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Cuba, infinita

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Por Ricardo R. González

En este abanico de un mundo convulso e impredecible muchos preguntan ¿cómo ha podido Cuba sobrevivir ante tantos vendavales, tsunamis, tormentas o mareas durante más de medio siglo?

Y quienes edifican la vida en el archipiélago o lo aman desde cualquier punto de ultramar saben que uno de los pilares descansa en esa unidad sostenida por gran parte de su pueblo para hacerlo grande y escalar cimas insospechables.

Esa unión depende de voluntades humanas y sentimientos profundos, pero se multiplica a fin de que cada eslabón de la cadena resulte vital en el afán de consolidar una obra que trata de moldear sus aristas en bien de todos.

Una unidad sin cerrar puertas a las discrepancias como reafirmara Raúl en la clausura del último período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular donde insistió en la discusión abierta —y necesaria— de cada asunto por delicado que parezca.

Ni columnas de humo ni hermetismos, y de esta forma enfrentar las estrategias asumidas por el país ante la reducción de plantillas sobredimensionadas en el sector estatal que demanda la información pormenorizada a los trabajadores, que no primen paternalismos, discriminación de género ni el tan dañino favoritismo, y tenga en cuenta la idoneidad o mezcla de aptitudes, competencia y capacidad a la hora de determinar quien merece una plaza.

Las cadenas del largo bloqueo norteamericano agudizadas por la hecatombe de una crisis que desmorona al universo conlleva a la restructuración de la vida contra el absurdo de pagarle y crearle un monumento a la improductividad, de que para realizar un trámite existan diez personas que recrudezcan el cáncer de la burocracia, y con tal de borrar la concepción de que Cuba es el único país del mundo en que se puede vivir sin curtir el cuerpo con el hábito del trabajo.

Ninguna nación sostiene sus modelos económicos a base de estas indignas realidades, algo parecido a ese marabú que se extiende y resta a los rendimientos agrícolas porque sin el incremento de la eficiencia y la productividad será imposible elevar salarios, hacer grandes nuestras fuentes exportables con la finalidad de reducir aquellas de etiqueta foránea, y mantener los enormes gastos destinados al beneficio social de los que usted y todo cubano —trabaje o no, aporte o no— los exige como derechos propiciados por el sistema, imperfecto y con problemas, pero nuestro.

EN BLANCO Y NEGRO

Todas las medidas respaldarán a los Juanes, los Pedros y las Marías que dignifican a Cuba. Nadie quedará como barco a la deriva en busca de un puerto donde anclar.

Por cada eslabón humano que fortalece la gran cadena de la unidad tendrá que prender el llamado a ser racionales, a utilizar lo necesario sin afectar la calidad, a resultar mejores ciudadanos alejados de esos vicios sociales que se inflan de dinero a expensas del bisne, la bolsa negra y los juegos ilícitos, esos hechos personificados que aprovechan las carencias del prójimo para exprimirle los poquitos billetes y engrosar poderosas billeteras sin apenas esfuerzos.

Nuevas modificaciones vendrán. Y ya se aprecian en la división político-administrativa, y la aprobación del Código de Seguridad Vial en pro de mover los molinos acorde con sus tiempos.

No son caprichos, valen si se trata de aliviar las tensiones poblacionales mediante fórmulas más racionales, o de preservar lo más preciado de la existencia resumido en el caudal inagotable de la vida.

Y el mundo gira, pero de manera insegura. Fidel ha advertido los peligros de una contienda nuclear en este siglo cuyos tambores retumban desde hace rato allá por el Oriente Medio. La llama está prendida. En cualquier momento estalla la pólvora, y en medio de otras amenazas aun Cinco Héroes cubanos permanecen, injustamente, detrás de las mazmorras del Imperio.

La solidaridad de los buenos humanos del universo acaba de obtener otra victoria al sacar de un castigo atroz a Gerardo Hernández Nordelo de aquella celda reprochable en el propio país que enarbola, a cada segundo, el llevado y traído banderín de los derechos humanos, de libertades y democracia, y que aun no ha situado el médico que debe examinar los contratiempos de salud latientes en su prisionero.

Nada nuevo ofrece la actual era Estados Unidos-Cuba, sentenció Raúl. No es noticia ni perturba los sueños, y mientras prosiguen campañas difamatorias y ensañamientos trasnochados, hay miles de gentes solidarias que abrazan los colores del tocororo, el olor de las mariposas, la identidad de las palmeras, y esa bandera que hondea con la estrella solitaria escoltada por los millones de buenos humanos del universo que, también, están unidos a quienes desde adentro hacen a Cuba infinita.   

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