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«Con 2 que se quieran» Carlos Alberto Cremata (Parte I)

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“Papi nos enseñó a multiplicar el amor”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonidos del ICAIC.

Hoy me acompaña un director de teatro que hace una labor especialmente generosa, virtuosa, fantástica. Una de las personas más queridas en el medio artístico. Más querida por los niños, más querida por los padre de los niños y por los abuelos de los niños. Es decir, por todo nuestro pueblo.

El gran director Carlos Alberto Cremata, más conocido por Tin. Tincito querido, director de la Colmenita, eso lo sabe toda Cuba,  y todo el que nos está viendo en cualquier parte del mundo, porque este programa se ve allende nuestras fronteras.

Según tú mamá, Iraida Malberti, de la que quisiera que habláramos un poquito, ustedes iban naciendo tú y tus dos hermanos e iban del hospital para el ICRT. ¿Por qué decía eso?

Cremata. Porque mami cuenta que nosotros prácticamente crecimos en los Estudios de Televisión, donde ella era coreógrafa. Mami era coreógrafa de casi todos los programas infantiles, o de todos.

Recuerdo que los lunes se hacía Caritas; el martes Amigo y sus Amiguitos; el miércoles Variedades Infantiles; el jueves Tía Tata. Mami dice que ella sintió los dolores de parto en un estudio. Fue a la sala de maternidad y después volvió, con nosotros muy chiquiticos, lo dice de esa forma.

Amaury. ¿Y ese trabajo hasta qué año Iraida lo estuvo haciendo?, ¿o lo sigue haciendo?

Cremata. No, no, lo sigue haciendo, o sea, después se convirtió en directora de televisión, ya dejó de ser coreógrafa. Pero recuerdo que Juanqui, el cineasta, el hermano que me sigue y yo, hacíamos, por ejemplo, en Caritas, hacíamos unos pollitos que se llamaban Pío Pi y Pío Po. Cuando Caritas lo hacía Cristy Domínguez.

Amaury. Sí, cuando lo hacía Cristy, claro.

Cremata. Entonces era muy simpático, un pollito decía las cosas al derecho y el otro al revés. Uno decía; Buenos días Caritas y el otro decía: Caritas, buenos días. Formaban unos troques tremendos.

Amaury. ¿Tú naciste en qué año?

Cremata. Yo nací el 26 de noviembre de 1959, el año de la Revolución.

Amaury. En el programa de manos de Sin embargo se Mueve, tú dices, voy a citar: A mi papá, director de la Colmenita desde 1959. Tu papá no fue director de la Colmenita, ni fue fundador de la Colmenita, ni siquiera fue autor. ¿Por qué tú dices eso?

Cremata. El problema es que yo siempre digo que yo tuve el privilegio de estar en una Colmenita de niño, que estaba integrada por cinco personas: mi papá, mi mamá y nosotros tres, son los cinco. Entonces lo que yo viví en mi infancia es exactamente lo que yo estoy reproduciendo ahora, exactamente lo mismo.

Mi papá sí era actor, lo que pasa que era un actor aficionado, era el que montaba obras de teatro, comedias, en el aeropuerto Internacional José Martí.

Amaury. ¿Por qué?, ¿trabajaba ahí?, ¿qué cargo tenía?

Cremata. Trabajaba en el aeropuerto en el departamento de Control de Vuelos, era despachador de vuelos, era su cargo. Creo que fue un gran precursor del Centro Promotor del Humor, lo que hace el humor ahora, porque papi en los ratos libres montaba obras de teatro, siempre comedias, siempre Enrique Núñez Rodríguez, que le encantaba. Incluso hacía una cosa increíble, que era que en los horarios de receso, él hacía parodias de las aventuras de turno.

Recuerdo, por ejemplo, El Zorro, entonces él hacía todas las voces, hacía la banda sonora, reunía a todo el mundo y era tremendo, porque era un poquito incisiva y a veces los hermanos Malpica eran los que trabajaban en el almacén, el malo era el administrador… (risas)

Amaury. ¿Por qué no le aceptó a Moya cuando le propuso un papel en Los Comandos del Silencio?

