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La Habana, Cuba. - Obras clásicas como “El baile”, de Abelardo Estorino; “Quién le teme a Virginia Wolf”, de Edward Albee; “Los inventos de un escaparate”, de José Antonio Rodríguez, y más recientemente “La profana familia”, de Nicolás Dorr, son algunos de los títulos que han marcado la carrera profesional del actor Miguel Fonseca.

El ímpetu de la juventud lo ha hecho incursionar en otras manifestaciones del arte, como es el canto, y así compartió la escena con intérpretes de la talla de Vania Borges y ha conducido espectáculos musicales.

Además, incursionó en un grupo de teatro infantil donde tuvo la oportunidad de conocer y aplicar técnicas de manipulación de muñecos.

Para el Samuel de la telenovela “Destino Prohibido” el reconocimiento del público resulta lo más gratificante, pues ese es el termómetro que mide la calidad del trabajo desempeñado.

Durante un contacto telefónico con el programa Estaciones, de Radio Rebelde, Miguel Fonseca resumió su relación con la profesión escogida: “Hoy no sé qué haría si no fuera actor”.

Recientemente, Fonseca ha hecho un alto en las tablas y retorna a la televisión con el personaje de Pablo, quien tendrá que enfrentar las pruebas que la vida le impone y conducir a sus hijas por el camino correcto.

Cómo llega a la escena…
“Todo fue de pura casualidad. Estando en el preuniversitario ,varios compañeros de escuela (interesados en la actuación) decidieron presentarse a las pruebas de aptitud, y uno de ellos se enfermó; entonces me pidieron de favor que lo sustituyera y así fue como empecé. Todos nos presentamos y casualmente al único que escogieron fue a mí.

“Yo era dirigente de la FEEM y atendía el departamento de Cultura, Deporte y Recreación. Desde muy temprano me vinculé con el mundo del arte; lo mismo cantaba, recitaba que hacía doblajes”, rememora el actor.

“Estudié en la Escuela de Arte de Bayamo. Antes existían dos escuelas, una que comprendía de Ciego de Ávila hasta Guantánamo, y la otra en La Habana. En la capital estuve trabajando en el grupo de teatro Cimarrón, de Alberto Curbelo, de allí pasé a la compañía Rita Montaner y posteriormente al grupo Buscón, donde estuve seis años bajo la tutela de José Antonio Rodríguez”.

Los primeros pasos en el mundo de la actuación provocaron desconcierto en la familia de Miguel Fonseca, pues en el esquema de vida diseñado por sus padres la actuación figuraba como una profesión de menor valía.

“Mi papá es médico veterinario, y mi madre es licenciada en Matemática y después en Literatura y Español. Ella quería que fuera periodista, y él que siguiera sus pasos. De todas las carreras que pedí dejé como última opción Medicina Veterinaria, que al final fue la que me llegó. Y cuando supieron que entré en la Escuela de Arte se formó la guerra”.

Por suerte, su rechazo duró hasta que pudieron constatar su verdadero interés por la profesión, pero nunca lo fueron a ver al teatro antes de consolidarse como actor profesional, añade sonriente Fonseca.

En su incursionar por el mundo de la actuación muchos han sido los nombres que han marcado su carrera, pero recuerda con especial agrado a Enrique Molina, al cual califica como ”uno de los actores más completos de la escena cubana” .

Otro de los “dioses” se llama José Antonio Rodríguez: “Para mí fue un gran maestro no solo en lo profesional, sino también en lo personal. Sentarse a conversar con José Antonio es una clase magistral, pues en todo momento aprendes de cada una de sus palabras”.

De sus incursiones en la actuación…
“El teatro es el medio en el que más he trabajado y realmente me encanta, porque es donde más cerca del público se está, y los aplausos son el mejor regalo que un actor puede recibir. Las obras de teatro que recuerdo con más alegría y con las que más me he divertido son ‘Los inventos de un escaparate’, de José Antonio Rodríguez, donde interpreté cuatro personajes, y ‘La profana familia’, de Nicolás Dorr.

“En una obra de Nelson Dorr interpreté el personaje más difícil de toda mi vida. Era un hombre cruel y despiadado con sus hermanos, y me costó mucho llegar al clímax del personaje, pues tuve que desdoblarme tremendamente para trasmitir esos sentimientos que nada tienen que ver conmigo”.

A su consideración, el teatro cubano está retomando los clásicos, y eso se traduce en una buena oportunidad para los actores jóvenes que necesitan probar su talento en las tablas.

Fonseca compartirá próximamente una obra teatral con María Teresa Pina y Carlos Padrón. “Con ella trabajé hace un tiempo en ‘Pedro Navaja’ y la pasamos de maravilla. Es una actriz con un gran dominio de la escena y muy carismática, pese a esa imagen fuerte que en ocasiones nos sorprende. Verdaderamente es un lujo”.

De sus añorados personajes…
“Me encantaría hacer un gran musical que me diera la oportunidad de bailar, cantar y actuar. Este género se ha ido perdiendo en los últimos tiempos y sería muy necesario rescatarlo, pues el teatro musical hace al actor más versátil. Y en la televisión, un papel como el de Flora” (refiriéndose a la telenovela novela brasileña “La Favorita”).

“Resulta apasionante que el público sepa lo que está ocurriendo y a la vez el gran malvado engañe a todos los personajes hasta el final de la novela. Ese es el villano que me gustaría interpretar. Todos los personajes valen la pena, pero me gustaría subir la parada con cada uno de ellos”.

De sus incursiones en la televisión…
“A la televisión llegué a través de un teleplay dirigido por el maestro Tomás Piar. Trabajé al lado de Rosita Fornés, haciendo el papel de su hijo. También formaban parte del elenco las actrices Assenneth Rodríguez y Herminia Sánchez. En aquella ocasión Tomás me dio la oportunidad de interpretar a Bastián después de haber aprobado el casting, donde buscaban a un mulato joven que no fuera una cara conocida.

Dentro de su más reciente incursión en la pantalla chica se encuentra el personaje de Pablo en la telenovela” Bajo el mismo sol”: “Es un padre responsable que tiene ante sí la difícil tarea de educar a sus dos niñas pequeñas que han quedado huérfanas de madre, y por otro lado, sus conflictos familiares y moralistas que interfieren en la relación con su hermana Lissett.

“Para mí lo más importante es la familia, sea como sea. Creo que esta novela propicia el debate en torno a temas tan polémicos y controversiales como la homosexualidad y la exclusión social de personas que han estado presas”, agregó.

(Con información de Livhy Barceló Vázquez. Tomado de Radio Rebelde)