20160724133806-cvm-12-05-03-0169.jpg

Por Ricardo R. González

Cuando en julio de 1986 el Cardiocentro instalado en Villa Clara realizó sus primeras operaciones muchos le auguraron días contados, e incluso lo vieron como una quimera de dislocados soñadores dentro de un contexto marcado por la fantasía.

A base de esfuerzos y en medio de alegrías, éxitos, tropiezos y no pocas incomprensiones aquel proyecto comenzó a fructificar para llegar a sus tres décadas de existencia. En este tiempo supera las 9000 intervenciones con una supervivencia acumulada por encima del 95 % que a la vez sobrepasa estimados de la media nacional.

Ni corto ni perezoso su equipo logró dos momentos relevantes durante 2004 y 2006 al romper récords quirúrgicos, en tanto no escapa el hecho de inscribirse como la única institución de su tipo en el país que anexa el servicio de cirugía vascular y ya rebasa las 1500 operaciones respaldadas con saldos del Primer Mundo.

Lo cierto es que entre calmas y vendavales esa obra se ha hecho grande. Toca a las puertas de más de 3 millones de habitantes de las provincias centrales, incluida ya a Matanzas para estos casos, en su abanico profesional integrado por la cirugía cardiovascular, la cardiología intervencionista, los procederes de la electrofisiología junto al abordaje de las irregularidades arteriales como parte de un sistema de Salud diseñado para la atención a las enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte en muchas provincias del país.

Poco a poco se han sumado pabellones. El énfasis en la responsabilidad, la ética mayoritaria y el sagrado compromiso apoyado en la estabilidad de los indicadores hasta que un día se convirtieron en una de las pocas instituciones que ostenta el distintivo de la excelencia. 

¿Y es que acaso Cardiocentro realiza algo sobrenatural para extremarse con los enfermos?

Nada de eso. El trato al paciente y a su acompañante es predicado con acciones. Constituye la primera razón y admite cuantos cambios resulten necesarios siempre que influyan a favor de ellos.

Para su director, el doctor Raúl Dueñas Fernández, más que atención tiene que convertirse en un «mimo» hacia el prójimo iniciado desde el portero hasta el profesional de mayor rango, por lo que cada integrante resulta indispensable, pero con las cartas de una disciplina inviolable.

A ello agrega el de poseer una contabilidad confiable, sin menospreciar el apoyo al Programa Nacional de Donaciones de Órganos, así como las diversas aristas que corroboran su proyección comunitaria.

Ahora bien, ninguna obra es perfecta y se trata eliminar aquellos lunares que manchan la entrega. No pasa inadvertido el hecho de que las consultas se ofrecen sin condiciones, que no existe un área de espera cómoda, y que gran parte de las veces el paciente debe esperar de pie hasta ser llamado por el galeno en medio de un calor asfixiante.

O las molestias para aquellos que aguardan por la reapertura del servicio de Electrofisiología, interrumpido desde hace cuatro años debido a las persistentes roturas del equipo. Por suerte ya la nueva tecnología alemana está en Santa Clara y debe reiniciar pronto para aquellos que portan irregularidades en su ritmo cardíaco, entre otras manifestaciones, lo que posibilitará eliminar las dolencias, sin recurrir a grandes intervenciones.

Otra de las buenas nuevas está vinculada al proceso de mantenimiento y remodelación de la entidad, a lo que se agrega el acondicionamiento paulatino de la llamada Quinta de Dieguito que abandona el inmovilismo palpable en décadas anteriores.

Ello influirá en la ampliación de Cardiocentro con el incremento de camas, y un mayor confort para los enfermos que casi el 80 % reside fuera de la capital provincial, a lo que se suman otros salones quirúrgicos, salas de cuidados intensivos e intermedios, y determinadas opciones en el espacio de la actual instalación asistencial.  

De vital importancia el joven relevo con dotes de excelencia, sin descartar la integración de los niveles de atención primaria y secundaria de las provincias atendidas por la institución, así como la impronta de los precursores de la cirugía cardiaca en el territorio cuando, allá por la década de los 70, un grupo de cirujanos respondió a los procederes y realizó más de 110 operaciones sin pensar que, a la postre, llegaría una circulación extracorpórea o tecnologías inimaginables para aquellos tiempos. Este afán de hacer por la existencia constituyó el precedente para erigir en Santa Clara un Cardiocentro que ya es parte de la historia.

Si de algo no quedan dudas es la entrega máxima de sus hombres y mujeres, esos que luchan por evitar desenlaces, a pesar de que existan causas incompatibles que impidan sobrevivir. Aun así los familiares agradecen tantas atenciones por esa máxima extraordinaria de imponerse para seguir irrigando corazones.     

También puede ver este material en:

http://ricardosoy.wordpress.com

https://twitter.com/cibergonza