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Amaury. Sí, es un mundo en singular.

Adria. En singular, y yo creo que tenemos que pluralizarlo en el mejor sentido de la palabra plural, no en el falso de decir nosotros y eres tú sola la que lo haces, sino en el real sentido de la palabra plural, que es mirar para los lados y creo que eso es muy importante, para no perderte cosas que están sucediendo y que a veces no te das cuenta porque estás, como si estuvieras delante de un espejo mirándote a ti.

Amaury. Y tú que tienes tantas ideas de lo que fue, tantos recuerdos, y de lo que debía ser, ¿por qué no eres maestra? ¿No tienes vocación de pedagoga?

Adria. Mira, yo lo único que he sido como maestra fue en la alfabetización, porque era, lo voy a decir así mismo: ¡un llamado de la Patria! ¡La verdad! Porque también me fui escondida, porque mi papá dijo que mi hermana sí, pero yo no.

A mí me gusta, a ver, ¿cómo te puedo explicar? En un montaje, hablar con la gente joven, con los actores jóvenes y con los viejos. Y discutir. ¡Contra, yo creo que por aquí, yo creo que por allá! ¿Tú sabes?, ese tipo de cosas que es un enriquecimiento de la obra y de todos. A mí me han hablado para ir a dar clases a la ENA, pero te lleva mucho tiempo, lo digo egoístamente. Yo quiero ser actriz de todas, todas y creo que no me queda mucho tiempo, y por lo tanto, el tiempo que me queda… yo quiero ser actriz, no quiero ser ni directora ni nada.

Entonces ¿qué sucede?, que te dicen: ¡vamos!, ¡a ser maestra! ¡No tienes que llenar planillas!, y después te pasas la vida llenado planillas, yendo a reuniones y perdiendo mucho tiempo. No me interesa perder tiempo. Ya fui a todas las reuniones que iba a ir en mi vida, ya yo fui a todas, ¿ok?, por eso no soy maestra. (risas)

Amaury. Bueno. Vamos un poco a…, estamos yendo de allá para acá, somos dos veletas.

Adria. Esto no tiene nombre.

Amaury. Teatro Estudio, Raquel Revuelta, Vicente Revuelta, Berta Martínez, Armando Suárez del Villar. ¿Qué representa Teatro Estudio y toda esa gente para ti?

Adria. Disciplina y rigor, primero que todo. Recuerdo que cuando yo estaba en Teatro Estudio si te llamaban por teléfono, tú no podías bajar a coger el teléfono, ni vestida de un personaje…, no te permitían.  Y si alguien se estaba muriendo, se moría sin tú enterarte, porque hasta que no se terminaba el ensayo, tú no sabías nada, porque Raquel no lo permitía y en aquel momento uno decía: ¡qué exagerada Raquel! Pienso que… ahora la gente con un celular en el ensayo, si tú estás ensayando, la gente con el celular, ¡un momentito! Si te lo dicen.

Entonces yo creo que eso fue una disciplina y un rigor necesarios. Creo que tanto Armando Suárez del Villar, mi primer Premio Nacional de Teatro. Mi primer Premio Nacional quiero decir, no que yo tenga el Premio Nacional de Teatro, déjame aclarar eso, no, mi primer premio de actuación, a nivel nacional fue Santa Camila, que la hice con Adolfo Llauradó.

Amaury. El otro te lo debían dar ya.

Adria. No, hay mucha gente que se lo merece diez mil veces más que yo.

Amaury. Pero se lo dan al grupo, porque por ejemplo la posibilidad que tiene un actor joven, con talento, si van por escalafón de edad, no tiene sentido. Sería bueno decir: bueno, a ver, de aquí acá, toda esta gente, es un criterio mío, yo no estoy para dar criterios aquí, la verdad.

