Blogia

soyquiensoy (Ricardo R. González)

Arqueros cubanos felices por llegar al podio panamericano

Arqueros cubanos felices por llegar al podio panamericano

Miembros de los equipos cubanos de tiro con arco en uno y otro sexos se mostraron hoy felices por acceder al podio en los XVI Juegos Panamericanos de Guadalajara-2011.

En el sector femenino combinaron esfuerzos Larissa Pagán, Orquídea Quesada y Maydenia Sarduy, quienes superaron a Venezuela, 201 puntos por 198, para ubicarse en el tercer lugar.

Desde el principio salimos muy concentradas y nos salió muy bien. Tuvimos un pequeño fallo al principio por la presión de una final, pero tiramos muy bien, lo prometimos y ahí está la medalla, dijo Pagán.

Por su parte, Sarduy reconoció que el tope fue un poco reñido, pero sabía que podían llevarse la medalla.

Los nervios estaban de punta, pero por suerte nos logramos reponer de un momento flojo; siempre dije que este era el mejor equipo cubano de todos los tiempos, confiaba mucho en Larissa y en Orquídea, declaró.

Ambas les dedicaron el triunfo a sus hijos y a sus esposos, y en general a todo el pueblo cubano, porque por primera vez obtienen una presea por equipos en la historia de los Juegos Panamericanos.

En tanto, el entrenador del plantel varonil, Antonio Millán, resaltó el hecho de competir contra arqueros más avalados como los estadounidenses, los mexicanos y los canadienses.

Previamente sabíamos que la competencia iba a ser fuerte por el nivel de los tiradores; hicimos una preparación buena pero no estuvimos en grandes eventos con equipo completo, por eso este bronce es lo más grande que ha pasado en un buen tiempo, aseguró.

En la pelea por el tercer puesto, Juan Carlos Stevens, Hugo Franco y Jaime Quintana totalizaron 217 puntos por 214 de Canadá.

Estamos contentos y eso nos compromete más con los eventos que se avecinan, se pueden hacer muchas cosas, pronosticó Millán.

(Con información de Prensa Latina)

Inauguran en Santa Clara exposición Aves por la Unidad de Antonio Guerrero Rodríguez

Inauguran en Santa Clara exposición Aves por la Unidad de Antonio Guerrero Rodríguez

Diseño gráfico de Amílkar Chacón Iznaga. 

Como parte del programa cultural Vértigo continuo por la Liberación de los Cinco, quedó inaugurada en la tarde de este jueves en la Galería Pórtico de la Asociación  Hermanos Saíz (AHS), la exposición Aves por la Unidad de Antonio Guerrero  Rodríguez, uno de los cinco cubanos luchadores contra el terrorismo preso injustamente en los Estados  Unidos.

En las palabras inaugurales, Yaysis Ojeda Becerra, presidenta de la sección de artes plásticas de la AHS en Villa Clara, explicó que los antecedentes de estas obras los encontramos en otras 43 pinturas que el autor tituló Alas de Libertad. En ella recoge 21 aves endémicas de La Mayor de las Antillas y 22 guacamayos americanos. 

«Para realizar sus acuarelas --dijo-- desde la celda donde se encuentra, Tony se apoyó en su hermana  María Eugenia (Maruchi), en el fotógrafo Liborio Noval y en Reinaldo Rojas Consuegra, director del Museo Nacional de Historia Natural. Por ello el mayor valor de estos dibujos no está en la técnica utilizada, aunque lo posee, sino en el sentir humano y el tributo al arte que nos regala su autor.»

La muestra está compuesta por dibujos de las aves nacionales de varios países latinoamericanos. El público villacalareño podrá apreciarla durante un mes, de martes a domingo y en el horario de 9:00 a.m a 4:00 p.m.

Antonio Guerrero, no es solamente uno de los heroicos cinco cubanos presos injustamente, sino que mientras cumple el inmerecido encierro, su condición y espíritu revolucionario lo han consolidado como artista y ambientalista.

(Con información de Osmaira González Consuegra. Periódico Vanguardia)

Excelente jornada de Cuba en Guadalajara. Suman 10 de oro

Excelente jornada de Cuba en Guadalajara. Suman 10 de oro

Mascota Panamericana. Foto: Ismael Francisco

Cuba barrió hoy con las cuatro medallas de oro puestas en disputa en la lucha grecorromana de los XVI Juegos Panamericanos Guadalajara-2011.

En la división mínima (55 kilogramos) se impuso Gustavo Balart, mientras Pedro Isaac Mulens dominó los 66, Pablo Shorey los 84 y Mijaín López los 120.

Balart superó sucesivamente al nicaragüense Alberto Mendieta (3-0 y 7-0), al colombiano Rafael Pascoa (2-0 y 1-0) y al venezolano Jorge Cardozo (0-1, 2-0 y 2-0).

En tanto, Mulens dispuso 5-0 y 2-0 del ecuatoriano Vicente Orlando Huacón, 2-0 y 6-0 del canadiense Shawn Daye, 1-0 y 2-0 del estadounidense Glenn Garrison, y 1-0 y 4-0 en la final del dominicano Anyelo Mota.

Asimismo, Shorey derrotó al mexicano José Antonio Mendoza 2-0 y 4-0, al dominicano José Antonio Arias 1-1 y 5-0 y al colombiano Cristian Mosquera 3-0 y 1-0.

Por último, López aventajó por superioridad a sus tres oponentes: el mexicano Orlando Ramírez, el dominicano Ramón García y el venezolano Rafael Barreno.

Mañana prosigue la lucha grecorromana con pleitos en las divisiones restantes: 60, 74 y 96 kilogramos.

Hánser García, plata

El cubano Hanser García sacó hoy de las piscinas del Complejo Acuático Scotia Bank una medalla de bronce en los 50 metros libres de la natación, correspondiente a los XVI Juegos Panamericanos.

La rápida prueba fue ganada por el favorito brasileño César Cielo Filho con récord panamericano de 21,58, seguido por su compatriota Bruno Fratus (22,05), mientras que Hanser rebajó la marca nacional hasta 22,15.

Esa presea se une a la de plata obtenida en los 100 metros libres, donde también registró el mejor tiempo para Cuba en esa distancia con 48,34.

Con un mundo por delante en la natación y mucho que aprender todavía, Hanser García ya es dueño de dos medallas en citas continentales, y hace soñar a los seguidores de esa disciplina en su país con el inicio de una etapa para nuevas hazañas.

Voley: Brasil vence a Cuba en la final

La selección femenina de voleibol de Brasil, número uno del ránking mundial, se hizo con la medalla de oro en los Panamericanos de Guadalajara al vencer a Cuba en cinco sets (2-3) en un partido de los que crea afición.

Es el cuarto oro panamericano para Brasil. De esta forma la canarinha venga la derrota encajada en la final de la última edición de la competición, disputada en Río de Janeiro en 2007, en la que se impusieron las cubanas por 3-2.

El pabellón lleno, con la presencia incluida del exjugador de fútbol Romario. Un ambiente eléctrico. Pasión a raudales. La gran final del campeonato reunía todos los ingredientes para brindar un duelo vibrante. Y así fue, un toma y daca constante que fue sublime.

La canarinha comenzó el envite actuando como una máquina perfectamente engrasada en la que sus piezas actuaban con la precisión de un reloj ante un rival irreconocible (4-12, 8-19) que acusaba los nervios con fallos de principiante en los remates.

