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“Vivo en el país que me tocó por la libreta y lo quiero”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy nos acompaña, no voy a mentir, una persona que yo admiro, que quiero y que ha sido a lo largo de más de 40 años mi amiga. Una de las más grandes actrices que ha tenido y tiene Cuba en este momento, de teatro, de cine, de televisión. Una mujer bella, expansiva, alegre, Adria Santana. Mi niñita querida.

Adria. A lo Virgilio Piñera.

Amaury. Así es como va, mi niñita querida. Yo no voy a mentir, acabo de decir que soy amigo tuyo, por tanto no te voy a preguntar dónde naciste, yo sé que eres de Las Tunas, de Victoria de Las Tunas, pero lo que no sé es, ¿cómo era la Victoria de las Tunas de tu niñez?

Adria. Bueno, a ver, yo nací en una casa que cuando había ciclones me daba mucho miedo, porque las paredes se movían un poco, la casa no estaba muy buena, evidentemente (risas). Provengo de una familia comunista que no da más. Todos. Mi padre y mi madre se conocieron en reuniones. Entonces como la casa de mi nacimiento, que estaba en la calle Lico Cruz, era la oficina del Partido Comunista, un día a las cuatro de la mañana, yo tendría, no sé, muy pocos años, quizás seis, siete -tenía 11 años triunfó la Revolución-, pues tuvimos que salir a las cuatro de la mañana en un carretón y quedarnos sin casa. Creo que eso es algo, que yo, no sé la edad que tendría, pero no lo olvido nunca. ¿Tú sabes?, es como quedarte sin recuerdos.

Por lo demás, fue una infancia pobre. Mi familia tuvo que decirnos que los Reyes eran los padres, porque imagínate tú, no había de qué manera seguirnos la ilusión y cuando se podía traer algo de regalo de Reyes, nos traían libretas y lápices, cosas prácticas. Por lo tanto, yo soy una persona muy práctica. Nada que sea como de lujo y cosas así.

Amaury. ¿Pero había un ambiente cultural alrededor tuyo?

Adria. No, para nada, para nada.

Amaury. ¿Ni en Victoria de las Tunas?

Adria. Mi madre desafinada que no daba más, mi padre igualito y le encantaba cantar (risas). Mi abuela desafinada y yo soy la desafinación misma. Para que me entere que alguien está desafinando tiene que ser una vaca.

Amaury. Pero como actriz siempre has conservado muy bien el tono del otro actor.

Adria. Porque yo tengo sentido del ritmo, bueno, creo que eso me queda, sentido del ritmo. Pero no soy afinada. Dicen que es que tengo un problema entre el oído y la emisión. No sé si es eso o lo que sea, pero no afino. Recuerdo que en segundo grado, en la primaria, tenía una profesora que empezó a hacer un coro y de pronto dijo: ¡Un momentico, tú, afuera! sin ningún tipo de delicadeza y me traumatizó. (risas)

Amaury. A lo mejor ese es el problema, no en el oído ni en la emisión, sino la culpable es la profesora.

Adria. Se llamaba Julia León, como la cantante española. Entonces pues yo estaba en una escuela que, por supuesto, se llamaba Cucalambé, como todo lo que hay en Las Tunas (risas) y entonces, nada, yo lo que hacía era recitar, cosa que odio ahora. ¿Tú te acuerdas que una vez hicimos eso en televisión, tú cantabas y yo recitaba?

Amaury.  ¡Claro!

Adria. Que yo no podía ni hablar de la risa mirándote la cara, no lo he hecho más. Entonces a ver qué más, ya te digo, una infancia pobre. Ya después, cuando me casé con Pablo (Menéndez), él decía que no entendía qué quería decir ropa de andar y ropa de salir, porque en Las Tunas a mí me enseñaron de niña que esta ropa es de andar. Con ésta tú no puedes hacer más nada que andar y la de salir era una ropa especial, que era un solo jueguito, una saya y una blusita que tenía y unos zapaticos que eran para salir.