Cremata. (risas) Papi decía que eso no era de machos. Era una época. Pero él montaba muchas obras en el aeropuerto Internacional José Martí. Yo recuerdo que de niño, más que ir a la televisión con mi mamá, más que ir al Latino a ver la pelota, que me fascina, más que ir a la playa, a un hotel, lo que más me gustaba a mí en la vida, era ver a mi papá dirigiendo, pero no sólo dirigiendo, era un improvisador extraordinario. Tenía una voz increíble, tan, tan tremenda, que todavía conservamos, mami conserva, una grabación en cinta magnetofónica de Joan Manuel Serrat, que tú te comes el millo y piensas que es Joan Manuel Serrat, y es mi padre con un background de Serrat. Imitaba perfectamente las voces, era un tipo con unas facilidades.

Amaury. Sin embargo tenía prejuicios con dedicarse a eso.

Cremata. Era un poco cubano también. Esa cosa de la idiosincrasia.

Amaury. Si tú tenías en tú casa a un padre con esas habilidades artísticas, y tenías una mamá coreógrafa. ¿Por qué tú terminas en los Camilitos?

Cremata. Yo entro en el año 71 a los Camilitos, era prácticamente la mejor escuela que había en Cuba. Cuando eso la Lenin se llamaba Vocacional Vento, tenía incluso un nombre anterior y Los Camilitos era una escuela fabulosa y tuve la tremenda suerte de entrar en un momento lindísimo con personas…

Amaury.  ¿Pero tú entraste por vocación o porque tus padres decían que era la mejor escuela que había?

Cremata. Mis padres primero me pusieron toda la infancia en la escuela de natación. Yo estuve en la escuela de natación de Guanabo, porque ellos decían que era muy importante…

Amaury. Esa también era una gran escuela.

Cremata. Tremenda escuela. Pero ellos decían que el cuerpo tenía que prepararse para la vida y entonces ellos buscaban la mejor opción para los muchachos y apareció los Camilitos como una opción. Pero no, a esa edad, a los 11 años, vocación, no sé, es muy difícil tener una vocación, Amaury.

Amaury. No, hay gentes que desde muchacho dicen, yo quiero ser piloto de avión, otros dicen yo quiero ser guaguero.

Cremata. Nosotros no.

Amaury. Yo quiero ser bombero.

Cremata. Hubo un momento que decía piloto, pero realmente no, yo no entré por vocación a los Camilitos a los 11 años.

Amaury.  ¿Y cómo pasas de los Camilitos para Ucrania?

Cremata. El problema es que en los Camilitos me convertí en el estudiante que montaba todos los espectáculos artísticos y ganábamos premios en los Festivales del Ejército y de las Fuerzas Armadas. Y entonces de pronto tuve un rival muy grande, porque mi hermano Juan Carlos, el cineasta, entra dos años después que yo.

Amaury. El cineasta, no, el gran cineasta.

Cremata. Cuando entra Juanqui, dos años después que yo a los Camilitos, al fin yo sentía que tenía un rival, ¿no?. Él estaba en otro grado y competíamos los dos grados, él me ganaba un año y yo le ganaba otro y así estuvimos.

Entonces al final de los Camilitos, me dan la oportunidad de estudiar en ese momento la carrera como que más interesante, en el terreno cultural, que se llamaba Trabajo Cultural Masivo, era más o menos la especialidad.

Amaury. ¿Cómo se dice en ruso?

Cremata.  Kul brasviet rabota (fonética). Aunque yo tuve dentro del Trabajo Cultural Masivo que especializarme en una cosa que se llamaba Dirección Artística, específicamente de espectáculos de teatro.

Amaury. ¿Pero cuando regresas a Cuba de Ucrania, tenías un conocimiento -al menos elemental- del teatro que se hacía en Cuba?

Cremata. Yo tenía un conocimiento extraordinario del teatro universal y ruso. Tú sabes que Rusia es la madre del teatro, Stanislavsky, Vastangov. Pero me doy cuenta cuando llego a Cuba, que empiezo a trabajar en el  Conjunto Artístico de las FAR, que yo no conocía absolutamente nada del teatro cubano. Entonces es que aparece esa posibilidad, estando en el Conjunto Artístico de las FAR, de que yo haga una segunda carrera en el Instituto Superior de Arte, la dirección teatral que se inicia cuando yo entro.

