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La Dra. María del Carmen Velasco Gómez, delegada del CITMA en Villa Clara, acaba de recibir la Orden Carlos J. Finlay. De sus apreciaciones acerca de la ciencia y de la vida abre sus confesiones sin reservas.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés y archivo

Todavía recuerda sus cabalgatas a caballo cuando siendo estudiante universitaria la enviaron a los chuchos de los centrales de la costa norte villaclareña a seguir los tiros de caña durante la zafra del 70. Luego se graduó de economista, defendió su doctorado en Alemania con solo 32 años, y no han faltado las facultades directivas para acompañar la vida de María del Carmen Velasco Gómez.

Así fue en un área de nuestra Alma Máter «Marta Abreu» de Las Villas durante su etapa estudiantil, luego en Planificación y un buen período como ejecutiva de la Asamblea Provincial del Poder Popular hasta que concluyó sus mandatos.

¿Qué hacer después de mi paso por el Gobierno?, se preguntó varias veces, y un día le propusieron encabezar los destinos de la Ciencia, la Tecnología y el Medio Ambiente (CITMA) en el territorio, por lo que la nueva historia comenzó, en 1998, con los antecedentes de conocer las características provinciales, no solo en el ámbito económico, también en el social, en lo productivo y en lo natural.

En la actualidad despierta muy temprano e interactúa en las redes sociales como parte de su día a día. Y casi al término de una mañana conversamos sobre múltiples facetas que le acompañan.

— En reiteradas ocasiones se refiere a la Dra. Rosa Elena Simeón Negrín quien fuera Ministra de la Ciencia hasta su desaparición física ¿Constituyó una fuente de aprendizaje?

— Tuve el privilegio de intercambiar mucho con ella. Tenía un método de trabajo excelente y trazaba pautas a seguir. En una oportunidad me dio tres grandes metas: Rescatar la posición de Villa Clara en la ciencia y la innovación en Cuba, lograr que al término de la construcción del pedraplén Caibarién—Cayo Santamaría se mantuviera vivo el bosque siempre verde de este último sitio, y que siempre trabajara con las personas más de avanzada. Una científica con un talento extraordinario que me resulta imposible el día en que no la recuerde.

— Ser economista resultó una frustración, alejarse del mundo que no era el suyo

— Todo lo contrario. Constituyó una herramienta para mi trabajo en el CITMA. Me dio la oportunidad de asociar la ciencia y convertirla en innovación y en productos.  

— ¿Acaso una predicción a esta etapa que vivimos?

— No lo creo. Existían las condiciones para vincular los resultados científicos a la economía, y a su plan porque soy una planificadora en extremo y creo en la planificación como objetivos a cumplir expresada en indicadores. En lo personal constituye un gusto y lo disfruto. Ello me entrenó el pensamiento y permite adaptarme ahora a las nuevas características e imprimirle un sello a manera de distintivo.

— ¿Qué le ha enseñado el CITMA?

— Aprendí a interpretar muchos conceptos y a pensar sin limitantes porque estos obstáculos que nos creamos obstaculizan los propios pensamientos en busca de ideas novedosas y de resultados científicos.

— Desde que entró al organismo ¿pudiéramos decir que su formación económica ha sido un antecedente para comenzar a innovar?

— Por lo menos ha favorecido la comprensión de la importancia de innovar.

— Imagino que en determinados momentos aparezcan incomprensiones y puertas medio cerradas ¿cómo actúa en estos casos?

— Lo primero que hago es estudiar mucho, trato de pensar la manera de enfrentarme a las diferentes situaciones que algunas han sido muy complejas, pero defino cuáles serían las principales conductas a seguir.

— ¿Algún método específico?

— Mi plan de trabajo individual es un proceso de pensamiento, no es una lista de reuniones, eso me ha sido muy efectivo y por ello primero estudio y cuando alguien me dice que no está de acuerdo con algo eso necesita más estudio y digo; ¿Por qué esta persona que es tan inteligente no está de acuerdo? ¿Cuál es el fondo de su consideración? Y me pongo en su lugar. Es muy importante para poder interactuar ponerse en el lugar del otro, por lo que estudio, pienso, ordeno las ideas y las llevo a las acciones.