Brasil se llevó el set con un despliegue al máximo de sus posibilidades (25-15) pero las caribeñas no tardaron en encontrar su juego. Con Rosanna Giel y Yusidey Silié implacables en defensa su equipo se disparó en la segunda manga (18-12) mientras que Gyselle Silva arriesgaba desde el saque y Yoana Palacio ejecutaba desde la red (25-21).

El tercer set se antojaba fundamental para la suerte del partido y fue tomando un cariz brasileiro (12-17) gracias a la portentosa definición de las jugadoras de Jose Guimaraes, en especial de Marianne Steinbrecher, mezcla explosiva de centímetros y energía.

Con el 21-25 y la situación en contra, Cuba respondió como la campeona panamericana que es y forzó una quinta manga con un perfecto despliegue ofensivo, coordinado y potente en el golpeo, que contó con momentos mágicos de enorme esfuerzo y calidad (25-21).

En el todo o nada final, las de Juan Carlos Gala no pudieron igualar la intensidad de Brasil -brutal Fernanda Rodrígues-, más astutas en unos minutos finales de infarto que precedieron al cuarto oro panamericano de Brasil (10-15).

Ficha técnica:

2 - Cuba: Santos, Rojas, Palacios, Borrell (líbero), Carcases, Silié, Gyselle Silva -equipo inicial-, Salas, Rojas, Lescay, Cleger, Castañeda, y Giel.

3 - Brasil: Lins, Pequeno, Menezes, Steinbrecher, Castro, Oliveira -equipo inicial-, Claudino, Cristina Silva, Caixeta, Rodrígues y Souza.

Parciales: 15-25 (20 m.), 25-21 (27 m.), 21-25 (26 m.), 25-21 (27 m.) y 10-15 (15 m.).

Árbitros: Céspedes (DOM) y Leong (USA).

Campeón de badminton elogia desempeño del cubano Guerrero

El campeón panamericano de badminton de los Juegos de Guadalajara, el guatemalteco Kevin Gordon tuvo hoy palabras de elogio para el cubano Osleni Guerrero, su rival en la final.

Me alegra que Guerrero haya demostrado todo lo que ha avanzado en el deporte. Su presencia en la final de este certamen es una muestra de ello, dijo en exclusiva para Prensa Latina.

Somos amigos y hemos sido compañeros de habitación en las diferentes academias de la Federación Internacional donde hemos estado y sé lo mucho que Guerrero ama a este deporte, enfatizó. Su medalla es un logro muy importante, no solo para él sino para Cuba también, es la primera en Juegos Panamericanos y eso tiene un mérito histórico, destacó.

Gordon ganó este jueves el título individual masculino del torneo de badminton al imponerse 23-21 y 21-19 en el Gimnasio de Usos Múltiples Revolución de la ciudad.

En realidad fue un encuentro difícil porque los dos entramos a la cancha con la misma mentalidad, la de vencer para conquistar la medalla de oro, subrayó.

Pero uno de los dos tenía que ganar y hoy la suerte me favoreció a mí. Ha sido un gran triunfo sin dudas, pero aún queda mucho camino por andar, señaló el experimentado jugador centroamericano, ubicado entre los 20 mejores hombres del ranking mundial.

Ciclismo, otra de bronce

La venezolana Angie Sabrina González dominó hoy en la prueba múltiple del omnium en el ciclismo de pista de los XVI Juegos Panamericanos Guadalajara-2011, quinto título de su país, líder en esa disciplina.

Sofía Arreola, de México, y la cubana Marlies Mejías, plata y bronce, respectivamente, la escoltaron en el podio.

La canadiense Stephanie Roordas registró este jueves un récord panamericano en la persecución individual dentro del omnium.

Roordas concluyó en un tiempo de 3:37.544 minutos y quebró la marca de 3:40.827 de la estadounidense Erin Mirella en Winnipeg-99.

(Con información de agencias)

«Con 2 que se quieran» Enrique Pineda Barnet (Parte I)

«Con 2 que se quieran» Enrique Pineda Barnet (Parte I)

“Hoy por hoy soy capaz de prescindir de todo”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, como me gusta decir siempre, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy, esta noche, está con nosotros, me siento hasta emocionado,  uno de los grandes directores de cine que ha tenido nuestro país, una de las personas más encantadoras que conozco. Una de las personas más cultas, divertidas, elocuentes, locuaces y preparadas de nuestros medios artísticos, mi amigo querido, Enrique Pineda Barnet.

Enriquito, muy buenas noches, bienvenido, muchas gracias por aceptar venir.

Enrique Pineda. No faltaba más.

Amaury. Cuando me puse a leer tu currículum, me encontré con una cosa. Digo, perdóname, ¿no te molesta que te trate de tú?, es que nos hemos tratado de tú toda la vida.

Enrique Pineda. Entonces puedes empezar a tutarme desde ya.

Amaury. Me encuentro que Enrique Pineda Barnet, es, voy a leer: Director, guionista de cine y videos, profesor universitario, periodista, crítico, locutor, actor de teatro, cine y televisión, escritor, compositor, cantante. ¿Eres consciente de que eres como un artista del renacimiento?, te faltó pintar.

Enrique pineda. Me faltó pintar, pero era tal como cantar y bailar, porque ya hace muchos años que no hago ninguna de las dos cosas.

Amaury. Pero lo hiciste ¿cómo se puede, cómo podías estirar el tiempo de manera de hacer todas esas cosas?

Enrique Pineda. Todas esas cosas nunca se hacen a la vez, ojalá. Son pinceladas en la vida de uno.

Amaury. Pero sin embargo, con la literatura te ganaste el premio Hernández Catá de literatura. ¿Qué era ese premio?

Enrique Pineda. Bueno, el premio Hernández Catá es…, me da tristeza que me preguntes a estas alturas qué es el premio Hernández Catá, porque Hernández Catá era el premio literario más significativo que tuvo la República.

Ese premio le fue otorgado a todas las figuras, yo creo que a todas las figuras que fueron significativas en el siglo XX.

La revista Bohemia en un momento determinado publicaba todas las semanas un cuento de Hernández Catá, no de Hernández Catá, sino un premio Hernández Catá. Y había un tipo, que era Guillermo Cabrera Infante, el tipo era mi paradigma, era el escritor que yo leía con más admiración, por la audacia, por el verbo, por la imaginación, a veces por la turbulencia, era un escritorazo y me hice amigo de Guillermo Cabrera Infante que era contemporáneo conmigo, un poquitico mayor que yo. Y un día, conversando con Guillermo, me dice ¿por qué tú no mandas al Hernández Catá? Decía: tú mandas ahora y luego te puedes ganar la cuarta mención; el año que tiene te ganas la tercera; después la segunda, después la primera y el premio. Tenía cinco años de perspectiva para ganar el premio.

Amaury. Lo que le había pasado a él.

