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«Con 2 que se quieran» Frank Fernández (Parte II)

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Frank Fernández. Sí, totalmente. Es una sensación entre placer y pánico extraordinario. La adrenalina en el techo, porque tú pisas y dices: aquí pisó Tchaikovsky, aquí pisó Rachmaninov, aquí pisaron Antón y Nikolái Rubistein.

Porque es verdad, han estado toda esa gente y entonces tú de pronto pisas ese mismo suelo y sabes que allá te queda el piano y empiezas a mirar los cuadros que rodean la sala. Está Beethoven, está Chopin, está Tchaikovsky, está Rachmaninov.

Es algo impresionante, es intimidante, pero a la vez es sensacional. A mí me gusta la adrenalina, no sé a ti. Creo que el pánico tiene ojos grandes y si tú logras dominarlo, ves mejor.

Amaury Pérez. Ahora hablemos del Frank maestro. Posiblemente no exista ningún maestro de piano en Cuba que tenga tantos alumnos laureados como tú. Y entre esos alumnos, laureados y aventajados, voy a incluir a prácticamente toda nuestra generación de La Nueva Trova.

Yo me considero alumno tuyo, Silvio se considera alumno tuyo, Pablo es alumno tuyo, Vicente, Adalberto Álvarez, la gente del grupo Manguaré, Pancho, en fin, todos somos alumnos de Frank Fernández. Pero ¿Frank ha recibido siempre el agradecimiento de sus alumnos?

Frank Fernández. Tú, si no pones la cosa mala no eres feliz. Un maestro tiene que quitarse un pedazo del alma para poder tener éxito con un alumno. Y yo siempre he dicho que a los maestros deberían pagarle diez veces más que a los artistas, porque el artista sale a la escena y si lo hace bien inmediatamente tiene un…

Amaury Pérez. Recibe una recompensa.

Frank Fernández. Total, total y rápidamente, hasta con la mirada de la gente. La gente te mira con amor y te aplauden con agradecimiento. El maestro se puede pasar cinco años, como yo me los he pasado, seis, catorce en algunos casos, preparando un alumno.

Si el alumno gana un premio es porque tiene talento y hasta algunos escritores importantes lo dejan escrito en los libros, y si el alumno no gana el premio es porque el maestro es malo.

Amaury Pérez. El maestro no lo enseñó bien.

Frank Fernández. Pero lo más terrible no es eso. Lo más terrible, en muchos casos, no en todos, es que cuando el alumno te necesita, tú eres su  papá, su mamá, su hermano, su tío. Trata de acercarse, te ayuda, te trae el vaso de agua, el café, quiere a tu familia. No estoy hablando de ninguna actitud premeditada en todos los casos, en la mayoría de los casos es una actitud natural de necesidad de acercarse a esa luz que le está dando el profesor.

Pero poco a poco, cuando el alumno va adquiriendo y va chupando, como una especie de vampiro, va chupando esa sangre y va aprendiendo, empieza a ver al profesor como la competencia.

Hay frases famosas de algunos de mis alumnos, de las más decentes, de yo decirle a uno, ya laureado. ¿Por qué no tocas esto así? Y me dice: Maestro, si es que ya todo lo hago igual que usted, ya estoy loco por hacer cualquier cosa, pero que no sea como usted.

Yo me quedé impresionado, no fue una bronca, no fue una actitud airada, no fue con desprecio, era una necesidad de ser él mismo. Entonces llega el momento en que esa necesidad de libertad, esa necesidad de sentirse otra persona, lleva a los alumnos hasta la traición. Y hablar mal de sus maestros y hacer cosas inimaginables.

Y casi siempre la gente más agradecida, en los casos en que hay mucho tiempo trabajando con los alumnos, no es el caso de ustedes, que yo te agradezco la generosidad, que fueron pequeños lapsos de tiempo, cuando hice tus primeros arreglos, ayudé a Silvio como productor. Yo te hablo de dedicarse muchos años a la preparación de un alumno, la traición de un alumno puede ser desastrosa, te puede dejar un año sin tocar. A mí me pasó. Yo estuve un año sin poder tocar el piano por una traición de un alumno, brillante alumno, excelente pianista, que llegó a decirle a un ministro de Cultura: el mejor profesor del mundo es Frank Fernández y entonces el ministro le dijo: sí, un pianista muy bueno. A lo que él respondió: bueno, pianista ya no tanto, porque empezó muy tarde, pero es el mejor profesor del mundo.

Eso fue hace más de veinte y cinco años y gracias a Margot y a mi madre, y a mi esfuerzo y mi sudoración, todavía puedo seguir tocando el piano

Amaury Pérez. ¿Las dificultades técnicas a la hora de tocar son las mismas para la música popular que para la música de concierto?

Frank Fernández. La pregunta es bien difícil. Existe el criterio de que la música clásica sí necesita una gran técnica y la música popular no. Yo pienso que la diferencia técnica entre la música clásica y la música popular no existe.

