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Por Ricardo R. González

Una supervivencia superior al 94 % distingue la labor de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) pediátrica, del hospital universitario José Luis Miranda, que la sitúa entre las dos más destacada del país, conjuntamente con la del centro asistencial William Soler, de la capital cubana.

Especialistas con excelente preparación científica y bondades humanitarias influyen en los resultados para convertirlos en los mejores de toda su historia, a pesar de atender a infantes en extremo críticos o con serios peligros para la vida.

La doctora Yoandra Acevedo Rodríguez, al frente de la UCI, resalta el apoyo vital del resto del personal de salud de la institución, a fin de que los menores no lleguen a un estadio muy avanzado de la causa que provoca el ingreso.

Hasta el jueves la sección había recibido a 266 niños durante el transcurso de 2014. El 58 % son menores de un año, y las causas fundamentales obedecen a las sepsis o infecciones en sus diferentes etapas, entre ellas la más frecuente la del aparato respiratorio, seguidas de las del tractus digestivo, entre otras.

Influyen, además, las malformaciones congénitas, los politraumatizados, y los post quirúrgicos de alto riesgo en las diferentes especialidades.

Convertida en terapia de referencia en el centro del país asume el 15 % de casos de otras provincias, y vale precisar que si bien los accidentes del verano disminuyeron en julio no tuvieron idéntico comportamiento en agosto que mostró su cara fea al aumentar los vinculados con el tránsito. No cobraron vidas, pero sí trajo casos de suma gravedad.   

La UCI ingresa, como promedio, de 30 a 40 pacientes mensuales. Para ello dispone de 10 camas dotadas de equipos de ventilación mecánica de última generación, aunque con déficit de otras tecnologías complementarias que demanda el intelecto de los profesionales y la destreza de habilidades.

Alegres cuando reinsertan a un menor a su entorno —a fuerza de un trabajo ajeno a días u horas, y que cuenta con el apoyo familiar— el colectivo de la UCI, el personal de enfermería, y el resto de los servicios de la institución, sienten de una manera inexplicable cada desenlace de un infante, mas están conscientes que entregaron todo ante una causa verdaderamente irreversible.

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