Enrique Pineda. Por lo que le había pasado a él y además, a mí me parecía como que demasiado pronto. Y bueno, entonces yo mando. Me acuerdo que el día que voy a entregar mi cuento, me dice la señora que recibía los cuentos: ¿Pero usted no es amigo de Guillermito? Dígole, sí, yo soy muy amigo de Guillermito. Dice: ¿Sabe que Guillermito no ha traído su cuento de este año? ¡Pero no me diga eso! No, no y hoy cierra la admisión, dígale que tiene que correr y que tiene que traérmelo. Bueno, yo corro a  casa de Guillermo, él ya estaba en la onda esa de que ya está por encima de eso, no, yo no lo he llevado todavía. Y, está bien, llévaselo, es decir, yo tenía que entregarlo. (Por suerte tuvo mención, si no, hubiera parecido que yo no lo había entregado) Y un día llego a mi casa y me encuentro un telegrama por debajo de la puerta y, Premio Nacional Hernández Catá. Y bueno, me voy corriendo para casa de Guillermo, me bajo en la Avenida de los Presidentes y corro a la casa de Guillermito, le toco a la puerta y Guillermito me abre y le digo: Guille, el Premio, ¡tengo el premio Hernández Catá!

Y se queda Guillermo así, y me dice, -y ahora vienen los piticos que ponen ustedes en la televisión-: “me c… en el c… de tu madre”, ¡pam!, y me tira la puerta en mis narices. Y ahí es cuando todo se agolpa…, cuando lo comprendes todo en un instante, dices: ¿hasta dónde he sido imbécil? ¿Cómo yo puedo darle con alegría la noticia a un amigo, la noticia de que le he ganado un espacio que le pertenece a él?, porque para mí ese premio le pertenecía a él, porque ya se lo había ganado, porque ya tenía cinco premios anteriores.

Amaury. Pero un amigo tiene la obligación de sentirse feliz con los éxitos de otro amigo.

Enrique Pineda. Sí, eso después yo lo he sentido muchas veces  y yo lo comprendo. Pero ahí no cabía, no cabía eso, realmente no cabía eso porque era totalmente injusto.

Amaury. ¿Y el premio, en qué consistía, Enrique?

Enrique Pineda. El premio consistía en una cantidad de dinero, no me acuerdo ya si era, en aquel momento, cien pesos.

Amaury. ¡Que era mucho!.

Enrique Barnet. ¡Ja, o quinientos, yo no sé!.

Amaury. ¡Si eran quinientos… mucho más!.

Enrique Pineda. No sé, no sé y publicar el cuento en Bohemia y en El País, en el periódico El País. Bueno, por ahí fue la cosa, eso fue…, realmente fue un momento, uno de los momentos más tristes de mi vidae inició el momento más triste.

Amaury. Enrique, pero tú has tenido una cantidad de éxitos a lo largo de tu vida, que imagino la misma cantidad de enemigos.

Enrique Pineda. Bueno, más o menos. Más o menos, no creas que estás muy distante. Sí, sí, cuando te destacas mucho en algo, eres sombra para alguien. Y a partir de ser sombra para alguien, ganas en ese alguien un enemigo. Y eso ensombreció mucho mi alegría de ganador. Era demasiado joven, tenía 17 años.

Y nada, los viejos me llevaron a mi primer viaje fuera de La Habana. Es más, mi primer viaje fuera del Vedado. De un niñito bitongo del Vedado, eso es otra carga de la vida, los viejos me sacaron, me llevaron a Trinidad…, a Trinidad con sus tradiciones, fuimos a ver a las Sánchez Iznaga. Conocí a toda la flor y nata de Trinidad, todavía aquellas viejas se vestían con batas blancas de hilo hasta el piso. Eran señoras muy respetables, nos enseñaron sus palacios, sus porcelanas, sus abanicos de nácar que tenían dedicatorias por detrás de grandes figuras del siglo anterior. Y entonces me invitaban por la noche a una serenata. ¿Y dónde eran las serenatas? La serenata llegaba a su casa, llegábamos a su casa y aquellas señoras nos esperaban en chancletas, con un porrón de barro, mitad aguardiente, mitad vino tinto.

Amaury. ¡Ah! Pero mira a las señoras…

Enrique Pineda. Las señoras sabían mucho, sabían mucho. Entonces llevábamos acordeones, guitarras, etc., y nos sentábamos en los muros de la Iglesia de La Popa, y cantábamos Longina, Y si llego a besarte, todo ese repertorio que después tanto he machacado.

Amaury. ¿Y ya tú cantabas en esa época?

Enrique Pineda. Yo cantaba desde chiquito.

Amaury. Quiero decir, en esa época ¿ya cantabas, te exhibías, cantabas ahí, delante de las señoras?

EnriquePineda. Sí, sí, yo era bastante exhibicionista  en ese sentido. Me encantaba cantar y que me vieran cantar y que gustara que yo cantara. Y allí, yo recuerdo que en las escenas de las zarzuelas siempre hay unas muchachas debutantes, en las zarzuelas españolas, y siempre hay tres viudas, o tres viejas. Siempre son tres, no sé por qué, tres viejas, tres brujas sentadas y de repente estos viejos se me convirtieron en las viejas de la zarzuela y ellos me empezaron a decir: siempre que tengas un triunfo en tu vida, ganarás enemigos y te llegará la sombra. ¡Dios, era horrible!

Amaury. Y además, eras un niño, un adolescente.

Enrique Pineda. Era un adolescente y entonces, de repente, con esas cosas y esos consejos. Y me decían: nunca pienses que los amigos son solamente aquellos que te abrigan cuando estás en desgracia. Es más fácil compadecer que enaltecer. Los amigos son fundamentalmente aquellos que gozan, disfrutan y son felices con tu felicidad.

Amaury. Pero tú has logrado vencer, es como el misterio del abanico, cuando me hablaste de las señoras que se abanicaban, ese gran misterio que tiene el abanico, que mientras uno lo está moviendo, puede durar muchos años y no haces más que cerrarlo y ponerlo en una vitrina y se marchita.

Enrique Pineda. Se queda paralítico

Amaury Pérez. Tú has estado hasta hoy moviendo el abanico.

Enrique Pineda. Es una imagen bonita. Se podía poner en una obrita de teatro, “Moviendo el abanico”

Amaury. “Moviendo el abanico”. Ahora, tú me dices que naciste en el Vedado, de una clase media alta.

Enrique Pineda. Sí, media profesional.

Amaury Pérez. Porque normalmente, uno no hacía el pre, uno terminaba la enseñanza, lo que hoy sería secundaria y se matriculaba en carreras cortas para generar trabajo. Sin embargo, Enrique Pineda Barnet se va a estudiar al preuniversitario de la Víbora. ¿Por qué a la Víbora?

Enrique Pineda. Bueno, la Víbora, porque en aquella época, como en épocas sucesivas, había muchos problemas en el movimiento estudiantil. El movimiento estudiantil se politizaba mucho, había huelgas, había problemas y entonces a  mi familia le había llegado mucho el rumor de que en el Instituto del Vedado había mucho lío con los estudiantes y que había expulsiones de los estudiantes, y a partir de ahí, pues me pusieron en la Víbora que tenía fama de ser un Instituto tranquilo y estudioso. Bien difícil porque era lejos, yo tenía que coger una guagua, una ruta 79 para llegar a la Víbora. Pero a mí me hizo mucho bien también salir del ámbito estrecho del Vedado.

Amaury. Pero a mí me ha contado un amigo suyo que usted no sólo…

Enrique Pineda. …Empezaste a tratarme de usted.

Amaury. ¡Ah!, de usted, es verdad, hice mal, pero yo te juro que yo te quiero mucho y te voy a seguir tratando de tú. Un amigo tuyo me dijo, se sentó conmigo el otro día cuando estaba preparando esta entrevista y me dijo: Mira, Enriquito era en el Pre; inteligente, simpático, de una elocuencia aplastante. Pero, además, me dijo: era el muchacho, el joven más lindo del Pre y todas las muchachas estaban enamoradas de él y todos nosotros sentíamos celos de aquel muchacho.