Lo que sí existe es que dentro de la música clásica, tocar Prokofiev, lleva unos parámetros técnicos diferentes a lo que es tocar Chopin. El sonido se produce de otra manea. El carácter expresivo de ese sonido, tiene que ser hecho de otra manera.

Igual, tú no puedes tocar un guajeo, tú no puedes tocar un son, no puedes tocar un changüi, (si los changüiseros permitieran que hubiese un piano) con la misma, -esa es una palabra francesa-, touché, el mismo enfoque, la misma forma de atacar que acompañar “Acuérdate de abril”.

Amaury Pérez. ¡Claro!

Frank Fernández. O Pequeña Serenata diurna. Ahí hay diferencias técnicas, pero no son porque sea popular o sea culto. Es que el carácter de la obra artística implica una forma de tocar distinta.

Por ejemplo, Keith Jarret, la técnica de Keith Jarret le permite, y de hecho lo hace y lo está dejando grabado, tocar todos los preludios y fugas de Bach y tocar cualquier cosa jazzística, que está dentro de los llamados géneros de la música popular.

Chucho Valdés, que es un extraordinario pianista, tiene pasajes de una dificultad tan grande como una obra de Liszt. Cuado tú atacas un bolero, no es lo mismo que cuando atacas un merengue.

Cuando tú tocas a Mozart no puede ser tan violento como cuando tocas a Beethoven. Ahí están las diferencias técnicas. Pero yo estoy en contra de que en la música popular no hay técnica y que en la música clásica sí hay técnica. Eso nada más lo dicen los que son incapaces de hacer las dos cosas.

Amaury Pérez. Frank, en la música de concierto, ¿uno puede elegir con qué compositores se siente más cómodo?. Por ejemplo, yo te siento muy cómodo con los románticos, con Rachmaninov, con Tchaikosvki, con Chopin. ¿Uno puede decidir qué tocar o hay que tocar obligatoriamente a Beethoven, hay que tocar necesariamente a Prokofiev?

Frank Fernández. Yo creo que no hay ninguna ley que exija eso, ni siquiera un protocolo internacional que te lo exija. A mí me parece que hay algunos autores que sí son básicos. Yo creo que los barrocos, Bach, los clásicos, Mozart, Haydn, que están en la base, hay que conocerlos, sería útil tocarlos, aunque no sean los que mejor te salgan.

Y luego se pasa a los grandes románticos: Liszt, Chopin. A los de mucha contemporaneidad como Prokófiev, porque los aspectos técnicos desde ese horizonte tan amplio, te obligan a desarrollar un aparato de virtuosismo mucho mayor.

Sólo por esa razón a mí me parece que sería conveniente tocar diversos autores. El siglo XXI es el siglo del eclecticismo, la peste el que se parezca al otro y yo creo que esa cosa de dedicarse a un solo compositor no es posible y no está de moda.

Amaury Pérez. ¿Pero tú tienes tu preferido, no?

Frank Fernández. Sí, el último que toco.

Amaury Pérez. Imaginemos a un cubano, un pianista cubano, de Mayarí, graduado en el Tchaikosvki, que de repente va a tocar en el Carnegie Hall a George Gershwin ¿Cómo te imaginas que los norteamericanos, tan acostumbrados a oír un Rhapsody in Blue o El concierto en Fa te recibirían?

Frank Fernández. A mí me parece que me recibirían bastante bien. Pero la experiencia similar a la que tú propones, la tuve hace dos años en Moscú, donde me pidieron Rachmaninov, en la gran sala de Conciertos.

Amaury Pérez. Bailar en casa del trompo.

Frank Fernández. Y está considerado además, el más ruso de todos los compositores. Contrario a lo que mucha gente piensa, que es Tchaikosvki. Es Rachmaninov el más ruso de todos los compositores.

Y aquello fue una cosa muy difícil, pero yo sé que en este programa no se admiten otras cosas que no sean las buenas palabras.

Amaury Pérez. No, las malas también, aquí hay unos cuántos que han dicho las suyas.

Frank Fernández. Pero en cualquier momento sería bueno que vieses lo que pasó allí.

Amaury Pérez. ¿Qué concierto tocaste?

Frank Fernández. El segundo, además que es el más famoso.

Amaury Pérez. El más famoso, el más extraordinario. Particularmente yo no soy crítico de nada, pero para mí nadie toca el Nº 2 de Rachmaninov como Frank Fernández.

Ahora voy a dar un saltico rápido a un par de preguntas que me parecen esenciales. Tú, que todavía eres un hombre muy guapo.

Frank Fernández. Gracias, es que la maquillista es amiga de una amiga mía.

Amaury Pérez. Sí, y a mí me gusta celebrar le belleza femenina y la masculina también. Un día llegaste a la Escuela de Arte y conociste a la muchacha más bonita que había, por la que todos los varones en esa época suspiraban.