Adria. Sí, además, es delicado. Bien, entonces, pues hice con Adolfo Llauradó, que no lo voy a olvidar nunca, porque, imagínate, lo que yo pienso que es un actor estrella. Recuerdo que tenía un ensayo general de Santa Camila, yo era la tercera actriz, Verónica Lynn, Isabel Moreno y yo. A mí me estaban dando el chance, vamos a empezar por ahí, porque yo empezaba a ser actriz. Así que a mí me estaban dando la oportunidad y el actor que iba a hacer el Ñico conmigo, era un actor joven que también le estaban dando la oportunidad, decidió la noche anterior beber y no fue al ensayo, bueno, llegó muy tarde y Adolfo Llauradó, que ya había hecho todo el cine cubano de este país, y todo el teatro de este país.

Amaury. Un actorazo.

Adria. Fue al ensayo a verme, a esta idiota, que empezaba allí y que nadie sabía que yo iba a hacer con aquello. Y me dijo: “Adria, si tú quieres, como no ha venido, para que tú no pierdas tu único ensayo general, yo lo hago contigo”. Te podrás imaginar.

Amaury. ¡Qué bárbaro! ¡Qué lindo, Adolfo!

Adria. Te podrás imaginar lo que me sucedió, no lo puedo decir aquí (risas). Entonces dije: “Dios mío, ¿tú sabes?” y ensayé con él y le dije a Armando que si llegaba el otro actor, no interrumpiera el ensayo porque no iba a ensayar con él.

Entonces, Armando para mí… Ahora cuando le dieron su Premio Nacional fue tan maravilloso porque digo, ¡coño!, ¡tan merecido! Fue un hombre que salvó el Teatro Cubano del siglo XIX. Que nos hizo recordar que Milanés había sido dramaturgo, Gertrudis Gómez de Avellaneda, etc.

Con Berta Martínez hice Bernarda Alba y Bodas de Sangre, que son cosas inolvidables. Con Héctor Quintero hice Contigo pan y cebolla, hice Algo muy serio, que fue una obra que nosotros, a las 11 de la noche venía la luz y como el público no se había ido, teníamos que empezar a esa hora.

Amaury. Raquel y Vicente.

Adria. Raquel mi profesora y Vicente, en cierta medida fue mi profesor también y que son personas que son para mí como… Yo siempre digo, qué pena, que Raquel, que hizo todo por el teatro, que dejó tantos privilegios por el teatro, porque el teatro es sacrificio, y que sin embargo no haya sido recordada todo lo que tiene que ser recordada Raquel. Yo creo que hizo tanto por los artistas, tanto por los actores.

Amaury. Y por los músicos, por nosotros también.

Adria. También. Bueno, ella trajo a Marta Valdés al teatro de asesora musical, grupos musicales que iban a tocar en vivo allá. Creo que ella fue una mujer que luchó mucho por los artistas y que, sin embargo, no creo que tenga el lugar que se merece.

Amaury. ¿Tú conoces a Abelardo Estorino cuando La discreta enamorada o ya tú lo conocías antes?

Adria. No, cuando La discreta enamorada, pero eso no fue una buena relación.

Amaury. ¿No? No me digas eso.

Adria. Él amaba entrañablemente a Anatilde de Paula, una actriz brasileña, él pensaba que ella era un genio y los demás no existían.

Amaury. ¿Verdad?