Enrique Pineda. Ese amigo tuyo me lo dijo a mí una vez, me lo contó, ahora después de viejo me lo dijo.

Amaury. ¿Te lo dijo? Todos estaban celosos.

Enrique Pineda. Yo no lo sabía, mira, si yo llego a saber que el perico era sordo… (risas)

Amaury. Pero, Enrique, tú eres un hombre, todavía, muy hermoso. Yo, quisiera, la pregunta empezaba por aquí, ¿las personas bellas tienen una responsabilidad?, ¿la belleza conlleva a una responsabilidad con los demás? Son tan pocos los bellos y tantos los que no lo somos.

Enrique Pineda. Mira, Amaury, por favor. Esto es cómico, esto es cómico…, esto…, yo me encuentro bellísimo. Me encuentro yo, a mí, bellísimo, pero no bellísimo frente al espejito del baño, no, realmente yo me siento bello en el sentido de que yo sé que yo soy un alma bella. Eso sí, me siento muy orgulloso, y no voy a renunciar a eso de ningún modo. Ahí está toda mi vanidad.

La cuñada de esa persona que te habló, era encantadora y la esposa misma, una gente…, unas poetas tremendas, muchachas que hablaban con las flores sentadas en la escalinata del Instituto.

Amaury. Bueno, pues vamos a hablar entonces de esa amiga. La última vez que nos vimos, fue en un ambiente muy triste, familiar, fue en el velorio de esa gran amiga tuya, Margarita Perea Maza. ¿Cómo tú la recuerdas, a Margarita?

Enrique Pineda. Yo la recuerdo como el lirismo, justamente,  como la languidez, la poesía. Era una persona que era toda poesía. Porque ella era, además, muy amiga  de mi novia. Mi novia en aquel momento, una persona que vive y que yo la recuerdo con un amor entrañable y que nos reencontramos justamente y fuimos a tu casa. Aquella persona…

Amaury. ¡Aquella persona!

Enrique Pineda. Aquella persona, que fui a tu casa con ella cuando vino el Papa…

Amaury. …Cuando vino el Papa…

Enrique Pineda. …Exactamente, claro, aquella persona era mi novia de los 16 años.

Amaury Pérez. ¡Mira tú! Bueno, di el nombre tú…

Enrique Pineda. No, no, no me gustaría. No, porque yo no sé si a ella le gustaría.

Amaury. Está bien. Ahora, siempre que te veo, veo a Esperancita, a tu mamá. ¿Qué significó y qué significa tu mamá? Porque es que ustedes fueron: madre e hijo; amigo y amiga, novios. No sé, llegó un momento en que uno no podía concebir a Enriquito sin Esperancita.

Enrique Pineda. Sí, yo sé, hay parejas así, hay parejas, matrimonios, así. Y yo decía, bueno, yo estoy casado con mi mamá. Yo nunca le tuve, nunca tuve temor ni rechazo a esos criterios de “este tiene complejo de Edipo”, no, para nada. Yo estaba enamorado de mi madre, era un ser maravilloso. Cómo no amarla, cómo no enamorarme de ella. Estaba fascinado con mi madre y fue siempre mi gran amiga, mi gran cómplice.

Un día participé de una conversación entre Sergei Urusevski, el fotógrafo soviético, con Saúl Yelín. Y Saúl le dice a Urusevski: Mi socio, mi compinche. Y Urusevski le pregunta ¿qué cosa es ser compinche? ¿Qué cosa es ser socio? Y Saúl, que era en ese sentido un hombre muy agudo, brillante, le dice: ser cómplice, ser compinche, ser socio, es mucho más profundo que ser amigo. Es quererse en lo bueno y en lo malo. Y eso fue mi mamá para mí.

Mi mamá para mí era mi socia, mi compinche. Porque era para tomarnos el trago juntos. Nos esperábamos para contarnos las maldades, las picardías. Nos conocíamos tanto y tan bien, tan bien, que era una relación estrecha, profunda.

Mi madre llegó a ser, yo decía, y, me atrevo a decirlo,  con vanidad, era el paradigma de mis amigos. Mis amigos adoraban y adoran todavía a mi madre. Mis amigos hablan de mi madre como de una socia, una compinche, una amiga que se nos fue a pasear.

Amaury. Bueno, tú eres una persona que ha ganado muchos premios, muchos, algunos muy importantes. Como la entrevista no es cronológica salto.

Enrique Pineda. Ah, sí, sí.

Amaury. ¿Siempre uno merece los premios, cuando se los dan, uno siente que sí, que me lo dieron porque me lo merezco, porque me lo gané. Sobre todo los premios que has ganado después, el Goya por La bella del Alambra?

Enrique Pineda. El Goya yo me lo gané. Sí, me lo gané. Yo me lo gané y yo estaba seguro que me lo iba a ganar. Sin embargo, me gané el Coral de La Habana y no me lo dieron, y ese sí que me lo gané y no me lo dieron y fue una cosa para mí feísima.

Amaury. Por La bella del Alambra.

Enrique Pineda. Por La bella del Alambra, pero como la cosa es fea prefiero no hablar de ella. Pero el Goya yo me lo gané y estaba muy orgulloso, fui a buscarlo, ah, ah y me encantó, me encantó.

Amaury. Enrique, ¿Cuándo tú llegas, al cine?, ¿haciendo documentales?

Enrique Pineda. No, no, de una manera muy rara. Todo el mundo pensaba que yo iba a hacer cine algún día, porque yo fui fundador de la televisión, cosa que no lo dice ningún currículum mío por ningún lado, y eso sí yo me lo gané, porque fui de los primeritos.

Hice primero guiones, guiones de suspenso y guiones musicales para la televisión y después empecé a hacer producción y terminé dirigiendo comerciales y algunos programas musicales y demás.

Cuando al Triunfo de la Revolución se va a crear el ICAIC, poco tiempo después, casi inmediatamente, en marzo se constituyó la ley de creación del ICAIC y entonces ahí todo el mundo pensaba que yo iba para el ICAIC.

Yo había sido fundador de Teatro Estudio, estaba en Teatro Estudio, y mucha gente, de la televisión inclusive, iba a Teatro Estudio porque había rumores de que Julio García Espinosa estaba yendo a Teatro Estudio a ver gente, a ver a quién se llevaba para el ICAIC.

Para mí ir al ICAIC era ganarme algo que había que ganarse. Estábamos hablando de esto hece un rato ¿quién se lo cree? yo creía que yo no tenía méritos para ir para el ICAIC a fundar una institución, era como un sueño, el ICAIC era como soñar. Como después fue la escuela de cine, que todo el mundo decía: ¿hacer una escuela de cine en Cuba? Es un sueño, un sueño para cualquier adolescente, para cualquier joven que tiene aspiraciones. Entonces, bueno, en ese soñar, pensé que yo no me lo merecía, y aguardé, me mantuve un poco a distancia. Yo no había ido a la  Sierra (Maestra) a combatir, yo no me había alzado por ningún lado, ni lo había pensado ni por un instante.

Amaury.Eras un demócrata y un hombre de oposición, pero no eras un hombre de acción.

Enrique Pineda. Para mí una pistola. En mi casa a veces había, porque en mi casa hubo política ajena a mí, pero para mí una pistola, un arma era algo, de esas cosas que eso no se toca.

