20150514021828-colaborador-reconocimiento-yvg.jpg

Por Ricardo R. González

Foto: Yariel Valdés

Quizás el miércoles no resulte un día atravesado para Carlos Armando García Hernández quien destierra las premoniciones del proverbio. Y es que este 13 de mayo lo ha sacudido un galope de emociones, de esas que oprimen el pecho, humedecen los lagrimales, pero quedan en las vivencias de siempre.

Atrás quedó África, y lejos, muy lejos, Guinea Conakry a la que llegó con un pasaje de ida y un regreso, por entonces, reservado e incierto.

Sabía del letal ébola a través de la literatura, mas jamás pensó verlo de cerca, apreciar el rostro de la muerte en apenas segundos, y contemplar aquellas caras desesperadas que imploraban ¿por qué?

Le parece todavía como un sueño estar en su provincia. Despertar en el Complejo Escultórico Comandante Ernesto Che Guevara como un integrante más de una guerrilla a la que se le asignó otras misiones.

Allí los primeros abrazos con sus seres queridos, el reencuentro con las raíces, los recuerdos de ayer convertidos en hoy. Un villaclareño frente al Che, en esa especie de selva que trasmite el Memorial donde están ubicados las sepulturas entre los parajes de la cueva, simulando el entorno guerrillero, sin brillos ni barnices.

La estrella inextinguible que ilumina los restos hacia un lado. Nunca hacia el centro para evitar ese protagonismo rechazado siempre por Guevara.

Después, el tributo personal con un ramo de flores, las manos del colaborador en especie de caricia sobre el nicho, y un minuto de silencio. Carlos Armando García Hernández, como un soldado más que le rinde cuentas a su jefe. Erguido, solemne, con la mirada fija.

De pronto sus palabras, rasgadas por la intensidad de los sentimientos: «Es un momento difícil, pero estar frente al Che me llena de orgullo. Gracias por la escuela que nos ha dado, tanto él como su Destacamento de Refuerzo, y sepa que no lo hicimos por ningún orgullo personal ni por escalar la cima de los héroes. Cumplimos con la humanidad y, una vez más, quedó la huella cubana en África».

Así avanzó la mañana de este miércoles para Carlos Armando, con el pensamiento público hacia su padre que ya no está. Un médico de profesión que le mostró el camino a seguir, y a pensar siempre en aquellos que necesitan aliento en los momentos más difíciles de sus vidas. A esa figura paterna que imagino allí, junto a él, al que consideró, con el mayor de los orgullos, como «mi luz».

En nombre de todos, el doctor Oscar Armando Fernández Alegret, director provincial de Salud, le dio la bienvenida al recién llegado que luego recibió el Reconocimiento por la misión cumplida, y el Sello Del Combate Diario a la Victoria Segura otorgado a personas e instituciones que resultan ejemplos para su colectividad.

Dos misiones anteriores en Haití y en Venezuela se suman a la trayectoria de este licenciado en Enfermería que brinda servicios en el policlínico Pablo Agüero, de Caibarién, y que arribara a su Villa Clara un día después de que el mundo celebrara el Día Internacional de los dedicados a la rama.

Dos misiones sí, pero ninguna como esta tercera que le propició riesgos, temores, precauciones, escuchar difamaciones de algunos hacia los profesionales de la mayor de Las Antillas…mas con la felicidad interna de despedirse de Guinea Conakry con cero ébola.

Ya en las afueras de la Plaza invadía esa melodía antológica interpretada por Silvio Rodríguez, y que de buena fe tituló Ángel para un final.

Entonces, ¿para usted es el final de un nuevo comienzo?

«Si en este minuto me piden que debo partir de inmediato lo hago, porque Cuba es Cuba, y sobre todo, mi Patria».

También puede ver este material en:

http://ricardosoy.wordpress.com

https://twitter.com/cibergonza