Adria. ¡Ah, sí! ¡Yo sufrí!, porque ¡figúrate!, ya te conté que soy desafinada, y había un director, creo que de la orquesta de la televisión, que se llamaba (Alfredo) Pérez Pérez que decía que yo sí cantaba y (Abelardo) Estorino decía: “Él dirá que tú cantas, porque tú le gustarás, porque tú no cantas”. En fin, que me llevaron a la una mi mula, pero bueno, me sirvió. Yo, a veces, me ponía nerviosa ir a Teatro Estudio. Bueno, yo había conocido a Estorino, pero a distancia, porque él y Raquel habían dirigido -tú sabes qué, bueno, Estorino estuvo prohibido, sus textos, no se podían publicar, etc y Raquel lo llamó al teatro-. Estorino nunca había dirigido. Lo llama para que sea co-director, para que él esté dentro del teatro, aún cuando no se pudieran poner sus textos. Entonces Estorino entra a trabajar con Raquel y a dirigir una obra. Ahí yo empecé a trabajar con Estorino, pero después hicimos Los pequeños burgueses, de Gorki, pero no se estableció una relación. Realmente nuestra relación se establece cuado hacemos Ni un sí ni un no. Yo empecé en Ni un sí ni un no, haciendo la otra y como dice Miriam Ramos, pisoteando la modestia, fue un éxito total mi personaje (risas). La crítica me llevó divino y todo el mundo me llevó divino.

Entonces ahí a la gente le empezó a gustar mi trabajo, y a enterarse de que yo era actriz, realmente. Después ya empecé a trabajar en casi todo lo de Estorino y cuando se hizo esa unión más fuerte fue cuando yo estaba visitando a Osamu, a mi hijo, en Las Tunas, cuando él estaba haciendo el Servicio Social, porque yo tenía que ir para allá a supervisar, para ver cómo andaba la cosa, tenía algunas quejas “mujeriles” y entonces me fui para allá. Y Pablo me llama y me dice: “Óyeme, Estorino te está localizando porque ha escrito un texto que quiere que tú lo hagas”.

Amaury. ¿Y era qué, Las penas saben nadar?

Adria. Las penas saben nadar. Yo dije, bueno, no sé lo que se irá a hacer con esto, pero, yo, por supuesto, no dije nada. Le dije que era maravilloso, excelente y que a mí me encantaba, pero yo pensaba: Bueno, no sé qué se irá a hacer con esto, porque por primera vez había escrito un monólogo y yo era la primera vez que iba a hacer un monólogo. Un monólogo no es fácil, porque el monólogo tú no tienes a qué asirte, tú no puedes relacionarte con el otro, tú no…, nada y él quería este monólogo hacerlo sin nada en el escenario, absolutamente nada. Fue muy interesante, porque todo el mundo, a pesar de que es la historia de una actriz con sus frustraciones. Es una historia que le toca a todo el mundo, porque todo el mundo, por supuesto, tiene sus frustraciones.

Estorino dice que en vez de Las penas saben nadar, le iba a poner Las penas saben viajar, porque viajamos, te digo la verdad, parte del mundo con ese monólogo, desde Alemania, Suecia y lugares donde yo jamás me imaginé…

Amaury. ¿Te dieron con ese monólogo el Premio ASE, en New York. ¿Ase con S, no?

Adria. Con S, que es, Asociación de Cronistas de Espectáculos. Nosotros estábamos haciendo aquí, Vagos rumores, que para mí es la obra maestra de Abelardo Estorino, que es una obra sobre (José Jacinto) Milanés.

Vinieron unas personas de Nueva York y entre ellos venía un actor, con el que yo había trabajado mucho tiempo en Teatro Estudio se llama Ricardo Barber, y me estaba localizando porque me quería ver. Yo no sabía que había venido con unos productores de teatro de Nueva York. Sencillamente me enteré que Ricardo estaba aquí, y que me estaba localizando y enseguida di con él y le dije: Hoy es la última función de Vagos Rumores y yo quiero que tú vengas, y que veas esta obra. Vino con estos productores de repertorio y ahí ellos se sentaron y hablaron con nosotros y nos dijeron que ellos querían llevar la obra a Estados Unidos. Como eso sucede con cierta frecuencia, la gente viene y te dice cosas y todo es mentira.

Amaury. ¿Y te piden currículum y todo?