Amaury. ¿Y te gradúas en el ISA?

Cremata. Me gradúo de la segunda carrera en el año 92 en el Instituto Superior de Arte de director teatral. Así se llama la carrera: Dirección Teatral que en estos momentos existe.

Amaury. ¿Y por qué a mí me dicen que a ti te gustaba dirigir a deportistas?

Cremata. No, no exactamente, no es que me gustara. El problema es que cuando yo estoy en el ISA tuve que descubrir.

Amaury. ¿Qué virtudes descubriste en un deportista…?

Cremata. Ya verás. Cuando yo estudio en el ISA, mi profesora de Dirección Teatral era Berta Martínez, lo ha sido siempre, pero cuando empecé, Berta me dijo: Mira, Tin, para dirigir teatro hay que tener dos condiciones: La primera, ver dirigir un buen teatro y la segunda: dirigir teatro.

Yo tuve la suerte de ver dirigir a Berta en muchas, muchas puestas en escenas.

Pero entonces, ¿qué pasa? que estudiando en el ISA y tratando de buscar ese grupo que yo quería tener para dirigir teatro, para probarme como director, monto junto a mi mamá un espectáculo gigante, en la Casa Central de las FAR, en el agua, en la dársena, que trabajaba Juana Bacallao, Litico Rodríguez, Mayrita de la Vega, buzos… Era una cosa, un macro espectáculo, donde habían 400 estudiantes de natación, de polo…

Amaury. ¿Y había qué, música, y canto, humor?

Cremata. Había una orquesta cada noche, era un súper restaurante, había un súper cabaret que había en la Casa Central de las FAR que hacían eso que se llamaban Espectáculos Acuáticos. Entonces ahí conozco a un grupo de estudiantes de alto rendimiento de clavados, de natación, de tiro, de gimnasia rítmica, que nunca en su vida habían entrado a un teatro. Habían ido a verte a ti al Carlos Marx, o a Virulo, o a los Van Van, pero no habían ido al Hubert de Blanck, al Sótano, no habían visto una puesta en escena, ninguno, jamás y empezaron a descubrir los misterios de esta cosa tan atrayente.

Pero al mismo tiempo ellos me daban a mí una cosa que yo no conocía entre los actores; que era la disciplina del cuerpo, algo tan importante para el actor. La entrega sin límites a un entrenamiento. Cuando aquello yo estaba muy influido por Grotowski, por (Eugenio) Barba, entonces era la cosa del entrenamiento sin límites.

Amaury. Verdad que los deportistas…

Cremata. Quiénes mejor que ellos para eso, pero me demostraron otra cosa increíble también. Eran muchachos muy jovencitos y de pronto llega uno a un ensayo, a un entrenamiento con 39 de fiebre y yo lo mandaba inmediatamente para la casa y no había quién lo convenciera, de que le privara de participar en el entrenamiento.

Y peor que la fiebre, recuerdo a una muchachita que un día me dijo que había dejado embarcado al amor de su vida, porque en esa época siempre uno tiene el amor de su vida, ¿no?.

Amaury. Que suele ser siempre el amor de tu vida.

Cremata. Sí, que suele ser el amor de tu vida, bueno, lo dejó embarcado por el entrenamiento. Eso yo no lo veía normalmente entre las personas que…

Amaury. …¿Y les veías talento? ¿Veías que si trabajabas con ellos profundamente podían haber llegado a ser…?

Cremata. Mira, ahora mismo en La Colmenita yo tengo un credo, un credo absoluto en este momento. Todos los niños del mundo, todos, tienen un lugar en el teatro. Creo que eso yo lo tenía también en ese momento. Claro, yo hago teatro, ¿sabes?. Como hago La Colmenita ahora, no hacemos teatro profesional. Yo juego al teatro, o sea, me entrego a jugar.

Amaury. O sea, lo que tú me estás queriendo decir es que tú confías en que cada niño trae un artista dentro.

Cremata. Absolutamente.

Amaury. Al fin, al fin oigo a alguien que piensa lo mismo que yo.