Amaury. Yo tengo un amigo que fue amigo tuyo también, Tata Güines, el gran maestro, que me decía “el gran problema es que la gente está usando la ropa de salir para andar” (risas).

Adria. (risas) Está bueno.

Amaury. Esas son las cosas de Tata. Pero mi pregunta sería, ¿Hay una Adria para salir y una Adria par andar?

Adria. Mira, eso me recuerda cuando yo estaba en la Escuela de Arte, decían que el artista primero tenía que ser revolucionario y yo digo: Bueno ¿cómo yo tengo que ser primero algo si soy una sola persona? Yo soy Adria, de Las Tunas, artista, revolucionaria, cubana ¿tú sabes?, no puedo ser primero una cosa y después otra, o algo más que otra cosa. Yo soy una sola persona que como todas las personas tenemos muchos matices. Tenemos cosas malas y tenemos cosas buenas, porque la perfección no existe.

Al menos, yo no soy creyente, por lo tanto, nunca he creído en nada ciegamente. Creo que eso tiene que ver con la ropa de andar y de salir, que mi familia me educó en que las cosas tenían que ser prácticas. Que si tú no tienes qué comer, tú no te puedes comprar un perfume, tú tienes que comprarte comida. La gente siempre dice: “Bueno, el amor es importante.” Yo creo que el amor es importante, me encanta el amor. Yo amo muchísimo muchas cosas, sobre todo a mi país, yo lo amo, con sus defectos y sus virtudes, pero yo nunca podría decir que quiero más esto que aquello. ¿Tú sabes? Es muy difícil dividirte, porque, ¿por qué te tienes que dividir?

Amaury. ¿Por qué le dijiste a tus padres en un momento determinado que te ibas a convertir en huérfana y que ibas a meterte en un orfelinato?

Adria. Porque mi padre era un machista terrible, con todo lo comunista que era, él dijo que tener a un artista en su familia era tener una prostituta o una lesbiana, o las dos cosas, él no sabía bien (risas) y además, contrarrevolucionaria porque todos teníamos problemas ideológicos y que él eso en su casa no lo quería.

Amaury. ¿Los artistas?

Adria. Sí, y entonces yo me fui escondida con mi mamá para la escuela de arte a presentarme a las pruebas. Me aprobaron y yo dije: Ya yo no quiero estar en el Pre (universitario) ni nada, yo el año que viene entro en Cubanacán, en la Escuela de Arte.

Amaury. ¿Recuerdas cómo eran las pruebas?

Adria. Sí recuerdo. Te preguntaban, bueno, por supuesto, si tú eras revolucionario o no, eso era primero que todo. Lo segundo era si tú habías leído teatro, qué teatro habías leído, qué teatro te interesaba, qué películas habías visto. ¡Imagínate!, yo venía de Las Tunas, y además, pobre. Yo veía películas mexicanas, era lo que ponían, las veía todas, me sabía todas las canciones, desafinada, pero me sabía, de los corridos mexicanos, todas, La Cama de piedra, todo. Entonces yo, pues me había leído a (Antón) Chéjov y había tratado de leer un poco de Stanislavsky sin saber muy bien, la verdad, y sin entender muy bien, pero había tratado de no quedarme atrás.

Amaury. ¿Y te preguntaban de esas cosas en la prueba?

Adria. Recuerdo que había visto una película en que trabajaba Richard Harris, un actor inglés, que ya murió, que me había impresionado mucho y entonces te preguntaban qué te había gustado de ese actor, por qué te había gustado la película, ese tipo de cosas.

Amaury. Sí, no era nada complicado. Pero tu papá ¿cómo es que tú logras…?

Adria. ¡Ay, perdóname, ya tengo 61!

Amaury. (risas) Yo no tengo muchos menos.

Adria. Bueno, la cuestión es que mi papá dijo que de ninguna manera. En su casa no podía haber nada de eso. Dije: ¿Cómo que no voy a entrar a la escuela? y me fui para la escuela.