«Con 2 que se quieran» Enrique Pineda Barnet (Parte II)

«Con 2 que se quieran» Enrique Pineda Barnet (Parte II)

Amaury. Pero y por eso tú pensabas a lo mejor que cuando se fundó el ICAIC tú no tenías derecho.

Enrique Pineda. Yo no me lo merecía, yo no me lo merecía, había estado en la clandestinidad, y en cosas y eso, pero…. Y entonces me pongo a pensar ¿qué puedo yo hacer? Yo entrevisté a muchos soldados rebeldes. Me metí en un grupito que había en Columbia, en el Campamento de Columbia, había… Osmany Cienfuegos y Camilo, habían inaugurado unos departamentos de cine y de teatro y entonces Ana Sáenz, una actriz muy buena, una actriz extraordinaria era muy amiga de Violeta Casals, una gran actriz y una guerrillera símbolo de la Revolución. Y entonces Ana me dice: oye, ahí en el antiguo campamento de Columba tenemos un departamento de teatro. Vamos allí y allí enseñamos teatro a los soldados y hacemos teatro con los soldados. Digo, bueno vamos.

Nos fuimos allí y teníamos pase y todo para entrar en el campamento de Columbia. Te estoy hablando de los primeros días.

Amaury. Sí, del 59.

Enrique. Sí, del 59, iniciales. Y digo yo, esta gente lo que necesita ahora es prepararse para la paz, porque les falta cultura, les falta ejercicio artístico, les falta plenitud espiritual y no sé qué. Yo puedo ser un misionero, yo me puedo ir para ese lugar, para la Sierra Maestra y ayudar a que aquello se levante y yo puedo ser un misionero, yo estoy preparado para ser un misionero, hacer teatro en la Sierra Maestra.

Amaury. ¿Todo eso en el 59?

Enrique Pineda. Todo eso en el 59. Entonces empiezo a  prepararme psicológicamente y a preparar datos. Mi currículum, mi sueldo, mis salarios históricos, tengo todo en unos files preparados en secreto y guardados. Y un día estoy en mi casa y una noche exactamente, me llama Norka Méndez, aquella modelo maravillosa, inolvidable de las revistas Vogue, que era la esposa de Korda, el fotógrafo, en aquel momento. Y Korda y Norka estaban de visita en mi casa porque me fueron a anunciar que Korda estaba embarazada.

Que Norka estaba embarazada, ya iba a seguir con el absurdo, que Norka estaba embaraza, hay qué cómico. Y están viendo televisión en mi casa, y sale un programa con Fidel en la televisión, en el Canal 2, que era el canal que estaba, -yo vivía en Malecón y 23- y el Canal 2 estaba en la otra esquina, frente a lo que era el Montmatre.

Bueno, pues Fidel solicita, empieza a explicar de la Sierra, del campesinado de la Sierra, que hacen falta maestros voluntarios -no te estoy hablando de Campaña de Alfabetización- eso fue mucho antes de la Campaña de Alfabetización, que los confunden mucho y a veces los olvidan mucho a los maestros voluntarios.

Entonces dice: hacen falta jóvenes, con algún nivel cultural, etc., con alguna experiencia, que estén dispuestos a irse a la Sierra, tienen que, aquello es difícil, en fin. Digo: ah, eso es lo mío.

Agarro, voy a mi cuarto, cojo mi file con el currículum y todas aquellas cosas y dejo a Korda y a Norka viendo la televisión y me voy a la esquina, cruzo la avenida Infanta y me voy al Canal. Hay un soldadito en la puerta y estaba un VW chiquitico, que Fidel en aquella época andaba en el VW aquel sin nadie que lo cuidara y, el soldadito en la puerta.

Le digo, mire, cuando baje el Comandante, usted le da esto, porque esto él lo está pidiendo ahora, en este momento él lo está pidiendo y me voy, se queda el soldadito con el file. Llego a mi casa, entro, está Korda y Norka y de repente dice Norka: ¿Eh, y eso qué cosa es? Y es Fidel en la pantalla con mi file en la mano, diciendo: aquí tenemos el primero que llegó. Dice Norka: ¿Pero qué es eso? ¿Te volviste loco?, no, no, eso fue ahora mismo estando ustedes aquí. Yo sabía lo que estaba haciendo y medí muy bien lo que estaba haciendo, lo había medido de antemano porque eso estaba en mi cabeza, pero no, no percibía la significación que iba a tener aquello, la explosión que iba a tener aquello en la gente, en la calle, en el país y en mi propia casa, mi mamá, por ejemplo. Yo no vivía con mi mamá, yo vivía aparte de mi casa. Pero el susto, eso fue para mi madre un susto, fue inclusive, eso fue una contradicción seria, dolorosa. Y bueno, ya al día siguiente yo era el primer maestro voluntario. No he caminado dos cuadras cuando siento detrás de mí que me dicen: “hay a quién le gusta posar de vedette del sufrimiento”, cuando miro, era Guillermo.

Amaury. ¿Era Guillermo Cabrera Infante?.

Enrique Pineda. Era Guillermo. Entonces, nada, eso fue un primer choque incómodo. En fin. Y ahí pasaron cosas de esa índole, hubo mucha gente aclamándome con mucho amor y, hubo mucha gente que me fustigó por eso, pero ahí cambió mi vida. Cambió por completo mi vida.

Amaury. ¿Y te fuiste a la Sierra por fin?

Enrique Pineda. Me fui a la Sierra, estuve una buena temporada de ángeles en la Sierra, y conocí otro mundo, otra vida, otro amor, otra manera de vivir y, sobre todo, para mí, que me ha acompañado hasta hoy, bueno me acompañan hasta hoy mis alumnitos aquellos. Los niñitos que me encontré en la Sierra cuando llegué, chiquiticos, descalzos, barrigoncitos, etc., están aquí. Y me llaman y me cuidan. Ya fue, para mí la vida fue otra. Aprendí algo muy importante, prescindir. Aprendí a prescindir. Desde entonces hasta hoy no he hecho otra cosa que el ejercicio de prescindir.

Amaury. De prescindir de cosas materiales.

Enrique Pineda. De prescindir de la vida, de todo. Hoy por hoy soy capaz de prescindir de todo, sin problemas de ninguna índole, sin que me cree conflictos; prescindir, punto. No solamente no hay, no hay de esto, bueno, prescindo. Pero es que hay otros no hay que son más profundos, más complicados y prescindo. He prescindido hasta del amor en muchas ocasiones, porque a veces hay que operarse del amor. Hay que operares de muchas cosas en la vida y a veces uno se opera del amor y ya, tranquilo.

Amaury. Bueno hay dos momentos que yo quisiera marcar, porque los tengo aquí muy presentes, además. Uno es el Enrique Pineda Barnet co-guionista de Soy Cuba, con Evtushenko, esa experiencia, y después el director de ese insólito documental que se llama Giselle. ¿Cómo fue trabajar con Evtushenko en el guión de Soy Cuba y cómo fue trabajar con Alicia en Giselle?

Enrique Pineda. Bueno, yo te diría que hay coautorías mucho más interesantes que esas. La actuación con él no me aportó nada, ni me interesó para nada y hoy me sigue sin interesar, francamente para nada.

Amaury. Y nada, la película, incluso, tampoco.

Enrique Pineda. De la película a mí me gusta mucho su fotografía.

Amaury. Un gran fotógrafo Urusevski.