Incluso conozco a mucha gente que todavía suspira por ella a tus espaldas.

Frank Fernández. Todavía, todavía.

Amaury Pérez. Háblame de Alina, tu compañera, tu esposa y una persona sencillamente extraordinaria.

Frank Fernández. Bueno, Alina, en primer lugar, es eso que tú dijiste, una mujer muy bella, unos ojos extraordinarios.

Amaury Pérez. Los ojos de Alina.

Frank Fernández. Es una mujer muy bella. Pero también es bella por dentro. Tenemos 37 años de estar juntos y no te voy a negar  que hemos tenido muchísimas discusiones en estos 37 años, que de alguna manera yo he llegado a pensar que ratifican que todavía estamos enamorados.

Para mí fue una suerte encontrármela. Es una cellista fantástica, debería tocar todavía más. Toca, te puedo recordar y el público quizás la recuerde, en el arreglo que yo hice de “Te amaré”, de Silvio.

Amaury Pérez. Bello.

Frank Fernández. Allí hace el cello Alina. Y ha sido una suerte encontrármela, que además me ha dado dos hijos.

Amaury Pérez. También músicos.

Frank Fernández. Que son excelentes músicos: Liana, pianista concertista y Frank Ernesto, oboísta.

Somos una pareja, que yo creo que ya no podemos vivir el uno sin el otro.

Amaury Pérez. Hay gente que dice que Frank es un hombre que a la hora de tocar lleva al piano vasos de agua, invoca espíritus, lleva amuletos. Yo no los veo en realidad o los pones en un lugar donde no se ven desde el público, pero me han contado tramoyistas, fíjate que no son dados a hablar de más, dicen que Frank está lleno de espíritus que los convoca al piano. ¿Es cierto?

Frank Fernández. Yo creo que los espíritus siempre han estado conmigo y siempre he sentido una presencia, sobre todo el espíritu de mi madre. Pero no los convoco de la manera religiosa que se acostumbra. No soy un practicante de ninguna religión en este momento. Fui monaguillo.

Y lo que el tramoyista te puede haber dicho, es un cenicero con agua que yo pongo, a veces, dentro del piano. Últimamente no lo estoy poniendo, porque un día se me botó uno y desgracié un piano en Moscú. Si volvía a llevar eso no podía tocar más. Yo no sudo las manos, sudo mucho el cuerpo, pero no sudo las manos. Y entonces utilizo eso para mojarme los dedos. Y de ahí, debe haber surgido esa anécdota, que tiene una base.

Amaury Pérez. Claro, porque hay agua.

Fank Fernández. Hay agua y yo, además, a veces lo he hecho delante del público. Y me gusta también hacerlo para que la gente goce, a la gente le encanta. Y en momentos comos estos en que se ha desarrollado mucho el asunto esotérico, yo no sé si es la necesidad de encontrarse a sí mismos o es miedo al futuro, pero toda esta onda retro que existe, a mí me parece que las religiones han tomado mucha fuerza. El ser humano como que se está de nuevo buscando. Quizás el desarrollo tan brutal de la tecnología, que deshumaniza cuando es mal utilizada. El día que tenga ganas de hacerme el santo, me lo hago, pero hasta ahora no he sentido la necesidad.

Amaury Pérez. ¿Y Cuba podría ser un talismán para ti?

Frank Fernández. Cuba es, Mayarí en primer lugar, el espíritu de mi madre, la Revolución cubana son talismanes poderosísimos, la fuerza que a mí me da sentirme cubano, porque yo me siento responsable de Cuba en muchos aspectos. No puedo hacer todo lo que quisiera. Soy muy criticón donde creo que debo hacerlo. Pero yo adoro Cuba y me siento un representante querido por el pueblo cubano y creo que eso es una responsabilidad extraordinaria.

Y tú no te imaginas cuando yo voy a salir a escena fuera de Cuba la fuerza que a mí me da saber que es posible que llegue la noticia. Aunque tú sabes que eso de que llegue la noticia… entre los pocos espacios que te dan y algún periodista que no te quiera, ya te desgraciaste.

Amaury Pérez. Y los dos minutos en el noticiero.

Frank Fernández. Incluso he tenido discusiones, porque he salido en periódicos importantes afuera, en la televisión afuera, y he ido a la embajada con el de Prensa Latina y le digo: ¡Oye!, ¿mandaste la noticia? ¡Mándala a la dirección de Juventud Rebelde, mándasela a Granma, dile especial para Granma, a ti te hacen caso!, porque a mí me gusta muchísimo que mi gente sepa que yo hice algo bueno fuera de aquí. Porque ahí están esos grandes talismanes, que son el amor recibido y que le tengo a este país.

Amaury Pérez. Muchas gracias, Frank. Muchas gracias por venir, de un alumno temporal siempre agradecido.

Frank Fernández. Muchas gracias

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