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Por Ricardo R. González

Un buen autofocal garantiza la salud individual y de la comunidad.

Autoridades sanitarias cubanas, en la persona del doctor Roberto Morales Ojeda, ministro de Salud Pública, declararon, este miércoles, que Cuba no conoce hasta el momento de la presencia del zika, del chikungunya, y de otras enfermedades asociadas a los mosquitos Aedes Aegypti y a los del género Albopictus.

No obstante se reconoce la existencia del dengue, y que 55 municipios del país experimentan altas infestaciones por la presencia del vector.

En lo que respecta a Villa Clara dos de sus trece demarcaciones figuran en esta lista: la capital provincial y Sagua la Grande.

Si bien se arremete por todas las vías contra el peligroso insecto todavía las irresponsabilidades poblaciones contribuyen a la nefasta proliferación.

Viviendas cerradas que no se fumigan, microvertederos que aumentan sus volúmenes en cualquier punto, márgenes de ríos atiborradas de desperdicios, recipientes acumuladores de agua sin la debida protección, bebederos de animales que apenas reciben el cambio periódico del líquido, son algunas de las negligencias existentes que no acaban de encontrar la preciada erradicación.

Tampoco se efectúa con periodicidad el necesario autofocal tanto en hogares como en centros de trabajo con el fin de detectar y destruir posibles fuentes que abran las puertas al principal trasmisor del dengue.

Sin embargo, las pesadillas van más allá de lo puramente ciudadano, pues notorias irregularidades en la recogida de basura, deficiente abasto de agua en determinadas zonas, incumplimientos en las normas y comportamiento de la Campaña Antivectorial, y una higiene insuficiente en no pocos lugares contribuyen a «alimentar» la permanencia del insecto.

El zika está declarado por la Organización Mundial de la Salud como una emergencia sanitaria de alcance internacional, y constituye la principal sospechosa del incremento de malformaciones congénitas como la microcefalia en niños nacidos en Brasil, país de la región que hasta la fecha reporta el mayor número de enfermos.

Fue detectado por primera vez en las Américas en 2014 cuando la Isla de Pascua, en Chile notificó las primeras estadísticas hasta que entre febrero y mayo de 2015 aparecieron incidentes en Brasil para diseminarse de manera vertiginosa.

Vale recordar que el período de incubación (tiempo transcurrido entre la exposición y la aparición de los síntomas) aún no está bien delimitado, aunque se estima sea de pocos días, pero de lo que sí hay argumentos es que la sintomatología reporta efectos similares a otras infecciones derivadas de los arbovirus, entre ellas el dengue, y consisten en fiebre, erupciones maculopapulares, conjuntivitis, mialgias, artralgias, malestar y cefaleas.

Suelen durar entre dos y siete días, mas en el caso del zika se adicionan complicaciones específicas. De acuerdo con los criterios especializados el elemento distintivo responde a la aparición inmediata de una intensa picazón (exantema maculopapular pruriginoso) que enrojece la piel, y cuya erupción se extiende desde la cabeza hacia el tronco y las extremidades, sin descartar malestares y decaimiento.

Lo triste en esta historia es que no existen tratamientos ni vacunas preventivas, y solo la actuación mancomunada del hombre y el cumplimiento de las medidas sanitarias devienen pasos efectivos, y más en provincias que tradicionalmente experimentan los mayores niveles de infestación, y que los mantienen: La Habana con sus 15 municipios, Villa Clara, Camagüey, Holguín, Matanzas y Santiago de Cuba, sin que las demás descuiden la vigilancia.

Una máxima impera ante estas coyunturas en las que más de 26 naciones, solamente de América Latina, manifiestan su expansión creciente, y ya aparece en sitios tan distantes como Rusia y China: Unidos podemos tributarle el destierro al zancudo.

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