Enrique Pineda. Su dirección de fotografía es tremenda, el aporte de haber conocido a un hombre como Sergei Urusevski, es uno de los más grandes artistas que he conocido en mi vida. Un tipo de un talento, un artista de una creatividad increíble, profundo, honrado, honesto y amoroso. Gente maravillosa, él y su esposa. Bueno, un director importante, más nada. Un director importante para la historia del cine ruso.

Amaury. Sí, pero la fotografía de Soy Cubaes fabulosa.

Enrique Pineda. La fotografía de Soy Cuba es excepcional. El guión de Soy Cuba, las deficiencias que tiene, las tiene. Yo me hago responsable, porque hay que cargar con todo. Evtushenko podía estar, podía no haber estado, no me enriqueció ni me quito nada en la vida, para nada.

En el caso de Alicia, que por cierto no es un documental.

Amaury. Es un largo.

Enrique Pineda. Es un largo de ficción, porque además está hecho el guión y está tratada la película con la dramaturgia de una película de ficción.

Amaury. ¿Y Por que dice todo el mundo que es un documental?

Enrique Pineda. Porque la gente es esquemática, la gente…, además, ese esquema de película, película es todo, todo lo que fue hecho con cine es película. Entonces película, es una película. Pero aparte podía ser una película documental. No es una película documental ¿por qué documental?,  por el hecho de que se hizo en un escenario. Pero se hizo en un escenario con todas las técnicas de un largometraje de ficción. Además, tuvo seis meses de preparación de todos los actores. Todos aquellos actores ya no eran más bailarines, eran actores. Y no es lo mismo pensar un argumento en actor, que pensarlo en bailarín. Y con todo un análisis dramatúrgico de cada personaje, y hubo cambios radicales en la película que no son propios del ballet. Para mí fue una grandísima experiencia, porque tuvimos que estudiarnos, nosotros, el equipo de filmación tuvo que estudiar ballet para entender el ballet y su estructura y poderla llevar a cabo.

Y los bailarines y el equipo del ballet, tuvieron que estudiar cine para entender el fenómeno. Y ahí hice mi primer puente de interés. Realmente era un puente bien interesante.

Las cuatro divas, las cuatro joyas, niñas adorables, nunca han olvidado esa experiencia. Yo no las he olvidado a ellas nunca, como no he olvidado a toda la gente del ballet.

Inclusive, una Alicia distinta a la Alicia que conozco después. Una Alicia diferente, una Alicia sencilla, no modesta, porque eso no le cabe, pero una Alicia estudiosa, una Alicia dócil, aparte de su rigor y de su fuerza. Pero yo recuerdo una anécdota tremenda de una escena en la que llegó un momento que yo le dije a Alicia, Alicia hay que cortarse el pelo. Me dijo: yo, que llevo 14 años dejándome crecer el pelo para la escena de la locura.

Y le dije, justamente mire las manos, mire adónde llegan, esa escena de la locura en una pantalla. No es lo mismo que en un teatro.

En la pantalla necesita mucho menos para que las manos puedan salir. En fin, hablamos de eso, del expresionismo, de la significación de un gesto así, etc. Y al día siguiente llegó con el pelo cortado y yo pensé que aquella rebeldía en aquel momento iba a ser para siempre, no, fue dócil y fue en ese sentido modesta, ahí fue modesta, ahí fue modesta.

Amaury. ¿Y siguen siendo amigos todavía Alicia y tú?

Enrique Pineda. Sí, hay cosas en el medio… entre tú y yo, se interpone, a veces, un abismo que son las vidas, las elecciones, en fin, pero yo la sigo queriendo y la sigo respetando y admirando profundamente.

Amaury. Bueno, aquí yo tengo, Enrique, una lista de películas, tú me dirás si alguna falta. Yo la saqué del currículum que tú me dijiste que me mandabas un currículum por correo, pero que eso no tenía ninguna importancia, pero a mí me ha servido mucho: David, Mella, Aquella larga noche, Tiempo de amar, la super Bella del Alambra, película que me estremeció y me estremece y que cada vez que la ponen en televisión la vuelvo a ver. El Charenton del Buendía y La Anunciación. ¿Qué cosa es el Charenton del Buendía?

Enrique Pineda. El Charenton del Buendía es un documental, un documental largo que es el proceso de montaje para una puesta en escena de la obra Marat/Sade, de Peter Weiss, que por ser el Grupo Buendía, grupo teatral tan interesante, dirigido por Flora Lauten, con Raquel Carrió.

Es un proceso que yo sabía que iba a ser todo un proceso muy rico para mostrarle a los espectadores, que es el proceso interno del teatro, cómo se va haciendo el montaje de la obra, cómo van descubriendo desde la factura de los objetos con los que andan, hasta el propio actor. Cómo se van preparando los actores, cómo van descubriendo imágenes, cómo van descubriendo cosas y es todo ese proceso durante tres años, fuimos filmando poco a poco. Simplemente éramos Pablo Massip y yo. Íbamos todos los días al grupo a filmar un pedacito de cómo ellos descubrían esto poco a poco. Es un trabajo muy interesante, realmente, se llama así, El Charenton del Buendía, ¿por qué? Porque el Charenton es un manicomio que había en París en los momentos de la Revolución Francesa. Y en ese manicomio el Marqués de Sade escondía a los artistas, que le olía a pólvora la cabeza, los artistas que estaban condenados a la guillotina, y el Marqués de Sade los escondía en ese manicomio, que era un sótano y los hacía pasar por locos.

Por eso es que yo le llamo El Charenton del Buendía, porque es el manicomio del Buendía, cómo los actores estos están salvando sus vidas actualmente con el montaje de esta puesta en escena.

Yo hago mucho documental que parece ficción y viceversa, porque Mella es como una ficción con métodos de documental.

Amaury. Eso que se llama ahora docudrama.

Enrique Pineda. No es docudrama, el docudrama es otra cosa. El docudrama es una pretensión de parecerse a un documental y no lograrlo, es otra cosa diferente.

Amaury. Bueno, hablemos de La Anunciación, que es tu más reciente película, y que trata el tema de la separación de la familia.

Enrique Pineda. La Anunciación es una bronca. La Anunciación es una bronca en todos los sentidos. Siempre hay ángeles demoníacos y siempre hay dificultades y, entonces a mí me plantearon La Anunciación como una dificultad. No hay transporte para hacer cine. Yo dije, bueno, no hay transporte. Me fui al portal de de donde estaba esa discusión y dije: Tin marin de dos pingüés, ahí voy a hacer la película, en frente. De manera, que no hay transporte, yo la hago sin transporte. No, pero no hay pintura para retocar, no sé qué. Está bien, yo quiero el edificio tal y como está. Sí, pero el problema está en que es un lugar muy pequeño, y entonces caben pocos actores. No, si yo con cinco actores la voy a hacer.