Recuerdo que una vez, una persona me prestó un pantalón con portañuela, ¡imagínate!, eso era, vaya, ¡el pecado mortal!, porque una mujer artista, con problemas ideológicos y con portañuela, ¡por favor!, ¿no?, verde con pintas, guanábana. (risas)

Bueno, entonces me entró a golpes y todo. Me dijo que yo no podía entrar en la escuela y yo le dije que yo me iba a hacer “hija del Estado” y ya eso a él le pareció que era una cosa terrible que yo tuviera padre y fuera hija del Estado y dijo que no. No vio nunca nada de lo que yo hacía, hasta casi un poco antes de morir que fue al teatro a verme.

Amaury. ¿Tú recuerdas que fuera más de una vez o una sola vez?

Adria. Creo que fue dos veces, ya a los finales de su vida decidió que él se sentía orgulloso de mí ¿sabes?, porque al final entendió que cuando uno quiere hacer algo con su vida, lo hace. No hay nada que lo pueda impedir. Tú puedes dirigir muchas cosas, pero esto aquí adentro (señalando el corazón) no lo dirige nadie.

Amaury. ¿Pero él fue a felicitarte, a darte un abrazo, a darte un beso, a decirte “te vi”?

Adria. No, a él le gustó cuando yo hice una cosa en la televisión, que ni siquiera fue buena, pero que a él…, los vecinos y todos, cuando él iba a buscar el periódico, la gente le decía: ¡Rogelio, su hija, la vi en la televisión! y eso a él le pareció que era el súmmum de la perfección.

Amaury. ¿Salir en televisión?

Adria. Bueno, como el Ministerio de Cultura. Cuando yo hacía teatro solo, yo llegaba a la puerta del Ministerio y no podía entrar. Después que empecé a hacer televisión, ya entré, sin pase ni nada.

Amaury. ¿Por qué tú crees que hay tanto prejuicio con las actrices y los actores de teatro con respecto a la televisión?

Adria. No creo que sea prejuicio, yo creo que es sencillamente desconocimiento, porque se dice -y se dice todavía-, que la gente de teatro no sabe manejar el medio de la televisión ni el cine.

Amaury. ¿Pero por qué?, ¿por los niveles de voz, por la grandilocuencia gestual?

Adria. Por los niveles de voz, exacto, por gestualidad, por toda una serie de cosas. Yo creo que no están lejos de la vedad.

Recuerdo que Raquel Revuelta, cuando se hizo La casa vieja, ella nos enseñaba en la escuela, había un bocadillo que decía: “Mira, blanco como la leche”. Y ella decía: En el teatro tú tienes que decir: “MIRA, BLANCO COMO LA LECHE”. Pero en la televisión no, en la televisión tienes que decir: “Mira, blanco como la leche” (señala cercanía con la mano), porque no necesitas llegar a la fila 35 ó 40. Claro, ¿que pasa?, que el actor que ha hecho mucho teatro, tiene que moverse en la televisión con cámaras, cables, no con relación humana y el teatro es relación humana, no solamente con el actor con el que estás trabajando sino con el público que tienes ahí y eso, la verdad, te lo digo, no es capaz de suplirlo nada en este mundo.

Amaury. ¿Tú te sientes una actriz de teatro?

Adria. Sí, yo sí, yo soy actriz de teatro. Creo que ahora me estoy defendiendo un poco mejor en la televisión, pero no lo manejo como manejo el teatro y no quiere decir que el teatro lo maneje…, ¡vamos, que yo soy la reina del teatro!, ¡NO!, pero yo conozco el escenario, ¿sabes? sé cómo moverme en un escenario, tampoco quiero ser orgánica, entre comillas, porque creo que hay actores que por ser tan orgánicos no son nada y creo que eso tampoco es así.