— Entonces, el estudio es la clave para las decisiones de María del Carmen Velasco?

— Yo no decido cosas, lo que hago es proponer. Tengo que ser capaz de estudiar y estudiar para compartir las prioridades para quienes son expertos en cada materia, a fin de conciliar y nuclearme de personas conocedoras, que le gusten profundizar.

— ¿Y pretende dirigir a los científicos?

— Jamás. Ellos son los brillantes, solo hay que conducirlos, escucharlos y tener paciencia.

— Quizás por su temperamento y agilidad al abordar los problemas a veces ofrece determinadas respuestas que en cierta medida molestan ¿Es una mujer que reconoce y pide disculpas?

— Cuando ocurre lo reconozco, y eso me ha sido útil para la vida. Me he equivocado en la mirada de un asunto o de criterios en torno a una persona y no temo rectificar el error. Pedir disculpas fortalece, pero también hay que ganarlo. Trato de ser cuidadosa con los compañeros aunque no siempre lo logro, y a veces se me van expresiones que no debían pronunciarse, pero es una muestra de compulsar, de contribuir a una mayor agilidad porque no está en mí dilatar las cosas.

— Dicen algunos que es una mujer incansable…

— Agradezco ese aprecio, pero no es así. Lo que sí soy es muy perseverante. Disfruto el resultado de un análisis y no es menos cierto que llego a mi casa cansada, pero aun así sigo pensando. A veces las mejores soluciones se me ocurren dormida y me levanto y las escribo para evitar que se olviden.

— ¿Sueño intranquilo?

— En cierta medida, no siempre. Tengo una memoria fotográfica, busco en el libro y encuentro el detalle o la palabra que me faltaba. 

— Desarrollo local y municipalidad ¿cómo ve este proceso en los territorios?    

— La municipalidad y la municipalización de los procesos es una necesidad. Tenemos algunas situaciones a atender con premura y una es la preparación de quienes están en esa instancia. No todos han podido desarrollar aprendizajes para dirigir, articular y ordenar y eso es una ciencia.

Hay que estar motivado, convencido de que se puede, de lo contrario será imposible hacerlo porque requiere sacrificios en medio de una coyuntura económica difícil, una Covid que no ha acabado, sin signos de un término, y el papel de los municipios hay que saberlo conducir con asesores, personas que ofrezcan ideas y conocedoras del asunto a partir de un gobierno con ciencia e innovación y no siempre se sabe hacer o le dedican todo el tiempo que se necesita para robustecer los propósitos. Lo urgente mata la mirada importante, por lo que hay que buscar un equilibrio entre la urgencia y la mirada al futuro: Si no hablas de este no tienes motivaciones para encarar el presente.

— Cuáles son los retos actuales que emprende la ciencia villaclareña?

— Existen tres detalles importantes. Uno es el seguimiento de las estrategias de desarrollo territorial con la participación de los Centros Universitarios Municipales (CUM) y las personas más influyentes desde sus saberes en el área. También insistimos en el fortalecimiento de los consejos técnicos asesores en los territorios, y en el completamiento de la preparación de los gobiernos para enfrentar las responsabilidades que tienen, entre otros aspectos.

Pero a la vez trabajamos en la necesidad de profundizar la informatización y automatización en los principales procesos del territorio, en propiciar proyectos y vías que generen rubros exportables y en la soberanía alimentaria.

— Al parecer se va encaminando, pero ¿en qué fase se encuentra la creación del Parque Científico Tecnológico Industrial de la provincia?

— Se trabaja en la idea y llegamos a una propuesta a completar con los expertos y compartir con otros ministerios. El parque es la creación de una entidad que va avanzando con la conciencia de que sí debe existir.

— Las ciencias sociales ¿prioritarias?