Con todos los no, no, no hay, no hay, no hay, y yo te dije que aprendí a prescindir. Ah, pues prescindo. Y realmente iba a ser una película un poco tensa. Pero había algo muy importante que yo necesitaba decir; cosas que yo necesitaba decir. Y ahí está La Anunciación, cuyo título está, yo le había puesto primero Te espero en la eternidad, pero después me supo un poco, que ya empecé a pensar en que no tenía nada que ver con Guzmán, ni con el bolero, ni con nada de esto, es otra cosa, es una cosa más dura y de repente me encuentro con el cuadro de Antonia Eiriz, que se llama La Anunciación. Este, este es, ese esperpento de Antonia Eiriz, esa mujer embarazada, que está ahí, que es un monstruo y que viene el ángel demoníaco a avisarle lo que tienes ahí. Esto es tremendo. Entonces, bueno, me fui con el título de Antonia. Naturalmente esta no es una película con pretensiones de ser bonita. No es una película con pretensiones de ser… Yo precisamente hago el anti anuncio. Yo hago los anti anuncio, yo creo en eso, yo fui publicitario mucho tiempo. Vendí jabón Camay con el alma, y los vendía con ganas y me gustaba venderlos. Pero yo ahora quería hacer el anticine, es decir, esta película no tiene acción, no tiene violencia. Yo dije; ¿qué es lo que prohíben los sábados por la noche?, la película no tiene ninguna de las cosas esas. La película tiene la carga del amor, del dolor, del desprendimiento. Tiene la carga para hacer pensar, para hacer reflexionar. Y así es el resultado. Y se ha puesto en todas partes. El otro día alguien me dijo: cuidado con la piratería.

La piratería yo la agradezco, la piratería es mi distribuidor gratuito. Y así ha caminado por ahí. Bien. Tengo un montón de proyectos, los proyectos no se me acaban. Ya me puse viejo, ya.

Amaury. No hables de eso, aquí no se habla de eso.

Enrique pineda. Ya me puse viejo, porque el abanico se me arrugó.

Amaury. Aquí no se habla de vejez, aquí nadie es viejo.

Enrique Pineda. Pero, realmente yo pa’lante tengo muchísimos proyectos y estoy feliz con eso. De lo que no puedo prescindir es de los proyectos. Iré haciendo proyectos, los dejaré metido por los rincones.

Hoy por hoy mis alumnos son mis minas, porque he ido sembrando alumnos maravillosos, queridísimos que están en todas partes. Ya los hay por dondequiera, por dondequiera me encuentro un alumno. Y eso me hace muy feliz, muy feliz. Yo tengo hijos por docenas y eso me pone muy contento, la verdad.

Amaury. Bueno, Enriquito, qué me queda por decirte. Agradecerte el tiempo que me has dado, porque es un tiempo… el tiempo que me has dedicado hoy y que le has dedicado, por supuesto, a los televidentes que nos estén viendo es un tiempo que dejaste de crear cosas, para contarme cosas.

Enrique Pineda. No, cree cosas, así las creamos.

Amaury. Te quiero mucho.

Enrique Pineda. Gracias, igualmente.

Amaury. Te quiero mucho siempre, siempre te he querido, siempre te he admirado. Y a ver si en estos días trabajamos en algo juntos.

Enrique Pineda. Y no hablamos de tus papis.

Amaury. No, no, de mis papis…

Enrique Pineda. Esa entrevista te la hago yo.

Amaury Pérez. Esa es otra entrevista y yo sí no voy a llorar en televisión. Te quiero mucho.

Enrique Pineda. Chao.

Amaury. Buenas noches tengan todos.

Despidió Raúl a Chávez

Despidió Raúl a Chávez

Raúl en el recibimiento en La Habana. Foto: Estudios Revolución/ Archivo

En la mañana de este jueves 20 de octubre, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, despidió en el aeropuerto internacional José Martí al mandatario de Venezuela, Hugo Chávez Frías, quien regresó a su Patria luego de concluir los exámenes médicos previstos.

Minutos antes de abordar la aeronave, el Jefe de Estado venezolano se mostró feliz y conversador. Junto a él viajaron, el vicepresidente y ministro de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, Ricardo Menéndez, el canciller Nicolás Maduro, así como los ministros de Salud y Agricultura, Eugenia Sader y Juan Carlos Loyo, respectivamente.

(Con información de CubaDebate)

Cremata: “No se puede negar a un pueblo, y sobre todo a sus niños, que respeten a los héroes”

Cremata: “No se puede negar a un pueblo, y sobre todo a sus niños, que respeten a los héroes”

La cámara de Cubadebate captó un diálogo entre Carlos Alberto Cremata, director del la Compañía de Teatro Infantil La Colmenita, y José Pertierra, el abogado que representa a Venezuela en el caso de extradición del terrorista Luis Posada Carriles, cubano de nacimiento y nacionalizado venezolano.

Cremata es el hijo de una de las 73 víctimas que viajaban en el avión que hizo estallar el terrorista en el aire, con dos bombas de C-4. La Colmenita está ahora en Washington DC, donde Pertierra tiene su bufete, y la conversación entre ambos necesariamente pasa por la decisión de Venezuela de llevar al asesino ante la justicia y por el dolor de los familiares de las víctimas de ese escandaloso crimen.

José Pertierra: Tin, tu papá fue una de las víctimas de la voladura del avión de Cubana de Aviación en Barbados el 6 de octubre de 1976. ¿Cuántos años tenías tu en ese momento?

Carlos Alberto Cremata: 15 años.

José Pertierra: ¿Puedes explicarnos el impacto que el asesinato de tu padre tuvo en ti a esa edad?

Carlos Alberto Cremata: Me aferraba más a la idea de que todavía había alguna esperanza. Que no se perdiera una persona que no puede desaparecer. Al principio sentí un desconcierto muy grande. Yo lloré mucho cuando Fidel hizo aquel discurso en que dijo “cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla …”

Es muy difícil no sentirse como conmovido. Como se sintió todo ese pueblo en Cuba. Hasta lo último. Pero no era fácil. Me aferraba más a la idea de que había alguna esperanza.

Unos meses después de aquel 6 de octubre (de 1976), yo estaba en el comedor de los Camilitos (preuniversitario militar) y de golpe pensé: ¿quién me devuelve todos esos meses que he estado yo sin papi? Dejé la bandeja e inmediatamente salí y lloré, lloré y lloré. Es cuando empecé a reconocer la posibilidad real de que lo habían matado y la rabia fue in crescendo. Yo estuve años con una rabia in crescendo.

José Pertierra: ¿Cómo es que decides hacer teatro? ¿Cuántos años tenías y qué te inspiró?

Carlos Alberto Cremata: Muy poca gente sabe esto. Yo entré en los Camilitos con 11 años, y el hecho (la voladura del avión) se produce en mi ultimo año de los Camilitos. Cuando estaba allí, hacía teatro con mis compañeros desde los 11 años. Empecé a ganar premios. Pero yo lo único que hacía era exclusivamente repetir lo que veía hacer a mi papá con los compañeros de oficina en el aeropuerto José Martí.

Mi papá montaba las obras de teatro para sus compañeros. Simplemente por placer. Y esas mismas obras casi siempre eran sainetes, obras de divertimento. Casi siempre obras de Enrique Núñez Rodríguez. La primera que monté se llamaba “Este burócrata es la muerte”, una comedia de Enrique Núñez Rodríguez. La había acabado de hacer mi papá hacía un mes en el aeropuerto. Yo iba con él a todos los ensayos. Me sabía todo los parlamentos. Le pedí el texto y fue la primera obra que yo monté con 11 años en los Camilitos. La obra que había visto hacer a mi papá. A partir de ahí, las obras que yo montaba- que ganaban premios -cada 3 meses, cada 6 meses– eran exactamente las obras que yo había visto montar a mi papá.

Cuando voy a salir ya de los Camilitos pierdo a mi padre, al ser que yo imitaba, al ídolo, al maestro, al maestro de mi verdadera vocación.