Creo que el actor tiene que proyectar verdad, humanidad, lo que sea, a través de su personaje, a través de otro ser humano, porque eso es lo rico que tiene el actor, que conoce y sabe y te abre un poco la manera de entender a las personas y de conocer a otros seres humanos, que es con lo que nosotros trabajamos. Nosotros trabajamos con seres humanos y eso yo creo que el teatro te da la posibilidad de hacerlo profundamente.

Amaury. ¿No sientes algún tedio de hacer un mismo texto todos los días, o tú piensas que cada función es diferente aunque tengas que hacerlo todos los días?

Adria. Claro, claro, no me da ningún tedio, todo lo contrario. Yo digo: ¡Ay, mi madre!, ahora mañana voy a poder resolver lo que no resolví hoy. En la televisión no ¿oíste? En la televisión después que ya se filmó, no tienes esa posibilidad.

Amaury. Pero igual haces con la vida, ¿no? Todos los días amanece y todos los días oscurece, depende como uno se lo proponga cada día.

Adria. Exacto.

Amaury. Ahora, voy a volver a la ENA, porque ahí tú conoces a Pablo, a Pablo Menéndez, a Paul. Tú eres un poquito mayor que él, eso no tiene ninguna importancia, porque es bien poquito

Adria. Casi cuatro años.

Amaury. Es nada.

Adria. Pero yo estoy más bonita que él (risas)

Amaury. Los dos son bonitos, vamos a dejarlo así. ¿Para qué? Para que él diga: ¡Oye, yo soy más bonito! Además Pablo es una persona que se da a respetar… Ahora, lo que me llama la atención, es que en la época aquella, una muchacha de Las Tunas, novia y después casada con un norteamericano y menor. ¿Eso no te trajo…?

Adria. Bueno, sí, menor de edad. Eso sí. Yo fui una asaltadora de cunas (risas). Bueno, mira, tú sabes, yo no me di cuenta. Yo no me daba cuenta que no estaba bien visto que yo me casara con un extranjero y norteamericano, ojo ahí, manitos atrás, caquita porque no era de ningún otro país, de Estados Unidos, que es como el ombligo del dolor. Entonces, ¿qué sucede?, que nunca fui consciente de que era un problema. Bueno, nunca quiero decir hasta que me lo hicieron consciente.

Amaury. Claro.

Adria. Empecé la relación con Pablo, bien, me encantaba. El día que lo vi haciendo trabajo voluntario sin camisa, ¿tú sabes?, caí en planchas ahí (risas). Entonces yo dije: ¡Ay, Dios mío!, ¿qué es esto? Pero yo no tenía ninguna relación con él, porque las mujeres le caían atrás y todo, y yo he sido, aunque no lo parezca, siempre un poco tímida, cada vez menos, pero cuando aquello era muy tímida.

Por ahí empezó un poco la relación, sin nada de sexo, ni nada de eso, porque en aquel momento, no se hacía, es decir, tú no conocías a una persona y ya ibas y te acostabas. No es como ahora, que me parece más honesto. Entonces pasó el tiempo y él iba y me buscaba en el albergue, me llamaba.

Amaury. ¿Pero cómo se comunicaban? ¿El llegó hablando español aquí a Cuba?

Adria. No, no. Él supo la palabra “caliente”, cuando en México, viniendo para acá cogió un plato y el tipo le dijo: ¡está caliente! Él no entendió y se quemó los dedos y ahí entendió caliente para toda su vida (risas). Él no sabía español, pero tú sabes, eso no hay que saberlo, Amaury. Tú miras, o te sonríes, etc. No te voy a enseñar, Petí sabe. Entonces, ahí no hay que saber gramática.

Bueno, empezamos, más o menos, salíamos. Cuando aquello, él se quedaba los fines de semana en casa de Estela Bravo, porque él no tenía familia aquí y, Estela realmente lo acogía los fines de semana para que él no tuviera que quedarse en el albergue. Entonces nos fuimos un día para la piscina del Sierra Maestra y ya ahí nos cogimos las manos, nos miramos, empezamos a besarnos. Después íbamos y nos sentábamos en el parque de 5ta Avenida y calle 20 y todo ese romance.

