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Alejandro Lugo (1915-1996) debe considerársele uno de los actores cubanos de más sólida personalidad escénica. Gracias a su complexión atlética y capacidad histriónica pudo desenvolverse en la radio, el teatro, la televisión y el cine que hicieron de él una de las figuras masculinas más solicitadas de la escena nacional, a pesar de que no encajaba en el prototipo físico del galán tradicional.

Súmese su voz, firme aún en sus modulaciones, y sonrisa franca de gran resonancia, que le confirieron el toque de carisma que todo director necesita poseer en su elenco como sello de garantía y de éxito.

Para Lugo llegar a la actuación fue el resultado de un camino escabroso, pues fueron varios los oficios por los cuales transitó, entre ellos, visitador médico, marinero, profesor de natación y boxeador.

Obsérvese la estrecha vinculación de los dos últimos con la práctica deportiva, una cualidad que lo mantuvo en forma hasta muy avanzada edad, le permitió asumir roles que exigían preparación física y hasta comprender mejor la importancia de la disciplina en el desarrollo de cualquier actividad.

Eficaz en los roles protagónicos de su juventud y madurez, lo fue igualmente como actor de reparto en sus innumerables presentaciones a través de la pantalla del televisor y en el cine.

Del ayer que vive en la memoria

La popularidad primera le llegó por las aventuras radiales de Tarzán, por el programa Mejor que me calle, junto a Rita Montaner, y por su participación en el elenco de El derecho de nacer, todos de muy extensa radioaudiencia en el decenio del 40.

Si nos detenemos en su carrera como actor de cine, trabajó en alrededor de 25 filmes, tanto antes como después de 1959, junto a los actores y actrices más renombrados de un período que se extiende por más de cuarenta años.

Es probable que su actuación protagónica más recordada, aunque de ello ha pasado más de medio siglo, lo haya sido en la película Siete muertes a plazo fijo, de 1950, dirigida por Manuel Alonso, donde interpreta a Siete caras.

La cinta, del género policíaco, conjuta thriller, al estilo cubano, y la comedia de humor negro, con acción y misterio incluidos; filme muy entretenido, fue excelentemente aceptado por el público y la crítica. Aunque son muchos los artistas importantes que en él intervienen, cuando menos dos más aún resuenan en los oídos de los cinéfilos cubanos: Raquel Revuelta y Maritza Rosales.

De este período es Casta de robles (1953-1954), dirigido también por Manuel Alonso; La mujer que se vendió (1954), con la dirección de Agustín Delgado, y El farol en la ventana (1957), que bajo la dirección de Juan Orol resalta el bello protagonismo de la cubana Mary Esquivel, entre otras películas en las cuales Lugo toma parte.

Del ayer más reciente

La filmografía de Alejandro Lugo a partir de 1959 es todavía más abundante, participa en alrededor de 19 películas y de ellas nos detendremos en algunas, significativas dentro del quehacer de la industria fílmica en Cuba.

En Tulipa (1967), de Manuel Octavio Gómez, comparte roles con Idalia Anreus, Daisy Granados, Omar Valdés, Teté Vergara, José Antonio Rodríguez…; en Río Negro, 10 años después, dirigida por Manuel Pérez Paredes, cuya trama se desarrolla en los días de la invasión por Playa Girón, tiene de compañeros de set a Sergio Corrieri, Nelson Villagra, Mario Balmaseda…, por cierto, esta es una película que alcanzó lauros internacionales; Retrato de Teresa, de 1979, dirigida por Pastor Vega, la tan exitosa y debatida película protagonizada por Daisy Granados y Adolfo Llauradó que aborda el tema de la mujer trabajadora y su choque con el machismo, tiene también a Lugo en su estelar elenco; aunque menos recordada, de 1979 es No hay sábado sin sol, que con la dirección de Manuel Herrera y libreto de Onelio Jorge Cardoso, el cuentero mayor cubano, acoge en sus protagónicos a Salvador Wood, Eslinda Núñez, Mario Balmaseda, Idalia Anreus, René de la Cruz y Alejandro Lugo.

Un año después se filma la popular y exitosa Guardafronteras, de Octavio Cortázar, con Patricio Wood, Alberto Pujol, Tito Junco y nuevamente Lugo, entre otros.

En 1983, Manuel Octavio Gómez dirige El señor presidente, con Reynaldo Miravalles, secundado por Omar Valdés, Edwin Fernández, Ángel Toraño, René de la Cruz, Lugo y varios más.

Si bien el cine de género deportivo no es frecuente en la cinematografía cubana, cuando se filmó En tres y dos (1985), sobre el dilema del deportista ante el momento del retiro, su director Rolando Díaz cuidó de incluir a Lugo, junto a los protagonistas Mario Balmaseda, Irela Bravo, Samuel Claxton, Orlando Casín, Enrique Molina y varios más.

Esta película tiene una particularidad: cuenta con las intervenciones especiales de los peloteros Pedro Medina, Rolando Verde, Víctor Mesa, Lázaro Vargas, Agustín Marquetti, de los campeones olímpicos Alberto Juantorena y Teófilo Stevenson, del célebre, legendario y querido ex – campeón mundial de boxeo profesional Kid Chocolate (Eligio Sardiñas), de los narradores Eddy Martin, Bobby Salamanca y Héctor Rodríguez.

Un ciclo completo

De 1985 data Corazón sobre la tierra, filme de Constante Diego, con las actuaciones de Beatriz Valdés, Vladimir Cruz, Raúl Eguren, nuestro inefable Lugo y varios más. En 1986, filma Daniel Díaz Torres su película Otra mujer, con el protagonismo de Mirta Ibarra y la presencia en el elenco de Jorge Villazón, Susana Pérez, Raúl Pomares y lógicamente Lugo, entre otros; también de este año es la cinta Visa USA, del colombiano Lisandro Duque, que cuenta con la actuación de Lugo.

El quehacer de Alejandro Lugo en la televisión es muy vasto, desde la fundación de esta a inicios de la década del 50 prácticamente hasta la muerte del actor. Incluye series de aventuras, policíacos, dramas, teatro televisado… Uno de sus últimos roles lo interpreta en las series Julito el pescador y La frontera del deber.

Pertenece Alejandro Lugo al selecto grupo de artistas a los que cabe el calificativo de actores de todos los tiempos y además desempeñaron el no menos loable trabajo de la enseñanza artística, en su caso, con excelentes dotes como pedagogo.

Unas veces en roles de duro, otras desvelando su humanidad generosa, bueno o villano, según se le requiriera, versátil y completo, más que actor, actorazo, así recuerdan los cubanos a Alejandro Lugo.

(Con información de Cubanow)

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