Adria. Currículum y todo. Tú gastas papel, con el poco que tienes, y das y das y nada, pero bueno, esto fue cierto y nos fuimos. La diseñadora de luces, que fue Saskia Cruz, los tres actores, éramos: Alfredo Alonso, René Lozada y yo, y Abelardo Estorino. Nos fuimos para Nueva York en el 96 y entonces, en el año 97, nos invitan a Nueva York, otra vez, para recibir el premio ASE. Todos, porque todos recibimos el premio ASE y ellos pensaron que Vagos Rumores era una obra de excelencia.

Amaury. ¿En esa época tú estuviste cuatro años en Nueva York?

Adria. Estuve 96, 97, 98, 99 y 2000. Casi cinco años estuve ahí y trabajé lo que fue, es decir, lo que nosotros llevábamos, más, trabajé con Jorge Alí Triana, un director colombiano y trabajé con René Bosch, un actor cubano que lleva años en Estados Unidos, desde el año 46 él vive en Nueva York. Trabajé con directores de La Compañía de Repertorio, además de las obras que llevamos con Estorino. Nos ganamos una beca que se llama TCG, que es Theater Comunication Group, que es Teatro de Comunicación. Tuvimos la portada de la revista, Estorino y yo, de la revista American Theater, que es la revista de teatro más importante de los Estados Unidos. Nos dieron esta beca por, digamos, ellos hacen como una compilación de trabajos, no es por un trabajo específico, sino, por todo lo que hicimos en Estados Unidos.

Creo que para nosotros Estados Unidos fue importante, porque yo tengo tres premios más internacionales: uno en Europa y dos más en Estados Unidos, pero yo creo que el premio ASE es como el Grammy Latino, para que la gente en Cuba lo entienda.

Amaury. Adria, pero tú, aparte de estas obras que has hecho con Estorino, incluso Medea, que también es otro monólogo de Estorino ¿Han pensado ahora, al cabo de veinte  y tantos años que estrenaron Las penas saben nadar, la van a volver a poner, han pensado volverla a hacer?

Adria. Bueno, yo quería decir algo antes de hablar de Las penas saben nadar de nuevo, que es que los premios que yo he recibido en Cuba, han sido también para mí muy importantes. No solamente los internacionales, porque hay veces que a uno se le va la musa, y dice: Un premio internacional, y total, no sirven para nada. Pero bueno, los premios nacionales para mí han sido muy importantes y he recibido muchos, la verdad. Bueno, Las penas, yo creo que soy una actriz antes de Las penas y después de Las penas, la verdad.

Amaury. ¡Un monologazo!

Adria. Para mí Estorino es una de las personas que más he querido en esta vida y una de las personas más importantes en mi vida. Estorino me ha enseñado a tratar de ser mejor persona y a tratar de ser mejor actriz. Él es un inconforme y yo creo que uno en la vida tiene que ser un inconforme. Por eso creo que un verdadero revolucionario es un inconforme. Estorino es como esas personas guías en tu vida, pero además no es un guía de usted, de distancia, de diferencia, es un guía de llorar, de contarle mis problemas, de los que quizás no le cuento a otra persona. Es mi amigo, mi íntimo amigo y yo soy su íntima amiga. Nosotros nos amamos en todos los sentidos, no sexual, porque él tiene 85 años, si no yo hubiera dejado a Pablo por él y él hubiera dejado otras cosas por mí.

Amaury. Pero él ha dicho también que es tu esposo. Pablo, espérate, ella es mía también.

Adria. Él llama a la casa y dice: ¡Pablo, por favor, que quiero hablar con mi mujer!, se ponen así. Pablo le dice horrores también, pero nosotros nos queremos, nos apoyamos, nos necesitamos. Es de esas personas que tú encuentras en la vida, que estableces una comunicación casi perfecta, porque hay veces que nos fajamos mucho, nos peleamos, pero nos peleamos para mejorarnos. Es una de las personas más importantes en mi vida.

Amaury. ¿Y Osamu? Me hablaste al principio de Osamu. ¿Tú tuviste un solo hijo porque quisiste?