José Pertierra: Tin, cuéntanos de la formación académica que recibiste. ¿Dónde estudiaste y qué?

Carlos Alberto Cremata: Estudié en la Unión Soviética por cinco años. Fui a estudiar una carrera artística. Me gradué como director artístico. Pero el título científico es Licenciado en Ciencias Pedagógicas. Y de pronto se unión esa formación academica de la Pedagogía con la dirección artística. Cuando me gradué en el Instituto Superior de Arte (ISA), empecé a hacer con mi mamá un programa de televisión con niños. Todo eso confluye en el nacimiento de La Colmenita.

Pero el verdadero director artístico de La Colmenita es mi papá. Yo sigo recibiendo indicaciones, consejos. Yo todavía me siento como el asistente de dirección. Porque además mi papá tenía una gracia con los niños absolutamente inimitable. No he visto un ser humano. Lo que hacía papi con los niños de la cuadra era impresionante.

Yo nunca he llegado a tanto. Papi era ese flautista de Hamelín que va por las calles y los niños lo siguen. Era muy simpático, muy alto. Era muy especial. Se parecía mucho al actor norteamericano Robert Mitchum. Todo lo que hago ahora, estoy seguro que lo hubiera hecho con papi.

José Pertierra: Venezuela sigue pidiendo que EEUU extradite al autor intelectual de la voladura del avión cubano. Hay 73 cargos de asesinato pendiente contra Posada Carriles en Caracas, pero él vive libremente en Miami. ¿Cómo te sientes ante el fenómeno de la impunidad que goza en los Estados Unidos el asesino de tu padre?

Carlos Alberto Cremata: Lo que más nos ha preocupado (del caso Posada Carriles) es la impunidad. Con el ejemplo que le pueden dar a otros que quieren hacer lo mismo: enlutar la vida, el camino. Imáginate que otros digan que pueden hacer lo mismo. Ese es el todo del terrorismo. El terrorismo va a existir mientras exista la impunidad. El primer paso para eliminar el terrorismo es eliminar la impunidad de los asesinos.  Lo de Posada no tiene nombre. Se fugó de una prisión. Está Venezuela esperando. Hay leyes internacionales, pero reina la impunidad.

José Pertierra: Hay cierta crítica en los medios de Miami hacia La Colmenita, porque dicen que los que hace en esta gira es propaganda política. ¿Tienes alguna reacción a eso?

Carlos Alberto Cremata: Me interesa mucho que me haga esa pregunta, porque antes de venir para acá yo tuve la oportunidad de ver en la televisión norteamericana una obra para Kindergarten donde le estaban enseñando a los niños a amar a Martin Luther King. Tenemos todo el derecho del mundo -todos los pueblos del mundo- a respetar, a admirar y a querer a nuestros héroes.

En estos momentos en Cuba, no hay ninguna diferencia entre estos Cinco hermanos y todos los héroes de la nación. Amamos tanto a Martí, a Maceo, a Camilo como amamos a esos Cinco hermanos. Al final, todos estaban haciendo lo mismo: velando por la nación. Estaban velando por los ciudadanos. Estaban velando contra el terror, contra la muerte, contra todas esas cosas horribles.

Los que critican de esa manera a La Colmenita, primero no han visto la obra Abracadabra. Yo vi uno de sus programas (que critican a La Colmenita) y lo que hacen es que ponen a Federico en una escena (que por cierto ya no está en esta versión que realizamos en EEUU) donde dice: “Los Cinco héroes eran cinco hombres que luchaban contra el terrorismo”. En ese momento, Federico lo que está haciendo es criticando en la obra como a veces los niños o los adultos repiten como papagallos consignas y lemas.

Lo que propone la obra, lo que propone la profesora, es que no vamos a hablar de héroes. Vamos a hablar de seres humanos. Y vamos a entender por qué nuestro pueblo les llama Héroes. Uno puede estar de acuerdo o no. Pero lo que no se puede hacer jamás es negarle a un pueblo, y sobre todo a sus niños, a que respeten a sus héroes. Ellos no son héroes oficiales. No son héroes de la prensa. No son héroes de la propaganda. Son los héroes reales del pueblo.

Yo invito a todo el que pueda a que vaya a Cuba, y que investigue cómo la gente de a pie, cómo la gente del pueblo (que tienen muchas insatisfacciones, que tienen muchas ideas), cómo ese pueblo siente a los Cinco hermanos nuestros.

(Con información de José Pertierra. CubaDebate)

Las Hermanas Lago (Cuba)

Las Hermanas Lago (Cuba)

Por Ricardo R. González (*)

El destacado periodista y realizador radial Roberto Bruce Trujillo sentó el precedente para la reseña al recordar, por estos días, el cumpleaños de Lucía Lago, una de las integrantes del inolvidable trío de las Hermanas Lago.

Otro de los íconos que tallaron una huella dentro de la cultura cubana al regalar una perfecta armonía que fuera catalogada, en su momento, como una de las mejores de Cuba, y la agrupación femenina más sobresaliente dentro de dicho formato en toda América.

Cantantes y guitarristas que se dieron a conocer en aquella función de aficionados realizada en el Teatro Nacional de La Habana cuando 1932 corría sus días, y justo fue premiar tanta entrega —aunque incipiente— con el primer premio de la jornada.

El camino quedaba abierto y comenzaba a transitarse. Poco a poco aparecieron en diferentes carteleras de los centros capitalinos, sin descartar las principales cadenas radiales, apoyadas en un repertorio que paseaba entre pregones, boleros y canciones tradicionales.

Integrado en su primera etapa por Cristina, Esperanza y Graciela, el trío logró, en 1940, un escaño cimero de popularidad. Por entonces, Isolina Carrillo asesoraba a una agrupación que introdujo novedades en cuanto al empaste vocal y su acompañamiento.

Así lograron ser las primeras, entre los colectivos femeninos de pequeño formato, que dio vía a la armonía de los tríos en la música cubana, a la vez que resultaron las pioneras en grabar canciones infantiles y anuncios comerciales.

En 1947 irrumpió Lucía Lago para ampliar la nómina a un cuarteto hasta que  1954 trajo la lamentable pérdida de Esperanza.

Sus presentaciones se extendieron a los Estados Unidos y a diversas latitudes latinoamericanas, mientras que sus rostros llegaron a la televisión, en 1951, con excelentes temas representativos de la música de nuestra área geográfica y del propio archipiélago.

Revisando el catálogo discográfico, la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) recogió algunas de sus interpretaciones que, también, las otroras firmas PANART, Kubaney, y la ibérica VALERO-AYZA dejaron en sus matrices.

Sobresale el larga duración de cantos infantiles apoyadas por Leo Marini y el conjunto de Luis Santi.

Otra placa inolvidable fue la realizada junto al cantante Fernando Albuerne y la orquesta del maestro González Mántici.

Si de particularidades se trata mencionemos las interpretaciones de «Longina», «La bella cubana», «Recuerdos de Ipacarai», «Canción de navidad», y «Sombras», entre otras.

Iniciada la década de los 80, el trío recesó su actividad, aunque Lucía prosiguió sus presentaciones como solista en determinadas actividades como remembranzas de un aval de quilates que valió la Distinción por la Cultura Cubana, y la Medalla Décimo Aniversario de la Nueva Trova a una agrupación de valladares ganados en el amplio pentagrama del ajiaco musical de la mayor de Las Antillas.          

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.