La escuela de nosotros iba a Isla de Pinos (Isla de la Juventud), a veces íbamos un mes, a veces dos meses, a veces tres meses a hacer trabajo voluntario allá. Yo hice de todo, desde abrir huecos, darle brillo a las toronjas para la exportación en unas máquinas que no te puedo explicar, porque son máquinas de cuando…

Amaury. Sí, sí, de cuando se inventó la toronja. (risas)

Adria. Exacto, de cuando se inventó la toronja. Abonar las plantas. Eran unas fábricas que eran unas poleas y tú tenías que pasar las toronjas a mano y hacerle así con un pañito. Bueno, hice de todo, café, caña quemada, que eso fue lo peor que hice en la vida. Alfabeticé, yo hice de todo, por mi país y por mí.

Entonces Íbamos a Isla de Pinos y cuando aquello los varones y las hembras era a largas distancias.

Amaury. Me tocó también eso.

Adria. Empecé a tener una relación sexual con Pablo. Esto, cuando mi madre vea la entrevista morirá y se desmayará, porque ella siempre ha pensado que yo me casé primero, cosa absurda de la época.

Amaury. Ella lo va a comprender.

Adria. A veces las personas se creen lo que se quieren creer. Bueno, entonces nada, cuando nos fuimos a casar, en la escuela había una persona que yo admiraba mucho, que era una tía de albergue, que se llamaba Gisela y viene y me dice: “¡Ay, Adria! ¿Y cuándo usted se va?” y yo le digo: “¿Me voy, para dónde?” Dice: “Bueno, para los Estados Unidos”, y le digo: “bueno, Gisela, yo no me voy para ningún Estados Unidos”. Ah, ¿por qué usted no se casa para irse? Dígole: “No”, y ahí me di cuenta, todavía me entra un poquito de frío en el estómago, porque yo soy una persona muy digna, me doy cuenta que no solamente Gisela lo pensaba, lo pensaban muchas personas.

A mí nunca me ha interesado vivir en Estados Unidos y llevo 42 años con Pablo. Trabajé cuatro años en Estados Unidos, no por Pablo, no porque estuviera casada con Pablo, sino por mi propio trabajo y digo ¿por qué existe quien puede pensar que otra persona sea capaz de amar a alguien sin pedir nada a cambio, sin querer nada a cambio, sin esperar nada a cambio? Creo que eso fue para mí un golpe fuerte, porque yo no había pensado en eso.

Amaury. Sí, porque tú te enamoraste de un muchacho.

Adria. Exacto, no tenía nada que ver con política, ni con nada. Tenía que ver con que no me había pasado por mi cabeza y porque todavía no me pasa por mi cabeza. Es decir, para mí vivir aquí significa muchas cosas. No solamente el ser revolucionario, yo creo que una persona puede amar a su país, puede amar a Cuba y no ser revolucionario.

Yo creo que nosotros hemos llevado las cosas a unos extremos que han hecho más daño que lo que han aportado y yo amo mi país por muchas cosas. Primero porque es mi país, donde yo nací y siempre he pensado que no hay nada más importante que saber de dónde tú saliste y yo salí de aquí y estoy aquí y siempre creo que voy a estar aquí, bueno, hasta que me muera, porque yo no creo en el más allá. Entonces, nada, esos fueron golpes bajos de la ENA.

Pero la ENA tuvo una cosa maravillosa. La ENA tuvo una cosa que yo no voy a olvidar nunca y que ojalá alguien la retomara, y supiera que eso habría que mantenerlo, cuando aquello, nosotros estábamos muy unidos, los plásticos con los músicos, los  actores, los bailarines y creo que eso nos enriqueció. Yo creo que uno es mejor en lo que uno hace, si uno tiene una perspectiva más amplia de lo que te rodea, porque este momento en el mundo, creo que es un momento que está un poco hecho para que tú solamente te mires a ti y te defiendas a ti y no mires para los demás.