Adria. No, porque no había condiciones. Yo parí en el año 69, vivía en Lawton, éramos 14 personas en una casa y era difícil. Tú lo sabes porque tú estuviste tantas veces allí.

Amaury. Yo estuve muchas veces allá.

Adria. Y yo parí y Pablo tenía 17 años. Pablo y yo nos casamos, Pablo tenía 15 y yo 19.  Entonces decidimos que no se podía parir más, pero yo te voy a decir la verdad, Osamu vale por un millón.

Amaury. Es adorable Osamu.

Adria. Yo no quisiera un hijo mejor que ese, no es posible, la verdad, mi hijo, en los peores momentos de mi vida y en los mejores momentos ha estado ahí y a como dé lugar. A veces sin poder, él ha estado ahí.

Entonces yo creo que soy una persona privilegiada porque tengo un marido maravilloso, como decía alguien, que no voy a hacer esa historia porque está fuerte, es un bombón. Yo tengo un marido maravilloso, tengo un hijo maravilloso. Mi familia, mi madre, mis hermanos, todos han sido personas que me han apoyado mucho. Tengo dos nietos que los adoro. Hago lo que quiero hacer, lo que me gusta hacer. ¿Qué más?

Vivo en el país que me tocó por la libreta, pero no me importa que me haya tocado por la libreta, lo quiero. Entonces yo digo: ¡coño! ¡Qué más se le puede pedir a la vida! A lo mejor yo digo, bueno, a lo mejor me hubiera gustado hacer más cine, pero mira, ahora yo hice Casa Vieja con Léster (Hamlet) y me alegró tanto haber hecho una película con esta obra, porque es una obra de Estorino. Es una obra que conozco, es una obra que te estaba diciendo, yo hice el ISA hace dos años, o tres años que me gradué, y claro, todo el mundo me dice: Adria, usted haga un trabajo sobre la obra de Estorino, porque a mí, si alguien quiere pedirle algo a Estorino, una entrevista a Estorino, me llama: ¿Adria, usted cree que le pudiera decir a Estorino…?

Amaury. ¡Hasta yo!

Adria. Que si yo puedo hacer la entrevista a Estornino, que si yo puedo hacer la entrevista, porque él a veces. ¿Tú sabes?

Yo digo que no puedo pedirle más a la vida, yo soy un ser privilegiado, porque Pablo dice a veces, y es verdad, que cuando tú le preguntas a un cubano. Bueno, pero ¿cuál es tú trabajo diario? Dice: músico, yo soy músico. Sí, sí, pero ¿qué tu haces en el día? Yo soy músico. Porque tú no puedes hacer eso a veces en países capitalistas. Donde tú le preguntas a una persona. Ah, ¿tú eres músico? Sí, pero yo en el día soy editor o cuido abrigos en un restaurante, o soy albañil o pongo lozas o manejo un taxi, porque no necesariamente las personas pueden vivir de lo que quieren vivir y de lo que les gusta vivir y de lo que necesitan vivir. No es todo el mundo. Hay personas en el capitalismo que viven maravillosamente, no vamos ahora a decir que todos están mal. No es cierto.

Amaury. Claro.

Adria. Yo creo que nosotros aquí tenemos ese privilegio, mal que bien, con el salario mísero que tenemos, pero nosotros vivimos de lo que queremos hacer, de lo que necesitamos hacer y de lo que nos gusta hacer. Nosotros, yo y todos los que estamos aquí. Entonces yo soy un ser privilegiado.

Amaury. Bueno, ya estamos en el final del programa. Siempre, normalmente busco una manera de que el invitado me hable de Cuba. Tú has estado hablando de Cuba desde el principio hasta el final de la entrevista. Entonces yo creo que la manera más sencilla de despedirte es decirte: Gracias Adria, que es una manera de decir: Gracias, Cuba.

Adria. Gracias.

Amaury. Te adoro, mamá. Te adoro, te quiero mucho.

Adria. Además, otro privilegio es haber estado aquí.