Una representación del colectivo del bar Daiquirí: Alexis Ramírez García, Liamary Echeverría Rodríguez, Valery Fernández Díaz, Anay Rodríguez Rodríguez y Ricardo Álvarez Ramos.

Texto y fotos Ricardo R. González

No lleva las onzas requeridas de ron Carta Blanca, tampoco la cucharadita de azúcar, ni jugo de medio limón, o el hielo picadito que pone el toque final a la refrescante bebida, pero lo cierto es que todo se circunscribe al bar Daiquirí, centro gastronómico existente en pleno bulevar santaclareño, que en la actualidad muestra un nuevo rostro.

Confieso que no soy muy amante de los chicharos, pero hace pocos días pasé por el establecimiento y me sorprendió el olor que llegaba a la acera. Pregunté a quienes aguardaban para adquirir sus productos y casi al unísono me dijeron: «Cuando pruebe el que cocinan aquí su opinión va a cambiar».

«En esta etapa cambiamos totalmente de ofrecer un servicio de bar y de minireservado a la venta de productos alimenticios para llevar», afirma Anay Rodríguez Rodríguez, administradora del establecimiento.

Luego volví, compré mi ración, y ahora mi paladar no quiere distanciarse de la unidad perteneciente a la Empresa Municipal de Restaurantes y Recreación.

Busqué a Anay Rodríguez Rodríguez, su administradora, e inquirí por si existía algún secreto para su elaboración.

«No hay ninguno, cumplir lo que establecen las artes culinarias y realizarlas con amor a partir de la dedicación que ponen los trabajadores. Confeccionamos el menú con lo mismo que posee el resto de los establecimientos, a veces a la hora de sazonar vienen los dolores de cabeza, pero ahí hay que crecerse y buscar alternativas. «Simplemente nuestros cocineros le entregan todo a su cocina y a su trabajo, y lo hacen a fin de mantener su prestigio profesional y para que la población se sienta a gusto y reciba un producto de calidad».

Si bien la leguminosa se ha convertido en el plato de referencia del Daiquirí, los tiempos de pandemia han obligado a cambiar el sistema de trabajo.

Y en este camino Anay subraya que brindan el servicio de lunes a sábados, a partir de las 10:00 a.m. hasta que se agoten las raciones preparadas, ya que el domingo lo destinan a labores de higienización general.

«Ofertamos, también, el arroz combinado con pollo, empellas u otro tipo de subproducto, sin descartar croquetas y embutidos en dependencia de los suministros que nos llegan.

«Existen los contratos de compra a los proveedores de la miniindustria que incluye mermeladas, vinagre, vino seco, puré de tomate, zumo de limón que también vendemos en pomos sellados o a granel siempre que existan disponibilidades».

— ¿Cómo oscilan los precios?

— Vinagre y vino seco, 30.00 pesos el litro, jugo de limón, 35.00 pesos el envase grande y 15.00 el más pequeño, puré de tomate condimentado a 30.00 pesos el kg, en tanto las mermeladas se venden a 20.00 cada kg, el dulce de fruta bomba, a 30.00 (kg) y si desea la cubeta sellada de 4 kg, a 120.00 pesos.

Desde las 10:00 a.m. se procede al expendio de los productos hasta finalizar con el total de raciones preparadas.

Muchos de estos recursos eran utilizados en la elaboración de las comidas para nuestro reservado que admite unas 12 personas. Con la llegada de la enfermedad se buscó una lista de precios oficiales y se venden por kilogramos o por unidades.

La cocina es un arte. Quien no lo sienta así no logra buenos resultados. Que lo diga Valery Fernández Díaz.

— ¿Y la complicidad con las adulteraciones?

— El día que detectemos que a un producto le falte un mínimo de calidad ese no sale a la calle. Somos reacios al llamado «bautizo» ni que en el caso de los potajes resulte un aguacero porque al cliente hay que respetarlo. La calidad es la razón de ser. Mantenemos la condición de Vanguardia Nacional por cuarto año consecutivo, luchamos por tenerla siempre, y ahora comenzamos los primeros pasos para emprender el Perfeccionamiento Empresarial.

UN COLECTIVO SIN PRESAGIOS

Para nadie es secreto que ese rinconcito acogedor, situado al lado del restaurante El Gobernador, permaneció cerrado por dos años debido a una remodelación capital. Los días finales de diciembre les trajo la reapertura, mas la llegada de la inesperada pandemia obligó a cerrar el pasado 11 de marzo.

Apenas dos meses y unos días en funciones, y si algo tienen los integrantes del colectivo de Anay es que ninguno habla ni de presagios ni de mala suerte, por lo que al calor de estos tiempos readaptaron sus funciones.

«Emprendimos este servicio completamente diferente al del bar. Parte de nuestros integrantes se reubicaron en otras unidades vinculándose al Sistema de Atención a la Familia (SAF) con la entrega de los productos a los ancianos en sus domicilios, y otros laborando en la cocina de las unidades en las que fueron reubicados».

También nuestra carpa habilitada en el Sandino tuvo que cerrar para evitar la aglomeración de personas y la proliferación del SARS-CoV-2.

«Nos adaptamos a cualquier tarea gracias a una fuerza laboral predominantemente joven, cuyas edades oscilan entre los 25 y los 40 años, que también alterna con el uso de hornos de carbón cuando no tenemos disponibilidades de gas o se aplican otros métodos para cumplir nuestra misión.

Así encamina sus pasos el establecimiento ubicado en pleno bulevar de la capital provincial. Ansioso de retomar a sus funciones tradicionales que llegarán. Mientras tanto prosiguen es esta etapa con un Daiquirí útil, agradecido y, sobre todo, diferente.

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