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Haidelín mira con satisfacción a su pequeña Brianna. Una historia increíble, pero cierta.

Por Ricardo R. González

Foto: Roberto Fernández Bustamante

El embarazo de Haidelín Rojas Rodríguez llegaba a 36 semanas aunque, por su edad, fue incluido en el capítulo de alto riesgo desde la propia captación. Aun así transcurría en plena normalidad hasta que una tarde la vida le impuso una mala pasada.

Chorros de sangre advertían la presencia de una hemorragia repentina que requería asistencia médica inmediata.

Caminando por sus pies la gestante se bajó del vehículo que la condujo hasta el policlínico Pablo Agüero Guedes, de la Villa Blanca, donde cumplía su guardia la doctora Yinet Borroto Pérez, actualmente de misión en la República Bolivariana de Venezuela. Ella se percató de la urgencia que enfrentaba. Un caso de vida o muerte derivado de un hematoma retroplacentario.

El sangramiento era intenso, aunque los signos vitales mostraban estabilidad. En la institución de Salud comenzaron los indicios de parto, por lo que ya se requería el inminente traslado hacia el Hospital General 26 de Diciembre, de Remedios.

La idea inicial contemplaba la llegada a Santa Clara, mas la magnitud del hecho determinó la imposibilidad de cumplir el trayecto.

En la urbe remediana crearon todas las condiciones. El personal especializado aguardaba por el arribo de la ambulancia para jugarse el todo por el todo.

Los doctores Jorge Gómez y Osiel Montero estaban listos a fin de emprender las maniobras quirúrgicas sin pérdida de tiempo, mientras que las tensiones aumentaban pues, como galenos de convicciones, defendían el anhelo de salvar tanto a la madre como a la criatura.

ANTESALA DE UNA HISTORIA

Ahora Haidelín contempla a su criatura. Jamás imaginó pasar por una experiencia como esta, a pesar de que se arriesgó a la gestación obviando sus 37 años.

Le parece una larga pesadilla convertida en noche interminable, y en ocasiones se pregunta cómo es posible que esté viva.

«Iba a comer a diario al Hogar Materno. Allí estuve ingresada durante un tiempo de mi embarazo por presentar anemia y también a causa de la edad. Recuerdo que aquel día me falló el apetito, y comencé a sentirme mal».

De acuerdo con las teorías populares pensó en los efectos del cambio de luna, pero el dolor bajo vientre y un marcado decaimiento hacían que su casa le pareciera mucho más lejos de lo real.

«No sé cómo pude llegar. Comenté con mi esposo lo que ocurría y me dijo que reposara. Así lo hice, pero al poco rato sentí algo que me bajaba. Lo asocié al agua de la fuente como me ocurrió con mi primer hijo fruto de un matrimonio anterior, pero al pararme de la cama apareció aquel fenómeno».

Era tanta la magnitud de los coágulos de sangre que la propia doctora Borroto Pérez declaró a sus colegas que quedó totalmente impactada, pues un hecho similar solo lo conocía a través de la bibliografía; sin embargo, jamás pensó tenerlo tan cerca.

«Mi esposo —refuerza Haidelín— salió corriendo, y encontró a un vecino que gentilmente se brindó para auxiliarnos. Nos montó en su auto, y según referencias mientras más cubos de agua echaba para limpiar la cantidad de sangre esta parecía incrementarse».

La transfusión no se hizo esperar. Si la ambulancia demoraba un poco más el experimentado doctor Raúl Torres López, obstetra del norteño municipio, estaba dispuesto a actuar en el propio policlínico con tal de salvar a la madre y su criatura.

A pesar de las circunstancias dio tiempo para el arribo a Remedios. Allí le practicaron la cesárea. Al volver de la anestesia recuerda la paciente que estaba débil, mas constató el apoyo de las enfermeras como «medicina» reconfortante del momento.

— Ante tanta gravedad ¿llegó a perder el conocimiento? 

— Increíblemente no. Hasta sentí por momentos que los médicos hablaban en inglés, y eso me indicaba que no andaba nada bien. Estando todavía en el policlínico comenzaron contracciones muy seguidas… En más de una ocasión presentí que me llegaba el fin…».

En medio de todo se sintió el llanto de la niña. Brianna Caridad Paz Rojas nació con bajo peso, pero no había peligro inminente. Solo esperar las largas horas derivadas de la recuperación.

Por las características del caso se impuso el traslado materno a la capital provincial.