Cremata. Amaury, lo que pasa que puede estar un poquitico más adelante, un poquitico más atrás, puede estar entre las patas del teatro dando ánimos, y eso es parte del teatro. Puede estar imaginando personajes, imaginando ambientes, pintando.

El teatro reúne todos los medios, pero eso lo tenemos demostrado en La Colmenita. No ha habido un niño ni con discapacidad, nada que no pueda ser útil dentro de una puesta en escena y que el teatro no le pueda ser útil a él, o el arte.

Amaury. Pero ahí me llevaría entonces a una pregunta porque ya esto es de reafirmación personal; es casi una batalla lo que tú libras al nivel práctico y yo lo libro a nivel ideológico.

¿Tú crees que se viene a la vida con un don especial o uno puede trabajar el don natural que Dios te da?

Cremata. Es que, por ejemplo, te puedo responder que la inmensa mayoría de los niños que han estado en La Colmenita, que son miles, más del 90% no se dedican al arte. Pero es que Berta Martínez siempre me dijo una frase muy hermosa: La Colmenita prepara, no hacedores, sino sobre todo apreciadores del arte.

Amaury. ¿Y por qué fracasa, si fracaso fuera la palabra, el Grupo La Colmena?

Cremata. No, realmente no es un fracaso porque lo seguimos haciendo lo que la gente no lo conoce. Lo que pasa es que nos transformamos de actores jóvenes, en especie de monitores de los niños. Pero seguimos haciendo, sobre todo en las giras al interior, a las provincias, seguimos haciendo cosas de La Colmena.

Ahora mismo acabamos de rescatar uno de los grandes éxitos de La Colmena: Bululú y medio, un remedo de un clásico español, como si fuera un López, un Tirso, lo hicimos ahora en el Festival de Teatro de La Habana, que acaba de terminar, para las principales figuras invitadas porque es una obra de Teatro Restaurant, donde los actores no sólo representan una comedia del siglo de oro, sino que además, cocinan y sirven comida, bebida, es un restaurante, un restaurante con todos los hierros, pero los mismos actores lo están representando.

Eso lo rescatamos ahora mismo, lo seguimos haciendo, pero el trabajo con los niños es tan fuerte que te obliga a dedicarle todo el tiempo.

Amaury. Normalmente no se habla de los técnicos que trabajan alrededor de los grandes grupos de teatro, de las grandes salas de teatro, es muy poco habitual, salvo ese agradecimiento muchas veces superficial, de este trabajo lo hacemos en colectivo, esas cosas que dicen los grandes personajes, los grandes actores, o los grandes directores de teatro. No es tú caso, tú no eres así, y por eso yo quiero que me hables de esa extraordinaria artista, gran iluminadora y yo sé que para ti como familia que fue Saskia Cruz.

Cremata. A Saskia yo le decía: mi tía y yo la sentí siempre realmente mi tía, mi tía de verdad, de sangre, hasta el punto que no sólo hizo todos los diseños de luces extraordinarios. Berta siempre dice que Saskia vestía de largo el teatro, ¿no?. Tú podías hacer una cosa, pero de pronto, cuando entraba Saskia le daba una calidad muy especial. Saskia fue mi paño de lágrimas, siempre, siempre, siempre, o sea, era un familiar extraordinariamente cercano para mi…, para mi latir, era eso que late adentro, Saskia era ese sonido, la amé profundamente.

Amaury. ¿Cuándo tú armaste La Colmenita?

Cremata. La Colmenita. Mira, bueno, la fecha de nacimiento yo siempre digo que es el 14 de febrero del 1990, que es el año en que nace La Colmena y sin Colmena no hay Colmenita y los Colmeneros todos están… Pero realmente, si hay un momento de nacimiento… todo ocurre cuando yo dirijo La Colmena, alternaba como guionista y director artístico de un programa que dirigía mi mamá, a principios de los 90.

Amaury. “Cuando yo sea grande”.

Cremata. “Cuando yo sea grande”. Entonces mami es una gente de la televisión y, a mami, estar dentro de un cuarto de edición, una madrugada entera, eso para ella es estar como pez en el agua, pero mi hiperquinesia teatral no me lo permite, yo parecía un león enjaulado. Era terrible.

