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Por Ricardo R. González

Hace tiempo atrás, tanto que no recuerdo cuánto, sentía el orgullo de caminar por una de las capitales provinciales más limpias de Cuba, y no dejo de reconocer que el orgullo me provocaba las mejores complacencias si el criterio provenía devisitantes en tránsito.Lamentablemente aquella imagen la perdí, se desvaneció, y hoy muestra un contraste muy diferente.

Me agradó que la gestión de Servicios Comunales ocupara uno de los puntos de la décima sexta sesión ordinaria correspondiente al XI período de mandato de la Asamblea del Poder Popular en Villa Clara, en la que expertos de la Comisión de Salud, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente expusieron sus fundamentos.

A mi modo de ver resulta en extremo preocupante que las reiteradas indisciplinas poblacionales y de las administraciones estatales en torno al vertimiento de residuales en sitios inadecuados abundeny se diseminen como peligrosa pólvora, no solo en la periferia de las ciudades, si no, en calles céntricas que ofrecen deplorables imágenes a pleno día.

Ello genera la proliferación de microvertederos que atentan contra las normas de higiene comunal y ambiental, por lo que dichas realidades no están a tono con los requerimientos para el control adecuado de la situación higiénico—epidemiológica.

En esto hay parte y parte en un mundo donde las indisciplinas sociales están al por mayor, en que el estiércol y el excremento de animales domina algunas avenidas, y en perímetros que pasan las horas —e incluso días— y las bolsas de desperdicios aguardan por su recogida.

Es cierto también que muchas personas sacan los residuales en plena tarde. Casos que desde las 4:00 sitúan los desperdicios en exteriores sin una envoltura adecuada, lo que provoca la suciedad en las aceras para entorpecer más las incongruencias del ornato.

He vistos botellas de ron, pomos de aceite vacíos, escombros de una construcción casera, cáscaras de mango, residuos de arroz y frijoles… sin una mínima protección. Como si formaran parte de los atributos del vecindario, y no pasa nada. Al día siguiente se repite el cuadro. Ni hay responsabilidad individual ni actuaciones contundentes ante tales sucesos. 

Incluso dan lugar al incremento de esos buzos callejeros que, en busca de laticas de cerveza, de refrescos o de otro contenido, contribuyen a expandir aún más lo malamente empacado. 

No sé cuántas veces he leído en el propio Vanguardialas llamadas «estrategias» y «programas» para mejorar la recogida de basura al menos en Santa Clara. Y a la postre ¿qué pasa con estas? «por qué funcionan unos días y después se incorporan al saco del olvido?

Es cierto que faltan recursos. Más del 70 % de la recepción de desechos sólidos en la provincia se realiza mediante tracción animal hacia los 105 vertederos habilitados. Conozco, además, que los medios de protección y el instrumental de trabajo dejan mucho que desear, y que ciudadanos inconscientes empañan el trabajo de seres humanos que conocen el sabor de las madrugadas o desafían la intensidad del sol barriendo el pavimento y sin el menor escrúpulo tiran sus colillas, papeles, y hasta las excretas de las mascotas.

No es secreto que existe bajo por ciento de reciclaje de los residuales sólidos en los sitios establecidos, y que el ordenamiento en las zonas destinadas a trabajadores por cuenta propia no siempre se cumple,sin excluir la insuficiente inspección urbanística.

Hay mucho más, pero lo inaudito es que la basura ya forma parte de nuestro contexto como el pan nuestro de cada día, que en los portales de instituciones estatales de céntrica ubicación aparezcan tortas de excrementos humanos mezcladas con manantiales de orine. A tal punto que tantoacumulación de ácido ha fulminado la parte inferior de la potente verja que protege uno de los laterales de la Biblioteca Provincial Martí.

Y como este miles de ejemplos que llaman a preguntarnos si vivimos en pueblos similares a los representados en las antañas películas del oeste, o en cambio pertenecen a un siglo xxi supuestamente civilizado.

Como parte de Liborio exigimos y reclamamos. Tenemos derechos; sin embargo, recordemos esos deberes que tambiéntocan a las puertas y que, intencionalmente o no, echamos en la bolsa del olvido.

En esta contienda no excluyo a los organismos estatales porque la higiene y sus problemáticas carecen de cartelitos que delimiten lo privado de lo colectivo, y máxime cuando se pone en juego la sanidad que ha tenido etapas de bailar en una cuerda floja.

Siempre he dicho que prefiero ver acciones y realidades a decir o consignar en un informe lo que sabemos sucede. Al César lo que es del César, y cada uno a cumplir sus responsabilidades.

De lo contrario seguiremos viviendo en ciudades, poblados y bateyes asfixiados por esas telarañas que nos devoran debido a la indolencia de quienes lo habitan.

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