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Por Ricardo R. González

Día a día tropezamos con la misma piedra. Lo que debe figurar como regla se convierte en excepción y sorprende que, ante tantas necesidades de impulsar la vida en diferentes esferas, de las 120 empresas villaclareñas solo tres destinaron parte de su presupuesto a la implementación de resultados científicos en 2014.

Todavía el hecho me da vueltas en la cabeza, mas valga el aplauso para Aseguramiento del Comercio, Confecciones y Calzado, y METALCOM que tienen una visión más amplia en ese empeño de que cada resultado debe ser aprovechado, y adecuarlo a los perfiles de la entidad a fin de sacarle fructíferos dividendos.

No hay aspecto priorizado de la sociedad que quede fuera de la mira de investigadores y científicos, por lo que es lamentable que después del desgaste de neuronas, y de un precioso tiempo invertido,se menosprecie el talento o las disponibilidades de lo ya hecho.

Vale decir que, si de aplicación se trata, la provincia trabaja en las principales líneas queexige la cotidianidad. Por ello la producción de alimentos, los detalles inherentes a la energía, y los nuevos materiales de construcción para viviendas constituyen prismas elementales.

A ellos se suman la calidad de vida, el impulso a las ciencias sociales y humanísticas, y la protección del medio ambiente como necesidades para cualquier nación que se inserte dentro de lo controvertido de este mundo.

Hay tela por donde cortar, y a mi modo de ver de nada sirven tantas buenas acciones si los directivos no aplican, oportunamente, estas plataformas, o no la tienen entre sus planificaciones priorizadas.

El enorme reto está en convertir los productos o servicios en realidades, y para ello resulta decisiva la inclusión en los planes y presupuesto de cada entidad, pues mientras permanezcan en informes o en papeles pasarán a la larga lista de las etcéteras sin que vean la luz de la aplicación.

Es inaudito que el potencial recogido en proyectos e investigaciones no se utilice de manera efectiva en el desarrollo de la economía, y en este sentido retomo lo dicho por José Fidel Santana Núñez, viceministro del CITMA, al subrayar que una directriz principal será la de trasladarle al empresariado y decisores que la Ciencia, la Tecnología y la Innovación son herramientas de primer orden para ahorrar recursos.

No soy de quienes piensan que la responsabilidad total recaiga sobre el CITMA. Si bien este organismo conduce y aporta deben afiliarse los restantes para valorar qué líneas de investigación están concluidas, de qué manera se pudiera aplicar los resultados, y analizar la forma de implementación dedichos estudios que transitan por un gigantesco abanico. Desde salvar vidas hasta evitar que se pierdan miles de hectáreas a causa de las inundaciones.

La realidad me impone hacer un alto en las investigaciones relacionadas con peligros, vulnerabilidades y riesgo (PVR). Si está delineado todo lo concerniente a desastres naturales, intensas lluvias, penetraciones del mar, efectos de fuertes vientos, incendios en áreas rurales, deslizamientos de tierra, sequia, y epizootias o enfermedades que afectan a los animales, habrá que insistir en que las fortalezas de los estudios conducen a gastos evitables.

El propio programa de enfrentamiento al cambio climático reclama acciones preventivas. Se cuenta con los fundamentos especificados en las correspondientes plataformas, pero si quienes tienen la responsabilidad de seguirlas duermen sobre laureles de nada vale que ocurra el fenómeno para, a esa hora, adoptar planes y medidas.

En otras palabras, al César lo que es del César.El investigador no tiene que introducirresultados. En muchos casos —y los conozco— constituyen una especie de parto agonizante a fin de concebirlos, y a partir de entonces tendrán que habilitarse otros mecanismos que permitan el pasaporte de la teoría a los hechos, de la realidad a la inmediatez.

Ojo también con el trabajo de los innovadores y racionalizadores. Cuántas soluciones están engavetadas, y sin embargo, aguardan por su generalización. Es cierto que en incontables ocasiones faltan recursos y, sobre todo, el factor dinero, masen medio de coyunturas adversas y carencias tienen que existir mentes ágiles con la «chispa»de batallar por darle vida.

Cuba es un país de abismales contrastes. Para cuestiones medioambientales existen recursos jurídicos establecidos en una nación que tiene legislaciones, decretos, y prohibiciones… hasta la saciedad. Todo está normado y bajo reglamento, en cambio cuántas fisuras existen, cuántos orificios de una peligrosa capa de ozono están sin remiendos, y uno de ellos radica en que la ciencia y la tecnología carecen de acápites de rigor a fin de introducir la aplicación de resultados.

Vaya paradoja. Me parece que ya es hora de que muchas instituciones se acerquen al CITMA tanto en busca de asesoría como para valorar intereses y analizar, de conjunto, las posibles soluciones de avance en este largo camino. Revisar disponibilidades y adecuarlas a lo que constituye nuestro pan de cada día en favor de esa comunidad que aguarda y necesita.

La Ciencia no es el globo de Matías Pérez que se infló y, tristemente, desapareció. Todo lo contrario, aparece como fundamento insoslayable de vida, un componente que pide el concurso de todos. Solo así el mencionado desarrollo sostenible bajará de las nubes para conducir los pasos en el supuesto paraíso terrenal.

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