De pronto le dije: mami, voy a intentar con esos niños de Cuando yo sea grande, hacer un espectáculo en el lenguaje madre, en el lenguaje teatral, donde no puede haber trucos, donde un error ahí, alante de los espectadores a ver qué pasa. Era lo que a mí me gustaba hacer. Entonces reuní a esos niños y a mi hija, que entonces era pequeñita, ahora tiene 19 años, mi hija mayor, Camila y montamos un primer espectáculo grande en el Carlos Marx, que fue nuestra primera versión de Meñique por un cumpleaños de los Pioneros el 3 ó 4 de abril.

Amaury. ¿Qué tiempo estuvieron sin salario?

Cremata. Estuvimos sin salario del 90 al 98. Ocho años aproximadamente, 22 actores.

Amaury. ¿Y cambiabas actuaciones por recursos? O sea, ¿podías hacerlo aquí, nacionalmente.

Cremata. Muchas veces. Eso es un recurso muy utilizado en el mundo, que se llama el trueque. El teatro lo hace. Nada, muchas veces llegábamos a un lugar, por ejemplo, necesitábamos la poliespuma para hacer las paredes del estudio de sonido y nos decían: ¿pero cómo pagan esto? Yo les decía: bueno, lo único que podemos hacer es dar algunas funciones a los hijos de los trabajadores, después de varias funciones hacíamos ese trueque.

Amaury. ¿Cuál es el papel que ocupan los padres, los abuelos, las madres, sobre todo, dentro de La Colmenita?

Cremata. Mira, es el protagónico absoluto, porque yo digo que trabajar con niños en el terreno de la educación, no es tan difícil como en el caso artístico trabajar con los familiares. Los familiares son de diferentes habitat, de diferentes maneras, de diferentes costumbres. Es muy difícil, en un principio siempre la familia generalmente quiere que el niño brille y lo primero que le dice La Colmenita es que nosotros no somos esa fabriquita para convertir al niño en actor o actriz. Nada más alejado de La Colmenita. El teatro es el pretexto para que el niño se entregue a jugar al teatro, lo que le enseñamos es entregarse con el máximo de pasión a lo que vaya a ser después en la vida. El que quiera estudiar arte puede ir a la escuela de arte.

Amaury. Tú no te vas a convertir en una alternativa de las Escuelas de Arte tampoco.

Cremata. Es que La Colmenita son niños de las escuelas comunes de Cuba, de Ciudad de La Habana, por ejemplo, que después de las clases van al local que tenemos nosotros para jugar al teatro.

Incluso, el teatro, no sé si sabes, está contraindicado en el mundo entero antes de los 15 años y La Colmenita es desde los 3 a los 15 años, o sea, el teatro se empieza a estudiar en 10mo. grado, nunca se estudia en edad temprana. La música sí, el ballet sí, pero el teatro no, está completamente contraindicado.

Entonces nosotros, lo primero que tuvimos que hacer, es convencer al Ministerio de Cultura y a Cuba, al Gobierno, de que nosotros no íbamos a convertir a los niños en actores y realmente nada más alejado del propósito de los colmeneros. El objetivo es meterles el bichito del arte.

Amaury. Pero muchos de ellos después que terminan la edad de estar en La Colmenita se han convertido en actores y actrices importantes.

Cremata. No muchos, o sea, hay un por ciento de ellos, pero como incluso las Escuelas de Arte…, de La Colmenita se pueden ir anualmente unos cuantos niños y las escuelas de arte aceptan un número pequeño. Sólo que en La Colmenita, a través del pretexto del arte intentamos intoxicarnos, contagiarnos de valores, donde increíblemente, esto no es algo que te digo para…, los maestros son los niños… O sea, si queremos hablar de valores, el que sabe realmente -como dice Silvio-, qué cosa es entregarse al otro sin prejuzgar, ese es el niño. El que sabe el verdadero significado de la palabra desinterés, es el niño. Para no hablarte de generosidad. El niño es un maestro en todas esas cosas, lo tiene muy clarito, muy clarito. Los adultos a veces lo conservamos o lo perdemos, pero el niño siempre tiene el valor humano muy clarito.

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