cómo se graba Vale la pena?

Calviño. Entrará en los Records Guinness como el programa más barato de la Televisión Cubana, que debe ser la televisión más barata del mundo. Así que puedo aspirar (risas). Mira, yo normalmente voy recogiendo temas, leyendo cartas, conversando con la gente y voy haciéndome una esquela de temas generales. Pero yo llego al estudio, me pongo la camisa, me siento y grabo. Tres minutos, paro; siete minutos, paro; tres minutos y vamos para el otro programa.

Amaury. ¿Cuántos grabas?

Calviño. Normalmente grabo dos programas y no tengo necesidad de grabar más porque como grabo con mucha anticipación, grabo dos programas. Quiere decir que en términos estrictamente de utilización de estudio, con 30 minutos de estudio, yo hago Vale la pena y no me hace falta más.

Amaury. Sí, es el más barato. Creo que hay uno en Albania que es un poquito más corto y más barato. (risas).

Calviño. Pero Vale la pena se graba de arriba abajo.

Amaury. ¿Y cuando hablas de las cartas en los programas es verdad que estás leyendo las cartas reales o hay cartas ficticias?

Calviño. Por lo general son cartas reales, ¿en qué sentido? Recibo 10, 12 cartas, 20 cartas sobre una temática más o menos común y ahí construyo una que representa todo lo que está. Otras veces, efectivamente es una carta tal y como la recibí.