— Antes las llamaban «ciencias blandas» y yo digo que ahora son las duras porque vivimos momentos muy difíciles en los que resultan importantes los sentimientos, las maneras de ver las cosas. Por ello tienen una importancia extraordinaria en el hacer porque de no existir motivaciones será muy complejo lograr algo.

— A su modo de ver ¿qué lugar ocupa la comunidad científica e innovadora en el territorio?

Son los más importantes. En lo personal me es difícil tomar una decisión sin hacer una consulta con el equipo de trabajo de la delegación, de los centros afiliados o colaboradores con el sistema. Son tan talentosos y creativos que a ellos se debe el hecho de que la provincia se mantenga en la avanzada científica en el país. Lo logrado no corresponde a María, que quede claro, es el resultado del Polo Científico Productivo, del Consejo Técnico Asesor, o el de las Ciencias Sociales, por citar algunos. Para hacer ciencia hay que aplicar métodos y etapas de trabajo que valen tanto para los extraordinarios resultados de los laboratorios como lo logrado en los barrios.

— Le molesta que le hablen de la jubilación?

— En otros tiempos me hacían la pregunta y me ponía frenética, ya lo voy asimilando y digo: «a lo mejor cambio de actividad, pero no es jubilarme».

Creo que mi trabajo ha sido útil, aunque es cierto que varias veces me pregunto si me jubilo ¿qué voy a hacer? No me veo haciendo mandados ni cosiendo, y no es que lo vea de manera despectiva y lo he asumido, pero no está en mí.

— ¿Se arrepiente de algo?

— He hecho lo que debo hacer en cada momento. Esto no quiere decir que no me haya equivocado.

— Si tuviera que conformar su autorretrato ¿cómo lo delinearía?

— Muy aplicada, constante, sistemática, en extremo disciplinada, incluso mis hijos me dicen que el patrón de mi disciplina ya no existe. Me gusta estar arreglada, muy presumida desde pequeña y tengo defectos porque no tolero las cosas mal hechas o la chapucería, tampoco a quienes no profundizan un análisis, reconozco que a veces hablo alto y quiero a las personas, pero me deprime que me traicionen.

— Y Villa Clara, ¿en qué sitio?

— Soy villaclareña de pura cepa. Amo a la provincia y no me concibo fuera de ella. Me han propuesto tareas en la capital, pero aquí soy feliz, he encontrado cariño, afecto, respeto de las autoridades en la provincia, en los municipios, y me siento reconocida por mi trayectoria. Lo suficiente para irme solamente cuando llegue el día final.

— ¿Qué es la vida para Ud.?

— Que mi provincia avance, que podamos disfrutar todo de una vejez segura, y que luego de tantos períodos difíciles que retorne la alegría nuevamente.

— Acaba de recibir la Orden Carlos J. Finlay ¿nuevos retos?

— Más compromiso y mayor aporte a la ciencia y a la vida.

— En lo personal ¿qué le falta por lograr a María del Carmen Velasco?

— Tenía el deseo de ser abuela y ya se cumplió. Pido salud, la que quisiera siempre para continuar innovando, y que no me maltrate la pérdida de memoria o el hecho de quedar imposibilitada de caminar. Desearía simplemente estar vital y seguir aportando luz.

PIE DE FOTOS

1.- La Dra. María del Carmen Velasco Gómez aborda cómo concibe la vida y los múltiples retos de la ciencia villaclareña a favor del desarrollo.

2.- Momento en que Jorge Luis Broche Lorenzo, miembro del Secretariado del Comité Central del Partido y jefe del departamento de Educación, Deportes y Ciencia, le entrega la Orden Carlos J. Finlay en reciente ceremonia efectuada en la capital cubana.

3.- Máxima condecoración conferida por el Gobierno Cubano a personalidades nacionales y extranjeras, así como a colectivos científicos por sus méritos y aportes al desarrollo. En esta ocasión fue recibida por 50 investigadores y tres instituciones.

4.- Durante la Asamblea Constitutiva del Poder Popular en el teatro La Caridad en 1976.

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