«Permanecí cinco días en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Arnaldo Milián Castro, en tanto mi niña quedó ingresada en Remedios. Incluso médicos de este lugar me visitaron en Santa Clara. Después fui para el Materno, y me reencuentro con mi pequeña después de varios días cuando retorno a la Octava Villa.

— ¿No vio de inmediato a la niña?

— Solo por fotos tomadas desde un móvil hasta pude estar con ella.

— ¿Y después?

— (Llora)… Ese instante fue indescriptible… muy lindo... Sentí como una fuerza interna que me dio ánimo.

Desde un ángulo de la modesta vivienda la doctora María de Lourdes González Milán, asesora del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) en Caibarién, escucha el recuento.

«La niña —precisa— ha evolucionado muy bien posterior al nacimiento. Gana en peso, mantiene un adecuado desarrollo psicomotor, y asiste a las interconsultas mensuales del pediatra, al tiempo que se cumplen las visitas semanales, por parte del equipo básico de Salud. Hasta el momento ni la menor ni su mamá presentan complicaciones ni ingresos por enfermedades infecciosas o de otra índole, lo que refuerza que los riesgos se van alejando.

«En verdad no pensamos en estos resultados. Cuando un menor nace así se abren inmensas posibilidades de que no avance. Fue una cesárea de urgencia, antes del tiempo normal, y pudo haber mostrado serias dificultades producto de las coyunturas, pero estamos felices de lo logrado».

Por su parte a Haidelín Rojas le parece todo como un milagro convertido en realidad. Mira a Brianna y exclama:

«La veo bonita, y muy contenta de vivir con ella y con mi otro hijo Yasiel Morales que ya tiene 12 años. No tengo palabras para agradecer lo que hicieron por nosotras en todos los centros de Salud donde nos atendieron. Estaremos en deuda permanente».      

Los tiempos duros quedan atrás. Las rápidas acciones de la atención primaria en Caibarién, junto al resto de los factores que intervienen en el PAMI, salvaron a una madre y su criatura dentro de lo que se considera un caso insólito en la ginecobstetricia de la localidad.

Mientras tanto, la vida abre un abanico de esperanzas para percibir sus colores, y disfrutar con verdaderas ganas el año de Brianna.

MEMORÁNDUM

— El hematoma retroplacentario es un desprendimiento prematuro de la placenta debido a una acumulación de sangre que provoca consecuencias graves tanto para la madre como para el feto.

— Resulta característico del tercer trimestre del embarazo, y sus síntomas varían de acuerdo con su localización. Incluye el sangramiento materno antes del parto, un útero irritable y tenso, sufrimiento fetal, y trastornos de la coagulación en los casos de mayor complejidad.

— Está asociado a la multiparidad, los traumas abdominales, la hipertensión crónica, las alteraciones vasculares, y anemias, entre otras causas.

— Según algunos estudios puede reproducirse en embarazos posteriores con una probabilidad aproximada del 10 %. Por ello se requiere que las progenitoras ya afectadas se sometan a un control más riguroso que las restantes.

— Su incidencia exacta no aparece bien determinada, pero algunos textos consultados indican que afecta a uno de cada 120 a 150 nacimientos. 

CONTRASTES

No siempre el hematoma retroplacentario se comporta de igual manera. En 2014 otra gestante caibarienense sufrió sus consecuencias, mas a diferencia de Haidelín no existió ningún indicio de hemorragia.

Cuando se realizaron los exámenes pertinentes ya el feto había fallecido debido a la asfixia provocada por el desprendimiento brusco de la placenta, y como no llegó a nacer tampoco afectó el indicador de cero mortalidad infantil registrado por el territorio. 

En Cuba existen múltiples antecedentes que demuestran el riesgo de la edad materna extrema en su incidencia. En un estudio realizado en el Hospital Universitario Ginecobstétrico Mariana Grajales, de Santa Clara, entre los años 2009 y 2010, donde se incluyeron pacientes con riesgo de preeclampsia y eclampsia, se informa que el 56,6 % de ellas correspondían a grupos de edades extremas.

Estos trastornos son responsables del nacimiento de niños con bajo peso, sin descartar la falta de aire, el crecimiento intrauterino retardado (CIUR), y las muertes fetales y neonatales, por lo que su aparición en la mujer embarazada complica seriamente el curso del embarazo.

Cada tres minutos muere en el mundo una mujer por preeclampsia y unas 50 000 al año, y si a ello agregamos que en muchas partes del mundo las gestantes no cuentan con una atención ni seguimiento especializado los reportes de decesos no avalarán nunca la certeza de las estadísticas.

¿Tenemos o no nuestras Razones?  

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